{"id":3271,"date":"2022-02-06T19:22:48","date_gmt":"2022-02-06T19:22:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3271"},"modified":"2023-11-24T18:34:23","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:23","slug":"dos-cuentos-de-ana-teresa-torres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-ana-teresa-torres\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Ana Teresa Torres"},"content":{"rendered":"<h3><strong>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1s, Ana Klein?<\/strong><\/h3>\n<p>Ana Klein estaba sentada en su consultorio escuchando al joven de las 5.40 pm. Mir\u00f3 el reloj disimuladamente, nunca se sabe en qu\u00e9 momento la persona pudiera voltearse y sorprender al terapeuta en la impaciente situaci\u00f3n de ver la hora. Sus sesiones ten\u00edan una duraci\u00f3n establecida en 45 minutos y todav\u00eda faltaban unos veinte, se le hac\u00eda larga la sesi\u00f3n. Miraba por la ventana y ve\u00eda un cielo con evidente amenaza de fr\u00edo y lluvia. Despu\u00e9s del joven de las 5.40 ven\u00eda la adolescente de las 6.30. Divertida, algo insufrible. Luego la mujer de las 7.20. Demasiado melanc\u00f3lica y aburrida. A las 8.10, el hombre de negocios. Intenso y viril. Y por \u00faltimo, a las 9 en punto, la estudiante de psicoterapia. Demandante y mediocre. Total, no importaba si llov\u00eda o si hac\u00eda demasiado fr\u00edo; a las 9.45 ser\u00eda tarde para salir. No tanto demasiado tarde, habr\u00eda lugares abiertos y gente en la calle. Podr\u00eda, pens\u00e1ndolo bien, acercarse hasta el caf\u00e9 en el que acostumbraban a reunirse varios colegas al final del d\u00eda a comentar sus sinsabores, pero estar\u00eda demasiado cansada para regresar despu\u00e9s sola moj\u00e1ndose sin ninguna necesidad. El joven de las 5.40 comenz\u00f3 a despedirse. Sol\u00eda tomar bastante tiempo porque sent\u00eda la extremada necesidad de relatar en los \u00faltimos minutos todo lo que no hab\u00eda sido capaz de decir en el resto de la sesi\u00f3n, pero Ana Klein lo dejaba hacer sin preocuparse. En general la adolescente de las 6.30 llegaba tarde. Pens\u00f3 mientras tanto que a veces la estudiante de psicoterapia sol\u00eda llevar algunos pasteles para compartir mientras discut\u00edan el caso, y ese pensamiento la alegr\u00f3. Entonces ella podr\u00eda sacar una botella de vino y recalentar unas empanadas de modo que el asunto cena quedaba resuelto. A las 9.45 ponerse a cocinar ser\u00eda aburrido, casi excesivamente fatigante.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a mirar el reloj. Hoy la adolescente perder\u00eda la sesi\u00f3n completa. Sus padres eran gente de dinero, no le dar\u00edan mayor importancia a ese tiempo malgastado. Pero aun as\u00ed tom\u00f3 la decisi\u00f3n de que esta vez les advertir\u00eda de que su hija frecuentemente perd\u00eda su tiempo sin reposici\u00f3n. No quer\u00eda perturbar su \u00e9tica. Tocaron el timbre y abri\u00f3 la puerta desganadamente. A muchos colegas les enfurec\u00eda que los pacientes llegaran tarde. A ella no. La muchacha entr\u00f3 apresuradamente y pas\u00f3 los 15 minutos que le restaban pidiendo excusas y dando incre\u00edbles explicaciones del retardo. Ana Klein no las escuchaba porque eran siempre las mismas con variantes: en el colegio hab\u00eda surgido una reuni\u00f3n inesperada o en la calle los colectivos pasaban demasiado llenos. Record\u00f3 que cuando trabajaba en Caracas los pacientes excusaban sus retrasos por la lluvia. Dec\u00edan: \u00abcay\u00f3 un palo de agua por all\u00e1\u00bb. Nunca en Buenos Aires hab\u00eda escuchado que la gente dejara de hacer las cosas que ten\u00eda que hacer por la lluvia, pero tampoco antes hab\u00eda vivido en el tr\u00f3pico e ignoraba la fuerza del agua. En poco tiempo Ana Klein tambi\u00e9n comprendi\u00f3 que la lluvia es una causa importante de la impuntualidad.