{"id":3780,"date":"2022-03-16T21:27:21","date_gmt":"2022-03-16T21:27:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3780"},"modified":"2023-11-24T18:32:58","modified_gmt":"2023-11-24T18:32:58","slug":"dos-cuentos-deportivos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-deportivos\/","title":{"rendered":"Dos cuentos deportivos"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Rafael Victorino Mu\u00f1oz<\/h4>\n<h3><strong>La abuela beisbolista<\/strong><\/h3>\n<p>La profesora Amalia Correa me dio clases en la Universidad de Carabobo, en el octavo semestre de Literatura. No recuerdo bien cu\u00e1l era el nombre de la asignatura, una de esas materias que est\u00e1n hechas como para llenar el pensum. Cuando la conoc\u00ed, a la profesora Amalia, estaba pr\u00f3xima a jubilarse y era bastante dada a la bebida. En medio de la clase sacaba su petaquita- una petaquita muy coqueta, con pintas como de jirafa-, se echaba un trago y dec\u00eda que eso era una medicina. Quiz\u00e1s era cierto y estaba tan alcoholizada que si no se tomaba un trago hubiera sido una persona totalmente incontrolable, cuando no una profesora mortalmente aburrida.<\/p>\n<p>La profesora Correa s\u00f3lo estuvo casada una vez. Se cas\u00f3 a los 27 a\u00f1os, con un hombre tan alcoh\u00f3lico como lo era ella ahora. Pero al cabo de un a\u00f1o de matrimonio Amalia\u00a0 hab\u00eda vuelto a la casa de su padre, otro profesor jubilado de la universidad. Lo \u00fanico que le hab\u00eda quedado de esa corta uni\u00f3n fue la afici\u00f3n a la bebida, que por supuesto se intensific\u00f3 tras la separaci\u00f3n. Claro que nunca le faltaban compa\u00f1eros de parranda que eran ocasionales parejas sentimentales, antes y despu\u00e9s de su separaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, un d\u00eda result\u00f3 embarazada sin saber realmente de qui\u00e9n era, pues estuvo sin darse cuenta hasta que estuvo avanzada (ya casi en el cuarto mes), y cuando se enter\u00f3 la memoria no le daba para recordar con qui\u00e9n hab\u00eda estado m\u00e1s o menos en la fecha que se estimaba hab\u00eda ocurrido. No usaba ning\u00fan m\u00e9todo anticonceptivo porque cre\u00eda que estaba demasiado vieja. As\u00ed que fue una sorpresa, para ella y tambi\u00e9n para todos, verla en ese trance. La broma com\u00fan en la universidad era decir que no iba a parir un hijo sino un nieto.<\/p>\n<p>Creyendo que ser\u00eda una hembra, hab\u00eda pensado en bautizar a la ni\u00f1a con el nombre de Constanza, por la constancia de la criatura en permanecer all\u00ed. Pero se equivoc\u00f3. Cuando naci\u00f3 el ni\u00f1o, Amalia ten\u00eda 43 a\u00f1os y 125 d\u00edas. No le qued\u00f3 otra opci\u00f3n que usar el nombre del abuelo Octavio, hijo \u00fanico igual que ella. As\u00ed que su reci\u00e9n nacido ser\u00eda el continuador de una larga y extra\u00f1a tradici\u00f3n de hijos \u00fanicos, casi todos varones excepto la misma Amalia.<\/p>\n<p>Para la fecha en que me dio clases, el ni\u00f1o Octavio tendr\u00eda cerca de los 8 a\u00f1os; y fue entonces, m\u00e1s o menos, cuando comenz\u00f3 a darse cuenta de que su mam\u00e1 no era como la de los otros ni\u00f1os de su escuela. Al principio no sab\u00eda bien por qu\u00e9, pero sent\u00eda un rechazo instintivo hacia ella; y se lo hac\u00eda saber y sentir de manera permanente, trat\u00e1ndola de una manera desp\u00f3tica hasta cuando estaba en plena clase con nosotros.