{"id":411,"date":"2021-08-03T01:46:13","date_gmt":"2021-08-03T01:46:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=411"},"modified":"2023-11-24T18:40:51","modified_gmt":"2023-11-24T18:40:51","slug":"la-lluvia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-lluvia\/","title":{"rendered":"La lluvia"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Arturo Uslar Pietri<\/h4>\n<p>La luz de la luna entraba por todas las rendijas del rancho y el ruido del viento en el maizal, compacto y menudo como la lluvia. En la sombra acuchillada de l\u00e1minas claras oscilaba el chinchorro lento del viejo zambo; acompasadamente chirriaba la atadura de la cuerda sobre la madera y se o\u00eda la respiraci\u00f3n corta y silbosa de la mujer que estaba echada sobre el catre del rinc\u00f3n.<span id=\"more-21607\"><\/span><\/p>\n<p>La patinadura del aire sobre las hojas secas del ma\u00edz y de los \u00e1rboles sonaba cada vez m\u00e1s a lluvia, poniendo un eco h\u00famedo en el ambiente terroso y s\u00f3lido. Se o\u00eda en lo hondo, como bajo piedra, el latido de la sangre girando ansiosamente.<\/p>\n<p>La mujer sudorosa e insomne prest\u00f3 o\u00eddo, entreabri\u00f3 los ojos, trat\u00f3 de adivinar por las rayas luminosas, atisb\u00f3 un momento, mir\u00f3 el chinchorro, quieto y pesado, y llam\u00f3 con voz agria:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Jesuso!<\/p>\n<p>Calm\u00f3 la voz esperando respuesta y entretanto coment\u00f3 alzadamente.<\/p>\n<p>\u2014Duerme como un palo. Para nada sirve. Si vive como si estuviera muerto\u2026<\/p>\n<p>El dormido sali\u00f3 a la vida con la llamada, desperez\u00f3se y pregunt\u00f3 con voz cansina:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa, Usebia? \u00bfQu\u00e9 esc\u00e1ndalo es ese? \u00a1Ni de noche puedes dejar en paz a la gente!<\/p>\n<p>\u2014C\u00e1llate, Jesuso y oye.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 lloviendo, lloviendo, \u00a1Jesuso! y no lo oyes. \u00a1Hasta sordo te has puesto!<\/p>\n<p>Con esfuerzo, malhumorado, el viejo se incorpor\u00f3, corri\u00f3 a la puerta, la abri\u00f3 violentamente y recibi\u00f3 en la cara y en el cuerpo medio desnudo la plateadura de la luna llena y el soplo ardiente que sub\u00eda por la ladera del conuco agitando las sombras. Luc\u00edan todas las estrellas.<\/p>\n<p>Alarg\u00f3 hacia la intemperie la mano abierta, sin sentir una gota. Dej\u00f3 caer la mano, afloj\u00f3 los m\u00fasculos y recost\u00f3se en el marco de la puerta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVes, vieja loca, tu aguacero? Ganas de trabajar la paciencia. La mujer qued\u00f3se con los ojos fijos mirando la gran claridad que entraba por la puerta. Una r\u00e1pida gota de sudor le cosquille\u00f3 en la mejilla. El vaho c\u00e1lido inundaba el recinto. Jes\u00fas torn\u00f3 a cerrar, camin\u00f3 suavemente hasta el chinchorro, estir\u00f3se y se volvi\u00f3 a o\u00edr el crujido de la madera en la mecida. Una mano colgaba hasta el suelo resbalando sobre la tierra del piso.<\/p>\n<p>La tierra estaba seca como una piel \u00e1spera, seca hasta en el extremo de las ra\u00edces, ya como huesos; se sent\u00eda flotar sobre ella una fiebre de sed, un jadeo, que torturaba los hombres.<\/p>\n<p>Las nubes oscuras como sombras de \u00e1rbol se hab\u00edan ido, se hab\u00edan perdido tras de los \u00faltimos cerros m\u00e1s altos, se hab\u00edan ido como el sue\u00f1o, como el reposo. El d\u00eda era ardiente. La noche era ardiente, encendida de luces fijas y met\u00e1licas. En los cerros y los valles pelados, llenos de grietas como bocas, los hombres se consum\u00edan torpes, obsesionados por el fantasma pulido del agua, mirando se\u00f1ales, escudri\u00f1ando anuncios\u2026<\/p>\n<p>Sobre los valles y los cerros, en cada rancho, pasaban y repasaban las mismas palabras.<\/p>\n<p>\u2014Cant\u00f3 el carrao. Va a llover\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No llover\u00e1! Se la daban como santo y se\u00f1a de la angustia.