{"id":3165,"date":"2022-01-30T21:40:10","date_gmt":"2022-01-30T21:40:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=3165"},"modified":"2023-11-24T18:34:43","modified_gmt":"2023-11-24T18:34:43","slug":"apuntes-para-una-teoria-del-ensayo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/apuntes-para-una-teoria-del-ensayo\/","title":{"rendered":"Apuntes para una teor\u00eda del ensayo (fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Gustavo Fern\u00e1ndez Col\u00f3n<\/h4>\n<p><strong>Contribuciones venezolanas<\/strong><\/p>\n<p>En Venezuela, los intentos innovadores de teorizaci\u00f3n acerca de los rasgos definitorios del g\u00e9nero han sido escasos, por no decir inexistentes. A la hora de las definiciones, la cr\u00edtica nacional ha recurrido a los criterios consagrados por la tradici\u00f3n europea para sustentar sus disquisiciones. De esta naturaleza son incluso los m\u00e1s interesantes aportes, como el caso del Pr\u00f3logo escrito por Guillermo Sucre [1933-] al libro cl\u00e1sico de Mariano Pic\u00f3n Salas [1901-1965], Comprensi\u00f3n de Venezuela (1976). Como es sabido, la oposici\u00f3n conceptual entre \u201cescritor\u201d y \u201cescribiente\u201d (\u201c\u00e9crivain\u201d y \u201c\u00e9crivant\u201d) en la que se apoya Sucre para enfatizar la \u201cvoluntad de estilo\u201d que distingue al ensayista aut\u00e9ntico del simple \u201cejecutante\u201d de textos en prosa, proviene de Barthes [1915-1980]; aunque en su meditada aplicaci\u00f3n se trasluzca toda la agudeza del notable autor de La m\u00e1scara, la transparencia (1975). Trabajos m\u00e1s recientes como el estudio semiol\u00f3gico del g\u00e9nero intentado por Macht de Vera (1994) o la distinci\u00f3n entre reportaje y ensayo desarrollada por Earle Herrera (1991), son ejercicios anal\u00edticos m\u00e1s meritorios por su prop\u00f3sito did\u00e1ctico que por la originalidad de sus propuestas.<\/p>\n<p>En realidad, la labor m\u00e1s apremiante para los investigadores nacionales ha sido la elaboraci\u00f3n de cronolog\u00edas y la delimitaci\u00f3n de tendencias, con el fin de esclarecer la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del g\u00e9nero en el pa\u00eds. La primera obra relevante a este respecto ha sido la Introducci\u00f3n al estudio del ensayo en Venezuela (1946), de Pedro D\u00edaz Seijas [1921-], en la que se ofrece una visi\u00f3n panor\u00e1mica de las sucesivas promociones de cultivadores del ensayo moderno, surgido en Hispanoam\u00e9rica con el Ariel de Rod\u00f3 [1872- 1917] y en Venezuela con la llamada generaci\u00f3n positivista a finales del siglo XIX. En efecto, D\u00edaz Seijas propone una periodizaci\u00f3n en la que, contrariamente a la opini\u00f3n de G\u00f3mez Mart\u00ednez, los autores de la \u00e9poca de la Independencia no se consideran estrictos ensayistas. Espec\u00edficamente son cinco las generaciones que propone como hitos fundamentales en la historia nacional del g\u00e9nero; \u00e9stas son, adem\u00e1s de la positivista ya nombrada, la generaci\u00f3n modernista, la del 18, la del 28 y la del 36.