{"id":3449,"date":"2022-02-15T23:33:06","date_gmt":"2022-02-15T23:33:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3449"},"modified":"2023-11-24T18:33:45","modified_gmt":"2023-11-24T18:33:45","slug":"sobre-el-modernismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sobre-el-modernismo\/","title":{"rendered":"Sobre el modernismo"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez<\/h4>\n<p>En medio a la general confusi\u00f3n individualista, contradictoria y an\u00e1rquica del arte moderno, se pueden, a mi modo de ver, descubrir y determinar, como caracteres de lo que se ha venido llamando modernismo en arte y literatura, dos tendencias predominantes y constantes que, siempre en harmon\u00eda, discurren por cauces fraternales y paralelos, cuando no se entrelazan y confunden, hasta quedar las dos, en un principio separadas y distintas, convertidas en una sola.<\/p>\n<p>Una de ellas es la tendencia a volver a la naturaleza, a las primitivas fuentes naturales, tendencia que no es propia del solo modernismo, como no lo ha sido ni lo es de ning\u00fan especial movimiento y escuela de arte, porque es causa primera y patrimonio de todas las revoluciones art\u00edsticas fecundas. Taine se\u00f1ala esa tendencia cuando, al hablarnos de los j\u00f3venes de cuerpo y esp\u00edritus sanos que pasan por los di\u00e1logos de Plat\u00f3n, encuentra en ellos al hombre primitivo, no desligado todav\u00eda de sus hermanos inferiores las otras criaturas, risue\u00f1o y sencillo como el agua, hacia el cual nos volvemos con amor cada vez que nuestra civilizaci\u00f3n nos cansa y nos perturba con los delirios de su fiebre.<\/p>\n<p>En vez de j\u00f3venes de Plat\u00f3n, o de la antig\u00fcedad, o de hombre primitivo, digamos la naturaleza, y con esta oscura y perenne tendencia a volver a la naturaleza y a la vida, comenzaremos a penetrar el misterio de las m\u00e1s felices renovaciones del arte.<\/p>\n<p>En la reacci\u00f3n de los Primitivos contra el arte bizantino, vence este anhelo de remontar a las l\u00edmpidas fuentes primordiales, de volver a contemplar la naturaleza con claros ojos infantiles, despu\u00e9s de haberla visto falseada por los temores milenarios y las visiones de la vida asc\u00e9tica, falseada y hasta reemplazada por la sombra de aquellos negros y monstruosos Cristos de r\u00edgidos brazos interminables, cuya t\u00e9trica silueta se ve pesando todav\u00eda sobre el arte espontaneo, fresco y divino del Giotto.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de los castos m\u00e1rmoles helenos, hermanos de las almas que discurren por los di\u00e1logos de Plat\u00f3n, el arte del Renacimiento volvi\u00f3 a la naturaleza y a la vida. Pero en vez de sostener la unidad originaria de la tendencia a que dio patent\u00edsimo relieve y remate, el Renacimiento consagr\u00f3 la exclusiva soberan\u00eda de la forma, como sucede en ciertas madonas rafaelescas de belleza casi r\u00fastica, a expensas del candoroso elemento espiritual que, a modo de interno lirio de luz, florece en las creaciones de los Primitivos y de los grandes artistas del quattrocento.