{"id":3902,"date":"2022-03-20T12:41:00","date_gmt":"2022-03-20T12:41:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3902"},"modified":"2023-11-24T18:32:36","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:36","slug":"dos-cuentos-de-juan-vicente-camacho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-juan-vicente-camacho\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Juan Vicente Camacho"},"content":{"rendered":"<h3 title=\"La estatua de bronce (1854). Juan Vicente Camacho\">La estatua de bronce (1854)<\/h3>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>Era Alberto uno de esos hombres que vienen al mundo para ocupar un lugar distinguido en la sociedad; as\u00ed le abundaban las cualidades morales como se aventajaba en prendas f\u00edsicas. Era alto, bien formado, de miembros delgados y nerviosos. Ten\u00eda ojos de mirada penetrante y fuego irresistible, una boca que envidiar\u00eda una ni\u00f1a de quince a\u00f1os, y una fisonom\u00eda llena de fuego e inspiraci\u00f3n. Largos cabellos negros ondeaban, naturalmente rizados, sobre un cuello que un estatuario pondr\u00eda sobre los hombros de un Apolo, y en su apuesta y gentil presencia se descubr\u00eda la finura aristocr\u00e1tica y el porte de un hombre del gran mundo.<\/p>\n<p>En el momento en que le conocemos est\u00e1 sentado junto a una mesa, cubierta por un tapiz de terciopelo oscuro; en esta mesa se ven con profusi\u00f3n objetos de artes y ciencias diseminados por todas partes; cartas geogr\u00e1ficas, planos principiados, instrumentos de matem\u00e1ticas, pinceles, paletas, trozos de m\u00e1rmol y aves disecadas. En toda la habitaci\u00f3n se encuentran los mismos objetos, m\u00e1s o menos: caballetes de pintor, cuadros antiguos, arreos de caza; esqueletos humanos, cinceles y estatuas de estuco, madera y m\u00e1rmol, rotas las unas, principiadas las otras y ninguna concluida.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s notable que se ve en el centro de aquel sal\u00f3n, colgado y entapizado con un gusto exquisito, es una estatua colosal de bronce de un trabajo perfecto y acabado. Representa a Venus, la voluptuosa protectora del amor, en el momento de recibir una ofrenda. Su cuerpo de formas redondas, m\u00f3rbidas y tentadoras, est\u00e1 ligeramente inclinado hacia delante; tiene un brazo extendido con gracia como para aceptar lo que le ofrecen y con el otro se cubre ruborosa el seno. Respira aquella obra maestra un perfume de amor indefinible; y en sus ojos sin pupilas, en su boca entreabierta, en sus formas de una belleza ideal, hay ese encanto irresistible que tanto conmueve la imaginaci\u00f3n del artista.<\/p>\n<p>Alberto se levant\u00f3 de su asiento y con lento paso y cruzando los brazos se puso a contemplar con un inter\u00e9s, imposible de describir, la hermosa Venus; sus labios se agitaban como si murmurara una oraci\u00f3n, y de vez en cuando hondos suspiros sal\u00edan de su pecho. Encantadora imagen, la dec\u00eda:<\/p>\n<p><em>T\u00fa que un tiempo el amoroso culto<\/em><\/p>\n<p><em>del universo entero recib\u00edas,<\/em><\/p>\n<p><em>t\u00fa que la dicha al coraz\u00f3n volv\u00edas<\/em><\/p>\n<p><em>de los que te imploraban en tu altar,<\/em><\/p>\n<p><em>t\u00fa que en carro de n\u00edtidas neblinas<\/em><\/p>\n<p><em>al vago aliento del Olimpo fuiste;<\/em><\/p>\n<p><em>t\u00fa que vida del alma recibiste<\/em><\/p>\n<p><em>en las revueltas ondas del mar:<\/em><\/p>\n<p><em>Yo te adoro, \u00e1ngel nacido<\/em><\/p>\n<p><em>de las espumas del mar;<\/em><\/p>\n<p><em>si otros te dan al olvido<\/em><\/p>\n<p><em>yo animoso te he erigido<\/em><\/p>\n<p><em>en mi coraz\u00f3n tu altar.<\/em><\/p>\n<p>Y arrodillado ante la estatua, derramaba l\u00e1grimas ardientes, y arrebatado por el impulso de su delirio posada sus labios de fuego en los helados labios de la Venus de bronce. Hablaba con la inanimada Diosa como si fuera su desposada; la hac\u00eda mil protestas de ternura y de amor eterno, y de tal modo estaba dominado de su febril emoci\u00f3n que sin reparar lo que hac\u00eda, puso un magn\u00edfico anillo en los dedos de la Venus, en prueba de su amor imperecedero.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>Desconsolada la noble familia de Alberto de su estado lastimoso, buscaba en vano los m\u00e9dicos m\u00e1s h\u00e1biles para librarle de la fiebre tenaz que le devoraba. Todo era in\u00fatil: Alberto solo pasaba algunas horas tranquilas cuando le permit\u00edan ir a su gabinete, pero desde el instante en que le alejaban de all\u00ed, empezaba el delirio y la calentura. Su buen padre resolvi\u00f3 que hiciera algunos viajes, acompa\u00f1ado de un amigo de colegio, porque el honrado anciano tem\u00eda que su hijo estuviera dominado por una pasi\u00f3n desgraciada, no pudiendo concebir que una Venus de bronce fuera capaz de volverle el juicio.<\/p>\n<p>Parti\u00f3 en efecto Alberto en uni\u00f3n de su amigo, y seguramente la variedad de objetos, el placer del movimiento, las novedades que le sorprend\u00edan en otros pa\u00edses, efectuaron la curaci\u00f3n de que hab\u00edan desistido los m\u00e1s nombrados profesores. Con l\u00e1grimas de gozo recibi\u00f3 el anciano padre a Alberto, un a\u00f1o despu\u00e9s de su partida, sano de sus pasadas man\u00edas.