<\/p>\n<p>Casi treinta a\u00f1os despu\u00e9s, Domingo Miliani (1973) ampli\u00f3 el espectro trazado por D\u00edaz Seijas, incluyendo en una nueva genealog\u00eda a los escritores de prosa ideol\u00f3gica de la \u00e9poca independentista, entre los que cuenta a gran parte de los pr\u00f3ceres de la gesta libertadora y a los polemistas de las primeras d\u00e9cadas de vida republicana que, sobre todo a trav\u00e9s de la prensa, debatieron acaloradamente las implicaciones para la Am\u00e9rica del pensamiento pol\u00edtico liberal. Por otra parte, en lo referente al ciclo positivista iniciado con las figuras de Adolfo Ernst [1832-1899] y Rafael Villavicencio [1838-1920] y la evoluci\u00f3n posterior del g\u00e9nero, hasta la aparici\u00f3n de las obras cimeras de Brice\u00f1o Iragorry [1897- 1958], Pic\u00f3n Salas o Uslar Pietri [1906-2001], las apreciaciones de Miliani coinciden grosso modo con las de su predecesor. Su aporte sustancial consiste en la actualizaci\u00f3n de la tarea clasificatoria y valorativa, pues a\u00f1ade casi tres d\u00e9cadas a la cronolog\u00eda que D\u00edaz Seijas concluy\u00f3 a mediados de los cuarenta. Puntualmente, Miliani logra dar cuenta de la diversidad de tendencias a las que se abre el ensayo venezolano durante el tercer cuarto del presente siglo, con la ampliaci\u00f3n del campo tem\u00e1tico que los maestros del g\u00e9nero focalizaron sobre el problema de la identidad nacional, a los m\u00e1s variados intereses de la cr\u00edtica literaria, la reflexi\u00f3n filos\u00f3fica, la historia, la sociolog\u00eda, la econom\u00eda o el derecho.<\/p>\n<p>Un mayor esfuerzo de conceptualizaci\u00f3n se aprecia en los 3 ensayos sobre el ensayo venezolano, de Oscar Rodr\u00edguez Ortiz (1986), escritos como pr\u00f3logos para los vol\u00famenes de la extensa antolog\u00eda preparada por el mismo autor. En ellos, con trabajado estilo, postula la existencia de tres grandes etapas en el devenir de la ensay\u00edstica nacional. En primer lugar, distingue un \u201cper\u00edodo cl\u00e1sico\u201d en el que habr\u00eda surgido el \u201cproto-ensayo venezolano\u201d, y que se extender\u00eda desde 1830 hasta el agotamiento del romanticismo. Durante este lapso sobresalen los nombres de Andr\u00e9s Bello, Sim\u00f3n Rodr\u00edguez [1771-1854], Ferm\u00edn Toro [1807-1865], Juan Vicente Gonz\u00e1lez [1810-1866], Rafael Mar\u00eda Baralt [1810- 1860], Cecilio Acosta [1818-1881] y Ar\u00edstides Rojas [1826-1894]. En segundo t\u00e9rmino, estar\u00eda el ciclo en el que positivistas y modernistas fraguan las formas modernas del g\u00e9nero \u2014en esto coincide con D\u00edaz Seijas\u2014 y, por \u00faltimo, se ubicar\u00eda su desenvolvimiento durante el siglo XX, con una divisi\u00f3n en dos subper\u00edodos de los cuales el segundo se habr\u00eda iniciado en 1958.<\/p>\n<p>Lo mejor de Rodr\u00edguez Ortiz, m\u00e1s que los cortes hist\u00f3ricos con los que pretende reconstruir las l\u00edneas maestras de una evoluci\u00f3n, lo constituye su penetraci\u00f3n cr\u00edtica en las formas y los contenidos, el vuelo te\u00f3rico con el que pretende elevarse por encima del suelo de las cronolog\u00edas. Otro aporte suyo de especial relevancia ha sido su inter\u00e9s por las obras de Juan Liscano [1915- 2001] y Jos\u00e9 Manuel Brice\u00f1o Guerrero a quienes considera, junto con Guillent P\u00e9rez [1923-1989], inteligencias ligadas por el prop\u00f3sito com\u00fan de hallar una salida espiritualista, y acaso m\u00edstica, a la crisis de la racionalidad moderna. En nuestra opini\u00f3n, el aire de familia que arropa a estos autores se extiende mucho m\u00e1s lejos, pues presenta valiosos antecedentes en figuras de las generaciones positivista y modernista, as\u00ed como continuadores notables en ensayistas m\u00e1s recientes como Armando Rojas Guardia [1948-], El\u00edas Capriles [1945-] o Carlos Rocha [1945-]. Por ello, no es temerario pensar en la sobrevivencia de una veta de religiosidad antimoderna, en la cultura venezolana de los siglos XX y XXI.