<\/p>\n<p>\u2014Vent\u00f3 del abra. Va a llover\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No llover\u00e1!<\/p>\n<p>Se lo repet\u00edan como para fortalecerse en la espera infinita.<\/p>\n<p>\u2014Se callaron las chicharras. Va a llover\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No llover\u00e1!<\/p>\n<p>La luz y el sol eran de cal cegadora y asfixiante.<\/p>\n<p>\u2014Si no llueve, Jesuso, \u00bfqu\u00e9 va a pasar?<\/p>\n<p>Mir\u00f3 la sombra que se agitaba fatigosa sobre el catre, comprendi\u00f3 su intenci\u00f3n de multiplicar el sufrimiento con las palabras, quiso hablar, pero la somnolencia le ten\u00eda tomado el cuerpo, cerr\u00f3 los ojos y se sinti\u00f3 entrando al sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Con la primera luz de la ma\u00f1ana Jesuso sali\u00f3 al conuco y comenz\u00f3 a recorrerlo a paso lento. Bajo sus pies descalzos cruj\u00edan las hojas vidriosas. Miraba a ambos lados las largas hileras del maizal amarillas y tostadas, los escasos \u00e1rboles desnudos y en lo alto de la colina, verde profundo, un cactus vertical. A ratos deten\u00edase, tomaba en la mano una vaina de frejol reseca y tritur\u00e1bala con lentitud haciendo saltar por entre los dedos los granos rugosos y malogrados. A medida que sub\u00eda el sol, la sensaci\u00f3n y el color de aridez eran mayores. No se ve\u00eda nube en el cielo de un azul llama. Jesuso, como todos los d\u00edas, iba, sin objeto, porque la siembra estaba ya perdida, recorriendo las veredas del conuco, en parte por inconsciente costumbre, en parte por descansar de la hostil murmuraci\u00f3n de Usebia.<\/p>\n<p>Todo lo que se dominaba del paisaje, desde la colina, era una sola variedad de amarillo sediento sobre valles estrechos y cerros calvos, en cuyo flanco una mancha de polvo calc\u00e1reo se\u00f1alaba el camino.<\/p>\n<p>No se observaba ning\u00fan movimiento de vida, el viento quieto, la luz fulgurante. Apenas la sombra si se iba empeque\u00f1eciendo. Parec\u00eda aguardarse un incendio. Jesuso marchaba despacio, deteni\u00e9ndose a ratos como un animal amaestrado, la vista sobre el suelo, y a ratos conversando consigo mismo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bendito y alabado! \u00bfQu\u00e9 va a ser de la pobre gente con esta sequ\u00eda? Este a\u00f1o ni una gota de agua y el pasado fue un inviernazo que se pas\u00f3 de aguado, llovi\u00f3 m\u00e1s de la cuenta, creci\u00f3 el r\u00edo, acab\u00f3 con las vegas, se llev\u00f3 el puente\u2026 Est\u00e1 visto que no hay manera\u2026 Si llueve, porque llueve\u2026 Si no llueve, porque no llueve\u2026 Pasaba del mon\u00f3logo a un silencio desierto y a la marcha perezosa, la mirada por tierra, cuando sin ver sinti\u00f3 algo inusitado en el fondo de la vereda y alz\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>Era el cuerpo de un ni\u00f1o. Delgado, menudo, de espaldas, en cuclillas fijo y abstra\u00eddo mirando hacia el suelo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jesuso avanz\u00f3 sin ruido, y sin que el muchacho lo advirtiera, vino a coloc\u00e1rsele por detr\u00e1s, dominando con su estatura lo que hac\u00eda. Corr\u00eda por tierra culebreando un delgado hilo de orina, achatado y turbio de polvo en el extremo, que arrastraba algunas pajas m\u00ednimas. En ese instante, de entre sus dedos mugrientos, el ni\u00f1o dejaba caer una hormiga.<\/p>\n<p>\u2014Y se rompi\u00f3 la represa\u2026 y ha venido la corriente\u2026 bruum\u2026 bruuuum\u2026 bruuuuuum\u2026 y la gente corriendo\u2026 y se llev\u00f3 la hacienda de t\u00edo sapo\u2026 y despu\u00e9s el hato de t\u00eda tara\u2026 y todos los palos grandes\u2026 zaaas\u2026 bruuuuum\u2026 y ahora t\u00eda hormiga metida en esa aguaz\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 la mirada, volvi\u00f3se bruscamente, mir\u00f3 con susto la cara rugosa del viejo y se alz\u00f3 entre col\u00e9rico y vergonzoso.