{"id":4657,"date":"2022-06-02T00:46:42","date_gmt":"2022-06-02T00:46:42","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4657"},"modified":"2023-11-24T18:30:18","modified_gmt":"2023-11-24T18:30:18","slug":"dos-cuentos-de-alberto-hernandez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-alberto-hernandez\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Alberto Hern\u00e1ndez"},"content":{"rendered":"<h3>Una vieja foto<\/h3>\n<p>Una vieja y amarilla gr\u00e1fica la descubre con un sombrerito tirado hacia atr\u00e1s. Pero lo m\u00e1s curioso es el ce\u00f1o. A su edad, Margarita, tan concentrada ella. A nadie se le ocurrir\u00eda pensar que acababa de pasar por una situaci\u00f3n tan grave, tan dolorosa, porque perder a la madre a una edad tan temprana crea todo un vac\u00edo que atemprana la muerte o las ganas de vender la casa con todo adentro.<\/p>\n<p>Yo soy una mujer que ha pasado por muchos dolores, pero esta vejez tan lenta nadie la profana, porque para m\u00ed la muerte es un paseo que espero ansiosa.<\/p>\n<p>La anciana repasa una y otra vez la imagen de la fotografia.<\/p>\n<p>Una muchacha le trae t\u00e9 de tilo y le quita el cartoncito de la mano. \u00abMam\u00e1, debes tomarte tu infusi\u00f3n, deja los recuerdos un rato en el caj\u00f3n que ya va a anochecer; t\u00fa sabes que la memoria hace da\u00f1o a esta hora, y m\u00e1s a ti, que no puedes despegarte del pasado\u00bb.<\/p>\n<p>Margarita retira la taza y coloca la foto sobre la c\u00f3moda. Mira en silencio a la anciana y la ayuda a levantarse para que se acerque a la ventana. \u00abLa \u00faltima luz del d\u00eda es buena para el alma. T\u00fa no sab\u00edas, Margarita, que cuando uno va a morir es bueno que le ense\u00f1en el sol. Uno se lleva en los ojos ese brillo, y cuando se encuentra con Dios no lo sorprende la luz que lo rodea\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014No digas esas cosas, mam\u00e1. A ti te quedan muchos soles todav\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando sacaron el cuerpo de la ni\u00f1a, nadie se imagin\u00f3 que en la casa la vida cambiar\u00eda. S\u00f3lo que la foto ser\u00eda una justificaci\u00f3n para cavilar y seguir anclada en aquellas horas. El tiempo le hab\u00eda quitado a la ni\u00f1a el sonido de la voz, el brillo de los ojos. \u00abEsa sonrisa tan de ella que la muerte la ha ido borrando del papel\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014Mi ni\u00f1a Margarita. Mi ni\u00f1a Margarita, llora la anciana.<\/p>\n<p>La muchacha la ayud\u00f3 a llegar a la habitaci\u00f3n. La sent\u00f3 en el borde de la cama y le entreg\u00f3 el rosario. \u00abVamos a rezar, mam\u00e1. Ma\u00f1ana habr\u00e1 otro sol\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014Margarita, ya la luz se acab\u00f3. Con tu muerte me queda s\u00f3lo seguir molest\u00e1ndote, ver la foto de cuando estabas chiquita. Y pensar que sufriste tanto cuando supiste que yo hab\u00eda muerto. Esa noticia fue la que aliger\u00f3 tu despedida.<\/p>\n<p>\u2014Mam\u00e1, cu\u00e1ntas veces tengo que decirte que yo nunca me he muerto, que es s\u00f3lo una mala noticia, que t\u00fa vives en el pasado viendo una fotograf\u00eda en la que estoy triste y nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Margarita, t\u00fa no habr\u00e1s muerto, como dices, pero yo si, y por eso crees que vivo en el pasado. Los muertos no tenemos presente, por eso me ves borrosa, anciana. Nada de esto es verdad, s\u00f3lo nosotros, en esta fotograf\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4>Tras la ventana<\/h4>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>Ya desaparecieron los tranv\u00edas<\/em><br \/>\n<em>Han cortado los \u00e1rboles<\/em><br \/>\n<em>El horizonte se ve lleno de cruces.