{"id":3362,"date":"2022-02-12T22:02:19","date_gmt":"2022-02-12T22:02:19","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3362"},"modified":"2023-11-24T18:34:06","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:06","slug":"la-perdida-de-la-tradicion-eugenio-montejo-y-la-busqueda-de-blas-coll","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-perdida-de-la-tradicion-eugenio-montejo-y-la-busqueda-de-blas-coll\/","title":{"rendered":"La p\u00e9rdida de la tradici\u00f3n: Eugenio Montejo y la b\u00fasqueda de Blas Coll"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Juan Crist\u00f3bal Castro<\/strong><\/h4>\n<p>Quien haya le\u00eddo El Cuaderno de Blas Coll (1981) de Eugenio Montejo puede ser v\u00edctima de una extra\u00f1a impresi\u00f3n. Su protagonista, un tip\u00f3grafo de las Islas Canarias, propone una serie de curiosas reformas para cambiar el castellano. En principio, no pareciera ser sino un inofensivo ejercicio de imaginaci\u00f3n gramatical, un juego de variaciones lexicales y sem\u00e1nticas, de aforismos en torno al idioma y sus posibilidades; desde Puerto Malo, el personaje busca enmendar algunos equ\u00edvocos del idioma, ciertos elementos que considera discordantes o poco efectivos. Sin embargo, en sus reflexiones hay un exceso, una saturaci\u00f3n de su econom\u00eda correctiva que hace que ese trabajo genuino se convierta en una desquiciada labor, cercana a la locura y al absurdo. \u201cSu tentativa algo disparatada apunta nada menos que a la modificaci\u00f3n de la lengua, tratando de recomendar f\u00f3rmulas m\u00e1s sucintas\u201d, explica el autor en una entrevista (Guti\u00e9rrez, 2008). Pero estas \u201cf\u00f3rmulas sucintas\u201d son, para quien haya le\u00eddo el libro de Montejo, un eufemismo; lo que se propone, como dije, es completamente desproporcionado, radical, imposible: reformar la lengua al punto de llevarla a su propia anulaci\u00f3n. En cierto modo lo que hace el tip\u00f3grafo de Puerto Malo no es sino revivir toda una herencia intelectual, propia de ciertas reflexiones que se dieron en las rep\u00fablicas latinoamericanas, de crear una lengua americana. En este sentido, es verdad que es muy tentador vincularlo a los proyectos de Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, a quien cita por cierto como uno de sus ejemplos, o al mismo Xul Solar, quien aparece de manera indirecta en algunas propuestas que lucen muy parecidas; pero tambi\u00e9n es importante tener en claro que su prop\u00f3sito se circunscribe al castellano: a retomarlo y replantearlo, nunca a eliminarlo.<\/p>\n<p>No hay, sin embargo, un sistema definido que pueda darle curso a su programa de cambio. Tampoco hay un proyecto coherente y racional que pudiera al menos articularlo claramente para quienes se interesen por \u00e9l, fijado en enunciados precisos. S\u00f3lo hay ocasionales observaciones y propuestas, escondidas en discontinuos fragmentos, impresiones y reflexiones que no pasan de ser atisbos de ideas algo arbitrarias y personales. Con todo, se puede advertir cierta l\u00f3gica en este deseo, un orden secreto en sus fantas\u00edas de transformaci\u00f3n ling\u00fc\u00edstica, que nos puede dar luces sobre la particularidad de su b\u00fasqueda. Para explicarla, eso s\u00ed, se hace necesario considerar algunos elementos.<\/p>\n<p>Primero que nada, su proyecto parte de una voluntad de correcci\u00f3n sin igual: Blas Coll propone algunas observaciones para enmendar el castellano; una voluntad que entra y sale del texto en una especie de <em>mise en ab\u00eeme<\/em>, contaminando todo en ese \u00e1nimo de perfecci\u00f3n: el editor y recopilador de sus trabajos a su vez glosa, comenta y corrige sus heter\u00f3clitas anotaciones y, finalmente, el mismo Montejo escribe y reescribe la obra en diferentes versiones. Segundo, su propuesta tiene una fuerte presencia gramatical, con claras referencias al espa\u00f1ol, que busca llevar a cabo un nuevo pacto entre la letra y la voz, y entre realidad y escritura. Tercero, Coll, el autor, cuyo nombre es un acr\u00f3nimo de Crist\u00f3bal Col\u00f3n y su origen es canario, basa sus indagaciones en una tradici\u00f3n que se reinicia en el siglo XX con Men\u00e9ndez Pidal y sigue su herencia con Henr\u00edquez Ure\u00f1a y Reyes. Y cuarto, su principal motivaci\u00f3n linda con tentativas po\u00e9ticas, e incluso \u00e9ticas, tomando como ejemplo reflexiones de Mallarm\u00e9 o Kraus: quiere, al mismo tiempo que limpia la lengua de su herencia cat\u00f3lica \u2013y su remanentes escol\u00e1sticos y castizos\u2013, hacerla m\u00e1s precisa, m\u00e1s abierta y, aunque parezca parad\u00f3jico, m\u00e1s po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Su b\u00fasqueda verbal se mueve entonces dentro de una doble tensi\u00f3n: entre una aspiraci\u00f3n de cambio y una necesidad de origen, entre una cr\u00edtica abierta a la tradici\u00f3n filol\u00f3gica y unos \u201ctopos\u201d que reviven parte de su l\u00f3gica. Es novedad y vuelta a las fuentes, distensi\u00f3n po\u00e9tica y retracci\u00f3n gramatical; movimiento que se abre y cierra a la vez: s\u00edstole y di\u00e1stole. Sin duda, se trata de una especie de utop\u00eda verbal retroactiva, por decirlo de alguna manera, ya que solo recorriendo sus or\u00edgenes es que puede prometer un nuevo para\u00edso. \u00bfC\u00f3mo explicar entonces esta desquiciada y contradictoria tentativa, tomando en cuenta todos estos elementos?. Para dar con una respuesta propongo una exploraci\u00f3n que busca salir y entrar del texto, as\u00ed como pensar un poco sobre las condiciones de su producci\u00f3n -es decir, m\u00e1s que su contexto hist\u00f3rico, los discursos que se dieron para las fechas de su publicaci\u00f3n-, sin dejar de lado por supuesto las mismas convicciones ver- bales de su propio autor, art\u00edfice de esta curiosa boutade ling\u00fc\u00edstica<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>En este sentido, para ser franco, busco proponer una mirada distinta a la que han enarbolado las lecturas tradicionales de la obra de Montejo, que no sea ni propiamente literaria, ni exclusivamente cultural o hist\u00f3rica, sino que se mueva en las franjas de ambas disciplinas, contamin\u00e1ndose de una y otra sin complejos, prejuicios o miedos. Pero antes de empezar con ello, considero importante comentar un poco lo m\u00e1s obvio: la obra.<\/p>\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n<p>El cuaderno de Blas Coll est\u00e1 conformado por anotaciones, sentencias, aforismos de un supuesto tip\u00f3grafo que ha inventado Montejo. No tiene un car\u00e1cter org\u00e1nico; el libro se ha ido diseminando en diversas reescrituras. Es as\u00ed un verdadero <em>work in progress<\/em>, a la manera del Monsieur Teste (1896) de Val\u00e9ry, que pone en evidencia la exigencia del poeta venezolano quien pocas veces queda satisfecho con cada versi\u00f3n; pero tambi\u00e9n pone en evidencia algo fundamental: el car\u00e1cter fragmentario e imposible de la b\u00fasqueda de Coll. No hay, pues, en la obra ninguna l\u00f3gica narrativa que muestre una secuencia normal de acontecimientos; solo se trata de anotaciones de Coll que dej\u00f3 al morir. Su humor es evidente; como advierte Francisco Rivera en un viejo texto que escribir\u00e1 en la revista Zona Franca (1979): \u201cse inscribe, desde su mismo comienzo, en la tradici\u00f3n de la iron\u00eda rom\u00e1ntica\u201d (Ulises y el laberinto, 71).<\/p>\n<p>La obra est\u00e1 estructurada en tres partes. La primera es una introducci\u00f3n donde el editor ficticio nos explica su trabajo de trascripci\u00f3n, y las dificultades que tuvo para hacer tangible el conjunto de pensamientos del tip\u00f3grafo. \u201cNo todo en ellos, por desgracia, puede descifrarse, y entre lo poco que re\u00fano, albergo la duda de no haber conseguido la lectura m\u00e1s esclarecedora\u201d, se nos dice (8). La segunda parte est\u00e1 constituida por el grupo de anotaciones del mismo Coll, que se intercalan con comentarios del editor ficticio: \u00e9stos aparecen en letras it\u00e1licas, para diferenciarse de las opiniones del tip\u00f3grafo y buscan especificar el contexto de sus reflexiones.<\/p>\n<p>Al final, se incluye una tercera secci\u00f3n: se trata de otro cuaderno de Blas Coll llamado \u201cCatalejo\u201d, conformado por aforismos. Una vez m\u00e1s, al principio de esta secci\u00f3n, vemos aparecer en escena la figura del editor que nos analiza la obra y nos da informaci\u00f3n sobre su publicaci\u00f3n; paulatinamente, en las siguientes publicaciones del texto, Montejo ir\u00e1 a\u00f1adiendo otras secciones que incluyen poemas de los disc\u00edpulos de Coll.