{"id":3487,"date":"2022-02-20T21:19:43","date_gmt":"2022-02-20T21:19:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3487"},"modified":"2023-11-24T18:33:44","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:44","slug":"desde-los-muros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/desde-los-muros\/","title":{"rendered":"Desde los muros (dos ensayos breves)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Arnaldo Jim\u00e9nez<\/h4>\n<h3><strong>Bordes<\/strong><\/h3>\n<p><strong>Las bisagras del mundo<\/strong>.<\/p>\n<p>Lo importante del agua que se vierte en un vaso es que no mantenga el equilibrio, que amenace con desbordarse como las nubes que, en la medida en que van espesando sus grises, se van uniendo para caer juntas, o que mantenga temblando su permanencia<em> espejeante <\/em>y se contin\u00fae en el rostro del que se aproxima a verse. Pero, aun cuando el agua no volviese a su costumbre de r\u00edo, el borde del vaso continuar\u00e1 siendo lo que era, una continuidad, una potencia de las prolongaciones. El borde es tanto un final como un inicio, el agua se derramar\u00e1 y bajar\u00e1 por el cristal del vaso buscando otras orillas que le se\u00f1alen su recorrido.<\/p>\n<p>Si observamos bien el cauce de un r\u00edo, nos daremos cuenta de que en el agua misma se encuentra tanto el borde como lo que hace que este se mantenga en tanto que se mueve. El mundo est\u00e1 abierto por sus l\u00edneas, las l\u00edneas no lo resguardan, al contrario, el mundo, las superficies del mundo resguardan a las l\u00edneas, entre ambos se tejen constantes relaciones de continuidad y separaci\u00f3n, solo los bordes hechos por el hombre son est\u00e1ticos, duros, a excepci\u00f3n de las fronteras del saber y del universo po\u00e9tico.<\/p>\n<p>En efecto, en los p\u00e9talos de una flor hay bordes por los que puede lucir su belleza el resto de la lluvia que queda sobre ella, pero no hay l\u00edmites, la luz del sol se contin\u00faa por ella y por la mata, esta \u00faltima no es m\u00e1s que un pedazo de sol vegetal que se expande por las bisagras de otros seres vivos. De modo que existen bordes materiales que est\u00e1n acoplados a bordes inmateriales. La pintura china cl\u00e1sica parte de la reproducci\u00f3n del acto creador divino sobre el lienzo o la hoja blanca, pronto lo lleno se conjugar\u00e1 con ese vac\u00edo y se establecer\u00e1 un equilibrio pautado por la distribuci\u00f3n de sus bordes. As\u00ed los objetos demarcan sus presencias. Saltan al observador y lo asombran o perturban. Los objetos no se llenan por su materialidad o por la combinaci\u00f3n de sus colores, si no por el vac\u00edo de la pincelada que les permiten ser dentro de sus l\u00edmites. \u00bfY qu\u00e9 son las palabras sino figuras de bordes que contienen dentro de s\u00ed, sobre su cara externa y en su rostro interno, la vacuidad y la llanura, el primero como posibilidad de los significados y el segundo como tapa del misterio? Entre los versos de un poema, \u00bfno se encuentran precisamente esos espacios que permiten la creaci\u00f3n y que remiten directamente a aquello que no puede pasar a la palabra legible y audible, remiten al pasado que no se puede historiar, el que se pierde? Toda escritura porta en su ser el registro de una memoria, sea de una verdad, de una pasi\u00f3n o de un anhelo. De tal manera que la literatura como hecho consumado mantiene al ser humano en un borde, se contin\u00faa, para bien o para mal, hacia lo externo y hacia lo interno, tanto de los autores como de los lectores, quienes son colocados en el camino hacia s\u00ed mismos, con los ojos abiertos y una madeja de hilo para ir marcando la ruta que lo llevar\u00e1 seguramente hacia lo desconocido.<\/p>\n<p><strong>La movilidad inm\u00f3vil de los bordes.