{"id":3234,"date":"2022-02-05T21:49:10","date_gmt":"2022-02-05T21:49:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3234"},"modified":"2023-11-24T18:34:25","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:25","slug":"la-cronica-literaria-una-posibilidad-para-revisitar-a-francisco-pimentel-y-a-miguel-otero-silva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-cronica-literaria-una-posibilidad-para-revisitar-a-francisco-pimentel-y-a-miguel-otero-silva\/","title":{"rendered":"La cr\u00f3nica literaria: una posibilidad para revisitar a Francisco Pimentel y a Miguel Otero Silva"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Jenny Muchacho S\u00e1nchez<\/h4>\n<p><strong>Con el estigma a cuestas: la cr\u00f3nica literaria un g\u00e9nero (im) popular<\/strong><\/p>\n<p>Cuando se habla de literatura, tradicionalmente, se hace alusi\u00f3n a la creaci\u00f3n de expresiones literarias como poemas, novelas, cuentos y ensayos. En dicha referencia \u201ccan\u00f3nica\u201d, poqu\u00edsimas veces aparece la cr\u00f3nica literaria como \u201cproducto\u201d derivado del arte literario. De manera que, nos proponemos con el presente trabajo revisar algunos postulados te\u00f3ricos sobre la cr\u00f3nica literaria con el fin de mostrar que, dada su naturaleza mixta (que combina periodismo con literatura), sus conquistas y gradual aceptaci\u00f3n en el terreno literario, ha sido objeto de reflexi\u00f3n para te\u00f3ricos y estudiosos de la literatura.<\/p>\n<p>La idea de estigma en este escrito responde a los planteamientos de E. Goffman, espec\u00edficamente cuando se refiere a ciertos \u201crasgos susceptibles de ser transmitidos por herencia\u201d (Goffman, 1963: 14). Si bien, la noci\u00f3n de estigma suele ser aplicada a sujetos, pensamos que el destino que ha heredado la cr\u00f3nica en los estudios literarios obedece, en parte, a algunos se\u00f1alamientos provenientes de voces \u201cautorizadas\u201d en el \u00e1mbito que nos ocupa. As\u00ed, Rodr\u00edguez Carucci, en aras de reflexionar sobre la literariedad de las cr\u00f3nicas de Indias, acude a dos autores cuyos juicios contribuyeron a la subestimaci\u00f3n de las cr\u00f3nicas literarias:<\/p>\n<p><em>Anderson Imbert, por ejemplo, se inclina a considerarlascr\u00f3nicas\u201csinarquitectura, fluidas, sueltas, complejas, libres, desproporcionadas, donde las an\u00e9cdotas realistas andan por un lado y los s\u00edmbolos cristianos por otro (\u2026) no tienen esas cr\u00f3nicas la composici\u00f3n, la unidad, la congruencia, el orgullo art\u00edstico e intelectual de las creaciones del Renacimiento\u201d. Mientras que Jacques Joset afirma que \u201ctales informes, cartas y comentarios, no constituyen una verdadera &#8216;literatura&#8217; aunque se perciba en algunos conquistadores un eco humanista (Rodr\u00edguez Carucci, 1985: 39).<\/em><\/p>\n<p>Ese \u201corgullo art\u00edstico e intelectual de las creaciones del Renacimiento\u201d del que, seg\u00fan Imbert, carecen las cr\u00f3nicas de Indias nos muestra, por un lado, la mirada elitista del autor, y por otro nos invita a reflexionar sobre el Renacimiento como \u00e9poca clave y punto de referencia en el nacimiento de las artes populares opuestas a las llamadas bellas artes. Esta distinci\u00f3n entre cultura erudita (propia del Renacimiento) y cultura de masas es pertinente en nuestro trabajo, especialmente, cuando atendemos al componente period\u00edstico inherente a la cr\u00f3nica literaria. Por otra parte, la afirmaci\u00f3n de Joset es enf\u00e1tica al aseverar que las cr\u00f3nicas \u201cno constituyen una verdadera literatura\u201d. Las percepciones de ambos autores nos permiten considerar la posibilidad de atribuir la idea de estigma como rasgo intr\u00ednseco a la cr\u00f3nica literaria, o por lo menos en su nacimiento, con las cr\u00f3nicas de Indias.<\/p>\n<p>Si pensamos en el destino (bastante alentador) que tuvieron otras creaciones literarias publicadas inicialmente en peri\u00f3dicos y revistas, como los poemas y las novelas por entrega, tan caras a los ciudadanos del siglo XIX en Hispanoam\u00e9rica, notaremos que la subestimaci\u00f3n de la cr\u00f3nica literaria no est\u00e1 determinada por el soporte en que se publicaba, sino por la lectura (un tanto injusta) que de ella hac\u00edan los cr\u00edticos. Se trata, en definitiva, de un apego al canon y de una lectura parcial sobre las implicaciones y especificidades de la literatura y del arte en general. Al respecto S. Rotker subraya:<\/p>\n<p><em>El estudio de las cr\u00f3nicas period\u00edsticas sugiere as\u00ed una revisi\u00f3n de las divisiones establecidas entre arte y no arte, literatura y para-literatura o literatura popular, cultura y cultura de masas. Las cr\u00f3nicas propondr\u00edan tambi\u00e9n una historia literaria no concentrada en el arte como un artefacto de las \u00e9lites, no aislada- como ha sucedido tan a menudo- del resto de los fen\u00f3menos sociales (Rotker, 1992: 21).