{"id":3856,"date":"2022-03-19T20:43:04","date_gmt":"2022-03-19T20:43:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3856"},"modified":"2023-11-24T18:32:37","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:37","slug":"dos-cuentos-de-juan-manuel-romero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-juan-manuel-romero\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Juan Manuel Romero"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Asuntos respiratorios<\/strong><\/h3>\n<p>En la ONG donde yo fung\u00eda de l\u00edder espiritual, las cosas no pod\u00edan estar peor cuando lleg\u00f3 la invitaci\u00f3n. El famoso comunicado nos hizo suponer que la respiraci\u00f3n controlada y las contorsiones s\u00ed desencadenan \u2013tarde o temprano- resultados terrenales.<\/p>\n<p>Aunque para ser justo, debo exponer que en la organizaci\u00f3n lo terrenal estaba instalado desde hace mucho rato. Me explico: El maestro Fern\u00e1ndez, mi amigo intachable, con 22 a\u00f1os de haber transformado su vida y con m\u00e1s de seis visitas a la India, me dijo sonriente y lloroso (cuadro impensable para un maestro) que yo le gustaba. En su momento me sent\u00ed como si yo estuviera en medio de una guerra de almohadas de plumas liger\u00edsimas y que mi cuerpo estuviera lleno \u2013 \u00a1Ay, pap\u00e1!- de aceite de carro. Por otra parte, los dem\u00e1s yoguis de la ONG estaban en proceso de divorcio, lo que los volvi\u00f3 un poco descre\u00eddos y su \u00fanico tesoro verbal era hablar del tema, una y otra vez. Adicionalmente, en varios recintos penitenciarios, llenos \u2013entre otras cosas- de intolerancia, nos estaban cerrando las rejas en la cara, no por lo de la declaraci\u00f3n del yogui sexo diverso Fern\u00e1ndez hacia m\u00ed, sino porque la situaci\u00f3n carcelaria ya andaba por esos d\u00edas encaminada al despe\u00f1adero, como para, de paso, estar d\u00e1ndole permiso a un grupito de yoguis sospechosos para que impartieran g\u00fcevonadas dentro de los penales. Con frecuencia me digo que al yogui no se le perdona que sea el\u00e1stico y, adem\u00e1s, humano. El listado de rencores es m\u00e1s largo. No nos perdonan, por ejemplo, que la bioqu\u00edmica de nuestra sangre sea igual a la de los dem\u00e1s. Tampoco nos perdonan que tambi\u00e9n vivamos -tan bien, incluso- de aire. Aunque, si a ver vamos, el meollo del asunto es el nirvana. Pocos logran tolerar que la iluminaci\u00f3n y la serenidad la tenga alguien de este pa\u00eds. Pero no quiero que se me escape la verdad: mi aparente mesura, la que he terminado llamando paz interior o modus vivendi, solo ha respondido al bombardeo qu\u00edmico: mis grageas de Bromazepam.<\/p>\n<p>M\u00e1s o menos as\u00ed era la postal de presentaci\u00f3n de nuestra ONG cuando lleg\u00f3 el famoso mail. Era una invitaci\u00f3n al Foro para una paz sostenible. Para entonces en la organizaci\u00f3n \u00e9ramos cinco yoguis. Pero solo yo era quien quer\u00eda seguir ech\u00e1ndole pierna al asunto. Aquellas l\u00edneas me las tom\u00e9 como un trofeo ante tanta exposici\u00f3n franca de pellejo. Porque el asunto, desde cualquier \u00f3ptica, es un acto de fe: dar clase de yoga a reclusos venezolanos.<\/p>\n<p>Al evento me fui solo. Con un bolso liviano. Barbado. Como un ap\u00f3stol.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>El mar no era lo \u00fanico turbulento all\u00ed. El aire salitroso y el calor daban una bienvenida rotunda. All\u00ed todo fue un asalto, un sobresalto.<\/p>\n<p>Al llegar pens\u00e9 que la paz tambi\u00e9n es as\u00ed: se tiene o no se tiene; que la paz no se anda con c\u00f3micas; que la paz es frontal.<\/p>\n<p>A los invitados nos recibieron unos se\u00f1ores con lentes oscuros, por cuyo grosor exagerado llegamos a pensar que o eran antibalas o el sol de afuera derret\u00eda los ojos al menor descuido. Uno de estos se\u00f1ores tom\u00f3 la palabra: \u201cNo olviden sus chalecos. Anden r\u00e1pido. No se preocupen por tomar fotos, nosotros les enviaremos a sus correos un collage de los mejores momentos del foro\u201d.<\/p>\n<p>Al mencionar la ciudad cede del evento, los desesperados e implacables protocolos de seguridad pasan a ser comprensibles: Mogadiscio.<\/p>\n<p>Lo malo, hermano, es que uno ya no sabe de cu\u00e1l lado est\u00e1 el terror \u2013 me dijo un colombiano que corr\u00eda conmigo hasta el taxi blindado.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 invitaron a nuestra ONG? Debi\u00f3 resultarles \u201cinteresante\u201d escuchar tal oficio (o tal modus vivendi) de la ingenuidad en medio del infierno. Los organizadores del Foro tambi\u00e9n nos asomaron que si hab\u00eda disposici\u00f3n de nuestra parte podr\u00edamos impartir algunas clases los mediod\u00edas, antes del almuerzo.<\/p>\n<p>Desde las palabras iniciales a cargo del Ministro de la defensa ya no hab\u00eda m\u00e1s que esconder. Afuera de El Palacio central de la paz \u2013 eufemismo de un centro militar que a\u00fan no hab\u00eda sido visitado por la anarqu\u00eda y por los de Al Shabab- se sent\u00edan pr\u00f3ximas las r\u00e1fagas de metralla y las constantes explosiones.