<\/p>\n<p>Blas Coll, por lo que nos dice el texto, es un tip\u00f3grafo, exiliado espa\u00f1ol de las islas Canarias, que decidi\u00f3 recluirse en el pueblo de Puerto Malo, un lugar inventado que queda en la costa del oriente venezolano. Muri\u00f3 al menos veinte \u00a0a\u00f1os despu\u00e9s de haber publicado sus reflexiones, en completo anonimato y considerado por los habitantes de Puerto Malo como un loco. Su obra estuvo desperdigada por diversas partes y nadie le prest\u00f3 mayor atenci\u00f3n. Solo se sabe que ten\u00eda un taller, que se reun\u00edan con sus contertulios (\u201clos col\u00edgrafos\u201d) para hablar de literatura, y que quer\u00eda reformar el espa\u00f1ol y proponer una nueva lengua. No es casual que su periplo de vida en Venezuela coincida con el momento en que se va produciendo uno de los m\u00e1s vertiginosos procesos de modernizaci\u00f3n de Latinoam\u00e9rica, donde el pa\u00eds se va reconfigurando de una manera abiertamente radical<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. Por otro lado, no hay que olvidar que desde esas fechas hasta los a\u00f1os cincuenta es donde se constituyen los partidos pol\u00edticos y sus programas, as\u00ed como toda la literatura que luego se va a convertir en el canon fundamental de la naci\u00f3n: R\u00f3mulo Gallegos, Teresa de la Parra, Andr\u00e9s Eloy Blanco, Enrique Ber- nardo N\u00fa\u00f1ez. De igual modo, tambi\u00e9n esas fechas coinciden con la inmigraci\u00f3n de espa\u00f1oles, portugueses e italianos que vendr\u00e1n a Venezuela para tener una vida mejor, como el caso del mismo padre de Montejo.<\/p>\n<p>Por otra parte, quienes conocen la obra del poeta Montejo saben que Blas Coll es, como el \u00c1lvaro Campos de Pessoa o el Juan de Mairena de Antonio Machado, un personaje inventado que sale de las dimensiones del texto y se coloca casi como un doble del escritor. Sin embargo, a diferencia del poeta portugu\u00e9s, en este caso no hay una patolog\u00eda que imponga su perfil: Montejo, el ser humano, no cree en la existencia real de su criatura. Lo que no quiere decir que no represente para \u00e9l una profunda reflexi\u00f3n sobre el car\u00e1cter dual de nuestra existencia: \u201cEl heteronimista se vale de su alter-ego para frecuentar su identidad desde una zona donde el yo es y no es el yo\u201d (130), explica el escritor en La ventana oblicua (1974). Tambi\u00e9n la heteronimia representa un espacio para conjugar las po\u00e9ticas de la tradici\u00f3n literaria venezolana. En el taller de tipograf\u00eda se reun\u00edan varios seguidores de Blas Coll. All\u00ed estaba Tom\u00e1s Linden, poeta escandinavo, Sergio Sandoval, autor de coplas, Lino Cervantes, autor vanguardista, y Eduardo Polo, creador de poemas para ni\u00f1os<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>De igual modo, no habr\u00eda que dejar de lado el pensamiento de Blas Coll. Su reflexi\u00f3n est\u00e1 enmarcada, como dije, bajo par\u00e1metros gramaticales y ortogr\u00e1ficos. Profesa, en este sentido, lo que alguna vez \u00c1ngel Rosenblat llam\u00f3 \u201cfetichismo de la letra\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. Pero no lo hace para seguir fielmente sus dict\u00e1menes, sino por el contrario para subvertirlos. Relee anacr\u00f3nicamente la tradici\u00f3n para expurgar sus \u201cpecados\u201d de rigidez y culpa y proponer una depuraci\u00f3n que la conecte de nuevo con la realidad presente. As\u00ed lo define Eugenio Montejo en una entrevista con Floriano Martins: \u201cLa obsesi\u00f3n principal de Blas Coll consiste en suponer que nuestra lengua, por el influjo del cristianismo durante su consolidaci\u00f3n, enarna cierta propensi\u00f3n a la penitencia\u201d (427); y, despu\u00e9s, agrega: \u201cSeg\u00fan \u00e9l, su sistema procura abolir en todo trance el esp\u00edritu libre de las lenguas paganas, por ello reproduce una inconsciente b\u00fasqueda de castigo, que \u00e9l cree identificar en la extensi\u00f3n de la palabra y en la poca ligereza de algunas estructuras\u201d (427).<\/p>\n<p>Su b\u00fasqueda de econom\u00eda verbal no es un mero acto de asepsia puritana, ni de nostalgia casticista. No tiene que ver con un deseo conservador de orden olig\u00e1rquico y se\u00f1orial, de reificaci\u00f3n de un principio esencialista y aut\u00e9ntico. Todo lo opuesto: la depuraci\u00f3n est\u00e1 conectada con lo heterog\u00e9neo, propio de las \u201clenguas paganas\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Es verdad que Coll busca volver a los or\u00edgenes de la letra para intentar reinstaurar su vieja hegemon\u00eda, pero lo hace no para volver a una fuente esencial, pura, del idioma y fundar as\u00ed una autoridad castiza o aristocr\u00e1tica, sino para rescatar ese espacio inicial donde la palabra no hab\u00eda sido todav\u00eda apropiada del todo por el castellano y estaba contaminada por otras lenguas y pr\u00e1cticas, mostrando acaso una gran disponibilidad y riqueza en sus posibles formas de expresi\u00f3n<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>.<\/p>\n<p>Por otro lado, quiero insistir en el tema de la letra. El hecho de que Blas Coll sea canario, lugar donde hubo una de las grandes inmigraciones espa\u00f1olas a las costas de Am\u00e9rica Latina \u2013especialmente en Venezuela\u2013 desde la colonia, y se desempe\u00f1e en un taller de tipograf\u00eda no es casual: su obsesi\u00f3n con el idioma castellano y con la escritura alfab\u00e9tica est\u00e1n estrechamente relacionados. M\u00e1s a\u00fan, si sabemos no s\u00f3lo que, como apunt\u00f3 Benedict Anderson en Imagined Communities (1985), nuestros procesos de independencia estuvieron enmarca- dos por el auge de la imprenta peri\u00f3dica, sino que la misma Am\u00e9rica Latina fue producto del alfabeto; podr\u00edamos decir as\u00ed que, parafraseando a Fredrich Kittler, la obra de Coll est\u00e1 enmarcada en el \u201cnetwork de 1800\u201d donde sobresal\u00eda la cultura alfab\u00e9tica y sus instituciones educativas<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo explicar entonces esta obsesi\u00f3n por restituir el poder de la letra, desde una depuraci\u00f3n que termina casi neg\u00e1ndola por completo? Creo que ex- plorando mejor los discursos que se est\u00e1n dando para el tiempo en que el autor escribe la obra es que podemos encontrar alguna respuesta. Hagamos entonces una peque\u00f1a digresi\u00f3n, y salgamos del texto por un momento.<\/p>\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n<p>Muchos ya conocen esta historia. Para el momento en que Montejo escribe la obra, en los a\u00f1os ochenta, se empiezan a dar los primeros s\u00edntomas de la crisis del estado nacional venezolano con el llamado \u201cviernes negro\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>. El panorama no pudo ser m\u00e1s desolador. El gran pa\u00eds petrolero, modelo de democracia para muchos en Latinoam\u00e9rica, empieza a tener serios problemas para satisfacer las demandas de inclusi\u00f3n de sus ciudadanos, y su discurso nacionalista con tintes terrenales comienza a desinflarse<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. A partir de ese momento de declive es cuando arranca el periplo editorial de la obra del poeta; si bien su autor no particip\u00f3 activamente en estas protestas, no quiere decir por ello que haya rehuido de este sentimiento de desgaste del estado nacional que se estaba viviendo; por el contrario, como veremos m\u00e1s adelante, \u00e9ste se manifestar\u00e1 de otro modo dentro de su obra. La otra crisis tiene que ver con los legados de la \u201cletra\u201d. Para esas fechas se ver\u00e1 la definitiva masificaci\u00f3n de las nuevas tecnolog\u00edas de la informaci\u00f3n \u2013como la radio comercial y sobre todo la televisi\u00f3n a color (con sus telenovelas y pro- gramas de variedades)\u2013 que terminar\u00e1n de consolidar su definitiva hegemon\u00eda sobre la sociedad venezolana; proceso que fue d\u00e1ndose ya desde comienzos del siglo XX, sustituyendo cualquier viejo remanente de la \u201cciudad letrada\u201d \u2013que en Venezuela, como advierte \u00c1ngel Rama, no fue s\u00f3lida\u2013 por lo que algunos han llamado como el \u201cplaneta electr\u00f3nico\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>. Adem\u00e1s, bajo estas nuevas condiciones t\u00e9cnicas las categor\u00edas espacio-temporales de la escritura quedan cuestionadas, promoviendo una instantaneidad sin igual que incluso nos obligan a replantear las categor\u00edas tradicionales de sujeto y subjetividad<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>.