{"id":4027,"date":"2022-03-28T23:32:22","date_gmt":"2022-03-28T23:32:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4027"},"modified":"2023-11-24T18:32:14","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:14","slug":"el-regreso-de-tonito-esparragosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-regreso-de-tonito-esparragosa\/","title":{"rendered":"El regreso de To\u00f1ito Esparragosa (contado por \u00e9l mismo)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Julio Garmendia<\/h4>\n<p>SIENDO PEQUE\u00d1O, muy peque\u00f1o, demasiado peque\u00f1o para mi edad, me mandaron mis t\u00edos, los t\u00edos que me quedaban (o a quienes les quedaba yo, que fui hu\u00e9rfano de padre y madre a poco de nacido), a viajar por los pa\u00edses extranjeros, a ver si crec\u00eda (\u00bfo tal vez no ser\u00eda sino pretexto y ardid de todos ellos para mandarme fuera y salir de m\u00ed? \u00a1A veces lo pensaba!). \u201c\u00a1Para que aprenda algo \u00fatil!\u201d, dispusieron tajantemente mis t\u00edos Roque, Mauro y R\u00e9gulo, sin posibilidad de apelaci\u00f3n. \u201c\u00a1Y que no acabe de convertirse aqu\u00ed en un animal, que es lo que \u00e9l quiere!\u201d.<\/p>\n<p>Yo no pensaba m\u00e1s que en monear palos (por la misma exig\u00fcidad de mi tama\u00f1o, me era f\u00e1cil), en subirme a los tejados a elevar papagayos, y en \u201cno dejar vivir a los cristianos\u201d (palabras estas \u00faltimas, mil veces repetidas por mis t\u00edas Pragedes, Constanza y Elo\u00edna).<\/p>\n<p>La sola compa\u00f1\u00eda que me gustaba, eran las bestias, y no la de mis t\u00edos y mis t\u00edas. \u201cEst\u00e1 estudiando para bestia\u201d, dec\u00edan con menosprecio (como si fueran ellos el polo opuesto a lo bestial). Seg\u00fan mi modo de entender, eran ellos mismos, sin embargo, esos \u00e1speros t\u00edos Roque, Mauro y R\u00e9gulo, quienes menos que nadie pudieran censurarme y decirme eso (no dir\u00e9 yo por cu\u00e1l motivo, aunque se me saldr\u00e1 tal vez, m\u00e1s adelante). Precisamente, la mayor dificultad que nos part\u00eda era a causa de animales. Ellos no pod\u00edan vivir sin \u00e9stos, yo tampoco; pero los entend\u00edamos y trat\u00e1bamos de modo harto distinto, ellos y yo, y as\u00ed empez\u00f3 nuestro conflicto, la hostilidad de ellos conmigo y la m\u00eda con ellos (a pesar de que en el fondo nos quer\u00edamos, y que no poco ten\u00edamos en com\u00fan).<\/p>\n<p>Desde mi llegada a los estados o pa\u00edses extra\u00f1os adonde hab\u00eda sido mandado, y apenas instalado, empec\u00e9 a escribirles largas cartas a mis t\u00edos y a mis t\u00edas, en las cuales les hablaba de mi maravilloso crecimiento y r\u00e1pido desarrollo. En poco tiempo, y a juzgar por estas cartas, deb\u00eda yo de ser para ellos ya casi un gigante, capaz y responsable, y harto formal.<\/p>\n<p>Y cada vez que me dec\u00edan de regresar, volv\u00eda yo a escribirles nuevas cartas en que les contaba los progresos cada d\u00eda mayores que estaba haciendo, cit\u00e1ndoles palabras y expresiones de personas autorizadas que respaldaban mis decires, seg\u00fan yo mismo les indicaba, y se lamentaban de que tuvieran que interrumpirse y quedar truncos \u00a1tan felices y positivos resultados!<\/p>\n<p>Pero sabiendo yo muy bien que nada, en realidad, hab\u00eda crecido, o casi nada, ni me hab\u00eda desarrollado en absoluto, sino que segu\u00eda siendo endeble y peque\u00f1ito, y tan min\u00fasculo y menudo y poco \u00fatil como antes, no quise regresar por los momentos y, una y otra vez volv\u00eda a escribirles que ten\u00eda a\u00fan que visitar otra naci\u00f3n, conocer m\u00e1s ciudades y terminar varias materias, sin el conocimiento de las cuales mi formaci\u00f3n ser\u00eda incompleta y acabar\u00eda por agrietarse y hasta hundirse. As\u00ed que estuve visitando esos pa\u00edses, y acabando de educarme y perfeccionarme por completo en todos ellos.<\/p>\n<p>Les escrib\u00eda a mis t\u00edos, a cada rato, para hablarles de mi maravilloso crecimiento y desarrollo, y de mi cultura y saber, que les pintaba con los m\u00e1s vivos colores e impresionantes pinceladas (en esto \u00faltimo era muy h\u00e1bil). Seg\u00fan estas cartas, deb\u00eda yo de ser para ellos un verdadero tipo de Esparragosa bien plantado, casi un gigante o un atleta, un precioso y competente ayudante o encargado de hacienda, y llevador de cuentas en todo caso. Pero no es que fuera mentiroso, o que lo hiciera por vulgar af\u00e1n de vanagloria, no: lo hac\u00eda yo en realidad por ellos mismos, por darles la satisfacci\u00f3n de que creyeran realizado lo que sab\u00eda yo que anhelaban ellos con tal ansia. Trataba as\u00ed tambi\u00e9n, de resarcirlos de sus desvelos, y de sus sacrificios, sus giros y sus cheques (esto \u00faltimo era una raz\u00f3n muy importante). Sab\u00eda yo lo que ese anhelo de crecimiento significaba para ellos, sin hablar de los proyectos de orden pr\u00e1ctico con los cuales estaba en relaci\u00f3n aquel ideal de crecimiento. Hacendados y solterones, viejos los tres, ve\u00edan ellos en m\u00ed a su propio hijo, y el solo heredero y descendiente, en cuyas manos habr\u00edan de conservarse la hacienda, la casa, el apellido y la familia, las responsabilidades, los deberes y obligaciones de todo orden (todo esto iba a caer sobre mis hombros), sin contar por ahora los dos machos, ni la yegua, ni los aperos de plata y dos arreos, ni aquel peculiar modo de ellos de saber montar bien a caballo, en que fincaban tanto orgullo como en sus propias haciendas y personas. Era yo el \u00fanico hijo del \u00fanico de ellos que hab\u00eda muerto, y fui tambi\u00e9n hu\u00e9rfano de madre apenas al nacer, siendo criado por aquella vieja sirvienta Micaela que todav\u00eda estaba arrastr\u00e1ndose por el fondo de la casa, negra y fea, pero preciosa y maternal como m\u00e1s nadie.<\/p>\n<p>Y entonces cada vez que me escrib\u00edan, dici\u00e9ndome de golpe que era ya tiempo de que volviera, para que los ayudara en su trabajo, y que no ve\u00edan el momento de salir a encontrarme a El Semeruco (aludiendo en esa forma a cierto sitio en las afueras del atrasado pueblo nuestro, en donde era vieja costumbre salir en grupos a caballo hasta cierto punto, a esperar a los parientes y amigos que volv\u00edan, despu\u00e9s de una larga ausencia, para darles la bienvenida).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>FUERON AS\u00cd PASANDO a\u00f1os y a\u00f1os, hasta que al cabo, cierta vez, me ordenaron en forma perentoria que volviera, porque me necesitaban enseguida para que los ayudara en su vejez (o en sus vejeces, siendo dos, Mauro entre tanto hab\u00eda fallecido), y para que me encargara de inmediato de los trabajos de la hacienda, y porque dizque se necesitaban en el campo hombrones tales como yo. Corroboraban estas palabras con la acci\u00f3n, y me suspend\u00edan pensi\u00f3n, giros y cheques, cort\u00e1ndome los v\u00edveres, y todo.<\/p>\n<p>Esta cortada para m\u00ed era mortal, y tanto m\u00e1s sensible fui yo a ella cuanto que me fue inferida en un momento en que por uno de esos azares que la vida nos ofrece tantas veces, hab\u00eda o\u00eddo una conversaci\u00f3n entre ciertos conocidos m\u00edos de por all\u00e1, en el extranjero, que propalaban sobre m\u00ed cosas malignas. \u201cEste To\u00f1ito Esparragosa \u2013dijo uno\u2013 no tiene m\u00e1s remedio, es un enano\u201d. \u201cEn vez de crecer \u2013admiti\u00f3 el otro\u2013 cada d\u00eda est\u00e1 m\u00e1s chiquito&#8230;\u201d, y otras cosas m\u00e1s por el estilo, pesimistas, degradantes y empeque\u00f1ecedoras en extremo, que me hab\u00edan sumido en profundo malestar.<\/p>\n<p>Mis t\u00edos eran todos muy altos y fornidos, y lo fue mi padre, como todos los dem\u00e1s de la familia; de modo que nadie se explicaba (ni se habr\u00e1 explicado todav\u00eda hoy) por qu\u00e9 era yo tan exiguo y reducido, y tan reacio al natural crecimiento y desarrollo, y esto hab\u00eda acabado por roerme el coraz\u00f3n y hacer mella, a tal punto que, cualquier nimio problema o palabreja m\u00e1s o menos mal interpretada, eran motivos m\u00e1s que suficientes para ensombrecerme la existencia. Aunque a disgusto, tuve entonces que regresar. Pero, durante el viaje de vuelta, sin embargo, mil y mil dudas me asaltaron, y a medida que me acercaba a la etapa final de mi retorno, me hostigaron en forma cada vez m\u00e1s despiadada.<\/p>\n<p>Ya estaba a la vista de la Sabana y me faltaba valor para presentarme ante mis t\u00edos; y no s\u00f3lo ante mis t\u00edos, sino tambi\u00e9n ante mis t\u00edas Constanza y Elo\u00edna, y las filas de los parientes, allegados, amigos, servidores, conocidos y desconocidos, y de todos aquellos que aguardaban con curiosidad, o con envidia o con amor, mi aparici\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo iba yo a presentarme ante ellos? Aquel hombre hecho y derecho, alto de talla, ancho de espaldas, fuerte de m\u00fasculos y brazos, erguido y vigoroso cual muy pocos (ahora me acongojaba de mis propias palabras y expresiones); ese mismo que les hab\u00eda descrito yo en mis cartas, con tan subidos colores, relieves exagerados, prominentes, tal como era y tal como yo mismo me hab\u00eda pintado y esculpido en mis ep\u00edstolas, y ahora me acordaba y me pesaba, remordi\u00e9ndome atrozmente la conciencia. \u00bfQu\u00e9 iba a hacer? \u00bfC\u00f3mo iba a soportar esas miradas, esas sonrisas y el desencanto, el desconcierto y el despecho que no dejar\u00edan de causar mi aparici\u00f3n, por el contraste entre mi min\u00fascula presencia y aquella otra imagen figurada, que yo mismo hab\u00eda creado y me hab\u00eda encargado de trasmitirles y fijarles por medio de mis cartas durante a\u00f1os y a\u00f1os?