<\/p>\n<p>Otro aporte importante en este campo ha sido el realizado por Mar\u00eda Fernanda Palacios (1987), quien tal vez ha formulado las apreciaciones m\u00e1s originales acerca de las tensiones internas del g\u00e9nero en el \u00e1mbito nacional. Sus juicios evidencian la lucidez de una mirada sensible, capaz de desentra\u00f1ar las fuerzas colectivas que moldean el ejercicio de la escritura, como lo evidencia la afirmaci\u00f3n siguiente:<\/p>\n<p><em>Si hace unos a\u00f1os la primera preocupaci\u00f3n a la hora de escribir un ensayo parec\u00eda ser la calidad pedag\u00f3gica del mensaje, y nos invest\u00edamos del ropaje del maestro o el misionero, hoy nos ce\u00f1imos la fantas\u00eda del cient\u00edfico; y antes de empezar a tratar con el objeto, antepongo la preocupaci\u00f3n acerca de si las f\u00f3rmulas que voy a emplear estar\u00e1n acordes con la tonalidad seudocient\u00edfica que ha ido tomando entre nosotros el discurso intelectual (p. 122).<\/em><\/p>\n<p>Certeramente se\u00f1ala tres factores que, seg\u00fan su criterio, amenazan la vocaci\u00f3n est\u00e9tica del ensayo, a partir de la d\u00e9cada de los setenta. Ellos ser\u00edan el cientificismo de las metodolog\u00edas en boga dentro del campo de los estudios literarios, la presi\u00f3n de las ideolog\u00edas sobre el trabajo cr\u00edtico y el ejercicio period\u00edstico. No obstante, tales tendencias generalizadas no han impedido el florecimiento de obras de excelente factura como las de Rafael Cadenas [1930-], Eugenio Montejo [1938-2008], Jos\u00e9 Balza [1939-]; y m\u00e1s recientemente las de Armando Rojas Guardia, Alejandro Oliveros [1948-], Ben Ami Fihman [1949-], Gustavo Guerrero [1957-], Guillermo Sucre [1933-], J. M. Brice\u00f1o Guerrero y Francisco Rivera [1933-]. Al menos tal es la lista que la autora propuso para la ensay\u00edstica publicada en el pa\u00eds hasta mediados de los a\u00f1os ochenta.<\/p>\n<p>En la d\u00e9cada de los noventa aparece el estudio semiol\u00f3gico del g\u00e9nero publicado por Macht de Vera (1994), mencionado anteriormente. En esta obra la autora pasa revista a un conjunto de escritores representativos de una tendencia dis\u00edmil a la vertiente antimoderna y espiritualista en la que se insertan las obras de Liscano, Guillent P\u00e9rez, Brice\u00f1o Guerrero o Rojas Guardia. Se trata del pensamiento diurno de R\u00f3mulo Gallegos, Mariano Pic\u00f3n Salas, Mario Brice\u00f1o Iragorry, Augusto Mijares [1897-1979] y Arturo Uslar Pietri, entre las viejas generaciones, y Gustavo Luis Carrera [1933-] y Francisco Rivera, entre las m\u00e1s recientes; todos ellos integrantes de un repertorio de ensayistas en quienes Macht de Vera reconoce el substrato com\u00fan del inconformismo y la preocupaci\u00f3n inagotable por la identidad y el destino de la cultura nacional.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, s\u00f3lo para ampliar parcialmente el cuadro de las voces surgidas sobre todo en las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, cabe mencionar, entre otros, los nombres de Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n [1950-], Julio Miranda [1945-1998] y V\u00edctor Bravo [1949-], este \u00faltimo ganador del premio Fernando Paz Castillo en 1985, en la menci\u00f3n de cr\u00edtica literaria, con la obra Cuatro momentos en la literatura fant\u00e1stica en Venezuela.