<\/strong><\/p>\n<p>No todos los bordes son precisos y claros, la niebla, que gusta merodear las monta\u00f1as como un animal de alas h\u00famedas, mete su cuerpo por entre los troncos de los \u00e1rboles y desciende sobre los copos pleg\u00e1ndose a las m\u00faltiples superficies y dejando en ellas el rastro de su lenta danza. El inmenso lleno de la monta\u00f1a despliega en el transcurso del d\u00eda una serie de degradaciones del azul y del gris pautadas por las luces que el sol exprime sobre ellas. La niebla tiene autonom\u00eda, movimiento propio, baja y sube por la monta\u00f1a movida por su voluntad de belleza, finalmente, la blancura luminosa se apodera de ella al pertenecer a las nubes que se acuestan por los bordes m\u00e1s altos adoptando sus formas. La monta\u00f1a, en tanto que infinita y sinuosa, es un gran mar vertical. Estas criaturas difusas y ciertas son tan solo un ejemplo de la infinitud de implicaciones que existen entre lo visible y lo invisible, lo movible y lo est\u00e1tico, cuyas im\u00e1genes nos evocan el paso de los bordes del tiempo por las cosas y los seres. Nunca estamos en un tiempo preciso, nos sostenemos en sus uniones, por sus orillas apelmazadas, caminamos.<\/p>\n<p>Y el mar, \u00bfno es acaso un borde sin borde, una l\u00ednea abierta que marca obsesivamente la falsedad de sus l\u00edmites? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la orilla? \u00bfEn el calor, en el viento? \u00bfD\u00f3nde acaba el mar? \u00bfEn el final de un pel\u00edcano? \u00bfEn el desgaste de las olas? \u00bfEn la resistencia de las piedras? \u00bfEn los muertos que lo hunden? Ciertamente, el mar es un borde hecho interrogaci\u00f3n, sus aguas bullen hacia arriba picoteando el desplome de los rayos solares, abandonando su espesor a los caprichos menstruales de la luna. \u00bfAcaso no guarda el mar dentro de s\u00ed un cielo espeso y negro con una tempestad siempre al acecho? El mar es la expresi\u00f3n m\u00e1s fidedigna de la conversi\u00f3n del borde en lleno y del lleno en borde. Pero esto se contenta con ser mostrado o descrito, no con ser conceptuado ya que los conceptos atrapan las movilidades de la realidad y pretenden solidificar su misterio, lo cual es imposible por la presencia de la muerte como funci\u00f3n de todo lo vivo. A uno le provocar\u00eda decir que la muerte es un lleno sin borde, pero, \u00bfun lleno de qu\u00e9? Inmediatamente se impone el absurdo de la pregunta, dar\u00eda igual decir que es un borde puro. A diferencia del mar, las preguntas acerca de la muerte nos devuelven un reflujo de iron\u00eda, un sin sentido que acusa un filosofar inope. Ante el mar todo pensamiento tiene un fondo, todo lamento es libre, todo sentimiento se acomoda a sus propios l\u00edmites y la verdad misma comprende que es infinita en lo que tiene de silencio y de oscuridad. \u00bfSilencio y oscuridad?, tal aliento es la noche, que quita el velo del sol y nos permite buscar otra profundidad, la noche pues es ese mar oscuro que mueve hacia arriba la mirada y abre la sonrisa del cielo que se pone blanca en la cayena y suave pare el dolor que alumbra. Entonces sabe a sal el silencio, tambi\u00e9n crece su marea, \u00bfcu\u00e1ntas cosas flotan dentro de nosotros atra\u00eddas por el reflejo de las palabras y despu\u00e9s vuelven a bajar oscuras?<\/p>\n<p>Por otra parte, los bordes urbanos han dado origen a modificaciones espaciales en el comportamiento de algunos animales, por ejemplo, en los quicios de las ventanas y de los balcones, sobre todo en los edificios, las palomas se aparean y construyen sus nidos. Lo mismo ocurre en los pretiles y en las c\u00fapulas de las iglesias, en galpones y casas abandonadas, las palomas invaden las vigas y los tablones que sostienen a los techos, son las conquistadoras de las alturas citadinas. As\u00ed mismo, de los cables conductores de electricidad penden nudos de matojos llevados ah\u00ed por los p\u00e1jaros. Las iguanas habitan tuber\u00edas desvencijadas al borde de r\u00edos arruinados y convertidos en recept\u00e1culos de aguas sucias, ellas asoman sus opacas quietudes por las grietas de las capas de cemento en las que ellas mismas se tornan ramas partidas, hendijas verdes, caminos. Por \u00faltimo, hay casas invadidas casi totalmente por las hormigas que suelen realizar sus peregrinaciones por los filos de las paredes y de los frontispicios, los rincones de las alacenas, los contornos de los trebejos y el lleno de los alimentos en los que trazan ellas mismas una l\u00ednea m\u00f3vil (<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>).