<\/p>\n<p>El ministro nos dio la bienvenida con aplomo aunque ocasionalmente se le escapaba una mirada de soslayo a sus guardaespaldas quienes, como unos ventiladores, asent\u00edan para que continuara hablando. Explic\u00f3 que el Presidente nos enviaba un caluroso abrazo del combatiente pueblo somal\u00ed. Y que el mandatario iba a seguir on line desde su bunker, paso a paso, la conferencia. Entre otras cosas, nos inform\u00f3, en medio de una confusi\u00f3n de papeles y fichas en el amb\u00f3n, que el lema del Foro para una paz sostenible de este a\u00f1o 2011 era Tribute. Muchos debimos sospechar que algo all\u00ed ir\u00eda mal. Sin embargo, para maquillar desde temprano las circunstancias ambiguas, desde el techo parpade\u00f3 en rojo una palabra: Aplausos. Sali\u00f3 el ministro rodeado. Ser\u00eda la \u00faltima vez que lo ver\u00edamos. Dos d\u00edas despu\u00e9s \u2013el 10 de junio- cerca de la media noche una sobrina del ministro entr\u00f3 a su habitaci\u00f3n para darle las buenas noches. Al abrazarlo accion\u00f3 el chaleco de explosivos. Otro boom somal\u00ed. Uno que no fue atribuido a los piratas de mar \u2013 due\u00f1os de otro tipo de terror-, ni a los se\u00f1ores de la guerra, ni a ning\u00fan clan tribal isl\u00e1mico. All\u00ed las firmas del horror son claras y r\u00e1pidas: la sobrina era parte de Al Shabab.<\/p>\n<p>Mientras tanto, dentro del Palacio el tributo a los pacifistas m\u00e1s grandes de la historia reciente nos llenaban los ojos de l\u00e1grimas. Una de las actividades sublimes fue leer en quince idiomas el \u201cYo tengo un sue\u00f1o\u201d de Martin Luther King. Excepcional. Pero con holgura pudo resultar m\u00e1s entretenido decir om durante media hora.<\/p>\n<p>Termin\u00e9 haciendo amistad con el cachaco que corri\u00f3 junto a m\u00ed al taxi blindado. Se hac\u00eda llamar Santi. Periodista, chivudo como yo y de gran contextura. Por esos d\u00edas tecleaba algunas cr\u00f3nicas para un semanario de Par\u00eds. Como quien no quiere la cosa me hizo varias preguntas a lo largo de los d\u00edas sobre mi negocio en Venezuela y nuestras c\u00e1rceles verracas. Trat\u00e9 de responderle de la mejor manera, sin inventar, sin maximizar, sin omitir \u2013sobre todo eso-, porque sab\u00eda que la ONG a la que pertenezco se convertir\u00eda, tarde o temprano, en un texto audaz de su autor\u00eda. El crey\u00f3 que estaba cumpliendo su misi\u00f3n conmigo discretamente. Pero los tintos \u2013los caf\u00e9s y los vinos- le delataron. El idioma materno delata. Y a un yogui no se le puede mentir o enga\u00f1ar con facilidad. La cuesti\u00f3n es que afilamos la lengua muchas horas en el bar. Y nos perdimos, por tanto, varias conferencias. Pero el paisa ten\u00eda una agenda. Un cronograma flojo que, sin embargo, quer\u00eda cumplir. Para justificar el sueldo, afirmaba. Venga hombre, acomp\u00e1\u00f1eme a una charla de esas.<\/p>\n<p>A la que fuimos se llamaba: \u201cVigencia del pensamiento ghandiano en la violenta sociedad globalizada\u201d. Al culminar, un se\u00f1or calvo y extremadamente corpulento, de lentes negros y una corbata como de mi altura, tom\u00f3 la palabra para dar una buena nueva: \u201cEsta charla ha sido grabada \u00edntegramente con el fin de ser transcrita y llevada a libro. Ac\u00e1 hay dos editoriales espa\u00f1olas que desde ya quieren los derechos de la grabaci\u00f3n para publicarla; esto ya es otro debate\u2026 (Risas). Me comentan que el libro ya tiene t\u00edtulo. Maestro Gandhi, con su permiso, el libro habr\u00e1 de llamarse Todos ciegos. Palabras que exploran el ojo por ojo\u201d. Auditorio de pie. Otra vez, arriba, la palabra parpadeando con desenfreno. Cinco minutos de aplausos sostenidos. El conferencista estaba frente a la tarima y se inclinaba para recibir la ovaci\u00f3n; tambi\u00e9n lloraba. Un coro de Jhon Lennon no dej\u00f3 de sonar, solo que a un volumen superior al de las metrallas. Santi, mientras tanto, tom\u00f3 decenas de fotos y tecle\u00f3 algunas notas en su port\u00e1til a una velocidad alucinante.<\/p>\n<p>Al segundo d\u00eda \u2013el \u00faltimo por obligaci\u00f3n- corri\u00f3 todo con normalidad\u2026 Santi despu\u00e9s de brindarme un t\u00e9 me condujo hasta la conferencia central: Grandes logros. Una visi\u00f3n detallada de los \u00faltimos veinte premios Nobel de la Paz.<\/p>\n<p>Al inicio, cuando dijeron Rigoberta Mench\u00fa el auditorio otra vez se puso de pie. Pero me pareci\u00f3 sospechoso que no parpadeara nada en el techo. Casi tres horas despu\u00e9s cuando nombraron a Obama, un auditorio cansado volvi\u00f3 a ponerse de pie. No hubo algarab\u00eda a pesar de que el APLAUSO en rojo no dejaba de atormentarnos.<\/p>\n<p>Las puertas se abrieron y el desalojo de la gran sala fue en paz. Le dije a Santi que estaba un poco inquieto porque despu\u00e9s de dictar mi clase vendr\u00eda mi intervenci\u00f3n. Los organizadores me hab\u00edan dejado en claro mi tiempo: no m\u00e1s de 20 minutos.<\/p>\n<p>-\u00bfCagado o qu\u00e9?, pregunt\u00f3 Santi sin medias tintas.<\/p>\n<p>&#8211; Algo as\u00ed.<\/p>\n<p>Un periodista siempre le debe su \u00e9xito a su frontalidad. Sin embargo, le enfatic\u00e9 que lo m\u00edo solo era inquietud. Cuando uno ventila en el exterior la anatom\u00eda de los intestinos de su pa\u00eds siempre hay inquietud.<\/p>\n<p>Hermano no sea pendejo. \u00bfUd., no escucha c\u00f3mo est\u00e1 eso all\u00e1 afuera?