{"id":4284,"date":"2022-04-26T00:15:28","date_gmt":"2022-04-26T00:15:28","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4284"},"modified":"2023-11-24T18:31:26","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:26","slug":"la-conferencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-conferencia\/","title":{"rendered":"La conferencia"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n<\/strong><\/h4>\n<p>Lleg\u00f3 un momento en mi profesi\u00f3n de carpintero en que ya casi nadie solicitaba mis servicios; oficio que hab\u00eda heredado de mi padre y del cual viv\u00ed por largos a\u00f1os. Mi padre siempre fue una persona meticulosa; los trabajos de carpinter\u00eda ten\u00edan un acabado muy elogiado por los m\u00e1s exigentes artesanos y ebanistas; desde ni\u00f1o visitaba el taller de mi padre; me gustaba el olor de la madera\u00a0 y ver las virutas regadas por el piso; el viento las soplaba aqu\u00ed y all\u00e1. Aprend\u00ed el oficio pronto; aunque no a la altura de mi padre. Poco a poco las personas fueron admirando mis trabajos y yo me esmeraba en hacerlos de calidad. Los pagaban muy bien. A medida que avanz\u00f3 mi edad los objetos fueron menos frecuentes; de modo que me limit\u00e9 a hacer algunas piezas por encargo, mientras mis ayudantes en el taller hac\u00edan lo posible por estar al d\u00eda con los trabajos; pero al cabo de los a\u00f1os me vi obligado a pagarles las prestaciones como trabajadores; me sent\u00ed fatigado y tuve que cerrar e idear otras formas de ganarme la vida.<\/p>\n<p>Descans\u00e9 un tiempo y despu\u00e9s me dediqu\u00e9 a lo que m\u00e1s me gustaba: leer. Le\u00eda de todo: diarios y revistas, libros, diccionarios, enciclopedias y folletos. Mis conversaciones con mi mujer y amigos dieron un giro hacia lo intelectual; mis amigos me dec\u00edan estar asombrados de cuanto conocimiento pod\u00eda yo acumular, conceptos y datos importantes acerca de procesos sociales, hist\u00f3ricos e intelectuales, literatura, ciencia y arte. Mi mujer confes\u00f3 con orgullo que mi vida hab\u00eda dado un vuelco inesperado; mis amigos me llamaban \u00abel intelectual\u00bb y hac\u00edan chanzas conmigo. En las noches le\u00eda filosof\u00eda y en el d\u00eda cuentos,\u00a0 novelas y poes\u00eda a cualquier hora; a los poemas los usaba como a una especie de t\u00f3nicos, de alicientes para vivir, se los le\u00eda a mi mujer, amigos y a personas conocidas que me agradec\u00edan el gesto. A veces le\u00eda cuentos a los ni\u00f1os y fragmentos morales a los ancianos para darles \u00e1nimos; yo mismo me fui reconstruyendo interiormente con la lectura de una manera impresionante; estaba asombrado de cuando hab\u00eda ganado mi esp\u00edritu y enriquecido mi vida social, la alegr\u00eda que hab\u00eda comunicado a tantas personas y el conocimiento que estaba impartiendo a otros. Uno de mis amigos me dijo que me hab\u00eda convertido en un gran profesor, que mis disertaciones eran brillantes y era posible impartir clases en cualquier centro de estudios, asegur\u00f3 que pod\u00eda dedicarme a eso y convertirlo en mi profesi\u00f3n, si as\u00ed yo lo deseaba.<\/p>\n<p>Mi mujer estaba muy orgullosa de m\u00ed. Tanto, que despert\u00e9 en ella nuevos ardores er\u00f3ticos que aprovech\u00e9 al m\u00e1ximo y me dieron impulsos para seguir. Compr\u00e9 libros nuevos y comenc\u00e9 a organizar una biblioteca; la gente me obsequiaba vol\u00famenes, me tra\u00eda escritos para revisar y corregir, entre los cuales hab\u00eda algunos de gran calidad literaria, poetas y narradores espont\u00e1neos de inmenso talento. Y yo me sent\u00eda orgulloso de poder reconocerlos, el hecho de que gente de apariencia com\u00fan y corriente, como yo, fueran capaces de construir mundos mediante el lenguaje y alentar a otros a realizar hallazgos art\u00edsticos de calidad, usando las palabras.<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda estaba haciendo una siesta junto a mi mujer, cuando llamaron a la puerta de mi casa. Al abrir, vi parado frente a m\u00ed un se\u00f1or bien vestido que se identific\u00f3 como Jefe de una c\u00e1tedra filos\u00f3fica de la Universidad Nacional. Pregunt\u00f3 mi nombre y al responderle me dijo estar muy interesado en conversar conmigo. Lo invit\u00e9 a pasar. Yo estaba bastante asombrado. Apenas tom\u00f3 asiento en uno de los muebles del recibo, dijo:<\/p>\n<p>&#8211;Estimado amigo, quiero hacerle una propuesta. Me he enterado de sus conversaciones informales con sus amigos\u00a0 en bares y caf\u00e9s, y ellas est\u00e1n causando un verdadero revuelo en los medios culturales de la ciudad. As\u00ed que tenemos el honor de invitarle a que pronuncie una conferencia el d\u00eda del profesor universitario, a celebrarse el pr\u00f3ximo mes en los recintos de la Universidad, en calidad de Orador de Orden.