{"id":4199,"date":"2022-04-17T19:48:04","date_gmt":"2022-04-17T19:48:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4199"},"modified":"2023-11-24T18:31:40","modified_gmt":"2023-11-24T18:31:40","slug":"cuentos-de-miedo-pandemia-y-pospandemia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-miedo-pandemia-y-pospandemia\/","title":{"rendered":"Cuentos de miedo, pandemia y pospandemia"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Leisie Montiel<\/h4>\n<p><strong>La novia<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p>Los velorios a los que recuerdo haber asistido en mi infancia, como parte de los compromisos sociales que tocaba cumplir en familia (porque as\u00ed lo dictaba el deber ser de las buenas costumbres), no fueron en verdad pocos. Pero entre ellos, recuerdo particularmente uno que me dej\u00f3 impresionada durante mucho tiempo por tratarse del de una muchacha de apenas diecinueve a\u00f1os: el de N., quien, apenas despertando a la vida, tuvo que renunciar a sus sue\u00f1os de ser modelo profesional debido a los fuertes dolores provocados por un c\u00e1ncer que padec\u00eda y que acab\u00f3 por fulminarla.<\/p>\n<p>Como en vida fuera t\u00eda de una de las compa\u00f1eritas de clase de mi hermana menor, se dio la oportunidad de que N. llegara a visitarnos. Ten\u00eda para ese momento tan buen semblante y tan alegre actitud que hasta pens\u00e9, para mis adentros, que el asunto de su enfermedad no era m\u00e1s que un mito. Aunque luc\u00eda muy delgada \u2013cualquier aspirante a modelo deb\u00eda serlo-, lo cierto es que estuvo de excelente \u00e1nimo en esa ocasi\u00f3n y toda nube de desenlace fat\u00eddico se escabull\u00f3 de mi mente como si a ella entraran rejas de un sol c\u00e1lido que todo lo aplacaban, para abrir paso s\u00f3lo a una vida resplandeciente y hasta entonces ajena a lo que vendr\u00eda despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Una rodilla vendada no era necesariamente un signo de gravedad en nadie, pero, seg\u00fan nos contaba mam\u00e1, N. comenz\u00f3 a sufrir el calvario del c\u00e1ncer tras caerse desde lo alto del cami\u00f3n de su pap\u00e1, lo cual le lesion\u00f3 una de sus rodillas hasta el punto de que requiri\u00f3 de varias intervenciones quir\u00fargicas. La recuerdo claramente apoyando sus brazos sobre dos muletas y, a\u00fan as\u00ed, arreglada con el cuidado que pone toda muchacha a su edad, presta a darle la mejor cara al mundo para insistir con el reto de destacar ante las c\u00e1maras y frente a un p\u00fablico \u00e1vido de belleza y glamour que la aguardaba.<\/p>\n<p>A pesar de todos los esfuerzos puestos por su parte y por los m\u00e9dicos que atendieron su caso, las crisis de dolor se fueron agudizando hasta el punto de que ya los analg\u00e9sicos no surt\u00edan su efecto. \u00danicamente la morfina le proporcionaba alivios muy ef\u00edmeros que, al desaparecer por completo, la llevaron a tal grado de desesperaci\u00f3n que lo que m\u00e1s ansi\u00f3 en el mundo fue morir, para as\u00ed poder dar fin a su agon\u00eda.<\/p>\n<p>Nunca olvidar\u00e9 el momento en que, en compa\u00f1\u00eda de mis padres, me acerqu\u00e9 a la urna con el prop\u00f3sito de descubrir cu\u00e1l hab\u00eda sido su \u00faltimo gesto en vida, como suele ocurrir siempre en esas circunstancias en las que se quiere deducir si la muerte de la persona hab\u00eda sido tranquila o tormentosa.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la fea contracci\u00f3n de las comisuras de sus labios (producto, probablemente, del formol) que en efecto revelaba un deceso en extremo insufrible, hab\u00eda en todo su rostro una expresi\u00f3n espeluznante que resultaba del excesivo maquillaje aplicado a la difunta: p\u00e1rpados de un intenso azul celeste, cuyas r\u00edgidas pesta\u00f1as de aspecto pastoso contrastaban con unos labios muy rojos, todo ello en el marco de unas mejillas avivadas artificialmente con el carm\u00edn caracter\u00edstico que usaban las mujeres en esa \u00e9poca.