<\/p>\n<p>Ya frisaba el joven en los treinta a\u00f1os, y su padre sintiendo ya el fin de sus cansados d\u00edas, le dijo una tarde que hab\u00eda ajustado su matrimonio con una rica y hermosa joven, y que no aguardaba m\u00e1s que su asentimiento para efectuar el enlace.<\/p>\n<p>\u2014Lo que haga usted est\u00e1 bien hecho, le contest\u00f3 su hijo.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s se o\u00eda en los salones del padre de Alberto el estruendo de la m\u00fasica, el rumor alegre del fest\u00edn. Brillantes luminarias lanzaban sus reflejos usurpando las luces del d\u00eda y una numerosa concurrencia se entregaba al placer del baile. Alberto se casaba esa noche y recib\u00eda de sus amigos felicitaciones y apretones de mano: era feliz.<\/p>\n<p>Pronto concluy\u00f3 el fest\u00edn: que nada acaba m\u00e1s de prisa que el placer, y Alberto estaba departiendo con su esposa, solos, felices y olvidados del mundo. Ella hab\u00eda puesto un riqu\u00edsimo anillo en los dedos de su esposo y este quiso darla en prenda de su amor una sortija que le era sagrada por haberla recibido de su madre. Entr\u00f3 con su esposa al gabinete que ya conocemos, y ambos se acercaron a la magn\u00edfica Venus que aparec\u00eda como una figura siniestra en la media luz de la habitaci\u00f3n. En su brazo extendido brillaba como un lucero el diamante de Alberto.<\/p>\n<p>Fue este a arrancarle el anillo y qued\u00f3 tr\u00e9mulo y sin color, y a no ser por su novia, hubiera ca\u00eddo sin conocimiento. La Venus hab\u00eda apretado sus dedos fr\u00edos para no dejarse arrancar la prenda.<\/p>\n<p>Un sudor helado corri\u00f3 por la frente de la desposada, que tr\u00e9mula y vacilante se acerc\u00f3 a la estatua para quitarle el gaje de su esposo. La colosal figura extendi\u00f3 sus brazos y estrechando contra su seno a la desgraciada joven la ahog\u00f3. La pobre ni\u00f1a no lanz\u00f3 ni un grito, dobl\u00f3 su frente todav\u00eda coronada con sus azahares virginales y expir\u00f3 tranquilamente.<\/p>\n<p>Alberto dio un grito horroroso, sus ojos se fijaron de un modo horrible como si quisieran saltar de sus \u00f3rbitas, y arranc\u00e1ndose los cabellos con desesperaci\u00f3n cay\u00f3 en el pavimento. Entonces lleg\u00f3 a su o\u00eddo una voz espantosa que le dijo:<\/p>\n<p><em>Yo te adoro \u00e1ngel nacido<\/em><\/p>\n<p><em>de las espumas del mar;<\/em><\/p>\n<p><em>si otros te dan al olvido<\/em><\/p>\n<p><em>yo amoroso te he erigido<\/em><\/p>\n<p><em>en mi coraz\u00f3n tu altar.<\/em><\/p>\n<p>Se levant\u00f3 fren\u00e9tico, arroj\u00f3 la estatua del pedestal que rod\u00f3, poniendo en sus brazos un cuerpo helado: era el de su esposa. El infeliz cay\u00f3 de rodillas en el pavimento, lanzando un grito que no se puede describir. Estaba loco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Confesi\u00f3n aut\u00e9ntica de un ahorcado resucitado (1861)<\/h3>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>Hace algunos meses que varios peri\u00f3dicos de diferentes pa\u00edses refer\u00edan la prisi\u00f3n de un hombre que manejando \u00e9l solo un buque lo hab\u00eda fondeado en las costas norteamericanas.<\/p>\n<p>Era este un buque de alto bordo, en perfecto estado de construcci\u00f3n y que parec\u00eda no haber sufrido aver\u00eda de ning\u00fan g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Era muy extra\u00f1o el caso, y si la llegada de un bote conduciendo las reliquias de un naufragio llama la atenci\u00f3n, mucho m\u00e1s deb\u00eda preocupar los \u00e1nimos la de un soberbio buque cuya procedencia se ignoraba y que se presentaba con un solo conductor como muestra de la vasta tripulaci\u00f3n que debi\u00f3 contener.<\/p>\n<p>Era f\u00e1cil presumir que en la inmensa soledad del oc\u00e9ano hab\u00eda pasado un drama misterioso y terrible sin m\u00e1s testigo que el ojo de Dios y sin otro eco que el \u00f3rgano mismo del solo actor que quedaba como resto de esas gigantescas luchas del hombre con los fen\u00f3menos naturales y la furia de las olas tempestuosas.<\/p>\n<p>Cuando entr\u00f3 en la rada, la soledad y el silencio del puente, y aquel hombre solo y tranquilo en el tim\u00f3n hac\u00edan aparecer la masa impotente de aquel buque como esos nav\u00edos fantasmas con que se complace la imaginaci\u00f3n de los sencillos y supersticiosos marinos en poblar las profundidades de las aguas desconocidas.<\/p>\n<p>El que estaba a la vista, sin embargo, era de reciente construcci\u00f3n, se conoc\u00eda que hab\u00eda salido de los astilleros de los Estados Unidos y su identidad era f\u00e1cil de verificar.<\/p>\n<p>El personaje que lo monta es de talla herc\u00falea; su enorme cabeza parece unida al tronco sin auxilio del cuello; su cabellera es negra y espesa como la barba que lleva entera; la frente es deprimida y chata; el ojo fijo e inyectado y sombreado por enormes pesta\u00f1as, lo que da a su fisonom\u00eda un aspecto salvaje y siniestro, que aumenta el corte singular de la boca cuyos labios son delgados y recogidos.