<\/p>\n<p>Era fino, el\u00e1stico, las extremidades largas y perfectas, el pecho angosto, por entre el dril pardo la piel dorada y sucia, la cabeza inteligente, m\u00f3viles los ojos, la nariz vibrante y aguda, la boca femenina. Lo cubr\u00eda un viejo sombrero de fieltro, ya humano de uso, plegado sobre las orejas como bicornio, que contribu\u00eda a darle expresi\u00f3n de roedor, de peque\u00f1o animal inquieto y \u00e1gil.<\/p>\n<p>Jesuso termin\u00f3 de examinarlo en silencio y sonri\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde sales muchacho?<\/p>\n<p>\u2014De por ah\u00ed\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde?<\/p>\n<p>\u2014De por ah\u00ed.<\/p>\n<p>Y extendi\u00f3 con vaguedad la mano sobre los campos que se alcanzaban.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 vienes haciendo?<\/p>\n<p>\u2014Caminando.<\/p>\n<p>La impresi\u00f3n de la respuesta d\u00e1bale cierto tono autoritario y alto, que extra\u00f1\u00f3 al hombre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo te llamas?<\/p>\n<p>\u2014Como me puso el cura.<\/p>\n<p>Jes\u00fas arrug\u00f3 el gesto, degradado por la actitud terca y hura\u00f1a.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o pareci\u00f3 advertirlo y compens\u00f3 las palabras con una expresi\u00f3n confiada y familiar.<\/p>\n<p>\u2014No seas malcriado \u2014coment\u00f3 el viejo, pero desarmado por la gracia baj\u00f3 a un tono m\u00e1s \u00edntimo\u2014. \u00bfPor qu\u00e9 no contestas?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9 pregunta? \u2014replic\u00f3 con candor extraordinario.<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa escondes algo. O te has ido de casa de tu taita.<\/p>\n<p>\u2014No, se\u00f1or.<\/p>\n<p>Preguntaba casi sin curiosidad, mon\u00f3tonamente, como jugando un juego.<\/p>\n<p>\u2014O has echado alguna lavativa.<\/p>\n<p>\u2014No, se\u00f1or.<\/p>\n<p>\u2014O te han botado por maluco.<\/p>\n<p>\u2014No, se\u00f1or.<\/p>\n<p>Jesuso se rasc\u00f3 la cabeza y agreg\u00f3 con sorna:<\/p>\n<p>\u2014O te empezaron a comer las patas y te fuiste, \u00bfah, vagabundito?<\/p>\n<p>El muchacho no respondi\u00f3, se puso a mecerse sobre los pies, los brazos a la espalda, chasqueando la lengua contra el paladar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY para d\u00f3nde vas ahora?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Para ninguna parte.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 est\u00e1s haciendo?<\/p>\n<p>\u2014Lo que usted ve.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Buena cochinada!<\/p>\n<p>El viejo Jesuso no hall\u00f3 m\u00e1s que decir; quedaron callados frente a frente, sin que ninguno de los dos se atreviese a mirarse a los ojos. Al rato, molesto por aquel silencio y aquella quietud que no hallaba c\u00f3mo romper, empez\u00f3 a caminar lentamente como un animal enorme y torpe, casi como si quisiera imitar el paso de un animal fant\u00e1stico, advirti\u00f3 que lo estaba haciendo, y lo ruboriz\u00f3 pensar que pudiera hacerlo para divertir al ni\u00f1o.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfVienes? \u2014pregunt\u00f3\u2014. Calladamente el muchacho se vino sigui\u00e9ndolo.<\/p>\n<p>En llegando a la puerta del rancho hall\u00f3 a Usebia atareada encendiendo el fuego. Soplaba con fuerza sobre un montoncito de maderas de caj\u00f3n de papeles amarillos.<\/p>\n<p>\u2014Usebia, mira \u2014llam\u00f3 con timidez\u2014. Mira lo que ha llegado.<\/p>\n<p>\u2014Uj\u00fa \u2014gru\u00f1\u00f3 sin tornarse, y continu\u00f3 soplando.<\/p>\n<p>El viejo tom\u00f3 al ni\u00f1o y lo coloc\u00f3 ante s\u00ed, como present\u00e1ndolo, las dos manos oscuras y gruesas sobre los hombros finos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mira, pues!