{"id":4673,"date":"2022-06-03T23:50:49","date_gmt":"2022-06-03T23:50:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4673"},"modified":"2023-11-24T18:30:16","modified_gmt":"2023-11-24T18:30:16","slug":"historias-de-la-marcha-a-pie","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/historias-de-la-marcha-a-pie\/","title":{"rendered":"Historias de la marcha a pie"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Victoria De Stefano<\/h4>\n<div>En un d\u00eda malo de 1979, bajo la lluvia, perdida, extenuada, buscando refugio en la casa de los muertos, cuyo contorno se me apareci\u00f3 de pronto, en la luz amortiguada de la ma\u00f1ana, el azar me hizo conocer en un rinconcito del viejo cementerio de Montmartre la tumba de Stendhal.<\/div>\n<p>Arriba, sacudido por la percusi\u00f3n de los vagones del Metro, atronaba el puente Caulaincourt. Arriba, por encima de \u00e9l que amaba el campo, las bellas vistas, por encima de \u00e9l que dec\u00eda que entre los \u00e1rboles el hombre era m\u00e1s feliz, que manifest\u00f3 expresamente querer ser enterrado, de no ser demasiado caro, en el cementerio de Andilly, en el bosque de Montmorency, bajo la fronda del promontorio que avanzaba hacia el valle del Sena, cerca de donde hab\u00eda corregido las galeradas de\u00a0<i><b>Del amor<\/b><\/i>\u00a0\u2014escrito en Mil\u00e1n, a l\u00e1piz, mientras se paseaba y pensaba en M\u00e9tilde\u2014, impreso in\u201412, sobre mal papel, muy malo y muy barato, a pocos pasos de donde hab\u00eda revivido, una vez m\u00e1s, inmitigados, todos los matices de su amor por M\u00e9tilde Dembowski,\u00a0<i><b>n\u00e9e<\/b><\/i>Viscontini. (<i><b>Estuve a punto de volverme loco<\/b><\/i>.) Al fin le\u00eddo, desagraviado, devu\u00e9ltosele el esplendor de un nombre que duraba para siempre, venerado, admirado, gozando de tantos predicamentos, pero sin que le fuera satisfecha esa peque\u00f1a demanda tan f\u00e1cil de complacer.<\/p>\n<p>Stendhal era pobre, muri\u00f3 m\u00e1s que pobre, dijo el australiano que sentado a mi lado, cubri\u00e9ndome con su paraguas, me ilustraba sobre el tema.<\/p>\n<p>\u00bfQue por qu\u00e9 lo admiraba tanto? Porque era la negaci\u00f3n de lo que \u00e9l m\u00e1s aborrec\u00eda: la tartufer\u00eda. Porque era la afirmaci\u00f3n de lo que m\u00e1s apreciaba en los hombres: la b\u00fasqueda de la felicidad por el s\u00f3lo placer de buscarla, no de alcanzarla, lo que sin duda era una trivial y decepcionante quimera, una utop\u00eda para idiotas, una ratonera para melanc\u00f3licos.<\/p>\n<p>No la felicidad, dijo, \u00bfc\u00f3mo explicarme?, sino la explosi\u00f3n del sentimiento, el precipitado de su ruda alegr\u00eda. No la felicidad misma, sino sus rutas siempre nuevas, sus maravillosos e inesperados avatares, lo improbable, lo incre\u00edble que s\u00f3lo el acaso puede brindar\u2026 En ocasiones, lo consideraba su santo, en la medida en que un descre\u00eddo pod\u00eda considerar santas las nobles almas que le serv\u00edan de gu\u00eda. S\u00ed,\u00a0<i><b>madame<\/b><\/i>, mi santo, mi faro, el ideal que me honra. Y ante \u00e9l se postraba, ante su ingenio, ante su euforia, ante su fuego. \u00bfPod\u00eda \u00e9l ser tan necio e insensible como para no rendirse? \u00bfSer indiferente a sus talentos, a su desenfado, a sus caprichos y rarezas? \u00a1C\u00f3mo no maravillarse ante la suma y compendio de todo lo que pod\u00eda encontrarse de grande! \u00a1Qu\u00e9 espl\u00e9ndido era Stendhal! \u00a1Qu\u00e9 espl\u00e9ndidas sus novelas! \u00a1Qu\u00e9 pluma, mi Dios, qu\u00e9 portentosa pluma!<\/p>\n<p>Ahora venga conmigo.