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s el ni\u00f1o lo entendi\u00f3, o lo concientiz\u00f3, como al a\u00f1o siguiente, cuando hubo una junta de maestros y not\u00f3 que su mam\u00e1 no luc\u00eda igual que las dem\u00e1s madres, ni siquiera como las maestras, sino que m\u00e1s bien parec\u00eda una hermana, mayor y bastante desmejorada, de la directora del colegio. Su mam\u00e1 no se maquillaba, no se pintaba ni arreglaba el cabello, no se vest\u00eda ni ol\u00eda bien; al contrario, siempre ol\u00eda a algo que \u00e9l no sab\u00eda bien qu\u00e9 era.<\/p>\n<p>Desde ese d\u00eda, de la manera m\u00e1s inteligentemente que se le ocurri\u00f3 (pero no por consideraci\u00f3n sino para que pudiera resultar lo que \u00e9l quer\u00eda), le pidi\u00f3 que le pusiera un transporte, para que no tuviera que venir a buscarlo. A Amalia no le pareci\u00f3, ya que reci\u00e9n se hab\u00eda jubilado, y ten\u00eda todo el tiempo para dedic\u00e1rselo a su hijo; pero como lo complac\u00eda en todo, accedi\u00f3, pensando tambi\u00e9n que quiz\u00e1s con eso fomentar\u00eda su independencia. A ella le preocupaba que, por ser hijo \u00fanico, Octavio se apegara mucho.<\/p>\n<p>Como otra manera de escapar, Octavio invent\u00f3 lo del b\u00e9isbol. No le gustaba para nada ese deporte, ni ning\u00fan otro le hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n en realidad. Incluso, durante el recreo, detestaba participar en juegos que involucraran correr: detestaba sentirse sudado y sucio. De todos los deportes, el que menos requer\u00eda, a su entender, alg\u00fan esfuerzo f\u00edsico intenso, era el beisbol. As\u00ed que estuvo pens\u00e1ndolo bien, consultando con compa\u00f1eros, y supo que en la escuela de la Alcald\u00eda de San Diego era una actividad de todos los d\u00edas, con pr\u00e1cticas de lunes a viernes y juegos los s\u00e1bados y domingos. Eso estar\u00eda bien, pens\u00f3; y usar\u00eda las noches para los deberes escolares. No tendr\u00eda que ver demasiado a la se\u00f1ora.<\/p>\n<p>Curiosamente, el deporte le empez\u00f3 a interesar. Era un muy buen receptor y tambi\u00e9n ten\u00eda destrezas para cubrir la primera. El outfield no le iba bien, porque se perd\u00eda buscando los flys. Pero el bateo era su mayor debilidad: no le pegaba ni a un bal\u00f3n de b\u00e1squet. El manager sospechaba que algo le pasaba y lo mand\u00f3 a hacerse los ex\u00e1menes de la vista. Y result\u00f3 que Octavio ten\u00eda una combinaci\u00f3n muy poco frecuente de astigmatismo con hipermetrop\u00eda. Luego de comenzar a usar las gafas su bateo mejor\u00f3 ostensiblemente, pero a\u00fan as\u00ed el manager no se atrevi\u00f3 a probarlo en el outfield y lo dej\u00f3 en primera.<\/p>\n<p>La madre se preocupaba creyendo que Octavio no la dejaba ir verlo a los juegos porque le iba muy mal. Ella se lo pidi\u00f3 varias veces. Pero la mirada de odio que le dirigi\u00f3 la \u00faltima vez la dej\u00f3 asustada, m\u00e1s bien helada. Y no se atrevi\u00f3 a decirlo m\u00e1s, para no tener que sentir eso nuevamente. La profesora Amalia, ya para entonces jubilada, pasaba las tardes en su mecedora del porche de la casa, fumando m\u00e1s que nunca. Hab\u00eda a\u00f1adido ese otro elemento a su repertorio, as\u00ed que la tarde se le iba preocupada pensando si no habr\u00edan pasado muy pocos minutos desde que se bebi\u00f3 el \u00faltimo trago o desde que encendi\u00f3 el \u00faltimo cigarro.