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>Marx ha sido negado siete veces<\/em><br \/>\n<em>Y nosotros todav\u00eda seguimos aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>Nicanor Parra<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: left;\">Me coloqu\u00e9 en proscenio para que la muerte llegara m\u00e1s r\u00e1pido. El espectador m\u00e1s cercano a mi desempe\u00f1o logr\u00f3 ver con clara mirada el deseo de ser ajusticiado en p\u00fablico. En su rostro marcado por las sombras de la sala no atin\u00e9 a captar ning\u00fan cambio de expresi\u00f3n. Entonces entend\u00ed que era \u00e9l quien me matar\u00eda.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 culpa tiene un actor de las verdades que dice? Mientras habla a una sala a medio llenar, el pa\u00eds \u2013peque\u00f1o planeta emputecido- es colocado en el mismo pared\u00f3n. \u201cAs\u00ed tambi\u00e9n me hizo saber Jos\u00e9 Donoso. Y no es que haya hablado con \u00e9l. Se trata de que estamos trabados en un texto que nos acaba de regalar sin haberlo escrito a\u00fan. No es <strong>El obsceno p\u00e1jaro de la noche<\/strong>, tampoco ninguna <em>novelita burguesa<\/em> que alguien puede recoger de un bote de basura. Se trata simplemente de que estamos metidos en una trampa de la que no saldremos f\u00e1cilmente\u201d.<\/p>\n<p>-\u00bfEs ese el contenido de la pieza teatral? Me huele a mucha gente, a Kafka, a los mugres personajes del Berliner Ensamble. No me vengas a joder con el teatro de vanguardia, porque con el paisito que tenemos me basta.<\/p>\n<p>-S\u00ed, lo s\u00e9. Vivimos en una versi\u00f3n ampliada de un mal programa c\u00f3mico, sin menoscabar el esfuerzo de quien inventa bondadosas groser\u00edas.<\/p>\n<p>El silencio del preestreno nos aliviaba el peso de los disparos cerca del teatro. \u201cAll\u00e1 se est\u00e1n matando, aqu\u00ed agonizamos\u201d.<\/p>\n<p>-Buena idea para comenzar un mon\u00f3logo. Pero qu\u00e9 carajo, no tenemos derecho a burlarnos de nuestra propia muerte, porque no la merecemos.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9, la muerte?<\/p>\n<p>-No, la burla, porque la muerte es la m\u00e1s grande de las mentiras inventadas por ciertos intelectuales que se creen eternos.<\/p>\n<p>Las butacas comenzaron a ser ocupadas por seres an\u00f3nimos, borrosos. Marcaron el espacio con nosotros y algunos silbidos revelaron los deseos de salir aceleradamente de quienes est\u00e1n menos pendientes de la fantas\u00eda. \u201cBueno, a escena\u201d.<\/p>\n<p>-Los actores somos conceptos.<\/p>\n<p>-Quiz\u00e1s, y con el pa\u00eds que tenemos\u2026<\/p>\n<p>El tel\u00f3n corri\u00f3 con la lentitud deseada. Al fondo, un desnudo miserable, porque Mar\u00eda la O, nuestra estrella, estaba pasando trabajo, tanto que acept\u00f3 decir cuatro palabras incoherentes en esta revelaci\u00f3n del infortunio.