<\/p>\n<p>Diurnos y nocturnos<\/p>\n<p>Como ya lo comentamos al referirnos a la labor cr\u00edtica de Oscar Rodr\u00edguez Ortiz, es posible apreciar en buena parte de los intelectuales venezolanos una actitud ambivalente de admiraci\u00f3n y repudio frente a los logros cient\u00edficos, \u00e9ticos y est\u00e9ticos de la modernidad. Varias d\u00e9cadas antes de que la moda del pensamiento posmoderno se extendiera por nuestros predios acad\u00e9micos, los ensayistas asumieron posiciones de enjuiciamiento demoledor o exaltaci\u00f3n imitativa del desarrollo alcanzado en los campos de la econom\u00eda, la tecnolog\u00eda y la cultura por las grandes potencias de Occidente. Una muestra de ello fue el viraje palpable en el pensamiento del insigne pionero decimon\u00f3nico del positivismo en Venezuela, Rafael Villavicencio [1838-1920], en la \u00faltima etapa de su vida. En 1911, este antiguo creyente en el progreso indetenible de la humanidad garantizado por la ciencia y la t\u00e9cnica modernas, ley\u00f3 frente a las caras extra\u00f1adas de los solemnes miembros de la Academia Nacional de Medicina, la elucubraci\u00f3n siguiente:<\/p>\n<p><em>Las cosas se deslizan unas en otras, como lo dice la sabidur\u00eda india: ellas pasan en nosotros y nosotros pasamos en ellas. Nosotros vamos arrebatados por el torbellino de las apariencias, para confundirnos al fin en el seno inmutable del Ser\u2026 La ciencia moderna nos conduce por medio del an\u00e1lisis a donde llegaron por la s\u00edntesis los bramanes de la India y los hierofantes de Egipto\u2026 (1989, t. 4, pp. 73-74).<\/em><\/p>\n<p>Adelant\u00e1ndose a lo que ser\u00eda luego una tesis defendida por los grandes constructores de la f\u00edsica del siglo XX como Albert Einstein [1879-1955], Werner Heisenberg [1901-1976] o Erwin Schr\u00f6dinger [1887-1961], para quienes el paradigma cu\u00e1ntico-relativista habr\u00eda reemplazado al mecanicismo newtoniano por una concepci\u00f3n hol\u00edstica del universo, an\u00e1loga, en muchos sentidos, a la cosmovisi\u00f3n sostenida por las antiguas religiones del Oriente (Capra, 1982); Villavicencio, seguidor de las ense\u00f1anzas de la teosof\u00eda, se atrevi\u00f3 a proclamar que ante el derrumbe inminente de la civilizaci\u00f3n occidental, no hab\u00eda otra salida para la humanidad que el retorno a la olvidada gnosis m\u00edstica de las tradiciones antiguas, desplazadas desde el Medioevo por el anquilosado dogmatismo de un cristianismo dividido y, desde el siglo XVIII, por el ate\u00edsmo materialista de la ciencia.<\/p>\n<p>En 1916, la Tipograf\u00eda Vargas public\u00f3 en Caracas su traducci\u00f3n del libro de Joseph Le Conte [1823-1901]: La doctrina de la evoluci\u00f3n en sus relaciones con el pensamiento religioso, acompa\u00f1ada de un Pr\u00f3logo propio en el que, desolado por el dantesco espect\u00e1culo de la Primera Guerra Mundial, declara:<\/p>\n<p><em>Hay un hecho aparente hasta para los m\u00e1s cortos de vista: Lo que se llama el mundo occidental, o sea el conjunto de las naciones cristianas herederas de la civilizaci\u00f3n greco-romana, pasa hoy por una grave crisis; est\u00e1 en plena revoluci\u00f3n. La Europa, que llevaba con orgullo la bandera del progreso, est\u00e1, hace tiempo, en materia de gobierno general o de relaciones internacionales, en completa anarqu\u00eda\u2026 (Villavicencio, 1989, t. 5, p. 310).<\/em><\/p>\n<p>Y para terminar de lanzar por la borda el credo optimista que abrazara cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s, incluye en su Pr\u00f3logo una extensa cita de Eduard Schur\u00e9 [1841-1929] en la que se leen afirmaciones lapidarias como la siguiente: \u201cCon todas sus m\u00e1quinas, todos sus instrumentos y todas sus teor\u00edas, la ciencia ha llegado a destruir la belleza exterior de la vida\u201d (op. cit., p. 321).