{"id":3767,"date":"2022-03-13T21:49:44","date_gmt":"2022-03-13T21:49:44","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3767"},"modified":"2023-11-29T23:29:22","modified_gmt":"2023-11-29T23:29:22","slug":"simbolica-siniestro-leyenda-llanura-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/simbolica-siniestro-leyenda-llanura-venezolana\/","title":{"rendered":"Simb\u00f3lica de lo siniestro en la leyenda de la llanura venezolana"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Duglas Moreno<\/strong><\/h4>\n<p><strong>La leyenda fant\u00e1stica en la llanura venezolana<\/strong><\/p>\n<p>Sin duda que la realidad del Llano es fuente de creaci\u00f3n literaria. Su universo simb\u00f3lico se ha visto plasmado en cuentos, novelas, poes\u00eda, dramaturgia, coplas y numerosas leyendas. Esta producci\u00f3n narrativa ha hecho que ficci\u00f3n y realidad sean dos modos auton\u00f3micos y complementarios en la fijaci\u00f3n del mundo de la llaneridad. Por intermedio de la creaci\u00f3n literaria se muestra el contexto social de la llanura venezolana y se revela la simbolog\u00eda que identifica a la cultura llanera. Tambi\u00e9n ha contribuido en hacer palmaria la necesidad de estudiar algunas formas expresivo-ficcionales como la leyenda.<\/p>\n<p>La leyenda se entiende como una narrativa donde se fusionan realidad y ficci\u00f3n. La tipolog\u00eda de la leyenda es diversa. Robles de Mora (1995) asevera que una leyenda posee un motivo de narraci\u00f3n que puede versar sobre: personas, lugares, hechos, acontecimientos sobrenaturales o mitol\u00f3gicos, encantos, im\u00e1genes religiosas, espantos, aparecidos, \u00e1nimas milagrosas, tesoros y encuentros con el Diablo. Por su parte, P\u00e9rez Esclar\u00edn (1996) agrupa las leyendas en cuatro categor\u00edas: ind\u00edgenas, folkl\u00f3ricas, religiosas e hist\u00f3ricas. En Alcalde (2003, fundament\u00e1ndose en S\u00e1nchez, 1995), encontramos igualmente cuatro tipos: m\u00e1gicas, hist\u00f3ricas, religiosas y fant\u00e1sticas. Para esta investigaci\u00f3n, la \u00faltima denominaci\u00f3n de Alcalde es la que desta- camos: la leyenda en su condici\u00f3n de relato fant\u00e1stico. De tal modo que en este texto se estudia exclusivamente la leyenda fant\u00e1stica y dentro de \u00e9sta, se profundiza en la simb\u00f3lica de lo siniestro.<\/p>\n<p>Diremos que lo fant\u00e1stico, al igual que el misterio, es un signo de la cultura literaria del hombre y de su condici\u00f3n como creador de mundos irreales. Lo fant\u00e1stico se entiende como revelaci\u00f3n inacabada, transgresi\u00f3n de lo real. Algunos te\u00f3ricos como Todorov (1981) lo califican como el m\u00e1ximo grado de la ficcionalidad en el discurso literario. Planteamos que lo fant\u00e1stico genera lo siniestro, basados en las ideas de Caillois (1970, p.11), quien al diferenciar lo maravilloso de lo fant\u00e1stico, sosten\u00eda que los \u201crelatos fant\u00e1sticos se desenvuelven en un clima de horror y terminan casi invariablemente en un acontecimiento siniestro (cursiva y subrayado nuestro)\u201d. Caillois reconoce que lo fant\u00e1stico y lo maravilloso trazan caminos discursivos muy distintos. Todorov (1981), por su parte, establece un l\u00edmite entre lo maravilloso y lo fant\u00e1stico. En el primero, se plasma la existencia de un mundo donde las leyes, aunque sobrenaturales, son aceptadas normalmente. Por eso los acontecimientos \u201cno son en absoluto inquietantes\u201d (1981, p.124). Lo que sucede en el relato maravilloso pertenece a ese universo donde lo inveros\u00edmil y lo inexplicable es normal o com\u00fan para el lector o el oyente. En el relato maravilloso los esquemas de la realidad humana no sufren ninguna ruptura, puesto que el discurso maravilloso representa a otro universo. La ficci\u00f3n maravillosa contiene su propia realidad, muy ajena a la del hombre. Diremos que los escenarios de la literatura maravillosa no existen en la realidad humana. Roas (2000) expresa que forman parte de un mundo \u201ctotalmente inventado en el que las confrontaciones b\u00e1sicas que generan lo fant\u00e1stico (la oposici\u00f3n natural\/sobrenatural, ordinario\/extraordinario) no se plantean, puesto que en \u00e9l todo es posible\u201d (p.23). Nada de lo que sucede all\u00ed, tiene que ver con lo real, con lo cotidiano. Los cuentos de hadas, son el m\u00e1s vivo ejemplo del relato maravilloso.