{"id":3189,"date":"2022-02-04T00:15:49","date_gmt":"2022-02-04T00:15:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3189"},"modified":"2023-11-24T18:34:28","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:28","slug":"claudia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/claudia\/","title":{"rendered":"Claudia"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Eduardo Blanco<\/h4>\n<p>No ve\u00eda a Lored\u00e1n, el mejor de mis buenos amigos, hac\u00eda seis meses, precisamente desde el \u00faltimo baile de la \u00f3pera, donde lo sorprend\u00ed, como en los buenos tiempos de sus atolondradas aventuras de esforzado galanteador, acompa\u00f1ado de un elegante domin\u00f3 negro, en extremo discreto, que apoyado en el brazo de mi amigo, con no escondida timidez, se dejaba sin embargo decir cu\u00e1ntas extravagancias y apasionados requiebros se le ocurr\u00edan al amartelado gal\u00e1n.<\/p>\n<p>Y por cierto, que as\u00ed como extra\u00f1\u00e9 verle lanzado en aquel enredo estudiantil, me cautiv\u00f3 de manera indecible la gentileza de la desconocida, su natural donaire, su actitud reservada, y la turbaci\u00f3n real o fingida que pareci\u00f3 dominarla, cuando Lored\u00e1n al divisarme exclam\u00f3 en alta voz con la brusca franqueza de los envanecidos:<\/p>\n<p>\u2014Llegas a tiempo, mi querido Marcel, para que me asegures que no sue\u00f1o, sino que soy en realidad el m\u00e1s venturoso de los hombres.<\/p>\n<p>A tal exaltaci\u00f3n, recuerdo haberle contestado:<\/p>\n<p>\u2014Nunca he puesto en duda que lo seas; pero esta vez \u2013agregu\u00e9 sin malicia, puramente por seguir la corriente de aquella farsa de carnaval, impropia de la seriedad de mi amigo y de sus a\u00f1os\u2013 no me conformo con el bulto, ni con tu solo parecer, pues para confirmar lo que pretendes, necesito ver claro detr\u00e1s de ese antifaz.<\/p>\n<p>A este mi aserto, la desconocida retrocedi\u00f3 alarmada, cual si temiera de mi parte alguna impertinencia, pero sin lograr desasirse del brazo de Lored\u00e1n, quien a su vez, procurando calmarla, me dijo con sorprendente seriedad:<\/p>\n<p>\u2014Obtendr\u00e1s lo que deseas, aunque no todav\u00eda, pues formalmente te prometo que si esta mi \u00faltima aventura, sobrepuja, como bien lo presiento, mis m\u00e1s tiernas felicidades de soltero, lo has de saber cuando vuelvas de Italia.<\/p>\n<p>Lored\u00e1n no era un ni\u00f1o, pasaba de los cuarenta, y si en su juventud no hab\u00edan tenido tasa sus livianos placeres, era a la postre hombre formal, que sab\u00eda respetarse, y a quien nuevos y muy serios prop\u00f3sitos alejaban m\u00e1s y m\u00e1s cada d\u00eda de sus pasadas calaveradas.<\/p>\n<p>Esta circunstancia, agregada al poderoso sentimiento de atractiva curiosidad que me produc\u00eda el pudoroso domin\u00f3, hizo que me supiera desabrida aquella c\u00ednica humorada en los labios de un hombre circunspecto y en v\u00edsperas de contraer un razonable matrimonio de inclinaci\u00f3n y conveniencia, trat\u00e1ndose nada menos que de una desconocida, de un disfraz, en un baile de m\u00e1scaras; en quien si, a la verdad, el m\u00e1s avisado observador no hubiera descubierto ni uno solo de los resabios peculiares y por dem\u00e1s comunes a las alegres convidadas de semejantes bacanales, muy bien pod\u00eda fingir con especial maestr\u00eda el natural encogimiento del primer desliz de una honesta mujer, no siendo en realidad sino una insigne pecadora. Pero as\u00ed mismo, lleg\u00f3 a ocurr\u00edrseme, que bien considerada la aventura, solo fuera en realidad una inocente pantomima, una comedia improvisada, por todo extremo irreprochable, para re\u00edr de mi alarmadiza candidez; por lo que vacilando en darme o no por enga\u00f1ado, merced al papel de pudibunda que la desconocida representaba a maravilla, reanud\u00e9 la conversaci\u00f3n interrumpida preguntando con afectada curiosidad, a ver de o\u00edrle siquiera el timbre de la voz.<\/p>\n<p>\u2014Y bien. Vamos a ver, si no soy indiscreto. \u00bfA qu\u00e9 altura en la escala de las mutuas promesas han llegado ustedes hasta ahora?<\/p>\n<p>\u2014A la del primer pelda\u00f1o, y nada m\u00e1s \u2013contest\u00f3 Lored\u00e1n con presteza\u2013. Considera que hace veinte minutos, por obra de la fatalidad o de mi buena estrella, nos hemos encontrado, atra\u00eddos de manera violenta, irresistible, como dos llamas del mismo incendio, como dos almas que se complementan, dos cuerpos simp\u00e1ticos que tienden a juntarse para no formar sino uno. Y henos unidos como ves&#8230; y qui\u00e9n sabe hasta cu\u00e1ndo.<\/p>\n<p>Un suspiro profundo, que as\u00ed pod\u00eda venir de crueles desenga\u00f1os como de lisonjeras complacencias, se le escap\u00f3 al reservado domin\u00f3, mientras que yo agregaba, procurando abrir brecha en su tentadora reserva:<\/p>\n<p>\u2014Si no pasa de ah\u00ed todo el camino andado, les aseguro que van con pies de plomo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!, ni un palmo m\u00e1s \u2013agreg\u00f3 Lored\u00e1n\u2013. Solo puedo decirte que conozco de ella dos ojos negros que iluminan como verdaderas estrellas, y el sonido de su voz, cuyo timbre armonioso, atrayente, me produce el efecto de una reminiscencia dulce, tierna, dolorosa, que no acierto a explicarme.<\/p>\n<p>Al expirar esta \u00faltima frase, la esquiva compa\u00f1era de mi amigo, confundi\u00e9ndome m\u00e1s, hizo un visible esfuerzo para vencer su timidez, y salud\u00e1ndome con una ligera cortes\u00eda, arrastr\u00f3 a Lored\u00e1n lejos de m\u00ed, a tiempo que los acordes de un vals de Strauss, r\u00e1faga resonante de vibradoras armon\u00edas, pon\u00eda la sala en movimiento, y los perd\u00ed de vista.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 mujer era aquella, que as\u00ed llegaba a dominar lo indominable: el alma sin encantos de un extenuado en los placeres de la vida? Porque, al fin, no se me ocultaba que la exaltaci\u00f3n de Lored\u00e1n era sincera.<\/p>\n<p>Sin embargo, media hora m\u00e1s tarde ya hab\u00eda olvidado tan extravagante aventura, considerada una de tantas de las que ocurren en Par\u00eds a cada paso. Me retir\u00e9 del baile pensando en cosas serias, y a la ma\u00f1ana siguiente un r\u00e1pido de la l\u00ednea f\u00e9rrea \u201cPar\u00eds, Lyon, Mediterr\u00e1neo\u201d, me conduc\u00eda hasta Niza ya en camino de Italia.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Cuando por vez primera nos es dado admirar la tierra augusta de las seculares tradiciones, de los po\u00e9ticos ensue\u00f1os, de las ense\u00f1anzas perdurables, tierra de asombros, poblada de maravillas, de fantasmas, en la que viven nuestra vida en la intimidad del pensamiento y la memoria, que nos absorben con su poderosa dualidad de sombras invisibles y palpables portentos; cuando se discurre en aquel mundo de los pasmos, vivo en sus catedrales, en sus ruinas, y no se es un r\u00e9probo arrojado del sacro emp\u00edreo de las artes, ni se le ha negado al entendimiento la luz reparadora de la historia, solo tienen cabida en el esp\u00edritu aquellas impresiones que recibe de los objetos que inmediatamente nos dominan; nos falta tiempo para ver y sentir, para admirar y estudiar, aunque someramente, lo que otros vieron o dejaron de ver, para pedir a aquellos monumentos respetados por los siglos el secreto de sus relaciones con el hombre, la p\u00e1gina terrible o venturosa que sepultar\u00e1n sus escombros.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 mucho pues, que mis recuerdos de Par\u00eds no resistiesen el asalto de mis nuevas y multiplicadas sensaciones! \u00a1Qu\u00e9 mucho no pensara sino muy vagamente en mis amigos, a quienes si no olvidaba en absoluto tampoco se me ocurr\u00eda solicitar si eran o no felices!<\/p>\n<p>Italia me pose\u00eda y no dejaba nada de m\u00ed que no fuera exclusivamente para ella.<\/p>\n<p>As\u00ed pasaron varios meses, como breves instantes. A los comienzos del oto\u00f1o volv\u00ed a Par\u00eds, y al d\u00eda siguiente de mi regreso, como acertara a cruzar por los Campos El\u00edseos a la ca\u00edda de la tarde, en el momento esplendoroso en que el sol desaparece entre celajes de oro y p\u00farpura, detr\u00e1s del Arco de la Estrella, alcanc\u00e9 a divisar a Lored\u00e1n, muy cabizbajo y como huyendo de la gente, que se perd\u00eda en las curvas de un estrecho sendero.<\/p>\n<p>Rebosante de j\u00fabilo corr\u00ed tras \u00e9l, procurando alcanzarlo. Como antes he dicho, era el mejor de mis amigos, al cual me un\u00eda un fraternal afecto desde los bancos de la escuela. Sin dejar de seguirlo llamelo por su nombre repetidas veces, primero a media voz, luego casi a gritos; pero no o\u00eda o fing\u00eda no escucharme, continuando imperturbable su camino.<\/p>\n<p>Insist\u00ed en darle caza, apret\u00e9 el paso, me lanc\u00e9 a la carrera sin cuidarme de llamar la atenci\u00f3n, y como se viera al fin cogido, se detuvo sin manifestar contrariedad, ni aun siquiera sorpresa, cuando me vio bien visto. Estaba p\u00e1lido, intensamente p\u00e1lido, y ojeroso, y descarnado, cual si convaleciera de cruel enfermedad. Al estrecharle la mano se sonri\u00f3 con indiferencia, y como distra\u00eddo exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u00bfEres t\u00fa?&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Ya lo ves \u2013le contest\u00e9 asombrado de semejante frialdad, as\u00ed como del sonido cavernoso de su voz, de la vaguedad de su mirada, de su aspecto ruinoso, envejecido, y de la profund\u00edsima tristeza que revelaba su semblante; y esforz\u00e1ndome en investigar qu\u00e9 le aquejaba, si estaba enfermo, si padec\u00eda de alg\u00fan pesar que tardaba en confiarme, termin\u00e9 por decirle, tras mil protestas de mi cari\u00f1osa amistad:<\/p>\n<p>\u2014\u00c1nimo pues, amigo m\u00edo, que ya me tienes aqu\u00ed para curarte&#8230;<\/p>\n<p>\u2014No te preocupes por m\u00ed \u2013torn\u00f3 a decir con supremo abandono\u2013. T\u00fa s\u00ed que eres dichoso&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Seguramente, cuanto se puede ser, gozando de salud y teniendo tranquila la conciencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La conciencia! \u2013repiti\u00f3 Lored\u00e1n con amargura, y trat\u00f3 de alejarse.