{"id":3228,"date":"2022-02-05T20:50:57","date_gmt":"2022-02-05T20:50:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3228"},"modified":"2023-11-24T18:34:26","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:26","slug":"peonia-fragmentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/peonia-fragmentos\/","title":{"rendered":"Peon\u00eda (fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Manuel Vicente Romerogarc\u00eda<\/h4>\n<p>III<\/p>\n<p>H\u00e9teme, pues, caballero en la muleta amarilla, luciendo un liquiliqui de warandol, unas polainas de cuero de caballo y una pava forrada.<\/p>\n<p>Ger\u00f3nimo me segu\u00eda en la burra cana, con una escopeta Lefaucheux de dos ca\u00f1ones que me prest\u00f3 un amigo. Detr\u00e1s iba Tigre, hermoso perro venadero que me regal\u00f3 un franc\u00e9s.<\/p>\n<p>Yo me dejaba, de vez en cuando, mirar la sombra; y en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n me detuve a contemplar mi gallarda apostura.<\/p>\n<p>\u00a1Es tan grato ser uno doctor, caballero en la muleta amarilla de un t\u00edo ricach\u00f3n, y en camino para un deslinde!<\/p>\n<p>\u00a1Tal debi\u00f3 sentirse el Manchego en su primera excursi\u00f3n!<\/p>\n<p>La ciudad se despertaba: tras de m\u00ed iban saliendo los artesanos so\u00f1olientos, restreg\u00e1ndose los ojos y bostezando; porque este fr\u00edo de Caracas, a las seis y media de la ma\u00f1ana, m\u00e1s provoca a dormir que a trabajar.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 al Rinc\u00f3n, dej\u00e9 la carrera y me ech\u00e9 cuesta arriba, camino viejo de El Valle, mientras Tierra de Jugo, con sus m\u00e1rmoles y su eterna tristeza, rodeando de desiertas y ahumadas tejer\u00edas, se perd\u00eda a mi derecha.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 de panoramas y qu\u00e9 de recuerdos!<\/p>\n<p>La capital, tendida a los pies del \u00c1vila, apoy\u00e1ndose en aquellas colinas que tornaban a vestirse de esmeralda con las primeras lluvias.<\/p>\n<p>Las perdices, volando en bandadas por entre la hierba reci\u00e9n nacida.<\/p>\n<p>Los sauces de las tomas, meci\u00e9ndose blandamente al soplo de las brisas matutinas, con la majestad real del chaguaramo.<\/p>\n<p>Las acequias de las haciendas se\u00f1aladas en el cortado valle por la l\u00ednea blanca, vaporosa y sutil de la neblina, sirviendo de marco a los caprichosos tablones de ca\u00f1a, verde, con el verde robusto que precede a la madurez, y en verde amarillo y suave de las plantas tiernas.<\/p>\n<p>All\u00ed, en el Portachuelo, detuve la muleta, y respirando aquel ambiente fresco, vivificante, que ensancha los pulmones, pas\u00e9 en revista los recuerdos de la infancia y las esperanzas de la juventud&#8230;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>-\u00a1Gua, se\u00f1or! \u00a1El ni\u00f1o Carlos!<\/p>\n<p>-El mismo, Celestina.<\/p>\n<p>Era una negra vieja, la que me carg\u00f3 muchas veces en su petaca, cuando mi familia viajaba por los valles del Tuy.<\/p>\n<p>Ven\u00eda con su sombrero de cogollo y su pa\u00f1uelo colorado al cuello, montada en un burro negro, entre dos sacos de legumbres; las piernas haciendo como carril al pescuezo del jumento, flacuchento y pesado como todos los de su raza perezosa&#8230;<\/p>\n<p>-\u00bfVas para el mercado?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, ni\u00f1o. \u00bfY la familia?<\/p>\n<p>-Buena. \u00bfC\u00f3mo est\u00e1 la tuya?