{"id":4737,"date":"2022-06-08T00:10:40","date_gmt":"2022-06-08T00:10:40","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4737"},"modified":"2023-11-24T18:29:59","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:59","slug":"el-coro-de-las-voces-solitarias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-coro-de-las-voces-solitarias\/","title":{"rendered":"El coro de las voces solitarias (introducci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Rafael Arr\u00e1iz Lucca<\/h4>\n<p>Un solo dato es ilustrativo de la precariedad de las manifestaciones literarias durante los a\u00f1os de la conquista y colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica: aquel largo per\u00edodo de m\u00e1s de tres siglos que comienza, para nosotros, con la fant\u00e1stica incursi\u00f3n de Crist\u00f3bal Col\u00f3n en aguas del Orinoco, con los ojos enfermos y el alma en vilo, que lo lleva a escribir uno de los pasajes m\u00e1s extraordinarios de los que se tenga noticia: aquel en donde les manifiesta a los reyes de Espa\u00f1a haber llegado al para\u00edso terrenal, justo al navegar sobre el torrente dulce de la desembocadura del r\u00edo gigantesco. El dato, antes de perderme en alg\u00fan otro ca\u00f1o del delta, es el de la llegada de la imprenta a Venezuela.<\/p>\n<p>Si bien el caraque\u00f1o Francisco de Miranda tra\u00eda una en la nave que lo acercaba a las costas de su sue\u00f1o independentista, es sabido que aquel intento fracas\u00f3 y que el destino de las m\u00e1quinas no fue otro que el de la isla de Trinidad. As\u00ed lo sostiene Manuel Segundo S\u00e1nchez cuando afirma. Refiri\u00e9ndose a los aparatos: \u00abDepositada en la isla de Trinidad, despu\u00e9s del fracaso de la expedici\u00f3n, la adquirieron los norteamericanos Gallagher y Lamb, primeros tip\u00f3grafos que se establecieron en Caracas\u00bb (S\u00e1nchez, 1950: 5). En efecto, una vez asentados en la capital fueron los que imprimieron la Gazeta de Caracas, a partir de 1808. Luego, no es sino dos a\u00f1os despu\u00e9s cuando aparece el primer libro impreso en el pa\u00eds: me refiero al <em>Calendario Manual<\/em> y <em>Gu\u00eda Universal de Forasteros en Venezuela<\/em> para 1810, t\u00edtulo acerca del cual Pedro Grases public\u00f3, en 1952, un estudio donde demuestra no solo que fue el primer libro impreso en Venezuela, sino que su autor fue el joven Andr\u00e9s Bello. Pero, para que se entienda todav\u00eda mejor lo que se\u00f1alo sobre la llegada de la imprenta a Venezuela, recordemos que esta se establece en M\u00e9xico en 1535, en Lima en 1583, en los Estados Unidos en 1638, en la Argentina un poco antes del 1700, en La Habana en 1707 y en Bogot\u00e1 en 1738, seg\u00fan los datos que ofrece Pedro Henr\u00edquez Ure\u00f1a en su libro <em>Historia de la cultura en la Am\u00e9rica Hisp\u00e1nica<\/em>.<\/p>\n<p>Pero si acaso no fuese suficiente demostraci\u00f3n de la precariedad de las expresiones literarias el hecho de no disponer de imprenta sino hasta los primeros a\u00f1os del siglo XIX, ofrezcamos algunos juicios de los estudiosos. Antes, aclaro que los textos de fray Pedro de Aguado (<em>Historia del descubrimiento y fundaci\u00f3n de la gobernaci\u00f3n y provincia de Venezuela<\/em>, 1581), de Juan de Castellanos (<em>Eleg\u00edas de varones \u00a1lustres de Indias<\/em>, 1589), de fray Pedro Sim\u00f3n (<em>Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales<\/em>, 1626) y de Jos\u00e9 de Oviedo y Ba\u00f1os (<em>Historia de la conquista y poblaci\u00f3n de la provincia de Venezuela<\/em>, 1723), as\u00ed como algunos versos que no han llegado hasta nuestros tiempos, no son materia suficiente como para