{"id":4251,"date":"2022-04-22T00:12:57","date_gmt":"2022-04-22T00:12:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4251"},"modified":"2023-11-24T18:31:39","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:39","slug":"dos-cuentos-de-julio-garmendia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-julio-garmendia\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Julio Garmendia"},"content":{"rendered":"<header>\n<div class=\"text-center\">\n<h3>El alma<\/h3>\n<\/div>\n<\/header>\n<p>I<\/p>\n<div class=\"text-justify\">\n<p>\u00bfQu\u00e9 viene a buscar el Diablo en mi aposento? \u00bfY por qu\u00e9 se toma la molestia de tentarme? Me permito creer que es cuando menos una redundancia y una inconcebible falta de econom\u00eda en la distribuci\u00f3n de tentaciones entre los hombres, el hecho de que se me acerque Sat\u00e1n con el objetivo de rendirme a su poder. Nunca requer\u00ed su presencia para caer en el pecado. En cambio, seguramente viven a estas mismas horas personas suficientemente virtuosas para que pueda el Maligno ocuparse con fruto en inducirlas a pecar. Existen sin duda muchas gentes honradas que muy bien pudieran ser digna ocupaci\u00f3n del Diablo\u2026<\/p>\n<p>En estas reflexiones me hab\u00eda engolfado, viendo c\u00f3mo rondaba el Maligno alrededor de mi aposento. No se atrev\u00eda a penetrar todav\u00eda, pero acerc\u00e1base a la ventana y enviaba hacia adentro miradas llenas de ternura e inter\u00e9s. Sat\u00e1n, no cab\u00eda duda, proced\u00eda conmigo a la manera que con una doncella a quien tem\u00eda asustar y correr para siempre si le hac\u00eda violentamente sus proposiciones. Quise, pues, adelant\u00e1rmele, fui a llamarle y le hice entrar. Comprendi\u00f3 al punto la verdadera situaci\u00f3n en que se hallaba y tom\u00f3 asiento a mi lado sin inmutarse en lo m\u00ednimo.<\/p>\n<p>\u2013Caballero \u2013me dijo\u2013: aspiro a compraros vuestra alma.<\/p>\n<p>No pod\u00eda sorprenderme su propuesta, porque bien sab\u00eda yo que \u00e9l se ocupaba desde tiempo atr\u00e1s en esta clase de transacciones.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Ah, caballero, \u2013le dije\u2013 con cu\u00e1nto gusto acceder\u00eda a vuestra demanda! Pero, decidme, \u00bfacaso est\u00e1is seguro de que tengo alma?<\/p>\n<p>\u2013No, por cierto \u2013me respondi\u00f3\u2013, y antes de cerrar el pacto tendr\u00edamos que averiguarlo a punto fijo. Tr\u00e1tase de una compraventa y cualquier abogado, aunque no sea de los m\u00e1s notables, os dir\u00e1 que para que una cosa pueda venderse o comprarse, es preciso que exista. Averiguaremos si llev\u00e1is alma en vuestro cuerpo (porque hay muchos que no la tienen) y, en caso afirmativo, no tem\u00e1is vend\u00e9rmela en seguida.<\/p>\n<p>\u2013Tampoco temer\u00eda vend\u00e9rosla si no la tuviera. Y lo har\u00eda sin sombra de escr\u00fapulo, porque, no poseyendo alma perdurable, \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda castigarme en otra vida por una mala acci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2013Caballero \u2013repuso el Maligno\u2013: formalicemos nuestro negocio. O\u00edd: viviremos ambos como amigos y camaradas inseparables durante cierto tiempo, y, mientras tanto, os observar\u00e9 cuidadosamente para ver si descubro en vos indicios de un alma libre y soberana.<\/p>\n<p>Le estrech\u00e9 la mano con efusi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2013Si quer\u00e9is \u2013le dije\u2013 desde luego podemos empezar nuestras correr\u00edas y ver si nos presenta el azar circunstancias extraordinarias y trances excepcionales en los cuales haya ocasi\u00f3n de darse a conocer un alma verdaderamente inmortal.