<\/p>\n<p>El contraste no pod\u00eda ser m\u00e1s deprimente para m\u00ed, entre uno y otro To\u00f1o Esparragosa; el que mi presencia real les iba a dar y el que yo mismo hab\u00eda creado y propagado, el de aquel supuesto crecimiento y desarrollo que hab\u00eda hecho algo as\u00ed como un gigant\u00f3n del peque\u00f1o Esparragosa, que todos seguramente recordaban tal como era el d\u00eda de su partida a tierras extranjeras. A tal punto sub\u00edan mis inquietudes que no s\u00f3lo me parec\u00eda no haber crecido, sino que hasta empec\u00e9 a temer que estar\u00eda quiz\u00e1s m\u00e1s chico de cuando me fui (ahora me volv\u00edan aquellas malas palabras escuchadas). No s\u00f3lo volv\u00eda tan desmirriado, \u00a1sino m\u00e1s peque\u00f1o a\u00fan, quiz\u00e1s! Y este nuevo pensamiento me alocaba. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda soportar sus burlas y sus risas? \u00a1No, no pod\u00eda ni siquiera pensarlo!<\/p>\n<p>A poco las fuerzas me volv\u00edan; cobraba alg\u00fan valor, y me daba \u00e1nimos dici\u00e9ndome a m\u00ed mismo: \u201cPues claro est\u00e1 que s\u00ed he crecido, y soy ya otro muy diferente del To\u00f1ito que se fue hace unos a\u00f1os; en realidad nunca he mentido, y ni siquiera he exagerado en absoluto al hablar de mi prodigioso crecimiento y desarrollo\u201d.<\/p>\n<p>\u201cLa verdad \u2013me dec\u00eda yo\u2013, es que he crecido extraordinariamente&#8230; pero s\u00f3lo por dentro, y no por fuera. Yo les escrib\u00eda en lenguaje figurado y ellos lo hab\u00edan tomado quiz\u00e1s al pie de la letra, pues mi crecimiento no es externo, ni visible, sino interno (es decir, a\u00fan m\u00e1s raro y m\u00e1s valioso); todo \u00e9l logrado en profundidad y hacia adentro\u201d. De modo que bien pod\u00eda alegarles que yo nunca hab\u00eda mentido, ni siquiera exagerado al hablarles, y que hasta me hab\u00eda quedado algo corto en mis elogios de m\u00ed mismo. Solamente que lo hab\u00eda hecho en forma de lenguaje figurado y metaf\u00f3rico (pues, como he dicho, en esto hab\u00eda alcanzado gran maestr\u00eda).<\/p>\n<p>Pero, despu\u00e9s de meditado un poco m\u00e1s, volv\u00edan a asaltarme y crucificarme aquellas dudas, y aquel miedo, y la certidumbre y la inminencia del conflicto se me hac\u00edan evidentes de nuevo. \u201cEs cierto que he crecido \u2013pensaba consol\u00e1ndome\u2013, s\u00f3lo que este crecimiento y desarrollo son de un tipo raro y superior, que mis t\u00edos estaban tan poco preparados para apreciar debidamente y estimar en su valor, para mi desgracia, pues va a serles poco \u00fatil en la hacienda\u201d. Y volv\u00eda a sumirme, entonces, en la desesperaci\u00f3n m\u00e1s angustiosa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EN ESTA DISYUNTIVA, opt\u00e9 por adelantar varias horas mi aparici\u00f3n en la familia, prefiriendo presentarme ante ellos en la casa, modestamente y en privado y sin testigos, antes de que salieran en sus caballos, sus machos y sus yeguas a encontrarme, recibirme y darme la solemne bienvenida en El Semeruco, como seguramente se planeaba, seg\u00fan la vieja costumbre ya anotada.<\/p>\n<p>Me faltaba valor para soportar la idea de aquel encuentro en las afueras, imagin\u00e1ndome el asombro que se pintar\u00eda en todos los rostros, y en los de mis t\u00edos principalmente, apenas se dieran cuenta de que era yo, no m\u00e1s que yo, quien se acercaba por la ruta, y me fueran mirando y remirando de cerca y m\u00e1s de cerca, tan chiquito y desmirriado (o m\u00e1s a\u00fan) como cuando los dej\u00e9, cuando me fui, cuando me acompa\u00f1aron y abrazaron ellos mismos, tiempo atr\u00e1s, para que siguiera entonces solo con el encargado de llevarme a mi destino, en aquel mismo punto de la Sabana&#8230;<\/p>\n<p>Y ahora rodaba lentamente un autob\u00fas (dentro del cual, confundido entre otros muchos an\u00f3nimos viajeros, iba yo \u201cde inc\u00f3gnito\u201d, acurrucado en medio asiento); rodaba ahora este autob\u00fas por las calles de un largo pueblo chato, polvoriento y aburrido, tendido a media tarde bajo el candente sol del tr\u00f3pico. Atr\u00e1s hab\u00eda dejado en su marcha tambaleante algunas barriadas algo nuevas, y empezaba a entrar ahora en ciertas otras en las que el sello del tiempo era visible. Comenc\u00e9 a dudar si ser\u00eda o no ser\u00eda \u00e9ste el viejo pueblo (pues su imagen se hab\u00eda borrado de mi recuerdo desde el ya lejano d\u00eda de mi partida).