llevarnos a afirmar que hubo una literatura colonial venezolana, al menos con las investigaciones que hasta el momento se han dado a la luz p\u00fablica. No descarto que pronto, gracias a la acuciosidad de los investigadores, pueda hallarse un patrimonio literario hasta ahora desconocido o escasamente estudiado. Pero mientras estos hallazgos ocurren, no tengo otra alternativa que referirme a las manifestaciones literarias del periodo colonial con lo que tengo en la mano. Cuando nos referimos a una literatura estamos pensando en un sistema, en un corpus, no en inspiraciones aisladas, valios\u00edsimas por lo dem\u00e1s, de los pocos que estamparon los frutos de sus visiones y su imaginaci\u00f3n. Para no ser tan contundentes, aceptemos que hubo algunas manifestaciones literarias durante el largo per\u00edodo colonial; incluso recordemos que con frecuencia se llevaban a las tablas algunas obras de teatro, pero no exageremos: la expresi\u00f3n literaria de los hijos de aquella sociedad no fue suficiente como para poder hablar de una literatura colonial venezolana. Sobre todo, insisto, si pensamos en la literatura como un tejido de lectura y escritura que se expresa de manera abundante y llega a formar un sistema.<\/p>\n<p>El cr\u00edtico Julio Calca\u00f1o es enf\u00e1tico al se\u00f1alar:<\/p>\n<p><em>&#8230; fue a fines del siglo \u00faltimo [se refiere al XVIII] cuando la revoluci\u00f3n de los Estados Unidos del Norte, la revoluci\u00f3n de Francia y el consiguiente estado anormal de la pen\u00ednsula, abrieron nuevas sendas a las ideas de los suramericanos, hicieron posible la introducci\u00f3n clandestina de libros prohibidos, y contribuyeron en gran manera a la lucha de Independencia, que cambi\u00f3 por completo la m\u00edsera condici\u00f3n de las Colonias, las cuales acaso hubiera conservado Espa\u00f1a con la pr\u00e1ctica de un sistema de colonizaci\u00f3n y gobierno m\u00e1s liberal, y con la difusi\u00f3n de las luces que preparan el coraz\u00f3n y el esp\u00edritu para figurar en la escena de la civilizaci\u00f3n. (Pic\u00f3n Febres, 1972: 115)<\/em><\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, afirma: \u00abNuestra literatura alborea con el sol de la revoluci\u00f3n de Independencia\u00bb.<\/p>\n<p>Gonzalo Pic\u00f3n Febres, en su libro indispensable <em>La literatura venezolana del siglo XIX<\/em> \u2014donde emite juicios severos o comprensivos en exceso, siempre asentados sobre el estudio\u2014 ofrece el siguiente panorama:<\/p>\n<p><em>Ning\u00fan venezolano medianamente ilustrado debe ignorar que la instrucci\u00f3n p\u00fablica en Venezuela, a fines del siglo d\u00e9cimo octavo y a principios del siglo \u00a0\u00a0nueve, era pobre, deficiente y restringida en grado sumo, por las reservas preventivas que la Corona de Espa\u00f1a siempre tuvo para ilustrar a sus Colonias de Am\u00e9rica, y muy especialmente a Venezuela. Tem\u00eda, sin duda alguna, que la propagaci\u00f3n y lectura de los libros nuevos, la difusi\u00f3n copiosa de las ideas avanzadas y el esp\u00edritu revolucionario de los Estados Unidos y de Francia despertasen y luego avigorasen el de la Independencia hispanoamericana, y por eso procur\u00f3 a todo trance mantener a sus Colonias en un estado lamentable de ignorancia. (Pic\u00f3n Febres, 1972: 105)<\/em><\/p>\n<p>Coinciden en sus diagn\u00f3sticos tanto Calca\u00f1o como Pic\u00f3n Febres. A\u00f1adamos ahora el juicio de Mariano Pic\u00f3n Salas, ofrecido en <em>Formaci\u00f3n y proceso de la literatura venezolana<\/em>:<\/p>\n<p><em>Venezuela no tuvo una literatura colonial que pueda compararse, p\u00e1lidamente, por lo menos por su volumen, con las de M\u00e9xico, Per\u00fa