{"id":3632,"date":"2022-03-05T18:41:58","date_gmt":"2022-03-05T18:41:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3632"},"modified":"2023-11-24T18:33:16","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:16","slug":"dos-cuentos-rafael-zarraga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-rafael-zarraga\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Rafael Z\u00e1rraga"},"content":{"rendered":"<h3>Juantopocho<\/h3>\n<p>Su apodo era una de esas palabras que se oyen en cualquier parte como una modulaci\u00f3n insignificante, pero que sin embargo se distinguen de las dem\u00e1s y sellan una identidad para siempre. Hasta su misma persona: callado, generoso, presto a servir en todo momento y manso y obediente como un buey. Y hasta su apariencia: retaco, ojeroso macilento no dejaba dudas de su insignificancia, ratificada a\u00fan m\u00e1s aquel hablar pausado, reticente, que a veces ca\u00eda en lo incoherente.<\/p>\n<p>Pero desde el d\u00eda en que alguien anunci\u00f3 su muerte, su sobrenombre se aloj\u00f3 en el pensamiento y en los labios, ya no como lo que hab\u00eda sido en su insignificante vida sino como algo completamente diferente e importante: ahora era un \u00e1nima piadosa capaz de realizar los m\u00e1s sorprendentes milagros. Y esto fue como darle una patada en el culo a San Ram\u00f3n en los trances de alumbramiento o al mism\u00edsimo San Antonio en eso de conseguirles hombre a las mujeres. Hasta aqu\u00ed hab\u00eda la exclusividad cabronil de este santo, pues ahora tendr\u00eda que deponer su prestigio de alcahuete ante el \u00e1nima de Juantopocho hac\u00eda el milagro m\u00e1s r\u00e1pido y a menor precio. Y ni la virgen del Carmen, ni la Coromoto, ni la Del Valle, ni La Chinita, ni siquiera el mismo Dios ten\u00edan ya que buscar en aquellos caser\u00edos donde la fama \u00e1nima nueva iba extendi\u00e9ndose al tiempo que hac\u00eda calificar a los otros como \u201csimples ganadores de velas con curaciones f\u00e1ciles\u201d y relegando sus im\u00e1genes a vivir en oscuros rincones entre ratas y cucarachas. Y no hab\u00eda ya cruz de pato ni altar de rinc\u00f3n en donde no alzara su lama una vela para el \u00e1nima revolucionaria que se hab\u00eda atrevido a oscurecer al mism\u00edsimo Dios y que ahora, como un ventarr\u00f3n de bondad iba surcando cerros y hondonadas, repartiendo aqu\u00ed y all\u00e1 con igual asombro la magnitud de sus milagros.<\/p>\n<p>Dicen que primero comenz\u00f3 haciendo peque\u00f1os milagros, algo as\u00ed como un ensayo de lo que realizar\u00eda despu\u00e9s. Alguien aseguraba por sus canas que los primeros arriesgones de Juantopocho en el arte de hacer milagros fueron estos: curaci\u00f3n de peste aviar, alejamiento de plagas en sembrados y cicatrizaci\u00f3n de mataduras y gusaneras del ganado y de las bestias de carga. Sobre esto \u00faltimo se dec\u00eda, casi en juramento, que con s\u00f3lo exclamar: \u201c\u00c1nima de Juantopocho, que se muera el gusano\u201d los bichos comenzaban a saltar de las gusaneras cayendo al suelo tiesos de muerte. Y que ya vac\u00eda la herida de tan asquerosos animales, se invocaba de nuevo: \u00ab\u00c1nima de Juantopocho, que se cierre la peladura\u201d y este otro d\u00eda la herida amanec\u00eda completamente sana, sin dejar siquiera el rastro de una cicatriz. Una tarde alguien asever\u00f3, bes\u00e1ndose los dedos en cruz: \u00abLa mujercita no pod\u00eda vale, porque la criatura y que ven\u00eda de nalgas asig\u00fan me lo hab\u00eda asegurao la comadrona. Y yo pidele que pidele a San Ram\u00f3n, que pr\u00e9ndele velas de las m\u00e1s grandotas, y \u00e9l hecho el pendejo, na\u00edta que me ayudaba a la compa\u00f1era a sal\u00ed del trance de pari. Jue entonces cuando me arrecord\u00e9 que un compadre m\u00edo me hab\u00eda mencionao a Juantopocho, y metiendo al San Ram\u00f3n en un saco pal zipote junto con los cabos de vela que me hab\u00eda robao. Entonces le prend\u00ed en la repisita del cuarto una vela bien grandota al \u00e1nima y en los cuatro rincones le regu\u00e9 un cuartico de meladura bien carga\u00edta e\u00b4ca\u00f1a, que es como le gusta al dijunto. Pues mire, vale, pa que vea: ponele la devoci\u00f3n y parime la mujercita jueron dos cosas iguales\u201d. Esa ma\u00f1ana otro dicho hab\u00eda dicho en la pulper\u00eda: \u201cEra mucho el rial que me hab\u00edan quitao dotores y culandreros y la mano me segu\u00eda engurru\u00f1\u00e1. Hasta que me dej\u00e9 de zoquetadas y le hice un pedimento a Juantopocho, G\u00fceno, le prend\u00ed seis