{"id":395,"date":"2021-08-03T00:05:10","date_gmt":"2021-08-03T00:05:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=395"},"modified":"2024-08-19T21:59:18","modified_gmt":"2024-08-19T21:59:18","slug":"dos-cuentos-pedro-emilio-coll","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-pedro-emilio-coll\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Pedro Emilio Coll"},"content":{"rendered":"<h3>El diente roto<\/h3>\n<p>A los doce a\u00f1os, combatiendo Juan Pe\u00f1a con unos granujas, recibi\u00f3 un guijarro sobre un diente; la sangre corri\u00f3 lav\u00e1ndole el sucio de la cara, y el diente se parti\u00f3 en forma de sierra. Desde ese d\u00eda principia la edad de oro de Juan Pe\u00f1a.<\/p>\n<p>Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inm\u00f3vil, vaga la mirada \u2014sin pensar. As\u00ed de alborotador y pendenciero, torn\u00f3se en callado y tranquilo.<\/p>\n<p>Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transe\u00fantes v\u00edctimas de las perversidades del chico, y que hab\u00edan agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la s\u00fabita transformaci\u00f3n de Juan.<\/p>\n<p>Juan no chistaba y permanec\u00eda horas enteras en actitud hier\u00e1tica, como en \u00e9xtasis; mientras, all\u00e1 adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, su lengua acariciaba el diente roto \u2014sin pensar.<\/p>\n<p>\u2014El ni\u00f1o no est\u00e1 bien, Pablo \u2014dec\u00eda la madre al marido\u2014; hay que llamar al m\u00e9dico.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el doctor grave y panzudo y procedi\u00f3 al diagn\u00f3stico: buen pulso, mofletes sangu\u00edneos, excelente apetito, ning\u00fan s\u00edntoma de enfermedad.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1ora \u2014termin\u00f3 por decir el sabio despu\u00e9s de un largo examen\u2014, la santidad de mi profesi\u00f3n me impone declarar a usted\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9, se\u00f1or doctor de mi alma? \u2014interrumpi\u00f3 la angustiada madre.<\/p>\n<p>\u2014Que su hijo est\u00e1 mejor que una manzana. Lo que s\u00ed es indiscutible \u2014continu\u00f3 con voz misteriosa\u2014, es que estamos en presencia de un caso fenomenal: su hijo de usted, mi estimable se\u00f1ora, sufre de lo que hoy llamamos el mal de pensar; en una palabra, su hijo es un fil\u00f3sofo precoz, un genio tal vez.<\/p>\n<p>En la oscuridad de la boca, Juan acariciaba su diente roto \u2014sin pensar.<\/p>\n<p>Parientes y amigos se hicieron eco de la opini\u00f3n del doctor, acogida con j\u00fabilo indecible por los padres de Juan. Pronto en el pueblo todo, se cit\u00f3 el caso admirable del \u00abni\u00f1o prodigio\u00bb, y su fama se aument\u00f3 como una bomba de papel hinchada de humo. Hasta el maestro de escuela, que lo hab\u00eda tenido por la m\u00e1s lerda cabeza del orbe, se someti\u00f3 a la opini\u00f3n general, por aquello de que voz del pueblo es voz del cielo. Quien m\u00e1s, quien menos, cada cual tra\u00eda a colaci\u00f3n un ejemplo: Dem\u00f3stenes com\u00eda arena, Shakespeare era un pilluelo desarrapado, Edison, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Creci\u00f3 Juan Pe\u00f1a en medio de libros abiertos ante sus ojos, pero que no le\u00eda, distra\u00eddo por la tarea de su lengua ocupada en tocar la peque\u00f1a sierra del diente roto \u2014sin pensar.