{"id":3920,"date":"2022-03-20T20:24:06","date_gmt":"2022-03-20T20:24:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3920"},"modified":"2023-11-24T18:32:35","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:35","slug":"rafael-cadenas-y-la-poesia-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rafael-cadenas-y-la-poesia-venezolana\/","title":{"rendered":"Rafael Cadenas y la poes\u00eda venezolana"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Antonio L\u00f3pez Ortega<\/h4>\n<p>I<\/p>\n<p>Quisiera evocar una escena que estimo podr\u00eda ser de 1946. En ella est\u00e1n dos j\u00f3venes: uno se llama Salvador y tiene 18 a\u00f1os; otro se llama Rafael y tiene 16. Ambos suelen reunirse, preferiblemente de tarde, en la plaza Altagracia de la ciudad de Barquisimeto. La escena discurre en formato pedag\u00f3gico, pues el mayor interroga y el menor responde; tambi\u00e9n ocurre que Salvador pone a recitar a Rafael, y \u00e9ste se esmera en hacerlo lo mejor posible, con estilo y buena modulaci\u00f3n. Esa hermandad se hab\u00eda iniciado a\u00f1os atr\u00e1s, quiz\u00e1s en el hogar de una legendaria promotora y mecenas de aquellos tiempos, do\u00f1a Casta J. Riera, donde toda la intelectualidad de la ciudad coincid\u00eda. Nadie se explica por qu\u00e9 Salvador pod\u00eda tutorear a Rafael, pero ya con mayor\u00eda de edad la diferencia se hac\u00eda abismal: sencillamente, el adulto ya era un lector voraz mientras el adolescente repasaba las rimas que le ense\u00f1aban en bachillerato. Esos juegos de palabras, o de versos, o de lecturas, fijar\u00edan el inicio de una amistad permanente, que se prolong\u00f3 hasta la muerte del primero en 2001. Hablo de dos autores, uno narrador y otro poeta, que en mi lectura particular han sido los dos m\u00e1s grandes escritores venezolanos de la segunda mitad del siglo XX. Me refiero a Salvador Garmendia, nacido en 1928, y a Rafael Cadenas, nacido en 1930.<\/p>\n<p>En esos encuentros vespertinos de la plaza Altagracia, porque a ellos se ha referido Cadenas en diversas entrevistas, surgen los nombres de sus primeras influencias: en esos bancos, y bajo \u00e1rboles centenarios, recitaba a Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez o a Antonio Machado, pero tambi\u00e9n citaba de memoria versos del <em>Mio Cid <\/em>o <em>del Cantar de los Cantares<\/em>, o murmuraba l\u00edneas de Andr\u00e9s Eloy Blanco, para entonces el poeta venezolano m\u00e1s p\u00fablico, m\u00e1s terrestre, especie de h\u00e9roe civil. El magisterio de Jim\u00e9nez o de Machado en la Am\u00e9rica hispana de principios de siglo no era una extra\u00f1eza; sencillamente eran modelos may\u00fasculos de c\u00f3mo iniciarse en poes\u00eda: uno quiz\u00e1s m\u00e1s cerca de la est\u00e9tica y otro quiz\u00e1s m\u00e1s pr\u00f3ximo de la \u00e9tica. Sobre los textos medievales, alguna huella se encontraba en los manuales de secundaria, gracias a un programa de estudios definido por el muy determinante Instituto Pedag\u00f3gico. Y sobre Andr\u00e9s Eloy Blanco habr\u00eda que recordar que, apenas un a\u00f1o antes, en 1945, la promulgaci\u00f3n de una Asamblea Constituyente, en la que el poeta cuman\u00e9s se hab\u00eda lucido como orador, ha debido enorgullecer a cualquier poeta venezolano emergente. Eran tiempos en los que, despu\u00e9s de la larga noche gomecista, Venezuela despertaba muy determinada a trazarse un camino democr\u00e1tico. El trienio que llevaba hasta 1948, lleno de tropiezos y avances, desembocaba en un verdadero milagro pol\u00edtico: por voto libre y democr\u00e1tico, aprobado tambi\u00e9n para las mujeres, la renaciente rep\u00fablica eleg\u00eda como presidente a su mejor escritor: don R\u00f3mulo Gallegos. Si esta haza\u00f1a p\u00fablica, para cualquier escribiente de marras, no deb\u00eda interpretarse como un asalto de la palabra al cielo, \u00bfentonces qu\u00e9 lo ser\u00eda? Ese oficio del borr\u00f3n y la duda, ese balbuceo que se enfrentaba el abismo mallarmeano de la p\u00e1gina en blanco, sin duda renac\u00eda con voluntad de conquista.<\/p>\n<p>Pero volvamos a la plaza Altagracia y recuperemos a nuestros dos j\u00f3venes oficiantes entre libros y versos. Quien se asum\u00eda como maestro, el joven Salvador, ten\u00eda sus razones, pues desde temprana edad se hab\u00eda convertido en un lector insaciable. Y aqu\u00ed valdr\u00eda la pena hacer un par\u00e9ntesis y referirnos a una an\u00e9cdota que el gran narrador sol\u00eda repetir: cada vez que un periodista le preguntaba a qui\u00e9n o a qu\u00e9 deb\u00eda el oficio, invariablemente, con voz socarrona, respond\u00eda de la misma manera: \u201ca la tuberculosis\u201d. Quiz\u00e1s porque la tuberculosis lo encam\u00f3 desde los doce hasta los quince a\u00f1os, y en ese confinamiento su \u00fanica distracci\u00f3n fue la lectura. Salvador recuerda que su biblioteca como aprendiz de letras no fue la suya propia, sino la de su hermano Hermann, quien habiendo nacido en 1917, once a\u00f1os antes que \u00e9l, pose\u00eda seg\u00fan los testigos de \u00e9poca el m\u00e1s importante santuario bibliogr\u00e1fico de la ciudad. All\u00ed abrevaba su sed el narrador en ciernes y, por extensi\u00f3n, el joven poeta que lo secundaba.<\/p>\n<p>Vale la pena tener en cuenta que, gracias a los auspicios de Casta J. Riera, 1946 fue tambi\u00e9n el a\u00f1o de publicaci\u00f3n de la primera novela de Salvador Garmendia, de nombre <em>El parque<\/em>, por cierto nunca reeditada, y del primer poemario de Rafael Cadenas, de t\u00edtulo <em>Cantos iniciales<\/em>, que si bien llevaba un pr\u00f3logo del propio Salvador, Cadenas nunca m\u00e1s quiso incluir en ninguna de sus compilaciones. Ambas obras de juventud, que los mostraba como autores precoces, parecer\u00eda que a la larga el rigor autocr\u00edtico se impuso sobre la audacia, pues en t\u00e9rminos bibliogr\u00e1ficos, es plausible que estos libros no hayan existido, pero sin duda sellaban el nacimiento de dos vocaciones que fueron inquebrantables. Tambi\u00e9n es importante se\u00f1alar que, en tiempos de renacimiento de la vida republicana, los oficios culturales crec\u00edan en paralelo con la militancia pol\u00edtica, y ni Garmendia ni Cadenas fueron la excepci\u00f3n, aunque el tiempo demostrara que los cors\u00e9s ideol\u00f3gicos no eran para nada compatibles con la libertad creadora. En 1949 Garmendia se hac\u00eda miembro del Partido Comunista y Cadenas lo