{"id":4037,"date":"2022-03-29T00:11:03","date_gmt":"2022-03-29T00:11:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4037"},"modified":"2023-11-24T18:32:01","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:01","slug":"dos-cuentos-de-miguel-gomes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-miguel-gomes\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Miguel Gomes"},"content":{"rendered":"<h3>Cuento de invierno<\/h3>\n<p><em>A Irene Mardones y Pedro Lastra<\/em><\/p>\n<p>Ha recorrido el comedor por s\u00e9ptima vez en lo que va del d\u00eda. Siete veces las habitaciones; la cocina; el recibidor. Siete veces ha subido y bajado las escaleras del \u00e1tico. No ha visitado el s\u00f3tano a\u00fan, pero se prepara: se abotona el abrigo de lana, toma las gafas, busca el interruptor detr\u00e1s de la puerta. Cuando est\u00e1 a punto de prender la luz, recuerda un detalle: hace una semana Mireya le dijo que la bombilla del s\u00f3tano se hab\u00eda quemado. Regresa al comedor.<\/p>\n<p>\u00bfTres d\u00edas, cuatro? La tarde que hab\u00eda llegado del aeropuerto todav\u00eda segu\u00eda fija en su mente, como algo anormal \u2014un tumor, una fecha deforme que pend\u00eda del almanaque en la pared. El avi\u00f3n de Mireya hab\u00eda despegado del Kennedy a la una. Luego de la despedida, \u00e9l se qued\u00f3 sentado en la sala de espera quiz\u00e1 una hora. Intentaba no prestarles atenci\u00f3n a las colillas abatidas, al ajetreo de hombres y equipajes revueltos, al paisaje de Long Island m\u00e1s all\u00e1 de los ventanales. Mireya hab\u00eda desaparecido hac\u00eda rato en la muchedumbre en fila ante el detector y los oficiales de aduana.<\/p>\n<p>Joaquim no ten\u00eda a la vista sus facciones ni el cabello cano, detenido tras la oreja izquierda, en un tic casero. Ya ella no estaba all\u00ed; hac\u00eda mucho que el avi\u00f3n hab\u00eda despegado cuando Joaquim dej\u00f3 el asiento y ech\u00f3 a andar por los pasillos, dej\u00e1ndose llevar por las corrientes humanas, los altavoces, las paredes que no se abr\u00edan a su paso. Hasta que dio con una puerta y sali\u00f3.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana anterior a la despedida, Mireya hab\u00eda recibido una llamada de larga distancia. Meses de sospechas, ex\u00e1menes, cartas llenas de lagunas: ahora de Caracas le avisaban que la situaci\u00f3n del padre era grave. Dos o tres d\u00edas tal vez. \u00bfUna semana? Hablaban de met\u00e1stasis. Un amigo de Joaquim trabajaba en una agencia de viajes de Manhattan y en menos de diez horas consiguieron el billete, sorteando los escollos de la temporada alta. El veinticuatro de diciembre por la noche Mireya llegar\u00eda a Venezuela, en un avi\u00f3n atestado de abrazos y brindis, en el que Joaquim no hab\u00eda encontrado pasaje. Eso y los asuntos pendientes en el despacho lo ataban a Long Island.<\/p>\n<p>Ni archivos ni presupuestos eran lo suyo; jam\u00e1s se habr\u00eda encargado de la direcci\u00f3n del departamento si los colegas no se lo hubiesen pedido y Mireya misma no lo hubiera animado \u2014ten\u00eda muchos a\u00f1os de ense\u00f1anza, lectura e investigaci\u00f3n; el cambio lo beneficiar\u00eda. \u00c9poca aqu\u00e9lla de crisis, de jubilaciones en toda la universidad, era el profesor con m\u00e1s antig\u00fcedad en su secci\u00f3n. Joaquim, adem\u00e1s, era el \u00fanico que se hab\u00eda escabullido hasta el momento de las tareas administrativas. No hab\u00eda remedio: director,\u00a0<em>chairman<\/em>. Se supon\u00eda que estaba obligado a poner buena cara. Record\u00f3 un rimero de carpetas sobre el escritorio, dejado all\u00ed antes de las Navidades; entrevi\u00f3 hojas plagadas de cifras, c\u00e1lculos pendientes en las gavetas.<\/p>\n<p>El ocho de enero deb\u00eda reincorporarse.<\/p>\n<p>Otros pensamientos, menos pesimistas, lo ocupan en estos instantes. Est\u00e1 en la sala de la casa, frente a la ventana; contempla el jard\u00edn blanco. El invierno se apedrusca afuera; es una roca fr\u00eda, sujeta a las ventoleras. Un rastro en la nieve delata a alg\u00fan conejo furtivo: Joaquim cree verlo; es una estampa fugaz; las orejas podr\u00edan ser las dos ramas que oscilan nerviosas, muy lejos, bajo los pinos y entre trozos de hielo.<\/p>\n<p>Anoche Mireya hab\u00eda telefoneado desde Caracas. Todo iba igual, es decir, empeorando. Ciertos medicamentos hab\u00edan surtido efectos contrarios a los deseados por el doctor Ram\u00edrez, un conocido de la familia que se encargaba del caso. Nadie sab\u00eda cu\u00e1nto durar\u00eda aquello. Ante el auricular, Joaquim hab\u00eda hilvanado frases; Mireya, en cambio, flu\u00eda en las palabras que ven\u00edan del sur. Estaba lejos; ten\u00edan que colgar en alg\u00fan momento, y lo hicieron.<\/p>\n<p>LA BIBLIOTECA EST\u00c1 EN EL \u00c1TICO. JOAQUIM SE SIENTA EN EL SOF\u00c1 Y LEE SIN mucha convicci\u00f3n. El tiempo se dispersa en la cocina, en el comedor; no sube nunca. Los chasquidos de las manecillas son sustituidos por los de las barras de calefacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Piensa que la temperatura en el exterior quiz\u00e1 est\u00e9 bajando.<\/p>\n<p>Cuando recobra la lucidez, empieza a reconocer lo que lee:<\/p>\n<p><em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00bfc\u00f3mo te vine en tanto menosprecio?<\/em><br \/>\n<em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00bfc\u00f3mo te fui tan presto aborrecible?<\/em><br \/>\n<em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00bfc\u00f3mo te falt\u00f3 en m\u00ed el conocimiento?<\/em><\/p>\n<p>Mec\u00e1nicamente, como adormecido, hab\u00eda echado mano al tomito de Garcilaso. Hac\u00eda mucho que no lo hojeaba: desde Rhode Island; desde Providence; o, m\u00e1s bien, desde Teresa.<\/p>\n<p>Va a seguir leyendo, pero algo lo detiene. No son los nombres ni la distancia que se interpone entre \u00e9sta y la \u00faltima lectura; tampoco los buenos recuerdos, ni los malos. Se trata de un ruido tenue pero persistente que sale del espaldar. Joaquim, alarmado, se gira. No es el espaldar: la sordera incipiente le ha hecho una jugarreta. Aquello viene de la pared. Se acerca a ella y contiene la respiraci\u00f3n por unos segundos. El ruido se interrumpe; luego regresa con fuerza un poco m\u00e1s all\u00e1, a\u00fan dentro del tabique, alcanzando casi el suelo.