<\/p>\n<p>\u00bfUd., cree que algo pueda estar peor que la ubicaci\u00f3n de esta conferencia? \u00bfA Ud., le parece que va a detallar las entra\u00f1as del infierno cuando es evidente que estamos en \u00e9l; cree que va a destapar alguna olla, que alguien se va a escandalizar por lo que Ud., cuente? Hermano, ll\u00e9vela suave, diga lo que se sepa, pero eso s\u00ed, d\u00edgalo bien y con sinceridad.<\/p>\n<p>Pero no pude decirlo. Ni bien ni mal. Una se\u00f1ora tan flaca como una cig\u00fce\u00f1a y tan lustrosa como la Ni\u00f1a bonita de Ana Mar\u00eda Machado me intercept\u00f3 luego de mi clase. Me notific\u00f3 que mi intervenci\u00f3n y la de otros se\u00f1ores de Albania, Sri Lanka, Belice, Islandia y del vecino pa\u00eds de Etiop\u00eda hab\u00edan sido pospuestas para el d\u00eda siguiente \u2013o sea, para nunca-. Debido a que \u2013justific\u00f3 la se\u00f1ora tremendamente animada- un compatriota m\u00edo acababa de llegar al Palacio y quer\u00edan su intervenci\u00f3n para esa misma tarde.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para el final de la tarde el plato fuerte, efectivamente, era el venezolano Walter Mart\u00ednez, quien hablar\u00eda de sus grandes entrevistas y la objetividad period\u00edstica como una forma pacifista frente a las guerras a las que \u00e9l, en otrora, asisti\u00f3 aunque sin ser tan exitoso como Kapucinski debido a que \u00e9l, aclarar\u00eda m\u00e1s adelante en su conferencia, no escribi\u00f3 nada sino que lo dej\u00f3 todo en la olvidadiza televisi\u00f3n de los setenta y ochenta.<\/p>\n<p>Pero si soy del todo sincero, en el auditorio solo se esperaba el final de su alocuci\u00f3n para que diera La Paz en varios idiomas de la misma manera como lo hac\u00eda en Dossier los d\u00edas viernes\u2026 Y as\u00ed lo hizo.<\/p>\n<p>Solo que mientras varios imaginamos que Mart\u00ednez tambi\u00e9n dir\u00eda \u201cDisponga Ud., de las c\u00e1maras, se\u00f1or director\u201d, el ambiente de pronto se enrareci\u00f3.<\/p>\n<p>Entraron unos afrodescendientotes con unas armas tan grandes y potentes como el islam que les aviva. Soltaron lenguaradas euf\u00f3ricas. Dispararon al techo. El recinto fue un caos: una presentaci\u00f3n de Somalia.<\/p>\n<p>Los efectivos de seguridad estaban en el piso, ahora no me atrevo a decir que muertos (o quiz\u00e1s s\u00ed, de miedo). Todo fue como un ventarr\u00f3n de arena en el que quedamos ciegos. Apenas llegu\u00e9 a escuchar la voz temblorosa de un traductor al espa\u00f1ol que hab\u00eda sido capturado por los rebeldes. El sometido tom\u00f3 un micr\u00f3fono y dijo: \u201cEsta gente sabe que aqu\u00ed hay un yogui; que se entregue para evitar el plan b, no s\u00e9 qu\u00e9 carajos es el plan b; pero si de verdad hay aqu\u00ed algo de eso de lo que est\u00e1n buscando, \u00a1no jod\u00e1is! \u00a1Entr\u00e9gate!\u201d. El traductor fue ejecutado all\u00ed mismo, apenas termin\u00f3.<\/p>\n<p>Santi, agazapado junto a m\u00ed, me susurr\u00f3: est\u00e1 jodido, hermano, alce la mano si las tiene bien puestas.<\/p>\n<p>Sinceramente no estaba aterrado como los dem\u00e1s. Solo estaba buscando el potecito de mis pastillas y haciendo ejercicios de respiraci\u00f3n para mantener el ojo de atr\u00e1s bien cerrado. Logr\u00e9 tragarme dos pepas y, despu\u00e9s de culminar la respiraci\u00f3n como si estuviera pariendo, me levant\u00e9 y grit\u00e9: Yo, yo soy el yogui.<\/p>\n<p>Me habr\u00eda gustado que ese famoso plan b no se diera pero fue in\u00fatil. Los disparos siguieron. A m\u00ed me elevaron unos soldados fornidos y me sacaron del lugar.<\/p>\n<p>Recuerdo el jeep dejando polvo en un camino est\u00e9ril como \u00fanica imagen y \u00fanico paisaje. \u00c9ramos cuatro en el carro. Dos tipos adelante: uno que manejaba y el otro que iba hablando, sin parar, como tratando de amainar la aridez. Atr\u00e1s \u00edbamos el que me cuidaba y yo. Por un momento cre\u00ed que me pondr\u00edan una capucha para no reconocer el lugar, pero en Somalia hasta los lugares comunes se los saltan. En todo caso, el desierto todo es un albornoz.<\/p>\n<p>Varias horas y arenales despu\u00e9s, el hablador de adelante se baj\u00f3 y desplaz\u00f3 con fuerza una cerca desnutrida. Unos tipos sonrientes nos recibieron. Hubo abrazos entre ellos, a m\u00ed me palmearon el hombro. Fui llevado hasta la sala alfombrada y con aire acondicionado de un Se\u00f1or -\u00bfqu\u00e9 otra cosa puedo decir?-.<\/p>\n<p>No s\u00e9 de donde sali\u00f3 una mujer catira, de voz \u00e1spera, vestida como una militar decadente y una pa\u00f1oleta marr\u00f3n en la cabeza que le reten\u00eda una cabellera de alambres rubios. Era la traductora, pero al ingl\u00e9s. Es decir, que casi quedamos en las mismas.<\/p>\n<p>Lo que entend\u00ed es que yo estaba all\u00ed para hacer lo que mejor sab\u00eda. Para dar unas cuantas sesiones. Y que ten\u00edan que ser las mejores. Deb\u00eda d\u00e1rselas a los soldados estresados por tanto sol, por tantos disparos, por tantas circunstancias que Al\u00e1 les deparaba. Seguro, respond\u00ed. La catira dijo ok. Los dem\u00e1s tambi\u00e9n dijeron ok y rieron y sus armas temblaron. La primera sesi\u00f3n ser\u00e1 ma\u00f1ana temprano. Ok, otra vez.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Medit\u00e9 en un cuartucho que me designaron. El sol tard\u00f3 en desparecer, pero al llegar la oscuridad el fr\u00edo me ladr\u00f3 en la piel. Dorm\u00ed. Creo que as\u00ed se llam\u00f3 aquello cuando cerr\u00e9 los ojos por un rato.