{"id":384,"date":"2021-08-02T23:51:50","date_gmt":"2021-08-02T23:51:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=384"},"modified":"2023-11-24T18:40:52","modified_gmt":"2023-11-24T18:40:52","slug":"dos-cuentos-jose-rafael-pocaterra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-jose-rafael-pocaterra\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra"},"content":{"rendered":"<header>\n<div class=\"text-center\">\n<h3>La casa de la bruja<\/h3>\n<p class=\"text-smaller\"><strong>I<\/strong><\/p>\n<\/div>\n<\/header>\n<div class=\"text-justify\">\n<p>Cuando pasaba el alegre grupo de muchachos a remontar cometas \u2014a los que dicen pintorescamente \u201cpapagayos\u201d en mi pa\u00eds\u2014 por las colinas de Agua Blanca, ve\u00edamos con horror aquella casucha de adobes rojos techada de palmas y de pedazos de lat\u00f3n, con el \u00fanico agujero de su ventana mirando como un ojo siniestro hacia lo m\u00e1s sombr\u00edo del callej\u00f3n\u2026Rode\u00e1bala una palizada de cardos, y alz\u00e1base en el aislado arrabal, m\u00e1s aislada que todas, solamente protegida por la falda escarpada y \u00e1spera del cerro.<\/p>\n<p>Era \u201cla Casa de la Bruja\u201d.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>Recorriendo la ciudad, de puerta en puerta, desde el amanecer, recog\u00edase con el d\u00eda cuando comenzaban a encenderse las farolas urbanas que parec\u00edan arrojarla del poblado. \u00a1Cu\u00e1ntas veces vi a la luz fant\u00e1stica de los crep\u00fasculos, m\u00e1s horribles en su extra\u00f1a demacraci\u00f3n, la nariz m\u00e1s curva y el manto m\u00e1s ra\u00eddo, perderse su silueta al doblar una esquina, al extremo de las calles rectas y tristes de mi tierra natal!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La bruja! \u00a1La bruja!<\/p>\n<p>Y eran gritos y pedradas; voces de todos los granujas. Si la acosaban y un guijarro iba a golpear su pobre armadijo de huesos, sacaba del manto un dedo muy largo, se\u00f1alaba el cielo y regonzaba una especie de protesta mon\u00f3tona como una oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no busca un trabajo? P\u00f3ngase a servir en una casa; usted est\u00e1 \u00a1buena y sana!<\/p>\n<p>Sin responder, echaba ella a andar calle abajo ondulando su verdoso manto, como una bandera de miseria.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Pasaba por la vida fastidiosa de la provincia envuelta en una atm\u00f3sfera de terror y supersticiones; evocaba cosas macabras, vuelos a horcajadas en palos de escoba para asistir al sabat demon\u00edaco, la misa negra en una cueva pavorosa cocinando en marmitas de caldo de azufre tiernos ni\u00f1os que mor\u00edan despu\u00e9s de chuparles la sangre.<\/p>\n<p>Cre\u00edamos verla volar por sobre los techos en Semana Santa, despu\u00e9s de beberse el aceite en las l\u00e1mparas de las iglesias, cantando el pavoroso estribillo que nos ense\u00f1aron las criadas:<\/p>\n<p><em>\u00a1Lunes y martes<br \/>\nmi\u00e9rcoles, tres!<br \/>\njueves y viernes\u2026<\/em><\/p>\n<p>Y una voz, la voz misma de Satan\u00e1s, a\u00f1ad\u00eda:<\/p>\n<p><em>S\u00e1bado seis.<\/em><\/p>\n<p>Noches de no poder dormir viendo su rostro en los pliegues de las ropas colgadas, en las sombras que hac\u00edan danzar sobre las paredes la l\u00e1mpara encendida a la virgen, cuya mecha chirriaba de un modo muy particular\u2026Y arrop\u00e1ndonos hasta la cabeza, parec\u00edamos o\u00edr el horrible estribillo:<\/p>\n<p><em>Domingo siete.