{"id":3590,"date":"2022-02-26T21:09:37","date_gmt":"2022-02-26T21:09:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3590"},"modified":"2023-11-24T18:33:31","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:31","slug":"el-bumerang","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-bumerang\/","title":{"rendered":"El bumerang"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Pedro Berroeta<\/h4>\n<p>La noche estaba tan obscura que la masa del \u00e1rbol casi no se destacaba contra el cielo, cuyas numerosas estrellas parec\u00edan brillar sin luz, con una luminosidad inm\u00f3vil y muerta, lejana y absolutamente indiferente. De vez en cuando, part\u00eda una de su sito y rayaba el cielo con un apagado resplandor; luego, all\u00e1 arriba, el silencio y el olvido se hac\u00edan m\u00e1s pro- Fundos. El viento corra a la altura de los \u00e1rboles, asustando los p\u00e1jaros o haciendo caer alguna fruta que se desplomaba y se hund\u00eda con un ruido sordo en la hojarasca acumulada en el suelo. Lentamente, del sitio donde hab\u00eda ca\u00eddo, se levantaba un ligero vaho de tierra en fermentaci\u00f3n, h\u00famedo y dulzarr\u00f3n, tangible, el cual, a pesar del viento, se pegaba a la nariz como una mucosidad tibia y palpitante, casi como una verdadera lombriz. Una rata iba y ven\u00eda, con r\u00e1pido crujir de hojas, alrededor de alg\u00fan animal muero. Probablemente era una gallina y el cad\u00e1ver tendr\u00eda all\u00ed varias semanas, pues el hedor, a medida que la putrefacci\u00f3n florece, se va haciendo m\u00e1s y m\u00e1s pesado hasta que ya no puede levantarse del suelo y entonces no puede ser percibido sino por los animales rastreros. Con toda seguridad la rata estaba tratando de arrastrar la gallina hacia su cueva, para com\u00e9rsela all\u00ed en paz; pero su apetito venc\u00eda a menudo a su prudencia y se o\u00eda entonces el roer de los dientes agudos en el hueso o el apagado resonar de las voraces mand\u00edbulas en el vientre tenso del cad\u00e1ver. Al poco rato, lleg\u00f3 otra y se pusieron a pelear con fura, hasta que algo las asust\u00f3 y las hizo alejarse definitivamente.<\/p>\n<p>El viento soplaba cada vez con m\u00e1s fuerza, y las estrellas iban desapareciendo una a una o por grupos: las nubes avanzaban a toda velocidad. En el fondo del valle, hacia el Oeste, un gran c\u00famulo tuvo un estremecimiento luminoso y el rel\u00e1mpago ilumin\u00f3 fugazmente los odres sombr\u00edos y repletos de agua que volaban muy bajo, en masas compactas. Se sent\u00eda ya un vago olor de lluvia que erizaba las hojas sedientas de los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>El hombre que estaba en acecho trat\u00f3 de ver la hora: pero era imposible, ni siquiera un reflejo indicaba la presencia del vidrio. Entonces, con la punta del rev\u00f3lver, lo quebr\u00f3 de un golpe y suavemente, su \u00edndice, busc\u00f3 la posici\u00f3n de las agujas. Eran las once y media. Ya Fernando no deb\u00eda tardar. Se llev\u00f3 la mu\u00f1eca al o\u00eddo para cerciorarse de que el reloj no se hab\u00eda parado y volvi\u00f3 a coger el rev\u00f3lver que hab\u00eda depositado en el suelo, La cacha estaba a\u00fan tibia del calor de la mano, pero el ca\u00f1\u00f3n estaba frio y h\u00famedo; poco despu\u00e9s sinti\u00f3 una ligera punzada en la yema el \u00edndice y se dio cuente de que una part\u00edcula del cristal lo hab\u00eda Herido. Se chup\u00f3 el dedo y limpi\u00f3 con el pa\u00f1uelo la sangre del rev\u00f3lver; el pa\u00f1uelo ten\u00eda un olor acre que se mezclaba con el perfume de lavanda que hab\u00eda usado aquella ma\u00f1ana. Mejor dicho, no se mezclaban sino que constitu\u00edan un cuerpo oloroso que avanzaba hacia el olfato, cojeando, apoy\u00e1ndose alternativamente en la esencia de lavanda o en la acidez de la sangre coagulada.