<\/em><\/p>\n<p>Tal como leemos en l\u00edneas precedentes, pareciera que los asuntos de para-literatura y cultura de masas, han dejado fuertes huellas en la valoraci\u00f3n de la cr\u00f3nica literaria. La misma autora expresa que \u201csobre las cr\u00f3nicas es necesario decir que son [\u2026] como g\u00e9nero y como pr\u00e1ctica, el punto de encuentro entre el discurso literario y el period\u00edstico\u201d (Rotker, 1992: 10). Sospechamos que es el componente period\u00edstico lo que ha incidido en la apreciaci\u00f3n ya referida y, como sabemos, el periodismo es una profesi\u00f3n u oficio vinculado a la cultura de masas. Circunscribi\u00e9ndonos a un campo m\u00e1s espec\u00edfico, en lo que sigue, nos aproximaremos a una arista de la obra cron\u00edstica de dos literatos venezolanos, a saber, Francisco Pimentel y Miguel Otero Silva. La elecci\u00f3n de los mismos se halla justificada, en parte, por la declaraci\u00f3n de Cuesta quien opina que:<\/p>\n<p><em>Es notable que la actividad period\u00edstica y cron\u00edstica de numerosos escritores nacionales y extranjeros de reconocida trayectoria en el cuento, la novela y el ensayo, por ejemplo, se desconozca en las aulas venezolanas. Sin embargo, con aceptaci\u00f3n o no de sus m\u00e9ritos literarios, en la escena latinoamericana, la cr\u00f3nica ha constituido un fen\u00f3meno cultural de vastas proporciones, digno de ser tomado en cuenta en la investigaci\u00f3n y en la docencia (Cuesta, 2012: 49).<\/em><\/p>\n<p>La aserci\u00f3n de Cuesta nos parece que se ajusta a lo que ocurre con Miguel Otero Silva, por ejemplo, quien es conocido como novelista y periodista, pero no como cronista (incluso en el pa\u00eds). Como veremos, la cr\u00f3nica literaria, en los escritores seleccionados se establece como un documento cultural, ineludible para lograr una mejor comprensi\u00f3n de Venezuela.<\/p>\n<p><strong>Francisco Pimentel y Miguel Otero Silva: cronistas y poetas del humor<\/strong><\/p>\n<p>Pese a que los cronistas elegidos no son tan coet\u00e1neos, entre ellos, nos parece que s\u00ed dialogan en torno a m\u00faltiples temas. Tanto Francisco Pimentel como Miguel Otero Silva, fueron testigos y v\u00edctimas de la dictadura de G\u00f3mez. El primero estuvo confinado en \u201cLa Rotunda\u201d en tres ocasiones (nueve a\u00f1os en total), el segundo se mantuvo exiliado, dado su expl\u00edcito desacuerdo con el r\u00e9gimen del Benem\u00e9rito. Uno de los t\u00f3picos que caracteriza la producci\u00f3n cron\u00edstica, y tambi\u00e9n po\u00e9tica, de ambos es la presencia del humor. Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, en su pr\u00f3logo a\u00a0Un morrocoy en el infierno\u00a0ha declarado que \u201cel humorismo constituye el medio de lucha m\u00e1s tenaz que se haya inventado contra lo convencional\u201d (Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, 1982: 7). En un extenso per\u00edodo presidencial como el de G\u00f3mez (1908-1935), marcado por enfermedades, analfabetismo, sumisi\u00f3n al r\u00e9gimen y un general atraso social, es de suponer que el humor en sus variantes (iron\u00eda, parodia) haya servido de arma, tanto para criticar la persecuci\u00f3n y el miedo que imperaban en la \u00e9poca, como para \u201caliviar\u201d (mediante la risa) las penurias de los venezolanos durante la dictadura gomecista; de all\u00ed, que el autor de\u00a0Pa\u00eds Port\u00e1til, crea que \u201c(\u2026) el humorismo abre las puertas para una delectaci\u00f3n que anhela mejorar nuestra condici\u00f3n terrena\u201d (Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, 1982: 7).<\/p>\n<p>Francisco Pimentel (1889- 1942), cuyo seud\u00f3nimo fue \u201cJob Pim\u201d, ha sido catalogadoporlacr\u00edticacomoungran poeta l\u00edrico, es tambi\u00e9n conocido como uno de los humoristas m\u00e1s importantes del pa\u00eds: \u201cFrancisco Pimentel, Job Pim, padre de nuestro humorismo literario, como se le ha calificado, emprendi\u00f3 su actividad escritural en\u00a0El Cojo Ilustrado, colaborando para casi todos los peri\u00f3dicos de la \u00e9poca\u201d (Delgado Senior, 2006: 672). Adem\u00e1s de fundar en 1918, su revista\u00a0Pitorreos, que luego transform\u00f3 en diario, hasta convertirse en una de sus obras con la adici\u00f3n del subt\u00edtulo \u201ccr\u00f3nicas rimadas y hebdomadarias\u201d, particip\u00f3 en peri\u00f3dicos como:\u00a0El Universal,\u00a0La Esfera\u00a0y\u00a0El Imparcial. Fue poeta, cronista y tambi\u00e9n fabulista. Al igual que sus f\u00e1bulas (\u201cLa avispa y la abeja\u201d, \u201cEl viol\u00edn y el contrabajo\u201d y \u201cLa zorra y el loro\u201d, algunas de ellas) sus cr\u00f3nicas fueron escritas en verso, particularidad que lo distingue de otros humoristas. Sus cr\u00f3nicas literarias, fueron bautizadas por el autor como \u201cCr\u00f3nicas jobiales\u201d en ellas levanta una especie de cartograf\u00eda de la ciudad de Caracas (como tambi\u00e9n hiciera Aquiles Nazoa), a partir de objetos o aparatos que van poblando la ciudad capital: el tranv\u00eda, el reloj de la catedral, el filtro de agua y el tel\u00e9fono, etc. As\u00ed, en sus Cr\u00f3nicas Jobiales, Job Pim:<\/p>\n<p><em>Nos habla de los ya entonces viejos y lentos tranv\u00edas, de las raudas y atropeyantes camionetas [\u2026], de los autobuses con radio y de las grandes bocinas que a manera de altavoces usaron en otro tiempo los vendedores ambulantes para pregonar su mercanc\u00eda, con las musiquillas de moda como el cansante capullito de alel\u00ed [sic] y de las escenas de ciertos d\u00edas t\u00edpicos como carnavales, difuntos, a\u00f1o nuevo, etc. (Barnola, s\/f: 10).