<\/p>\n<p>Para Todorov lo fant\u00e1stico no es solo \u201cla existencia de un acontecimiento extra\u00f1o, que provoca una vacilaci\u00f3n en el lector y el h\u00e9roe, sino tambi\u00e9n una manera de leer\u201d (1981, p. 19) lo que acontece frente a nosotros. El \u201csentimiento de lo extra\u00f1o (das Unheimliche)\u201d en Todorov (ob. cit., p. 35) es lo siniestro (Unheimlich) en Freud; principio terror\u00edfico o de aparici\u00f3n de lo fantasmal en Eco (2007) y sentimiento de lo siniestro en Tr\u00edas (2013). Lo extra\u00f1o se genera cuando aparece ante los sentidos del hombre lo tenebroso. Demarca bien el terreno literario de lo extra\u00f1o y de lo fant\u00e1stico. Existe entre ambas nociones, una l\u00ednea l\u00edmite. En ese acontecer la ambig\u00fcedad tiene un marcado papel para tratar de comprender el g\u00e9nero de lo fant\u00e1stico. Cuando el hombre se encuentra frente a lo fantasmal, lo temible, cuando la angustia lo hace ver acontecimientos desconocidos, dice Todorov, que \u00e9ste escoge:<\/p>\n<p><em>una de las dos soluciones posibles: o bien se trata de una ilusi\u00f3n de los sentidos, de un producto de la imaginaci\u00f3n, y las leyes del mundo siguen siendo lo que son, o bien el acontecimiento se produjo realmente, es parte integrante de la realidad, y entonces esta realidad est\u00e1 regida por leyes que desconocemos (1981, p. 20).<\/em><\/p>\n<p>Aqu\u00ed el hombre tiene que aceptar que el espectro, lo fantasmal, son unas figuras del imaginario literario-cultural o bien que su existencia es real. Lo fant\u00e1stico tiene lugar en esa incertidumbre. Comprende la vacilaci\u00f3n experimentada por un ser que no conoce m\u00e1s que las leyes naturales, y act\u00faa racionalmente frente a un acontecimiento asombroso o sobrenatural.<\/p>\n<p>Si la realidad es la conjunci\u00f3n de las apariencias, la literatura no es, en definitiva, solamente ficci\u00f3n. En ella se conjugan la posible realidad y la vilipendiada, en cierta manera, ficcionalidad. Para Espinoza (2011) toda \u201cliteratura es fant\u00e1stica porque est\u00e1 hecha de s\u00edmbolos\u201d (p.160). Si es as\u00ed, \u00e9sta es producto de la facultad m\u00e1s creadora y simbolizante del hombre (Jung, 1995): lo on\u00edrico. Los sue\u00f1os vienen a ser una expresi\u00f3n espec\u00edfica del inconsciente. Una manera de mostrar que ese lenguaje simb\u00f3lico se da en las creaciones de leyendas sobre espantos y espectros. Sue\u00f1o e imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica recrean los relatos donde se expresa lo siniestro de las leyendas.<\/p>\n<p>El valor de la leyenda est\u00e1 en su contenido representacional de verdad, es decir, en eso que permite su apariencia y contextualizaci\u00f3n espacio-temporal en los registros de la memoria simb\u00f3lica de los pueblos. Igualmente se apoya en su construcci\u00f3n est\u00e9tica-ficcional y por \u00faltimo en su contenido eminentemente fant\u00e1stico. Alcalde (2003) se\u00f1ala que seres extra\u00f1os como duendes, fantasmas, aparecidos, espantos, constituyen algunos ejes por donde gira la acci\u00f3n de la leyenda fant\u00e1stica. El relato de la leyenda se construye con matices discursivos de lo real, pero compuesto a su vez por elementos fant\u00e1sticos. Sus hechos no se corresponden plenamente con lo que el hombre asume como verdad, sino con asuntos misteriosos o siniestros. No solo se va a entender el relato fant\u00e1stico de la leyenda como g\u00e9nero discursivo, sino como est\u00e9tica ficcional de lo siniestro. La narrativa fant\u00e1stica la conforman ficciones que se destacan por su tem\u00e1tica demon\u00edaca; pero que de alguna manera son verdades para el llanero. Las figuras del Diablo, la Sayona, la Llorona, El Silb\u00f3n, la Bola de Fuego tienen una significaci\u00f3n en el contexto social, pero tambi\u00e9n en la imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica. La sociedad las tiene como herencia, como componentes fundamentales de su tradici\u00f3n y la cr\u00edtica literaria como creaciones narrativas representativas de su universo fant\u00e1stico y siniestro.<\/p>\n<p>Las leyendas fant\u00e1sticas simbolizan el contexto social de la gente para hacerlo m\u00e1s comprensible y para que de alguna manera entre, reconstruy\u00e9ndose continuamente, en el juego de lo imaginario. La leyenda es un texto literario con un profundo lenguaje simb\u00f3lico. Las podr\u00edamos concebir como narrativas de la identidad fant\u00e1stica de la llanura venezolana y como expresi\u00f3n discursiva de\u00a0 una simb\u00f3lica de lo siniestro. Es bien com\u00fan que al hombre se le aparezcan im\u00e1genes sagradas, lo que Eliade (1980a) denomina expresiones hierof\u00e1nicas; pero tambi\u00e9n es factible que se le manifiesten figuras siniestras. Ante esas posibilidades, caben estas interrogantes: \u00bfEs que solamente lo sagrado se revela ante los individuos? \u00bfSer\u00e1 que lo siniestro, ante la mirada del hombre no constituye o representa una manifestaci\u00f3n tan relevante como lo sacro? Si no alcanza la categor\u00eda de relevante, al menos debe reconoc\u00e9rsele su presencia angustiante. Lo siniestro constituye la manifestaci\u00f3n de lo demon\u00edaco o de ese hecho extra\u00f1o en la cotidianidad del hombre. Representa una experiencia que se traduce en mirar algo que estaba en secreto y que se ha manifestado como una sensaci\u00f3n ominosa. El misterio espectral, en im\u00e1genes o figuras fatales, hace su aparici\u00f3n y causa lo siniestro.