{"id":4073,"date":"2022-03-31T23:26:10","date_gmt":"2022-03-31T23:26:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4073"},"modified":"2023-11-24T18:32:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:00","slug":"lo-criollo-en-la-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lo-criollo-en-la-literatura\/","title":{"rendered":"Lo criollo en la literatura"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Arturo Uslar Pietri<br \/>\n<\/strong><\/h4>\n<p>Am\u00e9rica fue, en casi todos los aspectos, un hecho nuevo para los europeos que la descubrieron. No se parec\u00eda a nada de lo que conoc\u00edan. Todo estaba fuera de la proporci\u00f3n en que se hab\u00eda desarrollado hist\u00f3ricamente la vida del hombre occidental. El monte era m\u00e1s que un monte, el r\u00edo era m\u00e1s que un r\u00edo, la llanura era m\u00e1s que una llanura. La fauna y la flora eran distintas. Los ruise\u00f1ores que o\u00eda Col\u00f3n no eran ruise\u00f1ores. No hallaban nombre apropiado para los \u00e1rboles. Lo que m\u00e1s espont\u00e1neamente les recordaba era el paisaje fabuloso de los libros de caballer\u00edas. Era en realidad otro orbe, un nuevo mundo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hubo de formarse pronto una sociedad nueva. El espa\u00f1ol, el indio y el negro la van a componer en tentativa y tono mestizo. Una sociedad que desde el primer momento comienza a ser distinta de la europea que le da las formas culturales superiores y los ideales, y que tampoco es continuaci\u00f3n de las viejas sociedades ind\u00edgenas. Los espa\u00f1oles que abiertamente reconocieron siempre la diferencia del hecho f\u00edsico americano, fueron m\u00e1s cautelosos en reconocer la diferencia del hecho social. Hubiera sido como reconocer la diferencia de destino. Sin embargo, la diferencia exist\u00eda y se manifestaba. Criollos y espa\u00f1oles se distinguieron entre s\u00ed de inmediato. No eran lo mismo. Hab\u00eda una diferencia de tono, de actitud, de concepci\u00f3n del mundo. Para el peninsular el criollo parec\u00eda un espa\u00f1ol degenerado. Muchas patra\u00f1as tuvieron curso. Se dec\u00eda que les amanec\u00eda m\u00e1s pronto el entendimiento, pero que tambi\u00e9n se les apagaba m\u00e1s pronto. Que era raro el criollo de m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os que no chochease. Que eran d\u00e9biles e incapaces de raz\u00f3n. Por su parte, el criollo ve\u00eda al peninsular como torpe y sin refinamiento. Todo esto lo dicen los documentos de la \u00e9poca y est\u00e1 latente en palabras tan llenas de historia viva como <em>gachup\u00edn<\/em>, <em>indiano<\/em>, <em>chapet\u00f3n<\/em>, <em>perulero<\/em>. La misma voz criollo es un compendio de desdenes, afirmaciones y resentimientos.<\/p>\n<p>Esa sociedad en formaci\u00f3n, nueva en gran medida, colocada en un medio geogr\u00e1fico extraordinariamente activo y original, pronto comenz\u00f3 a expresarse o a querer expresarse. Hubo desde temprano manifestaciones literarias de indianos y de criollos. No se confund\u00edan exactamente con los modelos de la literatura espa\u00f1ola de la \u00e9poca. Los peninsulares parec\u00edan pensar que todo aquello que era diferente en la expresi\u00f3n literaria americana era simplemente impotencia para la imitaci\u00f3n, balbuceo o retraso colonial. Alg\u00fan d\u00eda superar\u00edan esas desventajas y sus obras podr\u00edan confundirse enteramente con las de los castellanos.<\/p>\n<p>Esas diferencias literarias existieron desde el primer momento. Empezaron a aparecer aun antes de que hubiera criollos. Surgen ya en la expresi\u00f3n literaria de los primeros espa\u00f1oles que llegan a Am\u00e9rica y la describen. La sola presencia del medio nuevo los hab\u00eda tocado y provocado en ellos modificaciones perceptibles. Esos espa\u00f1oles que ven\u00edan de una literatura en la que la naturaleza apenas comparece, van de inmediato y por necesidad a escribir las m\u00e1s prolijas y amorosas descripciones del mundo natural que hubiera conocido Europa hasta entonces. Ya es la aparici\u00f3n de un tema nuevo y de una actitud nueva. Hay tambi\u00e9n una como ruptura de la continuidad literaria. Cuando van a narrar los hechos hist\u00f3ricos de que son testigos, lo hacen resucitando antiguas formas ya en desuso. Van a escribir cr\u00f3nicas.