{"id":4766,"date":"2022-06-09T21:32:53","date_gmt":"2022-06-09T21:32:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4766"},"modified":"2023-11-24T18:29:58","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:58","slug":"la-revolucion-de-la-independencia-y-la-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-revolucion-de-la-independencia-y-la-literatura\/","title":{"rendered":"La revoluci\u00f3n de la independencia y la literatura"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Jes\u00fas Semprum<\/h4>\n<p>No obstante que apenas nos apartan un siglo de ella, escasas noticias dignas de toda fe poseemos acerca de la sociedad venezolana de 1810, porque las m\u00e1s de esas noticias est\u00e1n escritas casi todas por personas a quienes su particular inter\u00e9s obligaba a describir las costumbres por lo menos con ciertos paliativos, si no era la influencia del medio, el ambiente de hipocres\u00eda social y cierto rec\u00f3ndito candor, no exento de interesada indulgencia para interpretar los hechos en que acaso el narrador hab\u00eda tomado parte, deformaban el cuadro. Si se toma en cuenta el modo c\u00f3mo los peri\u00f3dicos de hoy en d\u00eda narran de la manera m\u00e1s distinta y sorprendente los sucesos que acontecen a nuestros propios ojos, nuestra desconfianza hacia el testimonio de los contempor\u00e1neos crecer\u00e1 de punto. Los viajeros deben merecernos m\u00e1s fe; pero es preciso recordar que los viajeros s\u00f3lo pod\u00edan examinar lo que aquella sociedad quer\u00eda mostrarles: la superficie dorada de cortes\u00edas y regalos, el aspecto formal y ceremonioso, y en modo alguno la \u00edntima organizaci\u00f3n, sus vicios, pasiones, deseos, prejuicios, amores y odios. Eran estas cosas dom\u00e9sticas de las que los colonos ocultaban con recato de pudor incorruptible; y el viajero, que conservaba fresca la memoria de agasajos y dulzuras, sol\u00eda desatarse en encomios, casi siempre sinceros, algunas veces exagerados, de Venezuela, y especialmente de Caracas.<\/p>\n<p>S\u00f3lo la correspondencia \u00edntima de las personas m\u00e1s humildes e ingenuas podr\u00edan darnos una clave cierta para penetrar por camino seguro en el coraz\u00f3n de la colonia; pero semejante correspondencia no es, relativamente, muy abundante; y adem\u00e1s, ciertas preocupaciones imperantes todav\u00eda quieren que nos abstengamos de penetrar con indiferencia anal\u00edtica de curiosos, que muchos tachar\u00edan de profanaci\u00f3n, la vida colonial de principios del siglo pasado.<\/p>\n<p>La literatura, arte que debe traducir y exponer con suma claridad el estado de \u00e1nimo de los pueblos, sus costumbres y sus aspiraciones, no exist\u00eda entonces, propiamente hablando. La Capitan\u00eda General era pobre, \u00e1spera, supersticiosa e iletrada. Por m\u00e1s que digan algunos hispanizantes, la instrucci\u00f3n del pueblo era mirada con recelo viv\u00edsimo, no s\u00f3lo por el gobierno espa\u00f1ol, sino por la clase de los criollos ricos, bur\u00f3cratas y propietarios, quienes aspiraban a adue\u00f1arse econ\u00f3micamente de la colonia. La ense\u00f1anza que recib\u00edan los alumnos de la Universidad de Caracas era precaria y absurda. Faltaban maestros id\u00f3neos, faltaban libros. Las condiciones en que viv\u00eda la sociedad de la colonia no eran, adem\u00e1s, propicias al desarrollo de ninguna rama literaria. El escritor y el poeta han menester, para la perseverancia en su tarea y el perfeccionamiento de su arte, que la atenci\u00f3n p\u00fablica, el aplauso o la censura estimulen su acci\u00f3n: necesitan especialmente que existan esp\u00edritus que se preocupen por aquellos mismos problemas que a ellos preocupan y sientan la belleza como ellos la sienten. Aquella sociedad no se preocupaba por problemas