{"id":3979,"date":"2022-03-26T23:39:41","date_gmt":"2022-03-26T23:39:41","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3979"},"modified":"2023-11-24T18:32:19","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:19","slug":"dos-cuentos-de-angel-gustavo-infante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-angel-gustavo-infante\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de \u00c1ngel Gustavo Infante"},"content":{"rendered":"<h3>Joselolo<\/h3>\n<p>M\u00edrele los ojos: hermanolo tiene par de pu\u00f1ales escondidos. Chupa, br\u00f3der. Busca la u\u00f1a de la guitarra. La pega se sec\u00f3. Marca la clave con tu casquillo: dos taconazos seguidos y dos separados. Vuelve. Dame el montuno.<\/p>\n<p>Pliot\u00e1, ba\u00f1a tus pulgas y descarga, que el hermano Joselolo est\u00e1 elevando:<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 \u2014dijo arrugando los ojos sin mirar a nadie\u2014, yo me asimil\u00e9 al se\u00f1or. Me enrol\u00e9 en las filas del Cristofu\u00e9. Vino al mundo para salvarnos y darnos vida eterna. Yo no me dejo aplic\u00e1 ninguna sicolog\u00eda: la verdadera paz es espiritual. Isa\u00edas cant\u00f3: todos nos descarriamos como ovejas, cada cual se apart\u00f3 por su camino y Dios carg\u00f3 en \u00e9l, en el Cristofu\u00e9, el pecado de todos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del serm\u00f3n, el cuerpo de boxeador cuman\u00e9s salt\u00f3 al ring: la corona de vidrios de la pared le rompi\u00f3 el pantal\u00f3n y Joselolo cay\u00f3 sentado en el techo. Los gritos de abajo lo mantuvieron levitando. Vacil\u00f3 con las amenazas y la luz que rellen\u00f3 los huecos. Pisada en falso. Primero hasta la rodilla, despu\u00e9s el zinc vencido lo devor\u00f3 por completo: dio manotazos de ahogado sobre una batea partida. Cort\u00f3 la oscuridad con su navaja sin sentir los planazos en la espalda. Rod\u00f3 entre gamelote y montones de basura.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 cojeando calle abajo sin esquivar las piedras, punzando los gritos con su picahielo.<\/p>\n<p>Cuando Joselolo se arrebata, en su cara se fija una sonrisa dura. Le entran ganas de voltear con Paiva, imita sus bufidos, se mueve con violencia y lo llama a gritos al torito negro. Pliot\u00e1 le niega pega y La Zurda asalta <em>Yesterday<\/em>con un silbido y se va olvidando todo.<\/p>\n<p>Primer round: sobre el techo de las Salazar ventila sus pu\u00f1os como nudos de cabos podridos. Segundo: el cielo raso del Tacarigua ruge como un tigre viejo. Tercero: desde las tapas de Inocencio brinca a las de la Pel\u00faa y recibe una lluvia de botellas. Se espanta, resbala, baja entre los muros de Nieto y Buchipluma.<\/p>\n<p>Le vac\u00edan encima un tobo de agua helada muchacho loco alucin\u00f3geno ladr\u00f3n. Los amos del ring se re\u00fanen: dos de las Salazar lo sostienen, otra le levanta la cabeza y le arregla la cara: La Sangrepes\u00e1 aprieta el pu\u00f1o y le borra la sonrisa de un co\u00f1azo.<\/p>\n<p>El br\u00f3der nunca fue santo: desde el liceo perfil\u00f3 su profesi\u00f3n: empaquetado hasta la m\u00e9dula en la muerte de un compa\u00f1ero, es citado a la direcci\u00f3n para aclarar los detalles. La oficina del director est\u00e1 sola y su palt\u00f3 pagando sobre el espaldar de la silla. Pis\u00f3 el peine: el director, que val\u00eda por dos (hab\u00eda guardado todo su dinero en las medias), aparece de pronto, cierra la puerta con su gordura y le dice satisfecho: <em>Hasta aqu\u00ed lo trajo el r\u00edo. No se le ocurra volver sin su representante.<\/em><\/p>\n<p>Doble paquete. Se gan\u00f3, de gratis, una fama tremenda: choro y criminal. No hubo pruebas. Las promesas de su vieja Lola le alargaron la vida escolar. El director accedi\u00f3 a cambio de la verdad. Joselolo prometi\u00f3 irla cantando en cada viaje a Parque Carabobo, donde tuvo que asistir durante varias semanas, acompa\u00f1ado por los profesores del primero C para evitar el linchamiento: parientes, amigos y dem\u00e1s deudos, le montaban cacer\u00eda en los alrededores de la Petejota.<\/p>\n<p>Todo el mundo hablaba del \u00abLuis Barrera Linares\u00bb: el liceo se puso de moda. y por primera vez se oy\u00f3 el nombre de Las Mayas m\u00e1s all\u00e1 de El Peaje. Jam\u00e1s se dio a conocer el nombre del victimario: era menor de edad. El de la v\u00edctima aparec\u00eda por todas partes.<\/p>\n<p>Hasta la \u00faltima noche en que, por fin, el certificado del forense vino a respaldar la versi\u00f3n del \u00fanico testigoindiciadomalandrocriminal: el chamo era epil\u00e9ptico y, esa tarde, hab\u00eda tomado una sobredosis de barbit\u00faricos. O sea: no lo fulmin\u00f3 el golpe, sino el aire.<\/p>\n<p>Mera coincidencia la culebra que presenci\u00f3 el broder: est\u00e1 en el pasillo cuando se forma un bulul\u00fa, se acerca a ver qu\u00e9 es lo ques: someten a una disciplina que los ten\u00eda obstinados. Se abre paso con la esperanza de mirar c\u00f3mo le sacan los dientes. De repente sale una mano del nudo de camisas amarillas y se planta en el ojo del sapo. Joselolo vio la ca\u00edda. Cont\u00f3 hasta diez mentalmente. Vio la espuma y los ojos blancos. Le iba a alzar el brazo al vencedor y no encontr\u00f3 un alma fuera de las aulas.<\/p>\n<p>Libre de culpa, quiso rehacer su imagen: anduvo el resto del a\u00f1o como comprador de oro roto. La buena fe, sin embargo, no impidi\u00f3 que lo botaran del liceo. Su vieja recorri\u00f3 la zona sur. Al fin, un olvido de la jefa de la comisi\u00f3n de inscripciones, le permiti\u00f3 la entrada en <em>El Chocolate<\/em> de la calle catorce.<\/p>\n<p>Cuando la profesora pidi\u00f3 el expediente del br\u00f3der, para cerciorarse de los rumores que ven\u00edan creciendo desde la otra punta del mes\u00f3n, ya era tarde: la vieja Lola hab\u00eda desaparecido. Perdida, grit\u00f3: \u00a1Jes\u00fas, el terror del<em> Luis Barrera!<\/em> Al volver en s\u00ed, record\u00f3 las im\u00e1genes de un sue\u00f1o rar\u00edsimo: en un segundo, todas las pel\u00edculas de Clemente de La Cerda \u2014que por cierto detestaba\u2014 rodaron bajo sus p\u00e1rpados.