<\/em><\/p>\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Para acrecer aquella superstici\u00f3n del lugar, observ\u00e1banse en ella detalles que la acusaban, pruebas que en la Edad Media hubieran bastado a dar con sus huesos en la hoguera; \u00bfpara qu\u00e9 eran aquellos misteriosos hacecillos de hierba que ocultaba en el manto? \u00bfQu\u00e9 menjurjes conten\u00eda aquel frasco colgado de una cuerda con el cual mendigaba, en las boticas, aceites o \u00e1cido f\u00e9nico, o b\u00e1lsamo sagrado, drogas todas para preparar ung\u00fcentos malignos contra la dicha, la fortuna o la salud de los dem\u00e1s?<\/p>\n<p>Cerca del matadero p\u00fablico, alguien la sorprendi\u00f3 envolviendo en su pa\u00f1uelo un cuervo muerto, y la ma\u00f1ana de un domingo los muchachos del arrabal la hicieron descender del caballete de la casucha a pedradas. Grit\u00f3, furiosa, que estaba componiendo el techo, porque llov\u00eda sobre su cama; pero \u00bfa qui\u00e9n iba a meterle tama\u00f1o embuste? \u00a1La hab\u00edan sorprendido al amanecer sobre la casa, al regreso de la misa del s\u00e1bado, y no pudo bajar; al canto de los gallos se le hab\u00eda acabado \u201cel encanto\u201d!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ave Mar\u00eda Pur\u00edsima! \u2013gritaban desaforadas las mujeres en los corrales. Los perros ladraban furiosos y aquel d\u00eda la bruja no pudo salir, porque llovieron, como nunca, piedras y abrenuncios sobre la casa maldita.<\/p>\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Una semana despu\u00e9s el ni\u00f1o de la vecina que fue la primera en avisar la aparici\u00f3n de la bruja en los techos, muri\u00f3 de una calentura. Se le fue poniendo amarillo, amarillo como si le chuparan la sangre.<\/p>\n<p>El doctor dijo lo de siempre: que era paludismo, y el se\u00f1or Cura, que sin duda no quiso desmentir al m\u00e9dico, les reprendi\u00f3 \u00e1speramente:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 brujer\u00eda, ni hechicer\u00eda, hatajo de est\u00fapidos! Vivan mejor con Dios y tengan m\u00e1s caridad para esa infeliz mujer\u2026<\/p>\n<p>Mucho era el respeto que les merec\u00eda aquel rudo pastor lugare\u00f1o y francote que llevaba a pie a la hora que fuese, bajo el sol o bajo la lluvia, amparado en su paraguas, los auxilios diversos a dos y tres leguas a la redonda. Pero nada pudo contra el rencor del vecindario hacia aquella malvada mujer que viv\u00eda matando ni\u00f1os y echando da\u00f1os: patios enteros de gallinas que se perd\u00edan v\u00edctimas del moquillo; hombres que siempre fueron excelentes maridos se \u201cpegaban\u201d a otra; el pan de ma\u00edz casi nunca levantaba en el budare; hubo viruelas\u2026<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Nada! \u00a1Nada! Digan lo que digan, esa mujer va a acabar con el vecindario.<\/p>\n<p>Y resolvieron llevar la queja a la autoridad.<\/p>\n<p><strong>VI<\/strong><\/p>\n<p>El consabido andino y Jefe Civil oy\u00f3 gravemente la denuncia. Depusieron los testigos, se acumularon pruebas fehacientes, y el m\u00e1s caracterizado, el padre de la criatura muerta formul\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Nosotros no queremos el mal de naiden, contrim\u00e1s el de una pobre sola; pero es el caso que no nos deja vida; y ya no es con las cosas de la mujer diuno, de la sal\u00fa y de los animales, sino que asina mesmo quiere urtimarle a uno las creaturas\u2026Y eso no, se\u00f1or Jefe-civil, eso s\u00ed que no \u2013protest\u00f3 con la voz sofocada de l\u00e1grimas al recuerdo de su hijito muerto.<\/p>\n<p>El funcionario apoy\u00f3 la demanda. \u00bfAcaso \u00e9l no sab\u00eda a qu\u00e9 atenerse con las gentes ociosas y mal entretenidas?