{"id":4395,"date":"2022-05-09T12:59:59","date_gmt":"2022-05-09T12:59:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4395"},"modified":"2023-11-24T18:31:05","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:05","slug":"tres-cuentos-de-arnoldo-rosas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tres-cuentos-de-arnoldo-rosas\/","title":{"rendered":"Tres cuentos de Arnoldo Rosas"},"content":{"rendered":"<h3>Tardes de lluvia<\/h3>\n<p>Eran las tardes de lluvia en el caser\u00f3n de la esquina. Embebidos en la atm\u00f3sfera de misterio, creada por las sombras, por el viento y el repiquetear continuo del agua, permanec\u00edamos tranquilos, encerrados en el cuarto de las cosas viejas. Olvid\u00e1bamos los juegos de disfraces, de tesoros escondidos, el correteo entre las matas del patio, dej\u00e1bamos de registrar el escaparate de puertas desencajadas que pap\u00e1 promet\u00eda reparar cada s\u00e1bado, de tratar de romper el candado herrumbroso de tiempo que manten\u00eda inexplorado el ba\u00fal del abuelo, de observarnos en la telara\u00f1a del espejo, y nos sent\u00e1bamos en la cama de hierro a sentir al diablo deambular por la humedad de la casa, en los silencios, entre los truenos; a la muerte en los quejidos de las maderas antiguas del techo, de las puertas. Permanecer callados, vi\u00e9ndonos, sinti\u00e9ndonos juntos y sin deseos de hablar para no demostrar cobard\u00eda, pensando que all\u00ed, en el cuarto de los peroles, ser\u00edamos intocables.<\/p>\n<p>En esas tardes de lluvia, impregnadas de soledad, de pronto, romp\u00edas el silencio: Casi nunca sue\u00f1o, es m\u00e1s, s\u00f3lo me ocurri\u00f3 una vez; tuve una pesadilla. Fue antes de venir a vivir aqu\u00ed. Cuando no nos conoc\u00edamos. A\u00fan pap\u00e1 estaba vivo y yo era muy peque\u00f1o. Nuestra casa era como este cuarto; oscura, llena de cosas viejas y rotas. Todos dorm\u00edamos juntos: pap\u00e1 y mam\u00e1 en la cama, yo en un chinchorro. Y una noche so\u00f1\u00e9. Jugaba en el corredor de una casa que no era la m\u00eda. En un piso de baldosas rojas al pie de un pilar. Jugaba con mu\u00f1ecas y en mi casa no hab\u00eda mu\u00f1ecas. Estaba concentrado en el juego y no lo sent\u00ed cuando lleg\u00f3. No en el sue\u00f1o, pero s\u00ed desde afuera del sue\u00f1o, desde el chinchorro. Fue creciendo desde la lejan\u00eda, de una reja negra que tampoco era de mi casa. Un punto gris avanzando hacia m\u00ed sigiloso, y yo con las mu\u00f1ecas, vi\u00e9ndome y viendo al gato sin poder gritar para avisarme. Ya cerca, el gato corri\u00f3 y entonces pude gritar, pero ya era tarde; el gato me hab\u00eda arrancado una oreja y corr\u00eda con la boca ensangrentada. Pap\u00e1 estaba conmigo: No llores, tranquilo, s\u00f3lo fue un sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Pap\u00e1 muri\u00f3 a los pocos meses. Un tiro. A\u00fan nadie sabe qui\u00e9n ni por qu\u00e9. Lo trajeron cuatro tipos: llov\u00eda y estaban empapados; llenaron la casa de agua. Mam\u00e1 me abrazaba llorando y gritando.<\/p>\n<p>Y nos vinimos. Mam\u00e1 se deshizo de las cosas, de algunas, a\u00fan quedaban la cama y la cocina de queros\u00e9n. Cogi\u00f3 un malet\u00edn y me arrastr\u00f3 con ella hacia el puerto. Un ferry gris estaba en el muelle; entramos y nos sentamos en unos bancos apolillados, con manchas grasientas. Deb\u00ed quedarme dormido, no recuerdo nada, s\u00f3lo a un tipo tirado sobre un v\u00f3mito, en el piso, al que tuvimos que saltar.<\/p>\n<p>Al llegar a esta casa me qued\u00e9 paralizado. Tu mam\u00e1 se abrazaba a la m\u00eda, lloraban, hablaban y se re\u00edan; agarraban el malet\u00edn, lo dejaban en el piso, se sentaban y se volv\u00edan a parar. Y yo aterrado, vi\u00e9ndote jugar al pie del pilar, sobre las losas rojas; viendo el corredor y la reja negra al fondo. Sent\u00ed que en alg\u00fan momento aparecer\u00eda el gato.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En las tardes, la casa era toda para nosotros, pero s\u00f3lo en el cuarto permanec\u00edamos. Incluso cuando ya los juegos no eran parte de nuestro ritual cotidiano, cuando el mundo tomaba nuevo significado, cuando el ba\u00fal del abuelo dej\u00f3 de ser de inter\u00e9s y s\u00f3lo serv\u00eda para esconder las cajas de cigarro que mam\u00e1 no deb\u00eda descubrir, cuando comenzamos a bebernos el whisky de pap\u00e1 y a pensar en que tal muchacha est\u00e1 buena y tal otra es una sinverg\u00fcenza, entonces dej\u00f3 por completo de ser el cuarto de los peroles, para definitivamente convertirse en el de las confidencias.<\/p>\n<p>Un d\u00eda te miraste fraccionado en el espejo. Prendiste un cigarro, sacaste la botella de whisky y comenzaste a hablar: El destino existe; debe haber una especie de libro donde todos nuestros actos est\u00e9n de antemano escritos, si no, no hay manera de entender esta serie de azares que es la vida. Para que una cosa ocurra, millares de otras tienen que haber sucedido. Estamos aqu\u00ed conversando y para ello nuestras madres tuvieron que ser hermanas; casarse con quienes se casaron y no con otro; parirnos; morir pap\u00e1 y tantas cosas que ni siquiera se me ocurren.<\/p>\n<p>Yo tuve una visi\u00f3n, un fragmento de mi destino, y all\u00ed, junto al corredor de esta casa y a la muerte de pap\u00e1 por alguien tan misterioso como un gato, estaban las mu\u00f1ecas. Ellas han sido los fantasmas de mis \u00faltimos a\u00f1os, por ese extra\u00f1o juego he rehuido mi imagen en los cristales, he descuidado mi apariencia, he temido sorprenderme contemplando a los compa\u00f1eros de clase&#8230; Pero ya estoy tranquilo, por eso invito al brindis, a un cigarro, y puedo verme sin miedo en el espejo.