<\/p>\n<p>Joselolo andaba todo descontrolado. As\u00ed sali\u00f3 para el segundo a\u00f1o, sin pararle mucho a esos dedos que se\u00f1alaban su pasado. Y en El Chocolate se lleva EL GRAN CHASCO: de tanto andar con su veinti\u00fanica admiradora, va y se enamora.<\/p>\n<p>Tina viv\u00eda al final de Puerto Escondido y el chamo Robinj\u00fa fue su hermano. Andaban juntos desde primaria. El propio tr\u00edo. Ella recog\u00eda la camisa y los \u00fatiles cuando Joselolito entrompaba con Adel, con Amable, o con quien se pusiera c\u00f3mico. Tina es ahijada de Lola y Lalo: los viejos del br\u00f3der. La misi\u00f3n de Joselolo fue acompa\u00f1arla y no desampararla ni de noche ni de d\u00eda. Se encaramaba a Robinj\u00fa en el hombro y lo bajaba hasta el k\u00ednder. Tina llegaba despu\u00e9s con la lengua afuera, toda gordita, catira, con los ojos casi amarillos de la carrera: buenastardes desde carajita, la carajita.<\/p>\n<p>La cambiaron de liceo porque sin Joselolo le hac\u00edan la vida imposible. El br\u00f3der la necesitaba: compart\u00eda su merienda, falsificaba los boletines y, en casos de emergencia, pegaba a chillar por \u00e9l y los profesores no hallaban qu\u00e9 hacer hasta que los m\u00e1s d\u00e9biles romp\u00edan las citaciones.<\/p>\n<p>Una vez se jubilaron. Compraron ciruelas. Se montaron en un autob\u00fas Puerta Caracas y sin balas para lanzar por la ventana, cansados de rodar, bajaron en Quinta Crespo. Cruzaron la Baralt para devolverse, pero de repente comenz\u00f3 a llover.<\/p>\n<p>Entraron a un galp\u00f3n que antes fue cine con nombre de flor. No hab\u00eda luz: el perrote negro dorm\u00eda amarrado a listones de cedro, el hombre moreno andaba sobre un andamio alumbrando el techo, la bicicleta de reparto estaba recostada al port\u00f3n con los cauchos hundidos en pantano y aserrin.<\/p>\n<p>Hermanolo apart\u00f3 a Tina hacia un rinc\u00f3n. Tom\u00f3 sus manos y, clav\u00e1ndole una mirada punzopenetrante, dijo: <em>Vete y esp\u00e9rame en Los Pr\u00f3ceres.<\/em> Tap\u00f3 su boca. <em>Hazme caso, despu\u00e9s te explico.<\/em><\/p>\n<p>El autob\u00fas no hab\u00eda arrancado. Desde su asiento, Tina vio algo parecido a Joselolo y a la bicicleta, uno sobre otra, volando bajo la lluvia.<\/p>\n<p>Cuando Tina lleg\u00f3 al Paseo ya no llov\u00eda y su compa\u00f1ero lijaba el nombre del negocio grabado en la chapa del cuadro. Borr\u00f3 <em>Aserradero<\/em>. Dej\u00f3 <em>Sao Paulo<\/em>. A Tina le gustaba el nombre, pero le tuvo que quitar ese raro Sao: \u00bfC\u00f3mo explicaba en su casa que era un regalo de Paulo, un compa\u00f1ero medio rico que ten\u00eda muchas bicicletas?<\/p>\n<p>Ni el viejo Lalo ni la vieja Lola consintieron tal regalo (en el fondo no se comieron el cuento) y obligaron al br\u00f3der a devolverlo. Paulo, ofendid\u00edsimo, no acept\u00f3 el rechazo y Joselolo se arm\u00f3 con doscientos clavos que le solt\u00f3, uno sobre otro, un bedel del liceo.<\/p>\n<p>Tina se hab\u00eda portado y comportado: no pregunt\u00f3 nada y jam\u00e1s lo delat\u00f3.<\/p>\n<p>Comparti\u00f3 su fortuna<br \/>\ny a la larga<br \/>\nla afortunada<br \/>\ntraicion\u00f3 su coraz\u00f3n:<\/p>\n<p>Luis, el marido de La Zurda, se la tumb\u00f3. Y Joselolo se qued\u00f3 como fiscal de aviones: mirando al cielo. Justo cuando hab\u00eda descubierto que la quer\u00eda,<br \/>\nporque esa chama era,<br \/>\ncomo \u00e9l dec\u00eda:<br \/>\nfidelid\u00e1.<\/p>\n<p>Hermanolo se puso flaqu\u00edsimo y dej\u00f3 el pupitre vac\u00edo. Despu\u00e9s escogi\u00f3 su esquina y mont\u00f3 un remate. Sus viejos lucharon hasta lo \u00faltimo: a Lola se le agotaron las l\u00e1grimas y a Lalo se le estrech\u00f3 el rancho:<\/p>\n<p><em>El o yo, Lola, \u00e9l o yo<\/em>, repet\u00eda a su mujer antes de salir para la f\u00e1brica a cumplir su tercer turno. El br\u00f3der, alcahueteado por la madre es madre y hay una sola, ca\u00eda bien sonao a golpe de diez y dorm\u00eda tranquilote. Lola lo llamaba temprano. Lalo llegaba m\u00e1s viejo cada d\u00eda y antes de caer rendido repet\u00eda:<em> El o yo, Lola, \u00e9l o yo.<\/em><\/p>\n<p>Colgaba en dos tandas para reponer la noche. Hermanolo destapaba ollas por ah\u00ed: pujando por el arrebat\u00f3n de su c\u00f3mplice, se machacaba el g\u00fciro con semillas de girasol y c\u00e1scaras de guineo, fumaba monte con furia y beb\u00eda como un desgraciado por si tropezaba con Luis, decirle que se cuidara, que \u00e9l ya ten\u00eda un muerto encima. Aunque en el fondo m\u00e1s bien queda decirle que se metiera con alguien de su tama\u00f1o, porque el Luis siempre les llev\u00f3 doce ruedas por delante.<\/p>\n<p>Luis es mensajero de una tienda en Chacao. Creci\u00f3 oyendo a Los Beatles. Viv\u00eda con La Zurda en un galp\u00f3n de ladrillos forrado de afiches, el techo pintado de negro con estrellitas de papel aluminio que brillaban por la luz de un fluorescente violeta. El gajo de Luis era eso: una sala y un ba\u00f1o repletos de gente rumbeando. Al final de la sala: un mostrador, detr\u00e1s una cama plegable y una cava.<\/p>\n<p>Tina apenas se hab\u00eda asomado, un s\u00e1bado por la noche, con la fiebre a mill\u00f3n. No pudo detallar nada qued\u00f3 enceguecida por los rel\u00e1mpagos que estallaban en plena sala. Detr\u00e1s del mostrador, Luis maraqueaba su maraquita entre una y otra melod\u00eda, o enrolaba uno de los suyos con la cobija que picaba La Zurda.<\/p>\n<p>A Tina le pareci\u00f3 haber visto a la mujer esa, pas\u00e1ndole al disyoki un mont\u00f3n de discos. Volvi\u00f3 a su casa rayando en la convulsi\u00f3n: nadie la vio, no pudo bailar con \u00e9l. Y lo peor: no tuvo oportunidad de demostrarse a s\u00ed misma que sab\u00eda bailar tan bien como en gimnasia, imaginando el aro en sus caderas.<\/p>\n<p>De todos modos, la bater\u00eda y las guitarras no la hubieran emocionado tanto como la emocion\u00f3 \u2014a ritmo de blues, con el festival de las paredes y el firmamento de luna violeta\u2014 la forma como Luis la desnud\u00f3 sobre la alfombra, para iniciarla en esa vida que destruy\u00f3 la del br\u00f3der.<\/p>\n<p>El pure de Tina se content\u00f3 con casarlos por civil. La Zurda perdi\u00f3 su techo de la noche a la ma\u00f1ana. Y sin emprender las razones, con pantalla de tristeza para no alarmar, en silencio jur\u00f3 venganza. Decidi\u00f3 hacer justicia por su propia mano. Qu\u00e9 siniestra, el sobrenombre le viene al pelo. Se le encendi\u00f3 el bombillo cuando encontr\u00f3 a Joselolo hasta \u2014el culo\u2014 consumiendo las ganancias.