<\/p>\n<p>Los olores y los sabores no tienen bordes sino en el olfato y el gusto. Las uniones entre los sentidos y los objetos nos permiten disfrutar de la imagen en la que el sujeto est\u00e1 desparramado en afueras, este n\u00facleo de dispersiones es el alma misma de las etnias ind\u00edgenas, as\u00ed como el sustrato b\u00e1sico de poes\u00edas como las de Ram\u00f3n Palomares, P\u00e9rez S\u00f3 y Luis Alberto Crespo, este \u00faltimo gusta de expresarse a trav\u00e9s de las rayas, los filos y las orillas, de los hundidos, de los bordes que se curvan en lejan\u00edas. En dos versos de un poema llamado \u201cLados\u201d nos dice: \u201cUsamos la orilla\/su partido\u201d. Y toda su obra es un juego de habitar los bordes y los llenos de un pueblo, de un cuarto, de los seres que a su vez lo habitan (<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>). Es importante se\u00f1alar que la mirada po\u00e9tica sobre lo externo es una manera de profundizar la percepci\u00f3n de los contornos, sus tonos, sus texturas, su moral; los poetas se encuentran en el paisaje porque este contiene todas las emociones y expresiones del alma.<\/p>\n<p><strong>El borde de la escritura y la escritura de los bordes.<\/strong><\/p>\n<p>Una ciudad se entiende que es una separaci\u00f3n de superficies entre el artificio y la pureza. Bien mirado, el borde originario entre la naturaleza y la cultura, por el cual toda ciudad pretende desalojar a la barbarie, mantenerla tras sus rayas, era m\u00e1s interno (dentro del hombre) que externo. Era un borde imaginario que sigue existiendo en tanto que produce el valor para comprendernos como humanos. Sin embargo, la escritura restituye los l\u00edmites para el hombre citadino, el acto de escribir funda una constituci\u00f3n personal y colectiva que ordena con otro tipo de normativa la vida social, esta normativa tiene como trasfondo una orientaci\u00f3n en la comprensi\u00f3n, un mapa en medio de la incertidumbre de ser y de estar. La memoria es el trazo de los bordes de la escritura, ellos se complementan y permiten el fluir del tiempo. La memoria necesita de la marca, en ella vive y de ella se alimenta.<\/p>\n<p>La animalidad en el hombre tiene dos caras, dos rostros en un mismo borde, o bien es un exceso de lo humano mismo, un estiramiento de la condici\u00f3n salvaje que nos funda sin lenguaje, sino en la pura acci\u00f3n, o bien es un equilibrio, el trato por igualdad con las profundidades de lo externo, ya que ello permite llenar con sentido al cuerpo, aunque esto implique la suposici\u00f3n de que el lenguaje no es una separaci\u00f3n o un mediador.<\/p>\n<p>En todo caso, el hombre est\u00e1 cruzado por bordes que buscan permanentemente el equilibrio de sus fluidos, su cuerpo y su alma no comienzan ni terminan. Las cargas que llevan las palabras, las que no se van con ellas, pueden hacer que nos desbordemos, algo de ello hay en los t\u00edpicos rega\u00f1os que los padres les dicen a los hijos: me tienes al borde&#8230; Muy usado tambi\u00e9n por los enamorados, sobre todo, cuando una palabra o un silencio caen como una gota que hace que el agua traspase su equilibrio y se derrame, ellos, cuya uni\u00f3n tiene el sentido de mantenerse alejados de los bordes. \u201c&#8230; no pisan los amantes continuamente los bordes, uno en el otro, ellos se promet\u00edan extensi\u00f3n&#8230;\u201d (<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>). Y Rilke mismo es un poeta que mantuvo a su acto creador entre la reflexi\u00f3n con econom\u00eda del lenguaje, para dirigirse al m\u00e1s all\u00e1, a la verdad que se esconde tras la precisi\u00f3n de las palabras que fueron elegidas para transportarla, y el desborde de las im\u00e1genes con despilfarro de recursos que exceden la realidad externa.