<\/p>\n<p>Yo me qued\u00e9 cortado por el asombro. No pod\u00eda imaginarme todo aquello: un simple carpintero dando una charla frente a un grupo de eminentes profesores y estudiantes de avanzada. Mi mujer estaba con la boca abierta y me miraba con ojos de perrita cari\u00f1osa. El profesor concluy\u00f3 su invitaci\u00f3n con una sonrisa magisterial que no dejaba lugar a dudas.<\/p>\n<p>&#8211;Agradezco mucho su cortes\u00eda, estimado profesor, pero creo que no poseo los m\u00e9ritos para esa importante actividad &#8211;atin\u00e9 a decir, con voz tr\u00e9mula.<\/p>\n<p>&#8211;Entiendo su sorpresa, estimado amigo &#8211;respondi\u00f3 \u00e9l&#8211; pero no puede negarse. Es un clamor de la colectividad y ser\u00eda muy ego\u00edsta de su parte no participar en un evento como \u00e9ste, que nos dignifica a todos por igual.<\/p>\n<p>Con otros argumentos similares a estos, el profesor prosigui\u00f3 sus alegatos hasta que las l\u00e1grimas brotaron de los ojos de mi mujer y yo no pude contrariar aquella emoci\u00f3n, que ten\u00eda mucho de sensual ternura.<\/p>\n<p>&#8211;Est\u00e1 bien, profesor &#8211;correg\u00ed, pero deme unos d\u00edas m\u00e1s, que todo ha sido muy repentino&#8211; contest\u00e9, extendi\u00e9ndole la mano derecha para agradecerle.<\/p>\n<p>Se despidi\u00f3 cort\u00e9smente, coloc\u00e1ndose el sombrero. Despu\u00e9s de marcharse \u00e9l, mi mujer se abalanz\u00f3 a mis brazos. Me la llev\u00e9 al lecho e hicimos el amor como nunca.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda nos levantamos livianos como plumas; nos dimos sendos ba\u00f1os y luego devoramos un desayuno rico en grasas. Luego fui a mi habitaci\u00f3n a arreglar algunas cosas y repos\u00e9 un rato, para luego comentar con mi mujer los pormenores de la visita y de la invitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211;Esta es una gran oportunidad, mi amor, para que hagas una carrera como profesor &#8211;dijo ella. Algo maravilloso nos ha sucedido.<\/p>\n<p>&#8211;No, mi amor, yo no deseo eso. Una cosa es dictar una conferencia y otra convertirse en un profesor. Nunca he tenido vocaci\u00f3n de ense\u00f1ar. Yo soy un carpintero con h\u00e1bito de lectura, s\u00f3lo eso.<\/p>\n<p>&#8211;Pero mi amor\u2026<\/p>\n<p>&#8211;Tienes que aceptar esa conferencia.<\/p>\n<p>&#8211;Pero\u2026<\/p>\n<p>&#8211;Te ruego que no insistas, mi amor. Ahora debo organizar algunas cosas y perd\u00f3name\u2026 que de pronto me he sentido mal\u2026<\/p>\n<p>&#8211;No fue mi intenci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>&#8211;Olv\u00eddalo. Pasemos a otro tema.<\/p>\n<p>Me retir\u00e9 un tanto contrariado, y vagu\u00e9 durante algunas horas por las calles del centro de la ciudad. Anduve por ah\u00ed sin rumbo fijo; me detuve un momento a tomar un caf\u00e9 y a hojear un diario, sin leerlo. Me perd\u00ed en divagaciones sobre esto o lo otro, y al final volv\u00ed a la casa un poco m\u00e1s calmado. Ya hab\u00eda tomado la decisi\u00f3n de dar la conferencia. Repasar\u00eda algunos fil\u00f3sofos, sobre todo autores de los siglos diecinueve y veinte, vistos a mi manera. A la final, no iba a ser muy complicado si miraba el asunto por el lado no acad\u00e9mico, m\u00e1s informal, tratar\u00eda de darle a la charla naturalidad y despojarla de afectaciones. De todas maneras, la conferencia deb\u00eda mantener cierto tono de autoridad. As\u00ed se lo hice saber al profesor que vino a visitarme, y estuvo de acuerdo. Pero, me dijo, obligatoriamente ten\u00eda que hacerlo desde un podio.<\/p>\n<p>Repas\u00e9 los libros de los pensadores a los que iba a hacer referencia: Kierkegaard, Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger, Marx, Sartre, Cioran. Por ah\u00ed iba la cosa, entrelazados con algunos otros de la antig\u00fcedad y dem\u00e1s poetas y pensadores de la antigua Grecia que hab\u00eda le\u00eddo desde joven. No hab\u00eda podido seguir estudios en la Universidad debido a problemas econ\u00f3micos en el seno de mi familia. Entonces surgi\u00f3 lo de la carpinter\u00eda y me sumerg\u00ed en el oficio que me hab\u00eda legado mi padre, como dije antes, aunque a veces a los libros tambi\u00e9n los ve\u00eda como a objetos art\u00edsticos de elegante acabado, algunos de los vol\u00famenes de tapa dura los trataba como a objetos de ebanister\u00eda y los sacaba para olerlos y manosearlos; el olor del papel y del cuero produc\u00edan en m\u00ed un intenso placer.