<\/p>\n<p>Su aspecto es el de un hombre dotado de rara energ\u00eda, y sus brazos cruzados sobre el pecho, el rostro levantado con audacia, manifiestan que ese hombre es de aquellos que no retroceden ante ning\u00fan obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Aparenta tener treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>El capit\u00e1n del puerto a quien se anunci\u00f3 la llegada de este buque se traslad\u00f3 a bordo a reconocerlo, y condujo ante el Consejo del Almirantazgo a quien tan felizmente lo hab\u00eda tra\u00eddo a las aguas de la rada, para que hiciese la relaci\u00f3n de los sucesos.<\/p>\n<p>Declar\u00f3 llamarse Alberto Guillermo Heecks, marino de profesi\u00f3n y que era el \u00fanico que hab\u00eda sobrevivido a la tripulaci\u00f3n del buque que montaba, pues todos, incluso el capit\u00e1n, hab\u00edan muerto en el viaje que acababa de hacer.<\/p>\n<p>Aunque el aplomo de este hombre no le abandon\u00f3 un solo instante, y aunque su narraci\u00f3n aparec\u00eda llena de buena fe, no fue, sin embargo, tan ingeniosa que dejase de traslucir un misterio espantoso oculto bajo apariencias fingidas y h\u00e1bilmente combinadas. Puestos en este camino, los jueces con esp\u00edritu perspicaz llevaron la cuesti\u00f3n a otro terreno y con tal habilidad que, envuelto el narrador en su l\u00f3gica tortuosa, se embroll\u00f3, se contradijo, y ya pudo entreverse, al trav\u00e9s del extremo levantado del velo, una parte de la horrible verdad que pronto deb\u00eda descubrir todos los detalles siniestros y tenebrosos de este drama espantoso.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber referido que el buque fue asaltado en el mar por piratas chinos que hab\u00edan degollado a la tripulaci\u00f3n, salv\u00e1ndose \u00e9l por haberse ocultado en un tonel de alquitr\u00e1n, y que dichos piratas despu\u00e9s de arrojar los cad\u00e1veres al mar hab\u00edan dejado al buque a la merced del viento, hizo otra narraci\u00f3n y declar\u00f3: que un tifus fulminante cay\u00f3 de improviso a bordo llev\u00e1ndose a sus infelices compa\u00f1eros y que solo \u00e9l, Heecks, no hab\u00eda sufrido el m\u00e1s ligero s\u00edntoma, y que se hall\u00f3 solo en aquella metr\u00f3poli sin haber encontrado un puerto a donde dirigirse para obtener alg\u00fan socorro.<\/p>\n<p>Pero el registro de a bordo no conten\u00eda hecho alguno que diese a esta versi\u00f3n la menor apariencia de verdad.<\/p>\n<p>Desde aquel momento ya no se pod\u00eda dudar que se estaba delante de uno de esos ejemplos monstruosos de piratas cuya historia estremece la humanidad.<\/p>\n<p>Los anales mar\u00edtimos nos prueban que, aunque raros, se presentan estos casos, y es entonces que se comprende en todo su horror de cu\u00e1ntas atrocidades es capaz el alma humana.<\/p>\n<p>Desde que el hombre tuvo la audacia de entregarse al capricho de los vientos y de la fortuna de la inmensidad del mar \u00bfcu\u00e1ntos dramas misteriosos han sucedido que han quedado ignorados o hundidos en la conciencia de sus actores?<\/p>\n<p>Alberto G. Heecks fue, pues, preso y sometido a juicio.<\/p>\n<p>Todos los peri\u00f3dicos dieron cuenta de los cr\u00edmenes del acusado y la emoci\u00f3n p\u00fablica se excit\u00f3 vivamente desde que se tuvo noticia de su instructiva, de suerte que el pretorio del tribunal se hall\u00f3 asaltado por una turba curiosa y compacta cuando se abrieron los debates.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>No es nuestro \u00e1nimo recordar los detalles de ese proceso para siempre c\u00e9lebre y cuya relaci\u00f3n completa ha dado la vuelta al mundo traducida en todas las lenguas conocidas. Nos limitaremos a recordar sumariamente que desde el instante en que Alberto Heecks se hall\u00f3 descubierto no desminti\u00f3 jam\u00e1s su actitud en\u00e9rgica, y las c\u00ednicas confesiones que hizo produjeron tanta admiraci\u00f3n como espanto.<\/p>\n<p>Hallando en su singular naturaleza un poder enorme de fuerza y de voluntad para el mal, cont\u00f3 c\u00f3mo \u00e9l solo hab\u00eda degollado a toda la tripulaci\u00f3n de su buque sin perdonar uno solo de sus desgraciados compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s, con el orgullo del crimen y como para desafiar la humanidad en el santuario de la justicia misma y envolvi\u00e9ndose en el manto de su perversidad, declar\u00f3 en voz alta que desde la edad de once a\u00f1os que viajaba en calidad de marino hab\u00eda cometido muchos otros asesinatos y sabe Dios a qu\u00e9 punto habr\u00eda llegado la escala ascendente del crimen.<\/p>\n<p>Aquel desgraciado parec\u00eda abominar al g\u00e9nero humano y haber cursado una guerra de exterminio a sus semejantes y esto sin que se contrajese un solo m\u00fasculo de su semblante. El estudio anal\u00edtico, fisiol\u00f3gico y psicol\u00f3gico de este raro temperamento, ofrec\u00eda un atractivo poderoso a los hombres de la ciencia, de manera que desde el punto de su arresto y sobre todo despu\u00e9s de la sentencia que le condenaba a ser colgado por el cuello hasta que sobreviniese la muerte, Heecks estuvo rodeado sin cesar de sabios doctores que acud\u00edan de todas partes a hacer sus observaciones.