{"id":4221,"date":"2022-04-18T23:14:27","date_gmt":"2022-04-18T23:14:27","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4221"},"modified":"2023-11-24T18:31:39","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:39","slug":"venganza-literaria-autoritarismo-y-corrupcion-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/venganza-literaria-autoritarismo-y-corrupcion-politica\/","title":{"rendered":"Venganza literaria, autoritarismo y corrupci\u00f3n pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<h4>(\u00abPol\u00edtica feminista o el doctor Beb\u00e9\u00bb, 1913)<\/h4>\n<h4 style=\"text-align: right;\">Luis Barrera Linares<\/h4>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Suponemos que nunca imagin\u00f3 Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (1889-1955, en adelante JRP) que su primera novela \u2014publicada inicialmente como Pol\u00edtica feminista (Caracas, 1913) y posteriormente intitulada El doctor Beb\u00e9 (Madrid, 1918)\u2014 podr\u00eda ser le\u00edda en l\u00ednea, a trav\u00e9s del archivo digital de la biblioteca de una instituci\u00f3n acad\u00e9mica del pa\u00eds en el que tuvo que residir durante diecisiete a\u00f1os de su accidentada trayectoria vital y en el que, aparte de otros oficios, ejerci\u00f3 como profesor de espa\u00f1ol. La Universidad de Toronto conserva una copia digitalizada de dicha novela, correspondiente a la versi\u00f3n madrile\u00f1a de la editorial Am\u00e9rica. As\u00ed son los destinos de la literatura: inciertos, impredecibles, enigm\u00e1ticos y misteriosos. Este tipo de acontecimientos imprevistos, pocas veces presagiados por los autores, hacen que las obras imperecederas permanezcan para la memoria de muchas generaciones. M\u00e1s all\u00e1 de constituir la primera obra narrativa del autor, El doctor Beb\u00e9 se insert\u00f3 en la literatura latinoamericana, sin que hasta ahora haya merecido la debida atenci\u00f3n de parte de quienes estudian la narrativa venezolana del siglo XX.<\/p>\n<p>De JRP y de la novela referida trata este ensayo. Debido a que deseamos relacionar parte de su propia experiencia con la trama de la novela, inicialmente, aludiremos a su particular vida como trashumante incansable, motivado casi siempre por razones pol\u00edticas. Seguidamente, nos aproximaremos a la concepci\u00f3n de la novela y su desarrollo argumental y organizacional. Luego, resaltaremos algunos otros t\u00f3picos referentes a lo sociopol\u00edtico, para cerrar con la relaci\u00f3n persona-personaje y las conclusiones. El objetivo final es mostrar que, mediante la autoficci\u00f3n, el escritor se enmascara con el autor impl\u00edcito, a fin de desentra\u00f1ar las distintas aristas de un r\u00e9gimen dictatorial, corrompido y en decadencia.<\/p>\n<p><strong>Un novelista con vida de personaje trashumante<\/strong><\/p>\n<p>JRP naci\u00f3 y muri\u00f3 un d\u00eda 18 (diciembre\/abril), en Valencia, estado Carabobo, Venezuela. Iba y ven\u00eda. Sal\u00eda del pa\u00eds voluntariamente o forzado por los gobiernos a los que adversaba. Regresaba. Un d\u00eda era prisionero pol\u00edtico; otro, diplom\u00e1tico. Naci\u00f3 en el a\u00f1o 1889. Hu\u00e9rfano de padre desde muy temprano (1890), deber\u00e1 ejercer m\u00faltiples oficios. Quiz\u00e1s por ese motivo, apenas logr\u00f3 culminar la educaci\u00f3n primaria. Su actividad period\u00edstica comienza en 1907, en Ca\u00edn, peri\u00f3dico opositor del r\u00e9gimen de Cipriano Castro (1899-1908). Lo que implica que se inicie tambi\u00e9n su calvario como prisionero pol\u00edtico, en el castillo Libertador, de la ciudad de Puerto Cabello, ubicada en el centro-norte de su pa\u00eds. En 1908, la ca\u00edda de Castro lo pone fuera del calabozo y pasa a ocupar diversos cargos p\u00fablicos en el estado Zulia, en Carabobo, en Caracas, hasta que, en 1918, sus colaboraciones con la revista Pitorreos (fundada por el humorista Francisco Pimentel, alias Job Pim, mayo, 1918 \u2013 enero, 1919) lo conducen de nuevo a la sombra, tras ser censurada y suspendida la revista por la dictadura gomecista. Una vez liberado, en 1922, su cr\u00edtica period\u00edstica mordaz lo obliga a dejar Venezuela. Se marcha primero a Estados Unidos y luego a Canad\u00e1.<\/p>\n<p>En el extranjero ejerci\u00f3 como vendedor de seguros en 1926, y profesor de espa\u00f1ol en 1928; particip\u00f3 en el fallido asalto del Falke en 1929<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Estar\u00e1 de nuevo en Venezuela al caer Juan Vicente G\u00f3mez, para marcharse otra vez, ahora en condici\u00f3n de agente comercial. Regresa y se desempe\u00f1a como parlamentario, ministro de Trabajo y presidente del estado Carabobo. Sale una vez m\u00e1s del pa\u00eds como ministro plenipotenciario y, despu\u00e9s, embajador. EL 8 de octubre de 1945 ser\u00e1 recibido como el primer diplom\u00e1tico venezolano en la antigua U.R.S.S., designado por el presidente Isa\u00edas Medina Angarita, quien, habiendo sido electo para el lapso 1941-1946, es derrocado pocos d\u00edas despu\u00e9s por un golpe de Estado del ej\u00e9rcito. JRP renuncia a su cargo. Vuelta a la patria en 1948 para ser designado embajador en Brasil, posici\u00f3n que ejercer\u00e1 hasta otro derrocamiento, el de R\u00f3mulo Gallegos (noviembre de 1948). Nuevamente es designado embajador, ahora en Washington, pero, motivado por el asesinato en Caracas del general Carlos Delgado Chalbaud (13\/11\/1950), renuncia al poco tiempo y retorna a Canad\u00e1. Vuelve a Venezuela en 1954; le hacen un homenaje. En 1955 regresa a Canad\u00e1. Volver\u00e1 ese mismo a\u00f1o a su pa\u00eds, solo que para ser sepultado en su ciudad natal.<\/p>\n<p>Como se ha visto, su vida fue un aut\u00e9ntico subibaja, un recorrido propio de un personaje de novela, movido recurrentemente por el pensamiento antidictatorial, el antigolpismo y la vocaci\u00f3n democr\u00e1tica. Tal vez por esto, su inter\u00e9s literario se alej\u00f3 muy poco de lo personal, al tiempo que se concentr\u00f3 en la microhistoria del pa\u00eds para, a trav\u00e9s de ella, desarrollar una propuesta est\u00e9tica. As\u00ed lo expresa abiertamente en el preludio de la novela que analizaremos en este ensayo:<\/p>\n<p><em>[&#8230;] la desnudez, la flacura casi de estas vidas que corren por las p\u00e1ginas de la novela, sencillamente, como el agua de las calles por sus ca\u00f1er\u00edas; y no muri\u00e9ndose nadie de amor en ella \u2014ni hay m\u00e1rtires de melodrama ni perversos de follet\u00edn\u2014, me asalta el temor de que el jovencito intelectual, la se\u00f1orita rom\u00e1ntica, el cr\u00edtico hacedor de frases, envenenados por ese literaturismo agudo de prosas \u00abpreciosas\u00bb y juegos malabares de palabras, no gocen el solaz de la risa un poco triste, un poco alegre, pero siempre sincera que junta en <u>un romance desali\u00f1ado y usual algunas vidas venezolanas: gentes observadas en la calle, en la esquina, en la iglesia, en su vivir \u00edntimo<\/u>&#8230; (Pol\u00edtica feminista\u2026, p. 29; subrayado a\u00f1adido).<\/em><\/p>\n<p>Escribi\u00f3 casi siempre ajustado a su programa. Eso lo ha convertido en uno de los novelistas venezolanos que merece un lugar especial en la diacron\u00eda de la narrativa nacional. No solo debido a que, por ir a contracorriente, su est\u00e9tica sobresale notoriamente en el ambiente de principios del siglo XX, sino tambi\u00e9n porque, adem\u00e1s, la propuesta literaria de su primera novela qued\u00f3 mucho m\u00e1s que ratificada en la obra posterior, incluida su cuent\u00edstica. Pol\u00edticamente, JRP convirti\u00f3 la literatura en un mecanismo recurrente de protesta contra el autoritarismo. En tal sentido su estrategia ret\u00f3rica m\u00e1s notable ser\u00eda la autoficci\u00f3n, aunque entendida esta de una manera muy particular. A falta de mejor expresi\u00f3n, aqu\u00ed la denominaremos <em>venganza literaria<\/em>.