<\/p>\n<p>Estar al borde. S\u00ed, la vida siempre es un estar al borde, sea de las violencias, de las huidas, de las traiciones, la locura, el odio, los dioses o de la muerte. En este sentido, estamos atrapados en una l\u00ednea que se traza en la medida en que vivimos: \u00bfuna escritura de bordes?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Muros<\/h3>\n<p><strong>Los retos del muro<\/strong><\/p>\n<p>Los muros son seres surgidos de las mezclas que endurecen la altura para establecer una separaci\u00f3n. Conquistadores del aire y de la tierra, guardianes de un m\u00e1s all\u00e1 incierto, reveladores de nuestros miedos y valores, de nuestras angustias y desaf\u00edos.<\/p>\n<p>Los muros nos invitan a dar el salto, a convertirnos en retadores de lo imprevisto. Pueden alojar en su despu\u00e9s otra dimensi\u00f3n en la que lo desconocido se nos revela, al correr su telilla ilusoria surge un detonador de nuestros sentidos, estos, al poco tiempo, se vuelven a sumergir en la realidad tratando de que el curso del mundo se acomode a la novedad, \u00bfno fue acaso un muro el inconmensurable oc\u00e9ano que Col\u00f3n salt\u00f3 para internarse en un \u00e1mbito de lo real para lo cual la percepci\u00f3n ordinaria europea no estaba preparada?<\/p>\n<p>Tenemos tambi\u00e9n la opci\u00f3n de no aceptar el reto de tumbar un muro y volver sobre nuestros pasos cargando con el de nuestros miedos, en este sentido, el muro es una par\u00e1lisis, una quietud cuyo silencio penetra en los mismos huesos de la conciencia y remueve antiguos terrores, como el que se adviene en un tiempo no vivido, signado por la incertidumbre plet\u00f3rica de desvanecentes bases. La ni\u00f1ez nos hace ver as\u00ed las edades, de la que los adultos son pol\u00edvocas informaciones, noticias andantes erigidas en cuerpos que quisi\u00e9ramos habitar, no desaparecer como lo sugiere el Edipo freudiano, ni implotar desde el fondo de la estructura econ\u00f3mica como hubiese querido Marx derribar la divisi\u00f3n material, dura, que hay entre las personas, sino escalar sus bloques cuyo manto de moho dejar\u00e1 caer el tiempo. Encontrando, seguramente, algunos huecos, erosiones infortunadas que desde una perspectiva inferior no se contemplan.<\/p>\n<p>Un muro no es una simple pared, esta necesita de otras paredes, no tienen sentido en s\u00ed mismas, dependen de la forma, de la figura, est\u00e1n hechas para albergar, para edificar y proteger, sus finalidades son hogare\u00f1as, anuncian una casa. Los l\u00edmites del muro no son f\u00edsicos, se ubican generalmente en el que se planta frente a \u00e9l, es s\u00edmbolo de un tiempo por vivir, de un universo por registrar, es asunto del hombre proseguir, desarrollarse, percibir la libertad fugaz de superarse a s\u00ed mismo en tanto que obst\u00e1culo. Quiz\u00e1s los muros sean ficticios o innecesarios, como result\u00f3 ser el gran muro de Berl\u00edn. Pero el \u00e1nimo que recorre a una persona frente a su muro privado no es el mismo que recorre a una colectividad frente a los hist\u00f3ricos, en estos la impotencia, el absurdo, produce un pasmo atroz que atenaza los cuerpos y rechaza la voz, rechaza el grito que persigue con su claror al otro que tambi\u00e9n se deja ganar por la desesperanza. En el privado, la indecisi\u00f3n, la duda, el temblor, la penitencia de repetir y repetir con el frenes\u00ed obsesivo de las olas un mismo salto en falso, atrapado en la creencia de que lo flexible, la transformaci\u00f3n y las mutaciones no son sus atributos, sino la dureza, lo inmutable, lo siempre igual; canalizan al alma, la estancan, no la dejan convivir con la perpetua reproducci\u00f3n de los muros absc\u00f3nditos de sus interioridades. El muro privado es un silencio que se arrastra sin querer.