<\/p>\n<p>-Buenita, sin noved\u00e1. \u00bfY para d\u00f3nde la lleva?<\/p>\n<p>-Para el Tuy, a la Peon\u00eda.<\/p>\n<p>-\u00bfCasa de don Pedro?<\/p>\n<p>-Vaye, pues, ni\u00f1o, mucha felicid\u00e1 y expresiones a don Pedro y a don Nicol\u00e1s.<\/p>\n<p>Y echamos a andar, cada uno por su lado. A poco sent\u00ed voces a la espalda; era Celestina que me gritaba:<\/p>\n<p>-Si topa las muchachas d\u00edgales que anden, que se hace tarde para el mercado.<\/p>\n<p>Y desapareci\u00f3 en el recodo del camino.<\/p>\n<p>Hab\u00eda atravesado la larga calle del pueblo, paso entre paso, porque cada esquina, cada corredor, cada terr\u00f3n me hablaba el lenguaje de las memorias infantiles.<\/p>\n<p>All\u00ed -me dec\u00eda- jugu\u00e9 a las metras con Antonio; all\u00ed me di una ca\u00edda y me romp\u00ed la cabeza; en aquella casa estaba la escuela.<\/p>\n<p>\u00a1Destino caprichoso el de la humanidad! \u00a1Cu\u00e1ntas veces un recuerdo, detalle imperceptible en el conjunto, envuelve un poema, una historia, una resoluci\u00f3n que decide de la suerte de un individuo!<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Ser\u00edan Las ocho de la ma\u00f1ana cuando ech\u00e9 pie a tierra. Estaba en una rancher\u00eda y ten\u00eda por delante un espect\u00e1culo nuevo.<\/p>\n<p>No pod\u00eda quejarme de la muleta amarilla del t\u00edo Pedro; hab\u00eda marchado bien, y mi retardo en el camino se deb\u00eda solamente a que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n hall\u00e9 obstruida la carretera.<\/p>\n<p>Iba delante de m\u00ed un isle\u00f1o con ocho vacas muy flacas, que se dirig\u00edan al potrero.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, cuatro burros cargados de malojo que, con calma verdaderamente sibarita, marchaban de frente en batalla por la angosta v\u00eda.<\/p>\n<p>Quise forzar la amarilla, pero no se hallaba muy a su gusto en presencia de aquella trinchera movediza: amugaba las orejas, raboteaba y daba se\u00f1ales inequ\u00edvocas de susto y desagrado, hasta el extremo de convencerme, a m\u00ed que soy de infanter\u00eda, que lo m\u00e1s prudente era echarme a la orilla y dejar que pasaran los jumentos del malojo.<\/p>\n<p>Pero, al fin, estaba en la rancher\u00eda.<\/p>\n<p>Un arriero cargaba; otro enjalmaba; \u00e9ste pon\u00eda los ahogadores; aqu\u00e9l quitaba las maneas y en las topas ver\u00eda el ma\u00edz de la raci\u00f3n.<\/p>\n<p>-\u00a1Maldita sea mi suerte! -exclam\u00f3 un catire alto, delgado, tuerto del izquierdo.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 tiene el tuerto? -pregunt\u00f3 un llanero que se arremangaba el garras\u00ed.<\/p>\n<p>-Tuerta ser\u00e1 su madre -replic\u00f3 el herido por la pregunta. -Vaya, hermano, que usted se disgusta por nada; si no quiere que le diga tuerto, le llamar\u00e9 \u00abmanco de un ojo\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; El compa\u00f1ero Nicomedes a\u00f1adi\u00f3 otro- est\u00e1 peleando con el pardo, que se disgusta cuando le recogen por la reata.<\/p>\n<p>-\u00bfY a qui\u00e9n le va a gustar que lo jalen de gaza? Yo no s\u00e9 si ser\u00e1 a ese tuerto que sue\u00f1a siempre con las muchachas pascueras.<\/p>\n<p>-Mire, amigo -vocifer\u00f3 el tuerto-, que yo soy hombre entre los hombres.<\/p>\n<p>-Me alegro mucho, se\u00f1or tuerto; yo tambi\u00e9n lo soy, y me prometo prob\u00e1rselo.