<\/p>\n<p>Esta ma\u00f1ana, al salir del liceo, me fui con una amiga a su casa. Estuvimos solos&#8230; Hay cosas que no se deben contar ni al mejor amigo, pero puedo decirte que no hay nada mejor que la c\u00e1lida humedad de una mujer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Y t\u00fa dir\u00e1s que despu\u00e9s de tanto tiempo, de tanta lejan\u00eda y tantas lluvias, nos hemos reencontrado y no s\u00e9 hablar de otra cosa que del cuarto h\u00famedo y oscuro del caser\u00f3n de la esquina; de recordar a otros nosotros, a otros t\u00fa y yo; a relacionar las orejas con mu\u00f1ecas y el pasillo rojo del sue\u00f1o y del pasado. Pero es que este bar tiene la humedad de aquellas tardes de lluvia en el cuarto de los peroles, el murmullo de voces como chorros incesantes de agua; aqu\u00ed realmente ronda el diablo y la muerte en cada mesa, en la oscuridad, en los bolsillos. Y, adem\u00e1s, despu\u00e9s de tanto tiempo, he sentido la necesidad imperiosa de encontrarnos, de volver a aquel cuarto a sentarnos en el ba\u00fal del abuelo, de fumarnos un cigarro a escondidas, y ser yo, por primera vez, quien rompa el silencio.<\/p>\n<p>La muerte de pap\u00e1 no fue ninguna sorpresa. La estuvimos esperando por varios meses. Hubo momentos en que parec\u00eda vencer y recuperarse, pero al instante reca\u00eda, y empeoraba. Los m\u00e9dicos no nos daban esperanzas y \u00e9l lo sab\u00eda. Una tarde, oscura como aquellas de lluvia en el pasado, nos quedamos solos en el cuarto del hospital. Levant\u00f3 la mano y me llam\u00f3: Hay cosas que deben contarse aun sabiendo el mal que har\u00e1n, me dijo suavemente con los ojos cerrados. Hace tiempo viv\u00edan con nosotros tu t\u00eda y su esposo. Las cosas entre tu madre y yo no iban bien. El ambiente era tenso y por esa raz\u00f3n, al parecer, ellos decidieron irse. Quedamos en la casa solos, entonces t\u00fa mam\u00e1 descubri\u00f3 que estaba en estado. Se lo reclam\u00e9&#8230; S\u00f3lo me quedaba la venganza.<\/p>\n<p>No creo, hermano, que valga la pena seguir la historia. Debes haber entendido. El gato de tu sue\u00f1o ya muri\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4519\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/Arnoldo_Rojas-Sembre_los_muertos-400-200x300.jpg\" alt=\"\" width=\"402\" height=\"603\" \/><\/p>\n<h3>Fuerte olor a naftalina<\/h3>\n<p>Guardo estas cosas para ayudar a la memoria. Con los a\u00f1os uno se va llenando de olvidos y es mejor encuadernar los recuerdos, aunque se impregnen de un fuerte olor a naftalina.<\/p>\n<p>Es abrir las p\u00e1ginas y ver, entre los versos y dibujos, las caras de gente que fue y ya no es, en lugares tan inexistentes como ellos. El patio de la fuente con las muchachas sentadas en el c\u00e9sped: Elisa, Belinda, Carmen&#8230; El malec\u00f3n del puerto. Los uveros. La sirena esculpida en bronce. Margarita observando los botes&#8230;<\/p>\n<p>O, tal vez, sea la flor conservada entre las hojas; y, en ella, entre los p\u00e9talos, en el ovario, el recuerdo ineludible de Carlos. Y es que, a veces, las cosas se vinculan, sin separaci\u00f3n posible, a las personas. Mira, \u00e9sta es su foto:<\/p>\n<p>\u00abA la muy distinguida se\u00f1orita Asunci\u00f3n Torrealba, para que conserve, de alg\u00fan modo, una parte de m\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Luego resulta que esa parte de \u00e9l que conservo, no se expresa en la imagen est\u00e1tica, sino en un movimiento continuo, desbordado, de la memoria: Carlos tom\u00e1ndome de la mano en el sof\u00e1 de la sala. Carlos vestido de negro, entrando en la iglesia, mir\u00e1ndome con cari\u00f1o, diciendo que s\u00ed, que me acepta por esposa, en lo bueno y en lo malo. Carlos amoroso en la oscuridad de la primera noche&#8230; Carlos trabajando en el negocio, compartiendo luchas con los pescadores, con los campesinos. Carlos enfrentado al Jefe Civil&#8230; Carlos furioso, leyendo el peri\u00f3dico, tir\u00e1ndolo al piso, gritando groser\u00edas, asegurando que las cosas no se pueden quedar as\u00ed. Carlos saliendo de la casa para no regresar, y el regreso en la p\u00e1gina siguiente: \u00abEs nuestro penoso deber participarle&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Y, cuando ya el dolor es insoportable, se borran los recuerdos, con otros nuevos, en otra parte del cuaderno. Tu mam\u00e1 y yo bajo el almendr\u00f3n de la casa. Tus padres caminando por la playa. Tu mam\u00e1 embarazada, regando las cayenas&#8230;<\/p>\n<p>Aqu\u00ed est\u00e1s t\u00fa: \u00abPara t\u00eda, como recuerdo de mis ocho a\u00f1os\u00bb. Ya ten\u00edas la letra bonita. La mirada firme y seria de ahora, como si siempre hubieras estado preparado para enfrentarte con la vida, dispuesto a vencer al sufrimiento. Lo has hecho: Tu madre, su tuberculosis. Tu pap\u00e1 triste, sin \u00e1nimos&#8230; Tantas esquelas llenando mi memoria&#8230; T\u00fa, conmigo, en la puerta de la casa, compartiendo soledades, mirando la calle vac\u00eda. T\u00fa, convertido en el hijo que hubiera querido tener con Carlos: Habr\u00edas sido su orgullo; sus mismos gustos, sus mismas inquietudes. T\u00fa, saliendo del liceo para casa de amigos. T\u00fa, l\u00edder dando una arenga entre neum\u00e1ticos quemados y polic\u00edas con peinillas. T\u00fa, luchando por una sociedad ideal e imposible. T\u00fa, escondido por d\u00edas&#8230; T\u00fa, explic\u00e1ndome que tienes que irte&#8230;<\/p>\n<p>Te vas. Me dejas sola, como Carlos, para cumplir un deber que nadie te ha exigido. Toma, ll\u00e9vate mis recuerdos. Si no regresas, prefiero no tener ninguno. Que a mi memoria, ya sin naftalina, se la coman los insectos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-4396\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/51irDQseWLL-196x300.jpg\" alt=\"\" width=\"359\" height=\"549\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/51irDQseWLL-196x300.jpg 196w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/51irDQseWLL.jpg 326w\" sizes=\"(max-width: 359px) 100vw, 359px\" \/><\/p>\n<h3>Heracles<\/h3>\n<p><em>A Jos\u00e9 Manuel Pel\u00e1ez<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Mira qu\u00e9 casualidad, Perucho Bravo! Antojarte de pedirme raz\u00f3n de Heracles, justo cuando anoche me estaba acordando de la \u00faltima vez que lo vi, hace a\u00f1os; y dime si no es oportuno, con lo importante que es para m\u00ed echarte finalmente ese cuento.