o Nuevo Reino de Granada. La imprenta no llegar\u00e1 a Caracas hasta 1808 para convertirse en un instrumento de reacci\u00f3n antiespa\u00f1ola. Los papeles que quedan del siglo XVII y primera mitad del siglo XVIIl \u2014novenas y sermones gongorinos o poes\u00edas de circunstancias como las que preceden al ya citado libro de Oviedo y Ba\u00f1os\u2014 coinciden en su barroquismo colonial con las de las otras partes de Am\u00e9rica. La misma erudici\u00f3n farragosa, el mismo retru\u00e9cano, la misma f\u00f3rmula altisonante. Es \u2014he dicho en otro trabajo m\u00edo\u2014 una forma de intelecto que carece de esp\u00edritu hist\u00f3rico. (Pic\u00f3n Salas, 1984: 34-35)<\/em><\/p>\n<p>Estos tres juicios parecen negar lo afirmado por Humboldt en su Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente. All\u00ed, el sabio se detiene a describir una Caracas dominada por el esp\u00edritu de las luces. Dice: \u00abNot\u00e9 en varias familias de Caracas gusto por la instrucci\u00f3n, conocimiento de las obras maestras de la literatura francesa e italiana, una decidida predilecci\u00f3n por la m\u00fasica, que se cultiva con \u00e9xito y sirve \u2014como siempre hace el cultivo de las bellas artes\u2014 para aproximar las diferentes clases de la sociedad\u00bb (Humboldt, 1985: 334, tomo II). Aunque el alem\u00e1n hace referencia al conocimiento de las literaturas italiana y francesa, el \u00e9nfasis est\u00e1 puesto en el disfrute de la m\u00fasica y, en otros pasajes del libro, en los buenos modales de ciertos caraque\u00f1os, que l\u00f3gicamente denotaban familiaridad con ciertas expresiones culturales elaboradas. Pero no puede inferirse de los comentarios de Humboldt \u2014del retrato de aquella amable ciudad colonial que rememora con gratitud desde su sill\u00f3n europeo\u2014 ni siquiera la existencia de un grupo de lectores cr\u00edticos medianamente sistem\u00e1ticos; mucho menos puede suponerse la existencia de una literatura. Sin embargo, el panorama humboldtiano y otros an\u00e1lisis, frutos de investigaciones recientes, como el libro de P. Michael McKinley sobre la Caracas prerrevolucionaria: Caracas antes de la Independencia, vienen a matizar la contundencia de las afirmaciones de Calca\u00f1o y de Pic\u00f3n Febres. La situaci\u00f3n de la Caracas preindependentista no era la de tierra arrasada; tampoco la de una suerte de Atenas tropical. Afirma McKinley:<\/p>\n<p><em>Ya a estas alturas deber\u00edan estar claros varios aspectos de la econom\u00eda de exportaci\u00f3n de Caracas. Primero y sobre todo la diversificaci\u00f3n de la base agr\u00edcola ocurrida entre 1777 y 1810. A excepci\u00f3n posiblemente de La Habana, ninguna otra colonia hispanoamericana experiment\u00f3 la transformaci\u00f3n que caracteriz\u00f3 a Caracas al zafarse de su dependencia del cacao. La significativa presencia del caf\u00e9 y del a\u00f1il y, en grado menor, de otras cosechas, procur\u00f3 a la provincia una variedad en sus posibilidades de ingreso muy notable para una peque\u00f1a provincia monoproductora. (McKinley, 1993: 66)<\/em><\/p>\n<p>Pic\u00f3n Salas es m\u00e1s preciso en relaci\u00f3n con las opiniones de Pic\u00f3n Febres y Calca\u00f1o. Se refiere a la literatura; no roza siquiera la menci\u00f3n de otras disciplinas art\u00edsticas que, ciertamente, tuvieron un especial florecimiento, como es el caso de la m\u00fasica.