{"id":3697,"date":"2022-03-06T21:44:54","date_gmt":"2022-03-06T21:44:54","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3697"},"modified":"2023-11-24T18:33:13","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:13","slug":"la-noche-y-el-sol-dualidad-simbolica-en-la-poesia-de-ramon-palomares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-noche-y-el-sol-dualidad-simbolica-en-la-poesia-de-ramon-palomares\/","title":{"rendered":"La noche y el sol: dualidad simb\u00f3lica en la poes\u00eda de Ram\u00f3n Palomares"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Yorman Tovar y Yurima Albarr\u00e1n<\/h4>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>El s\u00edmbolo es concebido como un elemento representativo, que encarna la naturaleza de un concepto, tal como suponer que una espiga de arroz significa la buena cosecha, o que la imagen de una pluma de ave en un tintero representa a la poes\u00eda. El cr\u00edtico venezolano D\u00edaz Seijas (2005: 56) sostiene que \u201cel s\u00edmbolo permite una sucesi\u00f3n de relaciones donde se agrupan y se atraen significantes y significados\u201d; es decir: palabra y objeto determinado por la \u201carbitrariedad del signo\u201d (teor\u00eda de Ferdinand de Saussure) para abordar la tesis del \u201cSigno ling\u00fc\u00edstico, en referencia a la imagen visual y la imagen ac\u00fastica o significante.<\/p>\n<p>El creador literario, y m\u00e1s espec\u00edfico, el poeta, se vale de la simbolog\u00eda para representar, por medio de recursos estil\u00edsticos (met\u00e1fora, imagen, s\u00edmil \u2013entre otras-), sus ideas, tramadas en versos. En referencia a esto, se\u00f1ala Cirlot (1982: 45) que \u201ctodos los objetos naturales y culturales pueden aparecer investidos de la funci\u00f3n simb\u00f3lica que exalta sus cualidades esenciales para que tiendan a traducirse a lo espiritual\u201d. Asimismo, D\u00edaz P\u00fanceles (1994, p.11) testifica que:<\/p>\n<p><em>En sentido m\u00e1s amplio, la imagen es la representaci\u00f3n mental de un objeto, en sentido restringido, e independiente de la polisemia de la palabra o de cualquier concepto o acepci\u00f3n que encontremos en los diccionarios especializados, es nuestra intenci\u00f3n tratarla desde el punto de vista literario.<\/em><\/p>\n<p>Las propuestas de Cirlot y D\u00edaz P\u00fanceles, virtualmente expresan el proceso literario, m\u00e1s que gramatical. El primero lo exterioriza, directamente como simbolog\u00eda, y el segundo como la imagen que conlleva la misma naturaleza representativa del s\u00edmbolo. En conclusi\u00f3n: es la referencia inmediata, la imagen visual que el receptor capta, en forma instant\u00e1nea del objeto se\u00f1alado. Al respecto, reitera D\u00edaz P\u00fanceles (1994: 68): \u201cimagen aprehendida por el yo racional del escritor\u201d, dejando claro el planteamiento de que en el contexto de la literatura, todo lo sugerido por el lenguaje del escritor es veros\u00edmil (incluida la fantas\u00eda). Es as\u00ed como la obra (la poes\u00eda en nuestro caso la poes\u00eda) asume su particular realidad.<\/p>\n<p>La poes\u00eda, en toda su dimensi\u00f3n, siempre se ha valido del s\u00edmbolo para matizar la trascendencia, tanto interna como externa del lenguaje. Es en el instante de la creaci\u00f3n cuando el autor asume, tal vez sin propon\u00e9rselo, lo que alega Sartre (1970: 102):<\/p>\n<p><em>El autor, es siempre, respecto a la obra, como Mois\u00e9s ante la tierra prometida, no s\u00f3lo porque hace algo distinto de lo que cre\u00eda, sino, adem\u00e1s porque ni siquiera es \u00e9l mismo quien sabe que ha hecho algo distinto. De lo que crey\u00f3 haber hecho.