<\/p>\n<p>Entonces la mujer se dedica a explotar el eclipse en que andaba el chamo. Compra una falda y un blus\u00f3n fucsia con la liquidaci\u00f3n que Luis dej\u00f3 involuntariamente debajo de las cornetas. Y se arrancan, en una de esas, para Camur\u00ed, a sacar el doble despecho con El\u00edas y su susodicha. Cutufl\u00e1 les pas\u00f3 las entradas: su grupo alternar\u00eda con los visitantes.<em> Y si G\u00fcili me llama<\/em>, <em>le resuelvo los timbales.<\/em> As\u00ed fue. Almendra no vino porque el tromb\u00f3n no le cancel\u00f3 completo la \u00faltima gira. Cutufl\u00e1 se luci\u00f3 de gratis. En el intermedio le dej\u00f3 a La Zurda un poco de perico boricua que le regal\u00f3 el pianista.<\/p>\n<p>Hermanolo beb\u00eda para perder el conocimiento y olvidar a esa gorda ojos de lechuza que lo miraba desde todos los lugares. Esa cara redonda de luna fosforecente que se escond\u00eda y burlaba detr\u00e1s de las cabezas oxigenadas. Cuando La Zurda le oy\u00f3 cantar, captur\u00f3 su estado y le calcul\u00f3 un ron m\u00e1s para clavarse debajo de la mesa. Retir\u00f3 el vaso con mucho cuidado, le arregl\u00f3 el cuello de la camisa y acompa\u00f1\u00f3 el contrabando: <em>Te quise con alma de ni\u00f1o \/ y me pegaste con traici\u00f3n \/el ni\u00f1o se compra con un dulce \/que con mentiras me robaste el coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Lo sac\u00f3 a bailar bombacarambomba y el parejo deslizaba rechinando sus zapatos con el brillo del tromb\u00f3n entraba a destiempo con el coro y se le escapaba a la siniestra con su reserva de levanta muerto: <em>Ayer llor\u00e9 y hoy me r\u00edo.<\/em><\/p>\n<p>La Macabra lo llev\u00f3 a botar la curda a Playa Los Angeles. El\u00edas y su consorte prefirieron caerse a pasiones dentro del volskwagen. Entonces la ex de Luis le quita los zapatos al br\u00f3der y le instala par de torres bajo las fosas.<\/p>\n<p>Al rato caminaban a orillas del mar. El hombre, sanidad, como si no hubiera visto ca\u00f1a en mucho tiempo y la mujercita pegada a \u00e9l como una calcoman\u00eda. La noche, el mar y l\u00e1s estrellas le encendieron la sangre al pana y, aunque la jeva es federica, la tumb\u00f3 en la arena dispuesto a encontrar los aretes que le faltan a la luna.<\/p>\n<p>La veteran\u00eda de La Zurda qued\u00f3 demostrada desde el principio: bajo la falda fucsia se abri\u00f3 el Tri\u00e1ngulo de las Bermudas reforzado con piedralumbre. El br\u00f3der le meti\u00f3 una cuarta despu\u00e9s del casco nazi y le almidon\u00f3 el cuartel.<\/p>\n<p>En toda la pantomima, La Zurda imagin\u00f3 a su ex clav\u00e1ndole las espuelas con el ritmo que la enloqueci\u00f3 durante un a\u00f1o dos meses y trece d\u00edas. Reprimi\u00f3 su nombre las dos veces que se le acababa el mundo y al final mordi\u00f3, chill\u00f3 y escupi\u00f3, cuando Joselolo le sac\u00f3 la pala y se levant\u00f3: el gobierno se acercaba linterneando la playa.<\/p>\n<p>En los d\u00edas de carreras, Hermanolo corr\u00eda burda. Primero subastaba los mejores de la c\u00e1tedra y despu\u00e9s luchaba por rematar los burros. Vend\u00eda bailando. Miraba por los poros. La Zurda le cantaba la zona: la polic\u00eda y los de la banca del terrible Berra, le ten\u00edan el ojo puesto. El br\u00f3der se boleaba bien: la mitad de Las Mayas se retrataba con \u00e9l porque inspiraba confianza. No hab\u00eda comenzado a volar sobre los techos ni a gritar sermones a todas horas. Nadie, entonces, le hab\u00eda dado la espalda o sacado el culo, que no es lo mismo pero es igual.<\/p>\n<p>Calle luna: la gente de Berra el terrible lo andaba cazando. Calle sol: La Zurda lo ten\u00eda obstinado con sus casquillos. Calle luna calle sol: no se pod\u00eda dejar tumbar el negocio. A \u00e9l lo tumbaron una sola vez y quer\u00eda olvidar, aprender a olvidar, olvidar a olvidar: perdonar.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed es cuando aparece<\/p>\n<p>EL PENTECOSTAL<\/p>\n<p>Andando en la nota del olvido y el perd\u00f3n, una tarde le cae El Pentecostal. Joselolo cargaba el g\u00fciro cruzado de rosarios: m\u00e1ndrax dosis doble. Y, citando al ap\u00f3stol San pablo el hombre dijo:<\/p>\n<p>\u00abSi hablo las lenguas de los hombres y a\u00fan de los \u00e1ngeles, pero no tengo amor, no soy m\u00e1s que un metal que resuena o un platillo discordante. y si hablo de parte de Dios, y entiendo sus prop\u00f3sitos secretos, y s\u00e9 todas las cosas, y si tengo la fe necesaria para mover monta\u00f1as, pero no tengo amor, no soy nada. Y si reparto entre los pobres todo lo que poseo, y aun si entrego mi propio cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s nada: al br\u00f3der se le escondieron las medias. Porque okey: La Zurda lo hab\u00eda atrapado con las tenazas de cangrejo que tiene entre las piernas, sin embargo, sent\u00eda una monstruosa soledad. El Pentecostal sigui\u00f3 leyendo y su antigua fe fue despertando.<\/p>\n<p>Joselolo ten\u00eda sus dudas, pero andaba menos mal. La Zurda ignoraba la transformaci\u00f3n. No le hac\u00eda cerebro a las escapadas que se echaba todas las noches: sab\u00eda que morir\u00eda ah\u00ed, quem\u00e1ndose la lengua con el alumbre. Mientras tanto, el br\u00f3der beb\u00eda el vino montesanto y atestiguaba los milagros de Yiye Avila en el Nuevo Circo.<\/p>\n<p>La mujer estaba clara: lo principal era la venganza, como se lo hab\u00eda jurado casi un a\u00f1o atr\u00e1s: Joselolo deb\u00eda disolver a la pareja. \u00bfC\u00f3mo? Todo bajo control: dar a Tina el descanso eterno. As\u00ed, Luis volver\u00eda a ser para ella para ella nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>Joselolo combinaba los trajines del evangelio con los castigos del cuerpo: las palabras de los ap\u00f3stoles le aceleraban la nota y bajaba a mil por hora al para\u00edso terrenal de La Siniestra: la sermoneaba, la lam\u00eda de cuerpo entero y, duro como la gelatina, se babeaba por ella e imaginaba los ojos de lechuza, la cara redonda de Tina. Hasta que una noche, enluisado, cabalg\u00e1ndola con violencia, le prometi\u00f3 vengarla.