<\/p>\n<p>Hay muros que son simulacros, pero quiz\u00e1s sean los m\u00e1s dif\u00edciles de derribar, si es que la presencia de ellos nos evoca esa \u00fanica acci\u00f3n. Muros que se edifican en los discursos pol\u00edticos o en la escritura. Todos los muros hist\u00f3ricos son \u201cde lamentos\u201d, ellos ligan por la tragedia de la culpa y separan por los vuelos ambiciosos del poder, por supuesto, son testimonios pol\u00edticos de odio al tener la espesura, la latitud y la altitud espec\u00edfica de la separaci\u00f3n, de la segregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El muro no abandona su silencio por m\u00e1s que lo conviertan en un mural, en un correo p\u00fablico, no es una pared criptografiada, pintarrajeada, pared c\u00f3mica y humor\u00edstica en la que el hombre de ciudad tapona, superpone las capas parlantes que amordazan el \u00edntimo silencio de la piedra. Y es verdad, un muro pintado o invadido por la escritura no es m\u00e1s que una pared que abandona su normal aspecto para ir moment\u00e1neamente a desafiar las fam\u00e9licas miradas de los transe\u00fantes. Un muro deber\u00eda estar impasible en medio de una v\u00eda impidiendo el paso en todos sus sentidos, all\u00ed situado, petrificante, como el de Montejo: \u201cen esta ciudad soy una piedra\/me he plegado a sus muros seriales, opresivos\/de silencios geom\u00e9tricos\/no me puedo mover, se cae mi casa\/uno tras otro se derrumban\/los edificios hasta el horizonte\/al fondo de la piedra soy un lagarto\/en el lagarto una mancha amarilla\/mancha del tiempo\/no puedo hablar, la lengua se me traba\/Orfeo el tartamudo es mi vecino\/oigo su tos nocturna\/reconozco el ladrido de su perro\/soy una piedra atada a esta ciudad\/un lagarto en sus grietas\/una raya en su espalda ya muy tenue\/Giran los d\u00edas y permanezco inm\u00f3vil\/todav\u00eda escucho latir el coraz\u00f3n\/tenaz, a la velocidad de la materia\/y hasta la arena que cae de la memoria,\/pero ya s\u00f3lo siento que no siento\u201d. (<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>)<\/p>\n<p>Metamorfosis m\u00e1s agraz y temeraria que la kafkiana, el poeta no mimetiza el color del cemento como lo hacen las iguanas al envejecer, ni procura comunicarse como en el caso de los camaleones, es muro del fracaso de la palabra, su oficio es darle forma al misterio, distribuir las palabras en el silencio, atadura m\u00e1s ardua y mort\u00edfera que la de Ulises para quien el propio Kafka urdi\u00f3 el verdadero motivo de su voluntaria sordera e inmovilidad: no querer percibir el silencio de las sirenas. As\u00ed como \u00e9l tampoco quiso percibir el mutismo que le ocasionaba la presencia del padre, aquel muro de su ni\u00f1ez que hubo de convertir en insecto para callarlo, domesticarlo y vencerlo. Pero quiz\u00e1s el silencio paterno es m\u00e1s notorio, con todo lo que tiene de dureza, en \u201cCarta al padre\u201d, all\u00ed se opera una especie de venganza en la transmisi\u00f3n de la mudez, lo convierte en personaje, lo domina en su propia identidad y le da un argumento, un di\u00e1logo inmerso en su soliloquio, as\u00ed que el padre calla realmente. Sin duda alguna, la literatura es el medio de derrumbe de la distancia que impone el miedo y la incubaci\u00f3n de la culpa cristiana, con la escritura Kafka logra derribar la separaci\u00f3n al recrear los detalles de la convivencia fallida. \u00bfCu\u00e1les ser\u00eda las respuestas del padre? \u00bfQu\u00e9 secretos, remordimientos, amarguras, lealtades, infidelidades, traiciones filiales quedar\u00edan plasmadas en la carta del padre, carta virtual que se desprende de la otra?<\/p>\n<p>La carta se inicia con el se\u00f1alamiento y la confesi\u00f3n del miedo: \u201cUna vez, hace poco, me preguntaste por qu\u00e9 dec\u00eda que te tem\u00eda. Como de costumbre, no supe qu\u00e9 contestarte, en parte precisamente por el miedo que me das\u2026\u201d\u00a0 La exposici\u00f3n va creciendo y profundizando el an\u00e1lisis de sus diferencias y similitudes en cuanto a actitudes y aptitudes frente a la vida y una vez m\u00e1s, es la literatura el marco donde se inserta una comunicaci\u00f3n basada en la exploraci\u00f3n del pasado familiar y los desencuentros de las esperanzas y los proyectos, pues, la literatura proviene de la terrible e imperiosa necesidad que tiene el hombre de enfrentarse al tiempo y no perder su historia.