secundaba en 1950. Ya para esos a\u00f1os una camarilla militar hab\u00eda abortado la breve presidencia de don R\u00f3mulo Gallegos y los vientos represivos volv\u00edan a las calles de Caracas y otras ciudades. Despu\u00e9s de haber cursado el bachillerato en los institutos Lisandro Alvarado de Barquisimeto y Pedro Gual de Valencia, Cadenas hab\u00eda iniciado la carrera de Filosof\u00eda y Letras en la Universidad Central de Venezuela cuando su militancia comunista le vali\u00f3 cinco meses de presidio y luego la expulsi\u00f3n hacia Trinidad y Tobago, donde vivi\u00f3 exilado por cuatro a\u00f1os. De esa estancia, al cabo provechosa, el poeta ha dicho que vivi\u00f3 como \u201cs\u00fabdito de la corona brit\u00e1nica\u201d y que se inici\u00f3 en los estudios de la lengua y la literatura inglesas. All\u00ed escribi\u00f3, precisamente, <em>Una isla<\/em>, que se reconoce como su primer libro, finalmente publicado en 1958, y sin duda comenz\u00f3 <em>Los cuadernos del destierro<\/em>, que se termin\u00f3 editando en 1960.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>El lenguaje de <em>Una isla<\/em> ya era de una extra\u00f1eza admirable, de una novedad sorprendente. \u00bfA qu\u00e9 o a qui\u00e9n se parec\u00eda esta poes\u00eda? Porque entroncarla en la tradici\u00f3n de la poes\u00eda venezolana no parec\u00eda tarea f\u00e1cil. El tono febril quiz\u00e1s se pod\u00eda asociar al de S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, la imaginaci\u00f3n desbocada acaso a la de Ramos Sucre, la adjetivaci\u00f3n recurrente en algo recordaba a la de Moleiro. Pero lo sustancial iba m\u00e1s all\u00e1 de las semejanzas, como si las lecturas for\u00e1neas de Cadenas, y no s\u00f3lo las de poes\u00eda, estuviesen pesando m\u00e1s que la de sus coet\u00e1neos. Uno de los primeros elementos distintivos era la naturaleza filos\u00f3fica de esta poes\u00eda: \u201cel poema no nace, pero es real tu vida\u201d, o \u201cmi frontera con el vac\u00edo\/ ha ca\u00eddo hoy\u201d, o \u201cs\u00f3lo de ti, de nosotros, puedo dar constancia\u201d; otro es el uso recurrente del pronombre t\u00fa para referirse al emisor, como quien habla ante un espejo: \u201ct\u00fa te tienes sobre una tibia hojarasca\u201d, o \u201choy hago memoria de tu reino\u201d; otro m\u00e1s es la certidumbre de que en poes\u00eda las palabras son libres, aut\u00f3nomas, independientes: no es el poeta quien las pesca sino que el oficiante es el pescado: \u201capremiante palabra,\/ casa sin atav\u00edos\u201d.<\/p>\n<p>En el campo de los referentes, que siempre son escasos en la poes\u00eda de Cadenas, podemos encontrar algunas pistas. Uno, sin duda, es el del reciente presidio: \u201cestos muros se hacen transparentes cuando te siento\u201d, o \u201cmi libertad hab\u00eda nacido tras aquellas paredes\u201d, o \u201cel calabozo n\u00famero 3 se extend\u00eda como un amanecer\u201d. Este es a\u00fan m\u00e1s expl\u00edcito en el poema \u201cA un esbirro\u201d, cuyo primer verso llega a ser expl\u00edcito: \u201crostros deben andar por su caf\u00e9, por sus calles de llanto, por el humo de su cigarrillo\u201d. Otro referente clave, porque luego pr\u00e1cticamente desaparece en la poes\u00eda de Cadenas, es el amor carnal, siempre tratado como ejercicio de trascendencia: \u201ct\u00fa y yo solos e inmensos levantaremos nuestra rosa a las tinieblas\u201d, o \u201ct\u00fa reinas en el centro de esta conflagraci\u00f3n\/ y del primero\/ al s\u00e9ptimo d\u00eda\/ tu cuerpo es un arrogante\/ palacio\/ donde vive\/ el\/ temblor\u201d. Por \u00faltimo, es comprensible que el referente isla se preste a escenas portuarias, playeras, exuberantes o t\u00f3rridas: vegetaci\u00f3n desbordante, mercados atestados de v\u00edveres, cuerpos lujuriosos. Pero en el desarrollo po\u00e9tico prevalecer\u00e1 el concepto de isla como entidad o unidad, como vocer\u00eda \u00fanica o solitaria, como constituci\u00f3n del yo po\u00e9tico, cuyo confinamiento podr\u00e1 permitirse un lenguaje \u00fanico, sustancial, incontaminado. Cualquier tema, dato o asomo ser\u00e1 el pretexto para un ejercicio de elevaci\u00f3n: el estado po\u00e9tico se alcanza en la medida en que el lenguaje comienza a resonar como una trama propia, \u00fanica, autosuficiente. Y para ello, el poeta se convence de que la subjetividad debe llevarse a un grado cero, dir\u00edamos inexistente, donde el yo se apaga y no debe interferir: es esa galaxia aut\u00f3noma de palabras, con brillo propio, la que expone su depurado mar de correspondencias, que nos ba\u00f1a y nos desborda, y al final nos lleva a otro estadio del entendimiento. Este destello de po\u00e9tica claramente cadeniana, es bueno advertirlo, ya estaba presente en el primer libro del poeta. De manera que la evoluci\u00f3n de su poes\u00eda estar\u00e1 siempre asociada al mayor estado de despojamiento que se pueda encontrar.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Desde su aparici\u00f3n en 1960, <em>Los cuadernos del destierro<\/em> ha sido uno de los poemarios m\u00e1s le\u00eddos y valorados de la tradici\u00f3n venezolana. Tiene a su favor un discurso de f\u00e1bula que llega a semejar el aliento de las cosmogon\u00edas. Todo lo que el emisor va encontrando es deslumbrante, incre\u00edble, inaugural. El sujeto que narra se reconoce como parte de una estirpe, de la que \u00e9l vendr\u00eda a ser el \u00fanico sobreviviente o el \u00faltimo representante: legi\u00f3n alica\u00edda que proviene de tiempos mejores. Como Ad\u00e1n en el para\u00edso, lo va describiendo todo, pero a la vez ese todo es cambiante: muta de manera permanente. Es un pa\u00eds que, por su extrema lujuria floral, por la proliferaci\u00f3n de brujos y duendes, se hace \u00fanico, es capaz de proyectar un estado especial de encantamiento. El emisor tiene una percepci\u00f3n doble: por un lado, describe lo desconocido, pero por el otro, intuye que ya ha estado all\u00ed. En esto recuerda el maravilloso efecto de \u201cLas ruinas circulares\u201d, de Jorge Luis Borges, donde sabemos que el tiempo es c\u00edclico, que las ruinas se visitan y visitan como si fuese por primera vez.