<\/em><\/p>\n<p>Dentro de su obra cron\u00edstica destacan: \u201cCaraotas con tropezones\u201d, \u201cTranv\u00eda de Catia\u201d, \u201cNocturno de fin de a\u00f1o\u201d, \u201cSobre el teatro nacional\u201d y \u201cSe\u00f1orita telefonista\u201d, esta \u00faltima (m\u00e1s adelante) ser\u00e1 objeto de contraste con la cr\u00f3nica \u201c\u00bfEs necesaria esta llamada?\u201d de Miguel Otero Silva. Con el fin de acercar al lector a los escritos (o cr\u00f3nicas) de Job Pim, citaremos algunos pasajes de las cr\u00f3nicas mencionadas. En \u201cTranv\u00eda de Catia\u201d leemos: \u201cDesde hace varios d\u00edas \/ tenemos otra l\u00ednea de tranv\u00edas \/ de suma utilidad\/ pues a Catia va a unir con la ciudad\u201d.<\/p>\n<p>En esta primera parte (o estrofa), Job Pim (1959: 334), notifica la creaci\u00f3n de una nueva l\u00ednea del tranv\u00eda que unir\u00e1 a Caracas con Catia. M\u00e1s adelante contin\u00faa:<\/p>\n<p><em>Pero sucede ahora algo que a los catianos encocora, y es que toda la gente caraque\u00f1a al presente se empe\u00f1a en estrenar la l\u00ednea reci\u00e9n hecha, y el carro lleva tantos peregrinos que los pobre vecinos no han podido montarse hasta la fecha, y como si no hubieran puesto el carro tienen que usar las de batir el barro.<\/em><\/p>\n<p>La cr\u00edtica de Francisco Pimentel con este fragmento est\u00e1 dirigida al uso del tranv\u00eda por personas no residentes de Catia. Esto a su vez delata, por una parte, la curiosidad del sujeto caraque\u00f1o por trasladarse hasta Catia en tren y, por otra, la falta de conciencia y tino, dado que, principalmente, ser\u00edan los vecinos de Catia los que deber\u00edan usar el tranv\u00eda para su traslado, de all\u00ed que tengan que usar los pies (de batir el barro) para dirigirse a la ciudad. Subyace tambi\u00e9n una lecci\u00f3n, en la que priva el respeto por los dem\u00e1s. En la cr\u00f3nica \u201cNocturno de fin de a\u00f1o\u201d, Job Pim nos muestra el car\u00e1cter alegre y despreocupado, en ocasiones, del venezolano durante las fiestas navide\u00f1as:<\/p>\n<p><em>Esta noche, esta noche toda llena de \u201cpalitos\u201d, de bocinas y \u00a0de m\u00fasica jazzb\u00e1ndicas; esta noche de A\u00f1o Viejo que por fin nos \u00a0abandona con bronquitis y sin plata: a pesar de los avisos que nos dan los entendidos en finanzas, como siempre en nochebuena de A\u00f1o Nuevo gozar\u00e1 todo Caracas. (Pimentel, Ib\u00edd.: 365)<\/em><\/p>\n<p>En este fragmento constatamos c\u00f3mo el ambiente de fiesta en Venezuela se sobrepone a la falta de dinero, especialmente en tiempos de fin de a\u00f1o. Asimismo, el autor nos informa que esa noche suele ser fr\u00eda (esta noche de A\u00f1o Viejo que por fin nos abandona\/ con bronquitis y sin plata). Y finaliza, diciendo:<\/p>\n<p><em>Todo har\u00e1 que el caraque\u00f1o se entusiasme y se embarulle, que se olvide del ma\u00f1ana, que \u201ceche fiados\u201d dondequiera, de licores, de veh\u00edculos, de hallacas, [\u2026] Y amanezca con el h\u00edgado en la boca, sin el \u201cdiario\u201d de la casa, y con un \u201cviol\u00edn\u201d de pueblo, y un \u201crat\u00f3n\u201d de ocho cilindros que le brinca en las entra\u00f1as\u2026 (Pimentel, \u00cddem)<\/em><\/p>\n<p>Apreciamos en esta \u00faltima parte, el endeudamiento como consecuencia de los d\u00edas de fiesta y la conocida costumbre de pedir fiado, ante la ausencia de dinero. Adem\u00e1s, reconocemos t\u00e9rminos que han sufrido un desplazamiento sem\u00e1ntico para ser usados en otros contextos, mediante la comparaci\u00f3n. Por ejemplo tener \u201crat\u00f3n\u201d o estar \u201ccon el h\u00edgado en la boca\u201d, que refiere la incomodidad del estado de salud que aparece al siguiente d\u00eda de embriaguez. En la cr\u00f3nica \u201cSobre el teatro nacional\u201d advertimos una llamada de atenci\u00f3n al p\u00fablico caraque\u00f1o con una gracia insuperable:<\/p>\n<p><em>Como el conflicto actual ha acaparado la p\u00fablica atenci\u00f3n,<\/em><\/p>\n<p><em>muy poco en estos d\u00edas se ha tratado de los asuntos de la poblaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>Hay uno sin embargo,<\/em><\/p>\n<p><em>que por su trascendencia capital, amerita un cap\u00edtulo y muy largo<\/em><\/p>\n<p><em>del cual ahora quiero hacerme cargo: el teatro nacional.