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo le parece a bust\u00e9? \u2014a\u00f1adi\u00f3\u2014. Siempre paran en brujer\u00edas. En Capacho se dio el caso de una bruja, pero noje pasaron ocho d\u00edas cuando ya el Bachiller Primitivo le busc\u00f3 la contra, \u00bfno?<\/p>\n<p>Luego los\u00a0 despidi\u00f3 solemne:<\/p>\n<p>\u2014Bueno, pues, ya la autoridaz est\u00e1 en cuenta para proceder. V\u00e1yanse tranquilos, los amigos.<\/p>\n<p>Y como era hombre activo y eficaz, organiz\u00f3 la patrulla para caerle encima esa misma noche y sorprenderla en plena \u201cbrujer\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La vamos a coger infraganti! \u2013dijo gozoso al secretario terci\u00e1ndose la peinilla. Bust\u00e9 se me queda en el tel\u00e9fono por si acaso\u2026<\/p>\n<p>La ronda aumentada con los vecinos que esa noche se incorporaron voluntarios, rode\u00f3 la casa misteriosa. Y con el Jefe Civil a la cabeza se deslizaron ocho hombres por debajo de la palizada. Trataba este de darle \u00e1nimos y le sal\u00edan el miedo y los refranes con igual violencia.<\/p>\n<p>\u2014Procuren no hacer bulla, porque \u201cbrujo no duerme\u201d.<\/p>\n<p>En el silencio nocturno, negra y muda, se alzaba la casa. Parec\u00edales m\u00e1s l\u00f3greba, m\u00e1s siniestra, m\u00e1s grande. De repente uno se\u00f1al\u00f3 un bulto hacia el centro del patio.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ve\u00e1nla, all\u00ed est\u00e1!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ave Mar\u00eda Pur\u00edsima! \u2013mascull\u00f3 otro.<\/p>\n<p>Y un tercero prudente aconsej\u00f3 con voz temblorosa:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No le diga asina, compadre, que se nos vuela!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1S\u00ed le liga! \u2013exclam\u00f3 valerosamente el Jefe-civil, santigu\u00e1ndose en la oscuridad.<\/p>\n<p>Y heroicamente hizo irrupci\u00f3n seguido de sus ocho valientes.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vamos a ver, pues, qu\u00e9 tiene la amiga por aqu\u00ed!<\/p>\n<p>Sorprendida la pobre mujer, nada respondi\u00f3, arrojando la colilla del tabaco que fumaba, con el fuego hacia dentro, en un reguero de chispas; ese triste h\u00e1bito de lavanderas y de ancianas hambrientas, que as\u00ed logran conservar alg\u00fan calor dentro de la boca. Pero aquellos hombres jurar\u00edan que ella escup\u00eda candela. Y uno t\u00edmido, con las piernas y la voz debil\u00edsimas, salud\u00f3 aterrado:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Buenas noches, mi se\u00f1ora!<\/p>\n<p>\u2014Vamos \u2014orden\u00f3 reponi\u00e9ndose el Jefe, al constatar que era un cabo de tabaco\u2013. \u00a1Basta de necedades! Prenda una luz, se\u00f1ora.<\/p>\n<p>\u2014Yo no tengo vela\u2026 \u2013balbuce\u00f3 todav\u00eda llena de terror.<\/p>\n<p>Y \u00e9l, heroico, la increp\u00f3 en tono burl\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014No venga con eso. \u00bfBrujo sin vela?\u2026 \u00a1Basirruque!<\/p>\n<p>\u2014Venimos a registrarle la casa \u2013advirti\u00f3 el segundo en car\u00e1cter.<\/p>\n<p>\u2014Pues yo no tengo luz, y aunque tuviera no la encender\u00eda para que otro venga a registrarme la casa \u2013repuso resuelta, poni\u00e9ndose de pie, comprendiendo de s\u00fabito lo que aquellos hombres pretend\u00edan.