{"id":3479,"date":"2022-02-20T20:43:24","date_gmt":"2022-02-20T20:43:24","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3479"},"modified":"2023-11-29T21:42:17","modified_gmt":"2023-11-29T21:42:17","slug":"chica-cosmo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/chica-cosmo\/","title":{"rendered":"La chica cosmo"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Stefan\u00eda Mosca<\/h4>\n<p>Le ha costado horrores llegar a ser una chica cosmo. Ahora que puede ver su cabello platinado caer en ondas suaves y armoniosas, llenas de brillo las ondas de sus cabellos sobre la espalda. Recogidas espl\u00e9ndidamente por los pliegues exquisitos de su blusa de seda Armani. Bueno, sabemos que no es una Armani Armani ni siquiera de su pr\u00eat-\u00e1-porter. Es una versi\u00f3n de una costurera suya, colombiana, que tiene talleres en una quinta de Prados del Este.<\/p>\n<p>Marlene D\u00edaz acomod\u00f3 el cuello de sutil\u00edsima materia y sin mirarse al espejo aprob\u00f3 su imagen. Perfecta. Acarici\u00f3 el \u00e9ter divino de los logros. Segura, como todos los d\u00edas tras el desayuno y los peri\u00f3dicos, se dedic\u00f3 a revisar su correspondencia. Universidad de la Tercera Edad, rector Ignacio Reyes, presente. Remite: Ministerio de la Familia-Unidades Geri\u00e1tricas. Qu\u00e9 curioso, un \u00e1rbol siempre florece, o qu\u00e9 fatuo dir\u00edamos ya con la acritud que corresponde a nuestro escepticismo.<\/p>\n<p>La diosa, la chica cosmo, abre excitadilla el sobre pues rompe la cadena de sus acostumbradas cartas; s\u00f3lo recibos las m\u00e1s de las veces, y luego los cuatro amantes, los cuatro amigos, las cuatro amigas, las postales de navidad, los saludos, con suerte, una invitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lee en silencio. Preciosa, ligera, livian\u00edsima, como la verdad. El color de oro del atardecer cubre su rostro. El papel blanqu\u00edsimo se mueve suavemente entre sus dedos. Se ve\u00eda pac\u00edfica, apenas sonre\u00eda por el asunto, cuando de pronto una mueca c\u00f3ncava se posesion\u00f3 de su quijada. Bruscamente apart\u00f3 la vista de la carta, y yo cre\u00ed entrever en su rostro una expresi\u00f3n de horror. Se puso de pie lentamente. Algo quebraba la espalda, como si un dolor punzante la tomara por la cintura, como si el calor depositara un peso hormigueante en sus hombros.<\/p>\n<p>\u2014Claro. \u00bfQui\u00e9n puede dudarlo?<\/p>\n<p>Y camin\u00f3 hacia la ventana ya fuera de s\u00ed. Lejana, pret\u00e9rita. Su mirada lanz\u00f3 el vuelo vac\u00edo hacia un lugar donde, puedo sentirlo, sopla un viento de hojas y es la penumbra del tiempo la que apaga la luz de un paisaje inerme. (Los laberintos siempre sorprendentes de la memoria.)<\/p>\n<p>En su casa, aunque se quedaran sin pagar el alquiler, compraban, religiosamente, las revistas de la moda europea en cada estaci\u00f3n. Mi madre era dise\u00f1adora, modista y ten\u00eda un negocio, una boutique (siempre la corrige, perd\u00f3n, la correg\u00eda, ahora es perfecta, ahora es una chica cosmo), y en Astromodas y para salir de la quiebra eran imprescindibles las revistas. Estar en la \u00faltima ola. Pero las del mentado negocio eran revistas exclusivamente de modas, no hab\u00eda texto, sino patrones, no hab\u00eda lecturas ni posturas psicol\u00f3gicas; s\u00f3lo brillaban en esas revistas, Vogue, Elegance, Burda (europea). Stilo, etc., los tejidos sorprendentes de un vestido Dior, Rabanne, Valentino, Quant&#8230; Y la estupenda fotograf\u00eda que congelaba unas goticas de lluvia en los labios peach pastosos y delicad\u00edsimos de la modelo recostada en un Rolls blanco. Cund\u00edan los sombreros, los guantes, esa prenda maravillosa que puede llegar a ser un abrigo. Los maquillajes, los estilos y los cuadros o las flores y la l\u00ednea, el pr\u00edncipe de Gales y el unicolor. Era una exquisitez imposible en la avenida Francisco de Miranda, una aspiraci\u00f3n fatua los s\u00e1bados en la ma\u00f1ana frente al mercado de Chacao. Pero, con sus limitaciones y todo, Marlene D\u00edaz ha llegado a ser una verdadera chica cosmo.