<\/p>\n<p>Cuando me sum\u00eda en la lectura de ideas mi alma se inyectaba inmediatamente de una energ\u00eda diferente; era como si atravesara el tiempo y las palabras buscaran un significado distinto, pero tampoco sab\u00eda muy bien en qu\u00e9 consist\u00eda; muchos de aquellos vol\u00famenes me parec\u00edan abstrusos a causa del manejo de un lenguaje extra\u00f1o para m\u00ed; hac\u00eda esfuerzos inmensos por descifrarlos y disfrutaba con su sola lectura, aunque no comprendiera el contenido.<\/p>\n<p>Otra de las virtudes que mi mujer y amigos me hicieron notar era mi capacidad para hacer res\u00famenes de vidas de escritores o artistas. A veces, sin darme cuenta, empezaba a hablar de un escritor y no paraba hasta hacer toda su biograf\u00eda,\u00a0 complementando con detalles graciosos que hac\u00edan sonre\u00edr a la gente. Aquella era una virtud que deb\u00eda aprovechar, me dijo un amigo, y era bueno beneficiarme de ella en el momento de dar mis clases.<\/p>\n<p>A medida que se acercaba el d\u00eda de la charla yo me iba poniendo m\u00e1s inquieto. No entend\u00eda por qu\u00e9, si m\u00e1s bien todo aquel panorama ofrec\u00eda ventajas para m\u00ed y no problemas. Trataba de llevar una vida normal pero no pod\u00eda; de repente perd\u00eda el apetito sin ninguna explicaci\u00f3n o bien me daba un hambre voraz sin raz\u00f3n de ser. O me inquietaba por cualquier cosa. Le daba la mayor importancia a cosas comunes y corrientes. Llegu\u00e9 incluso a pensar que estaba comenzando a perder la raz\u00f3n, cuesti\u00f3n que no tuve el valor de comunicar a mi esposa.<\/p>\n<p>Mi hipersensibilidad era tan notoria que incluso llegu\u00e9 a inquietar a las personas que iban por la calle o a otras sentadas en bares o caf\u00e9s, las cuales me miraban de soslayo o hac\u00edan gestos exagerados cuando me ve\u00edan pasar o entrar a alg\u00fan sitio. Generalmente andaba solo y entonces las situaciones de extra\u00f1eza se acentuaban hasta hacerse insoportables; cuando iba a acompa\u00f1ado con un amigo o amiga estos se pon\u00edan a conversar con otras personas y me dejaban solo. Cuando me encontraba inesperadamente con alguna amiga, ella se me quedaba observando con un aire lastimero que me conduc\u00eda a la verg\u00fcenza. Aunque tampoco pod\u00eda afirmar que era verdad. Yo se lo confes\u00e9 a mi mujer y entonces ella me dio un beso en la frente como si yo fuera su hijo, un beso que lejos de complacerme me irrit\u00f3 y me condujo hacia unos celos absurdos. Claro que despu\u00e9s, cuando llegamos a casa, yo me desquit\u00e9 de aquel beso fraterno y le di un buen beso en la boca utilizando la lengua, y entonces todo culmin\u00f3 en un acto de pasi\u00f3n; yo sent\u00eda aumentada mi hombr\u00eda y ella tambi\u00e9n su sensualidad y entonces hizo presencia un alivio profundo bajando por todo mi cuerpo, como un torrente refrescante. Recuper\u00e9 as\u00ed las energ\u00edas para continuar.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n con los ni\u00f1os era distinta. Con ellos no ten\u00eda dificultades para comunicarme ya que estos parecen estar dominados por fuerzas puras, en el mejor y el peor sentido de esta palabra: puras en bondad y en maldad, puras en ingenuidad y en malicia. Los ni\u00f1os se convert\u00edan en una especie de c\u00e1tedra viviente de la existencia, pero nada de aquello se pod\u00eda explicar, era casi imposible trasladarlo a cualquier tipo de argumento serio. En cambio, s\u00ed eran susceptibles los ni\u00f1os de ser abordados por la poes\u00eda, aunque la poes\u00eda no sol\u00eda frecuentarme mucho por aquellos d\u00edas debido a la presencia inefable de la prosa de ideas, que estaba anegando mi esp\u00edritu en un oc\u00e9ano de certezas y de dubitaciones simult\u00e1neas. La poes\u00eda se me presentaba m\u00e1s bien como una especie de utop\u00eda triste, de un lenguaje ensimismado que s\u00f3lo pod\u00eda ser entendido por otros poetas.<\/p>\n<p>Mi vida privada se estaba complicando y mi vida p\u00fablica hab\u00eda tomado un giro completamente inesperado, molesto pudiera decirse; a veces echaba de menos mi vida de carpintero y aquel olor de la madera cuando pasaba el cepillo sobre ella, las vetas, los colores, el momento maravilloso en que los clavos entran en ella y se ajustan perfectamente al sitio que les corresponde. Si era necesario, estaba dispuesto a regresar a la carpinter\u00eda en caso de que aquellas cargas de dudas siguieran apareciendo en m\u00ed, porque me parec\u00eda algo sin sentido que el solo conocimiento de los libros y de las ideas llegaran a perturbarme, en lugar de convertirme en una persona m\u00e1s l\u00facida y tranquila.