<\/p>\n<p>En las opiniones de Calca\u00f1o y Pic\u00f3n Febres vienen las tintas cargadas: para nadie es un secreto que la apolog\u00eda independentista trajo como consecuencia una gran dificultad para hallar rasgos, aunque fuesen m\u00ednimos, de obra positiva por parte de la sociedad colonial. La satanizaci\u00f3n absoluta favorece la tesis que hac\u00eda de la gesta independentista una necesidad urgente, impostergable. Quiz\u00e1s por esto \u2014me atrevo a pensar\u2014 es que los juicios de Calca\u00f1o y Pic\u00f3n Febres son tan severos. En cambio, el de Humboldt, hace doscientos a\u00f1os, y el de McKinley, en 1985, son desapasionados: ellos no tienen arte ni parte.<\/p>\n<p>Dos aspectos resultan indiscutibles: la provincia de Venezuela, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, hab\u00eda alcanzado un respetable nivel de desarrollo econ\u00f3mico sobre la base del cultivo del caf\u00e9, el tabaco, el a\u00f1il y el cacao. De all\u00ed que algunas expresiones del esp\u00edritu creador hubiesen florecido, junto con el inter\u00e9s por ciertas manifestaciones art\u00edsticas por parte de la \u00e9lite. Pero este brillo que impresiona a Humboldt no niega la precariedad de la literatura, como dije antes. Por otra parte, s\u00ed niega la tesis seg\u00fan la cual en la provincia de Venezuela no fue permitido el crecimiento de las luces. De hecho, la propia \u00e9lite que va a llevar adelante la guerra de Independencia no se explicar\u00eda sin la situaci\u00f3n de auge que encuentra el bar\u00f3n de Humboldt en su visita.<\/p>\n<p>Otro viajero, el franc\u00e9s Depons, en la relaci\u00f3n que hace de su viaje \u2014publicada en 1805\u2014y refiri\u00e9ndose a las casas caraque\u00f1as, afirma maravillado:<\/p>\n<p><em>En ellas se ven hermosos espejos, cortinas de damasco carmes\u00ed en las ventanas y puertas del interior, sillas y sof\u00e1es de madera, de estilo g\u00f3tico sobrecargados de doradosy con asientos de cuero, de damasco o de cerda; altos lechos cuyos elevados doseles muestran un exceso de dorado, cubiertos con hermosas colchas de damasco y muchas almohadas de plumas con fundas de ricas muselinas guarnecidas de encajes. (Depons, 1993: 65).<\/em><\/p>\n<p>La prosperidad de entonces es fruto del cultivo de la tierra y del comercio con la pen\u00ednsula imperial, faenas en las que la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana tuvo su parte durante sus cincuenta a\u00f1os de labor en tierra venezolana (1730-1780), as\u00ed como los criollos, que para entonces amasaban una fortuna considerable y eran, incluso, due\u00f1os de los barcos con los que enviaban sus frutos allende el oc\u00e9ano.<\/p>\n<p>En esa sociedad colonial, que tiene expresi\u00f3n en una ciudad capital que para el a\u00f1o de 1800 registra alrededor de treinta mil almas, es donde comienzan a tener lugar las tertulias literarias. En casa de los Ust\u00e1riz, Luisy Francisco Javier, y bajo el entusiasmo de estos hermanos, se re\u00fane la \u00e9lite de entonces a leer y declamar poemas, a compartir sus intentos pros\u00edsticos y a limar las rugosidades del esp\u00edritu al amparo de las letras. Corre la primera d\u00e9cada del siglo XIX. A estas pe\u00f1as literarias asisten dos caballeros respetad\u00edsimos entonces: Miguel Jos\u00e9 Sanzy Jos\u00e9 Antonio Montenegro. Junto a ellos, descifran enigmas Vicente Salias, Vicente Tejera, Domingo Navas Sp\u00ednola, Jos\u00e9 Domingo D\u00edaz, Jos\u00e9 Luis Ramos y el joven Andr\u00e9s Bello. Este \u00faltimo le confes\u00f3 a su bi\u00f3grafo \u2014el chileno Miguel Luis Amun\u00e1tegui\u2014, refiri\u00e9ndose a los Ust\u00e1riz, lo siguiente: \u00abAmbos eran poetas, grandes favorecedores de los devotos de las musas, oficiosos aristarcos de los ingenios noveles que empezaban a despertarse. La casa de estos caballeros se hab\u00eda convertido en una especie de Academia, a donde concurr\u00edan cuantos en la capital de Venezuela figuraban por las dotes del espiritu.