<\/p>\n<p>Seriamente alarmado, lo detuve dici\u00e9ndole:<\/p>\n<p>\u2014Oye. Vamos a comer juntos, y hablaremos con m\u00e1s intimidad, como en mejores d\u00edas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe tus viajes?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!, de ti, en primer t\u00e9rmino. De lo que te preocupa, te tortura y quieres ocultarme.<\/p>\n<p>\u2014Yo no te oculto nada. Pero te ruego que no pensemos en comer.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor ventura, has perdido en mi ausencia tu excelente apetito?<\/p>\n<p>\u2014No lo s\u00e9, porque ya no necesito de semejante materialidad para vivir&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Pues no has logrado sino una friolera&#8230;<\/p>\n<p>Y lo que se me sal\u00eda decirle me lo tragu\u00e9, temiendo ahondar de manera violenta en el misterio de su transformaci\u00f3n, de su profundo abatimiento.<\/p>\n<p>\u2014Si quieres, sent\u00e9monos aqu\u00ed \u2013d\u00edjome despu\u00e9s de breve pausa, con extremada laxitud, cual si estuviera muy cansado.<\/p>\n<p>Y nos sentamos en dos sillas detr\u00e1s del teatrillo de Guignol, junto a un arriate de floridos geranios. Y Lored\u00e1n cruz\u00f3 la pierna izquierda sobre la derecha y se qued\u00f3 cual si estuviera solo, profundamente distra\u00eddo.<\/p>\n<p>El cambio en \u00e9l efectuado era completo, sorprendente. No era aquel el mismo hombre jovial, cautivador, inteligente, que hab\u00eda dejado saludable y feliz hac\u00eda seis meses. \u00bfQu\u00e9 prodigioso filtro, qu\u00e9 inesperada cat\u00e1strofe hab\u00eda logrado cambiar aquella vigorosa naturaleza en triste ruina condenada a desaparecer en breves d\u00edas? Sin ning\u00fan fundamento me di a considerar si durante mi ausencia se le habr\u00eda declarado alguna cruel enfermedad, de las que no perdonan, y no le era desconocida la gravedad de su estado, \u00a1y se sent\u00eda morir! Pero si el mal no proven\u00eda del cuerpo, sino del alma, como luego se me antojara sospechar, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda acontecerle o haberle acontecido? \u00bfLa muerte acaso de su se\u00f1ora madre, a quien idolatraba? \u00bfLa p\u00e9rdida repentina, completa, de sus cuantiosos bienes de fortuna? O por desgracia, \u00bfhab\u00eda fracasado al realizarse, aquel su proyectado matrimonio con la heredera de un nombre esclarecido, en que fincaban su ventura, no solo \u00e9l, sino su anciana madre, y toda su familia? \u00bfQu\u00e9 pensar de aquel cambio, de aquella tristeza abrumadora, de aquel abatimiento f\u00edsico y moral al propio tiempo, y del desd\u00e9n supremo por cuanto le rodeaba, tan contrario a la vivacidad de su car\u00e1cter, a su ardorosa complexi\u00f3n de sibarita afortunado?<\/p>\n<p>Y mientras yo reflexionaba en tantas cosas tristes, y me perd\u00eda en dolorosas conjeturas, verdaderamente apesarado, mi pobre amigo, sin dejar de mover de manera nerviosa el pie de la pierna cruzada, como por obra de un oculto resorte, ve\u00eda el espacio sin nada ver y sin pensar en nada.<\/p>\n<p>Absorto ante aquella manifestaci\u00f3n del m\u00e1s profundo abatimiento, me qued\u00e9 largo rato viendo pasar por la incomparable avenida los carruajes de regreso del bosque, cargados de paseantes, de rostros satisfechos y dichosos (me lo parec\u00edan todos), y recordando las muchas veces que, junto con el Lored\u00e1n de otros d\u00edas, hab\u00eda cruzado a la misma hora la amplia avenida, de vuelta del paseo, entre la p\u00farpura crepuscular de las prolongadas tardes estivales o a la remisa claridad de las grises medias tintas del invierno, siempre alegres, felices, llevando de ordinario en la mente un proyecto agradable f\u00e1cil de realizar, comunic\u00e1ndonos nuestras empresas, nuestras esperanzas, o pensando sin amargura en las ajenas. Y con estos y otros recuerdos de nuestra venturosa existencia, de nuestra delicada amistad, en que prevalec\u00eda la mutua estimaci\u00f3n sobre el afecto mismo, me parec\u00eda haber de pronto envejecido, y haber transcurrido largos a\u00f1os entre lo que ayer no m\u00e1s aconteciera y mi vuelta a Par\u00eds, golpe\u00e1ndome el cerebro el\u00a0sic transit\u00a0desolador de\u00a0La imitaci\u00f3n del impecable, que se me ven\u00eda a la memoria y a los labios, en esta frase de sumo desaliento:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSer\u00e1 posible que as\u00ed termine lo que fue gloria, ventura y alegr\u00eda?<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Un cuchicheo amoroso detr\u00e1s de unos arbustos y del bosquecillo de geranios en flor, me hizo tornar la vista y contemplar de nuevo a Lored\u00e1n, en la misma invariable y callada actitud.<\/p>\n<p>A pesar del prop\u00f3sito caritativo de no darme por entendido de su m\u00edsero estado, no pude contenerme y le dije:<\/p>\n<p>\u2014Por lo visto no eres el mismo venturoso amigo que dej\u00e9 de ver hace seis meses&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLo crees as\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ya se ve que lo creo! Eres otro hombre muy distinto del de la noche del \u00faltimo baile de la \u00f3pera, en que nos vimos por \u00faltima vez, hace seis meses.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La noche del \u00faltimo baile de la \u00f3pera! \u2013repiti\u00f3 Lored\u00e1n como recapacitando&#8230; Luego a\u00f1adi\u00f3 con rapidez:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 me la recuerdas? \u00bfSabes algo? \u00bfEst\u00e1s en el secreto?<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 de qu\u00e9 me hablas; pero debes ser franco y confiarme tus penas, como antes no te excusabas de repetirme tus locuras. Tienes algo que te duele, que te devora, que te mata, y persistes en callarlo a mi buena amistad. \u00bfPor qu\u00e9 no repartir entre los dos, si es que a\u00fan me tienes por tu mejor amigo, lo que no te cabe en el alma?<\/p>\n<p>\u2014Soy el mismo de siempre \u2013replic\u00f3 Lored\u00e1n haciendo un gran esfuerzo para aparentar serenidad; pero decayendo lastimosamente casi al punto de aquel arranque de insostenible energ\u00eda, a\u00f1adi\u00f3 a media voz: \u2014Solo que ahora me siento m\u00e1s tranquilo, menos inconsecuente&#8230; Vamos a ver \u2013y se reconoc\u00eda el esfuerzo que le costaba hablar\u2013: \u00bfsupongo que has hecho un viaje muy feliz, que has estudiado y aprovechado el tiempo?<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed, as\u00ed \u2013le contest\u00e9 sin dejar de observarlo.<\/p>\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n me he distra\u00eddo mucho.<\/p>\n<p>\u2014Se te conoce. Pero no abundas como antes en aquella persistente disposici\u00f3n a gozar de la vida.<\/p>\n<p>\u2014Exageras. Me siento como nunca&#8230; porque hace ya alg\u00fan tiempo, esto para ti solo, que estoy muerto&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Muerto o vivo, he de saber tus penas, tus pesares&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Penas! \u00a1Pesares!&#8230; Sensaciones son esas de la vida que me ha abandonado.<\/p>\n<p>\u2014H\u00e1blame formalmente&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Mira, ya el sol se va, y con la noche vienen las sombras cual aves negras de pesado vuelo a contarnos sus cuitas: las historias del m\u00e1s all\u00e1 desconocido. Yo, sombra como ellas, si lo deseas, te contar\u00e9 las m\u00edas.<\/p>\n<p>\u2014Te han embrujado; ya no me queda duda&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Te alarmas sin raz\u00f3n&#8230; \u2013y cambiando repentinamente de tono y anim\u00e1ndose cual si recuperara con placer la memoria:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! \u2013exclam\u00f3, golpe\u00e1ndose la frente y muy paso\u2013. Me olvidaba decirte que he vuelto a ver a Claudia.<\/p>\n<p>\u2014A Claudia&#8230; Espera&#8230; No acierto a qu\u00e9 Claudia te refieres&#8230; \u2013Y un repentino escalofr\u00edo estremeci\u00f3 mis nervios.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs posible \u2013prosigui\u00f3 Lored\u00e1n\u2013 que te hayas olvidado de la chicuela de la isla de San Luis, de la bella camisera, como t\u00fa la nombrabas, la hija del brutote de Marmilet, nuestro fantasma del puente de San Miguel?<\/p>\n<p>Y se ech\u00f3 a re\u00edr nerviosamente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Y qu\u00e9! \u00a1No puede ser! \u00a1Est\u00e1s disparatando! \u2013exclam\u00e9 desconcertado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 raz\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Me lo preguntas! \u00bfAcaso no recuerdas que la desgraciada a que haces referencia muri\u00f3 suicida hace lo menos veinte a\u00f1os?<\/p>\n<p>\u2014Pues te aseguro que he vuelto a verla. Que la veo con frecuencia&#8230;<\/p>\n<p>\u2014No sabes lo que dices, mi pobre Lored\u00e1n, est\u00e1s so\u00f1ando.<\/p>\n<p>\u2014Te juro por mi honor que no miento. \u00bfPara qu\u00e9 supercher\u00edas? He vuelto a verla y t\u00fa tambi\u00e9n&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Yo!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Si, t\u00fa, y muy bien que la viste, y a\u00fan recuerdo que le hablaste!<\/p>\n<p>\u2014En mi ausencia \u2013le dije con tristeza\u2013 parece que han sucedido muchas cosas raras.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!, s\u00ed, muy raras; y por sobre todo extraordinarias \u2013agreg\u00f3 Lored\u00e1n, reanim\u00e1ndose con inusitado vigor\u2013. \u00bfTe acuerdas de la \u00faltima noche que nos vimos en el baile de la \u00f3pera?<\/p>\n<p>\u2014No la he olvidado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfRecuerdas con qui\u00e9n estaba yo?<\/p>\n<p>\u2014Perfectamente. Dabas el brazo a un elegante domin\u00f3 de raso negro, a quien no conoc\u00edas cuando nos encontramos, y al que cortejabas con extra\u00f1a locura.<\/p>\n<p>\u2014Pues bien, aquella mujer&#8230; Era Claudia.