<\/p>\n<p>Mi mujer sugiri\u00f3 que nos fu\u00e9ramos unos d\u00edas al mar, a casa de unos amigos muy agradables y gentiles que viv\u00edan en el litoral, y me pareci\u00f3 una idea magn\u00edfica. All\u00e1 fuimos a dar cargados de v\u00edveres y de todas las ganas de pasarla bien, en medio de la ben\u00e9fica brisa marina, las arenas de la playa y frente al padre oc\u00e9ano, en ese paisaje donde las aguas azules y el cielo se juntan en una especie de milagro.<\/p>\n<p>En los primeros dos d\u00edas fue as\u00ed; hicimos fogatas, nos bamboleamos en hamacas, bebimos cervezas y nos dimos chapuzones, preparamos platillos con mariscos, pero luego las cosas comenzaron a adquirir para m\u00ed matices inesperados. Primero, me embarg\u00f3 un enorme calor producto de una insolaci\u00f3n; luego se despert\u00f3 en mi cuerpo una sed insaciable que dio paso a un humor temperamental; ello me produjo verg\u00fcenza debido al buen trato que hab\u00eda recibido de mis amigos. Mi mujer tambi\u00e9n estaba avergonzada y me lo hizo saber; yo ped\u00ed excusas a todos y el asunto qued\u00f3 zanjado, creo, pero yo contin\u00fae con una verg\u00fcenza enorme y debimos regresarnos a la ciudad antes de lo previsto.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 a casa me invadi\u00f3 de nuevo aquel molesto sentimiento de extra\u00f1eza, pero no le dije nada a mi mujer para no preocuparla. Me limit\u00e9 a guardar silencio y a cumplir las rutinas dom\u00e9sticas. Hicimos compras, cocinamos, descansamos y dormimos; incluso los sue\u00f1os eran muy distintos en aquellos d\u00edas: yo aparec\u00eda en ellos vestido de payaso de circo y daba volteretas sobre un columpio, o caminaba como un equilibrista sobre la cuerda floja; o iba montado sobre el lomo de un caballo dando vueltas en c\u00edrculo, hasta el v\u00e9rtigo.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la conferencia se acercaba y mis nervios estaban de punta.<\/p>\n<p>Recib\u00ed varias llamadas telef\u00f3nicas del profesor desde la universidad, para confirmar la cita. M\u00e1s que el inter\u00e9s por la charla, yo ten\u00eda prisa por salir del compromiso, y este detalle era realmente extra\u00f1o. Me pon\u00eda ansioso porque iba a desilusionar a mi mujer y ello me incomodaba porque mi mujer era el m\u00e1s grande tesoro que ten\u00eda y pod\u00eda tener. Me sent\u00e9 frente al escritorio de mi estudio y me puse a hacer unos esquemas para la charla. Ya ten\u00eda la idea principal, las citas que iba a introducir y los autores, y hasta el remate de la disertaci\u00f3n. Hoje\u00e9 algunos vol\u00famenes donde aparec\u00edan fotos de fil\u00f3sofos. Me fij\u00e9 en una fotograf\u00eda de Federico Nietzsche, el conocido perfil de Federico con sus grandes bigotes y me provoc\u00f3 hal\u00e1rselos, arrancarle unos pelos para jugarle una broma. Siempre me pregunt\u00e9 c\u00f3mo era la voz de Nietzsche y cu\u00e1l era su verdadera personalidad, su estilo de vida. Me hubiera gustado saltar y meterme en el tiempo suyo y tomarme con \u00e9l unos\u00a0 tragos de vino rojo, hasta emborracharnos juntos.<\/p>\n<p>Por all\u00e1 andaban las caras ce\u00f1udas de Kant y Hegel; la mirada cristalina de Kierkegaard y las gre\u00f1as de Schopenhauer; los serenos ojos de Goethe, la barba apost\u00f3lica de Marx y el ojo estr\u00e1bico de Sartre; estos rostros y gestos de los pensadores compon\u00edan un mosaico de la perplejidad humana, que estaba ah\u00ed para realizar con \u00e9l una especie de juego infinito de las ideas.<\/p>\n<p>Durante la semana previa a la conferencia me puse a hacer ejercicios, montaba bicicleta, me pon\u00eda los guantes de box para golpear un saco o me iba a nadar a la piscina de un hotel cercano, o a trotar por las cuadras del vecindario. A veces me sentaba en las plazas y me pon\u00eda a observar a los perros. Unos iban solos y otros acompa\u00f1ados por sus due\u00f1os, y siempre me dirig\u00edan la mirada. Me gusta verlos cuando sacan sus lenguas y ladran; de sus ojos sale un gui\u00f1o extraordinario, una mirada comprensiva muy superior a la de los humanos, creo. Pienso que si hay algo maravilloso es andar desnudo y en cuatro patas por la calle con la pelambre expuesta, y que ello no cause ninguna reacci\u00f3n especial en nadie. Yo hab\u00eda tenido ya cuatro o cinco perros en mi vida y llegu\u00e9 a quererlos tanto que me sent\u00ed muy desdichado cuando murieron. Me promet\u00ed que nunca m\u00e1s iba a pasar por un dolor as\u00ed.\u00a0 Los perros son irremplazables. Me gusta verlos cuando se alejan por el parque meneando sus colas al lado de sus due\u00f1os; tambi\u00e9n cuando se enfurecen y exhiben sus colmillos al defenderse o al cuidar un pedazo de carne.