{"id":3714,"date":"2022-03-10T23:39:59","date_gmt":"2022-03-10T23:39:59","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3714"},"modified":"2023-11-24T18:33:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:00","slug":"dos-cronicas-de-nicanor-bolet-peraza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cronicas-de-nicanor-bolet-peraza\/","title":{"rendered":"Dos cr\u00f3nicas de Nicanor Bolet Peraza"},"content":{"rendered":"<h3>Lacrimoman\u00eda<\/h3>\n<p>Hay gentes muy buenas, demasiado buenas tal vez, que viven pendientes de las cat\u00e1strofes, de las defunciones, de todo aquello que aflige y hace llorar, gentes que, en efecto, sienten y lloran los males del pr\u00f3jimo como si fuesen propios, y salen a la calle a buscar otras personas a quienes contagiar con su tristeza. Son noticieros oficiosos de toda calamidad, aguafiestas en todo regocijo, verdaderos cartujos escapados de convento, que por donde quiera van, y a cuantos encuentran, por divertidos y alegres que est\u00e9n, les dicen, o parecen decirles: \u00abhermano, de morir tenemos\u00bb.<\/p>\n<p>Por ellos sabe uno que fulano amaneci\u00f3 colgado de una viga, que la se\u00f1ora de zutano dio a luz dos ni\u00f1os difuntos, que mengano se meti\u00f3 a muerto en la madrugada de ese mismo d\u00eda, que al cura menganejo le robaron la sotana y al alba\u00f1il perencejo la mujer; y todo esto se lo dicen a uno echando los pulmones a suspiros y man\u00e1ndoles los ojos chorrerones de agua salobre. Si va usted a salir para un baile o para el teatro, le ataja en la puerta uno de esos mensajeros f\u00fanebres y a boca de jarro le descerraja a usted la noticia de la muerte de un pariente lejano, que por m\u00e1s se\u00f1as no le deja herencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs usted algo de un se\u00f1or don Trist\u00e1n Cerraja, recaudador que fue del impuesto sobre la matanza de cerdos?<\/p>\n<p>\u2014Primo tercero, para servir a usted.<\/p>\n<p>\u2014Pues vi\u00e9ndole yo a usted que se prepara a divertirse esta noche, me apresuro a decirle que a su se\u00f1or pariente le entierran ma\u00f1ana en su pueblo. Dispense usted que por no afligirle a usted no le diga por lo claro, que el referido sujeto es muerto.<\/p>\n<p>Si su m\u00e9dico le ha descubierto a usted un principio de afecci\u00f3n card\u00edaca, o un apelmazamiento en el bazo, prescribi\u00e9ndole huir de toda impresi\u00f3n desagradable, de seguro que no andar\u00e1 usted tres cuadras sin toparse con uno de esos b\u00fahos, que le pondr\u00e1 el \u00e1nimo m\u00e1s negro que fald\u00f3n de catafalco, refiri\u00e9ndole el atroz rato que acaba de pasar vi\u00e9ndole extirparle un tremendo zarat\u00e1n a la viuda del carnicero que le provee a usted de chuletas, o cualquiera otra barbaridad de cirug\u00eda feroz por el estilo.<\/p>\n<p>En mi pueblo hab\u00eda una tal do\u00f1a Mariquita, que era gran notabilidad en el g\u00e9nero lacrimoso. Se la pasaba la pobre se\u00f1ora todo el d\u00eda en la puerta de su casa. Creo que ni com\u00eda por estarse en atalaya de los transe\u00fantes; y Dios me lo perdone, pero no me la puedo imaginar sino tal cual en aquellos tiempos de mi infancia la ve\u00edan mis ojos asombrados, como una enorme lechuza, vestida siempre de morado y dos lagrimones chorreando perennemente de aquellos sus dos ojillos verdes, color de acaparrosa.<\/p>\n<p>\u2014Ven ac\u00e1, hijito\u2026 \u2014me dec\u00eda al columbrarme por la calle\u2014. \u00bfNo sabes qui\u00e9n se muri\u00f3 anoche? Nada menos que el pobrecito del campanero de la iglesia, tan buenote, tan honrado, tan exacto. \u00a1Ay, ni\u00f1o, si era un mismo reloj! Se subi\u00f3 a la torre un poquito mareado con el bebedizo que tom\u00f3 en el bautizo de un sobrino, se le fue la cabeza, se cay\u00f3 del campanario y se hizo tortilla sobre el empedrado.<\/p>\n<p>Y la sensible se\u00f1ora sacaba un desaforado pa\u00f1uelo de yerbas empapado ya como una esponja de barbero y se lo pasaba por los lagrimales, que de puros rojos parec\u00edan bordes de vejigatorio.