<\/em><\/p>\n<p>Una vez que la arcilla de la palabra cimenta la esencia del objeto natural, el escritor percibe que, como por arte de magia, ha logrado poetizar, como insiste Sartre (1970: 107) que \u201cel objeto que ha hecho le es devuelto distinto de lo que crey\u00f3 haber hecho\u201d\u2026 raz\u00f3n que tambi\u00e9n descubren sus lectores, pues en la comunicaci\u00f3n escritor-lector es un acto rec\u00edproco, pues el lenguaje de la poes\u00eda no tiene otro fin que el de encarnar momentos del cosmos creativo del poeta.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito po\u00e9tico venezolano contempor\u00e1neo, entre diversos creadores prominentes de la segunda mitad del siglo XX, se destaca Ram\u00f3n Palomares (Escuque\/Trujillo, 1935 &#8211; M\u00e9rida, 2016), de quien hemos escogido un reducido corpus de textos contentivos de una evidente simbolog\u00eda, proveniente de la naturaleza circundante de su provincianidad o lar nativo: la dualidad constituida por el sol y la noche, elementos reiterativos del perfil andino de Ram\u00f3n Plomares, quien quiz\u00e1s no imagin\u00f3 en sus iniciales esquemas po\u00e9ticos que la fuerza de su palabra tendr\u00eda un car\u00e1cter arrollador similar a la trascendencia de Homero cuando, con naturaleza nativista, quiz\u00e1s, redund\u00f3 en recursos literarios exquisitos al escribir la historia fabulada de la Guerra de Troya.<\/p>\n<p><strong>Aproximaci\u00f3n a la noche de Palomares<\/strong><\/p>\n<p>Tal vez no haya certeza, pero s\u00ed aproximaci\u00f3n a la creencia de que la noche ampare bajo su rebozo paradis\u00edaco alguna teor\u00eda que la perfile como algo vivo, real o animado. Su \u00fanica realidad es que existe como espacio transitorio, inverso al d\u00eda; dualidad confrontada: tiniebla\/luminosidad; o tal vez el bien versus el mal. No obstante en la esfera de la literatura, \u00e9sta parece adquirir corporeidad (carne, hueso y sangre) real, pese a tanta ficci\u00f3n, que la hace capaz de generar historias, mitos, leyendas y sue\u00f1os, incluso elementos relacionados con el m\u00e1s all\u00e1, que catapultan a la noche hacia niveles de la consciencia, traducidos en narraciones y poemas, es decir, en el inmutable poder de la palabra, como los embrujos avistados y traducidos en versos por Pablo Mora (2013, p. 179):<\/p>\n<p><em>Despertar la nueva madrugada. \/ Entre dioses, \/ manglares, \u00e1rboles y piedras, \/ las cerbatanas y todos los azules caminos. \/Agregarle estrellas a los cielos. \/ Enterrar la muerte, \/inventar la sombra. \/Abrirle los postigos a la noche.<\/em><\/p>\n<p>Los versos de Mora reiteran que la poes\u00eda \u2013como consider\u00f3- H\u00f6lderling: \u201ces el m\u00e1s inocente de los oficios\u201d, y al tener la noche como referente, revelan que ella es alfa y omega, principio y fin, g\u00e9nesis y apocalipsis, como lo dejar ver Gerbasi en su poema m\u00e1s c\u00e9lebre \u201cMi padre el inmigrante\u201d: \u201cVenimos de la noche\/ y hacia la noche vamos\u201d. La noche gerbasiana es vientre maternal \u00e1ngel protector, en su punto de partida; mas al final, nos abandona a la suerte del destino, del desenlace conclusivo.