{"id":3959,"date":"2022-03-25T23:26:23","date_gmt":"2022-03-25T23:26:23","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3959"},"modified":"2023-11-24T18:32:20","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:20","slug":"dos-cronicas-literarias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cronicas-literarias\/","title":{"rendered":"Dos cr\u00f3nicas literarias de Juan Manuel Romero"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Alguna vez Garmendia<\/strong><\/h3>\n<p>Cuando yo era un ignorante en alt\u00edsimo estado de pureza \u2013entre los 17 y los 19 a\u00f1os- iba a eventos culturales de todo tipo. Con ello intentaba hacer algo por m\u00ed. Intentaba mejorar la raza, como dec\u00eda mi madre.<\/p>\n<p>Al asistir quer\u00eda aplicarme una cierta justicia po\u00e9tica \u2013me enterar\u00eda despu\u00e9s que as\u00ed se le llamaba a tal acto-. Esto, m\u00e1s all\u00e1 de implicar un ligero retoque \u201cintelectual\u201d no denotar\u00eda sino una autoconciencia por optimizar las neuronas y hacer algo por mi alma maltrecha.<\/p>\n<p>La pirotecnia verbal anterior no dir\u00eda nada si no aclarara mi procedencia. Yo viv\u00eda en Ocumare del Tuy y eso significaba estar bien lejos de Caracas, y era all\u00ed \u2013en la Capital- donde ocurr\u00edan los eventos culturales que yo estimaba importantes.<\/p>\n<p>Recuerdo con claridad que varios de estos eventos se dieron en la esquina El Chorro.<\/p>\n<p>Hoy de esto tampoco queda nada, incluso, a la esquina le robaron una erre y ahora, bueno, tiene un nombre muy expl\u00edcito.<\/p>\n<p>Recuerdo entrar a \u201cLos espacios Uni\u00f3n\u201d como quien entraba a una atm\u00f3sfera m\u00e1s ben\u00e9vola que la que se acostumbraba a respirar en la tierra.<\/p>\n<p>Tomaba un ascensor que de buenas a primeras \u2013en mis buenas a primeras carentes de un m\u00ednimo roce social- me parec\u00eda lujoso porque estaba elegantemente iluminado y los brillos me aumentaban la emoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Una vez que las puertas se abr\u00edan me sent\u00eda como abandonado en un piso solemne.<\/p>\n<p>Recuerdo que mis pisadas en alg\u00fan momento dejaban de escucharse por la alfombra vinotinto.<\/p>\n<p>Recuerdo la media luz, como si, de pronto, iba a comenzar alguna pel\u00edcula en un gran festival internacional.<\/p>\n<p>Recuerdo el tr\u00edptico color crema con ilustraciones y letras acomodadas con delicadeza en un exquisito papel.<\/p>\n<p>Recuerdo que \u00e9ramos no m\u00e1s de veinte personas los asistentes en el anfiteatro.<\/p>\n<p>Recuerdo que yo hab\u00eda viajado hasta all\u00ed para o\u00edr la impecable lectura dramatizada de Orlando Urdaneta de unos cuentos de un tocayo de \u00e9l, absolutamente desconocido para m\u00ed, un tal Orlando Araujo (lo afirmado en la primera l\u00ednea de este texto no es un mero gancho lector).<\/p>\n<p>Qued\u00e9 boquiabierto despu\u00e9s de escuchar aquellos relatos cargados de neblina y monta\u00f1as y bueyes y pu\u00f1ales.<\/p>\n<p>Turno seguido vinieron algunos comentarios con palabras luminosas y sentidas de otro se\u00f1or que tal vez me dio la impresi\u00f3n de que era tan importante como el autor que se ley\u00f3 para la fecha. Su cara correspond\u00eda (\u00a1sorpresa!) con una foto del tr\u00edptico. En negrillas tajantes afirmaba que era un se\u00f1or muy viejo con una barba enorme al que llamaban Salvador Garmendia.<\/p>\n<p>Le vi marchito, un poco flaco y su barba parec\u00eda esconder libros a\u00f1ejos. Aquella luz cenital los dej\u00f3 flotando en color amarillo para siempre en mi memoria.<\/p>\n<p>Antes de que el evento culminara, se abri\u00f3 el protocolar \u2013muchas veces inc\u00f3modo- espacio de preguntas. Como siempre los nervios me ganaron y borraron toda posible pregunta, cualquier empalme con tan grandes seres \u2013entender\u00eda luego-. Otros fueron quienes preguntaron cosas que para m\u00ed eran rotundos mutis intelectuales. Yo solo quer\u00eda ser \u2013para entonces- una esponja: los escuch\u00e9 atento, tanto a quienes preguntaban, como a la voz serena de Salvador Garmendia que respond\u00eda con abundancia.