velas, de un solo carajazo y le roci\u00e9 en un rinc\u00f3n una totuma e\u00b4lavagallo. Pues mire: \u00bfpa qu\u00e9 le cuento? ya puedo agarr\u00e1 el machete y jug\u00e1 mis parti\u00edtas de bolas\u201d<\/p>\n<p>Muchas cosas se han dicho, entre \u00e9stas que a Juantopocho no le gustaba que le rezaran, pues a pesar de haber sido tan ignorante en vida nunca fue amigo de curas mi de rezanderos mi crey\u00f3 nunca en lo que \u00e9stos dec\u00edan, Tal vez esta circunstancia fue aprovechada por los defensores de la religi\u00f3n para echar pestes sobre el \u00e1nima, asegurando en destemplados sermones que s\u00f3lo la ignorancia crasa de aquellos montaraces los impulsaba a creer en el mito de Juantopocho. Y no falt\u00f3 el pol\u00edtico religioso que en verborreas electoreras, y con \u00e1nimos de ganarse los votos, dijera: \u201cJuantopocho s\u00ed existe compa\u00f1eros. Existe y es milagroso. Pero \u00abes un \u00e1nima comunista que arrastrar\u00e1 al infierno a todos los que creen en \u00e9l\u00bb. Pero el bueno de Juantopocho estaba ya muy dentro de aquellas almas y todos los improperios lanzados contra su \u00e1nima, lejos de provocar desconcierto, lo que hac\u00eda m\u00e1s bien era aumentar la fe, al punto de que ya no le ofrec\u00edan d\u00e1divas ni le daban limosnas a ning\u00fan cl\u00e9rigo pedig\u00fae\u00f1o, gastando sus peque\u00f1as monedas en velas y ca\u00f1a blanca para el buenote de Juantopocho. Estas acciones hab\u00edan encendido de resquemor el pecho clerical, que atizado d\u00eda a d\u00eda por el desd\u00e9n de las gentes ya rayaba en un paroxismo peligroso. Se promovieron concili\u00e1bulos de eruditos te\u00f3logos. Se consult\u00f3 al c\u00f3nclave. Se pidi\u00f3 audiencia papal y finalmente se lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que en todo caso ser\u00eda m\u00e1s beneficioso canonizarlo que tratar de borrarlo a juro del panorama religioso.<\/p>\n<p>En la quebrada hab\u00eda dicho una negrota de tupido mo\u00f1o y espaldas de caletero: \u201cEl grand\u00edsimo perro se hab\u00eda buscao otra jembra, y entonces le ped\u00ed al \u00e1nima que me lo degolviera. Cuatro de las de comuni\u00f3n le prend\u00ed en la pata de un taparo, y le regu\u00e9 por los laos media botella de penca barquisimetana, pues asig\u00fan dicen, sino se lo riegan as\u00ed no hace el milagro ni que le rieguen un barril. \u00bfPues, y pa&#8217; qu\u00e9 le cuento?: \u00a1all\u00e1 est\u00e1 el condenao, m\u00e1s mansito que cuando se jue!\u201d,<\/p>\n<p>Pero el \u00e1nima de Juantopocho ya no es s\u00f3lo invocada para el mal de amor, hechizos, mojanazos, maldeojos, duendes postizos, suertes torcidas, trancaderas, pava macha, mabita, y toda esa sarta de enfermedades o adversidades llamadas postizas. No, \u00a1qu\u00e9 va! Estas cosas son para \u00e9l como mango bajito y por lo tanto su nombre ha pasado ahora a los patios de bola, galleras, bateas, bol\u00f3n. En las ruletas, mesas de dado y de baraja, su nombre es tan conocido como la moneda con que hacen las apuestas. Su \u00e1nima se ha convertido en la protectora de los jugadores de oficio, quienes la llevan a flor de labios como un amuleto para sus paradas. Lo invocan con fe ciega, porque siendo un \u00e1nima divorciada de funerales, velorios, oraciones, misas y todo ese fardo de ceremonias, a que son tan aficionados los otros santos, libra de esta manera a los jugadores de tener que asistir a esos rituales tan fastidiosos. Y adem\u00e1s porque ellos saben que Juantopocho se conforma simplemente con que le rieguen en cualquier parte su botella de ca\u00f1andonga y le prendan sus velas, siempre que esto sea hecho de todo coraz\u00f3n. Tambi\u00e9n se ha dicho \u2014y esto lo aseguran los entendidos en materia de \u00e1nimas y aparecidos\u2014 que Juantopocho no est\u00e1 en el cielo como la mayor\u00eda de las almas buenas, sino en un lugar m\u00e1s lejos, y que esto se debi\u00f3 a una conspiraci\u00f3n por parte de las autoridades celestales, quienes llenos de envidia por los modernos sistemas de curaci\u00f3n utilizados por Juantopocho lo hab\u00edan descielado, confin\u00e1ndolo a una nube inflotante como si fuese un vulgar esbirro o un consumado conspirador.