<\/p>\n<p>\u00bfRatas? Mireya se habr\u00eda asustado. El exterminador vino a finales del oto\u00f1o, cuando las alima\u00f1as \u2014zorrillos, tejones, mapaches\u2014 empezaban a buscar refugio. Sabe desde hace bastantes a\u00f1os que todas las paredes son huecas; a su llegada a los Estados Unidos no se hab\u00eda congraciado con el hecho, por m\u00e1s que le hablaran de las ventajas t\u00e9rmicas. Las peores sospechas se le confirmaron temprano con las invasiones anuales en cuchitriles de Providence, compartidos por \u00e9l y dos o tres estudiantes de posgrado. Llamar al exterminador durante la primera semana de diciembre: un rito que hab\u00eda aprendido entonces y despu\u00e9s de casado repet\u00eda. De esas man\u00edas estaba hecho.<\/p>\n<p>Sale de la biblioteca siguiendo el traqueteo en la pared. Baja las escaleras. El tiempo reaparece en el reloj de la sala y el almanaque.\u00a0<em>Nota bene<\/em>: los tiestos est\u00e1n sin regar. El ruido pasa por la cocina; el motor de la nevera lo disimula. La oreja de Joaquim se independiza y recorre la casa, tropez\u00e1ndose con interruptores, cuadros; se salta obst\u00e1culos mayores, un tapiz o una l\u00e1mpara. De pronto, el recorrido no es horizontal: nuevamente se despe\u00f1a; el bicho ha encontrado un resquicio que le permite bajar hasta dejar la oreja que lo acosa adherida al suelo. Se pregunta Joaquim si no habr\u00eda pasadizos subterr\u00e1neos por los que pudiese escap\u00e1rsele la rata. En todo caso, \u00bfno ir\u00edan a dar al s\u00f3tano?<\/p>\n<p>Busca una bombilla de cien vatios en el armario del comedor. Sus pasos, amortiguados apenas por la alfombra, retumban en el parqu\u00e9. Aminora la marcha y la impaciencia. Abre la puerta del s\u00f3tano. Se detiene en el primer pelda\u00f1o para acostumbrarse a las tinieblas. Cuando calcula que ha pasado un minuto, adelanta un pie, busca el borde; baja el otro pie, descubre el otro borde. Repite la operaci\u00f3n, cogido del pasamano helado.<\/p>\n<p>La ventanilla por la que de vez en cuando un rayo de luz se filtra est\u00e1 cubierta de nieve.<\/p>\n<p>Los ruidos se disuelven.<\/p>\n<p>Hoy no atrapa a la rata.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EL \u00daLTIMO DIA DEL A\u00d1O NO ES ESTRUENDOSO EN LONG ISLAND; M\u00c1S BIEN apagado. Joaquim ha estado recordando desde la ma\u00f1ana la algarab\u00eda y la p\u00f3lvora de Caracas en esas mismas fechas. Una sola vez hab\u00eda celebrado el treinta y uno con Mireya en el apartamento de Bello Monte, de cara al \u00c1vila y al r\u00edo, viendo las luces del tr\u00e1nsito dispararse de prisa sobre los puentes de la autopista. La visita de los\u00a0<em>chicos<\/em>\u00a0\u2014as\u00ed los llamaban\u2014 era el gran tema de la familia de Mireya. En esa ocasi\u00f3n, Samuel, el padre, los hab\u00eda abrazado a las diez de la noche y se hab\u00eda ido a dormir; no lo animaban mucho las celebraciones. Ninguna, en realidad: desde\u00f1aba el desorden de las efusiones con el pesimismo de los pensionados en el extranjero por el Seguro Social espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Resignado, parec\u00eda haberlo visto todo. Hablaba de Zaragoza con frecuencia, sintiendo nostalgia de su tierra cada diciembre; desde el instante en que hab\u00eda conocido a Joaquim y se hab\u00eda enterado de que era catal\u00e1n \u2014<em>algo as\u00ed como paisanos, \u00bfno?<\/em>\u2014, las conversaciones giraron una vez tras otra en torno a las cosas de\u00a0<em>all\u00e1<\/em>, c\u00f3mo estaban \u00faltimamente y qu\u00e9 se hab\u00eda sabido.<\/p>\n<p>El viejo Samuel no se ha muerto a\u00fan. Su agon\u00eda se extiende a toda la familia \u2014la mujer, los hijos, los hermanos. Mireya le ha advertido a Joaquim que no la llame por la noche: era su turno en el hospital, al lado del padre.<\/p>\n<p>Sentado a la mesa del comedor, Joaquim lee y dormita el Garcilaso. Con la excusa de esperar noticias de Venezuela, ha rechazado hace un par de horas la invitaci\u00f3n a pasar la velada en casa de Alexandre Gomes, un profesor de Arte con el que hab\u00eda hecho buenas migas. El colega brasile\u00f1o, a quien hab\u00eda conocido en reuniones de comit\u00e9, era amigable, y hasta entretenido, pero \u00e9l no estaba para cenas ni gregarismos.<\/p>\n<p>Cavila sobre esos pormenores. De pronto, un nombre emerge de la oscuridad. Lo pronuncia:<br \/>\n\u2014Teresa.<\/p>\n<p>Ella, precisamente, le hab\u00eda explicado hac\u00eda muchos a\u00f1os que en nuestros d\u00edas leer \u00e9glogas y sonetos era cosa de diletantes, de in\u00fatiles. Re\u00eda despu\u00e9s: consideraba sofisticadas las malcriadeces. Resulta extra\u00f1o que ella misma hubiese escogido especializarse en el Siglo de Oro. Diletante, in\u00fatil y fil\u00f3loga: pod\u00eda ser todo eso en menos de media hora.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se conocieron? Quiz\u00e1 durante aquel simposio en que ella le\u00eda una ponencia sobre Garcilaso. Joaquim sab\u00eda que hab\u00eda sido alumna de Elias Rivers y, sin el aplomo del maestro, el italianismo en Espa\u00f1a era su caballo de batalla en la universidad.<\/p>\n<p>Teresa era zaragozana: con sobresalto, Joaquim recobra el dato, cubierto de telara\u00f1as. Siente cierto malestar. Lo peor es comprobar que la sonrisa de Teresa se le mezcla con la agon\u00eda de Samuel.