de \u00edndole ni remotamente art\u00edstica ni pose\u00eda sensibilidad para gustar obras de arte. La gran preocupaci\u00f3n de los criollos era adue\u00f1arse del gobierno de la colonia para asegurar definitivamente sus intereses; los pardos ve\u00edan con cautelosa inquietud los proyectos de la oligarqu\u00eda blanca; y los negros no pensaban en nada, embrutecidos en la servidumbre. De los indios no se puede hacer cuenta. La actividad de la vida urbana reduc\u00edase a intriguillas pol\u00edticas de menor cuant\u00eda, a una chismograf\u00eda baja y est\u00f3lida y a rencillas m\u00e1s o menos ruidosas sobre si fulano era de limpio linaje o mengano ten\u00eda cuarterones o mulatos entre su parentela. Detr\u00e1s de las pesadas puertas, herm\u00e9ticamente cerradas, tras la compostura estirada y grave de aquellos caballeros y de aquellas damas, bull\u00edan s\u00f3lo en efervescencia atroz las preocupaciones m\u00ednimas de casta, el deseo de humillar a los inferiores y la tendencia al lucro. La juventud se educaba en una escuela extra\u00f1a de prejuicios: mostr\u00e1banle el empaque grave como un deber de \u201cnobleza\u201d y ten\u00edan buen cuidado de hacerle comprender que los bienes de fortuna son una de las mayores mercedes que Dios les puede dispensar a los hombres. No se crea, sin embargo, que de tal ense\u00f1anza resultaran siempre unos redomados hip\u00f3critas; el fuego de la juventud es demasiado impetuoso para sofocarlo con ama\u00f1os de aquella \u00edndole, y sol\u00eda ir afuera con vehemencia, a veces con estr\u00e9pito y de vez en cuando con serios perjuicios de tercero. Las fuerzas juveniles perd\u00edanse y agot\u00e1banse en ejercicios no siempre virtuosos. Aquellas fuerzas sofocadas por mucho tiempo, encontraron al fin un cauce y realizaron una obra de prodigio.<\/p>\n<p>Antes de que los sucesos que ocurr\u00edan en el universo, convirtiendo colonias en rep\u00fablicas independientes y libres, con la aprobaci\u00f3n y ayuda de monarcas absolutos de Europa; y que desbaratando y entregado a las llamas el trono y el altar, llegaran a Caracas en un eco remoto y confuso, s\u00f3lo exist\u00edan en Venezuela algunos aficionados a las letras, t\u00edmidos, in\u00e9ditos y poco brillantes. Los triunfos literarios m\u00e1s sonados eran los que obten\u00eda el autor de alg\u00fan vejamen en la Universidad; pero este g\u00e9nero de composiciones po\u00e9ticas no atestigua mayor ingenio ni siquiera medianos conocimientos t\u00e9cnicos en sus autores. La literatura atravesaba una \u00e9poca triste en la propia pen\u00ednsula, donde imperaba el pedantesco e insoportable neoclasicismo franc\u00e9s, que condenaba a Lope, a Calder\u00f3n y a Shakespeare, en nombre de Boileau y de Voltaire. La visita de Arriaza, poeta espa\u00f1ol cuya fuerza como repentista era admirable, pero poco culto y de numen trivial y rastrero, suscit\u00f3 cierto moment\u00e1neo entusiasmo en las tertulias literarias de los Uzt\u00e1riz, entusiasmo que pronto hab\u00eda de borrarse con el advenimiento de la revoluci\u00f3n. El caso de que se diera un poeta de inspiraci\u00f3n feliz siquiera a ratos medianamente culto, era verdaderamente espor\u00e1dico. Bello no dejaba entrever todav\u00eda lo que hab\u00eda de ser andando el tiempo. Sor Mar\u00eda Josefa de los \u00c1ngeles era un fen\u00f3meno rar\u00edsimo en aquel medio y en aquella \u00e9poca. Vicente Tejera apenas dej\u00f3 dos poes\u00edas que se pueden leer hoy con alg\u00fan agrado, y los dem\u00e1s que hab\u00edan de distinguirse m\u00e1s tarde en el cultivo de alg\u00fan ramo de las letras no hab\u00edan demostrado entonces ni mucho ardor ni excesivo talento.