<\/p>\n<p>\u2014Ven ac\u00e1, hijo \u2014me dec\u00eda al siguiente d\u00eda\u2014; ven ac\u00e1 que tengo que contarte lo afligida que estoy. Se han ahogado en el r\u00edo tres militares que se tiraron a ba\u00f1arse para cortarse unas tercianas. Me dice la cocinera, que los tienen desnudos en la playa\u2026<\/p>\n<p>Y en cada uno de los d\u00edas subsiguientes, sin faltar uno solo en el a\u00f1o, me rezaba la buena mujer el obituario, y lleg\u00f3 a ponerme tan espantadizo y nervioso que ya no dorm\u00eda sino so\u00f1ando con muertes y con fantasmas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda en que yo sab\u00eda de ciencia cierta que no hab\u00eda ocurrido en la ciudad ninguna defunci\u00f3n, sal\u00ed de mi casa muy contento, seguro de que do\u00f1a Mariquita no tendr\u00eda en esa vez ninguna aciaga noticia que darme. Pero en la adolorida se\u00f1ora era ya eso una verdadera man\u00eda. Sus l\u00e1grimas lloraban, as\u00ed lo contempor\u00e1neo como lo retrospectivo, lo peque\u00f1o como lo grande, la cr\u00f3nica como la historia.<\/p>\n<p>\u2014Ven ac\u00e1, hijo, ven ac\u00e1, criatura \u2014me dijo atrap\u00e1ndome al pasar, hecha una Magdalena y moqueando m\u00e1s que nunca sobre su pa\u00f1uelo de Madr\u00e1s\u2014. Esto parte el alma, ni\u00f1o; esto es para no acabar de llorar en todo el d\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Pero si nadie se ha muerto, se\u00f1ora\u2014me apresuraba yo a decirla para ver si se tranquilizaba.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dichoso t\u00fa, ni\u00f1o, que para entonces no hab\u00edas nacido!\u2026 \u00a1Hoy hace 25 a\u00f1os que muri\u00f3 el Libertador!<\/p>\n<p>Y una tempestad de patri\u00f3ticos zopillos quebraba el resuello a la pobre se\u00f1ora.<\/p>\n<p><strong>*<\/strong><\/p>\n<p>Una delicada y querida personita tengo yo muy cerca de m\u00ed, a quien me la ponen de remate las cosas tristes de este mundo; y como a m\u00ed me gustar\u00eda ver siempre un sol de alegr\u00eda resplandeciendo en su cara, suelo decirla, en sus horas mustias:<\/p>\n<p>\u2014Nada, chica; que vas a parecerte a do\u00f1a Mariquita Lupes, que cuando no ten\u00eda por qui\u00e9n llorar, lloraba por Bol\u00edvar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Los nervios<\/h3>\n<p>Peso ciento ochenta libras inglesas; mido seis pies y ocho pulgadas del tal\u00f3n a la ra\u00edz del pelo; y en mi cara se vende m\u00e1s salud que en una farmacia. Cualquiera al observar la cuasi bermeja color de mi tez, jurar\u00eda que ello es efecto de estimulantes, cuando en verdad que ni el zumo de las parras ni los alcoh\u00f3licos fermentos entran jam\u00e1s en mi reino. En una palabra, soy lo que un agente de seguros de vida llamar\u00eda \u00abun buen riesgo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero vaya usted a fiarse de apariencias. En oposici\u00f3n a estas saludables condiciones de mi naturaleza, padezco un achaque insufrible que me hace desgraciado. Tengo nervios.<\/p>\n<p>No hay que imaginarse por esto que soy persona que se desmaye porque delante de m\u00ed le rebanen la cabeza a cualquier pr\u00f3jimo. Hombre soy de los de pelo en pecho, y como la cosa sea gorda la afronto. Mis nervios entonces se templan y engruesan, y pudiera decirse que todo mi cuerpo se vuelve m\u00fasculos.<\/p>\n<p>Mi especialidad consiste en lo peque\u00f1o, en lo diminuto, en aquello en que otros ni siquiera paran mientes. Un zapato que cruje, un viol\u00edn que rasca las tripas, un orador que no acierta con el hilo de su discurso, un hablador que no deja meter baza, un tartamudo que masca las palabras, un bizco que me mira por carambola, son cosas que me sacrifican, que me revientan.<\/p>\n<p>Los amigos m\u00e1s caros a mi coraz\u00f3n los he perdido por causa de esa maldita idiosincrasia. Uno ten\u00eda, por quien hubiera dado gustoso la vida. Amistad de diez a\u00f1os, pruebas mutuas de cari\u00f1o, sacrificios desinteresados, todo se lo llev\u00f3 pateta en una sola noche. Por la primera vez dormimos en la misma pieza, aunque en distintos lechos. Antes de irnos a la cama fumamos un puro, echamos un p\u00e1rrafo, d\u00edmonos las buenas noches y venga el se\u00f1or Morfeo. \u00bfMorfeo dijiste? Ni por pienso. Al cabo de un instante, mi amigo comenz\u00f3 a resollar grueso como quien prepara un fuelle de iglesia para entonar v\u00edsperas en el \u00f3rgano; luego dej\u00f3 escapar de su garganta unos registros en recalcitrantes escalas crom\u00e1ticas; pausa de sem\u00ednima, y de repente un tutti a grande orquesta. Flautas agudas, cuernos graves, trombones profundos, oboes quejumbrosos; \u00a1qu\u00e9 concierto m\u00e1s completo!