<\/p>\n<p>Y con su cuerpo crec\u00eda su reputaci\u00f3n de hombre juicioso, sabio y \u00abprofundo\u00bb, y nadie se cansaba de alabar el talento maravilloso de Juan. En plena juventud, las m\u00e1s hermosas mujeres trataban de seducir y conquistar aquel esp\u00edritu superior, entregado a hondas meditaciones, para los dem\u00e1s, pero que en la oscuridad de su boca tentaba el diente roto \u2014sin pensar.<\/p>\n<p>Pasaron meses y a\u00f1os, y Juan Pe\u00f1a fue diputado, acad\u00e9mico, ministro, y estaba a punto de ser coronado Presidente de la Rep\u00fablica, cuando la apoplej\u00eda lo sorprendi\u00f3 acarici\u00e1ndose su diente roto con la punta de la lengua.<\/p>\n<p>Y doblaron las campanas, y fue decretado un riguroso duelo nacional; un orador llor\u00f3 en una f\u00fanebre oraci\u00f3n a nombre de la patria, y cayeron rosas y l\u00e1grimas sobre la tumba del grande hombre que no hab\u00eda tenido tiempo de pensar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>El Recuerdo<\/h3>\n<p>En Bogot\u00e1, la ciudad de los conventos melanc\u00f3licos, de los severos templos de piedras, Jos\u00e9 Asunci\u00f3n Silva, el dandy mis\u00e1ntropo, despu\u00e9s de haber re\u00eddo en una fiesta mundana, se ha suicidado en su cuarto lleno de libros, de pomos de esencias y de orqu\u00eddeas ex\u00f3ticas. Sangriento entre la albura de las s\u00e1banas, r\u00edgido sobre la almohada consoladora, as\u00ed lo encontr\u00f3 la aurora del siguiente d\u00eda. En la mesa, un libro abierto, que dec\u00eda de la dicha de morir.<\/p>\n<p>Caracas lo vio en sus salones elegantes. Yo lo admir\u00e9, en nuestra \u00edntima amistad.\u00a0\u00abAmigo m\u00edo\u00a0-dec\u00edame con extra\u00f1a sonrisa en los labios-,\u00a0eso no es para usted\u00bb, y me se\u00f1alaba en un \u00e1ngulo de su cuarto del hotel la flamante hilera de zapatos que hubiera bastado para veinte pies descalzos.\u00a0\u00abNo crea usted que lo que le ofrezco vale m\u00e1s que eso, pero yo le ofrezco mis ideas y mis sentimientos. No puedo vivir sin amigos, y los zapatos me atraen la simpat\u00eda de muchas personas excelentes. El brillo de las botas, cr\u00e9alo, es m\u00e1s importante que el de las ideas. Unas zapatillas de charol y una pechera blanca, ya tiene usted un hombre completo, seguro de triunfar en la sociedad. Pero, en fin, ya que la dispepsia y los nervios hacen de nosotros dos cofrades, hablemos de arte; es necesario saber aprovechar hasta nuestras enfermedades, f\u00edsicas y morales\u00bb.Y hablaba, hablaba, con su voz armoniosa, contrayendo los p\u00e1rpados, entreabri\u00e9ndose la abundante barba casta\u00f1a; hablaba febrilmente a ratos, a ratos con desd\u00e9n; y su inteligencia, asi\u00e9ndose a la escala metaf\u00edsica, sub\u00eda a las altas cumbres del pensamiento, agit\u00e1ndose como un ave tr\u00e1gica en las fronteras del misterio, para caer luego con las alas rotas en una dolorosa iron\u00eda.\u00a0\u00abLos que padecemos esta hipertrofia de la vida interior\u00a0-repet\u00eda a menudo-\u00a0debemos fundar la tan deseada asociaci\u00f3n de autopsia mutua para hacer disecciones morales, rec\u00edprocos ex\u00e1menes de conciencia\u00bb.<\/p>\n<p>Era alto y p\u00e1lido, vest\u00eda de negro, la ca\u00f1a en una mano, los guantes en la otra, la gardenia en el ojal, perfumado con opoponax, brillante el pelo. Un fil\u00f3sofo engastado en un petimetre. Un Brummell que le\u00eda la Imitaci\u00f3n de Cristo y o\u00eda el consejo que da Zaratustra por boca de Federico Nietzsche.