{"id":4333,"date":"2022-05-01T19:57:38","date_gmt":"2022-05-01T19:57:38","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4333"},"modified":"2023-11-24T18:31:24","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:24","slug":"cuentos-de-dinapiera-di-donato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-dinapiera-di-donato\/","title":{"rendered":"Cuentos de Dinapiera Di Donato"},"content":{"rendered":"<h3>M\u00e1s Valleja ser\u00e1s t\u00fa<\/h3>\n<p>Yo no sab\u00eda que las prendas de vestir que me daba Anne-Laure eran de la casa Herm\u00e8s o de Chanel. <em>Porque noto que le gustan las cosas de antes<\/em>.<\/p>\n<p>No era del todo cierto. No todos los dibujos que llevaban las viejitas al cuello me atra\u00edan, solamente cuando me recordaban mis lecturas. \u00bfSer\u00eda una tela de <strong>La Prisionera <\/strong>de Proust o el broche a juego de Nora la de <strong>El Bosque de la noche<\/strong> y as\u00ed ser\u00edan las monturas con diamanticos de los lentes de las novias de <strong>El precio de la sal<\/strong> de Patricia Highsmith? Barnes y Highsmith hab\u00edan sido elegant\u00edsimas a juzgar por una foto de Higshsmith desnuda y del comentario insolente de Gertrud Stein de que Djuna era solamente un par de piernas. Proust y Hann, que se adoraban, usaban anillos y gastaban mucho en cigarreras a la moda, pero no creo que andar\u00edan por ah\u00ed luciendo catleyas ni siquiera de las inodoras enanas, un poquito m\u00e1s discretas. <strong>La dama del zorrito <\/strong>que escribi\u00f3 Violette Leduc cuando se enamor\u00f3 de su colega, Simone de Beauvoir, a su vez seducida por la prosa de Leduc<em>, <\/em>hab\u00eda que buscarla en caf\u00e9s que yo no frecuentaba al menos que me citaran poetas, como Salvador Tenreiro D\u00edaz, pero pod\u00eda untarme un aroma de aquellos lugares, de los frasquitos regalados a medio destapar de Madame Anne-Laure. La falda de cuero s\u00ed y por \u00faltimo dos corbatas Herm\u00e8s. Una para mi primo.<\/p>\n<p>El primo y su amiga Florina me hab\u00edan convencido ese d\u00eda de ponerme la falda y una corbata de las de Anne-Laure porque el plan era que los asi\u00e1ticos que lo captaron frente a la agencia bancaria donde limpi\u00e1bamos de madrugada y que le confiaron peque\u00f1as fortunas para que adquiriera tres bolsos en la tienda de Herm\u00e8s durante varios d\u00edas, nos emplearan tambi\u00e9n a nosotras. Treinta francos daban los verdaderos compradores por cada pieza que ven\u00edan a buscar por encargo a Paris para introducirlas ilegalmente en Asia. Una vez hasta dieron cincuenta francos.<\/p>\n<p>Nunca entend\u00ed de modas ni por qu\u00e9 no pod\u00edan entrar ellos mismos a la boutique y comprar treinta bolsos de una sola vez. Cada cartera val\u00eda varios salarios franceses, ofensivo para el izquierdismo vallejiano obligatorio para los departamentos de literatura donde se dilu\u00edan los clasismos de los latinos obligados a convivir entre ellos aprendiendo <em>los golpes de la vida yo no s\u00e9<\/em> y a ver de cerca aut\u00f3ctonos como Rigoberta Mench\u00fa. Yo sol\u00eda evitar el peregrinaje que hac\u00edan los viajeros que apartaban su lucha de clases para distraerse un poco en las tiendas exclusivas, no porque no me gustaran \u2013a fin de cuentas, apenas sal\u00eda de mi cuarto me sent\u00eda en un museo de boutiques sonoras y la materia hablaba con una luz brumosa y abarcadora que ca\u00eda desde las terrazas hasta el suelo. Yo pisaba como sosteniendo un trapo con el que frotaba distra\u00edda hasta que una escena golpeaba, directamente enfocada por una vida mayor repleta de todos los sentidos. La calle en Par\u00eds, incluso cuando la llenaba de miedos, me hac\u00eda sentir como un feto c\u00f3modo.<\/p>\n<p>En la barriga de Par\u00eds mi cat\u00e1logo comprend\u00eda tanto ir a una manifestaci\u00f3n, <em>Fran\u00e7ais, inmigr\u00e9s, une seule classe ouvri\u00e8re <\/em>apoyando a los extranjeros o a las feministas, como escuchar la Lul\u00fa de Alban Berg sonando bajo la direcci\u00f3n de Pierre Boulez superponi\u00e9ndole a la cantante el rostro de Louise Brooks muda, de tantas veladas en las cinematecas donde yo cre\u00eda que se materializar\u00eda una amiga, como en <strong>Une femme m\u2019apparut<\/strong>, no necesariamente baronesa como se dec\u00eda que era la novia de una venezolana renombrada (Anna-Laure ten\u00eda su conde pr\u00f3spero, pero es que ella era de una vieja familia real venida a menos y por ello empleaba a una persona anodina como yo para cuidarle el ni\u00f1o y limpiar un poco y no a una institutriz inglesa de familia). Yo iba mucho a la cinemateca de Chaillot donde a Cort\u00e1zar se le apareci\u00f3 el axolotl, justo en el acuario de al lado, as\u00ed que una noche podr\u00eda salirme una sirena con piernas Djuna para cambiarle el final a esa pel\u00edcula donde las muchachas enamoradas de otras terminaban condenadas como en el poema de Charles Baudelaire por mucho que las llamara <em>sus hermanas<\/em>. Pero qui\u00e9n quiere la l\u00e1stima de nadie por mucho que se llame Baudelaire. El detalle del tiempo siempre de vuelta en una fachada o brotando de fuentes de piedra, de tumbas de artistas y de artistas vivos, de los tapices de los misteriosos Sentidos de Cluny o de alg\u00fan famoso entre la gente t\u00edpicamente bella con sus ni\u00f1os a veces a nuestro cargo, creaba una onda expansiva de cuentos repetidos desde hac\u00eda siglos que se met\u00edan en las vidas actuales que me confiaban tanto los due\u00f1os de casa como los empleados en las cocinas apartadas y heladas, una vez terminadas mis tareas.