{"id":3826,"date":"2022-03-18T00:23:56","date_gmt":"2022-03-18T00:23:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3826"},"modified":"2026-02-07T16:44:13","modified_gmt":"2026-02-07T21:14:13","slug":"dos-visiones-sobre-proserpina-de-armando-rojas-guardia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-visiones-sobre-proserpina-de-armando-rojas-guardia\/","title":{"rendered":"Dos visiones sobre Proserpina, de Armando Rojas Guardia"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Armando Rojas Guardia: El largo porvenir de Proserpina<\/h3>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: Luis Moreno Villamediana<\/h4>\n\n\n\n<p>La desaparici\u00f3n f\u00edsica de Armando Rojas Guardia (Caracas, 1949-2020) deja un doloroso vac\u00edo. El influjo de su obra es una recurrente constataci\u00f3n desde los d\u00edas cuando, junto con otros importantes poetas, se lanz\u00f3 a la aventura de crear el Grupo Tr\u00e1fico. Armando lega libros luminosos, pero sobre todo su huella resulta una suerte de marca de agua en muchas p\u00e1ginas de aventajados disc\u00edpulos o, m\u00e1s a\u00fan, impregna la cifra de sus vidas. Prodavinci rinde tributo a su memoria con la publicaci\u00f3n de varios textos que en su momento sirvieron como valoraciones cr\u00edticas de algunos de sus t\u00edtulos.<\/p>\n\n\n\n<p>El relato de Armando Rojas Guardia, <em>Proserpina<\/em> (Caracas, La Guayaba de Pascal, 2014), puede leerse en principio como una versi\u00f3n contrapuesta y ritual de <em>Lolita<\/em>. En la novela de Nabokov, Humbert Humbert comienza su reporte con el antecedente de Dolores Haze: Annabel, su primer amor, la ni\u00f1a europea. Con ello busca establecer una continuidad er\u00f3tica, el motivo de su pasi\u00f3n madura por aquella n\u00ednfula de Nueva Inglaterra. La estructura de <em>Lolita<\/em> es previsible, sigue el orden de los informes contenciosos que aclaran los v\u00ednculos causales entre una secuencia de eventos y un posible crimen; la cronolog\u00eda en ella es la manifestaci\u00f3n de una filosof\u00eda determinista e inclinada a revelar la raz\u00f3n detr\u00e1s del misterio \u2014por qu\u00e9 al protagonista le puede interesar una pre adolescente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero Rojas Guardia invierte ese patr\u00f3n explicativo y el evento <em>original<\/em> va de hecho como coda y no como premisa; en el cuento se habla del pasado como \u00abla meta misma del futuro que hoy escribo\u00bb (41). Esa alteraci\u00f3n transforma el pretexto de la escritura en una epifan\u00eda, y de ese modo mitiga el esquema de acci\u00f3n y reacci\u00f3n. El trastorno de la sintaxis narrativa hace que la historia se desarrolle en circuito cerrado, una modalidad intempestiva de la literatura que elige confundir los eslabones entre vida y discurso. <em>Proserpina<\/em> aparece entonces como el desarreglo de ese t\u00f3pico que define lo escrito como derivaci\u00f3n de la experiencia: all\u00ed lo real es tambi\u00e9n un fantasma del deseo, una lectura retrospectiva y tal vez infundada, una ilusi\u00f3n que depende del envite est\u00e9tico.<\/p>\n\n\n\n<p>Rojas Guardia narra en <em>Proserpina<\/em> la aventura amorosa de un diplom\u00e1tico venezolano con \u00abla enigm\u00e1tica y esbelta esposa del embajador de un pa\u00eds selv\u00e1tico\u00bb (11). La relaci\u00f3n tiene lugar en Egipto en los a\u00f1os cincuenta. Hay mucho de cinematogr\u00e1fico en esa elecci\u00f3n: las im\u00e1genes que conforman el texto siguen la tradici\u00f3n que va de Josef von Sternberg a Minghella e incluye t\u00edtulos como <em>Casablanca<\/em> e <em>India Song<\/em>. Las preside un exotismo matizado, que provee \u2013en la cumbre del encuentro sexual\u2013 la utiler\u00eda de t\u00fanicas, kif, perfumes y vi\u00f1etas, y prescinde de la etnograf\u00eda racista del orientalismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el inicio, el narrador nota el \u00abconflicto religioso\u00bb de su amante: la