{"id":4358,"date":"2022-05-04T23:41:45","date_gmt":"2022-05-04T23:41:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4358"},"modified":"2024-01-18T18:51:26","modified_gmt":"2024-01-18T18:51:26","slug":"dos-cuentos-de-sael-ibanez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-sael-ibanez\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Sael Ib\u00e1\u00f1ez"},"content":{"rendered":"<h3>Mala jugada<\/h3>\n<p>Me he detenido a contemplar, desde el balc\u00f3n de mi apartamento, la niebla que en su desplazamiento cubre a esta hora la ciudad. Es mayo y una lluvia ligera cae indecisa, suave como un vaho adormecedor. Esta sensaci\u00f3n de adormecimiento logra diluirse a trav\u00e9s de mis miembros, vela la conciencia y de pronto tengo la impresi\u00f3n como si de m\u00ed se desligara otra persona, otro yo, que bajara hasta la calle que he contemplado desde el balc\u00f3n. Una vez all\u00ed, en la calle me desplazo al igual que otros transe\u00fantes bajo la lluvia, y quien permanece arriba, en el balc\u00f3n, observa a esos seres que de manera \u00a0tan diferente aceptan o rechazan al acoso de la lluvia, de la ciudad l\u00fagubre cubierta por una bruma y del piso resbaladizo de las calles. Vidas tan paralelas y desiguales a la vez, cada uno de esos transe\u00fantes cabalga\u00a0\u00a0sobre la sensaci\u00f3n de saberse poseedor de fuertes individualidades, de carism\u00e1ticas singularidades. (\u00abEs la ciudad y sus magias\u00bb, no \u00a0olvida recoger alguna literatura ganadora por nostalgia).<\/p>\n<p>Animado por la impresi\u00f3n de desdoblamiento me alejo del balc\u00f3n y me acomodo, gratamente, en un sill\u00f3n de la sala: all\u00e1 mi otro yo con su niebla, con su bruma y con esa licuante tristeza desprendida de la ciudad en este momento y que se pega a la piel como un olor a\u00f1ejo. Desde all\u00ed, desde el sill\u00f3n de la sala continuo saboreando\u00a0\u00a0&#8211; eso s\u00ed, como simple observador- el placer que sugiere ver llover\u00a0\u00a0a la contemplaci\u00f3n un poco absorto de ese gris adormecedor que cubre la ciudad a esta hora, en mayo.<\/p>\n<p>De modo involuntario, mi vista persiste en permanecer fija sobre ese gris casi s\u00f3lido de la ciudad, mientras el pensamiento de manera independiente comienza a elaborar caprichosas fantas\u00edas. Una voz,\u00a0alguien\u00a0se detiene a reconstruir mi vida durante los \u00faltimos meses. Confirma el hecho de que haya pasado una temporada inactiva: poca actividad f\u00edsica, poca actividad intelectual. Hasta hace poco, hasta el momento en que me he levantado a contemplar la ciudad, he permanecido, durante varias horas, algo adormilado, sin hacer nada; solo me he distra\u00eddo en hojear una historieta afiliada al\u00a0comic arte:\u00a0Las cr\u00f3nicas del sin nombre\u00a0de Garc\u00eda y Mora. Durante esta temporada he tomado, con una cierta frecuencia, algo de alcohol, y tambi\u00e9n he cometido desfases de los que me he arrepentido nunca a tiempo y en silencio. Me he entregado a ciertos abandonos, si se quiere. Abajo oigo, en la calle, a obreros trabajando \u2013al igual que los he o\u00eddo otros d\u00edas-. Trabajan en la remodelaci\u00f3n de un edificio: golpe tras golpe sobre bloques de piedra o m\u00e1rmol brindan otra imagen a un fragmento de la ciudad. En oposici\u00f3n a ellos la voz o\u00a0alguien\u00a0dise\u00f1a mi estado de vagancia. As\u00ed insiste en que casi no hago nada, en que casi ni pienso. He engordado un poco: la cerveza y la falta