<\/p>\n<p>Un viernes anunciaron en la escuela que habr\u00eda, para la siguiente semana, una actividad especial de convivencia con los padres. Ya en otras ocasiones se hab\u00edan realizado verbenas, rallys, fiestas de fin de a\u00f1o; pero Octavio se las hab\u00eda ingeniado para hacerse el loco y no decirle nada a su representante, o para inventar excusas por las cuales ella o ambos no asist\u00edan a los eventos. Pero esta vez el manager lo precis\u00f3: se trataba de un juego para compartir con los familiares; se enfrentar\u00edan el equipo de los padres contra el equipo de los hijos. La condici\u00f3n era que cada padre o madre deb\u00eda ocupar en el campo la posici\u00f3n de su hijo.<\/p>\n<p>Octavio rezong\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Pero, una guar\u00e1\u2026 \u00bfy qu\u00e9 pasa si mi mam\u00e1 no puede venir?<\/p>\n<p>El manager lo mir\u00f3 de arriba abajo.<\/p>\n<p>&#8211; Te suspendo un mes- dijo tajantemente; ya estaba empezando a ponerse de mal humor, pues no le gustaba que le llevaran la contraria en nada cuando se trataba del equipo.<\/p>\n<p>As\u00ed que el domingo siguiente estaba la profesora Amalia en la primera base, con una gorra de beisbol que le ven\u00eda grande, m\u00e1s feliz que nunca, pero aguantando las ganas de echarse un traguito, o de fumarse un cigarrillo, o ambas cosas. Octavio s\u00f3lo se cubr\u00eda la cara con las manos, o se pon\u00eda una mano en la frente, mirando hacia abajo y negando con la cabeza, cada vez que la escuchaba gritar porque hab\u00eda un ponche. Por suerte, pens\u00f3 \u00e9l, no tuvo que intervenir en ninguna jugada en la apertura del primer inning. El pitcher del equipo de padres era un hombret\u00f3n de 1,90 que lanzaba una recta endemoniada. Ninguno pudo batear siquiera un foul.<\/p>\n<p>En el cierre de la entrada, la primera en pararse en el caj\u00f3n de bateo fue Amalia. Octavio se quer\u00eda morir, viendo la forma como agarraba el bate (dejaba mucho espacio entre ambas manos as\u00ed como entre la mano de abajo y el mango), y tambi\u00e9n c\u00f3mo se meneaba en el home, igual que si estuviera bailando merengue. Su expresi\u00f3n de verg\u00fcenza cambi\u00f3 a una at\u00f3nita cuando vio la conexi\u00f3n que dio: una l\u00ednea que casi le vuela la cabeza al pitcher. Amalia, poco habituada al deporte, hizo adem\u00e1n de correr primero hacia la tercera, pero le gritaron y cambi\u00f3 la direcci\u00f3n hacia la primera. All\u00ed se encontr\u00f3 con su hijo, que no sal\u00eda del asombro.<\/p>\n<p>La profesora Amalia segu\u00eda, a\u00fan en primera, haciendo movimientos extra\u00f1os: encog\u00eda los hombros y cerraba los pu\u00f1os, dando cortos saltos; parec\u00eda m\u00e1s bien como si estuviera en un ring de boxeo estudiando a un adversario invisible. El pitcher se vir\u00f3 hacia primera y Octavio, por estar distra\u00eddo con los movimientos de su madre, no atrap\u00f3 la pelota, que lleg\u00f3 hasta la zona de foul del terreno corto del right. Cuando recuper\u00f3 la bola, su mam\u00e1 estaba, sorprendentemente, en tercera. Octavio no sal\u00eda de su asombro: c\u00f3mo hab\u00eda llegado tan r\u00e1pido hasta all\u00ed esa viejita.<\/p>\n<p>El segundo bateador del equipo de padres conect\u00f3 un batazo profundo hacia los jardines. La profesora Amalia sali\u00f3 corriendo de una vez, pero quien hac\u00eda de coach de tercera casi se le atraves\u00f3 en el camino para decirle que esperara en la base a que el jardinero atrapara la bola, entonces s\u00ed podr\u00eda correr. As\u00ed hizo, y entonces Amalia anot\u00f3 la primera carrera del equipo, dando grandes gritos de manera desaforada. Ya para ese momento un sentimiento extra\u00f1o se hab\u00eda apoderado de la mente de Octavio: no sab\u00eda precisar qu\u00e9 era, pero no se sinti\u00f3 el mismo desde ese momento.