b\u00fasqueda de un remanente sagrado al fondo de la carne, las se\u00f1as de una transcendencia que pasa por el cuerpo y lo supera, hasta lograr la ingravidez. La indagaci\u00f3n de Proserpina se resume en el verbo hebreo <em>yada<\/em> (\u00abconocer\u00bb y \u00abunirse sexualmente\u00bb): lo que ella procura es el entendimiento por medio de la c\u00f3pula. En el relato, el placer de la materia es el veh\u00edculo de lo absoluto, un estadio anterior pero imperioso de la iluminaci\u00f3n. El sexo se erige como m\u00e9todo de adquisici\u00f3n de un reino espiritual, lo que a posteriori justifica siquiera vagamente la locaci\u00f3n egipcia: la esperanza de gloria no es paulista, sino m\u00e1s bien t\u00e1ntrica \u2014pero el Tibet quiz\u00e1 no sea un escenario justo para las exaltaciones genitales. En este contexto, sin embargo, el budismo Vajray\u0101na est\u00e1 cernido por las ideas de Bataille y Pierre Klossowski.<\/p>\n\n\n\n<p>La fe en ese sistema lleva a los personajes a planear un encierro donde habr\u00e1n de buscar a Dios con el \u00abm\u00e1ximo rigor\u00bb: el objetivo de aquella ceremonia de los cuerpos, deshecha de los desvelos peri\u00f3dicos, es asumir \u00abuna di\u00e1fana vigilia dentro de la cual la mente, nutri\u00e9ndose elementalmente de la carne, alcance un grado supremo de lucidez\u00bb (33). Ambos hacen acopio de objetos y actitudes que hipot\u00e9ticamente tendr\u00edan que propiciar el advenimiento de lo Trascendente. S\u00ed, en la Legaci\u00f3n de Venezuela han decidido fundar un \u00abmonacato er\u00f3tico\u00bb que no funciona porque lo tutelan la voluntad y el raciocinio. Solo cuando por fin se aman con violencia, con un vicio humillante, pronunciando los \u00abvocablos de limo\u00bb y admitiendo los olores inmundos, Proserpina y su hombre se reconcilian el uno con el otro y conocen a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La utop\u00eda literaria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esa abreviaci\u00f3n de la an\u00e9cdota es falsaria, pues hace creer que <em>Proserpina<\/em> relata lo que ya concluy\u00f3 y se puede identificar como suceso. No, Rojas Guardia circunscribe lo que puede llamarse una utop\u00eda literaria, desligada de aquella que G\u00e9rard Genette pormenoriza a prop\u00f3sito de Borges \u2013la consecuci\u00f3n de un sitio imaginario donde Kafka y Cervantes son contempor\u00e1neos, y la causa y el efecto confluyen\u2013: lo narrado ac\u00e1 incluso va a un \u00e1rea sin coordenadas m\u00e1s all\u00e1 del lector, que no puede adjudicarle la posibilidad de un presente cumplido en el instante de la recepci\u00f3n. La lectura tropieza con la constataci\u00f3n de que registra hechos fantasmas, solo que en esta obra la expresi\u00f3n no remite a algo amputado, sino a eso que ni siquiera ha surgido a\u00fan. El cuento apuesta por la revelaci\u00f3n de la literatura como potencia, no como actualidad. La fiesta diplom\u00e1tica donde un secretario de embajada y Proserpina se encuentran, el paseo por el Nilo, el sexo en el desierto y el despacho son apenas prop\u00f3sitos que apuntalan el concepto de ficci\u00f3n como eterno aplazamiento. Hasta el descubrimiento de Dios al final de un coito salvaje es ilusorio: pertenece al territorio de la fe y de la teleolog\u00eda. El relato de Rojas Guardia es m\u00e1s radical que <em>La invenci\u00f3n de Morel<\/em>: en el porvenir de la novela de Bioy Casares, quien viaje a la isla y sea testigo de las celebraciones, las partidas de tenis y la complicidad entre Faustine y el fugitivo \u2013otro venezolano\u2013 podr\u00e1 pensar que las im\u00e1genes son, m\u00e1s que veros\u00edmiles, reales, porque tienen una extra\u00f1a solidez que enga\u00f1a el ojo. En <em>Proserpina<\/em>, lo representado tiene la concreci\u00f3n virtual de aquello que se aguarda sin gran seguridad, que pertenece a una era no mesi\u00e1nica \u2014es decir, a la simple perspectiva de lo desamparado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 