{"id":4560,"date":"2022-05-28T21:27:26","date_gmt":"2022-05-28T21:27:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4560"},"modified":"2024-04-11T20:02:55","modified_gmt":"2024-04-11T20:02:55","slug":"dos-cuentos-de-eloi-yague","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-eloi-yague\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Eloi Yag\u00fce"},"content":{"rendered":"<h3><strong>17 rub\u00edes por siempre<\/strong><\/h3>\n<p>El comisario Marcano manejaba su viejo Fiat Uno por la autopista Francisco Fajardo, la gran v\u00eda que corre de este a oeste por el centro del valle de Caracas, separados ambos sentidos por el cauce del r\u00edo Guaire. En cierto punto del recorrido siempre se forman trancas en las dos direcciones. Aquel lunes en la ma\u00f1ana no era distinto. Los cuatro canales de la autopista, en sentido este, estaban llenos de carros que avanzaban con lentitud.<\/p>\n<p>Conocedores de este fen\u00f3meno, los habitantes de San Agust\u00edn, Hornos de Cal, La Charneca y La Yerbera, barrios situados en los cerros cercanos, bajan hasta la autopista para vender agua, refrescos, chucher\u00edas y deved\u00e9s piratas. Los vendedores caminaban entre las hileras de veh\u00edculos esquivando a los motorizados que rodaban a gran velocidad, evitando a su vez los espejos retrovisores de los carros. Por encima de ellos circulaban las cabinas de los funiculares que cubren el servicio de transporte de San Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Marcano sudaba, dudando entre bajar los vidrios o conformarse con la escasa frescura que arrojaban los ductos del aire acondicionado. No le gustaba viajar con los vidrios arriba, especialmente cuando estaba atrapado en una cola pues le molestaban el ruido y el humo. Adem\u00e1s sab\u00eda que en ese sector hay ladrones que se aprovechan de los conductores desprevenidos. Y que a \u00e9l, aunque fuera polic\u00eda de civil y anduviera armado, su placa no lo salvar\u00eda de ser atracado.<\/p>\n<p>Marcano manejaba por el canal \u00abr\u00e1pido\u00bb, que en ese instante no hac\u00eda honor a su nombre. A su izquierda corr\u00eda el r\u00edo Guaire, al fondo de un cauce de cemento. La fila de la derecha avanzaba mientras que la suya permanec\u00eda est\u00e1tica. \u00abPara variar\u00bb, pens\u00f3. \u00abSiempre avanza m\u00e1s la fila donde no me encuentro y si cambio de canal avanzar\u00e1, sin duda alguna, la fila donde estuve antes. El Principio de Peter, creo que lo llaman, aunque no s\u00e9 qui\u00e9n fue ese personaje\u00bb.<\/p>\n<p>Pens\u00f3 en cambiarse al canal de la derecha pero era una maniobra riesgosa puesto que los motorizados circulaban a mucha velocidad entre las filas de carros y el suyo carec\u00eda de espejo retrovisor derecho a causa, precisamente, del golpe propinado por un motorizado que lo tumb\u00f3 sin siquiera detenerse a pagarle el destrozo.<\/p>\n<p>De todos modos, mir\u00f3 a su derecha y vio desconsolado los carros avanzar. Uno de ellos, un lujoso veh\u00edculo japon\u00e9s, iba con la ventanilla del conductor abajo, por lo que pudo ver que lo manejaba un hombre maduro, con aspecto de ejecutivo, que iba solo en el carro y que apoyaba el brazo en la puerta en posici\u00f3n vertical mientras que la mano izquierda agarraba la parte superior del marco de la ventanilla. La manga de la camisa dejaba ver un reloj reluciente que parec\u00eda costoso. \u00abDemasiada tentaci\u00f3n\u00bb, pens\u00f3, acostumbrado como estaba a ponerse en el lugar de los delincuentes para comprender mejor su mentalidad.<\/p>\n<p>El carro avanz\u00f3 y lo perdi\u00f3 de vista. Su fila empez\u00f3 a moverse. \u00abYa era hora\u00bb, consider\u00f3 mientras soltaba el embrague y aceleraba. La fila sigui\u00f3 avanzando y cambi\u00f3 a segunda. La fila de la derecha se detuvo. En instantes, su carro casi alcanz\u00f3 al del ejecutivo. De pronto, sali\u00f3 un tipo de la nada y se acerc\u00f3 a la ventanilla del carro japon\u00e9s. No era un vendedor, no portaba art\u00edculos. Pero lo que s\u00ed vio Marcano, en apenas un segundo, fue el resplandor plateado de una pistola con la que el sujeto enca\u00f1on\u00f3 al ejecutivo.