<\/p>\n<p>La jeva le consigui\u00f3 un hierro.<\/p>\n<p>Hermanolo lo estren\u00f3 ese mismo d\u00eda en el remate: despu\u00e9s de la quinta v\u00e1lida, la casa ofrece una ronda de cervezas. El br\u00f3der ten\u00eda el porcentaje resuelto, aunque en la tercera tuvo que reforzar la salida de diez burros: s\u00f3lo Charli, Pliot\u00e1, Adel y Cabilla regatearon a <em>Escorpi\u00f3n<\/em>, el favorito. Transaron en tres tablas. <em>El Profe<\/em> y <em>Corazonada<\/em> arrancaron conformes con ciento cincuenta y sesenta, que Adel y Pliot\u00e1 les metieron. Escorpi\u00f3n arras\u00f3. Joselolo no pudo impedirlo. Se fue reponiendo y antes de la sexta, lanza la ronda para matizar.<\/p>\n<p>La Zurda hab\u00eda avisado que Cabilla chambeaba para el Berra. Hermanolo, sin pararle al p\u00fablico de gallinero, envuelto en extra\u00f1a paz por culpa de El pentecostal, anot\u00f3 su duro sobrenombre y el n\u00famero quinientos al lado del tercer favorito. Resulta entonces que Joselolo, mosca con la cuenta de las cervezas, deja arrancar la \u00faltima del domingo sin cobrarle al Cabilla.<\/p>\n<p>El hombrecito le dej\u00f3 a Aleja un mono de doce tercios y a Hermanolo el rancho ardiendo con Barcel\u00f3 que se resolvi\u00f3 mil bol\u00edvares. El br\u00f3der afloj\u00f3 una orqu\u00eddea y qued\u00f3 debiendo poco menos de la mitad. Ca\u00edda y mesa limpia. Desbancado por nuevo, co\u00f1o, por \u00f1ero. La Zurda no se pela. Del Cabilla: nada por aqu\u00ed nada por all\u00e1.<\/p>\n<p>\u00bfY a que no se imaginan qui\u00e9n lleg\u00f3?<\/p>\n<p>Damas y caballeros, en vivo y en directo desde Puerto Escondido: BERRA EL TERRIBLE.<\/p>\n<p>Berra es tan flacamente flaco que si pica el ojo parece una aguja. Una vez se le escap\u00f3 a la polic\u00eda de la manera m\u00e1s pendeja: se peg\u00f3 a un muro y lo confundieron con una grieta. Pero la fama: <em>\u00a1Guillermotel!<\/em> Joselolo tantea el hierro. El hombre queda fuera de base, desarmado, y vuela por el patio de Aleja, cae al ba\u00f1o de Barcel\u00f3 y se pierde. El br\u00f3der no hab\u00eda terminado de sacar el rev\u00f3lver. De repente escupe un candelazo y tumba la ventana. Con la gran suerte de que nadie estaba asomado, porque si no, le escarcha el g\u00fciro.<\/p>\n<p>La vieja Aleja p\u00e1lida arrecha m\u00e1s que arrecha, lo insulta bestia de mierda asesino no es la primera vez que intentas matar a alguien. Por aqu\u00ed no vuelvas, hijo de la grand\u00edsima puta.<\/p>\n<p>Hermanolo confuso asustado arrecho tambi\u00e9n, pir\u00f3 sin direcci\u00f3n determinada. La Zurda con el domingo libre: playa Canguro. <em>Qu\u00e9 vaina<\/em>. Lalo montando guardia. <em>Qu\u00e9 vaina<\/em>. Pliot\u00e1 tiene un buen calmante: media bombona de an\u00eds granulado. Acto seguido: los elementos caen a una postura de agua casemarisol. Marisol \u2014cortes\u00eda les sirvi\u00f3 su respectiva ensalada y algunas onzas de ron.<\/p>\n<p>El br\u00f3der, feliciano, volando vio venir a la catira sola soltera sin compromiso. Le cost\u00f3 y cort\u00f3 reconocer que Luis tiene muy buena mano. Buen\u00edsima. La sac\u00f3 de la reuni\u00f3n. Sentados en las escaleras le dio arrechera, calidad pura, saber que amaba burda a Luis. Al punto de querer parir para complacerlo y, para colmo, Luis estaba resuelto: adem\u00e1s de la tienda, chambeaba a destajo con la C\u00f3leman y ganaba un buen porcentaje control\u00e1ndole la plata a la banca del Berra.<\/p>\n<p>Puta reputa co\u00f1oetumadre<br \/>\nCharli se la quit\u00f3 como pudo<\/p>\n<p>Y dice el coro:<br \/>\nJoselolito firm\u00f3<br \/>\nsu acta de defunci\u00f3n.<\/p>\n<p>Bebi\u00f3 de un palo todo el an\u00eds, todo el ron. Oblig\u00f3 al hermano Pliot\u00e1, bajo ca\u00f1\u00f3n y todo, a soltarle los granos que le quedaban.<\/p>\n<p>Segundo debut: el zinc comenz\u00f3 a tronar como si una manada de gatos peleara y peleara un virgo. Las balas se le acabaron, bendici\u00f3n divina, al tercer disparo. Acab\u00f3 con la fiesta. Con todo. Acabando de acaba con su vida. Se fue saltando sobre los techos con la mirada fija en la casa de sus viejos.<\/p>\n<p>Lalo ya sab\u00eda el cuento. Lo esperaba con ganas de descargarle encima todo el asco que le produc\u00eda, de devolverle la verg\u00fcenza a machetazos.<\/p>\n<p>Lo sent\u00f3 de un planazo en pleno pecho. El br\u00f3der le tir\u00f3 el rev\u00f3lver y sac\u00f3 su picoeloro. Entonces el viejo le dej\u00f3 caer el machete, esta vez de filo, con toda la fuerza de su alma.<\/p>\n<h3>La muerte del T\u00edo Cosa<\/h3>\n<p>La muerte del T\u00edo Cosa fue una liberaci\u00f3n ins\u00f3lita. Lleg\u00f3 cuando nadie la esperaba. A sus 67 a\u00f1os ya toda la familia pensaba que ser\u00eda eterno, que desde su cama ver\u00eda pasar nuestros cad\u00e1veres uno por uno, sin entender ni proferir frase alguna, como vio pasar los de tantos parientes: desde su mam\u00e1 y su hermana menor hasta el angelito de Chana. El mismo a\u00f1o que derribaron el muro de Berl\u00edn, un glaucoma le cort\u00f3 la luz a pap\u00e1 y a mam\u00e1 le sacaron un nudo maligno del est\u00f3mago. \u00c9l, desde su indiferencia fenobarbital, jam\u00e1s lo advirti\u00f3. Cuando mam\u00e1 \u2013o sea, su hermana mayor- se cur\u00f3, \u00e9l entr\u00f3 en una de sus famosas crisis epil\u00e9pticas que lo pon\u00edan al borde del abismo y en un descanso de los ataques ella le dijo sob\u00e1ndole la cabeza: Ay, Pedro, t\u00fa como que te nos quieres morir. \u00c9l se qued\u00f3 mir\u00e1ndola un buen rato como quien llega de un largo viaje y le dijo al cabo: No se\u00f1ora, a usted le toca primero. Como si el asunto fuera por orden de aparici\u00f3n.<\/p>\n<p>En casa nunca le tuvimos miedo a la muerte, s\u00f3lo nos preocupaba tener que esperarla en semejante compa\u00f1\u00eda: la dote compartida entre mam\u00e1, Chana y hasta pap\u00e1 -quien sol\u00eda asestarle sus palos de ciego al pobre T\u00edo- la cual, en un futuro no muy lejano, dada la precariedad de las ancianas, heredar\u00edamos, sin duda, Xiomarita y un servidor, sin la participaci\u00f3n de nuestras respectivas parejas, como hab\u00eda sido acordado previamente.