<\/p>\n<p>Ella tambi\u00e9n se hab\u00eda sentido nost\u00e1lgica alguna vez, solo que Garcilaso o acaso una conferencia pronto la obligaban a cambiar de tema. Adem\u00e1s, una\u00a0<em>pija<\/em>\u00a0era incapaz de melancol\u00edas de larga duraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed y ahora Teresa es un paisaje enmohecido al que se asoma Joaquim. Pero nada ordinario rozaba el instante en que la hab\u00eda visto por primera vez. Fue demasiado r\u00e1pido: ya de noche, en la cama de un motel cercano a la universidad, no pens\u00f3 en casarse con ella. Con las cuatro o cinco mujeres en su\u00a0<em>curriculum vit\u00e6<\/em>\u00a0\u00e9sa hab\u00eda sido una esperanza \u2014no importa que, tarde o temprano, la desechara por digna de alguien con c\u00e9sped, hipoteca, dos cr\u00edos, perro, barbacoa y Miller Light en la nevera. Con Teresa no sucedi\u00f3 del mismo modo por varias razones para \u00e9l imprecisas. Era absurdo corromperla coloc\u00e1ndola en un escenario de sof\u00e1s, armarios o lavadoras. Una mujer que planchase la ropa o limpiase la casa: Teresa no era eso. Quer\u00eda que ella lo convirtiera en algo distinto. La habitaci\u00f3n donde estaban en aquel momento no pod\u00eda ser un cuarto vulgar; all\u00ed todo era remoto y lo que suced\u00eda no llegaba a la luz. Lo que deseaba de Teresa carec\u00eda de forma, o se volv\u00eda revoloteo becqueriano en una caverna. \u00bfB\u00e9cquer? Espronceda, con cuarenta y cuatro octavas reales. Estaba enamorado de ella como se enamoraban las personas en los poemas de antes. O eso cre\u00eda: uno no puede saber de verdad qu\u00e9 tiene cuando tiene una Teresa. El \u00e9xtasis y la estupidez se parecen mucho mientras se vive un soneto \u2014o una octava\u2014 y los detalles m\u00e1s prosaicos de la existencia empiezan a rimar.<\/p>\n<p>Eran una pareja a las pocas semanas, con lo que el hecho implicaba: invitaciones compartidas, despachos contiguos en la universidad, una misma casa. Las noches segu\u00edan siendo vol\u00e1tiles; entre las s\u00e1banas, todav\u00eda en la cripta, Joaquim escuchaba palabras que Teresa no le susurraba:<\/p>\n<p><em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Ausente en la memoria la imagino;<\/em><br \/>\n<em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0mis esp\u00edritus, pensando que la v\u00edan,<\/em><br \/>\n<em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0se mueven y se encienden sin medida.<\/em><\/p>\n<p>Por miedo a su propia cursiler\u00eda, o por presentir que una experta en Garcilaso no entender\u00eda esos versos, \u00e9l no se atrev\u00eda a decirle lo que le pasaba por la cabeza.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, en medio de una temporada de entrevistas de trabajo que los tra\u00eda a los dos de arrastre, lo consideraron para el cargo en Long Island; buen sueldo, permanencia, a hora y media de Manhattan. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s pedir? Cuando finalmente se lo ofrecieron, su\u00a0<em>compa\u00f1era<\/em>\u00a0\u2014el t\u00e9rmino con que ella prefer\u00eda identificarse ante terceros\u2014 puso reparos:<\/p>\n<p>\u2014Eso significa quedarnos en la Costa Este.<br \/>\n\u2014Pero, Teresa, estamos hablando de Nueva York.<br \/>\n\u2014Y \u00bfqu\u00e9?<\/p>\n<p>Como \u00e9l no esperaba un tono semejante, sigui\u00f3 escuchando sin interrumpirla: \u2026<em>quedarnos en el mismo lugar. Ya me lo tem\u00eda. Eres de los que echan ra\u00edces. Una patata. Por eso he aceptado tambi\u00e9n una oferta, la de Davies. Disculpa si no te lo hab\u00eda dicho<\/em>. Ni dicho ni mencionado: \u00e9l hab\u00eda entendido que en la entrevista californiana todo \u2014los profesores, el lugar, el sueldo\u2014 le hab\u00eda parecido p\u00e9simo. Durante el resto de la conversaci\u00f3n, que acab\u00f3 en ri\u00f1a, porque lo de tub\u00e9rculo hab\u00eda sido lo de menos, Joaquim, desdobl\u00e1ndose, se vio la boca entreabierta, los ojos aletargados. Nunca lo hab\u00edan analizado tan falsamente; era como un truco, terrorismo genuino. \u00bfAcaso le molestaba algo? S\u00ed, explot\u00f3 ella; no puede andarse por el mundo pensando que los dem\u00e1s se dejar\u00e1n tratar como esclavos, como mujeres de la casa, sin ninguna aspiraci\u00f3n que no sea el fregadero.\u00a0<em>\u00bfDe qu\u00e9 me hablas?<\/em>, barbot\u00f3 \u00e9l. Hablaba Teresa de competencia, de desd\u00e9n para lo que hac\u00eda, de falta de respeto a su carrera. Era como o\u00edr una lengua incomprensible: s\u00e1nscrito, alg\u00fan dialecto ibero. Poco a poco, se disip\u00f3 la nube de humo que lo hab\u00eda envuelto durante los nueve meses de la relaci\u00f3n \u2014si as\u00ed pod\u00eda llamarse: era evidente que no hab\u00eda habido ninguna comunicaci\u00f3n. No sent\u00eda nada por la mujer que ten\u00eda al lado y ella le correspond\u00eda en la frialdad.<\/p>\n<p>Hab\u00eda llegado la hora de cortar por lo sano con aquella\u00a0<em>ni\u00f1a<\/em>\u00a0\u2014sonaba m\u00e1s oportuna esa palabra; en Teresa hab\u00eda algo crudo, a medio hacer. Se delinearon sus contornos angulosos, secos; los tobillos raqu\u00edticos; el busto pinchado. Joaquim no hab\u00eda percibido hasta ese instante que cohabitaba con una alegor\u00eda del hambre; Garcilaso mismo habr\u00eda arrugado la cara con tanta anorexia. Faltaban los otros detalles: las enc\u00edas hinchadas, el sarro detr\u00e1s de los labios pintados, el aliento desagradable de dos cajetillas al d\u00eda. Y hab\u00eda que reflexionar en lo peor: \u00bfc\u00f3mo pudo haberse enamorado de alguien as\u00ed? Lo m\u00e1s temible de las enfermedades mentales era que siempre afectaban a un m\u00ednimo de dos personas (no sab\u00eda si hab\u00eda le\u00eddo eso o se lo inventaba: psicolog\u00eda casera para no irse a pique).<\/p>\n<p>\u2014No pongas cara de subnormal \u2014los gru\u00f1idos de Teresa cerraban la discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Dos semanas despu\u00e9s, detuvo el taconeo, el traj\u00edn de maletas, y le tendi\u00f3 la mano. \u00c9l la acept\u00f3. Fue el adi\u00f3s: la esperaba un taxi para llevarla al aeropuerto.<\/p>\n<p>Joaquim no se afligi\u00f3 \u2014ni ese d\u00eda ni en los meses siguientes: las vacilaciones las llen\u00f3 de trabajo; las soledades, de lecturas y ajetreo.<\/p>\n<p>Hasta que lleg\u00f3 a ser el\u00a0<em>chairman<\/em>\u00a0apacible que hab\u00eda perdido la cuenta de sus inviernos en Long Island.<\/p>\n<p>ALL\u00cd EST\u00c1 EL RUIDO DE NUEVO. CUATRO O CINCO VECES EN EL TRANSCURSO DE la semana se ha reanudado. Pero ahora no puede prestarle atenci\u00f3n, seguirlo por las paredes o darle caza: el tel\u00e9fono est\u00e1 sonando; le ha subido el volumen al timbre porque sabe que la pr\u00f3xima llamada de Mireya ser\u00e1 importante.