<\/p>\n<p>Las leyendas, se asumen como textos ficcionales que expresan hechos fant\u00e1sticos. Es el mismo pueblo quien las crea y recrea infinitamente. Su origen se diluye en el devenir del tiempo, de pueblos y ciudades. La leyenda tiene una especie de estigma que la ha marcado siempre: su \u201cdescubrimiento ocurre cuando ya nadie sabe del destino del hombre o la mujer que la hicieron posible\u201d (P\u00e1ez Urdaneta, 1985, p.7). Ese velo misterioso de la leyenda es uno de sus rasgos m\u00e1s caracter\u00edsticos. Basta una an\u00e9cdota, un acontecimiento, una esca- ramuza para que la gente construya un relato con matices de leyenda y \u00e9ste circule de boca en boca y se vaya quedando en los anales memor\u00edsticos de los pueblos. La memoria es quiz\u00e1s el lugar predilecto de los textos de las leyendas fantasmales. Si bien se registran en formatos de escritura, en dispositivos electr\u00f3nicos, el mejor lugar para su protecci\u00f3n y crecimiento es el imaginario simb\u00f3lico de cada pueblo, de cada grupo social. Si la leyenda es expresi\u00f3n del \u201cimaginario simb\u00f3lico\u201d (Ross, 1992, p.162), deviene entonces, en discurso ficcional potenciador de la identidad, de la simbolog\u00eda fant\u00e1stica de la llaneridad.<\/p>\n<p>Robles de Mora (1995) considera que la narraci\u00f3n de la leyenda se basa en las tradiciones de los pueblos. Los hechos relatados son \u201creales o imaginarios\u201d (p.36). Hay tres aspectos que la autora destaca en este tipo de narraciones: el alcance colectivo, el misterio y su fijaci\u00f3n en el tiempo. El valor te\u00f3rico de esta caracterizaci\u00f3n, se resume en que la leyenda trasciende el imaginario individual, lo inmediato; acent\u00faa en su tem\u00e1tica la presencia de lo extra\u00f1o y su ficcionalidad se arraiga en la evoluci\u00f3n espacio-temporal del hombre.<\/p>\n<p>Definitivamente, las leyendas constituyen, junto a los mitos, uno de los lenguajes simb\u00f3licos de la literatura llanera. La leyenda es gu\u00eda perenne de la tradici\u00f3n del Llano venezolano. Se distingue por \u201csu car\u00e1cter misterioso-fant\u00e1stico\u201d (Mora, 2006, p.4) y por su profundo origen popular. Forma parte significativa de la memoria literaria y tradici\u00f3n oral de Venezuela. Todav\u00eda, en los senderos de la llanura, desandan espantos, diablos y almas errantes (\u00e1nimas). Algunas leyendas tienen en las \u00e1nimas, el ente misterioso para crear alg\u00fan siniestro relato. Como relato cercano al mito, la leyenda contiene lo simb\u00f3lico y arquetipos de cualquier sociedad. Su pretensi\u00f3n discursiva intenta lograr la comprensi\u00f3n del hombre en su dimensionalidad imb\u00f3lica. El discurso de la leyenda es representacional de tradiciones, creencias y misterios. Si el discurso m\u00edtico ocupa un lugar central en toda sociedad, la leyenda es una narrativa del margen cultural. Pardo Garc\u00eda (1993, p.296) sostiene que la posici\u00f3n de la leyenda es \u201cperif\u00e9rica, su valor radica en el entretenimiento que procura, en satisfacer las necesidades imaginativas de la comunidad\u201d.<\/p>\n<p>Bajo esa concepci\u00f3n tenemos diversos caminos para acercarnos a su naturaleza real. El texto de una leyenda parte de un hecho aut\u00e9ntico, que el tiempo va macerando y generando diferentes versiones que le van dando un matiz atemporal y misterioso. Dir\u00edamos que la leyenda se hace m\u00faltiple con el pasar de los a\u00f1os y siglos. Es un texto ficcional que se presenta, como una muestra de narraci\u00f3n tradicional de la oralidad, junto al cuento y el mito. Cada generaci\u00f3n conoce una historia legendaria y \u00e9sta a su vez ofrece una nueva interpretaci\u00f3n a la siguiente. Como narraci\u00f3n expresivo-creadora, la leyenda se encuentra en diversas culturas de la humanidad.<\/p>\n<p>Representan formas\u00a0\u00a0 de narratividad, tienen una alta significaci\u00f3n en el universo discursivo de la literatura, ya que delimitan, ordenan y explicitan cualquier relato. Como modo de narraci\u00f3n se erigen en textos de mediaci\u00f3n entre la vida simb\u00f3lica del hombre y su contexto hist\u00f3rico-social. Frye en La escritura profana (1980) ubica la Leyenda, no solo como narraci\u00f3n folkl\u00f3rica, sino como expresi\u00f3n perif\u00e9rica en el marco de las narraciones imaginativas de una sociedad. Lo que destacamos en este libro de Frye es que el texto de la leyenda se asume como experiencia verbal fabulosa que se diferencia del texto m\u00edtico. Entre las diferencias que este autor establece con lo m\u00edtico, enfatizamos en el arraigamiento de los mitos en una cultura espec\u00edfica, mientras que las leyendas tienen una \u201cexistencia m\u00e1s n\u00f3mada. Viajan por todo el mundo cruzando todas las barreras del lenguaje\u201d (Frye, 1980, p.18), intercambiando sus temas y motivos. Esta facilidad para la errancia del relato de la leyenda, le viene dado, seg\u00fan nuestra apreciaci\u00f3n, por la naturaleza profana de sus temas. Nuestra apreciaci\u00f3n se base en que Frye sostiene que la literatura profana, incluyendo su nivel oral, constituye un \u201ccuerpo de narraciones conectadas entre s\u00ed\u201d (ob. cit., P.21). Esta capacidad de articulaci\u00f3n de los textos profanos se fundamenta en un patr\u00f3n narrativo que Frye llama totalidad. No es m\u00e1s que contar un relato que otros ya han contado; pero con mayores detalles est\u00e9ticos. El car\u00e1cter fabuloso de la leyenda -no se refiere a f\u00e1bula, sino a su condici\u00f3n especular- le hace adquirir, en palabras de Frye (1980, p.29), una condici\u00f3n propia, en cuanto a modalidad narrativa y la ubica como parte del imaginario literario de una sociedad.