<\/p>\n<p>Si hubo alguna vez un impulso que nada ocultase de morboso, un buen impulso o deseo de convalecencia precursor de la salud, fue aquel de los pintores modernos llamados prerrafaelistas que se hurtaron a la f\u00e9rula pseudo-cl\u00e1sico, para volver a la infantil edad prerrafa\u00e9lica, adivinando con perspicua intuici\u00f3n, en los pintores de esa edad, almas ingenuas, transparentes y puras, ba\u00f1adas en los propios manantiales de la vida. La naturaleza hablaba sin esfuerzo al trav\u00e9s de estas almas, como sin obst\u00e1culos de extra\u00f1a mediaci\u00f3n, y cada palabra suya arraigaba y se vest\u00eda de eterna primavera. Sin embargo, si se acerc\u00f3 de una parte a la naturaleza, al rejuvenecer y reencender su ideal de la pintura en el arte juvenil de los Primitivos, de otra parte el prerrafaelismo incipiente, creyendo tal vez afirmar la ben\u00e9fica tendencia de su origen, tuvo \u00e9xito contrario, y m\u00e1s bien se alej\u00f3 de la naturaleza, cuando quiso reproducir en el paisaje los m\u00e1s m\u00ednimos particulares de la piedra, del arbusto y de la hoja. Su nimiedad pueril de los pormenores fue semejante al error del naturalismo literario que, en su escr\u00fapulo hist\u00f3rico del dato, del documento o del hecho, lleg\u00f3 a confundir la naturaleza con el detalle, e imagin\u00f3, con s\u00f3lo un c\u00famulo de vanos detalles, representar el movimiento de la vida. Al cabo la pintura, con los \u00faltimos prerrafaelistas, como tambi\u00e9n la literatura despu\u00e9s de varios tanteos o ismos, desde el simbolismo remoto a los naturismos recientes, en su doble reacci\u00f3n contra el falso naturalismo y contra el dogmatismo cient\u00edfico imperante, se libertaron del error, y pudieron, limpias de toda mancha, regresar a la naturaleza, cuando entrevieron que la naturaleza est\u00e1, m\u00e1s bien que en el detalle o en el hacinamiento de inn\u00fameros detalles, en la ingenuidad y la sencillez, caracteres que por s\u00ed solos har\u00edan del modernismo un perfecto renuevo del clasicismo puro, a no ser aquel otro car\u00e1cter de intensidad impreso al arte modernista por la violencia de vida de nuestra alma contempor\u00e1nea, ansiosa y compleja. En este concepto modernista del arte, un detalle solo, interpretado con sobrias l\u00edneas harmoniosas que expresen el triple car\u00e1cter de sencillez, ingenuidad e intensidad, puede, como una flor la primavera, compendiar toda la esencia de la vida.Y si a la intensidad propia de nuestra vida de hoy, si a la sencillez y la ingenuidad reconquistadas por la tendencia a volver a la naturaleza, agregamos los caracteres de la tendencia paralela o hermana, que es una indisputable tendencia m\u00edstica, tendremos todos los rasgos principales del modernismo verdadero, o si se quiere del modernismo como algunos lo entendemos y amamos, tal como balbucea y canta en el verso de Verlaine, tal como surge con voz cristalina de surgente en la prosa de Maeterlinck, tal como enguirnalda con lirios de candor la santa y dulce gloria de Genoveva en los frescos de Puvis de Chavannes.<\/p>\n<p>Las dos tendencias, la tendencia a volver a la naturaleza y la tendencia al misticismo, aparecen juntas en las \u00e9pocas de feliz renovaci\u00f3n del arte y del sentimiento religioso. Puede la simult\u00e1nea aparici\u00f3n comprobarse en la historia, desde el punto mismo en que el arte albore\u00f3 con albura de m\u00e1rmoles bajo el cielo ateniense: En tanto que, a la luz del \u00c1tica, la naturaleza canta en el casto coro impecable de los m\u00e1rmoles, muchos de los mitos que estos m\u00e1rmoles representan, hallan su int\u00e9rprete cabal en el verbo contempor\u00e1neo de Plat\u00f3n, el \u00fanico de los antiguos fil\u00f3sofos a quien se ajusta sin violencia nuestro moderno concepto del m\u00edstico.<\/p>\n<p>El mismo suave consorcio de esencia m\u00edstica y de amor a las cosas naturales m\u00e1s frescas e ingenuas, como son las flores, los p\u00e1jaros y los nifios, embalsama la vida de Jes\u00fas, de acuerdo con su obra, ya \u00e9sta la consideremos revolucionaria de la religi\u00f3n y la moral hebreas, ya apenas veamos en Jes\u00fas al poeta, y s\u00f3lo estudiemos el Evangelio como nuevo canon de poes\u00eda a la serena luz desapasionada del arte.