<\/p>\n<p>Pero hay quienes aseguran, que esa dictadura celestial, en donde Pedro, Pablo, Juan, Miguel y otros, capitaneados por el JEFE MAXIMO, han constituido un aparato represivo que viola todos los derechos celestiales y comete como toda dictadura los m\u00e1s viles atropellos, lo que ha hecho es acrecentar la fe en Juantopocho. Por eso en patios de bolas, galleras y ruletas se escucha una voz com\u00fan que asegura que \u00e1nimas como la de Juantopocho son las que deber\u00edan gobernar el cielo, porque desde que nacen, en el transcurso de la vida y m\u00e1s all\u00e1 de la muerte llevan impl\u00edcito en el ser la libertad absoluta del hombre. Eso dicen los m\u00e1s avispados. Los que han le\u00eddo algunos libros y peri\u00f3dicos y conocen los nombres de quienes pisotean el derecho de los dem\u00e1s. Los otros, los m\u00e1s sencillos, piensan que s\u00f3lo Juantopocho podr\u00eda dar un mejor trato a las \u00e1nimas patas en el cielo, permiti\u00e9ndoles alguna comodidad, como la que tienen los ricos, pero al menos no los amontonar\u00eda unos arriba de otros en el purgatorio y el paso a la gloria ser\u00eda por m\u00e9ritos ganados y o por influencias. En las taguaras, mientras el palo de cocuy alegra el esp\u00edritu, algunos han dicho que s\u00f3lo Juantopocho ser\u00eda capaz de permitir que se entre al aposento de las once mil v\u00edrgenes para planear con ellas una gozadera, no como acto inmoral sino como una raz\u00f3n l\u00f3gica de aprovechar lo in\u00fatil. Todo esto lo dicen jurando por sus dedos y se enardecen de solo pensar que el \u00e1nima de Juantopocho est\u00e1 sola en su nube inflotante, descielada y sin esperanzas inmediatas de regresar.<\/p>\n<p>Pero los consuela pensar, que un d\u00eda, al morir cualesquiera de ellos, seguramente ir\u00e1n al cielo y esta ser\u00e1 la magn\u00edfica oportunidad para hacer la gran revoluci\u00f3n celestial. Hay quienes aseguran que los cabecillas de la dictadura ser\u00e1n llevados al pared\u00f3n para que paguen tanto crimen cometido y luego darle el poder absoluto a Juantopocho. Otros dicen que lo mejor ser\u00eda hacer elecciones democr\u00e1ticas, poni\u00e9ndole un contrincante conservador a Juantopocho. Y hasta hay quienes opinan que lo mejor ser\u00eda ponerle una corona y nombrarlo rey. Pero en lo que todos est\u00e1n de acuerdo es que habr\u00e1 que hacer una purga total de Serafines, Arc\u00e1ngeles, \u00c1ngeles, y todos los dem\u00e1s que integran el ej\u00e9rcito celestial, con el fin de evitar los cl\u00e1sicos madrugones militares. Se ha dicho, asimismo, que los conspiradores y eternos gorilas que odian m\u00e1s las urnas electorales que aquella donde van a ser enterrados, sean enviados al infierno, y no al para\u00edso, como se acostumbra en algunos pa\u00edses de la tierra.<\/p>\n<p>As\u00ed salta la voz sencilla e ingenua y se bifurca y extiendo por los pat\u00edos soleados. Y entra en las galleras y pasa sobre las mesas de juego. Y en los techos de zinc y de paja y camina sobre el agua quieta de los ca\u00f1os y vuela por los cerros y se precipita sobre las hondonadas multiplic\u00e1ndose mil veces en los labios, hecha fe y devoci\u00f3n all\u00e1 en el fondo de la almas humildes. Mas ahora, su nombre ya no est\u00e1 solamente en los labios de los necesitados de ayuda ni en los lugares de juego, sino que de pronto se ha convertido en el esp\u00edritu hecho resoluci\u00f3n y valent\u00eda en el \u00e1nimo de los cobardes. \u00abEn el pa\u00f1o de l\u00e1grimas\u201d como ellos dicen. Y Gerardo Chaparro, a quien apodan \u201cEl Pataruco\u201d, confirma su fe al contar lo sucedido el d\u00eda que se top\u00f3 con Toribio Auslar, alias el \u201cCua tronarices\u201d, hombre guapo y peligroso, que era el terror de veinte caser\u00edos.<\/p>\n<p>\u201cYo ven\u00eda por el camino de Vijagual \u2014cuenta Gerardo Chaparro\u2014 \u00a0cuando el hombre se tir\u00f3 del burro y me dijo: <em>Aqu\u00ed es donde vamos a arreglar la vaina que tenemos pendiente<\/em>. Yo permanec\u00ed montao en mi rucio con un temblor en las canillas y un fr\u00edo que me llegaba hasta las partes ocultas. Con el brillo de la luna yo miraba el liniero que tra\u00eda bajo la enjalma, \u00a1empalma\u00edto! vale. Y yo lo \u00fanico que cargaba bajo el apero era un toconcito con el que andaba arrancando unas yuquitas. Y el carrizo que me g\u00fcelve a pregunt\u00e1, vale: <em>\u00a1G\u00fceno, Pataruco!, \u00bfy es que te y qued\u00e1 montao en ese piazo burro?<\/em> Vale, y yo sacando br\u00edos de no s\u00e9 aonde, digo: <em>\u00a1\u00e1nima e\u00b4Juantopocho, s\u00e1came con bien!<\/em> Pues mire, mano, en diciendo esto el endividuo se qued\u00f3 como electrizao, momento que yo aprovech\u00e9 pa\u00b4acu\u00f1ale un mamonazo en to\u00edta la pata ela oreja. No espero el otro, vale, y se jue en volancia e carrera camino abajo a to pulm\u00f3n: <em>\u00a1Es \u00e9l!