<\/p>\n<p>En efecto, los esfuerzos del doctor Ram\u00edrez han sido in\u00fatiles. La voz de Mireya se interrumpe con sollozos. Hay otras voces. No se oye a los hombres de la familia; Joaquim se imagina a los cu\u00f1ados intentando no llorar, con una idea criolla de la virilidad. Eran buenos tipos, pero nunca hab\u00eda logrado intimar con ellos: hablaban de b\u00e9isbol y boxeo, y \u00e9l era una nulidad en esas \u00e1reas. Quedaba la cordialidad sin demasiadas ideas de por medio.<\/p>\n<p>Samuel se muri\u00f3 sin realizar el proyecto sobado de volver a su tierra.<\/p>\n<p>Minutos despu\u00e9s, cuando se ha despedido de Mireya, Joaquim se acerca a la pared. Lo hace lentamente. No capta nada en el interior del tabique; el silencio, como la nieve afuera, cae sin prisa.<\/p>\n<p>En el jard\u00edn quiere localizar el conejo, pero solo adivina a sus cu\u00f1ados en tr\u00e1mites de funeraria, ata\u00fad y misa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>ACEPT\u00d3 HACE TANTO EL PUESTO EN LA ISLA. CONOCI\u00d3 A MIREYA EN UNO DE LOS viajes que de vez en cuando interrump\u00edan la monoton\u00eda: una conferencia en Caracas. Le propuso que se viniera como estudiante a Nueva York; se trataba de un pretexto. Mireya entonces era una muchacha reservada que escrib\u00eda cuentos, poemas, vi\u00f1etas para los peri\u00f3dicos (seg\u00fan el estado de \u00e1nimo), pero que no estaba atrofiada para los detalles cotidianos y se re\u00eda de la falta de sentido pr\u00e1ctico de los profesores. Cuando se casaron, luego del noviazgo pausado, Joaquim apenas si recordaba a Teresa como se recuerda una adolescencia tard\u00eda. Naci\u00f3 Jorge, creci\u00f3 Jorge y, como es usual en el pa\u00eds, se hab\u00eda ido a una universidad en otro Estado; Mireya y Joaquim regresaron a partir de ese momento a una casa compartida en peque\u00f1as traves\u00edas que conclu\u00edan en la cena o con las conversaciones en el portal. Un d\u00eda, el nombre de Teresa dej\u00f3 de aparecer en los programas de simposios anuales de la Modern Languages Association y desapareci\u00f3 tambi\u00e9n de las ligas de hispanistas, donde, invariablemente, hab\u00eda conferenciado sobre la\u00a0<em>\u00c9gloga Primera<\/em>, las\u00a0<em>Ep\u00edstolas<\/em>\u00a0o alguna\u00a0<em>Glosa<\/em>. El Tajo y la t\u00f3pica acu\u00e1tica; arte, artificio y naturaleza en la\u00a0<em>\u00c9gloga Tercera<\/em>; o, incluso, intertextualidad y parodia petrarquesca en el Soneto I. Eso se borr\u00f3: Teresa no fue para \u00e9l m\u00e1s que nombre de m\u00edstica o actriz. A veces se tropezaba con una en las listas de clase; el profesor, impert\u00e9rrito, acababa tratando a la alumna por el apellido. A Jorge, en la secundaria, tambi\u00e9n le hab\u00eda tocado su Teresa, pero el caso fue igual de precario. Joaquim se hab\u00eda apegado m\u00e1s a su hijo a partir de entonces, aunque el v\u00ednculo se mantuviese secreto.<\/p>\n<p>Piensa mientras cava junto a la ventanilla del s\u00f3tano. Casi la rompe con la pala. La nieve se ha acumulado; solo puede removerla con una olla de agua hirviente.<\/p>\n<p>En casa, abre la puerta, se asoma a las escaleras y comprueba que su labor no ha sido vana: abajo se distinguen el suelo, las m\u00e1quinas, los trastos arrumbados. La bombilla devuelve la realidad al subterr\u00e1neo, que con el tr\u00e1fago de la estufa se agita, late. Los conductos de la calefacci\u00f3n rechinan; se tienden y distienden como venas o arterias.<\/p>\n<p>En uno de los rincones donde se juntan el muro y el techo hay una abertura. El bloque gris est\u00e1 roto y muestra un camino que se pierde en la oscuridad de la pared. En el borde de la grieta, algo mira a Joaquim.<\/p>\n<p>Es un p\u00e1jaro.<\/p>\n<p>Eso ha sido todo; la causa del ruido en los tabiques: por el color, tal vez un pardal.<br \/>\nSe contemplan el uno al otro, sorprendidos. Joaquim, en la inmovilidad, baraja preguntas; todas las ventanas tienen rejilla met\u00e1lica, adem\u00e1s de estar cerradas la mayor parte del invierno. A menos que\u2026 Quiz\u00e1 aquella ranura entre dos tablas, en la parte posterior de la casa\u2026 Imagina el laberinto de madera y sombra por el que el p\u00e1jaro se hab\u00eda extraviado.<\/p>\n<p>Ahora solo importa dejarlo salir, no vaya a morirse asfixiado o hambriento dentro de casa y luego la podredumbre atraiga a las ratas.<\/p>\n<p>Mira la ventanilla. \u00bfEspantar\u00eda al pardal si se le acercase?<\/p>\n<p>Apenas se mueve cuando el manojo de plumas desaparece por la grieta. Joaquim corre; se sube a la lavadora; introduce una mano en el agujero que se estrecha. Oye el aleteo subir en el interior, alejarse.<\/p>\n<p>La culpa era del pajarraco terco.<\/p>\n<p>Est\u00e1 sentado cuando el sol, afuera, empieza a ocultarse. La \u00fanica luz que queda es la de la bombilla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>TRAS VARIOS INTENTOS, HA LOGRADO COMUNICARSE CON JORGE Y LE HA DADO la noticia de la muerte del abuelo. Antes no hab\u00eda querido inquietarlo; le hab\u00eda comentado que el viaje de Mireya era de rutina: aprovechaba un pasaje gratis conseguido por un amigo. Quiz\u00e1 Jorge no se lo crey\u00f3, pero accedi\u00f3 a la petici\u00f3n firme del padre de no abandonar la residencia universitaria, donde se preparaba para el examen de doctorado.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de colgar, Joaquim admite, resignado, que habla solo. Al principio son murmullos; luego es un verdadero di\u00e1logo entre palabras y pensamiento divorciados. Se da risa \u00e9l mismo, y quien r\u00ede no es el que habla ni el que piensa.<\/p>\n<p>Uno de los primeros nombres que pronuncia es el de Teresa, que est\u00e1 viva de unos d\u00edas a esta parte. Lo acompa\u00f1a en los almuerzos frugales, las duchas cada vez m\u00e1s espaciadas. En el silencio de la casa, Joaquim ha ido perdiendo los h\u00e1bitos severos de\u00a0<em>chairman<\/em>. La barba, casi toda blanca, despunta. Una ma\u00f1ana se ha visto en el espejo y, por segundos, ha cre\u00eddo estar frente a un sant\u00f3n de bata y pantuflas, alimentado no con ra\u00edces sino con platos congelados.