<\/p>\n<p>\u00bfNo estaba yo en un cuartucho?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Unos postes de luz se encendieron para herir los ojos. Estaba en el piso de una cancha. Cerca de m\u00ed hab\u00eda una pila de esterillas. Como una temblorosa escena entraron doce soldados y la traductora dispuestos a recibir su primera sesi\u00f3n de yoga. Cada hombre tom\u00f3 una esterilla. Luego pasaron a quitarse las botas y las camisas. Por \u00faltimo, antes de intentar relajarse, dejaron las armas a un lado. Carraspe\u00e9. Di algunas instrucciones b\u00e1sicas. La catira \u2013a quien de repente le hab\u00edan ca\u00eddo como veinte a\u00f1os encima- tradujo groseramente. Las palabras sonaron en su boca como una pel\u00edcula de Tarantino. Les mand\u00e9 a decir que as\u00ed era la postura de la estatua. Que esta era la del perro. Que intentaran imitar la del gato, vamos. Ahora \u00e9sta, la del guerrero \u2013ac\u00e1 todos hicieron un rugido luego de la traici\u00f3n de la traductora-. Bien, meditemos. Vamos a liberar nuestras mentes. Ellos, quiz\u00e1s por el traslado de p\u00faas de la catira, entendieron que la liberaci\u00f3n era de otro tipo. Les dije: cierren sus ojos. Sus pulmones se est\u00e1n llenando (como suele decirse en estos casos) de paz y de bendiciones. Boten lentamente el estr\u00e9s. La traductora ten\u00eda rato sin decir nada, se hab\u00eda dormido, as\u00ed como tambi\u00e9n unos cuantos soldados, que no solo roncaban sino que empezaron a liberar escandalosas flatulencias.<\/p>\n<p>Del fondo de la cancha se escuch\u00f3 la orden: \u00a1Atenci\u00f3n!, y de inmediato las luces de los postes estallaron y los soldados, la traductora y yo quedamos envueltos por las tinieblas del desierto.<\/p>\n<p>Luces varias. Amarillas. Azules. Rojas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Detonaciones. Ayes. Silbidos incrust\u00e1ndose en la carne y en paredes blandas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una linterna me amaneci\u00f3 de golpe el rostro. Volv\u00ed a ser elevado (despu\u00e9s supe que fueron soldados ugandeses). La vida en estos estos casos se vuelve tan circunstancial que uno no sabe si es presa, trofeo o qu\u00e9. En jeep fui trasladado en medio de la oscuridad y sin que dejara de rebotar ni uno solo de mis \u00f3rganos vitales hacia un bunker de la liga Pro \u00c1frica Libre. Los focos del carro se perdieron en la carretera empolvada y las luces altas se fueron metiendo entre las primeras del d\u00eda.<\/p>\n<p>Cuarenta y ocho horas despu\u00e9s fui trasladado a Etiop\u00eda. Y como papa caliente pas\u00e9 a Egipto en donde en pleno \u00e1nimos caldeados me invitaron a dar una clase multitudinaria en la plaza Tahir. Un se\u00f1or muy educado me entrevist\u00f3 al culminar la sesi\u00f3n frente a toda esa cantidad ins\u00f3lita de personas. Me pregunt\u00f3 qu\u00e9 opinaba de La Primavera egipcia. Por un momento cre\u00ed que la pregunta se deb\u00eda, otra vez, a un error de traducci\u00f3n, pues es evidente que en junio al norte de \u00c1frica la primavera est\u00e1 muy lejos; sin embargo, como vi que el se\u00f1or educado esperaba mi respuesta con expectativa \u2013al igual que el p\u00fablico- decid\u00ed darle una respuesta diplom\u00e1tica: Acalorada, dije, su primavera me parece acalorada. El se\u00f1or respetuoso tradujo al \u00e1rabe. La respuesta caus\u00f3 furor. Desde entonces fui tomado como activista pro naci\u00f3n en este pa\u00eds.<\/p>\n<p>Di calurosas clases de yoga una vez a la semana en plazas p\u00fablicas. Y cre\u00ed que siempre me ir\u00eda bien all\u00ed. Pero deb\u00ed sospechar que toda primavera la precede &#8211; o anticipa- otros pavores. Y si los \u00e1rabes tuvieran algo que ver con los jud\u00edos hasta me atrever\u00eda a decir que esa primavera no hizo otra cosa que incitar otra sho\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Antes de que regresaran los rigores a Egipto (por aquellos d\u00edas, la peor enfermedad fue el eufemismo), cuando a\u00fan pensaba que el Bromazepam solo pod\u00eda ser parte de una idiosincrasia pasada, recib\u00ed un correo electr\u00f3nico de la ONG en Venezuela.<\/p>\n<p>Lo escribi\u00f3 un integrante nuevo, quiz\u00e1 el que me reemplaz\u00f3, quiz\u00e1 halado por el yogui Fern\u00e1ndez. S\u00ed, ten\u00eda que ser un nuevo, pues los otros miembros, como era predecible, se hab\u00edan largado y estaban felices dando clases en varios Spa de Caracas.<\/p>\n<p>El muchacho nuevo me preguntaba que cu\u00e1ndo volver\u00eda. Que a qui\u00e9n iba a designar (\u00a1Ja!) para ingresar a Tocuyito, al Rodeo, a Uribana\u2026 Tambi\u00e9n escribi\u00f3 que all\u00e1 en Caracas ten\u00eda un par de asuntos: el primero era un sobre desde Mogadiscio con un \u00e1lbum exquisitamente dise\u00f1ado y editado con las mejores fotos del Foro; el segundo era de muy distinta naturaleza, era un asunto literario, se trataba de una novela con una portada preciosa que me fue enviada con matasello de Roma, cuyo nombre era Necr\u00f3polis. Seg\u00fan, en la dedicatoria rezaba lo siguiente: \u201cPara un tipo que las tiene bien puestas. Santi\u201d.