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPodr\u00edas decirme, amigo Sat\u00e1n, si hab\u00e9is descubierto un alma dentro de m\u00ed? Si la hab\u00e9is hallado, dec\u00eddmelo en seguida para que juntos determinemos su valor; y si cre\u00e9is que no poseo ninguna, no tem\u00e1is dec\u00eddmelo francamente, porque no me ocasionar\u00e9is con ello ning\u00fan disgusto ni mucho menos me creer\u00e9 ofendido porque me dig\u00e1is desalmado, al contrario, el no poseer alma ninguna me librar\u00e1 de infinitas preocupaciones y responsabilidades molestas. Nuestro cuerpo es inofensivo y no pretende pasar de la tumba. Pero el alma nos expone a mil peligros e incertidumbres. Por lo pronto, la sola probabilidad de tenerla me hace ya andar en vuestra compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u2013Amigo m\u00edo \u2013me contest\u00f3 Sat\u00e1n, poni\u00e9ndome amistosamente la mano sobre el hombro\u2013: me veo en la obligaci\u00f3n de manifestaros, despu\u00e9s de tantos ensayos y experimentos infructuosos, que a\u00fan no he podido averiguar con certeza si pose\u00e9is en vuestro cuerpo esa esencia inmortal. La averiguaci\u00f3n del alma es asunto dif\u00edcil y solo dispongo de un medio que permita esclarecerlo en seguida. Es el siguiente, que os propongo como el mejor y m\u00e1s expedito, y de cuyos inequ\u00edvocos resultados estoy seguro: os dar\u00e9 muerte (el g\u00e9nero de muerte que quer\u00e1is escoger) y pasado brev\u00edsimo tiempo os har\u00e9 revivir mediante mi poder sat\u00e1nico y volver\u00e9is a ser id\u00e9nticamente el mismo. El procedimiento, como pod\u00e9is apreciarlo, es muy sencillo: durante el tiempo que permanezc\u00e1is muerto, si ten\u00e9is alma, esta se expandir\u00e1 en infinitas perspectivas extraterrenas y visiones celestes e infernales, de las cuales os acordar\u00e9is perfectamente despu\u00e9s mediante una f\u00f3rmula m\u00e1gica que yo tendr\u00e9 cuidado de pronunciar al volveros a la vida. Si, por el contrario, carec\u00e9is de alma perdurable despu\u00e9s de la muerte, esta se reducir\u00e1 para vos a un sue\u00f1o denso del que no conservar\u00e9is memoria. En cuanto a los medios m\u00e1s adecuados para daros muerte, opino que es preferible la c\u00f3moda estrangulaci\u00f3n, procedimiento que no requiere instrumento ni aparato alguno.<\/p>\n<p>Acept\u00e9 el ingenioso expediente imaginado por Sat\u00e1n, quien me estrangul\u00f3 de manera afectuosa, en medio de la amistad m\u00e1s cordial y el compa\u00f1erismo m\u00e1s estrecho, una noche del mes de enero, en el rinc\u00f3n de una plaza p\u00fablica, a la saz\u00f3n desierta bajo la luna clara y redonda. Recuerdo con exactitud minuciosa el sitio del crimen. A pocos pasos dormitaba un guardia envuelto en su gran capucha negra, y tuve el placer de dejarme estrangular a la vista de un guardia p\u00fablico, sin rebajarme a pedirle socorro.<\/p>\n<p>\u2013Os recomiendo encarecidamente mi cad\u00e1ver. Miradlo con ojos paternales y cuidad de que no se estropee el rostro, pues ya lo fue bastante por la imp\u00eda Naturaleza, con grave atropello de la perfecci\u00f3n f\u00edsica.<\/p>\n<p>Tales fueron mis \u00faltimas voluntades. Al extinguirme a manos de Sat\u00e1n, mi mirada recay\u00f3 al azar en el claro disco de la luna, donde qued\u00f3 fija hasta que perd\u00ed el conocimiento.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>\u2013Espero ansioso vuestro relato de ultratumba\u2013 fueron las primeras palabras que o\u00ed de Sat\u00e1n al volver de aquel sue\u00f1o en el que nada me hab\u00eda sido dado contemplar ni sentir: seguramente por haber muerto con la mirada fija en la luna llena, mi permanencia en el reino ultramundano se redujo de manera lastimosa a ver una infinidad de globos que no expresaban ning\u00fan ingenio ni mucho menos pod\u00edan ser indicios por donde se coligiera la presencia de un esp\u00edritu soberano.