<\/p>\n<p>El equipo de padres, a pesar de que ninguno era un experto jugador, les estaba dando una paliza: 11 a 2 en el quinto inning. El entrenador dijo que si no bateaban en el siguiente, decretar\u00edan nocaut. En ese momento un compa\u00f1ero le pregunt\u00f3 a Octavio si esa se\u00f1ora que jugaba tanto era su abuela. A Octavio se le ilumin\u00f3 el rostro: por qu\u00e9 no se le hab\u00eda ocurrido eso antes.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, es mi abuela- respondi\u00f3 henchido de orgullo.<\/p>\n<p>&#8211; Chamo, esa se\u00f1ora s\u00ed juega- dijo el otro.<\/p>\n<p>&#8211; Eso es de familia- declar\u00f3 ufano Octavio.<\/p>\n<p>Ese d\u00eda la abuela bate\u00f3 para 4-3, con una base robada y dos carreras anotadas.<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>No hay quien le gane<\/strong><\/h3>\n<p>El d\u00eda que debi\u00f3 haber sido el m\u00e1s alegre de mi vida se convirti\u00f3 en el recuerdo m\u00e1s triste que puedo recordar, valga la redundancia. Era la primera vez que ir\u00eda al estadio \u201cJos\u00e9 Bernardo P\u00e9rez\u201d a ver\u00a0 un juego del equipo m\u00e1s popular de Venezuela: la novena turca, los el\u00e9ctricos, los Navegantes del Magallanes. Por aquellos tiempos se hab\u00eda renovado la afici\u00f3n, tanto del equipo como del beisbol en general, pues precisamente los Navegantes ven\u00edan de ganar la Serie del Caribe, lo que era un hecho in\u00e9dito para Venezuela.<\/p>\n<p>Todav\u00eda recuerdo la algarab\u00eda de la gente en la calle, cuando se supo la noticia. Mi mam\u00e1 sali\u00f3 corriendo a buscar el carro y nos fuimos en caravana, tocando corneta, hasta la avenida Bol\u00edvar. En Valencia, cuando hay una celebraci\u00f3n, todo el mundo termina en la avenida Bol\u00edvar. Lo cierto es que yo en ese momento no sab\u00eda bien de qu\u00e9 se trataba la cosa: a\u00fan no hab\u00eda cumplido los 8 a\u00f1os, no entend\u00eda ni remotamente las reglas del beisbol, no sab\u00eda qui\u00e9nes eran los jugadores, salvo Dave Parker, que era mencionado cada vez que soltaba un batazo de larga distancia. Pero, algo se agitaba en m\u00ed cuando dec\u00edan \u201cMagallanes\u201d (y a\u00fan hoy ocurre). Fueron mis primeros h\u00e9roes.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esa celebraci\u00f3n y hasta la fecha de la que habl\u00e9 al inicio, transcurrieron un par de a\u00f1os, durante los cuales me procur\u00e9 yo mismo una radio con mis pocos ahorros (siempre he sido ahorrativo), gracias a la cual sufr\u00eda noche a noche, en \u00e9pocas de temporada, todos los juegos, en la voz de lo mejor del Caribe, Felo Ram\u00edrez. Tambi\u00e9n ve\u00eda los pocos partidos por televisi\u00f3n, pero dado que era un solo canal el que transmit\u00eda, s\u00f3lo dos d\u00edas en la semana, y deb\u00edan alternar para que aparecieran por igual todos los equipos, no siempre ten\u00eda la suerte de ver a mis Navegantes. As\u00ed que ten\u00eda que conformarme (s\u00e9 que parece una afici\u00f3n de personas mayores, eso de seguir el beisbol por radio; pero qu\u00e9 le iba a hacer).<\/p>\n<p>Por supuesto, entre los pocos partidos vistos y los tantos escuchados, lecturas de la prensa, conversaciones con los dem\u00e1s, incluso durante los juegos de pelotica de goma en el callej\u00f3n de la escuela \u201cBr\u00edgida Hurtado\u201d, fui haci\u00e9ndome un gran conocedor del tema. Hasta el punto tal que era el \u00fanico ni\u00f1o en mi colegio que conoc\u00eda la f\u00f3rmula para calcular la efectividad de un pitcher por cada nueve innings lanzados. La descubr\u00ed por m\u00ed mismo, sin que nadie me explicara, a fuerza de deducci\u00f3n. Y estoy hablando de que s\u00f3lo estaba en el tercer grado.