{"id":4350,"date":"2022-05-04T00:15:08","date_gmt":"2022-05-04T00:15:08","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4350"},"modified":"2023-11-24T18:31:23","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:23","slug":"aspero-o-las-aspas-de-la-pasion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/aspero-o-las-aspas-de-la-pasion\/","title":{"rendered":"\u00ab\u00c1spero\u00bb o las aspas de la pasi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Miguel \u00c1ngel Alonso<\/h4>\n<p>I.- <strong>R\u00e1pida cr\u00edtica de la cr\u00edtica [Los otros, la obra y el hombre]<\/strong><\/p>\n<p>En 1939 Arturo Uslar-Pietri \u2014para entonces ya un escritor hecho, sobre todo si tomamos en cuenta que unos a\u00f1os antes hab\u00eda publicado <em>Las lanzas<\/em> <em>coloradas<\/em> (1931), con toda probabilidad su mejor novela\u2014 escribe un pr\u00f3logo para la segunda edici\u00f3n de <em>\u00c1spero<\/em>. No era demasiado extenso, pero supuso la puesta en marcha de una interpretaci\u00f3n apenas revisada por las siguientes generaciones de exegetas. Digamos que a partir de entonces se fij\u00f3 la imagen de una obra que, a decir verdad, ni es tan importante ni merece tanta beata devoci\u00f3n aspaventosa.<\/p>\n<p>Curiosamente el texto de Uslar-Pietri comienza con lo que podr\u00edamos considerar \u2014si lo aislamos del resto\u2014 un magn\u00edfico aforismo digno de Chamfort:<\/p>\n<p><em>Hay un rito profundo \u2014evocaci\u00f3n, teatro, resurrecci\u00f3n\u2014 en las conmemoraciones. Se pone la palabra donde estuvo la acci\u00f3n, las f\u00f3rmulas donde estuvieron las formas, y la liturgia donde estuvieron los gestos.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a><\/em><\/p>\n<p>\u00bfAcaso la cr\u00edtica de <em>\u00c1spero<\/em> ha dejado de ser conmemoraci\u00f3n y liturgia, comenzando por el propio autor de <em>Letras y hombres de Venezuela<\/em>? Ahora bien, dejando de lado este detalle \u2014a mi modo de ver fundamental\u2014, un repaso por los autores m\u00e1s importantes puede perfectamente situar al estudioso en la \u00f3rbita m\u00e1s esclarecedora de Antonio Arr\u00e1iz; muy especialmente el trabajo en conjunto de Orlando Araujo y \u00d3scar Sambrano Urdaneta, adem\u00e1s del estupendo pr\u00f3logo \u2014por l\u00facido y revisor\u2014 que Rafael Arr\u00e1iz Lucca escribe para la <em>Obra<\/em><em> Po\u00e9tica<\/em> editada por Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Pero regresemos a Uslar-Pietri. \u201c<em>\u00c1spero<\/em> \u2014nos dice\u2014 vino a ser el primer ensayo afortunado de unificaci\u00f3n de nuestra poes\u00eda y nuestra realidad.\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> He aqu\u00ed la primera piedra, lo dem\u00e1s ha sido, muchas veces, mec\u00e1nica reiteraci\u00f3n y estiramiento de una verdad consagrada. \u00bfUnificar la realidad y la poes\u00eda? \u00bfPara qu\u00e9?<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> Por lo pronto la dictadura de Juan Vicente G\u00f3mez ya se hab\u00eda encargado de unificar la realidad, en tanto que el hombre Arr\u00e1iz \u2014el hombre puro m\u00e1s que el puro hombre\u2014 fue uno de los que, por entonces, m\u00e1s empe\u00f1os pusieron en desbaratar esa unidimensionalidad de lo real. En cuanto a la poes\u00eda, dej\u00e9moslo. <em>\u00c1spero<\/em> no fue argamasa sino chorro de agua fr\u00eda en el rostro m\u00e1s acomodaticio y adormilado de la literatura venezolana por aquellos a\u00f1os. Otro tanto hizo Ramos Sucre, pero con mejor literatura.