<\/p>\n<p>En general, se trataba de un semblante que no correspond\u00eda al aire pueril de novia que se aspiraba tuviera N., al ser preparada con el atuendo acostumbrado para los casos en que el cad\u00e1ver en cuesti\u00f3n fuera el de una virgen. Su traje nupcial blanco contrastaba en demas\u00eda \u2013ya lo he dicho- con su rostro h\u00f3rrido, y este efecto hizo que tuviera el impulso de huir de esa escena hasta el c\u00edrculo de sillas que hab\u00edan sido acomodadas en el patio de la casa paterna, para quienes acudieran al velorio. Pero desde all\u00ed, el cuadro dantesco que reci\u00e9n comenzaba a formarse ante mis ojos empeor\u00f3, pues hacia el costado del lugar en el que nos encontr\u00e1bamos se exhib\u00eda el colch\u00f3n que \u2013infer\u00eda yo- hab\u00eda soportado todos los martirios de la difunta. Sobre este se proyectaba una luz amarillenta y opaca que se cortaba con el revoloteo de algunos insectos enloquecidos por el halo de los bombillos y, alrededor, quedaba una oscuridad tan cruda que crispaba los nervios hasta del m\u00e1s esc\u00e9ptico. Todo ese paisaje t\u00e9trico deven\u00eda en una especie de gran boca que amenazaba con deglutir a todos los que hac\u00edamos presencia en el patio, con un vasito de caf\u00e9 sostenido a pulso y en mi caso, con los o\u00eddos abiertos a su m\u00e1ximo estado de alerta.<\/p>\n<p>Durante mucho rato permanec\u00ed presa del estupor de la imagen que se hab\u00eda clavado en la caverna de mi cerebro, mientras los dem\u00e1s hablaban en un tono de voz bajo tan forzado, que acab\u00f3 por confundirse con el coro disperso de chicharras que flotaban muy cerca de all\u00ed, en los retazos de una brisa hosca y bajo un cielo cruzado de nubes blancuzcas y desgarradas. Medio abobada ya por el sordo canturreo, emergi\u00f3 de repente el recuerdo de un sue\u00f1o cuyo contenido o mensaje no he logrado a\u00fan descifrar: me ve\u00eda entonces corriendo a mitad de la calle de un lugar inubicable y, luego, apurando el paso del\u00a0 veh\u00edculo donde yo viajaba ansiosa por llegar adonde iba, con una agitaci\u00f3n en el pecho muy fuerte que, al despertar, comprob\u00e9 era tan real como la amarga sensaci\u00f3n de haber estado all\u00ed, en efecto. Al detenerse el veh\u00edculo en mi sue\u00f1o y justo en el impulso de abrir la puerta con la intenci\u00f3n de continuar corriendo hasta el interior del cementerio en cuyo frente me encontraba, exclam\u00e9 con frustraci\u00f3n: \u201c\u00a1Ya se la llevaron!\u201d, al mismo tiempo que ve\u00eda partir una carroza f\u00fanebre con el medio cuerpo de una novia que, de espaldas a m\u00ed, se sal\u00eda de la ventana trasera arrastrando un largu\u00edsimo velo blanco como el que lucen las novias en las bodas reales.<\/p>\n<p>De esa escalofriante noche han transcurrido ya muchos a\u00f1os, pero cuando siguen ocurriendo eventos de difuntos y mi memoria se resbala hasta el recuerdo de las exequias de N., vuelvo a revivir el episodio de mi mirada hundida en el rostro de la novia cad\u00e1ver y en el c\u00edrculo de sillas que, como un carrusel macabro, nos pasea ante el l\u00fagubre espect\u00e1culo donde tiene lugar una de las muchas batallas que se libran entre la vida y la muerte.<\/p>\n<p><em>(De Cuentos de miedo, 2020)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Hijos de mis entra\u00f1as<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>prefiero estar dormida<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>que despierta<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>de tanto que me duele<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>que no est\u00e9s.