<\/p>\n<p>Marcano agarr\u00f3 con la mano izquierda el volante y con la derecha la pistola que llevaba siempre entre las piernas. Todo ocurri\u00f3 muy r\u00e1pido: el atracador habl\u00f3 con el conductor, \u00e9ste forceje\u00f3, sonaron disparos. El atracador le sac\u00f3 el reloj de la mu\u00f1eca y sali\u00f3 corriendo entre las filas de carros.<\/p>\n<p>Marcano apag\u00f3 su m\u00e1quina y sali\u00f3 empu\u00f1ando la pistola. Cuando lleg\u00f3 al veh\u00edculo japon\u00e9s el hombre agonizaba con un tiro en el pecho. \u00abEste se jodi\u00f3\u00bb, pens\u00f3 al verlo. Le revis\u00f3 el pantal\u00f3n y sac\u00f3 una billetera llena de euros que se guard\u00f3 en el suyo. Revis\u00f3 la chaqueta del hombre. Ten\u00eda un pasaporte italiano y un ticket de avi\u00f3n, ya usado, que volvi\u00f3 a colocar en su lugar. \u00ab\u00a1Llamen a Emergencia!\u00bb, grit\u00f3 a los conductores que se acercaban temerosamente, antes de salir corriendo en la misma direcci\u00f3n que el asaltante.<\/p>\n<p>\u00c9ste hab\u00eda atravesado tres canales de circulaci\u00f3n y ya hab\u00eda llegado al borde de la v\u00eda, que era una franja de tierra de unos cinco metros. M\u00e1s all\u00e1 hab\u00eda varias entradas que conduc\u00edan al interior de un barrio construido al borde mismo de la autopista. El individuo entr\u00f3 por una de ellas, apenas m\u00e1s ancha que un hombre fornido.<\/p>\n<p>El barrio era un laberinto de casas construidas desordenadamente. La calzada era estrecha y a veces se perd\u00eda de vista entre los recovecos. Lo sigui\u00f3, aunque no le gustaba la situaci\u00f3n: si conoc\u00eda el barrio sabr\u00eda d\u00f3nde esconderse. O peor a\u00fan: podr\u00eda meterse en cualquier casa y hasta tomar rehenes.<\/p>\n<p>Corr\u00eda sin detenerse. Era peligroso, pues tras cualquier recodo pod\u00eda estar esper\u00e1ndole, apunt\u00e1ndole. Sin embargo, esto le dio ventaja y tras doblar una esquina lo vio a cierta distancia. Estaba a tiro. Era ahora o nunca. Se detuvo, apunt\u00f3 y dispar\u00f3. Le dio en una pierna haci\u00e9ndolo caer. Pero volvi\u00f3 a incorporarse y sigui\u00f3 corriendo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Verga! Este co\u00f1oemadre es duro \u2014mascull\u00f3 Marcano.<\/p>\n<p>El sabueso sigui\u00f3 el rastro de sangre que lo llev\u00f3 hasta un callej\u00f3n ubicado en la parte trasera de unos galpones, una calle ciega donde no se ve\u00eda a nadie. Los galpones hac\u00edan sombra y el callej\u00f3n estaba en penumbra. All\u00ed s\u00f3lo hab\u00eda unos contenedores de basura. Detr\u00e1s de uno de ellos lo encontr\u00f3. Estaba en el suelo y se agarraba el muslo izquierdo. \u00abCo\u00f1o, me diste\u00bb. \u00abDame el reloj\u00bb, dijo Marcano. El sujeto se meti\u00f3 una mano en el bolsillo y le tendi\u00f3 el reloj. Marcano lo mir\u00f3. Era un reloj extra\u00f1o. No se parec\u00eda a ninguno que conociera. El modelo parec\u00eda antiguo. Definitivamente lo fascinaba. \u00abAy\u00fadame, ll\u00e9vame al Cl\u00ednico\u00bb, dijo el ladr\u00f3n. Marcano lo ayud\u00f3 a pararse. \u00abAp\u00f3yate aqu\u00ed\u00bb, le dijo recost\u00e1ndolo en un contenedor, al que abri\u00f3 la tapa. Ech\u00f3 otra mirada alrededor. Nadie. Le puso la pistola en la cabeza y dispar\u00f3 una sola vez. Ayud\u00f3 al cuerpo a deslizarse dentro del contenedor y lo volvi\u00f3 a tapar. Se devolvi\u00f3 por donde hab\u00eda llegado.<\/p>\n<p>De regreso a la autopista ya hab\u00eda una nube de gente rodeando el carro japon\u00e9s. Algunos conductores vecinos se hab\u00edan acercado y llamado a Emergencia. Marcano mostr\u00f3 su placa y se acerc\u00f3 al veh\u00edculo. Corrobor\u00f3 que el italiano ya estaba muerto mientras se escuchaban sirenas policiales y de ambulancias.<\/p>\n<p>Los forenses tardaron en llegar porque la tranca en la autopista era fenomenal. Las autoridades de tr\u00e1nsito trataban de aligerar el paso de veh\u00edculos en direcci\u00f3n este. Cuando lleg\u00f3 el comisario Augusto Tercio, su jefe, Marcano le cont\u00f3 su versi\u00f3n y le entreg\u00f3 el pasaporte.