<\/p>\n<p>\u2014Repito que es imposible, que deliras. A menos que no fuera el suyo aquel cad\u00e1ver blanco, casi infantil, que fui a ver a la morgue, hace veinte a\u00f1os y acompa\u00f1\u00e9 luego al cementerio, cumpliendo por ti, que te hallabas ausente, tan piadoso deber.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed que lo era&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Entonces \u00bfc\u00f3mo explicar el hecho material de haber vuelto a verla?<\/p>\n<p>\u2014No lo s\u00e9; pero m\u00e1s te sorprender\u00e1 lo que a\u00fan ignoras y he de referirte, si me ofreces, por supuesto, absoluta reserva&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Te empe\u00f1o mi palabra.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien. Lo sabr\u00e1s todo al fin&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Dime antes \u2013a\u00f1ad\u00ed interrumpi\u00e9ndole\u2013, \u00bfno ser\u00eda mejor cambiar de sitio, ir a un caf\u00e9, a un lugar reservado?&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9? Aqu\u00ed es mejor. Estamos solos y de curiosos importunos nos protegen las sombras. Adem\u00e1s, ella acierta a pasar por estos sitios cuando la noche cierra, y puede que la veas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfElla, dices?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, ella, amigo m\u00edo. Estoy cierto que ha de venir y la ver\u00e1s. Ella misma. Tan linda y delicada como antes. Una flor, una verdadera flor de castidad y de inocencia. Espera.<\/p>\n<p>Yo inclin\u00e9 la cabeza y sent\u00ed que mis ojos se humedec\u00edan. \u00a1Pobre amigo!<\/p>\n<p>La m\u00e1gica iluminaci\u00f3n de la avenida, con sus mil ramilletes de globillos el\u00e9ctricos, acumulados como ascuas de diversos colores a la entrada de los caf\u00e9-cantantes, vino a suplir la luz crepuscular, desaparecida con l\u00e1nguida pereza en el oscuro manto de la noche; y all\u00ed, en aquel rinc\u00f3n encantador de la bulliciosa metr\u00f3poli, nos hallamos tan solos, tan aislados, como en el coraz\u00f3n de espeso bosque. Lored\u00e1n, con la mayor cautela, volvi\u00f3 a todos lados la cabeza cual si temiera ser o\u00eddo por otros o\u00eddos que los m\u00edos; acerc\u00f3 a m\u00ed su silla, y profundamente conmovido comenz\u00f3 por decir como son\u00e1mbulo:<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>\u2014Mis padres&#8230; que no yo&#8230; pero no, yo no debo recriminarlos, obedecieron a los sentimientos en que hab\u00edan sido educados&#8230; T\u00fa lo sabes. Ellos me adoraban. Bien lo s\u00e9. Me adoraban acaso demasiado. El amor de los padres es sagrado. No los vituperes y escucha.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed a Claudia cuando cumpl\u00eda diecisiete a\u00f1os. Era un ser ideal lleno de gracias, de abnegaci\u00f3n e inocencia, como antes ni despu\u00e9s vieron mis ojos. Disimula si te repito lo que sabes; pero lo juzgo indispensable&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Sigue, sigue \u2013le dije, comenzando a sentir la melanc\u00f3lica influencia de los recuerdos tristes&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Nos vimos, nos amamos, y alcanc\u00e9 a persuadirme que su belleza f\u00edsica, con ser como ninguna&#8230; sobrehumana, no era siquiera comparable a su belleza moral, a los esplendores de su alma, en toda la excelsitud de sus inefables encantos&#8230; \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 emoci\u00f3n la m\u00eda, al cruzar en las tibias noches del est\u00edo el solitario puente, desde el cual la divisaba en la ventana de un cuarto piso del malec\u00f3n de Anjou,\u00a0bella bianca vestita, a la luz de la luna que plateaba la corriente del Sena, o a favor de los amortecidos reverberos que se reflejaban en el agua!&#8230; Y luego cuando sub\u00eda a un aposento del entresuelo de la misma casa, donde una buena mujer, una florista, protegida de Claudia, nos permit\u00eda encontrarnos y pasar juntos, bajo su cari\u00f1osa vigilancia, breves instantes de suprema felicidad. Claudia bajaba a recibirme, siempre ruborizada y anhelante: dir\u00edase que la apenaba la furtiva escapada del materno regazo. De ordinario, sin decirnos una sola palabra, las manos estrechadas, pose\u00eddos de inefable ventura, se pasaban las horas como instantes, viendo correr el r\u00edo y oyendo repetir en el murmurio de las aguas el himno del amor que al un\u00edsono entonaban nuestras almas. Otras veces, \u00a1qu\u00e9 coloquios m\u00e1s tiernos en un decir de palabras cortadas, de suspirados monos\u00edlabos, de frases hechas y comunes que nos llegaban al o\u00eddo como primores de la suma elocuencia! Nuestras almas ingenuas, candorosas, pugnaban por escapar de su prisi\u00f3n de carne y fundirse en una sola aspiraci\u00f3n de perdurable \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>\u00a1Oh!, \u00a1qu\u00e9 noches de inocente ventura, de castidad embriagadora! La amaba, t\u00fa lo sabes muy bien, con entusiasmo, con delirio, como el mayor de los bienes que el cielo me hubiera concedido. Ella viv\u00eda en mi alma como en su propio ser, a todas horas, en todos los instantes de mi vida, estaba all\u00ed en mi coraz\u00f3n, en mi memoria; su recuerdo iba conmigo a todas partes, y era suyo al despertar mi primer pensamiento, como suyo hab\u00eda sido mi \u00faltimo ensue\u00f1o al quedarme dormido. Claudia hab\u00eda llegado al convencimiento de que era amada con pasi\u00f3n, con locura, y me amaba a su vez con amor idol\u00e1trico. Yo fui su dios, su religi\u00f3n y su ventura; fuera de m\u00ed, todo le era indiferente; su vida era su amor, y yo el \u00fanico ser en quien confiada hab\u00eda depositado todo el tesoro de sus virginales ensue\u00f1os junto con la esperanza de su felicidad.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os&#8230; \u00a1dos a\u00f1os nada m\u00e1s!&#8230; \u00a1Cu\u00e1n cortos los instantes de aquella dicha sin penas, de aquella inagotable sed de amor sin remordimientos! Luego, lo que acontece cuando nos ciega la pasi\u00f3n, cuando la debilidad nos extrav\u00eda, cuando la ruin materia logra siquiera sea un instante sobreponerse a las puras delicadezas del amor: el abandono de la carne a la carne, el torpe arrebato de voluptuosidad y la ca\u00edda del azul infinito, radiante, esplendoroso, lleno de paz, a las p\u00e9rfidas sombras que protegen las faltas, a la oscuridad de la conciencia, a las violaciones del deber, a las torturas sin remisi\u00f3n del alma. Mis sinceras promesas fueron entonces \u00fanico puerto de salud, su esperanza. Solemnemente le hab\u00eda jurado ser su esposo, ante la blanca hostia que a nuestros ojos se elevara en el cielo la noche de nuestra inmensa&#8230; desventura; y seguro de cumplir mi juramento, a pesar de la oposici\u00f3n que pudiera encontrar en mi familia, se hicieron por entonces menos duros nuestros remordimientos. Meses despu\u00e9s, una noche muy triste, encontr\u00e9 a Claudia sollozando: el coraz\u00f3n me dio un vuelco, y llor\u00e9 como ella. Lo que me dijo, venciendo a duras penas su pudor, su verg\u00fcenza, me dej\u00f3 anonadado; no porque dudase yo cumplirle mi promesa, sino porque d\u00e9bil de car\u00e1cter ve\u00eda llegar con miedo el momento de librar la batalla en el seno de mi familia. As\u00ed, de d\u00eda en d\u00eda, con f\u00fatiles pretextos fui aplazando la hora de confiar a mis padres lo ocurrido, as\u00ed como mi resoluci\u00f3n irrevocable de unir a Claudia a mi destino; hasta que apurados al fin todos los plazos, todas las dilaciones, sin que una vez mi tierna amiga abrigase la m\u00e1s leve sospecha respecto a mi lealtad, ni por ninguna consideraci\u00f3n alcanzara a entibiarse el santo amor que nos un\u00eda, forzoso me fue llegar a la imprescindible confesi\u00f3n de mi falta, a la promesa hecha ante Dios, e impetrar el consentimiento de mis padres.<\/p>\n<p>Conoces el esc\u00e1ndalo que semejante acontecimiento produjo en mi familia, y la formal negativa a consentir en una\u00a0mesalliance, por todo extremo rid\u00edcula y fuera de raz\u00f3n, como dec\u00edan. Esto pasaba al propio tiempo que en el extremo opuesto, el b\u00e1rbaro de Marmilet, holgaz\u00e1n empedernido, que alimentaba su vagancia y sus vicios con el trabajo de su pobre mujer y de su hija, a quien pretend\u00eda casar con un ricacho mercader de trastos viejos, pon\u00eda el grito en el cielo, y compel\u00eda con atropellos a la infeliz muchacha a reclamar por medio del esc\u00e1ndalo alg\u00fan dinero en cantidad suficiente a resarcirlo del frustrado proyecto del matrimonio&#8230;<\/p>\n<p>Con heroica entereza resisti\u00f3 Claudia los malos tratamientos de su padre, sin proferir palabra. Era mayor, ten\u00eda diecinueve a\u00f1os, y no hubo forma de hacerla desistir de su silencio, ni agobiada por el pesar y la verg\u00fcenza&#8230;<\/p>\n<p>A d\u00edas de gloria, siguieron d\u00edas de infierno. Imposible me fue volver a verla, recluida y vigilada como la manten\u00edan. La vecina del entresuelo se neg\u00f3 a recibirnos, temerosa de las brutalidades de Marmilet, y obtuve solo a s\u00faplicas y luises, que se prestara a proteger nuestra correspondencia epistolar&#8230; Por aquella mujer supe los planes que se fraguaron para forzarme a pagar con dinero lo que no tiene precio, y la decidida firmeza de la infeliz atribulada a no ceder a tan viles prop\u00f3sitos. \u201c\u00a1A saldar cuentas, como hombre de bien!