\u00a0 Aunque no lo creas, involucra el honor de tu familia, el buen nombre de Hip\u00f3lita Salazar, tu madre. \u00a1Por este pu\u00f1ado de cruces, mi hermano querido!<\/p>\n<p>No hac\u00eda mucho que te hab\u00edas ido a estudiar a Caracas, a la universidad, como los dem\u00e1s muchachos lo hicieron a Valencia, a Maracaibo, a M\u00e9rida, a Ciudad Bol\u00edvar, a Puerto La Cruz; y yo, que siempre fui m\u00e1s tapado que un submarino, y pap\u00e1 que no ten\u00eda real para mandarme a Tierra Firme, me qued\u00e9 realengo en Porlamar, sin perro que me ladrase ni \u00e1rbol que me diera cobijo, dando m\u00e1s vueltas que semilla en boca de vieja, rebusc\u00e1ndome un trabajito para ir pasando los d\u00edas y colaborar en la casa que, t\u00fa sabes, siempre hace falta un medio para completar un real. Por las noches, caminaba hasta el muelle a observar los barcos adormecidos por las olas, y al faro de La Puntilla barriendo el cielo con su haz recurrente, o iba a pasear por la plaza Bol\u00edvar ansiando cruzarme con alg\u00fan conocido para ponernos a conversar de las carreras de caballos, de la lucha libre, del juego de pelota o de cualquier otra estulticia que se nos ocurriera; o, si no, a contemplar a las muchachas, Hijas de Mar\u00eda, saliendo con sus vestiditos blancos y sus medallas de plata de la misa en la iglesia San Nicol\u00e1s. Si ten\u00eda alg\u00fan bol\u00edvar pic\u00e1ndome en el bolsillo, me empujaba al cine Paramount a ver alguna mexicana, y si era repetida, hecho el loco, como el que no quiere la cosa, me iba despacito \u2013 tal cual hice la vez de la que te digo \u2013 por la calzada de la calle Igualdad, dici\u00e9ndole \u00abbuenas, buenas\u00bb a las familias que tomaban el fresco a la puerta de sus casas, derivando hacia el cementerio nuevo, cuando por esos rumbos no hab\u00eda nada, sino polvo, una vereda de tierra amarilla que conduc\u00eda a Conejeros, y un tremedal reseco y hediondo donde comenzaba el rancher\u00edo hosco de Ciudad Cart\u00f3n, y, por supuesto, mi norte: El Olimpo.<\/p>\n<p>\u00bfTe acuerdas? El botiqu\u00edn de Chente \u201cManeto\u201d. M\u00e1s de una vez nos refugiamos all\u00ed, eludiendo el fastidio de Ciencias de la Tierra, cuando escap\u00e1bamos al mediod\u00eda del liceo Nueva Esparta. Unas cervecitas. Un par de cigarrillos. Unas partidas de billar. Una habladera de necedades que nos alegraba el alma y nos hac\u00eda sentir invencibles.<\/p>\n<p>Tras el ocaso, el negocio era otra cuesti\u00f3n. M\u00fasica de rocola. Licor de toda clase. Mujeres cari\u00f1osas. Gente de cuanta ralea ha hecho Dios por estos mundos.<\/p>\n<p>Al llegar, El Olimpo estaba hasta la cacha.\u00a0 Creo que era viernes de quincena y, por si fuera poco, un barco de la armada norteamericana hab\u00eda atracado en esos d\u00edas, por lo que, adem\u00e1s de los habituales, varios marineros gringos \u2014blancos, negros, pelirrojos\u2014,\u00a0 del tama\u00f1o de un m\u00e1stil\u00a0 y gruesos como un port\u00f3n, se repart\u00edan por el local, bebiendo a m\u00e1s no poder, abrazando a las mujeres, bailando por las esquinas, y, de vez en vez, sacando una trompeta para interpretar \u201c<em>As time goes by<\/em>\u201d y \u201c<em>Do you know what it means to miss New Orleans<\/em>\u201d como si fueran el mism\u00edsimo Louis Armstrong.<\/p>\n<p>Estuve un rato indeciso en la puerta. Los hombres de Conejeros, Punda y Los Cocos beb\u00edan sus cervezas mirando con envidia y rabia a los gringos, celosos de que las mujeres no los tomaran en cuenta y solo tuvieran ojos para los reci\u00e9n llegados: \u00a1d\u00f3lares son d\u00f3lares, t\u00fa sabes!<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed huele a pelea\u00bb, me dije. \u00abMejor me voy\u00bb. Pero, l\u00f3gico, deso\u00ed mi consejo. Con paciencia y cuidado, evitando golpes o tropiezos, abr\u00ed trocha entre la gente, el humo y el ruido, hasta llegar a la barra de tablones de embalar, al fondo, donde Chente \u201cManeto\u201d no se daba abasto sirviendo tragos, destapando botellas, cobrando por adelantado para que los borrachos y los p\u00edcaros no se le fueran a ir con la cabuya en la pata.<\/p>\n<p>Tard\u00e9 en que me prestara atenci\u00f3n y, cuando por fin me dio la cervecita y le pagu\u00e9, me escabull\u00ed del gent\u00edo, arrincon\u00e1ndome hacia donde la rocola sonaba opaca por la algazara de los gringos y su trompeta. \u201cCabeza de hacha\u201d era la canci\u00f3n que se o\u00eda en el aparato, y no s\u00e9 por qu\u00e9 carrizo me provoc\u00f3 cambiarla y poner \u201cBacoz\u00f3\u201d. As\u00ed que dej\u00e9 la botella sobre la c\u00f3nsola y me rebusqu\u00e9 en los bolsillos a ver si consegu\u00eda un mediecito suelto para meterlo en la ranura y seleccionar mi preferencia. No termin\u00e9 de echar la moneda y una garra como de acero me templ\u00f3 el hombro y escuch\u00e9 que me tronaban en la nuca:<\/p>\n<p>\u2014Como cambies esa vaina, te despescuezo, carajito.<\/p>\n<p>Procurando calma \u2014dici\u00e9ndome para mis adentros: \u00abNo te dije que no entraras, que ol\u00eda a pelea; pero, t\u00fa, terco, bruto, te empe\u00f1aste, \u00bfy ahora?\u00bb \u2014volte\u00e9 hacia mi agresor, dispuesto a tirarle de sorpresa un rodillazo en las bolas y salir corriendo, y top\u00e9 con los ojos f\u00faricos de Heracles Marcano que ya ten\u00eda entre pecho y espalda m\u00e1s de un ron Chel\u00edas, tal cual delataban su aliento y el rojo de sus cachetes, y se me moj\u00f3 la entrepierna. \u00a1C\u00f3mo enfrentar a ese mastodonte! \u00a1Ni jugando!<\/p>\n<p>\u2014Heracles, tranquilo \u2014atin\u00e9 a balbucear\u2014. La iba a repetir. \u00a1Si a m\u00ed me encanta \u201cCabeza de hacha\u201d, mi compay!<\/p>\n<p>Al o\u00edr que lo trataba por su nombre, aguz\u00f3 la vista para vislumbrarme mejor en la humareda del local y, casi al instante, disminuy\u00f3 la tensi\u00f3n en la garra que me oprim\u00eda el hombro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Adi\u00f3s, peroles; si es el peor p\u00edcher que ha nacido en Porlamar! \u2013 dijo bromeando al reconocerme \u2013. Te salvaste de chiripa, mi hijo querido, que tengo unas ganas de matar a alguien; pero no a un tonto como t\u00fa. Ven, si\u00e9ntate conmigo para que conversemos; a ver si se me baja la calentera.