<\/p>\n<p>Sabe, por ejemplo, c\u00f3mo tratar a los hombres. Debes hacerlo sentir \u00fanico, admirado, importante, triunfador. No debe nunca tu hombre saber cuan profundamente lo amas. Debe una mostrar y no mostrar. No debe enterarse, especialmente tu hombre o el hombre que tienes en la mira, de tu vida particular, de los breves encuentros, de los azares, de las ausencias, de esos puntos donde eres n\u00e1ufrago, donde Marlene D\u00edaz sale y entra en la compasi\u00f3n, en un vestido rosa, bien almidonado, lleno de farala\u00edtos, por eso odia los faral\u00e1s y las rodillas flacas de sus piernas. Le parece terrible haber sido esa ni\u00f1a al lado de la piedra como adorno de navidad, tan bonita, tan bonita&#8230; No debe saber tu hombre de ese parpadeo donde te transformas, donde pierdes, estando como estamos dotados de una memoria parcial, compartiendo como compartimos no todas las manifestaciones de la especie sino las pocas que tenemos oportunidad de reconocer. Estas vetas de profundidad filosofante en el discurso son tambi\u00e9n, ya podr\u00e1n ustedes presentirlo, fruto de sus lecturas cosmo. Inolvidables las ponderaciones que Miss Delany hac\u00eda semanalmente en su secci\u00f3n \u00abCon el alma en la mano\u00bb.<\/p>\n<p>Fue en el odont\u00f3logo cuando todo empez\u00f3, y sigui\u00f3 y se mantuvo en el ginec\u00f3logo que consultaba a escondidas en la Cl\u00ednica Santiago de Le\u00f3n. S\u00ed, creo que fue en el 73. Ya para ese entonces ten\u00eda novio. Ya para ese entonces quer\u00eda ser otra, la mujer perfecta, la mujer amada. Ya para ese entonces padec\u00eda de los primeros pasos de este camino fantasmal hacia ti, es decir, hacia s\u00ed misma hoy, hacia la chica cosmo.<\/p>\n<p>El dentista ten\u00eda en casa, es decir, en la casa de Marlene, un tratamiento especial, era un personaje prohibido, oculto, evadido, alguien que hab\u00eda desatado el germen de la sospecha entre padre y madre. Alg\u00fan muerto, alg\u00fan desliz, una peque\u00f1a traici\u00f3n descubierta, un secreto. Nunca supo. Pero lo cierto es que mam\u00e1 de sus muelas s\u00f3lo ten\u00eda las ra\u00edces. Por nada del mundo iba al dentista, y si bien estaban un tanto estrechos de \u00abguita\u00bb, no es como para dejarse acabar por una infecci\u00f3n. No obstante, la madre sufr\u00eda dignamente su sacrificio y mostraba pese a todo, repito, una sonrisa llena de luz. Esperaba (es grande su fe, aunque infundada) el d\u00eda en que ser\u00eda redimida, cuando se reconocer\u00e1 que tiene raz\u00f3n, que todo es una calumnia, ella no quiere nada con el dentista, a ella le urge un dentista, como una aspirina o un antibi\u00f3tico, y all\u00ed estaban vivas y casi purulentas las razones (las ra\u00edces). La se\u00f1ora D\u00edaz no argumentaba, padec\u00eda soberbiamente. Y del dentista ni una palabra. Su esposo tuvo una dentadura de acero. Tampoco hablaba sobre el particular.<\/p>\n<p>Sin embargo, la sombra del dentista los persegu\u00eda. El doctor Ch\u00e1vez Castro se hab\u00eda recibido en la facultad de Odontolog\u00eda de la Universidad de La Habana y \u00e9l, su esposa y tres hijos, viv\u00edan en el apartamento de al lado, el 83, con un drama familiar que conmov\u00eda y a la vez llenaba de envidia el coraz\u00f3n ardiente de la Se\u00f1ora D\u00edaz: el peso de una cruz as\u00ed la har\u00eda sublime, \u00a1ay! Si fuera ella, y so\u00f1aba con los estertores de la plenitud, del \u00e9xtasis, de la luz divina. Marlene siempre tuvo la sospecha de que su madre prefer\u00eda verla atrasada mental o paral\u00edtica a verla tal como era, y ahora lo confirmaba. \u00bfC\u00f3mo puede darle poliomielitis a la hija de un doctor?, se preguntaba at\u00f3nita la Se\u00f1ora D\u00edaz. Debe ser voluntad de Dios, afirmaba caritativa.<\/p>\n<p>Gina, la hija menor de los del 83, ten\u00eda diez a\u00f1os y estaba confinada a una silla de ruedas. Era un cuadro de elevado patetismo ante el que la Se\u00f1ora D\u00edaz se extasiaba enormemente. Y no \u2014enti\u00e9ndase bien\u2014 ante el Dr. Ch\u00e1vez Castro, ante el odont\u00f3logo. Nunca ante el dentista.