Proserpina se asoma despu\u00e9s del \u00e9xtasis sexual del Cairo? Da la impresi\u00f3n de que el orgasmo es la \u00faltima etapa de ese porvenir ut\u00f3pico: en la doble acepci\u00f3n del vocablo, la historia <em>acaba<\/em> all\u00ed. La peque\u00f1a muerte produce, ambiguamente, el nacimiento en regresi\u00f3n de la otra Proserpina \u2014la Lolita del texto. Rojas Guardia sabe que en ese punto el bucle contin\u00faa: est\u00e1 obligado a hacer que \u00abaquel futuro h\u00famedo de olores me evoque el \u00fatero pret\u00e9rito dentro del cual ese mismo futuro halla su final, y recomienza\u00bb (41). As\u00ed opera la f\u00edsica de ese universo narrativo, como un modelo te\u00f3rico basado en recurrencias que desconocen los t\u00e9rminos de partida y arribo. La prima Proserpina deb\u00eda ser el est\u00e1ndar er\u00f3tico primario de la esposa del embajador de un pa\u00eds agreste, pero esas p\u00e1ginas finales s\u00f3lo pueden leerse como otro deseo de cuajo. En la biograf\u00eda del escritor que concibe esa \u00abfantas\u00eda narrativa\u00bb, las figuras lejanas son pr\u00f3tesis que act\u00faan como excusas para el acto creativo, no sedimentos redimidos por la memoria involuntaria; ayudan a la movilidad del relato, no le dan veracidad. La realidad del libro depende \u00fanicamente de leyes compositivas; de la fusi\u00f3n fon\u00e9tica que entremezcla a la ardiente sirvienta negra de la infancia, Justina, con la Proserpina casi virginal del Tuy y con la otra del Nilo; del convenio que establece lo infinitamente postergado con su pasado ap\u00f3crifo.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuento de Armando Rojas Guardia es la \u00abzona rotunda del sexo que nos llama\u00bb, como se lee en el \u00faltimo p\u00e1rrafo. La literatura que ocupa esas p\u00e1ginas se asimila a un absoluto er\u00f3tico que de antemano anul\u00f3 la cronolog\u00eda y sus hitos, y cre\u00f3 un espacio ling\u00fc\u00edstico que se conjuga en futuro. Entre esos l\u00edmites todo puede ocurrir: la perfecci\u00f3n coital, la Presencia de Dios, el recuerdo sin tachas, el amor sublimado, la poes\u00eda salvaje y numinosa.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-moreno-villamediana\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Tomado de: https:\/\/prodavinci.com<\/h6>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-3830\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bernini-the-rape-of-proserpina-4-300x196.jpg\" alt=\"\" width=\"605\" height=\"395\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bernini-the-rape-of-proserpina-4-300x196.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bernini-the-rape-of-proserpina-4-768x502.jpg 768w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bernini-the-rape-of-proserpina-4-1024x669.jpg 1024w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/03\/bernini-the-rape-of-proserpina-4.jpg 1100w\" sizes=\"(max-width: 605px) 100vw, 605px\" \/><\/h3>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">&nbsp;<\/h3>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Proserpina: asc\u00e9tica y er\u00f3tica de la escritura<\/h3>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Por: Carlos Pacheco<\/h4>\n\n\n\n<p>Para algunos seres, la escritura es mucho m\u00e1s que un oficio. Profesi\u00f3n podr\u00eda llamarse, con tal de que digamos <em>profesi\u00f3n de fe<\/em> en una dimensi\u00f3n \u00e9tica y trascendente, justamente <em>prof\u00e9tica<\/em>, del lenguaje. Proferir, escribir, puede llegar a ser entonces un acto er\u00f3tico y tan\u00e1tico a la vez, donde elegir y cambiar, inscribir y borrar, insistir y fijar (antes de volver a dudar) son los vaivenes de una danza verbal encarnada en el l\u00e9xico, articulada por el esqueleto sint\u00e1ctico, sostenida por esa m\u00fasica que es la prosodia, animada e iluminada por un deseo de la significaci\u00f3n que llega en ocasiones a ser tenaz y punzante como un dolor. Ese reiterado acto de amor y sufrimiento conduce en ocasiones a la gestaci\u00f3n de un texto logrado, memorable como el que celebramos esta tarde, capaz, como dice su prefacio, de conmover a su lector en esa otra relaci\u00f3n amorosa que puede llegar a ser la lectura.