<\/p>\n<p>La leyenda, contiene a menudo, seg\u00fan Frye (1991, p.249), una \u201cconcentraci\u00f3n de significado m\u00edtico\u201d. Entre el mito y la realidad se ubica la leyenda. Su relaci\u00f3n con el mito se da por la v\u00eda de sus alusiones a lo sagrado (saberes religiosos) y con la realidad, por su profundo car\u00e1cter social (saber popular, la memoria). El nacimiento de la di\u00e9gesis de las leyendas tiene su l\u00ednea profana; pero tambi\u00e9n su lado misterioso. Vamos a finalizar nuestra argumentaci\u00f3n sobre la leyenda con la perspectiva te\u00f3rica que Fredric Jameson (1989) presenta en su libro: Documentos de cultura, documentos de barbarie, sobre la trascendencia narrativa de la leyenda en los \u00faltimos a\u00f1os. Las ideas de Jameson se sustenta en las contribuciones a la cr\u00edtica literaria hechas por Frye, b\u00e1sicamente en The anatomy of criticism (Anatom\u00eda de la cr\u00edtica, Universidad de Pr\u00edceton, 1957) y en The secular scripture (La escritura profana, Universidad de Harvard, 1976). Este \u00faltimo, para Jameson (1989, p.105), es el m\u00e1s \u201cvigoroso renuevo contempor\u00e1neo de la leyenda\u201d. Muestra que Frye distingue a la leyenda como una heterogeneidad narrativa respaldada por un eje tem\u00e1tico que incluye el Bien y el Mal. De tal manera que en el fondo del discurso se da una confrontaci\u00f3n entre un reino elevado (el cielo, lo angelical) y otro que impera en las profundidades (el infierno, lo demon\u00edaco).<\/p>\n<p>En definitiva la leyenda es un paradigma para la narraci\u00f3n de historias y en su discurso engloba el cumplimiento de un hecho fant\u00e1stico, y su gran pretensi\u00f3n consiste en transfigurar la realidad del hombre en una cotidianidad coimplicante de lo com\u00fan y lo siniestro. Hay que hacer una aclaratoria, ese mundo cotidiano, es m\u00e1s propio de situaciones secundarias que de acciones hechos heroicos. Los per- sonajes de las leyendas para Frye est\u00e1n en el com\u00fan de la gente. Luego de hacer este bosquejo sin\u00f3ptico, Jameson (1989, p.93), propone una hip\u00f3tesis particular para entender el alcance de la leyenda. Veamos su formulaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>el enfoque modal del g\u00e9nero debe proseguirse hasta que, por medio de una historizaci\u00f3n radical, la \u00abesencia\u00bb, \u00abesp\u00edritu\u00bb, \u00abvisi\u00f3n del mundo\u00bb en cuesti\u00f3n se revele como un ideologema, es decir un complejo conceptual o s\u00e9mico determinado que puede proyectarse diversamente en la forma de un \u00absistema de valores\u00bb o de un \u00abconcepto filos\u00f3fico\u00bb, o en la forma de un protorrelato, una fantas\u00eda narrativa privada o colectiva.<\/em><\/p>\n<p>Destacamos en Jameson la noci\u00f3n de la leyenda como modalidad discursiva que devela un sistema de valores que se manifiesta en estas narrativas fant\u00e1sticas. Aqu\u00ed vamos a entender el t\u00e9rmino narrativas como relatos. Jameson menciona que los relatos son \u201crepresentaciones narrativas\u201d. (1989, p.24). Con las lecturas sobre algunos textos de Frye y lo que terminamos de exponer de Jameson,\u00a0 diremos que la leyenda es un modo o forma narrativa que se ubica entre la realidad del mundo humano y lo m\u00edtico-fabuloso del mundo divino. Se diferencia del mito, pues este ocupa un lugar central en el pensamiento religioso y cultural de cualquier sociedad. Estas narrativas o di\u00e9gesis son una represen- taci\u00f3n identitaria del imaginario fant\u00e1stico y siniestro de la llaneridad venezolana.<\/p>\n<p><strong>Modalidades de textualizaci\u00f3n de la leyenda fant\u00e1stica de la llanura venezolana<\/strong><\/p>\n<p>Hay una variedad distintiva en la manera de enunciar y transmitir la di\u00e9gesis (acciones, personajes, espacios, la ficci\u00f3n) de una leyenda. Esas formas que nos ayudan a establecer una mediaci\u00f3n entre el relato (la historia o ficci\u00f3n fant\u00e1stica referida), su escritura (competencia ling\u00fc\u00edstica para el manejo de la cohesi\u00f3n sint\u00e1ctica), la leyenda propiamente (narrativa e imaginario fant\u00e1stico) y el lector o narratario (destino final de lo comunicacional), es lo que aqu\u00ed llamamos textua- lizaci\u00f3n dieg\u00e9tica.