<\/p>\n<p>Dado que los peri\u00f3dicos siempre ten\u00edan retardos en las actualizaciones de las estad\u00edsticas de los jugadores de mi equipo, yo mismo, todas las noches, despu\u00e9s de cada juego, calculaba los promedios, en un cuaderno en el que llevaba todas esas anotaciones. Al d\u00eda siguiente, durante el receso, me convert\u00eda en una estrella de los comentarios deportivos con mis compa\u00f1eros, mostrando estad\u00edsticas, tendencias, haciendo comparaciones y complicadas proyecciones del rendimiento de cada jugador.<\/p>\n<p>En mi familia no mostraban demasiado inter\u00e9s por motivarme en mi afici\u00f3n deportiva. Hasta me rega\u00f1aban y me mandaba a dormir si era muy tarde y yo segu\u00eda escuchando el juego, sobre todo cuando hab\u00eda un extrainning. Mi deseo de ser inscrito en la escuela de la Fundaci\u00f3n Polar se vio frustrado cuando, tras un recorrido en busca de precios, mi mam\u00e1 decidi\u00f3 que su presupuesto no cubr\u00eda el costo del uniforme, los tacos, el guante, el casco y otros admin\u00edculos para la pr\u00e1ctica del beisbol. Me inscribieron en una escuela de b\u00e1squet cercana. Y yo asist\u00eda de martes a jueves porque era mejor que quedarse encerrado en casa. Claro, odi\u00e9 ese deporte; hasta que cumpl\u00ed 13 a\u00f1os y descubr\u00ed que era uno de los mejores jugadores de la liga infantil; aunque \u00e9sa es otra historia.<\/p>\n<p>Un d\u00eda llegaron a reforzar al Magallanes un par de jugadores provenientes de la organizaci\u00f3n de los Piratas de Pittsburgh: Joe Orsulak y Benny Distefano. Ambos eran zurdos, jardineros, de terribles brazos; capaces de liquidar en el home a cualquiera que intentara anotar desde segunda con un sencillo. Orsulak jugaba en el jard\u00edn central, era rubio, alto, atl\u00e9tico y r\u00e1pido en las bases. Mi t\u00eda y mi mam\u00e1 se volv\u00edan locas cada vez que lo ve\u00edan en televisi\u00f3n. Benny Distefano, right fielder, se puede decir que era casi lo opuesto: no tan alto ni atl\u00e9tico, cabello negro, m\u00e1s lento en las bases; pero era mi favorito por una raz\u00f3n: jugaba con el 27, el n\u00famero que considero de la buena suerte, por ser mi fecha de nacimiento.<\/p>\n<p>Este jugador es famoso y a\u00fan recordado en Venezuela por dos razones: tiene la marca de m\u00e1s triples en una temporada, con 10, empatado con otro magallanero: F\u00e9lix Rodr\u00edguez. Cuando supe que el triple es el batazo m\u00e1s dif\u00edcil en el beisbol, se redobl\u00f3 mi admiraci\u00f3n por \u00e9l. Tambi\u00e9n se le recuerda a Distefano por ser un gran pendenciero: no hab\u00eda pelea del equipo en la que no se involucrara; muchas de esas peleas eran provocadas por \u00e9l mismo, por su forma agresiva de barrerse en las bases o de tocar los jugadores para hacerlos out, cuando estaba cubriendo la inicial. Si un miembro del Magallanes era golpeado por un lanzamiento del pitcher del equipo contrario, Distefano era el primero en salir corriendo del dogout a devolverle la caricia. Yo interpretaba ese comportamiento como un exceso de amor por el equipo. As\u00ed que ten\u00eda razones de sobra para considerarlo mi \u00eddolo.