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se habr\u00eda hecho de Teresa? \u00bfPor qu\u00e9 no se hab\u00edan escrito? \u00bfPor qu\u00e9 parec\u00edan todos sus colegas, menos los de juventud, ignorar la existencia de aquella mujer?<\/p>\n<p>Listines, internet, llamadas repletas de interrogatorios inc\u00f3modos:\u00a0<em>Theresa who?<\/em>\u00a0Ya no ense\u00f1a. En Davies no est\u00e1. No est\u00e1 en Berkeley. Ni en Los Angeles. Tampoco en ning\u00fan directorio. Ni idea de ad\u00f3nde pudo haber ido. Zaragoza\u2026 \u00bfhabr\u00eda regresado? \u00bfEstar\u00eda casada? \u00bfEn alg\u00fan pueblo del\u00a0<em>Midwest<\/em>, m\u00e1s dom\u00e9stica que nunca, sin garcilasos ni boscanes, en el horario de las comidas, los hijos, las compras?<\/p>\n<p>Pregunta una y otra vez: advierte que no se hab\u00eda molestado en hacerlo antes. Todo es tan improbable en estos momentos que Joaquim cae en un delirio leve en el que se suman los malos olores, las puertas cerradas, un ardor en el est\u00f3mago. Hay tintineos de campanillas que se vuelven tangibles y acaban confundidas con el aleteo dentro de la pared. Hace a\u00f1os, cuando Mireya esperaba a Jorge, las pesadillas prenatales del padre consist\u00edan en una sucesi\u00f3n de carreras, entradas de urgencia en el hospital, hemorragias, caras de doctores inanes que pronunciaban la palabra\u00a0<em>miscarriage<\/em>\u00a0como si la masticaran. Inexplicablemente, ahora sabe que Teresa hab\u00eda sido su propio aborto, o una especie de quiste que no pod\u00eda rasparse de la memoria, de sus habitaciones viscosas \u2014id\u00e9nticas a las de la casa en estos mismos instantes\u2014 sin que fluyeran sangre y otras sustancias.<\/p>\n<p>Joaquim deja que la pasta de llanto y moco se le enrede en las barbas. Llora para ahorrarles la tarea a los cu\u00f1ados o fantasear que tiene a Mireya al lado. Teresa cambia el plumaje, grazna, migra en formaci\u00f3n con una escuadra de sombras; recita a Garcilaso: primero,\u00a0<em>en tanto que de rosa y azucena<\/em>; despu\u00e9s,\u00a0<em>si para refrenar este deseo \/ loco, imposible, vano, temeroso<\/em>; y, de inmediato, regurgitando hostias sobre un nido,\u00a0<em>de m\u00ed agora huyendo, voy buscando \/ a quien huye de m\u00ed como enemiga \/ que al un error a\u00f1ado el otro yerro.<\/em><\/p>\n<p>\u00c9l la acompa\u00f1a al aeropuerto y vuelve a casa. A \u00e9sta o a otra.<\/p>\n<p>El p\u00e1jaro, para entonces, est\u00e1 muerto; su cad\u00e1ver empieza a mezclarse con las tablas, el aserr\u00edn y las vigas.<\/p>\n<p>CUANDO MIREYA REGRES\u00d3, HAC\u00cdA UN MES QUE JOAQUIM SE HAB\u00cdA reincorporado al trabajo.<\/p>\n<p>Ella lo vio a la salida de la aduana, afeitado, pulcro como siempre, con el traje que le hab\u00eda regalado en diciembre, no agitando los brazos y dando gritos de entusiasmo como las personas alrededor, pero con algo distinto. Le carg\u00f3 el equipaje despu\u00e9s de abrazarla y salieron al estacionamiento sin prisa.<\/p>\n<p>Mireya empezaba a restablecerse. Ten\u00eda ganas de escribir; hac\u00eda meses hab\u00eda abandonado un proyecto de novela y dos o tres relatos hab\u00edan quedado entre apuntes y borrones. La semana anterior supo que pod\u00eda volver a Long Island: la viudez de su madre se hab\u00eda convertido en paciencia.<\/p>\n<p>En el auto hablaron de aquel comienzo de a\u00f1o. Pocas cosas segu\u00edan igual tanto en Caracas como en Nueva York. Jorge hab\u00eda telefoneado anteayer para anunciar que hab\u00eda aprobado el examen. La noticia sac\u00f3 a Joaquim de la depresi\u00f3n en que lo hab\u00edan puesto lo de Samuel y lo del encierro.<\/p>\n<p>Esa \u00faltima palabra apenas fue audible.<\/p>\n<p>Luego de las tormentas de enero el tiempo mejor\u00f3. Estaban a fines de febrero y parec\u00eda que marzo se anticipaba:<em>\u00a0<\/em><em>pero han anunciado aguanieve y qui\u00e9n sabe si una buena nevada para la semana pr\u00f3xima<\/em>, oy\u00f3 Mireya.<\/p>\n<p>Se hab\u00edan echado de menos. Lo sab\u00edan por la sensaci\u00f3n de fatiga.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente de su llegada, en la habitaci\u00f3n todo estaba envuelto por la luz arenosa de Long Island. Mireya tard\u00f3 en despertar. El sue\u00f1o hab\u00eda sido espeso; al abrir los ojos, tuvo la impresi\u00f3n de que no hab\u00edan pasado las semanas ni se hab\u00eda enterado de la enfermedad de su padre.<\/p>\n<p>Pronto se desenga\u00f1\u00f3. Cont\u00f3 en el reloj las doce horas transcurridas desde que, hablando en cama con Joaquim, se hab\u00eda dormido. No solo eso la convenci\u00f3 de que el tiempo no se deten\u00eda: tambi\u00e9n el orden de la casa. Los muebles, los cuadros, los tiestos estaban en el sitio donde los hab\u00eda dejado, pero su marido, en faenas de limpieza, hab\u00eda estado ajustando aqu\u00ed y all\u00e1. Todo segu\u00eda dispuesto regularmente, pero en ese orden relajado de un<em>amateur<\/em>. Algo se hab\u00eda alterado en el espacio y en Joaquim. Fuese lo que fuese, no era opresivo.<\/p>\n<p>Busc\u00f3 al marido sin decir palabra. Al regresar a la habitaci\u00f3n, pens\u00f3 en deshacer el equipaje. En un rinc\u00f3n, Mireya vio su escritorio y sobre \u00e9l los manuscritos.<\/p>\n<p>De afuera, le lleg\u00f3 un ruido como de puerto o de playa. Se acerc\u00f3 a la ventana. Joaquim estaba en el jard\u00edn trasero; parec\u00eda silbar despreocupado. Ella se limit\u00f3 a espiarlo.<\/p>\n<p>El alboroto proven\u00eda de una bandada de gaviotas. Mientras sobrevolaban torpemente la casa, \u00e9l se entreten\u00eda ech\u00e1ndoles trozos de sardina. Pero tambi\u00e9n reservaba migas de pan para los gorriones, m\u00e1s t\u00edmidos, ocultos casi bajo la sombra de los aleros.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h3><strong>Um fantasma portugu\u00eas, com certeza<\/strong><\/h3>\n<p>El fantasma de mi padre se nos apareci\u00f3 por primera vez a las tres horas del entierro. Estaba sentado en el sof\u00e1 del estudio, con un libro abierto en el regazo y la l\u00e1mpara prendida (no se sab\u00eda bien por qu\u00e9: eran solo las cinco de la tarde y \u00e9l, en esas cosas, siempre hab\u00eda sido muy ahorrativo). Me dirig\u00ed al estudio luego de distinguir las chupadas que le daba a la pipa; sospech\u00e9 que all\u00ed lo encontrar\u00eda: fumar en aquel rinc\u00f3n hab\u00eda sido su pasatiempo preferido.