{"id":3208,"date":"2022-02-05T00:09:14","date_gmt":"2022-02-05T00:09:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3208"},"modified":"2023-11-24T18:34:27","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:27","slug":"a-que-sabe-un-te-quiero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/a-que-sabe-un-te-quiero\/","title":{"rendered":"A qu\u00e9 sabe un te quiero"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Soledad Morillo Belloso<\/h4>\n<blockquote><p>Una historia de dolor, lucha y amor<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Dedicatoria<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>A todos los que son o han sido v\u00edctimas de la estupidez humana.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>A todos los inmigrantes del mundo y sus descendientes, est\u00e9n donde est\u00e9n.<\/em><\/p>\n<p>Dos d\u00edas hab\u00edan transcurrido sin escucharse el estallido de bombas y el aterrador sonido de disparos. Los cielos nocturnos estaban oscuros y sin humareda. Llevaban ya semanas escondidos en aquel altillo. En silencio, comiendo apenas de las galletas rancias y la carne salada que quedaba en los bolsos con los que hab\u00edan podido cargar cuando consiguieron huir del pueblo.<\/p>\n<p>Cuando supieron que las tropas estaban apenas a kil\u00f3metros no les qued\u00f3 de otra que echar a correr. Dejar\u00edan lo poco que ten\u00edan. Los pobres no tienen derecho a equipaje. Y los perseguidos menos. Quedar\u00edan all\u00ed los recuerdos, los botijos, los arados. Los pocos animales caer\u00edan en manos de los invasores, como alimento de sus desalmadas pasiones.<\/p>\n<p>Beltr\u00e1n no hablaba. Hab\u00eda dejado de hacerlo aquel d\u00eda en que vio al t\u00edo Nepomuceno siendo fusilado. El pecado de aquel hombre, el no haberse sumado a la lucha. En la guerra no hay neutrales. Y aquel capit\u00e1n de voz hosca que orden\u00f3 llevarlo al muro de piedras convertido en pared\u00f3n lo dijo con todas sus letras: \u00abO con nosotros o en nuestra contra. \u00a1Muerte a la contra!\u00bb.<\/p>\n<p>Siete soldados vaciaron sus carabinas sobre el cuerpo golpeado del hombre al que ni tan siquiera tuvieron la compasi\u00f3n de \u00a0vendarle \u00a0los ojos. A lo lejos el cura alcanz\u00f3 a rezar un Padre Nuestro. Para los traidores no hay funeral ni rosario, ni cristiana sepultura en camposanto. En un cami\u00f3n tiraron el cuerpo; nunca se supo si lo enterraron en alguna fosa com\u00fan o si lo lanzaron en la espesura de alg\u00fan bosque para ser alimento de carro\u00f1eros.<\/p>\n<p>All\u00ed estaban. Los tres. En aquel altillo fr\u00edo y l\u00fagubre, compartiendo el recinto con un par de ratas que ro\u00edan lo que sobraba de unos granos. La madre y la abuela, viudas, y el ni\u00f1o, mudo. Dos mujeres y un infante. Desvalidos. Vivos. Con el terror como inseparable \u00a0acompa\u00f1ante.<\/p>\n<p>Pasaron unos vecinos. Por la peque\u00f1\u00edsima abertura donde anidaban los gorriones les escucharon decir que la guerra hab\u00eda terminado. Que hab\u00eda sido acordada y firmada la rendici\u00f3n. Para la mayor parte de los espa\u00f1oles la guerra no ten\u00eda ni ganadores ni derrotados. Todo se reduc\u00eda a vivos o muertos.<\/p>\n<p>\u00abMadre, tenemos que irnos, a Madrid, a donde Froil\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<p>Caminaron de noche. De d\u00eda se escond\u00edan. D\u00edas y d\u00edas de una traves\u00eda con el miedo a cuestas. Comiendo lo que le disputaban a las ratas en los basureros en los pueblos. Tomando agua de los riachuelos que muchas veces ten\u00edan el rojo de la sangre derramada. Ahogando l\u00e1grimas. Rezando en silencio. Suplicando a Cristo que les ayudara.<\/p>\n<p>Manuela lo recordaba. Froil\u00e1n. Su amigo de la infancia, su compa\u00f1ero de juegos. Quiso la vida que luego ella casara con el hermano mayor, Adalberto.