{"id":4708,"date":"2022-06-04T21:48:46","date_gmt":"2022-06-04T21:48:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4708"},"modified":"2023-11-24T18:30:15","modified_gmt":"2023-11-24T18:30:15","slug":"el-personaje-femenino-en-la-narrativa-actual-latinoamericana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-personaje-femenino-en-la-narrativa-actual-latinoamericana\/","title":{"rendered":"El personaje femenino en la narrativa actual latinoamericana"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Laura Antillano<\/h4>\n<p>Al titular el texto <em>El personaje femenino en la narrativa actual latinoamericana<\/em>, nos colocamos en el peligro inminente de incurrir en elementales puerilidades generalizadoras, de manera que, escap\u00e1ndonos por la tangente, hemos decidido seguir el consejo de Umberto Eco en sus \u201cApuntes para escribir una tesis de grado\u201d, intentando reducir el objeto de estudio en la b\u00fasqueda de la concreci\u00f3n y el recato cient\u00edfico. Pero no hay que asustarse, no pretendemos aqu\u00ed sino organizar algunas reflexiones de car\u00e1cter abierto acerca de lo que significa nuestra percepci\u00f3n de los personajes femeninos en la escritura de ficci\u00f3n latinoamericana del presente siglo XX, tratando, a grandes saltos hist\u00f3ricos y a lo mejor conceptuales tambi\u00e9n, de definir la diferencia entre la literatura escrita por los hombres y las mujeres, si es que tal existe.<\/p>\n<p>Para ello, quisi\u00e9ramos tomar como punto de partida algunas ideas expresadas por Helena Araujo en un ensayo publicado en la Revista Eco de Colombia, titulado: \u201c\u00bfCr\u00edtica literaria feminista?\u201d, en el cual la escritora se refiere a los personajes femeninos presentes en la narrativa latinoamericana considerada cl\u00e1sica, puntualizando dos conceptos interesantes:<\/p>\n<p><em>Obras como Facundo y Mart\u00edn Fierro, luego Don Segundo Sombra, La Vor\u00e1gine y Do\u00f1a B\u00e1rbara crean un escenario personal de pampas, selvas y refriegas, donde las hembras tienen un papel determinado con respecto a la fantasm\u00e1tica sexual [&#8230;] y es por desgracia esa imagen de ellas, servil, apocada, rebajada, la que predomina en la literatura femenina de las primeras \u00e9pocas cuando no se incurre en excesos narcisistas y bovaristas o en estereotipos mis\u00f3ginos.<\/em><\/p>\n<p>Para Helena Araujo, las mujeres que aparecen en estas novelas se ven entre los dos polos que se\u00f1ala el esquema judeo-cristiano: la santa y la pecadora, la virgen y la puta, la madre abnegada y la v\u00edbora lujuriosa, no hay matices, no hay complejidad. Pero, por otra parte, la ensayista plantea su preocupaci\u00f3n acerca de dos escritoras que se identifican con esas im\u00e1genes, o que buscan el espejo en la escritura de otros, perdiendo la noci\u00f3n de su verdadera percepci\u00f3n de las realidades descritas. Araujo insiste en una diferencia hist\u00f3rica, en el cambio de la percepci\u00f3n o en el coraje de esa b\u00fasqueda:<\/p>\n<p><em>Para la latinoamericana asumirse en funci\u00f3n de la corporeidad siempre es una trasgresi\u00f3n: la liberaci\u00f3n de los instintos vitales por la afirmaci\u00f3n Teresa de la Parra y Mar\u00eda Luisa Bombal intentan, realizan, las primeras dos novelas: Ifigenia y La amortajada, en las cuales la validez del documento literario rebasa la media, \u201csin embargo, la narradora de La amortajada no va a hablar sino despu\u00e9s de haber fallecido, y la de Ifigenia renuncia para siempre a ser libre\u201d (Araujo, 1984).