<\/p>\n<p>Me tom\u00f3 de la mano arrastr\u00e1ndome un buen trecho, alej\u00e1ndonos, retornando a aquel tronar del Metro, intern\u00e1ndonos en parajes m\u00e1s oscuros, enred\u00e1ndonos con el paraguas, decididos, animados, siguiendo el plano que manten\u00eda desplegado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>Mire hacia la izquierda. \u00bfVe la losa debajo de ese hermoso sauce? Era una l\u00e1pida sencilla. Ac\u00e9rquese, por favor. \u00bfSe da cuenta? Le\u00ed la inscripci\u00f3n, s\u00f3lo un nombre, una fecha. \u00a1Heinrich Heine, el ruise\u00f1or de Alemania que anid\u00f3 en Francia! \u00a1Heinrich Heine, el Rabelais sentimental! \u00a1El esqueje volteriano del tronco alem\u00e1n!<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div>As\u00ed, bajo las gotas gruesas que persist\u00edan en caer del follaje, sobre el suelo reblandecido, en medio de la fragancia a musgo y a hojas en descomposici\u00f3n que hab\u00eda dejado la lluvia, el australiano me confi\u00f3 que en \u00e9ste su tercer tour europeo, al igual que lo hab\u00eda hecho con el primero y el segundo, fiel a sus amigos difuntos y a la sentencia de su maestro, el alci\u00f3nico, el infatigable, el intr\u00e9pido caminante de Sils\u2014Maria, seg\u00fan la cual<i><b>s\u00f3lo donde hay tumbas hay resurreciones<\/b><\/i>, ten\u00eda la intenci\u00f3n de visitar varios cementerios, esas hospitalarias ciudades sin techo, esas mansiones de los esp\u00edritus, esos desvanes de lo profundo, esos pi\u00e9lagos de silencio, esos ap\u00e9ndices urbanos de rico mantillo, esos postreros reductos de final de la jornada donde cada uno buscaba a sus muertos, a los que estaba unido y a los que amaba.<\/div>\n<p>Qu\u00e9 mejor, dijo irgui\u00e9ndose sobre la empu\u00f1adura de su paraguas, para un escogido necr\u00f3filo, para un concienzudo exhumador de los que estando muertos segu\u00edan vivos, para un amante del pasado y de aquellos que hab\u00edan logrado la victoria sobre la muerte (<i><b>la victoria sobre la muerte<\/b><\/i>, recalcado), para un pose\u00eddo por la idea de inmortalidad, para un fan\u00e1tico explorador del enigma, tal como \u00e9l mismo se defin\u00eda con la mayor naturalidad de este mundo: el de Charleville, en el seno de cuya tierra hab\u00eda sido enterrado el \u00e1ngel del exilio, el proscrito de s\u00ed mismo, Arthur Rimbaud, el de Battignoles, donde reposaba su maestro en perversidad, el m\u00e1s que l\u00edrico Verlaine, el de Montparnasse, que guardaba los despojos mortales de la cima de las cimas, el m\u00e1s alto trasunto de la poes\u00eda creada por el hombre, Charles Baudelaire (y a C\u00e9sar Vallejo, me digo ahora, cuando esto escribo), el cementerio de Picpus, bajo cuyas imperturbables sombras amaba recogerse Rilke a la hora incierta del crep\u00fasculo, y donde hab\u00eda sido arrojado, entre los \u00faltimos decapitados del Terror, el cuerpo de toda evidencia ac\u00e9falo del poeta Andr\u00e9 Ch\u00e9nier, el de la Villete, el de Bagneux, el de Montrouge, el de Auteil, el de Passy, el de Belleville y el gran feudo de 44 hect\u00e1reas donde fueron enterrados Pap\u00e1 Goriot, Ester Gobseck, Lucien de Rubempr\u00e9, el Primo Pons, Santiago Collin, la \u00faltima encarnaci\u00f3n de Vautrin, y en cuya zona m\u00e1s alta reinaba el se\u00f1or Marcel, ese campo f\u00e9rtil que recog\u00eda lo peor y lo mejor de Francia, y en el que, por fin revueltas y emparejadas, en la paz com\u00fan del sudario, se hallaban, reducidos a una escasa libra de impalpables cenizas Elo\u00edsa y su esposo el peripat\u00e9tico, el incontrovertible Pedro Abelardo.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de cenizas, dijo, hab\u00eda una carta, unas cuantas l\u00edneas de una carta que el docto Abelardo le hab\u00eda enviado a su doliente Elo\u00edsa, tanto m\u00e1s amante cuanto menos saciada, que eran, enfatiz\u00f3, absolutamente impagables por el gran desprecio que le valieron las desdichas de su amor y de su brutal emasculaci\u00f3n. Y era tal la fascinaci\u00f3n que le produc\u00edan esas l\u00edneas, que incluso hab\u00eda osado transcribir el pasaje al clavicordio, pero como era de esperarse en un diletante desprovisto de talento, por m\u00e1s que invocara al demonio musical, por m\u00e1s que invirtiera d\u00edas y noches en el intento, hab\u00eda fracasado vergonzosamente.