<\/p>\n<p>Un d\u00eda ocurri\u00f3 el hecho ins\u00f3lito de que una perra muy linda que andaba medio perdida y hambrienta se enamor\u00f3 de m\u00ed. La perra me contempl\u00f3 con sus ojos amorosos durante una hora y logr\u00f3 enternecerme de tal modo que yo cre\u00ed tambi\u00e9n haberme enamorado de ella. Nos fuimos acercando y yo puse mi mano sobre su cabeza y ella lami\u00f3 mis dedos con dulzura. Luego se sent\u00f3 a mi lado y yo compr\u00e9 un paquete de tostones de pl\u00e1tano y se los di para que comiera, despu\u00e9s le ofrec\u00ed caf\u00e9 con leche azucarada y ambos permanecimos sentados el uno al lado del otro en una acera de la calle, como si fu\u00e9ramos novios. Yo me di cuenta de este absurdo y tuve que despedirme de mi enamorada y ella de m\u00ed, pasando su lengua sobre mi nariz y despu\u00e9s se march\u00f3, entre triste y contenta. Si no existieran los perros, los gatos y los caballos este mundo ser\u00eda invivible. Ah, se me olvidaba: y tambi\u00e9n los p\u00e1jaros.<\/p>\n<p>Miro los p\u00e1jaros en los \u00e1rboles ir piando de rama en rama y me invade un sentimiento sublime, a partir del cual puede construirse, creo, toda una filosof\u00eda mucho m\u00e1s profunda que cualquier tratado de l\u00f3gica, aunque esto pueda sonar exagerado. Sentarse en un banco de la plaza a contemplar cualquier cosa constituye uno de los mejores ejercicios de libertad.<\/p>\n<p>As\u00ed como hay una magia en los parques tambi\u00e9n hay una magia en los cafetines, una magia en los bares y una magia en los puertos. No voy a hablar de todas estas magias juntas porque me perder\u00eda en medio de\u00a0 divagaciones, aunque s\u00ed pudiera decir que la magia de los bares en el mar es \u00fanica y puede fabricar un hechizo duradero del que no provoca salir, y m\u00e1s cuando a \u00e9ste se une la belleza f\u00edsica de la mujer, y el erotismo que ella produce al combinarse con el paisaje embriagador de los puertos.<\/p>\n<p>A veces me pasaba horas enteras vagando por los alrededores de la ciudad y hasta me perd\u00eda en algunos laberintos urbanos y luego no sab\u00eda c\u00f3mo salir; entonces daba vueltas por algunas cuadras y me pon\u00eda a hablar con gente desconocida que me revelaba cosas inauditas, y luego esas cosas me eran de mucha utilidad para seguir adelante. Me quedaba contemplando el horizonte y me imaginaba a d\u00f3nde hab\u00edan ido a parar las almas de los fil\u00f3sofos que tanto admiraba; me figuraba situaciones extraordinarias, como que ellos estaban reunidos en alg\u00fan cementerio conversando acerca de nosotros los vivos y haciendo todo tipo de conjeturas sobre c\u00f3mo andaba el mundo en la actualidad y los tiempos tan dif\u00edciles que est\u00e1bamos viviendo, un tiempo sin esperanza muy distinto del de ellos, y que justamente por eso estaban en la obligaci\u00f3n de repensar el mundo y la existencia por nosotros, a trav\u00e9s de sus palabras perdurables.<\/p>\n<p>Existe tambi\u00e9n una magia cotidiana que se encuentra oculta en los pliegues de la realidad y que es muy dif\u00edcil de localizar porque la realidad la esconde cuanto puede detr\u00e1s de una gruesa capa de velos de la rutina y la sociedad los ha vuelto autom\u00e1ticos; pero esa magia alg\u00fan d\u00eda termina por imponerse devolvi\u00e9ndole a la vida su \u00edntima belleza y su \u00edntima verdad.\u00a0 A nuestros\u00a0 hogares hay que cuidarlos para que no se impongan las leyes de esa rutina destructiva, construida en una especie de alucinaci\u00f3n egotista y suficiente, seg\u00fan la cual cada quien es el \u00fanico responsable de lo que ocurre, cuando la verdad es que los responsables de la infelicidad de muchos se debe a la de otros tanto o m\u00e1s infelices.<\/p>\n<p>Durante la noche, casi no so\u00f1aba y si lo hac\u00eda so\u00f1aba que me preparaba a dar la conferencia de una manera tan real que me hac\u00eda dudar acerca de que aquello pod\u00eda ser un sue\u00f1o, y que la conferencia era s\u00f3lo una excusa para escarbar dentro de los enigmas que se acomodaban acurrucados entre los intersticios de mi sue\u00f1o, como si mi cerebro fuese el recept\u00e1culo de un experimento cient\u00edfico para averiguar las verdaderas claves del conocimiento humano, y \u00e9stas a la postre servir\u00edan para que la humanidad se redimiera y pudiera surgir un mundo m\u00e1s justo y lleno de paz, como lo deseaba la mayor\u00eda de la gente, y no la casta que aun gobierna el planeta mediante el siniestro manejo de la pol\u00edtica; pensaba que a trav\u00e9s de la conferencia yo pod\u00eda contribuir a despejar varios de los graves problemas que aquejaban a mi pa\u00eds y a la humanidad toda, poniendo al d\u00eda y en pr\u00e1ctica las ideas de los m\u00e1s notables fil\u00f3sofos. Pero algo nuevo y revelador siempre aparec\u00eda en el sue\u00f1o, y ese algo se concentraba en la visi\u00f3n de un jard\u00edn con numerosas flores movidas por el viento mientras eran salpicadas por la llovizna y luego desde el roc\u00edo de aquellos p\u00e9talos surg\u00eda una profunda fragancia embriagadora que me manten\u00eda por un buen rato lleno de \u00e9xtasis, y luego me indicaba que deb\u00eda volver a lo real, como en efecto ocurri\u00f3 durante tantas ma\u00f1anas.