<\/em><\/p>\n<p>Otro documento anal\u00edtico, que nos ha parecido preciso al respecto, es el resultado de la investigaci\u00f3n de la escritora mexicana Aralia L\u00f3pez en su libro, De la intimidad a la acci\u00f3n. La narrativa de escritoras latinoamericanas y su desarrollo, en el que se\u00f1ala dos perspectivas, en sentidos invertidos, en lo que se refiere a la b\u00fasqueda en la escritura de hombres y mujeres. Aralia (1985), luego de incursionar en el contexto general de la latinoamericana de este siglo y partiendo de aseveraciones anal\u00edticas de David Vi\u00f1as y Agust\u00edn Cueva, se\u00f1ala que la literatura masculina va \u201cdel exterior del accionar y del estar al ser\u201d.<\/p>\n<p>La doctora Aralia L\u00f3pez apunta que la narrativa escrita por mujeres, por el contrario: \u201cpone su inter\u00e9s fundamental por el ser, m\u00e1s que por el accionar, o por el estar.\u201d (\u00cddem). Esto parece indicar un mayor inter\u00e9s por la interiorizaci\u00f3n: \u201cLa preocupaci\u00f3n por el entorno social se relega a un segundo plano y en algunos casos pr\u00e1cticamente no existe\u201d. (L\u00f3pez, 1985). Este \u00faltimo planteamiento, coincide con lo expresado en Venezuela por Juan Carlos Santaella, en mayo de 1983, en un art\u00edculo titulado <em>Cuesti\u00f3n de pudor ser\u00e1<\/em>:<\/p>\n<p><em>La democracia venezolana ha marcado verdaderos r\u00e9cords pol\u00edticos, traducidos en un ca\u00f3tico desordenado desarrollismo, as\u00ed como tambi\u00e9n empuj\u00f3 al abismo toda posible transparencia afectiva entre ambos sexos. Las escritoras venezolanas han evadido generalmente esta especie de tr\u00e1gica situaci\u00f3n, en medio de apremiantes y actuales problemas. Su respuesta ha estado de parte de una infancia nost\u00e1lgica, pues fue \u00e9se el \u00fanico lugar que le permiti\u00f3, como morada casi definitiva, el mis\u00f3gino hombre. (Santaella, 1983).<\/em><\/p>\n<p>Esta literatura \u201cintimista\u201d es interpretada como un escape a la realidad, y los personajes femeninos que describe, o se parecen a los modelos de la literatura o se convierten en nebulosos seres atormentados y pla\u00f1ideros, imposibilitados de asumir actos de rebeli\u00f3n que cambien sus vidas. Esta es una verdad a medias, Hanni Ossott, una de nuestras poetisas m\u00e1s interesantes, reflexiona sobre el tema:<\/p>\n<p><em>La voz femenina carece de esquemas formales. Sugiere en cada nueva instancia. Su medida es el \u201colfato\u201d. Velada, febril, c\u00e1lida, carece de velocidad fija [&#8230;] Enredadera, enlaza y ata, cose, hace junturas [&#8230;] Grave, dichosa, haci\u00e9ndose la loca y la fr\u00e1gil, ondula entre resquicios, resquebrajaduras, disensiones. Es una memoria secreta, memoria de tocador, bacinilla y cama [&#8230;] la voz femenina es oscura y roja, nunca luz sol solar, nunca sistem\u00e1tica, un desorden propicio la configura en medio de lo regular de sus estaciones y sus cambios, un enrarecimiento, una indefinici\u00f3n. Quien la acoge se desconcierta y se enerva. (Citado por Antillano, 1993; 181).<\/em><\/p>\n<p><em>Y, en este af\u00e1n de centrarnos en el tema, estamos ahora en la literatura latinoamericana escrita por mujeres, en la primera mitad del siglo XX, y en la cual, seg\u00fan los autores citados, hay consenso en se\u00f1alar que las escritoras, al dise\u00f1ar sus personajes femeninos o lo hacen siguiendo los modelos preestablecidos o a trav\u00e9s de un lenguaje evasivo, lo cual sublima la represi\u00f3n. O, en otros t\u00e9rminos, la intimidad, el gran deseo de saber qui\u00e9n se es, las lleva a establecer distancia con el entorno social. Tanto Aralia L\u00f3pez como Helena Araujo, se\u00f1alan, sin embargo, que algo ha ocurrido en relaci\u00f3n con esta manera de asumir la literatura y, de hecho, ello trae cambios en las figuras femeninas que vemos aparecer y desaparecer en la narrativa.