{"id":3278,"date":"2022-02-06T20:18:26","date_gmt":"2022-02-06T20:18:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3278"},"modified":"2023-11-24T18:34:23","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:23","slug":"la-muerte-del-centauro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-muerte-del-centauro\/","title":{"rendered":"La muerte del Centauro"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Ricardo Ram\u00edrez Requena<\/h4>\n<p><em>Aquel caballo que mi padre era <\/em><\/p>\n<p><em>Y que despu\u00e9s no fue, \u00bfpor d\u00f3nde se halla? <\/em><\/p>\n<p>Eugenio Montejo<\/p>\n<p>El caballo, como s\u00edmbolo, no ha dejado de acompa\u00f1arnos desde nuestros d\u00edas fundacionales. Nos acompa\u00f1a en el Escudo Nacional, recorre los d\u00edas de la independencia (pocas im\u00e1genes m\u00e1s explotadas que las de aquellos hombres que cruzaron los Andes), hace un peso significativo, enf\u00e1tico en las batallas sangrientas de esos a\u00f1os (Carabobo, \u201cVuelvan Caras\u201d), y establece su se\u00f1or\u00edo en los a\u00f1os de la Guerra Federal. El caballo es una referencia nacional hasta la \u00faltima batalla ganada por G\u00f3mez, y contin\u00faa en nuestro imaginario dentro del hipismo y en la m\u00fasica popular hasta nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>Hablar del caballo es hablar de guerra, y fuga durante todo el siglo XIX y como imagen simb\u00f3lica durante el siglo XX. \u00bfPero qu\u00e9 lugar podemos darle en el siglo XXI?<\/p>\n<p>En nuestro pa\u00eds el caballo viene aparejado con su jinete, como s\u00edmbolo de la libertad criolla: aquella que no conoce l\u00edmites. Nuestra idea de libertad hace migas con la anarqu\u00eda y no conoce l\u00edmites. Su referente central es el llano: espacio lleno de hybris, poco ol\u00edmpico, tierra de desmesura. Nuestra idea fundacional se cifra en esa desmesura, concentrada en una imagen m\u00e1s elaborada del caballo: la del Centauro. Fusi\u00f3n entre hombre y caballo, fusi\u00f3n entre raz\u00f3n y animalidad, nuestra idea del Centauro es aquella que cuesta m\u00e1s definir: una sin l\u00edneas que la contengan, difusa, hecha de la velocidad del corcel perdi\u00e9ndose hacia el infinito.<\/p>\n<p>Como parte de nuestro imaginario fundacional, el Centauro se construye desde lo rom\u00e1ntico y desde lo rom\u00e1ntico, nacionalista, militar, se recuerda. Su imagen es esa: un pasado glorioso, que curiosamente nos impide avanzar.<\/p>\n<p>Somos un caballo detenido en una imagen. Al detener esa imagen, destruimos lo sagrado en ella. \u00bfO es al rev\u00e9s? \u00bfno ser\u00e1 que liber\u00e1ndola, al dejar esa imagen, al entender que debemos dejar al caballo libre perderse en el horizonte, sin vuelta atr\u00e1s, por fin retomaremos la libertad?<\/p>\n<p>\u00bfNo vivimos ya los tiempos en que debemos dejar ir al Centauro?<\/p>\n<p>No lo hemos hecho nunca, y quiz\u00e1s en ello se cifre nuestra tragedia.