<\/p>\n<p>\u2013No cabe duda \u2013razonaba yo en tan cr\u00edticos instantes\u2013 que ha sido este un fallecimiento est\u00fapido, propio m\u00e1s bien de alguien que hubiera muerto de fiebre delirando con globos de colores. \u00a1Ah, no! Sat\u00e1n no se desternillar\u00e1 de risa oy\u00e9ndome contar semejantes sandeces, indignas y groseras manifestaciones del esp\u00edritu inmortal que indudablemente me anima. Porque ahora, despu\u00e9s de este importante experimento y de tantos otros en que he dilapidado el tiempo y arriesgado la existencia, soy de opini\u00f3n que no debo permanecer indiferente a los resultados, sino antes bien hacerme pasar como poseedor de un alma precios\u00edsima, para resarcirme de este modo, con lo que Sat\u00e1n me entregue en cambio de ella, de las p\u00e9rdidas cuantiosas que debo estar sufriendo en mis negocios durante el largo tiempo que llevo desatendi\u00e9ndolos por andar con el Maligno en la averiguaci\u00f3n de mi alma. Tanto m\u00e1s cuanto que muy bien pudiera ser que el propio Sat\u00e1n me haya adormecido fraudulentamente el esp\u00edritu perdurable, a fin de persuadirme de mi inferioridad y decidirme a venderle a precio vil un alma poco significativa.<\/p>\n<p>Pero ya no era posible coordinar nada, y la voz del Maligno me apremiaba a contarle el resultado.<\/p>\n<p>Resolv\u00edme, pues, a abrir los ojos.<\/p>\n<p>\u2013Quisiera tener alg\u00fan tiempo para coordinar mis ideas y mis recuerdos \u00a1oh Sat\u00e1n! \u2013le dije\u2013 porque he visto cosas inveros\u00edmiles que no me atrevo a narrar en un lenguaje improvisado e inelocuente. Os prometer\u00eda componer en breve una interesante memoria, que someter\u00eda a vuestro criterio y en la cual os narrar\u00eda hasta los \u00edntimos pormenores. Pero como seguramente est\u00e1is ya harto de este asunto, que os ha retenido bastante tiempo y que para vos debe carecer de novedad, os dir\u00e9 a grandes rasgos lo sucedido. Apenas muerto, pude ver astros que se alineaban en dos filas, como una soberbia iluminaci\u00f3n para el paso de alguna gran Potestad. A poco me sent\u00ed impulsado por una fuerza desconocida y (cosa a que jam\u00e1s me hubiese atrevido sin la intervenci\u00f3n de un poder ajeno a mi voluntad) recorr\u00ed de manera lenta y ceremoniosa aquella galer\u00eda astral y aun tuve calma para observar que, detr\u00e1s de m\u00ed, las luminarias \u00edbanse apagando sucesivamente a mi paso. Al final de la galer\u00eda se abri\u00f3 de pronto una puerta de oro macizo que arroj\u00f3 hacia fuera una gran bocanada de luz a\u00fan m\u00e1s intensa. Por aquella preciosa puerta apareci\u00f3 un pont\u00edfice (as\u00ed por lo menos lo supongo en mi ignorancia) que avanz\u00f3 dos pasos hasta encontrarse conmigo. Tom\u00e1ndome de la mano, me condujo a la puerta y me mostr\u00f3 algo que seguramente deb\u00eda ser admirable, pero que yo no pude ver a causa de la luz excesiva que reinaba en el recinto. Luego me atrajo suavemente e imponi\u00e9ndome ambas manos sobre la cabeza se dispon\u00eda a consagrarme sabe Dios de qu\u00e9 cosa; pero en aquel instante record\u00e9 bruscamente que no deb\u00eda permitirme que se me consagrara en lo m\u00ednimo, en vista de nuestro pacto sat\u00e1nico. A la vez record\u00e9 en el propio instante que os hab\u00eda dejado en situaci\u00f3n dif\u00edcil, con un cad\u00e1ver a pocos pasos de un guardia p\u00fablico, y que si este despertaba de pronto, para poneros en salvo os ver\u00edais en el caso de abandonar mi cad\u00e1ver, el cual ser\u00eda desdorosamente conducido a un hospital cualquiera. As\u00ed, pues, me dej\u00e9 caer violentamente al suelo y me escurr\u00ed por entre las faldas del gran sacerdote, en momentos en que este ten\u00eda puestos los ojos en blanco por hallarse en \u00e9xtasis para atraer con su fervor la divina bendici\u00f3n sobre mi cabeza. El paso por debajo de aquel gran sacerdote fue largo y penoso, y solo puedo deciros que durante el trayecto nada me indujo a recordar la ambros\u00eda. En carrera fant\u00e1stica llegu\u00e9 hasta aqu\u00ed y penetr\u00e9 r\u00e1pidamente en mi cuerpo, cuya boca, dicho sea sin intenci\u00f3n de reproch\u00e1roslo, os hab\u00edais olvidado de cerrar convenientemente.