<\/p>\n<p>Te imaginar\u00e1s que despu\u00e9s de ese susto no ten\u00eda ning\u00fan deseo de sentarme a conversar con \u00e9l, sino de irme corriendo para mi casa y quedarme tranquilito hasta el d\u00eda siguiente, pero tampoco le pod\u00eda hacer el fo. As\u00ed que agarr\u00e9 mi cerveza, apret\u00e9 la H-14 para repetir \u201cCabeza de hacha\u201d, que hay que ser consistente con las mentiras, y me sent\u00e9 en el taburete libre que ten\u00eda Heracles a su lado en la mesa adjunta a la rocola. \u00abMe tomo \u00e9sta y me voy\u00bb, me dije y, para parecer interesado, inici\u00e9 la conversaci\u00f3n pregunt\u00e1ndole:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY esa broma, Heracles? Una persona tan tranquila, educada, amable y pac\u00edfica como t\u00fa, \u00bfbuscando pelea?<\/p>\n<p>Ladino que a veces le toca ser a uno, t\u00fa sabes.\u00a0 \u00bfQui\u00e9n en la isla no estaba al tanto que ese hombre era un fosforito? \u00bfEn cu\u00e1ntas oportunidades no se fue a los pu\u00f1os contra un equipo de beisbol completo, all\u00e1 en Genov\u00e9s, porque no le gust\u00f3 un picheo o le cantaron un <em>strik<\/em>e o se ponch\u00f3? \u00bfTe acuerdas? \u00bfY las ocasiones en que le dio una trompada a alguien porque no le respondi\u00f3 los buenos d\u00edas? Pero yo no me iba a poner de impertinente esa noche, y menos despu\u00e9s de haber sentido la presi\u00f3n de aquel pu\u00f1o. \u00a1Qu\u00e9 va, oh! Mejor irse por lo bajito y llevarse el gollete de la botella a los labios y saborear la cervecita mientras Heracles echaba su cuento y se calmaba.<\/p>\n<p>Sin responderme, se sirvi\u00f3 dos dedos de ron seco en un vasito corto, lo mantuvo entre pulgar e \u00edndice, y se qued\u00f3 mirando por encima de la gente hacia el lado opuesto del sal\u00f3n donde uno de los gringos, un negro retinto como Mandinga, ejecutaba la trompeta bajo un bombillo que le resaltaba a\u00fan m\u00e1s lo oscuro de la tez. Era inmenso el negro. Como de dos metros. Musculoso. Sudaba a chorros por el calor y la actividad. Al soplar el instrumento, los carrillos se le enrojec\u00edan e hinchaban a tal punto que si hubieran tenido inscrito \u201cFeliz Cumplea\u00f1os\u201d, f\u00e1cil hubiesen sido globos de pi\u00f1ata. Interpretaba \u201c<em>Mood Indigo<\/em>\u201d; y lo hac\u00eda tan bien que hasta Duke Ellington lo habr\u00eda aplaudido.<\/p>\n<p>Heracles se empin\u00f3 los dos dedos de ron y, tras limpiarse la boca con el dorso de la mano, me dijo afirmando con la cabeza, se\u00f1alando al negro con los labios:<\/p>\n<p>\u2014A ese huele verga es al que voy a entrompar. Va a ver lo que es bueno.<\/p>\n<p>\u00abTerm\u00ednate la cerveza y vete de una buena vez\u00bb, me volv\u00ed a aconsejar, pero, en lugar de hacerlo, me inclin\u00e9 hacia Heracles y le dije conciliador:<\/p>\n<p>\u2014Caramba, mi hermano querido, apac\u00edguate. Ese no es t\u00fa car\u00e1cter, chico. Vamos a beber tranquilos y aprovecha y cu\u00e9ntame que es lo que te atormenta para que te desahogues. Nada puede ser tan malo como para buscarse una vaina m\u00e1s. Peor. Y todo pasa, Heracles. Todo se olvida. T\u00fa sabes, llueve y escampa.<\/p>\n<p>Bobo que es uno, Perucho Bravo. Dando consejos, como si\u2026 Pero bueno\u2026 El asunto es que el hombre pareci\u00f3 hacerme caso. Arrug\u00f3 la boca y asinti\u00f3, d\u00e1ndome la raz\u00f3n. Se sirvi\u00f3 en el vasito lo que quedaba de ron en la botella que ten\u00eda en la mesa. Se lo baj\u00f3 seco y volteado; y me indic\u00f3 que hiciera lo mismo con mi cerveza. Obedec\u00ed. Eruct\u00e9. Se ri\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Ah buen ga\u00f1ote, primo.<\/p>\n<p>\u00abPor lo menos, ya est\u00e1 en otra actitud\u00bb, pens\u00e9. \u00abVali\u00f3 la pena. Ahorita me levanto, le doy una palmada en el hombre, le agradezco la compa\u00f1\u00eda, me excuso porque tengo que ir con pap\u00e1 ma\u00f1ana temprano a hacer una diligencia en La Asunci\u00f3n, y buenas noches, aqu\u00ed no ha pasado nada\u00bb.<\/p>\n<p>Pero una cosa piensa el burro y otra el que arriba lo arrea. Heracles se par\u00f3 y de un grito que parec\u00eda un hurac\u00e1n le pidi\u00f3 a Chente \u201cManeto\u201d otra botella de ron Chel\u00edas y una cervecita bien, pero bien fr\u00eda para m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Yo invito \u2014me dijo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pod\u00eda hacer? Tom\u00e1rmela. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s? \u00ab\u00c9sta, y ya. Punto y aparte. Si te he visto, no me acuerdo\u00bb, afirm\u00e9 en mi interior tratando de aplacar la conciencia que no dejaba de gritarme: \u00ab\u00a1V\u00e1monos que para luego es tarde, caramba. Aqu\u00ed se va a armar la de San Quint\u00edn\u00bb. Pero, c\u00f3mo negarme.<\/p>\n<p>Mientras tra\u00edan las bebidas, para agradecer a mi anfitri\u00f3n, volv\u00ed a la rocola, apret\u00e9 de nuevo la H-14, que la \u201cCabeza de hacha\u201d que yo hab\u00eda seleccionado anteriormente estaba por finalizar: \u201c<em>he vivido soportando un martirio \/ Jam\u00e1s he de demostrarme cobarde \/ Recordando aquel proverbio que dice \/ M\u00e1s vale tarde que nunca, compadre<\/em>\u201d. Ante mi gesto, Heracles volvi\u00f3 a sonre\u00edr, inst\u00e1ndome a sentarme otra vez frente a los tragos que estaban sirviendo. Chente \u201cManeto\u201d hab\u00eda marcado tiempo record y no le cobr\u00f3. S\u00f3lo le dijo: \u00abTe lo anoto en la cuenta\u00bb, y se fue. \u00a1C\u00f3mo conoc\u00eda a sus clientes ese se\u00f1or!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Salud, Heracles!, por la buena vida y las mujeres, \u00a1aunque mal paguen! \u2014brind\u00e9.