<\/p>\n<p>Asimismo, la filolog\u00eda, ciencia por excelencia de la escritura, ya terminar\u00eda de verse como un saber sospechoso cuando importantes estudios, como el que ofreci\u00f3 el famoso libro Orientalism (1977) de Edward Said, comenzaban a ver su complicidad con reg\u00edmenes de poder imperial y colonial; no dudo, igualmente, que el desarrollo de la ling\u00fc\u00edstica moderna \u2013y la sustituci\u00f3n de la \u201cficha escrita\u201d por el grabador como documentos de estudio y an\u00e1lisis\u2013, contribuyeron en este proceso de crisis y paulatina deslegitimaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Af\u00edn con este panorama, resulta la producci\u00f3n literaria venezolana en esos tiempos que pas\u00f3, en ciertos sectores, por un proceso in\u00e9dito de revisi\u00f3n. Nada m\u00e1s desolador que la industria editorial de ese momento, dependiente del Estado, que empieza a sufrir limitaciones en los costos de ediciones y publicaciones, pro- ducto de la crisis econ\u00f3mica petrolera. Pero tambi\u00e9n ello corresponde, no hay que olvidarlo, con el nuevo posicionamiento que est\u00e1 viviendo el campo intelectual venezolano, el cual de forma paulatina fue perdiendo su lugar y autonom\u00eda dentro de la sociedad, siendo cada vez m\u00e1s deslegitimado por la profesionalizaci\u00f3n de los saberes propios del modelo universitario norteamericano, los continuos recortes presupuestarios de la educaci\u00f3n y la vertiginosa p\u00e9rdida de lectores.<\/p>\n<p>As\u00edmismo, el deterioro del nivel universitario se muestra con el sospechoso auge de estudios \u201cformalistas\u201d en las humanidades que siguen diversas l\u00edneas propias de la moda del momento, con una visi\u00f3n pedag\u00f3gica profundamente re- ductiva, que poco a poco fue desvinculando el estudio de la lengua con su tradici\u00f3n y cultura<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. \u201cCierta moda ling\u00fc\u00edstica y la divulgaci\u00f3n (que no el desarrollo) de los estudios sobre la comunicaci\u00f3n, las teor\u00edas de la informaci\u00f3n, los estructuralismos y las semiolog\u00edas, han invadido el campo de las letras, la cr\u00edtica art\u00edstica, y las ciencias sociales\u201d (99), nos advierte Mar\u00eda Fernanda Palacios por esas fechas en \u201cMiserias y Fulgores del ensayo en la Venezuela de hoy\u201d; adem\u00e1s, nos asegura que la \u201casimilaci\u00f3n\u201d de estos trabajos fue hecha de manera \u201cmec\u00e1nica y superficial\u201d (Saber y sabor de la lengua, 99). Quiz\u00e1s por eso, para ese momento, Armando Rojas Guardia en El calidoscopio de Hermes (1989) se viera en la necesidad de precisar su posici\u00f3n al respecto: \u201cAmo la vocaci\u00f3n de ensayista, pero sin el academicismo pedante que hoy suele acompa\u00f1arla\u201d (19)<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>.<\/p>\n<p>De igual modo, algo semejante est\u00e1 sucediendo con la figura del intelectual y humanista dentro de la sociedad civil, siendo sustituido poco a poco por el especialista econ\u00f3mico, el artista medi\u00e1tico o el pol\u00edtico populista. Desde ese espacio marginal se puede entender la famosa y desenga\u00f1ada reflexi\u00f3n de Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas, cuando daba con su idea del \u201cestado del disimulo\u201d: \u201cEl concepto de Estado es simplemente un \u2018truco legal\u2019 que justifica formalmente apetencias, arbitrariedades y dem\u00e1s formas del \u2018me da la gana\u2019\u201d (4).<\/p>\n<p>Todo lo anterior se traduce en que la lengua est\u00e1ndar del Estado, cuyo modelo se va a imponer desde los medios de comunicaci\u00f3n y los estilos impersonales de cierto academicismo cientificista, pierda un tipo de escritura m\u00e1s ligado a una tradici\u00f3n civil, a un trabajo de subjetividad e imaginaci\u00f3n, a una memoria hist\u00f3rica y \u00e9tica, y a un acervo cultural m\u00e1s complejo. Oscilando entre un populismo medi\u00e1tico y un patr\u00f3n impersonal y hueco, no le quedar\u00e1 sino peque\u00f1as v\u00edas de escape en uno que otro trabajo intelectual y personal.<\/p>\n<p>Pero tampoco hay que dejar de lado otra importante realidad que est\u00e1 ocurriendo en esos momentos y que perfectamente se relaciona con lo anterior. En el escenario internacional se empiezan a dar los primeros signos del derrumbe de las ideolog\u00edas en eso que Francis Fukuyama tild\u00f3 como \u201cfin de la historia\u201d y sobre todo la puesta en crisis de los nacionalismos (o de cierta idea de los mismos) y del modelo del Estado de bienestar. Un cambio que vino a poner de relieve lo que el fil\u00f3sofo neomarxista Fredric Jameson distingui\u00f3 como el auge del \u201ccapitalismo tard\u00edo\u201d y que tuvo como sello la ca\u00edda del muro de Berl\u00edn en 1989.<\/p>\n<p>Mucho se ha especulado sobre las implicaciones de este nuevo estado de salud de la sociedad occidental. Zygmunt Bauman lo entendi\u00f3 como el cambio de una \u201cmodernidad s\u00f3lida\u201d a una \u201cmodernidad l\u00edquida\u201d, cuando dice que \u201clas formas sociales (las estructuras que limitan las elecciones individuales, las instituciones que salvaguardan la continuidad de los h\u00e1bitos, los modelos de comportamiento aceptables) ya no pueden (\u2026) mantener su forma por m\u00e1s tiempo, porque se descomponen y se derriten\u201d (7). Estas \u201cformas sociales\u201d dentro del modelo de estado democr\u00e1tico que se impuso en Venezuela a partir de 1958 se dieron, es bueno decirlo, en la conjunci\u00f3n y rearticulaci\u00f3n de tres narrativas e imaginarios. Por problemas de espacio no puedo detenerme en ellas, ya que requerir\u00eda de un an\u00e1lisis bien detallado, as\u00ed que s\u00f3lo describir\u00e9 sus rasgos m\u00e1s sobresalientes.<\/p>\n<p>La primera narrativa es la emancipatoria, basada en el culto a los h\u00e9roes independentistas y en el v\u00ednculo a la naci\u00f3n como topograf\u00eda emocional y espiritual, esta vez encarnada por el sujeto popular: las masas desprotegidas, el pueblo en general, el Juan Bimba. La segunda es la novomundista, cuyo centro gravita en las reflexiones de Mariano Pic\u00f3n Salas, Arturo Uslar Pietri o R\u00f3mulo Gallegos, y busca la incorporaci\u00f3n de Venezuela al programa latinoamericanista y su particularismo cultural, apropi\u00e1ndose de la ideolog\u00eda del mestizaje como elemento identitario. La tercera es la hisp\u00e1nica, y la necesidad de retomar el v\u00ednculo con el pasado colonial, liber\u00e1ndose del trauma de la leyenda negra al rescatar la memoria de sus cr\u00edmenes e injusticias, pero tambi\u00e9n destacando el lento proceso de integraci\u00f3n de las diversas culturas: las conferencias de Teresa de la Parra (dadas en 1930, pero publicadas por primera vez con pr\u00f3logo de Arturo Uslar Pietri en 1961) y el trabajo de Brice\u00f1o Iragorry Tapices de Historia patria (1957) pueden servir de claros antecedentes.<\/p>\n<p>Si la democracia en Venezuela tiene su primer momento institucional en los a\u00f1os cuarenta, cuando R\u00f3mulo Gallegos llega a la presidencia en las primeras elecciones universales, libres y secretas realizadas en el pa\u00eds, no es sino despu\u00e9s del \u201cPacto de Punto Fijo\u201d en 1958 cuando realmente \u00e9stas narrativas se consolidan. Todo ello se logra gracias al empe\u00f1o de varios sujetos letrados en el intento por rearticular su hegemon\u00eda en el nuevo modelo de naci\u00f3n, fundando as\u00ed lo que podemos llamar como el \u201cvocabulario\u201d de la moderna nacionalidad venezolana. Dicho proceso tiene como correlato los trabajos del fil\u00f3logo \u00c1ngel Rosenblat, sobre todo su proyecto de un Diccionario de Venezolanismos, antecedente de Buenas y Malas palabras (1958), donde dice de hecho que el \u201ccastellano de Venezuela tiene plena fisonom\u00eda Americana y puede uno deslizarse pl\u00e1cidamente por \u00e9l, no sin alg\u00fan tropiezo, como por las magn\u00edficas carreteras y autopistas del pa\u00eds\u201d (23). De este modo, el gran fil\u00f3logo venezolano se da a la tarea de reinventar la \u201clengua venezolana\u201d siguiendo una senda abierta por el criollismo literario de finales de siglo XIX de Baldomero Rivod\u00f3 o Gonzalo Pic\u00f3n-Febres, en conjunci\u00f3n con las novelas de la tierra y los trabajos del folklore. Asimismo, inscribe parte de nuestro territorio verbal dentro del mapa del hispanismo latinoamericano. \u201cVenezuela \u2013nos dice\u2013 tiene un estilo ling\u00fc\u00edstico peculiar dentro de la gran unidad de la lengua espa\u00f1ola\u201d (19).