<\/p>\n<p>Lanz\u00f3 una piedrita contra el charco. \u00a1Qu\u00e9 fantas\u00edas se me ocurren de tanto en tanto! \u00bfM\u00fasico, yo?, exclam\u00f3. Es como para morirse de risa\u2026 Otro cap\u00edtulo de mis chifladuras. \u00a1Ay, la horrible impotencia del crear para el creador! No basta afincarse en la humana tarea, no basta trabajar, no bastan los deseos. Ciertamente, no. Todav\u00eda estar\u00eda faltando lo esencial. El coraje. El coraje y el talento. El coraje m\u00e1s el talento, sumado, multiplicado por todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Hizo silencio, un silencio que me pareci\u00f3 durar un tiempo infinito, y de pronto, con la vista tercamente fija hacia adelante, entreabri\u00f3 sus labios al dulce canturreo de:\u00a0<i><b>Che far\u00f2 senza Euridice\u2026Euridice, Euridice, sombra cara, ove sei\u2026<\/b><\/i><\/p>\n<p>\u00bfLe gustar\u00eda o\u00edr? Y yo que no comprend\u00eda, que en mi atolondramiento preguntaba: O\u00edr, \u00bfqu\u00e9?<\/p>\n<p>A Pedro Abelardo, por supuesto.<\/p>\n<p>S\u00ed, quiero.<\/p>\n<p>Juntando las manos e inclinando hacia m\u00ed su bello rostro:\u00a0<i><b>\u00bfReally? \u00bfDo you?<\/b><\/i><\/p>\n<p>Sent\u00e1ndose en el banco, del bolsillo interior de su chaqueta sac\u00f3 una libreta negra y gruesa como un breviario. H\u00e9la aqu\u00ed, exclam\u00f3, y con una voz de hermosas y palpitantes inflexiones en la que se concentraba toda su persona, fue leyendo, conforme su dedo iba tras las letras \u2014fogosas, impulsivas, encabalgadas, como pude apreciar, atisbando por encima de su hombro\u2014, conforme su mano iba bajando de rengl\u00f3n en rengl\u00f3n:\u00a0<i><b>Entonces me ver\u00e1s, no para derramar l\u00e1grimas, que ya no ser\u00e1 tiempo: vi\u00e9rtelas ahora para apagar en ellas ardores criminales: entonces me ver\u00e1s, para fortificar tu piedad con el horror de un cad\u00e1ver, y mi muerte, m\u00e1s elocuente que yo, te dir\u00e1 qu\u00e9 es lo que se ama cuando se ama a un hombre.<\/b><\/i><\/p>\n<p>Me mir\u00f3 de soslayo, llev\u00e1ndose la mano a la barbilla. Temblaba ligeramente. \u00bfUn poco de co\u00f1ac? Hace fr\u00edo.<\/p>\n<p>De su saco de viaje extrajo una botellita, la desenrosc\u00f3. Antes de ofrec\u00e9rmela, la oli\u00f3 recorriendo sus labios con la punta de la lengua. \u00bfSer\u00e1 co\u00f1ac o una poci\u00f3n m\u00e1gica? Beb\u00ed. \u00bfSer\u00e1 co\u00f1ac o un filtro de amor? Volv\u00ed a beber. Una agradable sensaci\u00f3n me fue invadiendo, como si un c\u00e1lido arrebol distendiese mis venas para la liberaci\u00f3n del torrente.<\/p>\n<p>Olvidado de m\u00ed y de todo, pas\u00e1ndose la mano por el rostro, hundido en su bufanda de lana, a cuadros rojos y azules, repiti\u00f3:\u00a0<i><b>Y mi muerte, m\u00e1s elocuente que yo, te dir\u00e1 qu\u00e9 es lo que se ama cuando se ama a un hombre<\/b><\/i>, dos veces, tres, hasta cuatro veces, subiendo cada vez de medio grado en la intensidad del sentimiento.<\/p>\n<p>Casi sin transici\u00f3n, con una gran sonrisa que le iluminaba los ojos rotundamente azules, guard\u00e1ndose en el bolsillo de su impermeable Burberry\u2019s la botellita y la libreta de cuero negro, a la que llam\u00f3 mi tesoro, mi vadem\u00e9cum, mi Baedecker, mi libro de horas, mi muy apreciada arquita, mi cofrecito de la memoria, en la que, adem\u00e1s de tantas otras cosas, citas, m\u00e1ximas, efem\u00e9rides, datos, fechas, consignaba anotaciones al margen de sus pensamientos y todo aquello que fuera surgiendo de sus lecturas diarias (viajaba con varios kilos de libros, veinte, treinta kilos de los que no hab\u00eda aprendido a prescindir, sus libros eran su conciencia y deb\u00edan ir adonde \u00e9l iba, para bien o para mal, por cortos o largos que fueran sus recorridos), me inform\u00f3 que esa misma noche tomar\u00eda el tren para Florencia, donde, en la iglesia de la Santa Croce, se encontraban codo con codo Galileo, Maquiavelo, Alfieri y Miguel Angel, el maestro de la piedra viva, y, en la nave de la capilla de los Sepulcros, en la iglesia de San Lorenzo, los huesos de los grandes duques en sus sepulturas de jaspe, p\u00f3rfido y granito.