<\/p>\n<p>\u2014Yo ven\u00eda en mi carrito y sal\u00ed corriendo cuando vi el hierro. Pero no me dio tiempo, el choro fue muy r\u00e1pido. Le rob\u00f3 el reloj y la billetera. Lo segu\u00ed pero se me perdi\u00f3. Mire: el interfecto era ciudadano italiano.<\/p>\n<p>Al ver el pasaporte puso cara de drama.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 vaina! \u2014exclam\u00f3\u2014. Consulado. Embajada. Interpol. M\u00e1s papeleo, m\u00e1s burocracia \u2014dijo al tiempo que se tomaba una pastilla contra la acidez.<\/p>\n<p>\u2014Jefe, \u00bfquiere que lo persigamos en caliente? \u2014pregunt\u00f3 Marcano.<\/p>\n<p>Tercio mir\u00f3 hacia los cerros donde se retrepaban centenares de viviendas, conectadas por decenas de pasadizos, escaleras y vericuetos. Tuvo que hacer visera con la mano pues el sol a esa hora ya perforaba la ropa.<\/p>\n<p>\u2014No, vamos a dejarlo as\u00ed. No tenemos personal suficiente. Mira, tienes sangre en la camisa.<\/p>\n<p>\u2014No es nada, jefe, me cort\u00e9 con una botella rota.<\/p>\n<p>Revisaron el veh\u00edculo y extrajeron una maleta con ropa y efectos personales y un portafolio que conten\u00eda documentos. Estos se\u00f1alaban que no era un turista cualquiera sino un representante para Suram\u00e9rica de una firma relojera suiza. Hab\u00eda venido a Venezuela no por placer sino por negocios. El carro lo hab\u00eda alquilado en una agencia del aeropuerto. Finalmente vino una gr\u00faa y se lo llev\u00f3.<\/p>\n<p>En cuanto al ladr\u00f3n, los vendedores de chucher\u00edas en la cola no lo conoc\u00edan. Al parecer era un atracador solitario que se hab\u00eda apostado a un lado de la autopista esperando una oportunidad, que apareciera alg\u00fan imprudente, como el italiano, que viniera con el vidrio abajo y exhibiendo un reloj de marca.<\/p>\n<p>Una vez en la comisar\u00eda Marcano cont\u00f3 de nuevo todo a una compa\u00f1era. Era el procedimiento: hab\u00eda que levantar un informe. Marcano disfrutaba aderezando la historia con exageraciones: \u00abEl italiano se resisti\u00f3 al atraco, el atracador dispar\u00f3 varias veces, uno de los tiros fue mortal. Persegu\u00ed al sospechoso, le di la voz de alto y el susodicho abri\u00f3 fuego accionando su arma, por lo que no tuve m\u00e1s remedio que disparar en defensa propia. Pero no le di y el sospechoso pudo escapar saltando un muro\u00bb.<\/p>\n<p>Termin\u00f3 el informe pasado el mediod\u00eda. Marcano le dio las gracias a la chica que lo ayud\u00f3 \u2013siempre le fastidiaba redactar informes\u2013 y se acerc\u00f3 a la oficina de su jefe para pedirle la tarde libre. Tercio se la concedi\u00f3 sin mirarlo siquiera: estaba ocupado en otros asuntos.<\/p>\n<p>Antes de salir de la oficina fue al ba\u00f1o, se meti\u00f3 en un cub\u00edculo y cerr\u00f3 la puerta tras de s\u00ed. Con manos temblorosas sac\u00f3 la cartera y cont\u00f3 los billetes. Hab\u00eda cinco mil euros, una verdadera fortuna para \u00e9l, comparada con su exiguo sueldo de funcionario policial. Hab\u00eda otras cosas, tarjetas de cr\u00e9dito y carnets. Todos los cort\u00f3 con su navaja y se deshizo de los pedazos ech\u00e1ndolos al inodoro y bajando la v\u00e1lvula. Luego sac\u00f3 el reloj y lo estuvo detallando un buen rato. Era hermoso. Se lo coloc\u00f3 en la mu\u00f1eca y le pareci\u00f3 que luc\u00eda soberbio. Sin embargo no se hac\u00eda ilusiones: sab\u00eda que lo m\u00e1s probable es que tuviera que deshacerse de \u00e9l. Conoc\u00eda alguien que podr\u00eda ayudarlo a hacerlo y de esa manera obtener un beneficio adicional. Lo que m\u00e1s le llamaba la atenci\u00f3n era que en el interior de la esfera hab\u00eda una estrella en relieve. Eso lo hac\u00eda m\u00e1s original, quiz\u00e1s \u00fanico. Con suerte ser\u00eda un reloj de colecci\u00f3n, sab\u00eda que en subastas en Estados Unidos u otros pa\u00edses pagaban hasta millones por objetos raros o curiosos.<\/p>\n<p>Marcano decidi\u00f3 comerse un perro caliente en la esquina del cuerpo policial. Salud\u00f3 al perrero, Juancito Guarinei, a quien conoc\u00eda desde hac\u00eda a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014Entonces, Juancito. \u00bfC\u00f3mo est\u00e1 la vaina?