<\/p>\n<p>\u00c9l retribuy\u00f3 el brindis con una nueva sonrisa y comet\u00ed la imprudencia de repreguntar por el motivo de su molestia. Me mir\u00f3 condescendiente, evaluando quiz\u00e1 si pod\u00eda confiar en m\u00ed. Se encogi\u00f3 de hombros, se humedeci\u00f3 los labios con el ron, escuch\u00f3 el reinicio de \u201cCabeza de hacha\u201d \u2013 \u201c<em>Ya me voy de esta tierra y adi\u00f3s \/ a buscar hierbas de olvido y dejarte \/ a ver si con esta ausencia pudiera \/ con relaci\u00f3n a otro tiempo olvidarte<\/em>\u201d-, y me dijo en un susurro:<\/p>\n<p>\u2014Lo que pasa, mi hijo querido, aqu\u00ed entre nos, es que estoy metido en un berenjenal. No voy a cumplir una orden de mi hermano Euristeo. No esta vez. No me sale del alma echarle esa lavativa que \u00e9l quiere echarle a Hip\u00f3lita Salazar. A la familia Bravo. No me da la gana. No, se\u00f1or. Y eso tiene consecuencias. Graves. Si lo sabr\u00e9 yo.<\/p>\n<p>Cuando mencion\u00f3 el nombre de tu mam\u00e1, tu apellido, Peruchito, se me pelaron los ojos, se me resec\u00f3 la boca, se me despert\u00f3 la tripa ca\u00f1era, las ansias por m\u00e1s cerveza. \u00abDe aqu\u00ed no me voy hasta que me eche el cuento enterito\u00bb, me dije aferrado a la botella. \u00abSi ser\u00e1s irresponsable, gran carajo\u00bb, me retruc\u00f3 la conciencia. La mand\u00e9 a callar, que los amigos son los amigos, y no pod\u00eda quedarme con la intriga.<\/p>\n<p>La rocola prosegu\u00eda con su \u201c<em>he vivido soportando un martirio \/ jam\u00e1s debo demostrarme cobarde \/ arrastrando esta cadena tan fuerte \/ hasta que mi triste vida se apague<\/em>\u201d. Heracles se\u00f1al\u00f3 a la m\u00e1quina, como para que prestase atenci\u00f3n a la letra, y, melanc\u00f3lico, continu\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Esa es mi historia, carajito. Como en el programa de radio: \u201cLa historia de una canci\u00f3n\u201d. Heracles \u201cCabeza de hacha\u201d. Mejor que cabeza de machete, por lo menos. \u201c<em>Arrastrando esta cadena tan fuerte, hasta que mi triste vida se apague<\/em>\u201d. Pero nunca me he quejado. Nunca me import\u00f3 que mam\u00e1 le abriese las piernas al desgraciado de mi padre, ni ser hijo natural, ni haber tenido que vivir como un recogido casa de mi hermano. Esa es la suerte que me toc\u00f3, y la he asumido tal cual. Tampoco ha sido tan mala. Que ser hijo de un poderoso tambi\u00e9n tiene vainas buenas, as\u00ed no lleve su apellido. Termin\u00e9 sexto grado. S\u00e9 leer y escribir y sacar cuentas. Me mandaron a Trinidad a aprender ingl\u00e9s, y lo hablo hasta en cuti. No me ha faltado jam\u00e1s techo ni comida, ni real en el bolsillo, ni una mujer con la cual desfogarme. \u00bfCu\u00e1ntos pueden decir lo mismo en esta isla de miseria? \u00bfQue a cambio he tenido que padecer una que otra humillaci\u00f3n, que ejecutar alguna verga no muy santa? \u00a1Gran cosota! No hay almuerzo gratis, mi compay. Pero todo tiene un l\u00edmite, mi hijo querido. Un hasta aqu\u00ed. Un ya est\u00e1 bueno.<\/p>\n<p>Bebi\u00f3 un sorbo del vasito y permaneci\u00f3 unos minutos en silencio, abstra\u00eddo. Tal vez reflexionando si continuar o no, o buscando por d\u00f3nde proseguir. Aprovech\u00e9 para irme a buscar otra cerveza que la m\u00eda se hab\u00eda evaporado con el pr\u00f3logo del relato. \u00a0\u00a0\u00a0\u00ab\u00bfVas a seguir bebiendo, vagabundo? \u00a1Para eso de una vez y vete para la casa!\u00bb, escuch\u00e9 en el trayecto que me dec\u00eda la conciencia. \u00a1Mujer al fin! Ni bolas le par\u00e9. Pero, cuando le ped\u00ed a Chente que me diera una fr\u00eda-fr\u00eda-fr\u00eda, como un iceberg, y que la anotara a la cuenta de Heracles; me repiti\u00f3, al d\u00e1rmela, como un eco, lo mismo que mi conciencia: \u00abmira, muchachito, mejor no sigas bebiendo y l\u00e1rgate para tu casa. A ese compadre tuyo le falta un tornillo y, cuando se emborracha, no conoce ni a su mam\u00e1\u00bb, y, t\u00fa sabes, Peruchito, Chente \u201cManeto\u201c, de mujer no ten\u00eda ni pisca. No obstante, tampoco le hice caso. Agarr\u00e9 la cerveza y volv\u00ed a mi sitio dispuesto a averiguar lo que pasaba entre Heracles y tu familia, cu\u00e1l era la vaina que no le quer\u00eda echar a tu mam\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014Es verdad lo que dices, Heracles. Todo tiene un l\u00edmite \u2013 solt\u00e9 al mismo tiempo que me sentaba para retomar el hilo de la conversa.<\/p>\n<p>\u2014Es as\u00ed, mi hermano querido. Uno puede, por ejemplo, aceptar sin mayor problema las labores del hogar; que Euristeo se levante una ma\u00f1ana, se recueste al destilador y te diga como si no fuese contigo: \u00abHabr\u00eda que limpiar el gallinero; est\u00e1 hediond\u00edsimo\u00bb. Uno, que sabe que es una orden, deja lo que est\u00e1 haciendo y se mete de frente en aquel corral\u00f3n lleno de gallinas, pollos, pavos, patos, palomas, conejos y chivos, que se cagan y mean por doquier, a darle baldazos de agua y chorros a presi\u00f3n con la manguera, sin descansar, ma\u00f1ana y tarde, para soltar la guate y las cagarrutas, y amontonarlas para hacer abono o qu\u00e9 s\u00e9 yo; y por m\u00e1s que uno se esfuerce, al anochecer, el gallinero sigue igual de sucio porque los animales no dejan de cagar y mear. Entonces se te ocurre hacer unos canales que traigan el agua directo del r\u00edo y del pozo para que de continuo se irrigue y se limpie, y al d\u00eda siguiente haces las zanjas y\u00a0 los desag\u00fces, y efectivamente resuelves el problema y vas donde Euristeo y se lo dices, y \u00e9l, ingrato, como si no fuera gran cosa, te responde: \u00abVamos a ver cu\u00e1nto dura eso, con la sequ\u00eda tan atrinca que viene\u00bb.