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay aqu\u00ed un misterio. \u00bfPor qu\u00e9 un escritor se dedica con abnegaci\u00f3n a trabajar un texto, abandonando todo lo dem\u00e1s, como un enamorado? \u00bfQu\u00e9 exigencia interior irrenunciable hace que ese oficiante de la escritura dedique cientos o miles de horas a elaborar y reelaborar ese tejido de palabras? No lo s\u00e9, pero s\u00ed estoy seguro de que <em>Proserpina<\/em> (Caracas, La Guayaba de Pascal, 2014) ten\u00eda el destino de existir y ser le\u00eddo como el relato que hoy tenemos entre las manos.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Proserpina <\/em>es excepcional y convoca nuestra atenci\u00f3n en primer lugar porque se trata de un cuento \u2013pleno y redondo donde los haya\u2013 escrito con pasi\u00f3n por el autor de una reconocida obra po\u00e9tica y ensay\u00edstica que, para lo mejor de nuestro conocimiento, nunca antes hab\u00eda transitado el no menos exigente camino de la ficci\u00f3n breve.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos impacta su in\u00e9dita profundidad en la exploraci\u00f3n de un tema a la vez muy central en la obra de Rojas Guardia y de muy inusual presencia en nuestra literatura venezolana. La pasi\u00f3n amorosa no s\u00f3lo aparece all\u00ed como met\u00e1fora maestra del encuentro y el di\u00e1logo con el Ser Supremo, sino tambi\u00e9n como m\u00e9todo de b\u00fasqueda y cultivo sistem\u00e1ticos de esa religiosa relaci\u00f3n con lo Superior. Es el v\u00ednculo doble (<em>La doble llama<\/em>, seg\u00fan el t\u00edtulo del notable ensayo de Octavio Paz) que llegan a pretender los amantes: suma pasi\u00f3n humana e ilimitado anhelo de lo divino en una convivencia que solo parece accesible a trav\u00e9s de excepcionales estados de conciencia. Por eso, con disciplina y tes\u00f3n, con persistencia y atenci\u00f3n meticulosa similares a las que se exige el so\u00f1ador de \u201cLas ruinas circulares\u201d para concebir un hijo so\u00f1\u00e1ndolo, estos amantes arquet\u00edpicos se proponen alcanzar la mutua fecundaci\u00f3n espiritual en un orgasmo supremo que pudiera llevarlos a <em>perder la conciencia <\/em>o, m\u00e1s bien, a abandonar su limitada y repetitiva conciencia ordinaria) para abrirse y disponerse por instantes al contacto con una conciencia superior en una experiencia m\u00edstica.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta historia inusual nos presenta as\u00ed las muy diversas facetas del encuentro de los amantes en estos abismos superpuestos y parad\u00f3jicos de la mutua entrega: la inevitabilidad de su amor, la necesidad \u2013para abrirle espacio\u2013 de romper del todo con la ortodoxia y las convenciones sociales, las dudas y vacilaciones habitando en el centro de esa pasi\u00f3n indetenible, la necesidad de separarse del mundo y de practicar una suerte asc\u00e9tica amatoria, de erotismo sacro, con sus renuncias, esfuerzos y riesgos; y finalmente, la comprensi\u00f3n y el autoconocimiento producto de esa relaci\u00f3n excepcional y sin fronteras\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, Proserpina exhibe una alta elaboraci\u00f3n est\u00e9tica apoyada, ante todo, en un tratamiento de la temporalidad que nos sorprende y perturba desde el inicio, cuando advertimos que la narraci\u00f3n se produce mediante verbos conjugados en futuro: \u201cProserpina y yo <em>nos conoceremos<\/em> en una fiesta diplom\u00e1tica\u2026\u201d Lo que llegamos a comprender m\u00e1s tarde es que en realidad \u2013gracias a una l\u00fadica operaci\u00f3n metaficcional\u2013 el cuento que estamos leyendo est\u00e1 a\u00fan por escribirse y, m\u00e1s a\u00fan, que desde la perspectiva del narrador, la realidad