<\/p>\n<p>Se manifiesta tambi\u00e9n una como resistencia del nuevo medio cultural al trasplante de las formas europeas. A algunas las admite, a las m\u00e1s las modifica, pero a otras las rechaza. Los dos g\u00e9neros literarios en que florece el genio espa\u00f1ol en la hora de la colonizaci\u00f3n: la comedia y la novela realista, no logran pasar a Am\u00e9rica. Cuando viene un gran novelista como Mateo Alem\u00e1n, calla o escribe una Gram\u00e1tica. No hay en Indias quien imite a Lope de Vega, a pesar de que hubo tiempo en que todo el que pod\u00eda sostener pluma de poeta lo imitaba en Espa\u00f1a. En cambio se cultiva con intensidad y extensi\u00f3n extraordinaria el poema hist\u00f3rico narrativo, que en Espa\u00f1a no llega a arraigar y tiene una vida ef\u00edmera y postiza.<\/p>\n<p>Esos rasgos y caracteres diferenciales no hicieron sino acentuarse con el tiempo, d\u00e1ndole cada vez m\u00e1s ser a la realidad de una literatura hispanoamericana que, fuera de la lengua, no ten\u00eda mucho en com\u00fan con la literatura espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Tardos fueron los espa\u00f1oles en admitir este hecho. Todav\u00eda a fines del siglo XIX Men\u00e9ndez y Pelayo habla de la literatura hispanoamericana como parte de la literatura espa\u00f1ola y se propone, en la antolog\u00eda que la Academia le encomienda, darle \u00abentrada oficial en el tesoro de la literatura espa\u00f1ola\u00bb a la \u00abpoes\u00eda castellana del otro lado de los mares\u00bb. Con todo, Men\u00e9ndez y Pelayo no puede menos que atisbar algunas de esas diferencias tan visibles. Para \u00e9l la contemplaci\u00f3n de las maravillas naturales, la modificaci\u00f3n de la raza por el medio ambiente y la vida en\u00e9rgica de las conquistas y revueltas sirven de fundamento a la originalidad de la literatura de la Am\u00e9rica hispana. Originalidad que para \u00e9l se manifiesta en la poes\u00eda descriptiva y en la poes\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hubo de notar las diferencias Juan Valera. Para \u00e9l proven\u00edan del menor arraigo de los criollos, de la menor savia espa\u00f1ola. Esto les parec\u00eda inclinarlos al cosmopolitismo. No eran \u00e9stos rasgos que pod\u00edan merecer su alabanza. Y tampoco se cuidaba de rastrearlos en el medio colonial para ver si ten\u00edan algo de consustancial con el esp\u00edritu del criollo.<\/p>\n<p>Esta parca y un poco desde\u00f1osa admisi\u00f3n de la diferencia llega sin modificarse casi hasta nuestros d\u00edas. Reaccionan contra ella algunos pocos: Miguel de Unamuno, en parte, y Federico de On\u00eds, de un modo tenaz y penetrante. Pero todav\u00eda cuando Enrique D\u00edez Canedo se recibe en la Academia Espa\u00f1ola, D\u00edez Canedo, que amaba y quer\u00eda entender a Am\u00e9rica, habla de la \u00abunidad profunda\u00bb de las letras hisp\u00e1nicas, y, concediendo una m\u00ednima parte a la diferencia, afirma que Garcilaso \u00abel Inca\u00bb, Alarc\u00f3n, sor Juana y la Avellaneda, \u00abespa\u00f1oles son y muy espa\u00f1oles han de seguir siendo\u00bb.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, las diferencias existen, han existido siempre, se han venido afirmando a trav\u00e9s del proceso hist\u00f3rico de la formaci\u00f3n cultural de Hispanoam\u00e9rica, est\u00e1n presentes en todas las obras importantes de su literatura desde el siglo XVI, lejos de debilitarse se han venido afirmando con el tiempo, y son mayores y m\u00e1s caracter\u00edsticas que las semejanzas que la acercan al caudal y al curso de la literatura espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>No hay manera m\u00e1s clara de percibir toda la verdad de esta aserci\u00f3n que la que consiste en aplicar a cualquiera de las obras capitales de la literatura criolla los rasgos que se han venido a considerar como los m\u00e1s caracter\u00edsticos y persistentes de la literatura castellana. La incompatibilidad brota al instante para decirnos que, precisamente en lo m\u00e1s fundamental, han sido siempre y son hoy cosas distintas.<\/p>\n<p>Don Ram\u00f3n Men\u00e9ndez Pidal<sup>1<\/sup> autoridad leg\u00edtima en todo lo que se relaciona con la lengua y literatura castellanas, ha se\u00f1alado como los caracteres fundamentales de la literatura espa\u00f1ola los siguientes: la tendencia a lo m\u00e1s espont\u00e1neo y popular; la preferencia por las formas de verso menos artificiosas; la persistencia secular de los temas; la austeridad moral; la sobriedad psicol\u00f3gica; la escasez de lo maravilloso y de lo sobrenatural; el realismo y el popularismo.