<\/em><\/p>\n<p>Queremos hacer una anotaci\u00f3n que se sale de \u201cla l\u00ednea del discurso\u201d, siempre hemos o\u00eddo decir que el personaje femenino m\u00e1s audaz de la narrativa de este pa\u00eds, aparece en una novela de Andr\u00e9s Mari\u00f1o Palacios titulada: <em>Batalla hacia la aurora<\/em> (1958), que por falta de reedici\u00f3n se ha convertido en un incunable. Pero, la \u201cMar\u00eda Eugenia Alonso\u201d de Teresa de la Parra piensa, dice y se revela, y con sentido del humor. Tiene una mirada cr\u00edtica sobre el mundo, es emotiva, sensible aunque fuerte. Pero se enamora de Gabriel Olmedo y se queda sin dote, sue\u00f1a con Europa, evade, a\u00f1ora, se deja cortejar por C\u00e9sar Leal, tiene conciencia de su destino desgraciado, no lucha contra \u00e9l, personifica lo que ser\u00e1 una tendencia en la narrativa latinoamericana de la \u00e9poca en la obra de las m\u00e1s brillantes escritoras. Hero\u00ednas l\u00facidas que sucumben al sacrificio.<\/p>\n<p>El cambio entre las escritoras y su manera de concebir personajes que las reflejan en aquello que es su identidad sexual se produce en paralelo a las transformaciones sociales, pol\u00edticas y econ\u00f3micas que est\u00e1n dando un vuelco a los esquemas de las relaciones entre hombres y mujeres a finales del siglo. Citando a Helena Araujo nuevamente, recordemos que \u201c(&#8230;) tanto el escritor como la escritora han de soportar presiones de una sociedad tecnocr\u00e1tica orientada al consumismo. Y ejercerse en un lenguaje no implica un intercambio comunicativo neutro, sino un proceso de clases y jerarqu\u00edas\u201d. (1984).<\/p>\n<p>Nos debatimos entre una lengua materna y una lengua social. Entonces debemos reconocer, siguiendo la l\u00ednea de Aralia L\u00f3pez, que los escritores de hoy muestran mayor preocupaci\u00f3n por el ser, su afirmaci\u00f3n, que por el estar o el accionar. Y las escritoras salen de la insistencia en la b\u00fasqueda de la propia identidad para contar circunstancias y situaciones, para expresar el estar y el accionar. Para dar un ejemplo me sit\u00fao en una novela mexicana de reciente aparici\u00f3n: <em>Como agua para chocolate<\/em> (1990), de Laura Esquivel. El particular tratamiento de la historia es una de las cualidades m\u00e1s interesantes de esta novela.<\/p>\n<p>La autora nomina los cap\u00edtulos con recetas de cocina y se permite darnos ingredientes e instrucciones en la medida en que desarrollamos una historia de amor, dolor, muerte, guerra, odios y ternuras, en la que cualquier cosa puede suceder. Un tratamiento en tercera persona se ocupa de describirnos a una protagonista con todas las caracter\u00edsticas de la novela rom\u00e1ntica, pero el sentido del humor, la audacia de las actitudes del personaje y de quienes lo rodean le da un nuevo car\u00e1cter. Por otra parte, su autora ha tenido experiencias en el gui\u00f3n cinematogr\u00e1fico, y ello, indudablemente, le brinda a la novela una riqueza en la que los elementos imaginarios y los de la \u00edntima cotidianidad femenina se sumergen simbi\u00f3ticamente en la necesidad de contarnos un mundo exterior ahora m\u00e1s complejo y profundo.<\/p>\n<p>Lo mismo podr\u00edamos decir de una novela anterior: <em>El hostigante verano de los dioses<\/em> (1963), de Fanny Buitrago, de los tiempos del Nada\u00edsmo colombiano. \u00bfY qu\u00e9 decir de la hermos\u00edsima novela de la nicarag\u00fcense Gioconda Belli, <em>La mujer habitada<\/em>?, en la cual se nos describe a una joven arquitecta que inicia su carrera en un pa\u00eds no identificado pero con todas las caracter\u00edsticas de Latinoam\u00e9rica, y si bien percibimos su mundo delicado de detalles, esos que llaman \u201cfemeninos\u201d, nos vamos introduciendo en la peripecia a trav\u00e9s de la cual la joven Lavinia, de origen social holgado, se pone en contacto con un movimiento de liberaci\u00f3n que la sensibiliza frente a circunstancias que antes ignoraba. Y finalmente la tenemos como protagonista de una acci\u00f3n de guerrilla en la que sustituye a su amante ya fallecido<\/p>\n<p>Esta novela es el resultado de una combinaci\u00f3n de detalles \u00edntimos y el avance de una historia que mantiene en tensi\u00f3n al lector. El resultado, insistimos \u2013la presencia de personajes como Tita en <em>Como agua para chocolate<\/em> o Lavinia en <em>La mujer habitada<\/em>\u2013 no es un producto del azar, sino la consecuencia de un proceso hist\u00f3rico social. Los antecedentes son los eslabones de la cadena que nos hicieron llegar a esta aproximaci\u00f3n a la realidad que hoy abordamos.