<\/p>\n<p>Le respond\u00ed que no ten\u00eda pensado volver. Le escrib\u00ed largo sobre los cordones umbilicales rotos con mi familia, con el pa\u00eds. Me dio por responderle, ya casi al final, que aqu\u00ed los asanas eran respetados con misticismo y que los pranayamas eran los caminos m\u00e1s airosos que la gente quer\u00eda respirar.<\/p>\n<p>En todo caso, termin\u00e9 escribi\u00e9ndole dos o tres infelicidades m\u00e1s y ocult\u00e1ndole algunas otras cosas: por ejemplo, con qui\u00e9n vivo -pues no quer\u00eda pulverizarle la paz al yogui Fern\u00e1ndez-; tampoco le hice menci\u00f3n de que a\u00fan a\u00f1oro nuestras miserias. Le escrib\u00ed con la altaner\u00eda que solo nos dan los miles de kil\u00f3metros y las dunas y las guerras y las ilusiones y los fracasos de por medio.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el correo le respond\u00ed que\u2026 no ten\u00eda pensado volver.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Durante el gerundio ardoroso \u201cenviando\u201d se me extravi\u00f3 el ritmo sanador de la respiraci\u00f3n diafragm\u00e1tica. Y eso, en este aireado mundo del yoga, es similar a la idea cristiana del pecado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Signos de vida<\/strong><\/h3>\n<p>En un borde, cerca de cuatro zamuros con las alas abiertas disput\u00e1ndose los despojos de un rabipelado, fue donde su carro se detuvo.<\/p>\n<p>El sistema inmunol\u00f3gico del Twingo, igual como en ese momento, tambi\u00e9n, le estar\u00eda pasando al de su pap\u00e1, no resisti\u00f3 los embates de la peste del mediod\u00eda ni tal derroche de luz.<\/p>\n<p>En medio de aquella desgracia perpendicular, a Ud., no le qued\u00f3 otra opci\u00f3n que, como si se tratara de un mal chiste, encender las luces intermitentes. Cuando alguien ven\u00eda de la lejan\u00eda, se apresuraba, le raspaba con su r\u00e1faga inmunda y, despu\u00e9s, volv\u00eda la quietud.<\/p>\n<p>As\u00ed hasta el desespero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pens\u00f3 en la voz de su padre, el saludable, el caballero, el m\u00e9dico. En el sonido alargado del tel\u00e9fono despu\u00e9s de colgar y que se le volvi\u00f3 tan parecido a esa carretera sin curvas.<\/p>\n<p>Su limbo inducido se termin\u00f3 cuando llegaron los motorizados. Nada bueno se puede contar de aquello.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Una llamada, si r\u00e1pida, duele dos veces menos, dice la sentencia latina (ladina) que invent\u00f3 para aplacarse.<\/p>\n<p>Nunca le ha gustado formar parte de, explicar o escribir un ox\u00edmoron. Y \u00e9ste que hab\u00eda descubierto despu\u00e9s de la llamada era, francamente, una pena: un m\u00e9dico desahuciado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de marcar los n\u00fameros se jur\u00f3 que el enlace ten\u00eda que semejarse, lo m\u00e1s posible, a vacunar ni\u00f1os en el campo. Se prometi\u00f3 ser puntual durante la llamada, en ese tr\u00e1mite. Otra promesa vana. Hay eternidades que duran cuatro minutos.<\/p>\n<p>La informaci\u00f3n la manejaba hace tiempo y le corr\u00eda por las venas como un trago de ron en ayunas. Solo era cuesti\u00f3n de alzar el tel\u00e9fono y escucharlo desde el estertor de su voz. Embarrarse con su melaza. Perderse, otra vez, en su maleza.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que su pap\u00e1 era un p\u00e1jaro de cuentas. Sab\u00eda que la vulgaridad de irse a vivir a la periferia tuvo m\u00e1s de una raz\u00f3n: el torrente de luz disminuye la posibilidad de ver las sombras. Sus sombras.<\/p>\n<p>En definitiva, fue un sondeo mayormente monosil\u00e1bico hasta que su pap\u00e1 le solt\u00f3 una ristra de espinas:<\/p>\n<p>No importa todo lo que s\u00e9; igual me voy a morir.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El resto de lo que dijo le pareci\u00f3 un calco de unos versos de Cadenas: Es recio tener que morirse a pesar de todas las carcajadas; es rid\u00edculo decir vulgaridades y que no se pueda dopar ni siquiera parcialmente el dolor; es arrecho heredarle al hijo el peor t\u00edtulo de todos cuando ya este pasa de largo los cuarenta: el de hu\u00e9rfano.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Una vez omitido el salvaje asalto de los motorizados, logr\u00f3 llegar a la cl\u00ednica, hinchado, multicolor, con una insolaci\u00f3n que le hizo recordar una borrachera en Los Caracas.<\/p>\n<p>Y sin carro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por fortuna faltaban pocos kil\u00f3metros para arribar a la cl\u00ednica del pueblo.<\/p>\n<p>Pudo llegar, a pie.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la cl\u00ednica, fue atendido diligentemente porque dijo que era el hijo del doctor tal y que tambi\u00e9n necesitaba verlo.<\/p>\n<p>Hubo muchas cejas alzadas. Muchos \u201c\u00a1Caramba!\u201d.<\/p>\n<p>Voces galenas enfatizando: \u201cTe jodieron feo, mano\u201d. Puntos de sutura.<\/p>\n<p>Vitales tratamientos ambarinos intravenosos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde despert\u00f3 hecho un Cristo, con la bandera de la diversidad en su piel.