<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed var\u00f3n, en la lucha por la locha. \u00bfC\u00f3mo lo quieres?<\/p>\n<p>\u2014Chamo, sabes que me gusta con todo menos papitas.<\/p>\n<p>\u2014A veces no hay tiempo para nada.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima frase se le qued\u00f3 colgada al detective Marcano en el cerebro mientras masticaba la salchicha, pero en ese instante no supo de qu\u00e9 se trataba, aparentemente no ten\u00eda nada que ver con nada. Luego entender\u00eda, pero entonces no era el momento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de almorzar se encamin\u00f3 hacia la estaci\u00f3n del Metro m\u00e1s cercana. Era de locos manejar hasta el centro. Se baj\u00f3 en la estaci\u00f3n Capitolio. A dos cuadras estaba el edificio La Francia. Camin\u00f3 rodeando la sede de la Asamblea Nacional. Hab\u00eda una manifestaci\u00f3n en la puerta, gente con pancartas gritaba consignas pol\u00edticas. En las aceras, buhoneros exhib\u00edan sus mercanc\u00edas junto a vendedores de libros, relojeros ambulantes, expendedores de jugo de naranja y de raspados de hielo.<\/p>\n<p>\u00abCompro oro roto, cambio d\u00f3lares, euros\u00bb, susurraban individuos de aspecto inquietante que vest\u00edan monos Adidas, llevaban zapatos Nike, gorras de los Yankees de NY y cargaban pesadas cadenas doradas y\/o plateadas. Ejerc\u00edan su trabajo frente a los impasibles guardias nacionales que custodiaban el parlamento, aunque era una actividad ilegal.<\/p>\n<p>Una galer\u00eda llena de joyer\u00edas y tiendas de souvenirs era el umbral del mercado negro de las divisas. Debi\u00f3 ser porque en tiempos inmemoriales, cuando ven\u00edan turistas a Venezuela, los llevaban a conocer la parte hist\u00f3rica y a comprar oro cochano. Entonces la zona qued\u00f3 marcada como de compraventa de divisas.<\/p>\n<p>Marcano caminaba morosamente en busca de Coronado o alg\u00fan otro cambista pero no consigui\u00f3 a ninguno conocido. Prefer\u00eda cambiar con alguien de confianza porque hasta esa actividad pod\u00eda ser peligrosa: conoc\u00eda a m\u00e1s de uno que hab\u00edan atracado despu\u00e9s de cambiar unos d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Pens\u00e1ndolo mejor, prefiri\u00f3 dejar el cambio para otra ocasi\u00f3n y decidi\u00f3 concentrarse en el reloj. Estaba seguro de que ser\u00eda un trabajo para el viejo Horowitz, si es que a\u00fan viv\u00eda.<\/p>\n<p>Supo que hab\u00eda llegado cuando escuch\u00f3 un apocal\u00edptico \u00ab\u00a1Lleve&#8217;l callicida! Lo mejor contra callos, cadillos, verrugas, for\u00fanculos, golondrinos, papilomas\u00bb, que entonaba como una letan\u00eda un ciego que parec\u00eda inmortal y que para vender su producto -unos frasquitos que conten\u00edan un misterioso l\u00edquido rosado-, se apostaba en Las Monjas, la esquina suroeste de la Plaza Bol\u00edvar, al lado de la entrada al edificio La Francia, tradicional emporio de los joyeros, legales y no tanto, de la ciudad.<\/p>\n<p>En la planta baja, y al final de un pasillo mal iluminado, estaba desde los tiempos de Mois\u00e9s el taller de Horowitz. Era un hueco h\u00famedo, infecto y maloliente. Pero estaba totalmente enrejado pues all\u00ed, a pesar de lo feo del sitio, se manejaban millones. Un aviso de una marca de relojes que ya no exist\u00eda, otrora luminoso hoy empolvado y lleno de telara\u00f1as, recib\u00eda al visitante e informaba que el nombre del local era Taller Horowitz.<\/p>\n<p>Horowitz estaba viejo, como siempre. La barba era una mara\u00f1a de pelos grises y un casquete de tela adornaba su cabeza. Era un hombre corpulento pero eso s\u00f3lo se sab\u00eda cuando se levantaba para atender a alg\u00fan cliente. Del resto, se la pasaba sentado tras su mesa de trabajo. Era el due\u00f1o y \u00fanico empleado. Marcano lo conoc\u00eda porque varias veces le hab\u00eda ayudado. \u00c9l compraba relojes de marca, aunque fueran de dudosa procedencia. El polic\u00eda lo sab\u00eda y lo dejaba hacer. A cambio, lo ayudaba con informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Era un hombre hosco y de car\u00e1cter desagradable que siempre vest\u00eda de negro, ol\u00eda a alfombra mojada y no se quitaba la chaqueta ni para trabajar. Pero era un verdadero especialista en relojes y sab\u00eda tambi\u00e9n de joyer\u00eda. En la ciudad nadie m\u00e1s pod\u00eda ayudarlo.