<\/p>\n<p>Fue de este modo que yo mismo fui llamado con el objeto de visitar y conocer a este ser excepcional bajo tantos puntos de vista.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su sentencia, su hermana que lo quer\u00eda much\u00edsimo, se instal\u00f3 en su prisi\u00f3n; \u00e9l a su vez parec\u00eda amarla mucho y confesaba que era ella el \u00fanico ser a cuyo lado no sent\u00eda horror.<\/p>\n<p>La pobre criatura no juzgaba a su hermano ni lo comprend\u00eda, pues cuanto era de cruel y feroz era para ella dulce y humano.<\/p>\n<p>En suma, parec\u00eda muy tranquilo y hablaba con gusto con nosotros, respondiendo muy acertadamente a las preguntas que se le dirig\u00edan.<\/p>\n<p>A veces le asaltaba la idea de su pr\u00f3ximo fin, y entonces se informaba de los fen\u00f3menos que preced\u00edan a la cesaci\u00f3n de la vida.<\/p>\n<p>\u2014Doctor \u2014me dijo un d\u00eda\u2014, he visto ahorcados algunas veces, y hacen un gesto muy feo; se me figura que es una triste muerte la de horca\u2026 \u00bfse sufre mucho?<\/p>\n<p>Habr\u00eda sido cruel responderle afirmativamente.<\/p>\n<p>\u2014No\u00a0\u2014le contest\u00e9\u2014; por el contrario, la ciencia demuestra que se produce una especie de sue\u00f1o est\u00e1tico como esos en que uno se deleita. Vale cien veces m\u00e1s que la guillotina.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bah! \u00bfEst\u00e1 usted seguro, doctor?<\/p>\n<p>\u2014Es mi \u00edntima creencia.<\/p>\n<p>\u2014Mejor, doctor, tanto mejor.<\/p>\n<p>Su hermana le suplic\u00f3 entonces que no hablase de esas cosas tan tristes; pero a pesar de sus l\u00e1grimas, \u00e9l volv\u00eda a la conversaci\u00f3n y aun muchas veces chance\u00e1ndose.<\/p>\n<p>\u2014Esta corbata de c\u00e1\u00f1amo no me hace maldita la gracia como objeto de maleta1\u2026 pero como no hay forma de excusarse\u2026 En fin, tanto vale; bien quisiera yo alguna cosa\u2026 Yo que he tenido siempre la costumbre de llevar el cuello descubierto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 preferir\u00eda usted entonces?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00e1spita!, yo preferir\u00eda largarme \u2014respond\u00eda ri\u00e9ndose.<\/p>\n<p>\u00bfEra esto descaro ante la muerte o ganas de aturdirse cuando hablaba as\u00ed? Eso no lo podemos asegurar, pero semejantes bufonadas salidas de aquella boca que deb\u00eda cerrarse para siempre ten\u00edan algo m\u00e1s f\u00fanebremente serio que de risible.<\/p>\n<p>Pasaban entre tanto los d\u00edas y la hora de la ejecuci\u00f3n llegaba.<\/p>\n<p>Heecks parec\u00eda m\u00e1s abatido que de costumbre.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n ven\u00eda.<\/p>\n<p>Los doctores Mac Illary, O\u2019Reilly, Carnagan y Chrane rodeaban como yo al condenado, que estaba acostado en su lecho; de repente se levant\u00f3 sobre un codo y mir\u00e1ndonos expresivamente nos dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs verdad que ha habido ahorcados que han vuelto a la vida?<\/p>\n<p>Nosotros nos interrogamos con las miradas; \u00e9l estaba muy conmovido y su voz temblona manifestaba que al fin aquel coraz\u00f3n endurecido ten\u00eda miedo de la muerte.<\/p>\n<p>Las leyes de la humanidad nos impon\u00edan una respuesta afirmativa.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!, el hecho no es dudoso y hay muchos ejemplos de casos semejantes.<\/p>\n<p>\u2014Ciertamente\u00a0\u2014respondi\u00f3 el c\u00e9lebre Chrane\u2014, la estrangulaci\u00f3n no trae siempre consigo de un modo preciso la muerte. Se sabe, por el contrario, que hay en Londres una sociedad de personas que se ahorcan por v\u00eda de distracci\u00f3n y que no por eso mueren. Parece por el contrario que se goza de un placer f\u00edsico parecido al que produce el consumo del opio o del hach\u00eds.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, he o\u00eddo hablar de eso \u2014replic\u00f3 Heecks\u2014; pero eso no pasa de un juego que no creo, sin embargo, peligroso; mientras que en mi caso es realmente muy serio.<\/p>\n<p>\u2014Aun en casos serios, como usted dice, de una ejecuci\u00f3n capital \u2014observ\u00f3 gravemente nuestro sabio colega Carnagan\u2014, ha habido pruebas de esta especie de resurrecciones. Los an\u00e1lisis m\u00e9dicos de Anspire redactados por el c\u00e9lebre fisiologista alem\u00e1n von Serfvelt contienen la curiosa experiencia practicada por \u00e9l mismo con un famoso bandido que asolaba el pa\u00eds. Pues bien, proclam\u00e9moslo en alta voz para honor de la ciencia, el doctor Von Serfvelt ha devuelto a la sociedad a este ahorcado. Este fue un curios\u00edsimo experimento, muy curioso a la verdad.<\/p>\n<p>\u2014A\u00fan hay m\u00e1s \u2014agreg\u00f3 magistralmente Mac Illary\u2014, hay fil\u00f3sofos que pretenden que la muerte por suspensi\u00f3n depende de la voluntad del paciente.