{"id":4619,"date":"2022-06-01T19:55:21","date_gmt":"2022-06-01T19:55:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4619"},"modified":"2023-11-24T18:30:21","modified_gmt":"2023-11-24T18:30:21","slug":"dos-cuentos-de-orlando-araujo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-orlando-araujo\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Orlando Araujo"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Liberaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Nadie desea un palmetazo, es un castigo humillante, el maestro ordena que uno extienda la mano, la agarra por la punta de los dedos con su izquierda, con la derecha levanta la madera y la deja caer sobre la palma extendida, con ira suave o estallante seg\u00fan la gravedad de la falta. La palmeta es redonda con cinco huecos para que arda m\u00e1s. Tiene un mango como de martillo. Los muchachos han echado esperma y cera derretidas en los huecos, pero la palmeta no se raja. Duele menos ahuecando la mano, pero el maestro lo sabe y la alisa primero con la misma palmeta como haci\u00e9ndole nido. Arrancarse un pelo de la ceja, uno de la pesta\u00f1a, ponerlos en cruz y afirmarlos con saliva en el centro de la mano es una conjura para disminuir la intensidad del golpe y para que la palmeta se raje. Despu\u00e9s el ajusticiado corre hacia la pared y pega la mano hirviendo sobre la cal fr\u00eda que la alivia. El castigo es un breve momento de suspenso, todos contemplan con susto y regocijo el espect\u00e1culo, mete miedo el maestro iracundo e impone su amenazante silencio el chasquido de la palmeta sobre la mano en sacrificio.<\/p>\n<p>Nadie quiere un palmetazo, al contrario, el temor de recibirlo frena malas intenciones. Sin embargo, saber c\u00f3mo es el ardor, c\u00f3mo es el miedo antes de recibirlo, cu\u00e1l es el fr\u00edo de la cal sobre el ardor y la verg\u00fcenza y la humillaci\u00f3n. Saberlo era crecer. Y crecer era la ansiedad con que yo persegu\u00eda la flagelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>All\u00ed estaba Gil Ruiz, el primero de la clase. El palmetazo deb\u00eda ser duro y por una falta grave. Romper definitivamente la c\u00e1scara, ser de los otros, entrar en la conversaci\u00f3n de los malos, s\u00f3lo as\u00ed. Moj\u00e9 bien el corcho en la tinta negra, lo agarr\u00e9 por la punta seca y me acerqu\u00e9 distra\u00eddamente a Gil que estaba ajeno al mundo, sacando cuentas apoyado en la mesa grande. Me daba tumbos el coraz\u00f3n, pero no me vacil\u00f3 el pulso cuando pas\u00e9 el corcho lleno de tinta entre la nariz y el labio superior. Puse un inmenso bigote de jefe civil. Reventaron las risas y esper\u00e9 temblando que Gil me acusara. Hab\u00eda llegado la hora. Pero Gil no se movi\u00f3 del asiento, sac\u00f3 el pa\u00f1uelo y trat\u00f3 de limpiar la mancha. Despu\u00e9s me mir\u00f3 lleno de rabia. Me acusar\u00e1. \u00abT\u00fa me las vas a pagar hijueputa\u00bb. \u00abAc\u00fasame pues, acus\u00f3n\u00bb. \u00ab\u00bfAcaso soy pendejo? De Escora vengo pero papera no tengo. \u00bfNo es tu pap\u00e1 el maestro? Por eso lo haces, por atenido\u00bb. Se acerc\u00f3 mi padre \u00ab\u00bfQu\u00e9 pasa aqu\u00ed?\u00bb. Todos callaban. \u00abNada\u00bb \u2014dijo Gil\u2014. \u00ab\u00bfY esa tinta en la cara?