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n insiste, acecha a sus v\u00edctimas eficientemente. Ch\u00e1vez Castro, adem\u00e1s, ten\u00eda su consultorio odontol\u00f3gico en la planta baja del mismo edificio Lucerna, donde viv\u00edamos. En la sala de espera hab\u00eda unas sillitas de semicuero negro, una pegada a la otra en forma de ele y en el centro, bajo la mesa, un revistero.<\/p>\n<p>Llevada por los nobles pasos de la piedad, inspirada por la compasi\u00f3n (si seguimos el relato de la Se\u00f1ora D\u00edaz), Marlene se hizo muy amiga de los hermanitos de Gina. Una tarde, por ejemplo, acordaron encontrarse a la salida del colegio en el consultorio, en la sala de las sillitas negras. Despu\u00e9s har\u00edan juntos la tarea o ir\u00edan a explorar la casa colonial abandonada de al lado, los ruidos de su silencio, las ausencias, los muebles rotos, saqueados, el juego de l\u00e1mpara incompleto, la humedad, ese olor del miedo afuera: igualito al que empieza por dentro cuando ah\u00ed viene y se cristaliza el deseo, tan cerca, ah\u00ed tan posible.<\/p>\n<p>Marlene D\u00edaz se sent\u00f3 en uno de los silloncitos de semicuero negro y como una cliente cualquiera (cliente o mejor dicho paciente que no llegar\u00eda a ser por la prohibici\u00f3n que pesaba sobre la familia como un cruento estigma), acomod\u00f3 la faldita de su uniforme, puso a un lado el bulto como si fuera una fin\u00edsima y delicada cartera de cocodrilo, y estir\u00f3 sus brazos expectantes hacia el paquete de revistas. Fue entonces, ahora no queda la menor duda, cuando por primera vez tuvo una revista Cosmopolitan en las manos. Por primera vez la mujer se le presentaba gozosa adem\u00e1s de bella.<\/p>\n<p>Mujeres diferentes. No eran mu\u00f1ecas. La cara de Bettina, molto carina, no ten\u00eda expresi\u00f3n. Sus ojos azules pintados o con bolitas de pl\u00e1stico, seg\u00fan la versi\u00f3n que le hubiese comprado mam\u00e1, eran unos ojos felices, transparentes, ojos sin nada. Las boquitas sonre\u00eddas y tiernas. Sin calor, secas.<\/p>\n<p>Las mujeres de Cosmopolitan tampoco se parec\u00edan a las amigas de su madre, a su abnegado abandono, a su coloreada insatisfacci\u00f3n, a sus caras untuosas, a sus cuerpos desvanecidos. La chica cosmo, lo demuestran cada una de las portadas, las fotos de cada uno de los reportajes, era una mujer \u00fanica. Una mujer completa. Y lo m\u00e1s importante, la absoluta herencia de los a\u00f1os sesenta, la chica cosmo era una mujer sexy. Marlene no recuerda haber visto una blusa correctamente abotonada en los cuerpos de esas dulces y renovadas ninfas. Sus formas bien ajustadas por las telas exquisitas, los escotes atrevidos, la cintura ce\u00f1ida y los labios, ay los labios de una chica cosmo no pueden ni deben olvidarse. Siempre carnosos, incitadores, llenos de besos para ti.<\/p>\n<p>Cosmopolitan ofrec\u00eda un modelo de mujer alternativo, un modelo preferible. Donde, a cambio de negar las particularidades del cuerpo, de acomodar los bordes in\u00e9ditos de una mujer, sin detenerse en el estilo propio (sic). Adecu\u00e1ndose a las miradas, el maquillaje y los colores de moda, se entraba en los espacios femeninos de la seducci\u00f3n. Ser\u00edan consideradas mujeres, y qu\u00e9 mujeres Dios m\u00edo. Recuerden la serie sobre los orgasmos de la chica cosmo, sobre el normal y hasta saludable h\u00e1bito de la masturbaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La chica cosmo ama su cuerpo, lo cura, lo corrige y lo ofrece a sus amantes, a su amante, y tambi\u00e9n por qu\u00e9 no, a la perenne espera y b\u00fasqueda del Pr\u00edncipe Azul, aunque esta tendencia fuera un tanto criticada por la psic\u00f3loga Eleanor Paz, pues no lograban estas mujeres sino vivir amores irreales y frustrantes, hacer de cada encuentro sexual el primero y el \u00faltimo y con nadie m\u00e1s el placer sino contigo, mi vida, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera&#8230;<\/p>\n<p>A Marlene D\u00edaz las mujeres de su alrededor pronto se le antojaron seres deficientes. Una mujer sin inter\u00e9s. Rompi\u00f3 con ellas, con sus impugnativos modelos, se enfrent\u00f3 a s\u00ed misma y dispuso las fuerzas de su vida, reci\u00e9n empezada, a ser aquello que hab\u00eda encantado e invadido su esp\u00edritu. Ser\u00eda una chica cosmo.