<\/p>\n<p>Gir\u00f3 agria y brusca y qued\u00f3 frente al grupo, viendo con esfuerzo por los ojos llorosos de humo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAh?<\/p>\n<p>Una vaga dulzura le suaviz\u00f3 lentamente la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Aj\u00e1. \u00bfQui\u00e9n es?<\/p>\n<p>Ya respond\u00eda con sonrisa a la sonrisa del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n eres?<\/p>\n<p>\u2014Pierdes tu tiempo en preguntarle, porque este sinverg\u00fcenza no contesta.<\/p>\n<p>Qued\u00f3 un rato vi\u00e9ndolo, respirando su aire, sonri\u00e9ndole, pareciendo comprender algo que escapaba a Jesuso. Luego muy despacio se fue a un rinc\u00f3n, hurg\u00f3 en el fondo de una bolsa de tela roja y sac\u00f3 una galleta amarilla, pulida como metal de dura y vieja. La dio al ni\u00f1o y mientras este mascaba con dificultad la tiesa pasta, continu\u00f3 contempl\u00e1ndolos, a \u00e9l y al viejo alternativamente, con aire de asombro, casi de angustia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Parec\u00eda buscar dificultosamente un fino y perdido hilo de recuerdo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe acuerdas, Jesuso, de Cacique? El pobre.<\/p>\n<p>La imagen del viejo perro fiel desfil\u00f3 por sus memorias. Una compungida emoci\u00f3n los acercaba.<\/p>\n<p>\u2014Ca-ci-que\u2026 \u2014dijo el viejo como aprendiendo a deletrear.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o volvi\u00f3 la cabeza y lo mir\u00f3 con su mirada entera y pura. Mir\u00f3 a su mujer y sonrieron ambos t\u00edmidos y sorprendidos.<\/p>\n<p>A medida que el d\u00eda se hac\u00eda grande y profundo, la luz situaba la imagen del muchacho dentro del cuadro familiar y peque\u00f1o del rancho. El color de la piel enriquec\u00eda el tono moreno de la tierra pisada, y en los ojos la sombra fresca estaba viva y ardiente.<\/p>\n<p>Poco a poco las cosas iban dejando sitio y organiz\u00e1ndose para su presencia. Ya la mano corr\u00eda f\u00e1cil sobre la lustrosa madera de la mesa, al pie hallaba el desnivel del umbral, el cuerpo se amoldaba exacto al butaque de cuero y los movimientos cab\u00edan con gracia en el espacio que los esperaba.<\/p>\n<p>Jesuso, entre alegre y nervioso, hab\u00eda salido de nuevo al campo y Usebia se atareaba, procurando evadirse de la soledad frente al ser nuevo. Remov\u00eda la olla sobre el fuego, iba y ven\u00eda buscando ingredientes para la comida, y a ratos, mientras le volv\u00eda la espalda, miraba de reojo al ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Desde donde lo vislumbraba quieto, con las manos entre las piernas, la cabeza doblada mirando los pies golpear el suelo, comenz\u00f3 a llegarle un silbido menudo y libre que no recordaba m\u00fasica.<\/p>\n<p>Al rato pregunt\u00f3 casi sin dirigirse a \u00e9l:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n es el grillo que chilla?<\/p>\n<p>Crey\u00f3 haber hablado muy suave, porque no recibi\u00f3 respuesta sino el silbido, ahora m\u00e1s alegre y parecido a la brusca exaltaci\u00f3n del canto de los p\u00e1jaros.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique! \u2014insinu\u00f3 casi con verg\u00fcenza\u2014. \u00a1Cacique!<\/p>\n<p>Mucho gozo le produjo al o\u00edr el \u201c\u00a1ah!\u201d del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014C\u00f3mo te est\u00e1 gustando el nombre.<\/p>\n<p>Una pausa y a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Yo me llamo Usebia.<\/p>\n<p>Oy\u00f3 como un eco apagado:<\/p>\n<p>\u2014Velita de sebo\u2026<\/p>\n<p>Sonri\u00f3 entre sorprendida y disgustada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo que te gusta poner nombres?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Usted fue quien me lo puso a m\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Verdad es.