{"id":4346,"date":"2022-05-03T16:02:06","date_gmt":"2022-05-03T16:02:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4346"},"modified":"2023-11-24T18:31:23","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:23","slug":"los-alegres-desahuciados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/los-alegres-desahuciados\/","title":{"rendered":"Los alegres desahuciados (cap\u00edtulo I)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Andr\u00e9s Mari\u00f1o Palacio<\/h4>\n<p>Mor\u00eda ya la \u00faltima nota de la exquisita sinfon\u00eda cuando Vivi\u00e1n se levant\u00f3 y camin\u00f3 con manifiesto desgano hacia la ventana. Abajo se ve\u00edan los techos rojos y acerados de las casas vecinas. Era risue\u00f1o \u2014c\u00f3micamente risue\u00f1o, risue\u00f1amente c\u00f3mico\u2014 admirar las prosaicas intimidades que la humanidad exhib\u00eda en la trastienda de sus hogares. Las te\u00adrrazas de los hogares modernos son los sitios favoritos para que se refocilen de placer los gatos en las noches de amor, y para que las malas lenguas de los conocidos puedan decir que la ropa interior de sus vecinos es de la m\u00e1s \u00ednfima y vulgar calidad.<\/p>\n<p>La alta figura del joven se estuvo un momento enmarca\u00ad da en el cuadro neblinoso de la ventana. Sus espaldas te\u00adn\u00edan una maravillosa y fascinante armon\u00eda. Ca\u00edan rectas y firmes las l\u00edneas desde el hombro y encajaban sutilmente en la fina cintura. Luego sus piernas, no eran acromeg\u00e1licamente largas, como en la mayor\u00eda de la gente de elevada estatura, sino que gozaban de una particular simetr\u00eda con respecto al torso. Como su caminar era manifiestamente el\u00e1stico, de paso corto y firme, era grat\u00edsima y bella la estampa f\u00edsica que presentaba al ponerse en movimiento.<\/p>\n<p>Para Vivi\u00e1n, la existencia no pasaba de ser una rid\u00edcu\u00adla escena de una comedia escrita sin habilidad. A veces su recta nariz se mostraba desafiante e ir\u00f3nica, pero sab\u00eda cortar a tiempo sus arrebatos. En realidad, no val\u00eda la pena que desperdiciara tan raras condiciones humanas que po\u00adse\u00eda \u2014 como tacto mundano, belleza personal, aguda inteligencia\u2014 en atacar y reprochar la multitud de vicios que han acosado, acosan y acosar\u00e1n a la humanidad.<\/p>\n<p>Retorn\u00f3 de nuevo al centro de la habitaci\u00f3n. Un rayo de sol ilumin\u00f3 la seda roja de la piyama que vest\u00eda. Estaba bastante cansado, sumamente fatigado. Era de esos seres a quienes arrastra inevitablemente el placer. Envuelto en la ola formidable se hund\u00eda hasta sentirse ah\u00edto y molido de crueles sensaciones. Ya que no era de los que libaban el goce con camal prudencia. No. Para su estirpe sensible, ser\u00eda esto de una imprudencia y de un mal gusto \u00fanico. No vale nada la eternidad, nada vale la condenaci\u00f3n eter\u00adna, al lado del placer que Vivi\u00e1n pudiera obtener en una o dos horas de su vida.<\/p>\n<p>Si volviera a colocar el disco que hace poco escuchaba quiz\u00e1s se sintiera m\u00e1s vigoroso. Porque esta laxitud le anonadaba. No era que le desagradara, sino que le colo\u00adcaba en sutil inferioridad ante sus amigos. \u00bfY c\u00f3mo resis\u00adtir\u00eda aquella mirada sombr\u00eda y t\u00e9trica de (Abiga\u00edl si no iba revestido de todo su valor personal? \u00bfO los finos y l\u00edricos excesos sentimentales de que a veces hac\u00eda alarde el musical y po\u00e9tico de Zoilo?