{"id":3538,"date":"2022-02-26T14:46:29","date_gmt":"2022-02-26T14:46:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3538"},"modified":"2023-11-24T18:33:33","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:33","slug":"iliana-gomez-berbesi-inventar-la-vida-de-los-otros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/iliana-gomez-berbesi-inventar-la-vida-de-los-otros\/","title":{"rendered":"Iliana G\u00f3mez Berbes\u00ed: Inventar la vida de los otros"},"content":{"rendered":"<div class=\"entry-content body-color clearfix link-color-wrap progresson\">\n<h4 style=\"text-align: right;\"><span class=\"byline-part author  \"><span class=\"coauthor-post-info-box-name\">Alejandro Varderi<\/span><\/span><\/h4>\n<p>Si al azar abrimos una p\u00e1gina de <em>Confiden<\/em><em>cias del car<\/em><em>tab\u00f3n<\/em>, el primer libro de relatos de Iliana G\u00f3mez Berbes\u00ed (1951-2021), publicado por Fundarte hace ahora cuatro d\u00e9cadas, nos asaltar\u00e1 sin duda la cr\u00f3nica urbana que el ciudadano repite un d\u00eda s\u00ed y otro tambi\u00e9n, la parte de la telenovela donde una mujer infaliblemente es abandonada, la indecisi\u00f3n de quien toma un taxi para ir a una cita de trabajo y se devuelve antes de llegar al lugar del encuentro; o el acto del viandante deshacerse de su mirada para colgarla sobre el asiento delantero del colectivo, nunca lo suficientemente vac\u00edo sin embargo para poder sentarse con comodidad.<\/p>\n<p>Ello, haciendo del lenguaje la escuadra m\u00f3vil que, como el cartab\u00f3n, medir\u00e1 las confesiones de los otros; de <em>\u201cuna vecina con fotos de cuando era feliz\u201d<\/em> o de quien \u201c<em>se busca en la casa\u201d<\/em> o se transforma en <em>\u201cel se\u00f1or de los relojes\u201d<\/em>. Personajes actuando en varios tiempos narrativos para representar la parte cruel de la historia, es decir la realidad, a veces con seriedad, en ocasiones distrayendo al lector, pero siempre absurdamente a fin de mostrarnos las contradicciones urbanas donde nos hallamos inmersos.<\/p>\n<p>Es vivir la ciudad o sobrevivirla para hacer de ella el escal\u00f3n desde donde mirar y mirarnos ajenos a los otros, pues aqu\u00ed el contacto siempre resulta ser un asunto de alquimia donde la relaci\u00f3n se deja a la combinaci\u00f3n de elementos \u2014la fracci\u00f3n que no se ve pero existe\u2014 que conforman al transe\u00fante, aunque por supuesto no dejen de haber combinaciones invisibles: <em>\u201cEsta ciudad tiene la culpa del olvido. Se nos olvida ir a la oficina por las tardes; se nos olvida regresar a casa. Y hasta eso. Que cuando sale uno a la calle, las calles se nos olvidan. Y si se cruza un tipo por delante, se nos hace dif\u00edcil recordar que se trata de un buen amigo\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Las monjas, el cine, el horario, las camareras, el amarillismo de <em>Alarma<\/em> y dem\u00e1s cr\u00f3nicas de sangre, son piezas fundamentales para construir la ciudad particular; salientes, pr\u00f3ximos a cualquiera, que Iliana G\u00f3mez traslada desde su metr\u00f3polis particular a la nuestra, siempre desde el sue\u00f1o, pues la autora so\u00f1aba much\u00edsimo; viv\u00eda a los personajes en sus sue\u00f1os y luego se los hac\u00eda vivir al lector, impacientemente, tal cual ella vivi\u00f3, sin esperar ni esperarse, adoptando al narrar el papel no del actor sino del director para que, subterr\u00e1neamente, su voz siempre estuviera presente. Es <em>\u201cese yo que no soy yo\u201d<\/em> cubriendo relatos como \u201cLa vida en n\u00fameros\u201d donde: <em>\u201cNo quedaba tiempo suficiente para calcular el valor de la inc\u00f3gnita. Era un gran esfuerzo dilucidar el m\u00e9todo apropiado para resolver el problema planteado. De paso, el profesor nos hab\u00eda estado insistiendo en la importancia del procedimiento. Pocos d\u00edas antes hab\u00eda llegado al colmo. \u2018El procedimiento es la base de la vida; la vida misma es puro procedimiento\u2019, pues vivimos una especie de ficci\u00f3n\u201d<\/em>. Ficci\u00f3n que espejea la atm\u00f3sfera de <em>La clase muerta<\/em> de Tadeusz Kantor, en ese intento de la autora por visualizar la vida a