<\/p>\n<p>Iba a preguntarle si estaba contento, pero la dura costra que la vida solitaria hab\u00eda acumulado sobre sus sentimientos le hac\u00eda dif\u00edcil, casi dolorosa, la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Torn\u00f3 a callar y a moverse mec\u00e1nicamente en una imaginaria tarea, eludiendo los impulsos que la hac\u00edan comunicativa y abierta. El ni\u00f1o recomenz\u00f3 el silbido.<\/p>\n<p>La luz crec\u00eda, haciendo m\u00e1s pesado el silencio. Hubiera querido comenzar a hablar disparatadamente de todo cuanto le pasaba por la cabeza, o huir de la soledad para hallarse de nuevo consigo misma.<\/p>\n<p>Soport\u00f3 callada aquel v\u00e9rtigo interior hasta el l\u00edmite de la tortura, y cuando se sorprendi\u00f3 hablando ya no se sent\u00eda ella, sino algo que flu\u00eda como la sangre de una vena rota.<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa vas a ver c\u00f3mo todo cambiar\u00e1 ahora, Cacique. Ya yo no pod\u00eda aguantar m\u00e1s a Jesuso\u2026<\/p>\n<p>La visi\u00f3n del viejo oscuro, callado, seco, pas\u00f3 entre las palabras. Le pareci\u00f3 que el muchacho hab\u00eda dicho \u201clechuzo\u201d, y sonri\u00f3 con torpeza, no sabiendo si era resonancia de sus propias palabras.<\/p>\n<p>\u2014\u2026No s\u00e9 c\u00f3mo lo he aguantado toda la vida. Siempre ha sido malo y mentiroso.<\/p>\n<p>Sin ocuparse de m\u00ed\u2026<\/p>\n<p>El sabor de la vida amarga y dura se concentraba en el recuerdo de su hombre, carg\u00e1ndolo con las culpas que no pod\u00eda aceptar.<\/p>\n<p>\u2014\u2026Ni el trabajo del campo lo sabe con tantos a\u00f1os. Otros hubieran salido de abajo y nosotros para atr\u00e1s y para atr\u00e1s. Y ahora este a\u00f1o, Cacique\u2026<\/p>\n<p>Se interrumpi\u00f3 suspirando y continu\u00f3 con firmeza y la voz alzada, como si quisiera que la oyese alguien m\u00e1s lejos:<\/p>\n<p>\u2014\u2026No ha venido el agua. El verano se ha quedado viejo quem\u00e1ndolo todo. \u00a1No ha ca\u00eddo ni una gota!<\/p>\n<p>La voz c\u00e1lida en el aire t\u00f3rrido trajo un ansia de frescura imperiosa, una angustia de sed. El resplandor de la colina tostada, de las hojas secas, de la tierra agrietada, se hizo presente como otro cuerpo y alej\u00f3 las dem\u00e1s preocupaciones.<\/p>\n<p>Guard\u00f3 silencio alg\u00fan tiempo y luego concluy\u00f3 con voz dolorosa:<\/p>\n<p>\u2014Cacique, coge esa lata y baja a la quebrada a buscar agua.<\/p>\n<p>Miraba a Usebia atarearse en los preparativos del almuerzo y sent\u00eda un contento \u00edntimo como si se preparara una ceremonia extraordinaria, como si acaso acabara de descubrir el car\u00e1cter religioso del alimento.<\/p>\n<p>Todas las cosas usuales se hab\u00edan endomingado, se ve\u00edan m\u00e1s hermosas, parec\u00edan vivir por primera vez.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1 buena la comida, Usebia? La respuesta fue tan extraordinaria como la pregunta.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 buena, viejo.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o estaba afuera, pero su presencia llegaba hasta ellos de un modo imperceptible y eficaz.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La imagen del peque\u00f1o rostro agudo y huroneante les provocaba asociaciones de ideas nuevas. Pensaban con ternura en objetos que antes nunca hab\u00edan tenido importancia. Alpargatitas menudas, peque\u00f1os caballos de madera, carritos hechos con ruedas de lim\u00f3n, metras de vidrio irisado.<\/p>\n<p>El gozo mutuo y callado los un\u00eda y hermoseaba. Tambi\u00e9n ambos parec\u00edan acabar de conocerse, y tener sue\u00f1os para la vida venidera. Estaban hermosos hasta sus nombres y se complac\u00edan en decirlos solamente.<\/p>\n<p>\u2014Jesuso\u2026<\/p>\n<p>\u2014Usebia\u2026<\/p>\n<p>Ya el tiempo no era un desesperado aguardar, sino una cosa ligera, como fuente que brotaba.<\/p>\n<p>Cuando estuvo lista la mesa, el viejo se levant\u00f3, atraves\u00f3 la puerta y fue a llamar al ni\u00f1o que jugaba afuera, echado por tierra, con una cerbatana.