&#8230; \u00a1es \u00e9l!&#8230; \u00a1 fue \u00e9l quien me peg\u00f3!&#8230; \u00a1lo vi con mis propios ojos! <\/em><\/p>\n<p>Esto lo ha contado Gerardo Chaparro en muchas ocasiones, no por vanagloriarse de haber vencido a un hombre, que era el azote de los dem\u00e1s en tantos caser\u00eda, sino porque su cobard\u00eda se hab\u00eda visto fortalecida de pronto por el \u00e1nima de Juantopocho, que ahora estaba m\u00e1s adentro de su coraz\u00f3n, en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de su alma y en la de quienes o\u00edan extasiados el suceso. Y porque ahora ya podr\u00edan estar tranquilos en los velorios, bailes, galera, bolones y todos aquellos sitios frecuentados por los guapos.<\/p>\n<p>Pero en la tarde de este domingo abrile\u00f1o ha sucedido algo verdaderamente aterrador en el caser\u00edo Guayurebo, lugar de nacimiento de Juantopocho y en cuyos caminos se levantan miles de santuarios a su memoria. Algo sorprendente sucedi\u00f3 cuando un anciano que ven\u00eda por el camino pregunt\u00f3 a un muchacho que iba montado en un burro: \u00ab\u00bfC\u00f3mo te llamas?\u00bb \u201cValerio \u00bfy usted?\u00bb \u201cJuantopocho\u00bb \u2014dijo el viejo y sonri\u00f3 levemente. El chaparro cay\u00f3 violento sobre el anca y el viejo tuvo que apartarse cuando el asno se impuls\u00f3 para coger carrera de regreso. Entrando al pueblo, los alaridos de terror del muchacho sobresaltaron la paz dominguera: \u00a1Ju&#8230; Ju&#8230;. Juan&#8230; to&#8230; to&#8230; pocho&#8230; vie&#8230; vie&#8230; ne&#8230; por&#8230; el ca&#8230; ca&#8230; mino. Yo&#8230; yo&#8230; lo&#8230; encon&#8230; con&#8230; tr\u00e9&#8230; ahorita\u00bb y tir\u00e1ndose de la cabalgadura \u00a0fue a meterse bajo el catre, hecho temblor y llanto. Las gentes temerosas comenzaron a trancar las puertas y pegando los ojos en las ranuras y en los hoyos de los bahareques permanecieron inm\u00f3viles, esperando la llegada del extra\u00f1o visitante.<\/p>\n<p>En las primeras casas del poblado el miedo estremeci\u00f3 los cuerpos cuando el viejo grit\u00f3 emocionado \u201c\u00a1Pueblo m\u00edo, te saludo!\u201d y adentro los labios temblando: \u00ab\u00a1Ave Mar\u00eda Pur\u00edsima sin pecado mortal concebida!\u201d y otros: \u201c\u00a1Sant\u00edsima Trinidad bendita!\u201d y con ojos desorbitados y palabras incoherentes al paso del viejo otros musitaban: \u00abDebe ser que viene a buscar alguna promesa que qui\u00e9n sabe qu\u00e9 desgraciado no le pag\u00f3\u201d. Y en otra casa: \u00abDebe ser que anda recogiendo sus pasos para volver al cielo\u201d. Y desde otra rendija un mont\u00f3n de ojos observando: \u201c\u00a1No puede ser \u00e9l!&#8230;. \u00a1No puede ser \u00e9l! \u00a1Esto es cosa del mismo Diablo! \u00a1Ave Mar\u00eda Pur\u00edsima!\u201d Y el que avanzaba: \u201c\u00bfQu\u00e9 se hizo la gente de aqu\u00ed? \u00bfTodos como que se murieron?\u201d Y deteni\u00e9ndose frente a una casa casi en ruinas: \u201c\u00a1Adi\u00f3s comadre Anastasia, aqu\u00ed est\u00e1 su compadre que viene a saludarla!\u201d Y adentro la centenaria, temblequeando los labios: San Ma&#8230; Ma&#8230; Marcos del Lionnnn!\u201d Y el que continuaba el paso: \u00ab\u00bfAqu\u00ed como que leg\u00f3 la econ\u00f3mica?\u00bfQu\u00e9 se hizo la gente de aqu\u00ed?\u201d \u2014y miraba impaciente a un lado y al otro.<\/p>\n<p>Pero todo era silencio. Todo suspenso y expectaci\u00f3n. Todo temblor y palidez porque hasta los animales se hab\u00edan callado y permanec\u00edan echados, con las plumas y los pelos erizados y en las ramas los p\u00e1jaros se hab\u00edan quedado inm\u00f3viles. Sin embargo, hab\u00eda all\u00ed un hombre, \u00a1un solo hombre!, dispuesto a recibir al extra\u00f1o visitante. Se iba a jugar el todo por el todo, porque si en verdad aquel que llegaba era el aut\u00e9ntico Juantopocho, tendr\u00eda que responderle por aquel toconazo en la oreja, cuya marca f\u00edsica y moral llevaba desde hac\u00eda a\u00f1os como una obsesi\u00f3n que no lo dejaba vivir en paz. Por eso en ese momento estaba dispuesto a salir y a esperarlo en medio de la \u00fanica calle del poblado; esp\u00edritu o materia lo mismo daba. Lo esperar\u00eda all\u00ed como el macho que hab\u00eda sido siempre antes de recibir aquel tremendo toconazo que tanto da\u00f1o moral le hab\u00eda causado porque ya cualquier pendejo lo padroteaba. Y ni siquiera escuch\u00f3 la voz suplicante de la anciana madre ni la palabra autoritaria de la esposa ni el desesperado llanto de los hijos y machete en mano abri\u00f3 la puerta con violencia y en dos trancos gan\u00f3 el centro de la calle. A la cuadra el anciano comenz\u00f3 a mover los brazos como saludando y avanz\u00f3 bambole\u00e1ndose sobre el bast\u00f3n. Un viento fuerte comenz\u00f3 a soplar sacudiendo la inmensa barba y la hermosa cabellera que se deshilachaba sobre la curva de los hombros. Un fr\u00edo intenso hab\u00eda empezado a bajar por las piernas del hombre que esperaba y a medida que el visitante se acercaba un casta\u00f1etear de dientes hab\u00eda comenzado a herirle los labios y la lengua.