<\/p>\n<p>Se prepar\u00f3 para escuchar a la mujer de las 7.20. Era la viuda de un milico. Muchas veces hab\u00eda sentido la tentaci\u00f3n de decirle: \u00abtermine de hacer su duelo de mierda por la mierda de su marido\u00bb pero era demasiado obvio que no pod\u00eda darse ese gusto. Sent\u00eda nostalgia por Caracas pero no pod\u00eda dejar de sentir odio por la interrupci\u00f3n que los milicos hab\u00edan producido en su vida. Cualquiera podr\u00eda comprenderlo, hasta la mujer de las 7.20, si ella le explicara en qu\u00e9 consiste interrumpir la vida. De hecho, ella la hab\u00eda interrumpido de nuevo cuando volvi\u00f3 a Buenos Aires, pero esa es la caracter\u00edstica de las interrupciones de la vida. Una vez interrumpida, siempre interrumpida. Regres\u00f3 a la mujer de las 7.20. Estaba hablando ahora de que su \u00fanica hija hab\u00eda emigrado a Brasil por un asunto de los negocios de su yerno. \u00abEsto ha sido como una suerte de interrupci\u00f3n en la familia\u00bb, dijo, y Ana Klein pens\u00f3 que las palabras tienen demasiados significados.<\/p>\n<p>Revis\u00f3 el calentador que estaba debajo de una mesa cercana al div\u00e1n y comprob\u00f3 que no funcionaba bien. Seguramente el hombre de las 8.10 vendr\u00eda de nuevo con la recriminaci\u00f3n de que el consultorio estaba fr\u00edo. \u00abFr\u00edo como usted con Laura\u00bb. Era una venganza sencilla, e inobjetable porque el hombre se quejaba constantemente de que lo \u00fanico que sent\u00eda por su amante era un incoercible deseo de penetrarla. M\u00e1s o menos lo que tambi\u00e9n hab\u00eda ocurrido con las amantes anteriores y consecuentemente con la esposa. Era el paciente de mayores honorarios y no faltaba jam\u00e1s a una sesi\u00f3n ni llegaba tarde un minuto. Le escuch\u00f3 el minucioso recuento de la \u00faltima noche con Laura que tomaba casi toda la sesi\u00f3n porque conten\u00eda todos los detalles del coito, precoito y postcoito. Le pareci\u00f3 que se hab\u00eda producido una leve mejor\u00eda; no quiso, sin embargo, insistir en ello porque se trataba de una persona con mucha ansiedad ante las mejor\u00edas. \u00abPareciera que ayer con Laura hizo menos fr\u00edo\u00bb, dijo ella; \u00abahora siento el consultorio m\u00e1s caliente\u00bb, dijo \u00e9l. Ana Klein le dio la raz\u00f3n y le comunic\u00f3 que la hora hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>Ansiosamente la estudiante irrumpi\u00f3 en el consultorio. \u00ab\u00bfCansada?\u00bb, le pregunt\u00f3. Era una muchacha muy comprensiva. \u00abNo tuve tiempo de pararme en la confiter\u00eda\u00bb, dijo sonrosada todav\u00eda por el fr\u00edo de la noche. Comenzaron a discutir el caso. La muchacha le\u00eda apresuradamente cuartilla tras cuartilla y ella escuchaba con tranquilidad. Le hizo sentir que hab\u00eda trabajado muy bien las sesiones. No las hab\u00eda trabajado mal, pero tampoco tan bien. Solamente que ya eran las 9.25 y no quer\u00eda dejarla con un mal sabor. Finalmente la estudiante se fue y revis\u00f3 la nevera en la que no hab\u00eda nada comestible. Se enrosc\u00f3 