<\/p>\n<p>Al meterse el pa\u00f1uelo en el bolsillo, sinti\u00f3 la copia de la carta an\u00f3nima que hab\u00eda enviado el d\u00eda anterior a Fernando. El hombre ri\u00f3 para s\u00ed: \u201c\u00a1Qu\u00e9 buen susto ha debido llevarse!\u201d Pero \u00e9l mismo se daba cuenta de que no era cierto: Fernando no era de la clase de individuos que se atemorizaban ante un an\u00f3nimo; no porque sean valientes, sino porque no conciben que alguien pueda desearles el mal. Esa clase de personas atraviesan la vida repartiendo palmadas en las espaldas, riendo fuerte y hablando a grandes voces, seguros de que conquistan as\u00ed la simpat\u00eda de todo el mundo, sin darse cuenta de que se llevan con el pecho multitud de seres m\u00e1s d\u00e9biles, quienes les guardan un rencor indeleble.<\/p>\n<p>Fernando era as\u00ed; con toda seguridad al leer la carta emiti\u00f3 una gran carcajada y llam\u00f3 por tel\u00e9fono a su querida para le\u00e9rsela<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te parece, Marta, lo que me dicen? \u00a1Condenado a muerte si no te dejo! Por lo que se ve, alguien est\u00e1 celoso y quiere apartarme del camino hacia ti.<\/p>\n<p>Y Marta que estaba como embrutecida por la energ\u00eda vital de su amante, reir\u00eda tambi\u00e9n con su risa grave y c\u00e1lida y sentir\u00eda una dulce excitaci\u00f3n sensual ante el peligro que a\u00f1ad\u00eda a su aventura, la amenaza de aquel celoso imb\u00e9cil.<\/p>\n<p>Lleno de despecho, el hombre que estaba en acecho se levant\u00f3 de la piedra que le serv\u00eda de asiento. Sus r\u00f3tulas crujieron y estuvo un momento doblado, sin poder enderezar, debido a un agudo dolor en los ri\u00f1ones que parec\u00eda desgarrarlo en dos. Poco a poco la circulaci\u00f3n se fue restableciendo y pudo estirarse, pero ya la agitaci\u00f3n col\u00e9rica hab\u00eda cesado y se sent\u00f3 de muevo. En otras circunstancias habr\u00eda encendido un cigarrillo, ahora no era cosa de tentar el destino de una manera tan tonta. Adem\u00e1s, hubiera sido casi imposible encender un f\u00f3sforo con aquel viento. \u00c9l lo sab\u00eda por experiencia: una vez que fue de cacer\u00eda con Fernando gast\u00f3 una caja in\u00fatilmente. Afortunadamente, Fernando ten\u00eda otra y era muy h\u00e1bil para esas cosas. \u00a1C\u00f3mo hab\u00edan re\u00eddo los dos! En realidad, jam\u00e1s en su vida hab\u00eda pasado una semana ten agradable, siete d\u00edas tan verdaderamente felices. El no quer\u00eda ir pero su amigo hab\u00eda insistido e insistido con su tenacidad caracter\u00edstica.<\/p>\n<p>En la obscuridad y en el viento, el hombre sonre\u00eda para s\u00ed. La nostalgia que permanec\u00eda siempre agazapada en alg\u00fan rinc\u00f3n de su vida solitaria, le aplic\u00f3 de nuevo un zarpazo y por la ancha herida fue goteando lentamente su amargura.<\/p>\n<p>Un d\u00eda que estaba en su oficina, Fernando le llam\u00f3 por tel\u00e9fono:<\/p>\n<p>\u2014Esp\u00e9rame que tengo que hablar contigo.<\/p>\n<p>As\u00ed era, no pod\u00eda suponer que los otros tuvieran ganas de hacer otra cosa que someterse a sus deseos. Al poco rato lleg\u00f3 Fernando y sin m\u00e1s mi m\u00e1s le dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 piensas hacer \u00fa en Semana Santa? \u00a1Nada seguramente! Bueno pues, t\u00fa y yo nos vamos ma\u00f1ana para el Llano. No tienes que preocuparte por nada; todo est\u00e1 listo. Esta noche vienes a dormir a casa porque tenemos que salir a las tres y t\u00fa vives muy lejos.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 amargura hab\u00eda sentido al principio el hombre en dejarse dominar as\u00ed! Pero hac\u00eda tanto tiempo que se hab\u00eda acostumbrado: desde que eran ni\u00f1os Fernando hab\u00eda sido el m\u00e1s emprendedor de los dos. As\u00ed, durmi\u00f3 en casa de su amigo aquella noche, se levant\u00f3 de madrugada, \u00e9l a quien tanto gustaba dormir tarde, se puso un horrible palt\u00f3 impermeable, hediondo a una mezcla de sudor de hombre y de caballo, de tripa de autom\u00f3vil, de manteca, carb\u00f3n y sangre reseca, y con una tacita de caf\u00e9 negro por todo desayuno, se meti\u00f3 en una camioneta en la que casi no quedaba espacio donde sentarse, tan llena estaba de cestas, paquetes, escopetas y cajones llenos de aserr\u00edn a trav\u00e9s del cual blanqueaban largos bloques de hielo.