<\/p>\n<p>Se sirvi\u00f3 m\u00e1s ron, pero no lo engull\u00f3, lo dej\u00f3 sobre la mesa, se acarici\u00f3 los muslos y las perneras del pantal\u00f3n caqui que vest\u00eda se le humedecieron. Le sudaban las manos. Yo tambi\u00e9n dej\u00e9 quieta la cerveza, pendiente de que continuara el cuento, que en la rocola no dejara de sonar \u201cCabeza de hacha\u201d, para que no terminara nunca de irse de esta tierra y adi\u00f3s, de arrastrar esa cadena tan fuerte, hasta que su triste vida se apague, sin que me dijera cu\u00e1l era el problema, la orden que no quiso obedecer. \u00c9l, sin tomarse el trago, con las manos sobre las piernas, continu\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Tampoco tengo inconvenientes con que Euristeo me diga: \u00abHeracles, ven ac\u00e1, v\u00e1monos para el conuco que hay que matar unas culebras que anidaron en el pozo s\u00e9ptico y se multiplican como acures\u00bb. Uno va, se faja como los buenos, y aquel culebrero no te da tregua. Matas una: salen dos de no s\u00e9 d\u00f3nde. Dando y dando, machetazo va y viene. De pronto se te ilumina el cacumen, le metes candela a todo eso, y de las culebras no dejas ni el recuerdo. A cambio no recibes ni las gracias. Pero bueno, qu\u00e9 m\u00e1s da. De igual forma, no me incomoda que me diga: \u00abhoy amanec\u00ed con ganas de comer venado, o un verraco, ve y b\u00fascame uno; pero no quiero que lo caces con la b\u00e1scula que despu\u00e9s, comiendo, los perdigones me pueden quebrar una muela\u00bb. \u00bfCu\u00e1l es el problema?\u00a0 Uno se va tranquilito para Macanao, resigue las huellas del animal en cuesti\u00f3n, pone los cebos y, as\u00ed sea a mano alzada, se trae la presa para el almuerzo. Total, si se quiere, eso tambi\u00e9n es una manera de colaborar con la casa, y uno vive all\u00ed, y algo hay que aportar.<\/p>\n<p>Agarr\u00f3 el vasito, lo gir\u00f3 entre los dedos sin levantarlo; sumergi\u00f3 la mirada en los tonos miel de la bebida. Despu\u00e9s, de s\u00fabito, lo alz\u00f3, se lo zamp\u00f3 sin respirar. Se sirvi\u00f3 otro, y tambi\u00e9n, de un solo guatacarazo rabioso, se lo hecho al buche. Hizo lo mismo una tercera vez. Entonces, prosigui\u00f3 con el relato:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, tengo que confesar que otras tare\u00edtas no me han gustado tanto, pero uno es del tama\u00f1o del compromiso que se le presenta, y mam\u00e1 siempre me dijo desde peque\u00f1o que ten\u00eda que obedecer a mi hermano, que era importante que lo cuidara y complaciera, que ese era mi deber; que lo hiciera por ella y por pap\u00e1. El viejo tambi\u00e9n me lo dijo de otra forma, \u00abmientras cumplas con tu hermano, nunca te faltara nada, sobre todo en las cuestiones del negocio\u00bb. Y por el negocio, por fregar a alg\u00fan competidor, para ponerle freno a alg\u00fan p\u00edcaro, he tenido incluso que hacer m\u00e1s de un robo: de ganado, de toros de lidia, de perros vigilantes; y hasta alguna paliza he tenido que dar. Vainas de las que no quiero decir m\u00e1s nada, que ya tengo bastante cargada el \u00e1nima para enervarla m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 fue lo que colm\u00f3 el vaso, Heracles?<\/p>\n<p>Me mir\u00f3 de refil\u00f3n, y se sirvi\u00f3 m\u00e1s ca\u00f1a hasta acabar con la botella. Se acarici\u00f3 el pantal\u00f3n caqui, se arremang\u00f3 las mangas de la camisa y respir\u00f3 hondo como si quisiera fumarse el humo que hab\u00eda saturando el ambiente. Estaba rojo como un pitig\u00fcey cuando continu\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Esta ma\u00f1ana, como de costumbre, Euristeo estaba junto al tinajero, sirvi\u00e9ndose un pocillo de agua fresca, y, cuando me vio, sin darme los buenos d\u00edas, solt\u00f3: \u00ab\u00bfQui\u00e9n habr\u00e1 ganado la licitaci\u00f3n para construir las fabricas de hielo en Pampatar, Juan Griego, Punta de Piedras y Boca del R\u00edo?\u00bb. \u00abAdi\u00f3s, peroles \u2014pens\u00e9\u2014; a Euristeo se le zaf\u00f3 un tornillo. \u00a1Si \u00e9l mismo vino ayer con la noticia!\u00bb. \u00abGan\u00f3 Eugenio Bravo\u00bb, le dije sin mayores detalles ni controversias. \u00abEugenio Bravo, car\u00e1. Ganar\u00e1 un mont\u00f3n de plata con esas obras, y con la mujer tan bonita que tiene. Hay hombres sortarios en la vida \u00bb, dijo como reflexionando, y continu\u00f3: \u00ab\u00bfQu\u00e9 har\u00eda ese se\u00f1or si su mujer le montara cachos?\u00bb. \u00ab\u00a1No!, Euristeo, de verdad, perdi\u00f3 la raz\u00f3n \u2014me dije\u2014; si Hip\u00f3lita Salazar es la mujer m\u00e1s honesta que hay en toda esta isla\u00bb, y le respond\u00ed: \u00ab\u00c9se se mata. No soportar\u00eda la verg\u00fcenza, y ser\u00eda incapaz de hacerle ning\u00fan da\u00f1o a su mujer. Seguro se mata, se ahorca, se tira por un barranco\u00bb.\u00a0 \u00abHum \u2014sigui\u00f3 Euristeo como meditabundo\u2014. Y si Eugenio Bravo muere, se suicida, \u00bfqui\u00e9n har\u00eda las obras esas de la licitaci\u00f3n?\u00bb. \u00abDefinitivamente, Euristeo est\u00e1 insano\u00bb, volv\u00ed a pensar, y le solt\u00e9: \u00abEso no va a pasar nunca en la vida, Euristeo. Hip\u00f3lita, primero muerta que en una vagabunder\u00eda\u00bb. \u00abAj\u00e1; afirm\u00f3 con los p\u00e1rpados, y se qued\u00f3 como so\u00f1ando antes de continuar: Pero no tiene porqu\u00e9 ser verdad, \u00bfno es as\u00ed? Basta con que Eugenio lo crea, se lo imagine\u00bb. Me lo qued\u00e9 mirando, sab\u00eda que ah\u00ed, detr\u00e1s de esas palabras ven\u00eda la orden, alguna vaina mala se le habr\u00eda ocurrido y el m\u00e1s huev\u00f3n tendr\u00eda que ejecutarla, y as\u00ed fue: \u00abFiguremos que otro hombre, yo por ejemplo, tuviese una prenda \u00edntima de Hip\u00f3lita. Una especial. Una que s\u00f3lo ella hubiese pose\u00eddo, y todo Porlamar se enterase, por chismes, por rumores, por haberla visto en manos ajenas, que Hip\u00f3lita entreg\u00f3 esa prenda a su amante como prueba de amor, \u00bfno ser\u00eda suficiente para que Eugenio se volviese loco y se matase?\u00bb. Respond\u00ed con miedo: \u00abSupongo que s\u00ed\u00bb. \u00c9l se qued\u00f3 mirando a la lejan\u00eda, hacia la empalizada de varas de mangle del traspatio: \u00abCasualmente, he sabido que existe una pantaleta de seda, color perla, de tira bordada, con cintas lilas y rosa, que a la altura de la cintura tiene escrito con delicados brocados: Hip\u00f3lita Salazar. He sabido que anoche la lavaron. Habr\u00eda que ir a buscarla en su tendedero\u00bb.