<\/p>\n<p>La textualidad contribuye a la fijaci\u00f3n dieg\u00e9tica con la firme intenci\u00f3n de comunicar su sentido simb\u00f3lico-social. De tal manera que el proceso de representaci\u00f3n escritural para la creaci\u00f3n y fijaci\u00f3n de una di\u00e9gesis ficcional se denominar\u00e1 textualizaci\u00f3n. \u00c9sta es una opera- ci\u00f3n que, seg\u00fan Bertorello (2009), pertenece esencialmente a la escritura. Su concreci\u00f3n permite la accesabilidad al contenido de un relato patrimonial de la literatura de cualquier configuraci\u00f3n cultural. Aqu\u00ed textualizaci\u00f3n vendr\u00eda a ser una modalidad de producci\u00f3n discursiva literaria y en consecuencia ficcional. La textualizaci\u00f3n, b\u00e1sicamente es la capacidad de crear o reescribir est\u00e9ticamente un texto del universo literario de la leyenda fant\u00e1stica. El proceso de textualizar est\u00e1 condicionado a las siguientes variables: el sentido del texto, el contexto social, la intenci\u00f3n comunicativa, los destinatarios y el g\u00e9nero discursivo. El fin \u00faltimo de este proceso es fijar, ya sea en la escritura, en la oralidad colectiva o imaginario social, la di\u00e9gesis o narraci\u00f3n fant\u00e1stica. En los narradores orales, los compiladores, los escritores e investigadores encontramos seis modalidades de textualizaci\u00f3n y an\u00e1lisis dieg\u00e9tico de la leyenda.<\/p>\n<p>La primera modalidad de transmisi\u00f3n relatorial de la di\u00e9gesis de la leyenda identificada, la denominamos: Modalidad de textualizaci\u00f3n referencial. Aqu\u00ed la alusi\u00f3n a la leyenda es casi nominal. Se formula r\u00e1pidamente. Se corresponde con enunciados como: El Silb\u00f3n es un espanto del estado Portuguesa. La Sayona representa una mujer maligna que persigue a los hombres parranderos. Juan Machete le vendi\u00f3 el alma al Diablo. Por muy discreta que sea la referencia hacia la leyenda, no deja de tener una carga discursiva comunicacional.<\/p>\n<p>La segunda, la designamos Modalidad de textualizaci\u00f3n oral. Esta forma de textualizaci\u00f3n va m\u00e1s all\u00e1 del acto conversacional. La oralizaci\u00f3n de la leyenda pasa por la adecuaci\u00f3n y reconstrucci\u00f3n constante del relato hablado de la misma. La di\u00e9gesis oral se aprecia en la recitaci\u00f3n memorizada, en el manejo de la narraci\u00f3n en vivo de las leyendas. Para textualizar oralmente el argumento de una leyenda se dispone de la palabra, de la voz, con sus matices expresivos; los gestos, el cuerpo, la proxemia, el escenario y la imaginaci\u00f3n. Todos estos elementos se convierten en herramientas fundamentales para esta modalidad de textualizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tercera Modalidad de textualizaci\u00f3n, la titulamos: medi\u00e1tica. \u00c9sta destaca por su operaci\u00f3n subsidiaria de otras modalidades de textualizaci\u00f3n. No cabe duda, de que en la actualidad, los medios de comunicaci\u00f3n (radio, televisi\u00f3n, cine, espacios online) son vitales en el proceso de difusi\u00f3n de identidades culturales. Para Garc\u00eda Canclini (1995) hay dos nociones clave (multimedios y multicontextualidad) que redefinen el papel de los sistemas de comunicaci\u00f3n en la cultura. La comunicaci\u00f3n multicontextual le concede persistencia a las identidades locales y nacionales.<\/p>\n<p>La cuarta modalidad la hemos llamado: Modalidad de textuali- zaci\u00f3n argumental. Se construye una s\u00edntesis del argumento ficcional. Permite que los hechos narrados se compaginen en una sint\u00e9tica secuencia argumentativa. Basta unas cuantas l\u00edneas para condensar la historia completa de la leyenda. Por argumento comprendemos una narraci\u00f3n condensada donde se cuenta al lector r\u00e1pidamente lo fundamental del texto. Veamos el siguiente argumento dieg\u00e9tico: El Carret\u00f3n fantasma es un \u201cgran carruaje, tirado por varios corceles, todos envueltos en llamas. Dicen que pasa cuando alguien va a morir, para llevarse el alma del difunto a las regiones infernales\u201d (Franco, 2001, p.27).<\/p>\n<p>Como quinta opci\u00f3n proponemos: Modalidad de textualizaci\u00f3n narratorial. El fundamento de lo narrativo es contar algo; pero ese acto de narrar debe estar hecho con recursos estil\u00edsticos eminentemente literarios. El que narra hace reaparecer en su discurso los aconte- cimientos fundantes del relato. Vamos a tomar algunas ideas de Zavala (2007) para acercarnos a una teorizaci\u00f3n sobre lo narratorial. Zavala expone que lo narratorial es una propiedad de la estructura misma del relato. Quien narra ejerce una autoridad sobre la di\u00e9gesis que pasa por el dominio, no s\u00f3lo de lo contado, sino de la forma particular como armar\u00e1 (descubrir-encubrir) el enigma de su ficcionalidad. Lo narratorial se constituye en una voz que surge como autorreferencia en la propia narraci\u00f3n. Es una voz narrativa que \u201cse cuenta a s\u00ed misma\u201d (Zavala, 2007, p.165). De tal manera que esta modalidad es impres- cindible entenderla como reescritura literaria, se hace en la medida que se desarrolla lo que se dice de la di\u00e9gesis de la leyenda. Ante lo creado y vivo en el imaginario literario se reelabora un texto nuevo, m\u00e1s no diferente del todo, que recoge los puntos bases de la narraci\u00f3n inaugural; pero se le adicionan detalles que lo hacen novedoso, sin apartarse abruptamente de su original.