<\/p>\n<p>Es obvio que estos caracteres que Men\u00e9ndez Pidal considera \u00abde los m\u00e1s t\u00edpicos y diferenciales\u00bb de la literatura espa\u00f1ola no convienen a la literatura hispanoamericana. No son los de ninguna de sus \u00e9pocas ni se reflejan en ninguna de sus obras m\u00e1s caracter\u00edsticas y valiosas. No se hallan en la obra del Inca Garcilaso; es casi lo contrario lo que representa Sor Juana In\u00e9s de la Cruz; no aparecen en los libros del padre Velasco, de Rodr\u00edguez Freyle, de Peralta Barnuevo; no est\u00e1n en Concolorcorvo, y ni la sombra de ellos asoma en Sarmiento, o en Mart\u00ed, en Dar\u00edo o en Horacio Quiroga. Aun las formas m\u00e1s populares de la poes\u00eda hispanoamericana, como Mart\u00edn Fierro, se apartan visiblemente de ese esquema.<\/p>\n<p>No hay duda de que son otros los rasgos que identifican a la literatura hispanoamericana. No s\u00f3lo llegaron m\u00e1s atenuados a ella los rasgos castellanos, que se impusieron a toda la pen\u00ednsula, sino que desde el comienzo se afirm\u00f3 en ella la necesidad de una expresi\u00f3n distinta, lo castizo no hall\u00f3 sino un eco superficial en su \u00e1mbito.<\/p>\n<p>Examinada en conjunto, en la perspectiva de sus cuatro siglos, la literatura hispanoamericana presenta una sorprendente individualidad original. Desde el comienzo se manifiestan en ella caracteres propios que se van acentuando a lo largo de su evoluci\u00f3n y que la distinguen de un modo claro de la literatura espa\u00f1ola y de todas las otras literaturas occidentales. Esos caracteres aparecen temprano, se van intensificando con el transcurso del tiempo y est\u00e1n en todas sus obras fundamentales. El mundo nuevo hallado en el Oc\u00e9ano y la sociedad original formada en su historia llevaron el eco de sus peculiaridades a su expresi\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>No es dif\u00edcil se\u00f1alar algunos de esos rasgos caracter\u00edsticos. Son los m\u00e1s persistentes y los m\u00e1s extendidos. Asoman en las m\u00e1s antiguas obras de la \u00e9poca colonial y contin\u00faan indelebles en las m\u00e1s recientes de las \u00faltimas generaciones. En grado variable se advierte igualmente su presencia en todos los g\u00e9neros. Desde la historia a la poes\u00eda, al ensayo y a la novela.<\/p>\n<p>El primero de esos rasgos propios es, sin duda, la presencia de la naturaleza. La naturaleza deja de ser un tel\u00f3n de fondo o el objeto de una poes\u00eda did\u00e1ctica para convertirse en h\u00e9roe literario. El h\u00e9roe por excelencia de la literatura hispanoamericana es la naturaleza. Domina al hombre y muestra su avasalladora presencia en todas partes. A la \u00e1rida literatura castellana llevan los primeros cronistas de Indias, m\u00e1s que la noticia del descubrimiento de costas y reinos, un vaho de selvas y un rumor de aguas. Los r\u00edos, las sierras, las selvas son los personajes principales de esas cr\u00f3nicas deslumbradoras para el castellano que las lee desde la soledad de su parda meseta. Es con bosques, con crecientes, con leguas con lo que luchan Cabeza de Vaca, o Gonzalo Pizarro, u Orellana.<\/p>\n<p>Aun cuando llegan las \u00e9pocas m\u00e1s cl\u00e1sicas e imitativas, el jesuita expulsado har\u00e1 su poema neolatino sobre la naturaleza salvaje de Am\u00e9rica, la <em>Rusticatio Mexicana<\/em> de Land\u00edvar. Cuando Bello invita a la poes\u00eda neocl\u00e1sica a venir a Am\u00e9rica, la primera nota de americanidad que le ofrece es el canto a las plantas de la zona t\u00f3rrida.<\/p>\n<p>Pero ese dominante sentimiento de la naturaleza en la literatura criolla no es meramente contemplativo, es tr\u00e1gico. El criollo siente la naturaleza como una desmesurada fuerza oscura y destructora. Una naturaleza que no est\u00e1 hecha a la medida del hombre.<\/p>\n<p>Cuando Sarmiento considera la vida pol\u00edtica y social argentina para escribir a <em>Facundo<\/em>, el medio natural se convierte fatalmente en el personaje de su obra. No es Rosas, ni siquiera de Quiroga, de quien va a \u00a0 hablarnos, es de la pampa. \u00c9l la siente, criollamente, como un ser vivo, como una fiera monstruosa que amenaza la vida argentina.