<\/p>\n<p>En cuanto al plano formal, lo primero que destaca en estos cuadernos es que, en gran medida, est\u00e1n escritos en prosa. Y en la tradici\u00f3n venezolana, esta elecci\u00f3n pr\u00e1cticamente no la ve\u00edamos desde Ramos Sucre. Por lo dem\u00e1s, al respecto adelantar\u00edamos que los paralelismos con la obra del poeta cuman\u00e9s no s\u00f3lo tienen que ver con lo formal, sino tambi\u00e9n con lo tem\u00e1tico. Contrastemos varias citas en las que forma y fondo parecen prosa contigua. Cuando Ramos Sucre dice \u201cyo viv\u00eda en un pa\u00eds intransitable, desolado por la venganza divina\u201d, o \u201cyo viv\u00eda retirado en el campo desde el fenecimiento de mi juventud\u201d, o \u201cyo quisiera estar entre vac\u00edas tinieblas, porque el mundo lastima cruelmente mis sentidos\u201d, Cadenas dice: \u201cyo pertenec\u00eda a un pueblo de grandes comedores de serpiente\u201d, o \u201cyo visit\u00e9 la tierra de luz blanda\u201d, o \u201cyo entr\u00e9 al aire de los tiburones cuando unas mujeres se reclinaban\u201d, o \u201cyo ignoraba todo lo concerniente a m\u00ed y a mis ancestros\u201d. En s\u00edntesis, un mismo yo parece errar entre la extra\u00f1eza y el deslumbramiento, el primero m\u00e1s cerca del padecimiento y el segundo m\u00e1s pr\u00f3ximo al desvelo.<\/p>\n<p>Bueno es recordar que la obra de Ramos Sucre, publicada casi toda en los a\u00f1os 20, no entr\u00f3 en sinton\u00eda con su tiempo. Hubo que esperar hasta la d\u00e9cada de los 60 para que la cr\u00edtica y la academia reconocieran a un aut\u00e9ntico raro. Encontrar las influencias de un adelantado siempre es m\u00e1s dif\u00edcil que identificar el legado que deja, pero al calor de una d\u00e9cada tan explosiva en creaci\u00f3n y agrupaciones literarias como la del 60, es muy probable que Cadenas lo haya descubierto y le\u00eddo conforme lo hac\u00edan los poetas de la Generaci\u00f3n del 58. C\u00f3mo no sorprenderse ante un poeta que escrib\u00eda todo en prosa, que voluntariamente eliminaba el pronombre relativo que en todos sus textos, que mostraba una subjetividad lacerada, que se refer\u00eda a paisajes imaginarios, que era v\u00edctima del insomnio y que sin mayor reconocimiento acab\u00f3 con su vida en 1930. Podr\u00eda haber sido otro gran rom\u00e1ntico alem\u00e1n, pero trastocado en un tiempo y lugar dispares. Ese lenguaje febril, alterado, insuflado, sin duda pasa a Cadenas en libros como <em>Los cuadernos del destierro<\/em>, pero con una variante que es definitiva y que se va agrandando con el tiempo, y es la de sostener, en clave casi filos\u00f3fica, que el yo es una impostura, un simulacro, un concepto corto para abrazar lo que, en palabras de Cadenas, ser\u00eda \u201cel milagro de la existencia\u201d.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>El poema \u201cDerrota\u201d, quiz\u00e1s el m\u00e1s conocido de Cadenas, se public\u00f3 originalmente el 31 de mayo de 1963 en el suplemento Clar\u00edn del viernes y no se recogi\u00f3 en libro hasta 1970. Aparece a tres a\u00f1os de publicarse Los cuadernos del destierro y tres a\u00f1os antes de editarse <em>Falsas maniobras<\/em>, su libro siguiente. Es un poema extra\u00f1o, coyuntural, que no responde ni a la voz ni a la evoluci\u00f3n de la obra de Cadenas. Sabemos que el poeta no ha sido muy partidario de reconocerlo, de compilarlo, y mucho menos de leerlo en recitales p\u00fablicos. Al respecto ha dicho, en un giro muy suyo, que ya no reconoce a la persona que lo escribi\u00f3. Pero el poema calz\u00f3 en la coyuntura pol\u00edtica del momento y fue alabado y reproducido en copias multigrafiadas por una enorme corte de estudiantes. Para entonces, se dir\u00eda que el fulgor de la Revoluci\u00f3n cubana, a la que se plegaba un importante movimiento insurreccional en Venezuela, sirvieron de aparato transmisor. Por lo dem\u00e1s, extra\u00f1a celebraci\u00f3n de un texto por parte de estas audiencias, pues m\u00e1s que celebrar el momento pol\u00edtico, lo condenaba a modo de epitafio: ya sabemos que el vocero del mensaje se declara incapaz de llevar nada a cabo. Pero me temo que la interpretaci\u00f3n del poema est\u00e1 en otro campo, que no tiene que ver con la poes\u00eda y s\u00ed con la militancia pol\u00edtica que Cadenas abraz\u00f3 desde joven. En este sentido, \u201cDerrota\u201d debe leerse como un testamento personal, como la convicci\u00f3n creciente de que las ideolog\u00edas nada aportan al discernimiento de la condici\u00f3n humana. Cadenas ve en el pensamiento ideol\u00f3gico una trampa, un subterfugio para evitar instancias mayores. La ideolog\u00eda, precisamente, fosiliza las ideas, las paraliza hasta convertirlas en nociones muertas, inamovibles; m\u00e1s que palancas de cambio, son credos que se repiten como quien murmura una oraci\u00f3n en un templo.<\/p>\n<p>En otra l\u00ednea interpretativa, m\u00e1s veraz, qui\u00e9n sabe si \u201cDerrota\u201d responde m\u00e1s bien a la condici\u00f3n del poeta en sociedad, al hecho de ser \u201cobjeto de risa\u201d, al hecho de no considerarse que el suyo es un oficio, al hecho de ser \u201chumillado por profesores de literatura\u201d, al hecho de perder \u201clos mejores t\u00edtulos para la vida\u201d. Verdadero acto de depuraci\u00f3n, \u201cDerrota\u201d s\u00ed nos habla de los mundos, nociones, valores o conductas que el poeta debe abandonar para volverse tal. Se trata de una especie de viacrucis, de apuesta al vac\u00edo, de acto de despojo, donde se van borrando aspectos de la personalidad, sistemas de valores o creencias constructivas. Consciente o no, a partir de \u201cDerrota\u201d, si no antes, Cadenas se abre a su ascetismo particular, lleno de un rigor inverso al usual, porque busca la esencia de la palabra, las nociones de vida m\u00e1s despojadas, el viaje hacia una realidad alterna. A partir de all\u00ed, se hace acompa\u00f1ar por los m\u00edsticos espa\u00f1oles, por los exponentes del hinduismo o del budismo zen, siempre buscando una mayor dosis de despojamiento, o quiz\u00e1s postulando la concepci\u00f3n de que la cultura no es carga sino m\u00e1s bien abandono: \u201calgunas veces de ti no queda nada\u201d. Y s\u00ed, que no quede nada, que la expresi\u00f3n haga entender que la realidad es inabarcable, que las palabras sean apenas tentativas, ensayos fallidos para llevarnos a otra parte, para lograr ese estado de revelaci\u00f3n que al menos en Occidente, desde los presocr\u00e1ticos, se nos escapa de las manos, sumidos como estamos en la dictadura del yo, ese tiranuelo que todo lo dispone porque gobierna todos nuestros actos.