<\/em><\/p>\n<p><em>La obra criolla teatral estaba muerta<\/em><\/p>\n<p><em>desde el tiempo en que enormes zaperocos armaron el\u00a0Gallero como pocos,<\/em><\/p>\n<p><em>El Santo de Mamerta<\/em><\/p>\n<p><em>y algunas m\u00e1s con que nos divert\u00eda Ram\u00edrez, cuando el pobre a\u00fan viv\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Y hoy cuando varios lustros han pasado y el teatro nacional vuelve a nacer, resulta, al menos en mi parecer,<\/em><\/p>\n<p><em>que en estos lustros nada se ha ilustrado y hoy tiene menos lustre a\u00fan que ayer. Es muy cierto que, en muchas ocasiones, los chistes de antes eran\u00a0vulgarones,<\/em><\/p>\n<p><em>de factura ordinaria;<\/em><\/p>\n<p><em>pero los chistes de hoy apesadumbran:<\/em><\/p>\n<p><em>son m\u00e1s vulgares que los que acostumbran los\u00a0b\u00falgaros del vulgo de\u00a0Bulgaria.<\/em><\/p>\n<p><em>Epigramas he o\u00eddo<\/em><\/p>\n<p><em>que ruborizar\u00edan a un cosaco.<\/em><\/p>\n<p><em>(Conste que si al cosaco en danza saco, es que tengo entendido<\/em><\/p>\n<p><em>que el cosaco es el hombre m\u00e1s curtido).<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfY qui\u00e9n tiene la culpa? \u00bfLos autores?<\/em><\/p>\n<p><em>No, queridos lectores.<\/em><\/p>\n<p><em>Si el p\u00fablico no fuera tan estulto y a lo vulgar no le rindiera culto, los autores cuidaran de seguro,<\/em><\/p>\n<p><em>de que fuera su estilo algo m\u00e1s puro. Hay que ver lo que goza nuestra gente con un chiste indecente,<\/em><\/p>\n<p><em>y en cambio le parece una pamplina la iron\u00eda m\u00e1s fina.<\/em><\/p>\n<p><em>Y como los autores saben esto,<\/em><\/p>\n<p><em>no elaboran siquiera un chiste honesto:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfqu\u00e9 el sentimiento art\u00edstico se estraga?<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfY\u00a0qu\u00e9 importa si el p\u00fablico es qui\u00e9n paga?<\/em><\/p>\n<p><em>Probado est\u00e1 que cuando el arte chilla es cuando hay m\u00e1s dinero en la taquilla.<\/em><\/p>\n<p><em>En fin, si nuestro teatro nacional<\/em><\/p>\n<p><em>no se puede escribir de otra manera, mucho mejor es que otra vez se muera de anemia u otro mal;<\/em><\/p>\n<p><em>pues si seguimos por el mismo atajo los c\u00f3micos saldr\u00e1n hasta en camisa y habr\u00e1 obra tan lisa,<\/em><\/p>\n<p><em>en que salga un actor, nos suelte un\u00a0ajo<\/em><\/p>\n<p><em>y el p\u00fablico se muera de la risa<\/em><\/p>\n<p><em>y el teatro, de placer, se venga abajo. (Pimentel, op. cit.: 419)<\/em><\/p>\n<p>Se trata de una acusaci\u00f3n al p\u00fablico que asiste a las obras de teatro, las cuales, seg\u00fan Job Pim, han venido en detrimento, no por los dramaturgos sino por la conformidad y la carencia de \u201cbuen\u201d gusto de los espectadores, quienes prefieren chistes vulgares: \u201cHay que ver lo que goza nuestra gente\/ con un chiste indecente \/ y en cambio le parece una pamplina\/ la iron\u00eda m\u00e1s fina\u201d (\u00cddem). Finalmente en \u201cPoes\u00eda de las cosas olvidadas\u201d apreciamos el desplazamiento del tinajero por el filtro:<\/p>\n<p><em>Hoy, como estoy enfermo con una fiebre colibacilar,<\/em><\/p>\n<p><em>mi esp\u00edritu jovial est\u00e1 algo yermo, por lo que me provoca lloriquear, y esta cr\u00f3nica quiero<\/em><\/p>\n<p><em>dedicarla a un rom\u00e1ntico utensilio que conden\u00f3 al exilio<\/em><\/p>\n<p><em>la higiene modernista: el tinajero. (Pimentel, Ob. Cit.: 69)<\/em><\/p>\n<p>Luego de conocer la sustituci\u00f3n que sufri\u00f3 el tinajero (recipiente que almacenaba el agua), atendiendo a la higiene, Job Pim prosigue su cr\u00f3nica:<\/p>\n<p><em>Ahora el tinajero no se estila;<\/em><\/p>\n<p><em>de mejor modo el agua se destila en un filtro cient\u00edfico<\/em><\/p>\n<p><em>que es antidisent\u00e9rico, antit\u00edfico, y tambi\u00e9n antiest\u00e9tico, antip\u00e1tico,<\/em><\/p>\n<p><em>y de un funcionamiento problem\u00e1tico, pues, o no cierra bien y el suelo empapa; o se obstruye y ni Cristo lo destapa.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy la gente prefiere<\/em><\/p>\n<p><em>el filtro sin belleza ni poes\u00eda, y no obstante se muere, como antes se mor\u00eda, tambi\u00e9n de tifus y disenter\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Ser\u00e1 una tonter\u00eda, pero quiero,<\/em><\/p>\n<p><em>hoy que un bacilo en cama me retiene,<\/em><\/p>\n<p><em>dedicarle un recuerdo al tinajero, condenado al exilio por la higiene. (Pimentel, Ob. Cit.: 70)<\/em><\/p>\n<p>Aunado al tono po\u00e9tico y melanc\u00f3lico (porque ya no se estila el tinajero) de esta composici\u00f3n, podemos notar que la presencia del filtro en lugar del tinajero, es un indicio de que Caracas est\u00e1 entrando en la era de modernizaci\u00f3n. Como hemos evaluado en los fragmentos de las cr\u00f3nicas presentadas, Job Pim retrat\u00f3 una ciudad que paulatinamente iba sufriendo transformaciones con la incorporaci\u00f3n de artefactos e invenciones que brindaban cierta comodidad a los ciudadanos y, que con el tiempo devino en la gran urbe que es hoy d\u00eda. El humor, la intenci\u00f3n pedag\u00f3gica y la escritura en verso, son quiz\u00e1 los rasgos m\u00e1s evidentes en la producci\u00f3n cron\u00edstica de Francisco Pimentel. O, como dijera Jes\u00fas Sempr\u00fan, a prop\u00f3sito de Job Pim \u201c[\u2026] os llama a su lado y os invita a pasear por Caracas. Os va mostrando cuanto encuentra al paso, con ademanes fr\u00edvolos, amables, corteses, con frases empedradas de chistes cuyo condimento acaba por desterrar de vuestros \u00e1nimos el azoramiento\u201d (Pimentel, 1959: 21).