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo as\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014Con una gran contenci\u00f3n de esp\u00edritu y un firme poder sobre la materia org\u00e1nica, si usted logra, lo que no es posible, refugiar el fluido vital en las v\u00e9rtebras cervicales de la caja huesosa del cr\u00e1neo, puesto que la cuerda no estrecha el cuello; es claro que es muy f\u00e1cil entonces distribuir ese fluido en la econom\u00eda general del individuo y restablecer todas las funciones animales. Esto est\u00e1 probado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNaturalmente ser\u00e1 preciso descolgarlo?<\/p>\n<p>\u2014Sin duda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHa hecho usted el experimento, doctor? \u2014pregunt\u00f3 Heecks.<\/p>\n<p>\u2014Yo no, lo siento \u2014contest\u00f3 Mac Illary\u2014; pero yo no soy de una constituci\u00f3n fuerte y conozco que no tengo una gran fuerza de voluntad.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima, doctor! Usted hubiera podido decirme qu\u00e9 se deb\u00eda hacer y yo habr\u00eda hecho el ensayo. Porque sea dicho entre nosotros, la muerte no me hace maldita la gracia y no me pesar\u00eda de no ofrecerle a\u00fan tan seriamente la mano.<\/p>\n<p>\u2014Se lo repito a usted mi buen amigo, porque est\u00e1 escrito; una gran fuerza de esp\u00edritu y un poder decidido de voluntad hacen subir el fluido vital a las\u2026<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, s\u00ed, lo he comprendido bien y lo ensayar\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Pero \u00bfqu\u00e9 hace usted, desgraciado? \u2014interrumpi\u00f3 el reverendo Rowells, pastor de las prisiones que asist\u00eda a Heecks como consolador\u2014; Dios me lo perdone, pero su temperamento le arrastrar\u00e1 a las m\u00e1s sanguinarias pasiones. \u00bfPor qu\u00e9, hijo m\u00edo, si est\u00e1 usted preparado a morir santamente, no se resigna con su suerte? L\u00e1ncese usted a los pies del Padre Eterno que al sacarlo de este valle de l\u00e1grimas le promete la bienaventuranza.<\/p>\n<p>\u2014Usted tiene raz\u00f3n, reverendo pastor, pero se me figura que no he tenido tiempo suficiente para pensar bien en mis execrables cr\u00edmenes y algunos a\u00f1os m\u00e1s de vida no me vendr\u00edan mal.<\/p>\n<p>El reverendo alz\u00f3 los ojos al cielo, dando muestras de compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Oiga usted \u2014dijo Heecks, dirigi\u00e9ndose a m\u00ed\u2014; \u00bfme promete usted hacer todo lo posible por volverme a la vida despu\u00e9s de mi ejecuci\u00f3n? Yo creo, hablando formalmente, que voy a morir y que para m\u00ed todo acab\u00f3; por consiguiente, la s\u00faplica de un moribundo es sagrada \u00bfme lo promete?<\/p>\n<p>Aunque nuestras creencias se hab\u00edan debilitado mucho, le prometimos todo lo que quiso para consolar su alma inquieta y atemorizada. Entre tanto, llegaba el momento de cumplirse la justicia humana hasta que empezase la de Dios.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Todo el pueblo se desbord\u00f3 para presenciar la ejecuci\u00f3n; ciudades, caba\u00f1as y despoblados, caminos, todos se dieron cita en Bellocs Island, y r\u00edos y caminos estaban cubiertos de curiosos. Como prueba de la excitaci\u00f3n que produjo este suceso, copiamos el siguiente aviso que se le\u00eda en grandes letras, en todas las esquinas: \u00ab\u00a1Gran espect\u00e1culo! El vapor \u00abMassachussets\u00bb de la compa\u00f1\u00eda general saldr\u00e1 en \u00abtrain de plaisir\u00bb para asistir a la ejecuci\u00f3n del famoso bandido y pirata Alberto G. Heecks que tendr\u00e1 lugar el trece de julio actual. La cocina de a bordo hace tiempo que es conocida y apreciada; habr\u00e1 una orquesta sobre cubierta para distraer el fastidio del viaje\u00bb.<\/p>\n<p>La horca se hab\u00eda levantado en el patio de la prisi\u00f3n al nivel de las murallas, de manera que el horrible aparato dominaba la multitud que era inmensa y compacta y esperaba con ansiedad.<\/p>\n<p>Un redoble de tambor anunci\u00f3 que el reo iba a salir de su prisi\u00f3n y que la sentencia se iba a ejecutar. Un silencio glacial sucedi\u00f3 a los di\u00e1logos insultantes que se hab\u00edan o\u00eddo en el pueblo.<\/p>\n<p>El estrado se cubri\u00f3 de jueces de gran gala.<\/p>\n<p>Alberto Guillermo Heecks apareci\u00f3 rodeado por los verdugos, con las manos atadas por la espalda. A su vista se levant\u00f3 un clamor de todas partes, inmenso de maldiciones. Alberto pase\u00f3 su mirada serena e impasible sobre la turba mientras el redoble del tambor impon\u00eda silencio y el <em>sheriff<\/em> le\u00eda en alta voz la sentencia. La sangre fr\u00eda de Heecks no le abandon\u00f3 un instante durante esta escena.<\/p>\n<p>Concluida la lectura, los ejecutores se acercaron al condenado. \u00a1Abajo los sombreros!, gritaron varios.<\/p>\n<p>\u2014Bien hecho \u2014contest\u00f3 Heecks\u2014; deb\u00e9is saludarme con el sombrero que bien pronto he de saludar yo con la cabeza.