\u00bb. \u00abFui yo mismo, sin darme cuenta\u00bb. Era demasiado: \u00abMentira fui yo que le pas\u00e9 el corcho por la cara\u00bb. Se desconcert\u00f3 el maestro. \u00abNo le haga caso, se\u00f1or, he sido yo mismo, como le dije\u00bb. \u00abBueno, a sentarse todos\u00bb, orden\u00f3 la voz tonante. El fracaso aumenta la desesperaci\u00f3n y yo grit\u00e9 desesperado, apelando a toda mi erudici\u00f3n. \u00abQuiero echar g\u00fcevo, quiero puyar\u00bb. Present\u00eda el aletazo de las cejas, la violencia del ce\u00f1o y el rel\u00e1mpago de los ojos que tanto me impresionaban como signos mayores de iracundia, despu\u00e9s la sombra, el gigante frente a m\u00ed, alargu\u00e9 la mano y esper\u00e9 el estallido de la madera sobre la palma extendida con temblor de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Nadie, sin embargo, agarr\u00f3 mi mano, ni estall\u00f3 la madera, ni se quem\u00f3 la carne flagelada. Abr\u00ed los ojos poco a poco. Mi madre hab\u00eda salido del interior de la casa cuya sala era escuela y estaba frente al hombr\u00f3n terrible: \u00abNo castigue a ese ni\u00f1o. \u00bfNo ve que es inocente? Perd\u00f3nelo porque \u00e9l no sabe lo que ha dicho. Alguno de estos muchachos perversos le ense\u00f1\u00f3 la mala palabra. Averig\u00fce qui\u00e9n fue y d\u00e9le el castigo que se merece\u00bb. Rug\u00ed entonces: \u00abLo dije yo por mi cuenta\u00bb; pero una voz sali\u00f3 del fondo: \u00abFue el hijo de Niano, ese vireto malo y lo ajuch\u00f3 pa que dijera, yo lo vide\u00bb. Hablaba Lorenzo Gumercindo para cobrarle al Nianito viejas cuentas. \u00abAs\u00ed como le digo, se\u00f1or, yo lo vi cuando enga\u00f1aba al pobre muchachito, como lo vio tan sute se vale del inocente, d\u00e9le palmeta, se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Y all\u00ed estaba, protestando sin esperanza el hijo de Niano, pelo cepillo y ojo suelto que le daba cara de malo. Puso horizontal el brazo, abri\u00f3 la mano y volvi\u00f3 hacia un lado la cara, con los ojos bien apretados. Yo estaba detr\u00e1s de \u00e9l, el maestro tom\u00f3 la punta de los dedos y levant\u00f3 el brazo armado. Todos se quedaron mudos, y un rencor flotante en contra m\u00eda. Era el momento preciso. Yo vibraba como caballo forzado a galopar entre riscos en el instante en que lo frenan de golpe. Fue s\u00f3lo un segundo, el brazo en alto, el espect\u00e1culo b\u00e1rbaro, el silencio y el miedo. Sab\u00eda que el rencor un\u00e1nime ced\u00eda su imperio a este miedo y a este silencio. Estaba exactamente detr\u00e1s de la v\u00edctima, detr\u00e1s de la venganza de Lorenzo, detr\u00e1s del obst\u00e1culo entre la liberaci\u00f3n y el miedo. No fue un segundo, menos de un segundo, una chispa de tiempo, una \u00f1arrita, un tantico as\u00ed de instante y justo cuando el rel\u00e1mpago de la palmeta all\u00e1 arriba, tir\u00e9 hacia atr\u00e1s de un envi\u00f3n el cuerpo del Nianito y ca\u00edmos juntos. Desde el suelo vi c\u00f3mo la palmeta, con violencia de falta grave, cay\u00f3 sin hallar la mano y golpe\u00f3 con choque de madera y hueso la rodilla del maestro.<\/p>\n<p>Recib\u00ed doble palmetazo, pegu\u00e9 ambas manos contra la cal fr\u00eda de la tapia, hirvi\u00f3 la sangre en las dos palmas como el agua de los r\u00edos crecidos que trompean el monte.