<\/p>\n<p><strong>La venganza literaria como recurso de la autoficci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Sin querer decir que sea el \u00fanico, mediante la parodia, JRP ejerci\u00f3 de \u00abvengador\u00bb antidictatorial a trav\u00e9s de la narrativa. Lo demuestra casi toda su obra de ficci\u00f3n y lo ratifica el desarrollo de sus <em>Memorias de un venezolano de la decadencia <\/em>(1927), que no es, al menos en su apariencia y prop\u00f3sito, un libro ficcional, pero en el que s\u00ed se aprecian el entorno sociopol\u00edtico y muchos de los personeros p\u00fablicos o estereotipos sociales que ya hab\u00edan sido caricaturizados en sus novelas y cuentos<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. Aunque no sea as\u00ed para el lector profesional, sabemos que quien se acerca a la literatura con la finalidad de recrearse busca, por lo general, alguna referencia de \u00absu\u00bb realidad (o la de otros) con la cual asociar los contenidos del texto. Si no ha sido suficientemente alertado, no es extra\u00f1o que quien lee intente asimilar, por ejemplo, la voz textual del narrador con la persona que ha escrito el libro (Lejeune, p. 50), sin dejar de lado que, finalmente, con el paso del tiempo, el autor emp\u00edrico se esfuma y termina convirti\u00e9ndose en un sujeto abstracto que solo representa una cultura (Casas, p. 2)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. Tampoco es extra\u00f1o que busque asociar a ciertos personajes con seres reales a quienes conoce o de quienes ha tenido noticia (Reisz, p. 77). No faltan quienes asuman que, a partir de una consideraci\u00f3n general de la autoficci\u00f3n, todo texto literario podr\u00eda ser autobiogr\u00e1fico o autoficcional (Alberca, p. 7), independientemente de que incluso, a veces, sea el mismo autor o autora quien se resiste a aceptar dicha posibilidad (Bettina Pacheco Oropeza, p. 119)<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. A veces no les falta raz\u00f3n, solo que la autobiograf\u00eda podr\u00eda distanciarse de alg\u00fan modo de quien la ha escrito<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p>Sacando provecho a esa creencia, hay quienes se dedican a utilizar la escritura literaria (sea cual sea su g\u00e9nero) no solo para liberarse de sus traumas y demonios (Raymon Williams, p. 16), sino tambi\u00e9n como recurso para expresar desavenencias, saldar discordias, aclarar posiciones ideol\u00f3gicas, exponer puntos de vista o, simplemente, ajustar cuentas (consciente o inconscientemente) en contra o a favor de personas, procesos o contextos. En cuanto a personas, toman como referencias algunas de sus caracter\u00edsticas; las sacan del universo f\u00edsico, las aderezan con otros rasgos (que pueden ser tambi\u00e9n de otros u otras), a veces las disfrazan y, mediante la parodia, la iron\u00eda, el sarcasmo u otros recursos ret\u00f3ricos, las convierten en personajes y las ponen a convivir en esos peque\u00f1os mundos de papel (o, ahora, de electrones) que son las obras literarias.<\/p>\n<p>En este trabajo se asume la autoficci\u00f3n desde esa perspectiva general, incluso en casos en que no sea posible asimilar alg\u00fan personaje con el autor concreto. Surgir\u00eda desde el momento en que se d\u00e9 la posibilidad de \u201c[\u2026] abrir dudas en el lector por parte de un escritor po\u00e9ticamente interesado en hacer caer las barreras entre discurso hist\u00f3rico y ficticio\u201d (Alicia Molero de la Iglesia, p\u00e1rr. 7). La relaci\u00f3n identitaria se dar\u00eda entre quien ha escrito el texto y el <em>ente de papel <\/em>(Carmen Bustillo, p. 23) que relata la historia metadieg\u00e9ticamente. Es testigo, pero parece no hacerse presente en la trama; se oculta, aunque puede intuirse su \u201cpresencia\u201d a trav\u00e9s de las evaluaciones que hace sobre las conductas de los personajes y la valoraci\u00f3n de los espacios y del tiempo en que transcurre la trama.<\/p>\n<p>Como hablamos de <em>venganza, <\/em>debe quedar claro que, al menos para esta aproximaci\u00f3n, la noci\u00f3n no siempre tiene significado negativo. Adquiere m\u00e1s bien una acepci\u00f3n muy amplia \u2015como se la usa, por ejemplo, en Claudio Magris y Mario Vargas Llosa (p. 19)<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>\u2014, en cuanto recurso que parte de una realidad cercana a quien escribe, ingresa en la ficci\u00f3n y, finalmente, hace dif\u00edcil diferenciar una de otra. En suma, la utilizaremos como variante de la autoficci\u00f3n, focalizada en la parodia y la iron\u00eda como recursos est\u00e9ticos, sin llegar necesariamente a la <em>metalexis discursiva<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\"><strong>[7]<\/strong><\/a><\/em> (Alberca, p. 8).<\/p>\n<p>As\u00ed, por mucha ficci\u00f3n y\/o fantas\u00eda que contenga un texto literario, siempre ha partido de la realidad y, expresa o t\u00e1citamente, sea consciente o no, podr\u00eda contener un mayor o menor grado de cercan\u00eda con la vida del escritor, pero este puede asumir, incluso, roles que en muchos casos no se relacionan con su personalidad p\u00fablica: \u00abEn la literatura, el escritor no tiene por qu\u00e9 aguantar el fastidioso aburrimiento de una sola vida y una \u00fanica personalidad. Ostenta el privilegio de poder clonar tantos dobles y disfrutar de tantas vidas como le plazca, sin arrostrar las molestias o perturbaciones\u00bb (Alberca, citado en Pacheco Oropeza, p. 124).<\/p>\n<p>Quien escribe puede modificar, parcial o totalmente sus vivencias, puede convertirlas en supuesta \u00abfantas\u00eda pura\u00bb, en ciencia-ficci\u00f3n, en parodia, mas siempre por detr\u00e1s estar\u00e1 la inevitable experiencia que le ha servido de punto de partida. No obstante, tampoco implica eso que determinados textos literarios constituyan \u00abespejos\u00bb fidedignos de aquello que les ha servido de referencia. A fin de cuentas, la palabra m\u00e1s cotidiana constituye una met\u00e1fora del referente que le ha dado origen. Esto se acent\u00faa mucho m\u00e1s cuando se trata de la literatura. Aqu\u00ed cabr\u00eda perfectamente aquella observaci\u00f3n que alguna vez hizo Umberto Eco sobre la falacia referencial: \u00ab&#8230; el referente puede ser el objeto nombrado o designado por una expresi\u00f3n, cuando se usa el lenguaje para mencionar estados del mundo, hay que suponer&#8230; que, en principio, una expresi\u00f3n no designa un objeto, sino que transmite un contenido cultural\u00bb (p. 121).<\/p>\n<p>Esto permite inferir que ni siquiera eso que, por comodidad metodol\u00f3gica, se denomina \u201crealismo\u201d (en novela, en cuento, en [auto]biograf\u00eda, en cine, en teatro, en la \u00f3pera o en cualquier otro g\u00e9nero narrativo) alcanza la posibilidad de la simple denotaci\u00f3n. Los contenidos de un texto pueden parecerse a lo que imaginamos como realidad, mas no son un retrato un\u00edvoco de ella; no podr\u00edan serlo, puesto que est\u00e1 de por medio el recurso que se ha utilizado para transformarla y convertirla en algo distinto, el lenguaje (Luis Barrera Linares, p. 49). Las palabras solo simbolizan. Y cuando se entra en el terreno de lo ficticio, se trata de una representaci\u00f3n mediada, adicionalmente, por las caracter\u00edsticas ret\u00f3ricas de lo literario, lo est\u00e9tico. Por eso es discutible la afirmaci\u00f3n de Mar\u00eda Josefina Tejera seg\u00fan la cual: \u201cPara Pocaterra <em>no es la literatura un modo simb\u00f3lico de expresarse <\/em>ni una fuente de evasi\u00f3n o de compensaci\u00f3n; por el contrario, se ci\u00f1e a los modelos reales, de suerte que <em>sus personajes, ambiente y lengua est\u00e1n tomados y reproducidos con fidelidad<\/em>. La fuente de su realismo fue una actitud vital: la literatura y la vida, lado a lado\u201d (p. 152; cursivas a\u00f1adidas). Aqu\u00ed la autora asume una noci\u00f3n algo simplista del realismo. Seg\u00fan hemos expresado, la realidad no puede <em>literalizarse <\/em>a trav\u00e9s de la escritura.<\/p>\n<p>Cuando JRP quiere distinguir su producci\u00f3n narrativa de lo supuestamente \u201cliterario\u201d, establece una frontera entre la escritura intimista o narcisista, la que el artista escribe para s\u00ed mismo, con escaso inter\u00e9s por los destinatarios (prosa \u201cpreciosa\u201d la llama sard\u00f3nicamente [<em>Pol\u00edtica feminista o el doctor Beb\u00e9<\/em>, p. 29]), y la que se traza como meta cierta funci\u00f3n social (preocupaci\u00f3n por plantear un di\u00e1logo con el receptor y que intenta llamar su atenci\u00f3n sobre algo; mostrarle, aunque sea indirectamente, un determinado asunto, para hacerlo consciente de su existencia). Con base en Giorgio Agamben, Julia Musitano aclara que el escritor que se vale de este recurso ofrece su visi\u00f3n como testigo, a diferencia del que asume el desarrollo de la narraci\u00f3n como testimonio (p. 112). Veamos entonces lo atingente a la novela que aqu\u00ed analizamos.<\/p>\n<p><strong>Estructura y desarrollo de <em>Pol\u00edtica feminista o el doctor Beb\u00e9<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>Pol\u00edtica feminista <\/em>se publica muy cercana a ese lapso hispanoamericano que \u00c1ngel Rama denomina de modernizaci\u00f3n literaria (1870-1910), caracterizado por el logro de autonom\u00eda o independencia art\u00edstica y con base en la formaci\u00f3n de un nuevo p\u00fablico para la literatura, esto a su vez sustentado en planes educativos y en la expansi\u00f3n y crecimiento de comunidades urbanas. Dicho autor resalta, adem\u00e1s, la formaci\u00f3n de unos destinatarios de la escritura formados a partir de la prensa (pp. 55-69). El caso no fue extra\u00f1o a Venezuela. Los peri\u00f3dicos abr\u00edan el camino hacia la literatura, no solo para los lectores, sino tambi\u00e9n para quienes la produc\u00edan. Dos revistas venezolanas de la \u00e9poca, emblem\u00e1ticas, <em>El Zulia Ilustrado <\/em>(1888-1891) y <em>El Cojo Ilustrado <\/em>(1992-1915), contienen evidencias de sobra para ratificar esto.