de actividad. Suelo frecuentar el sauna, en busca de la ligereza que comienzo a perder. La voz habla de una persona que ha tenido la oportunidad de malgastar su tiempo y de estar alejada de la vida agitada, del acoso de la ciudad, que se mueve como un instinto. Acerca de ella, de la ciudad, he le\u00eddo hace poco en un gui\u00f3n de Mora: \u00abera una ciudad donde el exceso de poblaci\u00f3n tra\u00eda, a veces, choques dur\u00edsimos entre los hambrientos que solo ten\u00edan la vida que perder, y las fuerzas de un orden que se hab\u00eda caracterizado por la improvisaci\u00f3n, el predominio de algunos por sobre el inter\u00e9s de\u00a0la mayor\u00eda, y un dejarse ir general, que no pod\u00eda confundirse con libertad\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Percibo en mi agotamiento y el paso del tiempo a trav\u00e9s de los recuerdos que tengo de amigos y amantes a quienes he perdido, a quienes han visitado las enfermedades o una muerte s\u00fabita. Estos acontecimientos me hablan de que el tiempo pasa y esa realidad se torna sensiblemente f\u00edsica. Con la partida de ellos, de mis amigos y amantes, he perdido frescura, me he situado al fondo de mi juventud. Hubo ocasiones en que,\u00a0\u00a0frente a un rostro hermoso y amado que tiene por virtud arrancar confesiones c\u00e1lidas, dije: cuando noto en m\u00ed signos de madurez, no puedes imaginar cuanto alegra esa a mi juventud. En ese momento no puedo decir lo mismo. Realmente no estoy preparado para enfrentar la madurez que traen mis pr\u00f3ximos a\u00f1os. Me he distra\u00eddo demasiado en los arrogantes d\u00edas pasados y no he prestado atenci\u00f3n al ladr\u00f3n b\u00edblico que llega de madrugada y nos roba el buen tiempo.<\/p>\n<p>En medio de esta sensaci\u00f3n de p\u00e9rdida aparece Delia, con quien he compartido muchos a\u00f1os de mi vida, esta aparici\u00f3n no pudo ser m\u00e1s desgraciada, porque aprovecho la ocasi\u00f3n para culparla de todos mis males: todas mis p\u00e9rdidas se centran negativamente en Delia. No podemos evitar en esta ocasi\u00f3n repetir el modelo propio de las parejas que discuten y se acusan mutuamente de que mi vida la he perdido por tu culpa. Sacamos a relucir entonces nuestros peque\u00f1os o\u00eddos, las ligeras venganzas, nuestros honestos y familiares rencores, los aborrecimientos acumulados, el acoso impulsivo y mec\u00e1nico, nuestra vida en com\u00fan con su sinfon\u00eda de malos olores.<\/p>\n<p>De repente supongo o\u00edr que me llaman. Adivino como en la lejan\u00eda, como en sue\u00f1os, un rostro y una voz familiares. Mientras el rostro me contempla con serenidad, la voz se despoja de la siguiente recriminaci\u00f3n:<\/p>\n<p>-Hay ocasiones en que me inspiras miedo.<\/p>\n<p>-Alg\u00fan sentimiento debe unirnos \u2013 no puedo evitar responder de una manera absoluta mec\u00e1nica.<\/p>\n<p>(\u00abEn todo tengo preferencia por los d\u00edas grises\u00bb, se me oye decir con frecuencia). Abajo, en la calle, contin\u00faan los golpes secos, cortos sobre la piedra al m\u00e1rmol, y lentamente me voy dando cuenta de que la somnolencia en que he ca\u00eddo hace unos momentos comienza a abandonarme.<\/p>\n<p>Mientras Delia se retira ofendida y rabiosa a su habitaci\u00f3n, lastimada por el \u00abalg\u00fan sentimiento debe unirnos\u00bb, trato de levantarme del sill\u00f3n, casi despierto del todo, con la amarga convicci\u00f3n de que durante mi desdoblamiento que se inici\u00f3 cuando contemplaba la lluvia y la bruma que a esta hora cubren la ciudad, alguien me ha hecho una mala jugada.