<\/p>\n<p>Por eso no podemos m\u00e1s que sonre\u00edr ante las siguientes exageraciones y desmesuras:<\/p>\n<p><em>\u201cSin saberlo, se hab\u00eda hecho vidente a la manera de Rimbaud; revelador de un mundo a la manera de Dante; creador de una conciencia a la manera de Whitman.\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a><\/em><\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s de entusiasmo y habr\u00eda terminado por compararlo con Dios, en la medida que hubiera visto en \u00e9l al creador absoluto de una obra igualmente completa, tal y como la so\u00f1aba Mallarm\u00e9.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 mejor fijar la atenci\u00f3n en aquello que verdaderamente lo merece: Uslar-Pietri utiliza <em>\u00c1spero<\/em> para dibujar en el cielo de la conciencia una constelaci\u00f3n americana; superpone sobre los primerizos poemas de Arr\u00e1iz sus propias obsesiones y delirios propios: Am\u00e9rica salvaje, ruda y plet\u00f3rica. El mito de Arr\u00e1iz deb\u00eda correr parejo, para los venezolanos, con el mito de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Para el incipiente intelectual de entonces la ecuaci\u00f3n era sencilla y saltaba a la vista \u2014o asaltaba la vista\u2014: <em>\u00c1spero<\/em> = Am\u00e9rica. Por eso le perdona su \u201cdesali\u00f1o indumentario\u201d, para decirlo con la bella f\u00f3rmula de Antonio Machado; y tambi\u00e9n \u00a0por eso \u201cten\u00eda que ser \u00e1spero \u2014asegura con entusiasmo\u2014, informe, violento y libre como el mundo del que era imagen, e imagen cabal.\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a><\/p>\n<p>Otro cr\u00edtico que interesa revisar es Guillermo Sucre<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>: en un principio parece desmarcarse de la visi\u00f3n americanista para rozar muy de cerca lo que tal vez sea la clave del libro, a saber:<\/p>\n<p><em>Arr\u00e1iz escribe no como un ser primitivo, sino <strong>como el ser, como el hombre primitivo<\/strong>. Por ello, su lirismo es de un orden muy distinto al tradicional. Arbitrario y un tanto feroz, pero eficaz. Es el lirismo del despertar de todo una conciencia colectiva y antigua, de la aparici\u00f3n del <strong>hombre m\u00edtico<\/strong>, dominado por sus solas apetencias, sus instintos, sus hambres materiales.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a><\/em><\/p>\n<p>Es verdad, la b\u00fasqueda central en <em>\u00c1spero<\/em> sigue un camino pr\u00f3ximo a los alumbramientos m\u00e1s cenagosos y v\u00edvidos del ser, pero s\u00f3lo como prop\u00f3sito. Incluso para el lector de hoy sigue siendo dif\u00edcil separar la obra del hombre<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>, las intenciones de los resultados. Pero nos guste o no, la literatura es, primer\u00edsimamente, forma; se hace con palabras y con m\u00fasica, y de esa capacidad depende la diferencia entre Shakespeare, pongamos por caso y Echagaray.<\/p>\n<p>Por otro lado Arr\u00e1iz no era un salvaje, bien es verdad que su aspecto correspond\u00eda al de \u201cun mozo atl\u00e9tico, rojo y feo.\u201d Y por si fuera poco, \u201ccarec\u00eda de los h\u00e1bitos inherentes al poeta.\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a> Ello no nos autoriza a canonizarlo o a ofrecerle salvoconductos para las alcabalas del rigor: en definitiva, se trataba de un poeta que asumi\u00f3 la m\u00e1scara de lo primitivo, y al hacerlo incorpor\u00f3 a su ajuar todos los t\u00f3picos que hab\u00eda a su alcance, incluso muchos m\u00e1s de los que aconseja la prudencia y el buen oficio.