misma all\u00ed representada (cuyas coordenadas espaciotemporales son la ciudad de El Cairo hacia 1950) a\u00fan no existe. En el mundo de la ficci\u00f3n, el narrador crea (literalmente) esa realidad al narrar en su cuento lo que <em>habr\u00e1 de ocurrir<\/em> a\u00f1os despu\u00e9s. El cuento es entonces, en su mayor parte, un <em>proyecto<\/em> de cuento futuro, apenas el guion de su eventual desarrollo: un cuento dentro del cuento que a\u00fan est\u00e1 por escribirse. Nada mejor para mantener alerta al lector, para alimentar en \u00e9l una saludable conciencia de ficcionalidad y para relativizar toda pretensi\u00f3n recta de sabidur\u00eda o pr\u00e9dica espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Con este complejo recurso metaficcional convive una intertextualidad certera, mediante la cual la vasta erudici\u00f3n del autor trabaja con notoria eficiencia para diversificar y dar mayor profundidad al relato. Entre todos estos intertextos, tanto literarios y filos\u00f3ficos como musicales y pl\u00e1sticos (de Durrel y Kavafis a Lezama y Faur\u00e9), tiene relieve singular la figura de Borges, sus gestos, inclinaciones y procederes. Desde la existencia misma de una nota bibliogr\u00e1fica y de un prefacio introductorio donde se le cita (prefacio que deber\u00eda leerse ya como parte del relato) hasta la microsc\u00f3pica aparici\u00f3n en el texto del adjetivo \u201cun\u00e1nime\u201d, sin ignorar los ritmos y sonoridades de la cuidada escritura, este relato resulta una ofrenda narrativa, dif\u00edcil de superar, al poeta y ensayista porte\u00f1o que cultiv\u00f3 en el cuento una forma excelsa de poes\u00eda y de pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el juego intertextual dista mucho de ser filatelia decorativa o estrategia de autolucimiento. En la \u00faltima parte del relato nos aguarda una sorpresa crucial, cuando sin previo aviso, en un repentino giro, la narraci\u00f3n muta radicalmente su emplazamiento espaciotemporal. De un orientalista y refinado entorno diplom\u00e1tico en la capital egipcia de mediados del siglo XX, la acci\u00f3n es transferida s\u00fabitamente a un contexto rural venezolano unas tres d\u00e9cadas atr\u00e1s que para nosotros evoca de inmediato la hacienda <em>Piedra Azul<\/em> de <em>Memorias de Mama Blanca<\/em>. All\u00ed se nos revela la naturaleza verdadera de los protagonistas y de su relaci\u00f3n que, gracias a los poderes de la ficci\u00f3n hab\u00edan sido antes transmutados. Un \u00faltimo pliegue de esta complejidad es marcado por ciertos comedidos rastros autoficcionales que el autor va dejando por el camino narrativo solo para que sean reconocidos por avezados rastreadores.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos, en fin, ante una historia de amor inquietante desde su inicio, porque no soporta cercan\u00eda con modelos o estereotipos. Si el verdadero encuentro amoroso no admite programa ni c\u00f3digo alguno, tampoco hay nada sabido ni consabido en esta pr\u00e1ctica rojasguardiana de la escritura narrativa que no se parece a nada, porque est\u00e1 al servicio de una exploraci\u00f3n abierta de la interioridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Este cuento significa adem\u00e1s una nueva osad\u00eda de su autor: en momentos de tan militante descreimiento, de program\u00e1tico escepticismo, cuando resulta prestigioso declararse agn\u00f3stico y algunos sienten verg\u00fcenza de mostrar alguna inquietud espiritual o trascendente, Rojas Guardia, siempre a contracorriente, se atreve una vez m\u00e1s a optar por la paradoja al entrelazar amor er\u00f3tico y aspiraci\u00f3n religiosa, arrebato carnal y pasi\u00f3n m\u00edstica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Armando Rojas Guardia: El largo porvenir de Proserpina Por: Luis Moreno Villamediana La desaparici\u00f3n f\u00edsica de Armando Rojas Guardia (Caracas, 1949-2020) deja un doloroso vac\u00edo. 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