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>El estudiante Cadenas que en los a\u00f1os 50 debe abandonar sus estudios de Filosof\u00eda y Letras para ir a presidio y luego al exilio en Trinidad, regresa en los 60 a su alma mater. Pero la realidad de la Universidad Central de Venezuela es otra: por sus claustros ha pasado un remolino, la llamada Renovaci\u00f3n, impulsada sobre todo por los propios estudiantes, que ha cambiado las visiones acad\u00e9micas y los programas de estudio. Como resultado, Filosof\u00eda y Letras se separan y ahora son carreras independientes. El poeta se inicia como profesor y asume la c\u00e1tedra de literatura espa\u00f1ola en la reci\u00e9n estrenada Escuela de Letras: los estudiantes que lo siguen descubren que el autor de \u201cDerrota\u201d habla muy pausadamente, como si el silencio importara m\u00e1s que las palabras. Son a\u00f1os de renacimiento cultural, porque la ca\u00edda de la dictadura est\u00e1 muy fresca y porque Venezuela reinstaura la democracia despu\u00e9s del fallido trienio que la abort\u00f3 en 1948. La Escuela de Letras bulle entre sus excelentes profesores y procura absorber los mejores modelos acad\u00e9micos del momento. Pronto se definen tres grandes matrices para ordenar las c\u00e1tedras y las materias: una englobar\u00e1 los estudios ling\u00fc\u00edsticos, otra los estudios propiamente literarios y una tercera se llamar\u00e1 \u201cNecesidades expresivas\u201d, como para acoger las disciplinas que est\u00e1n m\u00e1s cerca de la creaci\u00f3n literaria. En ese tercer campo se refugian muchos escritores y estudiosos, que postulan cursos de Mitolog\u00eda, Simbolog\u00eda, Estudio de las religiones y disciplinas afines como Teatro, Cine, M\u00fasica o Artes Visuales. La Escuela de Letras es el territorio de la experimentaci\u00f3n, donde la Cr\u00edtica y la Creaci\u00f3n a veces van de la mano y a veces se recelan mutuamente.<\/p>\n<p>En ese ambiente de m\u00faltiples cruces y tendencias, vale la pena destacar tres influencias de peso que marcaron la obra de Cadenas, no tanto po\u00e9ticas como s\u00ed de pensamiento o de concepci\u00f3n de mundo. La primera fue la de J. R. Guillent P\u00e9rez (1923-1989), fil\u00f3sofo venezolano que se form\u00f3 en Francia y que dedic\u00f3 toda su vida a la investigaci\u00f3n y la docencia. Siendo muy joven, a Guillent se le recuerda por haber creado en 1950 el grupo \u201cLos Disidentes\u201d, que reuni\u00f3 a los m\u00e1s importantes artistas venezolanos residentes en Francia bajo el siguiente postulado: denunciar tanto la dependencia como el vasallaje cultural de los pueblos latinoamericanos de cara a la cultura occidental y, en compensaci\u00f3n, asumir un papel protag\u00f3nico desde esa misma cultura para dar una respuesta latinoamericana a la crisis de posguerra de Occidente. Pero el Guillent que nos interesa en cuanto al influjo de su obra sobre Cadenas es otro: es el que, en libros como <em>El hombre corriente y la verdad<\/em>, afirma que el conocimiento es un camino inconducente, que el idealismo y el materialismo son intentos fracasados, que \u201cno hay nada que pueda darle sentido a la vida, excepto la vida misma\u201d. Ante lo que llama el fracaso del pensamiento o, en todo caso, el reconocimiento de sus limitaciones, el Guillent de la madurez apela a maestros como Lao Ts\u00e9 o Her\u00e1clito, o a cosmovisiones como las del Cristianismo en su m\u00e1s temprana edad o al Budismo m\u00e1s avanzado que encarna el Zen. Esta senda, sin duda, era tambi\u00e9n la de Cadenas, que si en alg\u00fan momento fue s\u00f3lo intuida, a trav\u00e9s de la escritura de Guillent tomaba forma y se hac\u00eda discurso consciente. Esta sinton\u00eda entre Guillent P\u00e9rez y Cadenas, colegas docentes, se hace expl\u00edcita en una entrevista que publica El Nacional el 24 diciembre de 1966. Guillent pregunta: \u201c\u00bfHay temas en la poes\u00eda?\u201d Cadenas contesta: \u201cLo importante no es el tema, sino la visi\u00f3n (\u2026). Cualquier tema vale por el desarrollo que se le d\u00e9. Hay un poema japon\u00e9s muy famoso sobre una rana, Blake tiene otro sobre una rosa destruida por un gusano, William Carlos Williams escribi\u00f3 otro sobre una carretilla. Todos son m\u00ednimos y todos misteriosos. Sin embargo, el tema \u00fanico es la existencia, la interrogaci\u00f3n en la que se funda, los caminos hacia la trascendencia. Los dem\u00e1s temas giran en torno a este eje (\u2026). La poes\u00eda pertenece a lo m\u00e1s \u00edntimo, a lo m\u00e1s sagrado, a lo m\u00e1s tembloroso del hombre. No es asunto de frases bonitas (algunas veces es todo lo contrario), aunque eso hayan cre\u00eddo muchas personas, y tambi\u00e9n muchos poetas venezolanos\u201d. Quien esto dice, es el Cadenas de 36 a\u00f1os que acaba de publicar <em>Falsas maniobras<\/em>, su tercer libro, y no deja de ser extra\u00f1o ese se\u00f1alamiento a sus coet\u00e1neos, a los \u201cmuchos poetas venezolanos\u201d, porque sin duda es una reserva de cara a lo que se escribe en el momento. Quiz\u00e1s se\u00f1ala hacia la poes\u00eda edulcorada, artificiosa, m\u00e1s tributaria de la forma que del fondo. Pero tambi\u00e9n es una se\u00f1al de que su poes\u00eda nada debe a esas facturas, que deambula m\u00e1s bien solitaria, que hurga mucho y se expone poco, que no se siente correspondida en modos ni intenciones.<\/p>\n<p>La segunda gran influencia del momento tiene que ver con la amistad que traba con otro colega docente, en este caso Rafael L\u00f3pez Pedraza (1920-2011), psicoterapeuta y escritor de origen cubano que llega a Venezuela en 1949. L\u00f3pez Pedraza se relaciona en Caracas con escritores y artistas, y tambi\u00e9n con importantes psicoterapeutas, pero en 1963 viaja a Z\u00farich, donde finalmente ingresa en el Instituto Jung y se mantiene por once a\u00f1os, trabajando directamente con el reconocido analista James Hillman. Tambi\u00e9n con un grupo de colegas terapeutas ampl\u00eda sus estudios en historia de la cultura, mitolog\u00eda e iconolog\u00eda: es el origen de una rama que terminan llamando \u201cpsicolog\u00eda de los arquetipos\u201d o \u201cescuela arquetipal\u201d. En 1974 regresa a Caracas y en 1976 inicia un seminario de Mitolog\u00eda en la Escuela de Letras que frecuentan profesores, alumnos y visitantes. L\u00f3pez Pedraza termina siendo uno de los pensadores m\u00e1s penetrantes de Venezuela. Su campo espec\u00edfico de abordaje \u2013el an\u00e1lisis psicol\u00f3gico de las expresiones art\u00edsticas o de las formas