<\/p>\n<p>De todas maneras, yo continuaba prepar\u00e1ndome para la conferencia. El d\u00eda lleg\u00f3 y yo estaba tranquilo, pues hab\u00eda seguido el consejo de mis amigos y de mi mujer, me relaj\u00e9 y tranquilic\u00e9; la noche anterior dorm\u00ed como un lir\u00f3n, as\u00ed que por la ma\u00f1ana estaba completamente en forma. Tom\u00e9 un desayuno frugal y me dirig\u00ed a la universidad a dictar mi charla.<\/p>\n<p>Al llegar al mayest\u00e1tico edificio me estaba recibiendo en su puerta el cuerpo de profesores, por el que sent\u00eda el mayor respeto. Despu\u00e9s de las reverencias del caso, me hicieron pasar a un gran sal\u00f3n coronado por una tribuna de honor desde donde vi todo el espacio repleto de personas, estudiantes y amigos. Lleno de cierto rubor sub\u00ed y me coloqu\u00e9 junto a las autoridades; el decano de humanidades hizo una presentaci\u00f3n de mi persona con un estilo equilibrado y sin hacer observaciones exageradas, lo cual me agrad\u00f3. Los amigos m\u00e1s cercanos aplaudieron el discurso del decano; los dem\u00e1s permanecieron discretos; mi mujer luc\u00eda nerviosa y entusiasmada en primera fila. Mis sobrinos &#8211;no tengo hijos y debo conformarme con ellos&#8211; se sentaron en segunda fila al lado de algunos de mis hermanos y hermanas. Luego comenc\u00e9 a divisar una serie de personas que no hab\u00eda visto nunca, mujeres y hombres viejos y j\u00f3venes, casi todos bien vestidos, excepto uno que llevaba una camisa rota en uno de los cuellos. Tambi\u00e9n me fij\u00e9 en un hombre como de mi edad &#8211;unos cuarenta a\u00f1os&#8211; que se me parec\u00eda f\u00edsicamente y yo no pod\u00eda comprender de d\u00f3nde hab\u00eda salido. Me miraba fijamente sin sonre\u00edr; su presencia me inquietaba en aquel auditorio. M\u00e1s all\u00e1 se destacaba la figura de un anciano barbado que llevaba un traje gris y ten\u00eda una mirada orgullosa y triste; en el momento en que lo mir\u00e9 desvi\u00f3 sus ojos hacia otra parte y yo no supe qu\u00e9 pensar.<\/p>\n<p>Puse ahora mi atenci\u00f3n en mis notas para iniciar la conferencia. Agradec\u00ed primero a las autoridades universitarias; dirig\u00ed unas palabras corteses al auditorio y comenc\u00e9 organizar mis ideas mientras miraba a un punto vago del sal\u00f3n y mis ojos tropezaron con la presencia de una mujer que sobresal\u00eda del lote de personas debido a una especie de aureola que se formaba en torno a ella: se trataba de una beldad de tal perfecci\u00f3n facial y de un rostro blanco que inundaba el espacio; sus ojos eran pardos y sus facciones delicadas, como surgida de otra dimensi\u00f3n para situarse exactamente ah\u00ed. Una cascada de cabellos rojos ca\u00eda sobre sus hermosos hombros de esmalte; de repente me sonri\u00f3, su gesto lleg\u00f3 hasta m\u00ed n\u00edtido y la gracia elev\u00f3 mi esp\u00edritu dej\u00e1ndolo suspendido en un cielo particular, sin saber qu\u00e9 hacer ni d\u00f3nde aposentarse. Mi conferencia a\u00fan no se iniciaba y el auditorio estaba inquieto mientras yo permanec\u00eda anonadado con la presencia de aquella maravilla.<\/p>\n<p>Apenas retom\u00e9 el hilo de lo que ven\u00eda diciendo &#8211;que no era gran cosa, s\u00f3lo unas palabras preliminares que a\u00fan no hab\u00edan logrado cautivar a nadie&#8211; mi atenci\u00f3n se fij\u00f3 en la figura de un ni\u00f1o como de seis a\u00f1os que ten\u00eda en brazos a un beb\u00e9, conformando un cuadro que yo nunca hab\u00eda presenciado y menos unos ni\u00f1os de tal belleza: el ni\u00f1o vest\u00eda de marr\u00f3n con pantalones cortos y zapatos negros lustrosos, mientras que el beb\u00e9 iba de capucha roja y chupaba una mamila, sonre\u00eda y miraba con sus ojos azules en derredor, repartiendo ternura. Nunca hab\u00eda visto a aquellas personas y no pod\u00eda imaginarme de d\u00f3nde hab\u00edan salido; entonces comenc\u00e9 a buscar con la mirada a familiares o amigos pero no los encontraba; los buscaba en los mismos sitios donde los hab\u00eda visto primero, pero una extra\u00f1a neblina ofusc\u00f3 mis ojos y me impidi\u00f3 ver el lugar preciso en el que se encontraban ubicados desde el principio.