la bufanda y se pas\u00f3 el abrigo, sali\u00f3 a la calle y entr\u00f3 en el bar de la esquina. Pidi\u00f3 lo de siempre: un bocadillo y un vaso de vino. Pasaba todav\u00eda mucha gente por delante del bar. Un hombre entr\u00f3 de la mano de una chica m\u00e1s joven. Se sentaron en una mesita frente a ella. Se miraban a los ojos y se tocaban las manos, tal cual como hacen los enamorados. Quiz\u00e1 lo est\u00e9n, pens\u00f3. Se qued\u00f3 detallando su rostro, al punto que la chica se dio cuenta y pens\u00f3 mal. Le devolvi\u00f3 la mirada con desaf\u00edo. Pero no pod\u00eda dejar de mirarlo. Era tan parecido que s\u00f3lo pod\u00eda ser \u00e9l. De pronto la chica se levant\u00f3 y se dirigi\u00f3 al ba\u00f1o. Ella se levant\u00f3 tambi\u00e9n y se acerc\u00f3 a la mesa. \u00ab\u00bfT\u00fa no viv\u00edas en Caracas?\u00bb El se sorprendi\u00f3 y contest\u00f3 que s\u00ed, que sus padres hab\u00edan estado exilados, cuando los milicos. \u00ab\u00bfY no estabas en an\u00e1lisis?\u00bb \u00abClaro, como buen hijo de argentinos. Era el \u00fanico chico de mi clase que lo llevaban tres veces por semana al psicoanalista\u00bb. \u00abMe refiero cuando grande\u00bb. \u00abCuando grande no, gracias al psicoan\u00e1lisis infantil me liber\u00e9 de mis padres\u00bb, dijo con una sonrisa. Parec\u00eda con ganas de seguir la conversaci\u00f3n pero en eso la novia regres\u00f3 del ba\u00f1o y salieron del bar. Quiz\u00e1 tengan una bronca por mi culpa, pens\u00f3, pero el parecido era asombroso. Aunque es verdad que hab\u00eda transcurrido demasiado tiempo.<\/p>\n<p>Cuando Ana y Ernesto Klein llegaron a Caracas se instalaron en casa de unos amigos en Colinas de Bello Monte y luego se mudaron a un apartamento en San Bernardino, en la plaza La Estrella. Era un apartamento de dos habitaciones y Ana usaba una de ellas como consultorio. No era demasiado c\u00f3modo que las personas atravesaran su intimidad pero era, por el momento, la \u00fanica manera de tener un consultorio. Cuando Ernesto se fue, la intimidad disminuy\u00f3. Es decir, desaparecieron los zapatos que a veces dejaba olvidados al lado del sof\u00e1, las tazas de caf\u00e9, y los libros desparramados sobre la mesa del comedor. Algunos pacientes notaron el cambio y otros no, pero en ning\u00fan caso Ana aludi\u00f3 al asunto. No hab\u00eda sabido m\u00e1s de \u00e9l, alguien le coment\u00f3 que hab\u00eda regresado a Argentina pero era igual que si se hubiese quedado en Venezuela o reemigrado a los Estados Unidos. No hab\u00eda ninguna raz\u00f3n para seguir sosteniendo el hilo de sus vidas. Mucha gente le hab\u00eda preguntado por qu\u00e9 segu\u00eda conservando el apellido de casada y siempre contestaba lo mismo: \u00abun nombre es igual que otro\u00bb. Y por otra parte, le gustaba la resonancia psicoanal\u00edtica de su apellido, y ya muchos profesionales la conoc\u00edan de esa manera. Cambiarse el nombre por el de casada o volv\u00e9rselo a quitar cuando se deja de estarlo, era como dejar los zapatos en la sala, una manera de anunciarle al mundo los vaivenes de la intimidad. Ernesto no ten\u00eda que ponerse ni quitarse nada por el hecho de dormir o no con ella.