trav\u00e9s de las ciencias exactas, usando su experiencia como estudiante de Matem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>En \u201cLos preliminares del baile\u201d la evasi\u00f3n adopta la forma de un cuerpo adiestrado para repetir un ritmo; la danza cual manera de relacionarse con el universo, desde \u201cGiselle\u201d a los bailes del C\u00edrculo Militar. La vida, una referencia a la parte instalada definitivamente en nosotros por ser la parte que ha transcurrido ya, aunque <em>\u201cciertamente muy pocos descubrieron que lo vivido no era m\u00e1s que un vulgar ensayo\u201d<\/em>; el tanteo de un proceso que no se lleg\u00f3 a concretar, posiblemente te\u00f1ido por la sensaci\u00f3n de fracaso de una generaci\u00f3n, la de los sesenta, que llor\u00f3 el recuerdo un tanto borroso de Marilyn y espero una revoluci\u00f3n que no lleg\u00f3 entonces, pero se ha instalado f\u00e9rreamente como dictadura en Venezuela desde comienzos del nuevo milenio.<\/p>\n<p>\u201cLas instrucciones de un grabador\u201d, y recuperamos los art\u00edculos de oficina, la calle desde la ventana casi cubierta por alg\u00fan fichero, cuando solo estamos nosotros, las m\u00e1quinas de escribir vac\u00edas, y el dict\u00e1fono con la voz del jefe grabada sobre una cinta, infinita como los matices del escenario urbano: <em>\u201cLuego se acerc\u00f3 a la ventana y corri\u00f3 un poco la cortina. Abajo estaban solamente los carros y el vigilante. La ciudad oscurec\u00eda, las luces de la calle se encendieron. Ella sinti\u00f3 una molestia en su cerebro y se ajust\u00f3 los lentes. Un peso en las espaldas le oblig\u00f3 a memorizar que, por el d\u00eda de hoy, la funci\u00f3n hab\u00eda terminado\u201d<\/em>.<\/p>\n<p><em>\u201cY acept\u00f3 la verdad. Se incluy\u00f3 en el mundo. La cuerda regres\u00f3 a su sitio. La aguja comenz\u00f3 de nuevo a andar. Ya no supo si era planta o animal\u201d<\/em>, cual p\u00e9rdida de todo referente que nos identifique. Lo probable de creernos armados de tuercas y tornillos, y encontrarnos imposibilitados para descubrir qui\u00e9n o qu\u00e9 nos ajusta, constituye el centro de otro relato, \u201cAut\u00f3matas\u201d, pues uno puede ser un objeto; el mu\u00f1eco cuando le ponen los ojos, un producto cuando lo envasan. As\u00ed puede ser uno<em>: \u201cuna caja de resonancia; y la voz como un tambor\u201d<\/em>. Solo se necesita elevarse un poco de la piel, tomar para s\u00ed el sue\u00f1o, tal cual lo hizo la autora, para lograr que se generen estos textos.<\/p>\n<p>Textos donde se pierde la relaci\u00f3n entre tiempo y distancia, del mismo modo como se pierde la percepci\u00f3n del mundo cuando se camina dormido, y el lugar f\u00edsico para el cuerpo ya no le pertenece a la realidad que vive delante de la mirada, sino que se vuelve dominio de la que discurre por detr\u00e1s: lo real en la parte posterior de la mirada. La mirada cual compuerta para mostrar esa realidad r\u00e1pidamente \u201colvidable\u201d, igualmente inscrita en otro relato, \u201cLa mujer que viv\u00eda de los sue\u00f1os\u201d, donde se superponen parte de las escenas diseccionadas en otro relatos pero hilvanadas por el sue\u00f1o que dificulta la continuidad del hilo, con lo cual el te(x)jid(t)o se extiende hacia el inconsciente: <em>\u201cCreo que cuesta cierto esfuerzo hilvanar todas las escenas. Y lo peor de todo, son los borrones. Esas partes neblinosas. Esas partes que a usted se le olvidan. Quiz\u00e1s esta es la parte m\u00e1s dolorosa. La memoria le falla a uno mucho m\u00e1s que durante el d\u00eda. Si un hombre la bes\u00f3 a usted en la ma\u00f1ana, usted pasar\u00e1 m\u00e1s de un mes para olvidar. Quiz\u00e1 mucho m\u00e1s. Pero si eso le pasa durmiendo, es posible que a las pocas horas no le quede el m\u00e1s m\u00ednimo recuerdo\u201d<\/em>.