<\/p>\n<p>Y esto diciendo, se vino con el asta encabullada sobre el tuerto, quien apel\u00f3 a una cacha-blanca de media vara.<\/p>\n<p>Ya iba, indudablemente, a prenderse la pelota, cuando se present\u00f3 el general Manzano, due\u00f1o de la rancher\u00eda, rumiando la mascada y manoseando una S. W. de nueve mil\u00edmetros, argumento convincente en todos los casos.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 hay? &#8211; pregunt\u00f3 el general.<\/p>\n<p>-Nada, mi general -contestaron sumisos ambos a dos los contendores, en presencia de aquel H\u00e9rcules de chiva blanca, pa\u00f1uelo amarrado a la cabeza y sombrero a la pedrada.<\/p>\n<p>\u00a1Terrible el poder de los generales!<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 suerte la del arriero! -murmur\u00f3 uno que ven\u00eda mojado hasta la cintura por el roc\u00edo del gamelote.<\/p>\n<p>-\u00bfNo te gusta el oficio?<\/p>\n<p>-No; es muy arrastrado.<\/p>\n<p>-Y sin embargo, hay algo peor que ser arriero<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n<p>-Ser burro. Y dici\u00e9ndolo, le descarg\u00f3 un astazo a uno moh\u00edno, que lo tendi\u00f3 en tierra.<\/p>\n<p>En tanto hab\u00edan servido el desayuno. Sobre la mugrienta mesa estaban un plato de carne salada una arepa medio envuelta en un pedazo de papel, y un pocillo de caf\u00e9, que me hizo exclamar:<\/p>\n<p>-Est\u00e1 bueno de agua y de ma\u00edz; pero le falta caf\u00e9.<\/p>\n<p>Ped\u00ed mi cuenta; alcanzaba a nueve centavos, y me ahorcaj\u00e9 en la mula, no sin que antes me dijera un arriero que echaba la \u00faltima soga:<\/p>\n<p>-Mire, blanco, que la parada corta hace el d\u00eda largo, y la parada larga hace el d\u00eda corto.<\/p>\n<p>M\u00e1xima esa que he apuntado en mi cartera, como resumen de larga serie de investigaciones filos\u00f3ficas. Y ech\u00e9 cuesta arriba.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>El viaje por las cordilleras es rico en panoramas; a cada nueva cumbre, nuevas perspectivas.<\/p>\n<p>A los bordes de las quebradas, en los vegotes, los cacaguales, con su sombra de bucares; en las laderas, el cafetal, bajo guamos de verde negro; m\u00e1s arriba, los conucos, cercados de \u00f1aragatos y pata de vaca, copiando los caprichos de un suelo de mosaico o los cuadros regulares de un tablero de ajedrez.<\/p>\n<p>A un lado, los cerros, desnudos de toda vegetaci\u00f3n, calc\u00e1reos, est\u00e9riles; rocas bas\u00e1lticas, coronadas de grama; cocuizas, cocuyes, toda la inmensa variedad de las agaves; y los cactus, desde el card\u00f3n centenario que da filamentos resistentes, hasta la roja pitahaya y la dulce tuna, ese qu\u00edmico que convierte el muc\u00edlago insaboro en rico cristales de az\u00facar.<\/p>\n<p>Al otro lado, cedros seculares y cabos gigantescos, envueltos en mantos de enredaderas, esmaltados de topacios y rub\u00edes y amatistas; rosacruz, de cuyas ra\u00edces manan los arroyos que se convierten en cascadas bulliciosas.<\/p>\n<p>Al volver de un recodo se me parti\u00f3 en dos el camino; la amarilla se detuvo ante el abismo que ten\u00eda bajo los cascos.<\/p>\n<p>All\u00ed, sobre dos soberbias moles de granito, escoltado por dos viejos tiamos, de negro tronco y multiplicados brazos, estaba un puente, que se fue por el barranco con la \u00faltima creciente Ven\u00eda Tigre con la boca abierta, la lengua reseca y jadeante. Busc\u00f3 el atajo, y a la izquierda, por una \u00e1spera pendiente, bordeando la roca tallada, iba la vereda, estrecha, sinuosa, como a saltos.