<\/p>\n<p>Los hermanos de Gina llegaron tarde porque subieron a ba\u00f1arse antes. Marlene hab\u00eda le\u00eddo hasta la \u00faltima p\u00e1gina de su primera Cosmopolitan. Esa tarde los abord\u00f3 resueltamente.<\/p>\n<p>\u2014Creo que nunca podr\u00e1n olvidarme.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>El principio, por supuesto, es m\u00e1s excitante. Desconocemos las (previsibles) respuestas de los tests. Descubrimos (a\u00fan) cosas sobre \u00abs\u00ed misma\u00bb. C\u00f3mo gustar en New York o si somos ego\u00edstas, egoc\u00e9ntricas, insoportables, especie incapacitada para la relaci\u00f3n amorosa.<\/p>\n<p>Cuan aleccionadores pod\u00edan resultar (cuando apenas hab\u00edamos le\u00eddo unos diez n\u00fameros) los art\u00edculos de la psic\u00f3loga Eleanor Paz, tan feliz y equilibrada ella que, hasta en la foto, de di\u00e1fana que era, ay, no puedo recordarla: su rostro cabal se perd\u00eda en el paisaje. Sus letras, ella misma: (verbo y gracia) Marta y Alberto viv\u00edan en un suburbio de la ciudad de Los \u00c1ngeles. Marta muy joven pero de car\u00e1cter centrado. Prudente y observadora. Marta, de muy buena presencia. Atractiva, en el prototipo de la mujer rom\u00e1ntica. Piel canela y bien contorneada&#8230; No como le est\u00e1 sucediendo a Marlene \u00faltimamente, s\u00ed, a ella, a Marlene D\u00edaz, miren esas fofer\u00edas, los temibles hoyuelos, c\u00f3mo han invadido la piel dorada de sus caderas fuertes de mujer madura.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n han empezado a preocuparle las manos. Toda chica cosmo, bien formada me refiero, debe saber c\u00f3mo tener unas manos angelicales, dulces, acariciables manos de terciopelo, manos de durazno, manos tiernitas, mano sutil y ardiente la de mi amada, manos sudorosas. S\u00ed, resultar\u00eda imperdonable el testimonio de la vejez precisamente en las manos. \u00a1Ay, qu\u00e9 horror!, cada buenos d\u00edas, cada gesto, cada indicaci\u00f3n, cada templ\u00f3n de manos, all\u00ed, las manos como nunca las debe tener una chica cosmo que, adem\u00e1s de saber la multitud de pasos, cremas, movimientos, masajes, tratamientos, la manicure semanal, colores de esmalte, reparadores, endurecedores, anillos, y ese perfume que siempre deben tener las manos justamente en el borde donde se unen a los brazos; \u00a1ay! Los brazos t\u00f3rridos de mi amada. Las manos, y esto lo sabe a pies juntillas cualquier chica cosmo que se respete, las manos tienen l\u00edneas. La quiromancia. El dibujo, la clave del destino en la palma de la mano, inmutable, invariable.<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa sabes que eso es verdad, \u00bfno?: yo me quem\u00e9 aqu\u00ed, en pleno Monte de Venus, mira: nada, todas las rayitas que estaban antes siguen all\u00ed, iguales, aunque la superficie, el contorno de la piel, est\u00e9 en ese sitio m\u00e1s liso, m\u00e1s tirante. La cicatriz bendita.<\/p>\n<p>Cercano al d\u00eda de los muertos, cada a\u00f1o, se dedica al esoterismo un n\u00famero de la revista, de Cosmopolitan, la biblia de las chicas cosmo, la gu\u00eda fundamental, el aprendizaje, el ABC de la existencia femenina, sus tormentos, su higiene personal, sus ropas, sus divorcios, sus opciones de vida, su suerte en el trabajo, su protagonismo perfecto, siempre bien perfectica, y adem\u00e1s, y sobre todo, sensual, por favor, que esta revista la distribuye el Bloque de Armas.