{"id":3639,"date":"2022-03-05T19:36:05","date_gmt":"2022-03-05T19:36:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3639"},"modified":"2023-11-24T18:33:15","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:15","slug":"la-idea-de-poesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-idea-de-poesia\/","title":{"rendered":"La idea de poes\u00eda"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Lubio Cardozo<\/h4>\n<p><em>a Berenice<\/em><\/p>\n<p>Ofrenda el poeta el tesoro de sus d\u00edas a la palabra. Sin arrepentimientos ni dudas su vida a ese misterio entrega, a ese arcano, el verbum. Herramienta magn\u00edfica, aunque sutil por cuanto va apenas hecha de sonidos r\u00edtmicos, con lo cual el vate se acerc\u00f3 al mundo para romper su indiferencia y penetrar en su esp\u00edritu, en el Nous poietik\u00f3s de las cosas, para no existir extra\u00f1o a la naturaleza, para intentar fusionarse con ella, valga decir retornar a la entrega m\u00e1s pura. Aunque con conciencia del ser, derrotado sin embargo en su sed de tomar, entonces el poeta entendi\u00f3 como s\u00f3lo ello era posible en la quimera, en ese espejismo creado de sue\u00f1o y anhelo, la palabra. Pese al acercamiento quedaba, pues, la distancia del destierro. Ante la inexpugnabilidad del cosmos y la expulsi\u00f3n definitiva de toda integraci\u00f3n arm\u00f3nica en \u00e9l por la v\u00eda de la raz\u00f3n emp\u00edrica no surg\u00eda otra potestad sino inventarle un universo alterno, un territorio de utop\u00eda, la comarca del vocablo pre\u00f1ado por la luz de la l\u00e1mpara de la imaginaci\u00f3n, y all\u00ed en ese mundo de voces el bardo pudo vivir, encarnaba la otra naturaleza, la inventada por \u00e9l y due\u00f1o de ella. No obstante \u00e9l se sab\u00eda posesor de ese don singular para construir ese \u00e1mbito con la belleza y la esperanza. Y esa nueva dimensi\u00f3n, ll\u00e1mesele arte, ll\u00e1mesele humanismo, su verdadero nombre, detr\u00e1s de cualquier otro, significa la poes\u00eda.<\/p>\n<p>De la medida del poeta su relaci\u00f3n, su di\u00e1logo, su pasi\u00f3n, su capacidad de sacrificio por el verbum. Es una cosmovisi\u00f3n de peque\u00f1o fil\u00f3sofo y una su kalosofia, ambas centradas en ese orbe alterno a la realidad inabordable, en esa virtualidad levantada con la materia sagrada de la palabra y de la oniria, la poes\u00eda.<\/p>\n<p>\u201cUn hombre va por la vida<\/p>\n<p>jugando con el misterio m\u00e1s simple,<\/p>\n<p>la palabra.<\/p>\n<p>Atrapado en el eco<\/p>\n<p>permanece,<\/p>\n<p>los d\u00edas ofrecen en vano<\/p>\n<p>su lujo.<\/p>\n<p>Es el poeta.\u201d<\/p>\n<p>Puede toda persona escribir poemas, basta poner en frases r\u00edtmicas, con dignidad, sus palabras y hacerlas veh\u00edculos aut\u00e9nticos de sus sentimientos. Formar\u00eda sencillamente esto parte de su comunicaci\u00f3n con los dem\u00e1s y con ella misma. Una manera de hablarle al mundo, cargada de emoci\u00f3n, pat\u00e9tica, y sobre todo impregnada de musicalidad. Significa as\u00ed la l\u00edrica un ducto expresivo m\u00e1s del individuo. Mientras para el poeta la poes\u00eda lo constituye todo, su vida y su esp\u00edritu traduce. No existe el vate -el vidente- sino en la poes\u00eda; el resto, la mundanidad, a ella se subordina.<\/p>\n<p>Cual todas las personas seducidas por el misterioso placer de pensar busca el poeta la verdad al trav\u00e9s de la dif\u00edcil, compleja, en ocasiones enrevesada (y a veces hasta ante si misma) belleza del lenguaje. Toca e ilumina mediante ella la macicez de las esencias. Recr\u00e9ase en otras oportunidades en \u201cel cotidiano mundo circundante\u201d del \u201cser ah\u00ed\u2019, del hombre, lo penetra y lo revela\u00a0 ya sea mediante el \u201cinstinto de la raz\u00f3n\u201d, o la reflexi\u00f3n perceptiva o ya con la raz\u00f3n intelectiva. Y luego todo ese c\u00famulo de rec\u00f3nditas certidumbres las brinda convertidas en inusitadas ofrendas por la r\u00edtmica de las voces. En nada difiere, en esto de las verdades, la del cient\u00edfico de la del trovador, a no ser por el veh\u00edculo expresivo, por cuanto ambas son de buena ley. En el primero la fuerza de lo axiom\u00e1tico detona y denota la hermosura, en el segundo la verdad significa la belleza misma.