<\/p>\n<p>Para colmo, cuando trat\u00e9 de fijar mi atenci\u00f3n sobre las notas acerca de la conferencia, entr\u00f3 una fuerte r\u00e1faga por una de las puertas del sal\u00f3n y las hojas salieron por los aires. Esto caus\u00f3 la risa de algunos de los asistentes, incluso algunos ni\u00f1os salieron a buscarlas riendo a carcajadas y la atenci\u00f3n de todos los asistentes se volc\u00f3 en ellos; no pudieron alcanzarlas pero yo notifiqu\u00e9 al auditorio que no las necesitaba y me dispuse a dar mi charla sin necesidad de \u00e9stas. Empec\u00e9 entonces a argumentar mis ideas y cuando hab\u00eda alcanzado ya cierto nivel de atenci\u00f3n entre el p\u00fablico, un hombre ingres\u00f3 al sal\u00f3n dando tumbos. Estaba ebrio y caminaba en zigzag mientras profer\u00eda confusos anatemas entre dientes que volvieron a llamar la atenci\u00f3n de los asistentes. La gente, por supuesto, comenz\u00f3 a murmurar y el borracho se apost\u00f3 en una de las esquinas del recinto a gesticular: alzaba el pu\u00f1o amenazando a no s\u00e9 qu\u00e9 (probablemente a Dios) frunc\u00eda los ojos y la nariz y mascullaba palabrotas. Pronto vinieron del personal de seguridad de la instituci\u00f3n y se llevaron al hombre ebrio en guinda; cost\u00f3 mucho para que el auditorio recuperara la normalidad.<\/p>\n<p>Cuando mir\u00e9 por segunda vez a la mujer de la aureola, ella estaba comiendo palomitas de ma\u00edz como si estuviera en un cine; algunas cotufas ca\u00edan fuera de la bolsa e iban a dar a sus piernas y se quedaban en un punto intermedio de sus muslos; por un momento, cuando vi a algunas de las palomitas ah\u00ed una de ellas cobr\u00f3 vida y sali\u00f3 volando convertida en un peque\u00f1o p\u00e1jaro distinto de una paloma, que fue a posarse en uno de los capiteles m\u00e1s altos del techo del sal\u00f3n, donde la estaban esperado otros pajaritos. No logr\u00e9 nunca explicarme un fen\u00f3meno as\u00ed, pero deb\u00eda aceptarlo porque estaba ocurriendo en una situaci\u00f3n completamente real.<\/p>\n<p>A los pocos instantes las luces comenzaron a titilar; la energ\u00eda el\u00e9ctrica estaba fallando y aunque era plena luz del d\u00eda, los aparatos de aire acondicionado fallaron y el calor se hizo sentir; la aver\u00eda el\u00e9ctrica dur\u00f3 solo unos pocos minutos, aunque el auditorio ya hab\u00eda sido penetrado por la fatalidad. Las autoridades universitarias comenzaron a sentirse nerviosas y las reacciones del p\u00fablico se hicieron presentes. Le consult\u00e9 a las autoridades si val\u00eda la pena proseguir con el evento y no se atrevieron a responder, aunque yo pensaba que lo mejor era continuar haciendo una charla espont\u00e1nea, una conversaci\u00f3n informal sobre temas filos\u00f3ficos, pero la gente quer\u00eda una charla formal, un desarrollo conceptual del que ellos pudieran aprender cosas concretas sobre aspectos importantes del pensamiento contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Le dije al decano que a esas alturas era una insensatez realizar algo as\u00ed, pero \u00e9l no estuvo de acuerdo conmigo y me recomend\u00f3 que tratara de recuperar al auditorio. Entonces me esforc\u00e9 e intent\u00e9 animar al p\u00fablico con algunas frases humor\u00edsticas sobre los fil\u00f3sofos y el p\u00fablico respondi\u00f3, efectivamente. Pero entonces al poco rato la mujer bell\u00edsima comenz\u00f3 a mirarme, con lo cual qued\u00e9 como hechizado (yo tem\u00eda que mi mujer lo notara, pues no quer\u00eda problemas de ese tipo ahora para mi) mientras el hombre que se me parec\u00eda, situado en la parte derecha del auditorio, tambi\u00e9n me dirigi\u00f3 otra de sus penetrantes miradas. Pens\u00e9 por un momento que se trataba de mi alter ego, un doble creado por mi propia imaginaci\u00f3n para atormentarme mentalmente. Despu\u00e9s el anciano se levant\u00f3 de su asiento y me se\u00f1al\u00f3 con la mano para luego apretar su pu\u00f1o amenazante. Este gesto me hizo perder el sentido de ubicaci\u00f3n y ya no pude seguir con la charla, mientras el chico con el beb\u00e9 de rojo en brazos vino caminando hacia m\u00ed y puso al beb\u00e9 gimiendo en mis manos y yo no sab\u00eda qu\u00e9 hacer; llam\u00e9 entonces a gritos a mi mujer para que viniera a cargarlo. Ella lo recibi\u00f3 emocionada (creo que estaba llorando); en ese instante el hombre ebrio volvi\u00f3 a entrar al recinto y los vigilantes no tardaron en echarlo esta vez a pu\u00f1etazos, con lo cual el ambiente pas\u00f3 de dif\u00edcil a crispado y de tenso a violento. Mi conferencia no pudo siquiera llegar a la mitad, pero las autoridades, los decanos y el rector estaban muy alarmados con la situaci\u00f3n; luego de calmados los \u00e1nimos me invitaron a seguirlos a una de sus oficinas para continuar all\u00ed una charla m\u00e1s pausada sobre diversos temas urgentes para el pa\u00eds, y yo por supuesto acept\u00e9.