\u00a0 Antes de la guerra, a\u00fan mozalbete, Froil\u00e1n se hab\u00eda ido,\u00a0 huy\u00e9ndole al hambre de aquella tierra que no alcanzaba para alimentar tantas bocas. All\u00e1 en el pueblo quedaron madre, hermano mayor y cu\u00f1ada encinta. Se fue y no mir\u00f3 atr\u00e1s. Hubiera dolido demasiado hacerlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Destierro<\/strong><\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a la ciudad y pregunt\u00f3 por el mercado. Lo dijo as\u00ed, en gen\u00e9rico, como si en aquella ciudad solo hubiese uno. Le respondieron con risas burlonas, con miradas de chulines que ven por encima del hombro a los paletos. Le indicaron que siguiera a una carreta. Dos horas y minutos m\u00e1s tarde entr\u00f3 en el bullicio, en los gritos de viandantes y de recogedores de lo que ca\u00eda en las veredas. En guerra, lo que cae al suelo no es desperdicio. Vio un portal. Grande. El mercado de San Miguel. All\u00ed vivir\u00eda su destierro. Entre vituallas.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-3210\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-1-282x300.jpg\" alt=\"\" width=\"470\" height=\"500\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-1-282x300.jpg 282w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-1.jpg 387w\" sizes=\"(max-width: 470px) 100vw, 470px\" \/><\/p>\n<p><strong>Con las aguas de Lope de Vega<\/strong><\/p>\n<p>Siete a\u00f1os atr\u00e1s, cuando el t\u00edo Froil\u00e1n los vio llegar hubo de restregarse los ojos; crey\u00f3 que aquello era producto de su imaginaci\u00f3n, de su infinita necesidad de familia. Parec\u00edan espantos, almas en pena. Aquella anciana con la piel surcada y los cabellos cenizos no pod\u00eda ser su madre. Aquella otra mujer, enflaquecida, con las manos ajadas, no, no pod\u00eda ser la ni\u00f1a rubia y de ojos verdes con la que jugaba en los campos. Diez a\u00f1os sin ver a la madre, tanto tiempo sin saber de ella. Solo aquella carta a\u00f1os atr\u00e1s con una foto del bautizo de un var\u00f3n. Del hermano supo que hab\u00eda sido reclutado a la fuerza. A los meses supieron que hab\u00eda sido herido de muerte. No hubo cuerpo que enterrar.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed estaba ahora ese ni\u00f1o. Beltr\u00e1n. Fam\u00e9lico, con los ojos opacos, el cabello ralo y la piel pegada a los huesos. Peque\u00f1ajo para su edad. Incapaz de pronunciar palabra. Pero en su mirada encontr\u00f3 los ojos de familia, encontr\u00f3 al padre muerto, al hermano mayor con quien comparti\u00f3 todo en esa ni\u00f1ez que ya era historia extraviada en una nebulosa de recuerdos.<\/p>\n<p>Los aloj\u00f3 en la trastienda. Y aquella noche, por primera vez en a\u00f1os, abuela, madre y ni\u00f1o durmieron sin el dolor de las tripas vac\u00edas, sin el ensordecedor ruido de balaceras, bajo un techo que les anestesi\u00f3 el miedo.<\/p>\n<p>Despert\u00f3 al amanecer de aquel abril, con el ruido de las mujeres moviendo cazuelas. Con el olor de una sopa de ajo en el fuego. Con el calor de aquel ni\u00f1o pegado a su pecho. Sinti\u00f3 lo que no hab\u00eda sentido en a\u00f1os, amor de familia. Se descubri\u00f3 haciendo lo que no hab\u00eda hecho en muchos a\u00f1os, sonre\u00edr. Aquel amanecer el amor venci\u00f3 a los malos designios del destino. Y s\u00ed, esa ma\u00f1ana en el madrile\u00f1o mercado de San Miguel, en ese lugar donde alguna vez en una iglesia el gran Lope de Vega recibi\u00f3 las aguas bautismales, la tristeza cay\u00f3 de rodillas ante la felicidad.<\/p>\n<p>En el mercado pasaron las penurias y sinsabores de la posguerra. Y supieron de la guerra en Europa. De las ocupaciones de los alemanes. Del ataque de los japoneses a Pearl Harbor. De los aliados desembarcando en Francia, de c\u00f3mo cayeron los nazis, de la muerte de Hitler y Mussolini. De las bombas en Hiroshima y Nagasaki. All\u00ed, entre los tenderetes en San Miguel, entre verduras, \u00a0pescados, carnes y chorizos creci\u00f3 Beltr\u00e1n sin decir ni un verbo, ni un sustantivo, ni un adjetivo.