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Roc\u00edo Durcal<\/em><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0 Un intenso dolor del bajo vientre (de esos que tambi\u00e9n llaman de madre) fue el despertador que sent\u00ed detonar una de las ya incontables ma\u00f1anas de cuarentena, cuando me hallaba en la escena cl\u00edmax de mi sue\u00f1o. Inoportuno y raro \u2013no cabe duda-, pues hasta donde pod\u00eda recordar no estaba yo en ninguno de los d\u00edas rojos del ciclo que lo justificaran, ni en esos otros cuyo s\u00fabito aumento de la temperatura me condenaban a andar siempre de tan mal humor. Probablemente, ese rel\u00e1mpago id\u00e9ntico al que viv\u00ed tras ponerme de pie luego de la ces\u00e1rea, un 3 de abril o al d\u00eda siguiente (no lo recuerdo bien), era el salvoconducto o la penalidad que se me hab\u00eda impuesto a cambio de lograr \u201csalir\u201d a este lado de la historia, el que nos ubica en las coordenadas de una realidad controlada y, por lo tanto, mucho m\u00e1s segura.<\/p>\n<p>En el sue\u00f1o me ve\u00eda yo, como en cualquier margen de rutina dom\u00e9stica, asando unos cortes de carne con la mirada puesta sobre ellos, a fin de \u00a0asegurarme de que el punto de cocci\u00f3n m\u00e1xima ocurriera bajo mi supervisi\u00f3n directa y no olvidado a su suerte, mientras daba la espalda a ocupar el tiempo en otra actividad simult\u00e1nea, como mirar mensajes de WhatsApp o algo por el estilo. Pero, de repente, de entre ese amasijo de bistecs jugosos que chirriaban desde hac\u00eda rato, vi un hom\u00fanculo que se retorc\u00eda como un feto salido a destiempo, no se sab\u00eda de d\u00f3nde. En el acto, comenc\u00e9 a paralizarme de miedo no por el hecho de haber encontrado sobre mi almuerzo a uno de esos hombrecitos en los que no hab\u00eda reparado sino a\u00f1os atr\u00e1s, cuando le\u00eda los cuentos de Hoffmann para una clase de Literatura Occidental. Me aterraba, m\u00e1s bien, o\u00edr los pasos de otro hom\u00fanculo que ya por su tama\u00f1o de adulto normal entrar\u00eda, forzosamente, en tal clasificaci\u00f3n humanoide. Lo \u201cve\u00eda\u201d avanzar como una de esas momias que despiertan no s\u00e9 cu\u00e1ntos siglos despu\u00e9s de haber sido guardadas en cofres ex\u00f3ticos, tampoco sab\u00eda yo por qu\u00e9 raz\u00f3n. Al parecer, mi obstinada falta de certezas en las cosas me manten\u00edan instalada \u00fanicamente en el instante presente de estar yo en una crisis de p\u00e1nico que termin\u00f3 por llevarme a apretujar y a esconder en el horno, con movimientos muy torpes, la sart\u00e9n de carne con todo y hom\u00fanculo. L\u00f3gicamente no pod\u00eda arriesgarme a ser sorprendida con las manos en las masas, en plena ejecuci\u00f3n de un acto criminal que no ten\u00eda perd\u00f3n de Dios. Hasta ah\u00ed mi sue\u00f1o.<\/p>\n<p>El resto fue caer de nuevo en el tema del dolor de matriz y en recordar que ten\u00eda pendiente realizarme un ecograma p\u00e9lvico de control, para llevarlo al ginec\u00f3logo. Nunca he sido muy dada a cumplir al pie de la letra con agendas m\u00e9dicas, de modo que, una vez m\u00e1s, s\u00f3lo tendr\u00eda la intenci\u00f3n de asistir si llegaba a encontrar algo fuera de lo normal que no pudiera resolver explorando las p\u00e1ginas de Internet.<\/p>\n<p>No pasaron muchos d\u00edas hasta que tuve los resultados en mis manos y, oh sorpresa: desde entonces, no paro de hacer conjeturas entre lo que en ellos encontr\u00e9 y mi sue\u00f1o con los hom\u00fanculos, durante los in\u00e9ditos d\u00edas de cuarentena por el Coronavirus.<\/p>\n<p>Los resultados revelaron que mis tres miomas subserosos (entre los cuales logr\u00e9, incluso, el embarazo de mi Mariana) hab\u00edan desaparecido. Uno de ellos siempre fue casi del tama\u00f1o de mi \u00fatero;\u00a0 los\u00a0\u00a0 otros\u00a0\u00a0 dos\u00a0\u00a0 eran\u00a0\u00a0 m\u00e1s\u00a0 chicos\u00a0 y,\u00a0 por\u00a0 lo\u00a0 tanto,\u00a0 menos alarmantes. Ninguno de mis ginec\u00f3logos consider\u00f3 la necesidad de una intervenci\u00f3n quir\u00fargica, puesto que no presentaba hemorragias escandalosas que amenazaran la estabilidad en mis niveles de hemoglobina y, adem\u00e1s \u2013ya lo he dicho- no soy amiga de pasarme temporadas de hospitalizaci\u00f3n si est\u00e1 en mis manos evitarlo.