<\/p>\n<p>La falta fue muy grave, no tanto por el dolor en la rodilla, sino por el revent\u00f3n de risas sin dique de respeto, liberaci\u00f3n de todos. As\u00ed que fueron los dos palmetazos con fuerza de hombre cuajado. No serv\u00eda el fr\u00edo de la cal, las manos hinchadas, y l\u00e1grimas de un triunfo ganado contra mi propia sangre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>La yunta borracha<\/strong><\/h3>\n<p>Cuando Pablote se re\u00eda y ense\u00f1aba sus dientes de hacha y se reventaba y se mor\u00eda de risa, la gente le met\u00eda tranca a las puertas porque detr\u00e1s de la risa de Pablote ven\u00eda el toro, un torete caf\u00e9 tinto embistiendo como viento, borracho y todo como el due\u00f1o pero sin malas palabras y sin risa, echando neblina por las narizotas y los polic\u00edas corriendo con las sogas hasta enlazarlo y meterlo preso. Despu\u00e9s Pablote buscando al toro, roznando por esa calle abajo desde el bolo hasta la jefatura la gente que se aparta y se pega de las tapias. Hasta veinte hombres se necesitaban para encalabozar aquella furia. Y as\u00ed amanec\u00eda el lunes, Pablote bajo tres candados de cadena y el toro amarrado al botal\u00f3n del patio de la casa de gobierno.<\/p>\n<p>Que si no capa al toro que no baje m\u00e1s al pueblo, esto es lo que se le participa y para lo cual se le ha citado, firme usted aqu\u00ed, ponga una cruz, eso es.<\/p>\n<p>Era como si le dijeran serruch\u00e1le una pata, met\u00e9le un gu\u00e1imaro, revent\u00e1le un ojo. No lo har\u00eda. As\u00ed no volviera m\u00e1s al pueblo, as\u00ed se muriera de hambre, nojoda.<\/p>\n<p>Tres d\u00edas de arresto, a \u00e9l por dar aguardiente a un animal y al toro por faltar al orden p\u00fablico. El coronel Vergara comenzaba otra vez \u00abMire Pablote que ust\u00e9 falta a la ley con ese animal suelto y un d\u00eda de \u00e9stos le va a resultar una vaina seria si ese animal mata a un cristiano. No diga que no se lo advert\u00ed\u00bb. Y \u00e9l \u00abpero don Chico, si el animal es manso yo mismo lo cri\u00e9 y es mi \u00fanica ayuda. Lo conozco desde becerrito\u00bb. El coronel Don Chico se agotaba en una respuesta y no dar\u00eda m\u00e1s. \u00abSer\u00e1 manso pero ust\u00e9 le da aguardiente y un animal as\u00ed no sabe lo que hace. Yo cumplo con decirle, y ya ust\u00e9 sabe lo que dispuso la junta\u00bb.<\/p>\n<p>Pablote saca el papel\u00f3n y muerde, Despu\u00e9s lo quiebra sobre una piedra y lo mezcla con sal para su compa\u00f1ero. Mientras \u00e9ste lame, el hombre le acaricia el cuello, pasa la mano por el testuz, le da palmadas. En los ojos del toro hay un paisaje con agua y \u00e1rboles y sol. Subieron basta coger monta\u00f1a cerrada, hasta la boca del monte, donde viv\u00edan, entre el frailej\u00f3n por arriba y el palo de say\u2014say y la maporas y los altos cedros por debajo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda sido de los primeros en llegar pero no era fundador porque no hab\u00eda hecho pueblo, ni hab\u00eda tomado mujer, ni se aquietaba en un trabajamento, sino tumbando mapora como rayo y mudando su casa, un mont\u00f3n de troncos con un techo siguiendo la l\u00ednea de la tala desde all\u00e1 abajo donde estaban las lagunas, hasta ac\u00e1 arriba donde se toca el cielo por entre la neblina. Sin ser propietario ten\u00eda la posesi\u00f3n m\u00e1s grande, toda la monta\u00f1a, pero cada nuevo conuco se la iba mermando hasta no quedar, en largos trechos, sino una cintica entre la tala y el frailej\u00f3n. Vomitado tambi\u00e9n la neblina, el trabajo de los otros lo iba empujando hacia atr\u00e1s, a su lugar de origen.