<\/p>\n<p>Dicen que los mudos saben o\u00edr lo que otros no. Beltr\u00e1n escuchaba todo. Y pod\u00eda incluso presentir lo que alguien escond\u00eda tras las frases que pronunciaba en medio de la algarab\u00eda del mercado. Algunos dec\u00edan que Beltr\u00e1n le\u00eda pensamientos.<\/p>\n<p>Le ense\u00f1aron a leer y escribir. Y a manejarse bien con los n\u00fameros. Llevaba recados y encomiendas. Escrib\u00eda las notas de los que nadaban en analfebetismo. De un lado a otro llevaba las cestas de huevos y verduras. La leche para el orfanato. Le hac\u00eda los mandados al cura que a escondidas del obispo le dio la Primera Comuni\u00f3n. El carnicero le consigui\u00f3 papeles de identidad, con nombre de padre inventado. As\u00ed fue como de su vida el S\u00e1nchez desapareci\u00f3 y pas\u00f3 a llamarse Beltr\u00e1n Cuestas, con la acotaci\u00f3n \u00abhu\u00e9rfano de padres desconocidos\u00bb. Las monjas dieron fe de ello. Dijeron que hab\u00eda sido \u201cabandonado en las puertas del convento sin identificaci\u00f3n alguna\u201d un 16 de octubre, d\u00eda en que el santoral marcaba d\u00eda de San Beltr\u00e1n. Todos en el mercado se hicieron c\u00f3mplices de esta historia. Hay mentiras benditas. Beltr\u00e1n se convirti\u00f3 en \u00abel mudo de San Miguel\u00bb.<\/p>\n<p>La abuela muri\u00f3 en paz. Se acost\u00f3 a dormir una nochecita de primavera y no despert\u00f3. La encontraron con una pl\u00e1cida sonrisa y un rosario entre los dedos. C\u00f3mo si nunca en toda su vida hubiera derramado una l\u00e1grima, como si la guerra y los inmensos dolores al fin le hubieran dado tregua y permitido ser feliz. La velaron en el mercado, ese lugar que hab\u00eda sido su hogar por a\u00f1os y del que hab\u00eda dicho no quer\u00eda jam\u00e1s salir. El nieto estuvo all\u00ed, en su silencio.<\/p>\n<p>Un d\u00eda llegaron unos hombres. Raros. Con caras de pocos amigos. De la recluta no se salvaba nadie. Y menos los de las clases trabajadoras. A esos el General\u00edsimo les tem\u00eda. Supon\u00eda que las modernas ideas con ansias republicanas pod\u00edan renacer entre ellos. M\u00e1s val\u00eda ponerles uniforme y mantenerles cortas las riendas.<\/p>\n<p>Obligados todos los varones mayores de dieciocho a\u00f1os. De nada serv\u00eda que Beltr\u00e1n tuviese una \u00abcondici\u00f3n\u00bb. Entonces todos en el mercado hicieron propia la tarea. Causa com\u00fan. Eso que hoy llaman solidaridad y que en aquellos tiempos ten\u00eda un nombre m\u00e1s simple, hermandad. Rompieron huchas y entre cuartos y duros reunieron las cinco mil pesetas para el pasaje de barco.<\/p>\n<p>Una semana m\u00e1s tarde Beltr\u00e1n se embarcaba para cruzar el oc\u00e9ano. Atr\u00e1s quedaban la madre y el t\u00edo Froil\u00e1n. Y los tenderos, las monjas, el cura. All\u00e1 qued\u00f3 la gitana que le predijo una vida de llantos y risas. Una ristra de c\u00f3mplices. Como ligero \u00a0equipaje, una valija con dos camisas limpias y almidonadas, un par de pantalones de recambio, unos cuantos turrones, unas poquitas bolsas de garbanzos, unos chorizos ya bien curados y unos libros muy usados \u00a0entre cuyas p\u00e1ginas Manuela puso unas fotograf\u00edas.<\/p>\n<p>Al puerto lo llevaron escondido entre verduras y cacharros. Un primo del cura se asegur\u00f3 que fuera de los primeros en embarcar y que le dieran alg\u00fan oficio abordo. Treinta y tres d\u00edas m\u00e1s tarde, luego de hacer varios puertos, Beltr\u00e1n desembarcaba en La Guayra, en ese pa\u00eds llamado Venezuela.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-3212\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-3-217x300.jpg\" alt=\"\" width=\"394\" height=\"545\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-3-217x300.jpg 217w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-3.jpg 418w\" sizes=\"(max-width: 394px) 100vw, 394px\" \/><\/p>\n<p><strong>Quinta Crespo<\/strong><\/p>\n<p>A la ciudad de Caracas subi\u00f3 con Joaqu\u00edn, un asturiano que tambi\u00e9n hac\u00eda las Am\u00e9ricas y a quien lo esperaban familiares que hab\u00edan emigrado meses antes. Ya hab\u00edan logrado instalarse y ten\u00edan un puesto de verduras y frutas en el Mercado de Quinta Crespo. Aquella Venezuela de 1951 ten\u00eda las puertas abiertas a todo aquel \u00abde buen proceder y \u00e1nimos de trabajar\u00bb. Pero Beltr\u00e1n estaba aterrado.