<\/p>\n<p>Su estad\u00eda se prolongar\u00eda unas dos semanas. O el tiempo que le fuera preciso para consultar algunos manuscritos en los archivos de la biblioteca Laurentiana. Revisar los archivos y pasearse por el Arno, pasearse a la luz del Arno y disfrutar, una vez m\u00e1s, del<i><b>Descendimiento de Cristo al Limbo<\/b><\/i>, del Bronzino, de los Ticianos de la Galer\u00eda Pitti, en particular\u00a0<i><b>El hombre de los ojos grises<\/b><\/i>\u00a0y\u00a0<i><b>El Aretino<\/b><\/i>, indudablemente no sus mejores retratos, pero los que \u00e9l m\u00e1s estimaba. De Florencia a N\u00e1poles para darse una vuelta por el mausoleo de Virgilio, y de N\u00e1poles a Herculano y Pompeya. No quer\u00eda desperdiciar la oportunidad de conocer esa zona de la Campania, en la cual, seg\u00fan una antigua leyenda, se hallaban las puertas del Averno. All\u00ed donde, bajo negras nubes de piedra p\u00f3mez, en el a\u00f1o 79 de nuestra era, hab\u00eda perdido la vida, v\u00edctima de la curiosidad cient\u00edfica, Plinio el Viejo, ese esp\u00edritu un poco a la Julio Verne, por quien sent\u00eda una particular adoraci\u00f3n, al punto de haberse gastado una peque\u00f1a fortuna en la compra de los treinta y siete libros de su historia natural:\u00a0<i><b>se paga caro lo que se ama<\/b><\/i>.<\/p>\n<p>De seguidas, tal como estaba previsto en su itinerario, subir\u00eda al norte. Siempre en trenes suburbanos y del lado de la ventanilla (jirones de verde, fragmentos de troncos, ramas carbonizadas, nieve en los caminos, algunas nubes, t\u00faneles, casitas medianeras, andenes, relojes, paradas y sus buenos momentos de fastidio), que le proporcionaban, adem\u00e1s del sosiego requerido para desarrollar las necesidades de su esp\u00edritu y tener de la brida un coraz\u00f3n colmado por la tensi\u00f3n de los viajes \u2014a falta de carrozas, o alg\u00fan otro medio de locomoci\u00f3n de la misma \u00edndole morosa y retardada\u2014, la sensaci\u00f3n de sentirse topogr\u00e1fica y corporalmente transportado en las coordenadas del espacio. Y si ning\u00fan imprevisto se opon\u00eda, esto es, si no cambiaba de parecer, tentado por la ventura, o por qui\u00e9n sabe qu\u00e9 accesos de humor, depresiones incluidas, como a veces le suced\u00eda, entonces, seguir\u00eda hasta el cementerio de Wahring, donde, al lado de Beethoven, golpeado en el \u00f3rgano indispensable a su arte, yac\u00eda el buenazo de Schubert, el mejor y el m\u00e1s sencillo de los hombres, y al peque\u00f1o camposanto de las monta\u00f1as del Valais, que albergaba bajo espesores de fr\u00edo y silencio al gazmo\u00f1o e intolerablemente puro, para su gusto, pero con todo notable Rainer Maria Rilke. Entonces se tomar\u00eda un breve descanso en alg\u00fan hotelito de las monta\u00f1as suizas, frente al Lago de Los Cuatro Cantones, paisaje, atm\u00f3sfera, claridad, aire \u2014ese aire alpino que limpia los pulmones para la respiraci\u00f3n total\u2014, pujantes espigas, yerbazales de fin de est\u00edo, campos arados, alhel\u00edes, campanillas, profundas torrenteras, cumbres coronadas de nieve, glaciares, puestas de sangrante sol sobre el lago, una imagen, qu\u00e9 digo, dijo, m\u00faltiples im\u00e1genes de inmodificada belleza que lo presionaban, que lo empujaban, que lo arrastraban desde que hab\u00eda estado all\u00ed con sus padres cuando era un ni\u00f1o, un ni\u00f1o muy peque\u00f1o. Con sus infortunados padres que murieron j\u00f3venes, tan j\u00f3venes como para serle completamente desconocidos. Tambi\u00e9n ellos casi unos ni\u00f1os. Octubre de 1949, muertos en un siniestro accidente. \u00bfLe devolver\u00eda el lago el trasunto de sus padres vivos? \u00bfExorcizar\u00eda el lago la fuerza de atracci\u00f3n de esa ausencia? Madre. Padre. \u00bfAcudir\u00edan juntos o por separado?