<\/p>\n<p>Retornemos ahora a Montejo. El poeta se vuelve piedra, extra\u00f1a en la ciudad y sin embargo unida a ella y es esa la sensaci\u00f3n y la verdad po\u00e9tica que emana del muro: un extranjero en lo familiar, como los miserables y los seres del subsuelo, los peque\u00f1os habitantes de la noche que han poblado la literatura en su b\u00fasqueda e imitaci\u00f3n de lo real. Y la grieta del tiempo adquiriendo el tono de lo que no es resplandor, no s\u00f3lo sobre el cuerpo sino en todo \u00e9l, plasm\u00e1ndolo en lo impasible, viendo c\u00f3mo los d\u00edas se pierden m\u00e1s all\u00e1 de sus fuerzas, las luces de sus arrugas, el canto de su desmoronamiento, quieto y sin embargo pasando por el tejido de enga\u00f1o y belleza del tiempo, sin precipitaciones, sin tener delante camino alguno, \u00e9l mismo cesando de guardar su vida, accediendo a otro plano de la quietud, el de la velocidad interna. As\u00ed el muro es un ser que escucha, que almacena los ruidos del mundo y no fleta ninguno, no nos ofrece su voz, s\u00f3lo la inquieta y silente presencia de su ley.<\/p>\n<p>La ley del muro permanece indecible, la intuimos y nos dejamos ir por su fascinaci\u00f3n, no es tan s\u00f3lo la ley de la muerte, esa que vemos, por ejemplo, entre M\u00e9jico y Estados Unidos, esa ley que muy bien pudiera intuirse en una po\u00e9tica de las huesas o de los fosos, sino de lo imposible y de lo posible en la vida, la intensidad de las fuerzas humanas que se desenvuelven en las potencias del porvenir o que se enconchan en un eterno presente. La ley de las interrogaciones.<\/p>\n<p>En realidad, el poeta adquiere la mudez de los muros de la ciudad que lo rebasa (hendija de sus luces, laja en lo din\u00e1mico y en lo et\u00e9reo), que lo sit\u00faan en otro plano de la velocidad, el de la quietud. Y sin embargo \u00e9l no es todo el muro, es apenas una piedra entre muchas, una raya borrosa, hundida en el ancho mar de la dureza, pero sin pasar, como una grieta, extendido, sin horror en su rostro, sin las dimensiones de la mentira. En la grieta fracasan las tempestades, su oscuridad es una puerta para aquel que descubre en ella su propia oscuridad y escucha la huida de sus sentidos. El poeta queda atrapado en el deseo de la piedra: volver a la postura inicial del cuerpo, la pasta, el barro, la disoluci\u00f3n. Atrapado como en la vida, los sue\u00f1os, la muerte. Otra sombra en la sombra, una mancha en la mancha, una herida que nos amasa en la textura de la espera y deja fluir la profunda soledad de un testimonio sin canto ni sufrimiento de lo que poco a poco siempre est\u00e1 dejando de ser, siempre est\u00e1 dejando de tener forma.<\/p>\n<p><strong>Muros literarios<\/strong><\/p>\n<p>En la obra de Deleuze y Guattari (El Anti- edipo) el muro es un s\u00edmbolo de la funci\u00f3n ps\u00edquica que desv\u00eda, impide o facilita el paso de los fluidos energ\u00e9ticos, en el caso de que sea cierto que la vida es una m\u00e1quina que marcha deseando y un deseo que maquina su objeto y este sea a la vez una piedra imposible de satisfacer, una piedra a la que nos atamos para dejar que Selene nos cobije una y otra vez con su amor infinito y nocturno<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>.<\/p>\n<p>La materialidad del muro est\u00e1 en el orden del secreto, la conjunci\u00f3n emocional de lo ps\u00edquico y lo f\u00edsico, o de todas las parejas de contrarios como en la muralla del para\u00edso en la simb\u00f3lica cristiana, pero abierta a las b\u00fasquedas. Una seducci\u00f3n metaf\u00edsica a la palabra y al acto, a la memoria y al paso de las edades. As\u00ed es el de nuestros pasados, un rastro de la grandeza imaginaria que nos situ\u00f3 en el piso de lo inevitable, un muro cotidiano lleno de olores de comidas, que carda la vida familiar, que sugiere un profundo sue\u00f1o. Un muro apacible y domesticado. En el momento de la pronunciaci\u00f3n literaria, en verdad, es un \u00e1bside on\u00edrico que produce recuerdos. Desde el muro se escuchan las enunciaciones del pasado. En este sentido, toda literatura se desprende de un muro, se erige