<\/p>\n<p>Cosa no sab\u00eda ni d\u00f3nde se hallaba: pas\u00f3 sus \u00faltimos a\u00f1os entre Bejuma y Caracas y, al parecer, nunca lo supo o, al menos, no atin\u00f3 a reconocerlo. Mam\u00e1 le preguntaba con frecuencia: \u00bfD\u00f3nde estamos, Pedro? Y como a la media hora le respond\u00eda: Pues en Bejuma. No, en Caracas. Lo correg\u00eda la vieja. Al d\u00eda siguiente le volv\u00eda a hacer la misma pregunta y \u00e9l de pronto contestaba lo mismo o no contestaba.<\/p>\n<p>Cuando a la t\u00eda Chana le daban vacaciones en la tintorer\u00eda, invariablemente lo trasladaba a la casa materna en Bejuma y aquello era todo un acontecimiento, algo as\u00ed como la realizaci\u00f3n de un largometraje cuya producci\u00f3n de campo comenzaba con dos o tres meses de antelaci\u00f3n, cuando Chana empezaba a preguntarse a voz en cuello que cu\u00e1l de sus sobrinos le har\u00eda el favorcito de llevarla esta vez, que ella ya estaba mayor y no pod\u00eda ir sola en autob\u00fas con sus maletas, entre las cuales, por supuesto, inclu\u00eda a Cosa, las cosas de Cosa, desde el pato o la bacinilla hasta la m\u00e1s inc\u00f3moda y aparatosa: la silla de<br \/>\nruedas.<\/p>\n<p>Entonces Xiomarita y yo tir\u00e1bamos una moneda s\u00f3lo por molestarla, porque igual nos altern\u00e1bamos el rodaje de doscientos sesenta kil\u00f3metros, cuyo <em>catering<\/em> comprend\u00eda los respectivos s\u00e1ndwichs de pernil en La Encrucijada y la docena de cervezas que Chana sol\u00eda despachar en el traslado cuando la autopista estaba libre, porque si algo trancaba la v\u00eda, la cantidad de birras era incalculable y todos lleg\u00e1bamos m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal -incluido el T\u00edo, para quien tal estado no reportaba novedad alguna- con ganas de agotar la existencia de alcohol en aquel pueblo.<\/p>\n<p>Una vez instalados en la vieja casa, mi t\u00eda le hac\u00eda la pregunta de rigor y Cosa contestaba: En Caracas, con la mirada perdida entre los \u00e1rboles. Un mes despu\u00e9s, cuando deb\u00edan regresar, ambos m\u00e1s repuestos y con mejores semblantes, Chana le volv\u00eda a preguntar: Pedro \u00bfd\u00f3nde estamos? Y \u00e9l a contestar: Pues en Caracas.<\/p>\n<p>Una pulmon\u00eda le puso fin al dilema. La noticia me lleg\u00f3 en un mensaje de texto enviado por Xiomarita en estilo telegr\u00e1fico: Muri\u00f3 Cosa. Te toca a ti. Feliz viaje. No lo pod\u00eda creer. La llam\u00e9 enseguida para aclarar el asunto y ubicar el error -cualquier error, ten\u00eda que haber un error trat\u00e1ndose del inmortal Cosa- y s\u00f3lo obtuve la confirmaci\u00f3n. El error se convirti\u00f3 en acontecimiento y me hizo olvidar el reclamo por ese modo tan impersonal de imponerme la sensible baja. Sab\u00edamos de su delicado estado de salud; pero est\u00e1bamos seguros de que, una vez m\u00e1s, se salvar\u00eda. Desde la primera falla respiratoria no albergamos dudas al respecto. Y como ninguno de nosotros es adivino, no hubo apuestas. La verdad es que nadie estaba en condici\u00f3n de botar la plata apostando a su muerte y no precisamente por optimismo, sino por la vocaci\u00f3n de eternidad a la cual nos acostumbr\u00f3 desde siempre, cada vez que volv\u00eda a abrir los ojos despu\u00e9s de una temporada de terremotos corporales, cuando superaba el coma alcanzado por los cortocircuitos.<\/p>\n<p>No ten\u00eda alternativa y me dispuse a cumplir. En dos horas estuve listo y pas\u00e9 a recoger a los viejos, no sin antes avisarle a Carlitos, (padrino de mi hijo y marinovio de mi hermana). Me dio el p\u00e9same y me dijo que aceptaba acompa\u00f1arme si le brindaba el litro de whisky que tardar\u00edamos en llegar. Era el primer jueves de enero y \u00e9l ya hab\u00eda despachado una botella de Dewar\u00b4s con un par de clientes. Equipamos en Maitana. Mam\u00e1 se conform\u00f3 con media botella de an\u00eds, pap\u00e1 con un marr\u00f3n grande, mi Renault con treinta litros de gasolina, Carlitos y yo con una botella de William Grant\u00b4s. Hasta all\u00ed pose\u00eda suficientes elementos para hacer una proyecci\u00f3n: hacia el anochecer, cuando lleg\u00e1ramos al pueblo, mi compadre ya estar\u00eda en condici\u00f3n de montar su acostumbrado show.<\/p>\n<p>El olor de la bebida le removi\u00f3 el esp\u00edritu a la vieja y comenz\u00f3 a rociar la semblanza del difunto con un llanto anisado. Tal biograf\u00eda no consumir\u00eda los treinta minutos necesarios para atravesar los Valles de Aragua y dejar atr\u00e1s la tradicional hilera de chaguaramos de la Hacienda Santa Teresa; no obstante, comenzaba la media hora m\u00e1s larga del viaje: todos conoc\u00edamos los datos de memoria, lo cual no le imped\u00eda ni a la narradora echar su cuento como si fuera la primera vez, ni al interlocutor m\u00e1s inmediato recibirlo como tal: pap\u00e1, incluso, le hac\u00eda preguntas cuyas respuestas alguna vez supo de antemano, pero que a estas alturas de seguro hab\u00eda olvidado. Con la monoton\u00eda de la autopista era suficiente. Intervine para contrarrestar el tedio del archiconocido relato:<\/p>\n<p>Y qu\u00e9 le habr\u00e1 dicho a su tocayo San Pedro, al momento de llenar la planilla de entrada al cielo, cuando \u00e9ste le pregunt\u00f3: de d\u00f3nde vienes, hijo?<\/p>\n<p>De Caracas. Contestaron al un\u00edsono.<\/p>\n<p>La procedencia es lo de menos. Dijo Carlitos y enseguida pregunt\u00f3:<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 habr\u00e1 colocado en el espacio donde uno debe poner la profesi\u00f3n?<\/p>\n<p>Santo \u2013dijo mam\u00e1 sec\u00e1ndose las l\u00e1grimas-, ese muchacho fue un santo, no le hizo mal al pr\u00f3jimo y cumpli\u00f3 los mandamientos de la ley de Dios al pie de la letra. Un santo. Le voy a escribir al Papa para que lo canonicen; porque alguien que haya nacido en sus condiciones un 15 de febrero de 1939\u2026<br \/>\nNo s\u00f3lo se sali\u00f3 con la suya, tambi\u00e9n nos aplic\u00f3 el castigo de a\u00f1adir una gran cantidad de detalles superfluos por tratar de sabotearla. La vida del santo concluy\u00f3 cuando llegamos al pueblo.