<\/p>\n<p>Pero nunca se manifest\u00f3 el doble y simult\u00e1neo impulso con tanta limpieza y vigor, como durante aquella larga primavera de religi\u00f3n y de arte que empez\u00f3 en el siglo trece, cuando el viejo esp\u00edritu del Evangelio reapareci\u00f3 restaurado y coronado en la vida pura de Francisco de As\u00eds. La religi\u00f3n degenerada, corrompida y moribunda, se libr\u00f3 de la muerte, porque la azucena de As\u00eds rescat\u00f3 los pecados de la p\u00farpura guerrera y orgi\u00e1stica de Roma. La t\u00e9trica pesadilla bizantina huyo al mismo tiempo del arte, con sus fealdades y monstruos atormentados de rigideces, ante el nuevo y fuerte soplo de vida. Cuando las florecitas del Santo rompieron a perfumar los corazones, fue como si s\u00f3lo entonces los artistas empezaran a ver las otras criaturas y las cosas naturales, porque todo el arte de esa \u00e9poca guarda la infantil expresi\u00f3n de aquellos \u00e1ngeles de Carpaccio que, a los pies de la Madona y desde el vago balc\u00f3n de las nubes, abren los ojos llenos de c\u00e1ndida maravilla sobre el espect\u00e1culo de la tierra.<\/p>\n<p>Del universal amor del Santo por todas las cosas y criaturas, nace una especie de misticismo pante\u00edsta, o m\u00e1s bien de pante\u00edsmo lleno de unci\u00f3n m\u00edstico-religiosa, con que el arte sorprende la esencia de la Vida. Apenas el arte encuentra un puro anhelo m\u00edstico dentro del m\u00e1s puro y ferviente amor de la naturaleza, cuando la vida se deshace en rosas y linos inmaculados bajo las manos del Giotto, casi inconscientes y r\u00fasticas. Los frescos ingenuos, donde con ingenuo pincel nos cuenta el Giotto la vida serena del Santo, son en el arte de la pintura la lilial anunciaci\u00f3n de la vida. Desde ese momento, a las repugnante representaciones bizantinas del hombre, suceden m\u00e1s reales y nobles representaciones humanas. Ya Jes\u00fas no es el Cristo monstruoso cuyos largos brazos repugnan en vez de atraer, y amenazan en vez de bendecir: es un Jes\u00fas en harmon\u00eda con la dulzura y el candor del Evangelio, el jardinero del m\u00e1s fresco jard\u00edn en que apacentaron su esp\u00edritu los hombres, jardinero ideal a cuyos pasos la tierra se cubre de margaritas y lirios, como el Jes\u00fas vestido de jardinero que el Beato Ang\u00e9lico nos pint\u00f3 apareci\u00e9ndose a Magdalena en un fresco min\u00fasculo del convento de San Marco.<\/p>\n<p>El nuevo Jes\u00fas prepara y empieza en la pintura un tipo nuevo de belleza que tendr\u00e1 su expresi\u00f3n insuperable en el Jes\u00fas maravilloso del Vinci. Y, paralelamente al tipo del Jes\u00fas, nace, y luego va perfeccion\u00e1ndose en la obra de los artistas, el tipo de la Madona, que m\u00e1s tarde vaciar\u00e1n en molde \u00fanico Bernardino Luini, Correggio y Rafael.<\/p>\n<p>Alrededor de esos nobles tipos, y como su acompa\u00f1amiento m\u00e1s harm\u00f3nico, se agita y vive un coro de criaturas leves y graciosas, que ponen la sonrisa de la naturaleza en el t\u00edmido ensayo primero del paisaje. De hojas, frutos y p\u00e1jaros, el Ghirlandajo teje las guirnaldas con que \u00e9l circunscribe y aten\u00faa la tr\u00e1gica expectaci\u00f3n de la \u00faltima Cena; detr\u00e1s de una de sus Madonas, alza el primer Bellini un \u00e1rbol, en cuya copa se complace con tan extrema nimiedad infantil, que se la podr\u00eda suponer la m\u00e1s n\u00edtida y acabada copa de cedro, si el pensamiento del pintor no hubiera sido, como es probable, hacer de ella una ingenua evocaci\u00f3n de catedrales y