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pepe\u2026 Pepito\u2026 Pepillo! Despierta; chico, que est\u00e1s roncando.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe veras? Pues es extra\u00f1o, porque nunca ronco. Ser\u00e1 que estoy echado sobre el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Y se volte\u00f3 del lado del h\u00edgado.<\/p>\n<p>Silencio de algunos minutos; a poco rato nuevo soplar de fuelles, probar de instrumentos, afinar del la, y da capo al signo, con redoblado furor y apresurado comp\u00e1s de allegro vivace.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pepe\u2026 Pepito\u2026 Pepillo\u2026 Pepete!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es, hombre?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Que vuelves a roncar, querido.<\/p>\n<p>\u2014Ser\u00e1 a causa de la almohada. \u2014Y volte\u00f3 la almohada.<\/p>\n<p>Breve rato tard\u00f3 en proseguir el interrumpido concierto. De la obertura de Lohengrin pas\u00f3 el inconsiderado amigo a la de Tannh\u00e4user, y acaso me hubiera obsequiado con el selecto repertorio de Wagner, a no ser que le llam\u00e9 de nuevo.<\/p>\n<p>\u2014Pepe\u2026 Pepito\u2026 Pe\u2026<\/p>\n<p>\u2014Vete en horamala, hombre, que no me dejas dormir. \u00a1Ah\u00ed te dejo tu cama y tu casa!<\/p>\n<p>Levant\u00f3se airado, visti\u00f3se de prisa y se march\u00f3. Hasta el sol de hoy. Buen amigo, excelente mancebo; te he perdido para siempre. \u00bfQu\u00e9 vamos a hacer? Estos nervios\u2026<\/p>\n<p>Viene ahora a mi recuerdo Paco S\u00e1nchez, el mozo m\u00e1s cabal que he conocido en la tierra. Una perla de muchacho; pero se com\u00eda las u\u00f1as. Con disimulo comenzaba por llevarse el dedo a la boca, as\u00ed como quien se acaricia el bozo. En seguida la carcomida u\u00f1a entraba voluntaria al holocausto; rasg\u00e1base la carne, corr\u00eda la sangre, y mis nervios parec\u00eda que iban a estallar. \u00a1Qu\u00e9 suplicio! Al fin pudieron m\u00e1s que mi prudencia esos filamentitos invisibles, y me hicieron saltar sobre el voraz antrop\u00f3fago, y arrancarle de los dientes aquella su propia diestra, que se com\u00eda cruda y a pedazos. \u00a1Pobre Paco S\u00e1nchez! Si el inocente af\u00e1n de devorarte a ti mismo te ha dejado siquiera una sola mano \u00fatil, a ella alargo yo la m\u00eda para implorar tu perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Aseguran que la falta de la letra R en ciertos meses del a\u00f1o enflaquece y enferma a las ostras. Lo propio me sucede a m\u00ed cuando oigo suprimir o falsificar el sonido de esa consonante.<\/p>\n<p>\u2014Perm\u00edtame usted, hermosa ni\u00f1a, que ofrezca a usted este vaso de sangr\u00eda \u2014dije en cierta reuni\u00f3n de familia a una agraciada muchacha que acababa de llamarme la atenci\u00f3n por su modesta belleza. Ten\u00eda yo dieciocho a\u00f1os, la edad del rococ\u00f3 en el pa\u00f1uelo y en la galanter\u00eda\u2014, y a\u00f1ad\u00ed: Es usted, en verdad, se\u00f1orita la flor m\u00e1s galana de este pensil\u2026<\/p>\n<p>Abri\u00f3 la ni\u00f1a los lindos labios, y por ellos dej\u00f3 escapar este inveros\u00edmil vocablo:<\/p>\n<p>\u2014Favol\u2026<\/p>\n<p>Esa ele fatal me atraves\u00f3 la epidermis y fue a herir mis nervios. Flaque\u00e1ronme las piernas, tembl\u00e1ronme los brazos, y la fuente, y la copa y el l\u00edquido cayeron sobre el traje de la dama. A su lado estaba la madre. \u00a1Ay! el defecto de pronunciaci\u00f3n era defecto de familia, porque al notar mi adefesio, la buena se\u00f1ora exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 horrol!<\/p>\n<p>Sent\u00edme caer y ca\u00ed, sentado sobre el gordo que en un sill\u00f3n vecino estaba repantigado, entretenido en cerrar y abrir el abanico de la infeliz doncella. Rompi\u00f3se el abanico, enoj\u00f3se el gordo y yo qued\u00e9 confundido. \u00a1Estos malditos nervios!