<\/p>\n<p>Hacia el final de su valoraci\u00f3n, el poeta de <em>Mientras suceden los d\u00edas<\/em> no puede evitar caer en la telara\u00f1a de Uslar, pegajosa y tentacular en sus embaucadoras tentaciones de identidad may\u00fascula:<\/p>\n<p><em>Es la fortaleza b\u00e1rbara y elemental de un mundo lo que le interesa. El desencadenamiento de las pasiones del hombre, su \u201cvida olorosa y cruenta.\u201d Porque todo ello sigue siendo el espejo del alma instintiva del venezolano y del americano.<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a><\/em><\/p>\n<p>En 1975 la Universidad Central del Venezuela publica un volumen escrito al alim\u00f3n por los cr\u00edticos Orlando Araujo y \u00d3scar Sambrano Urdaneta. Uno de sus aciertos consiste en haber echado por tierra el mito americanista que parec\u00eda indisociable de <em>\u00c1spero<\/em> y <em>Parsimonia<\/em>. De este modo leemos con verdadero alivio:<\/p>\n<p>\u00c1spero no tiene nada que ver con el \u201camericanismo literario\u201d o con el \u201cnuestramericanismo\u201d del que habla Alfonso Reyes para ridiculizar el asunto. El tema de Am\u00e9rica \u2014palabra que apenas se vuelve a escribir en los textos que siguen [se refiere al poema-pr\u00f3logo que abre \u00c1spero]\u2014, el tema de la raza y el del indio, no constituyen de ninguna manera el n\u00facleo tem\u00e1tico esencial del libro: est\u00e1n all\u00ed, y raza e indio se reiteran como fuente vital y como medio expresivo del tema fundamental, el de <strong>la b\u00fasqueda tel\u00farica y humana del ser<\/strong>. <a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a><\/p>\n<p>A decir verdad hay un precedente, que yo sepa, en el pr\u00f3logo que escribe Juan Liscano para la <em>Suma<\/em><em> Po\u00e9tica<\/em>, libro que public\u00f3 la Biblioteca Popular Venezonala en 1966. Ello no tanto porque diera un manotazo al pretendido y tan sobado americanismo como por el hecho \u2014simple y certero a un tiempo\u2014 de que desvi\u00f3 la atenci\u00f3n, o dicho de otra manera, la fuerza exeg\u00e9tica, hacia un terreno que hab\u00eda permanecido pr\u00e1cticamente invisible a fuerza de evidencia, esto es, la antropolog\u00eda.<\/p>\n<p>Le\u00eddo con detenimiento, una vez espantados los tristes t\u00f3picos, vislumbramos en <em>\u00c1spero<\/em> una necesidad a flor de respiraci\u00f3n por expresar el \u00e1mbito instintivo \u2014cuya realidad, suponemos, estaba cargada de mitos y arduas exigencia f\u00edsicas\u2014 del hombre paleol\u00edtico; es decir, el hombre anterior a las ciudades y el alfabeto, n\u00f3mada y cazador, m\u00e1s primate que primoroso:<\/p>\n<p>Arr\u00e1iz \u2014dice Liscano con punter\u00eda delicada\u2014 vivi\u00f3 siempre acorde con una mitolog\u00eda personal que situaba en primer lugar a la Naturaleza, como una divinidad ancestral, como la gran Dadora de Vida, Muerte y Belleza. <a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a><\/p>\n<p>Tal vez Antonio Arr\u00e1iz habr\u00eda aprobado con entusiasmo la siguiente afirmaci\u00f3n del bi\u00f3logo e intelectual Desmond Morris:<\/p>\n<p><em>Por muy grandiosas que sean nuestras ideas y por muy orgullos que nos sintamos de ellas, seguimos siendo humildes animales, sometidos a todas las leyes b\u00e1sicas del comportamiento animal <a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a><\/em><\/p>\n<p>El juicio de Rafael A. Lucca, al escribir el pr\u00f3logo a la <em>Obra<\/em><em> Po\u00e9tica<\/em> de Arr\u00e1iz (Monte \u00c1vila Editores, 1987), es uno de los