<\/p>\n<p>Joaqu\u00edn lo llev\u00f3 consigo. La familia los aloj\u00f3 con ellos, en una pieza al fondo de una casa de vecindad modesta pero limpia y con comida de olla. Al d\u00eda siguiente ya ten\u00eda trabajo en el mercado. Bien pagado y con gente que obsequiaba sonrisas. Empezaba para Beltr\u00e1n una vida de abundancia.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-3213\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-4-262x300.jpg\" alt=\"\" width=\"394\" height=\"451\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-4-262x300.jpg 262w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-4.jpg 418w\" sizes=\"(max-width: 394px) 100vw, 394px\" \/><\/p>\n<p>All\u00ed, en ese pa\u00eds, no falta de nada. No hay el rigor del invierno, pero siente fr\u00edo en el alma. Un vac\u00edo. Nada rellena el calor de su madre, la mano siempre dispuesta del t\u00edo, las caras conocidas en las veredas del San Miguel. C\u00f3mo se vive con la a\u00f1oranza, c\u00f3mo se respira con ausencia de felicidad. C\u00f3mo se aprende a sobrellevar la m\u00e1s pesada de las cargas, la de la nostalgia del inmigrante.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>A veces llegan cartas<\/strong><\/p>\n<p>De lunes a s\u00e1bado, desde antes del amanecer y pasado el atardecer, faena en el mercado. \u00abEl mudo de Quinta Crespo\u00bb; as\u00ed lo apodaron. De servicio confiable y honestidad a toda prueba, se hizo querer por todos. Do\u00f1a Jacinta, la due\u00f1a de la pensi\u00f3n a la que se mud\u00f3 cuidaba de darle alimentos, de que su ropa estuviera limpia y que su pieza tuviera siempre s\u00e1banas frescas con perfume de lavanda. En las noches escrib\u00eda en un cuadernillo. Y le\u00eda los libros que le prestaba el p\u00e1rroco de la iglesia de La Candelaria, a donde iba cada domingo a sentarse en el \u00faltimo de los bancos a pensar y rezar.<\/p>\n<p>De vez en cuando llegaban cartas. La madre le dec\u00eda cu\u00e1nto lo amaba. El t\u00edo Froil\u00e1n, cu\u00e1nto lo extra\u00f1aban. Le narraban todo lo que acontec\u00eda en el mercado de San Miguel. Los cambios, los progresos, la libertad que segu\u00eda esquiva. Los que ya no estaban porque hab\u00edan sido reclamados por la parca. Los ni\u00f1os nacidos que correteaban por la veredas de aquella isla de ilusi\u00f3n con la inocencia como escudo, ajenos a la realidad que ocurr\u00eda m\u00e1s all\u00e1 del mercado.<\/p>\n<p>El anuncio por carta de la muerte de la madre le cay\u00f3 como un balde de agua fr\u00eda. Enferm\u00f3 de tristeza. Un mes estuvo sin poder levantarse de la cama. Ni siquiera los amorosos cuidados de do\u00f1a Jacinta lograban sacarlo de ese abismo de melancol\u00eda. Joaqu\u00edn lo visitaba a diario, buscando sacarlo de ese sombr\u00edo sopor. Le narraba lo que ocurr\u00eda en el mercado y en ese pa\u00eds que los hab\u00eda abrigado. Pero nada lo animaba. Logr\u00f3 sacarlo de la pieza con una amenaza: o sal\u00eda o buscar\u00eda recluirlo en un hospital. El trabajo logr\u00f3 lo que las palabras no consiguieron. Se trata de sudar el dolor.