{"id":3443,"date":"2022-02-15T21:40:18","date_gmt":"2022-02-16T02:10:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3443"},"modified":"2024-11-29T16:29:27","modified_gmt":"2024-11-29T20:59:27","slug":"cesar-suppini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cesar-suppini\/","title":{"rendered":"C\u00e9sar Suppini"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Por: Celso Medina<\/h4>\n<p>C\u00e9sar Suppini public\u00f3 en 1987\u00a0<em>Comenzar a morir<\/em>, un poemario que traza los caminos esenciales de su po\u00e9tica, caracterizada por un uso mist\u00e9rico de la imagen. Luego en 1988 edita\u00a0 <em>Pozo de cuervos<\/em>\u00a0y en 1996, <em>Hasta el cielo se cansa<\/em>. De Varios condimentos est\u00e1n hechos los poemas que conforman esos libros: de memoria, de silencios, del embelezo por su ciudad, cuya imagen se corporiza\u00a0 de la mano de su peculiar producci\u00f3n on\u00edrica.<\/p>\n<p>Luego nuestro poeta public\u00f3\u00a0<em>El olvido de Dios<\/em>,\u00a0editada en la Colecci\u00f3n Poes\u00eda Venezolana, por la Editorial El Perro y la Rana, del Ministerio de la Cultura. Toda la obra de Suppini est\u00e1 hecha de un reflexionar a\u00f1ejado. No olvidemos que fue a los 57 a\u00f1os cuando da a conocer su primer poemario. De modo que este libro viene a corroborar los rasgos iniciales que hemos venido observando en su po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Tendr\u00edamos que decir que C\u00e9sar Suppini es un poeta de lo regional, no regionalista. Por supuesto, Suppini es un gran lector; sus poemas contienen muchas alusiones a sus lecturas, pero lo primero que lee el poeta es a su ciudad. Su poes\u00eda levanta la topograf\u00eda de esta regi\u00f3n. Pero ese mapa invita a un recorrido espiritual. El\u00a0 viaje hacia el Matur\u00edn suppiniano requiere de una preparaci\u00f3n inici\u00e1tica; porque, como buen lector de Rimbaud, nuestro poeta ve a la ciudad con los ojos del vidente, o con la angustia de aquel Virgilio que busca un para\u00edso, que sabe perdido del todo, pero que vive del empe\u00f1o por so\u00f1arlo cotidianamente.<\/p>\n<p>Pero C\u00e9sar Suppini es un poeta que parece escribir su poes\u00eda no con palabras sino con cincel. De la piedra real ha venido elaborando un imaginario, que creci\u00f3 sin apuros, pero con firmeza. \u00bfDe qu\u00e9 est\u00e1 hecha esa piedra que sirve de sost\u00e9n a la po\u00e9tica de Suppini? Un paseo por ese \u00faltimo poemario puede ofrecernos algunas claves que nos permita acompa\u00f1ar a ese impenitente viajero hacia la ra\u00edz gen\u00e9sica de Matur\u00edn.<\/p>\n<p>A pesar de su poeticidad, los poemas de Suppini se alimentan de la an\u00e9cdota tel\u00farica. Es decir, en sus poemas su tierra natal, Matur\u00edn, se cuenta a s\u00ed misma; y eso muestra al poeta en la plenitud de su sentir. No es descartable la impronta surrealista del poeta Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez. Recordemos que el autor de\u00a0Elena y los elementos\u00a0fue su profesor en el famoso Liceo Sanz, y junto a Lira Sosa y Jes\u00fas Rafael Zambrano, entre otros, fue objeto del revulsivo impulso de un poeta que ven\u00eda de experimentar con los escritores del grupo Mandr\u00e1gora, de Chile. Pero nuestro maturin\u00e9s no es un surrealista ortodoxo; su poes\u00eda se alimenta de memoria, no es presentista, como suele ser la poes\u00eda del surrealismo. Tal vez lo que rescata\u00a0 Suppini de ese movimiento es la t\u00e9cnica de urdir im\u00e1genes de azogue, que moldean la realidad a manera de sue\u00f1os.