m\u00e1s as\u00e9pticos; mantiene las distancias necesarias y no toma partidos, incluso puede afirmarse que su naturaleza es esencialmente de\u00edctica. Ofrece al lector interesado una saludable visi\u00f3n panor\u00e1mica, aplomada y en ning\u00fan caso plomiza:<\/p>\n<p><em>Sin pretender dudar de la validez de los juicios sobre \u00c1spero, convendr\u00eda anotar el tono emocionado que el poeta suscita en sus estudiosos. Sin duda, la poes\u00eda de Arr\u00e1iz presenta un lenguaje nuevo en relaci\u00f3n con el lenguaje po\u00e9tico usual en el momento de su aparici\u00f3n; adem\u00e1s, la posici\u00f3n desde la que el poeta mira y escribe es singular en comparaci\u00f3n con la mayor\u00eda de los poemas escritos alrededor de 1924. Sin embargo, \u00bfpor qu\u00e9 insistir en que \u00c1spero irrumpe en Venezuela como una isla en el oc\u00e9ano? \u00bfNo es rom\u00e1ntica y hasta ingenua esta afirmaci\u00f3n?<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a><\/em><\/p>\n<p>Ciertamente hubo otros poetas venezolanos que pretend\u00edan zafarse del abrazo estrangulador \u2014para ese momento\u2014 del modernismo; Arr\u00e1iz Lucca menciona a Luis Enrique M\u00e1rmol y a los menos conocidos Ismael Urdaneta y Salustro Gonz\u00e1les Rincones. Estemos de acuerdo o no, conviene apreciar el intento por abrir las ventanas y airear el entumecido ambiente \u2014a veces francamente claustrof\u00f3bico\u2014 de la cr\u00edtica.<\/p>\n<p>A m\u00ed me sigue pareciendo infinitamente m\u00e1s atractivo \u2014por innovador y por espeso, verdaderamente espeso, en su cromatismo \u00f3ntico y est\u00e9tico \u2014el cuman\u00e9s Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. Pero est\u00e1 claro que no cubre la casilla indispensable del despojamiento. Es como si crey\u00e9ramos que el cuerpo desnudo es el mejor de los trajes posibles en virtud de su oposici\u00f3n a las complicadas prendas de Oriente. Podemos admirar la fuerza moral de ese <em>no-traje<\/em> y hasta imitarla, a condici\u00f3n de que no intentemos pasearlo \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u2014como un hecho formal\u2014 por las calles populosas para que todos puedan o deban aplaudir la magn\u00edfica y salvaje trabaz\u00f3n de sus hilos invisibles.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo me gustar\u00eda comentar, muy por encima, el reciente trabajo de Mar\u00eda de los \u00c1ngeles P\u00e9rez L\u00f3pez, titulado: \u201cDin\u00e1micas internas y aperturas en la poes\u00eda venezolana del siglo XX.\u201d <a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a><\/p>\n<p>A\u00fan no siendo un escrito especializado debido a su naturaleza diacr\u00f3nica, habr\u00eda sido preferible que la autora aprovechara la ocasi\u00f3n para examinar con m\u00e1s cuidado la presencia de Arr\u00e1iz en la l\u00edrica venezolana de los a\u00f1os veinte, o al menos intentar situarla en una posici\u00f3n m\u00e1s justa. Lejos de eso, reitera, sin hacerse ning\u00fan tipo de preguntas, el juicio ya can\u00f3nico \u2014y por lo visto cr\u00f3nico\u2014 de la vieja cr\u00edtica. A\u00fan m\u00e1s, en determinado memento de su examen llega a decir que <em>\u00c1spero<\/em> \u201cconstituy\u00f3 un hito (\u2026) por lo que supuso de reacci\u00f3n contra la dictadura de G\u00f3mez.\u201d Admitamos que una afirmaci\u00f3n de esa naturaleza se arrellana c\u00f3modamente en la improbabilidad y acaso en el dislate. A menos que asumir la m\u00e1scara de un ambiguo primitivismo valga como actitud combativa y valiente frente a la represi\u00f3n pol\u00edtica. Ni siquiera hurgando con la mejor voluntad entre los s\u00edmbolos de <em>\u00c1spero<\/em> podr\u00edamos dar con nada semejante.