<\/p>\n<p>Podr\u00eda parecer balad\u00ed se\u00f1alar la presencia de la naturaleza en los rom\u00e1nticos, porque en ellos podr\u00eda ser simple imitaci\u00f3n de sus maestros europeos. Pero, en cambio, cuando la novela hispanoamericana comienza a alcanzar dimensiones universales, se afirma como su rasgo m\u00e1s saliente el de la presencia tr\u00e1gica de la naturaleza como h\u00e9roe central. En ninguna otra novela contempor\u00e1nea tiene la naturaleza semejante importancia.<\/p>\n<p>El rasgo que me parece seguir a \u00e9ste en importancia y permanencia es el que podr\u00edamos llamar del mestizaje. O de la aptitud y vocaci\u00f3n de la literatura, como de la vida criolla, para el mestizaje. La literatura hispanoamericana nace mezclada e impura, e impura y mezclada alcanza sus m\u00e1s altas expresiones. No hay en su historia nada que se parezca a la ordenada sucesi\u00f3n de escuelas; las tendencias y las \u00e9pocas que caracterizan, por ejemplo, a la literatura francesa. En ella nada termina y nada est\u00e1 separado. Todo tiende a superponerse y a fundirse. Lo cl\u00e1sico, lo rom\u00e1ntico, lo antiguo con lo moderno, lo popular con lo refinado, lo racional con lo m\u00e1gico, lo tradicional con lo ex\u00f3tico. Su curso es como el de un r\u00edo, que acumula y arrastra aguas, troncos, cuerpos y hojas de infinitas procedencias. Es aluvial.<\/p>\n<p>Nada es m\u00e1s dif\u00edcil que clasificar a un escritor hispanoamericano de acuerdo con caracter\u00edsticas de estilos y escuelas. Tiende a extravasarse, a mezclar, a ser mestizo.<\/p>\n<p>Este rasgo tan caracter\u00edstico de lo criollo se presenta tambi\u00e9n en las artes pl\u00e1sticas. En un sagaz ensayo (\u00abLo mexicano en las artes pl\u00e1sticas\u00bb) Jos\u00e9 Moreno Villa habla del \u00abfen\u00f3meno muy colonial del mestizaje\u00bb, que hace que en los conventos del XVI encontremos esa extra\u00f1a mezcla de estilos pertenecientes a tres \u00e9pocas: rom\u00e1nica, g\u00f3tica y renacimiento. Esa tendencia al mestizaje le parece a Moreno Villa lo que fundamentalmente diferencia al arte mexicano del europeo, del que parece proceder y sus interesantes observaciones las resume en la siguiente forma, que viene a ilustrar de un modo muy \u00fatil nuestra tesis: \u00abEl siglo XVI se distingue por su anacronismo (mezcla de rom\u00e1nico, g\u00f3tico y renacimiento); el siglo dieciocho se distingue por su mestizaje inconsciente, y el siglo veinte se distingue por la conciencia del mestizaje\u00bb.<\/p>\n<p>Muchos son los ejemplos de este fecundo y t\u00edpico mestizaje que ofrece la literatura criolla en todas sus \u00e9pocas.<\/p>\n<p>Garcilaso el Inca, buen s\u00edmbolo temprano, es m\u00e1s mestizo en lo literario y en lo cultural que en la sangre. Elementos cl\u00e1sicos y barrocos siguen vivos en nuestro romanticismo. <em>Facundo<\/em> es un libro ca\u00f3tico imposible de clasificar.<\/p>\n<p>Ese mestizaje nunca se mostr\u00f3 m\u00e1s pleno y m\u00e1s rico que en el momento del modernismo. Todas las \u00e9pocas y todas las influencias literarias concurren a formarlo. Es eso precisamente lo que tiene de m\u00e1s raigalmente hispanoamericano, y que era lo que Valera juzgaba simplemente como cosmopolitismo transitorio. El modernismo surge por eso en Am\u00e9rica, y en Espa\u00f1a no tiene sino un eco moment\u00e1neo y limitado. Los hombres del 98 aprenden la lecci\u00f3n modernista, pero en su mayor parte, reaccionan hacia lo castizo.<\/p>\n<p>Esa vocaci\u00f3n de mestizaje, esa tendencia a lo heterog\u00e9neo y a lo impuro vuelven a aparecer en nuestros d\u00edas en la novela hispanoamericana. En ella se mezclan lo m\u00edtico con lo realista, lo \u00e9pico con lo psicol\u00f3gico, lo po\u00e9tico con lo social. Tan impura y tan criolla como ella es la nueva poes\u00eda. A nada del pasado renuncia incorporando aluvialmente todo lo que le viene del mundo. No renuncia al clasicismo, ni al barroco, ni al romanticismo, ni al modernismo. Sobre ellos incorpora los nuevos elementos que florecen en la extraordinaria poes\u00eda ca\u00f3tica de un Pablo Neruda.<\/p>\n<p>Frente a la tendencia de la literatura espa\u00f1ola \u00aba lo m\u00e1s espont\u00e1neo\u00bb y \u00aba las formas de verso menos artificiosas\u00bb la literatura hispanoamericana alza su antigua devoci\u00f3n por las formas m\u00e1s art\u00edsticas.<\/p>\n<p>El gusto hispanoamericano por las formas m\u00e1s elaboradas y dif\u00edciles, por las formas de expresi\u00f3n m\u00e1s cultas y art\u00edsticas, no s\u00f3lo se manifiesta en su literatura y en su arte, sino que se refleja en la vida ordinaria y hasta en el arte popular. Barroca, ergotista y amiga de lo conceptual y de lo cr\u00edptico es su poes\u00eda popular. El cantor popular compone frecuentemente en formas tan elaboradas como la de la d\u00e9cima.