<\/p>\n<p>De repente me sorprendi\u00f3 un cierto ruido sordo, subterr\u00e1neo, que hac\u00eda el pobre autob\u00fas al rodar por una calle, en cierta cuadra, y s\u00fabitamente me acord\u00e9: \u201c\u00a1El Bocoy! \u00a1Es el Bocoy!\u201d. \u00a1S\u00ed, s\u00ed, ya lo s\u00e9! Bajo este suelo que sonaba como sordo, bajo aquel pavimento que daba la sensaci\u00f3n de ser un puente o de tener debajo un t\u00fanel, era el Bocoy, el viejo Bocoy, cuyas aguas ve\u00eda yo correr al aire libre en los d\u00edas de torrenciales lluvias. Y todo se orden\u00f3 en seguida en mi esp\u00edritu alrededor del recuerdo de la negra y sucia boca del Bocoy: calles, casas, nombres, paredones, esquinas, plazas, torres, solares, formas y colores, an\u00e9cdotas e historias, acontecimientos y episodios, encontraron de s\u00fabito sus sitios sin distancias, sin orientaci\u00f3n, sin perspectivas, aquellos sitios en donde se hallaban todav\u00eda ahora, o aquellos que estuvieron en el tiempo que hab\u00eda sido ya.<\/p>\n<p>\u00a1Ah, s\u00ed! Ya s\u00e9, ya s\u00e9, tras ese pared\u00f3n descalabrado est\u00e1 el jard\u00edn de los Pereda; tras esas cuatro puertas bien cerradas est\u00e1n los armatostes vac\u00edos de don Gregorio, y las ratas corren entre ellos. \u00bfY no es aqu\u00e9lla, ligeramente rosa, la casa de Lucrecita, no es \u00e9sa, \u00e9sa de cierto color subido en las ventanas de anchos barrotes de madera torneada? Detr\u00e1s de esa ventana entrecerrada est\u00e1 Conchita y pronto la abrir\u00e1 completamente, para que se le acerque Colmenares. \u00a1Ya s\u00e9! \u00a1Ya s\u00e9! \u00a1Ya recuerdo! \u00a1Ya recuerdo!<\/p>\n<p>Y la moderna calle se resquebraja y se recubre de grandes piedras grises, entre cuyas junturas brotan tufos de hierba y sus macollas; se recubren las aceras de cuadrados ladrillos que sueltan aquel polvillo rojo por las pisadas. Las nuevas construcciones se vienen abajo, se derrumban por s\u00ed solas y dejan su sitio a las casonas que en otro tiempo ah\u00ed estuvieron. La calle larga y chata no es ya larga y chata; no es ya ni polvorienta, ni est\u00e1 solitaria. Mil recuerdos ya la pueblan, mil y mil recuerdos que se asoman por el hueco oscuro de los postigos entreabiertos o por encima de interminables paredones; cada cual me hace su se\u00f1a o su moh\u00edn, que \u00e9l sabe que atinar\u00e1 a despertar en mi memoria ese algo que \u00e9l mismo es. El viejo pueblo se reconstituy\u00f3 completo en mi memoria con la geometr\u00eda de un mosaico.<\/p>\n<p>Salt\u00e9 a la calle desde la puerta trasera del autob\u00fas y me met\u00ed por la oscura y nauseabunda boca del Bocoy, que yo conoc\u00eda mejor que nadie porque en sus alrededores y en su vientre hab\u00eda jugado. Por ah\u00ed estaba seguro de ir a salir al solar de mi casa, siguiendo su curso embovedado y negro. Aunque sin llegar a ser duende ni gato, yo hab\u00eda aprendido en los pa\u00edses en donde me hab\u00eda educado a tanta costa, a moverme por encima de las paredes, los tejados y por dentro de las chimeneas, as\u00ed como sobre los hilos del tel\u00e9grafo y los postes de la luz. Tambi\u00e9n hab\u00eda aprendido \u2013pues, como queda dicho, estuve largos a\u00f1os en los mayores centros de cultura y adelantos de la t\u00e9cnica\u2013, a meterme por las tuber\u00edas del acueducto, los t\u00faneles, los bocoyes y alba\u00f1ales, las ca\u00f1er\u00edas y otras v\u00edas adem\u00e1s de las normales.<\/p>\n<p>Ahora contaba con todas estas habilidades para poder desenvolverme en la dif\u00edcil situaci\u00f3n en que me hallaba. De modo que mi determinaci\u00f3n qued\u00f3 tomada en un segundo, sin pensarlo mucho, cuando vi abierta frente a m\u00ed la entrada o salida del Bocoy: escabullirme e irme por el Bocoy, las ca\u00f1er\u00edas y los solares, sin ser visto ni o\u00eddo, a darme cuenta por m\u00ed mismo de lo que ocurr\u00eda en casa antes de hacer yo en ella mi temida llegada solemne y oficial, y hasta para decidir si esto mismo era posible o no lo era.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>HAB\u00cdA GRAN MOVIMIENTO y animaci\u00f3n en la casa. Ya de lejos pod\u00eda verse (y adem\u00e1s olfatearse, a leguas) que se hac\u00edan preparativos para un magn\u00edfico recibimiento digno del grande hombre \u2013o mejor, del hombre grande que era yo\u2013 cuya llegada deb\u00eda ser inminente, a juzgar por los preparativos. Me fui acercando desde lo alto del caballete hasta el borde interior del tejado, por donde pasa la canal de hojalata que recoge las aguas de lluvia, para mirar hacia el patio y corredores, oculto a las miradas de abajo por los adornos de hojalata de la canal y por las frondosas ramas de las matas del patio, algunas de las cuales sobrepasaban varias veces la altura de la casa. Desde all\u00ed pod\u00eda muy bien mirar hacia abajo, ver el jard\u00edn de tan profusa exuberancia, y observar lo que pasaba en los cuatro corredores que lo rodean.