{"id":4306,"date":"2022-04-30T14:27:55","date_gmt":"2022-04-30T14:27:55","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4306"},"modified":"2024-01-28T19:52:27","modified_gmt":"2024-01-28T19:52:27","slug":"patrias-verticales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/patrias-verticales\/","title":{"rendered":"Patrias verticales: de nacionalismos, caudillos y otros artefactos"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Javier Lasarte Valc\u00e1rcel<\/h4>\n<p><em>\u2026en el fondo los relatos sociales son aleg\u00f3ricos, siempre dicen otra cosa. Hablan de lo que est\u00e1 por venir, son un modo cifrado de anticipar el futuro y de construirlo.<\/em><\/p>\n<p><em>(Piglia 2000: 45)<\/em><\/p>\n<p><em>Y es que el culto a la figura hist\u00f3rica de Bol\u00edvar dista mucho de ser una creaci\u00f3n literaria, nacida del patriotismo exaltado [\u2026]. Dicho culto ha constituido [\u2026] una necesidad hist\u00f3rica [\u2026]. Su funci\u00f3n ha sido la de disimular un fracaso y retardar un desenga\u00f1o, y la ha cumplido satisfactoriamente hasta ahora.<\/em><\/p>\n<p><em>(Carrera Damas 2003: 42)<\/em><\/p>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>Quiz\u00e1s la memoria quiera jugarme una mala pasada, pero jurar\u00eda que la ma\u00f1ana del 11 de abril de 2002, horas antes de que ocurrieran en Caracas los dram\u00e1ticos sucesos de ese d\u00eda, a miles de kil\u00f3metros de distancia, coincidi\u00f3 con el inicio de un seminario sobre representaciones de identidad en la literatura venezolana del siglo XX. Correspondi\u00f3 trabajar con el primer texto seleccionado: <em>Cesarismo democr\u00e1tico<\/em> (1919), de Laureano Vallenilla Lanz. Texto fundador del discurso historiogr\u00e1fico moderno venezolano y deudor de los ensayos interpretativos de las realidades e historias latinoamericanas que proliferaran desde el fin de siglo XIX \u2013Mart\u00ed, Rod\u00f3, Arguedas, Zumeta\u2026\u2013, a la vez justificador del cesarismo (no precisamente democr\u00e1tico) y fervientemente bolivariano y martiano, este libro capital de Vallenilla Lanz me produjo, durante esos d\u00edas, una inquietante sensaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la relectura de sus cap\u00edtulos iniciales, en los que Vallenilla pretend\u00eda demostrar su provocadora tesis seg\u00fan la cual la gesta emancipadora no fue otra cosa que una guerra civil entre las racistas castas criollas de la Colonia \u2013s\u00fabitamente convertidas a los ideales patriotas\u2013 y los sectores populares, me result\u00f3 imposible no tentar una transposici\u00f3n al presente venezolano de los \u00faltimos a\u00f1os; transposici\u00f3n mucho m\u00e1s gruesa que el \u2018entendido\u2019 bajo el cual se ley\u00f3 la f\u00f3rmula del \u2018cesarismo democr\u00e1tico\u2019 defendida por Vallenilla: esto es, que su discurso sobre la sociedad venezolana del siglo XIX, anarquizada por las b\u00e1rbaras masas populares y las no menos b\u00e1rbaras \u00e9lites letradas, frente las cuales s\u00f3lo cab\u00eda pensar, para sofrenarlas, en figuras como el caudillo Jos\u00e9 Antonio P\u00e1ez, estaba en realidad orientada a la pol\u00edtica de su propio tiempo: servir de soporte ideol\u00f3gico al r\u00e9gimen dictatorial de Juan Vicente G\u00f3mez (1909-1935), que contara con el apoyo y benepl\u00e1cito de casi toda la intelectualidad finisecular.<\/p>\n<p>Jugando irresponsablemente con los fantasmas de la anticipaci\u00f3n y la repetici\u00f3n, a partir de ese momento, y a\u00fan m\u00e1s tras conocer lo que hab\u00eda ocurrido, fue inevitable que entreviera \u2013 en confusi\u00f3n \u2013 en los discursos culturales de la tradici\u00f3n moderna algo m\u00e1s que huellas o resonancias: sea la verificaci\u00f3n de que los relatos sociales, aleg\u00f3ricamente, \u201d[h]ablan de lo que est\u00e1 por venir, son un modo cifrado de anticipar el futuro y de construirlo\u201d (Piglia 2000: 45); sea, con Borges, que el presente funda sus antecedentes, su tradici\u00f3n; sea que los tiempos se dilu\u00edan, que el pasado era presente o que, de alguna manera, viv\u00edamos \u2013 realmente \u2013 cien o doscientos a\u00f1os atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Por lo mismo, tal vez valga la pena repensar otro tipo de di\u00e1logo (ni reivindicatorio ni compensatorio) con la tradici\u00f3n: releer discursos culturales desde los primeros tiempos republicanos hasta el presente \u2013incluso los que integran el canon de la memoria nacional\u2013, para escuchar de nuevo, quiz\u00e1s de otra manera y con otro \u00e9nfasis, sus registros, desv\u00edos, olvidos y, por supuesto, anticipaciones; lo que acaso provea (o pre-vea) las bases de la repetici\u00f3n, la pervivencia de lo que se da por ya trasegado; por ejemplo, las sombras de los nacionalismos hist\u00f3ricos y de algunas de sus claves, que se cimbran circular, tercamente \u2013 como la sombra ir\u00f3nica del fauno que presidiera la reuni\u00f3n de intelectuales en <em>\u00cddolos rotos <\/em>(D\u00edaz Rodr\u00edguez 1901)<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, sobre sus actualizaciones postmodernas.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s tambi\u00e9n, despu\u00e9s de todo, lo que est\u00e9 intentando se\u00f1alar sea algo bien simple: que lo que el chavismo \u2018dice\u2019 es que ha habido, a lo largo del siglo XX y en los inicios del XXI, un \u2018silencio\u2019, un menosprecio de las mayor\u00edas de consecuencias socialmente tr\u00e1gicas; que lo que el chavismo \u2018oculta\u2019 es la importante tradici\u00f3n de textos, a veces ajenos a su \u2018linaje\u2019, que han pretendido hacer \u2018hablar\u2019 ese silencio; es decir, que lo propuesto como radical novedad en sus diagn\u00f3sticos \u2013excepci\u00f3n hecha de los fundadores incomprendidos de la naci\u00f3n y algunos h\u00e9roes alternativos\u2013, no es otra cosa que el olvido de una tradici\u00f3n que se desconoce o que, en algunos casos, no conviene recordar; y, claro, que el fracaso de diversos proyectos pol\u00edticos en el poder a la hora de cumplir con las expectativas de acceder al maridaje de modernizaci\u00f3n y democracia social hacen que textos de 1919 o 1931 puedan ser le\u00eddos como textos del 2005, m\u00e1s all\u00e1 de los discursos oficiales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>La Venezuela de estos a\u00f1os, tras la avasallante instalaci\u00f3n de la revoluci\u00f3n bolivariana, parece ser otro de los ya varios casos ilustrativos de esta pen\u00faltima jugarreta de los procesos hist\u00f3ricos, seg\u00fan la cual la globalizaci\u00f3n ha prohijado el recrudecimiento de relatos de (pre)modernidad que se cre\u00edan superados, en especial el de la reactivaci\u00f3n m\u00e1s o menos fundamentalista de los nacionalismos. T\u00e9rminos como \u2018patria\u2019 o \u2018pueblo\u2019 han puesto de manifiesto una vez m\u00e1s su condici\u00f3n de artefacto, de instrumento ret\u00f3rico-pol\u00edtico, pero, a la vez, han mostrado que su eficacia est\u00e1 lejos de agotarse. El recurso al \u2018s\u00edmbolo patrio\u2019, acompa\u00f1ado con sistematicidad por la invocaci\u00f3n fren\u00e9tica del nombre de la naci\u00f3n y de sus h\u00e9roes\u00a0 \u2013Bol\u00edvar, en el caso venezolano<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>\u2013 o de la siempre d\u00factil e inaprensible idea de \u2018pueblo\u2019, hacen pensar que los imaginarios sociales han recuperado, con inesperada fuerza y a despecho de los discursos acad\u00e9micos, componentes simb\u00f3licos centrales y modelizantes de la cultura promovida por los tradicionales Estados-naci\u00f3n, ya bastante rebatidos en nuestros d\u00edas por Anderson (1993 [1983]) o Bhabha (1990, 2002 [1994]), Garc\u00eda Canclini (1990) o Mart\u00edn-Barbero (1991), entre muchos otros; s\u00edmbolos usados ahora, como en el pasado, en funci\u00f3n de asentar hegemon\u00edas o legitimar resistencias, revitalizando los m\u00e1s previsibles discursos sobre la pureza, las \u2018misiones hist\u00f3ricas\u2019, el lugar de la verdad o la representatividad de la naci\u00f3n y sus mayor\u00edas.<\/p>\n<p>Cabr\u00eda preguntarse si experiencias como \u00e9stas no obligan a repensar varios t\u00f3picos del pensamiento cr\u00edtico de estos \u00faltimos a\u00f1os, provenientes de sectores que en cierta forma celebran algunos efectos positivos de la globalizaci\u00f3n posnacionalista y postidentitaria: el surgimiento de \u2018terceros espacios\u2019 (Moreiras 1999), la emergencia de sujetos desterritorializados, la crisis de la verdad y la autoridad, la cr\u00edtica radical de la tradici\u00f3n latinoamericanista (Castro G\u00f3mez 1996). Producidos en buena parte al amparo de las academias metropolitanas, estas sugestivas nociones quiz\u00e1s sean particularmente pertinentes para describir las nuevas realidades europeas y norteamericanas, minadas tanto por las migraciones como por los cambios pol\u00edticos, territoriales y sociales que administran sus vidas; pero tambi\u00e9n abren puertas a la sospecha de que su misma \u2018localizaci\u00f3n\u2019 no permita profundizar suficientemente en el car\u00e1cter desigual de la globalizaci\u00f3n \u2013aun en el caso de reconocerla\u2013 ni atender esas \u2018otras\u2019 realidades que movilizan y actualizan etapas y estados que se cre\u00edan cosa del pasado<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica cultural de estos a\u00f1os ha prestado especial atenci\u00f3n al desmontaje de los monumentos que integraron la memoria \u2018oficial\u2019 de los estados-naci\u00f3n<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>, reduciendo a menudo la tradici\u00f3n moderna a su costado \u2018oficial\u2019 y con frecuencia ha suspendido el registro de los documentos \u2018calibanescos\u2019, que se quisieron formas de contravenir la instituci\u00f3n de la memoria, por no hablar de esos documentos\/monumentos can\u00f3nicos de la memoria cultural-nacional que dicen o permiten leer, en sus fisuras, pliegues o puntos de partida \u2013y no s\u00f3lo en sus silencios o exterioridades\u2013, la imposibilidad de legitimar finalmente el proceso mismo de monumentalizaci\u00f3n. Al menos desde esta Venezuela escindida es posible releer zonas de los discursos culturales que, como bancos de memoria, adquieren una imprevista activaci\u00f3n en el presente.<\/p>\n<p>El surgimiento del chavismo, por ejemplo, si bien es uno de los casos ejemplares de la pugna en el espacio de la naci\u00f3n por asumir o resistir el imperio de la globalizaci\u00f3n, tambi\u00e9n es m\u00e1s que eso. A la presi\u00f3n de los factores que atraviesan y constituyen su tiempo, se unen o confluyen otros, internos; una historia que ha venido registr\u00e1ndose en textos culturales desde hace, cuando menos, casi un siglo, y que hoy ha cristalizado como fen\u00f3meno sociopol\u00edtico.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>El origen de la pugna social entre los bandos que se arrogan el derecho de sustentar leg\u00edtimamente la representatividad de la naci\u00f3n hay que buscarla necesariamente en los a\u00f1os del proceso de constituci\u00f3n de la rep\u00fablica. La definici\u00f3n de identidad nacional que ha pasado a ser considerada como fundacional es la que Bol\u00edvar expresara en 1815, en su <em>Carta de Jamaica<\/em>, y que luego repitiese casi puntualmente en el \u201cDiscurso de Angostura\u201d (1819). De ellas, \u00e9sta da mejor cuenta de las contradicciones de la representaci\u00f3n de identidad:<\/p>\n<p><em>[&#8230;] no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los abor\u00edgenes y los espa\u00f1oles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los t\u00edtulos de posesi\u00f3n y de mantenernos en el pa\u00eds que nos vio nacer, contra la oposici\u00f3n de los invasores; as\u00ed nuestro caso es el m\u00e1s extraordinario y complicado. (Bol\u00edvar 1977: 109)<\/em><\/p>\n<p>Tengamos presente que nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, que m\u00e1s bien es un compuesto de \u00c1frica y de Am\u00e9rica, que una emanaci\u00f3n de la Europa; pues que hasta la Espa\u00f1a misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su car\u00e1cter. (114)<\/p>\n<p>La devoci\u00f3n por el padre\/h\u00e9roe de la emancipaci\u00f3n, establecido por los innumerables \u2018templos\u2019 erigidos por instituciones y discursos a lo largo de los siglos XIX y XX, y que ha impuesto el chavismo \u2013ahora con usos y aires discursivos propios de la \u2018resistencia\u2019\u2013 y en especial su l\u00edder, que se presenta como encarnaci\u00f3n de su legado, ha impedido ver lo que ya resulta obvio en los discursos acad\u00e9micos: la falta de correspondencia entre los sujetos\/objetos referidos en el \u2018nuestro\u2019 y el impl\u00edcito \u2018nosotros\u2019, y la iron\u00eda hist\u00f3rica de que la fundaci\u00f3n de la naci\u00f3n se asienta en un acto de violencia.