<\/p>\n<p>\u201cCabeza de hacha\u201d hab\u00eda cesado en la rocola y, al otro extremo del local, el negro interpretaba los primeros compases de \u201c<em>Good Morning, Heartache<\/em>\u201d. Heracles call\u00f3. Su mirada destilaba \u00e9xtasis, como si evocara un amor remoto, especial. \u00abEsa es la mejor canci\u00f3n de jazz que existe\u00bb, murmur\u00f3. \u00ab\u201dBuenos d\u00edas, despecho\u201d. En Trinidad la escuchaba cada vez que pod\u00eda; pero hace falta quien la cante. En la letra est\u00e1 lo hermoso\u00bb. Y como si le hubieran obedecido, otro negro, uno flaquito de rasgos finos, con el pelo tan engominado que reflejaba como un espejo la luz del bombillo, comenz\u00f3 a cantarla con un sentimiento, con una voz, con un fraseo, carajo, Peruchito, que ni Billie Holiday, mi hermano. Todos en El Olimpo callaron para escucharlo.<\/p>\n<p>\u2014Ese vergajo tiene que ser mariolo \u2014dijo Heracles sorprendido\u2014. Ning\u00fan hombre canta as\u00ed. Seguro el de la trompeta es su macho. El que se lo machuca. El que le saca los granos. El que\u2026 \u2013 y, a medida que hablaba, se iba enfureciendo otra vez -. Cuerda de gringos maricos, no joda. No me aguanto esa vaina. Ya ver\u00e1 esa retah\u00edla de <em>paj\u00faos<\/em> lo que es bueno. Y el primerito va a ser el de la trompetica. Me tiene arrecho con ese ruido de mierda que no permite disfrutar \u201cCabeza de hacha\u201d como Dios manda. Por cierto, carajito: hay que volverla a poner; entretanto, pido m\u00e1s ca\u00f1a: ya la fuente se sec\u00f3. \u00a1Chente \u201cManeto\u201d, se \u00fatil y tr\u00e1eme m\u00e1s ron y cerveza, de una vez, que para luego es tarde!<\/p>\n<p>Mientras llegaban las bebidas, obedec\u00ed. Nervioso, Peruchito. No solo temeroso por si Heracles se antojaba de pagarla conmigo, sino pensando en la tragedia que se cern\u00eda sobre tu familia, en c\u00f3mo te iba a golpear la noticia all\u00e1 tan lejos: tu padre muerto, tu madre ad\u00faltera. Y t\u00fa sin oportunidad alguna de hacer nada, de socorrerlos, de poder continuar los estudios. \u00ab\u00a1El <em>recontraco\u00f1o <\/em>de la madre!\u00bb, me dije, apretando la H-14. La conciencia estuvo de acuerdo conmigo en que no pod\u00eda irme hasta saber lo que ocurr\u00eda, lo que ocurri\u00f3, \u00abpero, no bebas m\u00e1s que se te va a subir a la cabeza\u00bb, y ya se me estaba subiendo, y sobre todo, bajando a la vejiga. \u00abDeber\u00eda ir al ba\u00f1o, pero no antes de concluir la historia\u00bb, pens\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Y, entonces, qu\u00e9 hiciste, Heracles. \u00bfBuscaste el asunto?<\/p>\n<p>\u00c9l no se sirvi\u00f3 en el vasito, tom\u00f3 directo de la botella. La manzana de Ad\u00e1n le bajaba y le sub\u00eda como pist\u00f3n. Se limpi\u00f3 la boca con la palma de la mano y, con un gesto,\u00a0 me inst\u00f3 a beber:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1De bolas que fui a buscar las pantaletas! \u2013 dijo como si fuera est\u00fapido haberlo preguntado\u2014. \u00d3rdenes son \u00f3rdenes, carajito. C\u00f3mo me iba a negar.\u00a0 Ni cinco minutos tard\u00e9 en llegarme al Caser\u00edo Fajardo, por detr\u00e1s de la casa de los Bravo. No se ve\u00eda movimiento, como si hubiesen salido. Cauteloso, salt\u00e9 el cardonal que sirve de cerca al patio. Eso estaba solo-solito. Una gallina picoteando tierra bajo la mata de almendr\u00f3n. Una lagartija que sali\u00f3 espantada con mis pasos. La casa muda y triste a mi frente. No m\u00e1s. Ni gato ni perro. \u00abPan comido\u00bb, me dije, y sin mayor cuidado fui derechito al tendedero. Un mantel a cuadros que debi\u00f3 haber visto mejores a\u00f1os. Un pantal\u00f3n de guayac\u00e1n aleteando en la cuerda. Cuatro pa\u00f1uelos azules con rayas moradas guindaditos uno al lado del otro. Y, tal como hab\u00eda dicho Euristeo, la pantaleta de seda color perla, con cintas rosas y lilas, con el monograma de Hip\u00f3lita Salazar en la cintura. \u00a1Grand\u00edsima, muchacho! \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s cab\u00eda esperar?, si tu sabes que esa mujer tiene un fundillo, caramba, como para un trono episcopal.<\/p>\n<p>No te alteres conmigo, Peruchito, que as\u00ed dijo Heracles. Yo lo que estoy es repitiendo sus palabras, no falt\u00e1ndote el respeto. Aunque, dentro de todo, objetivamente, \u00e9l ten\u00eda raz\u00f3n. No puedes negar que tu mam\u00e1, que Dios la tenga en su Santa Gloria, si algo ten\u00eda grande, era el fundillo; y el coraz\u00f3n, claro est\u00e1. Mujer tan generosa como tu madre no existen m\u00e1s. Por otra parte, Heracles lo dijo con respeto. Hasta admirado. Y no se detuvo en comentarios lascivos. Sigui\u00f3 cont\u00e1ndome que, sin perder tiempo, alz\u00f3 las manos para liberar de sus ganchos a la pantaleta cuando, me dijo, arqueando las cejas:<\/p>\n<p>\u2014No me lo vas a creer, mi hijo querido: tuve una revelaci\u00f3n. Vi clarito, como si estuviese frente a m\u00ed, a Euristeo encerrado en su cuarto, desnudo, oliendo, besuqueando la prenda \u00edntima de Hip\u00f3lita, restreg\u00e1ndosela por la cara, por el cuerpo. Acarici\u00e1ndose \u00edntegro con ella: el pecho, la barriga, las piernas. Llev\u00e1ndosela al pipe y paje\u00e1ndose como loco con la pantaleta; hasta eyacular y llenarla de esperma. Una esperma viscosa, amarillenta, hedionda. \u00a1Y me dio una tibiera, mi compadre! No con \u00e9l. Conmigo mismo. \u00abQu\u00e9 vaina es \u00e9sta, Heracles Marcano\u00bb, me dije. \u00abUna verga es ser sirviente, guardaespaldas, mat\u00f3n, pero \u00bfsig\u00fc\u00ed?, \u00bfalcahuete?, \u00bfcabr\u00f3n? Que ese grand\u00edsimo carajo de mi hermano se las arregle solo, que se busqu\u00e9 \u00e9l mismo sus mujeres. \u00bfY qu\u00e9 me ha hecho esta gente de los Bravo para envainarlos as\u00ed?\u00bb. Entonces dej\u00e9 el tendedero. Volv\u00ed sobre mis pasos. Agarr\u00e9 la gallina que picoteaba tierra y de una sola sacudida la despescuec\u00e9 qued\u00e1ndome con la cabeza en la mano. El cuerpo del animal sali\u00f3 correteando por el patio como si buscara su miembro perdido, y la aplast\u00e9 de un pisot\u00f3n que dej\u00f3 una estela de plumas y polvo. Tumb\u00e9 de una patada dos tunas del cardonal y sal\u00ed a la calle cada vez m\u00e1s caliente, mas arrecho, m\u00e1s queriendo sangre. Si hubiera tenido hijos, los hubiera matado y comido para librarlos de la verg\u00fcenza de tener un padre tan huev\u00f3n.