<\/p>\n<p>Nunca le hab\u00eda terminado de gustar Caracas. Era una ciudad sin aceras para caminar, hab\u00eda una sola calle con caf\u00e9s, y en ella demasiados argentinos buscando prensa sure\u00f1a en el quiosco de uno de ellos y atizando la nostalgia nocturna. Pero tambi\u00e9n era una ciudad pr\u00f3spera, no le hab\u00eda resultado dif\u00edcil construir una clientela aunque fuese extranjera ni hacer amigos. Le resultaban un tanto elevados de tono en su manera de hablar, y siempre chismeaba con sus amigas de Buenos Aires acerca del nuevorriquismo de los venezolanos y de c\u00f3mo malgastaban la plata de cualquier manera. Recordaban entonces sus infancias en Banfield, el fr\u00edo de los inviernos, los largos trenes que deb\u00edan tomar para ir a la Facultad, y la escasez con que administraban sus peque\u00f1os ingresos de estudiantes. Los relatos cobraban una suerte de car\u00e1cter heroico desde la distancia y su repetici\u00f3n era una manera de consolidar sus identidades. Al fin y al cabo tampoco hab\u00eda nacido en Buenos Aires, y sin embargo, \u00e9se era el lugar donde viv\u00eda su coraz\u00f3n, su pertenencia, su verdadera ciudad. Otros amigos, en la debacle, hab\u00edan salido para M\u00e9xico, Canad\u00e1, Estados Unidos, y desde luego, Europa. Los venidos a Venezuela parec\u00edan exilados de segunda mano, los que hab\u00edan elegido el pa\u00eds menos estimulante, de menor nivel cultural, s\u00f3lo famoso por su petr\u00f3leo. Pero Ana sab\u00eda que la gente sale a donde puede. Su madre consigui\u00f3 una visa para Argentina en 1944 y \u00abesa visa era m\u00e1s valiosa que el oro\u00bb; le escuch\u00f3 decir esa frase todos los d\u00edas de la vida, en su espa\u00f1ol demasiado enredado de yiddish.<\/p>\n<p>Durante los a\u00f1os setenta conoc\u00ed a muchos terapeutas sure\u00f1os, no recuerdo entre ellos a Ana Klein. Puede ser que la encontrara en alg\u00fan seminario de psicoterapia o que alguien me la presentara brevemente, pero no creo. No hubiera olvidado el nombre. Se hab\u00eda acercado a m\u00ed como si me hubiese estado buscando en medio del gent\u00edo que paseaba por la Feria del Libro y por fin me hab\u00eda encontrado. Sal\u00eda de una mesa de poes\u00eda y yo daba vueltas esperando a que comenzara el encuentro en el que deb\u00eda participar. Me habl\u00f3 efusivamente, nervioso.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe llamas Ana.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEres psicoanalista?<\/p>\n<p>\u2014 S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfY ten\u00edas el consultorio en San Bernardino?<\/p>\n<p>\u2014 S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfEn la Plaza La Estrella?<\/p>\n<p>Tuve que contestarle que no.<\/p>\n<p>\u2014 Pero eres Ana Klein.<\/p>\n<p>Hubiese querido contestarle que s\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014 Ana Klein era mi analista. Se fue a Buenos Aires y me dej\u00f3\u2026 me dej\u00f3 con un doctor\u2026 Pero yo sigo pensando en ella. No s\u00e9 si habr\u00e1 regresado.<\/p>\n<p>\u2014 Creo que no la conozco.<\/p>\n<p>\u2014 Se parec\u00eda mucho a ti. Por eso pens\u00e9\u2026 Le gustaba mucho la poes\u00eda. Yo entonces quer\u00eda ser escritor.<\/p>\n<p>\u2014 No soy Ana Klein, pero me alegro de haberte conocido \u2014le dije.