<\/p>\n<p>\u2014Mire, se\u00f1ora \u2014aconsej\u00f3 el que tem\u00eda que echase a volar\u2014, no se oponga a la autoridad: el se\u00f1or es el Jefe-civil de la parroquia, el general Circuncisi\u00f3n Uribe \u2014y design\u00f3 al cabecilla, quien, a su vez, desnudando la peinilla, intim\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Uno que encienda algo, vamos!<\/p>\n<p>Y mientras corr\u00eda alguno al vecindario en busca de un candil, la infeliz protestaba en\u00e9rgicamente de aquel atropello. Ella era una pobre mujer, sola, que no hac\u00eda da\u00f1o a ninguna persona; que no se met\u00eda con nadie, \u00bfpor qu\u00e9, pues, la acosaban hasta en su casa como a un perro rabioso?<\/p>\n<p>\u2014Esto lo vamos a ver\u2026 \u2014observ\u00f3 el Jefe\u2014. Por el momento, si no tiene nada malo que esconder, \u00bfpor qu\u00e9 se opone a la autoridaz?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Porque estoy en mi casa!<\/p>\n<p>\u2014Esa no es raz\u00f3n, mi se\u00f1ora \u2013concili\u00f3 el vecino, que esperaba verla salir volando de un momento a otro.<\/p>\n<p>\u2014Ultimadamente, con la autoridaz no se discute\u2026 \u00a1Aqu\u00ed est\u00e1 ya luz!<\/p>\n<p>Mientras uno, delante, empu\u00f1aba en alto el candil, el grupo de h\u00e9roes avanz\u00f3 hacia la puerta de la \u00fanica habitaci\u00f3n que hab\u00eda a lo largo del cobertizo, y en cuyo umbral como una leona, con la cabeza desmelenada y los brazos abiertos, la mujer se irgui\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aqu\u00ed me matan ustedes, pero no pasan, no pasan!<\/p>\n<p>Era tan soberbia la actitud de la desgraciada, que retrocedieron intimidados\u2026Pero alguno grit\u00f3, con el grito gozoso y salvaje de los cazadores de monta\u00f1a:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No les dec\u00eda yo que aqu\u00ed hab\u00eda algo!<\/p>\n<p>\u2014Ap\u00e1rtese, se\u00f1ora.<\/p>\n<p>Y manos villanas, que nunca falta, la apartaron de un empuj\u00f3n formidable, brutal, para aquella armadura de huesos.<\/p>\n<p>Cay\u00f3 encorvada, golpeando la pared con la frente, ronca de rabia y de impotencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Sinverg\u00fcenzas! \u00a1Cobardes!<\/p>\n<p>La luz del mech\u00f3n alumbr\u00f3 un aposento estrecho; en los muros hab\u00eda colgadas ropas, telas de ara\u00f1a, manojos de plantas, un tabla mugrienta, aparador y altar del Santo borroso en que ella se apoyaba\u2026Y al bajar la luz dieron un grito que el horror ahog\u00f3 en las gargantas.<\/p>\n<p>Sobre un camastro cubierto de\u00a0 hojas de pl\u00e1tano, tostadas por la fiebre, estaba una cosa hinchada, deforme, que deb\u00eda ser algo humano, pero tan monstruoso y lleno de escamas y de oscuras p\u00fastulas, que m\u00e1s se asemejaba a esos troncos muertos bajo la ro\u00f1a vegetal.<\/p>\n<p>Aquello trat\u00f3 de incorporarse. Y vieron, entonces, en un rostro tumefacto, encuadrado por dos orejas enormes, como dos lonjas de carne fresca, los ojos reventados, que lloraban un pus sanguinolento, el agujero negro, que era boca y nariz donde bailaba la lengua horriblemente, ululando y lamento, una especie de aullido, como el rumor del agua puesta a hervir.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Un l\u00e1zaro! \u00a1Un l\u00e1zaro!<\/p>\n<p>Y dejando caer el candil que se apag\u00f3 en un silbido de tragedia, huyeron enloquecidos por el espanto.<\/p>\n<p>S\u00ed, un l\u00e1zaro; un desgraciado a quien la enfermedad antigua y tremenda iba devorando lentamente a pedazos sobre la yacija de su miseria; un atacado del viejo mal de la Escritura, que martiriz\u00f3 a los profetas y a los santos; otra v\u00edctima del remoto contagio asi\u00e1tico, que los cruzados llevaron a Europa, y los barcos negreros trajeron a la Am\u00e9rica desde el litoral africano.