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed nos quedamos, Careto, pa vos hay pasto y a m\u00ed no ha de faltarme Dios.<\/p>\n<p>Pero falt\u00f3 la sal y la panela y el michito. Pablote dej\u00f3 a Careto y baj\u00f3, sin toro y sin orgullo, arrastrando ocho pencas de mapora. Vendi\u00f3 y compr\u00f3 en silencio y cuando regres\u00f3, tarde la noche, ya andaba por debajo del cuello la garrafa.<\/p>\n<p>\u2014 Careto, caretico, tom\u00e1 la panela, ven\u00ed pac\u00e1 pal patio, dej\u00e1me partila asi como nos gusta, conque ten\u00e9s hambre decime, yo te acompa\u00f1o con un traguito, despu\u00e9s beb\u00e9s vos, com\u00e9 primero, ahijuechuta toro ma\u00f1oso beb\u00e9 pues pero sin moquiarme la garrafa como buen cristiano, dej\u00e1, dej\u00e1 que pa los dos alcanza. La gente es arbolaria, Careto, y se asusta de nada, todo porque bebemos un poquito y jugamos, tenemos derecho \u00bfverd\u00e1? y si no pa que me fu\u00f1o cortando mapora y los dos carg\u00e1ndola con la isoria que despu\u00e9s pagan. Que te cape, careto, que te cape pa que te amans\u00e9s \u00bfpor qu\u00e9 no capan al coronel y a todos los vainosos del pueblo?<\/p>\n<p>Si es por amansar hay mucho que capar all\u00e1 abajo, hasta al cura hay que caparlo. No nos quieren, eso es, no nos quieren, si se los veo cuando entramos por la calle arriba y cuando descargamos y cuando nos metemos pal bolo a echarnos un traguito, \u00e1hi t\u00e1 pues, ech\u00e1telo, as\u00ed n\u00f3 que es mucho, dej\u00e1, dej\u00e1, que yo tambi\u00e9n quiero, \u00bfqu\u00e9 vaina es \u00e9sa pues? aqu\u00ed el trompiao soy yo, as\u00ed que no me cabeci\u00e9s tanto, ya va, \u00a1ah michito pa fiero est\u00e1 \u00e9ste!, pura supia, que es lo que ahora sacan. Un d\u00eda de \u00e9stos vamos a poner un cachicamo pa nosotros solos, dos latas queroseneras, la culebrina, unas cubitas, agua y panela y ya est\u00e1, a no bajar m\u00e1s pal pueblo que aqu\u00ed no hay polic\u00edas ni gente malasangre, sino sol y oscurana y monte. Si jueras aguaitao hasta al Ufrasio teni\u00e9ndome l\u00e1stima con todo y qu\u00e9l no carga sino agua, y entierra los riales y ni burro tiene. Y la mofa \u00ab\u00bfquiubo de Careto, tiene cursera que no vino?\u00bb y el Nolasco: \u00abno, \u00e9sas son las calenturas por lo reci\u00e9n capao\u00bb y m\u00e1s \u00ab\u00bfcon qu\u00e9 ahora bebe s\u00f3lo \u00f1o Pablote, y no convida?\u00bb. \u00abMire, ayer trajeron ganao del llano, Pablote, con una serenata y una garrafa arma el baile\u00bb. Hijueputas son Careto, tanto favor que les hemos hecho y as\u00ed pagan, todo por la Junta \u00e9sa y el coronel Vergara y ls de malas que nos ha ca\u00eddo, pero aqu\u00ed estamos los dos pa qui\u00e9n salga y a ver qui\u00e9n sale, carajo. Ay no junche, Careto, que me entran ganas de coger camino ora mismo pa llegales de madrugaita \u00bfqu\u00e9 dec\u00eds vos? \u00bfle ten\u00e9s miedo a los puebleros? No, ya s\u00e9 que v\u00f3s y yo pa los que salgan, fue un d\u00edcere. Dej\u00e1me