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o y poco m\u00e1s tarde recibi\u00f3 una carta del t\u00edo Froil\u00e1n. En el sobre, una sorpresa. Una libreta de ahorros de un banco suizo. Su abuela y su madre hab\u00edan hecho aportes por a\u00f1os. Pero como Beltr\u00e1n no ten\u00eda los apellidos de su padre y madre, las viudas hab\u00edan determinado a Froil\u00e1n como heredero, a sabiendas que el t\u00edo no caer\u00eda jam\u00e1s en la tentaci\u00f3n de estafar al sobrino. Pero Froil\u00e1n le anunciaba que no andaba bien de la salud, que hab\u00eda decidido pasar sus \u00faltimos a\u00f1os retirado frente al mar, en un peque\u00f1o pueblo de Andaluc\u00eda. Antes de hacerlo le ped\u00eda encontrarse en Basilea para hacerle entrega de esos dineros. En Espa\u00f1a no podr\u00edan encontrarse. El riesgo legal persist\u00eda para Beltr\u00e1n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Aquel noviembre de 1957<\/strong><\/p>\n<p>Cuando se ape\u00f3 del tren lo golpe\u00f3 un viento helado. Aquel a\u00f1o Basilea viv\u00eda un invierno prematuro, particularmente fr\u00edo y lluvioso. Sali\u00f3 de la estaci\u00f3n y busc\u00f3 en el mapa indicaciones para llegar al banco donde se encontrar\u00eda con el t\u00edo.<\/p>\n<p>El portero era un gallego. Nada de extra\u00f1ar. Muchos espa\u00f1oles hab\u00edan migrado a Suiza, un pa\u00eds que necesitaba mano de obra con disposici\u00f3n al trabajo de sudores. Al portero le entreg\u00f3 un cartelito en espa\u00f1ol y alem\u00e1n, \u00abSoy mudo; vengo a hacer una gesti\u00f3n en el banco\u00bb. Le entreg\u00f3 adem\u00e1s su pasaporte en el que constaba su condici\u00f3n de nacido en Espa\u00f1a pero de nacionalidad venezolana por naturalizaci\u00f3n. El gallego le llev\u00f3 hasta la oficina del gerente. All\u00ed lo esperaba Froil\u00e1n.<\/p>\n<p>El abrazo con el t\u00edo tuvo sabor a infinito. Sinti\u00f3 aquel beso en la frente como si resumiera todos los besos de los que ya no estaban. Cuando vio la cantidad que abuela y madre le hab\u00edan heredado entendi\u00f3 a\u00fan m\u00e1s los muchos sacrificios que hab\u00edan hecho. Entendi\u00f3 las largas jornadas de aquellas dos dej\u00e1ndose los ojos cosiendo, bordando y tejiendo. Entendi\u00f3 por qu\u00e9 toda su vida hab\u00eda sido un ejercicio de sencillez. Entendi\u00f3 aquel \u00a0pote de lat\u00f3n en lo alto de la estanter\u00eda y las idas de la madre cada mes al banco como quien cumple religiosamente una liturgia. Cinco cifras medias en francos suizos era un n\u00famero extraordinario para cualquiera y tanto m\u00e1s para quienes tantas penurias hab\u00edan pasado en aquellos espantosos a\u00f1os de la guerra y la posguerra.<\/p>\n<p>Regres\u00f3 a Caracas en diciembre de 1957. Toda su vida hab\u00eda transcurrido sin saborear la verdadera libertad. Sin caminar por las veredas de la democracia. Eso estaba por cambiar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Soy el mismo en un nuevo pa\u00eds<\/strong><\/p>\n<p>En la radio, mensajes trataban de calmar las angustias de la poblaci\u00f3n, transmitir una sensaci\u00f3n de todo va a estar bien. En el mercado se tej\u00edan por igual miedos y alegr\u00edas. Beltr\u00e1n se dej\u00f3 guiar por la serenidad. Cuando pasaron los meses y nada hab\u00eda estallado por los cielos supo que el pa\u00eds ir\u00eda por buen rumbo. Fue entonces cuando decidi\u00f3 dar el pr\u00f3ximo paso.<\/p>\n<p>Le propuso a Joaqu\u00edn comprar la charcuter\u00eda de don Pancracio. El hombre ya entrado en a\u00f1os quer\u00eda retirarse. Su mujer e hija insist\u00edan en que ya iba siendo tiempo de una vida m\u00e1s pausada para aquel septuagenario que bien se hab\u00eda ganado que sus \u00faltimos a\u00f1os fueran de disfrute. El negocio fue hecho con propiedad y respeto, como debe ser entre gentes de bien. En enero de 1959 el cartel cambi\u00f3 a \u00abCharcuter\u00eda San Miguel\u00bb.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone wp-image-3214\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-5-247x300.jpg\" alt=\"\" width=\"404\" height=\"490\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-5-247x300.jpg 247w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Soledad-5.jpg 418w\" sizes=\"(max-width: 404px) 100vw, 404px\" \/><\/p>\n<p>Beltr\u00e1n se mud\u00f3 de la pensi\u00f3n a un modesto apartamento en La Candelaria. Era su espacio. Su puerta. Su ventana. 