<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00eda el repliegue vital de la vejez o la presentida proximidad de la muerte la causa de que este respetable erudito \u2014acusado de materialista en el pasado por difundir las ideas de Comte [1798- 1857], Spencer [1820-1903] y Littr\u00e9 [1801-1881] entre los alumnos de su C\u00e1tedra de Filosof\u00eda de la Historia\u2014 se volcara, en los albores del siglo XX, hacia el estudio de la filosof\u00eda herm\u00e9tica y buscara en el misticismo una respuesta para el desencanto, ante las fat\u00eddicas consecuencias de un progreso desbocado?<\/p>\n<p>Extra\u00f1amente, por esos mismos a\u00f1os, un escritor mucho m\u00e1s joven que Villavicencio, reconocido como el m\u00e1s notable exponente del modernismo literario en Venezuela, expresa un similar rechazo a los excesos del mundo moderno y se adhiere a un fervoroso misticismo naturalista como ideal est\u00e9tico y existencial de redenci\u00f3n. En 1908, Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez [1871-1927], en un ensayo cuyo t\u00edtulo tom\u00f3 prestado del tratado espiritual de Teresa de Jes\u00fas [1515-1582] Camino de perfecci\u00f3n, combatir\u00e1 el cientificismo y el mercantilismo, reinantes con palabras en las que resuena el influjo de Rod\u00f3 [1872-1917]:<\/p>\n<p><em>Bajo la actual aparente divergencia de religiones, que es apenas la m\u00faltiple m\u00e1scara de un universal escepticismo, junto al arribismo y al amor del d\u00f3lar, caracteres de nuestro mundo moderno yanquizado, s\u00f3lo han ido esparci\u00e9ndose y prosperando, como religi\u00f3n y culto \u00fanico, la religi\u00f3n y el culto de la ciencia\u2026 (D\u00edaz Rodr\u00edguez, 1908, p. 46).<\/em><\/p>\n<p>En su novela Sangre patricia (1902), D\u00edaz Rodr\u00edguez recrea este sentimiento antimoderno en la pr\u00e9dica apocal\u00edptica de Alejandro Mart\u00ed, un compositor ligado a \u201cuna vaga secta religiosa\u201d a quien se le habr\u00edan revelado las leyes de la m\u00fasica encerradas en el Evangelio. Para Mart\u00ed, las guerras y conflictos internacionales de su tiempo no eran sino<\/p>\n<p><em>\u2026 s\u00edntomas precursores de una tremenda cat\u00e1strofe. No s\u00e9 si esta sobrevendr\u00e1 en los comienzos o a mediados de la pr\u00f3xima centuria, pero seguramente caer\u00e1 sobre nosotros como un castigo\u2026 Porque, as\u00ed como del centro de gravedad los muros, los hombres venimos alej\u00e1ndonos del Evangelio. Todas las guerras y convulsiones vienen de ah\u00ed: de ah\u00ed proviene todo el mal\u2026 (1902, p. 111).<\/em><\/p>\n<p>La vuelta a la naturaleza y el misticismo constituyen, para este escritor caraque\u00f1o, dos tendencias esenciales de la espiritualidad humana que han animado los momentos de mayor elevaci\u00f3n en la historia del arte y la literatura. Precisamente, el tr\u00e1nsito del siglo XIX al XX ser\u00eda un per\u00edodo propicio para el retorno c\u00edclico de aquellas fuerzas, seg\u00fan se aprecia en las obras de autores fundamentales como Nietzsche [1844-1900], Carlyle [1795- 1881], Baudelaire [1821-1867], Tolstoi [1828-1910], D\u2019Annunzio [1863-1938] y Oscar Wilde [1844-1913], part\u00edcipes todos de un misticismo literario que en algunos casos ha coincidido tambi\u00e9n, como sucedi\u00f3 durante el Siglo de Oro espa\u00f1ol, con la asunci\u00f3n de un misticismo propiamente religioso como opci\u00f3n existencial.