<\/p>\n<p>El velorio era en la casa. La gente y los carros apenas permit\u00edan el paso. Cada quien quer\u00eda verificar el deceso, confirmar con sus propios ojos tan incre\u00edble acontecimiento. Algunos acud\u00edan para ver y dejarse ver, otros aprovechaban la ocasi\u00f3n para lucir los estrenos que no hab\u00edan podido mostrar el d\u00eda de a\u00f1o nuevo. Estacion\u00e9 en la esquina. Avanzamos con dificultad saludando a los familiares y dem\u00e1s deudos y amigos hasta llegar a la sala donde nos esperaban una Chana y un T\u00edo Cosa muy distintos: ella en evidente estado de embriaguez y \u00e9l tieso bajo una p\u00f3stuma elegancia, quien en vida fuera un sujeto muy austero que s\u00f3lo super\u00f3 las mangas cortas de las camisas gracias a las bajas temperaturas de diciembre y enero cuando alguna mano bondadosa le echaba encima un su\u00e9ter. Un elemento simple, el T\u00edo, quien, entre otras exquisiteces, se salt\u00f3 ol\u00edmpicamente el campo de las buenas fragancias: nunca disfrut\u00f3 las bondades de los perfumes franceses y apenas si alcanz\u00f3 a vivir la fantas\u00eda viril del <em>after shave<\/em>, poco despu\u00e9s de la adolescencia cuando a\u00fan pod\u00eda servirse por mano propia y empap\u00f3 la cara en el resto del agua colonia <em>Jean Marie Farina<\/em> que le pas\u00f3 pap\u00e1 junto a unos billetes para que se acicalara y fuera a montarse en el carrusel de las putas.<\/p>\n<p>Verlo ah\u00ed, debajo del vidrio, con cuello duro y corbata, como dispuesto a sacarse la foto del pasaporte -sin los algodones en las fosas nasales, claro- resultaba muy extra\u00f1o, en un ser que vivi\u00f3 confinado en la casa escuchando rancheras en la radio, imaginando quiz\u00e1, entre las nebulosas, la fiestas de la plaza Garibaldi y al M\u00e9xico que nunca supo distinguir en el mapamundi. Era muy raro despedir con tal indumentaria a quien se march\u00f3 sin conocer en persona a mariachi alguno, salvo a los hermanos Capriles, ecuatorianos de origen, vecinos del edificio Vittorio donde viven los viejos, a quienes acaso mir\u00f3 alg\u00fan fin de semana desde la ventana del primer piso cuando sal\u00edan disfrazados de charros de la peque\u00f1a imprenta ubicada en el s\u00f3tano, dispuestos a amenizar alguna fiesta para redondear un presupuesto familiar sostenido a duras penas.<\/p>\n<p>Chana volte\u00f3 gruesa como una vaca con la nariz colorada y el pelo deshilachado por todo el invierno del mundo, vino hacia m\u00ed, se ech\u00f3 mi brazo sobre sus hombros y me dijo:<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde vienen los mariachis.<\/p>\n<p>Ahora s\u00ed la perdimos, pens\u00e9.<\/p>\n<p>Los muchachos del Villa Ju\u00e1rez -continu\u00f3 sin darme tiempo a, por lo menos, cerrar la boca-. Los contrat\u00e9 para la despedida. Dijo y me brind\u00f3 su aliento a\u00f1ejo, antes de arrancarse hasta donde la moqueadera se lo permit\u00eda con la primera estrofa de \u201cNadie es eterno en el mundo\u201d, al estilo de To\u00f1ito Aguilar.<\/p>\n<p>El T\u00edo, sin prometerlo, hizo lo posible. Quiz\u00e1 le doli\u00f3 defraudarnos cuando ya no pudo m\u00e1s. Esa muy suya vocaci\u00f3n de eternidad se le revel\u00f3 temprano con el comienzo de los males, poco despu\u00e9s de regresar a casa con la fragancia mezclada con el pachul\u00ed de una de las tarambanas amigas de su mam\u00e1 -o sea, mi abuela- quien sab\u00eda que alg\u00fan d\u00eda Pedrito acudir\u00eda por voluntad propia a beber agua en la piedra de las gallinas y ya le ten\u00eda palabreada a la m\u00e1s aseada, La Negra Alejandrina, para allanarle el camino al muchacho, de modo que le exprimiera con cari\u00f1o las primeras leches y \u00e9ste no llegara a traumatizarse, raz\u00f3n por la cual -seg\u00fan las caprichosas estad\u00edsticas de la sexigenaria de mi abuela- muchos adolescentes torc\u00edan el rumbo y perd\u00edan la virilidad para siempre.<\/p>\n<p>Entonces va el T\u00edo a debutar ba\u00f1ado en agua colonia y se encarama con tal desesperaci\u00f3n que al nom\u00e1s calzar la veteran\u00eda de La Negra sinti\u00f3 que le ven\u00eda la vaina y, por unos diez minutos, entreg\u00f3 su voluntad al maremoto cuyo epicentro, seg\u00fan la mujer, lo tuvo en la mism\u00edsima paloma que logr\u00f3 sacarle primero una sonrisita nerviosa, luego un gemido, despu\u00e9s varios gritos y al final un saldo de seis polvos al hilo que la dejaron despatarrada y le arruinaron la noche.<\/p>\n<p>Tan disparejo fue el evento que el par, de distinto modo, experiment\u00f3 por vez primera sentimientos encontrados: Aleja qued\u00f3 como si la hubiese machacado una locomotora (pese a su caracter\u00edstica liviandad, al muchacho le roncaba la m\u00e1quina), contenta y sin un cobre. El incipiente Cosa, o el Cosa en cierne, anduvo durante varios d\u00edas como un zombi perdido entre la mezcla de aromas, cierta alegr\u00eda y el sinsabor de no poder echarle el cuento a pap\u00e1, por la sencilla raz\u00f3n de que ignoraba lo ocurrido.<\/p>\n<p>C\u00f3mo as\u00ed, si el T\u00edo ni los conoci\u00f3, replic\u00f3 Carlitos muy serio devolvi\u00e9ndome al presente.<\/p>\n<p>Pues no importa \u2013dijo Chana sin molestarse en mirarlo- el repertorio siempre es el mismo y yo soy la que paga, \u00bfalg\u00fan problema mequetrefe?<\/p>\n<p>El <em>showman<\/em> comenzaba a impacientarse: al compadre Le resultaba inc\u00f3moda tanto la ropa, como la gente agolpada en la salita y, mucho m\u00e1s, la competencia. Necesitaba seguir siendo el rey y demostrar que, tanto como un m\u00e9dico a sus pacientes o un comerciante a sus clientes o un profesor a sus alumnos o un pastor a su reba\u00f1o o un siquiatra a sus chiflados o un marinero a la mar o un difunto a sus dolientes, \u00e9l se deb\u00eda a su p\u00fablico y no estaba dispuesto a devolverse despu\u00e9s del entierro sin aprovechar la oportunidad de rendir sus honras f\u00fanebres ante tan nutrido y diverso auditorio.<\/p>\n<p>De las insolencias de la vieja tom\u00f3 lo mejor. Dada la hora, el Mariachi Villa Ju\u00e1rez podr\u00eda hacerle de telonero e irle preparando a ese reba\u00f1o de dolientes conformado por chiflados o pacientes, alumnos y clientes; es decir, su p\u00fablico -o, m\u00e1s bien, el p\u00fablico del T\u00edo Cosa- que por haber llegado a aquella casa desde los m\u00e1s apartados rincones de la geograf\u00eda nacional no merec\u00eda pasar la noche en vela entre chistes y oraciones que ya no animan ni a los vivos ni a los muertos.