<\/p>\n<p>Se qued\u00f3 mir\u00e1ndome desde lejos hasta que se fue perdiendo entre la gente que daba vueltas sin ton ni son. Cuando entr\u00e9 en la sala de conferencias volte\u00e9 pero ya no lo vi m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pienso ahora que si le hubiese dicho que s\u00ed a todas sus preguntas \u2014y total, qu\u00e9 diferencia hay entre un consultorio en la Plaza La Estrella o en la Avenida Agust\u00edn Codazzi\u2014, el di\u00e1logo hubiese seguido otros derroteros. Si me hab\u00eda tomado por ella con tal convicci\u00f3n, era porque no pod\u00eda diferenciar bien su imagen y yo hubiera podido convencerlo de que era Ana Klein, su Ana, la Ana que viv\u00eda en su coraz\u00f3n, y simular un reencuentro. Decirle que nunca me hab\u00eda ido, o que s\u00ed me hab\u00eda ido pero la nostalgia por Caracas me hab\u00eda regresado. Y adjudicar al paso del tiempo las incongruencias de mi relato, las lagunas de mi memoria y el sentido de lo que hab\u00eda sido nuestra relaci\u00f3n. \u00bfY cu\u00e1l hab\u00eda sido, en verdad? De haber aceptado el simulacro, hubiese conocido los misterios de la misma, si es que los hab\u00eda. Hubiera sabido si nos hab\u00edamos amado, o si yo hab\u00eda escenificado una antigua relaci\u00f3n para \u00e9l, o si nada, en realidad, hab\u00eda sucedido m\u00e1s all\u00e1 del enamoramiento de un joven por una mujer madura y extranjera. Pero no soy capaz de ese tipo de juegos, y prefer\u00ed dejarlo en la tristeza de no haber encontrado a su verdadera Ana Klein.<\/p>\n<p>En cuanto a ella, nunca sabr\u00e1 de este encuentro, y le hubiera dado una gran alegr\u00eda saberlo cuando est\u00e9 en su consultorio de Buenos Aires esperando al hombre de negocios de las 8.10, a la viuda del milico de las 7.20, y seguramente la adolescente de las 6.30 haya dejado de malgastar la plata de las sesiones, y la estudiante de psicoterapia haya tocado el timbre con una cajita de pastas en la mano para decirle que por la situaci\u00f3n econ\u00f3mica no podr\u00e1 continuar con la supervisi\u00f3n. Pero Ana Klein es una psicoanalista con experiencia y no se angustiar\u00e1 por las interrupciones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>La semilla de la infelicidad (Cuento de hadas para una ni\u00f1a)<\/strong><\/h3>\n<p>\u00c9rase una vez la historia de un reino. Lleg\u00f3 al palacio un mago corre caminos, de esos que arrastran el polvo de muchos d\u00edas y la sal de los siete mares. Burtaf\u00e1n se llamaba. Algunos le atribu\u00edan origen turco a su nombre, otros pensaban que era un jud\u00edo sefardita, hubo quien crey\u00f3 en una m\u00e1s ilustre genealog\u00eda y lo emparentaba a la casta de los brahamanes indios. En la inc\u00f3gnita de su proveniencia resid\u00eda parte de su poder e influencia como sucede con casi todos los h\u00e9roes. A quienes trataban de precisar su origen, Burtaf\u00e1n sonre\u00eda enigm\u00e1tico. Los m\u00e1s sutiles hubieran entendido en su mirada la dif\u00edcil mezcla de humillaci\u00f3n y arrogancia. Siendo mago de profesi\u00f3n vagaba con un cofre repleto de artima\u00f1as y mejunjes, polvos de culebra seca, pesta\u00f1as de perro negro, piedras de la buena suerte, yerbas para el mal de parto, p\u00f3cimas para el buen amor, aros de metal para el reumatismo, polvos para la maledicencia, b\u00e1lsamo para la sarna, y otras muchas magias que Burtaf\u00e1n aprendi\u00f3 en su corre correr por el mundo. Pero como todo hombre ten\u00eda un deseo rec\u00f3ndito, profundo e inconfesable que sus muchos poderes no le hab\u00edan concedido: quer\u00eda hacer crecer una planta est\u00e9ril.<\/p>\n<p>De ni\u00f1o recogi\u00f3 en un desierto la semilla de una planta de hermosas flores, las m\u00e1s bellas, las \u00fanicas flores que nac\u00edan en la regi\u00f3n junto a los frescos oasis. La encontr\u00f3 por casualidad, como casi todas las cosas que despu\u00e9s nos hacen sufrir, y la llev\u00f3 a un viejo sabio que sin ser mago, entend\u00eda de predicciones y maleficios.