<\/p>\n<p>-\u00a1Delia!- la llamo entonces con el dolor, casi gritando, impulsado por un agrio desaliento.<\/p>\n<p>Ya es tarde, me digo. \u00bfTarde para qu\u00e9?: con terrible moment\u00e1nea claridad de conciencia, se me impone esta pregunta. Pero no insisto, reh\u00fayo toda respuesta. Acuciado por cierto inconfesado cinismo, me llego nuevamente hasta el balc\u00f3n. Abajo, en la calle, los obreros contin\u00faan ofreci\u00e9ndole con sus golpes sobre el m\u00e1rmol o la piedra un nuevo aspecto a este fragmento de ciudad; persisten la lluvia y ese gris casi solido que saturan. Transe\u00fantes que se desplazan a esta hora, en mayo, sobre calles fangosas, y yo desde aqu\u00ed observ\u00e1ndolos, con la convicci\u00f3n de haber estado hace poco entre ellos, todos con la idea fija de cabalgar sobre fuertes individualidades. (Vuelven las palabras del poeta: \u00abentre la indiferencia de los rostros que pasan se interpone un destino variado\u00bb.) Oculto en medio de ese fest\u00edn de destinos, no es imposible vislumbrar un coraz\u00f3n que comienza a secarse y a dise\u00f1ar su estrategia de abandono. Yo mismo o\u00a0alguien\u00a0que podr\u00eda ser su v\u00edctima. Abajo, en la calle\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>La m\u00e1scara de mi vida<\/h3>\n<p>Rodolfo Corbaia sinti\u00f3 ligada su vida, desde temprana edad, a un prop\u00f3sito absorben te: la literatura. En verdad \u00e9l tambi\u00e9n pudo haber dicho que naci\u00f3 con destino literario, pero una empecinada modestia que lo acompa\u00f1ar\u00eda mientras viviera lo desvi\u00f3 siempre del hecho de aplicarse a s\u00ed mismo loables generalizaciones procreadas por altas mentes literarias o de una casu\u00edstica que dibujara un destino capaz de ampliar, de manera vertiginosa y luminosa, su exacta condici\u00f3n de hombre sencillo, su convicci\u00f3n de saberse un hombre sencillo.<\/p>\n<p>Por noble impotencia ante la poes\u00eda o por ser su \u00fanica capacidad creadora eligi\u00f3 el campo m\u00e1s expl\u00edcito de la narrativa. La poes\u00eda distingu\u00eda un orden animado por la concreci\u00f3n y la exactitud al que el escritor, despu\u00e9s de intentar aproximarse a \u00e9l y terminar desenga\u00f1ado, ya no aspiraba consumar como medio de expresi\u00f3n. Esta contrariedad ante la poes\u00eda se manifestaba solo por la incapacidad de escribir buenos poemas, pues en todo lo dem\u00e1s su amor por ella carec\u00eda de l\u00edmites. En todo caso, su prosa nunca estar\u00eda ayuna de h\u00e1lito po\u00e9tico. La escritura de cuentos y novelas alcanz\u00f3 un notable desarrollo con \u00e9l. Lleg\u00f3 a ser un escritor abundante. Una vez que eligi\u00f3 el campo de la narrativa, una oscura preocupaci\u00f3n trabaj\u00f3 a Rodolfo Corbaia: la inconformidad frente a su obra. \u00c9l pudo en tender que no se trataba de una suerte de impotencia ante el acto de escribir que lo invadiera y lo inutilizara, sino del angustiante prop\u00f3sito de identificar una forma para su literatura. Aspiraba identificar un sello original que justificara su escritura: era hijo de su siglo, cuando imperaba esa aspiraci\u00f3n como algo fundamental. Tal leg\u00edtima preocupaci\u00f3n vino a velarla el comentario que hiciera un cr\u00edtico en determinado momento, al escribir en un art\u00edculo period\u00edstico \u00abRodolfo Corbaia es ante todo un s\u00f3lido narrador\u00bb. Ese s\u00f3lido no le