56 metros cuadrados en los que ser \u00e9l. Por primera vez en toda su vida estaba totalmente solo.<\/p>\n<p>Busc\u00f3 muebles sencillos. Una cama, una mesita de noche, una butaca, una mesa peque\u00f1a para comer, dos sillas, una peque\u00f1a estanter\u00eda para colocar su posesi\u00f3n m\u00e1s preciada, sus\u00a0 libros. Par\u00f3 en la papeler\u00eda de don Inocencio y compr\u00f3 varios cuadernos, de rayas, de los empastados.<\/p>\n<p>Dicen que los seres humanos adoptan perros. No es as\u00ed. Los perros escogen a quien proteger y cuidar, a quien entregar su incondicional amor.<\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana mientras colgaba los ganchos para guindar los nuevos chorizos, escuch\u00f3 un gemido. Camin\u00f3 hasta el pasillo y lo vio. Un cachorrito, empapado, lami\u00e9ndose la pata. Con cara de ll\u00e9vame a tu casa. Busc\u00f3 un trapo y lo sec\u00f3. En una cazuela le puso agua. Le dio de su mejor pieza de carne. Le limpi\u00f3 y vend\u00f3 la pata. Y al final de la jornada se lo llev\u00f3 a su casa. Le puso una mantita y lo dej\u00f3 acurrucarse en su cama.<\/p>\n<p>De ah\u00ed en m\u00e1s fue su compa\u00f1ero inseparable. Su familia. Sancho, as\u00ed lo nombr\u00f3, lo acompa\u00f1aba al trabajo desde el amanecer hasta el ocaso, los domingos lo esperaba en la puerta de la iglesia y luego se sentaba a su lado en el banco de la plaza La Candelaria donde cada tarde de domingo se sentaba a leer. Com\u00eda a su lado y se echaba a sus pies cuando \u00e9l se sentaba a escribir en su cuaderno.<\/p>\n<p>Un manchego privado de patria. Eso era Beltr\u00e1n. Pero era un venezolano de adopci\u00f3n. A medio camino entre una cosa y otra. Porque un documento con sellos oficiales no es lo que da identidad. Para 1960, era un comerciante exitoso. Pero el dinero no lo es todo.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda trabajaba. Con ah\u00ednco. Cada d\u00eda le\u00eda. Libros, peri\u00f3dicos, revistas. Cada noche\u00a0 escrib\u00eda en aquel cuaderno. Narraba todo lo que hab\u00eda pasado. \u00bfPara qu\u00e9? Para escucharse en sus letras, para decir lo que su voz callaba.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 una nueva afici\u00f3n, la fotograf\u00eda. En una tienda de La Candelaria propiedad de un catal\u00e1n consigui\u00f3 una Leica de segunda mano. Y registraba lo que le rodeaba en ese pa\u00eds peque\u00f1o que era el suyo entre Quinta Crespo y La Candelaria.<\/p>\n<p>Montserrat era hija del catal\u00e1n due\u00f1o de la tienda de fotograf\u00eda m\u00e1s importante de La Candelaria y acaso de Caracas. Estudiaba Arte en la Universidad Central. De todas las artes la que m\u00e1s le interesaba era aquella que plasmaba las im\u00e1genes. Alguna que otra vez ayudaba a su padre en las tareas de la tienda. As\u00ed fue fij\u00e1ndose en las fotos que de un tal Beltr\u00e1n Cuestas se revelaban cada semana. Aquello era un portafolio de retratos de la cotidianidad del mercado de Quinta Crespo. Del todos los d\u00edas, del cambio, del progreso. Siempre en blanco y negro. Personas, faenas, el montaje y desmontaje en los puestos. Un registro minucioso del devenir.<\/p>\n<p>Quiso conocer al fot\u00f3grafo.\u00a0 \u00abTiene una\u00a0 charcuter\u00eda en el mercado. Debe tener unos treinta y tantos. Siempre anda con su perro. Pero, te aviso, es mudo\u00bb, le advirti\u00f3 el padre.<\/p>\n<p>Montserrat fue al mercado. Y lo busc\u00f3. Pregunt\u00f3 aqu\u00ed y all\u00e1. Le guiaron hacia la Charcuter\u00eda San Miguel. Fingi\u00f3 inter\u00e9s en comprar un jam\u00f3n y algunos chorizos y butifarras. El parlanch\u00edn que la atendi\u00f3 ten\u00eda la sonrisa caracter\u00edstica de los asturianos de tradici\u00f3n\u00a0 de campos y h\u00f3rreos.<\/p>\n<p>Por dos meses fue all\u00ed cada s\u00e1bado. Hablaba con el asturiano pero no le quitaba la vista al manchego. Un d\u00eda se atrevi\u00f3 a abordarlo.<\/p>\n<p>-Soy Montserrat. Mi padre revela tus fotos. Yo creo que son extraordinarias. Y creo que deben ser expuestas.