<\/p>\n<p>Al mirar sorprendida los resultados, no s\u00e9 por qu\u00e9 record\u00e9 la frase (m\u00e1s sabia que un templo) que lleg\u00f3 a m\u00ed de alg\u00fan lugar de mi ca\u00f3tica memoria: la de que los miomas son hijos que no se logran. \u00bfMioma o Momia?: he all\u00ed la cuesti\u00f3n. Dos m\u00e1s dos son cuatro: si mis tres miomas se hab\u00edan esfumado sin estar todav\u00eda en la fase de una menopausia que los ir\u00eda disminuyendo de tama\u00f1o hasta, incluso, hacerlos desaparecer tal como lo hab\u00edan vaticinado los doctores; y si en mis sue\u00f1os con los hom\u00fanculos hab\u00eda logrado deshacerme de dos de ellos (el de tama\u00f1o humano equivaldr\u00eda, claro est\u00e1, al supermioma), \u00bfd\u00f3nde habr\u00eda quedado el tercero?<\/p>\n<p>Quiere decir esto que, oh alegr\u00eda de t\u00edsico, continuaba instalada en una realidad alterna en la que, de un momento a otro, podr\u00eda toparme con el tercer hom\u00fanculo. Tal como van los escalofriantes experimentos de hacer mutar virus que saltan de\u00a0 murci\u00e9lagos\u00a0 a humanos o a cualquier otra cosa que escapa de mis registros de informaci\u00f3n, no deber\u00eda condenarme a la angustia de renunciar a mis alegr\u00edas ordinarias por ser portadora y testigo de otras experiencias mutantes que nadie \u2013salvo alg\u00fan curioso sensibilizado con mi causa- tendr\u00eda la paciencia necesaria para entender.<\/p>\n<p>Mi vida quedar\u00eda ahora a merced de una amenaza \u00bfo dicha? latente, pues aunque los otros hom\u00fanculos hubieran quedado atrapados en el sue\u00f1o, esta capa de realidad habr\u00eda quedado en entredicho con ese personaje en fuga que, indudablemente, hab\u00eda heredado mi actitud de darme constantemente a la hu\u00edda (dicho por el maestro Enrique Arenas, cuya penetraci\u00f3n psicol\u00f3gica era tan abisal como nunca antes vi en ninguna inteligencia humana).<\/p>\n<p>De ahora en adelante, no me quedar\u00e1 m\u00e1s remedio que estudiar si existe la manera de jugar con universos paralelos donde sea posible encontrarme con mis tres criaturas, pero sin la m\u00e1s remota probabilidad de exponer a mi bella y feliz Mariana a un peligro parecido a la travesura macabra de los hermanos idiotas que concibi\u00f3 Quiroga en su cuento \u201cLa gallina degollada\u201d. Dios y la Virgen de Chiquinquir\u00e1 me la protejan y le sigan dando salud.<\/p>\n<p><em>(De Cuentos de pandemia, 2020)<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Serendipia<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Hoy, 12 de abril, se cumple un aniversario m\u00e1s del fallecimiento de Herm\u00e1goras, mi abuelo materno, a quien apenas recuerdo en la lejana claridad de mi ni\u00f1ez, pero del que tuvimos noticia de haber sido maestro de vocaci\u00f3n y muy cari\u00f1oso con sus hijos. De \u00e9l, por cierto, mi madre y yo heredamos esas terribles crisis de migra\u00f1a que me inhabilitan para hacer lo que m\u00e1s me gusta: leer y escribir, dos h\u00e1bitos que requieren tener la mente despejada de todo boicot tensional o muscular que pueda inducirnos el mal humor.<\/p>\n<p>Consultando las ra\u00edces griegas del nombre de esta enfermedad y del de mi abuelo, resulta que uno significa \u201c\u03bc\u03b9\u03ba\u03c1\u03b1\u03bd\u03af\u03b1\u201d (hemi-crania), dolor que se produce en la mitad del cr\u00e1neo, y el otro \u201c\u03c1\u03bc\u03b1\u03b3\u03cc\u03c1\u03b1\u03c2\u201d (la estatua de Hermes en el \u00e1gora, el gran orador). Es decir, que hay una profunda verdad en aquel vers\u00edculo de Juan que reza \u201cEn el principio era el verbo\u201d, lo cual traducido a mi\u00a0 destino personal revela que las cartas ya est\u00e1n echadas y nada puede hacerse. Mi abuelo quedaba \u00bfcondenado? a ser maestro y yo, a profesar lo poco que he alcanzado a aprender a pesar de ese infierno puls\u00e1til que fue parte de mi herencia familiar. Pero, en compensaci\u00f3n, el nombre de mi abuelo materno tambi\u00e9n significa tanto un gusto \u00ednsito hacia lo est\u00e9tico o gastron\u00f3mico como por el cuidado exacerbado del orden y la limpieza, man\u00eda a la que me adscribo sin ning\u00fan prurito desde que tengo uso de raz\u00f3n. Algo as\u00ed como si con ese esfuerzo redoblado hacia la pulcritud habr\u00edamos de hallar el alivio a las jaquecas.