<\/p>\n<p>Hablaron de Barinas cuando aquello no causaba sospecha; de la id\u00edlica Altamira de C\u00e1ceres, y, desde luego, de Calderas, lo que suscit\u00f3 una broma ortogr\u00e1fica del sabio barbado: \u201csi en esta loca-lidad (pero sin la \u201cs\u201d del final) no se le hubiera ocurrido la ingenua idea del indulto, \u00bfqu\u00e9 habr\u00eda pasado?\u201d; tambi\u00e9n se habl\u00f3 de la violencia serena del pie de monte andino incrustada en los cuentos de Araujo; de los r\u00edos que pulen las monta\u00f1as y de las dis\u00edmiles y furiosas facetas de Orlando Araujo (economista, licenciado en letras). En fin.<\/p>\n<p>Todo estuvo bien hasta que un similar, un cham\u00edn, un panita -quiz\u00e1 hasta m\u00e1s joven que yo y que espero que la vida le haya erradicado la verg\u00fcenza, si la tuvo, por haber dicho lo que dijo frente a quienes lo dijo- tom\u00f3 la palabra para destrozar con su intervenci\u00f3n lo que se hab\u00eda hecho con tanto torrente de buenas palabras.<\/p>\n<p>El muchacho, con afilado \u00e1nimo, solt\u00f3 lo siguiente:<\/p>\n<p>&#8211; Mi pregunta es\u2026 para Ud., disculpe, pero no recuerdo su nombre (hablaba con Garmendia), \u00bfc\u00f3mo hoy se pueden leer estos cuentos tan viejos en una Caracas donde no importa nada de eso? Porque es que \u00abhabemos\u00bb muchos aqu\u00ed que tenemos ganas de escribir bien, pero dudo que Orlando, hoy, sea una buena influencia\u2026<\/p>\n<p>El autor de <em>Los peque\u00f1os seres<\/em> y <em>Memorias de Altagracia<\/em> apenas pudo enfocarlo, leve, muy levemente hizo un ajuste en su mirada. Sigui\u00f3 calmado. Como machacando en otro espacio aquella necia y chirriante insolencia. Pens\u00f3. Junt\u00f3 sus manos y respondi\u00f3 con alt\u00edsima educaci\u00f3n (\u00bfo erudici\u00f3n?) \u2013sin hacer un m\u00ednimo comentario sobre el escandaloso mal empleo del verbo haber; en realidad, todo esc\u00e1ndalo est\u00e1 precedido por un error-.<\/p>\n<p>Cuando el disertador culmin\u00f3 las luces bajaron m\u00e1s su intensidad. \u00c9l brome\u00f3 \u2013ser\u00edsimo- sobre el progresivo debilitamiento de la luz por la tarde y la interpretaci\u00f3n natural que tienen las gallinas de los arreboles. O sea, que nosotros tambi\u00e9n deb\u00edamos salir pronto de all\u00ed para irnos a casa. Todos terminaron riendo, menos el se\u00f1or de las barbas revueltas y yo.<\/p>\n<p>Me qued\u00e9 sentado. Todos se retiraron. Las luces bajaron otro poco. Vino un se\u00f1or de vigilancia y con garmendiana educaci\u00f3n me sac\u00f3 de aquellos espacios.<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3><strong>Alguna vez Montejo<\/strong><\/h3>\n<p>La primera vez que me top\u00e9 con \u00e9l, yo s\u00f3lo era un tenue peat\u00f3n rumbo al Banco del libro. Por la Altamira sur surcaba enloquecida una corriente gris que me forzaba a creer que estudiar aquella osada carrera, cuyo fin es doblegar \u00abpedag\u00f3gicamente\u201d a la lengua, y, quiz\u00e1s, a la literatura, tendr\u00eda que ser la mejor manera de tocar la felicidad. En cierto modo, lo logr\u00e9.<\/p>\n<p>Recuerdo que bajaba por aquella calle porque iba (asombrosamente) a emparentar en un trabajo, tan forzado como sin asidero, a tres poetas que hab\u00edan escrito para ni\u00f1os y tratar de determinar (\u00a1ja!) sus propuestas, sus estilos, la naturaleza del ensamblaje de trabajos para los m\u00e1s peque\u00f1os. Es decir, iba al Banco del libro a ver si, aquellas mujeres fuera de serie (las banco-libreras), pod\u00edan ayudarme a amalgamar un anhelo en un trabajito de investigaci\u00f3n que nadie me hab\u00eda pedido: la revisi\u00f3n de los textos po\u00e9ticos de Slavko Zupcic (\u00a1!), de Jes\u00fas Rosas Marcano y de Eugenio Montejo (y, por extensi\u00f3n, de Eduardo Polo).<\/p>\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo, pero lo vi. Yo casi llegaba a la Torre Brit\u00e1nica; \u00e9l como a una o dos cuadras m\u00e1s atr\u00e1s. Ya le hab\u00eda visto varias veces en los diarios y en los suplementos de literatura: sin duda, era \u00e9l.