dec\u00eda mucho, no satisfac\u00eda un definitivo deseo, en su interior, de ser amado por el dios Thoth. En todo caso, \u00e9l propendi\u00f3 a pensar que si la b\u00fasqueda de una forma literaria personal que lo identificara y sus sentimientos estaban en desacuerdo, \u00e9l optar\u00eda por seguir el dictado de sus sentimientos; esto debido a que lleg\u00f3 a imaginar que un sentimiento aut\u00e9ntico bien expresado es superior a lo impuesto por modas estil\u00edsticas. Aunque esta especie de proclamaci\u00f3n nacida en lo m\u00e1s \u00edntimo de su esp\u00edritu ser\u00eda, como todo lo que aconteciera a su vida, la sombra de una convicci\u00f3n m\u00e1s que una convicci\u00f3n.<br \/>\nEnumerar el cat\u00e1logo de su obra muestra a un hombre de escritura infatigable y descubre un ordenamiento te\u00f3rico capaz de nivelar su pensamiento por \u00e9pocas. Porque si bien en los temas elegidos para forjar su literatura siempre estuvo presente lo ficticio, no dej\u00f3 de aprovechar materias hist\u00f3ricas, sociol\u00f3gicas, antropol\u00f3gicas, sicol\u00f3gicas o la ficci\u00f3n pura. De igual modo explor\u00f3 temas fant\u00e1sticos y policiales. Como abundante fue su obra, tambi\u00e9n larga fue su existencia; la vida del escritor declin\u00f3 a la exhausta edad de ochenta a\u00f1os. Aun cuando se comenta que su obra, a esa edad, era ya definitivamente impersonal; estaba absolutamente enmascarada.<\/p>\n<p>El amor que sinti\u00f3 por la literatura fue omn\u00edmodo: tanto empe\u00f1o lo decidi\u00f3 a rehuir el arte oficial en una primera \u00e9poca de manera sutil pero eficaz; esto le permiti\u00f3 realizar un trabajo equilibrado, literario, al tiempo que la cr\u00edtica no lo descuidaba. Cuando cumpli\u00f3 treinta y cinco a\u00f1os era ya conocido y tomado en cuenta; lo satisfizo tal distinci\u00f3n. Algunos premios obtenidos en el momento preciso apoyaron a los cr\u00edticos para justificar esa distinci\u00f3n. Fue por esa \u00e9poca cuando apareci\u00f3 un trabajo ensay\u00edstico sobre su obra; el libro oficiaba el nebuloso t\u00edtulo\u00a0La sombra y el sue\u00f1o en Rodolfo Corbaia. La aparici\u00f3n de ese trabajo no obedec\u00eda a una casualidad; resumi\u00f3 la temprana atenci\u00f3n cr\u00edtica de otro hombre, V\u00edctor Constante, por la labor literaria del escritor. En adelante, este hombre intensificar\u00eda su inter\u00e9s por \u00e9l. As\u00ed como escribir ese libro llev\u00f3 a V\u00edctor Constante hasta las fuentes de una ni\u00f1ez tard\u00eda, preocupada en leer novelas de aventuras, del mismo modo perseguir\u00eda m\u00e1s tarde la evoluci\u00f3n de su pensamiento durante una madurez adusta, pr\u00f3diga en escritura. Como Constante ya no lo abandonar\u00eda m\u00e1s, Rodolfo Corbaia ampli\u00f3 el mundo de su soledad hacia \u00e9l y tuvo, entonces de compa\u00f1ero a alguien que no solo lleg\u00f3 a entender y manipular con facilidad su obra sino tambi\u00e9n su vida. Sin duda, en alg\u00fan momento debi\u00f3 de unirlos la amistad \u00a0y la confianza de un trabajo en com\u00fan. De este modo, con el tiempo la cr\u00edtica formulada por el perseguidor llegar\u00eda a gozar de mayor inter\u00e9s, para los lectores de Rodolfo Corbaia, que cualquier otra.