<\/p>\n<p>En vista de que al igual que la esquizofrenia la migra\u00f1a es una enfermedad controlable pero no curable, me di a la tarea de auscultar cuanto vadem\u00e9cum contribuyera a darme luces sobre los cuidados profil\u00e1cticos m\u00e1s exitosos en esa materia y, adem\u00e1s, sobre las sustancias que resultan eficaces cuando ya el dolor se ha instalado.<\/p>\n<p>Este continuo ejercicio de ensayo y error, hasta ir separando la paja de la mies, lo he venido practicando desde los dieciocho a\u00f1os (como si se tratara de una penitencia que debiera cumplir por haber alcanzado la mayor\u00eda de edad) hasta hace muy poco.<\/p>\n<p>En fin, entre tantos experimentos con medicamentos analg\u00e9sicos, vasoconstrictores y oxigenantes, llegu\u00e9 al conocimiento de la ergotamina, un alcaloide presente en el cornezuelo del centeno (un hongo) y en la leche materna. Este segundo y reciente descubrimiento me llev\u00f3 a revisar desquiciadamente las f\u00f3rmulas infantiles que se expenden en las farmacias, sin tener el \u00e9xito esperado tras descubrir que en los contenidos de sus etiquetas no figura por ning\u00fan lado la fulana ergotamina.<\/p>\n<p>Ten\u00eda entonces frente a m\u00ed dos caminos: o embarazarme constantemente (ahora me explico c\u00f3mo mientras estuve embarazada con esa leche en mis pechos los dolores se esfumaron, en efecto, como por arte de magia) o cultivar un huerto con esa especie de hongos. Lo primero quedaba descartado por haber rebasado ya la edad decente para la maternidad, adem\u00e1s del conflicto moral que se desencadenar\u00eda al arrebatar a mi criatura el sustento de mis entra\u00f1as en una loca supervivencia del m\u00e1s apto (me persigno aqu\u00ed y pido perd\u00f3n a Dios por haber considerado siquiera la idea).<\/p>\n<p>La segunda opci\u00f3n -la del huerto- ser\u00eda, a todas luces, la menos perniciosa pero tan poco probable como la primera dado que implicar\u00eda reunir las condiciones adecuadas para llevar a cabo este tipo de cultivo y contar con la facultad -y los implementos- de saber sintetizar dicho alcaloide como lo hizo su descubridor, Arthur Stoll, en los laboratorios Sandoz en 1918. <em>Et alors, qu\u00b4est-ce qu\u00b4on fait? <\/em><\/p>\n<p>Cuando ha llegado el punto de encontrarme en una encrucijada, me armo de valor para declararme a m\u00ed misma incompetente frente al caso y, acto seguido, le conf\u00edo a las fuerzas del destino hacer el resto. Que Dios, el azar o los sue\u00f1os fueran las puertas de acceso a esa \u00faltima ficha que me faltaba por jugar no era algo que pudiera subestimar o tomar a la ligera, pues, al igual que en anteriores retos no resueltos a la luz de mi precaria raz\u00f3n, finalmente he podido hallar el tan ansiado el\u00edxir que no s\u00f3lo ha hecho desparecer el rel\u00e1mpago de cefaleas persistente (recuerdo, de modo especial, las producidas por el Covid-19), sino tambi\u00e9n el envejecimiento de todas las c\u00e9lulas de mi organismo y, por consiguiente, el descubrimiento sorprendente de habilidades que pensaba se hab\u00edan extinguido o no hab\u00edan existido nunca en mi fuero interior.<\/p>\n<p>As\u00ed llegu\u00e9 entonces al t\u00e9rmino de mi b\u00fasqueda, por pura serendipia, y no digo nada m\u00e1s.<\/p>\n<p><em>(De Cuentos de pospandemia, 2021)<\/em><\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/leisie-montiel\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leisie Montiel La novia Los velorios a los que recuerdo haber asistido en mi infancia, como parte de los compromisos sociales que tocaba cumplir en familia (porque as\u00ed lo dictaba el deber ser de las buenas costumbres), no fueron en verdad pocos. 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