<\/p>\n<p>Se ech\u00f3 dos tragos seguidos y me mir\u00f3 con m\u00e1s rabia de la que ten\u00eda cuando llegu\u00e9:<\/p>\n<p>\u2014Ahora la vaina es otra, carajito. No puedo volver a casa y decirle a Euristeo que no cumpl\u00ed. Nos vamos a entrompar, y voy a volverlo ma\u00edz pilado. \u00bfQu\u00e9 va decir mam\u00e1?, \u00bfpap\u00e1? \u00a1Ca\u00edn, co\u00f1o de tu madre, derramando la sangre de tu hermano! Prefiero meterme en otro l\u00edo y que me enjaulen, treinta a\u00f1os en la Isla del Burro, en Guasina. O que me maten. Y en esas estoy, mi hijo querido.- Se ech\u00f3 un nuevo palo de ron y apunt\u00f3 con el vaso hacia el otro lado del local.- Ese trompetista de mierda es mi mejor candidato.<\/p>\n<p>La gente estaba cada vez m\u00e1s alborotada en El Olimpo. M\u00e1s ruido. M\u00e1s humo. M\u00e1s baile. M\u00e1s m\u00fasica. Los marineros, cada vez m\u00e1s alegres. Los otros parroquianos muertos de la risa conversando entre ellos.\u00a0 Chente \u201cManeto\u201d cada vez m\u00e1s ocupado. \u201cCabeza de hacha\u201d: incansable. Yo, con ganas de m\u00e1s cerveza, de orinar, de emborracharme hasta perder la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Heracles, mirando al vac\u00edo, quiz\u00e1 pensando en el futuro, me dijo: \u00abYa vengo\u00bb, como indic\u00e1ndome que iba al ba\u00f1o. Pens\u00e9 que deb\u00eda imitarlo, pero en lugar de eso \u2014\u00abtodav\u00eda aguanto\u00bb, me dije\u2014\u00a0 me levant\u00e9 para realimentar a la rocola, a buscarme una nueva cerveza, por m\u00e1s que la voz interior insist\u00eda: \u00abya te enteraste de lo que ocurre; aprovecha que el gigant\u00f3n no est\u00e1, \u00a1anda vete de una vez, carajo!\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso no vi cuando Heracles agarr\u00f3 al negro gringo por el pecho, le pisote\u00f3 la trompeta, lo arrastr\u00f3 hasta la rocola y comenz\u00f3 a darle cabezazos. S\u00f3lo sent\u00ed el estropicio de las tablas, de los vidrios de los vasos y botellas quebr\u00e1ndose, los empujones que me dieron hasta tirarme al suelo embadurnado de saliva, sucio de tierra y polvo, salpicado con colillas de cigarro, cuando la pelea se multiplic\u00f3 en El Olimpo.<\/p>\n<p>Logr\u00e9 arrastrarme hasta debajo de una mesa en la esquina.<\/p>\n<p>Agazapado, mal bebiendo de la botella de cerveza que hab\u00eda perdido la mitad del contenido con la ca\u00edda, pude ver las botas y las piernas de los marinos abalanz\u00e1ndose en gavilla contra unos pantalones caqui que eran los de Heracles, y c\u00f3mo esas mismas botas y piernas gringas perd\u00edan contacto con el piso y, despu\u00e9s, un ruido sordo de piedra golpeando piedra, y los cuerpos de aquellos negros, rubios y pelirrojos, cayendo cuan largos eran pr\u00f3ximos ante m\u00ed. Algunos se levantaban y volv\u00edan hacia los pantalones caqui, y otra vez la misma escena y los mismos ruidos.<\/p>\n<p>Me acab\u00e9 la cerveza, cerr\u00e9 los ojos, y empec\u00e9 a rezar, a arrepentirme de no haber escuchado a mi conciencia. Entre rezo y rezo, impulsado por una fuerza interior que no pude controlar, me puse a gatas, y, avemar\u00edas van y vienen, eludiendo cuerpos, pisotones, sin importarme los gargajos y la sangre en el piso, gate\u00e9 y gate\u00e9 hasta la puerta; y segu\u00ed gateando por las veredas polvorientas que conclu\u00edan en el cementerio nuevo.<\/p>\n<p>Pudiendo levantarme, no s\u00e9 por qu\u00e9, segu\u00ed en cuatro patas, rezando rosarios infinitos, por la calle Igualdad, por la plaza Bol\u00edvar, hasta mi casa, Peruchito; y, del susto, temblando, no quise salir de la cama hasta el lunes, cuando amanec\u00ed todo meado, que ninguna vejiga tiene tanta resistencia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s supe en el mercado que El Olimpo qued\u00f3 vuelto le\u00f1a, que llegaron los polic\u00edas y los oficiales del buque norteamericano, que no hubo presos, que todo se resolvi\u00f3 entre amigos, que le pagaron a Chente \u201cManeto\u201d un platal en d\u00f3lares, billete sobre billete, y que Heracles se march\u00f3 para no volver.<\/p>\n<p>Con los mismos gringos se fue. \u00abUn hombre con tanta fuerza y coraje siempre es \u00fatil en el combate y alta mar\u00bb, dicen que dijeron al contratarlo.<\/p>\n<p>Comentan los que lo vieron irse esa madrugada, que iba moneando la cadena de la serviola de estribor de aquel acorazado gris, como si fuera \u00e9l quien tirara del ancla para levarla, saludando con mano alegre a los que por all\u00ed hab\u00eda \u2014en el muelle, en la playa, en los botes pesqueros\u2014, gritando a pulm\u00f3n henchido, cual muchacho que abandona una partida de metras:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Adi\u00f3s ojos que te vieron, paloma turca! D\u00edganle a Euristeo Rodr\u00edguez que ni se le ocurra meterse con los Bravo, de infamar a Hip\u00f3lita Salazar. Que a partir de hoy, \u00a1Heracles Marcano echa tierrita y no juega m\u00e1s!<\/p>\n<p>Me han dicho que muri\u00f3 en el norte. De viejo. Que lo enterraron en el <em>Saint Raymond\u00b4s Cementary<\/em> en el Bronx de Nueva York. Justo al lado de Billie Holiday.<\/p>\n<p>Hasta suerte tuvo. La negra no le cantara desde su tumba \u201cCabeza de hacha\u201d, pero s\u00ed \u201c<em>Good morning, heartache<\/em>\u201d, como para que recuerde la \u00faltima noche que pas\u00f3 en la isla, o sus a\u00f1os mozos en Trinidad.<\/p>\n<p>Si alguna vez vas por esos lares, Peruchito, ll\u00e9vale flores y r\u00e9zale un padrenuestro. Le debes una.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/arnoldo-rosas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tardes de lluvia Eran las tardes de lluvia en el caser\u00f3n de la esquina. Embebidos en la atm\u00f3sfera de misterio, creada por las sombras, por el viento y el repiquetear continuo del agua, permanec\u00edamos tranquilos, encerrados en el cuarto de las cosas viejas. 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