<\/p>\n<p>Trina Larralde public\u00f3 <em>Guataro<\/em> en 1936. La protagonista, Mar\u00eda Antonieta Ladera, es una joven viajada, inteligente, desenvuelta, que regresa a la hacienda de su abuela con el prop\u00f3sito de recordar su infancia y para pasar unas vacaciones. Mujer le\u00edda, con reflexiones \u201cpsicoanal\u00edticas\u201d, observadora insaciable, atractiva. Progresivamente ve convertirse sus vacaciones en un asunto en el que se debate su destino. El mundo se divide entre sus propias reflexiones de mujer pensante, entre el ser y el devenir, y el enamoramiento de Diego Tovar, un hacendado conservador, que se le acerca desarrollando un cortejo pausado y sigiloso (\u00a1cu\u00eddeme Dios del agua mansa!). De desenvuelta, inteligente, independiente, Mar\u00eda Antonia pasa a insegura, t\u00edmida, temerosa. Finalmente se entrega a los brazos de Diego.<\/p>\n<p><em>Todos sus instintos de mujer hab\u00edanse despertado en la proximidad del hombre deseado, y la corriente vital que corr\u00eda c\u00e1lida por sus venas, semiembotaba su cerebro. El porvenir no exist\u00eda para ella y s\u00f3lo deseaba sus besos. Su amor le bastaba en ese instante y era incapaz de desear nada. (Guataro, 1982; 305.)<\/em><\/p>\n<p>Y, en un di\u00e1logo anterior, Mar\u00eda Antonia declara a su t\u00edo: \u201c(&#8230;) me quedo y me casar\u00e9 con Diego Tovar. Estoy cansada de vivir una existencia sin motivo \u2013continu\u00f3 calmosa\u2013 quiero vivir algo intensamente\u201d. (Guataro, 1982). Mar\u00eda Antonia, la cosmopolita, es seducida por la vida buc\u00f3lica y por la seguridad representada en ese hombre sencillo, aunque profundamente conservador. Sin embargo, no podemos ignorar la complejidad del personaje femenino descrito, una mujer con profundos intereses intelectuales, pero individualista a m\u00e1s no poder.<\/p>\n<p>Esta novela de poca divulgaci\u00f3n, dado que ha tenido s\u00f3lo dos ediciones de 1936 a hoy, es digna de ser tomada en cuenta igual que Tres palabras y una mujer, publicada por Lucila Palacios en 1943 y acerca de la cual se\u00f1ala Carmen Mannarino: \u201cCon audacia para el momento, apoya el conflicto narrativo de la incertidumbre vital sobre el tr\u00edpode hija-madre-esposa\u201d. (Pr\u00f3logo de Guataro, 1981).<\/p>\n<p>La misma cr\u00edtica nos recuerda otro testimonio: \u201cUn a\u00f1o antes de Guataro, Ada P\u00e9rez Guevara en <em>Tierra talada<\/em> insiste en la autonom\u00eda de la mujer, fundamentada en la independencia econ\u00f3mica, sin profundizar en aspectos internos diferentes a los vulnerables al sentimiento amoroso\u201d. (Pr\u00f3logo de Guataro, 1981). Trina Larralde muere tempranamente y nos deja su \u00fanica novela. La obra de Ada P\u00e9rez Guevara no es reeditada. Mejor suerte ha tenido Lucila Palacios, seguramente tambi\u00e9n por influencia de sus incursiones en el periodismo..<\/p>\n<p>Veamos ahora la obra de una cuentista y poetisa de la misma generaci\u00f3n de Larralde, se trata de Mercedes Berm\u00fadez de Belloso. Tomemos un cuento suyo incluido en el volumen titulado El candelabro y otros cuentos. Sorprende la sencillez de un estilo despojado de toda ret\u00f3rica. El cuento en cuesti\u00f3n se llama \u201cMujer ante el espejo\u201d, y se desarrolla en la atm\u00f3sfera \u00edntima de un tocador en una estaci\u00f3n (Pensilvania), la descripci\u00f3n de detalles sumerge al lector en las circunstancias del encuentro azaroso entre dos mujeres, una de menor edad que la otra, una reci\u00e9n llegada a la ciudad tratando de definir el espacio, y la otra aparentemente repitiendo un juego para \u201cmantenerse a flote\u201d.