<\/p>\n<p>Con los principios de la Revoluci\u00f3n aparecen los primeros g\u00e9rmenes de un florecimiento literario. La inquietud colectiva, el intento de la emancipaci\u00f3n, ya vivo en el secreto del coraz\u00f3n de muchos, los primeros sucesos de la guerra de Espa\u00f1a, la efervescencia sorda de los conspiradores, fomentaban la exposici\u00f3n en p\u00fablico de las ideas y aspiraciones que fermentaban en la cabeza de los criollos. En un teatro improvisado de Caracas, represent\u00e1banse en 1808 farsas en que se pon\u00eda de oro y azul a Napole\u00f3n. Fernando VII era entonces el \u00eddolo de la Colonia, y los conspiradores que aspiraban a apoderarse del gobierno azuzaban aquella idolatr\u00eda, que por el momento iba directamente contra las autoridades afrancesadas. Principiaron a circular clandestinamente diatribas contra el gobierno de la Colonia, excitaciones vehementes a la rebeli\u00f3n y versos epigram\u00e1ticos y sat\u00edricos contra determinados personajes. Cierto que esto no puede llamarse con propiedad literatura, pero lo cierto es que de all\u00ed arranca la afici\u00f3n a expresar con palabras elocuentes los propios pensamientos, afici\u00f3n de que tanto han abusado posteriormente los venezolanos, para tristeza y mengua de lo que podemos llamar nuestra literatura. Cada quien vio en la manifestaci\u00f3n escrita de las propias ideas un arma, un medio de difusi\u00f3n de las doctrinas que le fueran m\u00e1s simp\u00e1ticas.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n abri\u00f3 ante el esp\u00edritu ambicioso e inquieto de la juventud un horizonte espl\u00e9ndido en promesas de triunfo. Toca a otros desentra\u00f1ar los verdaderos or\u00edgenes y m\u00f3viles de la revoluci\u00f3n de abril. Como quiera que fuese, la mayor parte de la juventud de Caracas abraz\u00f3 con entusiasmo fren\u00e9tico el partido de la rebeli\u00f3n, y de aquellos antiguos libertinos que pasaban las noches en vela sentados al tapete o escandalizando la v\u00eda p\u00fablica, borrachos como odres o entregados a fornicaciones il\u00edcitas y escandalosas, salieron nuestros mejores generales, h\u00e9roes improvisados que corrieron, con distinta suerte, a dirigir los ej\u00e9rcitos de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Pero antes de empu\u00f1ar las armas escalaron la tribuna. Y entonces oyose por primera y \u00fanica vez en el \u00e1mbito de Venezuela un conjunto de voces que reclamaban libertad con brillante estr\u00e9pito. Es sorprendente la elegancia con que sol\u00edan expresarse oradores, aun poniendo aparte como sospechosos de mixtificaci\u00f3n aquellos acentos impregnados de desesperada belleza que Juan Vicente Gonz\u00e1lez les concede a los labios de Coto Pa\u00fal. Cosa curiosa es que la Sociedad Patri\u00f3tica, que como junta literaria, en tiempos bonancibles, hubiera resultado, a la postre, soporosa y vac\u00eda, result\u00f3 como club revolucionario una fecunda academia de buen decir. Buen decir hasta donde les era posible obtenerlo a aquellos que deb\u00edan ser antes que todo hombres de acci\u00f3n. All\u00ed se ejercit\u00f3 y fecundiz\u00f3 el ingenio que Bol\u00edvar deb\u00eda prodigar m\u00e1s tarde en sus proclamas, las cuales, con no ser pulcras ni correctas y con presentar ordinariamente una arrebatada desigualdad en la composici\u00f3n, son verdaderas maravillas de fuego, de penetraci\u00f3n y de habilidad. Por lo dem\u00e1s, no es mi intento presentar al Libertador como un dechado en punto de arengas militares y mucho menos de literatura. Su elocuencia lo ayud\u00f3 mucho en sus prop\u00f3sitos, ni sus sienes reclaman el laurel de Apolo, ni en verdad que sabr\u00edamos d\u00f3nde colocarlo en medio a ese follaje pr\u00f3digo que la posteridad ha venido echando sobre su cabeza.