\u201d, me dije entonces. Y no esperando vencer de ning\u00fan modo la resistencia de mi familia, comenc\u00e9 a dar los pasos indispensables para casarnos clandestinamente&#8230;<\/p>\n<p>T\u00fa viajabas, como acontece siempre que me sobrevienen grandes desventuras. No ten\u00eda de mi parte ni las inspiraciones de tu generoso coraz\u00f3n, ni tus buenos consejos. Me fie de otros amigos, que me traicionaron, y una noche, cuando yo menos lo esperaba, mi padre me orden\u00f3 acompa\u00f1arlo a la Estaci\u00f3n del Norte. A nuestra llegada, la m\u00e1quina del expreso de Calais humeaba pr\u00f3xima a partir, y uno de mis t\u00edos, viajero infatigable, nos esperaba. \u2014\u201cVamos a Londres, a acompa\u00f1ar a Juan que emprende por cent\u00e9sima vez sus correr\u00edas, dijo mi padre, y a practicar un negocio importante del cual debes imponerte por si te toca dirigirlo; estaremos de vuelta en el curso de la semana\u201d. \u00bfQu\u00e9 contestar? \u00bfQu\u00e9 pretexto oponer? Sin la m\u00e1s leve sospecha, respecto del verdadero objeto de mi salida de Par\u00eds, me pareci\u00f3 que mostr\u00e1ndome complaciente lograr\u00eda poco a poco ablandar a mi padre y alcanzar de \u00e9l, por el camino de una sumisi\u00f3n deferente, lo que no hab\u00eda conseguido por los medios hasta entonces empleados. Llegados a Londres, result\u00f3 indispensable al supuesto negocio regresar por Marsella. A pretexto de una indisposici\u00f3n en su salud, mi padre no pudo acompa\u00f1arnos. Mi t\u00edo y yo nos embarcamos en Southampton y ocho d\u00edas despu\u00e9s no fue a Marsella sino a Nueva York donde arribamos&#8230;<\/p>\n<p>Protest\u00e9 contra la aleve treta. Exig\u00ed en todos los tonos mi pronta vuelta a Francia. Escrib\u00ed a Claudia refiri\u00e9ndole lo ocurrido, y me dispuse a reembarcarme en la primera oportunidad. Aparent\u00f3 mi t\u00edo apiadarse de mi desesperaci\u00f3n, me ofreci\u00f3 regresar haciendo antes un rodeo indispensable para no faltar en absoluto a las instrucciones recibidas, y algunos d\u00edas despu\u00e9s dej\u00e1bamos los Estados Unidos. \u00bfD\u00f3nde \u00edbamos? Se me enga\u00f1\u00f3 de nuevo. Tras larga y pesada navegaci\u00f3n hall\u00e9me en Buenos Aires, donde subi\u00f3 de punto mi dolor y mi desesperaci\u00f3n al leer en los cablegramas de Par\u00eds, entre noticias\u00a0sensacionales, el suicidio de una muchacha de menos de veinte a\u00f1os, cuyo cad\u00e1ver hab\u00eda sido extra\u00eddo del Sena; y aunque no se dec\u00eda el nombre de la desgraciada, un opresor presentimiento me dej\u00f3 anonadado&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1No me enga\u00f1aba el coraz\u00f3n, la suicida era Claudia! Mi pobre Claudia, mi adorada Claudia, como se confirm\u00f3 despu\u00e9s&#8230; La carta que le escrib\u00ed de Nueva York la decidi\u00f3 a morir&#8230;<\/p>\n<p>Cu\u00e1nto sufr\u00ed, lo sabe Dios, lo sabes t\u00fa, a quien acud\u00ed repetidas veces en mi acerbo dolor. No conceb\u00eda poder sobrevivir a tan hondo quebranto, m\u00e1s de una vez cruz\u00f3 adornada de rosas blancas por mi mente la idea consoladora de desaparecer, de seguir a Claudia en los senderos de lo infinito&#8230; Me detuvo, hoy lo veo, la fatalidad de mi destino.<\/p>\n<p>Lored\u00e1n guard\u00f3 silencio y se qued\u00f3 como abstra\u00eddo en visiones fant\u00e1sticas. Yo le dej\u00e9 perderse en sus lucubraciones, que traspasaban de seguro los l\u00edmites estrechos de la vida terrena, de las cuales volvi\u00f3 dando un suspiro quejumbroso como quien despierta de prolongada pesadilla, exclamando con inmensa amargura:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! \u00a1El tiempo! \u00a1T\u00fa no sabes qu\u00e9 monstruo son los a\u00f1os! \u00a1No hay dolor que no venzan, afecto que no devoren, cumbre que no allanen, penas y tormentos que no nos hagan olvidar! \u00a1Al amor, al santo amor lo traicionan, lo burlan, a la belleza la injurian, al orgullo lo humillan y a la muerte misma la escarnecen! naturaleza vil y despreciable la del hombre, sin alientos para perseverar en el dolor, sin energ\u00eda para sufrir&#8230;<\/p>\n<p>Meses y a\u00f1os pasaron; aquellas mis abrumadoras amarguras, malamente tenidas por eternas, como no lo eran ya mis l\u00e1grimas, fueron perdiendo d\u00eda por d\u00eda su acritud, su violencia, su noble insensatez, a favor de las auras de vida nueva, reparadora, que torn\u00e9 a respirar; y aconteci\u00f3 que lentamente lo que ven\u00eda de atr\u00e1s como sagrado \u2013fe, recuerdos, amor\u2013 fue cediendo al poder de otros deseos, de nuevas tentaciones, y el anhelo instintivo a gozar de la vida y del amor. \u00a1Del amor! \u00bfMe has comprendido bien? Y de mi alma, como de nido abandonado, desapareci\u00f3 el calor confortante de los puros afectos, y fue alej\u00e1ndose el recuerdo de Claudia, hasta quedar reducido a una reminiscencia melanc\u00f3lica, a uno como ensue\u00f1o vago, vaporoso, que si me apartaba de la tierra, era para hacerme volver a ella con mayor decisi\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>A tanta infidelidad contribuyeron, haci\u00e9ndose mis c\u00f3mplices, cuanto vieron mis ojos en el vario curso de mis viajes; cuanto de alguna manera impresion\u00f3 mi esp\u00edritu: las maravillas de la naturaleza, los primores de las artes, la obra inmensa de Dios, y las mezquinas debilidades de mi ser. Sobre el recuerdo de mi primer amor fueron cayendo como piedras sobre el cad\u00e1ver del vencido Manfredo, arcos de triunfo, columnas aleg\u00f3ricas, templos paganos, estatuas, circos, catedrales&#8230; Menfis con sus pir\u00e1mides, su esfinge; el Parten\u00f3n y su monta\u00f1a del Acr\u00f3polis; Roma con sus magnificencias y sus ruinas: t\u00famulo inmenso bajo el cual mi primer amor fue sepultado.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Lored\u00e1n torn\u00f3 a quedar como sumido en sus negros pesares, y yo con el pensamiento me dej\u00e9 ir a extravagantes disertaciones propias del caso y excusables&#8230;<\/p>\n<p>Para todos los delitos tenemos penas severas, crueles, a veces deshonrosas; nuestros c\u00f3digos no han economizado el rigor. Aqu\u00ed la guillotina, all\u00e1 la horca, el garrote, la silla el\u00e9ctrica, y en menor escala la penitenciar\u00eda, el trabajo forzado, las detenciones temporales, las multas, los arrestos, y la publicidad del delito y del nombre de sus autores, que es una doble pena. No hay piedad para el crimen, no se le tolera, ni se le deja impune. Tras la falta el castigo. Perfectamente: la sociedad se escuda, se defiende y a las veces se venga, y est\u00e1 en su derecho. Pero todas las salvaguardias no han sido establecidas sino para proteger la parte material de nuestro ser, para amparar la vida en su relaci\u00f3n con la materia, con la carne y con lo que a ella corresponde: la propiedad, el derecho adquirido, el goce del bienestar que disfrutamos&#8230; \u00bfMe hieres lo que de m\u00ed sangra a la vista? Pues al punto el castigo. \u00bfAtentas contra lo que poseo en bienes materiales? La acci\u00f3n reparadora de la justicia no se hace esperar. Muy bien. El ser material est\u00e1 escudado. Pero el alma, esa otra parte consustancial de nuestro ser, la hemos dejado abandonada y sin mayor defensa, no obstante sean de muerte para el cuerpo no pocas de las heridas que aquella suele recibir. Y hela ah\u00ed sin escudo, a merced de las malas pasiones, de la propia debilidad en la mujer, de las asechanzas de los que las pervierten, de los ultrajes y torturas a que son sometidas no pocas almas puras, sencillas, inocentes y cr\u00e9dulas. Ultrajes y torturas m\u00e1s infames que los que se infieren a la carne.<\/p>\n<p>&#8230; El ladr\u00f3n que le roba a una muchacha los zarcillos va a la c\u00e1rcel, y si reincide, a presidio; pero quien a esa misma chica roba la honra, y la pervierte, y de verg\u00fcenza y de pesar puede hacerla morir, ese no tiene pena, no es penable. Impunemente se puede abusar, pues, de una mujer, relativamente d\u00e9bil, candorosa, confiada en las promesas de quien le finge amor, y sepultarla para toda la vida en los horrores del vicio, del remordimiento y la desesperaci\u00f3n, inhabilit\u00e1ndola hasta para el augusto ministerio de la maternidad. Nada de cuanto se haga por ese lado, se castiga. Enga\u00f1ar, corromper, ultrajar, aniquilar un alma no es delito punible. Es tan natural y tan com\u00fan seducir a una incauta y dejarla, como dicen, plantada, que parece rid\u00edculo ocuparse en ello. Confiad a un abogado de conciencia la causa de un alma\u00a0asesinada, y os dir\u00e1 puesto en raz\u00f3n: \u201cNo puede haber proceso, porque la ley no se cuida del caso\u201d. Agregando por su cuenta: \u2014\u201c\u00bfPor qu\u00e9 no se defendi\u00f3? \u00bfPor qu\u00e9 fue d\u00e9bil? \u00bfPor qu\u00e9 se dej\u00f3 seducir?\u201d. Argumentaci\u00f3n por todo extremo&#8230;\u00a0razonable. Pero no os dir\u00e1 lo mismo si le encarg\u00e1is de perseguir por los tribunales a quien os ha estafado. No os dir\u00e1 entonces como en el caso anterior: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 no os defendisteis contra las argucias del estafador? \u00bfPor qu\u00e9 fuisteis d\u00e9bil? \u00bfPor qu\u00e9 os dejasteis seducir por el ladr\u00f3n, hasta confiarle lo que os ha robado?\u201d. \u00a1Oh!, no os har\u00e1 nunca semejantes cargos, que en el primero de los casos encierran duras humillaciones contra la pobre v\u00edctima, porque para esta especie de reclamos s\u00ed tiene fuerza el c\u00f3digo penal, y la sanci\u00f3n p\u00fablica est\u00e1 de vuestra parte, con la respetabilidad del veredicto de los fuertes. Si no, fijaos en la impresi\u00f3n que produce en el p\u00fablico la una y la otra falta, no la llamemos crimen. A la noticia de un robo cualquiera, sea el de un pedazo de pan, todas las cejas se fruncen, y la mueca que hac\u00e9is es de disgusto, de repulsi\u00f3n, de asombro: \u00a1robar!, \u00a1qu\u00e9 horror!&#8230; Pero si os cuentan en la calle, en la tertulia o en la iglesia \u2013que de todo se habla en todas partes\u2013 que alguien sedujo a una muchacha y la hizo desgraciada, la mueca en este caso no ser\u00e1 tr\u00e1gica, ni expresar\u00e1 repugnancia y asombro, nada de eso: lo primero que se mueve en el rostro de quien oye tal nueva \u2013con raras excepciones, por supuesto\u2013 son los labios, para apuntar una sonrisa imp\u00eda, sarc\u00e1stica, atrevida, acompa\u00f1ada luego de la envidiosa complacencia que ocultan los ojos. Y acaso sea por esta revelaci\u00f3n de nuestros \u00edntimos sentimientos de moralidad en tales casos, que las leyes de no pocos pa\u00edses han dejado sin pena aquellos cr\u00edmenes que m\u00e1s directamente hieren la sociedad y la familia&#8230;<\/p>\n<p>La voz de Lored\u00e1n, esta vez m\u00e1s angustiosa e insegura, rompi\u00f3 el hilo mal devanado de mis razonamientos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Han pasado veinte a\u00f1os, dijo, que se resumen para m\u00ed en delirios, hast\u00edo, dolorosas flaquezas de mi gastado e impresionable organismo, y olvido absoluto de las que fueron delicadezas de mi alma, hasta la noche cruel del \u00faltimo baile de la \u00f3pera, en que tornaron a mi memoria los m\u00e1s vivos recuerdos de otros d\u00edas, y vino ella de nuevo, en toda la plenitud de su belleza, a poseerme!