<\/p>\n<p>Me incorpor\u00e9 sin dificultad y prosegu\u00ed de este modo:<\/p>\n<p>\u2013Debo ahora manifestaros, \u00a1oh Sat\u00e1n!, la gratitud imperecedera que os guardo por haberme puesto en circunstancias apropiadas para comprobar patentemente que me hallo en posesi\u00f3n de un alma inmortal. Gustoso comparto ahora con los creyentes la desde\u00f1osa l\u00e1stima que les inspiran los materialistas y los imp\u00edos, que nunca gozaron el soberano orgullo de saberse due\u00f1os de un esp\u00edritu perdurable. Puedo regocijarme, adem\u00e1s, de saber que esta alma no es en modo alguno un alma adocenada y de poca monta, sino antes bien un esp\u00edritu que goza de especial estimaci\u00f3n en el reino ultraterreno y que, por consiguiente, es verdaderamente inapreciable. Me sentir\u00eda, pues, singularmente rebajado si consintiera en vend\u00e9rosla por una suma cualquiera.<\/p>\n<p>Sat\u00e1n me hizo notar que yo estaba comprometido formalmente a venderle el alma que tuviera.<\/p>\n<p>\u2013Considerad \u2013me dijo\u2013 que un hombre de esp\u00edritu tan elevado como es el vuestro, seg\u00fan dec\u00eds, no puede faltar a la palabra empe\u00f1ada.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Cu\u00e1n cierto es eso! \u2013le dije\u2013, \u00a1oh, Sat\u00e1n! Pero yo no he pensado en quebrantar la palabra empe\u00f1ada. Si reh\u00faso cederos mi alma por dinero, es porque, siendo tan digna y preciosa, la considero invalorable. Pero no tengo ning\u00fan inconveniente en cambi\u00e1rosla por algo que sea igualmente sin precio. Os ceder\u00e9, pues, si me dais en cambio el don de mentir sin pesta\u00f1ear. Privado en adelante de toda alma y habiendo perdido ya de antemano el cielo, puede ser, sin embargo, que este peque\u00f1o don que os pido me sirva para hacerme con el tiempo de otra alma y otro cielo.<\/p>\n<p>Sat\u00e1n se regocij\u00f3 en extremo con esta noticia y me manifest\u00f3 que, como se\u00f1alada prueba de confianza y amistad, me hab\u00eda ya concedido de antemano el don que le ped\u00eda\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed que no tuvimos nada m\u00e1s que tratar y continuamos nuestro paseo de aquella noche bajo la luna que iluminaba como una gran l\u00e1mpara el jard\u00edn. Habl\u00e1bamos de cosas indiferentes. Cuando pasamos junto al guardia, que segu\u00eda durmiendo profundamente, le dec\u00eda yo a Sat\u00e1n estas palabras:<\/p>\n<p>\u2013Lamento no haber tra\u00eddo de mi celeste correr\u00eda, como se acostumbra despu\u00e9s de un viaje, alg\u00fan peque\u00f1o recuerdo o reliquia. Por ejemplo, varios pedazos de oro arrancados de aquella preciosa puerta. A mi regreso, parientes y amigos se los hubieran disputado con fervoroso ardor, porque son sumamente cristianos, y todos de una gran piedad\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>El peque\u00f1o Nazareno<\/h3>\n<p>El mi\u00e9rcoles santo, el peque\u00f1o Nazareno de t\u00fanica morada y grueso cord\u00f3n blanco, a nudos, bien ce\u00f1ido alrededor de la cintura, sube \u2014o deber\u00eda subir\u2014 entre pap\u00e1 y mam\u00e1, por la calle que conduce a la iglesia del Nazareno. Pero no est\u00e1 dando pruebas, en absoluto, de aquella nazarena paciencia y resignaci\u00f3n correspondientes al personaje y a la indumentaria que le han sido asignados. Todo lo contrario, demuestra un verdadero humor de perros \u2014un humor como pocas veces se habr\u00e1 visto en un Nazareno en mi\u00e9rcoles santo\u2014; rezonga y lloriquea, y en vez de seguir a pap\u00e1 y mam\u00e1 d\u00f3cilmente, se hace halar, y otras veces empujar, por uno de ellos dos. Intentan ambos convencerlo, le ruegan, lo halagan, le prometen recompensas para luego, para un poco m\u00e1s tarde, cuando ya la visita al templo haya sido hecha, la devoci\u00f3n cumplida, y la promesa, pagada, de acuerdo con los t\u00e9rminos del devoto convenio celebrado entre ellos y el Nazareno de los milagros.