<\/p>\n<p>Al escritor, guiado en todo momento por su pertinaz modestia, no lo perturb\u00f3 el acercamiento de Constante. A\u00fan m\u00e1s cuando result\u00f3 inobjetable reconocer que el cr\u00edtico contribuy\u00f3 a que el n\u00famero de sus lectores creciera. As\u00ed, poco tiempo despu\u00e9s de aparecer el libro de Constante y cuyo prop\u00f3sito era ordenar la trayectoria del escritor hasta ese momento, adem\u00e1s de procurarle un mayor renombre, este fue distinguido con el Premio Municipal de Literatura: quiz\u00e1 de ello deriv\u00f3 la confianza que lo anim\u00f3 a salir definitivamente de su apartamiento voluntario. Su nombre avanz\u00f3 entonces hasta el arte oficial pero sin estruendo; en esa avanzada, es indudable admitirlo, jug\u00f3 papel t\u00e1ctico V\u00edctor Constante, el hombre que logr\u00f3 rodear de un mayor inter\u00e9s al escritor y sus libros. En su trabajo cr\u00edtico, \u00e9l defini\u00f3 la obra de Rodolfo Corbaia representativa del momento actual que viviera el pa\u00eds. Ya que seg\u00fan la interpretaci\u00f3n de Constante, el pa\u00eds resum\u00eda su estructura en una suerte de sombra y sue\u00f1o, estructura vista tan a tiempo por el escritor.<br \/>\nSin \u00e1nimo de poner en duda el valor intelectual del cr\u00edtico, Rodolfo Corbaia no pudo evitar pensar para sus adentros, mientras le\u00eda el libro de Constante, hasta qu\u00e9 punto \u00e9l compart\u00eda su enfoque anal\u00edtico, toda esa vislumbre de sombra y sue\u00f1o, esa bruma te\u00f3rica con que \u00e9l arropaba su obra. Ciertas observaciones hechas por el cr\u00edtico visiblemente desviaban los prop\u00f3sitos perseguidos por el escritor. En un principio \u00e9l propendi\u00f3 a la confusi\u00f3n; no pod\u00eda ignorar que Constante, en algunas ocasiones, velaba su vida sencilla, equilibrada, literal, y la mostraba como animada por una naturaleza apasionada, insurgente, literaria. Hab\u00eda un empe\u00f1o, en \u00e9l, de vincular ostensiblemente su vida a las elaboraciones ficticias del escritor. Y \u00e9l, Rodolfo Corbaia, bien que estaba dispuesto a renunciar a ser identificado con la actuaci\u00f3n de sus personajes.<\/p>\n<p>Aun cuando \u00e9l aspiraba exponer en \u00a1os libros que escrib\u00eda el verdadero rostro de la literatura, donde si bien no estar\u00edan ausentes asomos de su existencia, tampoco deseaba abrumar sus ficciones con ellos. Sin dejar de estar vigilante, confi\u00f3 en las interpretaciones hechas por el hombre que era ya su amigo. Las acept\u00f3 como v\u00e1lidas connotaciones que, de alguna manera, escapaban a su singular preocupaci\u00f3n de escritor. Pens\u00f3, una vez m\u00e1s con humildad, que todo lector lleva dentro a un creador. Esto lo anim\u00f3 a concebir una sospecha tard\u00eda: era posible que V\u00edctor Constante llegara a entrever ese equilibrio formal tan aspirado por \u00e9l en su escritura y que nunca hab\u00eda llegado a concretar en su \u00e1nimo art\u00edstico. El v\u00e9rtigo lo aisl\u00f3 en ese pensamiento; fue una lastimadura para el escritor llegar a tan rendida conclusi\u00f3n. Pero se vio en la necesidad de aceptarla o rebelarse. Su conducta evidenci\u00f3, entonces, un desdoblamiento necesario. Apoyado en aquella sospecha, parte de su vida y de su obra empez\u00f3 a estar definida por el otro, el cr\u00edtico. Este no dejar\u00eda de hilvanar sus prop\u00f3sitos a trav\u00e9s de la literatura del paciente creador.