&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Mira qu\u00e9 coincidencia! Algunas horas antes, inesperado y punzante dolor me hab\u00eda mordido el coraz\u00f3n. Rebuscando entre viejos papeles un soneto aut\u00f3grafo de Benserade, para regalarlo a Valentina, me encontr\u00e9 de improviso con el propio peri\u00f3dico donde por primera vez hab\u00eda le\u00eddo la noticia del suicidio de Claudia. Lo que me hizo padecer aquel casual hallazgo no lo puedes imaginar. De largo sue\u00f1o me pareci\u00f3 despertar a la realidad de lo pasado en lo presente; y abismado en negra pesadumbre, permanec\u00ed hasta la hora de la cita que nos hab\u00edamos dado \u2013\u00bfrecuerdas?\u2013 para encontrarnos en el baile de la \u00f3pera. Indiferente a cuanto me rodeaba en el vasto recinto lleno de luz, de ruidos, de millares de m\u00e1scaras, te esperaba, sumido en sombr\u00edas reflexiones, recostado a una puerta en el propio sitio donde deb\u00edamos encontrarnos; y no har\u00eda media hora que all\u00ed me hallaba en medio del desenfreno de la ruidosa org\u00eda, con los pies en la sala del baile y el alma lejos, \u00a1oh!, muy lejos, te lo aseguro, en regiones oscuras y silentes, cuando al preludiar la orquesta una cuadrilla, pas\u00f3 roz\u00e1ndome un elegante domin\u00f3 de raso negro, empujado por otra color de escarlata, que se esforzaba en comunicarle su briosa desfachatez y en precipitarlo al torbellino de la locura y el placer. Al contacto de aquel cuerpo voluptuoso de mujer joven y elegante, sentime resucitar a la vida sensual, al amor, al deleite, y arrastrado por atracci\u00f3n simp\u00e1tica hacia aquella desconocida, cuyo aliento anheloso, fragante, me acarici\u00f3 un momento, dej\u00e1ndome embriagado&#8230;<\/p>\n<p>Propiamente no podr\u00eda asegurarte lo que hice, ni lo que dije, sometido a la extra\u00f1a influencia que lleg\u00f3 a dominarme. Frases galantes debieron desbordarse de mis labios, que aparent\u00f3 no o\u00edr aquella a quien se dirig\u00edan, pero que fueron acogidas con visible satisfacci\u00f3n por su traviesa y dominante compa\u00f1era, quien sin mayores pre\u00e1mbulos, tras de un ligero examen de mi triste persona, me dijo, deteniendo y acercando a m\u00ed al domin\u00f3 fascinador: \u2014\u201cPuesto que ha sido tan afortunada en cautivaros, la dejo a vuestro cuidado, caballero; pero a condici\u00f3n precisa de que la llevar\u00e9is a cenar al\u00a0Caf\u00e9\u00a0americano, donde me la devolver\u00e9is no m\u00e1s tarde de las tres\u201d. Y colg\u00e1ndose del brazo de un\u00a0pierrot\u00a0que ven\u00eda galante\u00e1ndola, a\u00f1adi\u00f3 dirigi\u00e9ndose a su amiga en son de despedida: \u2014\u201cQuedas en buenas manos, mi adorada; te lo asegura tu Lul\u00fa que no puede enga\u00f1arte. No hagas, pues, tonter\u00edas, y no olvides la hora y el lugar donde debemos encontrarnos\u201d. Perpleja permaneci\u00f3 mi singular conquista por algunos instantes, sin resolver qu\u00e9 partido tomar, si quedarse conmigo o seguir a su estrafalaria compa\u00f1era. Trat\u00e9 de tranquilizarla como pude, y debo confesar que su timidez, real o fingida, contribuy\u00f3 poderosamente a seducirme. Sin embargo, sent\u00eda verme cogido en aquella aventura vulgar, grotesca, impropia de mi edad; pero ninguna reflexi\u00f3n era parte a librarme del fascinador embeleso que me pose\u00eda, creciendo hasta el delirio, cuando el reservado domin\u00f3, reparando en la lucha que se libraba en mi interior, exclam\u00f3 dej\u00e1ndome pasmado con el sonido de su voz, dulce a mi o\u00eddo como reminiscencia de inefable aventura: \u2014\u201cNo os contrari\u00e9is, se\u00f1or. Abandonadme\u201d. \u2014\u201c\u00bfQui\u00e9n sois? \u2013le supliqu\u00e9 asaltado por todos los recuerdos de mi vida pasada\u2013. \u00bfQui\u00e9n pod\u00e9is ser, que remotas memorias evoc\u00e1is en mi alma, y aceler\u00e1is a voluntad los latidos de resfriado coraz\u00f3n?\u201d. \u2013Y ella, volvi\u00e9ndose a todos lados como tratando de descubrir entre las mil parejas de danzantes a su desaparecida compa\u00f1era, contest\u00f3 angustiada: \u2014\u201cUna pobre muchacha, sin apoyo en el mundo&#8230;\u201d. \u00a1Su voz me enloquec\u00eda! La interrogu\u00e9 a prop\u00f3sito del g\u00e9nero de vida que llevaba, forj\u00e1ndome al propio tiempo quim\u00e9ricos enredos que aparentaba ella no comprender, pero que la inquietaban&#8230; Poco a poco fue al fin tranquiliz\u00e1ndose: la o\u00ed re\u00edr y sorprenderse, m\u00e1s de una vez, de mis sinceras frases, de mis recuerdos alusivos a un dichoso pasado, a los a\u00f1os felices de mi juventud, que ella tomaba \u2013lleg\u00f3 a dec\u00edrmelo\u2013 por inexplicables extravagancias m\u00edas; y desde el fondo de su antifaz, sus negros ojos, con marcada curiosidad, fij\u00e1banse en los m\u00edos, acrecentando el desconcierto que se produc\u00eda en mi cerebro&#8230;<\/p>\n<p>Un fluido extra\u00f1o recorr\u00eda todo mi ser. Ideas incoherentes, fant\u00e1sticas, absurdas, cual deslumbradores rel\u00e1mpagos, cruz\u00e1banme el pensamiento que se me iba lejos&#8230; \u00bfQu\u00e9 mujer o qu\u00e9 fantasma era aquel cuya voz seductora me parec\u00eda venir del fondo de una tumba? \u00bfEra un ser real o pura fantas\u00eda de la imaginaci\u00f3n? \u00bfEstaba yo seguro de estar despierto y no so\u00f1ar? Un instante se me ocurri\u00f3 decirle: \u2014\u201cVete, d\u00e9jame en paz, que t\u00fa no eres sino una sombra vana\u201d. Pero al propio tiempo me sent\u00eda renacer con todos los ardores pasionales de la juventud&#8230;<\/p>\n<p>Llegaste t\u00fa, en aquel momento de suprema fascinaci\u00f3n, y como yo, experimentaste la influencia del ser extra\u00f1o que me pose\u00eda. No pudiste ocultarlo, ni a m\u00ed, ni a ella, que me alej\u00f3 de ti para dominarme con mayor poder\u00edo&#8230;<\/p>\n<p>Te aseguro que desde entonces no supe m\u00e1s de m\u00ed, sino de modo vago, indeterminado, en una confusi\u00f3n abrumadora entre lo real y lo quim\u00e9rico&#8230; Sin haberse dejado ver el rostro a descubierto, fui arrastrado por ella, a punto de las tres, al\u00a0Caf\u00e9 americano.\u00a0Su amiga y el\u00a0pierrotnos esperaban. Cruzadas algunas frases triviales, propias del caso, ped\u00ed una buena cena, en un gabinete especial, donde nos instalamos. Me pareci\u00f3 el\u00a0pierrot\u00a0un alegre muchacho, muy contento con la conquista de Lul\u00fa y con cenar en tan agradable compa\u00f1\u00eda sin recurrir a su bolsillo. Su compa\u00f1era, m\u00e1s pr\u00e1ctica que \u00e9l en aventuras, no pudo ocultarme la clase abyecta de las instigadoras al placer a que pertenec\u00eda, haciendo de ello industria. Sobreexcitados por el olor apetitoso de la cena y el avance de algunas copas de champa\u00f1a, ambos luc\u00edan a descubierto sus caras rubicundas, sus chispeantes ojos, extremando con mil vulgares dicharachos las s\u00faplicas que yo dirig\u00eda a mi encantadora para que abandonara el antifaz. Lul\u00fa, muy satisfecha de haber hallado en m\u00ed el hombre que respond\u00eda a sus c\u00e1lculos, el so\u00f1ado protector para su amiga, no se cansaba de ponderarme la belleza y los m\u00e9ritos de la esquiva muchacha, a quien exhortaba a complacerme; pero observando con disgusto que a pesar de mis ruegos y sus exhortaciones, el caprichoso domin\u00f3, aunque sentados a la mesa, conservaba todav\u00eda su antifaz, exclam\u00f3 al fin exasperada:<\/p>\n<p>\u2014\u201cBasta de moner\u00edas, que pasan de rid\u00edculas. Desc\u00fabrete, que el se\u00f1or no tendr\u00e1 motivo de arrepentirse, y cenemos, que tengo un hambre de todos los demonios\u201d.<\/p>\n<p>Jadeante de emoci\u00f3n, cual si fuera de pronto a descubrir el pavoroso arcano de mi amenazado porvenir, esper\u00e9 en suspenso la aparici\u00f3n de aquel deseado rostro. Y cay\u00f3 el antifaz, y apareci\u00f3 \u00a1Claudia!, \u00a1mi adorada Claudia!, en todo el esplendor de su belleza incomparable. Cien veces la llam\u00e9 por su nombre, puesto de hinojos a sus pies, bes\u00e1ndole las manos, y dici\u00e9ndole: \u2014\u201c\u00a1Eres t\u00fa! \u00a1Eres t\u00fa! \u00a1All\u00e1 en el fondo de mi alma te hab\u00eda reconocido! Pero realmente, \u00bfvives? \u00a1Te hab\u00eda cre\u00eddo muerta!\u201d&#8230; Una estrepitosa y brutal carcajada de Lul\u00fa me dej\u00f3 yerto. \u2014\u201c\u00a1Con que la conoc\u00edas!\u201d \u2013exclam\u00f3, d\u00e1ndole rienda suelta a su estramb\u00f3tica hilaridad&#8230; \u201c\u00a1C\u00f3mo no! \u2013le repliqu\u00e9 enfadado. \u2014\u201cElla fue mi primer amor&#8230; y ser\u00e1 el \u00faltimo\u201d. \u2014\u201c\u00a1Cosa m\u00e1s rara!\u201d \u2013repet\u00eda Lul\u00fa sin dejar de re\u00edr. Y Claudia, porque era ella, viva y radiante, se alejaba de m\u00ed, desesper\u00e1ndome; hu\u00eda asustada de las apasionadas manifestaciones de mi exaltada idolatr\u00eda, y esquivaba el alcance de mis brazos que procuraban estrecharla contra mi coraz\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Sobrevino entonces, no s\u00e9 por qu\u00e9, estrepitoso esc\u00e1ndalo. Un centenar de m\u00e1scaras, camareros y polizontes, invaden nuestra estancia. Hubo lucha tenaz. Aquella vil canalla se esforzaba en arrebatarme lo que era m\u00edo, lo que me pertenec\u00eda, lo que era m\u00edo y muy m\u00edo. Y me vencieron. Y a Claudia la hicieron desaparecer en el tumulto. Y qued\u00e9 solo, sumido en pavorosa oscuridad. Silencio profundo se sigui\u00f3 a tanto estruendo. Imponderable laxitud a la violenta agitaci\u00f3n de mis nervios&#8230; No me sent\u00eda el mismo hombre de unos minutos antes; hab\u00eda cambiado o dejado de ser. En vano procur\u00e9 asirme a m\u00ed otro yo&#8230; el lazo que antes nos uniera estaba roto&#8230; y por largo tiempo qued\u00e9 sin pensamientos, sin memoria, como fuera de m\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>La exaltaci\u00f3n de Lored\u00e1n creci\u00f3 m\u00e1s todav\u00eda, aunque produci\u00e9ndose siempre a media voz con febril arrebato.