\u00bb (Amun\u00e1tegui, 1882: 14). No puede se\u00f1alar Bello, como es l\u00f3gico, que el m\u00e1s destacado de los j\u00f3venes poetas que se inician entonces es \u00e9l.<\/p>\n<p>El buen nivel de ejecuci\u00f3n \u2014y de composici\u00f3n\u2014 alcanzado por la m\u00fasica en la Venezuela colonial, de acuerdo con el juicio de los conocedores de la materia, no se corresponde con el de la expresi\u00f3n po\u00e9tica: esta vuela menos alto. Las tertulias de los Ust\u00e1riz, y particularmente lo que de ellas se estamp\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de la oralidad, se ci\u00f1en al territorio del canto apacible, buc\u00f3lico, discretamente virgiliano: construcciones l\u00edricas pensadas m\u00e1s para el escenario de la velada y para agradar a la audiencia que para darles salida a las tormentas del esp\u00edritu. Pero si los logros po\u00e9ticos fueron menores, incluidos los del Bello joven, los referidos al dominio de las ciencias jur\u00eddicas y el pensamiento no fueron despreciables. No pretendo afirmar, obviamente, que estos alcances fueron fruto de las tertulias en casa de los Ust\u00e1riz. Se\u00f1alo, eso s\u00ed, que entre los contertulios estaba Sanz, quien pudo hacer aportes valiosos, fruto de su discurrir organizado y de su voluntad. Si fu\u00e9semos a resumir en dos apellidos, de los muchos que bebieron de las aguas de casa de los Ust\u00e1riz, estos ser\u00edan los de Sanzy Bello. Ambos, sin demeritar a los otros, trascendieron con sus obras m\u00e1s all\u00e1 de la an\u00e9cdota o del ditirambo. Podr\u00eda decirse m\u00e1s: si ellos no hubiesen participado de estas tertulias, probablemente estas habr\u00edan sido registradas por la historiograf\u00eda por su fil\u00f3n exclusivamente circunstancial y, en verdad, no ha sido as\u00ed. La historiograf\u00eda las rescata atribuy\u00e9ndoles una importancia principal. De hecho, Pic\u00f3n Febres las tiene como el escenario donde naci\u00f3 la literatura venezolana, por m\u00e1s que su juicio sobre los bardos de esta promoci\u00f3n sea lapidario: \u00abPero de aquellos literatos y poetas, biso\u00f1os, poco instruidos en el arte, ignorantes de los buenos modelos castellanos, sin mayores alcances ni gallard\u00eda de imaginaci\u00f3n, y por a\u00f1adidura amanerados en fuerza de la imitaci\u00f3n pseudocl\u00e1sica imperante, apenas quedan hoy los nombres y algunas de sus obras, de muy escaso brillo y m\u00e9rito en el fondo y en la forma\u00bb (Pic\u00f3n Febres, 1972: 134). Suponemos que de esta sentencia queda a salvo Andr\u00e9s Bello.<\/p>\n<p>En verdad, aquella \u00e9lite que se reun\u00eda en casa de los Ust\u00e1riz hab\u00eda le\u00eddo con atenci\u00f3n, en el mejor de los casos, a los cl\u00e1sicos latinos y a algunos autores peninsulares. El tiempo demostr\u00f3, m\u00e1s adelante, que el mejor lector de aquella camada hab\u00eda sido Bello, quien, antes, lleg\u00f3 a trasegar el Quijote, siendo pr\u00e1cticamente un ni\u00f1o. Los aires po\u00e9ticos de aquella Venezuela finisecular y de principios del siglo XIX, para los que no dominaban otro idioma que el espa\u00f1ol, eran los de la madre patria. De modo que el barroco colonial convive \u2014aunque cedi\u00e9ndole el paso\u2014 con el neoclasicismo que Pic\u00f3n Febres llam\u00f3, en uno de sus arranques de guillotina: \u00abla imitaci\u00f3n pseudocl\u00e1sica imperante\u00bb. Es en este ambiente de prosperidad econ\u00f3mica, pero de precariedad cultural, donde va a prender la mecha del espiritu revolucionario. Precisamente, a las propias tertulias de casa de los Ust\u00e1riz asist\u00eda un alumno de Bello llamado Sim\u00f3n Bol\u00edvar e incluso, con