<\/p>\n<p>El misterio no s\u00f3lo es femenino, es excitante. Por eso la redacci\u00f3n no se pasa el \u00faltimo trimestre del a\u00f1o sin programar un n\u00famero dedicado a la magia, al ocultismo, a la futurolog\u00eda, al espiritismo, a la astrolog\u00eda y la c\u00e1bala. Sin menospreciar para nada la secci\u00f3n semanal, en la \u00faltima p\u00e1gina de la revista (como al final de la Biblia, el Apocalipsis), dedicada a las artes ocultas, donde se hac\u00edan profec\u00edas, se ensayaba la adivinaci\u00f3n y la receta para los ba\u00f1os de Agua Sortilegio, que mi amiga Cristina confes\u00f3 haber usado con extraordinarios efectos, para encantar de amor. Tambi\u00e9n se preparaban ensalmos seg\u00fan las fases de la luna, se urd\u00edan embrujos y dem\u00e1s consejas por correspondencia. Pero s\u00f3lo en el n\u00famero especial se revelan los secretos del hechizo, las formas, la iniciaci\u00f3n, la destreza, el dominio del misterio. La mirada pose\u00edda del amado.<\/p>\n<p>El n\u00famero nac\u00eda, pues, desde el punto de vista informativo, en tanto que actualidad, de esa ingenua ansiedad que alimenta la idea del fin. No pod\u00eda faltar, por ende, el hor\u00f3scopo, mes a mes, signo por signo, del a\u00f1o venidero. Numerolog\u00eda y, claro est\u00e1, un sint\u00e9tico y fundamental manual de quiromancia. Las l\u00edneas de la mano, su sentido, sus enigmas, sus or\u00e1culos.<\/p>\n<p>Esto explica por qu\u00e9 Marlene D\u00edaz, en alg\u00fan momento, casi como un acto reflejo, lee las manos de sus amantes. Ve la superficie h\u00fameda, la palma larga, sus dedos. Los dedos no importan, todo est\u00e1 en el centro de la mano. La vida, sus percances. Sigue el recorrido de la l\u00ednea del coraz\u00f3n con furiosa expectativa, la posibilidad del dolor, la aflicci\u00f3n de sus estridencias. Aprieta los dientes y se consuela en algunos rastros de amor, en la mengua de la caricia.<\/p>\n<p>\u2014No va a ser ahora. Pero pronto (est\u00e1 escrito) mentir\u00e1s, traicionar\u00e1s, despreciar\u00e1s y cruelmente descalificar\u00e1s las causas que me permitieron entrar en tu vida. Y chao chao con la idea de la pareja tan bonita, tan que vamos a completarnos, mi amor.<\/p>\n<p>Al final, de una manera o de otra, uno termina por decepcionarse de sus amantes. Nunca toman, as\u00ed, Conchitas de naranja para estirar los poros, ni est\u00e1n entre s\u00e1banas de seda, con un bronceado ideal y esa sonrisa, \u00a1ay! La sonrisa de los hombres de una chica cosmo, total plenitud, hombr\u00eda total, \u00a1ay! Los hombres, siempre huelen, siempre se quejan, siempre dominan, siempre son due\u00f1os, siempre nos postergan. \u00a1\u00a1\u00a1Los hombres!!!<\/p>\n<p>Pero cuidado, mucho cuidado; mucho pero mucho cuidado. Este es un error que una chica cosmo nunca debe cometer. Nunca la amargura en la vida de una chica cosmo. Cuidado con su autoestima. Si tiene celulitis, nada: camine, beba agua y haga ejercicios.<\/p>\n<p>Como podr\u00e1n advertirlo es No. Desgraciadamente no. Amiga no, tampoco tenemos la versi\u00f3n chica cosmo suicida. Y adem\u00e1s no s\u00e9 por qu\u00e9 llegar\u00eda usted a esos extremos. Sabemos, claro est\u00e1, lo de Hamlet, \u00abfragilidad tienes nombre de mujer\u00bb. Entendemos esas peque\u00f1as oscuridades. Chica cosmo deprimida. Salga de la depre y cons\u00edgase un novio en el Mediterran\u00e9e de Iguaz\u00fa. Instrucciones.<\/p>\n<p>La chica cosmo obvia los temas escabrosos. \u00bfSer\u00e1 que de la muerte no debe hablarse? &#8230;Pero, fuera de \u00e9se, cualquier otro percance de la naturaleza ser\u00e1 abordado resueltamente. \u00bfUsa lentes?, hay una versi\u00f3n cosmo magn\u00edfica para ustedes, \u00bfes gorda?, tambi\u00e9n las gorditas son cosmo. \u00bfT\u00edmida?, pues Cosmopolitan le dice c\u00f3mo dejar de serlo en diez d\u00edas. Avance amiga, hacia la felicidad, hacia la impecabilidad fluya usted desde este mismo d\u00eda, aunque sea domingo, no se deje aletargar, no se abandone, no haga como todos los domingos que ni siquiera se ba\u00f1a y come panecillos con leche condensada frente al televisor, incorp\u00f3rese. Fin de semana: todo el tiempo es suyo. Tratamiento intensivo de belleza en veinte pasos. (Antes de levantarse est\u00edrese como los gatos, suave e intensamente, despierte uno a uno sus m\u00fasculos, abra la ventana, respire hondo [la empresa no cubre a los usuarios contra accidentes] y tras cumplir con la higiene matutina \u2014enti\u00e9ndase