<\/p>\n<p>El amor no necesita palabras. Necesita emociones. A los seis meses, Montserrat entraba vestida de novia en la iglesia de La Candelaria y se convert\u00eda en la esposa de Beltr\u00e1n. Diez y seis meses m\u00e1s tarde alumbraba un hermoso ni\u00f1o, que el se\u00f1or p\u00e1rroco bautiz\u00f3 con el nombre de Manuel. En el registro se marc\u00f3 su apellido como Cuestas.<\/p>\n<p>Pasaron los a\u00f1os. Un d\u00eda la noticia es la muerte de Franco. Para muchos nada cambia. Tantas cosas contin\u00faan bajo las alfombras. Luego los espa\u00f1oles se dan una nueva constituci\u00f3n. Ilusi\u00f3n. Pero la reivindicaci\u00f3n sigue sin verse. Beltr\u00e1n contin\u00faa apareciendo en los registros como el que se escap\u00f3 del pa\u00eds para eludir el sacrosanto deber patrio de prestar servicio militar. Si tuviera la osad\u00eda de viajar a Espa\u00f1a podr\u00eda terminar preso.<\/p>\n<p>No puede ir al pueblo manchego donde naci\u00f3. No puede ir a poner flores en las tumbas de la abuela, la madre y el t\u00edo Froil\u00e1n. No puede ir a colocar su mano sobre aquel muro convertido en pared\u00f3n donde fusilaron al t\u00edo Nepomuceno. No puede ir a agradecer a las monjas que entendieron que hay mentiras necesarias. No puede intentar descubrir si en alguna fosa est\u00e1n los restos de su padre obligado a sumarse a la guerra. No puede recuperar sus apellidos de naci\u00f3n, el S\u00e1nchez de su padre, el Garc\u00eda de su madre. Que \u00e9l no fue un hu\u00e9rfano abandonado a las puertas de un convento. Que \u00e9l tuvo padre, y madre, y abuelos, y t\u00edos, e historia, una historia verdadera que sigue estando sepultada.<\/p>\n<p>El infarto le sobrevino sin aviso. Dijo el m\u00e9dico que a Beltr\u00e1n literalmente se le parti\u00f3 el coraz\u00f3n. No llegaba a los 70. Montserrat se visti\u00f3 de viuda y del brazo del hijo enterr\u00f3 a ese hombre que sin jam\u00e1s pronunciar palabra le hab\u00eda dicho mil veces con miradas y caricias que la amaba con toda su alma.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Hay que seguir<\/strong><\/p>\n<p>Nada detiene el tiempo. Manuel no se dio por vencido. En 1995 lo logr\u00f3. Y en la primavera de ese a\u00f1o est\u00e1 all\u00ed, en ese pueblo de La Mancha. En el bolso que cruza su pecho lleva los papeles oficiales. Certifican los apellidos de su padre. El Estado espa\u00f1ol finalmente reconoce a Beltr\u00e1n S\u00e1nchez Garc\u00eda. Difunto pero con derechos.<\/p>\n<p>Manuel est\u00e1 ah\u00ed. Haciendo lo que su padre nunca pudo hacer. Ha honrado su historia, que es tambi\u00e9n la suya y la de su hijo. Y puso flores en las tumbas de sus muertos, lo que su padre nunca pudo hacer.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La historia no se puede callar<\/strong><\/p>\n<p>Un caf\u00e9 en Caracas. El cielo azul de los eneros. Manuel espera. Se han citado a las 10 de aquella ma\u00f1ana de un s\u00e1bado de 2022. No la conoce pero ha escuchado hablar mucho de ella. Le han dicho que no es una editora cualquiera, que entiende que su oficio va mucho m\u00e1s all\u00e1 de poner tinta en un papel para impresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Toman un par de caf\u00e9s y rellenan el tiempo con tonter\u00edas. Pero hay cosas pendientes que ya no admiten rellenos.<\/p>\n<p>-Quiero darte esto. A ver qu\u00e9 piensas- le acerca un bolso.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9 es? -pregunt\u00f3 ella con no poca curiosidad.<\/p>\n<p>-Esto es la historia de lo que pas\u00f3. Hay historias que parecen m\u00ednimas, pero son importantes. Esta es la historia de mi familia y de muchos que vivieron para contarla. En estos cuadernos y estas fotograf\u00edas est\u00e1 la historia que mi padre escribi\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p>Doce meses m\u00e1s tarde, como cada s\u00e1bado, Manuel est\u00e1 en la oficina. Pero es un d\u00eda especial. En la tarde habr\u00e1 un bautizo. De un libro. Se har\u00e1 en un lugar muy especial, en el Mercado de Quinta Crespo. El t\u00edtulo, \u00abA qu\u00e9 sabe un te quiero\u00bb, texto y fotograf\u00edas de Beltr\u00e1n S\u00e1nchez Garc\u00eda.