frecuencia, tertulias alternas llegaron a ocurrir en la casa de los Bol\u00edvar, frente a la plaza San Jacinto. Son estos los a\u00f1os decisivos en los que va gest\u00e1ndose lo que luego estalla definitivamente en 1810. Y es entonces cuando tiene lugar aquel viaje, fundamental para el destino de la futura rep\u00fablica, en el que se embarcan Bello, Bol\u00edvar y L\u00f3pez M\u00e9ndez, con rumbo a Inglaterra, a encontrarse con el conspirador mayor: Francisco de Miranda. Del fr\u00edo nunca m\u00e1s regresar\u00eda Bello a Caracas: diecinueve largos y dif\u00edciles a\u00f1os lo esperan en el laberinto londinense, antes de ser acogido definitivamente por Chile como el maestro que lleg\u00f3 a ser. Para el momento de zarpar de La Guaira, apenas tiene veintinueve a\u00f1os.<\/p>\n<p>El ambiente literario en que Bello recibe sus primeras influencias, como hemos visto a lo largo de estas p\u00e1ginas, es el de la Caracas donde transcurre su infancia y juventud. Este es, en pocas palabras, un \u00e1mbito que se debate entre el eco del barroco colonial y las propuestas del neoclasicismo. Este se fundamentaba en una actualizaci\u00f3n de los conceptos est\u00e9ticos de la Grecia cl\u00e1sica. El neoclasicismo que llegaba hasta estas costas tropicales ven\u00eda matizado por el crisol ib\u00e9rico, pero en su esencia manten\u00eda su teolog\u00eda: la raz\u00f3n est\u00e1 en el centro del proceso creador; la emoci\u00f3n y los sentimientos son compa\u00f1eros peligrosos, que pueden llegar a desdibujar la nitidez de la construcci\u00f3n querida. La abstracci\u00f3n toma el lugar de lo carnal; la ambici\u00f3n universalista suplanta al rasgo individual. En el coraz\u00f3n del neoclasicismo late el ideal de la inmutabilidad, de la ortodoxia, de lo un\u00edvoco.<\/p>\n<p>Sin embargo, si bien es cierto que la tendencia dominante era neocl\u00e1sica, es posible encontrar rasgos prerrom\u00e1nticos en algunas de las composiciones del propio Bello. Es el momento de recordarlo: la imprenta llega en 1808, Bello se va para siempre en 1810, de modo que las composiciones po\u00e9ticas que teji\u00f3 en aquellos a\u00f1os no pod\u00edan ser publicadas. De hecho, las edit\u00f3 muchos a\u00f1os despu\u00e9s e, incluso, algunas no fueron propiamente publicadas por \u00e9l, sino salvadas en la memoria de algunos compa\u00f1eros que las hab\u00edan aprendido, oy\u00e9ndoselas declamar al joven Bello en casa de los Ust\u00e1riz. Pero ya este es el tema del pr\u00f3ximo cap\u00edtulo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rafael-arraiz-lucca\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael Arr\u00e1iz Lucca Un solo dato es ilustrativo de la precariedad de las manifestaciones literarias durante los a\u00f1os de la conquista y colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica: aquel largo per\u00edodo de m\u00e1s de tres siglos que comienza, para nosotros, con la fant\u00e1stica incursi\u00f3n de Crist\u00f3bal Col\u00f3n en aguas del Orinoco, con los ojos enfermos y el alma [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4739,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4737"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4737"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4737\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8380,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4737\/revisions\/8380"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4739"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4737"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4737"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4737"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}