<\/p>\n<p>Ech\u00e9 pie a tierra, y asido a las ramas de flacos zapateros que aguardaban al le\u00f1ador que los tronchase para ganarse el pan, apoyando el pie en los helechos y en las mayas, baj\u00e9 al fondo del barranco.<\/p>\n<p>Por sobre un lecho de piedra, bordado de musgos, corr\u00edan un hilo cristalino y fresco, cuya ca\u00edda hab\u00eda ido horadando otra roca del fondo, que serv\u00eda ya de considerable recept\u00e1culo, y a la cual sombreaban riquirriquis y platanillos de verdes hojas y negras venas; y casupos y capachos apoyados en los taludes del arroyo.<\/p>\n<p>Aquel ambiente fresco, con frescura que no tienen las ma\u00f1anas de diciembre en los verdes setos del \u00c1vila, parec\u00eda la residencia encantada de alg\u00fan genio creador, cuyo alimento vivificante se esparc\u00eda bajo el follaje hasta cuajarse en perlas pur\u00edsimas que pend\u00edan de las hojas de las enredaderas como diamantes en un manto de terciopelo verde, de esos que llevaban los magnates de la Hungr\u00eda a las fiestas tradicionales de su raza.<\/p>\n<p>Y como si nada hubiera de faltar a aquel cuadro de poes\u00eda y vida inimitables, al pie de una par\u00e1sita, en la horqueta de un mahomo, estaba una <em>soysola<\/em>, a la orilla del pajizo nido, dando al aire sus notas melanc\u00f3licas y arrobadoras como el tinte todo de la selva venezolana.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3se Tigre al limpio pozo y saci\u00f3 su sed, y se ba\u00f1\u00f3 luego; en tanto que en una hoja de casupo beb\u00eda yo de aquella agua que destemplaba los dientes con su fr\u00edo peculiar.<\/p>\n<p>Pasar de aquel sitio sin gozar de su belleza y sus encantos, fuera crimen cuyo peso no habr\u00eda de llevar sobre estos hombros que cargan con un t\u00edtulo de doctor; y desat\u00e9 el capote y me recost\u00e9 sobre una piedra, dejando que volara el alma por el c\u00edrculo perpetuo de los recuerdos y las esperanzas, ley fatal de la existencia humana. \u00a1Era yo entonces tan feliz!<\/p>\n<p>Tigre hab\u00eda saltado por las mayas y curujujules y apenas se percib\u00eda el lejano rumor de su aliento; la amarilla se sent\u00eda muy bien bajo el follaje, y apoyada en tres patas descansaba una trasera.<\/p>\n<p>Apoco, oy\u00f3selo lejos el canto mon\u00f3tono de un ganadero; luego se percib\u00edan sus notas claras y distintas: despu\u00e9s, apareci\u00f3 en el borde del barranco.<\/p>\n<p>Casi cubierto yo por las ramas, el llanero no se hab\u00eda dado cuenta de que alguien estaba abajo, y dijo con desenfado:<\/p>\n<p>-Se cay\u00f3 el puente&#8230; bueno; eso no le hace&#8230; ahora beber\u00e1 el ganado.<\/p>\n<p>Y a rengl\u00f3n seguido se abri\u00f3 sobre una orilla y lanz\u00f3 la punta al fondo.<\/p>\n<p>La amarilla, que no hab\u00eda previsto el caso, se manifest\u00f3 muy sorprendida de la irrupci\u00f3n, y no encontr\u00f3 nada m\u00e1s c\u00f3modo que subirse por donde mismo hab\u00eda bajado, aunque para ello tuviera que pasar por sobre m\u00ed.<\/p>\n<p>Ya comprender\u00e1n ustedes que para estas cosas y estos casos, una muleta amarilla no necesita de pedir permiso; y sin decir oste ni moste, se recogi\u00f3 de patas, y&#8230; \u00a1sus!, al otro lado, aporre\u00e1ndome una rodilla,<\/p>\n<p>Ya me preparaba a imitar a la muleta, cuando se me puso por delante ni m\u00e1s ni menos que un novillo careto, destoconado y de crespo cerviguillo que, sin darme los buenos d\u00edas, iba sobre el arroyo con trazas de mal humor.