<\/p>\n<p>Ya el espa\u00f1ol Juan de C\u00e1rdenas, entre otros, se\u00f1alaba en el siglo XVI el gusto del criollo por el primor del discurso y la ventaja que en esto llevaba al peninsular. Lope de Vega, por su parte, en el gran archivo de su teatro, se\u00f1ala como caracter\u00edstica del indiano la afectaci\u00f3n del lenguaje: \u00abGran jugador del vocablo\u00bb. Y Su\u00e1rez de Figueroa, en <em>El pasajero<\/em>, dice de ellos: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 redundantes, qu\u00e9 ampulosos de palabras!\u00bb.<\/p>\n<p>La larga permanencia del barroco y la profunda compenetraci\u00f3n del alma criolla con ese estilo, es un fen\u00f3meno harto revelador en este sentido. Es el estilo que m\u00e1s se naturaliza y se arraiga en Am\u00e9rica. En cierto modo adquiere en ella un nuevo car\u00e1cter propio. Saci\u00f3 el amor del criollo por lo oscuro, lo dif\u00edcil, lo elaborado. Es hecho muy lleno de significaci\u00f3n que a fines del siglo XVI, en el aislamiento de una villa de la Nueva Espa\u00f1a, Bernardo de Balbuena, un seminarista crecido y formado all\u00ed, concibiera el m\u00e1s complejo y rico de los poemas barrocos de la lengua castellana: el <em>Bernardo<\/em>.<\/p>\n<p>El gusto del hispanoamericano por las formas m\u00e1s art\u00edsticas y arduas no se pierde. Sobrevive a todas las influencias y a todas las modas. Lo lleva a todos los g\u00e9neros literarios, desde la novela al periodismo. Lo que primero le importa es la belleza de expresi\u00f3n. Eso que llaman estilo. Y que hace que la mayor aspiraci\u00f3n de un escritor consiste en ser considerado como un estilista.<\/p>\n<p>El barroco y el modernismo son tan hispanoamericanos porque satisfacen ampliamente esa sed de las formas m\u00e1s art\u00edsticas. No le parece al hispanoamericano que se puede ser gran novelista sin escribir en una hermosa prosa. Ni se puede ser pensador sin una expresi\u00f3n art\u00edstica. El prestigio de Rod\u00f3 no ven\u00eda de sus ideas, sino de su forma. Los novelistas m\u00e1s estimados en Hispanoam\u00e9rica son los que emplean un lenguaje m\u00e1s armonioso y po\u00e9tico. Jorge Isaacs antes que Bles Gana. Y Ricardo G\u00fciraldes antes que Manuel G\u00e1lvez.<\/p>\n<p>El hispanoamericano no concibe la literatura sino como arte de la palabra, y la medida de ese arte es la forma.<\/p>\n<p>Junto a este rasgo, y s\u00f3lo en aparente contradicci\u00f3n con \u00e9l, me parece ver surgir de inmediato el del primitivismo de la literatura criolla.<\/p>\n<p>El mismo gusto de la forma y de la elaborada composici\u00f3n la lleva a una deformaci\u00f3n de los datos inmediatos de lo objetivo, que a lo que se parece es a la estilizaci\u00f3n de los primitivos. Hay en la literatura hispanoamericana cierta forma de realismo que no es sino realismo de primitivo. Una realidad reelaborada por el estilo y por la concepci\u00f3n general del sujeto. Una como perspectiva de primitivo que hace que el p\u00e1jaro del \u00e1rbol del fondo resulte tan grande como la cabeza del personaje del primer plano.<\/p>\n<p>Esta estilizaci\u00f3n primitiva de lo natural y de lo subjetivo rechaza la mera copia de la realidad y es un aspecto del sometimiento del criollo a una forma r\u00edgidamente concebida y elaborada.<\/p>\n<p>Hay una perspectiva de primitivo en aquel tapiz de mil flores que es la <em>Silva<\/em> de Bello, y el <em>Facundo<\/em>, de Sarmiento, y en la poes\u00eda de Dar\u00edo, y en la selva de Rivera, y en casi toda la combinaci\u00f3n de paisaje, personaje y acci\u00f3n de la novela.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo sabe a primitivo la literatura criolla por la estilizaci\u00f3n r\u00edgida, sino tambi\u00e9n por la abundante presencia de elementos m\u00e1gicos, por la tendencia a lo m\u00edtico y lo simb\u00f3lico y el predominio de la intuici\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s de ella est\u00e1 concebido como epopeya primitiva, en la que el h\u00e9roe lucha contra la naturaleza, contra la fatalidad, contra el mal. Es una literatura de s\u00edmbolos y de arquetipos. El mal y el bien luchan con f\u00f3rmulas m\u00e1gicas.