<\/p>\n<p>Me puse nervioso y empec\u00e9 a caminar m\u00e1s lento. Esto ya me hab\u00eda pasado antes, con resultados similares al encuentro con Montejo&#8230;<\/p>\n<p>Fue en Ocumare, cerca de mi casa. Domingo, desde luego, cuando iba rumbo al kiosco de la se\u00f1ora Ana a comprar los dos kilos de peri\u00f3dico y letras, propios de ese d\u00eda. El sol de esa ma\u00f1ana se intensific\u00f3 cuando al voltear hacia atr\u00e1s la vi. Por la misma acera ven\u00eda con su largo cabello negro y tan flaca como su nombre. Un d\u00eda \u2013anhel\u00e9- podr\u00e9 hablar con ella fuera de la escuela. Ese d\u00eda hab\u00eda llegado: No se me ocurri\u00f3 otra alternativa que empezar a caminar lento, lent\u00edsimo, para forzar el encuentro \u00abcasual\u00bb.<\/p>\n<p>Tecleo su voz nasal y a\u00fan contengo la respiraci\u00f3n: \u00a1ay, s\u00ed, t\u00fa no caminas as\u00ed!, \u00bfpara d\u00f3nde vas?, yo voy al abasto \u00bfy t\u00fa?, -y sin esperar respuesta, agreg\u00f3- \u00bfme acompa\u00f1as? Sin duda era m\u00e1s de lo que esperaba. Desde ese d\u00eda su amistad fue intensa pero r\u00e1pida, como la usada bicicleta azul que le regal\u00e9.<\/p>\n<p>Sin duda, ver a Montejo por la Altamira sur se lo atribuyo a la rutina ancestral (o paternal) de voltear hacia atr\u00e1s sin previo aviso. El resultado, me dijo mi pap\u00e1 alguna vez, siempre ser\u00e1 la sorpresa. Sea porque alguien vaya a abordarte o sea porque descubras algo inesperado, siempre encontrar\u00e1s una sorpresa. Visto as\u00ed, el asunto es cautivante.<\/p>\n<p>Con Montejo pr\u00f3ximo era dif\u00edcil precisar qu\u00e9 hacer. \u00bfUn aut\u00f3grafo, hacerle un desangelado comentario sobre sus Papiros amorosos, preguntarle si estaba de acuerdo con que toda la poes\u00eda venezolana pod\u00eda suscribirse a productores cadenianos o montejianos?<\/p>\n<p>A\u00fan estaba resolviendo qu\u00e9 le iba a decir al autor de El alfabeto del mundo y Adi\u00f3s al siglo XX, cuando ya lo ten\u00eda encima y me espetaba con un:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ey, chamo!<\/p>\n<p>Volte\u00e9, pero no pas\u00e9 del modo mutis porque ten\u00eda el coraz\u00f3n incrustado en la boca y no me permiti\u00f3 soltar una palabra.<\/p>\n<p>Montejo que fue habitante de Los Palos grandes, la zona que en un tiempo tuvo -Federico Vegas dixit- la mayor concentraci\u00f3n por metro cuadrado de escritores venezolanos, y, al que a\u00f1os despu\u00e9s habr\u00edan de rendirle homenaje llamando a la hermosa biblioteca de la plaza cercana con su nombre, me espet\u00f3 con una pregunta tan ingenua como frontal:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfSabes d\u00f3nde me queda la Torre brit\u00e1nica?<\/p>\n<p>Con el lenguaje universal del dedo \u00edndice le se\u00f1al\u00e9 la mole que yo &#8211; con mi a\u00fan en ciernes conciencia de las direcciones de la ciudad capital que habr\u00eda hecho palidecer a mi padre, un taxista de la ciudad desde los a\u00f1os 50 del siglo XX- cre\u00eda que era.<\/p>\n<p>Me disgusto (o me divierto, ya no s\u00e9) al saberme parte de aquel fugaz episodio de equ\u00edvocos.<\/p>\n<p>Es evidente que ah\u00ed ocurrieron, al menos, tres cosas distintas. Lo que yo pens\u00e9 al verlo. Lo que \u00e9l pens\u00f3 al verme: entiendo, con absoluta verg\u00fcenza, que el poeta de los heter\u00f3nimos, se alarm\u00f3 al verme caminar tan lento en aquella acera por la que s\u00f3lo \u00e9l y yo camin\u00e1bamos. Y lo que \u00e9l termin\u00f3 pregunt\u00e1ndome, tal vez, como su espont\u00e1neo mecanismo de defensa.<\/p>\n<p>Luego de eso lo que vino fue un desenlace de un relato de Bola\u00f1o. Montejo con su saco gris, sin corbata, en efecto, ingres\u00f3 a la Torre que yo le se\u00f1al\u00e9 para realizar, digamos, un tr\u00e1mite; mientras que yo segu\u00ed hasta el Banco del libro a empezar una investigaci\u00f3n que, probablemente, nunca termin\u00e9.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-manuel-romero-a\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alguna vez Garmendia Cuando yo era un ignorante en alt\u00edsimo estado de pureza \u2013entre los 17 y los 19 a\u00f1os- iba a eventos culturales de todo tipo. Con ello intentaba hacer algo por m\u00ed. Intentaba mejorar la raza, como dec\u00eda mi madre. 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