<\/p>\n<p>Zagalejo era yo cuando en una sociedad de aficionados se me adjudic\u00f3 el papel de don Pedro de Castilla en el drama de El zapatero y el rey. Una moza del pueblo, una de esas hermosuras de orilla, que son las \u00fanicas que por all\u00e1 suelen hacerse cargo de tales prebendas, hac\u00eda de la hija del<\/p>\n<p>zapatero, y en su transporte amoroso olvid\u00f3 las erres que se le hab\u00edan ense\u00f1ado, y nos espet\u00f3 la siguiente cuarteta:<\/p>\n<p><em>Cuando ese hombre amod me juda,<\/em><\/p>\n<p><em>Lo juda con tal pasi\u00f3n,<\/em><\/p>\n<p><em>que obliga a mi codaz\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><em>A creed en su impostuda.<\/em><\/p>\n<p>Desga\u00f1it\u00f3se en risas y en gritos el auditorio, pero yo me enferm\u00e9. Aquellas erres se clavaron todas, como tachuelas negras, en mi sistema nervioso, y no me fue posible volver a las tablas. \u00a1El Rey!, clamaba el p\u00fablico, viendo que el fiero don Pedro no sal\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 hab\u00eda de salir! Detr\u00e1s de bastidores estaba yo, y\u2026 all\u00e1 va corona de cart\u00f3n dorado, all\u00e1 va capa de pa\u00f1ol\u00f3n carmes\u00ed, all\u00e1 medias blancas de mujer, y all\u00e1 de la Ver\u00f3nica prestados canelones. Toda la regia pompa de que estaba yo vestido qued\u00f3 all\u00ed por los suelos y yo me fui a casa enfurecido, crispado, hecho un basilisco contra aquella desdichada que me hab\u00eda asesinado en cuatro versos de Zorrilla.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 decir de las veces que en banquetes oficiales o en comidas caseras he tenido por delante convidados inicuos, que me han mortificado hasta la crueldad meti\u00e9ndose el cuchillo entre la boca y son\u00e1ndolo entre los dientes; y otros que cre\u00edan indispensable a la masticaci\u00f3n el sonar las mand\u00edbulas, a semejanza de ese dom\u00e9stico cuadr\u00fapedo, al cual no miento ahora porque ninguno de los cuatro nombres que darle solemos cuadra bien en un p\u00e1rrafo medianamente literario?<\/p>\n<p>Y nada dir\u00e9 tampoco de aquello de ver a personas que muy bien sabido se tienen que no existe comunicaci\u00f3n practicable entre las fosas nasales y la cavidad del cerebro, y que no obstante esta convicci\u00f3n anat\u00f3mica, se ejercitan distra\u00eddos en echar el \u00edndice por esos pasadizos de respiraci\u00f3n, como si tuvieran empe\u00f1o en tocarse los sesos.<\/p>\n<p>\u00a1Y tenga usted nervios y vea usted eso con sangre fr\u00eda! Y a menos que fuera una apergaminada momia egipcia, sin sensibilidad y sin vida, \u00bfpudiera soportar impasible a los que suenan las coyunturas de los dedos ya en entretenido fuego graneado, ya en descarga cerrada de todos los diez mandamientos a la vez? Y los que mientras uno habla remedan con sus muecas todos los gestos de nuestra fisonom\u00eda; y los que para hacer cualquier manipulaci\u00f3n, para abotonarse un pu\u00f1o, para formar el lazo de la corbata, para atar la faja del paraguas, etc\u00e9tera, sacan a lucir dos pulgadas de lengua que luego muerden a proporci\u00f3n que aprietan, hasta imaginarse uno que va a caer al suelo el pedazo rojo, amoratado como remolacha?<\/p>\n<p>El mundo, digo yo, es de los que no tienen nervios.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/nicanor-bolet-peraza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lacrimoman\u00eda Hay gentes muy buenas, demasiado buenas tal vez, que viven pendientes de las cat\u00e1strofes, de las defunciones, de todo aquello que aflige y hace llorar, gentes que, en efecto, sienten y lloran los males del pr\u00f3jimo como si fuesen propios, y salen a la calle a buscar otras personas a quienes contagiar con su [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3715,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3714"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3714"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3714\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6019,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3714\/revisions\/6019"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3715"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3714"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3714"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3714"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}