<\/p>\n<p>El poeta, en su af\u00e1n noct\u00e1mbulo, prosigue la huella de la tradici\u00f3n m\u00edstica, propenso a develar los arcanos de la psiquis, sustentado en la tenebrosa esencia del sue\u00f1o y de las fuerzas m\u00edsticas y m\u00edticas que en toda noche abundan como almas en pena.<\/p>\n<p>Por su parte, el poeta Jos\u00e9 Barroeta considera que la noche es un arte, con tendencia a la perfecci\u00f3n, como lo sostiene D\u00edaz Punceles (citado): \u201cPalabra y poes\u00eda conforman la unidad de sentencia y esencia y luego se revela el poema con todo el esplendor del mundo creado\u201d. La opini\u00f3n de D\u00edaz Punceles en prosa, es similar al poema \u201cArte de anochecer\u201d en el que Barroeta (1975:27) afirma que:<\/p>\n<p><em>Hay un arte de anochecer\/ De la entrada al cuerpo del alma\/ de la niebla a la redondez\/ y del c\u00edrculo al cielo; \/ hay un arte de luz,\/ un campo donde anochecer\/ es mirar la vida con el cuerpo cerrado (\u2026)\/ Hay un arte de anochecer. \/ Quien haya vivido o so\u00f1ado con bosques\/luces y demonios\/ lo sabe.<\/em><\/p>\n<p>Los \u00faltimos versos de Barroeta nutren la fuerza, proveniente de una poes\u00eda rom\u00e1ntica que a\u00fan no ha muerto, que sobrevive en la noche, en el sue\u00f1o, en las fuerzas del mito y en los estados contemplativos del alma del poeta, tal como lo esboza Bachelard en La po\u00e9tica de la enso\u00f1aci\u00f3n (1982: 9): \u201cLa enso\u00f1aci\u00f3n de un so\u00f1ador alcanza para hacer so\u00f1ar a todo un universo. El descanso del so\u00f1ador basta para dar reposos a las aguas, a las nubes, al viento\u201d.<\/p>\n<p>Por ese maravilloso cosmos viajan los versos de Ram\u00f3n Palomares, ataviados de nocturnidad. Los dos poemas referentes de la noche, seleccionados, pertenecen a su segundo libro Paisano (1964): \u201cDe noche\u201d y \u201cEl noche\u201d. En el primero de los textos el poeta hace de la noche un cromo fant\u00e1stico en el cual serpentea, rimbombante, el j\u00fabilo humano, donde el yo po\u00e9tico practica un juego l\u00fadico con la imaginaci\u00f3n creadora, mediante la enso\u00f1aci\u00f3n, abriendo las ventanas de su hondura ps\u00edquica en comuni\u00f3n con el espacio donde reina su verbo sencillo, vestido de im\u00e1genes provincianas, sin que su intenci\u00f3n po\u00e9tica pierda la sind\u00e9resis que requiere la est\u00e9tica natural de la buena poes\u00eda (Palomares, 2014: 19):<\/p>\n<p><em>Anoche estuve en una parte muy negra\/ volando sobre candelas\/ meti\u00e9ndome en las casas y sentado sobre flores que le hab\u00eda robado a los muertos\/ y me met\u00eda por las ventanas porque era \u00a0un humito\/ y ol\u00eda todo\/ y vi muchas mujeres que bailaban\/ y les ca\u00eda agua y formaban una griter\u00eda y se re\u00edan.<\/em><\/p>\n<p>El s\u00edmbolo figurado en el poema \u201cDe noche\u201d refleja la imagen festiva del poeta, due\u00f1o y se\u00f1or de la nocturnidad, cuyo espacio le pertenece. Ella personifica el reino absoluto de su aventura, con una sensaci\u00f3n de viaje en la que su emoci\u00f3n es transe\u00fante de un espacio pleno de un colorido insinuado en las flores y en el \u201chumito\u201d en el cual el mismo poeta reencarna para tomar por asalto una soberan\u00eda alborozada por mujeres ebrias. Instante saleroso, como Pan, el dios griego, metido entre las musas al ritmo acompasado de su flauta.