<\/p>\n<p>Incluso la cr\u00edtica, en cuanto ejercicio intelectual de acercamiento a la obra de arte, s\u00f3lo alcanza la cima en cierto estado contemplativo de la belleza, donde el yo y sus m\u00e9todos racionales se extinguen en la comuni\u00f3n ext\u00e1tica del alma con la obra o, de modo equivalente, con la naturaleza:<\/p>\n<p><em>De aqu\u00ed la observaci\u00f3n, ya trivial, de que Taine precisamente en las p\u00e1ginas en que de su m\u00e9todo se olvida, es donde se revela m\u00e1s penetrante y profundo. Los m\u00e1s intensos pasajes de su obra de cr\u00edtico son aquellos en que, despreocup\u00e1ndose del momento hist\u00f3rico, del medio y de la raza, exhala su esp\u00edritu en oraci\u00f3n o lo quema como un grano de perfume ante el milagro de la obra maestra. Y quiz\u00e1 no sea inoportuno recordar de una vez c\u00f3mo este abandono irresistible y s\u00fabito del yo, c\u00f3mo este olvido de cuanto es accidental, comprendiendo en lo accidental aun los mismos preferidos t\u00f3picos de su m\u00e9todo, c\u00f3mo este aniquilamiento fervoroso y dulce del esp\u00edritu, anticipado y transitorio nirvana que sobrecoge a Taine ante el prodigio de la obra maestra y del artista, lo sorprende tambi\u00e9n y lo anonada ante las monta\u00f1as, que \u00e9l llama seres fijos y eternamente j\u00f3venes\u2026 cuando admira el nevado teatro de las cumbres, el sentimiento que lo invade y se\u00f1orea es el de una verdadera liberaci\u00f3n, el de un absoluto olvido de s\u00ed mismo\u2026 (D\u00edaz Rodr\u00edguez, 1908, pp. 88-89).<\/em><\/p>\n<p>En s\u00edntesis, el monismo espiritualista en el que desemboc\u00f3 Villavicencio y el pante\u00edsmo m\u00edstico de D\u00edaz Rodr\u00edguez, as\u00ed como el rechazo de ambos al rumbo destructivo que la t\u00e9cnica y el materialismo le imprimieron a la civilizaci\u00f3n industrial, conforman un com\u00fan substrato ideol\u00f3gico digno de atenci\u00f3n, por tratarse de una postura reiterativa en toda una l\u00ednea de cultores venezolanos del ensayo a lo largo del siglo XX.<\/p>\n<p>Es importante se\u00f1alar que los dos escritores, a pesar de pertenecer a generaciones distintas, coinciden en las actitudes mencionadas justo durante las dos d\u00e9cadas iniciales de la centuria, cuando la crisis que desemboc\u00f3 en la Primera Guerra Mundial produjo, en todo Occidente, reacciones adversas a los valores esenciales de la racionalidad moderna, como lo fueron el dada\u00edsmo y el expresionismo en el terreno del arte, o las propuestas de Spengler [1880-1936] y Bergson [1859-1941] en el campo de la filosof\u00eda (Hauser, 1988, t. 3). Sin embargo, otros autores venezolanos del momento mantuvieron su fidelidad al Catecismo Positivista, como son los casos de Jos\u00e9 Gil Fortoul [1862-1942], Laureano Vallenilla Lanz [1870-1936] y Pedro Manuel Arcaya [1874-1958], todos herederos de la escuela fundada en su juventud por Villavicencio y mucho m\u00e1s reverenciados por la historiograf\u00eda del g\u00e9nero (Pic\u00f3n Salas, 1984).<\/p>\n<p>El per\u00edodo de mayor prestigio en la evoluci\u00f3n de la ensay\u00edstica nacional, est\u00e1 representado por las obras de tres figuras nacidas alrededor del a\u00f1o 1900. Se trata de Mariano Pic\u00f3n Salas [1901- 1965], Mario Brice\u00f1o Iragorry [1897-1958] y Arturo Uslar Pietri [1906-2001], en quienes palpita la necesidad de escudri\u00f1ar a fondo las posibilidades de consolidaci\u00f3n del progreso social, en un pa\u00eds marcado todav\u00eda por la impronta del atraso econ\u00f3mico y el caudillismo heredados de las guerras civiles del siglo XIX. Ellos son los representantes solares de la modernidad cultural y del proyecto burgu\u00e9s-nacionalista de modernizaci\u00f3n pol\u00edtica, econ\u00f3mica y social de la Venezuela contempor\u00e1nea (Macht de Vera, 1994; Miliani, 1973).