<\/p>\n<p>Rosenblat no es ajeno al viejo proyecto de Gallegos, quien para escribir sus novelas se va a Canaima o a los llanos, recopilando los dialectos que o\u00eda; por eso Santos Luzardo en Do\u00f1a B\u00e1rbara baja al campo a reclamar sus territorios y ter- mina cas\u00e1ndose con la misma hija de su enemigo, ense\u00f1\u00e1ndola a escribir y hablar bien. Lo mismo sucede con Mariano Pic\u00f3n Salas, procedente de los Andes, quien empieza a inscribir en su estilo ensay\u00edstico cosmopolita formas del habla popular y regional, por no mencionar al poeta Andr\u00e9s Eloy Blanco, o al novelista Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, quienes tambi\u00e9n desarrollaron una escritura donde inclu\u00edan ciertos regionalismos; algo parecido a la b\u00fasqueda que lleva a cabo Teresa de la Parra en Memorias de Mama Blanca (1929) con el habla de Vicente Cochocho<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>. En esta concepci\u00f3n m\u00e1s democr\u00e1tica de la lengua nacional, el letrado cumpl\u00eda un rol importante en la incorporaci\u00f3n del sujeto regional y sobre todo, en la necesidad de encarnar el \u201chabla del pueblo\u201d en sus diferentes grupos geogr\u00e1ficos: el oriental, el andino, el llanero o el zuliano<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a>.<\/p>\n<p>De modo que una particular visi\u00f3n de la tierra como lugar \u201cesencial\u201d de lo venezolano, era imprescindible para ser exitoso en esta empresa de inclusi\u00f3n; no creo que fuera azaroso el hecho de que por estas fechas el petr\u00f3leo se convierte en el principal producto de exportaci\u00f3n y en uno de los factores desencadenantes de unas de las modernizaciones m\u00e1s vertiginosas de Am\u00e9rica Latina: el petr\u00f3leo viene de la \u201ctierra\u201d, cuna y fuente del imaginario nacional y una de las consignas m\u00e1s famosas del campo intelectual era la de \u201csembrar el petr\u00f3leo\u201d.<\/p>\n<p>No se puede entender el periplo editorial de la obra de Montejo sin tener en cuenta el trauma que ha ido dejando la puesta en crisis de este estilo y vocabulario de lo nacional a partir de los ochenta, donde ya el intelectual y escritor tradicional no tiene lugar como modelo en ese proceso de representaci\u00f3n. De ah\u00ed que sus poderes \u201cmim\u00e9ticos\u201d se pierdan en el espesor de otras realidades, influenciadas por el nuevo panorama mundial. \u201cAnte la evidencia de la voracidad y el v\u00e9rtigo de la ciudad, en su af\u00e1n de \u2018modernidad\u2019, queda el sentimiento de una honda p\u00e9rdida\u201d (404), nos dice Arturo Guti\u00e9rrez Plaza sobre su poes\u00eda en Itinerarios de la ciudad en la poes\u00eda venezolana: una met\u00e1fora del cambio (2010). El proceso tiene profundas implicaciones. Montejo, quien ha sido un testigo excepcional de esta marcha de la modernidad en Venezuela (\u201cVimos el crep\u00fasculo \u2013dice en una ocasi\u00f3n\u2013 de ese pa\u00eds ge\u00f3rgico que estaba en despedida\u201d), usar\u00e1 su obra para buscar alguna f\u00f3rmula para describir los nuevos escenarios que deja el avance del progreso<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a>. Y Blas Coll, het\u00e9ronimo suyo, surge como una v\u00eda para lidiar con este vac\u00edo traum\u00e1tico: sus indagaciones tratan, de hecho, de releer la letra desde las nuevas demandas de la actualidad y, as\u00ed, en cierta medida, restituir un principio de orden y autoridad desde los m\u00e1rgenes, pues es un simple tip\u00f3grafo que vive en Puerto Malo, un pueblo peque\u00f1o de la costa oriental.<\/p>\n<p>Esta es, en suma, la realidad donde se da la obra. Ahora bien, hecha esta breve digresi\u00f3n, abr\u00eda que ver ahora c\u00f3mo se presenta dentro de la trama de la misma, dentro de su espesor verbal y escrito.<\/p>\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n<p>La intenci\u00f3n de Blas Coll es clara: \u201cconcibi\u00f3 en su locura de exiliado la tentativa imposible de reformar la lengua de los suyos\u201d (13). Se trata de un anhelo ut\u00f3pico, que reside b\u00e1sicamente en su pretensi\u00f3n de reformar radicalmente la lengua. Si bien es verdad que lo hace siguiendo a veces el modus operandi de los gram\u00e1ticos, lo hace de tal manera que llega hasta el punto de crear otra lengua: \u201cQuienes en nuestro siglo se han propuesto hacer realidad la utop\u00eda de una sociedad nueva han olvidado que \u00e9sta tiene forzosamente que acompa\u00f1arse con la creaci\u00f3n de un nuevo idioma\u201d (12), nos dice con claros tintes mesi\u00e1nicos.<\/p>\n<p>Esta lengua es lo que en un momento se ha dado en llamar \u201ccolly\u201d, aun- que sabemos que es s\u00f3lo el producto de un per\u00edodo de su exploraci\u00f3n. Una nominaci\u00f3n que se desprende del apellido del reconocido tip\u00f3grafo y que est\u00e1 en sinton\u00eda con sus contertulios, llamados \u201ccol\u00edgrafos\u201d. Este idioma aparece y desaparece en la obra; es dif\u00edcil saber bien de \u00e9l a lo largo de sus escritos. Muy pocas personas lo entienden y las veces que se le menciona son algo herm\u00e9ticas y oscu- ras. S\u00f3lo bajo una lectura atenta es que se puede obtener algo. En un momento se nos advierte el significado de una palabra: \u201cPara comprender algo m\u00e1s esta endiablada diatriba contra la antigua palabra, hemos de advertir que en \u2018colly\u2019 crep\u00fasculo se dice \u2018nubio\u2019, en general\u201d (41). De igual modo, otra parte del texto nos da incluso la traducci\u00f3n de una frase: \u201cLloro-sin Paria nerdo noc\u201d (65), que es una traducci\u00f3n de la frase de Crist\u00f3bal Col\u00f3n: \u201cde Paria no me acuerdo sin que llore\u201d. Tambi\u00e9n sucede con otras palabras en espa\u00f1ol: y El colibr\u00ed en colly se dice \u2018Bricol\u2019 (\u2018paje de la luz y de la flor\u2019)\u201d (43).<\/p>\n<p>Se sabe, por otro lado, que Lino Cervantes (unos de los integrantes del taller de Blas Coll) conoce un poco el \u201ccolly\u201d; en una ocasi\u00f3n el narrador refiere que escribi\u00f3 un telegrama en dicha lengua, donde por cierto le informa a Coll su descubrimiento del \u201ctriptongo nasal\u201d en la \u201cmanifestaci\u00f3n de un pasajero catarro por parte de alg\u00fan pescador del vecindario\u201d (55). Tambi\u00e9n se sabe que el tip\u00f3grafo tend\u00eda, como una vez lo hicieron los misioneros espa\u00f1oles, a buscar nuevos disc\u00edpulos y propagar su mensaje, que en este caso se trataba de su b\u00fasqueda verbal. \u201c\u00bfY a sus m\u00e1s allegados \u2013dice el narrador\u2013 trataba en vano de atraerlos a colly, su ajedrez bisil\u00e1bico?\u201d (53).<\/p>\n<p>En otro momento Blas Coll confiesa que busca emular la velocidad de la tierra en su lengua: \u201cTal es la velocidad que trato de sintonizar en el colly, pro- curando que sus estructuras reproduzcan la medida justa, la medida \u00e1urea del homo loquendi\u201d (54). M\u00e1s adelante, se nos da una lista de los puntos que busca Blas Coll que pueden darnos mayores indicios sobre este idioma, entre ellos se nos dice por ejemplo que la \u201cm\u00e1xima extensi\u00f3n de una palabra debe ser de dos s\u00edlabas\u201d (30), y que \u201clas palabras bis\u00edlabas ser\u00e1n graves o agudas seg\u00fan su empleo en la oraci\u00f3n\u201d (30). Tambi\u00e9n se nos advierte que se \u201cproscribe el uso de art\u00edculos definidos e indefinidos\u201d y que \u201cel g\u00e9nero, resabio arcaico y molesto, queda aboli- do\u201d (30); y, finalmente, se nos dice que \u201cla representaci\u00f3n de ir a un lugar o volver, construir algo, destruirlo, aceptar una opini\u00f3n o contradecirla, debe ser objeto de un tratamiento pormenorizado que las contraiga en las s\u00edlabas indispensables de acuerdo con normas establecidas\u201d (30-31).