<\/p>\n<p>En horas de pesadumbre, Rodolfo Corbaia se preguntaba si hab\u00eda hecho lo correcto. Un d\u00eda de clara angustia, sin embargo, casi se grit\u00f3 a s\u00ed mismo ganado por la inseguridad: \u00bfpor qu\u00e9 no hacerle caso, por qu\u00e9 no entregarse a la visi\u00f3n de otro que vislumbra lo que uno mismo no es capaz de ver en el propio ser?. Una sensaci\u00f3n amarga cruz\u00f3 por su garganta al reflexionar en que hab\u00eda utilizado, para forjar esa idea que pod\u00eda ser v\u00e1lida en todo caso, una palabra abiertamente desagradable: entregarse. Era como si se preguntara que hasta cu\u00e1ndo iba a ser paciente, hasta d\u00f3nde lo conducir\u00eda su estilo de vida. Tuvo coraje para imaginarse un creador: sabore\u00f3 esta palabra, la palade\u00f3 a gusto y reconoci\u00f3 despertar en su esp\u00edritu antiguas asociaciones, encumbradas creencias, la idea de que \u00e9l era muchos, no el alguien que era. Pero le falt\u00f3 convicci\u00f3n para oponer esa contundente palabra,\u00a0creador, a la sombra de la otra, la espuria\u00a0entregarse\u00a0y lograr que la aplastara con su proverbial carga de significaci\u00f3n, pues la sensaci\u00f3n de amargura acompa\u00f1ada de otra de frialdad, que recorr\u00eda su columna vertebral, as\u00ed se lo dio a entender. Debi\u00f3 admitir que se sent\u00eda confundido una vez m\u00e1s en este instante. Se atrevi\u00f3 a pensar que no hay nada tan d\u00e9bil y fuerte como un escritor; era un consuelo o una magia. En todo caso esta \u00faltima sensaci\u00f3n pobl\u00f3 su esp\u00edritu necesitado de algo regio que lo poblara.<\/p>\n<p>Los libros de Rodolfo Corbaia, ahora, se acostumbraron a mostrar un pr\u00f3logo extenso; pr\u00f3logo que dilucidaba al lector el sentido y la estructura de ellos y que firmaba el cr\u00edtico. Adem\u00e1s Constante abund\u00f3 en conferencias sobre la trayectoria del autor a quien \u00e9l dedicaba toda su atenci\u00f3n y estudio. Y por una suerte de iron\u00eda lleg\u00f3 el momento en que ya no se distingu\u00eda a qui\u00e9n prestaba el p\u00fablico mayor atenci\u00f3n, al escritor o al cr\u00edtico de su obra, pues cada conferencia o pr\u00f3logo, cada trabajo publicado en peri\u00f3dicos o revistas, transmisiones radiales o televisivas, significaban algo as\u00ed como una celebraci\u00f3n del cr\u00edtico tanto como del escritor analizado; aun cuando un observador de esp\u00edritu despierto, tambi\u00e9n hubiera reconocido una especie de descuido por el creador frente a la magia expositiva del otro. V\u00edctor Constante debi\u00f3 de pescar esta sutil y caprichosa reacci\u00f3n ante \u00edes oyentes directos de si opiniones sobre el autor. Y eso pudo satisfacerlo y confirmarlo en alg\u00fan prop\u00f3sito maquinado. Pues a medida que el p\u00fablico reafirmaba ese oscuro prop\u00f3sito suyo, Constante propendi\u00f3 a una mayor vigilancia del escritor. Sab\u00eda que lo que estaba haciendo era costumbre hacerlo por muchos otros cr\u00edticos pero ante escritores muertos: instaurarse como los voceros m\u00e1s apropiados y casi absolutos en la interpretaci\u00f3n de las obras de esos autores. Solo \u00e9l, al fin, lo realizaba ante un prestigioso escritor vivo; \u00e9l, V\u00edctor Constante.<br \/>\nAs\u00ed transcurr\u00eda la noble vida de Rodolfo Corbaia. No es casual que a los cincuenta a\u00f1os obtuviera el Premio Nacional de Literatura. La vigilancia y fuerza cr\u00edtica que lo anulaba, al mismo tiempo lo ayudaba a adquirir m\u00e9ritos. Quiz\u00e1s debido a esa costumbre ya asumida por sus lectores, la de ver nublado su punto de vista frente al cr\u00edtico o debido a otra extra\u00f1eza culpable, las circunstancias que rodearon la entrega del Premio Mayor a Rodolfo Corbaia confirmaron su dependencia del hombre que tend\u00eda a anularlo y encumbrarlo al mismo tiempo.