<\/p>\n<p>No obstante, en el poema \u201cEl noche\u201d, el poeta cambia la efigie mujeril de la noche, transmut\u00e1ndola en un ser impetuoso, especie de retrato masculino de Leviat\u00e1n, opuesto a la est\u00e9tica afable, insinuada en el poema anterior (Palomares, 2014: 37):<\/p>\n<p><em>Aqu\u00ed llega el noche\/ el que tiene las estrellas en las u\u00f1as, \/ con caminar furioso y perros entre las piernas\/ alzando los brazos como rel\u00e1mpago\/ abriendo los cedros\/ echando las ramas sobre s\u00ed,\/ muy lejos. \/Entra como si fuera un hombre a caballo\/ y pasa por el zagu\u00e1n\/ sacudi\u00e9ndose la tormenta.<\/em><\/p>\n<p>La agreste met\u00e1fora de \u201cel que tiene las estrellas en la u\u00f1as\u201d expresa un valor subjetivo, intangible, en contraste con la noche mujer. Asimismo, la imagen del rel\u00e1mpago desgajando cedros, orienta a \u201cEl noche\u201d hacia un abismo marcado por el fuego tenebroso, a la vez el poeta se precisa como actor de una nocturnidad adversa a la noche mujer (bella, seductora y sensorial); el poeta se comporta como el bohemio definido, imbuido en su noche, extraviado en laberintos de perdici\u00f3n, como considera Santaella (1995: 12):<\/p>\n<p><em>La aventura de la noche es laber\u00edntica en la medida en que el laberinto seduce, creando una inevitable forma de perderse dentro de \u00e9l. De modo que la noche es un territorio cuya exploraci\u00f3n debe hacerse desde adentro, para conocer sus hondos y magn\u00edficos acantilados.<\/em><\/p>\n<p>Es precisamente lo que hace el poeta: adentrarse en los sortilegios tenebrosos de \u201cEl noche\u201d, (masculino, perverso) en sus engranajes m\u00e1s irreverentes: \u201cY repasa las iglesias por las sacrist\u00edas y los campanarios\/ espantando cuando pisa en las escaleras\/ y se sienta sobre las piedras\/ averiguando sin paz\u201d (Palomares, 2014: 37).<\/p>\n<p>Ram\u00f3n Palomares, provinciano, serrano, juglar enamorado de su andinidad, construye con el s\u00edmbolo de la noche un mito que oscila entre la est\u00e9tica del poeta imaginativo, rom\u00e1ntico, blandiendo con fuerza m\u00edtica la espada de sus sue\u00f1os cuando feminiza la noche, haci\u00e9ndola suya; y luego, de manera antag\u00f3nica le da un tratado misterioso, y a la vez, se balancea en el p\u00e9ndulo de los sue\u00f1os, en un \u00e9xtasis que revela la otra cara de su historia: la del bardo desesperado, atrapado en el laberinto de sus sue\u00f1os infinitos, en permanente vigilia on\u00edrica, motivo esencial de su conciencia creadora.<\/p>\n<p><strong>El Sol: animal rojizo de Palomares<\/strong><\/p>\n<p>En la agudeza de su pensamiento universal, alguna vez V\u00edctor Hugo, persuadido por la majestuosidad del Astro Rey, expresar\u00eda, quiz\u00e1s, en tono declamatorio: \u201ccontemplad la pureza divina de la ma\u00f1ana. Esta prestigiosa sonrisa, el sol. El sol, esta flor de los esplendores infinitos\u201d. Asimismo \u2013perm\u00edtasenos seguir especulando- Vincent Van Gogh, buscando armon\u00eda para su desesperanza, inspirado en la antesala de su faena pict\u00f3rica, afirm\u00f3 que \u201csi la luz es el s\u00edmbolo del bien, de lo bello, de lo verdadero, la fuente luminosa por excelencia el sol- s\u00f3lo podr\u00e1 ser Dios\u201d. M\u00e1s recientemente, Antonio