<\/p>\n<p>\u2014De pronto, \u00f3yelo bien, no lo vas a creer, en la oscuridad que me rodeaba vi aparecer a Claudia, iluminada por apacible aureola. Una t\u00fanica blanca de largos pliegues ca\u00eddos a sus pies realzaba su imponente belleza de estatua griega, llena de majestad.<\/p>\n<p>\u2014\u201c\u00a1Al fin solos!\u201d \u2013me dijo. Y me tendi\u00f3 la mano que estrech\u00e9 entre las m\u00edas, sin encontrar palabras que expresaran mi indecible emoci\u00f3n. Su mano estaba fr\u00eda como un trozo de m\u00e1rmol; sus labios, antes rojos, se hab\u00edan trocado en p\u00e1lidos, y sus hermosos ojos perdido hab\u00edan la animaci\u00f3n y el fuego de la vida. Me hizo el efecto de estar muerta.<\/p>\n<p>\u2014\u201cVengo a exigirte el cumplimiento de tu promesa\u201d \u2013murmur\u00f3 a mi o\u00eddo con ternura, llev\u00e1ndome de la mano hacia el desierto bulevar. \u2014\u201cNo habr\u00eda venido nunca a reclamarte la palabra empe\u00f1ada, si hubieras permanecido libre y fiel a mi memoria. Quien tanto hab\u00eda esperado, pod\u00eda esperar m\u00e1s todav\u00eda&#8230; Pero ha llegado a m\u00ed noticia que otra mujer posee tu coraz\u00f3n, que vas a concederle lo que es m\u00edo hace ya muchos a\u00f1os, lo que compr\u00e9 con una falta y ratifiqu\u00e9 con un crimen\u201d. \u2014\u201cClaudia \u2013exclam\u00e9\u2013, yo no he amado verdaderamente sino a ti&#8230;\u201d. \u2014\u201cLo s\u00e9, y por eso vengo a reclamar lo que me pertenece. \u00a1Ah! En cuanto a m\u00ed no he podido olvidarte&#8230; conmigo fue al abismo de mi perdici\u00f3n tu recuerdo, tu imagen y t\u00fa mismo, en el bot\u00f3n de amor que no lleg\u00f3 a ser flor porque no lo quisiste&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Resuelto a concederle cuanto de m\u00ed exigiera, le pregunt\u00e9: \u2014\u201c\u00bfD\u00f3nde me llevas?\u201d. Y ella me contest\u00f3: \u2014\u201cA revivir tus ya muertos recuerdos. A reconquistar mi bien perdido. Ven&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>La noche estaba fr\u00eda, yo hab\u00eda perdido mi gab\u00e1n, tiritaba. Se lo hice notar, y le insinu\u00e9 tom\u00e1semos un coche. \u2014\u201cNo es necesario, dijo, nuestros pies, m\u00e1s veloces que esa r\u00e1faga helada que sacude los esqueletos de los \u00e1rboles, y que ha de confortarte, nos llevar\u00e1n donde queramos\u201d. Y casi al punto, sin habernos movido, cruz\u00e1bamos estrechamente unidos, cual las sombras de Paolo y de Francesca, que viera Dante en el Infierno, por el puente Marie, iluminado por los p\u00e1lidos resplandores de la luna, reflejados en las ondas del r\u00edo. En la mitad del puente mi compa\u00f1era se detuvo un instante, y mostr\u00e1ndome un cad\u00e1ver de mujer casi desnudo que se deslizaba lentamente a flor de agua exclam\u00f3: \u2014\u201c\u00bfLa reconoces?\u201d. \u2014\u201c\u00a1Oh t\u00fa, t\u00fa misma!\u201d \u2013le contest\u00e9 viendo perderse la blanca imagen bajo el arco del puente. \u2014\u201cAs\u00ed pas\u00e9, agreg\u00f3, del uno al otro extremo de la vida, sola, sin ti, que me hab\u00edas prometido no separarte nunca de mi lado&#8230;\u201d. Desaparecido el cad\u00e1ver, fij\u00e1ronse mis ojos en otra blanca aparici\u00f3n ba\u00f1ada en luz, en la ventana de un cuarto piso del malec\u00f3n de Anjou&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u201c\u00a1Otra vez t\u00fa!\u201d \u2013exclam\u00e9 conturbado. \u2014\u201c\u00bfDe d\u00f3nde vienes? \u00bfQu\u00e9 pretendes de m\u00ed?\u201d. \u2014\u201cVengo de donde Dios me env\u00eda \u2013d\u00edjome exhalando un suspiro\u2013, a escuchar de tus labios, siquiera sea por la \u00faltima vez, lo que en otro tiempo no te cansabas de repetirme\u201d. \u2014\u201c\u00bfPero no sue\u00f1o? Dime. \u00bfVerdad que no deliro? \u00bfQu\u00e9 eres en fin, realidad o fantasma?\u201d. \u2014\u201c\u00a1Oh, todo a la vez!\u201d \u2013contest\u00f3 acarici\u00e1ndome con sus muertas miradas. Y, cual si dispusi\u00e9ramos de poderosas alas, nos alejamos de aquellos sitios de opresores recuerdos; partimos la isla por mitad, sin encontrar alma nacida; cruzamos de nuevo r\u00edo por el puente de La Tournelle y penetramos en un d\u00e9dalo de desiertas y oscuras callejas, donde violentas r\u00e1fagas prorrump\u00edan en agudos aullidos o se desgarraban con lamentos de seres invisibles. El Par\u00eds de las negras tinieblas, de las asechanzas pavorosas, nos franqueaba la entrada a sus crueles misterios. Los que eran agonizaban o dejaban de ser; los que fueron nos escoltaban en legiones inmensas de fantasmas, a las veces visibles&#8230; De pronto, s\u00fabita claridad hiere mis ojos. Nos hall\u00e1bamos frente a San Esteban del Monte, de cuyas abiertas puertas surg\u00eda como un incendio. Un instante de reposo me deja contemplar la iluminaci\u00f3n interior de la iglesia. Todo en ella deslumbra al fulgor de los cirios del sarc\u00f3fago de santa Genoveva, que dan a los altares y al m\u00e1rmol blanco de la tribuna y de sus nobles espirales prism\u00e1ticos reflejos. Record\u00e9 entonces la devoci\u00f3n de Claudia por la patrona de Par\u00eds. Inmenso era el concurso prosternado en el templo. Revestida con los sagrados ornamentos sacerdotales, oficiaba la muerte&#8230; y una melod\u00eda suave, quejumbrosa, poblada de cautivadoras y tristes remembranzas, flotaba, cual tenue gasa perfumada por divinas esencias, sobre los recogidos devotos arrodillados ante el terror\u00edfico oficiante. Entramos&#8230; Mudo de asombro reconozco entre los fieles all\u00ed congregados a toda mi familia, a todos mis amigos, y a cuantas personas hab\u00eda visto en mi vida, no solo en mi pa\u00eds, sino en mis viajes. All\u00ed estaba mi padre, m\u00e1s que nunca severo, y mi t\u00edo Juan \u2013que ha dejado de existir ha muchos a\u00f1os\u2013. All\u00ed mi madre, siempre angustiada y cari\u00f1osa. Y t\u00fa, impasible; y el bruto de Marmilet, regocijado; y Cesarina la florista, la confidente de nuestros tr\u00e1gicos amores; y hasta el ricacho de Carot, el burlado pretendiente de Claudia, que a\u00fan me ve\u00eda con rencor&#8230;<\/p>\n<p>Claudia y yo nos arrodillamos en la primera grada del presbiterio, d\u00edmonos las manos y permanecimos prosternados hasta que el oficiante, terminada la misa, levant\u00f3 en alto su mano de esqueleto y nos bendijo.<\/p>\n<p>Un instante despu\u00e9s nos encontramos solos y a oscuras, todo hab\u00eda desaparecido, y repas\u00e1bamos el Sena volando en direcci\u00f3n a la Bastilla. \u2014\u201cGracias, gracias\u201d, le o\u00ed decir entonces. \u201cHas pagado tu deuda. Eres mi esposo ante Dios y los muertos. Vamos a descansar\u201d&#8230; Y seguimos nuestro r\u00e1pido curso, como aves viajeras en solicitud del blando nido&#8230;<\/p>\n<p>La plaza Voltaire nos vio pasar envueltos en girones de niebla. Extra\u00f1o rumor vino a encontrarnos. Api\u00f1ada muchedumbre estacionaba frente a la prisi\u00f3n de La Roquette. El m\u00e1s triste y abrumador de los acontecimientos humanos, iba a efectuarse all\u00ed. \u2014\u201cSigue, sigue, no te detengas\u201d, dijo Claudia angustiada; \u201cno te atormentes en mirar lo que ya est\u00e1 de m\u00e1s\u201d. \u2013Pero mis pies se resist\u00edan a obedecerla, y como clavados permanecieron ante el sombr\u00edo edificio&#8230;<\/p>\n<p>Ejecutaban a un malvado. Los altos maderos y la plataforma del instrumento del suplicio sobresal\u00edan por sobre las cabezas de la tumultuosa muchedumbre, \u00e1vida de la sangre que iba a derramarse. El nombre del reo, cosa extra\u00f1a, no supieron dec\u00edrmelo. Que yo recordase, no se hab\u00eda anunciado nada semejante. Era la hora justa de las ejecuciones capitales: amanec\u00eda. El p\u00e1lido crep\u00fasculo le daba a cuanto iluminaba t\u00e9tricas apariencias. De la prisi\u00f3n sale el f\u00fanebre cortejo. El reo sigue al verdugo. Apenas lo distingo. A la vista del que va a ser ajusticiado, la atronadora muchedumbre, con crueldad inaudita, prorrumpe en vociferaciones e insultos. Me horroriza semejante explosi\u00f3n de odio y venganza proclamados en tan supremo instante. \u00bfQui\u00e9n ser\u00e1 el desgraciado que a tales muestras de salvaje iracundia hace hecho acreedor? \u2013me pregunto acerc\u00e1ndome al lugar del suplicio, a pesar de los esfuerzos que hace Claudia por impedirlo y detenerme. Mas ya no puedo ver al condenado, a quien los ayudantes del verdugo han tendido por fuerza en la plancha fatal&#8230; Luego, un instante de terr\u00edfica suspensi\u00f3n, de silencio, de v\u00e9rtigo. La cuchilla desciende produciendo un rel\u00e1mpago, y se oye un golpe seco, seguido de fren\u00e9ticos aplausos, que se extreman hasta inconcebible delirio de satisfacci\u00f3n y encono cuando el verdugo, con mano ruda, recoge del cesto la cortada cabeza del ajusticiado, y colgante de sus lacios cabellos, la muestra al delirante populacho, chorreando sangre, l\u00edvida, espantosa&#8230; Un grito desgarrador se me escapa del alma. \u00a1En aquella cabeza mutilada reconozco la m\u00eda!, \u00a1la m\u00eda, que ya no siento gravitar en mis hombros!, \u00a1que me la han arrebatado!, y con quien se me han ido el pensamiento, la voluntad&#8230; y la raz\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Todos los ojos vu\u00e9lvense a m\u00ed atra\u00eddos por el pavor que experimento; llenos de sa\u00f1a, de sorpresa, me examinan con curiosidad y con recelo, y mil brazos se alzan para despedazarme. \u2014\u201cHuyamos\u201d, \u2013clama Claudia, arrastr\u00e1ndome con inusitado vigor\u2013. \u201cNi un instante m\u00e1s en este sitio o estamos perdidos\u201d. \u2013Ebria de sangre la amotinada turba, cree que se le ha representado una rid\u00edcula comedia; que es v\u00edctima a su vez de un enga\u00f1o, de una sangrienta burla de la cual se me hace responsable, y acomete contra m\u00ed vociferando, ebria de rabia, de despecho&#8230;<\/p>\n<p>Cedo al temor de ser despedazado; echo a correr en pos de Claudia, y, arrastrado por ella hacia el cementerio del padre Lachaise, perseguido de cerca por la turba col\u00e9rica que me arroja a la par piedras y maldiciones.