<\/p>\n<p>La tarde cuando Rodolfo Corbaia se dispusiera a recibir el Premio Nacional, mientras silbaba una melod\u00eda a\u00f1osa, serena y c\u00e1lida, un hecho casual trajo la preocupaci\u00f3n a s coraz\u00f3n. Tan siquiera una idea vinculada a casualidades reveladoras podr\u00eda explicar esa moment\u00e1nea angustia que aprision\u00f3 la mente del escritor. No fue otra la raz\u00f3n de que ese d\u00eda, al cruzar la sala de su apartamento donde se encontraba un espejo de dimensiones medianas, al tratar de buscar en \u00e9l una \u00faltima verificaci\u00f3n a su arreglo personal, se sinti\u00f3 suspendido y como con miedo de observa a cabalidad el reflejo indeciso de su rostro en el espejo. Impactado por aquel suceso, el escritor no pudo evitar darle explicaci\u00f3n racional a esta enemiga sensaci\u00f3n: en \u00e9l se impuso la idea de que evit\u00f3 verse en el espejo por temor reconocer la imagen de otro, no la propia. Fue inevitable que el escritor se descubriera especulando. Algo dentro de \u00e9l sonri\u00f3, al pensar que para especular no hace falta m\u00e1s que un espejo. La prueba est\u00e1 a mano, se dijo, mientras su cara desglosaba una sonrisa lastimosa y t\u00edmida. Aun cuan do ese inseguro humor se distendi\u00f3 sobre la geograf\u00eda de su esp\u00edritu, evit\u00f3 mirarse en el espejo de nuevo.<\/p>\n<p>Hemos dicho que obtuvo el Premio Nacional a la edad de cincuenta a\u00f1os. Lo mereci\u00f3 con una novela que titul\u00f3\u00a0<em>La m\u00e1scara de mi vida<\/em>. A la entrega del premio fueron invitados varios cr\u00edticos para hablar de la obra del escritor. Estar\u00eda Constante, obviamente, como m\u00e1ximo expositor. \u00c9l se encargar\u00eda d corroborar el justo equilibrio que exist\u00eda entre la vida del autor y sus libros, tema elegido por \u00e9l a la hora de exaltar al autor premiado.<br \/>\nAdem\u00e1s de Rodolfo Corbaia y los apologistas de su obra, sentados frente a una amplia mesa, hab\u00eda en la sala, donde se entregaba el premio, una concurrencia numerosa, de hombres y mujeres, todos ellos ligados a movimientos art\u00edsticos y literarios; creadores y cr\u00edticos, y diferentes personas vinculadas al mundo cultural. El acto prosper\u00f3 en justificaciones l\u00f3gicas, motivadas por el car\u00e1cter supremo del premio, hasta que la concurrencia tuvo la oportunidad de o\u00edr a la persona m\u00e1s indicada para hablar del creador. Entonces el cr\u00edtico aplic\u00f3 al autor de\u00a0La m\u00e1scara de mi vida\u00a0lo significativo del galard\u00f3n recibido y sus palabras vaporosas exaltaron el m\u00e9rito alcanzado por Rodolfo Corbaia despu\u00e9s de largos a\u00f1os dedicados al trabajo literario. Luego analiz\u00f3, profundamente, el car\u00e1cter singular, equidistante entre obra y vida del escritor; fue en este momento cuando sus palabras desviaron toda oposici\u00f3n y alcanzaron distender una apolog\u00eda sin l\u00edmites. La concurrencia asimil\u00f3 su entusiasmo y reconoci\u00f3 el valor de aquel hombre abnegado, que expon\u00eda de manera tan viva y certera la preocupaci\u00f3n literaria de otro hombre, quien en ese momento padec\u00eda aturdido por tantas referencias desprendidas de su obra, referencias que \u00e9l nunca tuvo el prop\u00f3sito de corporeizar en su universo literario. Sin embargo, el cr\u00edtico las hab\u00eda visto y expuesto con nitidez cl\u00e1sica. Rodolfo Corbaia, abrumado, intent\u00f3, durante unos breves instantes cuando