{"id":3942,"date":"2022-03-22T23:36:18","date_gmt":"2022-03-22T23:36:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3942"},"modified":"2023-11-24T18:32:21","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:21","slug":"la-brasa-duerme-bajo-la-memoria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-brasa-duerme-bajo-la-memoria\/","title":{"rendered":"La brasa duerme bajo la memoria"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Por: Radam\u00e9s Laerte Gim\u00e9nez<\/h4>\n<p>Sardia viste tres veces de blanco, Nerio la desposa, Cario vive sus tibiezas. Roque sobrevive para ser el agente memorioso de un tr\u00edo en el que padece recordando. En el a\u00f1o 1.977 Monte \u00c1vila public\u00f3 la colecci\u00f3n de cuentos \u201cCasi tan alto como el campanario\u201d de Rafael Z\u00e1rraga. Once a\u00f1os hab\u00edan transcurrido desde que el yaracuyano hab\u00eda obtenido su segundo reconocimiento otorgado por el diario El Nacional por su relato \u201cLa brasa duerme bajo la ceniza\u201d. Este cuento en esa colecci\u00f3n reunida une con cuerda evocativa y l\u00edrica el pulso consciente de una obra con el reconocimiento del espacio local.<\/p>\n<p>Subiendo por la torre del campanario en la iglesia de Cocorote, se siente el olor de excrecencias y plumas, un rumor de gorjeos llena el lugar para descubrir el alboroto de palomas unos escalones m\u00e1s abajo de la campana. Rafael Z\u00e1rraga visit\u00f3 las estridencias en el campanario, se asom\u00f3 por la \u00a0oquedad seriada que da a la plaza y all\u00ed tuvo que adquirir la primera imagen o el delirio de aquella que entr\u00f3 a la iglesia con tres signos variados del blanco. Sardia, blanca en primera comuni\u00f3n, blanca en las misas de domingo, blanca hacia el sepulcro. Entre las tres blancuras: una pasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Amor, locura y muerte. La Ofelia de Millais, solvente frente al Eros-T\u00e1natos, sobre las ondas calmas y negras que so\u00f1\u00f3 Rimbaud y que tuvo su primera constituci\u00f3n de imagen en Shakespeare, pudo ser el molde para Z\u00e1rraga. No es que las motivaciones escriturales tengan que rastrearse en los t\u00f3picos recorridos de la literatura; hay hermanazgos y cada creaci\u00f3n va creciendo en su propio espacio febril. Porque este relato parece provenir de un escanciado, macer\u00e1ndose en ideas, p\u00e1lpitos\u2026 que no est\u00e1 negado el s\u00fabito sorpresivo. \u00bfQui\u00e9n no lo ha vivido?<\/p>\n<p>Cario, el amante, devuelve a Sardia a la vida, la regresa para amar, con el sonido de las llaves-campana cada domingo. Es la realizaci\u00f3n consagrada del deseo, m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal, realizaci\u00f3n en s\u00ed y perpetuaci\u00f3n repetida del goce. En cambio Nerio Apolo crey\u00f3 ganar una ostentaci\u00f3n, un premio con que se premia a los muchachos de bien en ascenso, herederos de privilegios a\u00fan en la sociedad rural de Cocorote\u2026 las escalas pretendidas se encuentran en cualquier lugar. Hab\u00eda dejado notar Z\u00e1rraga la oposici\u00f3n de clase en otros cuentos y memorias. En estos polos opuestos se ubican el enga\u00f1ado Nerio y el enamorado Cario. Pugna por la apariencia y por la esencia: Sardia debe cumplir con su condici\u00f3n de doncella, objeto-trofeo \u00fanico y a la vez sujeto de sus deseos.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 posici\u00f3n nos toca presenciar los hechos? Roque Mauro ama como puede, en la distancia, voyerista, in\u00fatil de piernas, perseguidor de anhelos supurosos. Verdadero, \u00fanico amador. Ojos nuestros, amplificaci\u00f3n de los tormentos por la negaci\u00f3n; no nos sirve como liberaci\u00f3n ni catarsis sino como posibilidad desgraciada de quien queda fuera del juego, aunque est\u00e9 jugando. Como Celestina, vive su \u00faltima ruina para facilitar el amor ajeno como si fuera propio, cediendo llave y cama para cobr\u00e1rsela a trav\u00e9s del ojo de la cerradura. Tal vez consciente y abarcador por ser factor externo, hace y rehace en el recuerdo lo que podr\u00eda ser la \u00fanica manifestaci\u00f3n de su vida apagada.<\/p>\n<p>Roque hace que el episodio regrese entre dispersas luces del cielo en Cocorote. En ese intento Sardia vuelve con su pasi\u00f3n para volver a fallecer. Como cuando se invoca al personaje al leerlo para luego reposar bajo la brasa de las p\u00e1ginas en el libro cerrado. Otra cosa es la memoria c\u00edclica en quien narra. En \u201cLa mano junto al muro\u201d de Meneses es caleidosc\u00f3pico (fractal), laber\u00edntico en su recorrido, cubista (me arriesgo), pero no fragmentario. En \u201cEl hombre y su verde caballo\u201d de M\u00e1rquez Salas es t\u00e1ctil, de ascenso rocoso pero de paso seguro. En \u201cLa brasa duerme bajo la ceniza\u201d de Z\u00e1rraga se va de un borde a otro, sin eludir el centro. Meneses y M\u00e1rquez nos acercan a la agon\u00eda, Z\u00e1rraga avisa la muerte sin drama. Los tres hablan desde el delirio.<\/p>\n<h6><em>*La brasa duerme bajo la ceniza<\/em>, en <em>Z\u00e1rraga, Rafael<\/em>: <u>Casi tan alto como el campanario<em>.<\/em><\/u> Monte \u00c1vila Editores. 155 p\u00e1gs. Caracas, 1977.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Radam\u00e9s Laerte Gim\u00e9nez Sardia viste tres veces de blanco, Nerio la desposa, Cario vive sus tibiezas. Roque sobrevive para ser el agente memorioso de un tr\u00edo en el que padece recordando. 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