<\/p>\n<p>Coloc\u00f3 otra vez la aguja encima del disco y la m\u00fasica se dej\u00f3 o\u00edr. Se tendi\u00f3 sobre el div\u00e1n. Lanz\u00f3 a un extremo de la habitaci\u00f3n la pantufla derecha que le molestaba. Admir\u00f3 un rato la contextura de su pie. \u00a1Extra\u00f1o, maravi\u00adlloso recuerdo! Ahora desfilaban por su imaginaci\u00f3n las figuras m\u00e1s locas y desenfrenadas de su vida.<\/p>\n<p>Ahora se explicaba aquellos sue\u00f1os de hac\u00eda varios a\u00f1os \u2014 en la playa de Bah\u00eda Grande, Hotel Nacional\u2014 , cuando cre\u00eda poseer a una estatua de m\u00e1rmol, sent\u00eda que la corriente sexual le llevaba entre sus manos agarrotadas, y cuando cre\u00eda eyacular, en lugar de semen, s\u00f3lo sal\u00eda de su sexo una r\u00e1faga de cenizas que el viento desparramaba y fijaba en el cielo nocturno convertidas en blancas y asustadas estrellas.<\/p>\n<p>Atacado por una brusca tensi\u00f3n nerviosa dio una s\u00fabita vuelta por encima del div\u00e1n y quit\u00f3 el disco que ya entraba en su parte culminante. La sinfon\u00eda fue interrumpida, mutilada, como un ni\u00f1o a quien se da una bofetada cuando se dispone a besarnos dulcemente.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 exacto y matem\u00e1tico el recuerdo! Era una mujer alta, demasiado alta, con manos de nardo enlunado, que llegaba hasta su cuerpo desnudo de infante y tomaba su pie entre sus esbeltos dedos, y luego besaba dulcemente la planta&#8230;<\/p>\n<p>Vivi\u00e1n se estremeci\u00f3 de goce ante el recuerdo. Sote\u00adrradas y pudorosas sensaciones vinieron a su imaginaci\u00f3n un poco calenturienta. Quiso borrar la imagen. Pero ya no pod\u00eda, estaba all\u00ed. La mujer alta, de manos de nardo, llevaba su pie, su delicado tal\u00f3n, hacia un sitio \u00edntimo de su cuerpo, y le besaba luego desenfrenadamente en el cuello. Aqu\u00ed hab\u00eda un grito de alba delirante, y sonaba una m\u00fasica exac\u00adtamente parecida a la de la sinfon\u00eda que hace poco tocaba.<\/p>\n<p>\u00a1Vulgaridades, est\u00fapidos sue\u00f1os er\u00f3ticos! La alta figura de Vivi\u00e1n volvi\u00f3 a repasar la habitaci\u00f3n. Despu\u00e9s se apode\u00adr\u00f3 de una botella de ginebra que estaba sobre la mesa y bebi\u00f3 un poco, con afectado gesto de catador.<\/p>\n<p>Esta tarde ten\u00eda que verse con el sombr\u00edo y fantasmag\u00f3\u00adrico Abigail. Refinados temores caminaban por la columna vertebral de Vivi\u00e1n cuando las miradas oscuras \u2014 amenazadoramente oscuras\u2014 de Abigail se hund\u00edan en sus ojos. Era un hombre profundo. Una de esas naturalezas que parecen haber descifrado todos los misterios del cosmos y van por el mundo sembrando el terror en los que todav\u00eda son d\u00e9biles y alucinados, ausentes de esa espantosa fortale\u00adza de los que no tienen miedo a la oscuridad y osan desafiar las tinieblas de los pozos malditos y las pantanosas ema\u00adnaciones de las ci\u00e9nagas copuladas del Bien y del Mal.<\/p>\n<p>As\u00ed era Abiga\u00edl: una sombra alta y erecta, con cejas encapotadas, mirada enorme, golosa y oscura, como desa\u00adfiando a El M\u00e1ximo \u00eddolo, como demostrando con su atroz inhumanidad que era m\u00e1s humano, m\u00e1s integral que todos los m\u00edsticos de la fornicaci\u00f3n y fornicadores del misticismo en sus arrebatadas y alternativas oraciones a la lujuria y el esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Cu\u00e1n distinto y dulce, en cambio, era Zoilo. Sus pupilas de profundas cuencas \u2014 como si viviera en una aromosa vigilia\u2014 quer\u00edan comunicar positiva ternura a todos aque\u00adllos a quienes conced\u00eda su trato. Su voz, arrastrada y lenta, como un gemido de piano en el alto anochecer, envolv\u00eda a las personas en una atm\u00f3sfera de azules vaguedades. Cuando Vivi\u00e1n entraba en uno de esos per\u00edodos complejos y nervio\u00adsos de la absoluta incomprensi\u00f3n ante la vida, buscaba con tenacidad la compa\u00f1\u00eda fraternal de Zoilo. Era un hombre alejado por completo de la vida com\u00fan y prosaica. En sus adormecidas pasiones no lat\u00edan esos turbios expedientes que acosan a los dem\u00e1s seres humanos.