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Junto a Ud., en la sala de emergencias estaban dos polic\u00edas. Parec\u00edan dinosaurios antes de la extinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Preguntaron, apuntaron. Pusieron caras circunspectas. El de m\u00e1s edad dijo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por su santo padre que le recuperamos su carro; pero, eso s\u00ed, debe haber quedado vuelto \u00f1o\u00f1a. Qu\u00e9dese con la idea que le devolveremos un cachivache. Esos fueron los carajitos de siempre; nunca se cansan de echar vaina. D\u00e9jenos que hablemos con ellos y listo. Hablando se entiende la gente, doctor.<\/p>\n<p>Doctor era el pap\u00e1, curso \u2013acot\u00f3 entre dientes el m\u00e1s joven.<\/p>\n<p>En esa carretera por m\u00e1s que Ud., grite nadie le va a hacer caso. Y ponerse de t\u00fa a t\u00fa con esos chamines, menos. Para la pr\u00f3xima, doctor, se\u00f1or, hermanito, negocie hasta lo \u00faltimo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los funcionarios, como si discutieran entre s\u00ed y hasta d\u00e1ndose codazos, salieron de la habitaci\u00f3n a informarle al personal de guardia que el pendejo este ya estaba dando signos de vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>El otro doctor ten\u00eda lentes azules. Era calvo y la barba le llegaba hasta el conducto auditivo. Ten\u00eda una luz de ne\u00f3n parpadeante de fondo que le volv\u00eda m\u00edstico o rave.<\/p>\n<p>&#8211; Su padre\u2026 Mi amigo\u2026 El colega\u2026 El caballero\u2026 El saludable\u2026 El doctor no pudo vomitar el verbo.<\/p>\n<p>Se desmoron\u00f3 como un gran m\u00e9dano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sus l\u00e1grimas brillaron tanto como el estetoscopio que ten\u00eda en el cuello.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>En la cl\u00ednica ya no hab\u00eda nada que hacer. Los motorizados le hab\u00edan bloqueado toda posibilidad de ver a su pap\u00e1 vivo.<\/p>\n<p>Entonces entendi\u00f3 que hab\u00eda perdido cualquier excusa: ten\u00eda que ir a casa por algunos documentos. Porque hasta en este pueblito comaliano los tiempos postmorten son fr\u00edos y espesos: a su pap\u00e1 no se lo entregar\u00edan sino hasta el d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Volver era una afrenta a lo que estaba sepultado a pleno sol. Entrar en la mirilla de los rencores de los vecinos. Era sentir, de pronto, que Ud., apenas un visitante, se volv\u00eda una desagradable brisa que habr\u00eda de alterar hasta los pelos de sus o\u00eddos, de sus odios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De golpe, al emprender el doloroso camino hacia la casa, record\u00f3 que en el pueblo ya no quedaban rastros de los peque\u00f1os buses que serv\u00edan de transporte p\u00fablico, y que los taxis se hab\u00edan vuelto rara avis. En general, el pueblo, visto desde ac\u00e1, es un decr\u00e9pito cementerio, incluso de carros.<\/p>\n<p>Todo el trayecto, naturalmente, lo hizo a pie. Apenas dio un par de saludos a alg\u00fan recuerdo, a alg\u00fan vecino.<\/p>\n<p>Frente a la puerta principal de la casa volte\u00f3 a ver la calle. Al frente, algunas cortinas se cerraron con rabia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Entr\u00f3 a la casa como entra un cirujano a extirpar un tumor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recogi\u00f3 ropas, zapatos, revistas de investigaci\u00f3n en varios idiomas. Vaci\u00f3 la nevera.<\/p>\n<p>Estuvo a punto de aprender a decir -tambi\u00e9n en varios idiomas- la palabra podrido.<\/p>\n<p>Luego se vio cubriendo los espejos y se maldijo porque se sinti\u00f3 parte de un rito en el que ya nadie cree.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Prendi\u00f3. Apag\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a prender la computadora. Encontr\u00f3 archivos serios. Archivos ser\u00edsimos y archivos inexpugnables para los for\u00e1neos a la medicina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n encontr\u00f3 algunos archivos fotogr\u00e1ficos que ser\u00edan mejor utilizarlos como gritos para estallar una noche sudorosa. Sea lo que sea que eso signifique.<\/p>\n<p>Al fondo, la biblioteca segu\u00eda resguardada de las inclemencias del sol. A un lado, cerca de la ventana grande, estaba la mesa, adusta, p\u00e1lida por tanta luz, sosteniendo a\u00fan el tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>Al levantar el auricular, se dej\u00f3 fotografiar, otra vez, por su madre para que la familia tuviera un recuerdo del d\u00eda cuando la modernidad lleg\u00f3 a la casa. En realidad, el aparato estaba mudo: no era para menos, despu\u00e9s de tantos gritos que por all\u00ed se colaron.<\/p>\n<p>Al colgar escuch\u00f3 las vibraciones met\u00e1licas que hac\u00edan las inquilinas o la brisa que azotaba los \u00e1rboles del patio. Casi olvida que unos p\u00e1jaros sin nombre tambi\u00e9n eran los responsables de aquellos ruidos. Todo depend\u00eda de la \u00e9poca del a\u00f1o y del calor. Porque hasta ellos hu\u00edan de la sed que produce este pueblo.<\/p>\n<p>Si uno de esos p\u00e1jaros se quedaba enredado en la tela met\u00e1lica sus chillidos tend\u00edan a confundirse con ayes. Entonces, su pap\u00e1, con parsimonia, se colocaba los manchados guantes multiuso y trataba de mantener sus ojos lejos de aquellos pu\u00f1ales, los mismos con los que, antes de migrar, eliminaban a los ancianos y enfermos de la bandada. Su pap\u00e1, entonces, lo agarraba con rigor y extra\u00eda el cuerpo del entrampamiento. No hab\u00eda adi\u00f3s posible, apenas un \u00e1rido revoloteo que dejaba herida la respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Salvo el de su pap\u00e1, en el resto de la casa no hab\u00eda colchones donde dormir. Los que hubo hab\u00edan sido quemados. Las razones obedecen a unas normas de asepsia que \u00e9l ten\u00eda muy claras.