como \u00e9l, se extiende en la edificaci\u00f3n de los significantes que procuran extraer la luz que esconde, y yace su presencia en el alma del escritor en tanto contenido de las palabras, y, en tanto refugio para definir una identidad escurridiza como en los casos del poeta Fabio Mor\u00e1bito y el de las m\u00faltiples identidades de Pessoa. La literatura realiza as\u00ed una paradoja, pues es necesario cimentar el muro, preparar sus materiales, ubicar el lugar de su construcci\u00f3n y colocar los bloques ( el lenguaje utilizado, lo que se desea limitar, lo que se quiere esconder, lo que se desea expresar, los tramas individuales, familiares, la situaci\u00f3n pol\u00edtica, los perfiles de personalidad, los secretos del humano existir, el g\u00e9nero, el estilo, etc.) y mezclarlo a la paciencia del alba\u00f1il que se empe\u00f1a en decir algo a alguien, a la forma que ronda en su pensamiento; para despu\u00e9s abandonarlo, superarlo, saltarlo, destruirlo, desbloquearlo, des-construirlo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se encuentra al otro lado del muro? Una tarde blanca y larga, un zamuro y los infinitos ojos de Dios en la peque\u00f1ez de los moribundos. <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-muro\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">El muro<\/a> que erigi\u00f3 Fernando Paz Castillo(1964) resume en el poder del poema las inquietudes, los significados de la vida cuando esta es una hermosa flor de tiempo, soledad y canto rozando con sus camp\u00e1nulas el pecho sensual de la muerte. Parece que todo est\u00e1 escrito en ese muro de Castillo: el silencio de la no vida, la angustia de la flecha cada vez que busca la sangre para ocultarse, la condena de Dios como hueso del muro, el l\u00edmite humano, \u201cvivir y no morir\u201d: la misma suerte de este poema.<\/p>\n<p>Y es que los muros se convierten en obst\u00e1culos y estos adquieren las propiedades de aquellos cuando crecemos, cuando nos internamos en las problem\u00e1ticas \u00f3rbitas de los adultos. Y no se trata de que la ni\u00f1ez no sea conflictiva, lo es mucho m\u00e1s que cualquier otra edad, pero igualmente estamos mejor equipados para esquivar, burlar y traspasar las durezas y las altitudes de los muros. L\u00fadico y profundo \u201cel ni\u00f1o\u201d es un rec\u00f3ndito y largo muro que el hombre recorre buscando verdades para su alma y para su vida cultural. No otra cosa realiza Jean Pa\u00fal Sartre en su libro autobiogr\u00e1fico \u201cLas palabras\u201d; Sartre entiende que la literatura es in\u00fatil y necesaria, que la escritura es un juego de espejos y m\u00e1scaras donde la verdad y la ilusi\u00f3n se combinan y se usurpan, s\u00f3lo palabras quedan al final de la vida, all\u00ed rociadas sobre \u201cel viejo edificio en ruinas\u201d que es el cuerpo que ha pasado por la experiencia del vivir y del morir muchas veces. Comparada generalmente con el para\u00edso perdido, la ni\u00f1ez, ciertamente, no es una ingenua y pasmosa paz, al contrario, pero el mismo hombre interpuso para siempre jam\u00e1s los c\u00edrculos de fuego que giran y le impiden la entrada a su propio pasado. Los escritores que escudri\u00f1an en su infancia se convierten en h\u00e9roes. Las palabras son las sendas que han de llevarlo por los t\u00faneles y desv\u00edos, por los abismos y los parajes de tensa calma. Cuando logran vencer los enigmas de los or\u00e1culos, cuando logran apagar las llamaradas de fuego de los dragones que custodian la entrada a su ni\u00f1ez, una condici\u00f3n se torna insalvable, la deformaci\u00f3n del recuerdo, la historia de la historia, el cuento moldeando los hechos.