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 viv\u00eda, c\u00f3mo viv\u00eda, con qui\u00e9n viv\u00eda? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda saberlo? Siempre estaba parado distra\u00eddamente en alguna parte. Con su augusta pose de so\u00f1ador. En su rostro, quedaban a\u00fan las imprecisas huellas de la adolescencia. Era un adolescente embalsamado. Quiz\u00e1s por eso hab\u00eda roto con las preocupaciones de la inquietud material y adoptado la divisa de los \u00e1ngeles que aceptan como mo\u00adneda nacional la gratitud y conmiseraci\u00f3n celestes.<\/p>\n<p>A los ojos de Vivi\u00e1n resultaba incomprensible la acti\u00adtud de Zoilo. Y sin embargo, le agradaba y satisfac\u00eda esa actitud, le hac\u00eda bien. Mientras que Abiga\u00edl era para su esp\u00edritu ultrasensible como la v\u00edbora gris que nos sale en el camino y pretende seducimos con sus alucinantes y dora\u00addas pupilas. Qu\u00e9 nefasto y contraproducente resultaba el trato con este ensimismado que llevaba el odio y la mal\u00ad dad en el simple gesto de la fofa y blanca mano que se levanta para indicar un movimiento o demostrar una frase inconclusa y abstracta.<\/p>\n<p>Estaban todos tan lejanos, tan separados y distantes. Resultaba una tortura infinita para un alma que tiende a la comprensi\u00f3n y el mutuo entendimiento, que dos seres de originales facultades se entregaran a esconder sus leg\u00edti\u00admos rostros detr\u00e1s de burdas y absurdas m\u00e1scaras.<\/p>\n<p>A veces le acomet\u00edan a Vivi\u00e1n ansias desequilibradas de retorcerle la arremangada nariz al loco y vulgar de Abi\u00adga\u00edl para averiguar si realmente era de carne y cart\u00edlagos como la de todo el mundo. Ten\u00eda la impresi\u00f3n de que el rostro de este hombre deb\u00eda ser diferente. O muy feo o l\u00faci\u00addamente hermoso.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s alguna vez hubo en su faz una sublime sereni\u00addad de estuario desdibujado. Pero a lo mejor hab\u00eda sido encadenado demasiado temprano, o alguna urraca de ver\u00ad des intenciones se hab\u00eda colgado de sus hombros para darle este paso de halc\u00f3n y esta mirada penumbrosa y tris\u00ad te como la de esos sepultureros que entonan melanc\u00f3licas romanzas a la vista del crep\u00fasculo.<\/p>\n<p>Son\u00f3 de pronto un golpe seco y rotundo en la puerta. Vivi\u00e1n salto nerviosamente. Pero se recuper\u00f3 y una sonrisa pas\u00f3 por su rostro. Deb\u00eda ser Abigail que ven\u00eda a buscarle seg\u00fan lo prometido.\u00a0 Pero, \u00bfen realidad hab\u00edan prometido verse en la tarde de hoy, o todo se deb\u00eda al estado de somnolencia en que hab\u00eda pasado el d\u00eda?<\/p>\n<p>Aqu\u00ed surgi\u00f3 un conflicto de dudas y vacilaciones en la mente de Vivi\u00e1n. Mientras tanto, en la puerta volv\u00edan a tocar repetidamente. \u00bfNo podr\u00eda ser un ladr\u00f3n o un asaltante? \u00bfY si su deseo de ver a Abigail era tan fuerte que le atra\u00eda como esos liquenes ancianos que buscan los riscos para aferrarse a ellos en sus \u00faltimas horas de vida?