<\/p>\n<p>Ya sabe el lector que el otro cronista elegido para este estudio fue Miguel Otero Silva (1908-1985), cuyos seud\u00f3nimos fueron \u201cMiotsi\u201d y M.O.S. Autor de siete novelas (Fiebre, Casas Muertas, Oficina N\u00ba 1, La muerte de Honorio, Cuando quiero llorar no lloro,\u00a0Lope de Aguirre. Pr\u00edncipe de la Libertad\u00a0y\u00a0La piedra que era Cristo), dramaturgo, periodista excepcional, humorista y cronista, son las m\u00faltiples facetas de la vida intelectual de este escritor venezolano. En una entrevista (citada en Sanoja Hern\u00e1ndez) que Efra\u00edn Subero le hiciera a Miguel Otero Silva sobre la relaci\u00f3n entre periodismo, literatura y humorismo, \u00e9l respondi\u00f3:<\/p>\n<p><em>Periodismo, humorismo y obra literaria son, en mi caso, tres ingredientes circunstanciales que se han influido mutuamente. Digo consubstanciales porque todas mis otras actividades, incluso las pol\u00edticas, han sido complementos acarreados por el proceso ambiental venezolano. Si es cierto que los hombres nacen para un destino preconcebido, el m\u00edo no fue otro sino el de periodista, humorista y escritor, las tres cosas a un tiempo [\u2026] Como durante mi labor period\u00edstica de tantos a\u00f1os, mis cr\u00f3nicas fueron muchas veces escritos de poeta, y mis editoriales o manchetas productos del humorismo (Otero Silva, 1978: 211).<\/em><\/p>\n<p>De manera que el tinte humor\u00edstico ti\u00f1e la obra literaria y period\u00edstica de M.O.S., quien es distinguido \u201c[\u2026] como uno de los s\u00f3lidos pilares de la gracia literaria venezolana. Sus poemas festivos, sus cr\u00f3nicas y su teatro l\u00fadico dan muestra de ello\u201d (Delgado Senior, 2006: 674). En Venezuela, el nombre de Miguel Otero Silva suele asociarse al escritor de novelas y periodista, no obstante, su producci\u00f3n cron\u00edstica constituye un componente importante en la carrera literaria y pol\u00edtica de este autor. De hecho, Mondolfi, un estudioso de la obra de nuestro autor, ofrece un cat\u00e1logo comentado (como \u00e9l lo denomina) en torno a las anotaciones de M.O.S. sobre sus viajes por otras latitudes. Dicho cat\u00e1logo, conformado por cr\u00f3nicas y conferencias, es asumido como el producto de \u201caquellas peripecias en las que nuestro protagonista venci\u00f3 distintas geograf\u00edas y dej\u00f3, a trav\u00e9s de sus viajes, estampas [\u2026] en las que adivina en cada recodo por donde deja pasear su mirada de viajero\u201d. Los t\u00edtulos que componen el cat\u00e1logo son: \u201cHomenaje a Catalu\u00f1a (1930)\u201d, \u201cLa furia de M\u00e9xico (1937)\u201d, \u201cLa Francia liberada (1945)\u201d, \u201cColombia, maravillosa y tr\u00e1gica (1948)\u201d, \u201cBuenos Aires sin Per\u00f3n (1958)\u201d, \u201cDe paseo por la Plaza Roja (1965)\u201d y \u201cLas piedras de Florencia (1966)\u201d. Estos escritos, levantados a partir de la observaci\u00f3n y de su visita a distintos pa\u00edses, han conducido al investigador a considerar a Miguel Otero Silva como \u201cun singular exponente de la cr\u00f3nica internacional\u201d (Mondolfi, 2009: 52).<\/p>\n<p>En su labor period\u00edstica, es menester referir la edici\u00f3n de\u00a0El Nacional\u00a0del 29 de septiembre de 1976, con motivo de celebrar 50 a\u00f1os en el ejercicio period\u00edstico. En este n\u00famero no s\u00f3lo se mostraron las entrevistas hechas por \u00e9l a personajes y artistas como: Amador Benday\u00e1n, Rafael Cadenas, Alejandro Otero,Antonio Esteves (m\u00fasico), sino que tambi\u00e9n escribi\u00f3 sobre el robo registrado en el Supermercado CADA y rese\u00f1\u00f3 la pelea de boxeo Al\u00ed \u2013 Norton, adem\u00e1s de anunciar la publicaci\u00f3n de las obras completas de Alberto Arvelo Larriva. Finalmente, en esa misma edici\u00f3n, escribi\u00f3 tres\u00a0Sonetos profesionales\u00a0agrupados en\u00a0Sonetos Elementales.<\/p>\n<p>Aunque sus cr\u00f3nicas sobre motivos \u201cinternacionales\u201d resultan atractivas, en este estudio, nuestro inter\u00e9s se acerca m\u00e1s a sus \u201cotras\u201d cr\u00f3nicas divulgadas, de manera esparcida, en\u00a0El Morrocoy Azul\u00a0y en\u00a0El Nacional, y que fueron agrupadas por M.O.S. en \u201cCr\u00f3nicas Morrocoyunas\u201d publicadas en 1981 en el libro\u00a0Un Morrocoy en el infierno. Humor, humor, humor.