<\/p>\n<p>Encarna en el fondo todo verdadero poeta un monje; si oculta, o desconoce su oficio, tarde o temprano su verbum lo descubre: en \u00e9ste se objetiviza el ritmo de la vida interior, y adem\u00e1s, al trav\u00e9s del cual el vate revela la arcanidad de las cosas enroscadas con frenes\u00ed en su \u00e1nima; extiende sus aseveraciones poi\u00e9ticas m\u00e1s all\u00e1 de las representaciones del contexto emp\u00edrico. Es el trovador un coribante, ext\u00e1tico, vive en sigilo -y nadie sino \u00e9l lo sabe- el delirio sagrado; en el rapto \u00f3dico de la escritura, o del grito, vac\u00eda ese saber m\u00e1ntico en los vocablos, \u00e9stos siempre rudos, nunca exactos, mas los \u00fanicos posibles para expeler el \u00edmpetu de ese silencio alucinante.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Conforma la poes\u00eda de la remembranza un recinto, un tiempo sin tiempo, una relativa \u201ceternidad\u201d. Viven en ella los habitantes del pa\u00eds del pasado. Facultad del esp\u00edritu de retomar a la parte pura del tiempo, al presente de lo pret\u00e9rito, al presente del ayer, traer aquel \u201cahora\u201d. Constituye la \u00f3dica del recuerdo la paradoja de una historia viva. Residen en ella voces del reclamo y las tentaciones del advenir. Cae el cuerpo y se pudre mas al trav\u00e9s del canto \u00f3rfico de la memoria se revive en los otros, \u00bfser\u00e1 eso el esp\u00edritu? S\u00f3lo mediante esa contingencia invulnerable se reorganiza y contin\u00faa el juego eterno. \u201cLa potencia subterr\u00e1nea, por el contrario, tiene su realidad sobre la tierra; deviene por medio de la conciencia ser ah\u00ed y actividad\u201d dijo Hegel en su Fenomenolog\u00eda del esp\u00edritu (\u201cEl Esp\u00edritu\u201d, VI, A, 2). Nadie fenece en la poes\u00eda del recuerdo, todos se yerguen desafiantes ante la fragilidad de la existencia. Cons\u00e1granse buena parte de los d\u00edas otorgados a cumplir los mandatos de quienes pueblan la trova de la memoria. El \u201cpensar retomando\u201d (Heidegger). No significa otra cosa la mitolog\u00eda del resucitar sino recordar. Ning\u00fan af\u00e1n cesa, en la \u00f3dica de la remembranza se prolonga, sitio del tribunal donde se juzga, se condena o se absuelve, en medio de la lid. Posee por eso la l\u00edrica de las reminiscencias los estamentos de infierno y cielo, en ellos cada quien ubica sus demonios y sus santos, sometidos, en silencio, al fuego del odio o a la dulzura del amor.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Est\u00e1 presente en la obra po\u00e9tica eso llamado por Heidegger \u201cla temporalidad\u201d. Es el tiempo de la existencia el \u00fanico para\u00edso conocible hecho con el drama de su naturaleza di\u00e1dica, del bien y el mal, lo bello y lo feo, el goce y el dolor, lo justo y lo injusto, la libertad y la miseria, en fin. Constituye la substancia de la temporalidad la vivencia. Pero \u00bfqu\u00e9 entendemos por vivencia? Cre\u00f3 este vocablo Jos\u00e9 Ortega y Gasset para verter al castellano el t\u00e9rmino alem\u00e1n Erlebnis. Compleja palabra cuya traducci\u00f3n literal ser\u00eda ese extraordinario logos llamado \u201caventura\u201d. M\u00e1s a su vez Erlebnis viene de leben, vivir, y de Leben, vida. Relaci\u00f3nase entonces vivencia con la aventura de vivir: valga decir, entender la existencia cual una andanza, un peregrinaje por este magn\u00edfico y mist\u00e9rico regalo de la oportunidad de estar sobre la tierra, esta errancia donde el hombre