<\/p>\n<p>La \u00faltima modalidad (sexta) la hemos llamado: Modalidad de textualizaci\u00f3n por hipotiposis. La primera idea que insinuamos en la b\u00fasqueda de una precisi\u00f3n conceptual al respecto, es que esta modalidad refiere a una forma sin\u00f3ptica de las diferentes modalidades dieg\u00e9ticas de textualizaci\u00f3n que hemos expuesto. Tiene principal- mente rasgos orales, argumentales, narrativos. Se apoya y se expresa en diferentes formatos medi\u00e1ticos. Etimol\u00f3gicamente se compone de la preposici\u00f3n: \u201chypo\u201d (debajo de) y de la f\u00f3rmula verbal \u201ctipo\u201d (figurar, modelar) y significa: aquella imagen que se modela con la elocuencia verbal. La escritura o la palabra oral proyectan, sobre la base de la descripci\u00f3n, figuras impresionantes en el lector o narratarios. La tesis central consiste en que el lector-narratario tiene que \u201cver\u201d imagi- nariamente lo narrado. Es una mirada que va m\u00e1s hacia los universos de la imaginaci\u00f3n que hacia la semanticidad de la palabra. Se vale de diversos g\u00e9neros (poes\u00eda: cuento, pasajes, dramaturgia) y de m\u00faltiples expresiones art\u00edsticas (canto, declamaci\u00f3n), as\u00ed como de recursos tecnol\u00f3gicos (radio) para construir una imagen visual de lo que se encuentra en el texto escrito o en la oralidad.<\/p>\n<p>Con esta modalidad de textualizaci\u00f3n de las leyendas se \u201caspira, ante todo, a describir un objeto, una persona o una escena de manera tan viva y en\u00e9rgica, tan bien observados y descritos todos sus minuciosos detalles que es capaz de ofrecerlos a la imaginaci\u00f3n perceptiva del lector\u201d (De la Calle, 2005, p. 63). En muchos sentidos, al formar parte de una din\u00e1mica com\u00fan, la hipotiposis se contrapone y relaciona con la \u00e9cfrasis. La primera comprende un proceso de conformaci\u00f3n de figuras y la segunda se apoya en un proceso cr\u00edtico-hermen\u00e9utico, que es creaci\u00f3n literaria o signo textual de lo pict\u00f3rico b\u00e1sicamente. El discurso ecfr\u00e1stico es representaci\u00f3n verbal de im\u00e1genes, mientras que la hipotiposis es tr\u00e1nsito discursivo hacia \u00e9stas. La textualidad ecfr\u00e1stica se deriva casi siempre de lo pict\u00f3rico, en la hipotiposis que planteamos, la imagen revela lo siniestro de la di\u00e9gesis por el uso de la palabra. Si bien la escritura ecfr\u00e1stica (Molina, 2010,) se instala como un texto otro, la hipotiposis textualiza figuras fant\u00e1sticas, escenarios misteriosos, situaciones inveros\u00edmiles. Cautiva con su arduo trabajo narrativo en la prefiguraci\u00f3n de lo siniestro en el discurso escrito.<\/p>\n<p>Al entrar en contacto con cualquier leyenda fant\u00e1stica de la llaneridad venezolana, por ejemplo con la Sayona, nada m\u00e1s por nombrar un caso, acontece lo que llama \u00a0Freud (1919): el efecto siniestro de la narraci\u00f3n. Existe una afecci\u00f3n, un motivo, un impacto, una presencia imaginariamente siniestra por causa de lo narrado o le\u00eddo en un texto. El relato fant\u00e1stico tiene una intenci\u00f3n clave: trasponer lo real y hacer que el lector sienta la aparici\u00f3n de lo extra\u00f1o, del misterio, de lo siniestro. Dir\u00edamos que las otras modalidades detalladas se fusionan en esta \u00faltima que cierra, de acuerdo a nuestro criterio, las modalidades de textualizaci\u00f3n de la di\u00e9gesis de las leyendas. La modalidad por hipotiposis en la textualizaci\u00f3n de una leyenda, representa el punto absoluto de concreci\u00f3n, de acuerdo a nuestra valoraci\u00f3n, de la di\u00e9gesis.<\/p>\n<p><strong>El imaginario simb\u00f3lico de la llaneridad<\/strong><\/p>\n<p>El hombre ha tratado siempre de buscar explicaciones a la realidad de su entorno. Muchas de sus respuestas se originan en su racionalidad b\u00e1sica, otras vienen de sus esfuerzos intelectuales, de sus m\u00e9todos cient\u00edficos, pero algunas explicaciones tienen como g\u00e9nesis la imaginaci\u00f3n. Tal vez no sea la imaginaci\u00f3n la fuente id\u00f3nea de las soluciones, pero es innegable su aporte en la mediaci\u00f3n de la sociedad y sus grandes misterios. Las im\u00e1genes han sido desvalorizadas y la funci\u00f3n imaginativa vista como el origen de muchas falsedades. Lo fundamental ser\u00eda entender que la imaginaci\u00f3n es una dimensi\u00f3n constitutiva del Ser y que nos sirve para penetrar en el sentido inescrutable del hombre. La imaginaci\u00f3n deriva y retorna a los dominios de un lenguaje configurado plenamente en representaciones simb\u00f3licas; en tal sentido, el imaginario es creaci\u00f3n inherente al ser y a su sentido profundo de la realidad social. El verdadero significado de la imaginaci\u00f3n radica en que es poder creador de lo humano. Se le concibe como creatividad humana, pero a su vez, acci\u00f3n creadora de sentidos en el devenir del hombre. Crea lo simb\u00f3lico y recrea lo fant\u00e1stico. Diremos igualmente, que en el discurso literario, la imaginaci\u00f3n al- canza un grado supremo. Esta condici\u00f3n fant\u00e1stica de la psique es la que le permite al hombre accionar la funci\u00f3n imaginativa en un contexto social dado. La funci\u00f3n fant\u00e1stica, no s\u00f3lo representa un quehacer que se sobrepone a la tesis cl\u00e1sica de lo imaginario opuesto a lo real, sino que modula todo lo referente a la est\u00e9tica y a lo social del poder figurativo de los seres humanos.