<\/p>\n<p>Era la primera vez que yo me hallaba frente afrente; y a tan corta distancia, y cojo por a\u00f1adidura, de un novillo careto destoconado. Aqu\u00ed me mor\u00ed, resucit\u00e9, me volv\u00ed a morir y volv\u00ed a resucitar.<\/p>\n<p>Record\u00e9 que un llanero me hab\u00eda aconsejado echarme boca abajo y hacerme el muerto, al acometerme el toro, porque este animal dizque es tan noble que no le embiste a los muertos. \u00a0No s\u00e9 si esto ser\u00e1 cierto; pero no lo juzgo muy c\u00f3nsono con la educaci\u00f3n de los novillos.<\/p>\n<p>Ya iba a echarme, pues, de barriga, cuando se me vino encima un encerado; y detr\u00e1s de \u00e9l un lebruno, y m\u00e1s atr\u00e1s un barroso y la mar&#8230; Di una de saltos por el barranco hasta salir al camino.<\/p>\n<p>Juro por mi honor que no sent\u00ed ning\u00fan dolor en la pierna aporreada. Una vez en la carretera vi la amarilla comiendo bejucos tiernos en el talud; pero no se me ocurri\u00f3 montarme en ella.<\/p>\n<p>Corr\u00eda, corr\u00eda, y de vez en cuando volv\u00eda la vista para cerciorarme, de que no me iba siguiendo el novillo careto. En un recodo perd\u00ed de vista al barranco fatal; ya no tem\u00eda m\u00e1s, y me sub\u00ed por la cortada para ponerme a salvo.<\/p>\n<p>Tigre ladraba con furor; despu\u00e9s aullaba lastimosamente&#8230;<\/p>\n<p>-No hay duda -me dije-; el novillo se encar\u00f3 con Tigre y lo ha herido: y quise salir buscarlo; pero me devolv\u00ed, porque la amarilla ven\u00eda disparada como una bala.<\/p>\n<p>Tom\u00e9la de la rienda y volv\u00ed a subir al talud, oblig\u00e1ndola a seguirme.<\/p>\n<p>-La dejar\u00e9 amarrada y segura -me dije- e ir\u00e9 por Tigre, que segu\u00eda aullando.<\/p>\n<p>Y cuando tom\u00e9 de nuevo la carretera, ven\u00eda el careto paso a paso, orondo como quien hace una campa\u00f1a, y el llanero desternillado de risa con mi capote en la mano.<\/p>\n<p>-No corra, blanco -me grit\u00f3; estos animales no hacen nada en la madrina.<\/p>\n<p>Entonces record\u00e9 que otro llanero me hab\u00eda dicho que el ganado en sociedad se torna lerdo y paciente, al rev\u00e9s de lo que le sucede al hombre.<\/p>\n<p>Sent\u00ed una ola de sangre, de verg\u00fcenza, subirme a las mejillas y casi me cubr\u00ed el rostro con las manos&#8230;<\/p>\n<p>Pas\u00f3 el ganado, y volv\u00ed a montar, consol\u00e1ndome con esta reflexi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abEl miedo tambi\u00e9n tiene su valor; y no he de ser yo el \u00fanico venezolano cobarde; si no que lo diga Guzm\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<p>En tanto, el ganadero cantaba:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Con puro papel de seda se limpian los caraque\u00f1os; <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>en el llano nos limpiamos con la pata y con los dedos.<\/em><\/p>\n<p>Fuerza era dormir, despu\u00e9s de tama\u00f1o susto y hube de parar en la primera rancher\u00eda.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/manuel-vicente-romerogarcia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Manuel Vicente Romerogarc\u00eda III H\u00e9teme, pues, caballero en la muleta amarilla, luciendo un liquiliqui de warandol, unas polainas de cuero de caballo y una pava forrada. 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