<\/p>\n<p>El juego es, justamente, el juego de la espera, esperar a un hombre que llegar\u00e1 en un tren, un sue\u00f1o que la har\u00eda cumplir su destino pero que, en verdad, conforma su manera de evadir la realidad. El hombre no vendr\u00e1, no existe, quiz\u00e1s existi\u00f3, pero ella lo espera en la misma estaci\u00f3n. La otra mujer, la m\u00e1s joven, es empleada en el tocador de damas de ese lugar, tiene expectativas sobre su historia futura en la ciudad, y cuando logra captar esa situaci\u00f3n de artificio la otra huye, es decir, abandona esa atm\u00f3sfera, la posibilidad de verse en ese espejo de la mujer que espera, toma un taxi y \u201cse aleja sola hacia el laberinto de inmensa, monstruosa ciudad\u201d. (Berm\u00fadez, 1988).<\/p>\n<p>En el cuento de Berm\u00fadez la met\u00e1fora del relato va hacia nuestra mirada hipot\u00e9tica: la existencia de cambios de actitudes reflejados en personajes femeninos que aparecen en esta narrativa, de Mercedes se presenta, adem\u00e1s, la confrontaci\u00f3n de dos conductas posibles. Antonieta Madrid forma parte de la generaci\u00f3n que intervino en la refriega de los a\u00f1os sesenta, cuentos y novelas de variados temas conforman su obra en los que el trasfondo contextual de aquella \u00e9poca sirve con frecuencia de tel\u00f3n de fondo.<\/p>\n<p>En su cuento <em>Psicodelia<\/em> (1972), Antonieta, utiliza con atrevimiento un lenguaje desconocido en la tem\u00e1tica o en el comportamiento de los personajes que venimos describiendo; la audacia descansa, sin embargo, en el uso de referentes directos relativos generalmente a marcas y a productos, nombres de autores, dise\u00f1adores de un contexto contempor\u00e1neo muy localizable, y al enfrentarse a la narraci\u00f3n de una escena, tal como el acto sexual, asume la voz masculina o la de la tercera persona.<\/p>\n<p>En ese volumen inicial, <em>Reliquias de trapo<\/em>, encontramos un relato llamado \u201cSue\u00f1os\u201d, en el cual la voz narrativa describe la imagen de la abuela. Planteando la dicotom\u00eda del no querer ser, es decir, el rechazo a la posibilidad de convertirse en espejo de otra presencia femenina anterior. A la abuela se le teme porque representa un pasado ancestral reprimido, ella es lo que no se quiere ser. En sus \u00faltimos libros Antonieta incursiona en nuevos lenguajes, incorpora el c\u00f3digo de la fotograf\u00eda para sumergirnos en los avatares de una familia en cuyo seno ocurre un asesinato, limpia el lenguaje de adjetivaci\u00f3n, y con su novela Ojos de pez, comprueba una vez m\u00e1s que ninguna mirada es objetiva.<\/p>\n<p>Iliana G\u00f3mez Berbes\u00ed forma parte de la generaci\u00f3n nacida en los a\u00f1os cincuenta, cuatro vol\u00famenes de cuentos publicados y una novela in\u00e9dita forman su obra hoy. Siguiendo el hilo hist\u00f3rico quisi\u00e9ramos revisar los personajes femeninos que aparecen en algunos de sus relatos. Iliana resulta muy urbana y muy contempor\u00e1nea en cuanto a tratamientos y asuntos que le interesan. \u201cUn d\u00eda libre\u201d y \u201cE amor\u201d es una cosa esplendorosa, son cuentos en los que, por un lado, se nos describe a una mujer que espera a su amante, quien est\u00e1 casado; hay en el tono un entrecruzamiento de l\u00edneas de pensamiento en cuya descripci\u00f3n fluct\u00faan las atm\u00f3sferas referenciales que anot\u00e1bamos en \u201cPsicodelia\u201d, de Antonieta. El ritmo del mundo exterior, la intromisi\u00f3n de lo social y lo pol\u00edtico-nacional en el mundo de la intimidad y, efectivamente, la descripci\u00f3n de un personaje femenino \u2013distinto en su cobertura, pero con ansiedades parecidas a las de sus predecesoras\u2013 que tiene, sin embargo, un asombroso sentido del humor.