bas\u00edlicas, por su redondez categ\u00f3rica de c\u00fapula; y suave y r\u00e1pidamente, a partir de la visi\u00f3n cuasi beat\u00edfica del Giotto, ahond\u00e1ndose en la perspectiva del Ghirlandajo, dilat\u00e1ndose por praderas en flor como la pradera de margaritas del Ang\u00e9lico, el paisaje va creciendo y afirm\u00e1ndose, hasta que, lleno de harmon\u00eda, de aire y luz, rompe a re\u00edr con gentil desenfado ante los triunfos de la muerte, en el b\u00edblico paisaje semitropical con que Benozzo Gozzoli alegra y enciende los muros del Campo santo de Pisa.<\/p>\n<p>A la natural progresi\u00f3n de la doble tendencia en el segundo Renacimiento, corresponde una ascensi\u00f3n progresiva y luminosa del arte. Mientras la tendencia a volver a la naturaleza va, refin\u00e1ndose, a cumplirse en la perfecci\u00f3n de la forma, la tendencia m\u00edstica va, depur\u00e1ndose, a un misticismo lleno de gracia y fineza, como es al decir de Pater el misticismo de Leonardo, misticismo que ha perdido su religiosidad, si lo estimamos con el criterio de las religiones positivas, pero haci\u00e9ndose religioso en otro sentido m\u00e1s universal y profundo. Leonardo lo extrae de s\u00ed propio y del alma de la naturaleza, y luego lo esparce por la faz de su obra, y como si fuese el alma de la obra, en la luz de una sonrisa. Es la misma sonrisa que a trav\u00e9s de toda la obra de Leonardo, como la luz del d\u00eda hasta su triunfo en la m\u00e1s alta cima del oriente, va progresando y subiendo a florecer en la sonrisa de la Gioconda. Es la misma sonrisa de los lagos y de los mares, la sonrisa ambigua que nuestro miedo ha calumniado de traidora, convirti\u00e9ndola en un s\u00edmbolo de la perfidia, cuando ser\u00eda lo justo hacer de ella la po\u00e9tica cifra de nuestra ignorancia, o lo que de ella hizo Leonardo, y es en definitiva igual cosa: la art\u00edstica enunciaci\u00f3n del eterno misterio.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed las dos tendencias marcharon siempre en equilibrio, sosteniendo al arte en su divina ascensi\u00f3n; pero, deshecho este equilibrio, todav\u00eda durante el segundo Renacimiento, cuando una de las tendencias prospero a expensas de la hermana, y la exclusiva predominancia de la forma retrajo el misticismo a lo accesorio, a la superficie, a las vanas representaciones formales del asunto, se inici\u00f3 la decadencia del arte, inmediatamente visible en la tercera manera y en los disc\u00edpulos de Rafael.<\/p>\n<p>Iguales vicisitudes y evoluci\u00f3n muestran las dos tendencias en el arte literario. En la literatura cl\u00e1sica espa\u00f1ola, acusada por los mismos espa\u00f1oles de \u00e1rida y seca, de indiferente a la gracia de las cosas naturales, el m\u00e1s puro amor a la naturaleza coincidio con la m\u00e1gica florescencia de la M\u00edstica. Nunca el sentimiento amoroso de la naturaleza alcanz\u00f3 tan suave y honda ternura como en el S\u00edmbolo de la Fe de Luis de Granada. Tan sincera y c\u00e1lida es la ternura de amor que empapa con sangre de poes\u00eda las p\u00e1ginas del S\u00edmbolo de la Fe, que cerca de este libro, y a pesar de sus muchos defectos que son los errores de la ciencia de su edad, resultan afectados, p\u00e1lidos y fr\u00edos, todos cuantos libros engendr\u00f3 m\u00e1s tarde el entusiasta amor de la naturaleza, despu\u00e9s del advenimiento de Juan Jacobo. Enfadoso y pedantesco parece y es el Genio del Cristianismo, cuando se ha platicado con la ara\u00f1a y la abeja y todas las criaturas en el huerto de candores de Fray Luis de Granada.