<\/p>\n<p>Rama destaca como muy importante la relaci\u00f3n entre la escritura de creaci\u00f3n y la prensa, en cuanto canales interconectados. La \u00faltima sirve de fuente inicial para establecer nexos con los lectores<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>. De all\u00ed se da la transici\u00f3n hacia el cuento, la novela, el poemario y el ensayo, en formato de libro independiente. Adem\u00e1s, en el ambiente literario venezolano de principios del siglo XX, hay un mosaico de posibilidades literarias; no existe una sola y \u00fanica opci\u00f3n para relacionarse con quienes podr\u00edan tener inter\u00e9s en lecturas, m\u00e1s all\u00e1 de los peri\u00f3dicos.<\/p>\n<p>Dentro de ese contexto, el texto novelesco inici\u00e1tico de JRP comparte el espacio cultural con obras de Jos\u00e9 Ram\u00f3n Y\u00e9pez (<em>Anaida, <\/em>1872), Jos\u00e9 Mar\u00eda Manrique (<em>Los dos avaros, <\/em>1879), Eduardo Blanco (<em>Z\u00e1rate, <\/em>1882), Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez (<em>\u00cddolos rotos, <\/em>1901; <em>Sangre patricia, <\/em>1902), Rufino Blanco Fombona (<em>El hombre de hierro, <\/em>1907; <em>El hombre de oro, <\/em>1915).<\/p>\n<p>La naturaleza de las obras referidas es evidencia de que no era momento de una est\u00e9tica \u00fanica, sino de la convivencia de varias corrientes, a veces bastante lejanas. Baste con mencionar solo la diferente perspectiva ret\u00f3rica y estil\u00edstica entre JRP y D\u00edaz Rodr\u00edguez, como dos extremos entre los que oscilaba el resto<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. La obra de JRP resalta dentro de ese conjunto, no tanto porque fuera mejor o peor que aquellas con las que conviv\u00eda, sino por su condici\u00f3n autoficcional. Si comparamos algunos rasgos biogr\u00e1ficos del autor con hechos y personajes de la novela, podr\u00edamos darnos cuenta de esta aseveraci\u00f3n. Desde el t\u00edtulo y su alusi\u00f3n al personaje, resaltan en ella la intenci\u00f3n par\u00f3dica y la remisi\u00f3n simb\u00f3lica a la supuesta persona concreta que le diera vida (el doctor Samuel Eugenio Ni\u00f1o S\u00e1nchez).<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, ese supuesto r\u00f3tulo disyuntivo se reitera en 1956, cuando la editorial espa\u00f1ola EDIME pone a circular las <em>Obras selectas <\/em>del autor. Ser\u00e1 el mismo que adopte Monte \u00c1vila Editores (Caracas), al reeditarla de nuevo, en 1990, a prop\u00f3sito del centenario del nacimiento de JRP.<\/p>\n<p>Se publica por primera vez como <em>Pol\u00edtica feminista <\/em>(Caracas, editorial Cultura, 1913); aparece fechada entre 1911 y 1912, en Calabozo, estado Gu\u00e1rico. Esto implica que su autor la escribe mientras trabaja, primero, como secretario privado del presidente del estado (Roberto Vargas) y, luego, como tesorero general. Podr\u00eda parecer casual, pero ambas referencias laborales aparecer\u00e1n simbolizadas en la novela: un gobernante local y la manera como se administra el presupuesto oficial. Baste resaltar las veleidades \u00abpresupuest\u00edvoras\u00bb (<em>Pol\u00edtica feminista\u2026, <\/em>p. 49)<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a> del doctor Manuel Beb\u00e9 (el personaje) y la manera como de ello se benefician algunos de sus allegados: Pepito Salcedo Guti\u00e9rrez y la familia Belzares. Esto contradir\u00eda la asimilaci\u00f3n postulada por Juan Liscano, porque la simbolog\u00eda impl\u00edcita en el doctor Beb\u00e9 no tuvo su origen \u00fanico en la figura del funcionario gubernamental Samuel Eugenio Ni\u00f1o S\u00e1nchez.<\/p>\n<p>Ya lo hemos dicho antes: ejercida a conciencia, la venganza par\u00f3dico-literaria es dif\u00edcilmente retratista. Recoge su materia prima de varias fuentes, para materializarse est\u00e9ticamente en una sola instancia ficcional. Por eso, el resultado adquiere car\u00e1cter abstracto. Lo usual es que se sustente en varios referentes y que, en la ficci\u00f3n, no sea espec\u00edficamente ninguno de ellos. Es una venganza sana, si se quiere, que alude m\u00e1s a un colectivo que a individualidades espec\u00edficas. Con base en su experiencia de vida, el autor abstrae y crea estereotipos. No apunta a nadie en particular, pero, a trav\u00e9s de ella, muchas personas podr\u00edan verse en el espejo. Y en eso consiste el acierto de quien la ha escrito, aunque p\u00fablicamente lo niegue (Pacheco Oropeza, p. 119). Por ejemplo, en las p\u00e1ginas iniciales, preludio dedicado a Rafael Jim\u00e9nez Valero, aparece una aclaraci\u00f3n de Pocaterra que, aunque parece indicar lo contrario, ofrece un indicio de su car\u00e1cter autoficcional: \u201c\u2026si alguno se viera retratado en estas p\u00e1ginas, no lo considere oficiosidad del autor, quien no se ha propuesto retratar personas, sino fijar tipos\u201d (p. 30).<\/p>\n<p><strong>Entre un t\u00edtulo y otro: la trama<\/strong><\/p>\n<p>En 1913, Pocaterra se va de nuevo a Caracas, pero muy pronto regresa a su estado natal, a ocupar otro cargo p\u00fablico (recopilador de leyes de Carabobo). Poco durar\u00e1 all\u00ed, dado que Pedro Emilio Coll (1872-1947), a la saz\u00f3n ministro de Fomento del r\u00e9gimen del dictador G\u00f3mez, lo nombra intendente de tierras bald\u00edas del Zulia, estado donde, aparte de haber publicado otra de sus novelas emblem\u00e1ticas (<em>Vidas oscuras, <\/em>1916), ejercer\u00e1 diversos cargos p\u00fablicos, hasta 1919, cuando debe ingresar de nuevo a la c\u00e1rcel. No obstante, dos a\u00f1os antes, en una carta con fecha 12 de noviembre de 1917, manifestaba lo siguiente a Rufino Blanco Fombona, en su condici\u00f3n de editor asentado en Madrid: \u201cPor este correo despacho, certificado, un ejemplar de Pol\u00edtica Feminista <em>(que ahora se llama El Doctor Beb\u00e9) <\/em>y s\u00f3lo lamento no haber terminado mi \u00faltima novela Tierra del sol amada, que es \u00e9sta, la que usted tanto conoce\u201d (<em>El doctor Beb\u00e9, <\/em>p. 7; cursivas a\u00f1adidas)<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>. N\u00f3tese que para nada indica el autor que ahora se le asigne el doble t\u00edtulo.<\/p>\n<p>La editorial Am\u00e9rica respetar\u00e1 la sustituci\u00f3n de uno por otro, cuando, en 1918, aparezca publicada, de nuevo, como parte de la colecci\u00f3n Biblioteca Andr\u00e9s Bello (Fig. 2). Si \u00a0de parodia se trata, el t\u00edtulo sustitutivo dice mucho m\u00e1s y es m\u00e1s directo que el primero.<\/p>\n<p>Entre la primera y la segunda edici\u00f3n, n o podr\u00edamos tampoco hablar de modificaciones sustanciales de contenido que incidieran en el cambio de t\u00edtulo. Ni se agregaron ni se omitieron personajes. El escenario es id\u00e9ntico y la historia tambi\u00e9n. M\u00e1s all\u00e1 de m\u00ednimos e insignificantes cambios puntuales, la novela permaneci\u00f3 inalterada desde su edici\u00f3n pr\u00edncipe, constituida por trece cap\u00edtulos. Durante los siete primeros se va desarrollando la presentaci\u00f3n de los personajes y el marco en el que se desenvolver\u00e1n. En primer plano estar\u00edan Pepito Salcedo Guti\u00e9rrez y la dinast\u00eda de las Belzares (do\u00f1a Justina, orgullosa viuda de don Jos\u00e9 Antonio Belzares, Carmen Teresa, futura esposa de Pepito, Josefina, predestinada para el doctor Beb\u00e9, y Bella, solterona a sus treinta y siete a\u00f1os).<\/p>\n<p>A partir del segundo cap\u00edtulo, sobresale la presencia de Pepito Salcedo Guti\u00e9rrez. Comienza tambi\u00e9n la parodia contra la corrupci\u00f3n pol\u00edtica. Primero aparece dicho personaje como escribiente de la direcci\u00f3n de Estad\u00edstica; despu\u00e9s, por obra de su adulancia e incondicionalidad hacia el doctor Beb\u00e9, ascender\u00e1 a flamante director; fanfarr\u00f3n, orgulloso, un poco harag\u00e1n y vividor, de madre viuda y pobre, que hizo lo imposible por mantenerlo y \u00abeducarlo\u00bb. Se le configura tramposo, mendaz, mala paga (adeuda dinero a muchos, desde el cochero que lo traslada hasta el due\u00f1o del restaurante donde a veces come). He aqu\u00ed algunos trazos de su caricatura:<\/p>\n<p><em>Hijo de un comerciante quebrado, que luego se mezcl\u00f3 en la pol\u00edtica, llev\u00e1ndose a la tumba algunas canas y siete mil pesos de la renta de Instrucci\u00f3n [&#8230;] (Pol\u00edtica feminista\u2026, p. 40)<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\"><strong>[12]<\/strong><\/a>.<\/em><\/p>\n<p><em>Su apellido sirvi\u00f3 a Pepito Salcedo Guti\u00e9rrez para ingresar en la pol\u00edtica [&#8230;] (p. 40).