\u00a0Por razones de espacio, hemos optado en este apartado por fragmentos de las cr\u00f3nicas \u201cVenezuela aprende a suicidarse\u201d (1941) y \u201cLas amas de casa se entrevistan con el Presidente\u201d (1944). En la primera, M.O.S. parte de un suceso poco com\u00fan hasta ese momento en el pa\u00eds: el suicidio, \u201cEn Venezuela, por el contrario, el suicidio era un procedimiento letal pr\u00e1cticamente desconocido\u201d m\u00e1s adelante agrega:<\/p>\n<p><em>En las \u00faltimas semanas, \u00a1doloroso es reconocerlo! [\u2026] seg\u00fan las noticias de los diarios, 22 suicidios se registraron en esta capital durante el mes pasado. Los venezolanos aprenden a suicidarse a la manera colombiana con una facilidad que ojal\u00e1 tuvi\u00e9ramos para aprender a remendar zapatos a la manera italiana, por ejemplo. [Y finaliza] \u201cSi quieres olvidar a esa mujer, no te mates, \u00a1c\u00e1sate con ella!\u201d; \u201cSi has adquirido s\u00edfilis, no te mates, \u00a1con la penicilina no hay quien pueda!\u201d; \u201cSi est\u00e1s cansado de la vida terrenal, no te mates, \u00a1no olvides que en la otra te espera el general G\u00f3mez!\u201d Esta \u00faltima advertencia, sobre todo, har\u00e1 que los venezolanos reflexionen un poco m\u00e1s antes de meterse un balazo. (Otero Silva, 1941: 112).<\/em><\/p>\n<p>Esta cr\u00f3nica cuyo humor reside sobretodo en la parte final, demuestra la preocupaci\u00f3n del cronista por la frecuencia con que se est\u00e1n registrando los suicidios en el pa\u00eds, al tiempo que emite soluciones ante la presencia de ciertas dificultades. Leemos, pues, una invitaci\u00f3n a aferrarse a la vida y superar los obst\u00e1culos independientemente de su naturaleza, descartando el suicidio. En \u201cLas amas de casa se entrevistan con el Presidente\u201d, revisamos:<\/p>\n<p>[\u2026] \u00bfSabe usted a c\u00f3mo est\u00e1n las medias de Se\u00f1ora, General?<\/p>\n<p><em>S\u00ed s\u00e9. Car\u00edsimas.<\/em><\/p>\n<p><em>Y hablando de otra cosa. \u00bfQu\u00e9 le parece Jorge Negrete?<\/em><\/p>\n<p><em>Si supieran que me cae un poco gordo. Para serles franco prefiero a Ver\u00f3nica Lake.<\/em><\/p>\n<p><em>No se preocupe, General. Ya nosotras ni vamos al cinemat\u00f3grafo. Lo \u00fanico que tenemos de pel\u00edcula es el hambre. (Otero Silva, 1944: 164)<\/em><\/p>\n<p>Luego de que las amas de casa enuncian otros problemas por el alto costo de la vida, vemos<\/p>\n<p><em>\u00bfY qu\u00e9 proponen ustedes, en concreto?<\/em><\/p>\n<p><em>Muy sencillo general. Que usted les corte las u\u00f1as a los intermediarios, que meta a la c\u00e1rcel a los acaparadores, que impida el alza de los precios a lo macho. (\u00cddem)<\/em><\/p>\n<p>En esta cr\u00f3nica se muestra el car\u00e1cter un tanto \u201cdespistado\u201d y los gustos cinematogr\u00e1ficos del Presidente Medina Angarita, as\u00ed como los conflictos econ\u00f3micos del pa\u00eds para la \u00e9poca, ante los cuales las mismas amas de casa (quienes sufren m\u00e1s de cerca dichos inconvenientes) sugieren algunasposibles soluciones. Hemos observado hasta aqu\u00ed, c\u00f3mo mediante la frescura y el humor ambos cronistas nos han retratado una sociedad que celebra festividades, que se anima y se queja con la modernizaci\u00f3n, que intenta dar respuesta a dificultades econ\u00f3micas, que demuestra su gusto por el teatro (aunque no est\u00e9 \u201ceducada\u201d en la recepci\u00f3n del arte) y en fin, una fotograf\u00eda que se construye a partir de la mirada de los cronistas. En el caso de Job Pim, advertimos que sus \u201cretratos\u201d parten de objetos y artefactos (filtro, tranv\u00eda, reloj) que van apareciendo en la vida caraque\u00f1a, M.O.S., en cambio, erige sus cr\u00f3nicas a partir de fen\u00f3menos sociales que afectan la vida del venezolano.<\/p>\n<p><strong>El tel\u00e9fono, amigo de (des)encuentros<\/strong><\/p>\n<p>Procuraremos en este apartado contrastar las visiones de Job Pim y de en torno al tel\u00e9fono y sus usuarios. La cr\u00f3nica \u201cSe\u00f1orita telefonista\u201d de Francisco Pimentel, nos da cuenta de uno de los empleos comunes de las mujeres de principios del siglo XX. Miguel Otero Silva en su cr\u00f3nica \u201cEs necesaria esta llamada\u201d nos advierte sobre el uso inadecuado o equ\u00edvoco del tel\u00e9fono. Veamos algunos pasajes de las dos.<\/p>\n<p><em>Se\u00f1orita telefonista jam\u00e1s conocida de vista que fuiste acaso<\/em><\/p>\n<p><em>la primera mujer oficinista, la primera que en Caracas atrevi\u00f3se a dar el paso inicial que os ha hecho tanto bien&#8230; y tanto mal.<\/em><\/p>\n<p><em>Pobre esclava<\/em><\/p>\n<p><em>cuya labor an\u00f3nima ni se ve ni se alaba; desde\u00f1ada muchacha que tienes el valor<\/em><\/p>\n<p><em>de escuchar sin envidia tantos d\u00faos de amor Y sin embargo,<\/em><\/p>\n<p><em>y a despecho de tanto perill\u00e1n<\/em><\/p>\n<p><em>hasta hoy te has sostenido en ese cargo<\/em><\/p>\n<p><em>por ganar un pan que, aunque amargo, al cabo es pan.