<\/p>\n<p>El primer fragmento \u2013en la convenci\u00f3n cultural y en el discurso chavista como inicial definici\u00f3n del mestizaje latinoamericano\u2013 conviene en que lo \u2018europeo\u2019 forma parte de la identidad, a diferencia del segundo que niega el \u2018derecho\u2019, aunque sea moral, a tal pertenencia. El primero, corresponde a la imagen de naci\u00f3n que se desprende de \u2013y se reduce a\u2013 la autorrepresentaci\u00f3n del letrado criollo, mentalmente ligado a Europa (no a Espa\u00f1a), ciudadano por tanto; el segundo, figura otra naci\u00f3n, la del \u2018pueblo\u2019, vinculado a espacios salvajes, b\u00e1rbaros (Am\u00e9rica, \u00c1frica). La distancia del \u2018nosotros\u2019 al \u2018nuestro\u2019 dice del hiato entre sujeto criollo y \u2018otro natural\u2019<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a> \u2013como dice tambi\u00e9n de las \u2018trampas\u2019 de ciertos mestizajes\u2013, y podr\u00eda mostrarse como una primera representaci\u00f3n de una naci\u00f3n que se percibe escindida, sin duda el m\u00e1s lejano antecedente de las \u201cdos Venezuelas\u201d de hoy. Pero adem\u00e1s de ello, deber\u00eda ser inocultable \u2013y no lo es\u2013 que la instalaci\u00f3n en la legalidad de la naci\u00f3n \u2013no otra cosa es el \u201cDiscurso de Angostura\u201d: la toma de posesi\u00f3n, la imposici\u00f3n por v\u00eda de ley del proyecto republicano sobre el conflictivo territorio de lo que ser\u00e1 espacio f\u00edsico de la naci\u00f3n\u2013 presupone un acto de violencia \u2018hacia adentro\u2019: \u201cel conflicto de disputar a los naturales los t\u00edtulos de posesi\u00f3n\u201d. Hay, pues, desde el inicio de la constituci\u00f3n republicana dos Venezuelas en conflicto: la base sobre la que luego se asentar\u00e1 el dilema entre la civilizaci\u00f3n y la barbarie.<\/p>\n<p>As\u00ed, en algunos casos, el presente puede llevar a releer el pasado en su texto completo, bien desvelando sus \u2018silencios\u2019, bien, simplemente, leyendo lo que efectivamente \u2018dice\u2019. Quiere, adem\u00e1s, el curso de las cosas que la definici\u00f3n de identidad d\u00e9 pie a una segunda ir\u00f3nica paradoja, no menos monumental que el objeto\/figura-Bol\u00edvar: no s\u00f3lo que Bol\u00edvar, siendo el m\u00e1ximo \u2013y, claro, el m\u00e1s progresista\u2013 representante de la \u00e9lite criolla, haya funcionado hist\u00f3ricamente en el imaginario popular con atribuciones muy distintas a las que podr\u00edan desprenderse de algunos de sus textos centrales, sino que incluso se erija hoy en inspirador de un proyecto que se asume como el restaurador de la posesi\u00f3n de los \u2018naturales\u2019 y sus varios descendientes actuales: uno de los \u2018t\u00e9rminos\u2019 en disputa a ser desplazado por el sujeto criollo en el original proyecto de naci\u00f3n bolivariana; que, en el imaginario pol\u00edtico oficial y de amplios sectores populares de la actualidad, ese Bol\u00edvar civilizador que despojar\u00eda de sus \u201ct\u00edtulos de posesi\u00f3n\u201d al mundo de la barbarie interna sea visto, pues, como la proyecci\u00f3n, llevada al origen, del fundamento del deseo emancipador.<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a><\/p>\n<p>Aunque pocas veces se presente de ese modo, quien de alg\u00fan modo revirti\u00f3 y proces\u00f3 cr\u00edticamente los conflictos sociales y raciales que intervinieron en la \u00e9poca de la Independencia, luego enmascarados por los letrados a lo largo del siglo XIX, fue Laureano Vallenilla Lanz. La frecuente inscripci\u00f3n de Vallenilla Lanz como positivista e ide\u00f3logo del r\u00e9gimen gomecista ha suscitado el rechazo mayoritario de la historiograf\u00eda posterior<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Sin embargo, a despecho de la imagen que ha predominado en la memoria historiogr\u00e1fica, Manuel Caballero \u2013acompa\u00f1ado excepcionalmente en su valoraci\u00f3n por otros historiadores como Harwich Vallenilla\u2013, sin negar lo insostenible de algunas de las principales tesis de Vallenilla<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>, optar\u00eda por matizar la leyenda negra que en torno a \u00e9l se ha tejido, resaltando de partida el car\u00e1cter innovador e incluso irreverente de su libro: \u201cLos planteamientos del autor de <em>Cesarismo democr\u00e1tico<\/em> estaban destinados a molestar\u201d (Caballero 1990: 8); entre ellos el m\u00e1s urticante: \u201csu consideraci\u00f3n de la guerra de independencia como una guerra civil\u201d, que presupon\u00eda la in\u00e9dita y sacr\u00edlega \u201cactitud de escribir la historia de un pa\u00eds haciendo caso omiso de los pedestales\u201d (9), con lo que pasar\u00eda a ser \u201csi no el \u00fanico ni el primero, s\u00ed el m\u00e1s claro en ver la historia como historia social\u201d (11). Aunque nunca osase cuestionar la figura de Bol\u00edvar \u2013y por el contrario la considerase, tal como hace Ch\u00e1vez en estos d\u00edas, figura ideal al borde de la transhistoria, a partir de la cual cimentar la utop\u00eda futura\u2013, provey\u00f3 las bases de su cr\u00edtica al hacer la del grupo social en el que se enmarc\u00f3 su acci\u00f3n y sus ideas.<\/p>\n<p>En el marco de una Venezuela que arrojaba signos inequ\u00edvocos de una creciente inserci\u00f3n en una cultura urbana y mundializada \u2013el auge de las ciudades y la econom\u00eda del petr\u00f3leo, la incipiente tecnificaci\u00f3n o la cultura masificada, el surgimiento de nuevos sujetos sociales e ideolog\u00edas pol\u00edticas, entre otros signos\u2013, Vallenilla recurrir\u00e1 aleg\u00f3ricamente a la \u00e9poca de la Guerra de la Independencia en tanto centro metaf\u00f3rico explicativo de los componentes, diagn\u00f3sticos y amenazas de la naci\u00f3n.<\/p>\n<p>La novedad que supuso para la historiograf\u00eda de la \u00e9poca el hecho de leer la Guerra de Independencia como conflicto social m\u00e1s que como la gesta heroica que la historiograf\u00eda rom\u00e1ntica pretendi\u00f3 fijar<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>, se concreta en el <em>Cesarismo\u2026<\/em> cuando se piensa en la causa original del conflicto. Aunque es innegable que, a lo largo de su texto, Vallenilla se explaya en el estallido de fuerzas irracionales, encarnadas b\u00e1sicamente en la figura de lo popular, no le achaca a \u00e9sta la responsabilidad de la guerra, sino a la decadencia, el desmedido af\u00e1n de lucro o el racismo de los criollos de la Colonia, grotescamente travestidos en radicales y \u2018a\u00e9reos\u2019 ilustrados, patriotas y revolucionarios. La cr\u00edtica de los poderes de la ciudad letrada, que primero sumi\u00f3 en la miseria y el resentimiento a las razas excluidas de sus anillos (Rama 1984), normas y altares (\u00daslar Pietri, <em>Las lanzas coloradas<\/em> 1988 [1931]), para s\u00fabita e ingenua e \u2018irresponsablemente\u2019 asimilar las nuevas ideas democr\u00e1ticas, explicar\u00e1 \u2013s\u00f3lo en parte<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>\u2013 su irracionalidad cruel<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>, as\u00ed como la adhesi\u00f3n de las masas populares, no a las ideas abstractas de los letrados revolucionarios, sino a figuras de caudillos llaneros representativos \u2013y s\u00f3lo en ese sentido, democr\u00e1ticos\u2013 como Boves o P\u00e1ez, que ofrec\u00edan, adem\u00e1s de libertad, tierras en propiedad.<\/p>\n<p>Su tesis de que la Independencia no fue otra cosa que un ejercicio de travestismo de las oligarqu\u00edas criollas, \u201copresoras y tir\u00e1nicas [\u2026] que constitu\u00edan ya no una clase sino una CASTA\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 109), para ampliar sus poderes est\u00e1 abundantemente mostrada a lo largo de los primeros cap\u00edtulos de su <em>Cesarismo\u2026<\/em><a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. Baste con citar algunas muestras:<\/p>\n<p><em>Los primeros legisladores de la Rep\u00fablica, los revolucionarios del 19 de abril y los constituyentes de 1811, salidos de la m\u00e1s rancia aristocracia colonial, \u00abcriollos indolentes y engre\u00eddos\u00bb, que \u00abgozaban con el populacho de una consideraci\u00f3n tan elevada cual jam\u00e1s la tuvieron los grandes de Espa\u00f1a en la capital del Reyno\u00bb proclamaron, sin embargo, el dogma de la soberan\u00eda popular, llamando al ejercicio de los derechos ciudadanos al mismo pueblo por ellos despreciado. Sobre la dignidad social en que fundaban su poder, sobre la heterogeneidad de razas que daba sustento a sus preocupaciones de casta, pretendieron levantar el edificio de la Rep\u00fablica democr\u00e1tica.<\/em><\/p>\n<p><em>Seg\u00fan estos principios, la tradici\u00f3n colonial desapareci\u00f3 para siempre el d\u00eda mismo en que fueron proclamados los derechos de los venezolanos. De modo que, pol\u00edtica y socialmente, los hombres de la Independencia ven\u00edan a la vida a la edad que contaban, pues al golpe m\u00e1gico de la revoluci\u00f3n, hab\u00edan dejado entre las ruinas del \u00aboprobioso r\u00e9gimen\u00bb todo el legado hereditario de tres siglos de coloniaje y de miles de a\u00f1os anteriores a la Conquista.<\/em><\/p>\n<p><em>[\u2026] los instintos y los prejuicios inconscientes, las opiniones, los gustos, las inclinaciones naturales, los sentimientos, las preocupaciones religiosas y sociales, el desprecio del blanco criollo por el hombre de color, el odio de \u00e9ste hacia el criollo, las rivalidades e intransigencias de cada grupo social [\u2026] desaparecieron para siempre a la sola enunciaci\u00f3n de los derechos ciudadanos.<\/em><\/p>\n<p><em>Al suprimir las profundas desigualdades sociales que por siglos hab\u00edan caracterizado el organismo social de la colonia, no qued\u00f3 m\u00e1s que el hombre abstracto (Vallenilla Lanz 1990: 71-2).<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a><\/em><\/p>\n<p>De alg\u00fan modo, Vallenilla Lanz har\u00e1 extensiva su consideraci\u00f3n de las \u00e9lites sociales pr\u00e1cticamente hasta su presente, como un modo de justificar as\u00ed, junto con su \u2013lamentable\u2013 consideraci\u00f3n de la tendencia \u2018natural\u2019 a la anarqu\u00eda y la barbarie de las masas populares, la presencia necesaria de un c\u00e9sar-gendarme, como \u00fanico modo de garantizar la paz y la prosperidad social. No deja de ser una casi c\u00f3mica paradoja que sea el positivista m\u00e1s denigrado por su adhesi\u00f3n al r\u00e9gimen gomecista quien suministre el antecedente de una de las tesis m\u00e1s manejadas en el discurso chavista para legitimar el control de todo el aparato estatal: que son justamente las \u2018oligarqu\u00edas corruptas\u2019, trasmutadas desde la \u00e9poca de la Colonia, las responsables de la profunda crisis social que vivi\u00f3 Venezuela durante la IV Rep\u00fablica<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>, y que ha llegado el momento de revivir la guerra y triunfar contra los seculares y oprobiosos privilegios de aqu\u00e9llas, \u00fanica forma de completar el frustrado proyecto justiciero y emancipador de Bol\u00edvar \u2013 y luego de Zamora o Mart\u00ed, antes de llegar a la concreci\u00f3n de su m\u00e1s cercano paradigma: Fidel Castro y la Revoluci\u00f3n Cubana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Pero ser\u00e1 propiamente con la emergencia del discurso populista moderno de la socialdemocracia y las izquierdas pol\u00edticas y culturales, en los a\u00f1os treinta, donde la insurgencia del proyecto chavista encontrar\u00e1 antecedentes cabales. Uno de los m\u00e1s conspicuos y l\u00facidos intelectuales venezolanos del siglo XX, Mariano Pic\u00f3n Salas \u2013en sinton\u00eda con las orientaciones pol\u00edticas de j\u00f3venes actores pol\u00edticos de los a\u00f1os veinte y treinta como V\u00edctor Ra\u00fal Haya de la Torre o R\u00f3mulo Betancourt, l\u00edder fundador de Acci\u00f3n Democr\u00e1tica\u2013, ser\u00e1 quien provea explicaciones sobre las sociedades latinoamericanas que han sido activadas, en otros registros, por discursos acad\u00e9micos y pol\u00edticos del presente. En general, estas explicaciones apuntan al marcaje insistente de una imagen: la de sociedades escindidas al borde del estallido.<\/p>\n<p>Aunque la aspiraci\u00f3n ut\u00f3pica de Pic\u00f3n Salas, apuntase finalmente al deseo de una arm\u00f3nica s\u00edntesis nacional y a la integraci\u00f3n ecum\u00e9nica del orden mundial<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>, ese mismo deseo lo llev\u00f3 a marcar lo que entend\u00eda como su mayor obst\u00e1culo: la secular e irresponsable ceguera de las \u00e9lites nacionales y la consiguiente amenaza de convulsiones sociales. En un texto de 1930, \u201cHispanoam\u00e9rica, una posici\u00f3n cr\u00edtica\u201d, Pic\u00f3n Salas consignaba c\u00f3mo se verificaba en el plano cultural el conflicto social, expresado desde finales del siglo XIX por el dilema martiano entre el \u201cletrado artificial\u201d y el \u201cmestizo aut\u00f3ctono\u201d, al se\u00f1alar:<\/p>\n<p><em>[&#8230;] el tremendo desnivel americano entre el hombre ilustrado, que asume para nosotros el car\u00e1cter esot\u00e9rico de un mago en una sociedad primitiva, y el pueblo \u2013 nuestro sagrado pueblo de los himnos nacionales y las declamaciones patri\u00f3ticas \u2013, que est\u00e1 sumido a\u00fan en muchos pa\u00edses del continente, en oscura e inexpresada vida vegetativa (Pic\u00f3n Salas 1977: 41).