<\/p>\n<p>Yo tomaba notas y le contaba a mi primo con el que me fui a Paris porque todo el mundo dec\u00eda en nuestro pueblo que los artistas se iban primero a Francia, a probar ser pobres y tocar el arpa para recoger monedas hasta que se transformaban en Alejandro Otero, en Guillermo Sucre o en Jes\u00fas Soto. \u00bfEl cinetismo le vino de las vibraciones de las cuerdas en un bar? \u00bfHab\u00eda que pasar por Chile y Francia para luego mudarse a la lengua inglesa con Borges y Cort\u00e1zar? Eso y otros embustes nos dijeron en Upata. Alguien juraba que era arpa y no guitarra o cuatro con lo que vieron a Soto cantando, (Guillermo Sucre tal vez viol\u00edn o piano), por ahora domin\u00e1bamos el cuatro y \u00e9ramos pobres aut\u00e9nticos pero lo \u00fanico que mejoraba y no mucho eran los poemas que escrib\u00edamos desde chiquitos. El franc\u00e9s en realidad nos estaba sirviendo para terminar de echar a perder la ortograf\u00eda upatense y mezclar al gran Cadenas<strong>,<\/strong> con Rimbaud y Pizarnic, Vallejo y Miguel Hern\u00e1ndez con Andr\u00e9s Eloy Blanco y Ren\u00e9e Vivien que seg\u00fan los maestros eruditos era mal\u00edsima.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda, a la madrugada, vaci\u00e9 papeleras montada en tacones y oliendo a flores fermentadas de Cal\u00e8che, el frasquito casi entero del que se desprendi\u00f3 aburrida Anne-Laure fan\u00e1tica ahora de Est\u00e9e Lauder. La jefa, una espa\u00f1ola que se sacaba en la Sorbonne el Diploma Superior de Lengua y Cultura francesa mientras administraba la agencia de limpieza amenaz\u00f3 con botarme. Me apodaba despectivamente La Valleja haci\u00e9ndose la que aprobaba mis aspiraciones de poetisa, aunque ya yo estaba vieja para esas gracias, ya hab\u00eda cumplido veinte, muy tarde para pulirme y dejar de ser india. No tragaba las pintas nuestras ni tampoco la irreverencia. Mi primo y Florina, encargados de la aspiradora mientras yo lavaba vidrios y papeleras en el piso que nos tocaba por turnos, encend\u00edan las radios sin permiso y se meneaban cantando a todo pulm\u00f3n. Yo detestaba el corte paje en la cantante Mireille Mathieu (no le quedaba como a Louise Brooks en <strong>La caja de Pandora<\/strong>) que interpretaba por esos d\u00edas una vieja canci\u00f3n de posguerra que retaba a quien se atreviera a atentar contra la libertad de Par\u00eds. Pobre del osado; se las ver\u00eda con los parisinos que explotar\u00edan de rabia en las barricadas. Florina, rumana, trapecista de profesi\u00f3n y gran conversadora, adoraba a mi primo y me fastidiaba a d\u00fao con \u00e9l, aflautando las voces como Mathieu, para gritar cambiando la letra: \u00a0<em>Vivir, vivir, ser libre a cualquier precio y Par\u00eds que se vaya al carajo, qu\u00e9 importa Par\u00eds, que reviente y se queme si se mete conmigo<\/em>.<\/p>\n<p>Los asi\u00e1ticos felicitaron a mi primo por la distinci\u00f3n de sus amigas (Florina llevaba mi fular al cuello y mo\u00f1o alto, yo sus pendientes de rub\u00ed birmano hechos por su novio engastador) pero no necesitaban muchachas, sino chicos. As\u00ed que me fui a una cabina telef\u00f3nica que a veces se pon\u00eda directa para largas distancias a hacer tiempo mientras mi primo regresaba de lo de las carteras para irnos juntos a la universidad y festejar por el camino su dinero extra que le alcanzar\u00eda para un mes de alquiler. Un hombre que parec\u00eda sacado de la pel\u00edcula <strong>Julia<\/strong> se acerc\u00f3 a la cola de la cabina preguntando c\u00f3mo llegar al banco que yo me conoc\u00eda bien. Fue cuando Vanessa Redgrave (era id\u00e9ntico a ella, el pulso se me aceler\u00f3) puso cara de desespero y termin\u00f3 invit\u00e1ndome a un desayuno en el caf\u00e9 al final de la calle (se ve\u00eda desde all\u00ed) donde le podr\u00eda hacer el croquis del recorrido pues no ten\u00eda idea de nada, era su primer d\u00eda solo en la ciudad.<\/p>\n<p>En <strong>Julia<\/strong>, basada en un libro de memorias de Lillian Hellman, Jane Fonda es la escritora que intenta reencontrar a su amiga de infancia, Vanessa Redgrave, jud\u00eda que estudiaba con Freud y desaparecida por los nazis. Anne-Laure ten\u00eda un gorro de piel id\u00e9ntico al que llev\u00f3 la escritora hasta Mosc\u00fa escondiendo dinero en el forro para la causa del grupo de la Resistencia a la que Julia se hab\u00eda integrado; el colmo del esnobismo, seg\u00fan la fr\u00edvola socialit\u00e9 Meryl Streep que no entend\u00eda que a la regalada Julia le hubiera dado por sufrir en Europa.