<\/p>\n<p>Varios elementos llaman la atenci\u00f3n. Primero, que tiende a reducir a su m\u00ednima expresi\u00f3n el lenguaje, cosa que sigue un anhelo del tip\u00f3grafo: \u201cquien no pueda nombrar el para\u00edso con una sola s\u00edlaba puede estar seguro de que no lo merece\u201d (80), dice en una oportunidad; su l\u00e9xico, en otras palabras, busca la abreviatura: suprime el \u201cque\u201d, invierte el orden de las s\u00edlabas, une palabras con el uso de guiones, rechaza los art\u00edculos (y quiz\u00e1s cualquier otro conector que no tenga significado en s\u00ed mismo), y rinde tributo a las palabras bis\u00edlabas o monos\u00edlabas. Segundo, que sus referencias se acercan a momentos po\u00e9ticos o guardan una estrecha relaci\u00f3n con la poes\u00eda: no en balde el poeta Lino Cervantes es uno de los pocos que la conoce y las situaciones que describe en sus pocos momentos de aparici\u00f3n dentro del texto contienen cierta belleza.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo es posible encontrar otros dos elementos, que aparecen dentro del contexto que rodean las referencias sobre el \u201ccolly\u201d. Hay ciertas alusiones, por un lado, al imaginario cristiano y su mesianismo: como por ejemplo el hecho de que el grupo de Blas Coll sea un conci\u00e1bulo de iniciados donde el maestro es el tip\u00f3grafo, por no mencionar el car\u00e1cter ut\u00f3pico de la empresa ling\u00fc\u00edstica. Por otro lado, y en clara sinton\u00eda con lo anterior, hay alusiones a la conquista: la menci\u00f3n de Tierra de Gracia es evidente. Si se atienden bien estos rasgos puede verse que todos obedecen a un motivo com\u00fan: la empresa nominativa de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>En otras palabras, el \u201ccolly\u201d es el producto, acaso suplementario y en el campo de la ficci\u00f3n, del anhelo que una vez tuvo Col\u00f3n \u2013que despu\u00e9s siguieron Humboldt, Andr\u00e9s Bello y luego los discursos nacionales venezolanos\u2013 por describir el nuevo continente con una lengua, si no distinta al menos especial, plagada del impulso sagrado de darle nuevas palabras a nuevas realidades. Se trata entonces de una empresa residual de un legado que ha venido teniendo un gran peso en la historia del continente; la aventura de descubrir, entender y liberar al continente fue paralela al de nombrarlo de nuevo. La lengua de Blas Coll, en otras palabras, quiere en cierta forma \u201ccorregir\u201d y reinterpretar esta tradici\u00f3n, a la luz de las demandas de la realidad que se vive en pleno siglo veinte. Su foco de atenci\u00f3n es entonces el idioma espa\u00f1ol, hijo en cierta forma de la misma Am\u00e9rica que nombr\u00f3. \u201cLa revoluci\u00f3n americana de la lengua espa\u00f1ola \u2013dijo en una oportunidad Juan Bautista Alberdi\u2013 comenz\u00f3 el d\u00eda que los espa\u00f1oles, por primera vez, pisaron las playas de Am\u00e9rica\u201d; y, en seguida, agrega: \u201cDesde aquel instante ya nuestro suelo les puso acentos nuevos en sus bocas y sensaciones nuevas en su alma\u201d (Rosenblat, 539).<\/p>\n<p>Pudiera pensarse, por otro lado, que este anhelo puede tener v\u00ednculos con el providencialismo de cierta tradici\u00f3n hisp\u00e1nica, pero ideol\u00f3gicamente se trata de una tradici\u00f3n bien lejana al autor venezolano, que no tuvo peso en su pa\u00eds, salvo contadas ocasiones. Blas Coll no quiere sin embargo negar la lengua castellana; por el contrario, m\u00e1s bien intenta revivirla bajo otro espesor, depurarla de sus elementos nocivos, como su ascetismo espiritual o su aislamiento moral del mundo y su velocidad \u201csobremoderna\u201d<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a>.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 implicaciones tiene toda esta empresa nominativa, que revive el providencialismo cristiano de la tradici\u00f3n hisp\u00e1nica? Para contestar a la pregunta creo que debe entenderse la empresa del tip\u00f3grafo desde la parodia, donde Montejo claramente marca una distancia con ese impulso, no en balde la vio como \u201cuna tentativa disparatada\u201d. El \u201ccolly\u201d es por eso para el tip\u00f3grafo una \u201clengua solitaria con que termin\u00f3 habl\u00e1ndose a s\u00ed mismo\u201d (40). Pero el Cuaderno de Blas Coll no se reduce al lenguaje del \u201ccolly\u201d, que no es m\u00e1s que una parte de la b\u00fasqueda de Coll: es una tentativa circunstancial de la posibilidad de una lengua perfecta, as\u00ed que para entender este proceso mejor se hace necesario considerar otros aspectos.<\/p>\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n<p>Es claro: Blas Coll quiere reducir al m\u00ednimo el idioma, al mismo tiempo que quiere intensificar sus posibilidades expresivas. Todos sus pensamientos giran en torno a ese deseo. \u201cPersigui\u00f3 obsesivamente \u2013explica el editor\u2013, mediante la reducci\u00f3n de las palabras y las estructuras ling\u00fc\u00edsticas, una ley de m\u00e1xima econom\u00eda verbal\u201d (14). Pero esta depuraci\u00f3n verbal no es sino el producto de una necesidad de transparencia, donde se pone de manifiesto un deseo por volver a la naturaleza o al menos sostener un di\u00e1logo m\u00e1s fruct\u00edfero con ella. \u201cDec\u00eda que mejor llegar\u00eda a expresarse el que se guiara por el lenguaje de los p\u00e1jaros, y fuese del sonido a la idea, y no de la idea al sonido, siguiendo los recovecos tramposos de la l\u00f3gica\u201d (15).<\/p>\n<p>No es dif\u00edcil percatarse que es una ramificaci\u00f3n de su b\u00fasqueda de un idioma perfecto, en donde resulta prioritario superar la l\u00f3gica de la sintaxis y la gram\u00e1tica, y sobre todo de sus coordenadas espaciales y temporales: \u201cBusco una lengua totalizante, compuesta a imagen del fish-eye, y no lineal, obediente a la falsa perspectiva del espacio y el tiempo\u201d (29). Al igual que las lenguas de Tl\u00f6n de Borges, la b\u00fasqueda de Blas Coll quiere por lo visto tambi\u00e9n poner en tela de juicio las categor\u00edas de la causalidad para regular el lenguaje; asimismo, sucede con toda noci\u00f3n abstracta: \u201cQuienes me toman como renegado de la lengua se asombrar\u00edan a\u00fan m\u00e1s si supieran lo que para m\u00ed, desde ya mucho, es m\u00e1s que una convicci\u00f3n: que la transmisi\u00f3n del pensamiento por medio de la palabra tiene en nuestra era los d\u00edas contados\u201d (37).<\/p>\n<p>Con esta b\u00fasqueda se pretende liberar a la palabra de las ideas. As\u00ed lo des- cribe Judith Gerendas: \u201cpone en escena la materialidad fragmentada de la escritura, el significante como hecho tipogr\u00e1fico y su proceso de producci\u00f3n, as\u00ed como el proceso de reescritura y de trascripci\u00f3n, en una subversi\u00f3n radical de la escritura habitual\u201d (2003). Pareciera seguir la tentativa, muy en boga en la modernidad, de crear una lengua literaria sin sujeci\u00f3n salvo al lenguaje mismo; cosa que nos recuerda entonces, tal como sucede en Borges, a los proyectos de Mallarm\u00e9 y las vanguardias. Sin embargo, existen algunos elementos distintivos.<\/p>\n<p>Primero, la concepci\u00f3n del tip\u00f3grafo est\u00e1 en cierta manera atada a una visi\u00f3n alfab\u00e9tica: \u201cTodo \u2013me dijo cierta vez\u2013 es alfab\u00e9tico o, si se prefiere, s\u00edgnico\u201d (67), donde hay una tensi\u00f3n entre su rol como tip\u00f3grafo, sus aspiraciones po\u00e9ticas y su conocimiento de la gram\u00e1tica. Pareciera que Blas Coll, si bien des- conf\u00eda en una estructura inmanente en la lengua \u2013una especie de \u201cmetalenguaje trascendental\u201d, que describe y regula la lengua misma\u2013, no deja de supeditarse a ella para buscar su misma liberaci\u00f3n. Segundo, su b\u00fasqueda parte de la lengua castellana y todo su imaginario: entre ellos el peso de la religi\u00f3n cat\u00f3lica y su impronta castiza, que \u00e9l trata de \u201cpodar\u201d o eliminar; en cierto sentido busca purificar el mismo \u201cpurismo\u201d. \u201cLos primitivos labriegos de Castilla no llegaron a pensar [dice Blas Coll] en su remoto origen, con que sus voces, a la vuelta de los siglos y para bien de su memoria, vendr\u00edan a purificarse en Puerto Malo, ya superado por fin su largo per\u00edodo punitivo\u201d (28). Tercero, esta visi\u00f3n oscila en momentos entre la reificaci\u00f3n esencialista y el mesianismo prof\u00e9tico, entre cierto fetichismo que le da a la palabra un poder m\u00e1gico y una \u201cideolatr\u00eda\u201d a su misma materialidad: lo vemos en m\u00faltiples ejemplos cuando Blas Coll tiende a pensar que con un cambio en el orden gramatical es posible crear un cambio en la realidad: \u201csi acort\u00e1ramos en castellano la palabra \u2018coraz\u00f3n\u2019, ya adelantar\u00edamos algo contra el riesgo de los infartos\u201d (47); o cuando predice el futuro de su proyecto verbal, a costa de su propia vida: \u201cEl d\u00eda llegar\u00e1 en que se reconozca mi esfuerzo por hacer posible la fundaci\u00f3n del parlar sutil, no importa que ello sea el precio de mi propia vida\u201d (51).