<\/p>\n<p>La tendencia antimoderna, sin embargo, volver\u00e1 a manifestarse en algunos autores que, habiendo nacido alrededor de 1920, recibieron durante sus a\u00f1os de formaci\u00f3n el influjo del clima de desasosiego y cuestionamiento radical a la civilizaci\u00f3n industrial provocado por la Segunda Guerra Mundial. Como lo ha se\u00f1alado Oscar Rodr\u00edguez Ortiz (1997), los nombres de Jos\u00e9 Rafael Guillent P\u00e9rez, Jos\u00e9 Manuel Brice\u00f1o Guerrero y Juan Liscano se encuentran ligados por su coincidencia en torno a \u201cposturas que\u2026 clasificamos como religiosas, y no podemos apreciar sino en tanto objeciones a Occidente\u201d (p. 108). Provenientes de posiciones filos\u00f3ficas dis\u00edmiles, estos tres ensayistas evolucionar\u00e1n en su etapa de madurez hacia una visi\u00f3n pesimista de la modernidad, fuertemente impregnada del misticismo de las filosof\u00edas orientales difundidas sobre todo a partir de la d\u00e9cada de los a\u00f1os sesenta.<\/p>\n<p>El primero en asumir p\u00fablicamente esta posici\u00f3n fue Guillent P\u00e9rez. En efecto, ya desde Dios, el Ser, el Misterio (1966), este fil\u00f3sofo que a finales de los cuarenta hab\u00eda abogado por la incorporaci\u00f3n de Venezuela a la gran corriente de la cultura occidental desde el grupo parisino de Los Disidentes, se apoyar\u00e1 en el pensamiento de Heidegger para poner al descubierto la potencia alienante desatada por la tecnolog\u00eda contempor\u00e1nea, del mismo modo que, cincuenta a\u00f1os atr\u00e1s, lo hicieran Villavicencio y D\u00edaz Rodr\u00edguez. En una ponencia titulada La alienaci\u00f3n como olvido de lo trascendente escribe:<\/p>\n<p><em>\u2026 la ciencia en la actualidad est\u00e1 a punto de convertirse en el veh\u00edculo m\u00e1s importante de alienaci\u00f3n que conocen los tiempos hist\u00f3ricos. Pues, es probable que por obra y gracia de la tecnolog\u00eda cient\u00edfica, el hombre persista en querer seguir utilizando el conocimiento cient\u00edfico como fundamento esencial de la vida: desconociendo con ello que la esencia de la vida es inabordable desde la ciencia (citado en Liscano, 1984, p. 361).<\/em><\/p>\n<p>En consecuencia, frente a estas limitaciones y perversiones de la racionalidad moderna, s\u00f3lo una ascesis descondicionadora de las rutinas de la conciencia, una inmersi\u00f3n en la Nada disolutoria del apego a los entes, har\u00e1 posible la liberaci\u00f3n del hombre mediante su reintegraci\u00f3n en la totalidad indeterminada del Ser, tal y como lo han mostrado \u201clas corrientes de la m\u00edstica universal: tao\u00edsmo, budismo, presocr\u00e1ticos, hinduismo, judeo-cristianismo, islamismo, y de este siglo XX la ense\u00f1anza de Krishnamurti\u201d (Guillent, 1986, p. 5).<\/p>\n<p>M\u00e1s diversificados en cuanto a la tem\u00e1tica y los g\u00e9neros que integran su obra escrita, Liscano y Brice\u00f1o Guerrero se acercaron a partir de la d\u00e9cada de los setenta, a las preocupaciones ontol\u00f3gicas que colmaron los \u00faltimos veinte a\u00f1os de la vida de Guillent. Entre tanto, varios escritores de las generaciones posteriores, como los ya mencionados Armando Rojas Guardia, El\u00edas Capriles o Carlos Rocha, han desembocado, navegando por distintos afluentes, en estas mismas aguas hasta acabar formando, a lo largo de m\u00e1s de un siglo, lo que puede llamarse la corriente nocturna del ensayo en Venezuela. Una paradoja insoluble atraviesa la obra de los pensadores inmersos en esta corriente, el combate intelectual contra la modernidad con una de las armas m\u00e1s representativas de la cultura moderna: el ensayo cr\u00edtico. De tal modo que el sol diurno de la raz\u00f3n vuelve a salir otra vez en el coraz\u00f3n de la noche, para recordarnos que lo diurno y lo nocturno son inseparables, como los dos polos del yin y el yang abrazados en el seno del Tao.