dientes, cuello, cara y manos\u2014, escoja una ropa c\u00f3moda y as\u00ed, desnuda frente al espejo, empiece la sesi\u00f3n de gimnasia que ilustramos en la p\u00e1gina siguiente. \u00bfAlgo de sudor? Correcto, ahora es el ba\u00f1o; este paso es fundamental, llene su ba\u00f1era de agua caliente a la que le a\u00f1adir\u00e1 un pu\u00f1ado de sal marina y aceites de olor, un gel y sum\u00e9rjase en ella como una reina, rel\u00e1jese, el tiempo es suyo. Luego puede aprovechar el vapor para realizar un peeling rel\u00e1mpago en su rostro y cuidar las durezas de sus pies y&#8230;) Uno por uno, estos pasos la elevar\u00e1n al ed\u00e9n de la recuperaci\u00f3n total y el lunes, querida amiga, todo quedar\u00e1 cumplido. Su ascenso, su matrimonio.<\/p>\n<p>La chica cosmo sabe exactamente lo que quiere su hombre, es decir, sentirse bien, y no podr\u00eda uno sentirse muy bien que digamos con el cuerpo de lo grotesco entre los dientes. Marlene D\u00edaz mantiene sus inquietudes, sus angustias, en silencio, las encubre tras una espl\u00e9ndida sonrisa, toda ella trasl\u00facida, encantadora, pl\u00e1cida y bals\u00e1mica. Una mujer como un oasis, como usted la quiere. Siempre viva de brillo la boca. Sus labios bien demarcados. No hay cosa m\u00e1s pavorosa (tambi\u00e9n s\u00edntoma de la deplorable vejez femenina) que las bocas pintadas m\u00e1s all\u00e1 de sus bordes verdaderos. Por all\u00ed, querida amiga, se cuela el carm\u00edn (como dec\u00eda una muy cursi y ponzo\u00f1osa rival m\u00eda), y las l\u00edneas verticales (para no pronunciar esa perniciosa palabra: arrugas), amenazando el borde liso de sus labios, quedan en evidencia y ser\u00e1 mejor que no hable ni tampoco sonr\u00eda demasiado, s\u00f3lo as\u00ed: la boca medio muerta, como sosteniendo el peso de sus carnes algo cansadas y sobre todo, querida amiga, falta de ox\u00edgeno, usted no conoce la Completion Reactive System de Est\u00e9e Lauder, pues llame de inmediato a Mar\u00eda Cristina Escobar y todo les ser\u00e1 revelado.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s, nunca, por ninguna raz\u00f3n debe usted dejar que su conquista la vea, tampoco su marido (si quiere conservarlo), ninguna chica cosmo debe dejar que \u00e9l, en la situaci\u00f3n que sea, al principio o al final del romance, \u00e9l no debe verla, por ninguna circunstancia y esto llega a tener los visos de un dogma, \u00e9l no debe verla as\u00ed, maquill\u00e1ndose. Si sucede, todo estar\u00e1 perdido.<\/p>\n<p>Acu\u00e9rdese amiga, sus armas son los secretos, lo oculto. La tramoya no llega a verse ni en el teatro realista (\u00bfo mucho menos en el teatro realista?; qu\u00e9 l\u00edo con las tendencias, por eso me dediqu\u00e9 a esta chica cosmo, por mis dificultades filol\u00f3gicas, digamos).<\/p>\n<p>\u00c9l siempre la debe ver con los dientes lavados, y bien cuidados, las coronas en un sitio por favor, ocultas, bien ocultas. Y esos pelitos de la barbilla exterminados por completo, totalmente extra\u00eddos, desde la ra\u00edz, y por supuesto, querida m\u00eda, jam\u00e1s de los jamases se le ocurra a usted afeitar esos pelitos. Ese puede resultar el primer gesto de su decadencia, despu\u00e9s nunca m\u00e1s podr\u00e1 llegar a ser una chica cosmo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, la libertad! \u2014hab\u00eda exclamado una noche intensa Marlene D\u00edaz frente al espejo, mientras sus dedos esparc\u00edan, con sutiles golpecitos, la loci\u00f3n Extra Advanced Intensive Difference en sus p\u00e1rpados y en el fr\u00e1gil entorno de los ojos.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Una vez culminado el adiestramiento, se hizo in\u00fatil volver al espejo: el resultado segu\u00eda all\u00ed, imperturbable. Su sonrisa, su modo de agradarle a usted, su cabello recogido pulcramente, la boca carmes\u00ed, los ojos corregidos por delineadores y sombras, sus ojos almendrados gracias a las t\u00e9cnicas aprendidas en Cosmopolitan. Su nueva personalidad acabada, alcanzada hasta en sus m\u00ednimos detalles, reproducida y vivida en la ortodoxia de las doctrinas. Irrefutable. Abrumadoramente y por todos los costados Marlene D\u00edaz era una chica cosmo. Cerr\u00f3 los ojos y durmi\u00f3, aunque vac\u00eda, pl\u00e1cidamente esa noche.