<\/p>\n<p>Antes de dejar el sal\u00f3n de conferencias busqu\u00e9 con la mirada a la mujer bell\u00edsima que hab\u00eda identificado (ella era, con mi mujer, la raz\u00f3n \u00faltima de casi todo mi esfuerzo) y tambi\u00e9n a los dos ni\u00f1os: el de ocho a\u00f1os &#8211;y esta vez me fij\u00e9 bien&#8211; era yo mismo a esa edad y el beb\u00e9 que ten\u00eda en brazos era el beb\u00e9 que nunca pude tener ni pude darle a mi mujer. El hombre ebrio apaleado no me preocupaba porque es sabido que los borrachos casi siempre tienen la raz\u00f3n en todo; el \u00fanico inconveniente con ellos es la manera de c\u00f3mo dicen las cosas, desde la relampagueante y casi nunca comprensible lucidez del borracho, que enfrenta a las personas con realidades que no desean ver. De modo que varios de mis anhelos estaban realizados en ese auditorio y con esa conferencia interrumpida que, despu\u00e9s de todo, hab\u00eda servido para que las cosas surgieran a la realidad.<\/p>\n<p>Segu\u00ed a los profesores hasta una oficina privada muy amplia y elegante donde hab\u00eda licores, habanos y canap\u00e9s de muy buen gusto, y nos pusimos a charlar. Tomamos unas copas de vino primero y despu\u00e9s panecillos y caf\u00e9; los catedr\u00e1ticos estaban tratando de decirme que deseaban de todo coraz\u00f3n contratarme para el pr\u00f3ximo semestre, pero la realidad pol\u00edtica nacional se hab\u00eda vuelto muy complicada, los recursos para las universidades nacionales hab\u00edan mermado y las contrataciones eran limitadas. Yo entend\u00ed perfectamente el mensaje (incluyendo toda su hip\u00f3crita verdad), sin embargo habr\u00eda posibilidades m\u00e1s adelante, me aseguraron, de dar un curso de filosof\u00eda para\u00a0 j\u00f3venes. Les dije que s\u00ed, que encantado. Terminamos de saborear los canap\u00e9s y los panecillos, algunos licores dulces y el arom\u00e1tico caf\u00e9, despu\u00e9s de los cuales hasta me atrev\u00ed a encender un habano cubano que disfrut\u00e9 hasta el final, y debe haberme prestado un aire de cierta importancia.<\/p>\n<p>Sal\u00ed de aquella oficina liberado de muchas cosas, en busca de mi mujer.<\/p>\n<p>En efecto, afuera estaba ella, esper\u00e1ndome. Me dijo que hab\u00eda devuelto el beb\u00e9 a su abuelo, quien era justamente el borracho que andaba perdido otra vez por el auditorio. El hombre parecido a m\u00ed me andaba buscando y era en efecto mi alter ego, como hab\u00eda pensado, pero \u00e9l nunca iba a encontrarme, en verdad. Eso ya lo sab\u00eda y tampoco me preocupaba.<\/p>\n<p>Todo aquel esfuerzo de meses se hab\u00eda convertido en un proyecto de vida muy extra\u00f1o e incomprensible. Ya no pod\u00eda creer m\u00e1s en este tipo de ideas ni en invitaciones; mis cualidades como profesor no pod\u00edan ser probadas ante grandes auditorios y talvez ni siquiera ante un grupo de estudiantes. De todas maneras, antes de irme de all\u00ed, les dict\u00e9 al reducido grupo de profesores una charla m\u00ednima sobre cuestiones filos\u00f3ficas acorde con el tiempo en que viv\u00edamos, con un estilo propio que me sali\u00f3 del centro del esp\u00edritu y ni yo mismo sab\u00eda de d\u00f3nde hab\u00eda surgido. Les dej\u00e9 a todos anonadados y aquello fue como una compensaci\u00f3n acad\u00e9mica que mi propio esp\u00edritu hab\u00eda generado para estar en paz con los hombres, las mujeres, los ni\u00f1os, los animales y conmigo mismo, roci\u00e1ndolos a todos con buenas dosis de pensamiento libre, sin citar a un solo fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s volv\u00ed a casa con mi mujer, y muy pronto la dej\u00e9 embarazada, nuestro hijo se llama Dante, en honor al Alighieri. Es un bonito chico, parecido a ella.<\/p>\n<p>Me puse a trabajar de nuevo la carpinter\u00eda para fabricar los muebles de un peque\u00f1o restaurante que establecimos para hacer comida italiana en esta peque\u00f1a ciudad. Dur\u00e9 a\u00f1o y medio perfeccionando el dise\u00f1o de las diez mesas de madera con sus respectivas sillas, que hicimos entre mis hermanos y yo, en un peque\u00f1o taller de carpinter\u00eda de la casa. La verdad, es una hermosa profesi\u00f3n, la mejor de todas, creo, despu\u00e9s de cocinar salsas, ensaladas, carnes, pastas y postres, todo esto es grandioso, ver a la gente comiendo, riendo felices y disfrutando de la vida.<\/p>\n<p>Leer libros y reflexionar en serio tambi\u00e9n, a veces, pero cuidando de que las ideas no vayan un d\u00eda a devorarte.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gabriel-jimenez-eman\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n Lleg\u00f3 un momento en mi profesi\u00f3n de carpintero en que ya casi nadie solicitaba mis servicios; oficio que hab\u00eda heredado de mi padre y del cual viv\u00ed por largos a\u00f1os. 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