<\/p>\n<p>Valor m\u00e1gico tienen las m\u00e1s de las f\u00f3rmulas y de los conceptos de los pensadores, de los poetas y de los novelistas. Expresan ant\u00edtesis insolubles, en actitud pasional y devocional. El poeta lanza su conjuro contra el poder mal\u00e9fico. El novelista describe la epopeya de la lucha contra el mal, que es la naturaleza enemiga, o la herej\u00eda, o la barbarie. El h\u00e9roe moral representa la civilizaci\u00f3n y lucha contra la barbarie, que, a veces, no es sino la avasalladora naturaleza.<\/p>\n<p>Es, por eso, una literatura de la intuici\u00f3n, la emoci\u00f3n y el sentimiento. Sentidor m\u00e1s que pensador, dir\u00e1 Unamuno de Mart\u00ed, que es uno de los m\u00e1s representativos. Las novelas de Azuela, Gallegos, G\u00fciraldes, Alegr\u00eda son m\u00edticas y m\u00e1gicas. La misma actitud m\u00e1gica e intuitiva que caracteriza la poes\u00eda de Neruda define lo m\u00e1s valioso del moderno cuento hispanoamericano, y es la esencia de lo que deb\u00eda ser el pensamiento de los m\u00e1s influyentes pensadores. Qu\u00e9 otra cosa que una f\u00f3rmula m\u00e1gica es el conjuro de Vasconcelos: \u00abPor mi raza hablar\u00e1 el esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Tampoco son la austeridad moral y la sobriedad psicol\u00f3gica rasgos de la literatura criolla. Lo son, por el contrario, la truculencia moral y la anormalidad psicol\u00f3gica. Es como otro aspecto de su inclinaci\u00f3n por las formas complicadas y artificiosas.<\/p>\n<p>Es literatura pasional expresada en tono alto y pat\u00e9tico. Sus h\u00e9roes son tr\u00e1gicos. La pasi\u00f3n y la fatalidad dirigen su marcha hacia la inexorable tragedia. M\u00e1s que el amor, es su tema la muerte. Sobre todo la muerte violenta en sobrecogedor aparato.<\/p>\n<p>Este gusto por el horror, por la crueldad y por lo emocional llevado a su m\u00e1xima intensidad, da a la literatura hispanoamericana un tono de angustia. Lo cual la hace, a veces, una literatura pesimista y casi siempre una literatura tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>Sonr\u00ede poco. El buen humor le es extra\u00f1o. No hay nada en ella que recuerde la humana simpat\u00eda del <em>Quijote<\/em>, o la risue\u00f1a miseria del <em>Lazarillo<\/em>. Torvos, estilizados y absolutos principios contrarios del bien y del mal se afrontan en sangrientos conflictos. Pat\u00e9ticamente claman, batallan y triunfan o sucumben. La vida no est\u00e1 concebida como relaci\u00f3n mudable, variada y equilibrada, sino como fatalidad absorbente y tr\u00e1gica.<\/p>\n<p>Podr\u00eda hacerse el censo de los h\u00e9roes de la novela hispanoamericana. Asombrar\u00eda la abundancia de neur\u00f3ticos, de criminales, de fan\u00e1ticos, de ab\u00falicos, es decir, de anormales. Gentes de psicolog\u00eda compleja, atormentada y m\u00f3rbida. Fan\u00e1ticos de la creaci\u00f3n o de la destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estos rasgos no dejan de reflejarse en la poes\u00eda, en el ensayo y en el periodismo. Su tono es conmovido y exaltado. Hay como un acento apocal\u00edptico consustancial con el esp\u00edritu criollo. La vida concebida como cruzada y como cat\u00e1strofe.<\/p>\n<p><em>La Araucana<\/em> es un poema \u00e9pico que termina con la tr\u00e1gica inmolaci\u00f3n de los h\u00e9roes. El espeluznante suplicio de Caupolic\u00e1n no tiene antecedentes en la literatura castellana. Lo horrible y lo excepcional humano pueblan las cr\u00f3nicas de la conquista. Los <em>Comentarios Reales<\/em> est\u00e1n llenos de truculencia psicol\u00f3gica. Y Bernal D\u00edaz. Y lo est\u00e1n tambi\u00e9n Fern\u00e1ndez de Lizardi y M\u00e1rmol. \u00abSombra terrible de Facundo, voy a invocarte\u00bb, anuncia sobriamente Sarmiento.<\/p>\n<p>Ni siquiera el realismo escapa a esta condici\u00f3n. Se busca en \u00e9l la morbosa complejidad psicol\u00f3gica. Pi\u00e9nsese en el desasosiego moral, en el patetismo religioso, en la fatalidad tr\u00e1gica de los h\u00e9roes de la novela realista hispanoamericana. Recu\u00e9rdese, en dos extremos, a Rafael Delgado y a Eugenio Cambaceres. En <em>Laucha<\/em>, de Payr\u00f3, se diferencia de sus antecesores picarescos, tan simples hijos del azar, del hambre y de la libertad, precisamente en el complejo desasosiego del ser, en la truculencia psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Toda la novela de la revoluci\u00f3n mexicana est\u00e1 dentro de ese signo. Desde <em>Los de abajo<\/em>, pasando por <em>Pito P\u00e9rez<\/em>, hasta la sombr\u00eda y presagiosa fatalidad del Pancho Villa de Guzm\u00e1n. Toda la novela indigenista andina. Toda la novela social con sus atormentados sufridores. Anormales, complicados, tr\u00e1gicos, excesivos sin sobriedad ni en el actuar ni en el sentir son los personajes de Eduardo Barrios, los de Rufino Blanco Fombona, los m\u00e1s de Gallegos, los de <em>La vor\u00e1gine<\/em>, los que pueblan los apesadillados cuentos de Horacio Quiroga.