<\/p>\n<p>Las formas de la memoria la llevan sin evoluci\u00f3n real del final al principio de los tiempos. Su cara de ni\u00f1a y su cara de ahora: con la pregunta entre los dientes. \u00bfEs usted una chica cosmo? La conciencia ser\u00e1 plena luz, como han dicho siempre, pero los corredores blancos son pulcros, claros, sin vacilaciones, rectos, dirigidos hacia las puertas; los corredores blancos son el camino de la perfecci\u00f3n y nada se halla en ellos: su vac\u00edo, si abstraemos la imagen, puede dejarnos en la estupefacci\u00f3n.<\/p>\n<p>La vida erosionaba las cosas a su alrededor, pero Marlene prefiri\u00f3 no pensar en ello. Haber llegado le confiere esa suma libertad; ya no tiene que querer ser una chica cosmo. Pronto la jubilar\u00e1n de la empresa donde ascendi\u00f3 a voluntad. Su divorcio le ense\u00f1\u00f3 el sentido del alivio. Lleva todo eso puesto, los h\u00e1bitos, las im\u00e1genes del amor, f\u00f3rmulas para la salud mental, una dieta, ejercicios y un sistema para lograr alcanzar sus deseos. Deseos que ya no son los suyos, poco le importa tostarse al sol en una playa antillana recostada sobre los hombros bronceados de un tipo de pel\u00edcula. Prefiere la soledad. Los ejercicios la cansan, y disfruta el aire libre en la quietud. No le preocupan sus ojeras y a veces, quisiera no haberse operado la nariz. Lleva las u\u00f1as cortas y muy raramente se las pinta. Se ha vuelto met\u00f3dica. Prefiere los trajes de l\u00edneas simples, en tejidos naturales y transparentes. Le gusta el mar, la soledad y Caracas al atardecer. Maneja sin pretender arrollar a nadie. No compite. No sigue rigurosamente, paso a paso (como debe hacerse si queremos tener \u00e9xito), ning\u00fan tratamiento de belleza.<\/p>\n<p>Es probable que las arrugas le impidan delinear sin tacha sus ojos, pero Marlene no lo nota, siempre lo ha hecho correctamente. Ya no duda de la realidad. La realidad es como su voluntad y no vacila. Repite, d\u00eda a d\u00eda, sus rituales cosmo. Y cuando ha pasado el tiempo suficiente frente a la ventana, y siente la soledad crujir en su entorno, tejiendo las im\u00e1genes inconexas de la memoria, cierra los ojos: sabe que tiene sue\u00f1o.<\/p>\n<p>La poltrona mullida recibe su cuerpo como el de un p\u00e1jaro armonioso y vibrante. Esta tristeza de hoy la favorec\u00eda notablemente. Acaso \u00e9l, un sof\u00e1 cualquiera, un objeto, tenga la fortuna de ver una l\u00e1grima suya, fervorosa. El resquicio de su alma en aquella pena de hoy. A\u00fan ten\u00eda la carta en sus manos, con esa pregunta resaltada en amarillo, en negritas, escrita a m\u00e1quina por qui\u00e9n sabe qu\u00e9 secretaria del Ministerio de la Familia-Unidades Geri\u00e1tricas, Ciudad. Una licenciada se hac\u00eda responsable del asunto. Digna Confirmaci\u00f3n (El garabato nervioso denotaba una anonimia preocupante).<\/p>\n<p>\u2014\u00bf\u00a1Que si yo soy una chica cosmo!? \u2014Y Marlene D\u00edaz supo, en un instante, acaso pavorosamente, como en el v\u00e9rtigo de una pesadilla, que hab\u00eda dejado de serlo.<\/p>\n<p>Las revistas de modas Vogue, Burda, Elegance, amarillentas, deshojadas. Los estantes desarmados, los espejos astillados; quedaba poco del bendito negocio. Se mudaron del edificio Lucerna. No ten\u00edan nada. Eustaquio D\u00edaz jur\u00f3 que no morir\u00eda en la miseria y, secretamente, acumul\u00f3 qui\u00e9n sabe c\u00f3mo, una peque\u00f1a fortuna. La soledad del abandono se acomod\u00f3 al lado de la ni\u00f1a Marlene. Todos se han marchado.<\/p>\n<p>Pero no le teme al fin. Nadie puede negarla, alguien que como ella ha alcanzado un absoluto, la perfecci\u00f3n, ser una chica cosmo, no puede temerle a ese asunto&#8230; A los rostros menguados, agrietados y herrumbrosos de sus amigos, de sus conocidos, de esas otras personas que, desde hace ya m\u00e1s de veinte a\u00f1os, la vemos transcurrir por los pasillos del edificio Pascal. Marlene es mi vecina de la Torre A y un d\u00eda de estos le dir\u00e9 que me atrev\u00ed a proponer la escena final de mi historia.