<\/p>\n<p>Agotadas las fuerzas, sinti\u00e9ndome desfallecer, interp\u00f3nese de improviso una verja de hierro entre mis perseguidores y su postrada v\u00edctima; y oigo decir a Claudia: \u2014\u201cVuelve en ti; est\u00e1s en salvo. Hasta ese l\u00edmite las humanas pasiones, el ego\u00edsmo, la iniquidad y la venganza: de ah\u00ed en m\u00e1s, la paz bendita, Dios y el reposo de los justos\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Espesa niebla, como blanca mortaja, cubre la rica florescencia de m\u00e1rmoles y bronces en la vasta necr\u00f3polis. Solo a trechos, m\u00e1s o menos distantes, aciertan a desgarrarla alguna flecha g\u00f3tica, el capitel de una columna, la erguida frente de una estatua. Sin saber d\u00f3nde voy, me dejo conducir por entre aquella nube de acumulados vapores que envuelve y oscurece la mansi\u00f3n de los muertos. Y sin ver nada, asido de la t\u00fanica de Claudia, como ciego a merced de un lazarillo, discurro conturbado por el f\u00fanebre laberinto de estrechas calles de sepulcros, hasta dar, cuando menos lo preveo, en lo profundo de una huesa, abrazado de Claudia, y sintiendo en mis labios el beso fr\u00edo, agotador, eterno, de sus labios de hielo&#8230; Sobre Par\u00eds flotaba en tanto una gran sombra: la de todos sus cr\u00edmenes; y se o\u00eda como un hondo lamento&#8230;<\/p>\n<p>Desde entonces, no existo.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Terminada la relaci\u00f3n de su fant\u00e1stica aventura, Lored\u00e1n se qued\u00f3 inm\u00f3vil, con los ojos cerrados e inclinada la cabeza hacia atr\u00e1s en el respaldo de la silla, cual si en verdad hubiera dejado de existir. Yo junt\u00e9 las manos lleno de pesadumbre y como \u00e9l guard\u00e9 silencio. Mi pobre amigo, no cab\u00eda duda, hab\u00eda perdido la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Absorto en tan triste espect\u00e1culo, dime a reflexionar en cuanto hab\u00eda o\u00eddo producir a aquel cerebro tan hondamente perturbado, procurando fijar en medio al caos de sus recuerdos y visiones la l\u00ednea divisoria, a mi juicio existente, entre lo real y verdadero de la historia narrada y las pavorosas alucinaciones de la imaginaci\u00f3n. Cuanto Lored\u00e1n me recordara de su primer amor, de aquel idilio venturoso de sus veintid\u00f3s a\u00f1os, de modo tr\u00e1gico resuelto por adverso destino, era verdad, y no hab\u00eda exagerado. Pero \u00bfa qu\u00e9, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de olvido, de abandono de tan caros recuerdos, volver a ellos para enlazarlos con las divagaciones caprichosas y l\u00fagubres de un esp\u00edritu de pronto oscurecido? \u00bfQu\u00e9 misteriosa correlaci\u00f3n de hechos y de especiales circunstancias hab\u00edan despertado en aquella alma impresionable, quiz\u00e1s mal corregida de sus pasados devaneos, lo que parec\u00eda muerto y olvidado para siempre? \u00bfQu\u00e9 extra\u00f1a causa hab\u00eda logrado influir de manera violenta en su temperamento, hasta producir el despertar de sus recuerdos y el completo desequilibrio de su raz\u00f3n? Lo acontecido, de cualquiera naturaleza que fuese, era evidente que se hab\u00eda efectuado en el \u00faltimo baile de la \u00f3pera: hasta aquella noche, mi pobre amigo era un hombre sensato, en posesi\u00f3n de todas sus nobles facultades y en la plenitud de su inteligencia y su raz\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Abismado en estas consideraciones, sin encontrar s\u00f3lida base a las mil conjeturas que se me ocurr\u00edan, dej\u00e9 de o\u00edr de pronto el amoroso cuchicheo, cuyo murmullo hac\u00eda rato escuchaba tras el arriate de geranios, y un instante despu\u00e9s una gentil muchacha pas\u00f3 frente a nosotros, diciendo a su gal\u00e1n que se alejaba: \u201cSi ma\u00f1ana no vas, no me vuelves a ver\u201d.<\/p>\n<p>Al sonido de aquella voz, que no me fue desconocida, Lored\u00e1n despert\u00f3 de s\u00fabito, dando un salto en la silla; y acometido de indecible terror se abraz\u00f3 a m\u00ed dici\u00e9ndome: \u2014\u201c\u00a1Ah\u00ed la tienes! \u00a1Ah\u00ed va! \u00a1Ya ves que no he mentido!\u201d. Y me indicaba la graciosa muchacha, que sorprendida de semejante pantomima se volv\u00eda para vernos. Un mechero de gas ilumin\u00f3 su bello rostro, y yo a mi vez me qued\u00e9 est\u00e1tico reconociendo en ella a Claudia, a la propia Claudia de los primeros amores de mi amigo, tal cual la conoc\u00ed, no cumplidos a\u00fan los veinte a\u00f1os, con su cabeza de \u00e1ngel, su esbelto talle y su riente candor.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLa reconoces? \u00bfVerdad? Bien me lo dice la sorpresa que te causa encontrarla de nuevo, el asombro que te produce su eterna juventud&#8230; \u2013dec\u00edame Lored\u00e1n amedrentado\u2013. No soy un impostor, un&#8230; loco&#8230; como lo habr\u00e1s supuesto. En este mismo sitio me ha salido otras veces, y me he ocultado no dej\u00e1ndome ver; por eso no quer\u00eda detenerme cuando me llamabas&#8230; Ahora tiene nuevos amantes que llevar\u00e1 como a m\u00ed al cementerio, su morada. Porque te aseguro que est\u00e1 muerta, y lo que vemos no es sino una sombra.<\/p>\n<p>Yo le o\u00eda profundamente impresionado, sin apartar los ojos del supuesto fantasma, que se alejaba volviendo el rostro a cada paso, evocaci\u00f3n viva y palpable de aquella ni\u00f1a candorosa cuyo cad\u00e1ver estuvo expuesto en la l\u00fagubre estancia de la morgue, y acompa\u00f1\u00e9 hac\u00eda m\u00e1s de veinte a\u00f1os hasta verlo depositar en el regazo de la madre com\u00fan.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 creer? \u00bfQu\u00e9 pensar? \u00bfQue era la misma Claudia? Imposible; pero el parecido, la identidad, era completa. Sin embargo, yo no estaba en el caso de creer en aparecidos, y tras un momento de reflexi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014Ir\u00e9 a verte ma\u00f1ana \u2013dije s\u00fabitamente a Lored\u00e1n, asaltado por una idea que disip\u00f3 al instante las m\u00e1s absurdas conjeturas; y mientras que mi amigo pose\u00eddo de invencible terror se escapa por su lado, yo ech\u00e9 a correr en persecuci\u00f3n de la mozuela, hasta alcanzarla a la entrada del Caf\u00e9-cantante de los embajadores, donde se hab\u00eda detenido a conversar con una amiga. Al acercarme a ellas o\u00ed distintamente decir a Claudia: \u2014\u201cSi supieras a qui\u00e9n acabo de encontrar\u201d. \u2014\u201c\u00bfA qui\u00e9n?\u201d. \u2014\u201cAl loco de la cena\u201d&#8230; \u2014\u201c\u00bfDe veras? Yo no lo he vuelto a ver\u201d. Y cambiaron de asunto habl\u00e1ndose en voz baja. Como es f\u00e1cil de imaginar, no me fue dificultoso entrar en buenas relaciones con tan amables chicas. La explicaci\u00f3n del hecho a que Claudia se refer\u00eda, al nombrar a mi amigo, no se hizo esperar, y no fue larga. Al amor de una delicada comidilla y de excelentes vinos, en un cuartito de Le Doyen, me contaron, arrebat\u00e1ndose la palabra, lo acontecido en el \u00faltimo baile de la \u00f3pera, concluyendo Lul\u00fa, la inseparable compa\u00f1era de Claudia, con estas sus palabras: \u2014\u201cSentados a la mesa, esta \u2013indicando a Claudia\u2013 convino al fin en quitarse la careta, que por refinamiento de crueldad o de excesiva moner\u00eda hab\u00eda conservado hasta entonces a pesar de los ruegos de vuestro amigo, quien al verla a rostro descubierto, fue acometido de extraordinaria exaltaci\u00f3n, y nos proporcion\u00f3 una escena de perros, rid\u00edcula, insoportable, fastidiosa, dej\u00e1ndonos sin cenar. La gente toda del caf\u00e9 invadi\u00f3 nuestra estancia, la polic\u00eda intervino y fue necesario llevar por fuerza a su casa a aquel pobre se\u00f1or acometido repentinamente de un ataque de furiosa locura. Tal el primer pecado de esta chica, al entrar en el mundo\u201d, termin\u00f3 Lul\u00fa, celebr\u00e1ndose su propia gracia con descompasadas carcajadas.<\/p>\n<p>La causa primordial del extrav\u00edo de Lored\u00e1n estaba descubierta: ella estribaba, a no dejar la menor duda, en la extraordinaria semejanza de la hermosa muchacha con aquella otra Claudia, que despert\u00f3 en el alma de mi amigo su primera pasi\u00f3n, unida a la casual circunstancia de llevar ambas el mismo nombre. Mas no conforme con tal descubrimiento, y acreciendo en m\u00ed, mientras m\u00e1s ve\u00eda y examinaba la nueva Claudia, una muy l\u00f3gica sospecha, procur\u00e9 inquirir algunos datos respecto de su vida y sus antecedentes.<\/p>\n<p>Y Lul\u00fa, que no se mord\u00eda la lengua cuando mediaban luises, me refiri\u00f3 toda la historia de su bella pupila, quien fastidiada al fin y a la postre de ser pobre y tener que trabajar para vivir, se hab\u00eda lanzado, aunque con mala suerte todav\u00eda, a la vida del ocio y del placer, abandonando a una anciana florista que la hab\u00eda criado y le serv\u00eda de madre. Di\u00e9ronme luego las se\u00f1as de su casa, expres\u00e1ndome el placer que tendr\u00edan de verme con frecuencia, y pagada con generosidad cena y charla a la vez, me desped\u00ed de ellas, dej\u00e1ndolas seguir el curso vario de sus nocturnas aventuras.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, antes de ir a ver a Lored\u00e1n, como le hab\u00eda ofrecido, resonaban mis pasos en la estrecha escalera de una buhardilla, en las alturas de Montmartre, y una anciana, asombrada de o\u00edr llamar a su puerta, apareci\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 se ofrece? \u2013A\u00f1adiendo en seguida:<\/p>\n<p>\u2014No fue este&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Traigo para vos un encargo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Un encargo! \u00bfQui\u00e9n se acuerda de m\u00ed? Vamos a ver. \u2013Y me miraba con fijeza, como tratando de reconocerme.