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique, vente a comer!<\/p>\n<p>El ni\u00f1o no lo o\u00eda, abstra\u00eddo en la contemplaci\u00f3n del insecto verde y fino como el nervio de una hoja. Con los ojos pegados a la tierra, la ve\u00eda crecida como si fuese de su mismo tama\u00f1o, como un gran animal terrible y monstruoso. La cerbatana se mov\u00eda apenas, girando sobre sus patas, entre la voz del muchacho, que canturreaba interminablemente:<\/p>\n<p>\u2014\u201dCerbatana, cerbatanita, \u00bfde qu\u00e9 tama\u00f1o es tu conuquito?\u201d<\/p>\n<p>El insecto abr\u00eda acompasadamente las dos patas delanteras, como mensurando vagamente. La cantinela continuaba acompa\u00f1ando el movimiento de la cerbatana, y el ni\u00f1o iba viendo cada vez m\u00e1s diferente e inesperado el aspecto de la bestezuela, hasta hacerla irreconocible en su imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Cacique, vente a comer.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 la cara y se alz\u00f3 con fatiga, como si regresase de un largo viaje. Penetr\u00f3 tras el viejo en el rancho lleno de humo. Usebia serv\u00eda el almuerzo en platos de peltre desportillados. En el centro de la mesa se destacaba blanco el pan de ma\u00edz, fr\u00edo y rugoso.<\/p>\n<p>Contra su costumbre, que era estarse lo m\u00e1s del d\u00eda vagando por las siembras y laderas, Jesuso regres\u00f3 al rancho poco despu\u00e9s del almuerzo. Cuando volv\u00eda a las horas habituales, le era f\u00e1cil repetir gestos consuetudinarios, decir las frases acostumbradas y hallar el sitio exacto en que su presencia aparec\u00eda como un fruto natural de la hora, pero aquel regreso inusitado representaba una tan formidable alteraci\u00f3n del curso de su vida, que entr\u00f3 como avergonzado y comprendi\u00f3 que Usebia deb\u00eda estar llena de sorpresa. Sin mirarla de frente, se fue al chinchorro y ech\u00f3se a lo largo. Oy\u00f3 sin extra\u00f1eza como lo interpelaba.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aj\u00e1! \u00bfC\u00f3mo que arreci\u00f3 la flojera?<\/p>\n<p>Busc\u00f3 una excusa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 voy a hacer en ese cerro achicharrado?<\/p>\n<p>Al rato volvi\u00f3 la voz de Usebia, ya d\u00f3cil y con m\u00e1s simpat\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Tanta falta que hace el agua! Si acabara de venir un aguacero, largo y bueno. \u00a1Santo Dios!<\/p>\n<p>\u2014La calor es mucha y el cielo purito. No se mira venir agua de ning\u00fan lado.<\/p>\n<p>\u2014Peo si lloviera se podr\u00eda hacer otra siembra.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, se podr\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Y dar\u00eda m\u00e1s plata, porque se ha secado mucho conuco.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, dar\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Con un solo aguacero se pondr\u00eda verdecita toda esa falda.<\/p>\n<p>\u2014Y con la plata podr\u00edamos comprarnos un burro, que nos hace mucha falta. Y unos camisones para ti, Usebia.<\/p>\n<p>La corriente de ternura brot\u00f3 inesperadamente y con su milagro hizo sonre\u00edr a los viejos.<\/p>\n<p>\u2014Y para ti, Jesuso, una buena cobija que no se pase.<\/p>\n<p>Y casi en coro los dos:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY para Cacique?<\/p>\n<p>\u2014Lo llevaremos al pueblo para que coja lo que le guste.<\/p>\n<p>La luz que entraba por la puerta del rancho se iba haciendo tenue, difusa, oscura, como si la hora avanzase y sin embargo no parec\u00eda haber pasado tanto tiempo desde el almuerzo. Llegaba brisa te\u00f1ida de humedad que hac\u00eda m\u00e1s grato el encierro de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo el medio d\u00eda lo hab\u00edan pasado casi en silencio, diciendo s\u00f3lo, muy de tiempo en tiempo, algunas palabras vagas y banales por lo que secretamente y de modo basto asomaba un estado de alma nuevo, una especie de calma, de paz, de cansancio feliz.