<\/p>\n<p>El d\u00eda del que hablo fue durante la segunda temporada de Distefano y Orsulak con el Magallanes. Todo comenz\u00f3 con la noticia de que a mi mam\u00e1 en el trabajo, no s\u00e9 por qu\u00e9 raz\u00f3n, le hab\u00edan regalado 3 entradas para el encuentro entre Magallanes\u00a0 y Tiburones de La Guaira. Lleg\u00f3 con esa informaci\u00f3n a mediod\u00eda un viernes, cuando volvi\u00f3 a almorzar. El juego era esa misma noche. Yo sab\u00eda que una de esas dos entradas era para ella; la otra para mi t\u00eda, porque adem\u00e1s de su hermana era su amiga del alma. Pero, \u00bfpara qui\u00e9n ser\u00eda la tercera?, fue la pregunta que me hice en ese momento, con el coraz\u00f3n en la boca.<\/p>\n<p>Mi mam\u00e1 almorz\u00f3, hizo una siesta y se fue, como siempre, a la una y media, dej\u00e1ndome sumido en profundas cavilaciones: a mi abuelo podr\u00eda llevarlo, porque a \u00e9l tambi\u00e9n le gustaba el beisbol; aunque seguro no querr\u00eda, porque no recordaba que mi abuelo alguna vez hubiera salido de noche, y el juego era a las 7:45 pm. A mi t\u00edo Javier s\u00ed estaba seguro que no le iba a decir, porque hab\u00edan tenido una de sus cl\u00e1sicas peleas. Quedaba mi otro t\u00edo, Elpidio, estudiante de medicina; pero sab\u00eda que no ir\u00eda porque estaba enfrascado estudiando Histolog\u00eda. Quedaba mi hermana (un a\u00f1o mayor); y por supuesto yo.<\/p>\n<p>Mi hermana lleg\u00f3 a las tres de la tarde de la casa de mi t\u00eda, una hora inhabitual para ella; y supe que algo pasaba. Explico: a m\u00ed me dejaban con mi abuela; a mi hermana la cuidaba mi t\u00eda Elena, y mi mam\u00e1 la pasaba a buscar de regreso del trabajo. Mi hermana hab\u00eda estado un poco delicada, ten\u00eda anemia, le daban unos mareos y a veces sangraba por la nariz. Nada grave, por supuesto; hoy d\u00eda es una persona muy saludable. Pero aquella tarde su malestar hizo que todo se decidiera a mi favor. No tocaba m\u00e1s que esperar, a las 6 de la tarde, el bronco sonido del Javelin de mi mam\u00e1.<\/p>\n<p>No recordaba haber visto una estructura tan enorme ni hab\u00eda escuchado un ruido tan intenso: miles de voces gritando al un\u00edsono, mientras nos acerc\u00e1bamos al estadio; casi se me salen las l\u00e1grimas de la emoci\u00f3n. Nos sentamos en la zona del bullpen de los tiburones: las entradas dec\u00edan \u201ctribuna lateral leftfield\u201d; eso significaba que no estar\u00eda cerca de mi \u00eddolo. Mi mam\u00e1 y mi t\u00eda no paraban de coquetear con los jugadores de la Guaira y pedirles aut\u00f3grafos; hasta n\u00fameros de tel\u00e9fonos como que intercambiaron. Hab\u00eda un pitcher, criollo, relevista, de ojos azules, que al igual que mi t\u00eda parec\u00eda no estar nada interesado en lo que hac\u00eda su equipo.<\/p>\n<p>Yo s\u00ed, yo no me perd\u00eda nada de lo que pasaba en el terreno; grababa cada detalle en mi mente, incluso antes de comenzar propiamente las acciones. La arena tan roja, la grama tan verde, todo me parec\u00eda perfecto. Cada lance de pr\u00e1ctica en el infield. Ve\u00eda e identificaba a cada jugador: all\u00e1 estaba Nelson Rood, un peque\u00f1\u00edn que jugo shortstop; all\u00e1 el gago Olivares, el c\u00e1tcher era Alfredo Torres, en la primera F\u00e9lix Rodr\u00edguez (todo esto lo escribo de memoria, sin necesidad de consultar; tan claro tengo ese momento)\u2026 Cuando se escucharon las notas del himno, mir\u00e9 hacia la bandera en las gradas del jard\u00edn central, una enorme bandera que ondeaba agitada por un fuerte viento. Not\u00e9, entonces, que el cielo se estaba nublando, peligrosamente.