<\/p>\n<p>Casi llegando al caf\u00e9, frente a su hospedaje, el hombre id\u00e9ntico a Redgrave se dio cuenta de que no llevaba sus papeles y sin ellos no podr\u00eda hacer su diligencia bancaria, que por favor lo esperara en el patio interno del edificio del frente mientras \u00e9l sub\u00eda al primer piso donde se estaba quedando con una familia. Sus modales, el porte, el traje y de pronto se me viene encima y no hay patio interno, ni nada, s\u00f3lo el olor en la oscuridad donde me empuja violentamente. El edificio parec\u00eda deshabitado. Sent\u00ed el primer golpe. No se ve\u00eda nada, pero me vino la voz de Florina explicando en cierta ocasi\u00f3n su regla de oro a prop\u00f3sito de esas cosas comunes que nos pasaron de ni\u00f1os: <em>si no sabes matar a un hombre mejor hacerte el dormido, todo se acabar\u00e1 m\u00e1s r\u00e1pido, a los asesinos lo que m\u00e1s les gustaba era que se defendieran<\/em>.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 quieta, pero igual me golpeaba contra paredes que yo no ve\u00eda. Sent\u00eda algo caliente entre mi pelo y luego un filo helado. Entonces empec\u00e9 a susurrarle, pero a <strong>Julia<\/strong>.<\/p>\n<p>Describ\u00ed su mand\u00edbula de arc\u00e1ngel, <em>su\u00e9ltame y te podr\u00e9 acariciar, dime qu\u00e9 te gusta, aqu\u00ed estamos inc\u00f3modos. \u00bfNo quieres verme?, yo s\u00ed te quiero ver. <\/em>Realmente \u00e9l ol\u00eda a rosas de Bulgaria. Yo no, yo estaba pudri\u00e9ndome. No me quiero perder el tiempo de la flor amarilla. Sin quemar, sin quemar. <em>Par\u00eds no acabar\u00e1 conmigo<\/em>. Este es un rinc\u00f3n sin gracia, maloliente, hay una mano que lanza el l\u00edquido cremoso sobre una plancha caliente que rechina con la mantequilla y el az\u00facar para llevar la esp\u00e1tula como una batuta de maestro hasta materializar una<em> cr\u00eape<\/em> en un trozo de papel entre la mugre. Era como si Florina me fuera dictando largas parrafadas, algunas lascivas retenidas, otras poderosas, como cuando contaba del \u00e9xtasis del trapecio. Recuerdo un jard\u00edn frondoso mientras me pasaba la navaja sin terminar de hundirla. Mi otro yo no quer\u00eda irse as\u00ed de Paris. Me dio verg\u00fcenza el cuento que le contaba para no dejarme morir en brazos de Vanessa Redgrave y no caer como Lul\u00fa en una calle, pero esta vez asesinada por su enamorada, la condesa m\u00e1s triste del mundo.<\/p>\n<p>Not\u00e9 sus l\u00e1grimas tambi\u00e9n. Not\u00e9 que cuidaba mi falda, se dedicaba a ella. Entreabri\u00f3 una ventana (de pronto apareci\u00f3 una ventana) y me tendi\u00f3 su pa\u00f1uelo para que me la limpiara. Un fular de seda, seguramente con el distintivo de la calesita de Herm\u00e8s.<\/p>\n<p>Nunca le cont\u00e9 a mi primo ni a Florina. Madame Anne-Laure, futura condesa, pero de las felices, (por lo pronto treinta\u00f1era experta en el futuro de la alta costura) tampoco se enter\u00f3 de c\u00f3mo termin\u00f3 la pieza de piel de cabra olvidada en una tintorer\u00eda donde la llev\u00e9 a arreglar porque ya la hab\u00eda da\u00f1ado al tratar de desmancharla. Se la hab\u00eda ofrecido a Florina, pero extravi\u00e9 el recibo de reclamo. Le dej\u00e9 de recuerdo todos los fulares que me hab\u00eda obsequiado Anne-Laure. Bot\u00e9 la otra corbata.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Espirulina y las de Inwood<\/strong><\/h3>\n<p>La madrugada cuando los comandos arrasan con lo que queda oyen los gritos de los reba\u00f1os, de la amapola blanca, del maizal y del pasto, de las lechosas cargadas, de los mangales y guamos centenarios, de la quebrada con sus remolinos y del lagarto ladr\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando empezaron las quemas en el campo, un lagarto malama\u00f1oso invadi\u00f3 la cueva de Espirulina debajo de las cayenas y la tortuga de tierra nacida prematura fue a parar a su cuarto. Espirulina decide no volver a sacar la cabeza. En vano le repite, <em>ahora puedes mirar, es la prima en la pantalla, se le olvid\u00f3 pintarse una ceja<\/em>, <em>sal para que te r\u00edas<\/em>.<\/p>\n<p>La prima de Inwood llama cada dos horas. Est\u00e1 peor de cuando los visitaba en el siglo pasado y toda la familia en piyama convocaba a cine continuado en su honor y preparaban cerros de cotufas con mantequilla, tostaban casabe chorreado y espolvoreaban de sal y adobo tajadas de mango verde burrero y no bien arrancaba la primera pel\u00edcula la prima exclamaba \u201cesta la vi\u201d porque claro que ten\u00eda muy vista a la chica con una antorcha que suele anunciar a la productora y distribuidora de cine y televisi\u00f3n Columbia Pictures.<\/p>\n<p>La ni\u00f1a naci\u00f3 mucho despu\u00e9s, pero se sab\u00eda todos los cuentos de la vieja prima despistada de su abuela que se fue con una amiga primero que nadie. Espirulina se le sub\u00eda a la barriga y miraban estrellas mientras compart\u00edan hojas con lentejas.