<\/p>\n<p>\u2014Ahorita est\u00e1 oscuro \u2014dijo Usebia, mirando el color ceniciento que llegaba a la puerta.<\/p>\n<p>\u2014Ahorita \u2014asinti\u00f3 distra\u00eddamente el viejo.<\/p>\n<p>E inesperadamente agreg\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 se ha hecho Cacique en toda la tarde?\u2026 Se habr\u00e1 quedado por el conuco jugando con los animales que encuentra. Con cuanto bichito mira, se para y se pone a conversar como si fuera gente.<\/p>\n<p>Y m\u00e1s luego a\u00f1adi\u00f3, despu\u00e9s de haber dejado desfilar lentamente por su cabeza todas las im\u00e1genes que suscitaban sus palabras dichas:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014\u2026y lo voy a buscar, pues.<\/p>\n<p>Alz\u00f3se del chinchorro con pereza y lleg\u00f3 a la puerta. Todo el amarillo de la colina seca se hab\u00eda tornado en violeta bajo la luz de gruesos nubarrones negros que cubr\u00edan el cielo. Una brisa aguda agitaba todas las hojas tostadas y chirriantes.<\/p>\n<p>\u2014Mira, Usebia \u2014llam\u00f3.<\/p>\n<p>Vino la vieja al umbral preguntando:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCacique est\u00e1 all\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No! Mira el cielo negrito, negrito.<\/p>\n<p>\u2014Ya as\u00ed se ha puesto otras veces y no ha sido agua.<\/p>\n<p>Ella qued\u00f3 enmarcada y \u00e9l sali\u00f3 al raso, hizo hueco con las manos y lanz\u00f3 un grito lento y espacioso.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique! \u00a1Caciiiique!<\/p>\n<p>La voz se fue con la brisa, mezclada al ruido de las hojas, al hervor de mil ruidos menudos que como burbujas rodeaban a la colina.<\/p>\n<p>Jesuso comenz\u00f3 a andar por la vereda m\u00e1s ancha del conuco. En la primera vuelta vio de reojo a Usebia, inm\u00f3vil, incrustada en las cuatro l\u00edneas del umbral, y la perdi\u00f3 siguiendo las sinuosidades. Cruzaba un ruido de bestezuelas veloces por la hojarasca ca\u00edda y se o\u00eda el escalofriante vuelo de las palomitas pardas sobre el ancho fondo del viento inmenso que pasaba pesadamente. Por la luz y el aire penetraba una frialdad de agua.<\/p>\n<p>Sin sentirlo, estaba como ausente y metido por otras veredas m\u00e1s torcidas y complicadas que las del conuco, m\u00e1s oscuras y misteriosas. Caminaba mec\u00e1nicamente, cambiando de velocidad, deteni\u00e9ndose y hall\u00e1ndose de pronto parado en otro sitio.<\/p>\n<p>Suavemente las cosas iban desdibuj\u00e1ndose y haci\u00e9ndose grises y mudables, como de sustancia de agua.<\/p>\n<p>A ratos parec\u00eda a Jesuso ver el cuerpecito del ni\u00f1o en cuclillas entre los tallos del ma\u00edz, y llamaba r\u00e1pido:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Cacique \u2014pero pronto la brisa y la sombra deshac\u00edan el dibujo y formaban otra figura irreconocible.<\/p>\n<p>Las nubes mucho m\u00e1s hondas y bajas aumentaban por segundos la oscuridad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Iba a media falda de la colina y ya los \u00e1rboles altos parec\u00edan columnas de humo deshaci\u00e9ndose en la atm\u00f3sfera oscura.<\/p>\n<p>Ya no se fiaba de los ojos, porque todas las formas eran sombras indistintas, sino que a ratos se paraba y prestaba o\u00eddo a los rumores que pasaban.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique!<\/p>\n<p>Herv\u00eda una sustancia de murmullos, de ecos, de crujidos, resonante y vasta.<\/p>\n<p>Hab\u00eda distinguido clara su voz entre la zarabanda de ruidos menudos y dispersos que arrastraba el viento.<\/p>\n<p>\u2014Cerbatana, cerbatanita\u2026<\/p>\n<p>Entre el humo vago que le llenaba la cabeza, una angustia fr\u00eda y aguda lo hostigaba acelerando sus pasos y precipit\u00e1ndolo locamente. Entr\u00f3 en cuclillas, a ratos a cuatro patas, hurgando febril entre los tallos de ma\u00edz, y par\u00e1ndose continuamente a no o\u00edr sino su propia respiraci\u00f3n, que resonaba grande. Buscaba con rapidez que crec\u00eda vertiginosamente, con ansia incontenible, casi sinti\u00e9ndose \u00e9l mismo, perdido y llamado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique! \u00a1Caciiiique!