se halla con eso mentado asombro, esos espacios del tiempo cuando se topa el humano con la excelsa sorpresa, la maravilla conmocionadora del esp\u00edritu y lo marca, deja esa huella perenne llamada memoria. Define, pues, la vivencia vida vivida y permanece cual ventana en el recuerdo, diferente de la experiencia objetiva m\u00e1s bien sujeta \u00e9sta a la rutina. Son en realidad las vivencias las verdaderas hebras estructurantes del esp\u00edritu en cuanto \u00e9ste tiene de tiempo, de \u201cadvenir sido\u201d (Heidegger). Las asume el hombre como su fortaleza, su armadura de existir. Hilvanan ellas a la historia interior de cada vida, el resto en el olvido se pierde. Necesariamente entonces el recept\u00e1culo de las vivencias la memoria lo constituye. Vehicula el recuerdo la representaci\u00f3n de las vivencias hacia la elocuci\u00f3n, en el caso del trovador \u00e9ste al trav\u00e9s de la k\u00e1llos, la belleza, las dignifica para verterlas transformadas en poes\u00eda. La vivencia resulta en verdad una \u201ccerteza sensible\u201d, una inmediatez m\u00e1s sorprendida en su originalidad, en su revelaci\u00f3n, en su descubrimiento irrepetible, \u00fanico. Si se repitiera ya no ser\u00eda vivencia sino experiencia, y \u00e9sta yace en el pasado. Mientras la vivencia se ha hecho de un \u201cAqu\u00ed\u201d y de un \u201cAhora\u201d eternos, intemporales. Significa algo as\u00ed cual una \u201chistoria\u201d presente.<\/p>\n<p>Habitamos por mucho tiempo un apartamento, una casa, una ciudad, una aldea ba\u00f1ados por la opaca luz de lo cotidiano, de lo rutinario, y un d\u00eda de pronto \u00e1brese la anaranjada flor del para\u00edso. Raros espacios solares por cuanto su luminosidad pareciera diferente o mezclada con la imaginaci\u00f3n y el sue\u00f1o. Aparece casi sin damos cuenta la reconciliaci\u00f3n con el mundo. A veces no nos percatamos sino cuando se quiere detener, perpetuar el \u00e9xtasis, mas por lo general ello sucede en el inicio del decline de esa peque\u00f1a l\u00e1mpara encendida con la luz del dulce \u00e1mbito, copado con el asombro de la vivencia. S\u00f3lo el poeta al hipostasiar las acciones, mediante las cuales ha tejido su vividura, en lenguaje \u00f3dico, en una r\u00edtmica encantatoria, \u00f3rfica, puede fijar algo de la temporalidad al troquelar sobre esta materia ins\u00f3lita, colmada por la maravilla o la nostalgia, sus estrofas. Al fin y al cabo los recintos del para\u00edso posible y la poes\u00eda, en sus esencias, no difieren mucho.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Nacieron las musas, para los antiguos griegos, de la uni\u00f3n er\u00f3tica de Gea y Urano. Valga decir entonces, de la poderosa fecundaci\u00f3n de la Tierra por el Cielo brot\u00f3 Erato, la musa de la poes\u00eda l\u00edrica. Porta as\u00ed en su seno, en su naturaleza, esta forma composicional la esencia ct\u00f3nica (terrestre) y la esencia ur\u00e1nica (celeste), dos fuerzas inmanentes del universo apuntadas hacia lo eterno, transmutadas en la k\u00e1llos de los versos. Por eso, frente a la afirmaci\u00f3n heideggeriana de \u201cla vida es inh\u00f3spita\u201d lleva la poes\u00eda, para mitigar la aridez de la existencia, la belleza. Sencilla o compleja, f\u00e1cil o dif\u00edcil, asequible o profunda, realista o abstracta, la belleza \u201cfea\u201d o ya la absoluta k\u00e1llos, en el horizonte de lo formal o en el nivel de retar lo inteligible, por la v\u00eda del humor, de la iron\u00eda, del sarcasmo o la tristeza, s\u00f3lo la belleza salva; y en la obra literaria, sea cual sea el tiempo de la historia, s\u00f3lo place y perdura lo po\u00e9tico. Por eso, en el poemario o en el poema, lo verdadero trascendente el autor lo logra cuando pone sobre las palabras, con la dignidad necesaria, el inexplicable no\u00fameno de la poes\u00eda.