<\/p>\n<p>El fatal nudo corredizo estaba ya en el cuello de Heecks y en menos tiempo que el que se necesita para escribirlo, una trampa se abri\u00f3 bajo sus pies y el cuerpo se balance\u00f3 en el aire; la cabeza cubierta con el gorro fatal, cay\u00f3 sobre el pecho, el cuerpo dio una vuelta y todo ces\u00f3.<\/p>\n<p>Pero salvo este movimiento, ninguna crispadura ni gesto alguno indicaron que Heecks hubiese sufrido una larga agon\u00eda.<\/p>\n<p>Trece minutos despu\u00e9s, el m\u00e9dico de las prisiones se acerc\u00f3 al cad\u00e1ver, lo puls\u00f3, aplic\u00f3 el o\u00eddo sobre el coraz\u00f3n y dijo con voz reposada y grave:<\/p>\n<p>\u2014Este hombre est\u00e1 muerto.<\/p>\n<p>A estas palabras la turba se dispers\u00f3 y no quedamos en la horca m\u00e1s que los doctores J. P. Belt, Henry D. O\u2019Reilly y yo.<\/p>\n<p>El doctor Belt envolvi\u00f3 el cad\u00e1ver en cubiertas calientes de lana y as\u00ed fue transportado cuidadosamente a Brooklyn a la casa del doctor O\u2019Reilly donde ya le esperaban el doctor Chrane y Mac Illary, de Nueva York, pues el doctor Carnagan no pudo estar presente en el experimento por haber enfermado de repente, pero en cambio nos mandaba una carta llena de juiciosas observaciones y donde hab\u00eda prodigado todos los tesoros de la ciencia para ayudar a los experimentadores.<\/p>\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>El cad\u00e1ver de Heecks fue acostado de espaldas con las mismas cubiertas sobre una mesa que serv\u00eda para operaciones quir\u00fargicas.<\/p>\n<p>Ten\u00eda en la cara una ligera contracci\u00f3n de los m\u00fasculos cigom\u00e1ticos, y la piel estaba seca y ligeramente resistente, pero sin la rigidez ni el fr\u00edo glacial de la muerte. Sin embargo, ni el pulso ni el coraz\u00f3n dieron se\u00f1al alguna perceptible al estetoscopio.<\/p>\n<p>Un ligero movimiento de presi\u00f3n sobre el abdomen y la insuflaci\u00f3n del aire por la boca no dieron ning\u00fan resultado; siempre la misma insensibilidad, pero tambi\u00e9n el mismo calor en la epidermis.<\/p>\n<p>Un corte de lanceta en la sangr\u00eda del brazo izquierdo y otro en la arteria temporal no produjeron m\u00e1s que una gotita de sangre pero no gelatinosa, y por consiguiente, en las mejores condiciones.<\/p>\n<p>Hab\u00edamos preparado un ba\u00f1o electromagn\u00e9tico seg\u00fan el modelo y f\u00f3rmulas del doctor Vergnes y cont\u00e1bamos mucho con el empleo del agente el\u00e9ctrico.<\/p>\n<p>Colocado cuidadosamente en el ba\u00f1o electroqu\u00edmico se le hicieron incisiones en la laringe y en las sienes, y aplicamos armadores a los nervios correspondientes, haciendo funcionar la pila, primero parcialmente y con m\u00e9todo, y aumentando despu\u00e9s la intensidad que repetimos de rato en rato en las descargas.<\/p>\n<p>Empezaron entonces sobresaltos convulsivos y movimientos puramente autom\u00e1ticos; entonces distribuimos los \u00e1cidos en grandes dosis.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de treinta y una descargas vimos que la sangre se iba liquidando m\u00e1s y m\u00e1s y tomando el tinte rojo que le es propio. El doctor Chrane que hab\u00eda presenciado el experimento sin operar, exclam\u00f3 entonces:<\/p>\n<p>\u2014Ese hombre vive.<\/p>\n<p>Y precipit\u00e1ndose sobre el cuerpo practic\u00f3 con la habilidad que le distingue una operaci\u00f3n traqueot\u00f3mica, e introduciendo en seguida un tubo de plata en la herida por medio de la m\u00e1quina neum\u00e1tica, introdujo el aire en los pulmones que empezaron a funcionar.<\/p>\n<p>El milagro se cumpl\u00eda. Hac\u00eda ya dos horas que hab\u00edan comenzado los experimentos; est\u00e1bamos anhelantes y aunque eran a\u00fan muy d\u00e9biles los s\u00edntomas de la vuelta de la circulaci\u00f3n, nos sentimos animados y nuestro celo en continuar nuestra tarea fue m\u00e1s ardiente.<\/p>\n<p>Se aplic\u00f3 un cauterio activo al pie derecho que hizo contraer en el acto la pierna, y la misma aplicaci\u00f3n practicada detr\u00e1s de la oreja derecha sin afectar la yugular, hizo volver la cabeza al reo con un movimiento semejante al que ejecutar\u00eda uno que quisiese hacer una muda protesta; los m\u00fasculos faciales se contrajeron con gestos muy desagradables a la vista y como si el paciente sufriese dolores agudos.<\/p>\n<p>Desde este momento est\u00e1bamos seguros del \u00e9xito de nuestra operaci\u00f3n porque los ojos se abrieron y la boca exhal\u00f3 un sonido ronco e inarticulado.<\/p>\n<p>El \u00f3rgano visual izquierdo estaba casi perdido porque el nudo de la cuerda afect\u00f3 los nervios orbitarios de ese ojo, y entonces notamos la par\u00e1lisis casi total de ese lado del cuerpo. Pero ya no era un cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>El sentimiento real de la vida y la conciencia de s\u00ed mismo fueron tard\u00edas en producirse en Heecks, quien por otra parte no pod\u00eda hablar a causa de las lesiones de la laringe.<\/p>\n<p>Su cara y el \u00fanico ojo que le quedaba se abr\u00eda y se cerraba alternativamente expresando una estupefacci\u00f3n que casi llegaba al idiotismo. Sin embargo, ten\u00eda vida aunque fuese la vida puramente animal.