<\/p>\n<p>La trascendental revoluci\u00f3n filos\u00f3fico-literaria de Rousseau, que seg\u00fan los cr\u00edticos dio puesto al paisaje de la literatura, se distingue precisamente por la tendencia a volver a la naturaleza, y por la tendencia al vuelo m\u00edstico, pues el amor a la vida y a las cosas naturales andaba siempre, en Rousseau y en su doctrina, aliado a cierto de\u00edsmo religioso, al que no falt\u00f3 para volar con alas de misticismo puro sino olvidar todo resabio protestante de Ginebra.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de quedar por largo espacio divorciadas u ocultas, las dos tendencias han vuelto a reaparecer claras y acordes en el arte modernista.<\/p>\n<p>Modernismo en literatura y arte no significa ninguna determinada escuela de arte o literatura. Se trata de un movimiento espiritual muy hondo a que involuntariamente obedecieron y obedecen artistas y escritores de escuelas desemejantes. De or\u00edgenes diversos, los creadores del modernismo lo fueron con s\u00f3lo dejarse llevar, ya en una de sus obras, ya en todas ellas, por ese movimiento espiritual profundo.<\/p>\n<p>Anunciado por la pintura de los prerrafaelistas ingleses en su reacci\u00f3n contra el pseudoclasicismo, el arte modernista se deline\u00f3 y afirm\u00f3 cuando simbolistas y decadentes reaccionaron con doble reacci\u00f3n en literatura contra el naturalismo ilusorio y contra el cientificismo dogm\u00e1tico. Naturalmente, los primeros observadores no se percataron del movimiento profundo, sino de su fen\u00f3meno revelador, de su manifestaci\u00f3n m\u00e1s aparente y externa, que fue una fresca esplendidez primaveral del estilo. De ah\u00ed que haya quienes vean todav\u00eda en el modernismo algo superficial, una simple cuesti\u00f3n de estilo, ya sea una modalidad nueva de \u00e9ste como quieren algunos, ya sea una verdadera man\u00eda del estilismo, como grotescamente se expresan los autores incapaces de estilo, que es como si dij\u00e9ramos los eunucos del arte. En realidad s\u00ed hubo y hay una cuesti\u00f3n de estilo, y hasta una completa evoluci\u00f3n del estilo, si s\u00f3lo tenemos en cuenta el modernismo espa\u00f1ol y quitamos a esta \u00faltima palabra su limitaci\u00f3n peninsular, para volverla a su debida amplitud, suficiente a contener toda la raza repartida por Espa\u00f1a y Am\u00e9rica. En tal sentido es de observar, y bueno es decirlo porque muchos afectan desconocerlo, c\u00f3mo se dio el caso de una especie de inversa conquista en que las nuevas carabelas, partiendo de las antiguas colonias, aproaron las costas de Espa\u00f1a. De los libros reci\u00e9n llegados por entonces de Am\u00e9rica, la cr\u00edtica militante peninsular dec\u00eda que estaban, aunque asaz bien perge\u00f1ados, enfermos de la man\u00eda modernista. Semejante expresi\u00f3n, equivalente de la otra ya apuntada o man\u00eda del estilismo, se reprodujo varias veces en Espa\u00f1a, bajo la pluma de un conocido profesional de las letras.<\/p>\n<p>Pero esta evoluci\u00f3n del estilo, digna de estudiarse en el modernismo espa\u00f1ol, puede tenerse por vana contingencia cuando se estudia el modernismo en general y su alma profunda, nutrida, por dos corrientes incontrastables, una de las cuales da al estilo su ingenuidad y sencillez, mientras la otra le da savia y fuerza m\u00edsticas.<\/p>\n<p>Misticismo en literatura no siempre es, aunque lo sea algunas veces, misticismo religioso. Pero si el misticismo literario no siempre es religioso en el concepto religioso corriente, nunca es, como pretende el sabio de la especie mental de Nordau, el modo de ver de la ignorancia y la man\u00eda, es decir un modo de ver nebuloso, inconexo y confuso. Misticismo es, al contrario, clara visi\u00f3n espiritual de las cosas y los seres.