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 sucedi\u00f3 aqu\u00ed? \u00bfAcaso se muri\u00f3 toda la gente? \u00bfUsted como que es el \u00fanico que qued\u00f3 para echar el cuento?\u201d Pero el guapo no le respond\u00eda y de su rostro jipato hab\u00edan comenzado a manar espesos goterones. \u00abAqu\u00ed pas\u00f3 algo serio \u00bfverdad? Usted parece enfermo\u201d. Y el hombre con la mirada clavada sobre el suelo sent\u00eda como si el machete se le deslizara de la mano. \u00abPero hable, amigo, \u00bfqu\u00e9 le pasa?\u201d Y Toribio Auslar, con voz desfallecida, pregunt\u00f3: \u201cUs&#8230; ted es&#8230; Jun&#8230; Juan&#8230; to&#8230; pocho?\u201d \u201cS\u00ed, el mismo que viste y calza\u201d Y los ojos del viejo se alegraron. \u201c\u00bfEl \u00e1nima?\u201d\u00bb \u00a1El \u00e1nima! \u00a1Qu\u00e9 \u00e1nima del cipote! \u00bfUsted como que est\u00e1 loco? \u00a1No me joda, ochenta a\u00f1os sin venir a mi tierra y ahora que vengo me encuentro con que aqu\u00ed no vive nadie! \u00a1Malaya sea el guaro! \u00a1Mejor me hubiera quedado all\u00e1 lejos donde viv\u00eda! \u00bfPara qu\u00e9 he andado tantas leguas? \u00a1Pa&#8217; un carajo!\u201d \u201c\u00bfEntonces usted, usted no es?\u201d \u201c\u00bfNo soy qu\u00e9, vale?\u00bb \u201cNada \u2014y Toribio Auslar acerc\u00f3 la cabeza al viejo\u2014 \u00bfusted ve esta marca que tengo aqu\u00ed detr\u00e1s de la oreja?\u201d \u00ab\u00a1Co\u00f1astre, por la se\u00f1a parece un toconazo!\u201d \u201cSi, un toconazo es, \u00a1como \u00e9ste, grand\u00edsimo carajo!\u00bb \u2014y el lomo del machete retumb\u00f3 en las costillas del viejo que cay\u00f3 patas arriba dando alaridos. Tambale\u00e1ndose trat\u00f3 de levantarse presto a la fuga no sin antes recibir otro par de planazos en la punta del trasero. Calle abajo gritaba llorando: \u00ab\u00a1No me quieren! \u00a1Me odian! \u00a1Todos me odian en este maldito pueblo! \u00a1Malaya sea la hora en que pens\u00e9 venir a morirme aqu\u00ed! \u00a1Ap\u00e1rtense, malditos!\u00bb \u2014gritaba a los perros que iban detr\u00e1s ladr\u00e1ndole.<\/p>\n<p>Y de las casas comenzaron a salir las gentes con anchos ojos y pasos vacilantes. Las oraciones ya olvidadas y los nombres de santos archivados por culpa de Juantopocho se segu\u00edan pronunciando atropelladamente porque la conmoci\u00f3n y el asombro a\u00fan no hab\u00edan pasado. La \u00fanica sonrisa que hab\u00eda sobre el poblado era la de Toribio Auslar quien respond\u00eda preguntas en medio del enorme grupo que se hab\u00eda formado a su alrededor y al responder se sent\u00eda m\u00e1s grande y m\u00e1s hombre que los dem\u00e1s, quienes no hab\u00edan hecho otra cosa que esconderse cuando lleg\u00f3 la aparici\u00f3n. Dice esto y aquello con aires de gal\u00e1n entre las mujeres y al hablar con los hombres no oculta una cierta sonrisita ir\u00f3nica con la que parece decirles a los otros: \u201c\u00a1Gallinas, no son m\u00e1s que gallinas!\u201d<\/p>\n<p>Pero la gente no le cree, porque aquel que a duras penas corre por el camino perseguido por una perramentaz\u00f3n y una parvada de muchachos rechiflando a sus espaldas no puede ser el Juantopocho que est\u00e1 metido en sus corazones: \u201c\u00a1No, vale, Juantopocho est\u00e1 en el cielo!\u201d \u2014dicen a voz en cuello. Para ellos, \u00e9ste es un farsante que vino al pueblo para comerciar con la fe de quienes creen en el \u00e1nima generosa. Otros dicen: \u201cEste debe ser uno de esos jodedores a quienes les gusta divertirse a costillas de los pendejos\u201d. Porque \u00bfc\u00f3mo iba a ser este individuo el \u00e1nima hecha bondad y fe en el fondo de sus almas? \u00a1Claro que no! \u00a1Jam\u00e1s podr\u00eda ser!