<\/p>\n<p>El resto de la carta, con el logo de un \u00e1rbol impreso en un burdo papel de lino, era una oferta de trabajo de la UTE.<\/p>\n<p>Se aclaraba, entre otras cosas, que el empleo pod\u00eda ser desempe\u00f1ado justamente por personas jubiladas. Marlene D\u00edaz cerr\u00f3 la ventana y acept\u00f3 sin complejos el cargo de Relacionista P\u00fablico de todos los geri\u00e1tricos e instituciones afines del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Sus d\u00edas han seguido pl\u00e1cidos. Sale con menos frecuencia, es cierto, por el ruido. Pero sin falta, acude a su trabajo. Llega a cada una de las casas hogar o ancianatos o recintos, lamentables algunos (pero ella tampoco lo nota, todo a su alrededor debe ser bello) que hay en el pa\u00eds. Llega ella, su perfume un poco antes, como el m\u00e1s dulce de los presagios. Su vestido di\u00e1fano como el aire. Y al cruzar la entrada de la sala de reuniones, sonr\u00ede espl\u00e9ndidamente. Los viejitos quedan ligeros despu\u00e9s de una hora de esa sonrisa, de esos labios dici\u00e9ndoles c\u00f3mo son los labios de los dioses. Les cuenta, una y otra vez, sus haza\u00f1as. De c\u00f3mo logr\u00f3 adelgazar quince kilos en diez d\u00edas. De c\u00f3mo extirp\u00f3 ese animal de mil cabezas llamado celulitis. De c\u00f3mo baj\u00f3 hasta el v\u00e9rtigo de la inconsciencia en el sauna para la renovaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>Los colores de la aurora dibujan rosa un preclaro amanecer. Ellos se asombran, la admiran. Debe haber sido suprema, exquisita, dorada. Poco importa que el mundo la niegue y el reflejo insolente muestre otra realidad. Como los dioses, Marlene se halla en el Olimpo de la perfecci\u00f3n y puede darse el lujo de ser contradictoria. A veces se duerme en mitad de la escena. No importa: los viejitos deciden lo mismo. Y ya nadie habla.<\/p>\n<h3><strong>El sapo<\/strong><\/h3>\n<p>Persigue un espejo amable en los recodos del pantano. En la musgosidad de las piedras. Busca una deformidad afuera que corrija la implacable precisi\u00f3n del lago. El sapo salta \u00e1gil como si fuera una gacela, y su croar es para un sapo \u2013cualquiera que se respete\u2013, el canto mejor para ofrecerle a la indiferente luna. La luna de los poetas y de los amantes rosa. La luna, imponderable. La luna de plata, la luna yerma, la luna incre\u00edble de Neil Armstrong con su cursi banderita en la mano. La luna, la diosa de las mareas y de las creaturas en junio. La luna, sola, destacada, seductora, voluble. La luna: el paisaje de mis noches, y las del sapo, que canta hermoso como se siente y salta para apartar el reflejo de las aguas tranquilas y transparentes, y busca en las turbias su rostro mejor. Porque desde un principio, desde el primero y \u00faltimo y todos los que faltan, el sapo se enamora un buen d\u00eda de la luna, no puede olvidarla y muere melanc\u00f3lico en un salto imposible.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/stefania-mosca\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6>*Publicado en: leamoscuentosycronicas.blogspot.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Stefan\u00eda Mosca Le ha costado horrores llegar a ser una chica cosmo. Ahora que puede ver su cabello platinado caer en ondas suaves y armoniosas, llenas de brillo las ondas de sus cabellos sobre la espalda. Recogidas espl\u00e9ndidamente por los pliegues exquisitos de su blusa de seda Armani. Bueno, sabemos que no es una Armani [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3480,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3479"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3479"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3479\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9702,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3479\/revisions\/9702"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3480"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}