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1ora. Me han dado para vos este dinero \u2013dije poni\u00e9ndole en las manos, que adelant\u00f3 con avidez temblona, un paquetito con cien francos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Para m\u00ed! \u00a1Todo este dinero para m\u00ed! \u2013Y, era visible su satisfacci\u00f3n, su alegr\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, se\u00f1ora.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1is bien seguro de ello, caballero?<\/p>\n<p>\u2014Tan seguro como que os llam\u00e1is Cesarina Pauvet, antigua florista, que habit\u00f3 hace veinte a\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Un entresuelo del malec\u00f3n de Anjou&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Eso es.<\/p>\n<p>\u2014Pero no fuisteis vos a quien entonces conoc\u00ed \u2013dijo la anciana\u2013. Estoy casi segura de que no fuisteis vos. Sin embargo. Decidme, \u00bfa qui\u00e9n debo este generoso recuerdo?<\/p>\n<p>\u2014A Claudia.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l de las dos?&#8230; \u00bfLa muerta, acaso? \u2013dijo con cierta reticencia.<\/p>\n<p>\u2014No, se\u00f1ora. La viva.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah! La ingrata. \u2013Y se ech\u00f3 a llorar.<\/p>\n<p>\u2014No me ha olvidado a\u00fan&#8230; pero ya me olvidar\u00e1. \u00a1Cu\u00e1nto me ha hecho padecer su indiferencia, su abandono. La otra, la muerta, era mejor!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSois su madre?<\/p>\n<p>\u2014No caballero; pero de su madre la recib\u00ed al nacer. Dispensad si no os he ofrecido antes que os sent\u00e9is. Veo bien a qu\u00e9 ven\u00eds. Vuestra visita la he esperado veinte a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La m\u00eda!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! La de un enviado, o la del mismo padre de la segunda Claudia. Porque supongo que ven\u00eds en su nombre. Nombre que nunca supe, el de su familia se entiende, el cual nos ocultaba llam\u00e1ndose simplemente&#8230; esperad un instante&#8230; Lored\u00e1n, as\u00ed es, Lored\u00e1n, como se firmaba en sus cartas.<\/p>\n<p>\u2014Pues hab\u00e9is atinado. Vengo en solicitud de las pruebas que pudieseis tener respecto al&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Al nacimiento de la hija \u2013dijo la anciana interrumpi\u00e9ndome.<\/p>\n<p>\u2014Ni m\u00e1s ni menos.<\/p>\n<p>\u2014Pues no tengo ninguna que ofreceros, salvo la propia chica, que de f\u00edsico se parece a su madre como una gota de agua a otra, igual tama\u00f1o y de la misma fuente, aunque en lo moral sean tan distintas: la otra fue un \u00e1ngel.<\/p>\n<p>Y la anciana, conmovida y llorosa, me refiri\u00f3 con todos sus pormenores los amores de Lored\u00e1n, el fin tr\u00e1gico de Claudia, a ra\u00edz del nacimiento de su hija, y c\u00f3mo Marmilet y su mujer, dos descorazonados, abandonaron a la infeliz muchacha y se fueron al campo, y luego a lejana provincia, y no se vieron m\u00e1s. Luego termin\u00f3 as\u00ed su narraci\u00f3n: \u201cLa pu\u00e9rpera, despu\u00e9s de muchas horas de intensa fiebre, y ya entrada la noche, abandon\u00f3 de pronto el lecho, dej\u00e1ndome pasmada; abri\u00f3 la puerta del cuarto y baj\u00f3 r\u00e1pidamente la escalera. A\u00fan me parece o\u00edr el golpe seco de sus pies descalzos en los crujientes pelda\u00f1os de la escalera. Yo no pod\u00eda seguirla, ten\u00eda en los brazos a la reci\u00e9n nacida, y hac\u00eda mucho fr\u00edo. Con todo, me asom\u00e9 al postigo de la ventana, asaltada por una idea espantosa, y comenc\u00e9 a pedir socorro sin que nadie acudiera. Casi desnuda como estaba en la cama, la vi salir a la calzada, llegar al malec\u00f3n y arrojarse al r\u00edo. Mis gritos se perd\u00edan sin llegar a humanos o\u00eddos. Puse la ni\u00f1a en un sill\u00f3n y desesperada me ech\u00e9 a la calle. La noche estaba oscura; empezaba a nevar. Cuando me acerqu\u00e9 al parapeto del r\u00edo, un bulto blanco desaparec\u00eda bajo el puente&#8230; Loca, desatinada, despert\u00e9 a los vecinos, volv\u00ed al cuarto donde la ni\u00f1a no cesaba de llorar, y se esparci\u00f3 en el barrio la natural consternaci\u00f3n propia de un acontecimiento semejante. Claudia fue sacada del r\u00edo poco tiempo despu\u00e9s: estaba muerta. Un golpe en el cr\u00e1neo, recibido al caer, hab\u00eda acelerado su agon\u00eda&#8230; No sabiendo qu\u00e9 hacerme con la ni\u00f1a, escrib\u00ed a sus abuelos lo acontecido, pero no obtuve respuesta. V\u00edme forzada, por escasez de recursos, a llevar a un orfelinato la pobre criaturita, de donde la recog\u00ed cumplidos doce a\u00f1os e instruida en el oficio de florista, del cual hemos vivido juntas hasta ahora seis meses que me abandon\u00f3, dej\u00e1ndome sumida en la miseria y el dolor&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>En posesi\u00f3n de lo que anhelaba esclarecer y que hab\u00eda adivinado, impuse a la se\u00f1ora madre de Lored\u00e1n de lo ocurrido.<\/p>\n<p>Dolorosa fue la escena de estas aclaraciones, pero el doctor Pierset, c\u00e9lebre alienista, que hab\u00eda prescrito llevar al campo a mi pobre amigo antes de reducirlo definitivamente a una casa de enajenados, acogi\u00f3 con inter\u00e9s las observaciones y noticias que yo le transmit\u00eda respecto a las causas y al origen \u2013hasta entonces desconocido\u2013 del mal de Lored\u00e1n, prometi\u00e9ndose las m\u00e1s halag\u00fce\u00f1as esperanzas del acercamiento y comunicaci\u00f3n de Claudia con su padre, a ver de separar en el ofuscado cerebro del enfermo la madre de la hija, lo cual era a su juicio el primer paso en v\u00eda de la salud. Mas era indispensable procurar antes a aquella naturaleza debilitada y abatida, algunas fuerzas que gastar en la prueba a que se la iba a someter. Yo me encargu\u00e9 de prevenir a Claudia, de allanar las dificultades que pudiera encontrar. Y a Lored\u00e1n se lo llevaron entretanto a una casa de campo entre Bougival y Marly.<\/p>\n<p>Pasaron algunos d\u00edas. El enfermo no daba muestras de mejorar, no prestaba atenci\u00f3n a nada, y a ojos vistas caminaba a su fin. Con todo, all\u00e1 en los postreros suspiros del oto\u00f1o pareci\u00f3 reaccionarse, recobr\u00f3 alg\u00fan vigor, dej\u00f3 la cama y comenz\u00f3 a pasearse por el campo en compa\u00f1\u00eda de un criado, complaci\u00e9ndose en ver correr el Sena y seguirlo a las veces en la graciosa curva que describe, antes de precipitarse en las bombas proveedoras del agua de Versalles.<\/p>\n<p>Mi comisi\u00f3n de preparar a Claudia, haci\u00e9ndola convenir en la proyectada entrevista, no fue obra de mayores inconvenientes. Para ella, el dinero sab\u00eda allanarlo todo.<\/p>\n<p>No obstante, la primera vez que le habl\u00e9 del asunto, me contest\u00f3 con su aprendida que no genial desenvoltura, que ella no ten\u00eda necesidad de tener padre, y que el tal personaje iba a ser para ella un estorbo. Pero cuando le hube manifestado que mi amigo era rico y generoso, y que reconoci\u00e9ndola podr\u00eda obtener una parte no peque\u00f1a de su riqueza, cambi\u00f3 al punto de manera de pensar, y palmoteando de j\u00fabilo, cual una chiquilla a quien se le ofrece un precioso juguete:<\/p>\n<p>\u2014\u201c\u00a1Ay! \u00a1Qu\u00e9 bueno! \u2013exclam\u00f3\u2013. \u00a1Un pap\u00e1 rico no puede desecharse!\u201d.<\/p>\n<p>El d\u00eda fijado para realizar la entrevista fui a buscar a Claudia muy temprano. La encontr\u00e9 visti\u00e9ndose, y me hizo esperar m\u00e1s de una hora prob\u00e1ndose sombreros y sonrisas que armonizasen, dec\u00eda burlescamente, con el papel de pudorosa se\u00f1orita que iba a representar. Luego se dej\u00f3 conducir sin manifestar la menor emoci\u00f3n, sin siquiera informarse del estado del enfermo a quien en breve deb\u00eda saludar como su padre. Y el carruaje parti\u00f3 y nos llev\u00f3 r\u00e1pidamente a la casa de campo en las inmediaciones de Marly, que habitaban Lored\u00e1n y su se\u00f1ora madre.<\/p>\n<p>La verja del jard\u00edn estaba abierta, pero no vino nadie a recibirnos, ni un criado, ni el propio jardinero, no obstante o\u00edr rumor de voces que ven\u00edan del interior del edificio.<\/p>\n<p>Bajamos del carruaje no poco sorprendidos, y nos dispon\u00edamos a subir la grader\u00eda de piedra de la elegante marquesina, cuando apareci\u00f3 el doctor Pierset, que sal\u00eda de la casa, visiblemente apesarado.<\/p>\n<p>\u2014Y bien, caro doctor \u2013le dije deteni\u00e9ndole\u2013. Aqu\u00ed ten\u00e9is a la se\u00f1orita Claudia&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! \u00a1Demasiado tarde! \u2013me contest\u00f3 saludando a la presentada con una ligera inclinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo as\u00ed!<\/p>\n<p>\u2014Como lo o\u00eds. Vuestro amigo acaba de morir&#8230;<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s se me informaba que Lored\u00e1n, en un acceso de melanc\u00f3lico extrav\u00edo, se hab\u00eda arrojado al Sena.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/blanco-eduardo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Blanco No ve\u00eda a Lored\u00e1n, el mejor de mis buenos amigos, hac\u00eda seis meses, precisamente desde el \u00faltimo baile de la \u00f3pera, donde lo sorprend\u00ed, como en los buenos tiempos de sus atolondradas aventuras de esforzado galanteador, acompa\u00f1ado de un elegante domin\u00f3 negro, en extremo discreto, que apoyado en el brazo de mi amigo, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3190,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3189"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3189"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3189\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5661,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3189\/revisions\/5661"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3190"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3189"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3189"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3189"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}