<\/em><\/p>\n<p>El Pic\u00f3n Salas de los a\u00f1os treinta y cuarenta insistir\u00eda en rondar dicha f\u00f3rmula; el divorcio entre lo letrado y lo popular se convertir\u00eda en tesis central. Sus lecturas de las realidades culturales latinoamericanas del pasado y el presente se politizar\u00edan de una manera inequ\u00edvoca. En un texto de sus <em>Estampas inconclusas de un viaje al Per\u00fa <\/em>(1935), \u201cMisterio americano\u201d, Pic\u00f3n Salas ser\u00e1 incluso m\u00e1s pl\u00e1stico al representar el funcionamiento de este divorcio. En \u00e9l se anticipa lo que ya en los inicios del siglo XX Gonz\u00e1lez Prada llamase gozosamente \u201c<em>la inundaci\u00f3n de la barbarie<\/em>\u201d<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>, que, con terror, es el modo en que algunos sectores de la sociedad venezolana han vivido el triunfo del chavismo. Aunque extenso, vale la pena citar el pasaje:<\/p>\n<p><em>Am\u00e9rica es el continente del misterio. M\u00e1s all\u00e1 de las formas pol\u00edticas o culturales de importaci\u00f3n late en nuestra existencia [&#8230;] un enigma psicol\u00f3gico que es a la vez nuestro drama, nuestra esperanza y nuestra fascinaci\u00f3n. [&#8230;] Y es que nuestro subconsciente acumula como la tierra andina las convulsiones de las razas que no se han fundido bien, los gritos ancestrales de las especies distintas, lo primitivo que lucha con lo refinado, el embrollo de las culturas superpuestas. Entonces, en un momento, las fuerzas plut\u00f3nicas de adentro rompen la d\u00e9bil estratificaci\u00f3n de formas adquiridas, y advertimos que nos hab\u00edamos dormido precisamente sobre un tumultuoso misterio. Nos posee el terror o el asombro como a aquella amanerada y perezosa corte peruana del siglo XVIII, que de pronto descubre que todav\u00eda existen los indios, y que las multitudes escondidas en los socavones mineros, en la aparente paz de la mita y de la encomienda, hab\u00edan despertado un d\u00eda con apetito de justicia y de sangre que suele ser el vino de la justicia. La minor\u00eda blanca que, por lo general, domina la tierra y la m\u00e1quina del Estado ve aparecer como un sangriento baile de m\u00e1scaras aquellos rostros venidos del fondo de Am\u00e9rica, de la oscura matriz ca\u00f3tica de nuestra existencia colectiva. <\/em><em>(Pic\u00f3n Salas 1983: 203)<\/em><\/p>\n<p>Se distanciaba as\u00ed, Pic\u00f3n Salas, de las explicaciones del lebonismo latinoamericanos \u2013Vallenilla incluido\u2013: la barbarie irracional y tumultuosa de las masas no resid\u00eda en las temibles fuerzas an\u00e1rquicas de los sectores populares o de los inmigrantes; la verdadera barbarie no era otra cosa que el resultado de la incapacidad y zanganer\u00eda de las \u00e9lites desde los tiempos de la Colonia. Aunque sin duda resulta discutible la caracterizaci\u00f3n de lo popular en t\u00e9rminos de \u201cfuerzas plut\u00f3nicas\u201d y de su espacio geocultural como \u201coscura matriz ca\u00f3tica de nuestra existencia colectiva\u201d, y aunque tambi\u00e9n este fragmento presuponga el deseo de una naci\u00f3n ideal homogeneizada en su diversidad, lo cierto es que ante la imagen del \u201cmisterio\u201d, Pic\u00f3n Salas, a tono con los populismos marxistas y socialdem\u00f3cratas de la \u00e9poca, prefiere enfatizar el explosivo, volc\u00e1nico drama social que impone esa \u201cminor\u00eda blanca [\u2026] que domina la tierra y la m\u00e1quina del Estado\u201d<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>. Por eso, Pic\u00f3n Salas entender\u00eda en esos a\u00f1os, con lucidez casi prof\u00e9tica, el escaso margen de error de que dispon\u00edan las pol\u00edticas de los pa\u00edses latinoamericanos y que su \u00fanica salida ten\u00eda acentos dr\u00e1sticos y dilem\u00e1ticos:<\/p>\n<p><em>A la soluci\u00f3n de un inmenso problema social debe dedicarse la pol\u00edtica hispanoamericana de los d\u00edas que vienen; el destino nos da a elegir entre una revoluci\u00f3n pac\u00edfica que utilice los recursos t\u00e9cnicos de este maduro momento de la historia humana, o bien una serie de crisis que prolongar\u00edan con m\u00e1s violencia nuestros trastornos y revueltas del siglo XIX (Pic\u00f3n Salas 1977: 96).<\/em><\/p>\n<p>El pensamiento de Pic\u00f3n Salas logr\u00f3, como el de su \u00e9poca, vislumbrar c\u00f3mo el ejercicio \u2013olig\u00e1rquico o democr\u00e1tico, excluyente o incluyente\u2013 del poder afectaba directamente la \u00edndole de los intercambios sociales y el estado de la naci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, ese tipo de planteamientos rondaron la literatura narrativa de la \u00e9poca en Venezuela. Hay de hecho dos novelas aleg\u00f3ricas, indispensables para la comprensi\u00f3n cultural de la naci\u00f3n y expresivas de dos distintas pol\u00edticas del nacionalismo literario, que asientan <em>entre ellas<\/em> el conflicto que hoy se vive entre las \u2018dos Venezuelas\u2019. Pienso en la idea de pacto social que postula <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara <\/em>(1929) y su cr\u00edtica radical, sugerida en <em>Cubagua<\/em> (1931).<\/p>\n<p>La figuraci\u00f3n del pacto como proyecto alterno de naci\u00f3n tuvo un precedente en un par de art\u00edculos de costumbres del siglo XIX: \u201cUn llanero en la capital\u201d (1849) y \u201cPalmarote en Apure\u201d (1867) de Daniel Mendoza, en los que se amistan personajes y saberes del campo y la ciudad, es decir: civilizaci\u00f3n\/barbarie, tradici\u00f3n\/modernizaci\u00f3n, culto\/popular; esto es, los espacios simb\u00f3licos que presiden los conflictos de la era republicana. Siguiendo esa pauta, R\u00f3mulo Gallegos cuestionar\u00e1 en <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em>, no s\u00f3lo la barbarie representada por la protagonista y sus pol\u00edticas arbitrarias \u2013asociadas por cierta tradici\u00f3n lectora a las del gendarme G\u00f3mez\u2013, sino tambi\u00e9n la verticalidad violenta y autoritaria de los agentes dominantes de los proyectos civilizatorios, para postular un modelo ampliado de naci\u00f3n, que socialmente supone la inclusi\u00f3n de los sectores populares \u2013posible por el \u2018descubrimiento\u2019 de \u201clas fuentes ocultas de la bondad de su tierra y su gente\u201d (Gallegos 1977: 312)\u2013, reconducidos pedag\u00f3gicamente por la provisi\u00f3n de otros paradigmas morales y de autoridad, y orientado en lo pol\u00edtico por otro estilo, caritativo y paternal.<\/p>\n<p>El Lorenzo Barquero de la juventud y su consigna pro-cosmopolita de \u201cmatar al centauro que todos los llaneros llevamos por dentro\u201d (Gallegos 1977: 103), as\u00ed como su incapacidad para insertarse en la realidad violenta, irracional y antimoderna del llano, \u2018b\u00e1rbara\u2019, ser\u00e1 uno de los objetos de la cr\u00edtica, como lo fue la \u00e9lite criolla en Vallenilla o el \u201cletrado artificial\u201d en Mart\u00ed. Su \u2018estrado\u2019 ser\u00e1 ocupado ahora por el nuevo modelo de dirigente que, guiado por el norte de la racionalidad de la letra (la ley) y la racionalizaci\u00f3n del territorio (la propiedad) y las relaciones sociales, por \u2018gracia\u2019 de una pedagog\u00eda h\u00edbrida, ajustada a realidad, recia o amorosa, as\u00ed como de su disposici\u00f3n a reconocer (ambiguamente) los valores del otro popular o la mujer \u2013lo b\u00e1rbaro\u2013, lograr\u00e1 ampliar los espacios de ciudadan\u00eda para la naci\u00f3n; sin que nunca, por lo dem\u00e1s, se cuestione la legitimidad originaria del poder ejercido por Santos Luzardo sobre tierra y gente, a pesar de que la novela misma recuerde la fuente de sus \u201ct\u00edtulos de propiedad\u201d, como dir\u00eda Bol\u00edvar: el despojo y el crimen ejercido por Evaristo Luzardo contra \u201clos naturales\u201d.<\/p>\n<p>La novela de Gallegos asumi\u00f3 a partir de ese entonces el car\u00e1cter de una utop\u00eda social-nacional de modernizaci\u00f3n y ciudadan\u00eda, pues fue le\u00edda y recibida como la novela de la naci\u00f3n futura, que a la vez pretend\u00eda establecerse como g\u00e9nesis explicativa y base de otra tradici\u00f3n memorial\u00edstica que pretend\u00eda cancelar las arbitrariedades de la historia y educar a las pr\u00f3ximas generaciones en la construcci\u00f3n de una sola gran familia nacional, moderna y homogeneizada por la educaci\u00f3n.<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a> A la vez, la utop\u00eda populista y vertical del pacto que sugiere <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em> testimonia el agotamiento de un modelo de unidad nacional que hizo aguas el 6 de diciembre de 1999, cuando Hugo Ch\u00e1vez y su proyecto bolivariano ganasen las elecciones. (Lo que no quiere decir que en el <em>performance<\/em> del nuevo caudillo no se reproduzcan aspectos \u2018aprendidos\u2019 de Santos Luzardo, en especial, su obvia voluntad de postularse como nuevo padre de la naci\u00f3n y su frecuente disposici\u00f3n did\u00e1ctico-pedag\u00f3gica a la hora de dirigirse a los sectores populares, as\u00ed como el relieve dado a sus \u2018misiones\u2019 educativas).<\/p>\n<p>En cambio, una novela como <em>Cubagua<\/em> de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez a\u00f1ade un componente fundamental para completar los planteamientos que, cruzados, gravitan en la idea de naci\u00f3n e identidad que ha activado \u2013sin mayor conciencia de su \u2018tradici\u00f3n\u2019\u2013 el proyecto bolivariano: su car\u00e1cter radicalmente pol\u00e9mico y su impl\u00edcita proposici\u00f3n de que los mundos en liza no han sido reconciliables en la historia ni parecen poder llegar a serlo en el futuro; lo que diferencia apreciablemente a N\u00fa\u00f1ez de Pic\u00f3n Salas y sobre todo de Gallegos, por no compartir la aspiraci\u00f3n de \u00e9stos a la unidad nacional e inaugurar la serie de los relatos \u2018contraidentitarios\u2019 sobre la naci\u00f3n, el cap\u00edtulo venezolano de la \u2018visi\u00f3n de los vencidos\u2019, del calibanismo latinoamericano. (En otro sentido, lo que tambi\u00e9n diferenciar\u00eda a N\u00fa\u00f1ez de los discursos chavistas<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a> es que, mientras <em>Cubagua <\/em>revela un intenso y complejo trabajo en su m\u00e1s o menos exitoso intento de asumir una lectura m\u00edtica \u2013transculturada, dir\u00eda Rama\u2013 de la realidad hist\u00f3rica, concediendo privilegio a las cosmovisiones procedentes de las sojuzgadas culturas ind\u00edgenas a la hora de estructurar su novela, los discursos del chavismo parecen conciliar, a la hora de hablar de la patria y lo popular, las m\u00e1s sofisticadas y conversacionales ideas de los manuales de materialismo hist\u00f3rico con la eficaz sentimentalidad que caracterizase el verbo encendido de Evita Per\u00f3n; lo que no es obst\u00e1culo, por supuesto, para que su imagen, cimentada en su postura justiciero-populista y antimperialista tenga hoy un apoyo inusitado, incluso creciente fuera de las fronteras nacionales).<\/p>\n<p>A diferencia de Gallegos, la postura de N\u00fa\u00f1ez ante la historia y la modernizaci\u00f3n es si cabe intransigente. La novela trasgrede la concepci\u00f3n de la historia como sucesi\u00f3n cronol\u00f3gica y opta por estructurarse a partir de una concepci\u00f3n m\u00edtica del tiempo, en la que todo ser, m\u00e1s all\u00e1 de su apariencia, ser\u00e1 signo y cifra de otra cosa esencial: las pulsiones que representan el mito ind\u00edgena de Vocchi y Amalivaca. Sucesos y personajes trasvasar\u00e1n los tiempos de la conquista espa\u00f1ola y reaparecer\u00e1n vivos o duplicados en los a\u00f1os de la exploraci\u00f3n petrolera, empresas ambas marcadas por la codicia y la destrucci\u00f3n de la naturaleza y la cultura nativa. <em>Cubagua<\/em>, la isla, met\u00e1fora de la naci\u00f3n, no ha sido m\u00e1s que bot\u00edn para los poderes imperiales. Lo ind\u00edgena sojuzgado y la tierra desolada han sido las \u00fanicas prendas que el ingreso a la historia ha ofrecido a esta isla-naci\u00f3n; por lo que la instancia galleguiana del pacto de culturas s\u00f3lo ser\u00eda concebible a condici\u00f3n de que el conquistador se deslastre de su condici\u00f3n, tal como ocurre con varios personajes de la novela.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, es factible leer <em>Cubagua <\/em>como una parodia del gran s\u00edmbolo de la nueva naci\u00f3n moderna que propusiera Gallegos y que de alguna manera signara la pol\u00edtica venezolana de la segunda mitad del siglo XX. Si Santos Luzardo es el poder que seduce a Do\u00f1a B\u00e1rbara y el mundo de lo popular, a partir de la comprensi\u00f3n y aceptaci\u00f3n de las \u2018bondades\u2019 de esa cultura, para legitimar y renovar, democratizando apenas su posesi\u00f3n sobre el territorio del llano-naci\u00f3n; el ingeniero Leiziaga, empleado de una compa\u00f1\u00eda petrolera, se abandonar\u00e1 al saber alterno que descubre a partir de su relaci\u00f3n con Fray Dionisio, converso cultural, y la princesa ind\u00edgena Nila C\u00e1lice. Por ellos conocer\u00e1 el \u2018civilizado\u2019 Leiziaga la verdad oculta del subterr\u00e1neo y omnipresente mundo sojuzgado desde los tiempos de la Conquista, espacio de lo ind\u00edgena integrado a la tierra donde habita la genuina vida, \u201cel alma de la raza\u201d, en espera del ciclo de su renacimiento. Ante la decadente sociedad de los blancos y la amenaza de la nueva destrucci\u00f3n de Cubagua, N\u00fa\u00f1ez, anticipando soluciones como las de <em>El reino de este mundo <\/em>(1949) de Carpentier \u2013y luego como las de Arguedas o Rulfo\u2013, desestimar\u00e1 soluciones conciliadoras \u2018mestizas\u2019, del mismo modo que estigmatizar\u00e1 las escrituras mixtificadoras de la historia oficial \u2013cr\u00f3nicas, discursos, art\u00edculos de prensa\u2013 que asignan el bien al poder vencedor y entrega t\u00f3picas postales de la isla en las que se oculta su miseria.