<\/p>\n<p>El alma criolla est\u00e1 como en tensi\u00f3n tr\u00e1gica en su literatura. Esto es lo que a muchos ha parecido rezagada permanencia del romanticismo. A los que no saben ver en los fen\u00f3menos m\u00e1s americanos sino imitaci\u00f3n de escuelas europeas. No es imitaci\u00f3n, es rasgo del alma hist\u00f3rica y del ser individual reflejado en una literatura propia.<\/p>\n<p>Los rasgos enumerados hasta aqu\u00ed parecen convenir a todas las obras caracter\u00edsticas de la literatura criolla. Est\u00e1n presentes en las m\u00e1s t\u00edpicas de ellas y vienen a ser lo que en realidad las distingue y personaliza ante otras literaturas. Esos rasgos t\u00edpicos aparecen como los m\u00e1s extendidos y los m\u00e1s constantes. Se les encuentra en todas las \u00e9pocas y en todas las zonas de la literatura hispanoamericana. Otros hay transitorios o locales que no convienen con tal persistencia a toda la generalidad de su complejo ser de cuatro centurias.<\/p>\n<p>Pero aun habr\u00eda que se\u00f1alar otro rasgo tenaz, que es uno de los m\u00e1s vivos reflejos de la vida y de la psicolog\u00eda hispanoamericanas. Y es que la literatura est\u00e1 predominantemente concebida como instrumento. Lleva generalmente un prop\u00f3sito que va m\u00e1s all\u00e1 de lo literario. Est\u00e1 determinada por una causa dirigida a un objeto que est\u00e1n fuera del campo literario. Causa y objeto que pertenecen al mundo de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando Sarmiento se pone a escribir a <em>Facundo<\/em> no lleva en mientes ning\u00fan prop\u00f3sito literario. Sus motivaciones y sus objetivos no pertenec\u00edan a la literatura. Escribe improvisadamente para defender su causa, para justificar su posici\u00f3n, para atacar a Rosas. No se sit\u00faa frente a problemas de arte literario sino ante cuestiones de lucha pol\u00edtica y de destino hist\u00f3rico colectivo. Su libro est\u00e1 dentro de una lucha. Es una forma de llegar a la acci\u00f3n. Si luego resulta una de las m\u00e1s grandes creaciones de la literatura criolla no ser\u00e1 su autor el menos sorprendido.<\/p>\n<p>El ilustre caso de <em>Facundo<\/em> es t\u00edpico de la concepci\u00f3n hispanoamericana de la literatura como instrumento de lucha. Por eso tambi\u00e9n casi toda ella es literatura improvisada, llena de intenciones deformantes, lanzada como proyectil antes de madurar como fruto. No le debe a otras preocupaciones la hora mayor de los Proscriptos la literatura argentina. Ni a otras tampoco su florecimiento literario la revoluci\u00f3n mexicana.<\/p>\n<p>La pluma del anciano Bernal D\u00edaz se mueve al servicio de una querella pol\u00edtica, la causa del soldado del com\u00fan contra la estatua cl\u00e1sica del glorioso capit\u00e1n. Es obra de protesta. Y la sorda querella del indio contra el espa\u00f1ol es la que mueve al Inca Garcilaso. Es obra de denuncia. En los a\u00f1os de la independencia su libro dar\u00e1 a luz todo su poder subversivo. Y <em>La Araucana<\/em> y el <em>Arauco Domado<\/em> son alegato de partido, como no deja de serlo, en lo mejor y m\u00e1s vivo, la larga cr\u00f3nica pintoresca de Castellanos, o las indiscreciones de Rodr\u00edguez Freyle.<\/p>\n<p>Toda la literatura de los jesuitas desterrados es de combate y de reivindicaci\u00f3n. Sin excluir a Clavigero y a Land\u00edvar. Bello, Olmedo y Heredia est\u00e1n en las filas de la lucha c\u00edvica. Toda la literatura del siglo XIX est\u00e1 te\u00f1ida de partidarismo. Es de conservadores o de liberales. De postulantes o de protestantes. Es periodismo pol\u00edtico bajo otras formas. Que es lo que Lizardi hace con <em>El periquillo<\/em>. Y lo que hace Juan Vicente Gonz\u00e1lez con la historia. Y lo que hacen los rom\u00e1nticos con la poes\u00eda.<\/p>\n<p>Si algo caracteriza a la literatura criolla hasta hoy es que con mayor persistencia y en un grado no igualado por ninguna otra est\u00e1 condicionada y determinada por la pol\u00edtica. Es literatura de defensa o de ataque de los intereses de la plaza p\u00fablica. Es literatura que no se conforma con ser literatura, que quiere influir en lo pol\u00edtico y obrar sobre lo social. Es literatura reformista. Lo objetivo le es extra\u00f1o y est\u00e1 ausente de sus obras verdaderamente t\u00edpicas.