<\/p>\n<p>Necesario es hacer un esfuerzo mental muy hondo para situarnos en aquellas condiciones en que se encontraban los j\u00f3venes de la \u00e9poca. Quiz\u00e1 el que logre adquirir claramente la noci\u00f3n de lo que aquellos hombres quer\u00edan y pensaban, sentir\u00e1 acrecentarse mucho su admiraci\u00f3n y su veneraci\u00f3n por ellos. No pensaban ni sent\u00edan como nosotros; y por eso mismo su obra es muy distinta de la nuestra. La civilizaci\u00f3n occidental apenas hab\u00eda penetrado entonces de un modo vago y ligero, como brisa atenuada al trav\u00e9s de espesas frondas, en la Capitan\u00eda General de Venezuela. Aquellos hombres ten\u00edan ra\u00edces en la tierra nativa, exactamente como un \u00e1rbol. Como un \u00e1rbol bebieron del natal terr\u00f3n impurezas y fuerzas, virtudes y vicios, alegr\u00edas y tristezas. Lo que nunca, por nuestra desgracia, hemos podido ver realizado despu\u00e9s, se realiz\u00f3 entonces: viose a una generaci\u00f3n representativa de las m\u00e1s impetuosas fuerzas sociales, de hombres que iban al sacrificio de su peculio, de su decoro y de su vida con una tranquilidad sencilla, sencillamente espantosa para el enemigo que con ellos se hubiera. No soy yo de los que creen que el examen atento y minucioso de la vida privada de los libertadores puede perjudicar su gloria, ni siquiera en lo m\u00e1s m\u00ednimo nuestro respeto. Por el contrario, ser\u00eda conveniente mostrarle a nuestras generaciones j\u00f3venes que los dechados que exponen con candor tranquilo los libros de lectura para p\u00e1rvulos y las predicaciones del Cat\u00f3n de San Casiano, no hubieran podido realizar en modo alguno aquella obra de bien y de belleza. Pero no han madurado todav\u00eda los tiempos de semejantes pr\u00e9dicas.<\/p>\n<p>El movimiento de 1810 transform\u00f3 naturalmente, antes, que el habitual reposo de la colonia, y el car\u00e1cter de los sucesos pol\u00edticos, el alma misma de los que dirig\u00edan la revoluci\u00f3n. Porque ocurre con frecuencia que emprende uno tal o cual pr\u00e9dica y que a poco de estarla ejecutando parece como si nuestras propias palabras vinieran del exterior, ya convertidas en cosas potentes y vivas, a influir sobre nosotros de un modo en\u00e9rgico, como testigos que reclaman el cumplimiento de una promesa. Los hombres acostumbrados a ver hacia afuera exclusivamente, tornaron la mirada de sus esp\u00edritus hacia el interior, hacia los subjetivos paisajes del hero\u00edsmo y la abnegaci\u00f3n, hacia el concepto de Patria, concepto puramente ideal, y que, sin embargo, ha sido siempre tan fecundo en altos hechos pr\u00e1cticos.<\/p>\n<p>De la tertulia, m\u00e1s o menos amena, del chocolate graso, sorbido en paz dulce y en amable compa\u00f1\u00eda, de las vulgares diversiones en que se complac\u00edan nervios y \u00e1nimo, pas\u00f3 la gente a mirar y desear otras cosas m\u00e1s altas y nobles. El pensamiento y la aspiraci\u00f3n de la gloria, apunta, como aurora de sangre, en la mente de los libertadores. Y la ferocidad y la vanidad y los apetitos carnales, fueron puestos al servicio de un prop\u00f3sito magn\u00edfico y de ese modo convirti\u00e9ronse muchos hombres, de imperceptibles petimetres u oscuros menestrales que eran, en admirables tipos de hero\u00edsmo abnegaci\u00f3n. Porque la inclinaci\u00f3n viciosa, si es fecunda, resulta mucho m\u00e1s laudable que la \u00e1rida e irreprochable virtud.<\/p>\n<p>Con todo esto se roza de un modo much\u00edsimo m\u00e1s directo de lo que puede imaginarse la literatura. La nueva actitud de los j\u00f3venes hac\u00eda posible una comprensi\u00f3n amplia de la vida y abr\u00eda arcaduces, hasta entonces obliterados, a nuevas corrientes de ideas y sentimientos, y a una primeriza y p\u00e1lida est\u00e9tica. Aquellos hombres crearon un gesto elegant\u00edsimo y bello. Alguna vez se me ha ocurrido, leyendo a Homero, que sin Aquiles y sin Ulises el ciclo hom\u00e9rico ser\u00eda una bruma densa y funesta en que se esbozar\u00edan apenas vagos fantasmas sanguinarios y odiosos. Y eso precisamente, bruma plagada de odiosas sanguinarias visiones, viene a ser nuestra historia hasta aquellos d\u00edas.