<\/em><\/p>\n<p><em>[&#8230;] a los veinte a\u00f1os, sab\u00eda leer mal, confund\u00eda la c con la s, y en espl\u00e9ndida letra cursiva copiaba versos de Julio Flores<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\"><strong>[13]<\/strong><\/a> en los \u00e1lbumes de las muchachas de barrio (p. 41).<\/em><\/p>\n<p>P\u00fablicamente, se reh\u00fasa a utilizar el apellido de la madre (Barrios). Por motivos de prestigio social se adosaba los dos del padre (Prudencio Salcedo Guti\u00e9rrez), bajo la excusa de que \u00abno hab\u00eda sido an\u00f3nimo en la pol\u00edtica\u00bb (p. 40). Aqu\u00ed el narrador satiriza indirectamente la costumbre de ciertas familias para valerse del linaje de la ascendencia (por motivos sociales, pol\u00edticos, econ\u00f3micos). No son pocas las familias latinoamericanas que han practicado este curioso sistema de adoptar de modo compuesto los dos apellidos de alg\u00fan ascendiente destacado en alg\u00fan campo, a fin de utilizarlos durante varias generaciones como carta de presentaci\u00f3n y constancia sobre la procedencia. He ah\u00ed uno de sus antecedentes par\u00f3dicos de \u00a0principios \u00a0del \u00a0siglo \u00a0XX<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>. \u00a0Mucho \u00a0m\u00e1s \u00a0\u00abaristocr\u00e1ticos\u00bb \u00a0(p. \u00a040) \u00a0resultaban \u00a0los \u00a0dos patron\u00edmicos de su progenitor.<\/p>\n<p>En el tercer cap\u00edtulo aparecen el doctor Beb\u00e9, su recibimiento en la estaci\u00f3n de ferrocarril como nuevo presidente del estado y otra familia que, a lo largo de la novela, se disputar\u00e1 sus favores con las Belzares: los Montesillo (don Cruz, do\u00f1a Justina y sus hijas). Verd\u00fa, maestro de escuela y poeta (pretendiente de una de las Belzares), ha elaborado un texto de bienvenida que habr\u00e1 de leer Pepito, a fin de homenajear y recibir al nuevo funcionario. No puede haber mayor sarcasmo y humor en la manera de dise\u00f1ar estas escenas. Primero, por el estilo pomposo como ha sido dise\u00f1ado el discurso. Veamos una peque\u00f1a muestra: \u00ab\u00bb[&#8230;] y ungido por el voto de los pueblos \u2014empat\u00f3 el infeliz mientras tres gotas de sudor gord\u00edsimas le perlaban la frente\u2014 trazar\u00e9is una nueva era de honrada administraci\u00f3n, secundando as\u00ed la labor grandiosa de ese hombre [&#8230;], de ese hombre que hoy fatiga\u00bb \u2014y se volv\u00eda hacia Verd\u00fa\u00bb. (p. 56).<\/p>\n<p>En segundo lugar, hay que mencionar la manera burlesca como se va narrando la accidentada lectura que del texto hace un nervioso Pepito Salcedo: \u00ab\u201c\u00a1Se le tranc\u00f3 el m\u00e1user!\u00bb, dice alguien del p\u00fablico all\u00ed presente\u00bb (p. 56). Sobresalen sus vacilaciones y dislates; el modo como va ator\u00e1ndose, hesitando con las palabras, mientras intenta leer, y la actitud de Verd\u00fa, quien de vez en vez acude en su ayuda, cual apuntador teatral.<\/p>\n<p>Finalmente, el objetivo se logra; sinceras o no, el discursante recibe las loas y aplausos hasta que \u201c[\u2026] cay\u00f3 en brazos del doctor Beb\u00e9 y as\u00ed fue, de pecho en pecho, estrechando una emoci\u00f3n desmesurada, sonre\u00eddo, feliz\u2026\u201d. (p. 57). M\u00e1s adelante, el conflicto que justificar\u00e1 el resto de la novela tendr\u00e1 su inicio durante una sesi\u00f3n de cinemat\u00f3grafo a la que asiste Josefina Belzares con las Montesillo. La insistente mirada del doctor Beb\u00e9 hacia Josefina ser\u00e1 suficiente para que esta mande a Guillermo, su actual novio, a paseo. En busca de complicidad para conquistar a Josefina, Beb\u00e9 asciende a Pepito y lo incita a casarse pronto con Carmen Teresa (novia de Pepito). Comienzan las \u00abayudas oficiales\u00bb hacia las Belzares:<\/p>\n<p><em>Cada d\u00eda, pr\u00f3digamente, las Belzares recib\u00edan atenciones de este [Beb\u00e9], que Pepito agradec\u00eda solidario con la familia y \u00abcomo m\u00e1s viejo en la casa\u00bb. Ahora aquella protecci\u00f3n se extend\u00eda hasta \u00e9l, \u00a1y de qu\u00e9 modo! Ya no era la escuela de corte y costura para Bella, la inspector\u00eda de escuelas para misia Justina, y la pulsera, la cadena y el solitario para Josefina y Carmen Teresa&#8230; Tambi\u00e9n hasta \u00e9l llegaba la onda de bienestar (pp. 81-82).<\/em><\/p>\n<p>Tras ires y venires, coimas, despilfarros del presupuesto oficial y chantajes sentimentales, mediante diversas estrategias (quejas, arrumacos, generaci\u00f3n de celos con Isolina Montesillo), Beb\u00e9 lograr\u00e1 finalmente su prop\u00f3sito de intimar sexualmente con Josefina.<\/p>\n<p>El VIII es el cap\u00edtulo cumbre de la novela. A partir de aqu\u00ed, el narrador pone en juego toda la tensi\u00f3n de la historia. Resaltan los mejores momentos de Pepito Salcedo como protegido de Beb\u00e9, su aumento de sueldo y su afiliaci\u00f3n ya definitiva al gremio de los \u00abpresupuest\u00edvoros\u00bb. Tambi\u00e9n es de notar la bonanza de la que, debido a ello, disfrutan las Belzares, con misia Justina como matrona (a quien, como vimos, sin tener que ver nada con la educaci\u00f3n, se le asign\u00f3 la supervisi\u00f3n de dos escuelas) y Josefina, cual novia de Beb\u00e9, con mucha influencia. Pepito hace muy poco de su trabajo y disfruta plenamente de la sinecura; su misi\u00f3n se reduce a adular al jefe y vanagloriarse de su posici\u00f3n ante los parroquianos. Tambi\u00e9n los compositores lisonjeros hacen lo suyo. Este es otro elemento importante para la relaci\u00f3n entre ficci\u00f3n y realidad. La biograf\u00eda del doctor Ni\u00f1o S\u00e1nchez destaca su labor de m\u00e9dico, pol\u00edtico y compositor (<em>Diccionario de historia de Venezuela, <\/em>p\u00e1rr. 1). En la novela, esto \u00a0es objeto de burla, pero se atribuye el oficio a personajes secundarios, obviamente cameladores y muy circunstanciales. Un tal Samuel Poncio compone el vals <em>Josefina <\/em>(dedicado al doctor Beb\u00e9). Otro, D\u00edaz Pe\u00f1a, perge\u00f1a <em>El colaborador <\/em>(alusivo a Pepito, pero dedicado a misia Justina).<\/p>\n<p>Destacan tambi\u00e9n las cualidades humor\u00edstico-discursivas de Pocaterra, al dise\u00f1ar escenas de corte cinematogr\u00e1fico. Resumamos una sola como ejemplo. Beb\u00e9 ha estado encontr\u00e1ndose furtivamente con Josefina. Usualmente, deja sus ropas muy cerca de la ventana y, en una ocasi\u00f3n, estas desaparecen, oblig\u00e1ndolo a salir en pa\u00f1os menores, cuando descubre que un intruso se ha posesionado de ellas. Persigue al ladr\u00f3n, quien logra escaparse, pero en la carrera suelta el palt\u00f3 (chaqueta). Un parroquiano de nombre Guillermo Huertas Gonz\u00e1lez, que est\u00e1 sentado por all\u00ed, recoge la pieza y, ante el reclamo, se la entrega \u00abqued\u00e1ndose admirado ante aquella rara indumentaria\u00bb (p. 127). Ha reconocido al presidente del estado y, sin que nadie se lo pida, decide \u00abacompa\u00f1arlo\u00bb hasta su casa, mientras van charlando. Pocos d\u00edas despu\u00e9s, como compensaci\u00f3n por su silencio, el mismo sujeto es designado para un cargo p\u00fablico.<\/p>\n<p>El conflicto narrativo se agudiza cuando Josefina se descubre embarazada y lo participa a Beb\u00e9. Hay propuesta de aborto de parte de \u00e9l y negativa rotunda de ella. Nadie m\u00e1s lo sabe en la familia. A fin de esconder moment\u00e1neamente el sobrevenido percance, Beb\u00e9 propone a Pepito que se la lleve con Carmen Teresa, a temperar en Puerto Cabello. Buena ocasi\u00f3n para alejarla y poder seguir vi\u00e9ndose con otras. Ling\u00fc\u00edsticamente, destaca la descripci\u00f3n para ofrecer cada detalle alusivo tanto al puerto y sus alrededores como a la casa a la que llegan, procedentes de Valencia, Pepito, Carmen y Josefina (acompa\u00f1ados de su sirvienta Petronila).<\/p>\n<p><em>Dos d\u00edas despu\u00e9s, ya instaladas, una tregua afable en ocupaciones, el aspecto nuevo de las cosas y aquella visi\u00f3n de una vida distinta que cada mudanza inspira, se dej\u00f3 sentir. Las siestas, muy calurosas, adormec\u00edan la voluntad. En la ma\u00f1ana percib\u00edanse los ruidos del puerto: cruj\u00edan poleas, puntualizando su crujir gritos en lenguas extra\u00f1as; golpeaban los martinetes del dique astillero, o las sirenas anunciaban, junto con el humo negro, que se elevaba por encima de las casas, la entrada de alg\u00fan vapor. Por las tardes, una languidez adormecida sobre las aguas invad\u00eda la ciudad lentamente&#8230; (p. 149).<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n habr\u00eda que destacar las reflexiones que mueven los sentimientos de Josefina sobre su inesperado embarazo; meditaciones que, desde ya, preanunciaban su futuro.