culturales\u2013 es muy singular y a la vez revelador de los misterios insondables de la creaci\u00f3n. Uno de sus primeros libros, <em>La ansiedad cultural<\/em>, nos demostr\u00f3 que una condici\u00f3n ps\u00edquica domina los h\u00e1bitos de la sociedad contempor\u00e1nea: aqu\u00e9lla que vive en el desasosiego del consumo ilimitado, y uno de sus \u00faltimos, <em>Sobre h\u00e9roes y poetas<\/em>, sostiene que el monote\u00edsmo es una cu\u00f1a clavada en un tejido cultural fundamentalmente pagano, y que ello es origen de tensiones ps\u00edquicas que persisten hasta hoy. Es de imaginar que Cadenas hall\u00f3 en el an\u00e1lisis arquetipal un mecanismo capaz de transparentar procesos que en poes\u00eda son muchas veces inconscientes, y tambi\u00e9n es de imaginar que L\u00f3pez Pedraza reconoci\u00f3 en la poes\u00eda de Cadenas una trama reveladora en la que el yo no se impone, pues seg\u00fan el an\u00e1lisis junguiano el exceso de identificaci\u00f3n subjetiva con patrones materiales o espirituales marca el comienzo de la locura<\/p>\n<p>La tercera y \u00faltima influencia de Cadenas durante ese per\u00edodo de formaci\u00f3n no es presencial pero s\u00ed bibliogr\u00e1fica, y tiene que ver con el pensamiento del fil\u00f3sofo y te\u00f3logo Alan Watts, nacido en Kent, Inglaterra, en 1915, y fallecido en California, Estados Unidos, en 1973. Watts se hizo sacerdote anglicano desde muy joven, pero como autodidacta omn\u00edvoro se fue orientando cada vez m\u00e1s hacia el estudio comparado de las religiones, convirti\u00e9ndose hacia los a\u00f1os 60 en uno de los m\u00e1s importantes int\u00e9rpretes y difusores de filosof\u00edas asi\u00e1ticas como Tao\u00edsmo, Hinduismo o Budismo Zen. Con una veintena de libros publicados, los temas de Watts resonaban en los intereses po\u00e9ticos de Cadenas, a saber: los misterios de la identidad personal, la verdadera esencia de la realidad, la elevaci\u00f3n de la conciencia, la b\u00fasqueda de la trascendencia o, dicho en palabras del propio Watts, \u201cla naturaleza \u00faltima de las cosas\u201d. Apasionado por las f\u00e1bulas y los cuentos rom\u00e1nticos del para entonces Lejano Oriente, y tambi\u00e9n fascinado por la pintura china, al sentir que enfatizaba la relaci\u00f3n entre humanidad y naturaleza, en un momento de su vocaci\u00f3n divergente Watts se vio obligado a escoger entre el cristianismo anglicano de su entorno familiar y el budismo, decant\u00e1ndose por este \u00faltimo y convirti\u00e9ndose en uno de los promotores del llamado \u201cLondon Buddhist Lodge\u201d, fundado principalmente por te\u00f3sofos. De alguna manera, Occidente tuvo que esperar hasta el advenimiento en los a\u00f1os 60 del movimiento beat, de la psicodelia o de los pensadores contraculturales norteamericanos, para tener una relaci\u00f3n m\u00e1s fluida con las ancestrales culturales orientales, y en ese despertar sin duda que Watts, le\u00eddo por Cadenas, fue un puente, un articulador, un verdadero traductor de s\u00edmbolos y conceptos que no conoc\u00edamos. Hoy en d\u00eda, en plena globalizaci\u00f3n, nadie se extra\u00f1a frente a la realidad cultural de Oriente, pero en aquella \u00e9poca est\u00e1bamos verdaderamente desvelados frente a la riqueza y el peso espiritual de una cultura que, ante los ojos occidentales, parec\u00eda nacer por primera vez.<\/p>\n<p><strong>VI<\/strong><\/p>\n<p>Dentro de su primera trilog\u00eda de libros, tiendo a pensar que Falsas maniobras es el m\u00e1s acabado de los tres, es el que mejor apunta hacia lo que en definitiva ser\u00e1 la obra de Cadenas. El poeta ya no ensaya como lo hace la voz inicial de <em>Una isla<\/em> ni tampoco debe responder verbalmente a ese estado de encantamiento que gravita en <em>Los cuadernos del destierro<\/em>. Aqu\u00ed est\u00e1n de lleno los modos, las inclinaciones y los quiebres que caracterizan su obra: el t\u00fa que es un yo desdoblado, la b\u00fasqueda de un estado de plenitud que no llega, la situaci\u00f3n de carencia que siempre caracteriza a la condici\u00f3n humana, la poes\u00eda misma considerada como una tentativa perpetua (nunca como un hallazgo). Y en cuanto al estilo, un cierto automatismo ps\u00edquico, que seg\u00fan la consigna surrealista busca la asociaci\u00f3n libre entre las palabras, sin duda est\u00e1 presente. Si extrem\u00e1ramos las filiaciones, podr\u00edamos admitir que este libro algo hereda de la obra de Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez cuando pensamos en las sonoridades, en la adjetivaci\u00f3n, en la exposici\u00f3n de una subjetividad siempre incompleta, o de alg\u00fan modo sufriente. Un poema como \u201cNombres\u201d es un ejemplo vivo de lo que describimos:<\/p>\n<p><em>Te llamas hoja h\u00fameda, noche de apartamento solo, vicisitud, campana, tersura y lascivia, ingenuidad, lisura de la piel, luna llena, crisis<\/em><\/p>\n<p><em>oh mi cueva, mi anillo de saturno, mi loto de mil p\u00e9talos<\/em><\/p>\n<p><em>\u00c9ufrates y Tigris, erizo de mar, guirnalda, Jano, vasija, t\u00f3rtola, S.<\/em><\/p>\n<p><em>y tr\u00e9bol ov\u00edpara<\/em><\/p>\n<p><em>uva, vellocino y petrificaci\u00f3n podr\u00edas llamarte\u2026<\/em><\/p>\n<p><em>pero tu nombre es<\/em><\/p>\n<p><em>lecho, lavamanos, dent\u00edfrico, caf\u00e9, primer cigarrillo,<\/em><\/p>\n<p><em>luego sol de taxis, acacia, tambi\u00e9n te llamas acacia y six pi em<\/em><\/p>\n<p><em>\u2013em\u2013 o half past six o seven, cerveza y Shakespeare<\/em><\/p>\n<p><em>y vuelves a llamarte hoja h\u00fameda, noche de apartamento solo d\u00eda tras d\u00eda,<\/em><\/p>\n<p><em>s\u00ed, tienes tantos nombres y no te puedo llamar<\/em><\/p>\n<p><em>todo tan absurdo como esas ma\u00f1anas sin amor que el espejo de los ba\u00f1os recoge y protege<\/em><\/p>\n<p><em>todo tan desoladamente inabordable todo tan cauda perdida<\/em><\/p>\n<p>Ahora bien, si afirmamos que <em>Falsas maniobras<\/em> es ya un libro de la madurez expresiva, que marca para siempre la evoluci\u00f3n de su obra, \u00bfc\u00f3mo entender, en definitiva, los rasgos que caracterizan la poes\u00eda de Cadenas? En esta instancia, creo que lo mejor es decirlo con sus propias palabras y entresacarlas de una conversaci\u00f3n que grabamos en 2014 y que luego fue publicada como entrevista en la revista Cuadernos Hispanoamericanos. Estas ser\u00edan las sentencias del maestro:<\/p>\n<p>Primera: Para m\u00ed la literatura comienza a ser algo determinante desde que me aficion\u00e9 a la lectura y, con ella, a tratar de escribir poes\u00eda. Pero hoy pienso que la poes\u00eda es un arte volcado a lo indecible. Se trata de una imposibilidad, a la que tampoco escapa la prosa. La realidad es el misterio absoluto, y el lenguaje, que trata de asirla, yace en una segunda instancia. Para caracterizar esta separaci\u00f3n, el polaco Alfred Korzybski, creador del concepto \u201csem\u00e1ntica general\u201d, usa la palabra unspeakable.