<\/p>\n<p>Hab\u00eda ido dando vueltas entre gritos y jadeos, extraviado, y s\u00f3lo ahora advert\u00eda que iba de nuevo subiendo la colina. Con la sombra, la velocidad de la sangre y la angustia de la b\u00fasqueda in\u00fatil, ya no reconoc\u00eda en s\u00ed mismo al manso viejo habitual, sino un animal extra\u00f1o presa de un impulso de la naturaleza. No ve\u00eda en la colina los familiares contornos, sino como un crecimiento y una deformaci\u00f3n inopinados que se la hac\u00edan ajena y poblada de ruidos y movimientos desconocidos.<\/p>\n<p>El aire estaba espeso e irrespirable, el sudor le corr\u00eda copioso y \u00e9l giraba y corr\u00eda siempre aguijoneado por la angustia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique!<\/p>\n<p>Ya era una cosa de vida o muerte hallar. Hallar algo desmedido que saldr\u00eda de aquella \u00e1spera soledad torturadora. Su propio grito ronco parec\u00eda llamarlo hacia mil rumbos distintos, donde algo de la noche aplastante lo esperaba. Era agon\u00eda. Era sed. Un olor de surco reci\u00e9n removido flotaba ahora a ras de tierra, olor de hoja tierna triturada.<\/p>\n<p>Ya irreconocible, como las dem\u00e1s formas, el rostro del ni\u00f1o se deshac\u00eda en la tiniebla gruesa; ya no le miraba aspecto humano, a ratos no le recordaba la fisonom\u00eda, ni el timbre, no recordaba su silueta.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique!<\/p>\n<p>Una gruesa gota fresca estall\u00f3 sobre su frente sudorosa. Alz\u00f3 la cara y otra le cay\u00f3 sobre los labios partidos, y otras en las manos terrosas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique!<\/p>\n<p>Y otras fr\u00edas en el pecho grasiento de sudor, y otras en los ojos turbios, que se empa\u00f1aron.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cacique! \u00a1Cacique! \u00a1Cacique!\u2026<\/p>\n<p>Ya el contacto fresco le acariciaba toda la piel, le adher\u00eda las ropas, le corr\u00eda por los miembros lasos.<\/p>\n<p>Un gran ruido compacto se alzaba de toda la hojarasca y ahogaba su voz. Ol\u00eda profundamente a ra\u00edz, a lombriz de tierra, a semilla germinada, a ese olor ensordecedor de la lluvia.<\/p>\n<p>Ya no reconoc\u00eda su propia voz, vuelta en el eco redondo de las gotas. Su boca callaba como saciada y parec\u00eda dormir marchando lentamente, apretado en la lluvia, calado en ella, acunado por su resonar profundo y basto. Ya no sab\u00eda si regresaba. Miraba como entre l\u00e1grimas al trav\u00e9s de los claros flecos del agua la imagen oscura de Usebia, quieta entre la luz del umbral.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/uslar-pietri-arturo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Uslar Pietri La luz de la luna entraba por todas las rendijas del rancho y el ruido del viento en el maizal, compacto y menudo como la lluvia. En la sombra acuchillada de l\u00e1minas claras oscilaba el chinchorro lento del viejo zambo; acompasadamente chirriaba la atadura de la cuerda sobre la madera y se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":896,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/411"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=411"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/411\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":897,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/411\/revisions\/897"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/896"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=411"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=411"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=411"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}