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>El caballo ha estado siempre presente en nuestra poes\u00eda. Es c\u00e9lebre la recopilaci\u00f3n El caballo en la poes\u00eda venezolana, hecha ya hace algunos a\u00f1os. La poes\u00eda de Luis Alberto Crespo y Yolanda Pantin ha celebrado su figura. Pero quisiera centrarme en la de Igor Barreto y uno de sus mejores libros, El duelo, publicado por la Sociedad de amigos del Santo Sepulcro, en 2010. En este libro, Barreto explora la muerte del caballo, ese quiebre de lo sagrado en su animalidad, esa p\u00e9rdida irreparable para el hombre de esa animalidad. Porque el caballo, para nosotros, es siempre lo otro. Ese otro lado que nos define y nos llama, que nos marca tr\u00e1gicamente. Es nuestra nobleza, nuestra muerte y nuestra fuga.<\/p>\n<p>Nos dice Barreto:<\/p>\n<p><em>Los caballos <\/em><\/p>\n<p><em>Solo poseen <\/em><\/p>\n<p><em>Emociones elementales. <\/em><\/p>\n<p><em>La invariable <\/em><\/p>\n<p><em>Conducta <\/em><\/p>\n<p><em>Del animal presa. <\/em><\/p>\n<p><em>Como el gallo <\/em><\/p>\n<p><em>De los bosques <\/em><\/p>\n<p><em>Que vuela en una rama <\/em><\/p>\n<p><em>Para protegerse, <\/em><\/p>\n<p><em>As\u00ed el caballo <\/em><\/p>\n<p><em>Tambi\u00e9n se arroja <\/em><\/p>\n<p><em>En una carrera <\/em><\/p>\n<p><em>Desmedida <\/em><\/p>\n<p><em>A campo abierto <\/em><\/p>\n<p>Esa fuga, para protegerse, nos acompa\u00f1a como pa\u00eds. Esa vuelta al pasado, como fuga, y ese querer siempre avanzar hacia el futuro sin pensarlo mucho, tambi\u00e9n como fuga. Somos un pueblo siempre inc\u00f3modo con su presente. Un presente que nunca lo satisface, que nunca lo complace, que nunca lo llena. Vivimos atrapados entre una imagen falsa del pasado, que nos negamos a dejar ir (y que hemos convertido adem\u00e1s, desde hace m\u00e1s de un siglo, en pol\u00edtica de Estado) y una idea del futuro como horizonte sin fin, que solo nos pone como l\u00edmite el viento en nuestro rostro mientras avanzamos desbocados.<\/p>\n<p>No mirar nuestro presente viene aparejado con nuestra incapacidad de lidiar con la muerte, con la idea de fin a partir de la muerte, y que nos invita a una exaltaci\u00f3n \u00faltima de la vida, en donde todo debe consumirse, beberse, comerse de inmediato, pues no entendemos los \u00f3rdenes del d\u00eda.<\/p>\n<p>Veamos otro poema:<\/p>\n<p><em>Un caballo <\/em><\/p>\n<p><em>Teme <\/em><\/p>\n<p><em>A su propio silencio <\/em><\/p>\n<p><em>Que yo juzgo <\/em><\/p>\n<p><em>Trascendente <\/em><\/p>\n<p><em>Pero que otro <\/em><\/p>\n<p><em>Desconoce <\/em><\/p>\n<p><em>Y con violencia <\/em><\/p>\n<p><em>Lo hace suyo. <\/em><\/p>\n<p><em>El que viene <\/em><\/p>\n<p><em>A matar <\/em><\/p>\n<p><em>Ve en el caballo <\/em><\/p>\n<p><em>Solo su peso <\/em><\/p>\n<p><em>Y aquella mudez <\/em><\/p>\n<p><em>Sin nombre <\/em><\/p>\n<p><em>Entre <\/em><\/p>\n<p><em>La maleza <\/em><\/p>\n<p><em>Bajo la sombra <\/em><\/p>\n<p><em>De unos \u00e1rboles <\/em><\/p>\n<p><em>Tambi\u00e9n sin nombre.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfNo somos acaso este poema?, \u00bfNo tememos a nuestro propio silencio, silencio que el otro trata de apropiarse siempre con violencia? \u00bfNo nos define como sociedad? \u00bfNo somos acaso una comunidad que desconf\u00eda del silencio, para quien el silencio siempre es una sospecha? \u00bfno es nuestro ruido permanente la imagen del disimulo?<\/p>\n<p>Estas im\u00e1genes me interesa conectarlas con otras: la del caballo domado a partir del miedo. Silencio, violencia, miedo. Tres poderosas fuerzas que nos marcan: la ausencia de la primera; la exaltaci\u00f3n de la segunda; la marca a hierro candente de la tercera.