<\/p>\n<p>Segunda: En cuanto a influencias literarias, puedo mencionar a Whitman, Rilke, Michaux, Cavafy, Pessoa, William Carlos Williams y muchos m\u00e1s. En medio de sus voces trato de encontrar la m\u00eda propia. Y en cuanto a la prosa escrita en nuestro idioma, me interesan Alfonso Reyes, Antonio Machado, Baldomero San\u00edn Cano, Pedro Salinas, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Fernando Savater, y por supuesto otros, porque la lista es larga. Aqu\u00ed incluyo a poetas que son magn\u00edficos prosistas. De algunos prefiero incluso su prosa, sin que esto signifique subestimar su poes\u00eda.<\/p>\n<p>Tercera: Creo no tener obsesiones por textos, movimientos o autores. Aunque s\u00ed deber\u00eda reconocer que me obseden aquellas corrientes de pensamiento que tienen que ver con una constante muy fuerte en m\u00ed: el asombro ante el misterio de la existencia, algo que es absolutamente infranqueable para la mente. Aunque podamos entender que exista, ese hecho nos sobrepasa. Por eso siento que mi habitaci\u00f3n es el no saber.<\/p>\n<p>Cuarta: En cuanto a la evoluci\u00f3n de mi obra, dir\u00eda que la poes\u00eda viene de la poes\u00eda, y la que he venido escribiendo ha ido hacia una contenci\u00f3n. En prosa se puede decir todo, pero en poes\u00eda, a pesar de que el lenguaje se ha ampliado much\u00edsimo, mora sobre todo el silencio. Aviso a los poetas: la principal fuente del idioma est\u00e1 en la prosa.<\/p>\n<p>Quinta: Me cuesta mucho valorar mis libros, pero creo que hoy en d\u00eda tengo m\u00e1s afinidad con <em>Memorial, Gestiones <\/em>y <em>Sobre abierto<\/em>. En ellos la expresi\u00f3n ocurre a trav\u00e9s de motivos, lo cual permite borrar al yo.<\/p>\n<p>Sexta: La imagen que me definir\u00eda mejor podr\u00eda ser la de tercero: M\u00e1s que piloto de su andanza, la de alguien a quien le cuesta decidir, y por eso es llevado. Lo de \u201csoy el capit\u00e1n de mi alma\u201d le queda ancho. Debido a esa caracter\u00edstica, no se recomienda a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>S\u00e9ptima: En torno a la muerte, sobre la que no pienso mucho, hago m\u00edas estas l\u00edneas de Montaigne: \u201cQuiero que obremos y que prolonguemos las tareas de la vida tanto como sea posible, y que la muerte me encuentre plantando mis coles, pero despreocupado de ella, y todav\u00eda m\u00e1s de mi jard\u00edn imperfecto.\u201d Dicho de otra manera: nuestra finitud vuelve importante cada momento que vivimos.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>El siguiente ciclo de la obra de Cadenas corresponde a las d\u00e9cadas de los a\u00f1os 70 y 80. El poeta guarda un largo silencio de once a\u00f1os entre <em>Falsas maniobras<\/em>, que es de 1966, e Intemperie, que es de 1977, pero en este mismo a\u00f1o tambi\u00e9n publica <em>Memorial<\/em>, uno de sus libros fundamentales, y un poco despu\u00e9s <em>Amante<\/em>, que es de 1983, completando as\u00ed una segunda trilog\u00eda. Vi\u00e9ndolo en perspectiva, se comprueba que el silencio entre los dos ciclos no era tal, sino m\u00e1s bien un per\u00edodo de mucho trabajo y meditaci\u00f3n. Intemperie, ciertamente, es un libro breve, que podr\u00eda hasta leerse como la antesala del que sigue, <em>Memorial<\/em>, todo un centro de gravitaci\u00f3n, y sin embargo ya introduce las se\u00f1as de identidad del per\u00edodo. Asombra, sobre todo, la persistencia del despojamiento, la necesidad no de borrar el yo pero s\u00ed de abolirlo, para que nada valga, o m\u00e1s bien para que no tenga significaci\u00f3n. Verso tres verso se repite este prop\u00f3sito: \u201cVida\/ arr\u00e1same,\/ barre todo,\/ que s\u00f3lo quede\/ la c\u00e1scara vac\u00eda, para no llenarla m\u00e1s,\/ limpia, limpia sin escr\u00fapulo\/ y cuanto sostuviste deja caer\/ sin guardar nada\u201d. O en otro pasaje m\u00e1s claro a\u00fan: \u201cNo lleves m\u00e1s\/ la pesadilla.\/ Tenaz\/ se envuelve con nuestra piel.\/ Ech\u00e9mosla por la borda.\u201d En s\u00edntesis \u2013 releo los verbos\u2013, barrer, arrasar o vaciar, para que haya claridad, para que haya despertar. La pesadilla viene a ser la acumulaci\u00f3n de pensamiento, esa barrera que no nos permite ver la realidad. \u00bfUn estado de iluminaci\u00f3n? Creo que se aspira a menos: quiz\u00e1s a un estado de discernimiento. Estar a la intemperie, por lo tanto, no significa estar desprotegido, sino m\u00e1s bien abierto a todos los influjos de la realidad, a todos los est\u00edmulos.<\/p>\n<p>En <em>Memorial<\/em>, que es un libro de muchas caras, Cadenas recupera un plano de la cotidianidad que no estaba presente en sus libros anteriores. Esos niveles de abstracci\u00f3n, que de tanta contenci\u00f3n creaban mundos \u00fanicos, como en <em>Los cuadernos del destierro<\/em>, aqu\u00ed ceden en funci\u00f3n de otras circunstancias. Los prop\u00f3sitos siguen, pero los escenarios cambian. Al respecto, reconozcamos el paisaje natural pero tambi\u00e9n humano de Caracas en este poema de t\u00edtulo \u201cAl despertar\u201d: \u201c\u00bfQu\u00e9 s\u00e9 yo de razones?\/ Mi pensamiento es esta ma\u00f1ana que se eleva\/ sobre la ondulaci\u00f3n del cerro,\/ la niebla que envuelve\/ algunos p\u00e1jaros,\/ la bulla\/ del mercado, los gavilanes que todav\u00eda\/ se acercan a esta orilla de la ciudad,\/ la taza de caf\u00e9\/ antes de salir a la calle\/ cuando todav\u00eda no estoy conmigo.\u201d Pero a la par de esta novedad, sobreviven otras tendencias ya conocidas, como la que refiere a estados de iluminaci\u00f3n en versos como: \u201cUn d\u00eda, de tanto verte, te vi\u201d, o \u201cComo el salto de la luz en una hoja\u201d, o m\u00e1s a\u00fan \u201cEsto te debo: haber restablecido el instante en mis ojos. J\u00fabilo que no puede morir porque no tiene nombre\u201d: o como la que finalmente remite a la descripci\u00f3n perfecta de una po\u00e9tica en este verso limpio: \u201cLa palabra no es el sitio del resplandor, pero insistimos, insistimos, nadie sabe por qu\u00e9.