<\/p>\n<p>Sobre el rostro de Toribio Auslar ha ca\u00eddo de pronto una sombra dubitativa. Ya no tiene aires de gal\u00e1n para las mujeres ni sonrisitas ir\u00f3nicas para los hombres. Y es que una duda atroz ha comenzado a roerle el pensamiento, porque si aquel a quien \u00e9l hab\u00eda golpeado era el \u00a0Juantopocho material, el otro, el espiritual, estaba ya muy dentro de aquellos corazones y para destruirlo tendr\u00eda primero que cercenar todos los pensamientos, arrancar de cuajo ochenta a\u00f1os de fe, borrar de sus almas la veneraci\u00f3n por el \u00e1nima a quien ped\u00edan a veces peque\u00f1as cosas, pero otras, esas plegarias llenas de desesperaci\u00f3n eran el \u00faltimo asidero para lograr la salvaci\u00f3n de un ser querido. Duda m\u00e1s fuerte a\u00fan, porque \u00e9l mismo cre\u00eda con fe ciega en la bondad del \u00e1nima que tantos favores le hab\u00eda hecho en d\u00edas aciagos. \u201cEs cierto \u2013 dice &#8211; ; ese es un vagabundo que quer\u00eda hacerse pasar por el \u00e1nima. Bien merecida la planaz\u00f3n que le di\u201d. Pero al decirle no puede esconder una terrible incertidumbre que le contrae el pecho.<\/p>\n<h3><strong>Nubarr\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>Primero fue un pasar y pasar de mariposas sobre la cresta chamuscada de los \u00e1rboles. Algunas, en su fuga desesperada hacia regiones h\u00famedas, se detuvieron sobre los techos resecos, sobre la hierba tostada; sobre la orina que alg\u00fan animal hab\u00eda dejado en el suelo resquebrajado como un lunar, como una mancha, como una sombra de agua ficticia sobre la faz del agostado caser\u00edo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, fue el caer de unas cuantas monedas sobre las manos endurecidas de los braceros y las desgranadoras, y el decir tranquilamente: \u201cSe acab\u00f3 el corte de ca\u00f1a\u201d, \u201cYa no hay ma\u00edz para desgranar\u201d, que era como agitarle un pa\u00f1uelo al pan; como levantar una mano y moverla lentamente mirando en lontananza una alpargata marinera; como estrechar en un fogoso abrazo de bienvenida a la bestia del hambre. Era, sin duda, el \u00faltimo jornal, la \u00faltima alegr\u00eda muerta en mitad del coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde la puerta, Nubarr\u00f3n mira pasar las mariposas abanicando el aire caliente del mediod\u00eda. Ha hundido el hocico sobre las patas; o mejor dicho, sobre una sola, ya que la otra es apenas un pedazo, un mu\u00f1\u00f3n negruzco que le llega tan s\u00f3lo a la garganta. Las orejas de encarnadas peladuras rozando el suelo tibio, sin o\u00edr. La nariz humedecida puesta sobre las pezu\u00f1as, sin oler, porque Nubarr\u00f3n no quiere escuchar, ni olfatear, sino pensar, meditar c\u00f3mo ser\u00e1 el verano ese a\u00f1o para \u00e9l, que es perro, y ahora con tres patas solamente.<\/p>\n<p>Mira el cielo desnudo, blanco, como un gran plato de peltre. Columbra el horizonte dilatado, y luego va recogiendo pesadamente la mirada, hasta incrustarla en los despojos de la huerta fenecida de sol, en donde ahora se suspenden los esqueletos de las matas de ma\u00edz.<\/p>\n<p>Nubarr\u00f3n medita, porque en otros veranos \u00e9l fue un perro. No como el que hizo a Tina, ni a Chencho; mucho menos como el que hizo a Chito, que ahora anda como los lagartijos y como terrones furtivamente, sino distinto, porque todos los d\u00edas trajo al hogar el producto de su trabajo, com- pletico, sin faltarle un pedacito siquiera. Pero entonces el bracero que quiso tumbar a Marcola, all\u00ed entre la espesura de las macollas dulces, no le hab\u00eda pegado el filoso en la pata cuando \u00e9l sali\u00f3 a defenderla, y pod\u00eda correr mil kil\u00f3metros detr\u00e1s de un animal y darle caza. Y traerlo despu\u00e9s al hogar, y entonces quedarse all\u00ed, sobre la arena tibia, adormilado, sepultado en un reposo infinito mientras el fuego coc\u00eda la olla que habr\u00edan de compartir despu\u00e9s. Pero ahora Nubarr\u00f3n tiene tres patas solamente, y por eso medita mirando el \u00e9xodo de las mariposas.<\/p>\n<p>En la ma\u00f1ana se fue Marcola. Nadie sabe ad\u00f3nde. Nubarr\u00f3n tampoco lo sabe porque ahora no la acompa\u00f1a como antes. Pero seguramente que andar\u00e1 por ah\u00ed, abriendo caminos, resucitando horizontes de pan. Tina, en cambio, se queda en casa; o mejor dicho, en el r\u00edo, en el bosque, en todas partes donde haya algo que no tenga el hogar. Es tan peque\u00f1a, tan debilucha, tan insignificante, y sin embargo, cuando dice: \u201cChito, no comas tierra que te hace da\u00f1o\u201d, \u201cChencho, b\u00e1jate de ah\u00ed que te puedes caer\u201d, \u201cNubarr\u00f3n, echa tus pulgas en el patio\u201d, resulta tan grande, tan imponente, tan maravillosa, que toda ella pareciera transformarse en una gran flor blanca de cuyo fondo emerge una fuente inagotable de miel. As\u00ed es Tina: un embri\u00f3n de madrecita enclenque en la superficie, pero rozagante, rolliza, e inmensurable por dentro.