<em> Sin contar los peces, est\u00e1n matando a todos los animales del mundo<\/em>, dijeron en el preescolar. La noticia hab\u00eda servido para que la ni\u00f1a no echara de menos la carne que ya no pod\u00edan comprar cuando perdieron el campo porque ya no hubo c\u00f3mo pagar las extorsiones. Los granos comenzaron a escasear tambi\u00e9n. Costaba menos traer br\u00f3coli del Brasil que encontrar agua para regar un tomate en la jardinera colgante del apartamento donde viv\u00edan ahora casi escondidos.<\/p>\n<p>En Inwood, con el alma en vilo, la vieja prima repasar\u00eda el video de la ni\u00f1a cantando como una nativa de Kamarata en el coro de su escuela, rostro y flequillo igualitos a los de la actriz Patricia Vel\u00e1squez haciendo de momia pulposa. <em>Igualita<\/em>, fue el comentario aprobatorio, disimulando el susto, la ni\u00f1a estaba en los puros huesos. Empez\u00f3 a enviarles cajas de comida y luego algas espirulina en polvo para la anemia cuando a la peque\u00f1a le dio por tragar solamente cosas verdes. La \u00faltima vez hab\u00eda agregado tinte rubio para el pelo pensando que si lograban camuflarse entre los desplazados nativos tendr\u00edan que distinguirse en algo para que no les tiraran a matar.<\/p>\n<p>Solamente a una viejita que llevaba tanto tiempo en USA se le ocurrir\u00eda pensar que indios rubios inspirar\u00edan respeto, pero la complacieron aclar\u00e1ndole el pelo a la ni\u00f1a que sal\u00eda furiosa en las fotos porque hab\u00eda averiguado que el tinte no era ecol\u00f3gico y el qu\u00edmico acabar\u00eda siendo absorbido por las ra\u00edces, las piedras, el r\u00edo, los animales y las nubes, camuflados bajo tierra hasta nuevo aviso.<\/p>\n<p>Hab\u00eda cantado el solo del himno de Venezuela en pem\u00f3n, obligatorio cuando sali\u00f3 el decreto gubernamental <em>Por el Orgullo del Habitante Original<\/em>, antes de las \u00faltimas protestas de l\u00edderes y posgraduados de diferentes etnias abandonadas a su suerte. Los caciques o capitanes comunitarios estaban desapareciendo, presos, traficados, no se sabe. La brillante capitana Henrietta ya lo ven\u00eda diciendo en sus tuits desde hace rato sin que le hicieran caso: <em>Quieren quitarnos el territorio<\/em> <em>para rematarlo<\/em>.<\/p>\n<p>Henrietta era <em>demasiado venezolana<\/em>, como para tomarla en serio; ten\u00eda parentescos con gente del mundo entero y entre los regionales la hibridez obvia que la confund\u00eda con blancos o negros \u201ccriollos\u201d daba desconfianza. Ella no firmaba decretos ordenando salvar el mundo o dar la vida por el subalterno. No sacaba videos con desgarradores discursos para darle voz a los sin voz y cuando raramente tomaba la palabra (aunque se comunicaba en cinco idiomas) en los medios internacionales era para discurrir sobre <em>el<\/em> <em>enemigo llamado impunidad<\/em> <em>e infantilismo pol\u00edtico<\/em>.<\/p>\n<p>Cuando dej\u00f3 su trabajo de administradora de mineros y no retom\u00f3 sus giras por el mundo denunciando, estudiando diferentes indianismos, decidiendo que no quer\u00eda mandar sino proteger lo suyo, aumentaron los chismes que casi le destrozaron el perfil. Se dijo que alguien del mundo diplom\u00e1tico le regal\u00f3 en Par\u00eds un labial rojo de Guerlain, <em>homenaje a la gran escritora de su pa\u00eds<\/em>, con la indirecta: <em>ahora que te van a volver invisible<\/em>, <em>por traidora, p\u00edntate la jeta que calladita y pintadita te ves m\u00e1s bonita, india cre\u00edda, horrorosa. <\/em>Pero ella ni pendiente. Cuando la paseaban por los Champs Elysees para que tomara nota sobre la importancia de tener una marca local, aquello era la marca Paris, despu\u00e9s de una jornada mundial sobre cooperativismo en la que se present\u00f3 sin atuendos \u00e9tnicos y nada m\u00e1s que con el t\u00edpico disfraz de venezolana a la moda: bolso vistoso y enorme sonrisa, a alguien se le ocurri\u00f3 ponerla a prueba en una boutique de la Maison Guerlain. <em>Teresa de la Parra, la escritora de los blancos de tu pa\u00eds pone a su personaje, aquella mujer in\u00fatil, a adornarse con Guerlain.<\/em> Henrietta ni se inmut\u00f3. Coment\u00f3 que lo de ella no eran las tiendas de antig\u00fcedades sino las minas de oro, mientras se pintaba la boca delante de todo el mundo y sin espejo. Se fij\u00f3 en las abejitas de los pomos de cristal de Guerlain y dijo que no luc\u00edan tan bellas como las avispas tipo <em>esmeralda<\/em> (todo el mundo gugleando qu\u00e9 eran esos bichos) que iban m\u00e1s con el personaje de de la Parra.<\/p>\n<p>La muchacha del libro que le\u00edan en otras \u00e9pocas no era como una modelo del probador parisino favorito del entorno presidencial que descansaban de vez en cuando en Par\u00eds entre lucha y lucha de clase. Las Mar\u00eda Eugenia Alonso eran irisadas y poderosas sin retoque, daban demasiado miedo. Las sacrifican antes de llegar a viejas. Parec\u00edan m\u00e1s avispas<em> esmeralda<\/em> hipnotizadoras capaces de controlar al animal m\u00e1s indestructible de la creaci\u00f3n con el arma t\u00f3xica que produc\u00edan sus cuerpos que paralizaban a las cucarachas y las devoraban vivas. <em>La belleza no es in\u00fatil, es peligrosa, <\/em>concluy\u00f3 (todo el mundo gugleando d\u00f3nde comprar <strong>Ifigenia<\/strong>)<em>.