Requejo, interpretando la poes\u00eda de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, simboliza al sol como \u201cuna referencia universal a lo divino. Se asocia al fuego, a la llama y a la luz. Es un s\u00edmbolo religioso y arquet\u00edpico de la humanidad\u201d. En simbolog\u00eda detallada, describe Requejo (2016: 3):<\/p>\n<p><em>Durante la primera etapa el sol simboliza la serenidad del alma y la l\u00edrica del poeta. En la segunda el sol aparece como lucidez del intelecto, pensamiento iluminado, y en la tercera como Dios, realidad interna y externa del poeta, conciencia iluminada, gozo del \u00e9xtasis y revelaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Ram\u00f3n Palomares, deslumbrado, acaso, ante los albores monta\u00f1eses emeritenses o trujillanos, aprehende en el prisma de su numen, el s\u00edmbolo de un sol categ\u00f3rico, se\u00f1orial, imponente, como el gallo campestre, rey de su patio, ense\u00f1oreado, sacudiendo las alas y cantando para estimular su harem de gallinas; o tal vez al centuri\u00f3n armado de finas espuelas, presto para el combate. As\u00ed emerge el sol en el naciente del espacio po\u00e9tico de Palomares (2014: 13): \u201cAndaba el sol muy alto como un gallo\/ brillando, brillando\/ y caminando sobre nosotros. \/ Echaba sus plumas a un lado, mord\u00eda con sus espuelas al cielo\u201d.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n metaf\u00f3rica del juglar trujillano es modesta como su condici\u00f3n provinciana. Sobre su verbo espont\u00e1neo se alza, cual torbellino, una po\u00e9tica henchida de im\u00e1genes que como sostiene Bachelard (1982:64): \u201cla imagen, en su simplicidad, no necesita un saber. Es propiedad de una conciencia ingenua. El poeta en la novedad de sus im\u00e1genes, es siempre origen del lenguaje\u201d. Palomares, casado con la met\u00e1fora pone de manifiesto que la imagen po\u00e9tica es capaz de hacernos creer que la poes\u00eda es poes\u00eda, gracias al devenir de la consciencia creadora de su autor, y no al puro azar, como es considerada la poes\u00eda, en su condici\u00f3n de g\u00e9nero literario menor, diferente a la narrativa. No obstante, el poeta es capaz de mostrar, como testifica D\u00edaz P\u00fanceles (1994: 110), que:<\/p>\n<p><em>Existe la realidad po\u00e9tica y estamos obligados a aceptar esa realidad, porque ella est\u00e1 fuera de la nada. Adem\u00e1s, como la poes\u00eda es verdad, esta la debemos buscar en la esencia de la poes\u00eda si optamos por considerarla una Forma de Conocimiento.<\/em><\/p>\n<p>El s\u00edmbolo solar en la po\u00e9tica de Palomares es cotidianidad, parte de la vida aldeana que lo identifica: \u201cY con el sol que hablaba conmigo\/ (\u2026) tom\u00e9 agua mientras and\u00e1bamos\/ y ve\u00edamos campos y monta\u00f1as y tierras sembradas\/ y flores\/ cant\u00e1ndonos y ri\u00e9ndonos\u201d (Palomares, 2014: 13).<\/p>\n<p>Y abre su realidad ps\u00edquica para pintar el sol como un \u201cAnimal rojizo\u201d, ba\u00f1ado con aire nuevo (Palomares, 2014: 13): \u201cAll\u00ed andaba el sol\/ entre aquellas casas, \/ entre aquellos naranjos, \/ como una enorme gallina azul, \/ como un gran patio de rosas, \/caminando, caminando\/saludaba a uno y a otro lado\u201d.