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes, su mam\u00e1 le mandaba a los escaparates para encontrar la soluci\u00f3n a cualquier asunto. En esa ocasi\u00f3n, tambi\u00e9n fue hasta all\u00ed, esperando hallar algo donde poner sus huesos dolientes: una colcha, aunque sea.<\/p>\n<p>Result\u00f3 una l\u00e1stima que en esta oportunidad no se haya detenido a revisar, como hac\u00eda durante horas cuando era ni\u00f1o, las docenas de documentos de identificaci\u00f3n guardados en ese sitio.<\/p>\n<p>En el patio colg\u00f3 la colcha a lo largo de las cuerdas y empez\u00f3 a darles palazos. Esta vez no hubo quejidos.<\/p>\n<p>Ba\u00f1ado en sudor se sent\u00f3 en alg\u00fan sitio del patio. Con la densidad de la nube de polvo crey\u00f3 que volv\u00edan las viejas nieblas t\u00f3xicas que su pap\u00e1 produc\u00eda para aplacar, entre otras cosas, la plaga.<\/p>\n<p>Alter\u00f3 el reposo de las tuber\u00edas cuando abri\u00f3 el chorro de la batea.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Puso la cabeza bajo aquella cascada mientras su pap\u00e1 volv\u00eda a ba\u00f1arlo al lado de las jaulas, en la mitad del patio, como si apagara un incendio. Luego le ped\u00eda que se quedara all\u00ed esperando a que trajera, a rastras, a su mam\u00e1 y lo ayudara a hacer lo propio con ella.<\/p>\n<p>Aquello consist\u00eda, primero, en desnudarla, acostarla en el piso boca arriba (por el lado \u201cA\u201d, dec\u00eda su pap\u00e1). Luego ven\u00eda el chorro rotundo, cuidando que no le diera directo en la nariz. De inmediato, tomaba con seriedad su papel de \u201cenjabonador\u201d y recorr\u00eda a su mam\u00e1 con la pastilla azul y se la pasaba, como un hombre, de modo que saliera bastante espuma. En seguida, otra tanda de agua para barrer el sucio y, luego, repetir toda la maniobra (por el lado \u201cB\u201d). Por \u00faltimo, disminu\u00edan el volumen del agua casi al m\u00ednimo, volteaban otra vez a su mam\u00e1, de cara al sol, y colocaban su cabeza sobre un ladrillo para lavarle el cabello con detenimiento: de pronto aquello se transformaba en uno de esos ritos capilares que tanto les gustaban a las inquilinas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Al rato destap\u00f3 uno de los grandes contenedores de agua. Fue impresionante lo que vio.<\/p>\n<p>Como si fuera el cuerpo de su mam\u00e1 lo tumb\u00f3 y dej\u00f3 que se evaporara ese contenido, ajeno a la vida. Conect\u00f3 la manguera: lav\u00f3 las cavidades verdosas. Con normalidad escuch\u00f3 a su pap\u00e1 expresando su tristeza, o su furia, por el estado de los contenedores.<\/p>\n<p>As\u00ed no se puede vivir, insiste su padre. La verdad es que no. Con o sin agua, en las condiciones dentro de las jaulas, mantener los latidos a un ritmo natural, era muy dif\u00edcil. A muchas de las inquilinas les ganaba la sed. O la congoja. Su pap\u00e1 hac\u00eda lo que pod\u00eda. Los potes del agua hab\u00eda que surtirlos hasta tres veces a lo largo de la jornada porque eran tan violentas las subidas de temperatura que el agua se volv\u00eda sopa durante el mediod\u00eda. En cambio, la comida negra (as\u00ed le llamaba, quien por entonces a\u00fan no era galeno sino que realizaba sus \u201cpasant\u00edas\u201d, debido a que la rutina de preparaci\u00f3n era en las madrugadas), esa comida colorida, se emplataba dos veces.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Casi se nos suelta una sonrisita cuando, entre las l\u00edneas mudas que hoy trazan la casa, escuchamos que a Ud., tambi\u00e9n le dio por hablar en voz alta.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed todos han pasado por lo mismo. Sea en la cocina o en el patio, sea de d\u00eda o de noche, todos terminan hablando solos.<\/p>\n<p>Pero y Ud., \u00bfqu\u00e9 fue lo que dijo?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dijo que menos mal que la brisa ha barrido las incomodidades y lo dijo, as\u00ed, como si soltara una bocana azul, y eso por supuesto, que nos caus\u00f3 gracia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En todo caso, la brisa ha pasado por entre las cercas met\u00e1licas tantas veces que ya nada m\u00e1s se escucha una leve vibraci\u00f3n, en pian\u00edsimo, a escala \u00ednfima, que no habla (ni grita) los \u00edndices anteriores de desolaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La brisa cumple su rutina. Ud., cierra los ojos.<\/p>\n<p>Ve otros soles. A su pap\u00e1.<\/p>\n<p>Los h\u00famedos arreboles de su madre. El dram\u00e1tico ocaso de las inquilinas.