<\/p>\n<p>Cuando toc\u00f3 el timbre ni siquiera levant\u00f3 la cabeza de su trabajo. S\u00f3lo lo hizo cuando mencion\u00f3 su nombre. Entonces lo mir\u00f3, emiti\u00f3 una especie de gru\u00f1ido, que significaba \u00abah, es usted\u00bb, y se levant\u00f3 con movimientos lentos. Abri\u00f3 la reja y desocup\u00f3 una silla que hab\u00eda cerca de su mesa de trabajo, donde dormitaba un gato gordo y gris, del mismo color de la rab\u00ednica barba de Horowitz y seguramente tan viejo como \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 lo trae esta vez por aqu\u00ed, sinior? Le advierto que estoy sumamente ocupado.<\/p>\n<p>\u2014Curiosidad, Horowitz. Tengo algo que le puede interesar. V\u00e9alo usted mismo.<\/p>\n<p>Sac\u00f3 el reloj de su bolsillo y lo puso en su mano derecha. Apenas lo vio tuvo una reacci\u00f3n inesperada: empez\u00f3 a abrir la boca como si le faltara el aire, a respirar con rapidez y le pareci\u00f3 que palidec\u00eda por instantes. De pronto solt\u00f3 una lenguarada en otro idioma, probablemente en yidish.<\/p>\n<p>Cuando se hubo repuesto pregunt\u00f3 \u00e1vidamente de d\u00f3nde hab\u00eda sacado el reloj. Como sab\u00eda que esa pregunta era inevitable, Marcano ten\u00eda preparada la respuesta, la cual no se alejaba mucho de la realidad:<\/p>\n<p>\u2014S\u00f3lo puedo decirle que su \u00faltimo due\u00f1o fue un italiano. No puedo decirle m\u00e1s nada. Recuerde nuestro trato.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, es verdad. A ninguno de nosotros nos conviene saber mucho del otro. Pero este reloj es muy especial. \u00bfDe d\u00f3nde lo sac\u00f3?<\/p>\n<p>\u2014Por eso se lo traigo. Usted puede ayudarme a evaluarlo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTasarlo quiere? Muy dif\u00edcil. Este reloj es m\u00e1s peligroso que valioso.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, se lo traje porque tiene una estrella de David. Pienso que debe tener alg\u00fan significado para ustedes.<\/p>\n<p>\u2014No, no. Estrella de David tiene seis puntas. Esta tiene cinco, es un pent\u00e1culo. S\u00edmbolo del demonio.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo dice?<\/p>\n<p>Por respuesta se levant\u00f3 y fue a un rinc\u00f3n de su antro. Sobre unos archivadores met\u00e1licos, ya oxidados, hab\u00eda unos gruesos vol\u00famenes empastados. Sac\u00f3 uno y lo deposit\u00f3 sobre una mesa, levantando una nube de polvo. Lo consult\u00f3 con ayuda de una lupa grande. Hoje\u00f3 con cuidado las p\u00e1ginas, ensalivando los dedos. Por fin hall\u00f3 lo que buscaba.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Este es! \u2014dijo al tiempo que le mostraba su hallazgo.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 lo que le mostraba. Era un cat\u00e1logo de relojes viejos. Estaba, en efecto, el suyo. Aunque era el mismo modelo, ten\u00eda variantes, comenzando porque en la esfera no hab\u00eda estrella. La foto ten\u00eda una leyenda explicativa, tal vez en alem\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014Un reloj muy raro \u2014dijo\u2014. Fabricado en Rumania antes de la guerra.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, Horowitz, eso lo pod\u00eda haber descubierto yo mismo en internet sin levantar tanto polvo.<\/p>\n<p>Horowitz se hizo el ofendido y cerr\u00f3 el libro de un manotazo. Otra nube de polvo hizo estornudar a Marcano.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 quiere usted de m\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014S\u00f3lo quiero saber cu\u00e1nto vale y si me puede ayudar a colocarlo en el mercado. S\u00e9 que hay coleccionistas dispuestos a pagar mucho dinero por \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 porcentaje?<\/p>\n<p>\u201480 y 20.<\/p>\n<p>\u2014\u00bf80 pa m\u00ed? \u2014fue la primera vez que Marcano lo vio sonre\u00edr.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1 loco? Le puedo dar 30. Me cost\u00f3 mucho conseguirlo.