<\/p>\n<p>\u00a1Qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntas mariposas habr\u00e1 visto pasar Nubarr\u00f3n desde la huida de Marcola! \u00a1Cu\u00e1ntos rojos, azules, blancos, negros y amarillos habr\u00e1 plasmado su pensamiento en tan obstinado silencio! \u00a1Cu\u00e1ntos cad\u00e1veres pol\u00edcromos habr\u00e1n quedado entre las grietas calcinadas, sobre la hierba tostada, entre las retinas absortas de Nubarr\u00f3n!<\/p>\n<p>Por la tarde lleg\u00f3 Marcola. Nadie sabe de d\u00f3nde vino, pero hiede a sudor, a tierra, a hombre. Transciende a sexo, o tal vez a hambre. Hay como una peque\u00f1a, o mejor dicho, como una gran alegr\u00eda en su regreso. Alegr\u00eda desbordada en las frases filiales, en la cola de Nubarr\u00f3n; o en la risa desdentada de Chito, que abre los brazos y masculla palabras mutiladas que seguramente significan mucho, porque entonces sobre el ca\u00f1izo va cayendo la leche tibia, clara, simple. Marcola se orde\u00f1a como una vaca, como una pobre vaca vieja y flaca, porque seg\u00fan ella \u201cChito no debe beber leche asoleada porque le da cagantina\u201d. Y lo dice as\u00ed, como si no estuviera asoleada hasta el coraz\u00f3n de los huesos, hasta el centro del alma. Y mientras Chito exprime los pezones sin sol, ella va masc\u00e1ndose sus granos mohosos, chatos, agujerados, ca\u00eddos all\u00ed como una defecaci\u00f3n del verano, o de los que dijeron tranquilamente: \u201cSe acab\u00f3 el corte de ca\u00f1a\u201d, \u201cYa no hay ma\u00edz para desgranar\u201d.<\/p>\n<p>Antes, Nubarr\u00f3n acompa\u00f1aba a Chencho. En la pulper\u00eda se extasiaba contemplando los bultos de papel\u00f3n. Pensaba: \u201cA Centella y Diablo le dan papel\u00f3n para que sean m\u00e1s bravos. Por eso todos les tienen miedo. \u00bfPara qu\u00e9 voy a ser bravo si no tengo qu\u00e9 cuidar? Mejor me quedo manso\u201d. Volv\u00eda. a mirar los papelones regordetes, olorosos a buena ca\u00f1a, y pensaba convencido; \u201cMenos mal que a m\u00ed no me gusta el papel\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>A veces el hombre miraba a Nubarr\u00f3n, y asomando una sonrisa de chim\u00f3, dec\u00eda: \u201cEse bicho se est\u00e1 muriendo, ya lo que le queda es el carapacho\u201d. Chencho le pasaba entonces las manos por las orejas y respond\u00eda con rabia triste: \u201c\u00c9l est\u00e1 as\u00ed porque come cucarachas, y eso pone flacos a los perros\u201d. A Nubarr\u00f3n le daba n\u00e1useas aquella respuesta. \u00a1Qu\u00e9 asco, \u00e9l comiendo cucarachas! Pero re\u00eda, con su ancha risa de hambre, y aceptaba satisfecho las palabras, restreg\u00e1ndose cari\u00f1oso contra las manos cari\u00f1osas de Chencho. Cuando el peque\u00f1o mentiroso ped\u00eda una latica de sardinas, Nubarr\u00f3n pensaba: \u201cC\u00f3mo me gustar\u00eda que Chencho comprendiera que para m\u00ed es mejor lamerle el fondo a las laticas cuadradas. \u00c9l las compra redondas y me cuesta tanto trabajo llegar hasta lo \u00faltimo. Adem\u00e1s, a medida que me empe\u00f1o en lograrlo se van poniendo amargas, rancias, con un sabor a hierro viejo.\u201d Pero es posible que Chencho nunca haya podido explicarle a Nubarr\u00f3n que los potecitos redondos tra\u00edan una sardinita m\u00e1s, plateada, brillante y larguita como para dividirla en cinco rueditas doradas, que m\u00e1s tarde entrar\u00edan en los labios como saladas sortijitas de luna.<\/p>\n<p>Pero ahora Nubarr\u00f3n no va a la pulper\u00eda. No quiere mirar aquellos papelones regordetes y olorosos a buena ca\u00f1a, y tener que o\u00edr las palabras del hombre y las mentiras de Chencho. Lo \u00fanico que desea es pensar, meditar largamente, ahora que tiene tres patas solamente, y que las mariposas se van quemando los \u00e9litros al tropezar los esqueletos de las matas de ma\u00edz.<\/p>\n<p>Cuando Chencho va a la pulper\u00eda, Marcola le recomiendo encarecidamente: \u201cQue le ponga unos granitos m\u00e1s al medio kilo\u201d. El hombre pregunta: \u201c\u00bfDe los buenos, o de los otros?\u201d Y Chencho responde, maquinalmente: \u201cDe los otros\u201d. El hombre vac\u00eda los granos y azorados animalitos se resbalan escalando el metal. Mira una aguja mohosa que se mueve. Chencho tambi\u00e9n la mira, pero no sabe para qu\u00e9 sirve. El hombre s\u00ed sabe, y por eso dice: \u201cMedio kilo bien completo\u201d. Luego cuenta: \u201cUno, dos, tres, cuatro, todo eso va de m\u00e1s\u201d. Del regalo se ahuyentan nerviosos animales que se resbalan escalando el metal.