rascate la barriga pa que te content\u00e9s, la vaca pintada y el buey Palet\u00f3n sac\u00e1te la nigua y ech\u00e1te jab\u00f3n, tom\u00e1 que queda panela y un rel\u00e9s de miche todav\u00eda, as\u00ed, as\u00ed, t\u00e1 bien, despu\u00e9s yo don Careto, don Caretico, don coronel Careto\u2026 y se acab\u00f3, epa y te hab\u00e9is fijao que hay luna, veni, veni, ya est\u00e1s espumajiando medio jumo. \u00bfPor qu\u00e9 no nos vamos a echar un michito al pueblo? Uno s\u00f3lo comp\u00e1 Careto nos volvemos y les echamos un sustico pa que nolas paguen \u00bfah? Bueno, a enyugarnos pues pa no perdemos, pero sin mapora esta vez pa que nos rinda la trocha, ay no junche Caretico y que se nos atraviese el coronel y la junta y Ufrasio y el Nolasco y los policas y todos los diablos de la quinta paila pa capalos a toditos sin que falte ni uno\u2026<\/p>\n<p>Que desde lo alto de la Cruz Verde, abriendo el alba vieron venir monta\u00f1a abajo a Pablote y al toro dando tumbos, fue el recado que echando el bofe trajo un campesino al Coronel Vergara, y seguido, a todo jinetear montando en pelo, lleg\u00f3 Nolasco botando barro y voces atropelladas por el susto de la yunta borracha casi a tiro de cornada, y que adelant\u00f3 lo que pudo para avisar con tiempo pues cristiano que se atravesara no vivir\u00eda para echar el cuento.<\/p>\n<p>Y all\u00e1 va el coronel arriando por delante el bigotazo y nombrando polic\u00eda a tanto pac\u00edfico habitante, sin tiempo ni oportunidad de desertar, porque van recibiendo nombramiento y m\u00e1user sin apelaci\u00f3n posible. Mientras suben el cerrito que corta la entrada el Coronel don Chico da instrucciones:\u00a0que Pablote vea la gente desde lejos y se detenga, nadie dispare sin orden m\u00eda y el Nolasco aqu\u00ed conmigo no se le vaya un tiro por rabia o por miedo, ocupemos el tope por ambos lados del camino y acom\u00f3dense muchachos que all\u00e1 vienen bajando. Un tiro al aire. Sordo el toro y sordo el hombre. All\u00ed nadie iba a detenerse y se agrandaba el toro y se agrandaba el hombre y eran una sola masa bestial y desprendida retumbando el suelo b\u00fafano y encima ya de todos tan despavoridos que sueltan los m\u00e1useres para correr escoteros. El coronel de pie y el Nolasco all\u00ed clavado por una trabaz\u00f3n de p\u00e1nico y respeto que se le brota en sudores, vuelto nada sin poder pensar ni moverse, a punto de desatar un grito o una carrera o un algo como s\u00faplica, ve que el coronel levanta la morocha y afloja un guaimarazo y otro m\u00e1s. Ya con el resoplido casi encima, Pablote rebotando tinto en sangre, todav\u00eda empujando y el Nolasco ya disuelto en bestial cagada cuando el toro lo clava y lo levanta y as\u00ed lo lleva acurruc\u00e1ndose en el yugo con su dolor de barriga hasta quedarse muerto como muchacho en talanquera.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/orlando-araujo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Liberaci\u00f3n Nadie desea un palmetazo, es un castigo humillante, el maestro ordena que uno extienda la mano, la agarra por la punta de los dedos con su izquierda, con la derecha levanta la madera y la deja caer sobre la palma extendida, con ira suave o estallante seg\u00fan la gravedad de la falta. 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