<\/p>\n<p>En \u201cUn d\u00eda libre\u201d, habla de dos mujeres, una sola y otra con hijos. Anotamos el p\u00e1rrafo final:<\/p>\n<p><em>De todos modos, la vida es simple, yo no s\u00e9 por qu\u00e9 t\u00fa te enrollas tanto. Si al menos te pusieras a lavar los pantalones, tenderlos, y saber decir con elegancia estoy cansada. Que tener que estar esperando a que llegue el hombre de tu vida y amanecer siempre lo mismo. No, lo que yo quiero cuando sea vieja es tener un d\u00eda libre para ir a visitar el cementerio. No por mam\u00e1, a \u00e9sa la deb\u00ed matar de puro disgusto. Sino porque, mira, te puedes parar donde t\u00fa quieras y escoger la l\u00e1pida que ninguno te va hacer desprecios, ni tampoco eso de \u00bfmire, qu\u00e9 hace usted aqu\u00ed, sin permiso? Y \u00bfpor qu\u00e9 mejor no se pone a trabajar?, etc\u00e9tera. No me vas a negar que lo mejor de los d\u00edas libres es pararse encima de los muertos. (G\u00f3mez Berbes\u00ed).<\/em><\/p>\n<p>Este humor sarc\u00e1stico se afina en su \u00faltimo volumen titulado Extra\u00f1os viandantes, en cuentos como: \u201c\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Casino Royale?\u201d, \u201cNo todo se derrumb\u00f3 dentro de m\u00ed\u201d, o \u201cSi hubiera tenido un Moulinex madame Bovary se habr\u00eda salvado\u201d. Y finalmente el objeto de nuestra incursi\u00f3n est\u00e1 bien delimitado: hemos terminado comentando los personajes femeninos de las escritoras venezolanas de las \u00faltimas d\u00e9cadas. Josefina Jord\u00e1n es otra escritora que ha vivido un proceso de cambios perceptibles con respecto a las im\u00e1genes femeninas de un libro a otro. En su primer volumen de cuentos Sol de la calle el sol expresa el punto de vista de una ni\u00f1a y es por tanto el obligatorio recuento nost\u00e1lgico de la infancia.<\/p>\n<p>Los cuentos de <em>Romance de la m\u00eda gente<\/em>, re\u00fanen otras circunstancias aunque con marcadas huellas del libro anterior (como en Y tal vez llegue un pr\u00edncipe y La llegada de Jorge Negrete), pero en Panfleto del querer, Josefina se aventura en la invenci\u00f3n de personajes femeninos adultos con contradicciones, y sin perder el nexo con los detalles de la intimidad. Fernando Rodr\u00edguez es muy acertado al se\u00f1alarnos con respecto a este libro:<\/p>\n<p><em>Estos relatos refieren una temprana madurez, marcada por una hora terrible y luminosa de la historia, eso que se ha dado en llamar los a\u00f1os de la lucha armada en Venezuela, esa se\u00f1alada hip\u00e9rbole que fusion\u00f3, en pocos a\u00f1os, la m\u00e1s mesi\u00e1nica de las esperanzas, la prueba de fuego vital y un prolongado y amargo caso de la utop\u00eda. [&#8230;] Este libro se inscribe de un modo peculiar en esa tarea necesaria. Es raro, precioso. Lejano de la obsesi\u00f3n testimonial y de la cr\u00f3nica \u00e9pica, as\u00ed como del deseo de juzgar pol\u00edticamente, se dirige a una zona poco explorada, los entramados psicol\u00f3gicos y existenciales que subyacen detr\u00e1s del estruendo y el furor. (Pr\u00f3logo de la obra).<\/em><\/p>\n<p>Efectivamente, lo m\u00e1s interesante de estos relatos est\u00e1 en el c\u00f3mo Josefina cuenta, va al accionar y al estar sin olvidar el ser. C\u00f3mo vivimos desde la intimidad de los sentimientos y las emociones cada situaci\u00f3n. El personaje femenino del relato que da t\u00edtulo a todo el volumen tiene vida, la imaginamos menuda, m\u00f3vil, sentimental, fuerte, racional. Ella trabaja en la clandestinidad, va y viene, tiene los sentimientos normales, deseo del marido a quien casi no ve, miedo de situaciones inesperadas, tensi\u00f3n y frialdad frente a los que sit\u00faa como sus enemigos, en la c\u00e1rcel o intentando manejar un cami\u00f3n demasiado grande para su estatura, el personaje nos conmueve.