<\/p>\n<p>&#8211; Burtaf\u00e1n \u2013le dijo el viejo sabio- has encontrado la semilla de la infelicidad. Todo aquel que la encuentra se condena a buscar el oasis donde naci\u00f3 la planta, y t\u00fa sabes, porque conoces el desierto, que muchos oasis son producto de los sue\u00f1os del hombre. Si la planta dio vida alguna vez no lo sabr\u00e1s pues fue el sue\u00f1o de un sediento.<\/p>\n<p>&#8211; La encontrar\u00e9 \u2013contest\u00f3 Burtaf\u00e1n.<\/p>\n<p>Y desde ese d\u00eda se inici\u00f3 en las artes y artilugios de los magos y brujos con la sola idea de encontrar un sue\u00f1o perdido, en el cual apareciera un oasis, el oasis que vio nacer a la planta. Pero pronto entendi\u00f3 que sus maestros eran meros emp\u00edricos del arte y que lo practicaban con fines lucrativos, no muy bien remunerados. Debo encontrar un mago de vocaci\u00f3n, que quiera realmente desentra\u00f1ar misterios y hacer milagros, pues los que conozco s\u00f3lo me ense\u00f1an milagrer\u00edas de corto alcance. Y, uniendo la teor\u00eda a la pr\u00e1ctica, comenz\u00f3 a leer la vida de Jes\u00fas, de Buda y de Mahoma, pues en ellos s\u00ed ten\u00eda fe porque tambi\u00e9n hab\u00edan recorrido caminos de polvo y aplastado culebras con los pies descalzos. Y as\u00ed lleg\u00f3 hasta la India donde hab\u00eda o\u00eddo viv\u00edan los hombres m\u00e1s viejos y sabios que m\u00e1s conoc\u00edan de sue\u00f1os e ilusiones, pues s\u00f3lo se dedicaban a meditar y com\u00edan ramas secas y punzantes sin sentir dolor. Todav\u00eda era un hombre joven, no mayor de treinta a\u00f1os, y los pies le sangraban y el est\u00f3mago le gritaba cuando ascend\u00eda entre picos y rocas desnudas a la cueva m\u00e1s alta del mundo donde habitaba el Lama m\u00e1s so\u00f1ador.<\/p>\n<p>El Lama conoc\u00eda todas las lenguas, no por estudio sino porque tanto hab\u00eda pensado que hab\u00eda agotado las posibilidades de la suya y hab\u00eda reestructurado todas las dem\u00e1s, en su af\u00e1n de encontrar formas apropiadas para sus infinitos conceptos. Y aun as\u00ed no lo hab\u00eda conseguido y se hab\u00eda dado a la tarea de inventar nuevas lenguas con la esperanza de morir habiendo puesto en palabras su prodigioso pensamiento. Por eso entendi\u00f3 la b\u00fasqueda de Burtaf\u00e1n y al verlo le habl\u00f3 as\u00ed:<\/p>\n<p>-S\u00e9 a qu\u00e9 has venido. Yo tambi\u00e9n fui condenado en mi ni\u00f1ez a buscar el imposible y ya, siendo un viejo, no puedo bajarme del carro de infinitas ruedas. Pero eso es otra historia que a\u00fan no debes saber, dime, Burtaf\u00e1n, si mi casi infinita sabidur\u00eda puede serte de ayuda.<\/p>\n<p>Burtaf\u00e1n estaba emocionado y escogi\u00f3 muy cuidadosamente sus palabras:<\/p>\n<p>-Aunque t\u00fa lo sabes todo, Lama, quiero decirte que he recorrido mil caminos desde mi ni\u00f1ez buscando al hombre que pueda dirigir un sue\u00f1o, pues busco el sue\u00f1o de otro y casi he perdido la facultad de conciliarlo.<\/p>\n<p>-Quien te trajo hacia m\u00ed conoc\u00eda de estas cosas. He vivido entre sue\u00f1os y creo conocerlos todos. En mi mente los guardo. Dime cu\u00e1l es el tuyo.<\/p>\n<p>-Mi sue\u00f1o, Lama, es un sue\u00f1o del desierto. Quien so\u00f1\u00f3 con agua y vergeles sabe d\u00f3nde puede nacer la semilla que llevo desde la infancia.<\/p>\n<p>-Tu semilla es est\u00e9ril porque no ha encontrado el vientre necesario. Encontrar\u00e1s el agua que le dio la vida y volver\u00e1n a nacer las mismas flores.