<\/p>\n<p>Lo leve de mi peso y la exig\u00fcidad de mi estatura me permit\u00edan mantenerme casi escondido en el hueco de la canal, o entre lo c\u00f3ncavo de las tejas, sin ocasionar el menor da\u00f1o ni ruido capaz de llamar la atenci\u00f3n de los moradores de la casa. De nadie me dejaba ver, sino que me manten\u00eda boca abajo pegado all\u00ed, al techo, inm\u00f3vil y mim\u00e9tico como un aguaitacaminos en reposo, observando el inusitado ajetreo y agitaci\u00f3n que reinaban en la mansi\u00f3n de mis mayores. Hab\u00eda un constante ir y venir. Sal\u00edan voces del cuarto de mis t\u00edas, en donde yo alcanzaba a ver las cabuyeras de un chinchorro o de una hamaca cuyo extremo iba y ven\u00eda meci\u00e9ndose blandamente.<\/p>\n<p>En el corredor hab\u00eda varias personas sentadas en los mecedores de esterilla, y entre sus muebles descollaba por su maciza consistencia y las enormes proporciones, un sof\u00e1, recubierto de negro cuero, abombado y sostenido por ocultos resortes (como le pasa tambi\u00e9n a mucha gente en la vida), en cuyos brazos me hicieron cabalgar durante los a\u00f1os de mi infancia aquellos t\u00edos de las botas que eran tan crueles y tan imperativos al mismo tiempo; en este sof\u00e1 ven\u00eda a sentarse alguna beata del vecindario, alg\u00fan amigo de nariz algo rosada como la del cuadro de don Lorenzo el Magn\u00edfico, y con mayor frecuencia todav\u00eda, una, dos o tres, o todas, las cuatro juntas, las hermanas Quintanilla. Eran \u00e9stas nuestras m\u00e1s \u00edntimas vecinas, y su estrecha amistad con Do\u00f1a Tea databa, al parecer, de tiempos tan remotos que se perd\u00edan en la neblina de la prehistoria; hablaban de viejos carnavales, o de grandes aguaceros ca\u00eddos en un d\u00eda de solemne procesi\u00f3n, vestidas de azul y blanco todas ellas.<\/p>\n<p>Un poco aparte, en dos sillas contiguas modestamente pegadas contra la pared, dos beatas estaban sentadas, ostentaban vistosos escapularios prendidos sobre el pecho, grandes como flores de cayena; y hab\u00eda un cura que me era desconocido y que a cada momento frunc\u00eda la nariz y las cejas (tic que deb\u00eda serle habitual, pues nadie paraba mientes en ello).<\/p>\n<p>Los t\u00edos de las botas estaban sentados atendiendo a las visitas, si bien hablaban poco, liaban cigarrillos o sorb\u00edan con ruido tacitas de caf\u00e9. Dos o tres veces vi llegar tortas o ponqu\u00e9s de notables dimensiones, y alcanc\u00e9 a ver escrito, con letras de caramelo, el nombre \u201cTo\u00f1ito\u201d. Tambi\u00e9n o\u00ed el recado de una muchachita desgre\u00f1ada que entr\u00f3 a preguntar \u201cde parte de la ni\u00f1a Lucrecita que a qu\u00e9 horas llegaba el se\u00f1or To\u00f1ito\u201d.<\/p>\n<p>El sol, que hac\u00eda brillar intensamente el h\u00famedo verdor de las matas del patio, hab\u00eda invadido entre tanto aquella parte del corredor, y ya se reflejaba en las punteras de los embetunados zapatos de ciudad de los t\u00edos de las botas (que en ese momento no llevaban botas, aunque bien pod\u00eda yo imaginarlas en la rigidez de sus piernas y aun en ciertos pliegues de sus pantalones algo estrechos). Circulaba al mismo tiempo por all\u00ed un perro orej\u00f3n, un buen perro; se echaba a descansar, volv\u00eda en seguida a pararse y se pon\u00eda a husmear levantando el hocico, esbozando un gru\u00f1ido, como si algo que no alcanzaba a precisar estuviera ocurriendo por all\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Me huele a m\u00ed \u2013me dije\u2013, y as\u00ed redobl\u00e9 mi inmovilidad en el tejado.<\/p>\n<p>Entre la tupida espesura del jard\u00edn empezaba a moverse un morrocoy; en su concha lustrosa brillaban como esmaltes los sim\u00e9tricos dibujos. Yo me preguntaba, mir\u00e1ndolo pasar entre las ramas, si no ser\u00eda \u00e9ste el m\u00edo, aquel mismo del que me desped\u00ed amorosamente el d\u00eda de mi partida, y que era entonces tan peque\u00f1ito como una caja de f\u00f3sforos. De repente sali\u00f3 el t\u00edo Roque de su cuarto, retorci\u00e9ndose el bigote, su habitual aire malhumorado y rojizo en la mirada. Este simple hecho, tanto o m\u00e1s que la matinal presencia del cura y de las beatas, me dio idea de la magnitud del acontecimiento que aguardaban, pues nunca el t\u00edo Roque ven\u00eda de El Bucaral al poblado en tal \u00e9poca del a\u00f1o, a no ser por alguna raz\u00f3n muy poderosa. (Cuando se agrav\u00f3 Pap\u00e1 Viejo, recordaba yo, hab\u00eda venido tal mes como \u00e9ste). Tan importante dato vino a dar nuevo incremento a mis zozobras, y decid\u00ed permanecer en el tejado y evitar que se me viera.