<\/p>\n<p>En la ceremonia estar\u00e1n invitados de lujo, los descendientes de esos cuya historia se narra en el libro. Son venezolanos por cuyas venas corre sangre de inmigrantes. Muchos continuaron la labor de sus padres y abuelos y tienen puestos en el\u00a0 mercado de Quinta Crespo. Estar\u00e1 tambi\u00e9n una representaci\u00f3n de tenderos del mercado de San Miguel. Y las palabras de presentaci\u00f3n estar\u00e1n a cargo de Beltr\u00e1n Manuel S\u00e1nchez, nieto del autor.<\/p>\n<p>El libro que la editora tiene en la mano inicia con pr\u00f3logo de Manuel S\u00e1nchez, presidente de la cadena de Frigor\u00edficos San Miguel, con siete establecimientos en Venezuela.<\/p>\n<p>\u00abHay miles de historias de inmigrantes que hicieron de Venezuela su patria. Esta es la de mi padre, la odisea del hombre que forj\u00f3 mi camino y a quien le debo casi todo lo que soy. El la escribi\u00f3 en quince cuadernillos y la ilustr\u00f3 con cientos de fotograf\u00edas. Es una historia que en poco difiere de las de otros miles de hombres, mujeres y ni\u00f1os que han tenido que dejar sus hogares y sus pa\u00edses de origen para sobrevivir\u2026 Acaso algunos lectores de este libro reconozcan sus propias historias en esas l\u00edneas que mi padre escribi\u00f3. En estas p\u00e1ginas est\u00e1n las palabras que \u00e9l nunca pudo decir con su propia voz; est\u00e1 mucho de lo que guard\u00f3 en secreto quiz\u00e1s para no sofocarnos con los dolores que le toc\u00f3\u00a0 vivir. Yo la le\u00ed cuando ya \u00e9l no estaba con nosotros. Mi padre era mudo, pero elocuente. Su historia la narr\u00f3 con estas l\u00edneas que plasm\u00f3 con sus l\u00e1pices y con cada imagen que captur\u00f3 con la lente de su c\u00e1mara\u2026 Hasta el \u00faltimo d\u00eda de su vida mi padre escribi\u00f3 cada noche en esos cuadernos de pasta\u2026 Algunos pensar\u00e1n que la de Beltr\u00e1n S\u00e1nchez es una historia simple, triste. Cr\u00e9anme, no lo es. Mi padre fue feliz aunque la vida no le alcanz\u00f3 para ver cumplidos sus deseos de reivindicaci\u00f3n de su familia, sin que pudiera volver a Espa\u00f1a. Tardamos mucho en conseguir la justicia. Pero se pudo. Hoy podemos ir a poner flores en camposantos\u2026 Mi padre, estoy seguro, est\u00e1 en el cielo, con mis abuelos y mis t\u00edos, y con su amado perro Sancho. Desde all\u00e1 nos sonr\u00ede\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Aquel s\u00e1bado de enero en el mercado de Quinta Crespo todo huele a fresca felicidad. Y todo sabe a te quiero.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/soledad-morillo-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<p style=\"text-align: left;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Soledad Morillo Belloso Una historia de dolor, lucha y amor Dedicatoria A todos los que son o han sido v\u00edctimas de la estupidez humana. A todos los inmigrantes del mundo y sus descendientes, est\u00e9n donde est\u00e9n. Dos d\u00edas hab\u00edan transcurrido sin escucharse el estallido de bombas y el aterrador sonido de disparos. Los cielos nocturnos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3209,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3208"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3208"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3208\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4407,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3208\/revisions\/4407"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3209"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3208"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3208"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3208"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}