<\/em><\/p>\n<p>Henrietta caminaba y hablaba como si fuera la due\u00f1a de las galer\u00edas de tiendas, de los museos, de los parques, de los puentes sobre el Sena, mientras el delegado que los guiaba maldec\u00eda la hora en que se prest\u00f3 para darle una emboscada a la insoportable representante de Las Naciones Venezolanas. Henrietta imperturbable, con su protuberante boca roja explicando las semillas de sarrapias de Guayana que usaron hac\u00eda cien a\u00f1os como fijador de perfumes de Guerlain que ella detestaba por el toque de vainilla.\u00a0 De <em>las<\/em> <em>caraotas arom\u00e1ticas de la cumarina, ella prefer\u00eda comer de la pulpa azafranada de la sarrapia con pinticas<\/em>, la variedad que perfumaba caser\u00edos enteros en otros tiempos, seg\u00fan testimonios de viejos de Guayana (\u00bfGu-a-ya-na quedar\u00e1 en Guyana? De pronto todo el mundo avanz\u00f3 con la ayuda de Google Mapa e Imagen, entre calles de la marca Paris y los Tepuyes, que eran inaccesibles por tierra, en el territorio m\u00e1s antiguo del mundo como rezaba la publicidad encargada de crear la marca Venezuela Bolivariana Libre, en realidad un proyecto confiado por La Revoluci\u00f3n a empresarios chinos, iran\u00edes, rusos y colombianos, comprometidos con la causa de los pueblos en v\u00edas de liberaci\u00f3n de la garra imperialista norteamericana).<\/p>\n<p>Cuando le advirtieron a la gran maestra Cusicanqui, invitada de honor, que la Henrietta era una farsante que hablaba mejor ingl\u00e9s que espa\u00f1ol y se pon\u00eda pinturas nada ecol\u00f3gicas que costaban el equivalente a la comida de seis meses necesitada all\u00e1 en su tribu, Cusicanqui se encant\u00f3 con ella. La maestra tambi\u00e9n andaba en Par\u00eds dictando seminarios en la \u00c9cole de Hautes \u00c9tudes, desmontando las invenciones de los expertos en colonialismo y post-colonialismos. Y los chismes que le dieron de la Henrietta eran intrigantes en m\u00e1s de un sentido: que escuchaba a Amy Winehouse y jazz cl\u00e1sico, que ve\u00eda alienantes series n\u00f3rdicas de detectives, que podr\u00eda ser una esp\u00eda evang\u00e9lica infiltrada por una transnacional que interceptaba la reserva del tesoro nacional que la Revoluci\u00f3n sacaba del pa\u00eds para ponerla a salvo, ante la inminente invasi\u00f3n yanqui. Henrietta, con su aire de alienada y fr\u00edvola venezolanita que aseguraba preferir el c\u00edtrico, el jazm\u00edn y la madera de los perfumes de Carolina Herrera, qui\u00e9n sabe si manejar\u00eda informaci\u00f3n sobre el gran negocio de revenderle todo a terroristas. Cusicanqui al parecer se reuni\u00f3 en secreto con Henrietta quien despu\u00e9s de aquel viaje no pas\u00f3 por Caracas y se instal\u00f3 definitivamente en su tierra, por los lados de las fronteras con Brasil y Guyana inglesa, a pelear, so pretexto de que le hac\u00eda falta su abuela.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la chamana oficial del pa\u00eds, Paraguachona Mokomatira, se hab\u00eda ocupado exclusivamente de tribus de otros pa\u00edses, simpatizantes becados por la Revoluci\u00f3n que dise\u00f1aban para ella tocados ritualistas muy bonitos. Coleccionaba invitaciones a presidir fundaciones de la resistencia de los pueblos originarios, al lado de la actriz famosa de la pel\u00edcula Roma, la premiada Aparicio, y codo a codo con alguna descendiente de emperadores prehisp\u00e1nicos experta en la sanaci\u00f3n de las heridas de las subalternidades. La Revoluci\u00f3n en ese tiempo financiaba tambi\u00e9n las log\u00edsticas en nombre del apodado <em>querend\u00f3n presidente<\/em>. La chamana Paraguachona, <em>Gran Madre de Todas las Naciones<\/em> comprend\u00eda su propia importancia. Hab\u00eda vivido el epicentro de la historia con <em>El regreso del Gran Cacique del Amor<\/em>. Se doctor\u00f3 con una tesis sobre la metamorfosis del h\u00e9roe, <em>el militar puro, muy cari\u00f1oso y como todo aquel que ha despertado su conciencia, entregado en la cruz del dolor para trascender en la flor de la edad, por la salvaci\u00f3n de su pueblo.<\/em><\/p>\n<p>La vieja prima odiaba por su parte a Paraguachona trat\u00e1ndola de <em>\u201cpacha-mamat\u00fasabesqu\u00e9\u201d<\/em> y de igual modo a toda la plana de <em>ap\u00f3stoles<\/em> del <em>transcendido<\/em> a quienes, despu\u00e9s de tildarlos de<em> mistificadores que justificaban cr\u00edmenes, <\/em>o de<em> enamoradizos de caciques de otros siglos, <\/em>olvidando sus modales de mestiza guayanesa profesora de Inwood bajaba el nivel areng\u00e1ndoles una retah\u00edla de improperios.<\/p>\n<p>Ahora la prima, a cualquiera que siguiera pol\u00edticas gubernamentales sin chistar, muerto de miedo o ascendido a millonario, lo descalificaba con un rotundo \u201c<em>mama-t\u00fasabesqu\u00e9\u201d<\/em>. Hasta se enfureci\u00f3 con las representantes del Black Lives Matter agasajadas y paseadas por la Revoluci\u00f3n en Venezuela, con un respectivo donativo: <em>Qu\u00e9 carajo hacen esas negras con el maldito negro<\/em>. (En los \u00faltimos tiempos ya no disimulaba delante de la ni\u00f1a que protestar\u00eda, <em>prima revisa tu racismo, mira que soy media negra, no tienes que ofender tampoco a los gays ni a nadie<\/em>, <em>qu\u00e9 clase de comentario era eso de que aquella era la revoluci\u00f3n de una<\/em> <em>cuerda de maricones<\/em>).