<\/p>\n<p>Inquietud negra y vendavalesca cruz\u00f3 por su frente. Sent\u00f3se en una silla de inc\u00f3moda postura y coloc\u00f3 la fren\u00adte entre las grandes manos. Ahora una turbia emoci\u00f3n, una penumbrosa sorpresa y curiosidad hab\u00eda en su pecho.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 el <em>robe de chambre<\/em> y se lo puso con elegancia. Busc\u00f3 luego su cepillo de plata y se arregl\u00f3 con minucio\u00adsos movimientos la negra cabellera. Cata \u00e9sta en largas ondas sobre la nuca, y brillaba intensamente en las sienes finas y uniformes. Fue con paso firme hacia la puerta y abri\u00f3. Era el portero del edificio.<\/p>\n<p>\u2014 Se\u00f1or Vivi\u00e1n, que si desea comer en casa para man\u00addarle a pedir la cena al restaurant. Ofrecen lotos macha\u00adcados y un vino azucarado con esencias lum\u00ednicas. \u00bfLe gusta a usted la carta?<\/p>\n<p>\u00abTrata de ser po\u00e9tico este pobre diablo\u00bb, pens\u00f3 Vivi\u00e1n. \u00abPero su poes\u00eda es tan prosaica como su persona.\u00bb<\/p>\n<p>Respondi\u00f3 con su gruesa y firme voz:<\/p>\n<p>\u2014 No. Salgo pronto. Si sube por la escalera un joven con actitud de centauro crapuloso le dices que se apresu\u00adre. Esta noche tengo un banquete de tritones y necesito mi frac de algas.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Bravo Vivi\u00e1n! \u00a1Brav\u00edsimo! Eso s\u00ed ha quedado exce\u00adlentemente bien. Pero has anonadado al pobre portero. Claro, t\u00fa tienes un talento singular. Eres un maravilloso predestinado. Pero no vayas a convertirte en presumido.\u00bb Eso, certeramente: no convertirte en presumido. Segu\u00adramente el atormentado Abiga\u00edl no pasaba de ser un horrible presumido. Aunque no todos los que presumen tienen talento y genio, era innegable que el querido Abiga\u00edl resultaba demon\u00edacamente talentoso y sat\u00e1nicamente ge\u00ad nial. Hab\u00eda que verle aquella tarde que persigui\u00f3 por la avenida Central a la enorme ramera, de rostro de \u00eddolo, que le subyugara con sus ojos verdes. Parec\u00eda un centauro cra\u00adpuloso. Las pupilas eran dos enormes aceitunas nadando en vinagre amarillo. La movible y movediza boca, de labios vibrantes, se contorsionaba en vulgares muecas. Era un ca\u00admello febriciento y desesperado cuando olfateaba a lo lejos el sexo de la hembra. Un rumor de maldiciones cruzaba por la avenida Central. Y Abiga\u00edl persegu\u00eda a la ramera con su paso de militar. Tuvo Vivi\u00e1n que detenerle por la solapa y rogarle que se portara con m\u00e1s prudencia.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 terrible su reacci\u00f3n! La mirada que le dirigi\u00f3 era de hielo. Hosca y desde\u00f1osa.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Eres un mameluco inveros\u00edmil! fue todo lo que le arg\u00fcy\u00f3 Y siguieron juntos por la misma avenida. Mien\u00adtras, a lo lejos, la obscenidad de la enorme ramera dibujaba siluetas de fornicaciones en el aire.<\/p>\n<p>Y otra acci\u00f3n terrible fue cuando lanz\u00f3 por la borda de un puente al mendigo que solicitara de su bondad una sencilla limosna. Esa vez s\u00ed estuvo a punto Vivi\u00e1n de reaccionar vio\u00ad lentamente contra Abiga\u00edl. Porque \u00e9ste, en potencia, era eso: un mendigo, un desesperado que masturbaba sus fractura\u00ad dos sue\u00f1os con el dolor terrible que causaba a la humanidad.