<\/p>\n<p>La literatura se alimenta de la belleza exterior, es cierto; m\u00e1s requi\u00e9rese tambi\u00e9n que exista en el esp\u00edritu de la colectividad cierta simpat\u00eda comprensiva y embellecedora para sentirla y engalanarla con aquellas flores y delicadezas inexistentes que solemos poner, como una contribuci\u00f3n de nosotros mismos, de lo m\u00e1s puro y rec\u00f3ndito de nuestra alma, en los espect\u00e1culos de afuera. Ese estado de \u00e1nimo lo poseyeron los libertadores en sus inquietantes inquietudes. Pero hicieron algo mejor, y fue crear en la realidad de la vida una mina de belleza viva y efectiva. Nada m\u00e1s admirable, desde el punto de vista de la literatura, que el alboroto glorioso y \u00e9pico con que Bol\u00edvar circund\u00f3, como con nimbo r\u00fatilo, la explosi\u00f3n de San Mateo; y el homenaje rendido al coraz\u00f3n de Girardot tuvo todo el esplendor, la gracia y el brillo de la apoteosis de un semidi\u00f3s hel\u00e9nico. Tan hermosa fue la batalla de Jun\u00edn, que result\u00f3 capaz de crear el \u00fanico poema \u00e9pico que contamos en Am\u00e9rica. Los h\u00e9roes colombianos, m\u00e1s que Olmedo, son los verdaderos autores de ese poema: suministraron la materia inicial. Asimismo, no es la miel producto de la est\u00fapida labor de la abeja, sino rec\u00f3ndita y dulce prenda de la silenciosa y fragante actividad de las flores.<\/p>\n<p>Supondr\u00e9is acaso que coloco ahora la acci\u00f3n sobre el pensamiento y que subordino la est\u00e9tica a la simple acometividad cerril de tal o cual bruto. Lejos de m\u00ed tal intenci\u00f3n. Pero es preciso confesar que los que llamamos l\u00edricos actualmente en nuestro pa\u00eds, han escogido exclusivamente para su acci\u00f3n un campo estrecho y no nada f\u00e9rtil. Nuestros l\u00edricos odian o repugnan la acci\u00f3n, unos por temperamento contemplativo, otros impulsados acaso por m\u00f3viles menos desinteresados. La acci\u00f3n es el complemento del pensamiento. \u00bfQu\u00e9 es una acci\u00f3n cualquiera, la m\u00e1s espuria, la m\u00e1s abyecta, sino una idea ejecutada? Hemos entregado la acci\u00f3n en manos torpes, y por eso no debemos quejarnos al presente de que produzca torpezas. Cierto que torpezas, y muchas, existieron en la \u00e9poca revolucionaria, pero aquellas torpezas eran naturales y espont\u00e1neas, y no emanaban casi nunca de un deliberado prop\u00f3sito de lucro. Dejad que el perro ejercite su olfato; mas no le permit\u00e1is que os comunique su sarna en contactos cariciosos.<\/p>\n<p>Y luego, aquellos hombres soportaron e hicieron fecund\u00edsimo otro gran elemento de arte: el dolor. Poqu\u00edsimo o nada de cristiano, y mucho menos de cat\u00f3lico, tengo yo. Por tanto, no cre\u00e1is que preconizo el dolor como un remedio o purga para rescatar culpas. No creo en la eficacia \u00e9tica del dolor. Pero s\u00ed creo en su eficacia est\u00e9tica. El misticismo existe s\u00f3lo por su belleza de formas; y el misticismo es hijo leg\u00edtimo del dolor. Aquellos hombres, se\u00f1ores, sufr\u00edan con intemperancia insuperable. Y esa era una forma de actividad republicana, m\u00e1s peligrosa, en realidad, que todas las batallas ganadas por las hordas libertadoras. No lo comprendieron as\u00ed los broncos gobernantes que Espa\u00f1a ten\u00eda en nuestro pa\u00eds, y eso fue un error trascendental, tan triste como el de los emperadores incr\u00e9dulos que oprimieron y martirizaron a los cristianos.