<\/p>\n<p>Se hac\u00eda preguntas para las que no ten\u00eda respuesta\u2026 Formulaba preguntas para las que no hab\u00eda respuesta. Pero si no iba nunca despejar\u00eda la duda (<i><b>la duda<\/b><\/i>, repiti\u00f3,\u00a0<i><b>el peor bacilo que ataca el alma<\/b><\/i>, excepci\u00f3n hecha del sabor a fruto envenenado del desenga\u00f1o). \u00bfIr\u00e9? \u00bfNo ir\u00e9? \u00bfC\u00f3mo vivir en esa incertidumbre? \u00bfOptar\u00eda por hacer depender el fallo de la suerte de un dado? \u00bfDel albur de una moneda? Inflaba burbujas que habr\u00edan de reventar.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, sin m\u00e1s demora, a Amberes, a la capilla de la iglesia de Santiago, donde estaba el gran Rubens, entre los dioses mayores de ese siglo tan pr\u00f3digo en pintores, y por v\u00eda mar\u00edtima, dejando atr\u00e1s el continente, una vez m\u00e1s a Inglaterra. A Coniston para ir a la tumba del loco de las piedras, el se\u00f1or Ruskin, a Canterbury, en cuya tierra hab\u00eda echado el ancla Joseph Conrad, a Bunhill Fields, la necr\u00f3polis de las v\u00edctimas de la Gran Peste, que por una de esas extraordinarias intervenciones de N\u00e9mesis, la misma que hizo que Swift construyera el manicomio en que ser\u00eda internado en su vejez, de su tambi\u00e9n cronista, el diligente se\u00f1or Daniel Defoe, y al cementerio de Ashton\u2014Kent, donde dorm\u00eda en la plenitud del gran sue\u00f1o la peque\u00f1a Simone Weil, y a la iglesita campesina de Nottimghamshire donde hab\u00edan sido trasladados desde Missolonghi, en el bergant\u00edn\u00a0<i><b>Florida<\/b><\/i>, empapados en alcohol y preservados ya de toda injuria p\u00f3stuma, los restos del incomparable Byron, el atleta, el cantor de las libertades, del cual pose\u00eda un viejo busto de bronce, colocado de cara al mar, en la biblioteca\u2014santuario de su casita de Newcastle, sobre un mont\u00f3n de partituras. \u00bfDe qui\u00e9n? De Schumann.\u00a0<i><b>Otro \u00eddolo difunto<\/b><\/i>.<\/p>\n<p>Y ya le hab\u00eda rendido homenaje a Leonardo en el jard\u00edn de Francia, es decir, en Turena, a Chateaubriand en el islote del Gran B\u00e9, en la rada de Saint\u2014Malo. Un sitio absolutamente soberbio, como un deseo, como un sue\u00f1o imposible, y alguna vez, se lo ten\u00eda prometido, su peregrinaje lo llevar\u00eda al cementerio de la ciudad santa de Hira, donde, Omar Khayyam, el puro contemplador de las estrellas, estaba sepultado al pie del muro de un jard\u00edn, por encima del cual asomaban sus copas varios perales y melocotoneros, que lo manten\u00edan, en su alabanza, como a un vergel florido, siempre cubierto de flores.<\/p>\n<p>Al llegar, lo primero que har\u00eda ser\u00eda embriagarse de vino. Entonces entrar\u00eda al recinto repartiendo limosnas entre los mendigos y se echar\u00eda pl\u00e1cidamente en la tierra, desnudo, de ser posible, y a riesgo de ser apaleado, a esperar la noche, la fiesta de su noche persa constelada de estrellas, y saludar\u00eda el d\u00eda naciente con la partida de la luna, con el rebuzno del asno, con el canto del gallo, con la aparici\u00f3n del rayo clarificador del sol en su pedestal de cumbres, al grito de:\u00a0<i><b>\u00a1Al\u00e1! \u00a1Al\u00e1! \u00a1Akbar Al\u00e1!