V\u00edctor Constante hiciera una pausa para renovar su \u00e1nimo discursivo, asomar una observaci\u00f3n con el prop\u00f3sito de aclarar ciertos puntos relativos a su obra, sobre todo a su novela galardonada\u00a0La m\u00e1scara de mi vida. No pretend\u00eda, claro est\u00e1, desmentir la interpretaci\u00f3n impulsiva y celebratoria del cr\u00edtico pero s\u00ed suavizarla. El resultado fue una fr\u00eda indiferencia por parte de la concurrencia y una mirada condenatoria por parte del cr\u00edtico. Despu\u00e9s de esa interrupci\u00f3n infeliz, asaz desgraciada para el escritor, Constante prosigui\u00f3, animado por la confianza con que el p\u00fablico lo apoy\u00f3: indudablemente este se hab\u00eda acostumbrado m\u00e1s a \u00e9l que al creador. Ahora solo importaba lo que el cr\u00edtico pudiera decir de Rodolfo Corbaia; su voz, reflejada en sus libros, hac\u00eda ya tiempo hab\u00eda perdido identidad.<\/p>\n<p>Como es l\u00f3gico imaginar, el acto finaliz\u00f3 con una ovaci\u00f3n brindada tanto al cr\u00edtico como al hombre que le hab\u00eda servido para lograr notoriedad frente a sus lectores.<br \/>\nAun cuando nadie lo afirma con certeza, algunas personas supusieron o\u00edr el siguiente di\u00e1logo entre el escritor y el cr\u00edtico, una vez que los dos abandonaran juntos el sal\u00f3n donde hab\u00eda sido entregado el Premio Nacional de Literatura de ese a\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014Todo hombre est\u00e1 hecho de l\u00edmites; quiz\u00e1s usted, se\u00f1or Constante, est\u00e9 hecho de l\u00edmites menos limitantes que los m\u00edos \u2014dej\u00f3 caer el escritor. Rodolfo Corbaia en tendi\u00f3 a cabalidad lo que Constante dijera a su vez:<\/p>\n<p>\u2014Cada hombre alimenta a un perseguidor dentro de s\u00ed. Hay quienes tienden a rechazarlo. Usted, se\u00f1or Corbaia, podr\u00eda contarse entre los que no aspiran materializar ese repudio.<\/p>\n<p>\u2014Por mi modestia.<\/p>\n<p>\u2014O por la insistencia del perseguidor.<\/p>\n<p>\u2014Su apellido es Constante.<\/p>\n<p>\u2014No sea literal, por favor \u2014asom\u00f3 el cr\u00edtico con cautela maliciosa, seg\u00fan delataba una excesiva brillantez en su mirada.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfMe odia usted?<\/p>\n<p>\u2014Odiar es un sentimiento muy majestuoso, si a ver vamos.<\/p>\n<p>\u2014Ya lo s\u00e9, me desprecia.<\/p>\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sael-ibanez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mala jugada Me he detenido a contemplar, desde el balc\u00f3n de mi apartamento, la niebla que en su desplazamiento cubre a esta hora la ciudad. Es mayo y una lluvia ligera cae indecisa, suave como un vaho adormecedor. Esta sensaci\u00f3n de adormecimiento logra diluirse a trav\u00e9s de mis miembros, vela la conciencia y de pronto [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4359,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4358"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4358"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4358\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10872,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4358\/revisions\/10872"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4359"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4358"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4358"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4358"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}