<\/p>\n<p><strong>VI<\/strong><\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo explicar entonces esta b\u00fasqueda de Coll? Hay varias respuestas. La primera, y m\u00e1s evidente, es la parodia de la tradici\u00f3n purista del espa\u00f1ol, que incluso hoy en d\u00eda vemos en la mentalidad notarial que gobierna muchos de los actos pol\u00edticos y legislativos en Am\u00e9rica Latina y Espa\u00f1a. Es obvio que Montejo con el personaje de Coll se est\u00e1 burlando de esta tendencia.<\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s de esta respuesta, creo encontrar otras dos que est\u00e1n relacionadas con la vida del autor y el contexto donde escribe. Es verdad que en mu- chas de sus declaraciones ve como disparatada la tentativa del tip\u00f3grafo, pero hay claros indicios que nos hacen pensar que comparte con su personaje cierta fascinaci\u00f3n con el idioma; como su personaje, tambi\u00e9n Montejo est\u00e1 inscrito en un imaginario letrado<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a>. Cuando describe la obra del pintor Dar\u00edo P\u00e9rez Flores, hace un uso del s\u00edmil que parece muy revelador: \u201cAnda por all\u00ed su b\u00fasqueda cabal\u00edstica de la irisaci\u00f3n lum\u00ednica, la representaci\u00f3n de su arco iris como si fuese un alfabeto cuyas letras se combinan hasta el infinito\u201d (La terredad de todo, 415). Incluso al hablar de s\u00ed mismo nos brinda una confesi\u00f3n reveladora: \u201c\u2026suelo creer que ciertas palabras contribuyen al equilibrio de las cosas\u201d (La terredad de todo, 407); m\u00e1s claramente aparece cuando nos recuerda que en su ni\u00f1ez uno de sus \u201cmayores deslumbramientos\u201d fue percatarse de \u201cla invenci\u00f3n de la escritura\u201d. \u201cCreo que tal deslumbramiento \u2013dice\u2013 me predispuso a venerar todo lo ling\u00fc\u00edstico, y en especial la poes\u00eda, donde la palabra alcanza, como sabemos, su \u00e1pice (La terredad de todo, 431).<\/p>\n<p>Sin embargo, este imaginario se ver\u00e1 amenazado por la modernidad. Muy bien lo sabe Montejo, quien en su misma poes\u00eda reflexiona sobre los l\u00edmites de la lengua y sus posibilidades de comunicaci\u00f3n. \u201cEs dif\u00edcil llenar un breve libro\/ con pensamientos de \u00e1rboles\u201d, nos dice el sujeto l\u00edrico de su poema los \u201c\u00c1rboles\u201d, para luego insistir: \u201cTodo en ellos es vago, fragmentario\u201d (Antolog\u00eda, 61). La naturaleza, el mundo de las cosas, es incompresible porque habla otro idioma al cual ya no tenemos acceso. En \u201cLos P\u00e1jaros\u201d se narra un momento en donde el poeta advierte el sonido de un ave, pero al final nos dice: \u201cPero no s\u00e9 qu\u00e9 hacer con ese grito,\/No s\u00e9 como anotarlo\u201d (Antolog\u00eda, 34). Este impedimento escenifica entonces, la manera como se ha ido escindiendo el pacto entre naturaleza y letra que instauraron las narrativas nacionales con la novela de la tierra. De hecho, su idea de la \u201cterredad\u201d<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a> puede leerse como una necesidad de reinstaurar bajo otra v\u00eda el contrato perdido entre tierra y escritura.<\/p>\n<p>Otra respuesta posible tendr\u00eda que ver con cierta ansiedad verbal que empieza a rondar al campo intelectual venezolano, fruto de la crisis que viene sucediendo. No en balde, muy cercano a las fechas en que Blas Coll saliera a la luz, Rafael Cadenas en \u201cLa quiebra del lenguaje\u201d, publicado en <em>En torno al lenguaje<\/em> (1984), dice que el venezolano \u201cconoce muy poco su propia lengua\u201d (19) y hace un serio llamado a las instituciones educativas para tomar en cuenta este problema. Guillermo Sucre lo advert\u00eda antes en La m\u00e1scara, la transparencia (1975), en su cr\u00edtica a la imprecisi\u00f3n verbal que pod\u00eda \u201cfalsificar los hechos, manipular o dirigir las conciencias\u201d (223), a\u00f1adiendo que la sociedad contempor\u00e1nea \u201cha mostrado su pericia en el logro de esos fines, abusando del equ\u00edvoco, las disquisiciones sem\u00e1nticas, los eufemismos y a\u00fan las met\u00e1foras\u201d (223). Mar\u00eda Fernanda Palacios, por su parte, en Sabor y saber de la lengua (1985), destaca que la \u201cvida moderna\u201d tend\u00eda a conferirle \u201cun poder excesivo a la palabra\u201d en desmedro de sus capacidades imaginales y metaf\u00f3ricas, y as\u00ed el \u201ccultivo unidimensional\u201d de la misma \u201cya sea estetizante, ideologizante o formalista (\u2026) mata en nosotros el apetito\u201d (23-24).<\/p>\n<p>Desde este escenario surge la b\u00fasqueda de Blas Coll para intentar recobrar, por un lado, ese sustrato imaginal, deseante, de la palabra, desgastado por su excesiva instrumentalizaci\u00f3n; y, por otro, recuperar su precisi\u00f3n y exactitud, la <em>mot juste<\/em>. Con ella Montejo pareciera preguntarse c\u00f3mo restituir el castellano, desde una \u00e9poca globalizada, sin reinstaurar su legado autoritario y asc\u00e9tico, y desde una posici\u00f3n marginal que es la que \u00e9l y los \u201cletrados\u201d venezolanos representan en los tiempos electr\u00f3nicos.<\/p>\n<p>La respuesta es poco optimista. Blas Coll no tiene \u00e9xito; su empresa termina con la locura o la mudez. De ella entonces s\u00f3lo quedan ruinas y despojos: los fragmentos sin sentido de la obra del col\u00edgrafo. Por eso, el cuaderno es un palimpsesto inorg\u00e1nico: apenas son unos escritos desarticulados, algunos de ellos hechos en hojas perdidas (incluso en materiales que no son los normales para este tipo de trabajos, como son las hojas de banana \u2013como si tratara de vincular, bajo esa inscripci\u00f3n, el pacto perdido entre la letra y la naturaleza\u2013), que necesitan de la intervenci\u00f3n de un editor que glosa y comenta algunas de sus reflexiones, pero cuyas herramientas filol\u00f3gicas no le sirven para recuperar y entender el texto. De esta forma, nos dice que las transcripciones \u201cno aparecen en su forma original, lo que ser\u00eda in\u00fatil por resultar en buena parte incomprensible\u201d (13) y nos confiesa que s\u00f3lo se atiene \u201ca lo que considero m\u00e1s coherente de sus proposiciones, sin apartarme de la fidelidad textual m\u00e1s que cuando el deterioro de los originales me deja en el aire\u201d (13).<\/p>\n<p>La desposesi\u00f3n est\u00e1 dada aqu\u00ed en la imposibilidad de recuperar la materialidad del texto \u201coriginal\u201d, si es que hubo uno de verdad. El editor entra en escena para explicar la obra (y darle una forma), que si bien pretende dar una visi\u00f3n de imparcialidad, muestra la inaccesibilidad del trabajo inicial. No sabemos, en otras palabras, la verdadera b\u00fasqueda de Coll, s\u00f3lo sabemos la que nos explica Montejo, como editor ficticio del cuaderno. Pero, adem\u00e1s de ello, hay algo en este trabajo que vale la pena mencionar. La mayor\u00eda de estos documentos han sido recopilados en su taller de tipograf\u00eda, de modo que bien puede leerse este lugar como una especie de archivo de la letra, el espacio donde se conserva la memoria y posibilidades del alfabeto: su historia y sus diferentes pr\u00e1cticas en Venezuela. All\u00ed se re\u00fanen los disc\u00edpulos (col\u00edgrafos) que encarnan las diferentes tradiciones de la literatura venezolana, es decir, las diferentes formas como se combinan y se ponen en pr\u00e1ctica las tecnolog\u00edas de la escritura para representar la tradici\u00f3n literaria nacional<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a>.