<\/p>\n<p>Comienza entonces el desenlace. Aunque se sabe est\u00e9ril, pero a fin de evitar la verg\u00fcenza de la familia, Carmen Teresa propone a Pepito asumir ella el embarazo como si fuera producto de su matrimonio. Pepito se comprometer\u00e1 a ir a Valencia a ajustar cuentas con el doctor Beb\u00e9 y \u201cmeterle una bala a ese vagabundo\u201d (p. 166). Lo hace. Ante un t\u00edmido y sumiso reclamo, Beb\u00e9 se enfurece y lo conmina a buscar otra soluci\u00f3n. Dinero de por medio y en actitud de total obediencia, Pepito le ofrece la posibilidad de asumir \u00e9l la paternidad (con Carmen Teresa). Acuden a una partera caraque\u00f1a para que los asista. Nace Eduvigis y al principio logran mantener la farsa. Mediante telegrama, el doctor Beb\u00e9 felicita a Pepito por el nacimiento de su \u00abprimera hija\u00bb.<\/p>\n<p>El cap\u00edtulo final marca la decadencia de la familia Belzares. Ha ca\u00eddo el r\u00e9gimen de Cipriano Castro (1899-1908). Josefina es echada de la casa por Pepito, quien argumenta no tener por qu\u00e9 cargar con la hija de otro. \u201cA m\u00ed no me pesa el matrimonio [se defiende Pepito, quej\u00e1ndose], porque Carmen es buena; pero si no me hubiera casado hoy ser\u00eda una alta figura en el Estado; y para colmo de desgracia, tener que cargar con una muchacha que no es hija m\u00eda, que con sus lloros no me deja dormir de noche\u201d (p. 187).<\/p>\n<p>Realmente \u00e9l mismo se ha venido a menos; ha sido tambi\u00e9n arrojado del cargo: \u00ab&#8230;le quitaron el puesto porque lo necesitaban para otro Pepito\u00bb (p. 184). Metaf\u00f3ricamente, la repentina depauperaci\u00f3n de la familia refleja la extinci\u00f3n y degradaci\u00f3n del r\u00e9gimen. Con el nuevo gobierno (tambi\u00e9n dictatorial) pierden todos sus privilegios y canonj\u00edas. Se dedican a labores menores en las que fracasan; ya nadie va en su auxilio. La misma met\u00e1fora vale para el ascenso\/descenso de Pepito Salcedo Guti\u00e9rrez. Curiosamente, nada se sabe en este cierre sobre el doctor Manuel Beb\u00e9 y su destino. Presumiblemente, ha sufrido la misma suerte de su protegido, pero su participaci\u00f3n como personaje se hab\u00eda esfumado en el cap\u00edtulo anterior.<\/p>\n<p>As\u00ed, JRP dise\u00f1aba a principios del siglo XX un fresco novel\u00edstico que supera en mucho la lectura como cuadro (realista) de \u00e9poca o reportaje al que, expl\u00edcita o impl\u00edcitamente, se refieren algunos cr\u00edticos (Larraz\u00e1bal, p. 11; Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina, p. 78; Mariano Pic\u00f3n Salas, p. 272). En realidad, la excusa de una historia de provincia le sirvi\u00f3 como \u00abarma de combate\u00bb (Liscano, p. 33), al plante\u00e1rsela cual obra narrativa ajena a los preceptos modernistas, imperantes dentro del ambiente literario. Para ello acude a la autoficci\u00f3n. No aparece como personaje de la historia, pero se intuye su presencia como testigo en cada hecho relatado. Como dir\u00eda Molero de la Iglesia (p\u00e1rr. 7), en su discurso se difumina la relaci\u00f3n entre historia y hechos ficticios: \u201cEn la pr\u00e1ctica, se trata de anteponer un artilugio ret\u00f3rico donde tenga cabida lo biogr\u00e1fico (hechos, evocaciones y reflexiones personales); de este modo el discurso referido a s\u00ed mismo tendr\u00e1 lugar dentro de una situaci\u00f3n narrativa supuesta, convirtiendo el enunciado en una ficci\u00f3n\u201d (p\u00e1rr. 7).<\/p>\n<p>Tampoco hay que dejar de lado que el argumento de la novela es la parodia de un melodrama, como esos a los que alude su autor emp\u00edrico en el preludio, seg\u00fan citamos antes, una indiscutible \u00f3pera bufa. Aunque no haya sido su objetivo primario, en ella se burla incluso de la poes\u00eda imperante, al aludir siempre sard\u00f3nicamente a ciertos poetas cursilones, a quienes en alguna p\u00e1gina de sus <em>Memorias de un venezolano de la decadencia <\/em>cataloga como \u00absoneticidas\u00bb. Menciona este neologismo en esa obra, al comentar sobre el poeta Frank Garc\u00eda Pregal, compa\u00f1ero de celda, a quien ten\u00eda en muy poco aprecio, durante uno de sus tantos pasos por la c\u00e1rcel, en condici\u00f3n de prisionero. No desperdicia la ocasi\u00f3n para considerar la relaci\u00f3n entre algunos poetas y sus modos poco \u00e9ticos de plegarse al gobierno de turno, independientemente de su inclinaci\u00f3n ideol\u00f3gica o modo err\u00e1tico de entender la gobernanza: \u201cEs indudablemente un &#8216;tipo&#8217; [una persona] de estudio. Representa una juventud sin camino, cansada, absurda: de ella saldr\u00e1n ma\u00f1ana los amorales, los &#8216;plumarios&#8217; de asalto en las secretar\u00edas de gobierno, los soneticidas\u201d (<em>Memorias<\/em>, p. 54).<\/p>\n<p>Aunque parece un efecto casi imperceptible para el lector, en la novela tambi\u00e9n abundan indicios que generalmente apuntan hacia la conducta y presencia gris de los bardos; de nuevo, la relaci\u00f3n entre el testimonio del autor concreto y la (auto)ficci\u00f3n asumida por el testigo:<\/p>\n<p><em>[Pepito]&#8230; atisbaba tras las columnas de la iglesia o fumaba cigarrillos en la esquina acompa\u00f1ado de un <u>poeta inofensivo<\/u> (p. 42; subrayado a\u00f1adido).<\/em><\/p>\n<p><em>De lejos se o\u00edan conceptos enconados, se injuriaba a los <u>plum\u00edferos<\/u><u>, a los escribidores de no s\u00e9 qu\u00e9<\/u>, que no van al plomo, que se les agua el guarapo, que se les caen los pantalones (p. 52; subrayado a\u00f1adido).<\/em><\/p>\n<p><em>Tras ellos, un <u>poeta grasiento<\/u> asom\u00e1base para despreciar el pa\u00eds (p. 72; subrayado a\u00f1adido).<\/em><\/p>\n<p><em>La ociosidad le trajo [a Pepito] sus antiguos gustos literarios. Aquellas c\u00f3leras contra los \u00abcl\u00e1sicos en desuso\u00bb resucitaban en \u00e9l con m\u00e1s furor. Todav\u00eda Valencia no era decadente y <u>en literatura juzgaba m\u00e1s borracho a Rub\u00e9n Dar\u00edo que a Julio Flores<\/u> (p. 184; subrayado a\u00f1adido).<\/em><\/p>\n<p>Desde el comienzo, una de las metas fundamentales de su obra narrativa fue burlarse y caricaturizar el ambiente literario del momento, relacion\u00e1ndolo casi siempre con lo pol\u00edtico, muchas veces con el foco puesto en el movimiento modernista y sus estilos grandilocuentes. En esa misma orientaci\u00f3n, podr\u00edamos recordar una estrofa extra\u00edda de otra de sus novelas (<em>Tierra del sol amada)<\/em>, en la cual el autor ridiculiza a un \u201cpoetica\u201d de apellido C\u00e9spedes: \u201cEl bardo que te adora tenazmente \/ dice su verso en tu loor, divina, \/ que a tu gracia gentil y palatina \/ unes una mirada opalescente\u201d (<em>Tierra del sol amada<\/em>, p. 354).<\/p>\n<p>Otro aspecto tem\u00e1tico que se desliza casi subrepticiamente a trav\u00e9s de los cap\u00edtulos es el referente a las cr\u00edticas a la Iglesia, especialmente a los sacerdotes. Aparte de aludir a este t\u00f3pico solo referencialmente, el tono burlesco se focaliza esencialmente en la figura del padre Ben\u00edtez, cuya enfermedad aparece mencionada por primera vez a finales del cap\u00edtulo VI, para cerrarse en el siguiente. <em>Hilaridad <\/em>podr\u00eda ser la mejor palabra para referirnos a las escenas tragic\u00f3micas mediante las cuales se escenifica su estado final y fallecimiento, momento en el que algunas damas han acudido a auxiliarlo; una de ellas asevera que no est\u00e1 agonizando, que su situaci\u00f3n obedece a un \u00abviento encajado\u00bb (p. 117).<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, para justificar la inclusi\u00f3n de esta obra dentro de la diacron\u00eda de la novela venezolana del siglo XX, bastar\u00eda la menci\u00f3n de cinco palabras clave, aplicables a ella en su conjunto y no solamente por la tem\u00e1tica: parodia, caricatura, burla, sarcasmo y, por supuesto, humor. A fin de ampliar nuestro supuesto sobre la venganza par\u00f3dico-literaria y sus efectos, el recorrido realizado hasta aqu\u00ed nos permite ahora recapitular algunas ideas sobre la relaci\u00f3n entre persona y personaje.<\/p>\n<p><strong>Persona\/personaje, intrahistoria y microhistoria<\/strong><\/p>\n<p>Valerse de los insumos del entorno y utilizarlos para la ficci\u00f3n es un recurso que pudiera ser atribuido a toda la narrativa pocaterrana. Tanto es as\u00ed que a veces se hace dif\u00edcil separar n\u00edtidamente su obra autoficcional de la que se presenta aparentemente como documental o hist\u00f3rica (el testimonio, las memorias), caso, por ejemplo, de sus <em>Memorias de un venezolano de la decadencia <\/em>(Omar Osorio Amoretti, p. 61). Parece haber consenso de la cr\u00edtica en cuanto a la parodia que logra el autor cuando se alude al doctor Samuel Eugenio Ni\u00f1o S\u00e1nchez como una de las personas que da vida al personaje principal de <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>. Es significativa la relaci\u00f3n fon\u00e9tico-sem\u00e1ntica entre el primer nombre y apellido de la persona: Samuel Ni\u00f1o, y el del personaje: Manuel Beb\u00e9.