<\/p>\n<p>El espectador \u2013el escogido para volarme la cabeza- me miraba desde lo hondo de la oscuridad. Yo sab\u00eda que hasta hoy me pavonear\u00eda en escena, sobre estas tablas flojas del Ateneo. Que hasta hoy le mostrar\u00eda el culo al mundo. Por eso trat\u00e9 de dar lo m\u00e1s de mi sabidur\u00eda teatral para encarnar el personaje. El oficio me permiti\u00f3 entrar en el odio de mi cercano agresor. Entonces, apareci\u00f3 en escena un sujeto distinto, dado a quebrantar la realidad y entrar en los cr\u00edmenes m\u00e1s est\u00fapidos. Baj\u00e9 del escenario \u2013seg\u00fan la acotaci\u00f3n- y me pasee entre el p\u00fablico para tratar de desviar las intenciones de quien ven\u00eda a descargar un arma contra m\u00ed.<\/p>\n<p>El tipo advirti\u00f3 la frialdad del personaje. En un violento arranque de destreza sac\u00f3 el rev\u00f3lver y dispar\u00f3 un par de veces contra el personaje. De momento, no sent\u00ed dolor. Cre\u00ed que lo sentir\u00eda quien me cubr\u00eda la cara con los gestos aprendidos. S\u00f3lo un pinchazo, pero cuando la sangre y el griter\u00edo me sacaron del personaje que a\u00fan vibraba en mi alma, el mareo me desdibuj\u00f3 la sala, los rostros despavoridos. El vac\u00edo me hizo rodar por las escaleras y caer a los pies de mi asesino. \u201cTodo asesino es nuestro asesino personal\u201d.<\/p>\n<p>Los espectadores y mis amigos actores huyeron de la escena. Quedamos en la sala los dos solos. Me hal\u00f3 por uno de los brazos y me arrastr\u00f3 hasta proscenio. Me coloc\u00f3 bajo el cenital. Rod\u00f3 una silla y me sent\u00f3 en el centro donde sabemos que suelen morir los actores, los verdaderos actores como yo. \u201cSoy Moliere herido de bala\u201d.<\/p>\n<p>All\u00e1 afuera, adivin\u00e9, tambi\u00e9n est\u00e1n mat\u00e1ndose. Antes de morir quiero decirles que soy un personaje del relato <em>El francotirador<\/em>, escrito por un imb\u00e9cil que s\u00e1dicamente disfruta con sus enfermizas an\u00e9cdotas.<\/p>\n<p>Record\u00e9 mi infancia en mi pueblo natal. Sol\u00eda colocarme tras la ventana de nuestra peque\u00f1a casa desde donde ve\u00eda mi muerte todos los d\u00edas. Entonces en Galina las noches tardaban en llegar. Claro, todo en broma. S\u00f3lo que desde esa edad ya era fan\u00e1tico de las historias que ustedes leen con cierta regularidad en las carteleras del teatro. Pero no me arrepiento. As\u00ed es la locura, una tenue luz que nos arropa. \u201cLa demencia es una enfermedad indolora\u201d.<\/p>\n<p>Pero cuando entend\u00ed que en verdad alguien me hab\u00eda mandado a matar, sent\u00ed miedo. Mi asesino, el que recibi\u00f3 la paga, no s\u00e9 por qu\u00e9, sonri\u00f3 cuando apret\u00f3 el gatillo. S\u00f3lo que ya no ten\u00eda balas y \u00e9l formaba parte del elenco. \u201c\u00a1Co\u00f1o, vale, los espectadores dejaron la sala!\u201d, grit\u00e9 angustiado ante el fracaso de nuestro estreno.<\/p>\n<p>-Mejor, as\u00ed acabo con esto de una buena vez y no permito que la multitud disfrute del mejor de los actos, el \u00faltimo-, dijo con cara de espectador mientras recargaba el arma.<\/p>\n<p>Y dispar\u00f3. Lo dem\u00e1s es parte de un cuento que no podr\u00e9 culminar.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alberto-hernandez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado de ficcionbreve.org<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una vieja foto Una vieja y amarilla gr\u00e1fica la descubre con un sombrerito tirado hacia atr\u00e1s. Pero lo m\u00e1s curioso es el ce\u00f1o. A su edad, Margarita, tan concentrada ella. 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