<\/p>\n<p>Si bien posee importancia, en el poeta, el ludismo de las palabras en el todo del poema, en la arquitectura estr\u00f3fica, proviene su carga art\u00edstica (esencial) de su emerger en puridad mediante la ruptura con el abisal silencio del ser. O con las frases de Heidegger al respecto, (&#8230;) \u201ccada palabra tendr\u00eda entonces a partir de esa ruptura, y en tanto que tal ruptura, su propia articulaci\u00f3n y en virtud de ello, el cu\u00f1o de su timbre y resonancia\u201d (Conceptos fundamentales. Edici\u00f3n castellana 1994. pp. 102-103). Una l\u00edrica lo m\u00e1s pura posible, hecha con aquellos elementos de la belleza m\u00e1s all\u00e1 de toda moda epocal, valga decir perennes, pr\u00edstinos, para lo cual es imprescindible hurgar lo m\u00e1s hondo en la esencia numinosa de las palabras hasta aproximarse a la absolutez del lenguaje po\u00e9tico, vislumbrar el canto \u00f3rfico. Logra la poes\u00eda desvestirse de toda vanidad de saber racional para penetrar con la fuerza de la videncia ese estadio donde se columbra el ser de las cosas en s\u00ed, los no\u00famenos; luego de este agudo accionar del esp\u00edritu saldr\u00e1 del entresijo a la luz la armadura del primitivo poema. Por cuanto exige ascesis (\u00e1skesis), en la creaci\u00f3n l\u00edrica, una obra pura en la identidad con el esp\u00edritu y fiel a la k\u00e1llos composicional, cuyo fin \u00faltimo significa el escudri\u00f1amiento de lo eterno en lo art\u00edstico categ\u00f3rico: Buscar la cognici\u00f3n primigenia de las voces, indagar en su \u00f3sea profundidad para allegarse al sentido de lo inteligible comprendido en lo po\u00e9tico. Obs\u00e9rvase en el poema, en sus momentos m\u00e1s reveladores, una ruptura con los juicios raciocinantes de la expresi\u00f3n en la asociaci\u00f3n de los planos referentes (reales) y evocados de sus tropos. Se vinculan estos planos, en el poema, no por una relaci\u00f3n de semejanza l\u00f3gica en el horizonte de la conciencia percipiente sino por una afinidad intutiva nacida quiz\u00e1s en lo inconsciente -o en el misterio, en lo rec\u00f3ndito, en lo videncial- m\u00e1s all\u00e1 de la realidad de la percepci\u00f3n, en una, pues, surrealidad, en una \u201cl\u00f3gica de la ilusi\u00f3n\u201d (Kant). Desaparece el plano real (de funci\u00f3n pr\u00e1ctica y cotidiana) ante la fuerza art\u00edstica del plano evocado con su carga imaginativa y simb\u00f3lica de proyecci\u00f3n universal.<\/p>\n<p>Grito -y no elocuencia- debe formar parte de la naturaleza del poema, lanzado con el valor y la fuerza de la legitimidad para as\u00ed -y s\u00f3lo as\u00ed- obtener, sin propon\u00e9rselo una aceptaci\u00f3n tipol\u00f3gica por su capacidad de despertar una asunci\u00f3n est\u00e9tica en el lector eterno.<\/p>\n<p>H\u00e1llase la poes\u00eda extrema en los sue\u00f1os, en las situaciones l\u00edmites, en el d\u00e9dalo de lo absurdo, en la locura, en la premonici\u00f3n del hemisferio de la muerte. Escarba con desgarramiento el radical bardo en esos niveles para encontrarla; significa la preciosa vida apenas un empuje, una voluntad, para ofrendar en el ascenso a esa latitud e implorar el insondable furor del lenguaje.<\/p>\n<p>Revelarlo luego, tal vez por la \u00fanica vanidad pura, conjurar la tristeza, la soledad, por la taumaturgia de la dimensi\u00f3n del reino de la belleza, hecho con el encandecido luego de la autonom\u00eda composicional y entidad absoluta de las palabras. Busca la l\u00edrica, en la latitud de la intuido intellectualis, altas verdades para salvar la belleza esencial; develar los desesperados destellos en un intento por iluminar la p\u00e9trea obscuridad de aquellas zonas, las \u00fanicas salvantes, y por lo tanto negadas a la mezquindad, a la ruindad humanas. Inaudito esfuerzo de los vocablos para acarrear dichos secretos a la brasa de la composici\u00f3n. Advienen, adem\u00e1s, esas lib\u00e9rrimas palabras urdidas con