<\/p>\n<p>-\u00bfY d\u00f3nde est\u00e1 esa agua?<\/p>\n<p>-Los sue\u00f1os de agua son sue\u00f1os de mujer. Busca en los palacios del mundo y all\u00ed donde encuentres una mujer virgen de hijos preg\u00fantale c\u00f3mo regar tu planta est\u00e9ril.<\/p>\n<p>Y nada m\u00e1s dijo el Lama. Se esfum\u00f3 para siempre en una cortina de sue\u00f1os y Burtaf\u00e1n comprendi\u00f3 que un nuevo alfabeto estaba a punto de nacer y que ya \u00e9l ten\u00eda la clave del secreto, m\u00e1s misterioso e inalcanzable que nunca. Hab\u00eda sido hasta ahora parlanch\u00edn y enmendador de entuertos para pobres y no hallaba c\u00f3mo penetrar en las mentes de los ricos que habitaban los palacios.<\/p>\n<p>Quienes ven\u00edan a m\u00ed \u2013se dec\u00eda- eran pobres gentes, de peor destino que el m\u00edo, a quien una p\u00f3cima o un polvo de alacr\u00e1n pod\u00eda sacar de la desesperanza, pero ahora tendr\u00e9 que inventar nuevas artes para embrujar a los poderosos y que me abran as\u00ed las puertas de los palacios, pues en uno de ellos est\u00e1 la mujer que so\u00f1\u00f3 con mi planta.<\/p>\n<p>Y cavilando en el c\u00f3mo hacer cre\u00f3 una trama: a nadie dir\u00e9 que soy hijo del desierto, que mam\u00e9 leche de camella y me criaron los mozos de las caravanas. Una condici\u00f3n tan pobre e incierta puede despertar desconfianza. Seguir\u00e9 mi destino de hombre sin nombre y ser\u00e9 s\u00f3lo Burtaf\u00e1n, de quien todos pueden decir a d\u00f3nde va pero ninguno de d\u00f3nde vino. As\u00ed Burtaf\u00e1n podr\u00e1 ser el hijo de un rey o de un sabio tanto como el feto abandonado a orillas de una caravana de traficantes de ovejas. Hablo muchas lenguas, visto en diferentes trajes, ser\u00e9 para todos el esperado y a las princesas les har\u00e9 creer que quien haga crecer la planta encontrar\u00e1 al pr\u00edncipe azul.<\/p>\n<p>Y as\u00ed emprendi\u00f3 un nuevo recorrido, a espaldas de los pobres, y venteando siempre el olor de generosos hornos donde sab\u00eda habr\u00eda siempre gansos y patos y otros manjares propios de la condici\u00f3n de palacio. En todos cuantos visit\u00f3 fue siempre bien recibido y los reyes lo agasajaban y las princesas lo enamoraban, pero en todos ocurr\u00eda siempre la misma historia. Cuando Burtaf\u00e1n les hablaba de su planta las princesas saltaban de alegr\u00eda y todas exclamaban: &#8211; Burtaf\u00e1n, yo har\u00e9 crecer tu planta. S\u00e9 mucho de estos cuidados, mis rosas son las m\u00e1s rojas, mis lirios los m\u00e1s altos, mis palmeras las m\u00e1s sombr\u00edas. Tu flor crecer\u00e1 en mis manos. Y todas se dedicaban al trabajo, espoleadas por los reyes que conceb\u00edan ya el m\u00e1s pr\u00f3spero enlace para sus princesas.<\/p>\n<p>-Har\u00e9 traer los jardineros m\u00e1s h\u00e1biles del reino \u2013dec\u00eda el rey.<\/p>\n<p>-Mis doncellas ablandar\u00e1n la tierra con sus delicadas huellas \u2013dec\u00eda la reina.<\/p>\n<p>-Dedicar\u00e9 mis horas a verla crecer \u2013dec\u00eda la princesa.<\/p>\n<p>Pero pasaba el tiempo y la semilla no crec\u00eda.<\/p>\n<p>-Estos jardineros son hombres est\u00fapidos y sin inclinaci\u00f3n. No los quiero m\u00e1s a mi servicio \u2013se enfurec\u00eda el rey.<\/p>\n<p>-Mis doncellas son ni\u00f1as embobadas. S\u00f3lo piensan en tonter\u00edas y no ponen af\u00e1n en la tarea. No las quiero m\u00e1s a mi servicio \u2013se enfurec\u00eda la reina.