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s adelante incluso llega a decir: \u201cEn cuento a los elementos vanguardistas del libro puede[n] apuntarse (\u2026) el empleo de im\u00e1genes violentas\u201d; \u00a1Caramba! Esto ya es llevar demasiado lejos la buena voluntad, el despiste o la pereza mental.<\/p>\n<p>Apenas si es necesario insistir en la tosquedad recalcitrante de <em>\u00c1spero<\/em> o del propio Arr\u00e1iz. No he le\u00eddo nada m\u00e1s atinado al respecto que el veredicto de Guillermo Sucre \u2014poeta \u00e9l mismo exigente y cuidadoso en el hacer\u2014 que a continuaci\u00f3n paso a citar:<\/p>\n<p><em>Un extra\u00f1o y desconcertante poeta, es verdad. Demasiado hosco a las virtudes formales del lenguaje. Demasiado rudo y escueto tambi\u00e9n. Sin grandes destellos imagin\u00edficos. Sin \u201csabidur\u00eda\u201d expresiva, es decir, sin sentido del matiz, del juego verbal, sin riqueza en sus elementos: Un tanto enf\u00e1tico, a veces, banal y aun simplista. Aparentemente, la negaci\u00f3n misma de la poes\u00eda.<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a><\/em><\/p>\n<p>Aventuro, para concluir, una tesis provisional: en el autor de <em>\u00c1spero<\/em> no se da el hallazgo de un lenguaje propio \u2014o de una lengua dentro de la lengua, tal y como defin\u00eda Proust a la literatura\u2014, es decir, no hay un esfuerzo apreciable por transmutar la realidad en \u201cpalabras andantes\u201d, a menos que entendamos la ausencia de las mismas como un acierto y un logro. En cualquier caso, <em>\u00c1spero<\/em> es apreciable por su, dig\u00e1moslo as\u00ed, temperatura espiritual, a todas luces fresca y agresiva. En sus versos advertimos ecos prehist\u00f3ricos, un sentido fin\u00edsimo del ritmo, eso es innegable, y una literatura que apenas logra vivir, entretenida como est\u00e1 en negarse a s\u00ed misma cualquier atisbo de afeminada orfebrer\u00eda.<\/p>\n<p>Entendi\u00f3 Arr\u00e1iz que la mejor manera de expresar el universo de lo viril \u2014sea lo que fuere ese escurridizo concepto\u2014 era sometiendo el poema a todo tipo de privaciones espartanas. Si sobreviv\u00eda a ello entonces tal vez mereciera la sangre sencilla que corre por sus venas, como un veterano combatiente que existe a pesar y, sobre todo, gracias a sus cicatrices gloriosas y rotundas.<\/p>\n<p><strong>Antonio Arr\u00e1iz: ra\u00edz ant\u00f3nima [El hombre]<\/strong><\/p>\n<p>La vida de Antonio Arr\u00e1iz (Barquisimeto, 1903-Wesport, 1962) estuvo cruzada por r\u00e1fagas violentas y fiebres tutelares; por nomadismos complejos que hicieron de \u00e9l muchos hombres y de su coraz\u00f3n una sola hoguera de mil lenguas espejeantes. Para encontrarlo cara a cara basta con que nos fijemos en el siguiente dato: pasa siete a\u00f1os\u00a0 \u2014se dice pronto y se asimila tan despacio que casi no llegamos a comprenderlo\u2014 en La Rotunda, por haber desafiado con su oposici\u00f3n resuelta la dentada inmovilidad de un r\u00e9gimen \u2014es decir, de un dictador\u2014 que ten\u00eda al pa\u00eds completamente sometido a la postraci\u00f3n, el miedo y la ignorancia, en proporciones id\u00e9nticas y devastadoras. Tanto es as\u00ed, que un historiador nada amigo de las exageraciones como Guillermo Mor\u00f3n no tiene ning\u00fan reparo en estirar la piel del siglo XIX hasta la muerte de Juan Vicente G\u00f3mez, ocurrida en 1935<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>. Por consiguiente, no es una desmesura hablar de aquellos a\u00f1os como de una etapa ferrosa y sopor\u00edfera que, parad\u00f3jicamente, puso en marcha los elementos m\u00e1s impetuosos de un pu\u00f1ado de conciencias en combusti\u00f3n permanente. Tampoco es un exceso celebrar la valent\u00eda, admitamos que hay en su materia un poco de milagro.