<\/p>\n<p>Ni\u00f1o S\u00e1nchez, m\u00e9dico y compositor de origen tachirense, fue contempor\u00e1neo del autor, vivi\u00f3 entre 1867 y 1937 y form\u00f3 parte del r\u00e9gimen de Cipriano Castro, como gobernador del estado Carabobo. Lleg\u00f3 a Valencia en 1907 a encargarse de la presidencia del estado. M\u00e1s all\u00e1 de haberse casado en 1909 con una dama de la alta sociedad valenciana, Mar\u00eda Cristina Passios, nada dice la historia oficial acerca de su vida privada ni sobre su actuaci\u00f3n como funcionario p\u00fablico. Estos \u00faltimos rasgos s\u00ed que resaltan en la novela, una vez que se lo asume como uno de los referentes principales, para ponerlo a vivir en el plano ficcional, convertirlo en personaje. De ese modo, JRP se erige en vengador par\u00f3dico literario al incorporar exprofeso rasgos de esta y otras personas, recursos impensables en otro tipo de documentaci\u00f3n. De ellos los m\u00e1s resaltantes son la conducta de donju\u00e1n del personaje, el modo como administra de manera poco honorable los bienes del estado (su vocaci\u00f3n \u00abpresupuest\u00edvora\u00bb) y el \u00e1mbito de corrupci\u00f3n inherente al desempe\u00f1o de cargos p\u00fablicos.<\/p>\n<p>De esa manera, como testigo directo, el escritor convierte en ficci\u00f3n lo que la historia oficial jam\u00e1s registrar\u00eda, sea porque no ocurri\u00f3, sea porque no le interesa, sea por tratarse de hechos que pueden empa\u00f1ar la figura de alguna personalidad relevante o de sus descendientes. Si se quisiera considerar as\u00ed, es una manera hacer ficci\u00f3n, utilizando como fuente lo que Miguel de Unamuno denominara la <em>intrahistoria <\/em>\u2014no importa si esta fue real o ha sido (re)creada\u2014 y que se focaliza en esa actividad social menuda, peque\u00f1a, aparentemente insignificante y quiz\u00e1s de poco inter\u00e9s para los historiadores profesionales, pero important\u00edsima para los estudios culturales<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>. Una noci\u00f3n bastante m\u00e1s rigurosa y desarrollada de este mismo fen\u00f3meno prefiere la denominaci\u00f3n y el concepto de \u00abmicrohistoria\u00bb: la mirada del investigador focalizada en hechos m\u00ednimos, si se los ve en t\u00e9rminos dimensionales, pero util\u00edsimos para explicar aspectos quiz\u00e1s intangibles cuando ponemos la mirada en lo macro (Arturo Almandoz, p. 10)<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>.<\/p>\n<p>Se trata de una estrategia que ser\u00e1 marca impl\u00edcita en toda la narrativa corta y extensa del autor. Y no es poco que la haya propuesto desde su primera novela, dise\u00f1ando unos personajes que simb\u00f3licamente representan a un r\u00e9gimen del que JRP era un notorio y p\u00fablico oponente, incluso teniendo algunas veces que trabajar para \u00e9l. El mayor aporte estar\u00eda en la manera de utilizar esos recursos para, desde la perspectiva par\u00f3dica, ofrecer una narraci\u00f3n en la que es muy importante el circuito espacio-personajes-contexto cotidiano. Amparado en la excusa de dos tramas amorosas superpuestas: Pepito Salcedo \/ Carmen Teresa Belzares; doctor Beb\u00e9 \/ Josefina Belzares; y dentro de un entorno sociopol\u00edtico corrompido, se muestran las estr\u00edas de una ciudad venezolana, durante la primera d\u00e9cada del siglo XX.<\/p>\n<p>Ese mismo prop\u00f3sito se repetir\u00e1 en sus narraciones extensas posteriores: <em>Vidas oscuras <\/em>(1916)<em>, Tierra del sol amada <\/em>(1918) y <em>La casa de los Abila <\/em>(1946)<em>, <\/em>e incluso en buena parte de sus <em>Cuentos grotescos <\/em>(1922). Adem\u00e1s, eso permite catalogar a JRP como uno de los narradores venezolanos que est\u00e9ticamente propone un coherente programa narrativo-geogr\u00e1fico, diferentes espacios nacionales en los que se desempe\u00f1\u00f3, llevados a la ficci\u00f3n novelesca: \u00abCada una de sus novelas es una radiograf\u00eda psicol\u00f3gica de la sociedad venezolana de un per\u00edodo determinado. Son cuadros animados que reflejan sus experiencias en Valencia, Caracas y Maracaibo, ciudades donde vivi\u00f3 y que sirven de marco para recrear minuciosamente las distintas facciones en oposici\u00f3n\u00bb (Piero Arria y Valmore Mu\u00f1oz Arteaga, p\u00e1rr. 37).<\/p>\n<p>Entre otros, m\u00e1s adelante, esto ser\u00e1 fundamental en la obra de R\u00f3mulo Gallegos, incluida la oposici\u00f3n civilizaci\u00f3n\/barbarie (cf. Pocaterra, <em>Vidas oscuras<\/em>). Y, adem\u00e1s, permite proponer a JRP como uno de los m\u00e1s tempranos y perspicaces narradores urbanos de Hispanoam\u00e9rica, retrospectiva y literariamente emparentado literariamente con otro autor venezolano, Miguel Eduardo Pardo, y su novela <em>Todo un pueblo <\/em>(1899).<\/p>\n<p>En la narrativa pocaterrana, realidad microhist\u00f3rica y ficci\u00f3n constituyen una argamasa en la que podr\u00edan no quedar n\u00edtidas las fronteras entre ambas instancias. Para percatarse de ello, bastar\u00eda pasearse por las p\u00e1ginas de las <em>Memorias&#8230; <\/em>y cotejarlas con el contenido de algunas de sus novelas y cuentos. Vivencias directas o indirectas (a veces hiperbolizadas, recreadas y hasta posiblemente fabuladas) recogidas en las mordaces <em>Memorias&#8230; <\/em>parecen haber servido de soporte para el resto de su obra narrativa. Antonio Guzm\u00e1n Blanco, Cipriano Castro, Juan Vicente G\u00f3mez y sus reg\u00edmenes autoritarios son referencias recurrentes en la narrativa de ficci\u00f3n del autor. Quiz\u00e1s lo \u00fanico que a veces permite cierto distanciamiento es la posici\u00f3n asumida por el narrador (m\u00e1s que expl\u00edcita en las <em>Memorias&#8230;<\/em>y, a veces, ficcional y metadieg\u00e9ticamente solapada en las novelas y cuentos). Esto ya aparece reflejado en <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>. Desde esa obra primigenia se evidencia lo que ser\u00e1 el programa narrativo del autor: asumir el desp\u00f3tico entorno sociopol\u00edtico y su propia experiencia de vida como referentes y parodiarlos mediante la escritura, convertirlos en s\u00edmbolos.<\/p>\n<p><strong>Conclusiones y proyecciones<\/strong><\/p>\n<p>La <em>venganza literaria, <\/em>que aqu\u00ed hemos propuesto como variante de la autoficci\u00f3n, no es un procedimiento ret\u00f3rico atribuible exclusivamente ni a la literatura venezolana ni a Jos\u00e9 Rafael Pocaterra. Tampoco la hemos entendido con car\u00e1cter negativo, sino m\u00e1s bien como recurso par\u00f3dico para contextualizar la literatura y fusionarla con la experiencia vital del autor o autora. Si nos ce\u00f1imos al espa\u00f1ol, podr\u00edamos retroceder varios siglos y llegar hasta las \u201cdiscusiones\u201d entre Francisco de Quevedo y Luis de G\u00f3ngora (\u201cG\u00f3ngora, Quevedo y Lope\u2026\u201d, p\u00e1rr. 5). En cuanto a narrativa, valga el recordatorio del <em>Libro de buen amor<\/em>, del Arcipreste de Hita (1330) y de los textos resultantes de las diatribas entre Cervantes y Lope de Vega (Tom\u00e1s T\u00f3mov, p. 618). Siendo estrictos, podemos decir que constituye una praxis usual en el \u00e1mbito de las artes en general, solo que algunas veces se la desarrolla conscientemente y otras no. Hay autores\/-as que parodian incluso su propia vida, \u201cveng\u00e1ndose\u201d literariamente de s\u00ed mismos o de sus familias<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>. En el caso de la narrativa venezolana, podr\u00eda postularse a JRP como autor que acudi\u00f3 a dicha estrategia, expl\u00edcita y abiertamente, exprofeso, sin falsos pudores ni recursos inextricables.<\/p>\n<p>Con una orientaci\u00f3n par\u00f3dica innegable, <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>, es una novela relevante de la d\u00e9cada de 1910 en Venezuela. Un marco de referencia sobre las implicaciones entre autoritarismo, corrupci\u00f3n pol\u00edtica y deterioro social. M\u00e1s all\u00e1 de su estructura, que no deja de ser convencional, habr\u00eda que resaltar los recursos narrativos y estil\u00edsticos de los que se vale el autor para desarrollarla; la manera de plasmar caricaturescamente el ambiente, las costumbres de la \u00e9poca (intrahistoria), y de convertir a personas en personajes de ficci\u00f3n, siempre con la salvedad de que en ello no hay necesariamente correspondencia un\u00edvoca. Esto ser\u00e1 respaldado por el hecho de que, en la misma d\u00e9cada, publica una segunda novela en la que aplica estrategias narrativas similares, pero ahora ambientadas en otra ciudad venezolana, Maracaibo (<em>Tierra del sol amada, <\/em>1918).<\/p>\n<p>Por otra parte, su aporte ser\u00eda precisamente haberse desprendido expl\u00edcitamente de los est\u00e1ndares modernistas y rom\u00e1nticos, de las tramas abstractas y los rebuscamientos ret\u00f3ricos, para narrar sus historias burl\u00e1ndose con desparpajo del <em>lenguaje literario <\/em>de su \u00e9poca. En esto, JRP muestra su programa est\u00e9tico desde la primera novela. Muchos de los planteamientos, historias y personajes impl\u00edcitos en esa <em>opera prima <\/em>ser\u00e1n adem\u00e1s la base no solo de su novel\u00edstica posterior, sino tambi\u00e9n de su futura cuent\u00edstica.