<\/p>\n<p>-Esta planta es muy ingrata. Me siento a contemplarla todas las tardes y no quiere crecer. No la quiero m\u00e1s en mi jard\u00edn \u2013se enfurec\u00eda la princesa.<\/p>\n<p>Burtaf\u00e1n les rogaba paciencia para \u00e9l y los sirvientes pero pasaba el tiempo y la planta no crec\u00eda.<\/p>\n<p>-Este desconocido nos enga\u00f1\u00f3. La planta es est\u00e9ril. Vive aqu\u00ed de mi generosidad a costa de una mentira. No lo quiero m\u00e1s en mi palacio \u2013decid\u00eda el rey.<\/p>\n<p>-Este hombre es de origen incierto. No es digno de nuestra confianza. No lo quiero m\u00e1s en mi palacio \u2013decid\u00eda la reina.<\/p>\n<p>-Burtaf\u00e1n es un payaso, un rid\u00edculo fabricante de leyendas. Su pr\u00edncipe azul ha de ser tan fatuo como \u00e9l. No lo quiero m\u00e1s en mi palacio \u2013decid\u00eda la princesa.<\/p>\n<p>Y as\u00ed una y otra vez Burtaf\u00e1n era expulsado de los palacios de oro y m\u00e1rmol, de grandes piedras grises y corales. El pelo se le blanqueaba, el caminar era m\u00e1s lento y el mundo se vaciaba de reyes y princesas. No la encontrar\u00e9 nunca \u2013lloraba-, me hago viejo y no puedo salir de mi condena. Este es el carro de infinitas ruedas que me anunci\u00f3 el Lama. Esta es la semilla de la infelicidad que me predijo el viejo.<\/p>\n<p>Quedaba un solo palacio en el mundo, muy alejado y remoto a donde nadie acud\u00eda porque sus reyes eran ya viejos, sus princesas marchitas, sus despensas exiguas.<\/p>\n<p>-No vayas all\u00e1 Burtaf\u00e1n \u2013le dec\u00eda la gente del pueblo. All\u00e1 hay solo hambre y sed. T\u00fa eres el esperado, el mago de palacios de oro y m\u00e1rmol.<\/p>\n<p>Pero Burtaf\u00e1n pens\u00f3: Quiz\u00e1s all\u00e1 me esperan tambi\u00e9n, ya me duelen las plantas de los pies, quiz\u00e1s en la muerte termine mi condena. Y en un \u00faltimo esfuerzo enderez\u00f3 su marcha y lleg\u00f3 al palacio.<\/p>\n<p>-No tengo jardineros a mi servicio \u2013dijo el rey- pues apenas comemos las yerbas que nacen salvajes de la maleza.<\/p>\n<p>-No tengo doncellas para cuidar de mis vestidos \u2013dijo la reina- pues apenas me visto con los sacos que dejan los caminantes.<\/p>\n<p>-No deseo un Pr\u00edncipe Azul \u2013dijo la princesa \u2013pues apenas soy digna de un pordiosero, pero cu\u00e9ntame tu historia y la de la planta y quiz\u00e1s pueda ayudarte.<\/p>\n<p>Y Burtaf\u00e1n les cont\u00f3 la verdad, que era hijo del desierto, que encontr\u00f3 la semilla de la infelicidad en su infancia, que hab\u00eda recorrido el mundo con su magia para ganarse la vida y que desde los 30 a\u00f1os buscaba una mujer virgen de hijos que so\u00f1ara con agua, con un oasis del desierto donde pudiera nacer su planta. Y que no ten\u00eda ning\u00fan pr\u00edncipe que ofrecerle, a lo sumo algunos trucos o p\u00f3cimas pero de uso incierto como su origen. Y entonces la reina se acerc\u00f3 y le dijo:<\/p>\n<p>-Burtaf\u00e1n, tu origen no es incierto. Planta tu semilla debajo de mis pies y crecer\u00e1n las mismas flores que so\u00f1\u00e9 cuando naciste, las flores del oasis en el que fuiste perdido y encontrado.<\/p>\n<p>Y Burtaf\u00e1n, el esperado, vio crecer la planta y salieron las flores, las m\u00e1s bellas, las \u00fanicas del desierto.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ana-teresa-torres-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1s, Ana Klein? Ana Klein estaba sentada en su consultorio escuchando al joven de las 5.40 pm. 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