<\/p>\n<p>Pronto se encontr\u00f3 en estado de ser transportado y fue conducido a Ponghkeepsie donde viv\u00eda su hermano.<\/p>\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Heecks, como lo hab\u00edamos previsto, permaneci\u00f3 muchos d\u00edas en estado vegetativo y sin conciencia alguna de s\u00ed mismo, teniendo perdido casi el sentimiento moral. Las heridas, sin embargo, empezaban a cicatrizarse y desaparec\u00eda poco a poco el sacudimiento que hab\u00eda recibido su constituci\u00f3n: al fin pudo expresar su pensamiento.<\/p>\n<p>Quiero repetir literalmente su primera conversaci\u00f3n para que se vea la incoherencia de sus ideas. Sus primeras palabras a\u00fan balbucientes fueron estas:<\/p>\n<p>\u2014Contenci\u00f3n de esp\u00edritu\u2026 fuerza de voluntad\u2026 cerebro\u2026 \u00a1el diablo! El cuerpo de un hombre pesa enormemente en su cabeza cuando tiene una cuerda en el pescuezo. Esto es todo lo que puedo decir.<\/p>\n<p>\u2014Heecks \u2014le dije acerc\u00e1ndome con presteza\u2014, \u00bfc\u00f3mo se siente usted?<\/p>\n<p>Abri\u00f3 desmesuradamente el \u00fanico ojo que le quedaba como un hombre que despierta de un profundo letargo y me vio con espanto. Su mirada se fij\u00f3 casualmente en un espejo y exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSoy yo el que est\u00e1 all\u00e1? \u00a1En qu\u00e9 estado me encuentro! Estoy horroroso. \u00bfEs esto lo que ustedes han hecho?<\/p>\n<p>\u2014No, nosotros lo hemos salvado a usted.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo! \u00bfSalvado? Ustedes no me han salvado enteramente; yo he sido bien y bonitamente ahorcado.<\/p>\n<p>\u2014Pero\u2026 pero esto es precisamente lo que hace la curaci\u00f3n m\u00e1s maravillosa. Ya est\u00e1 usted restablecido, que fue lo que nos comprometimos a hacer.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY a esto llama usted restablecido?, vaya que no es usted dif\u00edcil: \u00bfqu\u00e9 han hecho ustedes de mi ojo?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay!, hijo m\u00edo, fue la cuerda la causa de este desagradable incidente imposible de prever y de evitar. T\u00e9ngase usted por feliz de salir librado a ese precio.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dios m\u00edo! \u2014continu\u00f3 toc\u00e1ndose la pierna paralizada y las cicatrices del cuello\u2014; ustedes me han deteriorado y esto no fue lo convenido.<\/p>\n<p>\u2014Reconozca usted, Alberto, que ya empieza usted a ser ingrato.<\/p>\n<p>\u2014Yo no me merezco absolutamente, doctor. \u00bfEst\u00e1 usted seguro de no haberse equivocado? \u00bfNo han soltado ustedes de la horca a otro mientras me han dejado a m\u00ed flotando a todo viento?<\/p>\n<p>Ese d\u00eda no quise continuar la conversaci\u00f3n y en la ma\u00f1ana siguiente, despu\u00e9s de un reposo saludable, Heecks despert\u00f3 tranquilo y con el aspecto m\u00e1s sereno.<\/p>\n<p>\u2014Doctor\u00a0\u2014me dijo\u2014, \u00bfsabe usted una cosa? Creo que he hecho un mal negocio y que el reverendo Rowells ten\u00eda raz\u00f3n y hubieran hecho ustedes mejor en dejarme donde estaba.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHabla usted seriamente?<\/p>\n<p>\u2014Palabra de honor; a fe de hombre de bien.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe manera que estaba usted a su gusto en la horca?<\/p>\n<p>\u2014Seguro y conforme.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1les fueron sus impresiones? Ahora puede usted decirme la verdad, pero la verdad pura.<\/p>\n<p>\u2014Pues bien, la idea del suplicio no me hac\u00eda mucha gracia y fue muy mal de mi grado y haciendo de tripas coraz\u00f3n, que me present\u00e9 delante de ese pueblo que me aclamaba como un rey. Las palabras que uno oye le estrechan la garganta y en aquel momento no hay valor sino una especie de locura; pasan delante de la vista fantasmas y hay un v\u00e9rtigo completo. Si en aquel momento pudiera uno exterminar jueces, verdugos y p\u00fablico no se har\u00eda m\u00e1s que una carnicer\u00eda; pero como no se puede y luego andan tan aprisa\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero la sensaci\u00f3n del c\u00e1\u00f1amo en el cuello?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Horriblemente desagradable! Cuando se abri\u00f3 la trampa bajo mis pies y me lanc\u00e9 en el espacio comprend\u00ed que estaba perdido; una presi\u00f3n atroz me estrech\u00f3 la garganta y o\u00ed como un crujido de cerebro, quise gritar pero me fue imposible. Entonces sent\u00ed una masa de sangre de un rojo ardiente saltar de las extremidades como revolvi\u00e9ndose en s\u00ed misma y queriendo romper su estrecha prisi\u00f3n: todas esas mol\u00e9culas parec\u00edan extraviadas y que quer\u00edan saltar, torcerse y sufrir; yo vi despu\u00e9s el color de fuego ennegrecerse al espesarse. Este segundo es espantoso y dura siglos. A esta primera sensaci\u00f3n suceden otras m\u00e1s soportables y que es imposible