los hilos del magn\u00edfico desorden de los registros memoriales del sue\u00f1o. Es por ello la poes\u00eda de por s\u00ed hiperb\u00f3lica. Ve el poeta, al trav\u00e9s de su instinto som\u00e1tico -percepci\u00f3n corporal- o del \u201cinstinto de la raz\u00f3n\u201d (Hegel) las esencias de las realidades por la identidad entre la naturaleza del pensamiento po\u00e9tico y la naturaleza de las cosas, esencias en definitiva mucho m\u00e1s ricas y complejas comparadas con la objetividad cotidiana emp\u00edrica, poseedoras aqu\u00e9llas de mayor carga imaginativa, emotiva, de mayor densidad: impregnadas de temor revelado, encendidas de misterio. Cuando el vate -adivino, inspirado por los dioses- transforma estas informaciones, mediante la r\u00edtmica de las frases, en poes\u00eda \u00e9sta resulta necesariamente inmersa en la hiperbolidad.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>El poema es un espacio del lenguaje donde \u00e9ste adquiere una ins\u00f3lita independencia de su uso natural, pr\u00e1ctico, cotidiano, para transformarse en un objeto art\u00edstico int\u00e9rprete y expresivo de cualquier aspecto de ese complejo mosaico englobado bajo la palabra mundo. Y, por supuesto, es un espacio de la literatura.<\/p>\n<p>Se emparenta la poes\u00eda, por su naturaleza, por su entidad, desde una prudente distancia, con la ciencia, la religi\u00f3n, la filosof\u00eda, la m\u00fasica, mas sin lugar a dudas la poes\u00eda se desarrolla como ser absoluto, con una organicidad propia. Por ser expresi\u00f3n de una interpretaci\u00f3n del mundo mediante una conciencia creadora su producto, el poema, representa un universo alterno a esa realidad. Inventa el trovador en el poema un universo, \u00ednsito al texto y paralelo a la mundanidad circunstancial de su creador (el llamado contexto extraling\u00fc\u00edstico). Rompe el poeta los lazos, las conexiones, los enlaces, las ataduras con los linderos de la realidad objetiva, o por mejor decir, exige del lenguaje su m\u00e1xima fuerza creadora, originante, imaginativa. Ha dejado atr\u00e1s el bardo, en la composici\u00f3n l\u00edrica, los referentes inmediatos, y presta de la estructura de los sue\u00f1os su lib\u00e9rrima disposici\u00f3n para vehicular el pensamiento, la idea o la f\u00e1bula po\u00e9ticas. Esa bella extra\u00f1idad se enriquece de manera inconsciente con los recursos expresivos art\u00edsticos del lenguaje. Espacio atemporal y aespacial y sin embargo tan cercano al lector pues baste leer\/o\u00edr el poema y he all\u00ed el peque\u00f1o cosmos construido con el pensamiento y la imaginaci\u00f3n liberados por los mecanismos experienciales de los sue\u00f1os. Por eso para el lector\/oidor el poema reclama su fuerza de aventura.<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>Define el poema un texto de una dif\u00edcil g\u00e9nesis doble, nace al mismo tiempo en la escritura y en la oralidad; emana simult\u00e1neamente por esas v\u00edas, las cuales declarar\u00e1n de manera decisiva la futura plural riqueza en la organicidad de la composici\u00f3n l\u00edrica. Ning\u00fan poema se escribe en silencio, \u00e9l se registra y se oye, se escribe y se pronuncia, va al papel con la escritura y al aire con la voz, perg\u00e9\u00f1ase y se \u201ccanta\u201d en su g\u00e9nesis. Cuando no se traza en el papel se escribe en la memoria en la medida como se recita o se lee en su prolongado parto, y es en ese alargado nacimiento donde el poema recibe la mayor parte de la carga gen\u00e9tica de su estructura. Lo cual explica en cierta medida la opulenta naturaleza del poema.