<\/p>\n<p>La apertura del primer inning se fue por la v\u00eda r\u00e1pida para el equipo visitante. Magallanes cerraba la entrada. El primer bate era Nelson Rood, e hizo lo que ya ten\u00eda acostumbrado: toc\u00f3 la bola por la raya de primera para embasarse, y lo logr\u00f3. Detr\u00e1s ven\u00eda Alfredo Pedrique; bate\u00f3 para doble play. El tercer bate era Orsulak. Se ponch\u00f3, cosa muy rara en \u00e9l, ya que era un bateador de gran contacto. Mi mam\u00e1 exclam\u00f3 que ese Orsulak era un maleta, para burlarse de mi t\u00eda; pero \u00e9sta no le prest\u00f3 atenci\u00f3n, pues no dejaba de mirar al pitcher de los ojos azules. Termin\u00f3 la entrada. Tendr\u00eda que esperar al siguiente inning para ver batear a mi \u00eddolo, que era el quinto en la alineaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El cuarto bateador del Magallanes era Alfredo Torres, que termin\u00f3 esa temporada como l\u00edder en jonrones e impulsadas. Dio un foul fly que captur\u00f3 el segunda base llegando casi hasta la zona intermedia entre el coach de primera y el c\u00e1tcher: tan alto hab\u00eda sido el fly y tanto la hab\u00eda movido la brisa. En su primer turno Distefano dio una larga conexi\u00f3n que captur\u00f3 el jardinero central, Ra\u00fal P\u00e9rez Tovar casi en la pista de seguridad, en terreno intermedio del center-right. Cuando son\u00f3 el batazo, ocurri\u00f3 eso que sucede habitualmente en los juegos: el golpe seco del madero al entrar en contacto con la bola, un ligero silencio y luego se suelta el ah de todos, al mismo tiempo, mientras se levantan de sus asientos, recorriendo con la mirada \u00e1vida\u00a0 la trayectoria del batazo. Luego, cuando el jardinero muestra que tiene la pelota en su mano, todos hacen otra vez ah, pero con desaliento, y vuelven a sus asientos.<\/p>\n<p>Se puede decir que hasta la primera mitad fue un juego de pitcheo, con poco movimiento en las bases. En el cuarto Distefano conect\u00f3 una l\u00ednea seca entre el inicialista y la raya. La pelota se intern\u00f3 por la zona de foul del right, pero se meti\u00f3 en una canal: doble por reglas. Creo que fue la primera vez que maldije, pero en voz baja, en toda mi vida: pudo haber sido un triple. Yo ten\u00eda la esperanza de verlo batear un triple. Para m\u00ed, en esa \u00e9poca, era el batazo m\u00e1s importante. M\u00e1s que un jonr\u00f3n. Distefano se qued\u00f3 esperando remolque en la intermedia.<\/p>\n<p>En el quinto inning comenz\u00f3 el despiadado ataque de los Tiburones, se soltaron los bates de su temible toleter\u00eda que le llev\u00f3 a dominar la liga durante esa d\u00e9cada de los \u201880. La fiesta la comenz\u00f3 Norman Carrasco, con su peculiar estilo de batear, abriendo mucho las piernas y poniendo los codos casi a la altura de la cara y el mango del bate sobre su frente. Luego siguieron los Salazar, el ya mencionado Ra\u00fal P\u00e9rez Tovar, Juan Francisco Monasterios\u2026 puros criollos. En esa \u00e9poca los Tiburones eran tan buenos que no necesitaban tener importados en su alineaci\u00f3n, s\u00f3lo algunos pitchers. En total pisaron el home cinco veces, dando vuelta a la bater\u00eda y dejando dos hombres en base.<\/p>\n<p>Pero el Magallanes respondi\u00f3 en el cierre de esa misma entrada: base por bolas para Alfredo Pedrique, un largo doble de F\u00e9lix Rodr\u00edguez por el center-right, que sali\u00f3 de un bote hacia las gradas: doble por reglas, por lo que Pedrique no pudo engomarse; luego un sencillo del gago, pero Rodr\u00edguez no anot\u00f3 desde segunda por su lentitud. Pis\u00f3 el home fue gracias a un wild pitch. Y no sucedi\u00f3 nada m\u00e1s. Iban 5-2 y estaban en el quinto. El sexto fue de tr\u00e1mite.