<\/p>\n<p>Con ello, <em>Cubagua<\/em> inauguraba en Venezuela el relato de la \u2018contraidentidad\u2019, un camino que luego en la segunda mitad del siglo retomar\u00edan diversamente otros narradores: Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, en <em>Pa\u00eds port\u00e1til <\/em>(1968); Denzil Romero, en su voluntad de \u2018re-invencionar\u2019 la historia; o Luis Britto Garc\u00eda \u2013uno de los m\u00e1s connotados ide\u00f3logos del chavismo\u2013, cuya novela <em>Abrapalabra <\/em>(1980), por cierto, siguiese la idea de leer pol\u00edticamente la historia nacional, a partir de lo que se entiende como sus dos impulsos b\u00e1sicos desde la conquista hasta los a\u00f1os 60 del siglo XX: el poder opresor \u2013la deplorable saga que conduce de los conquistadores y los p\u00edcaros al demagogo de nuestros d\u00edas\u2013 y la cultura de la resistencia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n <em>Cubagua <\/em>establece \u2013inesperadamente, y ello s\u00f3lo hoy es legible con alguna claridad\u2013 o, m\u00e1s bien, reestablece transformando, otras tradiciones. (Lo que, de paso, hace posible su cr\u00edtica como discurso). Quiz\u00e1s por ser un texto forjado en la din\u00e1mica de la resistencia, la novela de N\u00fa\u00f1ez no escapa a las de los manique\u00edsmos legitimadores del poder.<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a> <em>Cubagua <\/em>no s\u00f3lo es muestra de la nueva alianza del intelectual con lo popular, discurso fundacional de la \u2018visi\u00f3n de los vencidos\u2019 en la ficci\u00f3n venezolana<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a>, tambi\u00e9n lo es de los discursos sobre la \u2018pureza\u2019, que se quieren alternativos en relaci\u00f3n con, por ejemplo, al paradigma socio-\u00e9tnico establecido por los poderes de la naci\u00f3n moderna: el h\u00e9roe pol\u00edtico que, de preferencia, hubo de ser un \u2018gran\u2019 hombre blanco \u2013aunque simb\u00f3licamente mestizo\u2013, perteneciente a la \u00e9lite, letrado capaz de congregar bajo su manto \u2013o mando\u2013 las diversas fuerzas sociales de la naci\u00f3n \u2013Sim\u00f3n Bol\u00edvar o Santos Luzardo, por cierto, se ajustan perfectamente a ese paradigma\u2013, para hacer residir ahora toda verdad y legitimidad en la figura de lo popular, agente (trans)hist\u00f3rico representante de lo \u2018puro\u2019, de lo \u00fanico genuinamente nacional. <em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>En <em>Cubagua<\/em>, su inicial protagonista \u2013parodia (seria), como suger\u00ed, de Santos Luzardo\u2013 significativamente pierde protagonismo tras acceder a \u2018sufrir\u2019 una suerte de proceso de \u2018desidentizaci\u00f3n\u2019, al punto de entregarse a un nuevo destino que s\u00f3lo confusamente intuye. La presencia de Fray Dionisio y Nila C\u00e1lice \u2013de nombres que remiten a maridajes de culturas milenarias\u2013 parece imponerse, pero s\u00f3lo en la medida en que son oficiantes de un ritual secreto: aqu\u00e9l que conduce a la revelaci\u00f3n del \u2018alma\u2019 y la \u2018vida\u2019 verdaderas; esas que expresan el mito y no los discursos de la invasora y mortal racionalidad occidental. Si el presente hist\u00f3rico de la modernidad es un mundo que ostenta la caricatura de un progreso material s\u00f3lo visible en los discursos y que apenas ofrece a sus habitantes la ag\u00f3nica paradoja de la sequ\u00eda y la promesa de una nueva explotaci\u00f3n (petrolera, como antes vivi\u00f3 en muerte la de las perlas), quien sea capaz de \u2018ver\u2019 y \u2018o\u00edr\u2019, de descifrar lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la melancol\u00eda de sus gentes o lo que \u2018dice\u2019 la naturaleza \u2013\u201cs\u00f3lo las almas superiores penetran en el reino de lo maravilloso\u201d (N\u00fa\u00f1ez 1987: 47)\u2013, podr\u00e1 entender la raz\u00f3n de la nostalgia: la p\u00e9rdida del amable y l\u00edrico reino de lo ind\u00edgena, aqu\u00e9l que era \u2018uno\u2019 con la tierra y el mar.<\/p>\n<p>La mitificaci\u00f3n de lo natural y de lo ind\u00edgena es respuesta y estrategia en la novela. Frente la destrucci\u00f3n que signa la presencia del hombre blanco, del conquistador del siglo XVI y del XX, lo ind\u00edgena se presentar\u00e1 como un saber ben\u00e9fico, humanista, \u2018natural\u2019, unanimista. La Do\u00f1a B\u00e1rbara de <em>Cubagua<\/em>, Nila C\u00e1lice ser\u00e1 a la vez, como la protagonista de Gallegos, la tierra; pero, a diferencia de aqu\u00e9lla, \u201cen la mujer se halla todo, la vida, la fuerza\u201d (42): \u201cSu alma es eterna y sus ojos permanecen abiertos en las selvas, en las serran\u00edas\u201d (50). Del mismo modo, los hombres son semejantes de los cardones (39, 56); sus navegantes \u201cse deslizan y maniobran con la solemnidad de un rito que celebra el nacimiento de las constelaciones\u201d (18) y en ellos se \u2018entrelee\u2019 el \u201cmisterio de los or\u00edgenes, la remota y deliciosa verdad\u201d (12); a la inversa, el \u201cmar es comunista\u201d (54). El mundo perdido, el origen de la melancol\u00eda es la naci\u00f3n alternativa, la comunidad ind\u00edgena interrumpida por la historia (occidental): \u201cNac\u00edan y mor\u00edan libres, felices, ignorados. Despu\u00e9s llegaron descubridores, piratas, vendedores de esclavos\u201d (13).<\/p>\n<p>La escritura de la novela, pues, como muchos populismos hist\u00f3ricos y actuales, construir\u00e1 im\u00e1genes l\u00edricas e idealizadas (negadoras, por tanto) sobre los vencidos; en este caso, como en otros, a partir de ciertos rasgos estructurantes radicalmente opuestos a \u2013 y a veces los mismos que \u2013 los de su opresor: alma, aunque soterrada, indestructible, amasada por sufrimientos y tragedias que sobrelleva estoicamente<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a>; orgullo y nobleza; silenciosa resistencia; autenticidad (ver Castro-G\u00f3mez 1996). No lograr\u00e1, por ende, superar los manique\u00edsmos y mistificaciones del enemigo; s\u00f3lo cruzar signos y referentes.<\/p>\n<p>Obviamente lo que entra en juego en este tipo de operaciones, sea en la novela de N\u00fa\u00f1ez \u2013o en su m\u00e1s radical y fiel descendiente, <em>Abrapalabra <\/em>de Britto Garc\u00eda\u2013, sea en los discursos pol\u00edticos, es algo m\u00e1s que la sola inversi\u00f3n en la atribuci\u00f3n de la verdad. La \u2018pureza\u2019 del subalterno en tanto v\u00edctima permite, como asunto de elemental y \u2018natural\u2019 justicia, fundar nuevas representatividades y legitimidades en la comunidad nacional, as\u00ed como desterrar las antiguas y oprobiosas. Si el pueblo es puro, tambi\u00e9n lo es quien \u2013verdaderamente\u2013 lo representa y acompa\u00f1a su liberaci\u00f3n, en abierta resistencia respecto de los poderes que lo oprimen \u2013 imperios y oligarqu\u00edas. Buena parte del pensamiento de cierta izquierda latinoamericana tradicional y actual, al menos la m\u00e1s visible, parten \u2013no expl\u00edcitamente\u2013 de este supuesto. El chavismo no escapa a \u00e9l; por el contrario, tanto la figuraci\u00f3n discursiva del \u2018pueblo\u2019 como la autofiguraci\u00f3n heroica del liderazgo en torno a la convicci\u00f3n de que se habla en nombre de y se act\u00faa desde una matriz tr\u00e1gica y virginal, intachable, v\u00edctima radicalmente inocente de las agresiones de la historia y sus poderes, es lo que facilita la legitimaci\u00f3n de la empresa pol\u00edtica, convertida en \u2018misi\u00f3n\u2019 vindicadora que desestima cualquier tipo de cuestionamiento cr\u00edtico, por considerarlo, en este relato en blanco y negro de traidores y h\u00e9roes, maniqueo por tanto, como una nueva \u2018traici\u00f3n\u2019 de las agencias de la opresora \u2018tradici\u00f3n\u2019.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>VI<\/strong><\/p>\n<p>Pero el chavismo no s\u00f3lo activar\u00e1 esta parad\u00f3jica anti-tradici\u00f3n que iniciase <em>Cubagua<\/em>, tambi\u00e9n, y no menos parad\u00f3jicamente, la de la versi\u00f3n criolla del \u2018grande hombre\u2019 pol\u00edtico, el c\u00e9sar traducido en caudillo. Tambi\u00e9n en este caso \u2013siguiendo a Laclau en sus ideas sobre las din\u00e1micas de la resistencia emancipadora respecto del poder y las ambig\u00fcedades identitarias que la misma genera\u2013, el presente se ofrece como una peculiar y quiz\u00e1s inconsciente resurrecci\u00f3n de tradiciones indeseadas, un \u2018copiado\u2019 con retoques de los olvidados registros de la memoria cultural, ahora en relaci\u00f3n con la constituci\u00f3n social misma de la imagen del poder.<\/p>\n<p>Dif\u00edcilmente puede pensarse la historia pol\u00edtica de Venezuela o de Am\u00e9rica Latina hasta nuestros d\u00edas sin tomar en cuenta la centralidad del caudillismo y de las culturas sociales a las que responde y que produce. Como el nacionalismo o el populismo \u2013al que no deja de estar con frecuencia articulado\u2013, el caudillismo es de esos fen\u00f3menos que en alg\u00fan momento se pensaron como cosa del pasado y que parecen tomar decisivo vigor en la era de la globalizaci\u00f3n. Sin querer decir que la figura del caudillo sea o responda a las mismas circunstancias que la prohijaron a lo largo del siglo XIX, su presencia en la actualidad obedece al sistem\u00e1tico fracaso de sucesivos proyectos de modernizaci\u00f3n \u2013de cualquier signo pol\u00edtico\u2013, especialmente en lo relativo al logro de una democracia social. Ello, de alg\u00fan modo, es lo que, ante la desidia de las \u00e9lites nacionales, ha propiciado el surgimiento de caudillos postmodernos, que han logrado capitalizar las frustraciones de las mayor\u00edas y restaurar la expectativa de reconocimiento y pertenencia a la comunidad nacional, reproduciendo el personalismo, el clientelismo o la apelaci\u00f3n emocional al \u2018pueblo\u2019 caracter\u00edsticos de sus antecesores \u2013los caudillos populistas de la modernidad latinoamericana\u2013, pero que adem\u00e1s han sabido aprovechar el auge medi\u00e1tico para profundizar el \u2018espect\u00e1culo\u2019 (Bonilla y P\u00e1ez 2003).<\/p>\n<p>La imagen de una figura de proporciones m\u00edtico-religiosas, redentora, superior y reconocible como \u2018propia\u2019, tanto en la imaginaci\u00f3n popular como en la letrada, bajo el nombre de \u2018caudillo\u2019 o \u2018gran(de) hombre\u2019 se forja a lo largo del siglo XIX. Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, en <em>Sociedades americanas<\/em>, es en Venezuela y Am\u00e9rica Latina el primero que teorizara sobre la necesidad de este caudillo-gran hombre, el \u2018jefe\u2019 \u2013que en su discurso ser\u00e1 cubierta invariablemente por la persona de Bol\u00edvar. La visualizaci\u00f3n de las nacientes rep\u00fablicas como desiertos sociales, compuestos por \u2018miserables\u2019 iletrados y letrados hip\u00f3critas, superficiales y antipatriotas<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a>, fue una percepci\u00f3n estrat\u00e9gicamente fundamental para cimentar la idea de un espacio gobernado por un conductor sobresaliente que lealmente interpretase los intereses populares y nacionales.<\/p>\n<p>Si es cierto que todo discurso construye su enemigo, el de Rodr\u00edguez es justamente lo que Rama llamase \u201cla ciudad letrada\u201d:<\/p>\n<p><em>El Pueblo Republicano, en la Am\u00e9rica del Sur, no es el mayor n\u00famero de hombres, como lo es en otras partes; sino un n\u00famero muy corto, que asume [&#8230;] no s\u00f3lo la facultad de Representar al Pueblo en Congreso, sino la de Responder por \u00e9l [&#8230;]. No habr\u00eda mal en esto, puesto que el pueblo no hace nada, porque no sabe; pero la clase de hombres que suple por \u00e9l [&#8230;] est\u00e1 a\u00fan alucinada con el falso brillo de los empleos, y por obtenerlos hace todo g\u00e9nero de esfuerzos: el no tener un destino p\u00fablico, es vivir en la oscuridad. En la Am\u00e9rica del Sur no hay artes, y las ciencias, a m\u00e1s de ser improductivas, realzan poco la persona. El s\u00f3lo deseo de saber, hace abrir libros; y todos quieren distinguirse por t\u00edtulos, no por lo que saben, y mucho menos por lo que hacen. (Rodr\u00edguez 1990: 21)<\/em><\/p>\n<p>En ese \u201cpueblo republicano\u201d ver\u00e1 Rodr\u00edguez el principal obst\u00e1culo para la \u2018invenci\u00f3n\u2019 de la verdadera rep\u00fablica:<\/p>\n<p>[\u2026] hay una clase intermedia de sujetos, \u00fanicamente empleada \u2013 ya en cortar toda comunicaci\u00f3n entre el pueblo y sus representantes \u2013 [&#8230;] ya en paralizar los esfuerzos que hace el Gobierno para establecer el orden \u2013 ya en exaltar la idea de la soberan\u00eda para exaltar al pueblo y servirse de \u00e9l en ese estado. (Rodr\u00edguez 1990: 20)<\/p>\n<p>Esa \u201cclase intermedia de sujetos\u201d, distinto del \u2018pueblo\u2019 \u2013que a\u00fan no alcanza la suficiencia para ser considerado \u2018ciudadano\u2019, sino \u201cvulgo\u201d o \u201c[p]ueblo inferior\u201d (Rodr\u00edguez 1990: 18), \u201c[m]asa del pueblo\u201d reflejada en sus \u201c[m]illones de hombres [que] se pierden en la abyecci\u00f3n\u201d, \u201cmiserables\u201d (118) \u2013, los due\u00f1os de la palabra que hacen usufructo del poder centran su empe\u00f1o social en el ejercicio de la demagogia, en \u201cel falso brillo de los empleos\u201d y los \u201ct\u00edtulos\u201d. Su nula \u2018educaci\u00f3n republicana\u2019 es la base de su racismo:<\/p>\n<p><em>Si hubieran aprendido a raciocinar cuando ni\u00f1os, tomando proposiciones familiares para premisas, no ser\u00edan, o ser\u00edan menos embrollones.