<\/p>\n<p>Es la conciencia de la muerte la que nos lleva a percibir a la ni\u00f1ez como un tiempo calmo del cual se quisiera no haber salido nunca, la ni\u00f1ez es as\u00ed el otro lado de la muralla adulta. El libro de Kafka, Carta al padre, y el de Sartre, Las palabras, tienen mucho en com\u00fan: son biograf\u00edas del reclamo, un tono melanc\u00f3lico y cierta aridez en la memoria; la figura paterna como tapia moral, como impedimento del disfrute de la ni\u00f1ez, del desarrollo de las propias decisiones, dice Sartre: \u201cNo existe el buen padre, es la regla: no cabe reproch\u00e1rselo a los hombres, sino al lazo de paternidad que est\u00e1 podrido. Hacer hijos est\u00e1 muy bien, pero qu\u00e9 iniquidad es tenerlos. Si hubiera vivido, mi padre se habr\u00eda echado encima de m\u00ed con todo su peso y me habr\u00eda aplastado. Afortunadamente muri\u00f3 joven.\u201d De seguro, yo resalto estas relaciones en tanto que edificaci\u00f3n mortificante de la identidad porque tambi\u00e9n mi relaci\u00f3n con la figura de autoridad ha sido problem\u00e1tica y a veces la ausencia del padre ha sido un muro mucho m\u00e1s dif\u00edcil de precisar. Sin embargo, es grato contrastar estos tonos poco festivos con la memoria agradecida de Rafael Alberti, por ejemplo, o la de Henry Miller en \u201cLa hojarasca perdida\u201d y \u201cEl libro de mis amigos\u201d respectivamente. Pero m\u00e1s all\u00e1 de las erosiones rec\u00edprocas que Dios y el hombre se infringen, quiz\u00e1s para convertirse en brocales f\u00e1ciles de saltar, est\u00e1 el problema de la profundidad de los muros, de los que se contin\u00faan hacia abajo en inmensas y r\u00fasticas bases que devuelven al topo e impulsan al hombre a volar sobre sus problemas, no hacia atr\u00e1s ni hacia adelante, sino hacia \u00e9l mismo, hacia adentro y hacia lo intangible. Para el que vuela de esta manera la materialidad de los muros es la ilusi\u00f3n.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/arnaldo-jimenez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Las modificaciones espaciales en el comportamiento de algunos animales no se agotan en estas que he ofrecido aqu\u00ed. Muchas otras habr\u00e1 que ignoro. Entre las que me faltan habr\u00eda que rese\u00f1ar a los sapos y a las ranas que se esconden en ollas y sumideros de agua. A las iguanas mismas que suelen arrastrarse por los muros y a los gatos que en algunas ocasiones delimitan sus territorios dejando el olor de sus cuerpos en muebles y cojines. Es interesante observar que las posturas de los animales, sus ubicaciones en los bordes, sus actitudes fotogr\u00e1ficas, forman parte de lo que he denominado en este ensayo, de manera muy tentativa, la voluntad de belleza. Muchos seres se muestran y se ocultan movidos por esta voluntad, que habr\u00eda que sum\u00e1rsela a los instintos de supervivencia.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> \u00a0\u00a0\u00a0 Luis Alberto Crespo. Antolog\u00eda Po\u00e9tica, 1977, 180. Este poeta, al igual que P\u00e9rez S\u00f3 y Ram\u00f3n Palomares, expresan una especie de po\u00e9tica material en la que las relaciones con los objetos se establecen en el doble juego de la afirmaci\u00f3n por negaci\u00f3n (P\u00e9rez S\u00f3), la afirmaci\u00f3n fabulada (Ram\u00f3n Palomares), y la afirmaci\u00f3n por similitudes en Luis A. Crespo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Rainer Mar\u00eda Rilke. Eleg\u00edas Del Diuno. Monte \u00c1vila Editores. Caracas. 1986,46.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Eugenio Montejo. Antolog\u00eda po\u00e9tica. Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana. Caracas 1994.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Aludimos especialmente al Anti- Edipo (1985) texto fundamental de los autores mencionados en el que afirman que el hombre es una m\u00e1quina deseante que encuentra en las formas perversas y esquizofr\u00e9nicas de la organizaci\u00f3n social capitalista obst\u00e1culos que impiden el desenvolvimiento de los flujos energ\u00e9ticos; as\u00ed, la propiedad privada cuya simb\u00f3lica es indudablemente el muro, la cerca, el aislamiento, es tambi\u00e9n un esquema o parte de la estructura ps\u00edquica del sujeto.<\/p>\n<h6>*Cr\u00e9dito de la foto: https:\/\/www.instagram.com\/geczaintovar\/<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arnaldo Jim\u00e9nez Bordes Las bisagras del mundo. 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