<\/p>\n<p>\u2014No lo dudo \u2014dijo con cierta iron\u00eda\u2014. Es muy dif\u00edcil mercado coleccionistas. Debo pagar comisi\u00f3n agente Nueva York.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo puede venderlo usted directamente?<\/p>\n<p>\u2014Usted sabe que no.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien, le ofrezco 40. Es mi \u00faltima palabra.<\/p>\n<p>\u201448 o nada.<\/p>\n<p>\u201443.<\/p>\n<p>\u201445.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Co\u00f1o, Horowitz! \u00a1No me gusta regatear!<\/p>\n<p>\u2014Salga y ll\u00e9veselo.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien. 45. Acepto. Me doy por vencido con usted.<\/p>\n<p>\u2014Mire, estamos comenzando casa por techo \u2014dijo\u2014. D\u00e9jeme verlo con calma para tener una idea m\u00e1s completa.<\/p>\n<p>Le volvi\u00f3 a dar el reloj, se acomod\u00f3 el mon\u00f3culo para ver de cerca y aproxim\u00f3 la l\u00e1mpara.<\/p>\n<p>\u2014Hum. Cronex, s\u00ed \u2014musitaba mientras daba vuelta al reloj con sus dedos y con movimientos certeros sacaba la correa\u2014. De antes de la guerra. Reloj de cuerda. Mecanismo suizo, 17 rub\u00edes \u2014dijo haciendo saltar con habilidad la tapa posterior.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo dice? \u2014pregunt\u00f3 Marcano, que casi no lo escuchaba.<\/p>\n<p>\u2014Relojes anal\u00f3gicos, o mec\u00e1nicos, funcionan con 17 rub\u00edes.<\/p>\n<p>\u2014No lo sab\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Claro, usted s\u00f3lo conoce relojes digitales \u00abMade in China\u00bb, baratones. Relojes como este hoy en d\u00eda ya casi no se fabrican. Rub\u00edes permiten movimiento de los componentes. Resisten la fricci\u00f3n. Es una de las cuatro gemas principales junto con el diamante, el zafiro, la esmeralda. Raros y caros. Hay en Ceil\u00e1n \u2014hoy Sri Lanka\u2014, Birmania, La India.<\/p>\n<p>\u2014Entonces, \u00bflos rub\u00edes son valiosos?<\/p>\n<p>\u2014Eso depende de si son naturales o artificiales. A partir de 1923, m\u00e1s o menos, se empezaron a fabricar artificiales. El reloj no tiene fecha pero calculo que es de la d\u00e9cada del 20 o 30. En todo caso, de antes de la guerra. Habr\u00eda que chequear el serial.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si son naturales? \u00bfCu\u00e1nto pueden valer?<\/p>\n<p>\u2014Si son naturales depende de la clase. Hay varias durezas, diversas tonalidades. La m\u00e1s cara se llama sangre de unicornio. Es un rojo oscuro, casi negro, parecido al granate, carbunclo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSi fueran naturales podr\u00edan valer m\u00e1s que el reloj?<\/p>\n<p>\u2014Puede ser. A menos que haya un comprador que est\u00e9 dispuesto a pagar un precio muy alto por esta pieza.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n querr\u00eda y podr\u00eda pagar un precio tan alto?<\/p>\n<p>\u2014Obvio: un miembro poderoso de una secta sat\u00e1nica.<\/p>\n<p>Lo dijo sin re\u00edrse y Marcano no le crey\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Usted y sus sectas.<\/p>\n<p>\u2014Hablo en serio \u2014respondi\u00f3 en tono ofendido\u2014. Hay m\u00e1s de las que usted cree. Hasta en Israel tenemos. Hace poco desmantelaron una. Celebraban el cumplea\u00f1os de Hitler.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, el mundo est\u00e1 lleno de locos. Me interesa saber el valor de los rub\u00edes. Creo que ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil hallar un comprador de gemas que un millonario diab\u00f3lico.<\/p>\n<p>\u2014Como usted quiera. Pero para avaluar las joyas tiene que dejarme reloj. No es mi ramo. Debo mostr\u00e1rselo a un colega.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDejarle el reloj? Usted debe estar mal de la cabeza \u2014dijo Marcano haciendo adem\u00e1n de marcharse.<\/p>\n<p>\u2014Bueno pi\u00e9nselo si quiere. No tiene muchas opciones.<\/p>\n<p>Cuando se alejaba por el pasillo del edificio hacia la salida escuch\u00f3 a sus espaldas el sonido de una reja al cerrarse.