<\/b><\/i><\/p>\n<p>Poni\u00e9ndose de pie de un salto, escandiendo mucho las s\u00edlabas, la mano firme en el coraz\u00f3n, la cabeza proyectada hacia adelante, en la posici\u00f3n reglamentaria de los declamadores, recit\u00f3 algunas entre los m\u00e1s escogidos rubaiyat de vino, mujeres y cantos a la fugacidad de la vida. De pronto, con su gozosa sonrisa de blanqu\u00edsimos dientes y su estilo pujante, con los que matizaba (\u00bfo debo decir desment\u00eda?) sus l\u00f3bregos humores y con los que, revel\u00e1ndose en toda su particularidad humana, hac\u00eda la sublime iron\u00eda de su propio desatino, me pregunt\u00f3 si ten\u00eda conocimiento de que en Atenas y Esparta se les cortaba a los suicidas la mano con la que se hab\u00edan dado muerte y se la enterraba aparte. As\u00ed, pues, era de suponer que la mano de S\u00f3crates y el cuerpo de S\u00f3crates se hallaban separados en la dem\u00f3tica Atenas, debajo del polvo de los mercados y de las suelas de los nuevos griegos. Tal vez nutriendo la hierba de alg\u00fan sucio arrabal, tal vez cruz\u00e1ndose en el camino de alg\u00fan caballo, de alguna cabra. O entre las ruedas de los autos, saltando al son de las bocinas. Las manos desparejadas, cada una por su lado, arrastradas por la incre\u00edble fuerza de la brisa marina, lejos de su tierra ingrata.<\/p>\n<p>Y tomando el paraguas, al tiempo que se echaba su elegante bolso de viaje al hombro prorrumpi\u00f3: \u00a1L\u00e1stima de vida \u00e9sta que no admite el estar en dos lugares al mismo tiempo! \u00a1No poder estar aqu\u00ed y en las colinas de Newcastle, en Brisbane y en Ginebra, en Viena y en Siracusa, en Hyde Park y en el Cuzco, en Veracruz y en River Blue, en Ceil\u00e1n y en la bah\u00eda de Mombasa, en Paramaribo y en el Cabo de Hornos, en San Francisco y en La Haya, en el Turquest\u00e1n y en el Mar Muerto, en el Danubio y a orillas del Volga, en un risco en G\u00e9nova y en otro, que \u00e9l se sab\u00eda muy bien, en la tierra de la que era reto\u00f1o! \u00a1En los acantilados de Funchal y en Breta\u00f1a, en el Puente Rialto y en el puente Galata, en el Brooklyn\u2014Bridge y en el Golden Gate, en el puente peatonal de la ciudad natal de Sheakeaspeare y en el de la Bah\u00eda de Sydney, en la V\u00eda Tusculana, junto a la tumba del panadero Eurisaces, y en Ravena y en la piazza San Marco, en Kabul y en las islas del mar hom\u00e9rico y en las islas de Clarence, en la Bah\u00eda In\u00fatil, en el Puerto del Hambre, en la Tierra de la Desolaci\u00f3n, en el extremo sur del continente americano, en Detroit, en Chicago, en Damasco, la ciudad m\u00e1s vieja del mundo, y en Trebisonda y en Esmirna, en el Nepal y en Alejandr\u00eda, en el British Museum y en el kiosco de la esquina, en las Tuller\u00edas y en la Bastilla, en el coraz\u00f3n de Londres y en el coraz\u00f3n del coraz\u00f3n de la selva, rodeados de esquimales y de ornitorrincos, de indios comanches y vikingos, de griegos y t\u00e1rtaros, de malayos y guaran\u00edes, de cafres y fueguinos, de la mejor sociedad del presente y de la intimidad de los grandes muertos! Etc\u00e9tera, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera\u2026 \u00a1No poder estar pescando en los muelles del Sena y en las riberas del Hudson, cazando leopardos en Kenia e hipop\u00f3tamos en Hawache. Etc\u00e9tera, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera. \u00a1No poder estar aqu\u00ed y al sol del c\u00edrculo polar \u00e1rtico, no poder unir el d\u00eda con la noche, no poder ser uno a un mismo tiempo n\u00f3mada y sedentario!<\/p>\n<p>No poder estar simult\u00e1neamente aqu\u00ed y en cualquier otra parte. Si se est\u00e1 aqu\u00ed, no se est\u00e1 all\u00e1, y si se est\u00e1 all\u00e1, se quiere estar aqu\u00ed\u2026 Siempre teniendo que renunciar a algo. \u00a1Ay, c\u00f3mo remontar el r\u00edo de esa frustrante nostalgia de no perdernos de nada! Siempre teniendo que escoger. Siempre en el disparadero. Lo uno o lo otro. Siempre teniendo que diferir, siempre algo que sacrificar. Siempre en discordia con nuestros m\u00e1s caros deseos. Siempre buscando lo que no se encuentra. \u00bfQu\u00e9 nos quedaba, entonces? Puesto que no pod\u00edamos quebrar el tiempo, ni volcar la vida sobre el mapamundi, s\u00f3lo los viajes. Los viajes como suced\u00e1neos de esa avidez contemplativa, de esa suerte de endemia del alma. La errancia y la libertad. Eso s\u00ed, s\u00f3lo si se estaba eximido de la ignominia del trabajo remunerado.