<\/em><\/p>\n<p><em>No dir\u00edan (a pesar de su talento)<\/em><\/p>\n<p><em>1\u00aa Este Indio no es lo que Yo Soy. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>2\u00aa YO SOY HOMBRE.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>Conclusi\u00f3n. Luego \u00e9l es BRUTO.<\/em><\/p>\n<p><em>Consecuencia. H\u00e1ganlo trabajar a palos.\u00a0 (294-5)<\/em><\/p>\n<p>Ser\u00e1n, pues, los responsables del desierto social, de que las sociedades americanas no sean otra cosa que rep\u00fablicas sin ciudadanos: \u201c\u2026entre tantos\u2026 \u00a1patriotas!\u2026 [\u2026] no hay uno que ponga los ojos en los ni\u00f1os pobres. No obstante, en \u00e9stos est\u00e1 \/ la industria que piden\u2026\/ la riqueza que desean\u2026\/ la milicia que necesitan\u2026\/ en una palabra, la\u2026 \u00a1Patria!\u2026\u201d; \u201c\u00bfY con qui\u00e9n se har\u00e1n las Rep\u00fablicas? \/ \u00bf\u00a1Con Doctores!? \u00bf\u00a1Con Literatos!? \u00bf\u00a1Con Escritores\u2026!?\u201d (36). En Rodr\u00edguez, la posibilidad de construir efectivamente la sociedad republicana depend\u00eda de la previa forja y constituci\u00f3n de un pueblo ciudadano: \u201cNada importa tanto como el <em>tener Pueblo<\/em>: formarlo debe ser la \u00fanica ocupaci\u00f3n de los que se apersonan por la causa social\u201d (33). Incluso en la versi\u00f3n lime\u00f1a de <em>Sociedades americanas<\/em> (1842), el populismo de Rodr\u00edguez permite vislumbrar la idea germinal de una democracia social, cifrada en la posibilidad del ascenso social por v\u00eda educativa<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a>:<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez visualizaba una naci\u00f3n mucho m\u00e1s amplia que la dominante visi\u00f3n de una patria presente y futura marcada por la jer\u00e1rquica exclusi\u00f3n definida por el verbo y los l\u00edmites de la ciudad letrada. Su utop\u00eda imaginaba una refundaci\u00f3n de la rep\u00fablica, en la que el pueblo fuese centro de atenci\u00f3n, regenerado por la educaci\u00f3n y \u2013como luego dijese Mart\u00ed\u2013 elevado a ciudadano. La empresa deber\u00eda ser acometida por un \u2018gran hombre\u2019 \u2013\u00e9l mismo y Bol\u00edvar\u2013, capaz de convertir \u201cni\u00f1os pobres\u201d en \u201cnuevos hombres\u201d, en ciudadanos, gracias a la acci\u00f3n eficaz de la educaci\u00f3n (verdaderamente) popular, destinada, por supuesto, incluso en Rodr\u00edguez, a crear un orden social, a la vez plenamente republicano, paternalista y progresista, unificado y\u2026\u00a0 jer\u00e1rquico.<\/p>\n<p>Un pasaje referido a la cr\u00edtica que hace Rodr\u00edguez de las tesis que circulaban en la \u00e9poca sobre las pol\u00edticas que deben seguir las naciones hispanoamericanas en su relaci\u00f3n con el Papado, servir\u00eda para reforzar esta posibilidad de lectura; bastar\u00eda hacer un leve ejercicio de trasposici\u00f3n \u2013del plano religioso al pol\u00edtico-social\u2013 para entrever la idea de gobierno que en \u00e9l subyace:<\/p>\n<p><em>Las ovejas pueden vivir, seg\u00fan su instinto, sin pastor; pero no como el pastor quiere, si no las dirige.<\/em><\/p>\n<p><em>Pastorear, <strong>es cuidar de su grey, no s\u00f3lo en el pasto, sino en todos casos y lugares [&#8230;]<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>Estos animalillos, d\u00f3ciles, e inermes, ponen todo su cuidado en obedecer, y llegan hasta seguir al due\u00f1o&#8230; cuando \u00e9ste sabe granjearse su cari\u00f1o; pero en ninguna parte se ve que<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>las ovejas busquen al pastor<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>ni que, abandonadas a su instinto, contin\u00faen haciendo reba\u00f1o, si son muchas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Poco a poco se van dispersando\u2026<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cada una con su cr\u00eda sigue el rumbo que le parece<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se entran en los sembrados<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Duermen en el campo<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y al fin,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Entre los lobos y los vecinos se las parten.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>\u00a1As\u00ed se acaban todas las grandes haciendas de ganado!<\/strong><\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfA qu\u00e9 atribuyen los Pastores su p\u00e9rdida despu\u00e9s\u2026?&#8230; <strong>A todo, menos a su desidia<\/strong>. Y las ovejas!&#8230; (si pudiesen hablar) \u00bfa qui\u00e9n se quejar\u00edan de sus desgracias\u2026?&#8230; <strong>Al Cielo<\/strong>.<\/em><\/p>\n<p><em>H\u00e1ganlo as\u00ed las greyes Americanas. (Rodr\u00edguez 1990: 27-8)<\/em><\/p>\n<p>La anarqu\u00eda de la posguerra, las pugnas de fracciones pol\u00edticas y peque\u00f1os caudillos, la persistencia de estructuras mentales y sociales de la Colonia, adem\u00e1s del fracaso del proyecto integracionista bolivariano, motiv\u00f3 en Rodr\u00edguez la cr\u00edtica de los letrados \u2013los sectores medios y dirigentes: el empleado y el \u2018Representante\u2019\u2013, y lo llev\u00f3 a concebir un r\u00e9gimen personalista, desburocratizado y, quiz\u00e1s tambi\u00e9n, despolitizado, o al menos asentado sobre la neutralizaci\u00f3n de esa \u201cclase intermedia de sujetos\u201d. Por ello, con frecuencia, habr\u00eda de asimilar el comportamiento (pol\u00edtico) de la sociedad al de artefactos \u2013unas m\u00e1quinas\u2013 o corporaciones fuertemente disciplinadas y disciplinantes \u2013 el ej\u00e9rcito:<\/p>\n<p><em>Las m\u00e1quinas m\u00e1s sencillas son las mejores. Tenga el Congreso diferentes miembros; pero no diferentes especies de miembros. No se parta un cuerpo para animar dos, a uso de los p\u00f3lipos. (Rodr\u00edguez 1990: 23)\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>En la maniobra de la SOCIEDAD, como en la del EJERCITO, los malos ciudadanos y los malos soldados marchan en desorden, se atropellan y tiran unos contra otros, sin ser enemigos. (40)<\/em><\/p>\n<p>La anarqu\u00eda y la injusticia del cuerpo social semi-b\u00e1rbaro de la posindependencia habr\u00e1 de ser contenido y guiado por una autoridad, visionaria, leg\u00edtima por representativa de los intereses populares, desinteresada pero firme e incontestable: el gran hombre pol\u00edtico<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a>, capaz de hacer de los otros \u2018uno\u2019:<\/p>\n<p><em>No exageremos. El hombre no nace para vivir solo \u2013 ni para vivir en sociedad sin Jefe. Hasta el ente de raz\u00f3n de la democracia, tiene que unificarse y decir.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La voz del pueblo\u2026. y no las voces. (17)<\/em><\/p>\n<p>Esta \u2018autoridad\u2019, este \u2018Jefe\u2019, capaz de reconstruir y (re)generar la naci\u00f3n republicana, anunciar\u00e1 una soluci\u00f3n que gozar\u00eda de algo m\u00e1s que resonancia hacia el fin de siglo y las d\u00e9cadas iniciales del XX: la del caudillo ilustrado, la del c\u00e9sar democr\u00e1tico. Varias d\u00e9cadas m\u00e1s tarde y parad\u00f3jicamente, pues lo har\u00e1 desde una \u2018posici\u00f3n\u2019 pol\u00edtica radicalmente opuesta a aquella con la que ha sido asociado Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, Vallenilla Lanz reproducir\u00e1 casi puntualmente \u2013como si conociese bien la obra del \u2018maestro\u2019\u2013 sus \u2018argumentos\u2019 en <em>Cesarismo democr\u00e1tico<\/em>. Con algunas variantes, por supuesto.<\/p>\n<p>A partir de la cr\u00edtica de los letrados y de la irracionalidad an\u00e1rquica de la \u2018masa popular\u2019 apuntadas anteriormente, Vallenilla traza los rasgos del Mois\u00e9s venezolano, el c\u00e9sar democr\u00e1tico capaz de conducir a la patria del desierto hist\u00f3rico a la tierra de promisi\u00f3n del progreso, deslastr\u00e1ndose de las \u2018inorg\u00e1nicas\u2019 y parasitarias \u00e9lites herederas de la tradici\u00f3n colonial y \u2018subyugando\u2019 \u2013por partida doble\u2013 a los sectores populares. El gran hombre-caudillo ser\u00e1 aqu\u00ed, de nuevo, opci\u00f3n \u00fanica de control y encauzamiento de las fuerzas hist\u00f3rica y constitutivamente desbridadas.<\/p>\n<p>En una complicada y contradictoria pero sagaz operaci\u00f3n, Vallenilla pensar\u00e1 en dos c\u00e9sares: el ideal-gu\u00eda (casi tranhist\u00f3rico) de la utop\u00eda liberal y el hist\u00f3ricamente transitorio, \u201cgendarme necesario\u201d, encarnados respectivamente en las figuras de Bol\u00edvar y P\u00e1ez respectivamente. (La distinci\u00f3n entre c\u00e9sar y gendarme, por decirlo gruesamente, es una novedad fundamental \u2013m\u00e1s pragm\u00e1tica y menos \u2018idealista\u2019\u2013 respecto de la argumentaci\u00f3n de Rodr\u00edguez). As\u00ed, Bol\u00edvar ser\u00e1 impulso de \u201cevoluci\u00f3n liberadora\u201d para \u201cnuestros males: <em>poblaci\u00f3n<\/em> para dejar de ser un <em>miserable desierto<\/em> y hacer efectiva la democracia por la <em>uniformidad de la raza<\/em>, y <em>educaci\u00f3n<\/em> para elevar el nivel moral de nuestro pueblo y dejar de presentar la paradoja de una <em>rep\u00fablica sin ciudadanos<\/em>\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 40). Pero el reino de Bol\u00edvar, como el de la utop\u00eda, pertenec\u00eda al m\u00e1s lejano futuro \u2013incluso al futuro del propio Vallenilla:<\/p>\n<p><em>[\u2026] sus altas nociones de justicia y de moral; su pulcritud, jam\u00e1s puesta en duda ni por sus peores enemigos; su educaci\u00f3n y su estirpe, que le alejaban por completo de aquella nivelaci\u00f3n oclocr\u00e1tica [\u2026], todo contribu\u00eda a poner al Libertador en choque abierto con los hechos emanados del determinismo hist\u00f3rico, conden\u00e1ndolo necesariamente a la m\u00e1s absoluta impopularidad. (Vallenilla Lanz 1990: 177).<\/em><\/p>\n<p>En cambio, P\u00e1ez funcionaba \u201ccomo el representante leg\u00edtimo del pueblo de Venezuela, como el Jefe nato de las grandes mayor\u00edas populares [\u2026] como el representativo de su pueblo, como el genuino exponente del medio social profundamente transformado por la revoluci\u00f3n y m\u00e1s a\u00fan por la fuerte preponderancia del llaneraje semib\u00e1rbaro\u201d (177)<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a>. \u201cA la estructura moral de Don Sim\u00f3n Bol\u00edvar, no pod\u00eda ajustar esta investidura semib\u00e1rbara\u201d, \u201cno era ni pod\u00eda ser el hombre representativo\u201d (178).<\/p>\n<p>Esta apelaci\u00f3n al gran hombre-caudillo-c\u00e9sar tendr\u00e1 continuidad a\u00fan m\u00e1s all\u00e1 incluso en el terreno de los discursos art\u00edsticos. En los a\u00f1os 30, \u00daslar Pietri, el m\u00e1s conocido representante de la vanguardia literaria, en su novela <em>Las lanzas coloradas<\/em>, casi ficcionalizar\u00e1 las tesis de Vallenilla; s\u00f3lo que, en este caso, no habr\u00e1 cabida para \u2018gendarmes necesarios\u2019 y reducir\u00e1 su representaci\u00f3n de la sociedad en tiempos de la Guerra de Independencia a dos factores principales: uno, la herencia hist\u00f3rica de la Colonia, representado por la decadencia del poder criollo, due\u00f1os de El Altar, y por la figura b\u00e1rbara, irracional, cruel o ingenua de lo popular; el otro, el gran hombre trascendente, Bol\u00edvar, el gran padre \u2013sintom\u00e1ticamente s\u00f3lo presente en la novela por referencias y no obstante omnipresente y todopoderoso. Por lo dem\u00e1s, ya antes hab\u00eda asomado la posibilidad de entender el Santos Luzardo de Gallegos como un nuevo \u2018gran hombre\u2019, si no consustanciado con el amenazante universo de lo popular, al menos paternalistamente \u2018interesado\u2019 por y \u2018comprensivo\u2019 de las diferencias, siempre que aqu\u00e9l no trasgreda el mundo de la ley y la moral, y capaz de conciliar, con su pol\u00edtica pedag\u00f3gica y racional, los mundos en conflictos: la civilizaci\u00f3n letrada y la barbarie popular.