<\/p>\n<p>Vivimos en una sociedad en donde el miedo siempre nos ha dominado a partir de la violencia, y que nos ha llevado a un silencio al que tememos. Una serpiente que se muerde la cola.<\/p>\n<p>Todo esto nos lleva a otra historia, que nos podr\u00eda ayudar a entender nuestro presente en el siglo XXI.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Creo que el caballo, en este siglo que comienza, ha muerto. Pero a pesar de su muerte, nos negamos a aceptar el fin del Centauro.<\/p>\n<p>Vuelvo a un poema de Barreto:<\/p>\n<p>DESTINO:<\/p>\n<p><em>Los caballos <\/em><\/p>\n<p><em>No cruzan un r\u00edo <\/em><\/p>\n<p><em>Cuando mueren. <\/em><\/p>\n<p><em>Su memoria desaparece <\/em><\/p>\n<p><em>En el instante <\/em><\/p>\n<p><em>Del destello <\/em><\/p>\n<p><em>Del golpe <\/em><\/p>\n<p><em>En su cr\u00e1neo<\/em><\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, nos sigue diciendo:<\/p>\n<p><em>Aun as\u00ed, el caballo <\/em><\/p>\n<p><em>No condenar\u00e1 a nadie. <\/em><\/p>\n<p><em>La belleza muere <\/em><\/p>\n<p><em>Simplemente <\/em><\/p>\n<p><em>Y en otro cuerpo <\/em><\/p>\n<p><em>Ser\u00e1 encontrada. <\/em><\/p>\n<p><em>Silenciosos caballos <\/em><\/p>\n<p><em>Privados de la queja <\/em><\/p>\n<p><em>Y la plegaria. <\/em><\/p>\n<p><em>Pero su miedo <\/em><\/p>\n<p><em>Tendr\u00e1 fin, <\/em><\/p>\n<p><em>Y desaparecer\u00e1 para siempre. <\/em><\/p>\n<p>\u00bfSomos un pueblo que no acepta la muerte del caballo entre nosotros? \u00bfQue no acepta que la belleza puede estar en otra parte y que su muerte es el fin del miedo?<\/p>\n<p>Negar la muerte del caballo, y continuar la exaltaci\u00f3n del Centauro significa la petrificaci\u00f3n del miedo, y la incapacidad real de lidiar con la muerte. Hablamos de una lidia que acepte la muerte como parte natural de la vida, en su sentido m\u00e1s sagrado, para que de esta manera la violencia no contin\u00fae mancill\u00e1ndola. La aceptaci\u00f3n de la muerte como parte de la vida podr\u00eda ser el cese de una violencia. Y quiz\u00e1s, del miedo.<\/p>\n<p>Pero nos negamos: seguimos construyendo un discurso del Centauro, sin saber que montamos un caballo muerto, que no avanza y que solo es una imagen que no se mueve.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Aceptar la muerte del caballo, es aceptar el duelo. La llegada del fin. El duelo, nada soluciona, es darle espacio y tiempo al dolor de la muerte. Es entender la despedida.<\/p>\n<p>Dejar de ser Centauros, y comenzar a ser hombres nuevamente, quiz\u00e1s sea la clave para aceptar nuestra tragedia, y una manera, m\u00e1s sensata, de comenzar a ser un pa\u00eds nuevamente.<\/p>\n<p><em>No hab\u00eda otra cosa <\/em><\/p>\n<p><em>Que una m\u00fasica resonando <\/em><\/p>\n<p><em>Entre caballos. <\/em><\/p>\n<p>Nos dice Barreto.<\/p>\n<p>Ser esa m\u00fasica, podr\u00eda ayudarnos a dejar de ser patria y a comenzar a ser comunidad.<\/p>\n<p>Ser esa m\u00fasica.<\/p>\n<p>Y entonces resonar sin miedo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ricardo-ramirez-requena\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ricardo Ram\u00edrez Requena Aquel caballo que mi padre era Y que despu\u00e9s no fue, \u00bfpor d\u00f3nde se halla? 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