<\/p>\n<p>Habr\u00eda que matizar, por otra parte, que la actitud de Antonio Arr\u00e1iz es la de su \u00e9poca. No olvidemos que los primeros treinta a\u00f1os del siglo, m\u00e1s o menos, estuvieron jalonados por intensas convulsiones en el orden pol\u00edtico y en el est\u00e9tico. Las vanguardias ocupaban un lugar privilegiado y se revolv\u00edan hacia todas las direcciones como una rosa de los vientos cadenciosa y fosforescente que al mismo tiempo era una hidra. La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica mostraba sus cicatrices: signos capaces de encarnar al hombre nuevo. Hoy sabemos que estaban huecos o al menos formaban un palimpsesto ocultando el hedor de la sangre, el filo acerado de las consignas, la expansi\u00f3n ciega de las v\u00edsceras obedeciendo la (de)cadencia de la raz\u00f3n (Octavio Paz lo llama, con precisi\u00f3n de poeta, \u201cinicuas simetr\u00edas\u201d).<\/p>\n<p>Los surrealistas, con Andr\u00e9 Breton a la cabeza, desataron todos los huesos de la poes\u00eda para que fueran la urdimbre natural de lo diario; sus manifiestos y sus fiestas estaban\u00a0\u00a0 \u2014quer\u00edan estar\u2014 al servicio de la vida y en \u00faltima instancia del arte, puesto que ambas entidades deb\u00edan terminar siendo una y la misma cosa. Al respecto dice Octavio Paz:<\/p>\n<p><em>El surrealismo no parte de una teor\u00eda de la realidad; tampoco es una doctrina de la libertad. Se trata m\u00e1s bien del ejercicio concreto de la libertad, esto es, de poner en acci\u00f3n la libre disposici\u00f3n del hombre en su cuerpo a cuerpo con lo real. Desde el principio la concepci\u00f3n surrealista no distingue entre el conocimiento po\u00e9tico de la realidad y su transformaci\u00f3n: conocer es un acto que transforma aquello que se conoce.<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a><\/em><\/p>\n<p>El mismo Breton deja las cosas claras desde su primer manifiesto: ser\u00e1 la voluntad del hombre la que construya con sus propias manos el para\u00edso recuperado, en cuyo centro hay un \u00e1rbol abierto para todos. Casi es ocioso decir que sus frutos son los que engendra la poes\u00eda. As\u00ed pues, escribe con determinaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>El hombre propone y dispone. Tan s\u00f3lo de \u00e9l depende poseerse por entero, es decir, mantener en estado de anarqu\u00eda la cuadrilla de sus deseos, de d\u00eda en d\u00eda m\u00e1s temibles. Y esto se lo ense\u00f1a la poes\u00eda.<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a><\/em><\/p>\n<p>En muchos aspectos Arr\u00e1iz tuvo una vida signada por la oposici\u00f3n y la vigilancia, es m\u00e1s, pocos de sus contempor\u00e1neos fueron tan lejos como \u00e9l en la necesidad de \u201cmantener en estado de anarqu\u00eda la cuadrilla de sus deseos\u201d. Por eso no es una sorpresa que los escritores vanguardistas lo sintieran como a un igual; hermano no de formas, como es evidente, pero s\u00ed de respiraci\u00f3n sediciosa e instintos p\u00fagiles. Quiz\u00e1 exagera Juan Liscano cuando asegura que \u201cla vanguardia lo adopt\u00f3 como el poeta m\u00e1s representativo suyo\u201d;<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a> en cualquier caso es indudable que <em>\u00c1spero<\/em> fue \u2014por sus intenciones, insisto\u2014 un ejemplo de independencia y a\u00fan de malas maneras, como conven\u00eda al <em>homme revolt\u00e9<\/em> de aquellos a\u00f1os. Ello aparejado al macizo muchacho de veintid\u00f3s a\u00f1os que saltaba por arriba de las convenciones con desenvoltura de atleta griego.