<\/p>\n<p>De alguna manera no ser\u00e1 hasta avanzados los a\u00f1os sesenta cuando esa continuidad se rompa en el limitado \u00e1mbito de la imaginaci\u00f3n letrada. Ser\u00e1 a partir de entonces cuando libros acad\u00e9micos como <em>El culto a Bol\u00edvar <\/em>(2003 [1969]) de Carrera Damas o diversos textos irreverentes de Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas (1982, 1992 y 1996) contra la idea de una \u2018identidad nacional\u2019 pongan en cuesti\u00f3n el verticalismo que, en este sentido, atravesase la tradici\u00f3n moderna. No obstante eso no quiere decir que fuera de ese \u00e1mbito las cosas hayan sido diferentes. La historia pol\u00edtica de las \u00faltimas d\u00e9cadas es una muestra del peso y la vigencia que han tenido ininterrumpidamente las figuras de los caudillos o \u2018padres\u2019.<\/p>\n<p>Incluso antes de la primera aparici\u00f3n de Ch\u00e1vez ante las c\u00e1maras de televisi\u00f3n para admitir el fracaso \u2013\u201cpor ahora\u201d\u2013 de la intentona golpista de febrero del 92, figuras como las de R\u00f3mulo Betancourt, Rafael Caldera o Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez coparon la escena pol\u00edtica muy por encima de las organizaciones pol\u00edticas a las que representaban. Y en un terreno algo m\u00e1s dif\u00edcil de precisar: para cualquier ciudadano fue algo m\u00e1s que frecuente durante esas d\u00e9cadas, ante el progresivo deterioro del modelo democr\u00e1tico que produjo en grandes sectores de la poblaci\u00f3n tanto una desconfianza creciente hacia los partidos pol\u00edticos como la convicci\u00f3n de que la corrupci\u00f3n era su m\u00e1s firme estandarte, verse envuelto en conversaciones casuales callejeras o familiares \u2013con taxistas era todo un \u2018cl\u00e1sico\u2019\u2013 que culminaban invariablemente con el colof\u00f3n sobre la necesidad del advenimiento de un \u2018hombre fuerte\u2019, de una pol\u00edtica de \u2018mano dura\u2019 (sin contar con el conocimiento de las tesis de Vallenilla Lanz). Invariablemente tambi\u00e9n \u2013para taxistas y empresarios\u2013 el modelo de gobernador y gobierno manifiesto o impl\u00edcito fue Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez. (No en balde muy poco antes de la muerte del dictador, Chavez fue el primer mandatario de la era democr\u00e1tica que lo invitase a participar de su toma de posesi\u00f3n, cuando menos, aprovechando esa s\u00f3lida y subterr\u00e1nea popularidad).<\/p>\n<p>Esa misma poblaci\u00f3n de toda clase, tras el agotamiento del modelo pol\u00edtico anterior, fue la que favoreci\u00f3 la llegada al poder de Hugo Ch\u00e1vez. Poco despu\u00e9s se producir\u00eda el deslinde. Su pol\u00edtica populista y revolucionaria cimentar\u00eda su aparato sobre el estamento militar y reducidos sectores altos y medios dispuestos a involucrarse disciplinadamente en la empresa. Su respaldo social lo ha encontrado en los mayoritarios sectores populares. Su discurso ha logrado despertar y mantener en ellos un verdadero y amoroso fervor. La creencia de que \u201ces de los nuestros\u201d \u2013que Ch\u00e1vez alimenta sea con el recuerdo de su modesta infancia llanera, el elogio de su condici\u00f3n mestiza o con la desenvuelta familiaridad de su trato\u2013, complementada con una gestualidad y un verbo \u2018recios\u2019<a href=\"#_ftn27\" name=\"_ftnref27\">[27]<\/a> al tratar a subalternos y enemigos, aunada a la promesa incesante de que los ingresos petroleros \u2013en in\u00e9dita, alucinante alza hasta hoy\u2013 ser\u00e1n repartidos en misiones, microcr\u00e9ditos y becas, han posibilitado material y simb\u00f3licamente la identificaci\u00f3n con el caudillo postmoderno. Con el av\u00edo de su imagen carism\u00e1tica y de importantes sumas de dinero \u2013que siempre facilitan solidaridades\u2013, Chavez ha logrado convencer dentro y fuera del pa\u00eds de que es llegada la hora de completar el proyecto bolivariano de liberaci\u00f3n popular e integraci\u00f3n continental, ciertamente defraudadas una y otra vez, en vergonzosa sucesi\u00f3n, desde la post-independencia.<\/p>\n<p>Su af\u00e1n recurrente de legitimar discursos y pr\u00e1cticas pol\u00edticas mediante el pr\u00f3digo recurso a figuras y proyectos incompletos del pasado, ha servido para implementar lo que Baczko llamara el \u201cdispositivo de control de la vida colectiva, y [\u2026] del ejercicio del poder\u201d (Baczko 1991: 28)<a href=\"#_ftn28\" name=\"_ftnref28\">[28]<\/a>, individualizado de forma casi omn\u00edmoda en la figura de su l\u00edder, que ha inundado de consignas justicieras la cotidianidad de la vida pol\u00edtica, fustigando sin cesar a lo que llama las \u201coligarqu\u00edas corruptas\u201d; enemigo que ha servido para justificar en la pr\u00e1ctica un cerrado control sobre todos los aparatos del Estado \u2013militares, judiciales, contralores o ciudadanos\u2013 y sobre la principal fuente de riqueza, el petr\u00f3leo<a href=\"#_ftn29\" name=\"_ftnref29\">[29]<\/a>.<\/p>\n<p>Aprovechando la viva tradici\u00f3n en la memoria colectiva tanto del gran hombre (fuerte), del caudillo, como del socialmente casi intocado culto al padre supremo \u2013ese sentimiento religioso-popular seg\u00fan el cual \u201cBol\u00edvar es el bien, y todo lo que empa\u00f1e su brillo [\u2026] s\u00f3lo puede pertenecer al reino de las tinieblas\u201d (Carrera Damas 2003: 40)\u2013, Ch\u00e1vez supo, ante la crisis, capitalizar y transformar el desaliento. Desde 1998 se ha encargado de personalizar y mediatizar su mandato, dando la impresi\u00f3n de que todo acto, toda gesti\u00f3n, todo \u2018favor\u2019 (Schwarz) pasa por sus manos, su \u2018gracia\u2019 y su bondad. \u201cBol\u00edvar soy yo\u201d, parece decir tras su gesto de humildad hacia los \u2018grandes\u2019 de la historia patria o continental, al tiempo que su modelo organizacional parece cumplir los consejos tanto de Sim\u00f3n Rodr\u00edguez como de Laureano Vallenilla Lanz, al alimentar la imagen \u2013s\u00f3lo la imagen\u2013 de control tanto de la \u201coligarqu\u00eda corrupta\u201d y la burocracia estatal como del amoroso correaje directo con su pueblo, su \u201ctodos\u201d: puro, grande y justiciero. Como \u00e9l.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA CITADA<\/strong><\/p>\n<p>Ach\u00fagar, Hugo (1998): \u201cLeones, cazadores e historiadores. A prop\u00f3sito de las pol\u00edticas de la memoria y del conocimiento\u201d. 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El Fauno reaparece al final de la novela, cuando la soldadesca invade las instalaciones de la Escuela de Bellas Artes y \u2013literalmente\u2013 viola una de las obras de Soria, la Venus criolla, dado que las esculturas para la \u2018turba\u2019 no son otra cosa que \u201cmu\u00f1ecos\u201d; en cambio respetan la escultura del Fauno, la \u00fanica \u201crespetada de la chusma\u201d, pues en ella parece resonar \u201csu alma de plebe, obscura y supersticiosa\u201d (D\u00edaz Rodr\u00edguez 1901: 161). La relaci\u00f3n no es puntual; de hecho es caprichosa, pero, desde otra perspectiva, quiero ver en la sonrisa ir\u00f3nica de la barbarie un paralelo de este resurgimiento de los nacionalismos justo en los a\u00f1os de mayor euforia celebratoria de la globalizaci\u00f3n posmoderna.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Benedict Anderson, en un pasaje de sus <em>Comunidades imaginadas<\/em>, registraba una s\u00f3lo aparente paradoja en la Am\u00e9rica Latina de la segunda mitad del siglo XIX, al poner de relieve c\u00f3mo, en la generaci\u00f3n posterior a la de los fundadores de la naci\u00f3n, que emplazaran sus actos sobre la convicci\u00f3n de que lo nativo era inequ\u00edvoca expresi\u00f3n de barbarie, los nacionalistas que los sucedieron \u201caprendieron a hablar \u2018por\u2019 los muertos con quienes era imposible o indeseable establecer una conexi\u00f3n ling\u00fc\u00edstica\u201d (Benedict Anderson 1993: 276). El mecanismo de \u201chablar \u2018por\u2019 los muertos\u201d se asent\u00f3, ciertamente, en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX para \u2018tramar\u2019 culturalmente la naci\u00f3n. Tradiciones, leyendas y art\u00edculos de costumbres, poemas como el <em>Mart\u00edn Fierro<\/em>, el pasado ind\u00edgena mitificado por Mart\u00ed, los finiseculares proyectos de historias varias nacionales, los cap\u00edtulos de las vueltas a la tierra\u2026, pretendieron, desde una realidad cada vez m\u00e1s urbana, construir culturalmente memoria y naci\u00f3n. Un siglo despu\u00e9s de aquel intento de refundaci\u00f3n finisecular, Ch\u00e1vez se ha arrogado la mesi\u00e1nica misi\u00f3n de completar \u2013una vez m\u00e1s\u2013 el inacabado proyecto nacional y continental de Bol\u00edvar, de hablar en nombre de \u2018su\u2019 muerto al punto de convertirlo en una suerte de mentor \u2013obviando por supuesto ambig\u00fcedades, contradicciones y desencantos del \u2018padre de la patria\u2019\u2013; menci\u00f3n acompa\u00f1ada por el recuerdo frecuente de otros \u2018h\u00e9roes alternativos\u2019 de la historia venezolana o latinoamericana: Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, Ezequiel Zamora, Jos\u00e9 Mart\u00ed, el Ch\u00e9 Guevara.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a>\u00a0 Es el reclamo que hace Ach\u00fagar a la cr\u00edtica poscolonialista (1998) y que, en tono de reivindicaci\u00f3n del latinoamericanismo, hacen por ejemplo Rojo\/Salomone\/Zapata (2003). Por lo dem\u00e1s, el cuestionamiento de la globalizaci\u00f3n tiene tambi\u00e9n una cierta tradici\u00f3n entre la intelectualidad cr\u00edtica \u2018metropolitana\u2019; es el caso, entre otros de la defensa que hiciera a\u00f1os atr\u00e1s Pierre Bourdieu de una renovaci\u00f3n y \u2018mundializaci\u00f3n\u2019 de las instituciones y pol\u00edticas del Estado-naci\u00f3n para frenar la maquinaria perversa del neoliberalismo de la globalizaci\u00f3n: \u201cSi todav\u00eda hay motivo de abrigar alguna esperanza, es que todas las fuerzas que actualmente existen, tanto en las instituciones del Estado como en las orientaciones de los actores sociales [\u2026] sean capaces de resistir el desaf\u00edo solo trabajando para inventar y construir un nuevo orden social. Uno que no tenga como \u00fanica ley la b\u00fasqueda de intereses ego\u00edstas y la pasi\u00f3n individual por la ganancia y que cree espacios para los colectivos orientados hacia <em>la b\u00fasqueda racional de fines colectivamente logrados y colectivamente ratificados.<\/em>\u201d (Bourdieu 1998).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> As\u00ed, por ejemplo, Garc\u00eda Canclini, en sus <em>Culturas h\u00edbridas<\/em>, cuestionaba la enga\u00f1osa y mixtificadora gratuidad de los \u2018monumentos\u2019 construidos por la memoria colectiva: \u201cEse conjunto de bienes y pr\u00e1cticas tradicionales que nos identifican como naci\u00f3n o como pueblo es apreciado como un don, algo que recibimos del pasado con tal prestigio simb\u00f3lico que no cabe discutirlo. Las \u00fanicas operaciones posibles \u2013preservarlo, restaurarlo, difundirlo\u2013 son la base m\u00e1s secreta de la simulaci\u00f3n social que nos mantiene juntos. Ante la magnificencia de una pir\u00e1mide maya o inca, de palacios coloniales, [&#8230;] o la obra de un pintor nacional reconocido internacionalmente, a casi nadie se le ocurre pensar en las contradicciones sociales que expresan. La perennidad de esos bienes hace imaginar que su valor es incuestionable y los vuelve fuente del consenso colectivo, m\u00e1s all\u00e1 de las divisiones entre clases, etnias y grupos que fracturan a la sociedad y diferencian los modos de apropiarse del patrimonio.\u201d (Garc\u00eda Canclini 1990: 150). Ver tambi\u00e9n Ach\u00fagar (2003).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Ya una d\u00e9cada atr\u00e1s intentaba marcar el car\u00e1cter vertical, e incluso racista, de Bol\u00edvar en los textos mencionados (1995). En \u201cNueva lectura de la Carta de Jamaica\u201d (1997), de El\u00edas Pino Iturrieta, el lector puede encontrar un desarrollo l\u00facido de este aspecto. All\u00ed Pino Iturrieta se\u00f1ala que \u201cel hombre que escribe en Jamaica no escribe por todos los hispanoamericanos, sino por unos pocos. Quiere que el destinatario comprenda a un pu\u00f1ado de hombres, pero no a todos\u201d (Pino Iturrieta 1997: 22). La Carta y un art\u00edculo escrito por Bol\u00edvar, con el seud\u00f3nimo de \u201cEl Americano\u201d, dirigido al editor de la <em>Gaceta Real de Jamaica<\/em>, \u201cS\u00f3lo reflejan la voz del blanco criollo\u201d (27). Y a\u00f1ade m\u00e1s adelante: \u201cBol\u00edvar se aferra a la tradici\u00f3n del derecho de unos pocos, de los blancos descendientes del tronco peninsular, para defender su posici\u00f3n frente al imperio espa\u00f1ol y frente a la opini\u00f3n de sus destinatarios extranjeros\u201d 30).