<\/p>\n<p>\u2014Esta noche estaremos velando tigres&#8230; \u00bfah? \u00bfQu\u00e9 te parece, viejo? \u2014dijo Fernado al mismo tiempo que pon\u00eda el pie sobre el arranque. \u00a1Ya ver\u00e1s qu\u00e9 hermoso es el Llano!<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, mientras la camioneta se deslizaba a toda velocidad hacia el sur, Fernando volvi\u00f3 a preguntar:<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa nunca has cazado, \u00bfverdad? \u00a1Bueno! Eso no importa: buscaremos algo f\u00e1cil, esta vez, para ti. Lo esencial es que descanses, porque, vale, te confieso sinceramente que est\u00e1s bien demacrado; hasta Marta me lo dec\u00eda ayer.<\/p>\n<p>El hombre que estaba en acecho sinti\u00f3 una punzado dolorosa en el est\u00f3mago, al recordar la escena, y las manos le comenzaron a temblar. En aquel entonces no hab\u00eda dado mucha importancia al hecho de que Fernando citara familiarmente el nombre de Marta: \u00fanicamente le hab\u00eda preocupado que la muchacha lo encontrase demacrado. Pero ahora, que lo sab\u00eda todo, ahora que no cab\u00eda duda de la atracci\u00f3n intensa que un\u00eda a Fernando con Marta, sinti\u00f3 con creces el dolor que todav\u00eda ignoraba cuando estaba en la camioneta. \u00a1Qu\u00e9 extraordinaria es la vida; que puede herir hacia el pasado la imagen de un hombre feliz! Ahora le parec\u00eda que ya en la camioneta sus celos estaban despiertos y, sin embargo, \u00a1qu\u00e9 contento iba entonces so\u00f1ando con imaginaci\u00f3n de novato en emocionantes aventuras de caza!<\/p>\n<p>Se hab\u00eda prometido matar su tigre de un solo tiro y traerle la piel a Marta. Quiz\u00e1 hasta tendr\u00eda la suerte de que la fiera le diera un ligero zarpazo, que aterrar\u00eda a la muchacha. Por eso pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY hay posibilidad de que el tigre lo hiera a uno?<\/p>\n<p>Pero Fernando, pensado que hac\u00eda la pregunta por miedo, lo tranquiliz\u00f3<\/p>\n<p>\u2014\u00a1En absoluto! Uno se monta en un \u00e1rbol y all\u00ed espera que venga.<\/p>\n<p>El rostro del hombre en vela se contrajo en la obscuridad y escupi\u00f3 la brizna, que el viento le hab\u00eda metido en la boca mientras sonre\u00eda. Fernando se hab\u00eda imaginado siempre que \u00e9l era un cobarde. Nunca su amigo, a pesar de todo lo que gritaba acerca de la curiosidad hacia lo humano, de amor hacia el hombre, se hab\u00eda inclinado sobre \u00e9l con cari\u00f1o, con delicadeza, para hacer salir el alma fuerte y generosa que estaba encenagada en ese cuerpo endeble que los nervios, en aquella noche de espera, en medio del viento y de la sombra, hac\u00edan temblar.<\/p>\n<p>Cuando llegaron al hato, se sinti\u00f3 demasiado cansado para acompa\u00f1ar a Fernando, quien pas\u00f3 solo, toda la noche, sin comer siquiera, velando in\u00fatilmente un tigre cebado. A las doce del d\u00eda regres\u00f3 molido, cansado y muerto de hambre. El hombre en esta noche en que \u00e9l mismo est\u00e1 en acecho esperando el regreso de Fernando para matarlo, no se explica a\u00fan qu\u00e9 misterioso h\u00e1lito pas\u00f3 entre los dos, all\u00e1 en el Llano. Quiz\u00e1 el cansancio y la decepci\u00f3n de cazador, hab\u00edan ablandado a Fernando; o quiz\u00e1 la llanura permite al hombre un alma a su medida; es posible que la inmensidad haga estallar a escoria y que uno no se d\u00e9 cuenta, al fin, de que no se es un brazo quebrado y de que es in\u00fatil, por lo tanto, cualquir Funda de yeso.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 bien se port\u00f3 conmigo \u2014 murmur\u00f3 el hombre\u2014 como un verdadero amigo! \u2014Y volvi\u00f3 a sonar.