<\/p>\n<p>Toda la brujer\u00eda de la bruja era aquel pobre leproso, aquel hijo infeliz que ocultaba en el fondo del casucho, ri\u00f1endo con el m\u00e1s sagrado de los hero\u00edsmos, una diaria batalla contra el hambre, las enfermedades y los hombres\u2026 A esa bruja horrenda que llenaba de odio y de pavor a los ni\u00f1os de la ciudad, su enfermo, su hijo, en las c\u00f3leras inmensas de la desesperaci\u00f3n, en el negro humor de su desgracia, la tiraba de los cabellos, la golpeaba brutalmente, la estrechaba contra sus carnes hinchadas para contagiarle el horrible mal.<\/p>\n<p><strong>VII<\/strong><\/p>\n<p>El enfermo fue recluido en la leproser\u00eda de Cabo Blanco; su madre estuvo detenida unos d\u00edas y luego no se supo m\u00e1s de ella\u2026La autoridad dispuso quemar la casa para que se aislara el sitio.<\/p>\n<p>Por eso cuando regresaba el alegre grupo de muchachos a remontar \u201cpapagayos\u201d en la colina de Agua Blanca y nos sorprend\u00eda el anochecer cerca de la casa maldita \u2013de la cual no quedaba sino un pedazo de techo, la pared de adobes rojos y el negro agujero de la ventana\u2013 pas\u00e1bamos corriendo.<\/p>\n<p>Nos parec\u00eda que la bruja iba a asomar por aquel hueco la cabeza desmelenada para maldecirnos\u2026<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>Cuando encuentres, al paso, en las calles desiertas de tu ciudad natal, una de esas ancianas que parecen huir, encorvadas y t\u00edmidas, ampar\u00e1ndose a la sombra irrisoria de los aleros o refugiadas de la lluvia en el quicio de alg\u00fan port\u00f3n, no les quites la acera ni vuelvas el rostro con disgusto. T\u00fa no sabes, \u00a1oh transe\u00fante! , qu\u00e9 prodigio de hero\u00edsmo, de abnegaci\u00f3n y de amor ocultan a veces esos mantos ra\u00eddos de las pobres viejecitas brujas.<\/p>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Redenci\u00f3n<\/h3>\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n<p>De lo que ella fue para m\u00ed, la vida no me hab\u00eda devuelto sino un despojo: el naufragio de su belleza y de sus sentimientos en aquellos ocho a\u00f1os pasados sobre el coj\u00edn de todos los carruajes, en los reservados de todas las cantinas, cayendo una, seis, cien veces entre esplendores de fuego fatuo y d\u00edas trist\u00edsimos sin pan ni trajes ni domicilio fijo. Dorm\u00eda a\u00fan. El cabello dorado que tantas veces alborotara mis deseos, muerto, casi gris, mate, con leves reflejos de su brillo pasado; los ojos, entrecerrados por el sue\u00f1o congojoso, se velaban bajo los p\u00e1rpados amoratados; y la boca antes risue\u00f1a, que mostraba menudos dientes, ten\u00eda ahora esa expresi\u00f3n dura que al violentar la barbilla ahonda la comisura de los labios. Como si hubiese tomado algo amargo\u2026 Era ella aquel despojo de un naufragio que ahora, con las primeras luces de la ma\u00f1ana, se revelaba entre las ropas de mi cama de solitario, surgiendo de las s\u00e1banas como un fantasma sobre las espumas de mar agitado. P\u00e1lida, enflaquecida, marchita.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>La primera locura de mi juventud. Una noche, entre gentes alegres, en no recuerdo qu\u00e9 sitio de fama dudosa, conoc\u00ed a aquella Luc\u00eda que se iniciaba en la vida de los des\u00f3rdenes con esa resoluci\u00f3n casi infantil de algunos pol\u00edticos muy j\u00f3venes y de las muchachas sorprendidas por el vicio. Peque\u00f1a historia de amor: la seducci\u00f3n de cualquiera, el fugaz capricho, luego el abandono y la dura necesidad de comer, de vivir, de surgir, sonriendo y cantando por fuerza de edad sobre todas las ilusiones destrozadas.