<\/p>\n<p>Bastar\u00eda para demostrarlo pasar r\u00e1pida revista a la novela. Desde <em>Amalia<\/em> hasta <em>El mundo es ancho y ajeno<\/em>. Toda ella es instrumento de lucha pol\u00edtica y pr\u00e9dica reformista.<\/p>\n<p>La poes\u00eda tambi\u00e9n manifiesta este car\u00e1cter, desde los gauchescos hasta Pablo Neruda. Es poes\u00eda un poco oratoria puesta al servicio de la lucha. Ese car\u00e1cter pol\u00edtico de la poes\u00eda, que no escap\u00f3 a Men\u00e9ndez y Pelayo, est\u00e1 presente en todos sus mayores momentos. Ni siquiera durante el Modernismo ese rasgo desaparece. Se aten\u00faa y modifica pero no se borra. La poes\u00eda modernista est\u00e1 dentro de una concepci\u00f3n pol\u00edtica y muchas veces abiertamente al servicio de ella como se ve en el Rub\u00e9n Dar\u00edo de la \u00abSalutaci\u00f3n del optimista\u00bb, de la \u00abOda a Roosevelt\u00bb y del \u00abCanto a la Argentina\u00bb.<\/p>\n<p>Todo el ensayo hispanoamericano tiene ese car\u00e1cter. Est\u00e1 hecho como para servir a prop\u00f3sitos reformistas inmediatos. Le interesan las ideas por sus posibilidades de aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica a lo social. Es en este sentido un pensamiento eminentemente pragm\u00e1tico volcado hacia lo pol\u00edtico y lo social. Ese rasgo lo han advertido todos los que han estudiado el pensamiento hispanoamericano. En 1906 Francisco Garc\u00eda Calder\u00f3n se\u00f1alaba en los criollos la preferencia por la filosof\u00eda con \u00abaspecto social\u00bb. \u00abSu inteligencia -dec\u00eda- es pragm\u00e1tica; apasionan los problemas de la acci\u00f3n\u00bb. Y cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde Jos\u00e9 Gaos, al analizar las caracter\u00edsticas del pensamiento hispanoamericano, destaca la tem\u00e1tica pol\u00edtica y el aspecto pedag\u00f3gico, informativo y docente. Lo llama un \u00abpensamiento de educadores de sus pueblos\u00bb.<\/p>\n<p>Estos rasgos son sin duda los que m\u00e1s individualidad y car\u00e1cter le dan a la literatura criolla. Los que precisamente le dan el car\u00e1cter criollo. Las obras que carecen de ellos saben a cosa ajena o imitada de lo ajeno. A inerte ejercicio ret\u00f3rico. Las m\u00e1s grandes los tienen en grado eminente, y es su presencia lo que da el tono y el matiz diferencial a lo criollo. Del claroscuro de la historia literaria viva surge con estos rasgos el rostro de la literatura criolla. Rasgos que son verdaderos y no ficticios porque tambi\u00e9n lo son del alma, de la vida y de la circunstancia criollas. Sobre ellos se ha ido alzando con sus poderosas peculiaridades lo que ya podemos llamar una literatura hispanoamericana propia. Ellos han sido su condici\u00f3n y su destino. Sobre ellos ha crecido vigorosa y distinta. Sobre ellos est\u00e1 hoy y sobre ellos partir\u00e1 hacia el porvenir.<\/p>\n<p>Son esos rasgos los que la literatura hispanoamericana ha recibido de la tierra y de las gentes de su mundo, los que la identifican con \u00e9l y los que, por ello mismo, en \u00faltima instancia le dan personalidad y validez universal.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo est\u00e1n presentes en las obras capitales de la literatura criolla, sino que es su presencia lo que hasta hoy define, m\u00e1s que ning\u00fan otro factor, lo criollo en literatura.<\/p>\n<p>Son caracteres distintivos y propios de una literatura fuertemente caracterizada que, en lo esencial, se diferencia de la espa\u00f1ola, la m\u00e1s pr\u00f3xima, y m\u00e1s a\u00fan de las otras literaturas de Occidente. Ellos afirman la necesidad de considerar la literatura criolla en su ser, en su circunstancia, en su condici\u00f3n con un destino tan propio y tan caracterizado como el del mundo americano que expresa. Literatura original de un nuevo mundo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/uslar-pietri-arturo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Uslar Pietri Am\u00e9rica fue, en casi todos los aspectos, un hecho nuevo para los europeos que la descubrieron. No se parec\u00eda a nada de lo que conoc\u00edan. Todo estaba fuera de la proporci\u00f3n en que se hab\u00eda desarrollado hist\u00f3ricamente la vida del hombre occidental. 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