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Para un seguimiento hist\u00f3rico del culto a Bol\u00edvar puede consultarse, entre otros, los trabajos de Carrera Damas (2003 [1969]), Castro Leiva (1987), Salas (1987), Pino Iturrieta (2003) y Conway (2003). Por lo dem\u00e1s, esta imagen de identidad fundadora, que contiene presupuestos los componentes de la oposici\u00f3n civilizaci\u00f3n\/barbarie, estructurante de la imagen dual de naci\u00f3n, encontrar\u00e1 diverso eco a lo largo del siglo XIX. Podr\u00e1 leerse, con distintas inflexiones pero con igual \u2018crudeza\u2019, en art\u00edculos de costumbres de los a\u00f1os treinta y cuarenta, como \u201cContratiempos de un viajero\u201d, de Juan Manuel Cagigal o \u201cLos escritores y el vulgo\u201d de Rafael Mar\u00eda Baralt, o en curiosos intentos por establecer y \u2018recortar\u2019 el perfil del pueblo \u2013ciudadano (virtuoso y laborioso), respecto del \u2018pueblo\u2019 de la barbarie criminal o corrupta (delincuentes, especuladores, pol\u00edticos), como el art\u00edculo \u201cLo que debe entenderse por pueblo\u201d (1847) de Cecilio Acosta\u2013 al que recurro con frecuencia por su \u2018ejemplaridad\u2019. All\u00ed dice Acosta: \u201c\u00a1Ilustre pueblo de Venezuela! \u00a1Pueblo de la independencia y de la gloria! \u00a1Pueblo del patriotismo y las virtudes civiles! Mira c\u00f3mo se te insulta y desapropia. Otro quiere tomar tu nombre para engalanarse con \u00e9l, para embaucar con \u00e9l, para imponer respeto y autoridad con la magia de \u00e9l; quiere ponerse tus vestidos para emparejarse contigo, y tratarte de igual a igual para rebajarte a su bajeza, para confundirte en su polvo, para abismarte en su miseria. T\u00fa no eres \u00e9l, ese que ha querido suplantarte y contrahacerte; t\u00fa eres la reuni\u00f3n de los ciudadanos honrados, de los virtuosos padres de familia, de los pac\u00edficos labradores, de los mercaderes industriosos, de los leales militares, de los industriales y jornaleros contra\u00eddos; t\u00fa eres el clero que predica la moral, los propietarios que contribuyen a afianzarla, los que se ocupan en menesteres \u00fatiles, que dan ejemplo de ella, los que no buscan la guerra para medrar, ni el trastorno del orden establecido para alcanzar empleos de holganza y lucro; t\u00fa eres, en fin, la reuni\u00f3n de todos los buenos; y esta reuni\u00f3n es lo que se llama pueblo; lo dem\u00e1s no es pueblo, son asesinos que afilan el pu\u00f1al, ladrones famosos que acechan por la noche, bandidos que infestan caminos y encrucijadas, especuladores de desorden, ambiciosos que aspiran, envidiosos que denigran y demagogos que trastornan\u201d (Acosta 1992: 336-7).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Es as\u00ed como Manuel Caballero afirma sobre las ideas de Vallenilla Lanz que \u201cdesde hace cincuenta a\u00f1os, [\u2026] la actitud general es declararlas enemigas. Ponerse al lado de Vallenilla [\u2026] es de una forma u otra, justificar el gomecismo\u201d. Comenta adem\u00e1s con iron\u00eda: \u201c[\u2026] corri\u00f3 adem\u00e1s Vallenilla con la suerte de que quienes primero insurgieron contra sus ideas fueran marxistas; que de una u otra forma el pensamiento de \u00e9stos haya estado en el centro de las discusiones durante el medio siglo posterior; y que su pol\u00e9mica permanente contra el positivismo al final termin\u00f3 por mostrar lo que trataba de ocultar o de negar: en qu\u00e9 medida le era tributario\u201d (Caballero 1990: 7).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Entre otras de no poca importancia: \u201cla contradicci\u00f3n entre su idea de la imposici\u00f3n determinante del medio por encima \u00abde la flaca voluntad humana\u00bb y el hecho de que el h\u00e9roe, el dictador, pueda amasar a su antojo la psicolog\u00eda de un pueblo formado bajo la presi\u00f3n de aquellas determinaciones\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 11); una concepci\u00f3n de la sociedad venezolana \u201cdesarrollada en c\u00edrculo cerrado: en el binomio caos oclocr\u00e1tico-tiran\u00eda unipersonal se resolver\u00eda la historia humana y la venezolana\u201d (11); o su racismo: \u201cese desprecio suyo por el pueblo, esa desconfianza en sus capacidades creadoras, en la posibilidad de su elevaci\u00f3n intelectual y moral. \u00bfEs acaso eso otra cosa que el viejo reflejo de casta, el incontenido orgullo de aquella aristocracia que durante sus buenos siglos ejerci\u00f3 la \u00abtiran\u00eda dom\u00e9stica\u00bb?\u201d (11).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Vallenilla Lanz expresa de modo manifiesto su voluntad de transgredir las lecturas de la historia: \u201cla raz\u00f3n pol\u00edtica ha venido influyendo de tal manera en la tradici\u00f3n y en la historia que, es casi general la creencia de que en aquella lucha, se destacaron [\u2026] dos bandos perfectamente definidos: de un lado \u00ablos americanos que luchaban por independizarse de un poder extra\u00f1o, de una naci\u00f3n extranjera, usurpadora de sus m\u00e1s sagrados derechos\u00bb y del otro, \u00ablos espa\u00f1oles, los extranjeros representantes de aquella horrible tiran\u00eda, que luchaban por mantener el ominoso yugo\u00bb. Y se ha cre\u00eddo siempre un deber patri\u00f3tico ocultar los verdaderos caracteres de la revoluci\u00f3n que fue [\u2026] la primera de esa larga serie de contiendas civiles que han llenado el primer siglo de vida independiente en todas estas naciones [\u2026]. La necesidad de desacreditar a Espa\u00f1a impon\u00eda que fueran a todo trances espa\u00f1oles y canarios los autores de aquellos espantosos atentados\u2026\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 57-8).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Entre los principales y m\u00e1s perniciosos efectos de la introducci\u00f3n de ideas revolucionarias por parte de la \u00e9lite criolla fue desatar la hasta entonces latente \u2018naturaleza\u2019 de las masas populares: \u201cCuando el alma popular se siente sacudida por una conmoci\u00f3n repentina y violenta, lanza a lo lejos su grito o su sollozo, como el ta\u00f1ido de una campana que repercute en el espacio; pero como la liga del metal que vibra, el <em>sentimiento popular es siempre impuro<\/em>. El vaso donde se condensan los sentimientos de las multitudes tiene en el fondo un sedimento que toda sacudida puede hacer subir a la superficie cubriendo de una espuma de verg\u00fcenza el licor brillante y generoso. Eso es lo que sucede en todos los grandes trastornos de la naturaleza: en los ciclones, en los terremotos, en las revoluciones. Todos los pueblos han sufrido esa dolorosa experiencia: los hombres que permanecen en la sombra en tanto que el orden impera, se rebelan, desde que el freno social desaparece, con sus instintos de asesinato, de destrucci\u00f3n y de rapi\u00f1a.<\/p>\n<p>En nuestra guerra de Independencia la faz m\u00e1s trascendental, la m\u00e1s digna de estudio es aquella en que la <em>anarqu\u00eda de todas las clases sociales dio empuje al movimiento igualitario<\/em> que ha llenado la historia de todo este siglo de vida independiente\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 48-9; cursivas a\u00f1adidas).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> A prop\u00f3sito de la cruel irracionalidad de la Guerra, Vallenilla dir\u00e1 que las \u201cpasiones [\u2026] no eran sino la explosi\u00f3n de resentimientos acumulados durante largos a\u00f1os, en una sociedad como la colonial, compuesta de elementos heterog\u00e9neos y socavada por hostilidades latentes o declaradas\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 56-7); \u201cbasta pensar en todas las circunstancias apuntadas [racismo, intereses de clase\u2026] para comprender las profundas repercusiones que necesariamente deb\u00eda tener la revoluci\u00f3n en aquellas sociedad \u00abafectada por una anarqu\u00eda latente\u00bb y cuya historia \u00edntima en los centros urbanos, no es otra cosa que la lucha constante, el choque diario, la pugna secular de las castas; la repulsi\u00f3n por una parte y el odio profundo e implacable por la otra, que estall\u00f3 con toda\u00a0 su violencia cuando el movimiento revolucionario vino a romper el equilibro, a destruir el inmovilismo y el misione\u00edsmo que sustentaban la jerarquizaci\u00f3n social\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 111).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Por cierto que muchas de las ideas del libro de Vallenilla Lanz constituyen el pre-texto de la c\u00e9lebre novela de Arturo \u00daslar Pietri, <em>Las lanzas coloradas <\/em>(1931).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> \u201cToda la generaci\u00f3n que proclam\u00f3 la Independencia hab\u00eda sido educada en aquellas pr\u00e1cticas [seg\u00fan Lanz llenas de: \u201cm\u00e1ximas de orgullo y vanidad que m\u00e1s tarde le inclinan a abusar de las prerrogativas de nacimiento o la fortuna, cuyo objeto y fin ignora\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 87)] \u00abpropias solo para formar hombres falsos e hip\u00f3critas\u00bb, capaces de darle a aquel movimiento en los primeros d\u00edas todos los caracteres de la pol\u00edtica italiana en los tiempos del Cuatrocento y del Siglo XVI; pol\u00edtica de astucias, de disimulo, de sordas intrigas, de procederes ambiguos, que ten\u00eda por \u00fanicas miras la absoluta dominaci\u00f3n del pa\u00eds, el ejercicio, en virtud de un leg\u00edtimo derecho, de la \u00abtiran\u00eda dom\u00e9stica activa y dominante\u00bb que dijo m\u00e1s tarde el Libertador\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 87).<\/p>\n<p>\u201cCuando la sociedad se conmueva, cuando las trabas sociales y pol\u00edticas que conten\u00edan hasta cierto punto aquellos odios desaparezcan, entonces se ver\u00e1 c\u00f3mo surgen los instintos despiadados y la guerra estallar\u00e1 entre aquellas clases como entre hordas salvajes.<\/p>\n<p>Ante estos detalles que constituyen la vida \u00edntima de la colonia, desconocidos o desde\u00f1ados por casi todos nuestros historiadores, cabe preguntar: \u00bfqui\u00e9nes eran en Venezuela [\u2026] los verdaderos opresores de las clases populares?\u201d (Vallenilla Lanz 1990: 84).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> No pretendo negar la parte de raz\u00f3n que hay en este simplificado diagn\u00f3stico. Tambi\u00e9n es cierto que, como lo ha mostrado Luis Duno Gottberg, el imaginario de esas \u2018oligarqu\u00edas\u2019 respecto de lo popular como componentes b\u00e1rbaros y desestabilizadores se ha reactivado brutalmente en estos \u00faltimos a\u00f1os. Dice al inicio de su trabajo: \u201cLos fragmentos que evoco no constituyen casos aislados, responden al dise\u00f1o de un imaginario ampliamente difundido en la televisi\u00f3n y prensa venezolanas; un imaginario que se\u00f1ala un \u2018nosotros\u2019 leg\u00edtimo el cual restituye los intereses de la naci\u00f3n frente a una otredad b\u00e1rbara que los mina. Cabe decir, adem\u00e1s, que todo ello podr\u00eda inscribirse en una serie de representaciones hist\u00f3ricas que van desde los registros coloniales sobre el cimarronaje hasta los saqueos del Caracazo, en el a\u00f1o 1989\u201d (De manuscrito en espa\u00f1ol facilitado por el autor. [Publicado en ingl\u00e9s, 2004]. Y por cierto que Duno tambi\u00e9n insiste en establecer de alg\u00fan modo una continuidad entre Colonia y presente.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> La mayor parte de lo referido a Pic\u00f3n Salas est\u00e1 tomado, con alg\u00fan ajuste, de un texto ya publicado: \u201cPic\u00f3n Salas: pensamiento cr\u00edtico y democracia social\u201d (Lasarte 2005: 131-144).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> La frase completa es \u201c<em>No somos la inundaci\u00f3n de la barbarie, somos el diluvio de la justicia<\/em>\u201d, y se halla en \u201cEl intelectual y el obrero\u201d (Gonz\u00e1lez Prada 1985: 234).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\"><sup>[17]<\/sup><\/a> Unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en \u201cSue\u00f1o de una pol\u00edtica exterior\u201d (1942), refiri\u00e9ndose a su inmediato presente, Pic\u00f3n Salas perfilar\u00e1 a\u00fan mayor precisi\u00f3n el cuadro de los conflictos sociales latinoamericanos y de sus causas, alej\u00e1ndose del sabor psicologicista que a\u00fan animaba el texto citado anteriormente: \u201cEn el escenario social hispanoamericano luchan sin comprenderse ni integrarse las formas m\u00e1s antag\u00f3nicas; hay el latifundio de producci\u00f3n extensiva, trabajado por mano casi servil que prolonga en pleno siglo XX la estructura del viejo dominio feudal; hay el capitalismo parasitario que prefiere la seguridad de la renta f\u00e1cil a los azares de la creaci\u00f3n econ\u00f3mica; hay los millones de seres que pr\u00e1cticamente no consumen (1977: 96). El diagn\u00f3stico reaparecer\u00e1, un par de a\u00f1os despu\u00e9s, en una de las obras capitales de la historiograf\u00eda cultural latinoamericana, <em>De la conquista a la independencia<\/em> (1944), donde Pic\u00f3n Salas insiste en la centralidad de este factor de desencuentro social \u2013en sus palabras: el \u201cvertical contraste\u201d\u2013 para la comprensi\u00f3n de la particularidad de las realidades culturales y pol\u00edticas latinoamericanas, present\u00e1ndolo como problema que recorre y determina toda la historia del continente a partir de la conquista: \u201cya se plantea, desde el momento en que los pobladores europeos arraigan en el nuevo mundo, el que ser\u00e1 permanente conflicto de la vida cultural criolla: la presencia de elaboradas formas extranjeras, de una cultura for\u00e1nea que sirve a las minor\u00edas privilegiadas, pero un tanto indiferentes a la realidad de la tierra, y el c\u00famulo de irresueltos problemas que brotan de las masas indias o mestizas (Pic\u00f3n Salas 1982: 18-9).