<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<p>Adorno, T. (1962). Notas de literatura. Barcelona: Ariel.<\/p>\n<p>Capra, F. (1982). El Tao de la F\u00edsica. Una exploraci\u00f3n de los paralelos entre la f\u00edsica moderna y el misticismo oriental (2a. ed.). Madrid: Luis C\u00e1rcamo Editor.<\/p>\n<p>D\u00edaz Rodr\u00edguez, M. (1902). Sangre patricia. Caracas: J. M. Herrera Irigoyen. (Reeditada en 1992, Caracas: Monte \u00c1vila Editores).<\/p>\n<p>_______________ (1908). Camino de perfecci\u00f3n y otros ensayos. Apuntaciones para una biograf\u00eda espiritual de Don Perfecto. Caracas: Ediciones Nueva C\u00e1diz.<\/p>\n<p>D\u00edaz Seijas, P. (1946). Introducci\u00f3n al estudio del ensayo en Venezuela. Caracas: Atl\u00e1ntida.<\/p>\n<p>Goldmann, L. (1975). Marxismo y ciencias humanas. Buenos Aires: Amorrortu Editores.<\/p>\n<p>G\u00f3mez Mart\u00ednez, J. L. (1992). Teor\u00eda del ensayo. M\u00e9xico: Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>Guillent P\u00e9rez, J. R. (1966). Dios, el Ser, el Misterio. Caracas: Ediciones Reuni\u00f3n de Profesores.<\/p>\n<p>__________________ (1986). Conocer el yo. Caracas: Ediciones Acci\u00f3n y Vida.<\/p>\n<p>Hauser, A. (1988). Historia social de la literatura y del arte (A. Tovar Trad.) (3 t.) (20a. Ed.). Espa\u00f1a: Labor\/Punto Omega.<\/p>\n<p>Herrera, E. (1991). El reportaje, el ensayo. De un g\u00e9nero a otro. Caracas: Ediciones Eldorado.<\/p>\n<p>Liscano, J. (1984). Panorama de la literatura venezolana actual. Caracas\/ Barcelona: Alfadil Ediciones.<\/p>\n<p>Luk\u00e1cs, G. (1975). El alma y las formas. (Manuel Sacrist\u00e1n, Trad.). Barcelona, Espa\u00f1a: Ediciones Grijalbo.<\/p>\n<p>Macht de Vera, E. (1994). El ensayo contempor\u00e1neo en Venezuela. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n<p>Miliani, D. (1973). Introducci\u00f3n al estudio del ensayo venezolano. En Enciclopedia de Venezuela, (t. IX). Espa\u00f1a: Editorial A. Bello.<\/p>\n<p>Montaigne, M. de. (1987). Ensayos escogidos (C. Rom\u00e1n Trad.). M\u00e9xico: Editorial Trillas.<\/p>\n<p>Palacios, M. F. (1987). Sabor y saber de la lengua. 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(Compilaci\u00f3n, notas y estudio introductorio de Rafael Fern\u00e1ndez Heres). (Vols. 1-5). Caracas: Academia Nacional de la Historia.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gustavo-fernandez-colon\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Forma parte del volumen: <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/apuntes-de-sobremesa\/\">Apuntes de sobremesa<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gustavo Fern\u00e1ndez Col\u00f3n Contribuciones venezolanas En Venezuela, los intentos innovadores de teorizaci\u00f3n acerca de los rasgos definitorios del g\u00e9nero han sido escasos, por no decir inexistentes. A la hora de las definiciones, la cr\u00edtica nacional ha recurrido a los criterios consagrados por la tradici\u00f3n europea para sustentar sus disquisiciones. 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