<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a><\/p>\n<p>\u00bfY despu\u00e9s de \u00c1spero y la Semana del Estudiante? Le pas\u00f3 lo que a todos, tuvo que seguir viviendo, administrando sabia o amargamente \u2014seg\u00fan de quien se trate, Arr\u00e1iz fue un hombre poco dado a la eleg\u00eda de s\u00ed mismo\u2014 los esplendentes fragmentos de un tiempo mejor. Fue periodista, ocup\u00f3 cargos p\u00fablicos, estuvo entre los miembros fundadores de <em>El Nacional<\/em>; casi ning\u00fan g\u00e9nero le fue ajeno \u2014incluso lleg\u00f3 a componer innumerables obras did\u00e1cticas en lo que podr\u00edamos considerar la \u00faltima etapa literaria de su vida\u2014 y los d\u00edas, en suma, fueron resbalando con naturalidad no exenta de asombro y gratitud.<\/p>\n<p>El hombre de carne y hueso Antonio Arr\u00e1iz \u2014como habr\u00eda dicho Unamuno\u2014 seduce por la vastedad turgente de sus apetitos vitales y ya no tanto por su poes\u00eda. La cr\u00edtica ha sido incapaz de disociar ambas actividades, incluso el lector m\u00e1s estricto se ve en verdaderos apuros a la hora de transitar entre ambos planos. Tal vez sea mejor as\u00ed.<\/p>\n<p>Ning\u00fan otro escritor de Venezuela merece tanto la definici\u00f3n que hizo Rub\u00e9n Dar\u00edo\u00a0\u00a0 \u00a0\u2014pero ahora sin iron\u00eda\u2014 de Roosvelt: Antonio Arr\u00e1iz era, positivamente, un \u201cprofesor de energ\u00eda\u201d e incluso de gimnasia espiritual. No es raro entonces que la muerte lo sorprendiera de pie; en trance de hacer, a medio camino entre lo f\u00e1ctico y la fascinaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u201cPr\u00f3logo a la 2\u00aa edici\u00f3n de <em>\u00c1spero<\/em>\u201d, en: Antonio Arr\u00e1iz, <em>Obra Po\u00e9tica<\/em>, Caracas, Monte \u00c1vila, (Altazor, Serie Mayor, n\u00ba 3), 1987, p.241.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> <em>\u00cdbidem.<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Admitamos que esa conjunci\u00f3n nos obliga a postular la existencia de una sola poes\u00eda y \u2014 lo que es todav\u00eda peor\u2014 una realidad sola.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><em><strong>[4]<\/strong><\/em><\/a><em> \u00cddem<\/em>, p. 242.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> <em>\u00cddem<\/em>, p. 243.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> \u201cLa poes\u00eda de Antonio Arr\u00e1iz\u201d en: Antonio Arr\u00e1iz, <em>op<\/em>. <em>cit<\/em>., pp. 244-246.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> <em>\u00cddem<\/em>., p. 245.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Creo que en Antonio Arr\u00e1iz se cumpli\u00f3, mejor que en ning\u00fan otro, aquel consejo que daba un tempran\u00edsimo Nicol\u00e1s Guill\u00e9n: \u201cdeja que se vea junto al poeta el hombre.\u201d Y es, justamente, el hombre quien relumbra con peso adamantino en todas las paredes de nuestro coraz\u00f3n. Admiramos sin reservas su coraje, incluso su candidez de fruta que se reserva para las manos del sol y la verdad.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> A. Uslar-Pietri, <em>op. cit<\/em>., p.242.