<\/p>\n<p>C\u00f3mo vivi\u00f3 tanto tiempo a mi lado, fue lo que despu\u00e9s no pude comprender, pero conmigo estuvo en amor y juventud largos d\u00edas de paz, alegre, retozona, con una inconsciencia de p\u00e1jaro, absorbiendo lo mejor que todo hombre lleva en s\u00ed: la hora intensa de las pasiones. Cansancio primero, luego fastidio; lentamente dej\u00f3 de ser m\u00eda. Fue ella recuper\u00e1ndose en su propia alma y de lo profundo de sus instintos una ascendencia de tuberculosis y de alcoholismo le tendi\u00f3 los brazos y la atrajo hacia la infamia com\u00fan, hacia la infamia inevitable\u2026 Pude detenerla; un postrer esfuerzo de voluntad pod\u00eda salvar aquel p\u00e1jaro que iba a estrellarse contra los cristales enga\u00f1osos. Un poco de la \u00edntima generosidad que se llama renunciaci\u00f3n, bastaba. El ego\u00edsmo remoto, el celo del macho de las cavernas y tambi\u00e9n un mucho de ese \u201csentido pr\u00e1ctico\u201d que mata en nosotros las flores m\u00e1s espont\u00e1neas, triunf\u00f3 de escr\u00fapulos sentimentales\u2026<\/p>\n<p>Y Luc\u00eda march\u00f3 una tarde, muy p\u00e1lida, muy llorosa, pero con un ardor febril de recomenzar en su vida el interrumpido mandato de sus antepasados crapulosos y enfermos.<\/p>\n<p>Recuper\u00e1base, volv\u00eda a s\u00ed misma, de donde se la hab\u00eda arrancado, para hacerle el mal de que conociera el bien por poco tiempo.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Ocho a\u00f1os\u2026 y anoche, mientras cenaba a la salida del cine, un llanto ronco, quebrado, en el cual reconoc\u00ed un eco profundo y lejano, lleg\u00f3 hasta m\u00ed conmovi\u00e9ndome de modo s\u00fabito, casi est\u00fapido.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es? \u00bfQui\u00e9n llora all\u00e1 dentro?<\/p>\n<p>\u2014Nada; es esa mujer que vive dando esc\u00e1ndalos \u2014me contest\u00f3 el sirviente\u2014, ya la han llevado varias veces a la polic\u00eda, y todav\u00eda no est\u00e1 contenta. Debe catorce reales y si no los paga de aqu\u00ed sale para \u201carriba\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, dentro de un reservado s\u00f3rdido, pintado al temple, en un desorden de cena frustrada, sobre un sof\u00e1 estaba una mujer torcida, ebria, llorando\u2026 El traje costoso, de mal gusto, el colorete; algo as\u00ed como la faz desencajada de los c\u00f3micos en los ensayos de mediod\u00eda; algo rid\u00edculo y doloroso, profundamente canallesco\u2026 la escapatoria de los que estaban con ella\u2026 su desesperaci\u00f3n\u2026 Lloraba, ocultando el rostro, doblada contra el brazo del mueble en aquella gracia de l\u00edneas de la mujer que llora al pie de la cruz. El sirviente la sacudi\u00f3 por un brazo; quer\u00eda arrastrarla fuera, a la calle, para entregarla a la polic\u00eda. No lo permit\u00ed; \u00e9l se march\u00f3 mascullando un insulto.<\/p>\n<p>Y entonces con una piedad que no honra pero que se parece al remordimiento, al remordimiento colectivo por todos los que damos el mal y lo recibimos, fui hasta aquella mujer que sin haberme visto el rostro siquiera, presintiendo un brazo misericordioso, acaso un fervor rec\u00f3ndito hacia antiguos ensue\u00f1os, en la amargura suprema escondi\u00f3 la cabeza en mi hombro:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No me dejes llevar! \u00a1Yo estoy borracha!