<\/p>\n<p>En la apertura del s\u00e9ptimo ya hab\u00edan comenzado a caer las primeras gotas, de manera muy tenue, pero continua. Mir\u00e9 instintivamente hacia la bandera. Luc\u00eda ahora ca\u00edda, como si tambi\u00e9n se hubiera contagiado de mi \u00e1nimo, y creo que el de todos, salvo el de mi t\u00eda, que no dejaba de hablar con su pitcher. En el haz de luz de los potentes reflectores se ve\u00eda la fina cortina de lluvia, claramente definida cada l\u00ednea de agua, como si fueran m\u00e1s bien las rayas de un dibujo o de un grabado.<\/p>\n<p>En el entreinning arreci\u00f3 un poco. Hubo un momento de deliberaci\u00f3n de los umpires con el manager de La Guaira primero y con el de Magallanes despu\u00e9s. En alg\u00fan momento escuch\u00e9 que un se\u00f1or conversaba con mi mam\u00e1 y le dec\u00eda que ya hab\u00eda juego legal, y que si Magallanes no bateaba, estaba todo listo. \u201cNo es justo\u201d, pens\u00e9. Y agach\u00e9 la cabeza, mientras las gotas de lluvia corr\u00edan por mi barbilla. La lluvia se mantuvo con la misma intensidad durante el cierre de la entrada. Pero el marcador tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>El Magallanes sali\u00f3 a cubrir al campo para el inicio del octavo. Parte del p\u00fablico se hab\u00eda ido, otros se hab\u00edan refugiado en la zona de las escaleras de acceso a las gradas, donde pod\u00edan resguardarse de la lluvia y ver por lo menos una parte de lo que acontec\u00eda. Mi mam\u00e1 y mi t\u00eda estaban en una de esas zonas, y me gritaban para que me acercara. Yo no me quer\u00eda mover de donde estaba. A\u00fan hab\u00eda esperanzas, cre\u00eda yo. Pero la lluvia comenz\u00f3 a arreciar, poco a poco. Cada segundo me mojaba m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<p>El \u00faltimo out de la apertura del octavo fue un fly que captur\u00f3 Orsulak en el jard\u00edn central. El chief umpire hizo una se\u00f1a que no dejaba lugar a dudas. Ya no hab\u00eda para m\u00e1s. Fin del juego. Victoria de La Guaira. Ese era el momento que parec\u00eda estar esperando la lluvia para terminar de desparramarse. Se solt\u00f3 una cantidad de agua que de verdad no he visto en Valencia m\u00e1s que en otras dos ocasiones.<\/p>\n<p>No hab\u00eda nadie m\u00e1s en los grader\u00edos, s\u00f3lo yo. En el campo todos hab\u00edan desaparecido, incluyendo a mi \u00eddolo, Benny Distefano. Aunque no lo vi, en ning\u00fan momento, correr hacia el dogout del Magallanes. Orsulak permaneci\u00f3 como un minuto parado en el mismo lugar donde captur\u00f3 la bola. Luego camin\u00f3 lentamente hacia el bullpen de los Tiburones, que le quedaba m\u00e1s cerca. Mientras caminaba mir\u00f3 hacia la grada y vio a ese ni\u00f1o all\u00ed, moj\u00e1ndose. Se detuvo un instante. Se quit\u00f3 la gorra y salud\u00f3. Luego entr\u00f3. En ese momento comenzaron a apagarse, una a una, las luces del estadio.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><strong><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rafael-victorino-munoz\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\u00a0Sobre el autor<\/a><br \/>\n<\/strong><\/h4>\n<h6>*Fuente de la imagen: https:\/\/www.correryfitness.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael Victorino Mu\u00f1oz La abuela beisbolista La profesora Amalia Correa me dio clases en la Universidad de Carabobo, en el octavo semestre de Literatura. No recuerdo bien cu\u00e1l era el nombre de la asignatura, una de esas materias que est\u00e1n hechas como para llenar el pensum. 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