<\/p>\n<p>En su pr\u00f3logo (\u201cPo\u00e9tica de la poes\u00eda\u201d), se quiere dejar sentado de antemano la ideolog\u00eda est\u00e9tica: \u201cLa poes\u00eda es el infinito salto mortal\/El auto exorcismo perpetuo\u201d. Con ese concepto de muerte que debi\u00f3 haber bebido de los simbolistas (en especial de Lautremont), hace de \u00e9l la principal gu\u00eda que lo pasea por una topograf\u00eda donde todo se transforma para vivir el diario trasmutar de la vida. La noche prevalece; pero no la noche rom\u00e1ntica, recargada de dramatismo; no, su noche es jolgorio, cuyos voceros vitales son los p\u00e1jaros silenciosos, que anotan la voz de las casas, inventariando la memoria de una ciudad que s\u00f3lo se hace presente en una oscuridad luminosa.<\/p>\n<p>Es importante fijarse en c\u00f3mo el poeta se funde en esa topograf\u00eda. Es la ciudad la que adquiere su voz para contarse. El tiempo no es una flecha recta, sino una l\u00ednea que fluct\u00faa. El poemario que estamos ahora leyendo es, entonces, una amalgama de ecos, que utiliza al poeta s\u00f3lo como m\u00e9dium. Una de esas voces dice:<\/p>\n<p><em>Mis antepasados dec\u00edan que las casas hablaban<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y cantaban<\/em><\/p>\n<p><em>Que eran hechas de un barro portentoso color de vino<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y de tristeza<\/em><\/p>\n<p>Barro y vino; tierra, ra\u00edz y la ebriedad que se adquiere al beber los misterios de la ciudad: ellos son los elementos impulsores de ese viaje a la arcadia maturinesa, que poetiza C\u00e9sar Suppini. A pesar de las invocaciones permanentes a la muerte, el infierno no existe. La ciudad es un permanente para\u00edso. Su existencia m\u00e1s que f\u00edsica, es memorial. Y las voces que la refractan hablan de un pasado que se presentiza permanentemente para potenciar ese para\u00edso ideal. Veamos esta semblanza al abuelo, para corroborar esa fe de Suppini:<\/p>\n<p><em>Mi\u00a0 abuelo era alto y delgado como una palma<\/em><\/p>\n<p><em>Ten\u00eda la frente ampl\u00edsima de pensador<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 o de poeta<\/em><\/p>\n<p><em>Amaba la casa<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 los \u00e1rboles<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 las aves canoras<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y las cosas viejas<\/em><\/p>\n<p><em>Era laborioso y silencioso<\/em><\/p>\n<p>Labor y silencio. Trabajar, hacer que la tierra para sus frutos y conversar con ella desde su silencio. En una visi\u00f3n definitivamente ecol\u00f3gica,\u00a0 este poemario se inclina por o\u00edr el mundo como una orquesta de voces. Tal vez pudi\u00e9ramos relacionar esta visi\u00f3n, con la po\u00e9tica cu\u00e1ntica de Basarab Nicolescu, para quien la vida es un cotidiano milagro. Suppini ve nacer todos los d\u00edas la ciudad; la ve forjarse desde ese espacio on\u00edrico. As\u00ed la cuenta:<\/p>\n<p><em>Esta ciudad oscura<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 desbocada<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 ciega<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 hiperest\u00e9tica<\/em><\/p>\n<p><em>Que cierra los pasos y olvida las estrellas<\/em><\/p>\n<p><em>Que resume el destino en el dorso de sus calles<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 empavonadas y felices<\/em><\/p>\n<p><em>En la que el hombre construye<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 d\u00eda y noche<\/em><\/p>\n<p><em>bellos laberintos para perderse<\/em><\/p>\n<p><em>Esta ciudad abierta<\/em><\/p>\n<p><em>Hace brillar al sol las l\u00e1pidas y los recuerdos<\/em><\/p>\n<p><em>Y derrama ceniza de su tiempo<\/em><\/p>\n<p><em>a punta de destellos y milagros<\/em><\/p>\n<p>La ciudad de C\u00e9sar Suppini es un laberinto son\u00e1mbulo; no la ve, la sue\u00f1a. El poeta tiene por casa el cosmos. Su poes\u00eda vive jugando a los sue\u00f1os, algunas veces toca las trompetas del Apocalipsis para levantar su ciudad de una nada productora. Una de sus voces define as\u00ed su morada:<\/p>\n<p><em>Mi casa est\u00e1 lejos de todo<\/em><\/p>\n<p><em>Navega la noche son\u00e1mbula<\/em><\/p>\n<p><em>(\u2026)<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qui\u00e9n sabe en qu\u00e9 orilla de la Nada<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 queda mi casa!