<\/p>\n<p>Necesario se hace para el individuo conocer, interpretar y comprender profundamente los imaginarios sociales, simb\u00f3licos y culturales, pues esto les permitir\u00e1 afianzar su cultura y fortalecer su identidad. El orden imaginario se demarca por la mirada del hombre que construye y observa im\u00e1genes. Lo imaginario en la cultura es realidad simb\u00f3lica, pues articula sentidos propios y figurados de un individuo o comunidad. Apunta a revalorizar los saberes sociales de la simbolog\u00eda imaginaria y se reproduce constantemente en la repre- sentaci\u00f3n evocada por el s\u00edmbolo. Lo imaginario en la leyenda fant\u00e1stica de la llanura venezolana se respalda, entre otras modalidades de textualizaci\u00f3n, en el principio ret\u00f3rico de la hipotiposis, pues hace que los hechos contados por remotos y siniestros que parezcan, resultan ser muy cercanos al llanero. El discurso de la leyenda toma de la hipotiposis la capacidad para trasponer escenarios irreales y hechos fant\u00e1sticos y tratar de asimilarlos a la realidad. Si no llegan a las instancias de lo real, al menos sirve para fundar una narrativa con apariencia real. Cohabitar con la imaginaci\u00f3n ha de ser una acci\u00f3n consciente en el hombre. El llanero sobrelleva su realidad y sus creaciones fant\u00e1sticas vienen a darle sentido a su mundo de vida. La escritura de la leyenda fant\u00e1stica, como reflejo de la llaneridad, expresa un esfuerzo permanente de dialogicidad entre los creadores y la idea de contraponer lo severo de la realidad en la llanura a lo extraordinario de la ficcionalidad de la cultura llanera.<\/p>\n<p><strong>La identidad simb\u00f3lica de la llanura<\/strong><\/p>\n<p>La llanura venezolana es tierra abierta, agreste, en esencia una inmensidad natural y simb\u00f3lica. Ilimitado espacio del asombro. Su existencia supone infinitos senderos, atajos y momentos donde lo espectral es signo, pasaje revelador de una realidad que ha marcado el devenir del llanero. Destaca porque sus senderos geogr\u00e1ficos se entrecruzan infinitamente en un movimiento indetenible hacia un todo donde se cofusionan libremente con las realidades simb\u00f3licas del hombre. Esta tierra de confines siniestros constituye parte de la identidad del llanero. Lo que implica que sus habitantes mantienen una relaci\u00f3n antr\u00f3pica de dependencia con su espacio de vivencialidades.<\/p>\n<p>La cultura en su af\u00e1n de consolidarse y ser un componente de valor fundamental en la sociedad, considera lo tradicional como fuente de materiales simb\u00f3licos para la formaci\u00f3n de la identidad tanto en el nivel individual como en el colectivo. La forma de construcci\u00f3n de iden- tidades tiende a ser dial\u00e9ctica, es decir, se da dentro de un proceso de contradicciones y s\u00edntesis de conflictos en inagotable devenir. Cada uno de sus componentes se encuentra interrelacionados en un proceso de elaboraci\u00f3n y reelaboraci\u00f3n de marcadores identitarios. Para que esa concepci\u00f3n de lo imaginario como creador de identidades tenga un escenario que facilite su impulso y afianzamiento se necesita entender la identidad como un sistema simb\u00f3lico y omnipresente, soportado sobre un discurso representacional que los hombres construyen e interpretan para la comprensi\u00f3n de la sociedad y de sus estructuras identitarias. El hombre debe comprender su singularidad en el \u00e1mbito de la identidad nacional y \u00e9sta a su vez saber que es un estadio de la identidad colectiva. Conocer los imaginarios culturales, le permite afianzarse en la cultura y fortalecer su identidad. Hoy, los pueblos, las diferentes culturas viven un acentuado \u00edmpetu en cuanto a la b\u00fasqueda de lo identitario. Esa necesidad de encontrarse como sociedad es una constante en la evoluci\u00f3n del pensamiento de los pueblos, de las naciones. No es un problema definitivamente solucionado o concluido, sino que su resoluci\u00f3n categ\u00f3rica no se vislumbra en lo inmediato. La leyenda fant\u00e1stica, como narrativa de identidad simb\u00f3lica, es expre- si\u00f3n de la b\u00fasqueda identitaria individual y colectiva de la cultura llanera.<\/p>\n<p><strong>Una simb\u00f3lica de lo siniestro en la leyenda fant\u00e1stica<\/strong><\/p>\n<p>Cuando se piensa el s\u00edmbolo, en t\u00e9rminos de cuestionamiento, se abandona la significaci\u00f3n trascendente de su contexto simbolizado. As\u00ed el s\u00edmbolo no es objetividad plena, pues las creencias, inciden en \u00e9l y no es s\u00f3lo valor subjetivo, ya que nadie puede disponer arbitra- riamente de \u00e9ste y ning\u00fan individuo es propietario de lo simb\u00f3lico. La evanescencia es una de las caracter\u00edsticas del s\u00edmbolo, \u00e9sta no permite delimitarlo en una apreciaci\u00f3n definitiva. Todo en el s\u00edmbolo es parcial, ninguna aproximaci\u00f3n es definitiva. Por medio de ellos erigimos y damos continuidad a lo que nos identifica como sociedad, como pueblo, como seres humanos.