<\/em><\/p>\n<p><em>Mas si el p\u00fablico es contigo tan inmisericorde y antip\u00e1tico, a\u00fan es peor otro enemigo:<\/em><\/p>\n<p><em>el tel\u00e9fono autom\u00e1tico, pues si \u00e9ste no te recrimina<\/em><\/p>\n<p><em>en cambio tus servicios elimina. (Pimentel, 1959: 48).<\/em><\/p>\n<p>En la cr\u00f3nica de Miguel Otero Silva hallamos:<\/p>\n<p><em>La Compa\u00f1\u00eda de Tel\u00e9fonos de Caracas ha enviado a sus suscritores [sic] una circular apremiante encabezada por un t\u00edtulo conminatorio:\u00a0\u201c\u00bfEs necesaria esta llamada?\u201d.\u00a0Parece que las m\u00e1quinas est\u00e1n gravemente enfermas de\u00a0surmenage y\u00a0que el c\u00famulo creciente de comunicaciones superfluas amenaza con silenciar para siempre al amigo del rostro rectangular y la boca de marciano. El efecto ha sido fulminante; los suscritores han temblado de pavor. Una vez m\u00e1s ha venido a demostrarse cu\u00e1nta raz\u00f3n ten\u00eda el general L\u00f3pez Contreras cuando dijo por radio aquella frase suya tan original: \u00abNadie se acuerda de Santa B\u00e1rbara sino cuando truena\u00bb. \u00bfQu\u00e9 va a ser de Caracas sin tel\u00e9fonos?, \u00bfEn qu\u00e9 ocupar\u00e1n sus innumerables horas muertas las ni\u00f1as de la alta sociedad y los funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores? [\u2026]<\/em><\/p>\n<p><em>Sin embargo, el tel\u00e9fono con se\u00f1oritas ten\u00eda una sola ventaja: eran menos frecuentes que ahora los insultos an\u00f3nimos por el aparato. [\u2026] Finalmente apareci\u00f3 el discado autom\u00e1tico y se acab\u00f3 la tranquilidad en este pa\u00eds [\u2026] por \u00faltimo la Compa\u00f1\u00eda de Tel\u00e9fonos pretende que, antes de usar el aparato, uno se haga un examen de conciencia:\u00a0\u201c\u00bfEs necesaria esta llamada?\u201d\u00a0C\u00f3mo se ve que la Compa\u00f1\u00eda no conoce a sus suscritores. E ignora que, aparte de los anonimistas ya mencionados, el 99 por ciento de las conversaciones que en Caracas se establecen, puede clasificarse dentro de las siguientes categor\u00edas:<\/em><\/p>\n<p><em>La amiga que llama a la amiga para contarle la pel\u00edcula de anoche.<\/em><\/p>\n<p><em>La se\u00f1ora que no tiene nada qu\u00e9 hacer y llama<\/em><\/p>\n<p><em>a la otra se\u00f1ora que tampoco tiene nada qu\u00e9 hacer para hablar horrores de otra se\u00f1ora que no hace nada.<\/em><\/p>\n<p><em>El novio que llama desde la oficina a la novia para decirle \u201cmi puchunga\u201d y que ella le responda \u201cmi tuyuyo\u201d [\u2026].<\/em><\/p>\n<p><em>Las solteronas feas pero con voz de contralto que llaman a las redacciones de los peri\u00f3dicos y le dicen suspirando a la primera voz masculina que les salga: \u201cmi vida es una inmensa soledad\u201d. Todas son\u00a0llamadas necesarias,\u00a0estrictamente necesarias para preservar el orden social, garantizar la paz p\u00fablica, proteger al pa\u00eds de las pr\u00e9dicas disociadoras. \u201cEl tel\u00e9fono es el opio del pueblo\u201d, dec\u00eda Lenin. (Otero Silva, 1942: 139).<\/em><\/p>\n<p>En las dos cr\u00f3nicas encontramos a las se\u00f1oritas telefonistas. En la de Job Pim somos testigos de cierta compasi\u00f3n por ese oficio llevado a cabo por mujeres j\u00f3venes, y que, seg\u00fan el autor resultaba un tanto aciago (pobre esclava \/cuya labor an\u00f3nima ni se ve ni se alaba) y fat\u00eddico, entre otras razones, por el irrespeto de algunos usuarios (mas si el p\u00fablico es contigo \/tan inmisericorde y antip\u00e1tico). En cambio, en la cr\u00f3nica de M.O.S., la misma se\u00f1orita telefonista es percibida como una empleada, cuyo humor var\u00eda y cuya eficiencia depender\u00e1 de lo que est\u00e9 haciendo en ese momento, por ejemplo: \u201cEn la central se encend\u00eda una lucecita roja, la se\u00f1orita de turno terminaba el cap\u00edtulo de la novela de Carlota Bram\u00e9 que estaba leyendo se chupaba un caramelo acidulado para endulzar las amarguras de aquel libro y luego preguntaba con su tonito displicente: \u2014 \u00bfQu\u00e9 n\u00famero? \u201428- 59\u201d. (Otero Silva, 1942: 141). Pese al poco agrado que parece sentir el cronista con el desempe\u00f1o de las operadoras de \u201ctonito displicente\u201d advierte un punto positivo y es que cuando ellas laboraban hab\u00eda menos posibilidades de llamadas desconocidas y agravios telef\u00f3nicos: \u201cSin embargo, el tel\u00e9fono con se\u00f1oritas ten\u00eda una sola ventaja: eran menos frecuentes que ahora los insultos an\u00f3nimos por el aparato\u201d. (Otero Silva, 1942: 140).