<\/p>\n<p>\u2014Quando voltamos \u00e0 Madeira? \u2018Stou farto desta terra e desta genta\u00e7a: barulho e calor \u00e9 o \u00fanico que t\u00eam. Al\u00e9m disso, as ruas est\u00e3o a ficar cheias de toir\u00f5es e ratazanas. Caracas j\u00e1 n\u00e3o \u00e9 cidade&#8230; toca, isso \u00e9 que \u00e9.<a href=\"#uno\">(1)<\/a><\/p>\n<p>Los hurones y las ratas a los que se refer\u00eda eran ejemplares pol\u00edticos, pero dejo el asunto para m\u00e1s tarde. Mi madre me hab\u00eda seguido los pasos hasta el estudio y ya estaba enfrascada en una de las escaramuzas que sol\u00eda tener con mi padre. En esta ocasi\u00f3n la emprendieron con lo de fumar delante de Rui, mi hijo, que en ese entonces cumpl\u00eda ocho a\u00f1os:<\/p>\n<p>\u2014Joga fora o cachimbo!<\/p>\n<p>\u2014A certid\u00e3o de casamento \u00e9 que vou deitar no lixo&#8230;<a href=\"#dos\">(2)<\/a><\/p>\n<p>Aunque los choques maritales nunca se arreglaban, a los cinco minutos estaban disueltos. Pese a la muerte tan reciente, mi madre se sinti\u00f3 feliz de ver al marido; eso s\u00ed, se cuid\u00f3 de no d\u00e1rselo a entender, no fuera que el difunto empezara a tomarse libertades.<\/p>\n<p>\u2014A sua b\u00ean\u00e7oa, vov\u00f4.<\/p>\n<p>\u2014Deus te aben\u00e7oe.<a href=\"#tres\">(3)<\/a><\/p>\n<p>Rui se hab\u00eda colado en el estudio y reaccion\u00f3 como siempre, pidi\u00e9ndole la bendici\u00f3n al abuelo. Mi padre, ateo convencido, invariablemente se la daba, sea por debilidad por el nieto, sea porque, como buen comunista, en vano intentaba ocultar sus atracciones clericales. Era de Bragan\u00e7a donde, que yo sepa, lo de bendecir ya no se usa como saludo; ese h\u00e1bito seguro que lo hab\u00eda contra\u00eddo en sus d\u00edas de clandestino en Madeira, y de mi madre, isle\u00f1a persistente y arcaica que toda la vida se hab\u00eda esforzado en catequizarlo.<\/p>\n<p>A Caracas nos hab\u00edamos venido cuando ten\u00eda yo once a\u00f1os. La polic\u00eda secreta de Salazar hab\u00eda obligado a pap\u00e1 a buscarse papeles de identidad falsos y a escapar del continente a las islas. Pasado el tiempo, con casa, trabajo, mujer e hijo, tuvo la idea genial de escribir y distribuir no s\u00e9 qu\u00e9 panfleto; pronto lo rastrearon y o\u00a0Guilherme bragantino<a href=\"#cuatro\">(4)<\/a>, como lo conoc\u00edan los amigos, tuvo que poner pies en polvorosa, si as\u00ed pudiera describirse una fuga mar\u00edtima. El barco iba cargado de espa\u00f1oles e italianos que se dirig\u00edan a Venezuela, cuando \u00e9sta estaba de moda; aportaba en Funchal y all\u00ed se acababa de llenar con nuevos acentos, vinos y bacalao. En esa ocasi\u00f3n se llevaron a un Guilherme que cambiaba por tercera vez de identidad; ahora se llamaba Louren\u00e7o (a\u00f1os despu\u00e9s supe que \u00e9se era su segundo nombre original; del primero no s\u00e9 si alguna vez me enterar\u00e9: tengo a Bragan\u00e7a fuera de mis rutas y, seg\u00fan pap\u00e1, desde hace mucho la parentela anda sepultada. \u00c9l, por otra parte, no suelta el dato).<\/p>\n<p>En vida, Guilherme, Louren\u00e7o, o lo que fuese, estaba hecho de m\u00faltiples man\u00edas. Una consist\u00eda en despotricar de Venezuela, en particular de Caracas; clima, desorden, nuevorriquismo, despilfarro, suciedad, ignorancia: cualquier excusa le serv\u00eda. Lo pon\u00eda nervioso ver que yo me adaptaba de lo mejor, y mucho m\u00e1s, cuando me cas\u00e9, que lo hiciera con una nativa. Pasaron los a\u00f1os y tuvimos a Rui que, con todo y el nombre portugu\u00e9s, no parec\u00eda inclinado a ampliar el vocabulario en esa lengua. Don Lorenzo, como lo llamaban en su nuevo exilio, se desesperaba con la acumulaci\u00f3n de peque\u00f1as desventuras. Declaraba cada vez que pod\u00eda sus principios, entre los que figuraba el retorno a Portugal en cuanto la oportunidad se presentara. Frugal, todo lo ahorraba para la vuelta; no era taca\u00f1o ni avaro, sino optimista: en el futuro estaba lo mejor y hab\u00eda que prepararse para disfrutarlo.<\/p>\n<p>Curiosamente, despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n de los Claveles, cuando lleg\u00f3 la democracia y la izquierda portuguesa pudo por fin existir fuera de la clandestinidad, mi padre no se mostr\u00f3 muy activo en lo de preparar la repatriaci\u00f3n: hablaba de falsa revoluci\u00f3n, desencanto y, mientras segu\u00eda los partidos de f\u00fatbol en las emisoras de inmigrantes, refunfu\u00f1aba sobre el fascista encubierto que era M\u00e1rio Soares, adem\u00e1s de otras impertinencias. El tiempo no se detuvo; pap\u00e1 se jubil\u00f3; mi abuelo en Funchal muri\u00f3 en 1990 y heredamos, entre otras cosas, la casa; pero pap\u00e1 no aprovech\u00f3 la oportunidad dorada, limit\u00e1ndose a ir con mam\u00e1 a la isla a pasar los inviernos y as\u00ed escapar siquiera por unos meses do calor\u00a0medonho, horr\u00edvel<a href=\"#cinco\">(5)<\/a>\u00a0de Caracas.<\/p>\n<p>Volv\u00eda de sus viajes e iba al estudio, engolosinado con la pipa y articulando meticulosamente el mal humor que atribu\u00eda a los tr\u00f3picos:<\/p>\n<p>\u2014O ano que vem fico de vez em Portugal.<a href=\"#seis\">(6)<\/a><\/p>\n<p>Lo machac\u00f3n del estribillo me permit\u00eda no tomarlo en serio; aun provocarlo:<\/p>\n<p>\u2014Pap\u00e1, qu\u00e9dese all\u00e1 si quiere; nadie lo obliga a regresar \u2014as\u00ed, en espa\u00f1ol, lo incordiaba m\u00e1s, porque se negaba a hablar el idioma.<\/p>\n<p>Los farfullos que ven\u00edan enseguida eran interminables. Nunca entend\u00ed su relaci\u00f3n con Venezuela; me temo que tampoco \u00e9l. Una vez le\u00ed que un hombre sin naci\u00f3n desaf\u00eda las clasificaciones y por eso suscita tanto el pavor como el asco. A lo mejor mi padre presinti\u00f3 que la lejan\u00eda de Portugal y la cercan\u00eda de otras tierras lo situar\u00edan en un espacio indefinible; tal vez el vac\u00edo lo forz\u00f3 a refugiarse una y otra vez en el \u00e9nfasis. Para calmarlo, o irritarlo amigablemente, yo le recitaba aquellos versos de Jorge de Sena:<\/p>\n<p><em>Coleccionarei nacionalidades como camisas se despem,<\/em><\/p>\n<p><em>se usam e se deitam fora, com todo o respeito<\/em><\/p>\n<p><em>necess\u00e1rio \u00e0 roupa que se veste e que prestou servi\u00e7o.