<\/p>\n<p>Queda pendiente una importante tarea: buscar los nexos con otros escritores venezolanos y \/o hispanoamericanos contempor\u00e1neos suyos, o posteriores, a fin de establecer una red que, desde la autoficci\u00f3n, permita entender mejor las razones por las que los reg\u00edmenes dictatoriales utilizan los flagelos de la corrupci\u00f3n y la descomposici\u00f3n social como armas de supervivencia pol\u00edtica. Resta tambi\u00e9n investigar si, a m\u00e1s de un siglo de haberse publicado <em>El doctor Beb\u00e9<\/em>, los estereotipos de Pepito Salcedo, Manuel Beb\u00e9 y el resto de los personajes formaron parte de una distop\u00eda y han viajado en el tiempo para permanecer instalados en el contexto literario venezolano de la segunda mitad del siglo XX e inicios del XXI.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<p>Alberca, Manuel. \u201c\u00bfExiste la autoficci\u00f3n hispanoamericana?\u201d. <em>Cuadernos del CILHA<\/em>, vol. 7, n.os 7-8, 2005, pp. 115-127. <em>Biblioteca Digital Uncuyo, <\/em>https:\/\/bdigital.uncu.edu.ar\/objetos_digitales\/1095\/albercacilha78.pdf.<\/p>\n<p>Almandoz, Arturo. \u201cEl imaginario de la ciudad venezolana: De 1958 a la metr\u00f3poli parroquiana. Aproximaci\u00f3n desde la historia cultural urbana\u201d. <em>Cuadernos de Geograf\u00eda: Revista colombiana de geograf\u00eda<\/em>, vol. 20, n.o 1, 2011, pp. 9-20, DOI: https:\/\/doi.org\/10.15446\/rcdg.v20n1.23063.<\/p>\n<p>Arria, Piero, y Valmore Mu\u00f1oz Arteaga. \u201cJos\u00e9 Rafael Pocaterra ante la condici\u00f3n humana\u201d. <em>Esp\u00e9culo: Revista de estudios literarios<\/em>, vol. 23, 2003. <em>Universidad Complutense Madrid, <\/em><a href=\"http:\/\/webs.ucm.es\/info\/especulo\/numero23\/pocaterra.html\">http:\/\/webs.ucm.es\/info\/especulo\/numero23\/pocaterra.html.<\/a><\/p>\n<p>Barrera Linares, Luis. <em>Discurso y literatura: Teor\u00eda, cr\u00edtica y an\u00e1lisis de textos literarios a partir de los aportes del an\u00e1lisis del discurso<\/em>. Caracas, Los Libros de El Nacional, 2003.<\/p>\n<p>Barthes, Roland. <em>El susurro del lenguaje: M\u00e1s all\u00e1 de la palabra y la escritura. <\/em>Barcelona (Espa\u00f1a), Paid\u00f3s, 1987.<\/p>\n<p>Blanco Fombona, Rufino. <em>Diarios de mi vida<\/em>. Caracas, Monte \u00c1vila Editores, 1991.<\/p>\n<p>\u2014. <em>El hombre de hierro<\/em>. 1907. Caracas, Monte \u00c1vila, 1999.<\/p>\n<p>Bustillo, Carmen. <em>El ente de papel: Estudio del personaje en la narrativa latinoamericana.<\/em><\/p>\n<p>Valencia (Venezuela), Vadell Hermanos, 1995<em>.<\/em><\/p>\n<p>Casas, Ana. \u201cAutoficci\u00f3n, discurso pol\u00edtico y memoria hist\u00f3rica\u201d. <em>Revista Letral<\/em>, n.o 23, 2020, pp. 1-7. <em>Revistas de la Universidad de Granada, <\/em>https:\/\/revistaseug.ugr.es\/index.php\/letral\/issue\/view\/833.<\/p>\n<p><em>Diccionario de historia de Venezuela. Caracas, Fundaci\u00f3n Polar, 1997<\/em>, <a href=\"http:\/\/bibliofep.fundacionempresaspolar.org\/dhv\/entradas\/n\/nino-samuel-\">http:\/\/bibliofep.fundacionempresaspolar.org\/dhv\/entradas\/n\/nino-samuel-<\/a> eugenio\/.<\/p>\n<p><em>Diccionario de la lengua espa\u00f1ola. <\/em>23.a ed., 2014, https:\/\/dle.rae.es\/intrahistoria?m=form. Actualizaci\u00f3n 2020.<\/p>\n<p>Eco, Umberto. <em>Tratado de semi\u00f3tica general<\/em>. Barcelona (Espa\u00f1a), Lumen, 1981. \u201cG\u00f3ngora, Quevedo y Lope, m\u00e1s que enemigos\u201d<em>. Po\u00e9tica 2.0, <\/em>11 jul. 2016, <a href=\"http:\/\/www.poetica2puntocero.com\/gongora-quevedo-lope-mas-enemigos\/\">http:\/\/www.poetica2puntocero.com\/gongora-quevedo-lope-mas-enemigos\/.<\/a><\/p>\n<p>Larraz\u00e1bal, Oswaldo. Pr\u00f3logo. Pocaterra, <em>Pol\u00edtica feminista\u2026<\/em>, pp. 9-16.<\/p>\n<p>Lejeune, Phillippe. <em>El pacto autobiogr\u00e1fico y otros estudios<\/em>. Madrid, Megazul-Endymion, 1994.<\/p>\n<p>Liscano, Juan. <em>Panorama de la literatura venezolana actual<\/em>. Caracas, Publicaciones Espa\u00f1olas, 1973.<\/p>\n<p>Magris, Claudio, y Mario Vargas Llosa. <em>La literatura es mi venganza<\/em>. Barcelona (Espa\u00f1a), Anagrama, 2014.<\/p>\n<p>Medina, Jes\u00fas David. \u201cPrincipios para una teor\u00eda de la novela venezolana del siglo XIX y principios del siglo XX\u201d. <em>Literatura y Ling\u00fc\u00edstica, <\/em>n.o 11, 1998, pp. 205-217.<\/p>\n<p>Medina, Jos\u00e9 Ram\u00f3n. <em>Noventa a\u00f1os de literatura venezolana. <\/em>Caracas, Monte \u00c1vila, 1993. Molero de la Iglesia, Alicia. \u00abFiguras y significados en la autonovelaci\u00f3n\u00bb. <em>Esp\u00e9culo<\/em>, n.o 33, 2006. <em>Universidad Complutense Madrid, <\/em><a href=\"http:\/\/www.ucm.es\/info\/especulo\/numero33\/autonove.html\">http:\/\/www.ucm.es\/info\/especulo\/numero33\/autonove.html.<\/a><\/p>\n<p>Musitano, Julia. \u201cLa autoficci\u00f3n: Una aproximaci\u00f3n te\u00f3rica. Entre la ret\u00f3rica de la memoria y la escritura de recuerdos\u201d. <em>Acta literaria, n.o <\/em>52, 2016, pp. 103-123, <a href=\"http:\/\/dx.doi.org\/10.4067\/S0717-68482016000100006\">http:\/\/dx.doi.org\/10.4067\/S0717-68482016000100006.<\/a><\/p>\n<p>Osorio Amoretti, Omar. <em>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra y la escritura de la historia. <\/em>Caracas, Equinoccio, 2018, <a href=\"http:\/\/www.equinoccio.com.ve\/index.php\/colecciones\/indaga\/jos%C3%A9-\">https:\/\/www.equinoccio.com.ve\/index.php\/colecciones\/indaga\/jos%C3%A9-<\/a> rafael-pocaterra-y-la-escritura-de-la-historia-detail.<\/p>\n<p>Pacheco Oropeza, Bettina. \u201cRosa Montero, biograf\u00eda y autorrepresentaci\u00f3n\u201d. <em>Mundo Nuevo, <\/em>vol. 12, n.o 17, 2015, pp. 117-126. <em>Instituto de Altos Estudios de Am\u00e9rica Latina, <\/em><a href=\"http:\/\/www.iaeal.usb.ve\/mundonuevo\/revistas\/MN17\/MN_17(05).pdf\">http:\/\/www.iaeal.usb.ve\/mundonuevo\/revistas\/MN17\/MN_17(05).pdf.<\/a><\/p>\n<p>Pardo, Miguel Eduardo. <em>Todo un pueblo. 1899. <\/em>Caracas, Monte \u00c1vila, 1998.<\/p>\n<p>Pic\u00f3n Salas, Mariano. <em>Formaci\u00f3n y proceso de la literatura venezolana<\/em>. 1940. Caracas, Monte \u00c1vila, 1984.<\/p>\n<p>Pocaterra, Jos\u00e9 Rafael. <em>La casa de los Abila<\/em>. 1946. Caracas, Monte \u00c1vila, 1973.<\/p>\n<p>\u2014. <em>Cuentos grotescos. <\/em>Caracas, Imprenta Bol\u00edvar, 1922.<\/p>\n<p><em>\u2014. Memorias de un venezolano de la decadencia. <\/em>1927. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1990.<\/p>\n<p>\u2014. <em>Obras selectas. Madrid\/<\/em>Caracas, Edime, 1956.<\/p>\n<p>\u2014. <em>Pol\u00edtica feminista o el doctor Beb\u00e9<\/em>. 1913. Caracas, Monte \u00c1vila Editores, 1990.<\/p>\n<p>\u2014. <em>El doctor Beb\u00e9. <\/em>Madrid, Editorial Am\u00e9rica, 1918.<\/p>\n<p>\u2014. <em>Tierra del sol amada. 1918. <\/em>Caracas, Monte \u00c1vila, 1991.<\/p>\n<p>\u2014. <em>Vidas oscuras<\/em>. 1916. Caracas, Monte \u00c1vila, 1990.<\/p>\n<p>Rama, \u00c1ngel. \u201cLa modernizaci\u00f3n literaria latinoamericana (1870-1910)\u201d. <em>Hispam\u00e9rica, <\/em>vol. 12, n.o 36, 1983, pp. 2-19.<\/p>\n<p>Ram\u00edrez, Fanny. <em>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra: Dos vertientes y un destino<\/em>. Caracas, UCAB, 2006.<\/p>\n<p>Rivas, Luz Marina. <em>La novela intrahist\u00f3rica: Tres miradas femeninas a la historia venezolana. <\/em>M\u00e9rida (Venezuela), El Otro El Mismo, 2004.<\/p>\n<p>Reisz, Susana. \u201cFormas de la autoficci\u00f3n y su lectura\u201d. <em>Lexis<\/em>, vol. 40, n.o\u00a0 1, 2016, pp. 73-98. <em>Scielo<\/em>, <a href=\"http:\/\/www.scielo.org.pe\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0254-\">http:\/\/www.scielo.org.pe\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0254-<\/a> 92392016000100003&amp;lng=es&amp;tlng=es.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez Zapatero, Javier. \u201cAutobiograf\u00eda y pacto autobiogr\u00e1fico: Revisi\u00f3n cr\u00edtica de las \u00faltimas aportaciones te\u00f3ricas en la bibliograf\u00eda cient\u00edfica hisp\u00e1nica\u201d. <em>Ogigia: Revista electr\u00f3nica de estudios hisp\u00e1nicos<\/em>, n.o 7, 2010, pp. 5-17. <em>Dialnet, https:\/\/dialnet.unirioja.es\/ejemplar\/236701.<\/em><\/p>\n<p>Tejera, Mar\u00eda Josefina. <em>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra: Ficci\u00f3n y denuncia. <\/em>Caracas, Monte \u00c1vila, 1976.<\/p>\n<p>T\u00f3mov, Tom\u00e1s. \u201cCervantes y Lope de Vega: Un caso de enemistad literaria\u201d. <em>Actas del II Congreso de la Asociaci\u00f3n Internacional de Hispanistas, celebrado en Nejmegen del 20 al 25 de agosto de 1965, <\/em>Instituto Espa\u00f1ol de la Universidad de Nejmegen, 1967, pp. <em>617-626. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, <\/em><a href=\"http:\/\/www.cervantesvirtual.com\/obra\/actas-del-ii-congreso-de-la-asociacion-internacional-\"><em>http:\/\/www.cervantesvirtual.com\/obra\/actas-del-ii-congreso-de-la-asociacion-internacional-<\/em><\/a><em> de-hispanistas&#8211;celebrado-en-nijmegen-del-20-al-25-de-agosto-de-1965\/.<\/em><\/p>\n<p>Unamuno, Miguel de. <em>En torno al casticismo<\/em>. 1902. Madrid, Alianza, 2017.<\/p>\n<p>Williams, Raymond L. \u201cLos demonios y los traumas de Luis Arturo Ramos y la tribu de Cort\u00e1zar\u201d. <em>Co-herencia, vol. 9<\/em>, n.o 17, 2012, pp. 15-27. <em>Scielo, <\/em>http:\/\/www.scielo.org.co\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1794- 58872012000200001<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> La expedici\u00f3n del Falke se denomin\u00f3 as\u00ed debido al nombre del barco en que viajaron desde Europa un grupo de venezolanos, dirigidos por el general Rom\u00e1n Delgado Chalbaud. Ocurri\u00f3 en 1929 y constituy\u00f3 un intento insurreccional contra el r\u00e9gimen del dictador venezolano Juan Vicente G\u00f3mez. En ella particip\u00f3 Pocaterra con muchos otros venezolanos exiliados. Valga citar a prop\u00f3sito de dicha expedici\u00f3n lo que escribe JRP a Rufino Blanco Fombona antes de partir: \u201cMi querido amigo: Esta noche zarpamos. Le recuerdo cuanto hablamos en Par\u00eds. Venezuela y nosotros lo esperamos en la segunda expedici\u00f3n. Tanto al doctor Dominici como al coronel McGrill les he advertido que le prevengan a tiempo para que usted arregle sus asuntos. Rufino: la hora es nuestra. Yo lo espero all\u00e1. Suyo. Jos\u00e9 Rafael Pocaterra\u201d (<em>Blanco Fombona<\/em>, <em>Diarios de mi vida<\/em>, p. 3).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Aunque en el enfoque de este trabajo las hemos asumido dentro del testimonio, a decir verdad, nos preguntamos a veces si, le\u00eddas desde nuestra distancia temporal, no contienen entremezclados hechos ficticios, lo que las acercar\u00eda igualmente nuestro tema, la autoficci\u00f3n. Para la discusi\u00f3n sobre el car\u00e1cter gen\u00e9rico de las <em>Memorias<\/em>\u2026 (testimonio, memoria, historiograf\u00eda, autobiograf\u00eda, novela autobiogr\u00e1fica, cr\u00f3nica, etc.) y de c\u00f3mo fueron le\u00eddas en diferentes momentos, remitimos al exhaustivo recuento de Osorio Amoretti (pp. 66-82).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> \u201cLa autoficci\u00f3n puede interpretarse como la formulaci\u00f3n de una pregunta que queda sin responder en torno a qui\u00e9n escribe el texto\u201d (Casas, p. 2).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Pacheco Oropeza refiere en su trabajo el caso concreto de la espa\u00f1ola Rosa Montero, quien parece negar el car\u00e1cter autobiogr\u00e1fico de algunas de sus obras (p. 119).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> No es nuestra intenci\u00f3n disertar aqu\u00ed sobre la relaci\u00f3n entre autobiograf\u00eda, diarios, memorias y\/o autorrepresentaci\u00f3n. Una puesta al d\u00eda sobre estos t\u00f3picos aparece en Javier S\u00e1nchez Zapatero (p. 8). En cuanto a la relaci\u00f3n entre autorrepresentaci\u00f3n y vida, puede verse tambi\u00e9n el trabajo de Pacheco Oropeza (p. 119) referido antes. Para una discusi\u00f3n acerca de las variantes de la autoficci\u00f3n, sugerimos revisar Manuel Alberca (pp. 7-8) y Susana Reisz (pp. 83-86).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> \u201cExiste el intelectual que se entrega esencial y expl\u00edcitamente a la causa p\u00fablica y existe el escritor que se halla esencialmente cautivado en el combate con sus propios demonios\u201d (Magris y Vargas Llosa, p. 19). Sin duda, JRP desempe\u00f1\u00f3 paralelamente ambas funciones.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Aqu\u00ed se entender\u00e1 por tal el recurso narrativo mediante el cual un autor emp\u00edrico crea un personaje que es su <em>alter ego<\/em>, hasta el punto de conflictuar la interpretaci\u00f3n del lector con respecto a qui\u00e9n es qui\u00e9n en la narraci\u00f3n: si el autor de carne y hueso o el personaje, como creaci\u00f3n ficcional del primero.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Respecto de esto, ya hemos hablado antes de la intensa actividad period\u00edstica de JRP, desde 1907.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Jes\u00fas David Medina ofrece una aproximaci\u00f3n al contexto de la novela de finales del siglo XIX e inicios del XX. All\u00ed ofrece una categor\u00eda que oscila entre lo \u201cmim\u00e9tico elevado\u201d y lo \u201cmim\u00e9tico bajo\u201d que, lamentablemente, parece aplicar solo a los personajes y no ampl\u00eda te\u00f3ricamente (p. 2). Tampoco menciona la novela de JRP, a nuestro juicio, importante para sus planteamientos de car\u00e1cter socioliterario.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a>[10] El neologismo es de JRP; lo utiliza varias veces en la novela.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> La carta aparecer\u00e1 despu\u00e9s incorporada a la edici\u00f3n de la Editorial Am\u00e9rica (1918). De esa fuente es la cita, p. 7.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Esta y todas las citas textuales de la novela que siguen proceden de la edici\u00f3n de 1990 de Monte \u00c1vila Editores, la cual, como ya se ha mencionado m\u00e1s arriba, lleva el t\u00edtulo doble <em>Pol\u00edtica feminista o el doctor Beb\u00e9<\/em>.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Julio Flores (1867-1923), poeta colombiano.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> Situaci\u00f3n similar a la que Isaac Pardo (1899) plantea en una novela venezolana anterior, <em>Todo un pueblo<\/em>, relacionada con las aspiraciones del personaje Anselmo Espinosa de tener un apellido notable, distinto del que le hab\u00eda legado su padre (inmigrante): \u00ab[Anselmo Espinosa]&#8230; hubiera dado la mitad de su hacienda en cambio de un nombre sonoro, de un segundo apellido que le diera visos de nobleza\u00bb (p. 15).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> El <em>Diccionario de la lengua espa\u00f1ola <\/em>(en l\u00ednea) define el t\u00e9rmino \u00abintrahistoria\u00bb del siguiente modo: \u00abVida tradicional, que sirve de fondo permanente a la historia cambiante y visible\u00bb. Este concepto es mucho m\u00e1s que conocido y resulta posteriormente util\u00edsimo para estudiar los textos literarios, contemplado y ejemplificado suficientemente por Miguel de Unamuno en su libro <em>En torno al casticismo<\/em>. Tambi\u00e9n ha sido utilizado por Luz Marina Rivas en el estudio de autoras venezolanas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> El autor desarrolla una muy pedag\u00f3gica y detallada explicaci\u00f3n sobre los alcances de la microhistoria, con base en los planteamientos del historiador italiano Giovanni Levi.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Hay m\u00faltiples casos, pero, respecto de esto, podr\u00eda citar algunos ejemplos concretos, contempor\u00e1neos, interesant\u00edsimos, al comparar sus (auto)biograf\u00edas o memorias con la obra: Jorge Luis Borges (argentino, 1899- 1986), Rosa Montero (espa\u00f1ola, 1951-), Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez (colombiano, 1927-2014), Roberto Bola\u00f1o (chileno, 1953-2003) y Renato Rodr\u00edguez (venezolano, 1927-2011).<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-barrera-linares\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*<em>Contexto<\/em>, vol. 26, n.\u00b0 28, 2022, pp. 143-163.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(\u00abPol\u00edtica feminista o el doctor Beb\u00e9\u00bb, 1913) Luis Barrera Linares Introducci\u00f3n Suponemos que nunca imagin\u00f3 Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (1889-1955, en adelante JRP) que su primera novela \u2014publicada inicialmente como Pol\u00edtica feminista (Caracas, 1913) y posteriormente intitulada El doctor Beb\u00e9 (Madrid, 1918)\u2014 podr\u00eda ser le\u00edda en l\u00ednea, a trav\u00e9s del archivo digital de la biblioteca de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4222,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4221"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4221"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4221\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4267,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4221\/revisions\/4267"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4222"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4221"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4221"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4221"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}