<\/p>\n<p>El tejado me brindaba amplio refugio. Sus variados accidentes me serv\u00edan a maravilla, me proporcionaban escondrijos y abrigos en donde hubiera sido muy dif\u00edcil descubrirme. La vieja casa no hab\u00eda sido edificada toda de una vez (como un moderno edificio o quinta), sino que hab\u00eda ido creciendo y desarroll\u00e1ndose en el curso del tiempo como un organismo vivo, hasta llegar a ser lo que era hoy. Nuevos pedazos \u2013corredores, cuartos o pesebres de caballete o de media agua\u2013 le hab\u00edan sido a\u00f1adidos o yuxtapuestos en diferentes \u00e9pocas. Una casita que hubo al lado fue absorbida y asimilada por ella. Todos estos tejados de diferente formas, alturas y extensiones se tocaban, formaban altos y bajos, recodos y recovecos; algunos estaban semihundidos y formaban ondulaciones, salientes y desniveles con lomos y baj\u00edos, \u00e1ngulos, rincones; hab\u00eda la zona que daba contra el pared\u00f3n descalabrado, la m\u00e1s alejada y secreta, oculta a todas las miradas; hab\u00eda tambi\u00e9n la banda sombreada y a mitad cubierta por densa arboleda. En esa parte del tejado hab\u00edan nacido y crecido muchas matas, arraigadas unas contra las junturas de las tejas, agarradas otras a la tierra del pared\u00f3n. Espesa capa de musgo la cubr\u00eda all\u00ed en donde no daba casi nunca el sol. Ciertos trechos de la canal desbordaban aqu\u00ed de verdes tallos de par\u00e1sitas, de la verdolaga de jugosos tallos rojos como las patas de las palomas. Todo ese lado del tejado estaba completamente alfombrado de musgo sombreado por las armazones de la arboleda; era de un verdor maravilloso; m\u00e1s lejos, el musgo aparec\u00eda negruzco y tostado en otros sitios m\u00e1s expuestos al sol de ciertas horas, hasta desaparecer en todo el resto del tejado.<\/p>\n<p>Andando por el tejado fui a asomarme al otro patio. Sobre \u00e9ste se abr\u00eda el ancho y espacioso corredor de horcones, algunos de ellos torcidos como los torcidos troncos de cuj\u00ed. La piedra de moler, el pil\u00f3n de ma\u00edz, los butaques de cuero estaban all\u00ed. Una ligera capa de nepe cubr\u00eda el suelo alrededor del pil\u00f3n. Cerca del horno \u2013y tan negra como una de sus bocas\u2013 abr\u00eda la puerta de la cocina, que no parec\u00eda sino un horno m\u00e1s grande. Por el patio, a mitad empedrado, cacareaban o picoteaban las gallinas y sus polluelos. Parado bajo la sombra de la frondosa trinitaria violeta, un odioso muchachejo apuntaba con una china hacia una palomita montaraz posada sobre las tejas de una pared. Su plumaje era gris, y se confund\u00eda con el color del tejado: era dif\u00edcil distinguirla. Pero a ratos cantaba, y se esponjaba entonces su peque\u00f1a garganta. Varios zamuros estaban parados m\u00e1s all\u00e1, sobre el caballete de un tejado contiguo, pero miraban hacia el solar de nuestra casa, prueba cierta de estos testigos mudos de que ac\u00e1 hab\u00eda recibimiento y comilona.<\/p>\n<p>Me asom\u00e9 al interior de la cocina por una de las claraboyas que le serv\u00edan de respiraderos. Aquello era un \u201chervidero\u201d espantoso: los fogones estaban todos \u201cprendidos\u201d, tambi\u00e9n las hornallas; espesos borbollones de humo sub\u00edan por el hueco de la chimenea, las claraboyas y otras rendijas, y en el fondo de ese infierno, entre pailas, llamas y sangre se afanaban unos fantasmas envueltos en grandes humaredas. Los ojos me lloraban, pues el fuego y el humo eran de le\u00f1a, y yo hab\u00eda perdido el pa\u00f1uelo en una de mis recorridas por Europa. Pero supe, por algo que pude captar de unas palabras, que se trataba, entre otras cosas no menos criminales, de matar unos conejitos que yo hab\u00eda visto ya en el patio, dentro de una jaula de alambre, sentados sobre sus paticas traseras y saboreando manojitos de hierba y hojas y barbas de \u201cjojotos\u201d. Apenas se alejaron un momento los \u201chumeantes\u201d y el muchachejo, baj\u00e9 r\u00e1pidamente al patio, desliz\u00e1ndome por uno de los torcidos y corronchosos horcones del corredor, y me llev\u00e9 los conejitos al techo, en su jaulita, y los instal\u00e9 conmigo en lugar seguro, en donde nadie pudiera verlos desde abajo. \u00a1Buen chasco se iban a llevar los inmundos moradores de aquel antro del crimen que era la cocina de la casa! \u00a1Pretend\u00edan celebrar mi llegada matando a unos pobres conejitos a los que yo, precisamente, quiero tanto! Jam\u00e1s se les hubiera ocurrido la idea de regal\u00e1rmelos sanos y salvos en se\u00f1al de alegr\u00eda y celebraci\u00f3n. Y esto s\u00ed que hubiera sido un digno festejo a mi llegada. \u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda recibir como regalo, al llegar a su casa despu\u00e9s de larga ausencia, unos conejitos lindos y mansos \u2013que yo hubiera ido a soltar despu\u00e9s, a escondidas\u2013 all\u00ed en los lugares en donde no llegan los cazadores.