\u201d<\/p>\n<p>Para cerrar esta segunda trilog\u00eda, habr\u00eda que reconocer que el libro <em>Amante<\/em> en parte se concibe a partir de unos versos de William Carlos Williams que Cadenas coloca a manera de ep\u00edgrafe: \u201cWhy do you try\/ so hard\/ to be a man. You are a lover.\u201d Esta distinci\u00f3n \u2013you are a lover\u2013 recorre el libro de cabo a rabo, y le otorga a la palabra amante un campo sem\u00e1ntico muy amplio: podr\u00eda ser el yo desdoblado, o el t\u00fa lector, o la amante furtiva o esa otredad fantasmal que a veces es y a veces no es. Un libro, sin duda, extra\u00f1o dentro de los registros de la obra de Cadenas, y por eso mismo singular. Se mantiene esa b\u00fasqueda inquisidora en torno a la realidad, pero con un tono que llega a ser conversacional. El emisor indaga siempre con preguntas, cuyas respuestas parecen no llegar: \u201c\u00bfC\u00f3mo pudiste vivir\/ de la idea\/ que la ocultaba,\/ con un sabor\/ que no era de ella,\/ huyendo\/ de su aparecer\/ que era tambi\u00e9n el tuyo?\u201d; o mejor: \u201cLo guiaste\/ fuera del pa\u00eds\/ donde vegetaba,\/ el pa\u00eds de la pureza,\/ el pa\u00eds de la detenci\u00f3n,\/ pero despu\u00e9s ten\u00eda que seguir solo,\/ tanteando.\/ No hab\u00eda otra manera de volverte a encontrar.\u201d Amante que finalmente busca una reciprocidad, una correspondencia, sin que claramente la consiga. Hay una devoci\u00f3n que no encaja, hay un deseo que se queda sin objeto. Quiz\u00e1s en el planteamiento profundo de este libro se eche en falta la comuni\u00f3n con cualquier otra forma de alteridad. El amante no parece encontrar al amado, o quiz\u00e1s el amante \u201cSe crey\u00f3 due\u00f1o\/ y ella lo oblig\u00f3 a la m\u00e1s honda encuesta,\/ a preguntarse qu\u00e9 era en realidad suyo.\/ Despu\u00e9s lo tom\u00f3 en sus manos\/ y fue formando su rostro\/ con el mismo material del extrav\u00edo, sin desechar nada,\/ y lo devolvi\u00f3 a los brazos del origen\/ como a quien se am\u00f3 sin dec\u00edrselo.\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>En las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, sabemos que Cadenas ha publicado <em>Dichos (1992), Gestiones (1992), Sobre abierto (2012), En torno a Bash\u00f4 y otros asuntos (2016) y Contestaciones (2018)<\/em>. Poes\u00eda muy reflexiva y condensada en los dos primeros, poes\u00eda que vuelve a sus intereses iniciales el tercero, poes\u00eda que revisita el haiku y se sumerge en la intensidad de la contemplaci\u00f3n el cuarto y poes\u00eda que curiosamente entra en di\u00e1logo con las sentencias pol\u00edticas o los credos ideol\u00f3gicos el quinto. Pero ya a manera de conclusi\u00f3n quisiera detenerme en el libro <em>Anotaciones (1983)<\/em>, porque tiendo a pensar que, en esas p\u00e1ginas, Cadenas se aproxima lo m\u00e1s que puede a la definici\u00f3n de una po\u00e9tica. De entrada, esto ser\u00eda contradictorio para quien, precisamente, huye de las definiciones, pero creo que bastan sus opiniones, sus pensamientos o sus visiones para inferir lo otro, esto es, su concepci\u00f3n de la poes\u00eda o de los elementos que la condicionan. Es tanta su precisi\u00f3n y preocupaci\u00f3n por tantos temas capitales, que vale la pena diseccionarlos uno por uno y escuchar la voz del poeta:<\/p>\n<p>Sobre el poeta moderno: El poeta moderno habla desde la inseguridad. No tiene m\u00e1s asidero que la vida. Seguramente una voz queda le dice en los adentros: la \u00e9poca de las causas termin\u00f3. Ya no puedes aferrarte a religiones, ideolog\u00edas, movimientos, ni siquiera literarios. Se acabaron las banderas. Pero este desenga\u00f1o lo libera para luchar en otra clave por lo que religiones, ideolog\u00edas, movimientos dicen defender: lo religioso, lo humano, lo valedero. Esa voz, que parece del nihilismo, podr\u00eda ser m\u00e1s bien la voz de la vida que desea recuperarnos.<\/p>\n<p>Sobre la escritura que nos define: La historia misma nos lleva, o nos trae, a la escritura fragmentaria. \u00bfNo sentimos que los libros, precisamente de quien tanto ha reflexionado sobre aqu\u00e9lla, los de Nietzsche, son como cuadernos de notas? La fragmentaci\u00f3n del mundo tal vez conduce al fragmento, o a todo lo contrario, a la obra ordenadora. En este momento me inclino hacia esa forma de expresi\u00f3n, la que brota sin pretensiones al hilo de los d\u00edas.<\/p>\n<p>Sobre el humanismo: Los d\u00edas del humanismo est\u00e1n contados. Todav\u00eda le queda el amparo de las universidades \u2013no de todas\u2013 donde debe justificarse, demostrar que es necesario, rendir tributo a la sociedad utilitaria. Ha de presentar examen, ponerse el ropaje de la ciencia, que a su vez tiene que rendir cuentas ante la t\u00e9cnica, mostrar sus t\u00edtulos. Todo esto sin avergonzarse. Los \u201chumanistas\u201d no tienen pudor. Son incapaces de defender sus fueron sin arrodillarse ante la sociedad moderna para que los acepte, para que les permita vivir.<\/p>\n<p>Sobre el estado de la lengua: \u00a1C\u00f3mo no va a estar en baja la poes\u00eda si la lengua se encuentra en la mayor penuria de su historia! Ya la distancia entre el lenguaje escrito y el hablado ha sufrido tal ensanche que puede llevar a una escisi\u00f3n, a la existencia de dos lenguas, como ha ocurrido en ciertas culturas. Ese es otro s\u00edntoma de nuestra barbarie, pero no se menciona. La quiebra de la lengua es la quiebra de la cultura, de la sociedad y del esp\u00edritu. Es tan indeciblemente importante ense\u00f1arla bien. Deber\u00eda ser el eje de la educaci\u00f3n en la escuela, en el liceo, en las escuelas de letras. Con todo, ning\u00fan Estado le da importancia. Sin ese instrumento, dice Pound en <em>El arte de la poes\u00eda<\/em>, el propio Estado se va al diablo.<\/p>\n<p>Sobre el hombre de letras: Un hombre en un apartamento de esta ciudad o de cualquier otra lucha con las palabras. Es uno entre millares; no conozco la proporci\u00f3n. Tal vez en otros apartamentos habr\u00e1 otros, pero no debe existir cuenta m\u00e1s f\u00e1cil: la sociedad moderna conden\u00f3 hace tiempo al hombre de letras, al hombre de la pasi\u00f3n por las palabras, a un destierro creciente, pero al mismo tiempo ha perdido la voz. No puede expresarse. Carece de lenguaje. Cuenta con clich\u00e9s, estereotipos, ruidos.