<\/p>\n<p>En eso se acerc\u00f3 hasta el f\u00e9retro una figura misteriosa. Le cedimos el paso sin demora: \u00e9rase una mujer magra y oscura, cuyo rostro no pod\u00eda ocultar la pena. Es La Negra Alejandrina. Susurr\u00f3 Gato Viudo e inmediatamente corrigi\u00f3: Bueno, lo que queda de ella. La pobre guard\u00f3 silencio y dej\u00f3 correr las l\u00e1grimas suficientes para resumir la dicha remota: una vez consciente de que su felicidad depend\u00eda no de mi T\u00edo sino de su enfermedad, se opuso a la curaci\u00f3n y esto, como era de esperarse, le hizo entrar en conflicto con mi abuela quien recorrer\u00eda el pa\u00eds a pie, si fuese necesario, hasta encontrar la soluci\u00f3n para su \u00fanico hijo var\u00f3n. Y aqu\u00ed coincid\u00edan ambas: eso s\u00ed te me ten\u00eda \u00e9l, dec\u00edan, era un var\u00f3n, aunque, para bien o para mal, excepcional. Para bien, seg\u00fan La Negra, porque era la excepci\u00f3n entre los hombres: no era lo mismo estar a su lado que tenerlo arriba cuando le ven\u00eda el ataque. Para mal, seg\u00fan su mam\u00e1, porque siempre ser\u00eda excluido y si no podr\u00eda tener alguien al lado, mucho menos debajo cuando padec\u00eda una convulsi\u00f3n, de modo que s\u00f3lo la caridad humana (es decir, familiar, porque ni siquiera la social) se encargar\u00eda de \u00e9l si ella llegare a faltarle (a menos que apelara a la caridad divina, pero tem\u00eda que \u00e9sta aplicara su \u00fanico recurso y lo sacara del juego antes que a ella); porque la negra esa, a quien en mala hora le solicit\u00f3 sus oficios, lo quer\u00eda por el puro furruco (y eso era finito o provisional) hasta que llegara un macho bien plantado que la volteara al rev\u00e9s (y eso si a\u00fan exist\u00edan) lo cual era muy improbable, como le hab\u00eda pasado (o mejor, como no le hab\u00eda pasado) a ella despu\u00e9s de sus cuatro maridos.<\/p>\n<p>La sexigenaria le cerr\u00f3 las puertas a La Negra Alejandrina y se entreg\u00f3 en cuerpo y alma a buscar el remedio en una peregrinaci\u00f3n cuyo itinerario cubri\u00f3, por lo menos, cuatro puntos b\u00e1sicos: el consultorio del doctor Hoffman en Aguirre, la casa del profesor Dur\u00e1n en San Mart\u00edn, el altar de Andr\u00e9s Barrios, el iluminado de Santa Teresa del Tuy, y la c\u00e1tedra del sabio Torrealba en San Juan de los Morros, de donde regres\u00f3 al poco tiempo, cabizbaja, por la amargura que le caus\u00f3 el diagn\u00f3stico de las eminencias.<\/p>\n<p>Desde entonces Alejandrina no pisaba la casa de Cosa. En todos esos a\u00f1os se limit\u00f3 a adorarlo como a un santo, espec\u00edficamente desde el suceso del gatillo alegre que quiso hacer m\u00e9ritos probando su punter\u00eda en el cuerpo del pobre T\u00edo, quien no acat\u00f3 la orden de alto y huy\u00f3 en carreras al ver a unos soldados que ven\u00edan alegremente disparando al aire, como parte de una tropa cuya tarea era peinar las monta\u00f1as, desde Chirgua y La Mona hasta Canoabo, para pacificar a la fuerza a los posibles residuos de guerrilleros, como lo mandaba el presidente Caldera. Seg\u00fan la declaraci\u00f3n del teniente, los reclutas lo confundieron con un presunto rebelde y cuando lo abandonaron en el hospital con la r\u00f3tula derecha destrozada, los polic\u00edas locales que lo conoc\u00edan desde ni\u00f1o -s\u00f3lo por cubrir las formalidades del caso- le decomisaron los mamones que llevaba en los bolsillos, en cuya b\u00fasqueda andaba cuando lo sorprendi\u00f3 la patrulla.<\/p>\n<p>La mujer debi\u00f3 conformarse con contemplarlo a distancia cuando lo tra\u00edan o lo llevaban en parihuela de aqu\u00ed para all\u00e1 y de all\u00e1 para ac\u00e1 y a brindar a la memoria de su amor perdido cuando alguien lograba producirle alg\u00fan p\u00e1lido placer. Un d\u00eda se enter\u00f3 de que un asma card\u00edaca hab\u00eda obligado a mi abuela a entregarle para siempre la guardia a Rosita, su hija menor, la mujer de El Gato -quien, por cierto, no dur\u00f3 mucho en el cargo, a causa del estallido de un aneurisma- y ni siquiera en ocasiones tan definitivas como aquellas se atrevi\u00f3 a contradecir la sentencia de la sexigenaria. Ahora era distinto. Ven\u00eda a cumplir una promesa hecha el d\u00eda de su retiro, ocurrido varios a\u00f1os atr\u00e1s, cuando debi\u00f3 aceptar su p\u00e9rdida de popularidad, al advertir que ya nadie solicitaba sus servicios.<\/p>\n<p>Gato Viudo -mi t\u00edo pol\u00edtico, otrora marido de Rosa la extinta, hermana de Cosa, Chana y mam\u00e1- me sac\u00f3 de la sala con la maravillosa oferta de un trago. Carlitos nos sigui\u00f3 autom\u00e1ticamente y, antes de llegar al patio a donde nos condujo Gato, me hal\u00f3 por la manga de la chaqueta para pedirme que le sirviera de presentador. No ten\u00eda que ped\u00edrmelo, ya lo hab\u00eda hecho en varias ocasiones y, una vez m\u00e1s, ser\u00eda un honor; pero a\u00fan faltaba gente y, adem\u00e1s, conven\u00eda esperar que el viejo se acostara a dormir para que el <em>performance<\/em> no acabara a punta de bastonazos.<\/p>\n<p>De pronto aparece mam\u00e1 a mi lado, discretamente achispada, y me invita a participar en el tour de los parientes lejanos y comenzamos a trepar el \u00e1rbol geneal\u00f3gico desde una selva de primos y primates que en mi vida hab\u00eda conocido ni de vista ni de trato y, mucho menos, de comunicaci\u00f3n. Este es mi hijo el doctor, dec\u00eda para mi bochorno, el m\u00e1s chiquito, el to\u00f1eco, el maraco, dec\u00eda sin el m\u00e1s m\u00ednimo rubor como si estuviera presentando a un beb\u00e9 que ya est\u00e1 a punto de cumplir 50 a\u00f1os y yo, brincando de rama en rama, ten\u00eda que sonre\u00edr y, como dice la ranchera tan cara a Cosa: \u201csacar juventud de mi pasado\u201d, hasta que me salv\u00f3 no la campana sino la trompeta del Mariachi Villa Ju\u00e1rez que hac\u00eda su gloriosa entrada.