<\/p>\n<p>A aquella costumbre secular de sentir y examinar el dolor, y de la escasa aptitud para la acci\u00f3n que nos invade ahora, debemos el que surja, como funesta fuente irresta\u00f1able, esa incontinencia lagrimal de que padecen nuestros poetas contempor\u00e1neos. Lamentar sencillamente lo malo o alabar lo bueno que hayan hecho los otros, es vilipendio de la propia virilidad. Opugnar con palabras los hechos es aceptar arma inferior y hacer desigual \u2013para la propia desventaja\u2013 el duelo.<\/p>\n<p>Aquellos hombres ten\u00edan de su parte lo mejor; el desprecio de la vida, el desprecio del dolor, el desprecio del dinero; el amor de la vida, el amor de la gloria, el amor de la verdad. Ninguno, fijaos bien en ello, ninguno aspir\u00f3 a la muerte voluntaria, ni a la paz arc\u00e1dica, a aquella bestial utop\u00eda de \u201cni envidioso ni envidiado\u201d, que parece formulada por una vieja bestia de carga; ninguno tampoco fue hip\u00f3crita: llevaban sus vicios, no como preseas, sino como miembros naturales del propio organismo.<\/p>\n<p>Aquellos hombres prepararon nuestro florecimiento literario, ef\u00edmero e infecundo. En una centuria de vida independiente que llevamos, s\u00f3lo podemos citar con orgullo tres o cuatro nombres que nos honren en bellas letras: Juan Vicente Gonz\u00e1lez, Cecilio Acosta, P\u00e9rez Bonalde; Bello no es nuestro; Baralt, tampoco. Y fijaos en que de esos tres hombres que cito, ninguno ha dejado obra que pueda ejercer influencia pr\u00e1ctica en nuestra generaci\u00f3n. El uno dilapid\u00f3 su talento como millonario demente sus tesoros, en una est\u00e9ril pugna de pol\u00edtica personal; el otro se acogi\u00f3 a un recogimiento est\u00e9ril; el \u00faltimo tuvo la debilidad de suicidarse con costumbres que adopt\u00f3 como protesta contra la pudibundez del medio en que viv\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a1Y s\u00f3lo porque todos fueron pesimistas! Hablo a los que ser\u00e1n ma\u00f1ana la fuerza, la \u00fanica fuerza posible de Venezuela. No tengo ni edad ni autoridad para dar consejos. Pertenezco a una generaci\u00f3n amorfa que ha de hundir pronto la frente en el eterno manantial del olvido, despu\u00e9s que la sumi\u00f3 largamente en el polvo de la ignominia. Acaso nuestros hermanos menores nos excusar\u00e1n un d\u00eda del oprobio; pero antes es preciso que corrijan la obra de cuatro generaciones. Por eso me atrevo a aconsejarles el optimismo y el horror a todo g\u00e9nero de contemplaci\u00f3n. Nada de lo que hag\u00e1is es malo; y aun cuando fuere malo, eso malo ser\u00e1 con mucho preferible a la vana expectaci\u00f3n en que nos hemos sumergido hace a\u00f1os, como en un fango sopor\u00edfero.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jesus-semprum\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas Semprum No obstante que apenas nos apartan un siglo de ella, escasas noticias dignas de toda fe poseemos acerca de la sociedad venezolana de 1810, porque las m\u00e1s de esas noticias est\u00e1n escritas casi todas por personas a quienes su particular inter\u00e9s obligaba a describir las costumbres por lo menos con ciertos paliativos, si [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4767,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4766"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4766"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4766\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4772,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4766\/revisions\/4772"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4767"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4766"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4766"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4766"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}