<\/p>\n<p>Y realmente, cay\u00f3 en un sopor profundo, con los ojos nublados de l\u00e1grimas. Era Luc\u00eda. Reconoc\u00ed aquel rostro; al cabo de aquellos brazos record\u00e9 todo el pasado muerto; ora aquel mismo refugiarse en mis brazos, empeque\u00f1ecida y miedosa, cuando le refer\u00eda cuentos de aparecidos. El amor pasado, el que se sella con una sonrisa, como se pone una cruz para se\u00f1alar los muertos que cayeron en el camino. Una cruz sobre un mont\u00f3n de piedras.<\/p>\n<p>Ante el asombro moment\u00e1neo de los que all\u00ed estaban la llev\u00e9 hasta el coche, en brazos, y pagu\u00e9 los catorce reales.<\/p>\n<p>Al salir, alguien comento, burl\u00f3n, en alta voz:<\/p>\n<p>\u2014Eso est\u00e1 en el Quijote.<\/p>\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>Despert\u00f3 a mediod\u00eda, en la <em>gar\u00e7onniere<\/em>. Se avergonz\u00f3 al reconocerme, volvi\u00f3 la cara, hizo una mueca de disgusto, quiso llorar; se me estrech\u00f3 profundamente, con gratitud de perro recogido en la calle\u2026 Aquella emoci\u00f3n dur\u00f3 poco, el animal surgi\u00f3; ten\u00eda sed, hambre, la risa convencional del oficio\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u201cEnratonada\u201d, chico\u2026!<\/p>\n<p>La palabra completaba su ambiente indispensable. Una frase burda, soez, pero autentica.<\/p>\n<p>Y bebi\u00f3 soda con brandy, y comi\u00f3 mucho, vorazmente, hasta hartarse\u2026 Despu\u00e9s quiso acariciarme y tuve que desprenderme fina y resueltamente de los brazos mercenarios, del animal agradecido\u2026 Todav\u00eda ol\u00eda a embriaguez; el cabello enredado, los labios insolentes, la mirada viciosa y honda.<\/p>\n<p>En la tarde, ya al marcharse, con una expresi\u00f3n melanc\u00f3lica, me abraz\u00f3 estrechamente como queriendo refugiar en el abrazo la futura intenci\u00f3n, y sin haberme o\u00eddo ni un reproche, ni una leve censura, quiso prometerme tr\u00e9mula, con los ojos llenos de l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oye, te juro que no me volver\u00e1s a encontrar as\u00ed!<\/p>\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>La otra noche, al paso de un autom\u00f3vil cerrado de donde sal\u00edan voces de hombres y gritos y carcajadas de mujer, Luc\u00eda sac\u00f3 la cabeza desmelenada, con labios sangrientos de carm\u00edn:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Adi\u00f3s, pap\u00e1! Cuando coja otra mona la voy a dormir all\u00e1!<\/p>\n<div class=\"text-justify\">\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pocaterra-jose-rafael\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La casa de la bruja I Cuando pasaba el alegre grupo de muchachos a remontar cometas \u2014a los que dicen pintorescamente \u201cpapagayos\u201d en mi pa\u00eds\u2014 por las colinas de Agua Blanca, ve\u00edamos con horror aquella casucha de adobes rojos techada de palmas y de pedazos de lat\u00f3n, con el \u00fanico agujero de su ventana mirando [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":546,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/384"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=384"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/384\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5832,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/384\/revisions\/5832"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/546"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=384"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=384"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=384"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}