<\/p>\n<p>Todos nos vimos precisados a saltar del \u00e1rbol y a correr hasta la sala, los unos por gusto, los otros por disgusto, los m\u00e1s movidos por una curiosidad que, superando la capacidad de respuesta art\u00edstica de los cuates bejumeros, se centraba en el contraste entre la vida y la muerte. Nadie sab\u00eda si llorar o re\u00edr a la espera de que el difunto se levantara a cantar. Los m\u00fasicos se miraban entre s\u00ed, desconcertados. El cantante nunca hab\u00eda interpretado nada en presencia de un cad\u00e1ver, acostumbrado como estaba a hacerlo ante el j\u00fabilo de los novios o los cumplea\u00f1eros; sin embargo enfrent\u00f3 el nerviosismo general y arranc\u00f3 un poco desafinado con un repertorio escogido a \u00faltima hora, dada la singular ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Chana inici\u00f3 el coro concedi\u00e9ndonos la licencia de acompa\u00f1arla y as\u00ed lo hicimos a lo largo de un set donde no hubo peticiones ni dedicatorias. Hasta la rezandera, desgranando el rosario, aprovech\u00f3 para cantar sus preferidas. El cierre oblig\u00f3 a mi t\u00eda a llevar la voz cantante:<\/p>\n<p><em>Cuando ustedes me est\u00e9n despidiendo<\/em><br \/>\n<em>con el \u00faltimo adi\u00f3s de este mundo<\/em><br \/>\n<em>no me lloren que nadie es eterno<\/em><br \/>\n<em>nadie vuelve del sue\u00f1o profundo\u2026<\/em><\/p>\n<p>Los m\u00fasicos fueron saliendo uno por uno en silencio y los vecinos, saltando el charco que se form\u00f3 en medio de la sala, comenzaron a despedirse. Algunos familiares fueron a buscar posada, otros se retiraron a descansar en los carros y la solidaria mayor\u00eda regres\u00f3 al patio.<\/p>\n<p>Esos son los imprescindibles. Dijo Carlitos desde su comunismo trasnochado, sin advertir la presencia de mam\u00e1 que sali\u00f3 desde el fondo del solar con una viejita de la mano:<\/p>\n<p>\u00bfTe acuerdas de Teolinda?<\/p>\n<p>Antes de contestarle consider\u00e9 dos cosas: una, que ya el viejo se hab\u00eda retirado a sus aposentos, de lo contrario mam\u00e1 no se conducir\u00eda con tanta libertad y, dos, que habr\u00eda que emborrachar esa libertad para que no saboteara el show.<br \/>\nClaaaaro la t\u00eda Teolinda, \u00a1c\u00f3mo no! Dije tratando de bajar del \u00e1rbol ese rostro reducido y ajado como una fruta pasada.<\/p>\n<p>Ninguna t\u00eda, pero no importa, es una historia muy larga. Cons\u00edguenos algo caliente, tenemos mucho fr\u00edo. Orden\u00f3 d\u00e1ndome la espalda para seguir con aquello de es el doctor, el maraco, el to\u00f1eco, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Regres\u00e9 con caf\u00e9 y les propuse un carajillo. Era lo que mam\u00e1 deseaba a esa hora de la madrugada.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es eso? Pregunt\u00f3 Teolinda con cierta picard\u00eda. Mam\u00e1 explic\u00f3 y Gato Viudo sirvi\u00f3.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico lo llaman caf\u00e9 con piquete. Dije para seguir en la onda del velorio.<br \/>\nPues en nombre de Dios. Dijo la octogenaria y le dio fondo blanco.<\/p>\n<p>El <em>streper<\/em> comenz\u00f3 a contorsionarse entre los presentes sin previo aviso. Visto a distancia parec\u00eda un mimo luchando in\u00fatilmente contra una ola de bostezos y de cerca el <em>reality show<\/em> presentaba a un cuarent\u00f3n flaco que perreaba solo en el centro del patio para llamar la atenci\u00f3n y resolverse la noche con alguna de las presentes. Me acomod\u00e9 al lado de Gato Viudo y las damas de la tercera edad. El compadre recostaba su delgadez a los espaldares de las sillas o se sosten\u00eda y giraba en torno de un tubo tan imaginario como la m\u00fasica que lo animaba a seguir, a arrojarle la camisa a las chicas, a mostrar bajo el pecho lampi\u00f1o las oleadas en su abdomen, el vaiv\u00e9n de la cintura, las manos que bajaban el pantal\u00f3n hasta el borde del interior, rozaban el sexo y se devolv\u00edan acariciando el ombligo, se deten\u00edan en las tetillas y segu\u00edan hasta la mand\u00edbula y el cuello como las manos de otro cuerpo.<\/p>\n<p>Esta s\u00ed sabe de eso, no ese peor-es-nada, que recogi\u00f3 Xiomarita en el metro. Dijo Chana d\u00e1ndole una palmadita a Teolinda quien no pudo leerle los labios y qued\u00f3 con la sonrisa colgada tratando de pescar alg\u00fan comentario que le hiciera entender la extra\u00f1a actitud de ese se\u00f1or que convulsionaba. Ocasi\u00f3n que aprovech\u00f3 mam\u00e1 para satisfacer mi curiosidad en voz baja: en su \u00e9poca, esta se\u00f1ora que t\u00fa ves aqu\u00ed, Teo, se ganaba la vida en un cabaret de El Para\u00edso. Hac\u00eda de rumbera al estilo de Mar\u00eda Antonieta Pons, muy famosa, muy solicitada. La llamaban \u201cTanabonga, la diosa del deshabill\u00e9\u201d y hasta tuvo un juj\u00fa con el due\u00f1o del club que era nada menos que don Luis Mar\u00eda Fr\u00f3meta, el de la orquesta, el popular Billo. Pero como ya ves \u2013sab\u00eda que mam\u00e1 cerrar\u00eda con una de las suyas- el tiempo no perdona.<\/p>\n<p>Entonces le hice se\u00f1as a Carlitos para que se le insinuara, a ver si le despertaba el pasado y se compon\u00eda el velorio; pero \u00e9l ya se hab\u00eda prendado de Alejandrina y bailaba s\u00f3lo para ella con el objetivo de activarle la vida alegre. Poco despu\u00e9s desaparecer\u00edan abrazados entre las matas de pl\u00e1tano.<\/p>\n<p>A m\u00ed me toc\u00f3 poner orden: recog\u00ed algunas sillas y conduje a la t\u00eda Chana hasta su habitaci\u00f3n, despu\u00e9s de interrumpir el concierto de ronquidos que ofrec\u00eda en el patio. Me detuve ante un retrato del T\u00edo Cosa que desde que tengo uso de raz\u00f3n permanece en la vieja peinadora de su hermana y entonces cobr\u00e9 conciencia de su muerte, advert\u00ed que no hab\u00eda sido un sue\u00f1o ni una invenci\u00f3n de Xiomarita y abrac\u00e9 a mam\u00e1 y \u00e9sta, muy conforme, me pidi\u00f3 otro carajillo.<\/p>\n<h4 class=\"title\" style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/angel-gustavo-infante\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado de: https:\/\/ficcionbreve.org\/<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Joselolo M\u00edrele los ojos: hermanolo tiene par de pu\u00f1ales escondidos. Chupa, br\u00f3der. Busca la u\u00f1a de la guitarra. La pega se sec\u00f3. Marca la clave con tu casquillo: dos taconazos seguidos y dos separados. Vuelve. Dame el montuno. 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