<\/p>\n<p>En otras palabras, es desde el espacio de la literatura, releyendo sus tradiciones, desde donde puede revivirse el legado del castellano. Si bien es cierto que Coll fracasa en su b\u00fasqueda, no as\u00ed sucede con los trabajos de sus disc\u00edpulos desde el taller que ten\u00eda. Es en este espacio donde se busca un nuevo idioma, una nueva forma de usar los signos ortogr\u00e1ficos acorde con los tiempos. El \u201carchivo\u201d que representa la imprenta surge as\u00ed como ficci\u00f3n de los or\u00edgenes: el colly privilegia las cl\u00e1usulas monosil\u00e1bicas porque es un modo en el que, fuera de la sintaxis y la gram\u00e1tica, se puede recobrar de nuevo el poder de la voz, principio y fin de toda escritura, centro de su autoridad moral. No en balde Montejo, quien enmienda y reescribe la obra como Coll, es presa de la misma conciencia de este fracaso. Sabe que la poes\u00eda ocupa un lugar marginal, el mismo que ocupa el Orfeo de su poema:<\/p>\n<p><em>Solo, con su perfil de m\u00e1rmol, pasa<\/em><\/p>\n<p><em>por nuestro siglo trasnochado y derruido,<\/em><\/p>\n<p><em>bajo la estatua rota de una f\u00e1bula.<\/em><\/p>\n<p>Viene a cantar (si canta) a nuestra puerta, ante todas las puertas. Aqu\u00ed se queda, aqu\u00ed planta su casa y paga su condena porque nosotros somos el infierno. (33)<\/p>\n<p>Sin embargo, y a pesar de estas condiciones, se insiste en la b\u00fasqueda \u201cde lo que a\u00fan puede cantar la tierra\u201d (La terredad de todo, 42), seg\u00fan dice en otro poema de Alfabeto del mundo (1988) donde reaparece la figura de Orfeo. La conclusi\u00f3n es clara. Centro moral, espacio marginal, origen y fin de la letra: el taller de Blas Coll propone crear un centro de legitimaci\u00f3n para las posibilidades de la lengua literaria venezolana en los tiempos por venir.<\/p>\n<p><strong>Obras citadas<\/strong><\/p>\n<p>Agamben, Giorgio. El tiempo que resta. Madrid: Editorial Trotta, 2006. Almandoz, Arturo. La ciudad en el imaginario venezolano. Caracas: Fundaci\u00f3n de la Cultura Urbana, 2002.<\/p>\n<p>Aug\u00e9, Marc. Por una antropolog\u00eda de la movilidad. Barcelona: Gedisa, 2007.<\/p>\n<p>Bauman, Zygmunt. Modernidad l\u00edquida. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2003.<\/p>\n<p>Cabrujas, Jos\u00e9 Ignacio. \u201cEl Estado del disimulo\u201d. Heterodoxia y Estado: 5 respuestas (Edici\u00f3n especial de Estado &amp; Reforma). Caracas: COPRE, 1987, 7-35.<\/p>\n<p>Cadenas, Rafael. En torno al lenguaje [1984]. Caracas: Otero Ediciones, 2009.<\/p>\n<p>Coronil, Fernando. Estado m\u00e1gico: naturaleza, dinero y modernidad en Venezuela. Caracas: Nueva Sociedad, 2002.<\/p>\n<p>Gerendas, Judith. \u201cLa problematizaci\u00f3n de las estructuras tradicionales\u201d. Kalathos. En: http: <a href=\"http:\/\/www.kalathos.com\/julio2003\/detail_jgerendas.php\">\/\/ww<\/a>w<a href=\"http:\/\/www.kalathos.com\/julio2003\/detail_jgerendas.php\">.kalathos.com\/julio2003\/detail_jgerendas.php <\/a>(22\/07\/2003).<\/p>\n<p>Guti\u00e9rrez, Mar\u00eda Alejandra. \u201cEl di\u00e1logo con el enigma de Eugenio Montejo\u201d. Literaturas.com. En: http: <a href=\"http:\/\/www.literaturas.com\/EMontejoLC.htm\">\/\/ww<\/a>w<a href=\"http:\/\/www.literaturas.com\/EMontejoLC.htm\">.literaturas.com\/EMontejoLC.htm <\/a>(17\/09\/2008).<\/p>\n<p>Guti\u00e9rrez Plaza, Arturo. Itinerarios de la ciudad en la poes\u00eda venezolana: una met\u00e1fora del cambio. Caracas: Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana, 2010.<\/p>\n<p>Kern, Stephen. The Culture of Time and Space 1880-1918. Cambridge: Harvard University Press, 1983.<\/p>\n<p>Kittler, Friedrich. Discourse Networks 1800\/1900. Stanford: Stanford University Press, 1987.<\/p>\n<p>L\u00f3pez Maya, Margarita. Del viernes negro al referendo revocatorio. Caracas: Alfadil Editores, 2006.<\/p>\n<p>Montejo, Eugenio. El cuaderno de Blas Coll y dos col\u00edgrafos de Puerto Malo. Valencia: Pre-textos, 2007.<\/p>\n<p>_____________ La terredad de todo. Selecci\u00f3n, pr\u00f3logo y notas de Adolfo Casta\u00f1\u00f3n. M\u00e9rida: El otro, el mismo, 2007.<\/p>\n<p>_____________ Papiros amorosos. Madrid: Pre-Textos, 2002.<\/p>\n<p>_____________ El cuaderno de Blas Coll. M\u00e9xico: Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana, 1998.<\/p>\n<p>_____________ El azul de la tierra. Bogot\u00e1: Grupo Editorial Norma, 1997.<\/p>\n<p>_____________ El taller blanco. M\u00e9xico: Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana, 1996.<\/p>\n<p>_____________ Alfabeto del mundo. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1988.<\/p>\n<p>_____________ Antolog\u00eda. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1986.<\/p>\n<p>_____________ Tr\u00f3pico absoluto. Caracas: Fundarte, 1982.<\/p>\n<p>_____________ Terredad. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1978.<\/p>\n<p>_____________ Algunas palabras. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1976.<\/p>\n<p>_____________ La ventana oblicua. Valencia: Direcci\u00f3n de Cultura de la Universidad de Carabobo, 1974.<\/p>\n<p>_____________ Muerte y memoria. Caracas: Ediciones de la Direcci\u00f3n de Cultura de la U.C., 1972.<\/p>\n<p>_____________ Elegos. Caracas: Editorial Arte, 1967.<\/p>\n<p>Rama, \u00c1ngel. Diarios. Montevideo: Ediciones Trilce, 2001.<\/p>\n<p>_____________ La ciudad letrada. Montevideo: Arca, 1995.<\/p>\n<p>Rivera, Francisco. \u201cEl cuaderno de Blas Coll\u201d. Ulises y el laberinto. Caracas: Fundarte, 1983, 71-85.<\/p>\n<p>Roberts, Nicholas. \u201cInhabiting the Poetic in the Work of Eugenio Montejo\u201d. Romance Studies 20.1 (2004), 51-62.<\/p>\n<p>Rodr\u00edguez Silva, An\u00edbal. \u201cPapel Literario\u201d. El Nacional. Caracas, 28 de junio de 2008. Rojas Guardia, Armando. El calidoscopio de Hermes. Caracas: Alfadil, 1989.<\/p>\n<p>Rosenblat, \u00c1ngel. Buenas y malas palabras. Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1980.<\/p>\n<p>_____________ Fetichismo de la letra. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educaci\u00f3n, 1963.<\/p>\n<p>_____________ La primera visi\u00f3n de Am\u00e9rica y otros estudios. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, Direcci\u00f3n T\u00e9cnica, 1969.<\/p>\n<p>_____________ El castellano de Espa\u00f1a y el castellano de Am\u00e9rica. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Facultad de Humanidades y Educaci\u00f3n, 1962.<\/p>\n<p>_____________ Las generaciones argentinas del siglo XIX ante el problema de la lengua. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosof\u00eda y Letras, Instituto de Filolog\u00eda Hisp\u00e1nica \u201cDr. Amado Alonso\u201d, 1961.<\/p>\n<p>Sucre, Guillermo. La m\u00e1scara, la transparencia. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2008.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Como se ver\u00e1, puede que mi aproximaci\u00f3n peque de algo pretensiosa, porque trata de conjurar varios campos y disciplinas que, por problemas de espacio, no s\u00e9 si podr\u00e9 desarrollar tan extensivamente como quisiera. Sin embargo, no es tanto la cantidad sino la calidad lo que me interesa, y lo que aspiro no es dar con una clave definitiva, sino solamente abrir una puerta que d\u00e9 con nuevos lugares de exploraci\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Cito a Arturo Almand\u00f3z en <em>La ciudad en el imaginario venezolano<\/em>: \u201cAdem\u00e1s de esta notoria urbanizaci\u00f3n demogr\u00e1fica Venezuela del siglo XX vivi\u00f3 tambi\u00e9n el proceso de crecimiento de ciudades m\u00e1s r\u00e1pido que haya conocido la historia de Am\u00e9rica Latina\u201d (12).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Cada uno representa un di\u00e1logo con una tradici\u00f3n literaria distinta: el primero podr\u00eda verse como la tendencia europe\u00edsta, el segundo como la regionalista o nativa, el tercero como la tradici\u00f3n de vanguardias, el cuarto como la encarnaci\u00f3n de literatura infantil, y el mismo Coll podr\u00eda representar el hispanismo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> \u00c1ngel Rosenblat dice, definiendo dicho t\u00e9rmino: \u201cLa visi\u00f3n de la lengua est\u00e1 hoy tan perturbada, que ya no se habla de sonidos o fonemas que se representan de uno u otro modo, sino de \u2018letras\u2019 que hay que pronunciar\u201d (<em>Fetichismo de la letra<\/em>, 6).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Es muy tentador leer esta voluntad de concreci\u00f3n como una forma de purismo, al estilo de lo que propugnaba Leopoldo Lugones y el grupo del Centenario en la Argentina de comienzos del siglo XX, pero no hay que pasar por alto el registro par\u00f3dico de la obra; adem\u00e1s, a Montejo no lo mueve ninguna nostalgia olig\u00e1rquica, como s\u00ed le sucedi\u00f3 con el escritor argentino.