<\/p>\n<p>La escritora utiliza diversos recursos literarios en el relato, incorpora el texto de \u201cpapelitos\u201d, los mensajes, como claves de fragmentos, usa primera y tercera persona, el di\u00e1logo, la trama psicol\u00f3gica, los saltos de tiempo. Tenemos frente a nosotros un personaje complejo, veraz, cre\u00edble, una mujer de hoy, del ahora latinoamericano. En los primeros libros de Jord\u00e1n vimos esa \u201cinfancia nost\u00e1lgica\u201d de la que hablaba Juan Carlos Santaella (1983) en su art\u00edculo, pero vemos tambi\u00e9n hoy la traducci\u00f3n de un orden social, la inserci\u00f3n en un contexto nacional y latinoamericano, vivencial, adulto, complejo, negarlo es no querer leer.<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<p>Araujo, Helena (1984) \u201c\u00bfCr\u00edtica literaria feminista?\u201d. Revista ECO, N\u00b0- 270, (Abril) 598-606.<\/p>\n<p>Belli, Gioconda (1989). La mujer habitada. Editorial Diana S.A. M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Berm\u00fadez de Belloso, Mercedes (1988). El candelabro y otros cuentos. Edici\u00f3n Comisi\u00f3n Presidencial por el Natalicio del General Rafael Urdaneta, Maracaibo<\/p>\n<p>Esquivel, Laura (1990). Como agua para chocolate, M\u00e9xico: Planeta.<\/p>\n<p>G\u00f3mez Berbes\u00ed, Iliana (1982). Secuencias de un hilo perdido. Cuman\u00e1: Universidad de Oriente.<\/p>\n<p>____________(1981). Confidencias del cartab\u00f3n, Caracas: Fundarte<\/p>\n<p>____________ (1990). Extra\u00f1os viandantes. Caracas: Fundarte.<\/p>\n<p>Jord\u00e1n, Josefina (1990). Panfleto del querer, Caracas: Fondo Editorial Orlando Araujo, Federaci\u00f3n de Asociaciones de Escritores de Venezuela.<\/p>\n<p>____________ (s.f). El sol de la calle El sol. Caracas: Centro de Estudios Literarios R\u00f3mulo Gallegos.<\/p>\n<p>Larralde, Trina (1981). Guataro. Los Teques: Biblioteca de Autores mirandinos<\/p>\n<p>L\u00f3pez Gonz\u00e1lez, Aralia (1985). De la intimidad a la acci\u00f3n. La narrativa de Escritoras latinoamericanas y su desarrollo. M\u00e9xico: Cuaderno Universitarios, Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana, Iztapalapa<\/p>\n<p>Madrid, Antonieta (1972). Reliquias de trapo. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n<p>____________ (1990). Ojo de Pez. Caracas: Planeta.<\/p>\n<p>Santaella, Juan Carlos (1983). \u201cCuesti\u00f3n de pudor ser\u00e1\u201d. Papel Literario. Diario El Nacional, mayo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/laura-antillano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6>*Publicado originalmente en 1993.Varios autores. Diosas, musas y mujeres. Caracas, Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Laura Antillano Al titular el texto El personaje femenino en la narrativa actual latinoamericana, nos colocamos en el peligro inminente de incurrir en elementales puerilidades generalizadoras, de manera que, escap\u00e1ndonos por la tangente, hemos decidido seguir el consejo de Umberto Eco en sus \u201cApuntes para escribir una tesis de grado\u201d, intentando reducir el objeto de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4709,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4708"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4708"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4708\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4710,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4708\/revisions\/4710"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4709"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4708"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4708"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4708"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}