<\/p>\n<p>El hombre se hace peque\u00f1o, tan peque\u00f1o como Chencho, y le dice en los ojos: \u201cDile a tu mam\u00e1 que me espere esta noche\u201d, poni\u00e9ndole entre las manos un camburcito que parece un dedo m\u00e1s entre su mano. \u00c9l sonr\u00ede, con los ojos iluminados por un gran sol de alegr\u00eda, y m\u00e1s tarde lo repite sin malicia. Ella lo escucha sin emoci\u00f3n, sin amor, sin deseo, pero en el fondo calcula que ello puede significar unos granos m\u00e1s. No piensa, sin embargo, que tal vez otro a\u00f1o ella dir\u00e1 con derecho: \u201cQue me le ponga un mont\u00f3n de granos al medio kilo\u201d, y que seguramente el hombre contar\u00e1 seis granos, o tal vez le dir\u00e1 en las narices a Chencho, evaporado: \u201cPor qu\u00e9 voy a ser yo quien ponga m\u00e1s granos? \u00bfY los otros? \u00a1No, y mil veces no!\u201d Y Chencho ya no tendr\u00eda m\u00e1s un camburcito como un dedo m\u00e1s entre sus manos. Ni sus ojos se iluminar\u00edan como un gran sol de alegr\u00eda.<\/p>\n<p>La noche ya cayendo mansamente. La brisa es ahora como el aliento de un reci\u00e9n nacido. Todo el fuego anterior ha ido quedando como una costra m\u00e1s sobre los tallos y las hojas. Ahora que un halo fresco penetra el olfato y lleva el pensamiento una agradable sensaci\u00f3n de alivio, Nubarr\u00f3n entonces piensa en el amor. Ya no mira las cabuyas de acero que se han ido esfumando entre las sombras, dejando entre su inmensa boca la \u00fanica existencia de agua, pasto y animales peque\u00f1os, y como dos barreras, los ojos vigilantes de Diablo y de Centella. Ahora, solamente Negra entra al recuerdo como una silueta descarnada. La mira llena de peladuras, con las orejas tupidas de rabiosas garrapatas y el andar vacilante sobre las grietas calcinadas. La recuerda ultrajada, martirizada en el sexo con aj\u00ed bravo para que el celo no trajera bocas que no deb\u00edan existir, y sin embargo, all\u00ed est\u00e1, con las tetas hundidas entre las bocas desaforadas, dando sangre, vida, alma, por aquellos pezones exprimidos mil veces, pero sin renegar de su amor incontenido, audaz, sublime.<\/p>\n<p>Y ahora que Marcola le alarga las manos olorosas a pan. Y ahora que Chencho y Tina le soban las ardorosas peladuras al paso de la noche. \u00a0Y ahora que Chito le mete un mendrugo entre los labios, siente que est\u00e1 lleno de amor hasta el mismo centro de los huesos. Tiene un mundo de amor entre su pecho, y sabe que donde hay amor existe una llama de vida que no se apaga nunca, que no sucumbe ante las vicisitudes del destino, sino que por el contrario pareciera alimentarse de adversidad para surgir altiva, ardiente, insuflada de fe, aunque esa fe no tenga jam\u00e1s un horizonte definido. Por eso ya no piensa en que tiene tres patas solamente, sino en que su semilla est\u00e1 recibiendo vida en los pezones de Negra, en una actitud de abnegada continuaci\u00f3n del ser. Y que tal vez no ser\u00e1n sus hijos, ni los hijos de sus hijos, pero un d\u00eda llegar\u00e1 en que la especie multiplicada se alzar\u00e1 del barro impelida por un arrebato incontenido, sediento de justicia, y en una jaur\u00eda desenfrenada socavar\u00e1 los troncos, mascar\u00e1 enardecida las cabuyas de acero y las v\u00edsceras de la semilla de Diablo y Centella para rescatar lo suyo.<\/p>\n<p>Nubarr\u00f3n lo piensa as\u00ed, con los ojos chispeantes, ahora que la noche se desgaja en luceros y la brisa llena de frescura la soledad del caser\u00edo. \u201cS\u00ed, el d\u00eda llegar\u00e1\u201d. \u201cSer\u00e1 un gran amanecer\u201d, se repite, y en sus ojos se va echando el sue\u00f1o como un soplo liviano. La noche es ahora m\u00e1s profunda, como el pensamiento, o el sue\u00f1o de Nubarr\u00f3n.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/conociendo-a-rafael-zarraga\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>Cr\u00e9dito de la imagen: Jos\u00e9 Boraure Lara, de la serie \u00abPatios\u00bb<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juantopocho Su apodo era una de esas palabras que se oyen en cualquier parte como una modulaci\u00f3n insignificante, pero que sin embargo se distinguen de las dem\u00e1s y sellan una identidad para siempre. Hasta su misma persona: callado, generoso, presto a servir en todo momento y manso y obediente como un buey. 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