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s conoc\u00ed esp\u00edritu m\u00e1s comprensivo que el suyo, m\u00e1s abierto a todas las manifestaciones de la vida. Maestro de la palabra, psic\u00f3logo que pod\u00eda competir con los m\u00e1s audaces analistas del yo, la publicaci\u00f3n de sus obras hubiera sido, me atrevo a asegurarlo, un acontecimiento literario trascendental en Hispanoam\u00e9rica. Pero su obra no existe: en el naufragio del Am\u00e9rique, en la costa norte de Colombia, el mar la arranc\u00f3 del camarote, y los manuscritos se dispersaron, arrebatados por la tempestad, danzando en la cima de las olas rugientes.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed gran parte de esa obra desaparecida: cuentos, meditaciones filos\u00f3ficas, art\u00edculos de cr\u00edtica, poes\u00edas. La carta a Bourget, con motivo del pr\u00f3logo de Tierra prometida, era un tratado de la voluntad y la energ\u00eda, que \u00e9l procuraba reconciliar con el an\u00e1lisis que debe dirigirse a desarrollar las potencias mentales, a crearle m\u00fasculos al esp\u00edritu.<\/p>\n<p>En los versos quer\u00eda introducir la rima nueva, el ritmo dislocado que revela y se adapta a la expresi\u00f3n de los estados de alma ocultos y sutiles. Pero como pose\u00eda una s\u00f3lida educaci\u00f3n cl\u00e1sica, sab\u00eda hacer poemas sonoros, muy sujetos a la ret\u00f3rica a\u00f1eja. Para la prosa hac\u00eda uso de todos los procedimientos, a fin de hacer el idioma d\u00factil, sugestivo, que tuviera ora los\u00a0\u00abverdores de la descomposici\u00f3n\u00bb, ora la fragancia de la juventud.<\/p>\n<p>Silva era virtuoso, porque para \u00e9l la virtud representaba un grado superior de aristocracia intelectual. Se somet\u00eda a la Ley Eterna con estoica resignaci\u00f3n y, sin embargo, se ha rebelado contra Ella. \u00bfRebelado, digo? No: respetemos la conciencia impenetrable del suicida&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Oh! Y en este momento vuelve a mi memoria aquel crep\u00fasculo de noviembre en que los dos nos inclin\u00e1bamos sobre una misma p\u00e1gina; yo ve\u00eda su frente alt\u00edsima junto a la m\u00eda, y le\u00edamos lentamente estas palabras de un libro de Barr\u00e8s:\u00a0\u00abCiertas culturas de la sensibilidad no son agradables sino para discutir los resultados de ellas con alg\u00fan mani\u00e1tico de nuestra raza. Si tal amigo, que conozco, me faltase, dejar\u00eda esterilizar decididamente varias regiones de mi cerebro. Con frecuencia un apasionado de los tulipanes raros se desinteresa de esas hermosas flores el d\u00eda en que muere un amigo con quien gozaba exasperando su vana pasi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A lo lejos, las campanas doblaban pidiendo una oraci\u00f3n para los muertos, y en el patio, sobre el follaje l\u00e1nguido, una lluvia fina y blanca ca\u00eda casi sin ruido&#8230;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pedro-emilio-coll\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Cr\u00e9dito de la ilustraci\u00f3n: Luis Emeterio Gonz\u00e1lez<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El diente roto A los doce a\u00f1os, combatiendo Juan Pe\u00f1a con unos granujas, recibi\u00f3 un guijarro sobre un diente; la sangre corri\u00f3 lav\u00e1ndole el sucio de la cara, y el diente se parti\u00f3 en forma de sierra. Desde ese d\u00eda principia la edad de oro de Juan Pe\u00f1a. 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