<\/p>\n<p><em>Oh, se\u00f1or licenciado, y cuanto huelgo<\/em><\/p>\n<p><em>de ver su reverendo personaje;<\/em><\/p>\n<p><em>que soy amigo de hombres virtuosos<\/em><\/p>\n<p><em>y que sepan el alma de las cosas&#8230;<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed dice el fingido loco, protagonista de Los locos de Valencia de Lope de Vega, al m\u00e9dico de la casa de orates. En realidad no es el m\u00e9dico, no es el sabio, sino el poeta o el artista quien sabe el alma de las cosas. Cuanto m\u00e1s alto el poeta o el artista, es tanto mayor la fuerza de adivinaci\u00f3n con que \u00e9l penetra el alma de los seres, y aun el alma de las cosas en apariencia inanimadas. Y misticismo literario es la evidente revelaci\u00f3n, en literatura, de esa fuerza por cuya virtud el poeta sabe descubrir, extraer, y en serena belleza representarnos, lo que hay de espiritual en el hombre y en su obra, o en la planta y en su flor, o en el m\u00e1s humilde ser y en su destino.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de las grandes \u00e9pocas m\u00edsticas, desde la Italia de Francisco de As\u00eds, desde los tiempos de Ruysbroeck el Admirable y del misticismo espa\u00f1ol, no, habla cuajado el misticismo tan abundante y florida cosecha como esta vez, en la cima de la literatura contempor\u00e1nea. Comienza con Ruskin y Pater a encender los ojos miopes de la cr\u00edtica. En filosof\u00eda estalla con ins\u00f3lita fuerza: En muchas p\u00e1ginas de Die Fr\u00f6hliche Wissenschaft, en la divina crueldad formidable del sobrehombre, bajo los rasgos de Zarathustra, y en toda la obra nietzscheana se encierra un poderoso misticismo, que s\u00f3lo aparenta oponerse, porque es id\u00e9ntico en el fondo, al misticismo que pudi\u00e9ramos apellidar plat\u00f3nico de Carlyle. En poes\u00eda ensaya todas las actitudes y formas: Ya es religioso, pero invertido, como el inverso misticismo sat\u00e1nico de Baudelaire; ya es un misticismo ingenua e infantilmente religioso, como el del verso verlainiano; ya, por \u00faltimo, es un misticismo exento de religiosa limitaci\u00f3n, desinteresado por completo, como el misticismo de Maeterlinck. Pintoresco y gracioso en los poemas de Dante-Gabriel Rossetti, en los que apenas contin\u00faa el misticismo naciente y exterior de la primera pintura prerrafaelista, sigue siendo exterior desde el punto de vista literario, si bien desde otro punto de vista ya lo es menos, bajo los trascendentales empe\u00f1os de revoluci\u00f3n social en lbsen, y de renovaci\u00f3n evang\u00e9lica en Tolstoi, hasta hacerse m\u00e1s hondo y medular, a medida se desinteresa en absoluto, como en el claro misticismo del gran poeta belga.<\/p>\n<p>Tal vez no existe una sola obra fuerte en la literatura de hoy, donde no se pueda rastrear por lo menos una vaga influencia m\u00edstica. Aun aquellos grandes escritores menos inclinados por su naturaleza al misticismo, han tenido o tienen un momento m\u00edstico en su obra. En las V\u00edrgenes de las Rocas vivi\u00f3 su momento m\u00edstico D&#8217;Annunzio, y este momento m\u00edstico de su obra, por l\u00f3gica inflexible y secreta, coincidi\u00f3 con la cumbre de su arte. Y as\u00ed como D&#8217;Annunzio antes de hacer su obra de vanidad en Il Fuoco, despu\u00e9s de su obra de vanidad Oscar Wilde vivi\u00f3 un momento m\u00edstico supremo en su final De Profundis. Digo momento m\u00edstico supremo, porque este momento m\u00edstico de Oscar Wilde recogi\u00f3 en s\u00ed toda la esencia de un largo momento hist\u00f3rico. Adem\u00e1s de ser el sincero y hondo grito que es, como pocos ha exhalado jam\u00e1s el coraz\u00f3n humano, el De Profundis tiene dentro del arte modernista, por su intensidad, casta belleza y penetraci\u00f3n, el car\u00e1cter de un evangelio. Nunca fue m\u00e1s clara y perfecta la visi\u00f3n m\u00edstica del arte y de la vida. Ni tampoco nunca se expres\u00f3 con m\u00e1s fuerza la pura aspiraci\u00f3n m\u00edstica del poeta y del hombre: The Mystical in Art, the Mystical in Life, the Mystical in Nature.