<\/p>\n<p>En el gremio de los maestros de prescolar de la ni\u00f1a la lucha por la verdad tambi\u00e9n era desigual. Los que se dedicaron a <em>extraer lo mejor de las pol\u00edticas para conseguir un funcionamiento m\u00ednimo de la vida comunitaria, distrayendo a los dirigentes con un s\u00ed, s\u00ed, s\u00ed, con respectivas ofrendas, <\/em>(la prima dixit), lograron preservar algo<em>, <\/em>sobre todo en Caracas.\u00a0 En Guayana no. Nunca lleg\u00f3 el material instructivo del <em>Nuevo Ministerio de Educaci\u00f3n e Inclusi\u00f3n, <\/em>por lo que obedecieron el decreto de festejar<em> La Resistencia de Las Naciones Aut\u00f3ctonas<\/em> inspir\u00e1ndose en videos del siglo pasado donde aparec\u00edan nacionales medio desnudos, despu\u00e9s de una rigurosa selecci\u00f3n de los m\u00e1s bonitos.<\/p>\n<p>La verdad es que ya nadie ten\u00eda tiempo de andar investigando, ocupados de la cuasi mudanza que significaban los preparativos para pasar las noches con sus d\u00edas, en las colas de cacer\u00eda de gasolina. Los carros se volv\u00edan cuartos de dormir, llenos de almohadas, botellas para beber, frascos para orinar, portarretratos del matrimonio donde se vio por \u00faltima vez a toda la familia, linternas, galletas importadas de contrabando, la m\u00fasica favorita, juegos de cartas y domin\u00f3 y una pistola. Por tantas carreras y tambi\u00e9n por fallas de internet, para el d\u00eda del acto cultural muchos les pusieron a los ni\u00f1itos mocasines de Piel Roja, meneos hawaianos o tocados de chaquiras que en realidad reproduc\u00edan dibujitos de Disney. Los maestros correg\u00edan sin mucho empe\u00f1o, pernoctando en las mismas colas de los padres de los estudiantes donde aprovechaban para in\u00fatilmente corregir: <em>No, haloa no era banawi. Traje de egipcia tampoco, la pel\u00edcula de la wajuu Vel\u00e1squez no es una historia de yukpas. Plumas de colores del t\u00edo travesti s\u00ed<\/em>.<\/p>\n<p>A la ni\u00f1a no la mostrar\u00edan en taparrabos, aunque se vio completa la pel\u00edcula <strong>El abrazo de la serpiente<\/strong>, como recomend\u00f3 la vieja prima de Inwood. No solo porque ya ning\u00fan nativo andaba as\u00ed en Guayana, sino porque a ella se le notar\u00edan las costillas.\u00a0 Los expertos del gobierno no se hab\u00edan dado cuenta de que el guayuco, la pintura de onoto, los manjares de gusanos, las iniciaciones a base de filtros m\u00e1gicos fermentados con saliva y los senos al aire, los nativos lo dejaban para sus ceremonias privadas y luego, cuando los fueron despojando de todo, tuvieron que dejarlo para los d\u00edas que les mandaban turistas que les daban de comer. Hasta que dejaron de llegar porque el gobierno hizo contratos con otras comunidades menos desconfiadas de los negociadores del Arco Minero.<\/p>\n<p>Con un cintillo de pelusitas y taparrabos la peque\u00f1a parecer\u00eda una propaganda de religiosos que muestran esqueletos de ni\u00f1os agonizando para financiar sus viajes con los donativos de gente sensible. As\u00ed que nada de demonios ni de \u00e1ngeles de la selva, la muchachita llev\u00f3 tacones y boca roja para hacer su solo. Bien derecha y elegante como se presentaban las abogadas, antrop\u00f3logas y m\u00e9dicas ind\u00edgenas intermediarias, en los actos oficiales de Caracas. Lo cierto es que la mayor\u00eda de los ni\u00f1os rechazaron penachos con plumas de verdad.\u00a0 Ninguno permitir\u00eda que desplumaran a las aves de la casa, casi tan flacas como ellos. El pem\u00f3n de la clase les ense\u00f1\u00f3 groser\u00edas en algo parecido a taurep\u00e1n. El chinito cant\u00f3 en chino. El turquito impidi\u00f3, desga\u00f1itado, el asalto del zamuro del basurero de la cuadra (a alguien se le ocurri\u00f3 plumas oscuras para alg\u00fan tocado de piache malo) que se disputaba la basura con aut\u00f3ctonos que vest\u00edan igual que los criollos que tambi\u00e9n empezaban a vivir\u00a0\u00a0 de las sobras.<\/p>\n<p>Cuando al fin se iban, la prima de Inwood recomend\u00f3 coser dobles forros a la ropa para ocultar celulares, medicamentos, d\u00f3lares, euros, reais, las prendas que les quedaron de la venta de todo y las credenciales apostilladas. Encontrar\u00edan la chaqueta de la ni\u00f1a en un barrial, con todo intacto a pesar del hueco del forro a la altura del pecho, entonces sintieron que lo que tanto hab\u00edan temido les hab\u00eda alcanzado y era como si los quemaran vivos.<\/p>\n<p>La peque\u00f1a desapareci\u00f3.