<\/p>\n<p><i><b>Quien no dispone de los dos tercios de su jornada es un esclavo<\/b><\/i>, martillaba su maestro Federico Nietzsche. Una verdad que hasta los monos suscribir\u00edan con su mano izquierda\u2026 No hay m\u00e1s: gozar de los viajes\u2026 Bien entendido, si uno era lo bastante rico como para permit\u00edrselo, lo que sin duda era su caso. Yo soy un hombre que vive en la m\u00e1s completa holganza, dijo.\u00a0<i><b>Yo no me gano la vida, yo estoy ganado para la vida<\/b><\/i>. \u00a1Ay, los viajes en que nuestra imaginaci\u00f3n se ocupaba de antemano de la pr\u00f3xima escala, al cosquilleo, a los efectos, a las maravillas de esos sucesos plenos de significaci\u00f3n que eran por s\u00ed solos el encanto de la vida. \u00a1Dios, nunca hab\u00eda aspirado a otra cosa!\u00a0<i><b>\u00a1Los viajes que a\u00f1ad\u00edan vida a la vida!\u00a0<\/b><\/i>, no \u00e9l sino el se\u00f1or de Nerval era quien lo hab\u00eda dicho.<\/p>\n<p><i><b>J\u2019ai fait trois fois le tour du monde dans me voyage<\/b><\/i>, canturre\u00f3.\u00a0<i><b>J\u2019ai fait trois fois le tour du monde dans me voyages\u2026<\/b><\/i><\/p>\n<p>Si por \u00e9l fuera nadie lo ver\u00eda dos meses en el mismo lugar. Al menos \u00e9l, George Bilfinger, ciudadano del mundo, vale decir, de ninguna ciudad, de todas, oriundo de Australia, un pa\u00eds m\u00e1s grande que cien pa\u00edses juntos, Ocean\u00eda, una isla, un continente, el mar m\u00e1s grande del globo, un horizonte tensado, tensado en toda su superficie l\u00edquida, era lo que procuraba hacer\u2026<\/p>\n<p>Pero no infamemos el mundo, \u00bfqu\u00e9 puede importarle a \u00e9l que se nos deban otras tantas vidas, tantos paisajes y experiencias, que se nos hayan cerrado tantas puertas y que no hayan vuelto a abrirse? \u00bfQu\u00e9 puede importarle al cerezo que nos gusten o no sus frutos? \u00bfQu\u00e9 le importa al zorzal que amemos o no sus trinos? \u00bfQu\u00e9 puede importarle al mundo que sus ocupantes sucesivos sean llevados a la muerte? \u00bfQu\u00e9 puede importarle al mundo este combate nuestro desigual y continuo contra la mezquina y opaca vida? \u00bfEl rid\u00edculo naufragio de las criaturas de la agon\u00eda? No, dijo, no quiero que se me malentienda. Le advierto que en cuanto al mundo lo acepto tal cual es\u2026 No me quejo. No hay agravio.\u00a0<i><b>Comprender es perdonar, olvidar es perdonar<\/b><\/i>, como dijo Spinoza.\u00a0<i><b>Ego te absolvo<\/b><\/i>. La realidad siempre se impone. Yo tambi\u00e9n soy fil\u00f3sofo y me descubro ante los triunfos de su fuerza indicativa.<\/p>\n<p>\u00bfY ahora, qu\u00e9 tal si nos acercamos a un peque\u00f1o bistr\u00f3 por los lados de la Rue de Petits\u2014Champs, ese resto medieval de la antigua ciudad del lodo, a la vuelta de la esquina del Banco de Francia? Un lugar muy acogedor, una atenci\u00f3n impecable. Sirven una deliciosa brochette de ri\u00f1ones, unas maravillosas chuletas\u00a0<i><b>\u00e0 la Barnave<\/b><\/i>, sangrantes. En cuanto al vino, del mejor.\u00a0<i><b>Allons, allons<\/b><\/i>, ya se nos va haciendo tarde, hay que darse prisa\u2026 Cuando hay hambre no hay conflicto\u2026 Presuponiendo, eso s\u00ed, que pueda ser saciado. \u00bfLe importar\u00eda a usted ir conmigo de la mano?\u00a0<i><b>\u00bfDo you? \u00bfReally?\u00a0<\/b><\/i>Me muero de ganas de una se\u00f1a de su amistad. \u00a1Estas ciudades tan grandes! Y la soledad que es siempre mayor. Y mi vida que est\u00e1 llena de personas que seguramente nunca volver\u00e9 a ver.\u00a0<i><b>\u00bfAlors, oui ou non?<\/b><\/i><\/p>\n<p>En los alrededores de la plaza de Clichy, huy\u00e9ndole al vaiv\u00e9n de danzas y campanillas de una romer\u00eda de bonzos, de aut\u00e9nticos bonzos de Tonk\u00edn, en naranja y en marr\u00f3n, nos colamos por una callecita lateral. En mitad de la carrera, como si le hubiera venido a la mente un recuerdo retrasado, se detuvo en seco: El se\u00f1or Talleyrand gustaba decir al levantarse de la mesa que el destino no podr\u00eda alcanzarlo porque ya hab\u00eda comido. Dentro de unas horas habremos comido. Nosotros tambi\u00e9n estaremos fuera de su alcance.