<a href=\"#siete\">(7)<\/a><\/em><\/p>\n<p>Entre palmaditas, le insinuaba tambi\u00e9n que el nacionalismo era una enga\u00f1ifa de la burgues\u00eda para desviar la energ\u00eda del proletariado lejos de la lucha de clases. Pero era en vano; la tozudez superaba a la doctrina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando muri\u00f3, pens\u00e9 que extra\u00f1ar\u00eda sus mon\u00f3logos ininteligibles y que el apartamento sin ellos se quedar\u00eda solo. Me alivi\u00f3 que no fuera as\u00ed. Pap\u00e1 no pod\u00eda ausentarse tan bruscamente; su existencia venezolana hab\u00eda sido sobre todo casera, horas y horas metido en el estudio, donde se afanaba en la redacci\u00f3n de su peri\u00f3dico portugu\u00e9s y escrib\u00eda las cr\u00f3nicas que firmaba con distintos nombres, seg\u00fan las enviase a publicaciones de inmigrantes en los Estados Unidos y Canad\u00e1 o a revistas de Portugal, Brasil, Mozambique, Cabo Verde, Angola, Macao, Timor&#8230; No estaba dispuesto a abandonar las rutinas que trabajosamente se hab\u00eda creado. Su fantasma era la continuaci\u00f3n exacta del hombre, hasta en las obsesiones \u2014pipa, lecturas y<\/p>\n<p>\u2014Quando voltamos \u00e0 Madeira? \u2018Stou farto desta terra e desta genta\u00e7a&#8230;<a href=\"#ocho\">(8)<\/a><\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ntas veces, en vida, le habr\u00e9 o\u00eddo lo mismo? Ahora, cristianamente fallecido \u2014como acababa de decir el cura sin saber que le exped\u00eda el visado ang\u00e9lico a un rojo\u2014 las obsesiones de pap\u00e1 me hincaron finalmente el diente. Mi madre y yo est\u00e1bamos sim\u00e9tricamente solos, desconsolados, viudos. Mi condici\u00f3n era peor: de Cecilia no me hab\u00eda quedado ni el fantasma. En Venezuela, adem\u00e1s, todo se descompon\u00eda: los ahorros mermaban incluso absteni\u00e9ndose uno de tocarlos; los sueldos universitarios, vistos con estoicismo, daban risa; la situaci\u00f3n pol\u00edtica era ca\u00f3tica y hac\u00eda tres semanas, en una de las muchas manifestaciones contra el gobierno, unos francotiradores a quienes jam\u00e1s se someter\u00e1 a juicio le hab\u00edan vaciado la cabeza a tiros a uno de mis colegas, un tipo pac\u00edfico que ense\u00f1aba metaf\u00edsica y era de los pocos amigos \u00edntimos que yo ten\u00eda. Para apagar incendios lo \u00fanico que se usaba, de unos a\u00f1os ac\u00e1, eran lanzallamas \u2014la fauna a la que pap\u00e1 se refer\u00eda,\u00a0toir\u00f5es<a href=\"#nueve\">(9)<\/a>\u00a0presidentes yratazanas<a href=\"#diez\">(10)<\/a>\u00a0ministros, o viceversa, dependiendo del d\u00eda y el humor que tuviera don Lorenzo cuando le\u00eda los titulares. Sobre la te\u00f3rica simpat\u00eda del hur\u00f3n mayor por el marxismo, pap\u00e1 era terminante y ni siquiera admit\u00eda mis peros, porque del tema yo no sab\u00eda nada:<\/p>\n<p>\u2014Estes vadios est\u00e3o a confundir p\u00e2ndega e folia com revolu\u00e7\u00e3o.<a href=\"#once\">(11)<\/a><\/p>\n<p>No hab\u00eda d\u00eda que yo mandase a Rui al colegio sin que me cruzara por la cabeza la idea de que algo iba a pasarle: que le pondr\u00edan una navaja al cuello para robarle unos vulgares zapatos de goma, como le sucedi\u00f3 al vecinito; o que lo secuestrar\u00edan para intentar sacarnos fondos que no ten\u00edamos, por el solo hecho de que \u00e9ramos portugueses y se supon\u00eda que tendr\u00edamos abasto y billete; o que, sin m\u00e1s, le hicieran a mi hijo lo que a Cecilia.<\/p>\n<p>En el metro empezaban tambi\u00e9n a circular hojas que atribu\u00edan todas las desgracias a los inmigrantes europeos de los 1950 y 1960, que con sus compa\u00f1\u00edas de autobuses, restaurantes, caf\u00e9s, panader\u00edas hab\u00edan pervertido, arruinado y sumido en la angustia al valeroso pueblo bolivariano.<\/p>\n<p>\u2014Ent\u00e3o, quando voltamos \u00e0 Madeira?<a href=\"#doce\">(12)<\/a><\/p>\n<p>Aun repitiendo las preguntas de siempre, el espectro de mi padre ten\u00eda ahora un poder de convicci\u00f3n del que hab\u00eda carecido el exiliado gru\u00f1\u00f3n. Pese a todas nuestras discusiones, entre sus rezongos y melancol\u00edas, yo lo hab\u00eda querido tanto que hab\u00eda imitado su afici\u00f3n \u2014m\u00e1s que eso era\u2014 por la escritura (para hincharle las narices, claro, lo hac\u00eda en espa\u00f1ol; pero eso poco le importaba:ningu\u00e9m \u00e9 perfeito)<a href=\"#trece\">(13)<\/a>. Volv\u00ed a escucharlo despu\u00e9s del entierro; vi el libro y la l\u00e1mpara in\u00fatil, la pipa que llenaba de humo los contornos fantasmales. A solas en el balc\u00f3n, durante el crep\u00fasculo, me puse a llorar como un est\u00fapido y me dije que por qu\u00e9 no hacerle caso a don Lorenzo. \u00bfQu\u00e9 rayos esper\u00e1bamos de esa ciudad que se nos ca\u00eda a pedazos por dentro y por fuera? Quer\u00eda tanto a pap\u00e1, incluso ahora de fantasma, que ten\u00eda que dejarme persuadir; alguna vez ocurrir\u00eda: \u00bfpor qu\u00e9 no en ese instante? Irme. Irnos: hasta con los muertos.<\/p>\n<p>No tuve esa noche el valor de tomar la decisi\u00f3n, pero un par de d\u00edas despu\u00e9s la voz de mi padre me suger\u00eda que mirase la correspondencia; el cartero iba a traerla en unos cuantos minutos. En efecto, el hombre lleg\u00f3 y esper\u00e9 a que hiciera lo suyo. Abr\u00ed enseguida el buz\u00f3n. All\u00ed hab\u00eda una carta del hermano de mi madre, que comenzaba como todas las que nos escrib\u00eda, aunque, hacia el cuarto p\u00e1rrafo, me reservaba una sorpresa. La vejez lo llenaba de achaques; encima de eso, sufr\u00eda al imaginar que tendr\u00eda que vender la librer\u00eda que hab\u00eda levantado en Funchal a costa de mucho sudor y medio siglo de esfuerzo. No ten\u00eda m\u00e1s herederos que nosotros. \u00bfPor qu\u00e9 no nos anim\u00e1bamos a volver de una buena vez? \u00bfQui\u00e9n m\u00e1s adecuado que yo para relevarlo? La cifra que mencion\u00f3 como el promedio de sus ganancias en un mes era superior a mi sueldo anual. Para rematar sus argumentos, un recorte de peri\u00f3dico: en estos momentos hab\u00eda en Madeira m\u00e1s personas nacidas en Venezuela que en Venezuela portugueses. Y no se trataba simplemente de hijos de inmigrantes. La prosperidad reci\u00e9n estrenada de la isla y del resto de Portugal atra\u00eda a los africanos de siempre, pero tambi\u00e9n a asi\u00e1ticos, brasile\u00f1os, venezuelanos.