<\/p>\n<p>Busc\u00e1ndole conversaci\u00f3n a otro ni\u00f1o lo fue siguiendo, esquivando a los armados. Al alcanzarlo le cant\u00f3 el himno en seudo taurep\u00e1n y el ni\u00f1ito solt\u00f3 la risa, porque era un disparate. Se escondieron para sus secretos y cuando hubo se\u00f1al \u00e9l puso un vallenato cristiano pem\u00f3n, de YouTube. Ella descosi\u00f3 el sitio donde ocultaba a Espirulina. Hac\u00eda a\u00f1os, cuando la prima huy\u00f3 a Inwood llevaba quelonios del tama\u00f1o de una moneda, ocultos en el sost\u00e9n, sin que los detectaran.<\/p>\n<p>Sus padres repartieron todo, suplicantes. La madre regal\u00f3 su diploma de posgrado a cambio de pistas. La prima tuvo un preinfarto en Inwood, pero sigui\u00f3 llam\u00e1ndoles, dando \u00e1nimos. Pepito De Grazia el l\u00edder pol\u00edtico de Guayana amigo de infancia de la abuela y la prima llor\u00f3 con ellos desde su propio escondite. Hasta que recibieron el aviso de parte de la capitana del Maurack, Henrietta. Que la ni\u00f1a estaba m\u00e1s all\u00e1 de Boa Vista en un campamento donde varias reci\u00e9n nacidas respond\u00edan al nombre de Espirulina como segundo. La ni\u00f1a se alegr\u00f3 de verlos, pregunt\u00f3 por la prima, ya ten\u00eda una ahijada en el poblado improvisado, Henrietta Espirulina, porque conoci\u00f3 personalmente a la lideresa que no ten\u00eda hijos como las otras, ni segu\u00eda a marinovios o esposos, a pesar de sus or\u00edgenes pemones y adventistas. Hablaba claro y sin tapujos y se pintaba la boca, a\u00fan para trabajar el conuco. Tampoco quiso peg\u00e1rsele a nadie del gobierno ni de la oposici\u00f3n, porque lo de ella no era hablar y mandar, sino mediar y confrontar <em>buscando el cambio <\/em>con <em>una mente privilegiada de estratega<\/em>, <em>no como los locos del <strong>Abrazo de la serpiente<\/strong> <\/em>(esto opinar\u00eda la prima despu\u00e9s). <em>Era como salir de una vez as\u00ed, capitana de nacimiento, con un penacho invisible destinado a los dirigentes, con su boca roja como cualquier personaje descendiente de Teresa de La Parra que se le escapa a los cazadores caraque\u00f1os<\/em> (y esto se le oy\u00f3 tan cursi a la prima).<\/p>\n<p>La ni\u00f1a hab\u00eda perdido el tinte claro. Ya era triling\u00fce y ten\u00eda su propia <em>grama di ouro<\/em>. Les ense\u00f1ar\u00eda a negociar.<\/p>\n<p>Espirulina tambi\u00e9n hab\u00eda ganado peso comiendo pescados que parec\u00edan flores, con mucho cuidado porque las quebradas y pozos aparec\u00edan cada d\u00eda m\u00e1s envenenadas. El quelonio, hecho un experto, escond\u00eda la cabeza cuando no se deb\u00eda tocar el agua.<\/p>\n<p>La prima no sabe si volver\u00e1 a tener salud, pero env\u00eda un video donde Arepa de Morcilla y Olegaria Emperatriz, sus enormes morrocoyes viejos, sacan la cabeza cada vez que ella pone a todo volumen la ni\u00f1a cantando en taurep\u00e1n y a la otra ni\u00f1a noruega que aparece en una serie n\u00f3rdica donde se refugian unos escapados del crimen, en una aldea lejana, y que canta <strong>Valerie<\/strong> con el alma de Amy Winehouse que cruza las aguas y entonces la prima puede imaginar que la visitan, en el laguito de Inwood. O que ella visita en un paraje que dej\u00f3 de existir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Vagones transparentes<\/strong><\/h3>\n<p><em>En el cuarto hab\u00eda una cama y en la cama una oscuridad cubierta de partes delicadas y hondas respiraciones como un vuelo de p\u00e1jaros inmediato a levantarse; en el cuarto todo como un olor, un movimiento de s\u00e1banas que recordaba partes vivas de algo que empezaba a desaparecer<\/em><\/p>\n<p>Alfonso Vallejo<em>. El lugar de la tierra fr\u00eda<\/em> (1969)<\/p>\n<p>\u2014<em>O\u00ed el ruidito<\/em> \u2014casi no se le entiende, porque baja la voz\u2014. <em>Est\u00e1n a punto de entrar.<\/em><\/p>\n<p>Debo llegar al tema pastilla. Pregunta que si recuerdo su montaje de <strong>El cero transparente <\/strong>de Alfonso Vallejo. Yo nunca vi sus puestas en escena de cuando en Caracas se atrev\u00edan a producir obras que en Espa\u00f1a todav\u00eda eran secretas. <strong>El cero transparente <\/strong>es un presente sin rumbo, entre la nada del pasado y la del futuro. El lugar movedizo e ideal se llamaba Kiu, ciudad levantada en la mente colectiva ef\u00edmera. Parece escrita hoy.<\/p>\n<p>\u2014<em>La gente lo quiere todo f\u00e1cil, hasta el sufrimiento lo quiere f\u00e1cil, selecciona varias burbujas saturadas, entra y sale donde se llora m\u00e1s alto, suelta un alarido aqu\u00ed, otro all\u00e1, que de seguro calzar\u00e1 con alguna agon\u00eda poderosa que tampoco le interesa mucho rato<\/em>\u2014yo solamente quer\u00eda hablar de la dosis y ella de la vida de sus personajes. Ahora lee el di\u00e1logo y las acotaciones de la parte del guion cuando los seres de <strong>El cero transparente,<\/strong> que habitan el espacio com\u00fan de una enfermedad difusa o mental, se preguntan unos a otros por un tren con destino imaginado:<\/p>\n<p>FOSTER- (A BABINSKI) <em>Perd\u00f3n, se\u00f1or, \u00bfes \u00e9ste el tren de KIU?<\/em><\/p>\n<p>BABINSKI- (Mordisqueando el puro con rabia) <em>Ki.<\/em><\/p>\n<p>FOSTER- <em>\u00bfQu\u00e9?<\/em><\/p>\n<p>BABINSKI- (Mir\u00e1ndole de arriba abajo) <em>Ka<\/em>.<\/p>\n<p>FOSTER- <em>No le entiendo, perdone. \u00bfEs usted japon\u00e9s?