<\/p>\n<p>El cuerpo del mendigo chapote\u00f3 en la sucia agua del ria\u00adchuelo. Luego se puso de pie, y con la mirada alta y brillan\u00ad te invoc\u00f3 algo que se mov\u00eda entre las nubes insomnes. Ya atardec\u00eda. Un crep\u00fasculo lagrimeante cern\u00edase sobre la ciu\u00addad. El mendigo desafiaba a la naturaleza, la misma ira divina, en la brutal condici\u00f3n humana del sat\u00e1nico Abiga\u00edl.<\/p>\n<p>La ternura que sofocaba en esos instantes a Vivi\u00e1n le llev\u00f3, no a consolar al mendigo, sino a tomar a Abiga\u00edl del brazo. Coloc\u00f3 una de sus manos sobre sus hombros. Le empuj\u00f3 suavemente y se fueron caminando. Caminando. Mientras asomaba una estrella; mientras muchos ni\u00f1os pasaban jugueteando al lado de ellos. Despu\u00e9s comieron ostras y bebieron mucha ginebra en la pensi\u00f3n en que viv\u00eda Abiga\u00edl. Vivi\u00e1n retorn\u00f3 un poco asqueado a su apar\u00adtamento. Una sensaci\u00f3n vomitiva se agitaba en su alma, en su es\u00f3fago afectivo, y n\u00e1useas abominables le impel\u00edan a cortar el divino cord\u00f3n umbilical que a\u00fan le ataba a este mundo torpe y decadente.<\/p>\n<p>A veces hac\u00eda un alto en su desbocada posici\u00f3n mun\u00addana y dec\u00eda: \u00a1Soy esto!, simplemente: \u00a1esto! Vivi\u00e1n: alto, elegante, divertido, simp\u00e1tico, hermoso, blanco, de negra cabellera, con agudeza y sutileza en la conversaci\u00f3n. Por dentro, sin embargo, en el fondo entra\u00f1able de mi ser, \u00a1cu\u00e1n\u00ad tas angustias y conflictos no existen! Para los ojos mundanos s\u00f3lo vive el gentleman atildado y fr\u00edvolo que en una noche liquida muchas botellas de champagne y de whisky, que es capaz de tomar un lujoso autom\u00f3vil y llegarse a Bah\u00eda Grande con el amanecer para beber delirantemente, mien\u00adtras chillan los p\u00e1jaros en la fresca hondonada, grandes vasos de ginebra con agua de coco.<\/p>\n<p>Eso soy yo: eso y nada m\u00e1s. Un traje exquisitamente cortado, de la mejor sastrer\u00eda de la capital, un fino pa\u00f1uelo, una lujosa corbata, una posici\u00f3n de <em>dilettante<\/em> y embriaga\u00addo sentidor. Algunos me tildan de mediocre y afectado porque envidian, en realidad, mi rostro de efebo y mis con\u00addiciones humanas que ellos nunca podr\u00e1n poseer. Yo poseo el secreto de la vida. Para m\u00ed, la vida nunca es pintoresca, pero en el morral de mis ocultas y rec\u00f3nditas sensaciones hago la vida pintoresca, fa convierto en bella y fructifican\u00ad te, soy capa\/, con la vara taumaturga del placer, de hacer cambiar el rostro hier\u00e1tico y severo de una de esas diosas oto\u00f1ales, en la m\u00e1scara m\u00e1s apol\u00ednea y voluptuosa del mundo. \u00a1Los comerciantes, esos horribles mercaderes del alma, que van con su miseria a cuestas, con su atroz medio\u00ad cridad e insipidez, incapaces de seducir a la mujer m\u00e1s prostituida y hundida en el vicio, m\u00fatilos de plasticidad mental para imaginar e inventar los goces m\u00e1s profundos y lascivos, esas horribles sensaciones que nos convierten en gui\u00f1apos y nos hacen cambiar la eternidad por un solo minuto de placer, c\u00f3mo me odian y envidian con el m\u00e1s bajo de los odios y la m\u00e1s negra de las envidias! \u00a1Ah, qui\u00adsiera abrirles el vientre y dibujar en el coraz\u00f3n de sus entra\u00f1as la insignia maldita de la estolidez humana!<\/p>\n<p>Pronto vendr\u00e1 Abigail. Tiene que venir. \u00c9sa es otra de sus dotes sobrenaturales. Est\u00e1 all\u00ed, precisamente all\u00ed, don\u00ad de alguien desea que est\u00e9. Por eso subyuga a todo el mundo. Nadie puede resistirle.