<\/p>\n<p>Sobre la literatura: La La ra\u00edz del desd\u00e9n hacia la literatura es el desd\u00e9n hacia la lengua. Quien vuelva la mirada hacia el instrumento que le sirve para expresarse, la volver\u00e1 tambi\u00e9n hacia el arte de usarla o servirla.<\/p>\n<p>Sobre la humanidad: Hemos entrado en una barbarie. No ha habido invasiones. Despu\u00e9s de todo, los b\u00e1rbaros portan una energ\u00eda que avigora civilizaciones cansadas. En nuestro tiempo es la sociedad la que, revestida de progreso, se barbariza. Se trata de una destrucci\u00f3n \u201cinteligente\u201d. Hay algo tan\u00e1tico en el progreso que conocemos.<\/p>\n<p>Sobre el lector de poes\u00eda: Los lectores de poes\u00eda buscan, en el fondo, revelaciones.<\/p>\n<p>Sobre el lenguaje de la poes\u00eda: El lenguaje de la poes\u00eda mira al misterio, lo tiene presente; es lo que lo hace esencial. Los otros lenguajes no lo advierten, no le dan cabida, operan a sus espaldas; muchos de ellos son seguros, afirmativos, sapientes; est\u00e1n llenos de suficiencia; rezuman autoridad. Si algo tiene que ver con la poes\u00eda es la ignorancia fundamental, el no saber, sobre el cual est\u00e1 erigido el mundo del hombre. De ah\u00ed lo inconcluyente de la poes\u00eda. Se mueve en un borde donde no caben certidumbres rotundas. Esta es su fuerza desconcertante.<\/p>\n<p>IX<\/p>\n<p>La obra po\u00e9tica de Rafael Cadenas ha representado, por qu\u00e9 no decirlo, la m\u00e1s importante aventura textual de nuestros tiempos. Sus poemas nos acompa\u00f1an como talismanes desde 1958, con la aparici\u00f3n de Una isla, y ya son seis d\u00e9cadas de cercan\u00edas, revelaciones, renuncias, lecciones o aprendizajes. Mi generaci\u00f3n, particularmente, ha crecido con esta poes\u00eda, ha bebido de ella, ha hecho suya todas las sonoridades. Es nuestro poeta por antonomasia, nuestra secreta compa\u00f1\u00eda, nuestro mascar\u00f3n de proa. Se me dir\u00e1 que este ensalzamiento nada tiene que ver con una poes\u00eda que rese\u00f1a la humildad, que busca lo esencial de la vida, que se aparta de aspavientos, que ve en el yo \u2013esa sacrosanta instituci\u00f3n de Occidente\u2013 una gran trampa. Pero quiz\u00e1s nuestros accidentes hist\u00f3ricos, nuestra ruina pol\u00edtica y moral, ha visto en esta poes\u00eda del despojamiento, parad\u00f3jicamente, una tabla de salvaci\u00f3n. Nunca pens\u00f3 Cadenas que su poes\u00eda pudiera significar tanto para tantos lectores que la buscan o que encuentran refugio en ella. Pero nuevamente son las circunstancias las que han obrado para que esta conjunci\u00f3n sea as\u00ed.<\/p>\n<p>Valga tambi\u00e9n decir que el referente pa\u00eds, de cara al apetito de las vanguardias, ha significado poca cosa. Se le relegaba, se le desde\u00f1aba, se le guardaba en el caj\u00f3n de los objetos perdidos. Pero esta convicci\u00f3n tambi\u00e9n mostraba que nadie valora lo que ya se tiene, como el aire que respiramos. El pa\u00eds, digamos, es un fait accompli, es el armario donde colgamos la ropa. Con esa seguridad, con ese terreno firme, la literatura avanza en libertad plena, pendiente de su propia evoluci\u00f3n, rasgando las vestiduras del conservadurismo y sembrando flores en la cabeza de los obtusos. Hasta que, por supuesto, el pa\u00eds cesa, se detiene, se disuelve, que es lo que ahora ocurre. Nos quitan la pista desde la que despeg\u00e1bamos, nos ocultan las certezas, nos disuelven la cultura que nos explicaba o nos expon\u00eda. La libertad con la que una obra como la de Cadenas ha crecido o evolucionado para criticar el sentido de posesi\u00f3n, los tontos afanes, la vanidad, los modos superfluos de la vida de hoy, y apostar m\u00e1s bien por la trascendencia, por la llama que es todo ser, por una condici\u00f3n m\u00e1s celestial y menos terrenal, tambi\u00e9n cesa o se suspende sin las certidumbres que nos parec\u00edan naturales, eternas. Y es en estos \u00faltimos a\u00f1os cuando, sorprendentemente, sin que estuviera destinada a ello, la obra de Cadenas, a falta de pa\u00eds, crece entre adeptos y lectores para constituirse en un pa\u00eds alterno, con geograf\u00eda propia, con habitantes, con sentimientos, con certezas. Ocurre as\u00ed con las grandes obras cuando los sostenes que las postulaban desaparecen.<\/p>\n<p>El pa\u00eds que en cuanto a esfuerzo colectivo ya no est\u00e1, al menos sobrevive, con otras claves, con otras se\u00f1as, en obras como la de Cadenas. Hablar de islas, de destierros, de derrotas, de falsas maniobras, de intemperies, de memoriales, de amantes, de gestiones, de dichos o de sobres abiertos da para una cartograf\u00eda, da para un pa\u00eds min\u00fasculo pero autosuficiente. En ese pa\u00eds nos refugiamos, aunque sea a la intemperie, en espera quiz\u00e1s de que el otro pa\u00eds, el originario, resucite de las sombras. La obra de Cadenas, afortunadamente, ya no le pertenece: es una isla puesta a flotar, que deriva por m\u00faltiples corrientes, pero en la que vamos todos, apelmazados s\u00ed, pero felices. No es este el destino que el gran poeta, docente, traductor, custodio puntual del lenguaje mal hablado, hubiese querido, creo, para sus versos, pero toda obra es finalmente de los lectores, de los tiempos que la reciben, de los j\u00f3venes poetas que beben de sus aguas. La presencia de Cadenas, m\u00e1s all\u00e1 de Cadenas; su vigilancia secreta, m\u00e1s all\u00e1 de sus gestos parcos; su autoridad moral, m\u00e1s all\u00e1 de quien s\u00f3lo esgrime como prop\u00f3sito de vida la humildad, se constituye en uno de los pocos regalos que estos malhadados tiempos nos han dado. Qu\u00e9 dicha que esa isla flotante sea de palabras; qu\u00e9 oportuno que ese pa\u00eds sea de certezas; qu\u00e9 sost\u00e9n que esa deriva preserve verdades insoslayables. Cuando el pa\u00eds mayor que le hace falta al poeta reaparezca, tendremos tierra para saltar a la tierra, tendremos agua para ba\u00f1arnos en los r\u00edos, tendremos palabras para hablarnos los unos a los otros.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/antonio-lopez-ortega\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio L\u00f3pez Ortega I Quisiera evocar una escena que estimo podr\u00eda ser de 1946. En ella est\u00e1n dos j\u00f3venes: uno se llama Salvador y tiene 18 a\u00f1os; otro se llama Rafael y tiene 16. Ambos suelen reunirse, preferiblemente de tarde, en la plaza Altagracia de la ciudad de Barquisimeto. 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