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 que yo re\u00ed. Re\u00ed muy fuerte. Descend\u00edamos las escaleras del subterr\u00e1neo, y yo re\u00eda, re\u00eda a\u00fan sin contenerme. Improvisamente me solt\u00f3 la mano y se puso a bailar una descosid\u00edsima danza de piernas y brazos en alto. Sent\u00ed de pronto levantarse enorme y profunda dentro de m\u00ed esa explosi\u00f3n de placer en que rodamos por una pendiente invisible y todo lo que nos circunda se desvanece. \u00a1Dios m\u00edo, qui\u00e9n sabe c\u00f3mo acabar\u00e1 esto! Por mi parte, s\u00f3lo tengo una vida, una vida\u2026 una vida que no quiero que se me escape como el chorro del agua. No tan deprisa, no tan deprisa, chorro de vida.<\/p>\n<p>Es una jiga escocesa, grit\u00f3 lanzando al aire su bufanda de lana a cuadros rojos y azules.<\/p>\n<p>Saliendo del t\u00fanel las pisadas apuradas de los imperturbables franceses pasaron de largo. S\u00f3lo una mirada, la de los ojos \u00e1vidos, enmarcados por ojeras, de un ni\u00f1o, y el temblor convulso, apuntando arriba y a los lados, de la barbilla de un arpista ciego echado en el piso, mientras la hilera de huesos de sus manos agitaban las monedas en el plato del sombrero.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, oh, ah, ah! He quedado exhausto. Este canc\u00e1n lo aprend\u00ed para bailarlo ante la losa tumbal del se\u00f1or Joyce en el cementerio de Fluntern, desde el que se descubre una maravillosa panor\u00e1mica de la ciudad de Zurich. \u00bfQue si la bail\u00e9? \u00a1Oh s\u00ed, oh s\u00ed! \u00a1Y c\u00f3mo! A falta de gaitas con sus flecos y cintajos, acompa\u00f1ado por la arm\u00f3nica y el tercer viol\u00edn de una orquestita cantonal. Pensaron que era locura llevarle m\u00fasica al difunto. Me tom\u00e9 el trabajo de explicarles que si bien el se\u00f1or Joyce estaba muerto era del linaje de aquellos que no hab\u00edan cesado de estar vivos. \u00bfAcaso Cristo, la segunda persona de la Trinidad, est\u00e1 muerto por el hecho de no estar vivo y presente en su vestidura de carne? \u00a1Despu\u00e9s de todo, Cristo est\u00e1 en los cielos, pero el em\u00e9rito se\u00f1or Joyce debajo de la tierra!, replicaron, como para demostrarme cu\u00e1n imperfectamente hab\u00edan aplicado sus sesos no s\u00f3lo a las minucias teol\u00f3gicas sino tambi\u00e9n a los altos vuelos de la dial\u00e9ctica. No me qued\u00f3 m\u00e1s remedio que atenerme al consejo de Yago: Poned m\u00e1s dinero en su bolsa. Eso lo comprender\u00e1n sin duda, me dije. Todo el mundo entiende la verdad de ese idioma. Dinero contante y sonante, dinero tonante y cantante, dinero votante, dinero conturbante, dinero perturbante, dinero refrescante y regocijante\u2026 Buena la poes\u00eda, pero no tanto. Buena la poes\u00eda, pero mejores, infinitamente mejores los francos.<\/p>\n<p>Se aproxim\u00f3 y me mir\u00f3 fijamente a los ojos.\u00a0<i><b>N\u2019ayez pas peur, ma ch\u00e8re<\/b><\/i>, dijo. Yo soy t\u00edmido, usted es t\u00edmida. Seremos osados\u2026 Hoy me siento rom\u00e1ntico. No, no la defraudar\u00e9. Hasta ahora no he hecho demostraci\u00f3n m\u00e1s que de una parte m\u00ednima del caudal inmenso que llevo en mi cabeza\u2026<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/victoria-de-stefano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6>Tomado de: ficcionbreve.org<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Victoria De Stefano En un d\u00eda malo de 1979, bajo la lluvia, perdida, extenuada, buscando refugio en la casa de los muertos, cuyo contorno se me apareci\u00f3 de pronto, en la luz amortiguada de la ma\u00f1ana, el azar me hizo conocer en un rinconcito del viejo cementerio de Montmartre la tumba de Stendhal. 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