<\/p>\n<p>Contrariado, Marcano se encamin\u00f3 de nuevo al Metro y se dirigi\u00f3 hacia el cuartel policial donde ten\u00eda su carro estacionado. Lo sac\u00f3 y se dirigi\u00f3 a La Candelaria en busca de un bar. Ten\u00eda que hacer tiempo hasta la noche. Por suerte se encontr\u00f3 unos amigos y entraron a la tasca Visca el Bar\u00e7a donde jugaron unas partidas de domin\u00f3 sin apostar plata porque era fin de mes y nadie hab\u00eda cobrado. Marcano disfrutaba la sensaci\u00f3n de tener los bolsillos repletos de dinero sin que nadie sino \u00e9l lo supiera. Ya habr\u00eda tiempo de celebrar. De todos modos se tom\u00f3 unos whiskys y le pidi\u00f3 a Manolo que los anotara en su cuenta. Necesitaba entonarse pues le tocaba una tarea desagradable. Mientras beb\u00eda, admiraba el reluciente reloj en su mu\u00f1eca.<\/p>\n<p>Hacia las nueve de la noche sali\u00f3 de la tasca, se mont\u00f3 en su carro y se dirigi\u00f3 hacia San Agust\u00edn del Sur. Ten\u00eda que deshacerse de ese cuerpo, quisiera o no. Era demasiado comprometedor dejarlo all\u00ed. Mientras manejaba pensaba que ojal\u00e1 nadie lo hubiera descubierto, aunque estaba casi seguro de que eso no hab\u00eda ocurrido pues el callej\u00f3n entre ambos galpones \u2013que estaban abandonados\u2013 parec\u00eda ser un sitio bastante solitario.<\/p>\n<p>Estacion\u00f3 en retroceso para facilitar el trabajo. La idea era sacar el cad\u00e1ver del contenedor y arrastrarlo hacia la maleta del carro. Hab\u00eda un farol que emit\u00eda una luz discreta pero molesta. Marcano lo apag\u00f3 de un tiro. Ahora s\u00ed, la oscuridad era m\u00e1s conveniente a sus prop\u00f3sitos. Empero, la penumbra no era absoluta pues una luna llena brillaba en el cielo.<\/p>\n<p>Camin\u00f3 con cuidado, la pistola empu\u00f1ada y peg\u00e1ndose a los muros. Finalmente lleg\u00f3 al grupo de contenedores. No se acordaba en cu\u00e1l hab\u00eda echado el cad\u00e1ver. Eran tres. Abri\u00f3 el primero. S\u00f3lo basura. Abri\u00f3 el segundo. Una rata brinc\u00f3 asustada. Abri\u00f3 el tercero. Vac\u00edo.<\/p>\n<p>\u2014A veces no hay tiempo para nada.<\/p>\n<p>La voz a sus espaldas le result\u00f3 conocida. Sinti\u00f3 que la sangre se congelaba en sus venas. Volte\u00f3. Vio una figura encapuchada, recortada a la luz de la luna. La figura lo apuntaba con un arma. Los fogonazos iluminaron los rugosos muros, cubiertos de grafitis. Las detonaciones no asustaron a nadie. En el barrio estaban acostumbrados a ellas. Un brillante reloj cambi\u00f3 de mu\u00f1eca en la noche.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>El peligro amarillo<\/h3>\n<p>Las primeras dos noches del inspector Tr\u00f3mpiz en el nuevo apartamento adonde se hab\u00eda mudado con su esposa fueron totalmente placenteras. Durmi\u00f3 como un tronco y eso era lo que hab\u00eda deseado desde hac\u00eda mucho tiempo. Hab\u00edan escogido ese vecindario, alejado del centro de la ciudad, precisamente por su fama de tranquilo. S\u00f3lo de vez en cuando sonaba la lejana alarma de un carro pero ya estaban demasiado acostumbrados a ese ruido. Lo mejor era dormirse con el anest\u00e9sico sonido de los grillos, que Tr\u00f3mpiz no escuchaba desde su infancia en el campo.<\/p>\n<p>La tercera noche, sin embargo, el inspector despert\u00f3 sobresaltado. Escuchaba un ruido pero no lograba identificarlo. Prest\u00f3 atenci\u00f3n. Era\u2026 no, no pod\u00eda ser, parec\u00edan cantos de p\u00e1jaros, un verdadero griter\u00edo canoro. Mir\u00f3 el reloj: eran las tres y veinte de la madrugada. Quiso despertar a su esposa, pero dorm\u00eda profundamente. Entonces el ruido, que ya era lejano, se fue apagando hasta cesar. Tr\u00f3mpiz se dio media vuelta y se volvi\u00f3 a dormir.<\/p>\n<p>La cuarta noche volvi\u00f3 a despertarse con el ruido de los p\u00e1jaros, muchos p\u00e1jaros. Pero lo sent\u00eda tan lejano que por un momento pens\u00f3 que estaba en el interior de su cabeza. Mir\u00f3 el reloj: 2:45 am. Su esposa dorm\u00eda a plenitud. Tr\u00f3mpiz se aquiet\u00f3, trat\u00f3 de respirar conscientemente para recuperar la calma pero el ruido parec\u00eda arreciar. \u00ab\u00bfSer\u00e1 una alucinaci\u00f3n auditiva?