<\/p>\n<p>En verdad, cada vez que hab\u00eda tenido necesidad de Fernando, \u00e9ste hab\u00eda acudido en su ayuda. Nadie hubiera podido negarle esa gran cualidad de hacer suyos los problemas de los otros y de buscar casi con dolorosa intensidad la soluci\u00f3n de algo cuyas consecuencias deber\u00edan importarle un pito. Es raro un hombre as\u00ed, m\u00e1s raro que cualquier mujer excepcional, un milagro m\u00e1s extraordinario aun que Marta.<\/p>\n<p>De pronto comenz\u00f3 a llover y el hombre sinti\u00f3 que las gruesas gotas atravesaban el espeso follaje y mojaban lentamente su cuerpo. Una de ellas estall\u00f3 obre su frente, rod\u00f3 por el borde la nariz y fue absorbida por la comisura de la boca. Sab\u00eda a algo fresco y puro, como si todav\u00eda estuviese impregnada de la solitaria calma de las nubes. Tir\u00f3 lo cabeza hacia atr\u00e1s y abri\u00f3 la boca para recibir m\u00e1s, y al hacerlo, pens\u00f3 que todo aquello ser\u00eda pronto cosa del pasado.<\/p>\n<p>Dentro de poco, oir\u00eda los pasos de Fernando. Esperar\u00eda que estuviese muy cerca y saltar\u00eda de repente, delante de \u00e9l, para asustarlo; llevar\u00eda el rev\u00f3lver en la mano, para aumentar su terror, pero en vez de disparar contra su amigo, le dir\u00eda:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Soy yo, Fernando: \u00a1no tengas miedo!<\/p>\n<p>Entonces Fernando, riendo, aunque un poco nervioso todav\u00eda, lo invitar\u00eda a entrar y lo llevar\u00eda a su biblioteca, donde beber\u00edan juntos una serie de whiskies. Sobre el escritorio de su amigo, estar\u00eda, claro est\u00e1 la fotograf\u00eda de Marta. \u00bfPero qu\u00e9 importa? \u00a0\u00c9l le dir\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Fig\u00farate, Femando, que estuve a punto de matarte por ella.<\/p>\n<p>Y su amigo se le acercar\u00eda y le pondr\u00eda la mano sobre el hombro: es que la quiero, vale.<\/p>\n<p>A lo que \u00e9l responder\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Ya lo s\u00e9, Fernando, ya lo s\u00e9. Puedes quedarte con ella: despu\u00e9s de todo eres m\u00e1s joven que yo.<\/p>\n<p>Sentir\u00eda un noble dolor, una amargura generosa que lo llenar\u00eda de felicidad, al renunciar a Marta para ced\u00e9rsela a Fernando. Quiz\u00e1 hasta le nombrar\u00edan padrino, m\u00e1s tarde, como sucede en algunas novelas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El hombre comenz\u00f3 a impacientarse.<\/p>\n<p>\u2014Si no viene pronto, me voy. \u00a1Qu\u00e9 diablos! \u00a1No voy a pescar una pulmon\u00eda por el solo placer de verlo!<\/p>\n<p>Pero entre el ruido de las gotas que ca\u00edan con violencia, percibi\u00f3 los pasos que se acercaban. Eran de Fernando. No cab\u00eda duda de que era \u00e9l; ten\u00eda ese caminar desigual que le hab\u00eda quedado como consecuencia de una ruptura del tobillo. Parec\u00eda, adem\u00e1s, cansado.<\/p>\n<p>\u2014A lo mejor viene de casa de Mara \u2014 murmur\u00f3 el hombre, s\u00fabitamente rabioso.<\/p>\n<p>En la noche se precis\u00f3 una silueta, y el hombre dio un paso hacia adelante.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQui\u00e9n es? \u2014 grit\u00f3 Fernando con voz entrecortada.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Soy yo: Antonio! \u2014contest\u00f3 el hombre.<\/p>\n<p>Y avanzando un paso m\u00e1s, apoy\u00f3 el rev\u00f3lver contra el pecho de su amigo y apret\u00f3 el gatillo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pedro-berroeta\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pedro Berroeta La noche estaba tan obscura que la masa del \u00e1rbol casi no se destacaba contra el cielo, cuyas numerosas estrellas parec\u00edan brillar sin luz, con una luminosidad inm\u00f3vil y muerta, lejana y absolutamente indiferente. 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