<\/em><\/p>\n<p>Importante esa nada que se nombra con una may\u00fascula; porque se nos antoja que est\u00e1 vinculada a su permanente invocaci\u00f3n a la muerte. El poeta, pues, se postula como semilla, que debe morir para dar vida. Y la Nada es ese vac\u00edo gen\u00e9sico, que hace que su ciudad c\u00f3smica sea un eterno renovarse.<\/p>\n<p>Pero el poeta no diluye su imaginaria ciudad en abstracciones. Y para que no quede duda titula un poema \u201cMatur\u00edn\u201d. Lo primero que define como su material constructivo es la piedra: \u201cMatur\u00edn es una piedra salvaje del tama\u00f1o del coraz\u00f3n\/sacudida levemente en los polvos que derrama un Tiempo remoto\u201d. \u00a0Siguiendo con su pr\u00e9dica ecologista, Suppini idealiza su ciudad como una confederaci\u00f3n de sedimentos, como la tierra que se a\u00f1eja con un tiempo que no es s\u00f3lo historia sino espacio matrimoniado. Su ciudad c\u00f3smica participa de un erotismo mineral; por ello<\/p>\n<p><em>La piedra se dejaba herir por los fuegos y madurar<\/em><\/p>\n<p><em>en la fronda de las tempestades<\/em><\/p>\n<p><em>Los brillos recibieron el aleteo incesante de las aguas<\/em><\/p>\n<p><em>para que las r\u00e1fagas solares<\/em><\/p>\n<p><em>calcinaran sus orillas<\/em><\/p>\n<p><em>y reventaran en alud de espejos en los silencios de la selva<\/em><\/p>\n<p><em>tupida de araguaneyes, apamates, ceibas, jabillos y chaguaramas<\/em><\/p>\n<p>Matur\u00edn es altar de piedra; diosa que fabrica el poeta no para venerar sino para hundirse en ella. No quiere que la ciudad sea un trazo absoluto, sino un espacio que se exorciza cotidianamente para gozar: \u201caturdida por el azar de los tiempos\/Silenciosa y pura como una bandada fugaz\u201d.<\/p>\n<p>Volviendo a la impronta surrealista en C\u00e9sar Suppini, uno pudiera hallar cierta alquimia en los poemas de este autor maturin\u00e9s. Recordemos que los alquimistas hicieron so\u00f1ar a los minerales; inculcaron en ellos una vocaci\u00f3n de hibridez. De modo que el hierro so\u00f1aba con ser oro, no por su af\u00e1n de riquezas, sino por su b\u00fasqueda de pureza. Nuestro poeta procura hacer metapoes\u00eda, al decirnos que \u201cEl poema corto es como un silbido\/un destello\u201d. Pero es tambi\u00e9n un \u201c\u00f3nix puro de los sue\u00f1os\u201d. \u00bfPor qu\u00e9 este poeta construye su imaginaria Matur\u00edn a partir de la imagen de la piedra? \u00a0\u00bfPor qu\u00e9 no trabaja con esa emblem\u00e1tica materia vegetal que se evidencia en su paisaje? Tal vez por el af\u00e1n alquimista del poeta, por su deseo de hacer que su ciudad tenga un coraz\u00f3n de piedra so\u00f1adora, que vive en permanente metamorfosis.<\/p>\n<h4>Poes\u00eda<\/h4>\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/hasta-el-cielo-se-cansa\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Hasta el cielo se cansa<\/a><\/p>\n<h6>Fuente: http:\/\/celsomedina.blogspot.com\/2019\/10\/cesar-suppini-la-ciudad-y-su-alquimia.html<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Celso Medina C\u00e9sar Suppini public\u00f3 en 1987\u00a0Comenzar a morir, un poemario que traza los caminos esenciales de su po\u00e9tica, caracterizada por un uso mist\u00e9rico de la imagen. Luego en 1988 edita\u00a0 Pozo de cuervos\u00a0y en 1996, Hasta el cielo se cansa. 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