<\/p>\n<p>Esto me hizo cogerles odio fulminante a los \u201chumosos\u201d \u2013sin saber qui\u00e9nes eran\u2013, y empec\u00e9 a arrojarles terrones sobre la cabeza, cada vez que sal\u00edan al patio, a descubierto. Esto produjo cierto desconcierto, y hubo una b\u00fasqueda general a ver qui\u00e9n era el causante de los terronazos. Al fin sacaron de un cuartico oscuro al muchachejo, al odioso muchachejo de la china, que chillaba como un condenado, y le dieron varios azotes con la suela de unas alpargatas. Me asom\u00e9 por el hueco de la chimenea \u2013en realidad no era tal chimenea, sino un peque\u00f1o techo sobre alzado que dejaba salir el humo entre sus lados\u2013 y ech\u00e9 algunos terrones en lo que deb\u00eda ser la sopa o sancocho, que herv\u00eda a borbollones en una gran olla de barro puesta encima del fog\u00f3n de tres topias.<\/p>\n<p>Cuando se sentaron todos a la mesa para el almuerzo, me fui acercando otra vez al borde del tejado, dej\u00e9 pender ligeramente la cabeza hacia abajo, mientras el resto de mi cuerpo permanec\u00eda de barriga pegado a las tejas. Desde all\u00ed pod\u00eda ver todo, si bien, como mi cabeza pend\u00eda hacia abajo a la manera de la de los murci\u00e9lagos, lo ve\u00eda todo en forma algo inusitada. Por primera vez los ve\u00eda reunidos, all\u00ed estaban todos, y pude o\u00edr que no me esperaban todav\u00eda a esa hora, sino al atardecer. (Yo mismo hab\u00eda mandado un mensaje diciendo esto). Los t\u00edos de las botas se contaban sus cacer\u00edas, no hablaban m\u00e1s que de escopetas, tacos y gu\u00e1imaros, no refer\u00edan sino episodios de pobres venaditos y ciervas y matacanes ca\u00eddos bajo sus balas y sus punter\u00edas. Esto cuando no hablaban de gallos, de peleas y desaf\u00edos y de onzas y morocotas logradas o perdidas en esta forma.<\/p>\n<p>El t\u00edo Roque, que a mi juicio hab\u00eda sido siempre el m\u00e1s feroz de todos, rodeado del m\u00e1s grande respeto por ser el mayor de la familia, ocupaba ahora la \u201ccabecera\u201d de la larga mesa, sent\u00e1ndose en el antiguo puesto del abuelo. Estaba encorvado sobre la mesa y tomaba la sopa produciendo gran ruido con la boca. Primero soplaba sobre la cuchara de sopa humeante, luego la absorb\u00eda ruidosamente, tragando aire a la vez que sopa. No pude retenerme, y le tir\u00e9 un terr\u00f3n bastante grueso.<\/p>\n<p>El duro terr\u00f3n se estrell\u00f3 en la cabeza cubierta de blancos cabellos cortados al rape y chisporrote\u00f3 sobre la mesa y los platos, desbarat\u00e1ndose. Hubo un instante de estupor. Una cuchara cay\u00f3 al suelo. T\u00edo Roque se qued\u00f3 con la suya en suspenso, gote\u00e1ndole sopa sobre el chaleco cruzado por la cadena de oro, de la cual pend\u00eda el medall\u00f3n con pelo de&#8230; Los invitados estaban at\u00f3nitos, a la vez que temerosos de ser blanco de nuevos impactos o proyectiles. Don Roque se puso de pie, l\u00edvido pas\u00e1base la mano por la cabeza como para defenderla disimuladamente de otro golpe. Entonces fueron a buscar otra vez al muchachejo, y le dieron grandes azotes con unas riendas que colgaban junto a unas sillas de montar, puestas sobre un \u201cburro\u201d de madera. Gritando y pataleando se lo llevaron fuera, como quien se lleva un hach\u00f3n humeante. Todos volvieron a sentarse a la mesa, y de nuevo empezaron a beber sopa caliente, o ya medio fr\u00eda, a pesar del calor. Ellos quiz\u00e1s no lo sab\u00edan, pero yo, desde arriba, casi les ve\u00eda salir humo por el cr\u00e1neo. Volvi\u00f3 la calma, y mientras almorzaban, llegaron unos amigos de confianza y se sentaron en el recibo del corredor.<\/p>\n<p>Tomaban ya el caf\u00e9 cuando lleg\u00f3 una joven que fue acogida con muestras de maliciosa cordialidad, y a quien a poco empezaron los t\u00edos de las botas a dar bromas conmigo, con mi llegada y mi persona, d\u00e1ndole a entender que era nada menos que la futura novia de don To\u00f1o. Esto me horroriz\u00f3 a tal punto que me vinieron escalofr\u00edos, no obstante estar achicharr\u00e1ndome bajo el sol de aqu\u00e9lla hora. \u00a1Tan alta y yo tan peque\u00f1ito, Santo Dios! La llamaban Chepina, y lleg\u00f3 a decir, en su graciosa simplicidad, que no la burlaran porque estaba lejos de ser ella la persona que pudiera interesar a un hombre que llegaba del ancho mundo, que hab\u00eda cursado estudios y estaba destinado a un brillante porvenir. Se me eriza- ron con esto los cabellos, y tap\u00e1ndome los o\u00eddos abandon\u00e9 inmediatamente la canal para ir a refugiarme en otra parte del tejado, a la sombra que ven\u00eda de la arboleda, pues ya el calor del sol me derret\u00eda y las tejas recalentadas empezaban a quemarme la piel.