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> Al menos as\u00ed lo entendieron otros narradores de la vanguardia hist\u00f3rica que no temieron reconocer su condici\u00f3n de disc\u00edpulos y que intentaron ampliar su acercamiento \u2013jerarquizado\u2013 a lo popular: el Meneses de los primeros textos o Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez, el autor de la principal novela negrista en Venezuela, <em>Cumboto <\/em>(1950).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> Quiz\u00e1s sea momento de advertir que, a prop\u00f3sito, hablar\u00e9 indistintamente de chavismo y de Ch\u00e1vez, pues la uniformidad en los discursos del l\u00edder y sus pros\u00e9litos ha sido notoria.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> Interesa resaltar aqu\u00ed alguna idea de Ernesto Laclau, en <em>Emancipaci\u00f3n y diferencia <\/em>(1996), que me resulta particularmente sugerente y \u00fatil, en especial una de sus postulaciones de partida: \u201cEl \u00abotro\u00bb s\u00f3lo puede ser el resultado de una diferenciaci\u00f3n interna de lo id\u00e9ntico y, como tal, est\u00e1 enteramente subordinado a este \u00faltimo\u201d (Laclau 1996: 15). Llevado al campo de los conflictos sociales tal afirmaci\u00f3n supone que \u201cla operaci\u00f3n social de dos l\u00f3gicas incompatibles no resulta en la anulaci\u00f3n [\u2026] de sus efectos respectivos sino en un conjunto espec\u00edfico de deformaciones mutuas. Esto es precisamente lo que entendemos por subversi\u00f3n. Es como si cada una de estas dos l\u00f3gicas incompatibles presupusiera una plena operaci\u00f3n que la otra est\u00e1 negando, y que esta negaci\u00f3n condujera a una serie ordenada de efectos subversivos sobre la estructura interna de ambas. Est\u00e1 claro que al analizar estos efectos subversivos no estamos asistiendo a la emergencia de algo totalmente nuevo que deja a ambas l\u00f3gicas atr\u00e1s, sino a un movimiento ordenado de deriva respecto a lo que hubiera sido, en ausencia de esos efectos, una operaci\u00f3n sin trabas\u201d (22-23). M\u00e1s adelante se\u00f1ala al respecto: \u201cEs un hecho hist\u00f3rico bien conocido que una fuerza opositora cuya identidad se construye dentro de un cierto sistema de poder es ambigua respecto a este sistema, ya que este \u00faltimo es lo que impide la constituci\u00f3n de la identidad y es, al mismo tiempo, su condici\u00f3n de existencia. Y toda victoria contra el sistema desestabiliza tambi\u00e9n la identidad de la fuerza victoriosa\u201d (55). Las proposiciones de Laclau estar\u00e1n rondando las p\u00e1ginas que siguen, pues resultan particularmente pertinentes tanto para la revisi\u00f3n de algunos autores-textos de la tradici\u00f3n, como para comprender algunos aspectos claves del chavismo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> De hecho, algunos poemas de <em>\u00c1spero <\/em>(1924), por ejemplo, el \u201cCanto a mi Am\u00e9rica virgen \/ sin espa\u00f1oles y sin cristianismos\u201d, con que se abre el libro de Antonio Arr\u00e1iz podr\u00edan ser le\u00eddos en este sentido, pero no llegan a alcanzar la plenitud \u2018trasculturante\u2019 de la novela de N\u00fa\u00f1ez.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Por cierto, que la distancia que busca marcar intencionalmente mi texto respecto de construcciones discursivas, no quita que, en muchos casos haya sido y sea efectivamente as\u00ed.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> As\u00ed dir\u00eda: \u201c<strong>NO HAY PUEBLO<\/strong>\u201d (Rodr\u00edguez 1990: 247); o: \u201cLa IGNORANCIA, casi general, en que vive la clase inferior del pueblo&#8230; los <em>caprichos <\/em>de la clase media&#8230; y las <em>pretensiones <\/em>de la superior, [&#8230;] todo es IGNORANCIA\u201d (Rodr\u00edguez 1990: 191), en <em>Luces y virtudes sociales <\/em>(1834). Algunas de las ideas que siguen parten y encuentran desarrollo en un texto anterior: \u201cEl lado oscuro de Sim\u00f3n Rodr\u00edguez\u201d (Lasarte 2005, 13-44).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> \u201cSi la Instrucci\u00f3n se proporciona a TODOS&#8230; \u00bf\u00a1cu\u00e1ntos de los que despreciamos, por Ignorantes, no ser\u00edan nuestros Consejeros, nuestros Bienhechores o nuestros Amigos?!&#8230; \u00bf\u00a1Cu\u00e1ntos de los que nos obligan a echar cerrojos a nuestras puertas, no ser\u00edan Depositarios de las llaves?! \u00bf\u00a1Cu\u00e1ntos de los que <em>tememos<\/em> en los caminos no ser\u00edan nuestros compa\u00f1eros de viaje?! No echamos de ver que <em>los m\u00e1s<\/em> de los Malvados, son hombres de talento&#8230; <em>ignorantes<\/em> \u2013que muchos de los que nos mueven a risa, con sus desprop\u00f3sitos, ser\u00edan mejores Maestros que <em>muchos<\/em>, de los que ocupan las C\u00e1tedras\u2013 que las <em>m\u00e1s<\/em> de las mujeres que excluimos de nuestras reuniones, por su mala conducta, las honrar\u00edan con su asistencia; en fin, que, entre los que vemos con desd\u00e9n, hay <em>much\u00edsimos<\/em> que ser\u00edan mejor que nosotros, si hubieran tenido Escuela\u201d (Rodr\u00edguez 1990: 73).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> La obsesi\u00f3n por el \u2018gran hombre\u2019 como supermodelo de ciudadan\u00eda, entre ilustrada y rom\u00e1ntica, fue com\u00fan entre muchos de los principales pensadores de la primera mitad del siglo XIX. As\u00ed por ejemplo, Esteban Echeverr\u00eda en las \u201cPalabras simb\u00f3licas\u201d de su <em>Dogma socialista <\/em>(1837), dedicaba un pasaje relativamente extenso casi a cantar su \u2018ideal\u2019:<\/p>\n<p>Grande hombre es aquel que, conociendo las necesidades de su tiempo, de su siglo, de su pa\u00eds, y confiando en su fortaleza, se adelanta a satisfacerlas; y a fuerza de tes\u00f3n y sacrificios, se labra con la espada o la pluma, el pensamiento o la acci\u00f3n, un trono en el coraz\u00f3n de sus conciudadanos o de la humanidad.<\/p>\n<p>Grande hombre, es aquel cuya vida es una serie de hechos y triunfos, de ilusiones y desenga\u00f1os, de agon\u00edas y deleites inefables, por alcanzar el alto bien prometido a sus esperanzas.<\/p>\n<p>Grande hombre, es aquel cuya personalidad, es tan vasta, tan intensa y activa, que abraza en su esfera todas las personalidades humanas, y encierra en s\u00ed mismo \u2013en su coraz\u00f3n y cabeza\u2013 todos los g\u00e9rmenes inteligentes y afectivos de la humanidad.<\/p>\n<p>Grande hombre, es aquel que el dedo de Dios se\u00f1ala entre la muchedumbre para levantarse y descollar sobre todos por la omnipotencia de su genio.<\/p>\n<p>El grande hombre puede ser guerrero, estadista, legislador, fil\u00f3sofo, poeta, hombre cient\u00edfico.<\/p>\n<p>S\u00f3lo el genio es supremo despu\u00e9s de Dios. La supremac\u00eda del genio constituye su gloria, y el apoteosis de la raz\u00f3n. El genio es la raz\u00f3n por excelencia.<\/p>\n<p>(Echeverr\u00eda 1991: 233).<\/p>\n<p>Por su parte, en Sarmiento, probablemente su fascinaci\u00f3n por el \u2018gran hombre\u2019 lo har\u00e1 presa de algunas representaciones ambiguas respecto del caudillo representante de la barbarie de la campa\u00f1a \u2013entre otras ambig\u00fcedades la invocaci\u00f3n a la m\u00edtica sombra, Facundo Quiroga, pues es \u201cel hombre grande, <em>el hombre de genio, a su pesar, sin saberlo \u00e9l<\/em>, el C\u00e9sar, el Tamerl\u00e1n, el Mahoma. Ha nacido as\u00ed, y no es culpa suya; descender\u00e1 en las escalas sociales para mandar, para dominar, para combatir el poder de la ciudad [\u2026]. Es el hombre de la Naturaleza que no ha aprendido a\u00fan a contener o a disfrazar sus pasiones, que las muestra en toda su energ\u00eda, entreg\u00e1ndose a toda su impetuosidad [\u2026] Facundo es el tipo de la barbarie primitiva\u201d (Sarmiento 1977 [1845]: 86-7, cursivas a\u00f1adidas). Es el \u201chombre superior\u201d (88), pero a la vez \u201cel <em>gaucho malo<\/em> de los Llanos\u201d (157). Hombre grande llevado por el medio, que encuentra su verdadero modelo en la \u201cIntroducci\u00f3n\u201d que en 1851 escribe Sarmiento a su <em>Facundo<\/em>: Bol\u00edvar, capaz de convocar en su persona lo mejor de la civilizaci\u00f3n y la barbarie, de Europa y Am\u00e9rica; por eso \u201cnuestro Bol\u00edvar habr\u00eda sido Artigas, si este caudillo hubiese sido dotado por la naturaleza y la educaci\u00f3n\u201d (17), as\u00ed como tuvo aquello de lo que careci\u00f3 San Mart\u00edn, que \u201cno fue un caudillo popular; era realmente un general\u201d (18).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, la pervivencia de la figura del \u2018gran hombre\u2019 como supermodelo alcanza hasta el fin de siglo y algo m\u00e1s all\u00e1. Basta leer semblanzas de Bol\u00edvar como las que hacen Eugenio Mar\u00eda Hostos en \u201cAyacucho\u201d (1870) o Mart\u00ed en \u201cSim\u00f3n Bol\u00edvar\u201d (1977: 188-194). Por no hablar de las que mucho tiempo despu\u00e9s har\u00e1 de \u00e9ste y otros grandes hombres Arturo \u00daslar Pietri en sus <em>Valores humanos <\/em>(1991).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> Y, en cierta forma, pod\u00eda ser \u201crepresentante leg\u00edtimo\u201d porque, a diferencia de Boves, como \u00e9l heroico, inteligente (Vallenilla Lanz 1990: 122), antiesclavista y generoso con sus huestes al punto de que Vallenilla recuerda las palabras del conservador Juan Vicente Gonz\u00e1lez al declararlo \u201cel Primer Jefe de la Democracia venezolana\u201d (123), P\u00e1ez tuvo desde sus inicios, \u201cinstintivamente\u201d, inclinaci\u00f3n por el mundo \u2018civilizado\u2019: \u201cInstintivamente inclinado a la vida civilizada, hab\u00eda comenzado su educaci\u00f3n imitando a los ingleses que llegaron a Apure el a\u00f1o 18 y en roce constante desde entonces con los hombres m\u00e1s notables de la \u00e9poca, hab\u00eda adquirido ya todas las ideas y todos los h\u00e1bitos del hombre de gobierno, demostrando la enorme capacidad de adaptaci\u00f3n que ha caracterizado a los grandes caudillos venezolanos\u201d (157).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref27\" name=\"_ftn27\">[27]<\/a> Para algunos \u201crecios\u201d ser\u00eda s\u00f3lo un eufemismo por \u2018autoritarismo\u2019 y\/o \u2018machismo\u2019, seg\u00fan el caso.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref28\" name=\"_ftn28\">[28]<\/a> En un sentido que pr\u00f3ximo al que apunta Baczko, pero m\u00e1s ajustado al caso venezolano y el culto al \u2018padre\u2019 de la patria, Carrera Damas se\u00f1alaba c\u00f3mo dicho culto se ha convertido<span style=\"text-decoration: line-through;\">:<\/span> \u201cen factor de unidad, como reivindicaci\u00f3n del principio de orden; en factor de gobierno, como manadero de inspiraci\u00f3n pol\u00edtica; y en factor de superaci\u00f3n nacional, como religi\u00f3n de la perfecci\u00f3n moral y c\u00edvica del pueblo\u201d (Carrera Damas 2003: 44). Y quiz\u00e1s haya que decir que nunca a lo largo del siglo XX su culto ha sido tan eficaz, entre otras cosas, porque nunca como hoy se ha logrado trabar una identificaci\u00f3n tan intensa y fervorosa entre sectores populares y la dupla Chavez-Bol\u00edvar.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref29\" name=\"_ftn29\">[29]<\/a> M\u00e1s recientemente, el \u2018enemigo\u2019 ha cambiado sensible y productivamente: las \u2018oligarqu\u00edas corruptas\u2019 han sido desplazadas en su protagonismo por la amenaza \u2013a qu\u00e9 dudar, cierta\u2013 de la nueva y brutal oleada imperialista encabezada por el gobierno de George W. Bush.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/javier-lasarte-valcarcel\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Publicado en: <em>Memorias de la naci\u00f3n en Am\u00e9rica Latina. Transformaciones, recodificaciones y usos actuales<\/em>. Hans Joachim K\u00f6nig, Andrea Pagni y Stefan Rinke (eds.). CIESAS-Publicaciones de la Casa Chata, M\u00e9xico, 2008).<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier Lasarte Valc\u00e1rcel \u2026en el fondo los relatos sociales son aleg\u00f3ricos, siempre dicen otra cosa. Hablan de lo que est\u00e1 por venir, son un modo cifrado de anticipar el futuro y de construirlo. (Piglia 2000: 45) Y es que el culto a la figura hist\u00f3rica de Bol\u00edvar dista mucho de ser una creaci\u00f3n literaria, nacida [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4323,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4306"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4306"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4306\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11001,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4306\/revisions\/11001"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4323"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}