<\/p>\n<p><em>Confidencias del cartab\u00f3n <\/em>retrata lo cotidiano en el lenguaje, no tanto de la autora sino de los dem\u00e1s; all\u00ed se ubica la semilla: leche, pan, amor, el hablar entrecortado, la preferencia por la rockola, lo banal, el te quiero y destrozar la forma para impactar al lector con el exceso sentimental. Impacto reforzado mediante el uso de la segunda persona, a fin de transformar a quien se sit\u00faa del otro lado del texto en actor y por momentos escritor de todas estas historias que tambi\u00e9n son la suya; a veces con temor, porque el temor tambi\u00e9n forma parte de estos textos, pero siempre descubriendo una realidad que, si no se vive con cuidado, podr\u00eda convertirse en la de los relojes de pared: <em>\u201cSer fiel a\u00fan m\u00e1s all\u00e1 de la muerte de cada uno, pues he de seguir funcionando; y luego, de vez en cuando, hacerles notar a ustedes cierta realidad que deben vivir. Recordarles que deben abandonar un sitio y acudir a otro. Recordarles que deben apresurarse si desean acudir a la cita. Pero mientras ustedes salen de la casa, nosotros, los relojes de pared debemos continuar estacionados. Pues no nos est\u00e1 dado elegir el lugar, tan solo podemos descubrirlo\u201d<\/em>.<\/p>\n<p>Esta operaci\u00f3n de indagar y revelar constituye el hilo dable de conectar el resto de su obra partiendo de otro que se ha extraviado en el camino (<em>Secuencias de un hilo perdido<\/em>, 1982) y mueve los de otros aut\u00f3matas en <em>Tornillos de taller<\/em> (1983). <em>Extra\u00f1os viandantes<\/em> (1990), su cuarto libro de relatos, y la novela <em>Alto, no respire<\/em> (1999), nos remiten a la manera como esta autora interpol\u00f3 su experiencia como publicista, dise\u00f1adora de modas, guionista de telenovelas, estudiosa de las formas del simbolismo, instructora de talleres literarios y hasta animadora cristiana con iron\u00eda y gusto, en unos textos dentro del g\u00e9nero de la ciencia ficci\u00f3n, para mostrar los peque\u00f1os dramas de la cotidianeidad de personajes a caballo entre el sue\u00f1o y la vigilia.<\/p>\n<p>En tal sentido, \u201cTati nunca crey\u00f3 en vampiros\u201d, relato in\u00e9dito publicado en el n\u00famero 5 de la revista <em>Enclave<\/em> que coedito desde CUNY, se devuelve a la relaci\u00f3n entre la empleada y su jefe, para desvelar los juegos de poder donde ella saldr\u00e1 perdiendo, aunque solo en apariencia. De hecho ser\u00e1 la protagonista quien tenga la \u00faltima palabra, al exponer las miserias de un comportamiento sexista con el cual l\u00f3gicamente no se identifica, ubicando al lector entre ficci\u00f3n y realidad para mostrar abiertamente el fracaso de lo masculino.<\/p>\n<p>Ficci\u00f3n y realidad, entonces, como marco de la obra de Iliana G\u00f3mez Berbes\u00ed, y pregunta a la cual ella regres\u00f3 siempre llevada por esa curiosidad innata para inventar la vida de los otros. En sus palabras: <em>\u201cLa gran pregunta que todo ciudadano de las grandes urbes se hace a diario es si lo que vivimos ahora es ficci\u00f3n o realidad. Ojal\u00e1 yo pudiera decir que la vida es sue\u00f1o.<\/em> <em>Al menos eso siempre ha sido mi intento. En ocasiones, en la alta noche, sue\u00f1o que cuento y mi cerebro se convierte en una aut\u00e9ntica m\u00e1quina del tiempo.<\/em> <em>Entonces asciendo a planetas desconocidos y siento que mi cuerpo es una extensi\u00f3n de una veloz computadora rumbo al cielo\u201d<\/em>.<\/p>\n<h6>*Fuente: https:\/\/www.viceversa-mag.com\/<\/h6>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Varderi Si al azar abrimos una p\u00e1gina de Confidencias del cartab\u00f3n, el primer libro de relatos de Iliana G\u00f3mez Berbes\u00ed (1951-2021), publicado por Fundarte hace ahora cuatro d\u00e9cadas, nos asaltar\u00e1 sin duda la cr\u00f3nica urbana que el ciudadano repite un d\u00eda s\u00ed y otro tambi\u00e9n, la parte de la telenovela donde una mujer infaliblemente [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3539,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3538"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3538"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3538\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3540,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3538\/revisions\/3540"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3539"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3538"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3538"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3538"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}