<\/p>\n<p>Aunque haya todo un grupo de escritores dignos de citarse, no citar\u00e9 sino a dos maestros, para decir c\u00f3mo surge la aspiraci\u00f3n m\u00edstica en la m\u00e1s moderna literatura espa\u00f1ola:<\/p>\n<p>En Rub\u00e9n Dar\u00edo empieza, con poemas como El reino interior de Prosas profanas, recordando el suave y delicioso misticismo de ciertas pinturas prerrafaelistas. Luego cobra aquel perfume y frescor de espontaneidad que esparcen algunos de los Cantos de Vida y Esperanza del maestro.<\/p>\n<p>En la prosa noble se manifiesta con \u00edmpetu de revelaci\u00f3n bajo la pluma de Valle-Incl\u00e1n. Sin pararnos a hurgar la tersa filiaci\u00f3n m\u00edstica del estilo de esta prosa, hallaremos en la Sonata de Primavera toda una primavera de m\u00edsticos perfumes. En esta Sonata, el misticismo, unas veces tierno y puro como el coraz\u00f3n de las v\u00edrgenes que encantan el jard\u00edn se\u00f1orial con la flor tempranera de sus gracias y la m\u00fasica suave de sus nombres, pasa a ser otras veces un tanto baudelairiano o diab\u00f3lico, y entonces encarna en el destino protervo que, alrededor de una de esas v\u00edrgenes, hermanas de las V\u00edrgenes de D&#8217;Annunzio, va describiendo y cerrando su ronda maldita. Libre de reminiscencias d&#8217;annunzianas, y a pesar de cierto dejo de iron\u00eda y de la infatuaci\u00f3n donjuanesca, un aliento m\u00edstico m\u00e1s puro llena la incomparable Sonata de Oto\u00f1o.<\/p>\n<p>Tales prosas y poemas, y otros muchos poemas y prosas cuya sola enumeraci\u00f3n ya ser\u00eda muy larga, a\u00fanan a la sencillez y la ingenuidad, caracteres de la vuelta a la naturaleza, por lo menos un vago anhelo m\u00edstico. A nuestros ojos comparecen en la escena del Arte, semejantes a las v\u00edrgenes que se revelan a Santa Oria en los versos candorosos del candoroso Gonzalo de Berceo: Todas tres llevan en la diestra, como en sedoso y albo nido, sendas palomas blancas: y mientras posan en la tierra los pies, todas, con movimiento un\u00e1nime, tienden sus diestras al cielo, como para hac\u00e9rselo propicio con la c\u00e1ndida ofrenda pascual de sus palomas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez En medio a la general confusi\u00f3n individualista, contradictoria y an\u00e1rquica del arte moderno, se pueden, a mi modo de ver, descubrir y determinar, como caracteres de lo que se ha venido llamando modernismo en arte y literatura, dos tendencias predominantes y constantes que, siempre en harmon\u00eda, discurren por cauces fraternales y paralelos, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3450,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3449"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3449"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3449\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3451,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3449\/revisions\/3451"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3450"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3449"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3449"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3449"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}