<\/p>\n<p>Otro elemento que nos parece relevante, en las cr\u00f3nicas objeto de an\u00e1lisis, es la aparici\u00f3n del tel\u00e9fono \u201cautom\u00e1tico\u201d y que pareciera constituir el motivo de escritura en la cr\u00f3nica de Job Pim. Enelprimercaso, eldesempleodelas se\u00f1oritas telefonistas es inminente (mas si el p\u00fablico es contigo\/ tan inmisericorde y antip\u00e1tico, \/ a\u00fan es peor otro enemigo: el tel\u00e9fono autom\u00e1tico, \/ pues si \u00e9ste no te recrimina\/ en cambio tus servicios elimina). En la cr\u00f3nica de M.O.S. este asunto es abordado en \u201cFinalmente apareci\u00f3 el discado autom\u00e1tico y se acab\u00f3 la tranquilidad en este pa\u00eds [\u2026]\u201d. (Otero Silva, 1942: 142). En esta premisa percibimos la irresponsabilidad (seg\u00fan el cronista) en cuanto al uso del tel\u00e9fono en la sociedad caraque\u00f1a a mediados del siglo XX. De igual manera, el ocio (propio de algunas damas de clase media alta y de los pol\u00edticos con altos cargos) se tornaba como la excusa id\u00f3nea para el uso innecesario del tel\u00e9fono: \u201cLa se\u00f1ora que no tiene nada qu\u00e9 hacer y llama a la otra se\u00f1ora que tampoco tiene nada qu\u00e9 hacer para hablar horrores de otra se\u00f1ora que no hace nada\u201d. (Otero Silva, 1942: 141). Podemos decir que la cr\u00f3nica de Francisco Pimentel fungi\u00f3 como una especie de predicci\u00f3n, dado que, el oficio de \u201cse\u00f1oritas telefonistas\u201d desapareci\u00f3 de los empleos o labores del pa\u00eds; mientras que la de Miguel Otero Silva es un llamado de atenci\u00f3n a la poblaci\u00f3n venezolana para que no invierta el tiempo utilizando el tel\u00e9fono con el fin perturbar la paz de los ciudadanos. Por ello, cierra su cr\u00f3nica citando a Lenin, quien pens\u00f3 que: \u201cEl tel\u00e9fono es el opio del pueblo\u201d.<\/p>\n<p><strong>A manera de cierre<\/strong><\/p>\n<p>Como hemos visto la cr\u00f3nica literaria se erige como un documento que puede ser de gran utilidad a diferentes campos del saber: historia, arquitectura, gastronom\u00eda, sociolog\u00eda, folclore, ingenier\u00eda, entre otros. Adem\u00e1s, puede constituir una herramienta pedag\u00f3gica muy atractiva para aproximarse a determinados fen\u00f3menos sociales y\/o hist\u00f3ricos, como apunta Cuesta (2012). Algunos de los rasgos que har\u00edan esto posible ser\u00edan la brevedad, el humor, el lenguaje y la referencialidad espacio- temporal. Por \u00faltimo, resulta preciso destacar el complejo ejercicio intelectual del cronista quien, al igual que el rese\u00f1ador, se disciplina en el arte de conjugar sucesos reales con elementos veros\u00edmiles que cautiven al lector.<\/p>\n<p><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p>BARNOLA, Pedro Pablo. (s\/f)).\u00a0Job Pim, M\u00e1ximo Humorista Venezolano, en:\u00a0gumilla.org\/biblioteca\/bases\/biblo\/texto\/SIC194572_68-71.pdf Consulta: marzo, 2015.<\/p>\n<p>CUESTA, Cecilia (2012). \u201cCartograf\u00edas e imaginarios urbanos en la cr\u00f3nica latinoamericana\u201d En: Pe\u00f1a y Cuesta (Comp.).\u00a0Diversas miradas a la cultura escrita en la universidad. M\u00e9rida \u2013 Venezuela: Vicerrectorado administrativo de la Universidad de Los Andes.<\/p>\n<p>DELGADO SENIOR, Igor (2006). \u201cAutor-Izado para re\u00edr: El humor en la literatura\u201d En: Pacheco, C; Barrera Linares, L y Gonz\u00e1lez Stephan, B.\u00a0Naci\u00f3n y Literatura: Itinerarios de la palabra escrita en la cultura venezolana. Caracas: Fundaci\u00f3n Bigott<\/p>\n<p>GOFFMAN, Erving (1963).\u00a0Estigma. La identidad deteriorada. Buenos Aires: Amorrortu<\/p>\n<p>GONZ\u00c1LEZ LE\u00d3N, Adriano (1981). \u201cPr\u00f3logo\u201d En: Otero Silva.\u00a0Un Morrocoy en el infierno. Humor\u2026 humor\u2026humor\u2026Caracas: Editorial Ateneo<\/p>\n<p>MONDOLFI, Edgardo (2009). \u201cLa mirada hacia afuera: M.O.S. y la cr\u00f3nica de otros mundos\u201d En: Rafael Arr\u00e1iz Lucca (Comp.).\u00a0Miguel Otero Silva: una visi\u00f3n plural. Caracas: CEC, S.A<\/p>\n<p>OTERO SILVA, Miguel (1981). Un Morrocoy en el infierno. Humor\u2026 humor\u2026 humor\u2026Caracas: Editorial Ateneo. (1972). Un morrocoy en el cielo. Caracas: Editorial Tiempo Nuevo.<\/p>\n<p>PIMENTEL, Francisco (1959).\u00a0Obras completas. M\u00e9xico: Am\u00e9rica Nueva RODR\u00cdGUEZ CARUCCI, Alberto (1985). \u201cLa noci\u00f3n de &#8216;influencia&#8217; en los estudios de la narrativa venezolana\u201d.\u00a0Kipus. Ecuador. 39-50.<\/p>\n<p>ROTKER, Susana (1992).\u00a0Fundaci\u00f3n de una escritura: Las cr\u00f3nicas de Jos\u00e9 Mart\u00ed. La Habana: Casa de las Am\u00e9ricas<\/p>\n<p>SANOJA HERN\u00c1NDEZ, Jes\u00fas (2009).\u00a0El d\u00eda y la huella. Caracas: bid &amp; co. Editor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jenny Muchacho S\u00e1nchez Con el estigma a cuestas: la cr\u00f3nica literaria un g\u00e9nero (im) popular Cuando se habla de literatura, tradicionalmente, se hace alusi\u00f3n a la creaci\u00f3n de expresiones literarias como poemas, novelas, cuentos y ensayos. En dicha referencia \u201ccan\u00f3nica\u201d, poqu\u00edsimas veces aparece la cr\u00f3nica literaria como \u201cproducto\u201d derivado del arte literario. 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