<\/p>\n<p>La brisa va, otra vez, entre las ramas de los \u00e1rboles y las escandaliza. Pareciera como si se tratara de las ramas de unos \u00e1rboles invictos, a\u00fan j\u00f3venes, a\u00fan muy bellos, como si su verdor lo incentivara un compost sobrenatural. El que cre\u00f3 su pap\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Cuando logr\u00f3 que, en otro pueblo, cremaran a su padre, en lo primero que pens\u00f3 fue en que se estaba ahorrando la tradicional marcha f\u00fanebre que se acostumbran por estos lares. Tampoco hubiera podido montarse al hombro el f\u00e9retro de su padre. Todas las magulladuras le hab\u00edan brotado, quiz\u00e1s a prop\u00f3sito, para castigar sus emociones y hacer juego crom\u00e1tico con el negro y el morado del duelo. Lo m\u00e1s seguro es que, si hubiera habido sepelio, algunos habr\u00edan preguntado, a juzgar por c\u00f3mo le hab\u00eda quedado la cara a Ud., si en verdad el que iba a ser enterrado iba en la urna o iba marchando. Cualquier comentario viscoso est\u00e1 permitido antes de entrar a un camposanto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dejando a un lado ese bochorno, aguard\u00f3 las cenizas de su pap\u00e1 m\u00e1s de medio d\u00eda -era larga la fila de difuntos- en una sala de espera cuyas paredes ten\u00edan estampados paisajes acu\u00e1ticos y boscosos, tal vez, como sugerencias indirectas de los posibles sitios donde arrojar los residuos del ser querido.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de ah\u00ed de noche.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>De seguido cada peque\u00f1o episodio fue m\u00e1s asombroso que el otro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El primero se dio cuando el taxista le llevaba al Taller donde reposaba su carro desvalijado.<\/p>\n<p>El chofer era especialista en recitar poemas de Benedetti; mejor dicho, era especialista en torcer algunos poemas er\u00f3ticos del uruguayo, quit\u00e1ndoles algunas palabras, sustituy\u00e9ndoles por otras, hasta volverlos eleg\u00edas.<\/p>\n<p>El culmen lleg\u00f3 cuando el chofer sentenci\u00f3 algo que giraba en torno a Eros y a T\u00e1natos. S\u00ed, el chofer.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Desde el port\u00f3n del Taller automotor grit\u00f3 para que le abrieran. Unas luces se encendieron.<\/p>\n<p>Pero tuvieron que pasar algunos otros siglos hasta que sali\u00f3 el mec\u00e1nico. Era evidente que hasta hace un minuto antes de salir hab\u00eda estado llorando. S\u00ed, el mec\u00e1nico.<\/p>\n<p>Con un poco de hipo explic\u00f3 el milagro que \u00e9l hab\u00eda obrado en el carro. Aunque, de muy mal modo, remat\u00f3 su discurso sobre la prodigiosa reconstrucci\u00f3n: Rueda que es lo importante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de que Ud., se subiera al auto, el mec\u00e1nico le pregunt\u00f3 si aquel cofre conten\u00eda lo que \u00e9l estaba pensando.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, panita \u2013respondi\u00f3.<\/p>\n<p>Con sus manos reci\u00e9n lavadas con detergente tom\u00f3 el recipiente de las cenizas y se dobl\u00f3 como un \u00e1rbol azotado por una ventisca.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Antes de cruzar el puente que decreta la entrada o salida del pueblo hay varios establecimientos de chinos donde se puede amainar la sed y hasta el duelo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de atravesar una cortina de flecos perlados reconoci\u00f3 algunas caras avejentadas que alguna vez fueron de sus compa\u00f1eros de escuela. Eran cuatro bomberos de uniformes tan deste\u00f1idos que parec\u00edan haber sido lavados muchas veces con el agua y la espuma extintoras, y secados, circunstancialmente, con las llamas de un incendio. Dos de ellos estaban en una peque\u00f1a mesa, aplaudiendo, llevando el comp\u00e1s de una canci\u00f3n de H\u00e9ctor Lavoe y mirando a los otros dos, de pie, uno frente al otro, tomados de la cintura, casi forcejeando. Intentaban bailar. En realidad, aquello era una clase de baile, la que se le da un amigo con dos pies izquierdos, pero con subrayados vulgares de que si el otro lo apretaba mucho, le juraba que en el pr\u00f3ximo operativo, lo empujar\u00eda a las artes del fuego. Los bomberos que estaban sentados al escuchar la conjugaci\u00f3n del verbo empujar, autom\u00e1ticamente, soltaron una alarga y borracha \u201ce\u201d.<\/p>\n<p>Dej\u00f3 atr\u00e1s a los uniformados y borde\u00f3 algunas mesas y se sinti\u00f3 repelido por la luz agria de varios bombillos.<\/p>\n<p>Encaramado en la barra coloc\u00f3 el cofre sobre el helipuerto de las botellas y cuando el chino Juan le trajo la g\u00e9lida cerveza, Ud., choc\u00f3 el tercio con la madera del recipiente y, por supuesto, dijo salud pap\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*<\/p>\n<p>Desde el carril contrario, se qued\u00f3 viendo el sitio donde por poco lo matan. Naturalmente, tambi\u00e9n pudo haber estado espolvoreado dentro de un cofrecito, as\u00ed como iba su padre en la guantera.<\/p>\n<p>Al volver, la distancia no se le hizo corta como suelen ser los retornos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Hasta lleg\u00f3 a sentirse m\u00e1s solo que antes\u2026 Tan solo y tan sin sentido como sus copilotos: dos bolsas de tierra del patio que les llevaba a sus plantas a ver si se dignaban, por fin, a echar una alegr\u00eda en su apartamento de Caracas y as\u00ed, tambi\u00e9n, se podr\u00eda forzar ciertas visitas de colibr\u00edes.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/juan-manuel-romero-a\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Asuntos respiratorios En la ONG donde yo fung\u00eda de l\u00edder espiritual, las cosas no pod\u00edan estar peor cuando lleg\u00f3 la invitaci\u00f3n. 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