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Nazareno, no cabe duda, es duro y terco; ning\u00fan ofrecimiento hace mella en su actitud \u2014que es de franco sabotaje\u2014; nada ni nadie lo obliga a ir m\u00e1s ligero ni a dejar una cara menos agria. Cuando un helado de guan\u00e1bana le es gentilmente ofrecido (esto \u00faltimo en patente contradicci\u00f3n con todas las tradiciones respecto al trato a acordarse a nazarenos, las cuales no incluyen en absoluto helados de guan\u00e1bana, sino hiel en hisopos en perspectiva \u00fanicamente), cuando el helado, pues, le fue ofrecido, el peque\u00f1o Nazareno lo arroj\u00f3 al suelo, sin ceremonia ni compasi\u00f3n. Peor a\u00fan, sin apetito. Es entonces, en ese instante crucial, cuando pap\u00e1 le da la bofetada en la mejilla \u2014volviendo, ahora, de repente, a la observancia de las viejas pr\u00e1cticas que repiten la manera de proceder con nazarenos y redentores. En atenci\u00f3n a lo sucedido, a la correcci\u00f3n, hubiera podido creerse que el peque\u00f1o Nazareno se hubiera finalmente resignado a representar bien su papel y a convertirse en viva imagen del gran Nazareno a cuya iglesia era llevado por pap\u00e1 y mam\u00e1. \u00a1Pero nada de eso! Se puso furioso \u2014a\u00fan m\u00e1s que antes\u2014; se desencaden\u00f3, materialmente, chillando y pataleando, y haci\u00e9ndose llevar a rastras de ah\u00ed en adelante.<\/p>\n<p>Perdiendo el \u00faltimo resto de su santa calma, y alz\u00e1ndose la t\u00fanica en plena calle concurrida, mam\u00e1 le da unos cuantos cordonazos, \u00aba posteriori\u00bb, si puede decirse as\u00ed, con el mism\u00edsimo cord\u00f3n de color blanco y de gruesos nudos que le estrecha la cintura, la delgada cintura, al peque\u00f1o diablo ind\u00f3cil.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Nazareno, pues, para este instante \u2014para esa \u00abestaci\u00f3n\u00bb, diremos m\u00edstica, de su ruta\u2014, ha sido ya debidamente halado, empujado, golpeado, abofeteado y azotado. Est\u00e1, adem\u00e1s, ba\u00f1ado en l\u00e1grimas, y su larga t\u00fanica violeta de vistosos pliegues aparec\u00eda toda ella, tambi\u00e9n maculada por salpicaduras, no de sangre, pero s\u00ed de guan\u00e1bana \u2014provenientes del helado que fue lanzado por \u00e9l mismo contra el cemento de la acera, contribuyendo as\u00ed a su propio castigo y sufrimiento. Sin nadie propon\u00e9rselo, se daba entero cumplimiento a todo, o a casi todo, el ritual correspondiente a nazarenos, grandes o peque\u00f1os, forzosos o espont\u00e1neos, antiguos o modernos. El peque\u00f1o Nazareno segu\u00eda gritando. Una nutrida concurrencia presenciaba el espect\u00e1culo. Si no fuera por la decadencia de la fe en los d\u00edas que corren \u2014de la fe en Dios y de la fe en el Diablo\u2014, es casi seguro que lo hubieran acusado, all\u00ed mismo, de endemoniado agudo. Lo hubieran exorcizado, o hasta lo hubiesen quemado, \u00a1qui\u00e9n sabe! Todos los otros nazarenos que hab\u00eda por la calle lo contemplaban con ojos de asombro.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El alma I \u00bfQu\u00e9 viene a buscar el Diablo en mi aposento? \u00bfY por qu\u00e9 se toma la molestia de tentarme? 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