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Creo que lo m\u00e1s pertinente para entender este concepto est\u00e1 dado en una frase que dijera Mar\u00eda Fernanda Palacios, amiga de Montejo y af\u00edn a las b\u00fasquedas del poeta, en una de sus reflexiones de su libro <em>Saber y sabor de la lengua <\/em>(1985): \u201cNo pienso origen como punto de cierre sino como punto de corte: un posible. El mito habla siempre en plural, habla de \u2018los or\u00edgenes\u2019, remitiendo a una multiplicidad dispersa, conjetural e imaginativa\u201d (9). Ese \u201ccorte\u201d, ese \u201cposible\u201d, es el origen que busca Coll.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Kittler en su <em>Discourse Network <\/em><em>1800<\/em><em>\/<\/em><em>1900 <\/em>(1999) define el \u201cnetwork de 1800\u201d como un circuito de pr\u00e1cticas escritas, promovidas por la imprenta, la escritura manual y las instituciones educativas e ilustradas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Por \u201cviernes negro\u201d me refiero a la primera gran devaluaci\u00f3n que sufre la moneda venezolana el 14 de febrero de 1983, momento a partir del cual se puede decir que entra en crisis el Estado nacional venezolano.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Fernando Coronil en <em>El estado m\u00e1gico <\/em>(2002: \u201cla creciente deuda externa y el deterioro de la econom\u00eda debilitaron el papel del Estado\u201d (410). Margarita L\u00f3pez Maya explica este sentimiento de insatisfacci\u00f3n en <em>Del viernes negro al referendo revocatorio <\/em>(2005): \u201cLos estudiantes, maestros, y profesores universitarios, y en general el sector de la educaci\u00f3n (\u2026), inician en la d\u00e9cada de los ochenta una escalada de protestas (\u2026). Estas demandas formaban parte de lo que los venezolanos consideraban sus derechos como ciudadanos, pues en el discurso dominante construido desde 1958, la democracia estaba indisolublemente vinculada al desarrollo econ\u00f3mico y social de la poblaci\u00f3n, en especial al bienestar del pueblo\u201d (49,50).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> \u00c1ngel Rama dice que la sociedad venezolana est\u00e1 \u201csacudida por en\u00e9rgicos movimientos de- mocr\u00e1ticos y anti jer\u00e1rquicos que dificultan la acci\u00f3n racionalizadora de las \u00e9lites intelectuales\u201d (<em>La ciudad letrada <\/em>36). Luego, en sus <em>Diario<\/em>s, juzga su intelectualidad como de \u201cprovinciana\u201d y cita a una amiga uruguaya que habla de la capital como \u201cuna ciudad invisible\u201d y la compara con Uruguay: \u201cMontevideo est\u00e1 muerto pero es una ciudad, tiene calles, aceras, transportes, colectivos, cines ordenados, gente que se comunica a pesar de las dificultades, valores intelec- tuales firmes, sentimiento de responsabilidad, de trabajo y empe\u00f1o\u201d (79).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Ya Agamben, siguiendo a Gustave Guillaume en <em>Temps et verbe <\/em>(1945), nos indica que \u201cla gram\u00e1tica representa el tiempo verbal como una l\u00ednea infinita, compuesta de dos segmentos, el pasado y el futuro, separados por el corte del presente\u201d (<em>El tiempo que resta<\/em>, 70). Por su parte, Kittler dec\u00eda que la \u201chabilidad de registrar datos\u201d cambi\u00f3 radicalmente en el \u201cnetwork circa 1900\u201d: \u201cWriting ceased to be synonymous with the serial storage data\u201d (229) &lt;\u201cLa escritura deja de ser sin\u00f3nimo de almacenamiento serial de datos\u201d (Traducci\u00f3n m\u00eda)&gt;, y as\u00ed: \u201cThe tech- nological recording of the real entered into competition with the symbolic registration of the Symbolic\u201d (229) &lt;\u201cLa grabaci\u00f3n tecnol\u00f3gica de lo real entra en competici\u00f3n con el registro simb\u00f3lico de lo Simb\u00f3lico\u201d (Traducci\u00f3n m\u00eda)&gt;. M\u00e1s claro es Stephen Kern: \u201cAs an experience that had spatial as well temporal aspects, simultaneity had an extensive impact, since envol- ved many people in widely separate places, linked in an instant by the new communications technology and by the sleeping ubiquity of the camara eye\u201d (<em>The Culture of Time and Space <\/em><em>1880<\/em><em>&#8211;<\/em><em>1918<\/em>, 315) &lt;Como una experiencia que tiene aspectos espaciales y temporales, la simul- taneidad tiene un impacto extensivo ya que envuelve muchas personas en lejanos y separados lugares, unidos en un instante por las nuevas tecnolog\u00edas de comunicaci\u00f3n y la dormida ubi- cuidad del ojo de la c\u00e1mara\u201d (Traducci\u00f3n m\u00eda)&gt;.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> \u201cLa mentalidad tecnocr\u00e1tica (\u2026) ha cobrado tal fuerza en nuestro medio que ya se cierne sobre la universidad, ciudadela secularmente libre, re\u00f1ida por esencia con todo tipo de uniformidades\u201d, dice Rafael Cadenas en \u201cLenguaje y literatura\u201d (<em>En torno al lenguaje<\/em>, 63).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> En otro apartado es m\u00e1s claro: \u201cEl uso y abuso de sistemas verbales cada vez m\u00e1s artificiosa- mente cosificados y abstractos (\u2026) est\u00e1n saturando nuestra conciencia y nuestra inconsciencia de lenguajes, y por tanto de h\u00e1bitos comunicativos, neutros, as\u00e9pticos e impersonales\u201d (54).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> No en balde en 1929, junto con <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara <\/em>de Gallegos y el <em>Glosario bajo del Espa\u00f1ol en Venezuela <\/em>de Lisandro Alvarado, sale a la luz esta obra, mostrando en sus p\u00e1ginas finales todo un glosario de \u201cvenezolanismos\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Este rol, que entrar\u00e1 en competencia con la televisi\u00f3n y la radio ya desde los cincuenta, termi- nar\u00e1 de ceder definitivamente en los a\u00f1os ochenta.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> Desde luego que hay varias operaciones en su obra. Una de ellas, que no analizar\u00e9 por limita- ciones de espacio, se encuentra en lo que el cr\u00edtico Nicholas Roberts se\u00f1ala como \u201cthe con- truction of a poetic city, a poetic h\u00e1bitat\u201d (53) &lt;\u201cLa construcci\u00f3n de una ciudad po\u00e9tica, de un h\u00e1bitat po\u00e9tico\u201d&gt;. (Traducci\u00f3n m\u00eda).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Tomo este concepto de Marc Aug\u00e9 en <em>Por una antropolog\u00eda de la movilidad <\/em>(2007) donde lo define como la gran velocidad que ha alcanzado el conocimiento, el mercado y el desarrollo de las tecnolog\u00edas que, al crear el efecto de una homogenizaci\u00f3n del mundo, abren una brecha abismal para entender el verdadero car\u00e1cter fragmentario de la realidad.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> Es constante ver la menci\u00f3n al dios Toth, padre de la escritura alfab\u00e9tica, en muchas de sus declaraciones; por ejemplo, al hablar de las palabras en un momento de una entrevista dice: \u201cLos egipcios atribu\u00edan su invenci\u00f3n al dios Toth, \u2018el se\u00f1or de las palabras divinas\u2019, el dios del lenguaje, representado con cuerpo de hombre y cabeza de ibis\u201d (<em>La terredad de todo<\/em>, 449).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> Su idea de la \u201cterredad\u201d la define en un poema que lleva el mismo t\u00edtulo: \u201cLa terredad de un p\u00e1jaro es su canto, \/ lo que en su pecho vuelve al mundo\/ con los ecos de un coro invisible\u201d <em>(Antolog\u00eda<\/em>, 22).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> An\u00edbal Rodr\u00edguez Silva sugiere sobre los heter\u00f3nimos en el \u201cPapel Literario\u201d de <em>El Nacional <\/em>(28 de junio de 2008) que \u201cprovienen de un mismo lugar: la tipograf\u00eda de Blas Coll (10); y dice que se \u201ctrata de restos \u2018arqueol\u00f3gicos\u2019 de la literatura venezolana\u201d que Montejo busca reconstruir (10). De esa manera se pueden \u201cleer los prefacios de Montejo y la obra de los \u2018col\u00edgrafos\u2019, como \u201cuna novela no escrita cuyo tema es la escritura misma\u201d (10).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Crist\u00f3bal Castro Quien haya le\u00eddo El Cuaderno de Blas Coll (1981) de Eugenio Montejo puede ser v\u00edctima de una extra\u00f1a impresi\u00f3n. Su protagonista, un tip\u00f3grafo de las Islas Canarias, propone una serie de curiosas reformas para cambiar el castellano. 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