<\/em><\/p>\n<p>BABINSKI- <em>Kiu<\/em>.<\/p>\n<p>FOSTER- <em>Exactamente\u2026, s\u00ed, el tren de Kiu. Eso le estoy preguntando\u2026<\/em><\/p>\n<p>(Expl\u00edcito) <em>\u00bfKiu?<\/em><\/p>\n<p>BABINSKI- <em>Ko<\/em>.<\/p>\n<p>FOSTER-<em> \u00a1Esto es para volverse loco! \u00a1Ka\u2026, Ko\u2026, Ki\u2026! \u00bfPero qu\u00e9 lengua es<\/em><\/p>\n<p><em>\u00e9sta?<\/em><\/p>\n<p>(BABINSKI le ense\u00f1a los dientes.)<\/p>\n<p>\u2014<em>Otra vez los ruiditos<\/em>\u2014se interrumpe\u2014.<em>Aquellos actores creaban al doctor Vallejo. Neur\u00f3logo y poeta, a fin de cuentas. Todos creen compartir el mismo vag\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>\u2014 <em>\u00bfY si llamas al asistente del m\u00e9dico y verificas lo de la dosis?<\/em><\/p>\n<p>\u2014<em>Lo llamo, lo llamo. Y tambi\u00e9n ir\u00e9 a buscar limones frescos. Hay que sellar las entradas con esferas de conjuro. Bueno, no todos los limones son redondos, t\u00fa me entiendes.<\/em><\/p>\n<p>No se puede hablar de este a\u00f1o dif\u00edcil. Parec\u00edamos ocupadas por los ruidos de todas las cabezas. Tampoco cuenta que s\u00f3lo quieren financiar propuestas en clave de acciones afirmativas, espectaculares. Montajes que cooperen con la inserci\u00f3n de refugiados o logren fondos para las zonas damnificadas del planeta no puede ubicarse en un vag\u00f3n que en realidad es un tren-manicomio-despe\u00f1adero hacia la nada.<\/p>\n<p>\u2014<em>Reapareci\u00f3 por las redes la muchacha que me prest\u00f3 el disco de Penderecki, el del Dies Irae, que us\u00e9 para la puesta. A ella le fue muy bien en televisi\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Los personajes viajan en una semioscuridad. Apenas un reflejo de las ciudades que cambian de sitio, pasando, a veces ilumina sus siluetas. La muchacha del disco estaba enamorada entonces del sonidista y recuerda aquella vida paralela creada entre los silencios, los subtextos, la luz, el sonido y el ritmo que llevaba la directora como si ella misma caminara con ellos por un hilo de funambulistas. No le preguntar\u00e1 por \u00e9l. Para qu\u00e9. En Caracas tuvieron tantos mundos que todav\u00eda alcanza. Sus nietos espa\u00f1oles quieren actualizarla, le muestran los fragmentos de la \u00f3pera <strong>Kiu<\/strong> compuesta a partir de la obra de teatro, le se\u00f1alan en una calle a autores y actores vivos. Se muestra entusiasmada. Pero en realidad prefiere el recuerdo de la directora marcando las entradas de <strong><em>Los<\/em><\/strong> <strong><em>Lamentos <\/em><\/strong>de <strong>El D\u00eda del Juicio<\/strong> y ella al lado del sonidista como una extensi\u00f3n de Pederecki, de los actores, de los silencios, de la otra escena entre funci\u00f3n y funci\u00f3n. Cuando empez\u00f3 haciendo mon\u00f3logos de negrota bella en Alemania, para lo que tuvo que oscurecerse, rizarse, sacar m\u00e1s culo, inventarse acentos (ella que era pol\u00edglota desde peque\u00f1a) entendi\u00f3 que se hab\u00eda bajado de aquel tren. A veces vuelve a leer poemas de Alfonso Vallejo. Sus nietos creen que su abuela es una gran lectora del poeta peruano estrella. Ella no los contradice. Una noche busc\u00f3 por las redes a aquellas gentes de la escena de Caracas.<\/p>\n<p>\u2014<em>Espera, que me termino de vestir con algo m\u00e1s caliente y salgo a buscar limones.<\/em><\/p>\n<p>Sigue contando. Siempre puede hacer una propuesta nueva, con la mirada de ahora y esa manera tan personal que tuvo siempre de capturar el alma del momento y de no fijar nada, de llegar y de irse, pero por lo pront<\/p>\n<p>o hay que calibrar la dosis, saber cuidarse porque empieza el fr\u00edo de noviembre.<\/p>\n<p>Ahora no paramos de re\u00edr pues al calzar una de las botas toc\u00f3 algo duro al fondo. Un lim\u00f3n petrificado. Sol\u00eda lanzarlos por las esquinas de la casa para disipar las malas vibraciones. Promete que s\u00ed, que hablar\u00e1 con el m\u00e9dico.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde vuelve a llamar. El asistente del m\u00e9dico se hab\u00eda equivocado. No era media pastilla. Que todav\u00eda no sale la orden para la resonancia magn\u00e9tica. Que ya todo est\u00e1 en orden. La casa tiene la vibraci\u00f3n adecuada. No encontr\u00f3 limones, pero s\u00ed un incienso de <em>clementines<\/em>. Me env\u00eda un <em>selfie<\/em> donde luce la misma belleza de huesos largos aunque acentuada por la luz que se llev\u00f3 con ella en cada emigraci\u00f3n. Tambi\u00e9n puede beberse un vinito, pues tiene el encuentro con la muchacha aquella de Penderecki, y puede: dos copas. Pienso que ahora s\u00ed hemos calibrado la lengua. Estamos preparadas para cuando lleguen.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dinapiera-di-donato\/\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s Valleja ser\u00e1s t\u00fa Yo no sab\u00eda que las prendas de vestir que me daba Anne-Laure eran de la casa Herm\u00e8s o de Chanel. Porque noto que le gustan las cosas de antes. No era del todo cierto. 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