<\/p>\n<p>All\u00ed estaba reposando al fresco un gato de color barcino. Cuando me vio acercarme, abri\u00f3 grandes ojos ante acontecimiento tan ins\u00f3lito y se par\u00f3. Yo empec\u00e9 a hablarle \u201c\u00a1miso! \u00a1miso!\u201d, mientras me aproximaba, y as\u00ed empez\u00f3 nuestra amistad. A poco ya sab\u00eda yo de las maldades del muchachejo para con \u00e9l, y esto sell\u00f3 nuestra amistad y nuestra alianza. Su nombre era Mirzo, y bien vi que era nieto o biznieto de mi mejor y m\u00e1s querido amigo de infancia, el gato Mirzo. Abrazados como viejos amigos, sellamos nuestro pacto sobre la base de que \u00e9l no atacar\u00eda los pajaritos que vinieran a posarse o anidarse en el tejado, as\u00ed como tampoco a los ratoncitos que de noche pasaran por la canal. En cambio, yo me encargar\u00eda de mantener a raya al muchachejo por medios que yo bien sab\u00eda por haberlos estudiado en los mayores y m\u00e1s adelantados centros de cultura y civilizaci\u00f3n, lo que le facilitar\u00eda a \u00e9l obtener su alimento mediante frecuentes y seguros descensos a incursiones a la cocina.<\/p>\n<p>Ser\u00edan las cuatro de la tarde cuando un ruido ins\u00f3lito me hizo mirar hacia el patio de los caballos. Los estaban desamarrando, y se llevaban una tras otra las bestias que estaban en los pesebres y las que hab\u00edan sido atadas bajo los \u00e1rboles. Me estremec\u00ed al ver lo que ocurr\u00eda all\u00ed abajo: se estaba formando la rumorosa y alegre comitiva que se dirigir\u00eda a mi encuentro en las afueras del pueblo; estaba ya lista para salir. Un hombre, un pe\u00f3n de la hacienda, a quien yo no conoc\u00eda, y a quien dec\u00edanle Juan de Dios, abr\u00eda de par en par el ancho port\u00f3n de campo. Los caballos estaban excitados; sus cascos golpeaban agradablemente en los empedrados. \u00a1Santo Dios! La cabalgata era numerosa, desde el tejado la vi salir por el port\u00f3n de campo, y alejarse rumorosamente por la empedrada calle.<\/p>\n<p>Los jinetes fueron saliendo uno tras otro; se inclinaban un poco hacia delante al pasar bajo la lumbre del portal. Algunos jovenzuelos caracoleaban, pero los t\u00edos de las botas iban pausadamente arriba de sus mulas o sus machos, serios y tiesos como siempre. Las mujeres de la casa abrieron estrepitosamente las ventanas de la sala y all\u00ed se pusieron en mont\u00f3n a presenciar el ruidoso partir de la caballer\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 lejos estaban unos y otros de pensar que desde el borde del tejado que daba hacia la calle, tambi\u00e9n miraba yo partir a los que iban a encontrarme en las afueras!<\/p>\n<p>Me quedaba todav\u00eda una \u00faltima posibilidad: era acercarme r\u00e1pidamente al tejadillo sobre el port\u00f3n de campo y dejarme caer desde el borde del tejado sobre el \u00faltimo de la partida, y hacerme llevar en el anca sin que los dem\u00e1s se dieran cuenta; despu\u00e9s, en el momento y sitio adecuados, descubrir yo mismo mi presencia y revelarme a las at\u00f3nitas miradas de la concurrencia. Ya me hab\u00eda deslizado hasta el tejadillo que cubre el port\u00f3n de campo, ya iba a echarme sobre las ancas del \u00faltimo caballo que sal\u00eda del corral\u00f3n, como un pesado cambur maduro cayendo de la mata&#8230; pero me contuve en el instante decisivo.<\/p>\n<p>\u2014No, no, no les dar\u00e9 el gusto de ver aparecer al chico To\u00f1ito mientras esperan a un gran To\u00f1o \u2013dije, entre m\u00ed\u2013. \u00a1Al diablo el encuentro y los encuentradores! \u00a1Tanto peor para ellos si no encuentran nada en el camino! \u00a1Que se vayan al diablo o que regresen!<\/p>\n<p>Y me qued\u00e9.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Garmendia SIENDO PEQUE\u00d1O, muy peque\u00f1o, demasiado peque\u00f1o para mi edad, me mandaron mis t\u00edos, los t\u00edos que me quedaban (o a quienes les quedaba yo, que fui hu\u00e9rfano de padre y madre a poco de nacido), a viajar por los pa\u00edses extranjeros, a ver si crec\u00eda (\u00bfo tal vez no ser\u00eda sino pretexto y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4028,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4027"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4027"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4027\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4032,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4027\/revisions\/4032"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4028"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4027"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4027"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4027"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}