analizar, pero yo creo que los goces del para\u00edso de Mahoma no son otra cosa, y puesto que los turcos tienen fe en su profeta estoy seguro de que ellos han inventado la estrangulaci\u00f3n; y ya no se admira que reciban de tan buen agrado el cord\u00f3n con que tan galantemente los obsequia el Gran Se\u00f1or. Un suav\u00edsimo calor recorre todos los miembros, y estremecimientos de \u00e9xtasis penetran en los \u00f3rganos; las visiones m\u00e1s fant\u00e1sticas, no visiones sino realidades, se presentan a la vista y la felicidad m\u00e1s completa se apodera de uno. Renaciendo sin cesar, parece que uno adquiere incesantemente nuevas fuerzas en fuentes nuevas tambi\u00e9n, para gozar. \u00a1Oh!, hablando seriamente, doctor, han hecho ustedes muy mal en sacarme de ese lugar de delicias. Haga usted la prueba, doctor, y conocer\u00e1 las hur\u00edes del para\u00edso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero, desgraciado, no comprende usted que esos fen\u00f3menos son los \u00faltimos s\u00edntomas de la vida que se va?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vaya! Bien ve usted que no, pues he vuelto. \u00bfQuiere usted apostar veinte guineas a que empiezo de nuevo?<\/p>\n<p>\u2014Disparate; yo no se lo aconsejar\u00eda a usted jam\u00e1s, porque no se hacen dos veces las experiencias que hemos practicado en su cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Demonios! La cosa vale la pena de pensarse. \u00bfCree usted que van a hablar mucho de m\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014Tal vez m\u00e1s de lo necesario.<\/p>\n<p>\u2014Efectivamente y eso sin contar con que nada saben de lo pasado; porque en suma me han procesado, condenado y ahorcado, pero sin saber a punto fijo por qu\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Verdad es que el asunto no est\u00e1 claro: \u00a1qu\u00e9 hombre tan singular es usted!<\/p>\n<p>\u2014Nunca ha habido uno igual, y cada cual tiene su amor propio y lo fija en lo que quiere; lo m\u00edo es que un misterio impenetrable oculte mi existencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo!, \u00bfy no revelar\u00e1 usted nada, ni aun a m\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014Para qu\u00e9 diablos, doctor, no me creer\u00eda usted.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed tal.<\/p>\n<p>\u2014Si le digo a usted la verdad.<\/p>\n<p>\u2014Raz\u00f3n de m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Pues bien \u2014me dijo haci\u00e9ndome acercar a su voz\u2014, yo soy inocente como un ni\u00f1o en el seno de su madre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSe burla usted de m\u00ed? \u2014exclam\u00e9 dando un salto y casi ofendido en mi dignidad.<\/p>\n<p>\u2014Ya lo ve usted \u2014me contest\u00f3 ri\u00e9ndose\u2014; lo hab\u00eda previsto que usted no me creer\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed tal, pero con la condici\u00f3n de que hable usted con seriedad.<\/p>\n<p>\u2014Crea usted todo lo que quiera, nada me importa; pero en adelante no volver\u00e9 a decir una palabra.<\/p>\n<p>En efecto este hombre singular no ha vuelto a pronunciar una letra que ilustre la opini\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Entre tanto circul\u00f3 la nueva de la resurrecci\u00f3n de Heecks, lo que dio margen a eruditas cuestiones de abogados sobre si hab\u00eda derecho para reclamar como reo de evasi\u00f3n a Heecks, ahorcado por sentencia judicial y salvado por esfuerzos m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Si bajo el punto de vista de la ciencia y de la humanidad tras la cual se refugian los profesores acusados J. P. Belt y Henry O\u2019Reilly, ten\u00edan derecho para reanimar el principio vital en el cad\u00e1ver de un reo, tendr\u00edan esas mismas personas el derecho bajo el punto de vista del contrato que liga s\u00f3lidamente a los miembros de un pa\u00eds, para sustraer de un castigo justamente aplicado a un hombre que hab\u00eda pisoteado todas las leyes.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n est\u00e1 a\u00fan por resolverse y este juicio har\u00e1 \u00e9poca en los anales del foro.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Un concurso de experiencias felices y que har\u00e1n el orgullo de la ciencia han vuelto la vida f\u00edsica a Alberto Guillermo Heecks. Que viva si puede como hombre de bien, es lo que nosotros deseamos.<\/p>\n<p>Pero moralmente no podemos menos de exclamar con nuestra conciencia que es un gran miserable y que por fortuna de la humanidad esos tipos de bandidos crueles y feroces se van haciendo raros en el mundo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-vicente-camacho\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La estatua de bronce (1854) I Era Alberto uno de esos hombres que vienen al mundo para ocupar un lugar distinguido en la sociedad; as\u00ed le abundaban las cualidades morales como se aventajaba en prendas f\u00edsicas. Era alto, bien formado, de miembros delgados y nerviosos. 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