<\/p>\n<p>El sol de Palomares es entonces la misma \u201cprestigiosa sonrisa\u201d que observara V\u00edctor Hugo en el \u00e9xtasis matinal; la misma \u201cfuente luminosa\u201d o el \u201cDios\u201d apreciado por Van Gogh; y en m\u00e1s amplia dimensi\u00f3n, es la misma \u201cserenidad l\u00edrica\u201d o la misma conciencia iluminada, gozo del \u00e9xtasis y revelaci\u00f3n\u201d del poeta que Requejo dilucid\u00f3 en la poes\u00eda pastoril de Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez.<\/p>\n<p>Finalmente, su sol, su gallo se\u00f1orial, semental de gallinero, centuri\u00f3n de combates, se transmuta en el camarada o \u201cviejo lobo\u201d de su coloquio provinciano, que lo incita al disfrute, al embeleso que transmite el reencuentro con la poes\u00eda, incluso a la ebriedad (Palomares, 2014:14) : \u201cHasta que me dijo: \/ mi amigo que has venido de tan abajo\/ vamos a beber\/ y cay\u00f3 dulce del cielo, \/ cay\u00f3 leche hasta la boca del sol\u201d.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, el imaginario del poeta, libre de pensamiento pero cautivo del plectro l\u00edrico, vadeando las olas del divino prodigio de su figurado verbo, se convierte en sujeto portentoso. Atr\u00e1s deja el rigor del hombre convencional cotidiano y retoma las fuerzas de la libertad, y en su numen se liberan en torbellinos, im\u00e1genes y s\u00edmbolos en persecuci\u00f3n del verso, y se posesionan de \u00e9l, que ya es s\u00edmbolo, liberado de la raz\u00f3n, e irrumpe en el contexto de la est\u00e9tica, ya distante del convencionalismo sausureano del \u201clenguaje del significante y el significado\u201d, encarnado en poes\u00eda, en palabra inmortal.<\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS BIBLIOGR\u00c1FICAS<\/strong><\/p>\n<p>Bachelard, G. (1982). La po\u00e9tica de la enso\u00f1aci\u00f3n. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Barroeta, J. (1975). Arte de Anochecer. Caracas: Monter \u00c1vila Editores.<\/p>\n<p>Cirlot, J.E. (1982). Diccionario de s\u00edmbolos. Barcelona: Labor.<\/p>\n<p>D\u00edaz P\u00fanceles, O. (1994). La imaginaci\u00f3n del lenguaje (o de la naturaleza de la imagen po\u00e9tica). Caracas: Fondo Editorial de Humanidades\/ UCV.<\/p>\n<p>D\u00edaz Seijas, P. (1946). Al margen de la literatura venezolana (Ensayos) Caracas: Librer\u00eda Venezuela, S.A.<\/p>\n<p>Mora, P. (2013). Del olvidado asombro. Caracas: Alcald\u00eda de Caracas\/Fondo Editorial Fundarte.<\/p>\n<p>Palomares, R. (2014). Ram\u00f3n Palomares para ni\u00f1as y ni\u00f1os. Guarenas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura.<\/p>\n<p>Requejo, A. (2016). Soy animal de fondo: \u00c9xtasis Po\u00e9tico juanramoniano. [Documento en l\u00ednea] http:\/\/www.razonpalaba.org.max\/anteriores\/n33\/arequejo.html. [Consulta: 21de marzo, 2016]<\/p>\n<p>Santaella, J. (1995). Breve tratado de la noche. Caracas: Grupo editorial Clepsidra.<\/p>\n<p>Sartre, J. (1970). En: \u00bfPara qu\u00e9 sirve la literatura? Buenos Aires: Editorial Proteo.<\/p>\n<h6>*Revista Memoralia. N\u00ba. 13 \/ Enero-Diciembre, (2016) 79-82<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yorman Tovar y Yurima Albarr\u00e1n Introducci\u00f3n El s\u00edmbolo es concebido como un elemento representativo, que encarna la naturaleza de un concepto, tal como suponer que una espiga de arroz significa la buena cosecha, o que la imagen de una pluma de ave en un tintero representa a la poes\u00eda. 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