\u00bb, pens\u00f3. Nervioso, sali\u00f3 al balc\u00f3n a fumar un cigarrillo. La noche estaba tranquila. Pocos carros pasaban por la calle. Nadie caminaba por la acera. Era un barrio definitivamente tranquilo. Y los cantos hab\u00edan cesado tan misteriosamente como hab\u00edan empezado a7 sonar.<\/p>\n<p>La quinta noche Tr\u00f3mpiz despert\u00f3 de madrugada con dos certezas: estaba oyendo claramente a los p\u00e1jaros y le parec\u00eda que los cantos ven\u00edan del interior del edificio, de apenas seis pisos, donde estaba su apartamento. Decidido a aclarar el misterio de una vez por todas, cogi\u00f3 su arma de debajo de la almohada, se levant\u00f3 sigilosamente sin despertar a su mujer, se calz\u00f3 unas zapatillas de goma y extrajo del closet una linterna. Sin hacer ruido, sali\u00f3 del apartamento al pasillo iluminado y comenz\u00f3 a bajar las escaleras (no hab\u00eda ascensor: era un edificio viejo). Se guiaba m\u00e1s que nada por su instinto y por la direcci\u00f3n de la que parec\u00eda venir el ruido: abajo, siempre m\u00e1s abajo.<\/p>\n<p>Finalmente lleg\u00f3 hasta la planta baja. All\u00ed, una peque\u00f1a puerta de madera daba al hueco de la escalera, que a la vez era el cuarto de servicio. Tr\u00f3mpiz entr\u00f3 y encendi\u00f3 la luz. Una cucaracha huy\u00f3 corriendo por la pared. All\u00ed estaba el final del ducto met\u00e1lico por donde ca\u00eda la basura al pipote. Hab\u00eda unos enseres de limpieza, cajas de cart\u00f3n, un mont\u00f3n de peri\u00f3dicos viejos y sobre ellos botellas vac\u00edas. Pero el ruido le parec\u00eda cada vez m\u00e1s claro y n\u00edtido. Se acerc\u00f3 al pipote de basura. Dirigi\u00f3 la luz al interior: s\u00f3lo basura maloliente. Torci\u00f3 el cuerpo para mirar hacia arriba por el interior del bajante. Hasta donde alcanzaba la luz, nada. Entonces mir\u00f3 la base del pipote. Debajo de \u00e9ste se ve\u00eda un \u00e1ngulo met\u00e1lico. Tr\u00f3mpiz movi\u00f3 el pipote. Hab\u00eda una trampilla cuadrada. Y el ruido segu\u00eda.<\/p>\n<p>La trampilla no ten\u00eda asa sino un hueco. El inspector meti\u00f3 el dedo \u00edndice y la levant\u00f3. Ilumin\u00f3 con la linterna y vio un t\u00fanel que descend\u00eda hacia la oscuridad. Una escalera de tubos met\u00e1licos empotrados en la pared permit\u00eda descender. El ruido ces\u00f3 de pronto pero ya Tr\u00f3mpiz estaba decidido a investigar. Amartill\u00f3 la pistola y sujetando la linterna con la boca empez\u00f3 a bajar. El hueco era profundo. \u00bfDiez metros, veinte tal vez? No estaba seguro, pues hizo el trayecto en casi completa oscuridad ya que no pod\u00eda descender sujetando en una mano los tubos y en la otra la pistola y adem\u00e1s mirando hacia abajo. Finalmente toc\u00f3 piso. Intu\u00eda un recinto grande, una habitaci\u00f3n o nave. Barri\u00f3 con la luz de la linterna. La claridad apenas bastaba para distinguir los contornos de los muebles. Parec\u00eda haber un gran desorden. Tr\u00f3mpiz avanz\u00f3 uno, dos, tres pasos. Tropez\u00f3 con algo blando tendido en el suelo. Alumbr\u00f3. Era un cuerpo humano, mondo, en el hueso. Vio la sonrisa de la calavera antes de voltear desesperado a buscar el interruptor de la luz. Milagrosamente lo encontr\u00f3. Cuando la bombilla se encendi\u00f3, a\u00fan tuvo tiempo de ver lo que se le ven\u00eda encima: una mort\u00edfera nube de plumas amarillas, picos dentados y alas con garras. Y entonces su cerebro record\u00f3, como en un flash, haber le\u00eddo algo sobre unos extra\u00f1os canarios carn\u00edvoros de Sumatra.<\/p>\n<p>En eso se cerr\u00f3 la trampilla con un golpe seco. Los tiros no se oyeron afuera, los gritos se apagaron lentamente en la noche y la tranquilidad volvi\u00f3 a la noche vecinal.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eloi-yague\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>17 rub\u00edes por siempre El comisario Marcano manejaba su viejo Fiat Uno por la autopista Francisco Fajardo, la gran v\u00eda que corre de este a oeste por el centro del valle de Caracas, separados ambos sentidos por el cauce del r\u00edo Guaire. En cierto punto del recorrido siempre se forman trancas en las dos direcciones. 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