<\/p>\n<p>Todo en \u00e9l es repulsivo: sus ojos, enormes y negros, sus ojos que miran furtivamente, de medio lado, como querien\u00addo atravesar al interlocutor, sus cejas encapotadas e intensas, su nariz, ganchuda, con las aletas vulgarmente arremanga\u00ad das, la barbilla blanda y carnosa, como una lonja de tocino recubierta de piel, su voz seca y cortante, profunda a veces, pero nunca suave y melosa, nunca enso\u00f1adora.<\/p>\n<p>Sin embargo, le aman. Hay que amarle. Pese a su singu\u00adlar antipat\u00eda. Pese a su desd\u00e9n por todo el mundo. Y yo: Vivi\u00e1n, yo que me jacto a veces de comprensivo y solemne, marcho a su lado, horriblemente solo, porque nadie puede estar nunca con Abiga\u00edl. \u00c9l siempre va solo: horriblemente solo. Y los que vamos con \u00e9l tambi\u00e9n marchamos solos: horriblemente solos.<\/p>\n<p>Ahora retornaba Vivi\u00e1n a la ventana. El aire vaporoso de la noche refrescaba su rostro. Abajo se ve\u00edan los techos rojos y acerados de los hogares vecinos. Un hedor mixti\u00adficado y mixtificante sal\u00eda de las casas.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1, las luces de la ciudad lanzaban fluidificadas olas de hast\u00edo al firmamento. Hab\u00eda un gran cansancio en el cielo de la ciudad. No\u00ad che que ca\u00eda como la enorme ramera en el lecho de placer que la espera. Noche honda y profunda, abierta y cari\u00f1osa, como los bra\u00adzos del amante pr\u00f3digo que est\u00e1 dispuesto a todos los place\u00ad res y a todas las sensaciones.<\/p>\n<p>Vivi\u00e1n retom\u00f3 hacia el gram\u00f3fono y coloc\u00f3 la aguja encima del disco. La m\u00fasica volvi\u00f3 a sonar. Recostado sobre el div\u00e1n, miraba una luz titilante que no exist\u00eda en el cielo raso. El pie le molestaba un poco, quer\u00eda desnudarlo, pero la inminencia del sensual recuerdo que vendr\u00eda des\u00adpu\u00e9s le retuvo. Y paraliz\u00f3 su gesto. Qued\u00f3 como somnoliento. Pensando en Abiga\u00edl. Una nube de humo cubri\u00f3 su frente y se fue quedando lentamente dormido. La m\u00fasica le envolv\u00eda tambi\u00e9n. Era un efebo perseguido en el bosque umbr\u00edo por un centauro crapuloso. Corr\u00eda con un mont\u00f3n de rojas fresas en las manos, y cuando ya sent\u00eda el aliento mortificante del centauro en su blanca nuca, se devolv\u00eda, y colocaba el pu\u00f1ado de fresas en la boca del monstruo, y entonces \u00e9ste marchaba d\u00f3cilmente a su lado, como si fuera un fox-terrier dom\u00e9stico y empalagoso.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/andres-marino-palacios\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Andr\u00e9s Mari\u00f1o Palacio Mor\u00eda ya la \u00faltima nota de la exquisita sinfon\u00eda cuando Vivi\u00e1n se levant\u00f3 y camin\u00f3 con manifiesto desgano hacia la ventana. Abajo se ve\u00edan los techos rojos y acerados de las casas vecinas. Era risue\u00f1o \u2014c\u00f3micamente risue\u00f1o, risue\u00f1amente c\u00f3mico\u2014 admirar las prosaicas intimidades que la humanidad exhib\u00eda en la trastienda de sus [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4347,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4346"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4346"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4346\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5516,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4346\/revisions\/5516"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4347"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4346"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4346"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4346"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}