<\/p>\n<p>\u2014\u2018St\u00e1s a ver?<a href=\"#catorce\">(14)<\/a><\/p>\n<p>Por encima de mi hombro, pap\u00e1 me hab\u00eda acompa\u00f1ado en la lectura. Los argumentos para contradecirlo se me hab\u00edan acabado. A eso ten\u00eda que a\u00f1adirse el endemoniado nombre de la librer\u00eda:\u00a0Esperan\u00e7a.<a href=\"#quince\">(15)<\/a><\/p>\n<p>\u2014\u2018St\u00e1s a ver?<\/p>\n<p>\u2014\u2018Stou, sim<a href=\"#dieciseis\">(16)<\/a>\u00a0\u2014le respond\u00ed, ya sin alternativa despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, y lo dem\u00e1s fue empacar, explicarle a Rui lo que suced\u00eda, secarle los lagrimones, ir a visitar cementerios, arreglar papeles, vender muebles, buscar vecinos de confianza a quienes dar las llaves del apartamento hasta que apareciese un comprador (improbable: hasta el sol de hoy).<\/p>\n<p>La familia de Cecilia sufri\u00f3 al enterarse de que Rui se iba, pero mi suegro me confes\u00f3 que si ellos pudiesen, tambi\u00e9n estar\u00edan haci\u00e9ndolo. No quise privarlo de tener cerca de \u00e9l la tumba de su hija. Mi padre, en cambio, insisti\u00f3 en que me diese prisa y en que no lo dejara enterrado en ese sitio.<\/p>\n<p>Prefiero no consignar los dolores de cabeza que da el transporte internacional de ata\u00fades cuando se tramita desde Caracas.<\/p>\n<p>De esta historia no queda mucho que contar. Los primeros meses en Funchal no fueron f\u00e1ciles para Rui; pero los muchachos acaban adapt\u00e1ndose a los trasplantes y a las lenguas con la misma velocidad con la que se recuperan de golpes o ca\u00eddas. Mi madre ha seguido haciendo su vida, porque las ri\u00f1as diarias con el fantasma del marido la mantienen en forma. En lo que a m\u00ed respecta, no me quejo. Era profesor y ahora soy librero; como antes, el oficio me deja tiempo durante las noches para escribir. Como todas las personas, s\u00e9 que me falta algo. Trato, eso s\u00ed, de no lamentarme o de no hacerlo con frecuencia, ni por demasiado tiempo. Alguna vez conoc\u00ed a Cecilia.<\/p>\n<p>Repaso estas p\u00e1ginas y advierto que me expreso como si no me hubiera movido de Caracas. Creo que en cualquier rinc\u00f3n del mundo anotar\u00eda mis pensamientos y divagaciones de la misma manera. Pero no me enga\u00f1o: esa ciudad nunca me perteneci\u00f3; tampoco me pertenecen otras. Acaso por eso todav\u00eda escribo, y en un idioma ajeno.<\/p>\n<p>En cuanto a mi padre, Guilherme, Louren\u00e7o o como decida llamarse: a la semana de haber regresado a su pa\u00eds empez\u00f3 de nuevo a refunfu\u00f1ar. Se sentaba, fumaba pipa, se levantaba, se sentaba una vez m\u00e1s para leer; suspiraba de agobio, inconforme. No se atrev\u00eda a abrir la boca para dirigirme la palabra, quiz\u00e1 por temor a mi reacci\u00f3n. Despu\u00e9s de una larga espera, hace poco le o\u00ed con paciencia las frases m\u00e1s pulidas que jam\u00e1s hab\u00eda pronunciado en espa\u00f1ol estando en Venezuela. Sospecho que me las repetir\u00e1 por muchos a\u00f1os: son las l\u00edneas que aqu\u00ed transcribo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/miguel-gomes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>Traducci\u00f3n del portugu\u00e9s:<\/h6>\n<h6><a href=\"#1\">(1)<\/a>\u00a0 \u2018\u00bfCu\u00e1ndo volvemos a Madeira? Estoy harto de esta tierra y su gentuza: ruido y calor es lo \u00fanico que tienen. Adem\u00e1s, las calles se les est\u00e1n llenando de hurones y ratas. Caracas ya no es ciudad\u2026 es una madriguera, \u00a1hay que ver!\u2019<\/h6>\n<h6><a href=\"#2\">(2)<\/a>\u00a0\u2018Tira esa pipa a la basura\u2019, \u2018Lo que voy a tirar es la partida de matrimonio\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#3\">(3)<\/a>\u00a0\u2018La bendici\u00f3n abuelito\u2019, \u2018Dios me lo bendiga\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#4\">(4)<\/a>\u00a0\u2018Guillermo el de Bragan\u00e7a\u2019.<\/h6>\n<h6>(5)\u00a0\u2018Del calor espantoso, horrible\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#6\">(6)<\/a>\u00a0\u2018El a\u00f1o que viene me quedo definitivamente en Portugal\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#7\">(7)<\/a>\u00a0\u2018Coleccionar\u00e9 ciudadan\u00edas como camisas usadas \/ que se quitan y tiran a la basura, con todo el respeto \/ necesario a la ropa que uno se pone y ha prestado servicio\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#8\">(8)<\/a>\u00a0\u2018\u00bfCu\u00e1ndo volvemos a Madeira? Estoy harto de esta tierra y su gentuza\u2026\u201d<\/h6>\n<h6><a href=\"#9\">(9)<\/a>\u00a0\u2018Hurones\u2019<\/h6>\n<h6><a href=\"#10\">(10)<\/a>\u00a0\u2018Ratas\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#11\">(11)<\/a>\u00a0\u2018Estos holgazanes est\u00e1n confundiendo vacil\u00f3n y juerga con revoluci\u00f3n\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#12\">(12)<\/a>\u00a0\u2018Entonces, \u00bfcu\u00e1ndo volvemos a Madeira?\u2019<\/h6>\n<h6><a href=\"#13\">(13)<\/a>\u00a0\u2018Nadie es perfecto\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#14\">(14)<\/a>\u00a0\u2018\u00bfVes?\u2019<\/h6>\n<h6><a href=\"#15\">(15)<\/a>\u00a0\u2018Esperanza\u2019.<\/h6>\n<h6><a href=\"#16\">(16)<\/a>\u00a0\u2018\u00bfVes?\u2019, \u2018S\u00ed, s\u00ed\u2026 lo veo\u2019.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de invierno A Irene Mardones y Pedro Lastra Ha recorrido el comedor por s\u00e9ptima vez en lo que va del d\u00eda. Siete veces las habitaciones; la cocina; el recibidor. Siete veces ha subido y bajado las escaleras del \u00e1tico. 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