<\/p>\n<p>La revisi\u00f3n de algunas teor\u00edas simb\u00f3licas nos permiti\u00f3 en este trabajo, confirmar que el simbolismo establece conexiones (correspondencias) en vez de distinciones (separaciones). El simbolismo tiene un sentido medial y coimplicativo. Posee como funci\u00f3n principal aprehender lo real o rehacerlo. Esa aprehensi\u00f3n no s\u00f3lo es un signo de uniformidad cultural de car\u00e1cter local, sino que es gu\u00eda para dinamizar toda dialog\u00eda sintetizada entre diferentes configuraciones culturales. No se niegan otras formas de pensamiento de la humanidad, as\u00ed como la ciencia, pero son los s\u00edmbolos los que le dan sistematicidad a las creencias y acciones de las sociedades. El significado del s\u00edmbolo es completamente infinito. Por esa condici\u00f3n instaura un sentido, constituye la revelaci\u00f3n de una entidad transfigurada y profundamente enigm\u00e1tica. El s\u00edmbolo es un m\u00e9dium que busca unir el misterio del mundo y la realidad imaginaria del hombre.<\/p>\n<p>En este libro encontramos que las primeras ideas que subyacen en el t\u00e9rmino continuum son las de desplazamiento, transgresi\u00f3n, coexis- tencia multisist\u00e9mica y dialogicidad. Se puede indicar que hay en su realidad una movilidad constante. Ese transitar o fluir infinito lleva a la ocupaci\u00f3n de espacios sociales, culturales, literarios y simb\u00f3licos. En las sociedades diversos sistemas culturales se interceptan y hacen que sus heterogeneidades coexistan y fortalezcan los procesos identitarios. Participan de un proceso de encuentro y de intercambio intercultural permanente. La cultura, bajo esa modalidad, es un continuum que sobrepasa los estancos y limitaciones de todo tipo. Continuum de significados y de formas significativas interactivas.<\/p>\n<p>Si vamos a buscar alg\u00fan tipo de relaci\u00f3n de lo siniestro con situa- ciones humanas, no dudar\u00edamos en se\u00f1alar que su inhospitalidad se corresponde con lo extra\u00f1o, con lo fantasmal, con las cosas demon\u00edacas que parecen acontecer en la familiaridad de la gente, produciendo terror. Lo siniestro se revela cuando un hecho de naturaleza fant\u00e1stica se produce en lo real. Cuando aflora asombrosamente lo espectral. Lo fant\u00e1stico deviene de la transgresi\u00f3n del l\u00edmite de la realidad. Esa intromisi\u00f3n representa la manifestaci\u00f3n de terrores imaginarios en la ficcionalidad. Aqu\u00ed la realidad constituye un marco-espejo, donde enfrentamos otros universos visibles y misteriosos ante la comprensi\u00f3n del hombre. La narrativa fant\u00e1stica va tejiendo una simb\u00f3lica de lo siniestro como una manera de representarse la otredad, lo mist\u00e9rico. Lo temible deviene de un accionar, de un espectro; es una se\u00f1al que se acerca inexorablemente y aunque el espectro tenga un referente abstracto, constituye semi\u00f3ticamente, una unidad cultural del imaginario fant\u00e1stico.<\/p>\n<p>Una simb\u00f3lica, evidentemente, se hace con s\u00edmbolos construidos en el lenguaje y en el imaginario social. El hecho de que haya un n\u00famero considerable de s\u00edmbolos, no es s\u00edntoma para que anticipadamente sostengamos que estamos ante la presencia de una simb\u00f3lica. La cantidad no es la variable imprescindible en su construcci\u00f3n o identificaci\u00f3n, sino el nivel relacional, coimplicante y significativo del corpus de s\u00edmbolos en el imaginario y en el lenguaje que la sustentan. En ese discurso simb\u00f3lico, el lenguaje es manifestaci\u00f3n de lo especular (recordemos a Gadamer), de tal modo que all\u00ed en la expresi\u00f3n verbal se va constituyendo tambi\u00e9n en una representaci\u00f3n creativa del hombre. En consecuencia, el lenguaje se hace realidad interpretable y as\u00ed el ser y su fant\u00e1stica trascendental acontece en el lenguaje. El hombre se dice y se hace palabra simbolizada, se ve reflejado en la simb\u00f3lica como m\u00e1xima expresi\u00f3n de todo proceso creativo y creador. La leyenda fant\u00e1stica de la llanura venezolana la define una simb\u00f3lica que se apoya en figuras de lo siniestro como el Diablo, im\u00e1genes teriomorfas, lloronas, sayonas y ciertos lugares fant\u00e1sticos como la monta\u00f1a de San Camilo y Las Galeras del Pao.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/duglas-moreno\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Duglas Moreno La leyenda fant\u00e1stica en la llanura venezolana Sin duda que la realidad del Llano es fuente de creaci\u00f3n literaria. Su universo simb\u00f3lico se ha visto plasmado en cuentos, novelas, poes\u00eda, dramaturgia, coplas y numerosas leyendas. 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