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\"><em><strong>[10]<\/strong><\/em><\/a><em> \u00cddem<\/em>, pp. 245-246.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Orlando Araujo y \u00d3scar Sambrano Urdaneta, <em>Antonio Arr\u00e1iz<\/em>, Caracas, Universidad Central de Venezuela, (Colecci\u00f3n Los Creadores, n\u00ba 8), 1975, p. 17.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> \u201cFragmento del pr\u00f3logo a la Suma Po\u00e9tica\u201d en: Antonio Arr\u00e1iz, <em>op. cit.<\/em>, p. 247.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> <em>El Mono Desnudo<\/em>, Barcelona, Plaza Jan\u00e9s Editores, 2000, p. 264.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> \u201cPr\u00f3logo\u201d en: Antonio Arr\u00e1iz, <em>op. cit<\/em>. , p. VIII.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> En: <em>Historia de la Literatura Hispanoamericana<\/em>, Trinidad Barrera (coord.), Madrid, C\u00e1tedra, 2008 (tomo III, siglo XX), pp. 646-647.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> \u201cLa poes\u00eda de Antonio Arr\u00e1iz\u201d en: Antonio Arr\u00e1iz, <em>op. cit<\/em>., p. 244.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> En realidad la idea no se le ocurri\u00f3 a \u00e9l, ya hab\u00eda sido expuesta por el ensayista meride\u00f1o Mariano Pic\u00f3n Salas, en un libro, \u00bfqui\u00e9n lo duda?, imprescindible: Comprensi\u00f3n de Venezuela (1949).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> <em>Las peras del olmo<\/em>, Barcelona, Seix Barral, 1984, pp. 138-139.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> <em>Manifiestos del surrealismo<\/em>, Barcelona, Editorial Labor, 1995, p. 35.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> <em>Panorama de la Literatura Venezolana Actual<\/em>, Caracas-Barcelona, Alfadil Ediciones, (Colecci\u00f3n Tr\u00f3picos), 1984, p.183.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> Conviene advertir que la literatura en la Venezuela de ese momento requer\u00eda con urgencia ser apedreada en sus zonas m\u00e1s vicarias; es all\u00ed donde cobra verdadero relieve la figura desali\u00f1ada y combativa del casi adolescente Arr\u00e1iz, que con tan pocos a\u00f1os se atrevi\u00f3 a escupir sobre tanta porcelana huera, arrojando su pu\u00f1ado de poemas \u2014a pesar de la escasa calidad literaria o, tal vez, por eso mismo\u2014\u00a0 b\u00e1rbaros y muy poco barbados en su decir mancebo, franco, dentelloso.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel Alonso I.- R\u00e1pida cr\u00edtica de la cr\u00edtica [Los otros, la obra y el hombre] En 1939 Arturo Uslar-Pietri \u2014para entonces ya un escritor hecho, sobre todo si tomamos en cuenta que unos a\u00f1os antes hab\u00eda publicado Las lanzas coloradas (1931), con toda probabilidad su mejor novela\u2014 escribe un pr\u00f3logo para la segunda edici\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4351,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4350"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4350"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4350\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4352,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4350\/revisions\/4352"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4351"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4350"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4350"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4350"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}