<\/p>\n<p>Nacida la composici\u00f3n l\u00edrica, su doble g\u00e9nesis la ha dotado ya desde un principio de grados de diferencia del universo del lenguaje cotidiano del cual procede. Comienza all\u00ed su camino hacia su ser absoluto de mano del creador, del vate. Cuanto sucede en el proceso de la composici\u00f3n, extendido desde su nacimiento hasta su ser absoluto, lo reflejar\u00e1 su intrincada entidad, en esta v\u00eda aparece en el poeta el pathos de la armon\u00eda del texto, la b\u00fasqueda de la armonizaci\u00f3n del contenido interpretador de una parcela del mundo, con su fuerza expresiva y con los elementos nacidos de la doble g\u00e9nesis de la composici\u00f3n, sobre el riel de la belleza cual rec\u00f3ndito impulso, misterioso y luminoso manantial del esp\u00edritu. Esa armon\u00eda objetual intensifica entonces la riqueza del poema hasta convertirlo en un objeto bello del lenguaje, \u00e1vido de eternidad y de universalidad: obra art\u00edstica, ser absoluto, pieza libre en ese todo llamado historia espiritual.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>La poes\u00eda en el poema, lo po\u00e9tico, nutre todas las estructuras de la composici\u00f3n, el l\u00e9xico, los tropos, las figuras, el verso y la estrofa (si los hay), la musicalidad. La poes\u00eda comprende la belleza, la engloba, pero va m\u00e1s all\u00e1 de ella. Incorpora el pensar, ideas, visiones, a su entidad; no obstante a todos ellos los subyuga para salir a la percepci\u00f3n de la mirada y del o\u00eddo, a accionar la inteligencia (interpretando una frase de Plotino se podr\u00eda decir en este caso la inteligencia se hace entonces ser de la poes\u00eda y el ser de la poes\u00eda se hace a su vez inteligencia. En\u00e9ada sexta. VI, 2), a ser percibida, sentida, intuida; a ser placer, conocimiento, misterio y sobrecogimiento.<\/p>\n<p>ALEGRANZA<\/p>\n<p>Tal una p\u00e1tina, tal un aire<\/p>\n<p>va esa luz-sentida, luz-revelada,<\/p>\n<p>escondida-descubierta, privilegio-don.<\/p>\n<p>Todo ver sacia.<\/p>\n<p>Calma como nada puede hacerlo.<\/p>\n<p>Pasi\u00f3n de espacio: esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s rostro de la maravilla,<\/p>\n<p>faz del prodigio del ahora.<\/p>\n<p>Donaci\u00f3n del azar salvante,<\/p>\n<p>peque\u00f1a develadora \u00e1urea,<\/p>\n<p>alegranza.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Hegel, F. (1985). Fenomenolog\u00eda del esp\u00edritu. M\u00e9xico. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Heidegger, M(1994) Conceptos fundamentales. Madrid. Alianza.<\/p>\n<p>Heidegger, Martin. 2005 [1997]. Ser y tiempo. Trad. de Jorge Eduardo Rivera Cruchaga,<\/p>\n<p>Kant. I (1992). Cr\u00edtica de la facultad de juzgar. Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Ortega y Gasset, J (1983). Notas de andar y ver. Madrid. Alianza.<\/p>\n<p>Plotino (1996). En\u00e9ada sexta. VI. Madrid: Gredos<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lubio-cardozo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Entreletras, N\u00b0 5. Enero-Junio de 2019. p. 17-20. Cuadro: <i>Atenea junto a las musas<\/i>, de Frans Floris.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lubio Cardozo a Berenice Ofrenda el poeta el tesoro de sus d\u00edas a la palabra. Sin arrepentimientos ni dudas su vida a ese misterio entrega, a ese arcano, el verbum. Herramienta magn\u00edfica, aunque sutil por cuanto va apenas hecha de sonidos r\u00edtmicos, con lo cual el vate se acerc\u00f3 al mundo para romper su indiferencia [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3641,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3639"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3639"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3639\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9261,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3639\/revisions\/9261"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3641"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3639"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3639"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3639"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}